Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward
Muchas gracias a Roxana Elizabeth, Beta de FFAD (www . / groups / betasffaddiction) quien es la que ahora me ayudará con el beteo de los capítulos de la historia, ya que esta floja no pudo más con el doble trabajo por eso... por floja.
Capítulo 18: … No te alejes y quizá lo veas.
Something – The Beatles.
Destapé las botellas de cerveza y las repartí.
Una para cada uno, excepto minino.
—Ahora, Grizz, habla.
—¿Qué quieres que te diga? —se encogió de hombros y le dio un sorbo a la botella de Heineken, posando su vista en Edward—. Tu prima es alucinante.
—Ella está cometiendo adulterio —murmuró minino, sin dejar de fruncir el ceño. Tomé una de sus manos entre las mías y le di un suave apretón—, lo que están haciendo está absolutamente mal. ¿No han pensado en las consecuencias? ¿Cuánto llevan haciendo esto?
—¿Cuánto llevamos acá ya? —Tink, Grizz y yo fruncimos el ceño tratando de llevar la cuenta—. Algo así como un mes… Llegamos después de que Ness y B cumplieran años… Septiembre… Un maldito mes, whoa, es bastante ya…
—Un mes, dos semana y unos cuantos días… Eso quiere decir que estamos a… ¿miércoles nueve de octubre?
—En realidad estamos a treinta y estamos a jueves, no miércoles… —Minino frunció el ceño—. Mañana recordaremos a aquellos seres queridos que ya no se encuentran entre nosotros, ¿cómo pueden estar tan perdidos con los días?
—Ni siquiera yo lo sabía. —Me encogí de hombros—. ¡Queda un día para Halloween y no tengo disfraz para mi enano! —Solté una carcajada—. Que maldita locura, si no se hubieran puesto a hablar de esto probablemente lo hubiera olvidado como olvidé mi cumpleaños, ¿por qué no me recordaron que Ness estuvo de cumpleaños también? Probablemente es por una de las cosas por las que me odia. —Los chicos rieron junto a mí—. Pero vale, sigamos con el interrogatorio a Grizz. Venga, cabrón, dinos cuánto llevas con ella.
—¿Un mes?, si mis matemáticas no fallan. Pero bueno, eso es lo suficiente como para decir que tu prima es realmente alucinante, viejo. El intento de esposo que tiene no la valora por lo que es, joder, ¿sabes cómo la trata?, ella es una jodida reprimida en esa casa. —El ceño fruncido de Emmett se encontró con la verde mirada de Edward—. Me vale mierda si piensas que está mal, señor puro.
—Yo solo quiero lo mejor para ella.
—Sí, bueno, deberías haberle aconsejado que casarse con ese panzón era una mierda de idea.
—En realidad, se lo dije —minino carraspeó—, no con esas palabras, pero se lo dije. Ella era demasiado joven e ilusa cuando contrajo matrimonio con Royce y él siempre fue un idiota… —Simba miró en mi dirección nuevamente, sin dejar de fruncir el ceño—. ¿Cómo es eso de que nunca te has acordado de tu cumpleaños?
Ignoré olímpicamente su pregunta y seguí con lo mío.
—Concuerdo, aparte tiene la verga chica. Ya ven por qué no hay que llegar virgen al matrimonio, la pobre Rosalie debió pensar que la polla de su esposo era la más grande en el universo, ya me imagino cuando te vio a ti hombre. —Grizz sonrió con socarronería y me guiñó un ojo—. Oh, me lo imagino perfectamente —carraspeé y coloqué mi mano sobre mi boca, actuando como si fuera una Selma Blair de primera—. Oh, eres tan… grande… Eres tan grande para caber aquí. —Tink soltó una enorme carcajada y bebió de su cerveza, los chicos nos observaban como si hubiéramos perdido la razón—. No es mi culpa que no hayan visto La cosa más dulce (1), un infierno de película, creo que es la única jodida película para mujeres que me gusta.
—Ella gritó —Grizz rió—, no sabes qué le hace al ego de un hombre eso, joder, creo que me puso mucho más cachondo…
—Oh, lo sé, Emily reaccionó así cuando la conocí en Austin. —Jasper se recargó contra el respaldo del sofá donde estaba sentado, sonriendo. Alice bufó a su lado—. No te pongas celosa, hadita, esto es todo tuyo si lo quieres…
—¿Celosa?, solo pensaba que la pobre chica debe haber gritado de decepción al haber visto el maní que escondes bajo esos pantalones. —Simba soltó una pequeña risita por las palabras de Tink—. ¿Ya ves?, tu hermanito se burla de ti, no soy la única que lo piensa.
—¡Cierren la puta boca!, joder. Y tú no te rías cabrón, ¿o es que acaso estás muy bien dotado?, no lo creo.
Sonreí entornando mis ojos.
—¿Por qué empezamos a hablar de penes? —pregunté, riendo—. Y para tu información, minino está más que bien, no me lo molestes —suspiré y me recargué contra su hombro—. Grizz, creo que deberíamos darte algo de ropa.
Mi querido amigo sonrió como un niño pequeño y asintió fervientemente. Me perturbaba de una manera que su desnudo trasero estuviera sobre el sofá de minino y que, con uno de los cojines que lo adornaban, cubriera su también desnudo pene. Realmente, era una imagen grotesca, me preocupaba enormemente que minino no haya hecho un gran problema por ello. Edward se ofreció para buscar algo de su ropa que pudiera quedarle a Grizz, yo lo veía difícil, Emmett era enorme y Simba estaba un poco flacucho comparado con el mutante de mi amigo. Cuando Edward desapareció escalera arriba, la conversación se volvió más como una conspiración.
Ahora sí que íbamos a hablar del verdadero problema aquí.
—Okay, a lo que vinimos. —Alice y Jasper se inclinaron en su lugar, acercándose más a nosotros—. Escuchamos a papá Swan hablando sobre la puta de mierda. —Alcé una de mis cejas y asentí—. Creo que estaban tratando de hacer que saliera del pueblo, pero la zorra había pedido algo a cambio de no volver más.
—Esa hija de puta, juro que me importa una mismísima mierda lo que le haya hecho a Eddie, pero mi pequeña princesita es una niña, joder… —Tink puso su mano sobre la rodilla de Cobain y le dio un suave apretón inconscientemente. Mis ojos siguieron el gesto y luego observé al rubio, quien me guiñó un ojo y sonrió complacido.
—¿Qué pidió a cambio?
—Conocer a su nena, al menos eso deduje, Charlie estaba como una cabra, amiga, en serio, se veía jodidamente caliente. —Entorné mis ojos—. Él le gritaba a alguien por el teléfono y negaba con su cabeza.
—¡Esa puta! —chillé, tomando de mi cerveza—. Yo no dejaré que ponga sus garras sobre Grace, ¡tendrá que pasar sobre mi puto cadáver si quiere tener algún contacto con mi nena! Y le costará, a la muy zorra, aún puedo con algunas rondas más. —Hice tronar mis dedos.
—Deberíamos hacerle una visita al hospital —murmuró Grizz—, ya sabes, darle alguna advertencia.
Una ampolleta se prendió en mi mente, sonreí con malicia y asentí a sus palabras.
—Oh, me has dado una idea de puta madre... —Unas pisadas nos hicieron volver a nuestras posiciones de antes—. Ninguna palabra de esto a minino, ¿capice? —Los chicos asintieron y todos guardamos silencio cuando Simba apareció en la sala de estar, junto a los niños.
—¡Tío Grizz, estás desnudo! —chilló Floyd, apuntando al grandote y soltando una adorable carcajada—, ¡como esa vez que nos bañamos en Black's Beach! —Grizz gimió recordando aquel momento.
—¡California, como te extraño! —exclamó, alzando sus manos al aire. Gracias al cielo dejó el cojín en su lugar—. Esos recuerdos de San Diego, demonios. ¡Y tú corriendo con tu pequeño trasero blanco al aire! —Mi hijo saltó en su lugar y asintió a las palabras de Emmett—. ¡Qué recuerdos, campeón!
—¿Una playa nudista? —preguntó minino, dándome una leve mirada mientras le entregaba un holgado pantalón de chándal a Grizz—. Grace, cubre tus ojos. —La pequeña Weasley hizo caso a las palabras de su papá y cubrió sus hermosos ojos con sus manitas cuando Grizzly se puso de pie para colocarse el pantalón—. Puedes ver ahora, hermosa. —Minino tomó asiento junto a mí una vez más, la pequeña lo siguió y se sentó sobre su regazo.
—Papá, ven —Floyd insistió para que lo sentara sobre mi regazo, lo tomé entre mis brazos y cumplí con su petición. Él movía su manita hacia Edward para que este se acercara a él. Cuando minino lo hizo, Floyd se acercó a su oído y "susurró" solo como un niño pequeño sabe hacerlo—, ¿hablaste con mami?
—Hablé con mami —asintió guiñándole un ojo—, iremos a la piscina.
¿Cuándo había yo aceptado?
—¡Yay! —chillaron ambos pequeños.
—¿Piscina? ¿Qué piscina? ¿Por qué nadie nos invita? —Grizz hizo un puchero.
—Es un paseo que hará el curso de los enanos, ustedes no pueden ir.
—Demonios que sí —murmuró Tink, dejando su botella vacía sobre la mesita de centro de un solo golpe—, yo iré a la piscina con mi mocoso, quieras o no perra. —Se cruzó de brazos y se recargó sobre el sofá—. Y, enano, ¿qué es eso de papá? —Floyd se removió sobre mis piernas y se recargó contra mi pecho antes de responderle a Tink.
—Bueno, Grace me prestó a su papá si yo le prestaba a mi mamá. —Se encogió de hombros—. Así que cuando quiero tengo un papá, ¿no es genial eso, tía Tink? ¡Finalmente tengo un papá! —él sonaba tan entusiasmado con la idea. Alice me observó con un tanto de curiosidad, suspiré y rodé mis ojos.
—El "cuando quiero" es porque mi mocoso decidió que cuando él sienta la necesidad de tener un papá, le llamará así —Grizz rió al igual que Tink—, pero cuando él quiera minino seguirá siendo "Eward". Tómalo o déjalo, ¿eh? —Abracé a mi renacuajo y dejé un beso sobre su cabecita.
—La vas a tener difícil con el enano, Alf —murmuró Emmett, dándole un último sorbo a su botella—. Y se ha terminado, dulce dolor.
—Tenemos más en el… —Edward me observaba con sus dos cejas alzadas, fruncí el ceño y me torcí un poco en el sofá para mirarlo de frente—. ¿Qué? ¿Qué hice ahora? ¡Si nos quedan más de esas en el refrigerador!
—No hay más de esas para ti, ni para tus amigos, estás castigada.
Jódanme.
¿Había escuchado bien?
¿Yo?, ¿castigada?
Solté una sonora carcajada que fue secundada por las de mis mejores amigos. Jodido Dios, minino era realmente gracioso, ¡las cosas que se le ocurrían! ¡Castigarme! ¡Como si él pudiera hacer eso! Creo que llegué a llorar de tanto reír por sus ocurrencias. Ya ven, joder, él era una cosita adorable y graciosa, ¿cómo no quererlo? Floyd, que aún estaba sentado sobre mi regazo, me miraba con curiosidad. Dejé un beso sobre su nariz y le guiñé un ojo, volteándome nuevamente a ver a mi hombre.
—Eres… Deberías haberte unido a un circo, te estás perdiendo como pediatra, ¿de dónde sacas cosas tan graciosas? Caracoles, minino, casi me hice pis encima.
—¿Qué fue lo gracioso? ¿Que tienes prohibido beber una gota más de alcohol en esta casa o que a partir de esta noche dormirás en tu antigua habitación? —Me atraganté a mitad de camino, justo cuando le estaba dando mi último sorbo a la botella de cerveza—. Oh, ¿había olvidado decirte eso?
—¿Tienes que estar jodiéndome?
Él no podía estar hablando en serio.
—¡Mami está castigada!, ¿tampoco podrá ver televisión hasta tarde, papá? ¡Debería dejarla sin tele!
Y ese era mi hijo confabulando en mi contra.
—¿Puedo dormir con mami? —preguntó la pequeña Weasley tímidamente. Sonreí con dulzura al tener un aliado y cuando estaba a punto de contestarle positivamente, minino me interrumpió.
—No, preciosa, mami dormirá sola, así podrá pensar en lo que hizo.
Yo iba a matarlo.
Lentamente.
Simba me miraba como si estuviera esperando a que le dijera algo, alguna queja, alguna mierda que le hiciera agregar otro maldito castigo a la lista. ¿Quién carajos cree que soy? ¿Su hija? ¿Estaba él hablando seriamente? Pues yo también podía hacerlo, con un demonio, yo podía ser seria con toda esta mierda por igual. ¡Charlie nunca me había castigado en esta vida y venía él a hacerlo! ¡Agh! Los chicos guardaban silencio, sus ojos fijos sobre mí, ¡era como si ellos también esperaran que yo explotara de un momento a otro! Vale, no iba a hacerlo, cerré los ojos y traté de calmarme, pensando cosas lindas, cosas lindas como el rostro de Charlotte desfigurado.
—Creo que deberíamos irnos…
—Ah eres un cobarde, ¡justo cuando se está poniendo bueno! —chilló Tink enfurruñada, dándole una mala mirada a Grizz.
—Vamos, Grizz, solo un tantito más, queremos ver como B le saca la madre a Eddie, ¿sí?, mírala, está haciendo esa cosa con su nariz, por todo lo santo, ella está a punto de clavarle sus garras… —Cobain sonreía a la vez que apuntaba mi nariz. Yo no hacía nada con ella, joder, ¡nada!
—Bueno, creo que podríamos quedarnos un rato más…
—Hijo, mami debe ponerse de pie. —Dejé a Floyd sobre el mullido sofá, a un lado de Edward que sostenía firmemente a Grace contra su pecho. Suspiré y acomodé mis brazos como jarra, mi vista se posó sobre los tres cabrones que estaban en la sala de estar, aparte de mi familia.
—Se nos viene una malditamente grande. —Cobain tragó saliva.
—Ah, mierda, despertamos a la perra que lleva dentro… no tan dentro.—Tink entornó sus ojos.
—Puedo… ¿Al menos puedo ir a buscar una de esas cervezas que quedan en el refri antes? —Grizz me miraba con ojos inocentones, apuntando hacia la cocina.
—Ustedes, hagan lo que se les dé la maldita gana, me importa un rábano.—Emmett hizo un gesto de victoria y se levantó para ir a buscar otra cerveza. Me giré hacia a Edward—. Tú no puedes castigarme, ¡no puedes hacerlo, minino! ¡Pero dormiré en mi antigua habitación de todas maneras! —Grace se quitó de un salto de su regazo, cuando me acerqué a ellos y tomó asiento junto a Floyd—. Te arrepentirás de esto, gatito y cuando quieras meterte a mi cama a medianoche porque me extrañas… Oh, bueno, ¡que no se te olvide que estoy malditamente castigada!
¡Ya íbamos a ver si aguantaba toda la noche sin mí!
—Veremos quién sucumbe primero, amor.
¡Y el descarado tenía los huevos para sonreírme!
…
Llovía.
¡Qué demonios!
Se había puesto a llover como si la vida se acabara en ello. Incluso había relámpagos. No podía pegar un ojo. Estaba acostada de espaldas sobre la cama mirando el techo, llevaba en esta maldita posición cerca de dos horas, escuchando la lluvia golpetear contra la ventana, viendo como la habitación se iluminaba a veces cuando uno de los relámpagos hacía acto de presencia. En California no pasaban estas cosas, pero claro, ¿qué esperaba? Estaba en Forks, por todo lo santo, el jodido sol no sabía de su maldita existencia y el buen clima hacía ojos ciegos a este pueblucho. Suspiré y giré en mi lugar, escondiendo mi rostro en la almohada y soltando un gritito de exasperación.
Vale.
¿A quién quiero engañar?
Extrañaba a mi minino como los mil demonios. Hacía un frío horrible y Edward es como una estufa humana, es… Ugh, lo odio por hacerme esto justo el día en que a Forks se le ocurre traer una tormenta. Pero no iba a ir a su maldita habitación, infiernos que no iba a hacerlo. Volví a girarme para quedar viendo el techo. Tal vez si durmiera con ropa decente no estaría tan malditamente congelada, pero vale, siempre he usado mi ropa interior y una roñosa polera de tirantes como pijama, no iba a cambiar ahora porque hacía un frío de mierda y a minino le dio por hacerlas de padre conmigo.
¡Castigarme!
Es que aún no podía creerme esa mierda.
Dejé de respirar cuando escuché ruidos fuera de mi cuarto, una sonrisa se extendió a lo largo de mi rostro, oh, tan grande, tan malditamente grande. Una sonrisa de victoria. ¿Quién había sucumbido? Y yo era la que iba a caer redondita, ¡patrañas!, aquí viene el perro arrepentido a pedir un pedacito de mi cama. ¿Y qué le diremos B?, eso, ¡vete a la mierda! Cerré mis ojos, esperando a que hiciera acto de presencia. Cuando la puerta de mi habitación se abrió juro que estuve a punto de chillar en señal de victoria, joder, tenía unas perras ganas de hacerlo, pero me aguanté. No fue hasta que estuvo cerca de mi cama que me di cuenta de que victoria nada, los pasitos temerosos que se acercaban a mí no tenían nada que ver con cierto hombre que estaba comenzando a odiar por hacerme esto. Abrí uno de mis ojos y me encontré con las asustadas miradas de mis dos enanos.
—¿P-Podemos dormir contigo, mami? Grace tenía miedo.
—¡T-Tú también tenías miedo! —chilló mi princesa, inflando sus sonrosadas mejillas.
—Bueno, pero solo un poquito de miedo, no como tú, tú eres una niña, por eso tienes más miedo.
—Enanos, enanos —hablé antes de que siguieran discutiendo—, vengan aquí, mami también tiene un miedo horrible, ¿sí? No está mal tener miedo. —Les guiñé un ojo y les hice espacio en la cama. Floyd rodeó el camastro y se acurrucó a mi lado izquierdo, mientras que Grace hacía lo mismo por el derecho—. Eso está mejor, denle un poco de calor a mamá. —Los abracé a ambos, y besé la cima de sus cabezas.
—¿Podemos cantar la canción de los relampamigos, mami?
Fruncí mis labios, la canción de la que hablaba Floyd había sido una genial idea de Grizz. Y es que ese idiota se la había pasado de puta madre viendo Ted (2) y no encontró nada mejor que llegar a nuestro lugar y enseñarle la canción del trueno a mi enano. Bueno, que va, si eso le hace sentir mejor.
—Bien compañero, cantémosle a esos bastardos. —Gracie soltó una pequeña risita. Carraspeé y procedí a cantar—: Cuando escuches a los truenos no te asustes, ¡no!, ve con tu relampamigos y canta esta canción: ¡puto trueno! ¡Te voy a coger! ¡No me haces nada porque Dios se pedorreó! (3)—Floyd cantó a la par conmigo, y al final ambos hicimos el sonido de un pedo con nuestras bocas, como lo ameritaba la canción. Grace trataba de amortiguar sus risas presionando sus manitas contra su boca—. La próxima vez te enseñaremos la canción para que la cantemos los tres, ¿qué dices, pequeña?
—¡Sí! —chilló—, pero no creo que a papi le guste…
—Que se joda papi. —Ambos niños abrieron sus ojos de par en par—. Ops, creo que se me salió otra palabrota. Será nuestro nuevo secreto. —Les guiñé un ojo y ellos asintieron fervientemente.
Luego de la canción los tres nos quedamos en silencio, pensé que se habían dormido luego de un rato pero no, ellos seguían despiertos. Floyd trazaba dibujos sobre mi panza y Grace jugaba con un mechón de mi cabello, la tormenta no los dejaba dormir y ellos mañana debían levantarse temprano. Maldito clima, como te desprecio. Ambos nenes suspiraron, mis ojos se posaron sobre Grace, quien me miró con sus ojos verdes somnolientos y sonrió dulcemente, le sonreí devuelta y dejé un rápido beso sobre su naricita.
—Mami… —Mi vista viajó a Floyd—. Quiero lechita.
—¿Quieres lechita tú también, princesa? —Grace asintió con lentitud. Suspiré y me deshice de sus abrazos—. Bien, mamá irá por unas lechitas calientes, espérenme aquí, ¿sí? Calienten mi espacio en la cama, los amo, ya vuelvo. —Abrí la puerta de la habitación y bajé rápidamente la escalera.
Oh, esta puta casa daba un miedo enorme.
No me demoré mucho en preparar dos vasos de leche para los mocosos, esperé a que se calentara y seguí mi camino arriba. Vaya sorpresa la que me encontré al llegar al segundo piso. Cierto hombre estaba de pie fuera de la puerta de mi habitación, su mano titubeaba sobre si abría la puerta o no, lo escuché suspirar unas diez veces, él incluso hablaba consigo mismo. Era una imagen de lo más adorable —y extraña, por no decir— verlo regañarse, como fruncía el ceño y luego volvía a intentar abrir la puerta, sin éxito alguno porque su otro yo no le daba el sí.
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—No, Edward, no lo hagas —murmuró, mientras se jalaba sus cabellos—. Pero ella está sola ahí… —Y nuevamente acercó su mano al pomo de la puerta—. ¡No!, debes ser fuerte, compañero. —Estuvo a punto de girar y, si lo hacía, me descubriría espiándolo—. ¿Y si le teme a las tormentas? —Su rostro se tornó preocupado, luego dio un largo suspiro y soltó una risita, mientras negaba con su cabeza gacha—. Es Isabella, zopenco, ella no le teme a nada, será mejor que vuelvas…
Y justo ahí me vio, se quedó de pie observándome fijamente, sus mejillas se tiñeron rápidamente de un furioso rojo, estaba tan avergonzado el pobre que incluso su torso que estaba deliciosamente al descubierto se había teñido de una tonalidad casi rosácea. Alcé una de mis cejas, sin borrar la pedante sonrisa de mi rostro. Oh, dulce victoria, sabía a melocotón. Minino carraspeó y rascó su nuca, totalmente incómodo porque había sido descubierto. Me acerqué a él con parsimonia, aún sosteniendo los vasos de leche caliente en mis manos, cuando estuve lo bastante cerca dejé ambos vasos en el suelo y me erguí frente a él. Orgullosa, malditamente orgullosa de haber ganado esta batalla, mi mente maquinaba rápidamente cuáles serían mis siguientes palabras.
—Yo…
—Tú perdiste —murmuré cruzándome de brazos.
—¡Yo no alcancé a entrar a tu habitación!
—Pero quisiste hacerlo, estabas a punto de hacerlo, minino. —Se sonrojó aún más si era posible, lo que me hizo reír—. ¿Qué necesitas?, estoy castigada, por si lo olvidaste. Tú fuiste el que me pateó fuera de su habitación, así que sufre las consecuencias.
—¡Pero hiciste trampa! —gritó en un moderado tono de voz, apuntando hacia los vasos con leche—. Los niños están contigo, eso no es justo, Isabella.
—Yo no hice trampa —murmuré y golpeé su pecho con mi puño—, ellos tenían miedo, ¿qué querías que hiciera? ¿Qué les dijera que debían irse porque papá me destinó a la solitud? —Él rodó sus ojos por mis exageradas palabras—. Tú no tendrás nada de esto esta noche. —Apunté mi cuerpo, dando una vuelta en el proceso para que viera lo que se perdía por dárselas de papá—. Nada de esto, guapo, así que ve a jugar con tu mano.
—Yo no vine hasta aquí porque necesitaba tu cuerpo —murmuró quedamente. Fruncí el ceño, su rostro demostraba tristeza, ¿estaba el jugando esa carta realmente?, oh no, no lo estaba haciendo—, nunca haría algo así, para mí eres mucho más que eso, amor —suspiró lentamente y agachó la cabeza como un cachorrito—. Solo quería asegurarme de que estuvieras bien, nada más, no pretendía… Yo no quería… Olvídalo, lo siento, has ganado, felicitaciones. —Y ahí estaban nuevamente esos ojos de borrego degollado.
Qué hijo de puta era.
Entrecerré mis ojos y empuñé mis manos.
—Te odio.
—¿Qué hice ahora? —murmuró, inocente, sin dejar la expresión desolada.
—Te odio tanto, Edward Cullen, no sabes cuánto te odio en estos momentos. —Cuadré mi mandíbula y di media vuelta, hacia su habitación—. ¡Trae los malditos vasos de leche y también a los niños! —Cuando estuve dentro de su cuarto cerré la puerta con más fuerza de la necesaria.
¡Él era un maldito embaucador!
¡Mira que usar la puta carta de la lástima!
¿De dónde había aprendido esa maldita cara de desolación?, era como si le hubieran cortado el pene y no pudiera usarlo nunca más en su vida, esa era la cara que Floyd hacía todo un puto día para conseguir lo que quería y la que había utilizado la pequeña Weasley cuando quiso su corte de cabello. ¿Era la única que no había logrado desarrollar ese súper poder? ¡Era un maldito chantajista! Dando un suspiro exasperado me estiré en su cama y me cubrí con el edredón justo cuando un relámpago hacía acto de presencia. La puerta se abrió con sumo cuidado, me acurruqué aún más en la cama. Estaba molesta, jodidamente molesta con él.
—¿Qué tan enojada estás conmigo?
—¿Dónde están los mocosos?
—Ellos estaban dormidos, acurrucados en el medio de tu cama, no me pareció lo mejor despertarlos. —Sentí como la cama se hundió a mi lado—. Lo siento.
—No, no lo sientes, maldita sea. —Minino rió suavemente tras de mí y juro que quise golpearlo—. Eso es jugar sucio, ¿te das cuenta lo blanda que me he puesto gracias a ti? Eres una mala influencia y me haces hacer cosas que antes no hubiera hecho, como por ejemplo humillarme y terminar en tu habitación siendo que tú me castigaste. ¡Me castigaste!
—Has sido una mala niña, ¿qué se supone que hiciera? —No respondí a su pregunta—. Y eso de lo que hablas, eso de hacer cosas que antes no hubieras hecho… eso, cariño, se llamar amor.
—¡Yo no he sido una mala niña! —Ignoré también el hecho de que mencionó esa palabra de cuatro letras.
—¿Puedo abrazarte? —me preguntó en un murmullo, como temiendo que lo golpeara.
¡Razón tenía el cabrón!
—No, no puedes.
—¿Puedo besarte?
—Tampoco puedes besarme, ni jugar con mi cabello, ni hablar, ni siquiera respirar cerca de mí. Has como que no estoy aquí, has como que aún estoy castigada.—Me cubrí hasta la cabeza con el edredón, tratando, con todas mis fuerzas, de ignorarlo.
—Ni siquiera me habías hablado de tu cumpleaños, ¿cómo quieres que no te castigue?
—¡A mí también se me pasó!, no es como si lo sintiera, los chicos saben que no celebro esas cosas, a no ser que sea por Floyd. Solo sé que tengo veinticuatro, vaya mierda, no es necesario que además recuerde el día en que nací, me basta con ese número.
—No puedo creer que te conozca desde hace tantos años y nunca supiera sobre este día, no eres una chica muy cumpleañera, ¿no? —Negué con mi cabeza—. ¿Por qué nunca me dijiste que estás de cumpleaños el trece de septiembre?, sabía que te llevaba un año pero nunca supe por cuánto.
—No me gusta cumplir años, siento que la vida se me va muy rápido. Siento que cada uno de esos números te va poniendo alerta, como un maldito aviso de que pasaste un año más con vida y que el próximo puede ser el último. Me gustaría no ser consciente de cuánto tiempo llevo en este mundo de mierda, también me gustaría la legalización de la marihuana en el mundo entero, pero ya vez, no todo puede ser como queremos.
Simba no dijo nada a mis palabras luego de un buen rato.
—Dios, te amo tanto. —Gruñí—. ¿Ni siquiera puedo decirte que te amo? —Bufé y cerré mis ojos a sus palabras—. Te amo, Isabella, te amo, te amo, mil veces te amo. Siento haber jugado sucio, de verdad, ¿qué más me quedaba? Era obvio que ibas a ganar, estuviste siete años lejos de mí, ¿cómo no podrías aguantar una noche? Te extrañaba, fui un idiota al hacer esto, me acostumbré a dormir junto a ti. —Lo sentí acercarse a mí, su calor corporal haciendo acto de presencia—. Me acostumbré a tus ronquidos… —Rió suavemente cuando resoplé—. Me acostumbré a escucharte hablar mientras duermes, peleas bastantes, déjame decir, pero a veces dices unas cosas que me dejan sin palabras.
—Primero, gané. Segundo, no me ganarás tan fácilmente con unos simples "te amo". Tercero, me vale verga lo que digo mientras duermo, no soy consciente de ello, así que no te creas nada. —Probablemente era más sincera dormida que despierta, pero qué va—. Y que conste que tú también estuviste siete años sin mí.
—Es distinto —contestó.
—¿Qué lo hace distinto?, es la misma mierda para mí.
—En ese entonces yo ya te amaba, eso lo hace distinto.
—¿Y quién dice que yo no lo hacía?
La habitación se quedó sumida en silencio, solo se escuchaba la tormenta que seguía fuera y las ramas de un árbol golpetear incesantemente contra una de las ventanas. Mordí mi labio inferior y cerré mis ojos, tratando de parecer dormida, no quería seguir hablando, ah, odiaba esta mierda de hablar sobre sentimientos. Minino era como la mujer en la relación y yo la que llevaba los pantalones, por todo lo santo, ¿qué clase de pareja disfuncional éramos?
—¿Lo hacías? —preguntó en un susurro.
—No. Y que te quede claro que no te he perdonado.
Era una maldita mentirosa.
…
—Entonces, ¿por qué no contamos cada uno algo de nuestras vidas pasadas? Para conocernos mejor, digo yo.
—Paso, ya saben toda la mierda que viví y no me apetece hablar de ello. —Tink se encogió de hombros y bebió de su botella, mientras observaba fijamente la fogata frente a nosotros—. Me gustaría saber si alguno de ustedes dejó algún enamorado y/o enamorada atrás, ¿eh?, esa mierda es interesante.
—¿Para qué coño quieres saber eso? ¿Qué importancia tiene de todos modos?
—Oh, B está a la defensiva. —Cobain sonrió y me guiñó un ojo a la distancia—. ¿Te preocupa que alguien te pregunte sobre mi hermanito?
Le mostré mi dedo medio amorosamente, a lo que él respondió con una sonora carcajada. Estábamos en Virginia y nos habíamos topado con una playa maravillosamente increíble. Assateague Beach, era simplemente sublime, el paisaje, la blanca arena, la poca gente que sabía acerca de ella. Era una de esas playas que no importa cómo demonios esté el clima, siempre será un lugar para ir, relajarte y disfrutar. Habíamos armado una pequeña fogata y nos sentamos a hacer nada, realmente, estábamos bebiendo y disfrutando del lugar. Hasta que, claro, a estos idiotas se les había ocurrido empezar a hacer preguntas.
—¿Tienes un hermano? Y, ¿quién es tu hermano?
—Sí, lo tengo, es menor, un año mayor que B. —Cobain se cruzó de piernas y comenzó a jugar con la arena—. El modelo a seguir en casa, un completo empollón, estudia medicina en Yale, ¿qué se creen?, ¿eh? Una verdadera joyita, el orgullo de mamá y papá, un completo dolor en el trasero para mí con toda su perfección.
—No lo es —murmuré, frunciendo el ceño—, no vengas con esas mierdas, diciendo todo eso, haces ver que minino es un maldito snob y no lo es. —Desvié la mirada cuando una sonrisa llena de burla apareció en sus labios—. Minino es un dulce, tiene la mala costumbre de confiar demasiado en las personas… Estás jodidamente celoso porque es mejor que tú y siempre lo has sabido. Y no me refiero a las formas de vidas distintas que han elegido —aclaré y alcé una de mis cejas en su dirección—, me refiero a su manera de ser. Edward es… Joder, él es hermoso.
—¿Hermoso? —murmuró Tink, sonriendo.
—Santa mierda. —Grizz soltó un silbido por lo bajo después de soltar sus palabras.
—¿Qué? —gruñí.
—Ah, olvidé decirles que es el eterno enamorado de nuestra B. —Cobain sonrió abiertamente, volviendo a beber de su botella.
Entorné mis ojos y resoplé, mientras hacía extrañas figuras en la arena con mis dedos. Desde que había dejado Forks unos meses atrás había estado preguntándome acerca de él. ¿Estaría bien? ¿La estaría pasando bien allá donde quiera que esté? ¿Habría encontrado una buena chica que diera su porte? Y si era así, le sacaría la mierda de encima a la puta esa, fuera quien fuera.
—Así que nuestra querida B dejó un enamorado en su pueblo, ¿quién mierda iba a pensarlo?
—¡Él era el que estaba enamorado de mí, joder!
—¿Y tú no?
—Yo no era para él, no soy para él, ¿está bien? —Tiré la botella lejos—. ¿Podemos dejar de hablar de esto? —Los tres negaron con sus cabezas. Me molesté, con un demonios, ¿qué les importaba a ellos?—. ¿Qué quieren que les diga? ¿Que lo quería? Sí, demonios, lo quería, ¿qué me costó dejarlo? Putamente sí, ¿saben cuántas veces me insistió que lo trajera conmigo? ¡Él incluso me prometió que no sería un estorbo para mí!
¿Cuántas cervezas había bebido ya?
Me sentía estúpida, por no decir borracha, y tenía un maldito nudo en la garganta.
—Lo dejaste allá y en cambio huiste con su hermano.
—Lo hice —sonreí sin una pizca de emoción—, porque, como dije, yo no era ni soy para él, ni nunca lo seré.
…
¿Qué tan cierta era esa frase "nunca digas nunca"?
—¿Minino? —Nadie respondió a mi llamado. Se escuchaba su acompasada respiración haciéndole compañía a la lluvia. Me giré lentamente en la cama para evitar despertarlo, él estaba prácticamente pegado a mi espalda. Sonreí al ver su rostro calmo mientras dormía, acaricié su mejilla con mi nariz y aspiré su aroma, dulce, tal como él lo era—. Te amo —murmuré, dejando un suave beso sobre sus labios—, eres la segunda mejor cosa que me ha pasado en esta vida, junto con Grace. Después de Floyd y antes que los chicos. Te amo, maldita sea.
Una noche más que dormiría entre sus putos brazos.
E insisto, yo aún no lo he perdonado.
La noche pasó sin más inconvenientes, la lluvia y toda la mierda que traía consigo, como el maldito frío que te calaba los huesos, siguió hasta la mañana siguiente. Estaba jodidamente bien acurrucada en la cama de minino, el edredón que tenía era de plumas y era tan putamente celestial. Como si estuviera durmiendo sobre una mullida y acolchadita nube, no quería salir de aquí nunca más.
Pero es imposible si eres mamá de dos cosas enanas, ¿no?
—¡Shh!, hoy no tenemos que hacer ruido. Papi dijo que mucha gente muricio y había que respetarlos.
—¡Pero quiero despertar a mi mami! No haré mucho ruido, solo la moveré un poquitín… ¿Me ayudas a mover a mami, Grace? —Supongo que la nena aceptó porque sentía cuatro manitas en mis piernas moviéndome de un lado a otro—. ¡Despierta mami!—chilló Floyd junto a mi oído en lo que a él respecta un bajo volumen de voz.
—¿Por qué no pueden despertar a papá? ¿Por qué siempre tienen que joder a mamá? —gemí, tratando de cubrirme para poder seguir durmiendo. Los enanos del demonio siguieron con su plan para sacarme de la cama, moviéndome tanto como sus fuerzas se lo permitían.
—¡Papá ya está despierto!, está abajo haciendo nuestro desayuno. Papá dijo que hoy no podíamos encender la televisión ni la radio, y que habría una misa en la tarde. —Fruncí el ceño mientras me sentaba en la orilla de la cama, aún un tanto somnolienta—. También dijo que estábamos de… estábamos de…
—¡De tuto! —chilló Grace, alzando sus brazos al aire.
—Luto, estamos de luto. —Ambos niños asintieron—. Veo que ya están listos… —suspiré y refregué mi rostro con una de mis manos para espabilar. Los niños estaban ambos bañados y perfumados. Edward debe haberse tomado las molestias, ¿estaría haciendo todo esto para que lo perdonara? Usualmente nos turnábamos, si minino los bañaba, mamá se encargaba del maldito desayuno—. Bajo en un minuto, ¿sí?, vayan con papá y espérenme ahí. Y pueden gritar, enanos, el día de los muertos es mañana… ¡Hoy es Halloween!
—¡Yay!—chilló Floyd, dando saltitos—, ¡este año me disfrazaré de…! Uh, ¿de qué puedo disfrazarme mami?
—Después de la misa donde el abu Carlisle veremos eso, ¿sí?, vamos a tener que pensar en algo rápido. —Le guiñé un ojo y besé su mejilla. Cuando mis ojos se posaron sobre Grace vi como retorcía sus manitas nerviosamente—. ¿Estás bien, muñeca?
—A papi no le gusta Halloween, dice que es una fiesta del diabolo.
—Bebé, papá está un tanto cucú —dije y los niños rieron cuando entorné mis ojos y saqué la lengua—, te vestiremos al igual que Floyd y saldremos a pedir dulces esta noche como es debido, ¿sí?, papá no podrá decirnos que no, ¡y ahora bajen mientras mamá se arregla!
Y piensa de qué carajos los va a disfrazar.
Me alisté rápidamente, pensando en lo que iba a suceder el día de hoy. Había que ir a dejar a los chicos al colegio, luego, iría a la tienda… Tendríamos que hacer unos cambios de planes, ya que en la tarde íbamos a ir a hacerle una amistosa visita a la perra de Charlotte. Bueno, tendríamos que adelantar la hora por culpa de la misa. Lamentablemente era algo que no me podía perder, puedo tener una animosidad de mierda con la religión, pero vale la pena un minuto de silencio por todas esas personas que ya no están con nosotros simplemente por azares del destino y que algunas veces desearíamos que simplemente estuvieran aunque sea un ratito más. Solo por ustedes me mamaré a Carlisle en una de sus misas, amigos. Me calcé un desteñido y entubado jean de color negro con algunos agujeros en las rodillas, unas botas de combate negras, mi playera de The Beatles y una gran cazadora que tenía un gorro que yo malditamente amaba. Todavía llovía fuera y hacía un frío de puta madre, no iba a morir congelada, así que ahora parecía un oso polar.
Mis enanos y Edward lucían igual que yo, éramos una familia de ositos polares.
¡Qué mierda más adorable!
—Vaya… Waffles cubiertos en miel, ¡mis favoritos! —Me senté junto a Floyd sin saludar al cocinero. Frente a mí había unos deliciosos waffles cubiertos con miel y otros con caramelo, una taza de humeante café y mi infaltable vaso de zumo de naranja. Digamos que minino no lo había hecho nada mal, digamos.
—¡Y saben fantabulosos, mami! —Floyd sonrió abiertamente, mostrándome la comida que tenía en su boca. Hice una falsa mueca de asco con mis labios y cerré su boca con una de mis manos, ganándome una hermosa carcajada de su parte.
—Come con cuidado renacuajo, no queremos tener que ir al hospital. —Asintió y siguió engullendo los waffles como si se fuera a acabar el mundo y nunca más en su vida pudiera comerlos—. Hey, amor… Grace… —La pequeña Weasley ladeó su cabecita y sonrió, le sonreí de vuelta, pero en realidad sonreía porque cierta persona pensó que ese "amor" iba para él—. ¿Estás bien comiendo con esos?
Ella tenía unos guantes de un fuerte rosa cubriendo sus manos.
—Me gustan mis guantes de princesa —asintió con alegría—, además, puedo tomar mi lechita caliente sin quemar mis manos. —Dejó su taza sobre el mesón y comenzó a mover sus manitas—. ¡Y están calientitas!
—Me alegro. —Le guiñé un ojo—. Debemos evitar que alguno de ustedes se enferme, ¿sí? Ahora terminen eso que debemos partir al colegio.
Comimos todos en silencio, a veces siendo interrumpidos por los niños que decían una que otra de sus locuras. Afuera aún llovía, no tanto como la noche anterior, pero el viento persistía con la misma fuerza. Podía sentir los ojos de Simba pegados a mí cuando pensaba que no lo estaba mirando. Era extraño. Esa maldita sensación de que alguien te está observando me hacía recordar a las películas de terror que eran una basura, porque todo el mundo sentía siempre ese maldito peso de que alguien estaba pendiente de cada uno de tus movimientos y luego… Luego ahí estaba, muerto. No es como si pensara que minino iba a matarme, por todo lo santo, pero parecía un puto acosador.
—¡Vamos, enanos, vayan a buscar sus mochilas! —Ambos partieron corriendo escalera arriba a buscar sus pertenencias.
—¿Hasta cuándo estarás enojada conmigo?
—¿A qué hora es la misa de Carlisle?
—¿Ignorarás todas mis preguntas ahora?
—¿Podrías, por favor, decirme a qué hora es la puta misa?
—Estás siendo absurda, Isabella. —Alcé una de mis cejas, esta vez observándolo fijamente. Él estaba de brazos cruzados, luciendo un tanto desesperado—. ¡Esta es una pelea estúpida! ¿Por qué estamos peleando de todos modos? ¡Ni siquiera lo tengo claro!
—Yo no estoy peleando, si estuviera peleando estarías igual que tu amiguita Charlotte. —Sonreí de lado y tomé mi bolsa—. No tengo ganas de hablar contigo, estoy molesta contigo, joder, ¿es que no puedo estarlo? Y no vuelvas a llamarme absurda, maldita sea, no lo estoy siendo.
—Sí lo estás siendo, Isabella…
—No. ¿Y qué es eso de que Halloween es la fiesta del diablo? ¿Qué demonios, Cullen? ¡Es solo una celebración para que los niños se entretengan y pidan dulces! —chillé, no sé por qué demonios había despertado tan malditamente molesta con él, incluso más de lo que estaba anoche—. Saldré con los niños y no harás nada para impedírmelo, ¡y me disfrazaré con ellos!
—Bella…
—Y no, ¡esa maldita cara de borrego no te servirá otra vez, Cullen! ¡Para tu mierda ahora mismo!
—¿Realmente quieres seguir jugando a esto? —Fruncí el ceño sin entender sus palabras. ¿De qué carajos estaba hablando ahora?—. Bien, seguiré tu juego si así logro que me perdones. No te molestaré, no volveré a hablarte, no haré nada que tú no quieras. La reunión en la iglesia es este sábado a las cinco en punto, espero sinceramente que asistas.
—Y yo sinceramente espero que te metas esto —le mostré mi dedo medio amorosamente—, en el culo.
…
—¿Por qué, en el infierno, estás haciendo sufrir a mi ternurita de hombre?
¿Alguien escuchó lo que dijo?
¡Su ternurita de hombre!
¡No sabía que ahora está también se cogía a minino!
—¿Es que también acabaste enrollándote con los dos hermanos como yo? ¿Es acaso esto una cosa de amigas? —Entorné mis ojos y me crucé de brazos—. Pues si tanta compasión le tienes ve a casa y hazle una mamada como bien sabes hacerlas, la puta de Charlie dijo que eran las favoritas de minino. Vaya a saber yo esa mierda, ¿no? Porque es comunitario, un gatito comunitario.
Grizz y Tink me observaban con sus ojos abiertos de par en par, incluso el muchacho que estaba sentado en la silla reclinable me observaba con detención. Me removí incómoda en mi lugar y comencé a ordenar los diferentes punteros que había en la vitrina. Nadie dijo una palabra más de lo que acababa de pasar. Carajos, estaba completamente irritable, ¿por qué demonios andaba así? Fruncí el ceño y seguí en lo mío, malditamente avergonzada de mirar a mis amigos por toda la mierda que había cagado por la boca. La puertecilla de la tienda se abrió y ni siquiera giré a ver quién era, tratando de descifrar qué era lo que iba mal conmigo el día de hoy.
—¿B?
—¡Isabella!
Moví mi cabeza tratando de despejarla y puse mi atención sobre los dos personajes tan distintos que se alzaban frente a mí, al otro lado del mostrador. Jake con toda su facha de motoquero, de cuero de pies a cabeza, y en la esquina contraria teníamos a Ness, luciendo tan fresca y angelical como una chica de bien podía ser.
—¿Qué quieren de mí ustedes dos?
—Tranquila, fiera, ¿qué bicho te picó hoy?
—No sé, demonios. —Rasqué mi nuca con nerviosismo—. Pero en serio, ¿les debo algo o qué?, y tú, ¿no te habías ido?
—Encontré algo sumamente interesante en el pueblucho. —Le dio una leve mirada a Nessie, quien le entregó a cambio una mueca de asco con sus labios. Y era sincera en eso, ¡Dios!—. El viejo me está dando a mí y a los chicos refugio, decidieron quedarse conmigo por un tiempo.
—Genial, hombre. —Sonreí—. Y tú, enana, ¿qué haces aquí y por qué no estás en clases?
—Vengo a pedirte… —Apoyó ambas de sus manos sobre el mostrador y se inclinó hacia mí de manera amenazante—. No, vengo a exigirteque mantengas a este pelmazo alejado de mí. ¿Me oíste, Isabella?, ¡no puede aparecer en la puerta de la secundaria preguntando por mí como si fuéramos amigos del alma! ¡Ya tengo suficiente también con Nahuel!
—¿Qué hizo Nau?
—Él anda pegado a mí todo el día por si este de acá —lo apuntó despectivamente con su dedo gordo— pretende hacerme daño… Es… Es… ¡Es exasperante! ¡No los soporto más! —Renesmee se cruzó de brazos e infló sus mejillas al igual como Grace lo hacía. Sonreí y desordené su cabello de manera infantil.
—Deja a mi hermanita en paz, cabrón, si no quieres que te haga comerte tus huevos, ¿me escuchaste? —Jake sonrió y enarcó una de sus cejas como queriéndome decir "¿piensas que en esta vida u otra te haré caso?"—. Lo digo en serio, Lobo, aléjate, ella es mucho para ti.
—¡Ouch! Un golpe bajo de tu parte, B.
—La verdad duele, dicen.
—No prometo nada… —murmuró, cruzándose de brazos y repasando a mi hermana lentamente con su mirada.
—¡Pues esto vas a tener que prometerlo o le diré a papá que ponga una orden de restricción!
—Como si me hubieran parado las leyes alguna vez en mi puta vida.
—¿Qué quieres de mí? —le preguntó Ness, bastante exasperada—, ¿qué diantres quieres?
—¿Yo?, oh, bueno, un poco de eso… —Apuntó toda su anatomía y luego específicamente a su trasero—. No me vendría nada de mal un gran trozo de eso, lo devoraría lentamente, degustándolo con todo el placer del mundo. —Jake se lamió los labios y se acercó lentamente a una muy ofuscada Renesmee—. Nena, tu hermana no podrá salvarte de esto y… ambos sabemos que tú lo quieres igual.
—En tus sueños, sucio animal. —Ness respiraba entrecortadamente, no sabía si la enana estaba caliente o calientemente molesta.
—Miren, los dos —suspiré y me encogí de hombros—, ambos son bastante grandes para saber qué coño hacen, tú incluso ya tienes tus dieciocho años bien puestos. Perdón por no desearte un feliz cumpleaños, recién vengo a caer que ya pasamos septiembre —suspiré con cansancio—. Este ha sido un día de mierda, no vengan a llenarme con más basura la cabeza porque en casa tengo suficiente, ahora, ¡fuera de mi puta tienda!
Ambos me miraron perplejos, pestañearon un par de veces y luego se miraron entre sí, para volver su atención hacia mí. ¿Es que estaban sordos? ¿No entendían que me había levantado con el pie izquierdo y que pronto los sacaría a patadas si no seguían mi orden? Y luego yo soy la que tiene la culpa por la estupidez de la gente.
—¿Andas en tus días sangrones? —me preguntó Jake, ladeando la cabeza.
—¿Discutiste con Edward? —La enana estaba más cerca pero ni tanto, eh.
—No es de su puta incumbencia, ¡salgan!
Los dos se fueron sin más, despidiéndose por lo bajo de los chicos que miraban la escena con entretención y un poco de cautela. El chico que estaba siendo tatuado por Grizz estaba a punto de mearse en los pantalones, me observaba con unos grandes ojos marrones llenos de temor. Creo que le gruñí un poco porque me estaba mirando demasiado.
—Te falta un buen polvo, ¿minino no te trata como debe? O a lo mejor eres tan estúpida que en vez de aprovechar el hombrecito que tienes peleas por cosas iguales de estúpidas que tú.
—¡Te partiré la vagina de una patada!
—Trata de hacerlo, veamos cuál de las dos sale peor, perra.
—¿No crees que deberíamos traer un poco de barro? —murmuró el muchacho, dándole una leve mirada a Grizz.
—Hombre, estoy contigo en eso. —Ambos chocaron sus palmas—. Sigan con lo suyo chicas, Silas y yo estamos aquí disfrutando del espectáculo en primera fila, no se detengan por nosotros —Emmett sonrió y nos guiñó un ojo—, aunque, si van a salpicar sangre, por favor que sea fuera, cuesta sacar esa mierda cuando limpias.
—¿Silas? ¿Qué clase de estúpido nombre es ese?
—Ella me odia. —El chico hizo una mueca con sus labios mientras me observaba—.Sip, definitivo, ella me odia, hermano.
—B está en sus días de odiar a todos, yo, personalmente, prefiero no meterme con ella cuando está así.
—¿Cuánto te falta para que termines con eso?
Me acerqué a Grizz ignorando sus palabras y observando su trabajo. Un pez Koi, era lo que se estaba haciendo el muchacho en el hombro. Esos peces eran uno de los tatuajes más comunes, ya que representaban un sinfín de cosas positivas en la cultura japonesa: fuerza, perseverancia, energía y buena suerte. El trabajo que hacía Grizz era más que admirable, el muchacho no había querido utilizar color, el pez estaba trazado en blanco y negro y ahora Grizz había comenzado con el sombreado, dándole una asombrosa tridimensionalidad, solo con el trabajo de sombras. Grizzly era muy bueno en lo que hacía, parecía que el pez saltaba libremente de su brazo.
—Un poco más, unos retoques que finalizar —me contestó concentrando su vista en el hombro de Silas—. Siempre había hecho peces Koi a colores, nunca en blanco y negro… Me gusta, se ve jodidamente genial. —Asentí a sus palabras—. Cobain me llamó hace unos minutos, antes de que llegaras. Tiene todo listo para que entremos a darle la despedida a Charlie.
—Genial, eso era lo que quería saber. —Sonreí a medias y palmeé su hombro—. Lo siento, por cierto. —Miré a Tink y mordí mi labio inferior—. Siento haber llegado toda perra, no sé qué demonios me pasa.
—No importa, B, te perdono. Eres mi muñeca, ¿cómo no voy a perdonarte? —Dejé un beso sobre la mejilla de Grizz.
—Yo igual, bebé, solo… Yo nunca estaría con Edward, joder, nunca lo haría, lo sabes, ¿no? —Entorné mis ojos y le di un fuerte abrazo. Claro que lo sabía, con Cobain fue distinto porque ella realmente siente algo, ¿saben? Pero cree que nadie se da cuenta de eso—. Perra.
—Zorra, te amo.
—Yo también, bebé, yo también.
Cuando el chico, Silas, finalmente obtuvo su tatuaje y quedó malditamente feliz con ello, titubeó cerca de veinte minutos si acercarse a mí a entregarme el puto dinero o no. Fue gracioso verlo ahí todo indeciso, como si en cualquier momento yo pudiera saltar el mostrador y comérmelo de un bocado. Era una cosita adorable, debo agregar, ¿qué pasa que últimamente han venido chicos guapos? No le echaba más de veintiuno, un cabello castaño claro de recién follado y una expansión de ocho milímetros en su oreja eran algunas de las cosas que me gustaron de él, como también sus grandes ojos marrones de ciervo asustado. Sonreí cuando se decidió por acercarse, él me temía, por todo lo santo, razón tenía para hacerlo. Me entregó los billetes temblando, los recibí gustosa y le entregué el cambio además del papel que le indicaba los cuidados, antes de que se fuera me recargué en el mostrador y dejé un rápido beso en su mejilla. Sonrojado salió de la tienda, una pequeña sonrisilla bailando en sus labios.
Finalmente.
Era la hora de la acción.
Dejamos todo arreglado, con el letrero que Floyd y Grace habían hecho, que decía "Cerrado, jódete", colgando de la puerta. Salimos a las calles del lluvioso Forks a seguir con nuestro plan. Los tres montamos la Van, ya que las motocicletas no eran una buena opción, y nos dirigimos al hospital donde Cobain nos estaba esperando. Íbamos a tener que andar con sumo cuidado ya que este era el lugar de trabajo de Edward, aunque usualmente está en el área de pediatría, cuando faltan doctores debe pulular por los alrededores de la zorra de Charlotte.
—¿Están listos? —preguntó Cobain, acomodando su gorra de lana sobre su rubio cabello.
—Nací lista, joder. —Me coloqué la capucha de mi chaqueta y entramos.
El plan era que esos tres llamaran la atención de los doctores fingiendo vaya a saber Dios qué mierda, para que yo pudiera escabullirme en la habitación de la sucia de Charlie sin ser notada. Cuando pusimos un pie dentro del hospital Tink se tiró, literalmente se tiró, al suelo y comenzó a chillar. Cobain y Grizz "corrieron" a socorrerla mientras que mi adorada amiga le recriminaba a Cobain su "estado". Demonios, era ahora o nunca que debía correr. Los doctores y algunos enfermeros despejaron el área yendo hacia Tink, uno de ellos incluso llevaba una silla de ruedas, joder. Me escabullí por una puerta que decía urgencias y me saqué la capucha, comenzando a caminar con tranquilidad por los pasillos del lugar.
—¡Ayuda doctor! ¡Paramédico! ¡Enfermera! ¡El dolor que siento en mi Princesa Diana es culpa de estos dos cabezas de culo! ¡Les dije que era mucho meterme los dos a la fuerza! ¡Hombres y sus putos fetiches de mierda a la hora de tener sexo! ¿No podía uno ocupar mi culo?, no, ¡ellos querían estar dentro de mi maldita princesa a la vez!
Los gritos de Tink se escuchan incluso a donde yo estaba.
Sonreí sin poder evitarlo.
—¿Señorita? ¿Puedo ayudarla? —Me tensé por un segundo y luego giré, sonriente. El hombre frente a mí abrió sus ojos y luego sonrió, como entendiendo algo—. ¿Está buscando a su amiga?
—¿Mi amiga?
—La muchacha que está en una de las habitaciones, tiene tantos de esos como tú.
—¡Charlotte! ¡Sí! ¡Mi gran amiga! —Creo que la alegría me salió muy jodidamente falsa, pero que va, el tipo ni cuenta se dio—. No recuerdo cuál era el número de su habitación, ¿podría ayudarme en eso por favor? —Él era un guardia, asintió y me indicó que era el cuarto ciento tres.
Me despedí del amable guardia y caminé a mi destino.
Charlotte iba a irse de aquí sin poner sus ojos sobre Grace. Como que mi nombre es Isabella jodida Swan.
—Mira, te juro que nunca más joderé tus pelotas, Ed, pero solo… ¿Una fotografía aunque sea?, sé que soy una mierda, sé que la jodí… Pero solo quiero verla, es todo lo que pido, aunque sea con una maldita fotografía. La conocí, ¿sabes? En la tienda de tu chica, pero no… Yo no le puse atención, ella estaba con dos mocosos, sé que uno era mi nena pero, joder, ¡no la recuerdo!
—Le harás daño, yo no quiero que Grace sufra. Yo lo hice, no quiero que viva lo mismo, lo siento, Charlotte…
—Es Charlie, con un demonio.—La tipa resopló—. Solo dame una oportunidad, una… No pido nada más.
—Grace es mi hija.
—Lo sé… Pero también es mi nena, lo quieras o no, es mía. Tiene tanto de mí como de ti, Cullen. Y con la chica que tienes… Espera unos años más, esa enana será una copia de la zorra que te calienta la cama.
Abrí la puerta de la jodida habitación ciento tres sin siquiera anunciarme.
Ella no se merecía modales, joder.
Vaya la maldita sorpresa que me llevé al ver a Simba dentro de su habitación, sentado a la orilla de la camilla donde yacía Charlie acostada. Quería sonreír al ver su rostro aún con vestigios de lo sucedido entre las dos, pero me era putamente difícil hacerlo teniendo este cuadro tan ameno frente a mí. Venga, díganme si no da para pensar. Minino viene y me "castiga" por haberle sacado la madre a su ex y con ella simplemente se sientan a hablar como viejos amigos tomando el té. Él incluso estaba riendo con ella por lo que había dicho de mi muñeca. ¡Riendo! ¡A mí que me regaña todas las putas veces que la he llamado zorra y con esta se ríe! A mí nadie me viene con mierdas de esta índole.
Nadie.
—¿Isabella?
—No preguntaré qué carajos está pasando aquí, por qué estás aquí, por qué mierda te reías con ella. —Me crucé de brazos. Me picaban las manos, quería golpear algo—. Tampoco apuntaré el hecho de que ella está tocando tu rodilla como si fueran los mejores amigos por siempre. Joder, no apuntaré nada de eso. —Edward se alejó rápidamente de su toque, como si no se hubiera dado cuenta de que la mano de esa cualquiera estaba ahí—. Yo solo vine aquí a una cosa —apunté a Charlotte que me observaba desafiante—, Grace es mía, no es tuya. Le pones un dedo… Escúchame bien, pones un dedo o le tocas un maldito cabello y yo acabaré contigo. No me importa terminar donde sea, ¡yo acabaré contigo!
—¡Ella no es tuya!
—Lo es, puede que no la haya tenido en mi panza como a Floyd, puede que solo hace un mes y algo que la conozco, pero esa mocosa se ganó mi corazón y eso yo lo valoro. —Sonreí despectivamente—. No como tú, basura. Así que ya lo sabes, te irás de este maldito pueblo y no pondrás ningún pero, ni siquiera joderé tus tetas haciéndote pagar lo que le hiciste a mi tienda. Te vas y punto, te olvidas de ella.
—Edward es su padre, él es quien tiene que decidir sobre ella, ¡tú no eres nadie, jodida perra!
—Y Edward sabrá lo que es mejor para ella. —Sus verdes ojos estaban sobre mí, imperturbables—. ¿Cierto, minino? —Sonreí sin una pizca de humor—. Nos vemos donde Carli, iré a buscar a los niños. Y, joder, piensa en lo que estás haciendo Edward, solo usa tu maldita cabeza.
Él no dijo nada cuando yo salí de la habitación de la yegua que despotricaba aún cuando yo iba por la mitad del pasillo. Estaba resultando ser un día de mierda, un día de mierda en el que me sentía como la mierda por ninguna razón… Bueno, aparte de lo que acababa de pasar. Caminé lentamente hasta salir del hospital y me quedé ahí, afuera, apoyada en la muralla mientras veía la lluvia caer y me fumaba un cigarrillo. Llamé a Grizz y le dije que ya estaba fuera, los chicos salieron unos minutos después. En silencio se acercaron a mí y me abrazaron vaya a saber Dios por qué mierda.
—Todo saldrá bien, bebé, ya lo verás —murmuró Tink.
—¿De qué hablan?, estoy bien. —Entorné mis ojos y me alejé de su abrazo. Maricas, se estaban pasando de cursi—. Y no me miren así, joder, odio la lástima, lo saben, ¡dejen de mirarme como si me fuera a romper de un momento a otro!
—Parece que fueras a hacerlo, B, ¿qué te hizo mi hermanito para que estés así?
—Quiero matar a tu hermano, no sabes cuánto. —Le di una nueva calada a mi cigarrillo y expulsé el aire con rabia—. Si no estuviera tratando de controlar toda la rabia que siento dentro probablemente estaría con la mitad de mis cosas y las de Floyd de vuelta donde papá en estos momentos. Pero no lo haré, no hasta que me diga lo que ha decidido. —Mis ojos se posaron sobre Grizz que estaba más pálido de lo normal y no había hablado en todo este momento—. Ahora, el que me preocupa es este, yo estoy jodidamente bien por el momento… Grizz, ¿estás bien?
—Uh… ¿Eh?
Y justo en ese momento alguien salió del hospital, luciendo igual o incluso más pálida de lo que estaba Grizz. Los cuatro miramos hacia la mujer que salía cubierta de pies a cabeza, pero de todas maneras supimos quién era por su inconfundible cabello rubio y su elegante porte. Cuando los ojos de Grizz y Rosalie se toparon, algo pasó ahí, una extraña conexión. Digo, sabíamos que esos dos se enrollaban, pero Hale salió corriendo, desviando la vista rápidamente de mi amigo, y Emmett no hizo nada más que observar, como si estuviera en un jodido trance, como ella desaparecía bajo la lluvia. Santa mierda, no era la única teniendo problemas aquí, ¿eh? Grizzly pestañeó un par de veces y volvió a enfocar su vista en nosotros. Nosotros. Unos malditos curiosos.
—¿Qué carajos te pasa?
—Yo… infiernos, voy a ser papá.
Oh santa mierda, de verdad, no era la única con problemas.
(1) También conocida por su título original, The Sweetest Thing, es una película estadounidense de 2002 protagonizada por Cameron Diaz, Christina Applegate, Selma Blair y Thomas Jane.
(2) Es una película cómica estadounidense de 2012 dirigida por Seth MacFarlane y protagonizada por Mark Wahlberg, Mila Kunis y Seth MacFarlane.
(3) La canción que cantan en la película, "Thunder Buddy Song" se llama.
¡Buenas noches!
Para que vean, primero les doy un OS y ahora cap, creo que me merezco el perdón, j/s.
El capítulo, como mencioné arriba, aún no está beteado ya que hubieron algunos pequeños problemitas y su beteo se iba a demorar más. Para no hacerlas esperar lo subí sin beteo, con los errores y todo, así que eso va por ustedes, eh jajajajaja luego lo reemplazaré. Bien... Bien, no se que decir de este cap, estuve a punto de dejar la mismisima cagada pero me contuve, no quería ser tan mala. ¡Algunas chicas le achuntaron con el spoiler! El afortunado es Grizz, se armará una que ya les digo, mi mente maquiavélica tiene todo planeado. Tengo unas ganas enormes por escribir la reacción del mundo sobre este embarazo, peor sobre todo la reacción del panzón de Royce muajajaja. Aquí tampoco todo será muy lindo, porque, queramoslo o no, Rosalie es una mujer convencional y que además vive en este pueblucho conservador que madre mía... Grizz no la tendrá muy fácil, pero bueno, para eso tiene a sus dos ángeles de Charlie. Y hablando de Charlie... Sigue hinchando pelotas, lo sé, pero ya se irá, ya se irá, tendrán que aguantarla un tantito más aquí. May Cullen C Cobain no se la pondrá nada de fácil a Tink, eso es cierto, la chica necesita un remezón para que se de cuenta que el bobo no es tan malo jajajaja Naty no sé cuando subirpe Rebeldes sin Causa, si dejé los fics fue por una razón, que no tenía inspiración para seguir con los capítulos. Pero me he propuesto que una vez acabe con Tres, dos uno, ¡estamos al aire! me pondré al día con Rebeldes, aunque no se cuando sucederá eso, no tengo fecha para saber cuanod terminaré el otro Peqke Alvarez bueno, no puedo decir quien es el papá de Floyd, se arruinaría la sorpresa, así que tendrás que seguir con esa duda jijiji más adelante se revelará eso :)
Y creo que eso es todo, ¡muchas gracias por su paciencia
¡Nos estamos leyendo chicas!
Por cierto, subí un nuevo OS hace nada, por si quieren leerlo:
"Me enamoré de una fangirl"
Summary:
One-Shot ""El primer síntoma de que la había perdido, las ojeras. Preguntaba, o lo deducía. La segunda, sin más, quería conservar mis malditos oídos. Deducción: Ella se había quedado leyendo hasta las tantas de la madrugada y fantaseando por vaya a saber yo qué cabrón" TH. OoC. Bella&Edward.
PS: Para las chicas que me preguntas sobre el grupo de los fics, en mi perfil está el link si lo quieren :)
¡Les mando abracines por todos sus reviews, alertas y favoritos chicas!
Lamb.
