Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward


Outtake: Pequeña señorita inocente, endúlzame.


Pour some sugar on me – Def Leppard.


—¡Salud!

B estaba malditamente arriba, el porro la había dejado volando alto.

La primera de mis chicas alzó su botella de cerveza en mi dirección, sonreí e imité su movimiento, dándole un sorbo a mi preciado elixir. Llevábamos un día en Florida, había que celebrar de una maldita manera, ¿qué mejor que una juerga a la luz de la luna con una fogata de puta madre? La playa Delray era alucinante, y en estos momentos estaba repleta de gente que venía a pasar un buen rato en compañía de nosotros. B estaba ocupada con el cabrón de Alec, esos putos estaban prácticamente comiéndose las caras, no es mi problema de todos modos, pero, joder, B podría tener un poco más de tino a la hora de elegir a los imbéciles con los que se mete. Por otro lado estaba Tink, flirteando con dos pobres tipos que creían tenerla en las palmas de sus manos. Esas eran mis dos nenas, y yo debía proteger a mis nenas.

—¿Puedes mostrarnos nuevamente, Grizzly?

Sonreí a las chicas que estaban frente a mí.

Rubia, Morocha y Bajita, sus nombres… Joder, era asqueroso con los nombres.

Dejé la botella de cerveza junto a mis pies y flexioné mis brazos, mostrando mis bebés a las preciosuras que reían coquetamente. Una de ellas, la rubia, se acercó a mí contoneando sus caderas, vistiendo un diminuto bikini que quería arrancar con los dientes. ¿Por qué coño siquiera llevaba ropa? Ese maldito hilo dental no dejaba nada a la imaginación, absolutamente nada. Se inclinó, prácticamente pegando sus tetas a mi rostro, y tocó mis músculos con sus pequeñas manos. Y uno como hombre tiene que dejarse querer, ¿no? Dejé que tocara todo lo que quisiese y seguí tomando de mi cerveza, observando a la multitud.

Estaba lleno de cabrones que no conocía.

—¿Cuánto ejercitas diariamente?

— Lo que pueda —me encogí de hombros—, algunos simplemente nacemos así, nena —le guiñé un ojo, a lo que rio.

—¡Eh, Grizz! —Alcé mis vista hacia Jacob, que estaba a unos pasos más allá—, ¿qué hay sobre una línea? —sonrió mostrándome el polvillo blanco en la bolsita que sostenía entre sus manos. La rubia se sentó sobre mi regazo repentinamente. Rodeé su cintura con mi brazo y negué a Lobo con la cabeza.

—¡No le hago a basuras, idiota!

—¡Te lo pierdes hermano!

—No me pierdo y una mierda —murmuré, volviendo a tomar de mi botella.

—¿Y qué hay de las nenas? —las tres se miraron entre sí y volvieron a soltar esas risitas chillonas, rubia dejó un beso sobre mis labios y se puso de pie. Las tres tomadas de las manos corrieron hacia Jacob. Pero que maldita vista, tan perfecta, sus traseros en pleno cuadro rebotando al son de su corrida.

Me quedé sentado en la silla reclinable.

No sabía quién coño la había traído.

No me importaba.

Observé con lujo y detalle como Lobo, junto a las muchachas y alguno de los chicos de Capo, hacían unas cuantas líneas con el polvillo blanco, sobre una improvisada mesa que habían hecho con las cajas de las cervezas. Odiaba esa cosa, prefería mil veces lo natural. Marihuana, fiel amiga. Solo por ese maldito polvillo me hervían las pelotas cuando B se juntaba demasiado con Alec, o como el mundo lo conoce, "Capo", el tipo era un turbio de mierda, si, era buena onda, pero joder, él sí que sabía sobre distorsión. Háblenle acerca de cualquier maldita droga, a sus veintinueve años había probado mierdas que ni siquiera aun existían. Jacob se pegó la primera línea, y el resto le siguió luego.

¿Y cuál era la puta gracia?

Vale, bebías como condenado y fumabas como idiota, quedando literalmente como un trapo tirado en el suelo. Unas cuantas líneas de coca y santo remedio, quedabas como nuevo, ¿para qué?, ¡nadie en el puto mundo te prepara para la resaca de mierda del otro día! Una vez, solo eso, una vez probé y nunca más en mi puta vida.

—¡Como está mi oso! —B me sacó todo el puto aire cuando se tiró sin consideración sobre mi regazo— Amigo, estoy malditamente drogada, te lo juro, no sé qué carajos… No sé… Quiero bailar, ¿por qué demonios no hay música? —Ella frunció el ceño y se cruzó de brazos— ¡Que alguien ponga alguna maldita música! —gritó, tratando de hacerse escuchar entre el gentío.

B sacó un porro de su escote y comenzó a prenderlo.

—¿Dónde dejaste a tu perro? —le pregunté, dándole palmaditas en sus desnudas piernas.

—Vete a la mierda —sonrió y le dio una calada al pitillo—, ¿quieres? —Lo tomé entre mis dedos y fumé. Estaba buena, buenísima, creo que sabía a Blueberry (1)— No sé dónde coño fue Alec… —murmuró, desviando su mirada— Estaba con unos tipos por allá que comenzaron a hablar mierdas sobre ácido y LSD —se encogió de hombro y me quitó el porro— ¿Qué hay de tus perras?

—Lobo se las llevó —apunté hacia el grupo que seguía frente a nosotros.

—Ellas se lo pierden, campeón.

—Si… Ellas…

Y lo perdí.

Tal vez el maldito porro estaba de puta madre.

Tal vez la combinación con el alcohol que ya había bebido fue la causante.

Pero, carajos, yo vi ese puto ángel. Estaba ahí, frente a mí, cerca y a la vez tan lejos, caminaba a orillas de la playa luciendo un vestido blanco que reafirmaba mi maldita postura de que era un ente divino. Oh santa mierda, debía estar bastante colocado para tener alucinaciones de este tipo, una vez vimos al osito de la Coca-Cola, lo admito, pero esto era distinto. Los cabellos rubios del ángel flotaban entorno a su rostro al igual que el vaporoso vestido blanco. Era una visión tan pura que todo mi maldito ser me pedía a gritos ir, tomarla entre mis manos, y profanarla como mi amigo en el infierno manda.

Era inocencia.

Inocencia que gritaba ser interrumpida.

Eso hace cinco malditos años atrás.

El día en que B había concebido al enano, el mismo día en que yo había visto una señal del gran jefe por culpa de los alucinógenos. Bueno, señores, creo que al final no fue una coincidencia del todo. Sin quitar mis ojos de la mujer que estaba de costado a nosotros, me agaché a la altura de los mocosos y los hice parar en seco.

—Ahora, enanos, ustedes ayudarán a tío Grizz en algo.

—¿Una misión súper secleta? —Preguntó Floyd, sus ojos brillando por la emoción.

—Uh-huh, una misión súper secreta —sonreí y, posando mis ojos nuevamente en la mujer, hablé—, ¿le dirán a tío Grizz quien es la señora que está ahí? —la apunté, haciendo así que los niños siguieran mi dedo. Floyd hizo una mueca con sus labios y Grace sonrió abiertamente.

—¡Tía Rosie! —chilló, demasiado alto.

Tan malditamente alto que no fuimos los únicos que escucharon.

Uh, nope.

Dos orbes azules estuvieron sobre nosotros rápidamente, primero sobre los mocosos que estaban conmigo, después estáticos sobre mi rostro. Azul contra azul, el reconocimiento bailó tras esos pozos aguamarina, y yo solo sonreí. Le sonreí, maldita sea, porque ella no me había olvidado.

¿Y quién carajos puede culparla por eso?

—No voy a decirte mi nombre, tampoco qué estoy haciendo aquí porque claramente no es de tu incumbencia. —Ella levantó su mano, enseñándome el dorado anillo que adornaba su dedo anular— Estoy felizmente casada con el hombre que amo.

Y ahí fue el cambio, el titubeo en su voz al decir lo último.

—Me parece malditamente fantástico —murmuré, dándole un sorbo a mi cerveza—, realmente fantástico. No te estoy ofreciendo matrimonio, si no hay nombres es mucho mejor y me importa una verdadera mierda lo que estés haciendo aquí, muñeca. Pero… —sonreí— Todo se trata sobre tensión sexual.

Sus ojos azules se abrieron con vergüenza por mis osadas palabras.

El rubor que cubrió sus pómulos hizo a mi polla saltar, santa mierda.

Luego de haber visto su aparición a lo lejos, no pude evitar acercarme. No pude hacerlo, tampoco es que hubiera tratado mucho, pero, infiernos, cuando veo una oportunidad no hay quien me detenga. No lo iba a hacer esa insulsa banda en su dedo, no me había detenido antes, ¿por qué infiernos iba a hacerlo ahora?

—¿Q-Qué estás hablando?

Me ponían a cien las mojigatas.

—Hablo… —me acerqué a ella lentamente. El ángel me observó fijamente, sus ojos nunca dejando de observarme, por si hacia alguna movida que no le gustara. Era una especie de juego, el gato y el ratón— Hablo acerca de esto… —con mi dedo índice recorrí su brazo lentamente, viendo con fascinación como su piel se erizaba al simple contacto.

Su rostro ofuscado me dijo que la había cagado.

El ángel bebió el contenido de su vaso rápidamente y, dándome la espalda, partió. Me dejó allí, varado con una estúpida sonrisa en el rostro. Tomé su vaso entre mi mano, lo llevé hacia mi nariz y le di una suave olida. Tal y como lo pensé, no había una gota de alcohol en su bebida.

Ella claramente era de otro mundo, un mundo completamente distinto al mío.

—¿Qué estás haciendo aquí? —murmuró entre dientes, observando minuciosamente hacia todos lados por si habían ojos curiosos— ¿No fue suficiente con la escena en misa el domingo pasado?, ¿qué es lo que quieres?

—A ti.

Sus mejillas se tornaron de rosa, tal cual la recordaba.

—N-No estoy para juegos, Emmett. —Carraspeó y se alejó un poco— Mi sobrina… —miró hacia atrás, donde aún se veían las figuras de los enanos siendo guiados hacia su clase a mano de su maestra— Olvídalo, olvídame. ¿Me oíste?, olvídame.

—¿Por qué debería?, tú no me olvidaste, nena, ¿por qué debería yo olvidarte? —me acerqué un paso a ella, a lo que retrocedió dos. Quería quitarle ese moño estirado que mantenía a su cabellera en cautiverio, quería rasgar la maldita camisa que cubría su hermoso cuerpo.

—Basta —movió su cabeza, negando—, yo… Estoy casada… No puedo… No…

—Eso no fue un impedimento antes, ¿lo recuerdas?

—¡Era distinto! —gritó, saliéndose de su pulcra imagen por un momento.

—¿Por qué?, ¿por qué el idiota ese de tu marido te había puesto los cuernos? —Su rostro se crispó cuando le escupí la verdad en la cara— ¿Quién te asegura que no lo ha vuelto hacer?

—Nos dimos una nueva oportunidad…

—Tú me lo dijiste esa vez, muñeca, me dijiste que luego de tantas oportunidades desperdiciadas en ese cabrón esperaba que tu señor guiara tu camino… —volví a acercarme, ella no hizo ademán de alejarse de mi esta vez, así que me aproveché de ello, quedando a unos escasos centímetros de su rostro— Tú crees en Dios, yo creo en el destino… Si esto no es resultado de algo divino —nos apunté a los dos—, no sé qué mierda es, pero me encantaría averiguarlo.

Sus azules ojos estaban indecisos.

Alcé mi mano y acaricié su mejilla con dulzura. Ella era una flor marchita por culpa de un cabronazo bueno para nada que no merecía tener una mujer como ella, una delicada flor que con ternura y amor podía ser reparada.

—¿D-Dónde vamos?

Sonreí ante su pregunta.

Ahí estaba ella una vez más.

Segunda noche en Florida y el ángel seguía metiéndose en mis malditos sueños. Jodida mujer. Me acerqué sin poder contenerme, estaba de espaldas a mí luciendo un vestido amarillo de tirantes, su cabello rubio se mecía al compás del viento. Estaba sentada sobre la arena, calma, su vista fija en las olas que rompían a orillas de la playa. Me senté junto a ella aun y cuando vi como claramente todo su cuerpo se tensaba ante mi presencia.

—Me encanta la playa. —Murmuró a nadie en específico, asentí sin hacer ningún comentario— ¿Cuál es tu nombre?

—Grizzly.

—No creo que tus padres te pusieran ese nombre.

—Bueno, si hubiera sido por mi padre no habría tenido un maldito nombre. —sonreí sarcásticamente. Pude sentir sus ojos sobre mi rostro cuando solté aquel comentario, pero no me atreví a darle frente. Qué demonios— Emmett.

—Mi nombre es Rose —la sonrisa se escuchaba en sus palabras—, es un placer conocerte Emmett.

Fruncí el ceño y giré mi rostro hacia el suyo.

La dulce y sincera sonrisa que adornaba su rostro me descolocó por completo.

Ella, una completa extraña, me sonreía con un desinterés que era completamente extraño para mí.

—El placer es mío, ángel.

—No deberíamos estar haciendo esto… E-Esto…

Shh, ángel, confía en mí.

Luego de dejar a los mocosos la había traído a la playa. La playa, donde todo comenzó, maldita sea, esta mujer iba a ser mi perdición… Realmente, lo era desde hace cinco años atrás. Cinco malditos años tratando de alejar un fantasma que nunca se fue del todo, tratando de borrar de mi memoria su inocencia, ternura y sabor. Cinco malditos años en vano saltando de una mujer a otra, joder. Todo para caer nuevamente, que malditamente cabrón era el amor.

Cuando besé sus labios por primera vez luego de cinco años me sentí en el cielo.

Ella era un ángel, mi ángel.

Rose yacía sobre la improvisada manta que había tendido sobre la arena en la playa de La Push, el viento corría con fervor en este nublado día, clima característico de la península. Se veía hermosa, tan malditamente hermosa tendida bajo mi cuerpo, con su cabello enmarañado y sus ojos brillando de deseo. Sus labios rojos por los besos robados, su respiración errática por la falta de aire en sus pulmones. ¿Dije que esta mujer sería mi perdición?, corrijo, ella es mi perdición.

—Cinco años… —susurró bajo su aliento, acariciando mi mejilla con una de sus manos. Efímeramente, sus dedos trazaron el hueso de mi mandíbula, sus ojos nunca dejaron los míos— Cinco años, Emmett.

—Las cosas buenas se hacen esperar, ángel.

Y ella sonrió, abiertamente y sin tapujos, esa hermosa y sincera sonrisa que tenía.

Tercer día.

Su nombre es Rose y está casada.

No que fuera un impedimento para mí.

—¿Y dónde está tu flamante marido, ángel?

Su rostro decayó, una tristeza se apoderó de sus ojos y quise golpearme en las bolas por ser un bruto de mierda sin tacto alguno. A mi favor, no podía adivinar que las cosas en el paraíso no estaban yendo como se supone que deben ir. No puedo decir que me apenaba por ella, si el paraíso estaba en problemas habían más posibilidades para mí.

—Este es un viaje que hice por mí. Para encontrarme a mí misma, para meditar sobre mi vida y aclarar las dudas que asaltan mi mente. Un viaje para encontrarme con Dios y dejarlo guiarme en lo que me queda de vida —fruncí el ceño y me rasqué la nuca, sin saber que decir a sus palabras.

—¿Y qué es lo que te ha dicho tu Dios?

Ella me observó, sus ojos azules penetrantes sobre los míos.

—Dios actúa de maneras insospechadas —sonrió, volviendo su vista al mar—, él no ha dicho nada, pero no necesita decirlo, creo que me ha enviado un ángel para que guíe mi camino.

Habíamos estado viéndonos a escondida.

Demonios, amaba la puta adrenalina que aportaba a mi cuerpo esta maldita relación secreta que teníamos. Nadie era consciente de ello, ni siquiera lo había hablado con las chicas y sabía que se me vendría una malditamente gorda por guardar un secreto como este. No con ellas. Entre nosotros no había secretos pero aquí estaba yo, desafiando las reglas. Luego de esa escapada a la playa no podíamos seguir como si nada. Joder, yo no podía seguir como si nada y con un infierno si iba a dejarla escapara de mí tan fácilmente. A la mierda su esposo, a la mierda el mundo, esta semana había sido la mejor de mi maldita vida.

—¿En qué piensas, ángel?

—En el infierno —murmuró, acurrucándose más a mi costado. Su desnudo cuerpo contra el mío era la mejor sensación en el puto mundo—, ¿cómo crees que sea? —fruncí el ceño ante su pregunta. Tomé su barbilla entre mis dedos y alcé su rostro. Besé sus labios dulcemente antes de contestarle.

—El infierno no puede ser tan malo si logras mantener un ángel a tu lado. —besé la punta de su nariz.

—¿Por qué no te conocí antes?

—Agradezco que no lo hicieras, probablemente hubiera roto tu corazón.

—Habría juntado cada pedazo, Emmett, y te habría permitido romperlo las veces que fueran necesarias. ¿Qué hacías tras las rejas hoy? —me preguntó, cambiando de tema radicalmente, sin dejarme refutar sus palabras.

—B, ella se metió en problemas, golpeó a la mamá de Grace.

—¿Grace?, ¿la Grace de mi primo? —Asentí— ¿Qué hacía esa mujer en este pueblo?

—Parece que quiere recuperar lo que una vez perdió. B no se la pondrá muy fácil, mi chica es bastante territorial cuando se trata de los suyos —reí—. Ella destrozó el rostro de esa mujer por la pequeña princesa, y por tu primo, y por arruinar nuestra tienda.

—La quieres. —aseveró en un suave tono de voz.

—La quiero mucho, al igual que a Tink. Son las hermanas que nunca tuve, ¿cómo podría no quererlas? Esas mocosas me alegran el día a día —besé la cima de su cabeza— No son malas, tan solo desconfían, como todos. —Ella asintió mas no dijo una palabra— ¿Qué pasa por esa cabeza tuya?, joder mujer, a veces no sé qué demonios estás pensando…

—¿Qué hay sobre mí?

—¿Sobre ti, qué?

—¿También me quieres, Emmett?

Cuando iba responder su pregunta se desató el caos.

La puerta de entrada de su casa sonó, anunciando la llegada de una persona non-grata. El jodido adefesio de su puto marido estaba de vuelta en casa a una hora no esperada. El terror en el rostro de Rosalie fue suficiente para que me las diera de Tarzán. Ah la puta, me las di de héroe y terminé con el culo en el asfalto. No se cómo demonios lo hice, no sé en qué carajos estaba pensando cuando salté desde la ventana del segundo piso de su hogar.

Estaba corriendo por las calles de Forks agarrándome las bolas con las manos.

Mi culo al aire, joder.

Pero no podía sacarme de la cabeza su pregunta.

¿La quería?

Cuarto día y penúltimo de nuestra estancia en California.

Partiríamos a Texas mañana por la tarde.

Rose estaba sentada sobre la arena una vez más, como todos los días.

—Mañana es mi último día en California —murmuré, sentándome junto a ella.

—Mi esposo me engañó —esa fue su respuesta a mis palabras. Me quedé de piedra por unos momentos, sin ser capaz de decir algo—, ya es segunda vez que lo hace. La primera vez lo perdoné, le di una nueva oportunidad… ¿Qué se supone que haga ahora, Emmett?

—Darle una patada en el culo.

—¿Cómo puedes decirme que haga eso cuando yo estuve a punto de seguir su camino?

—¿Qué estás tratando de decirme, ángel?

—¿Cómo puedo reprocharle el haber estado con otra persona cuando yo quise hacer lo mismo?

El entendimiento cayó sobre mi cuando sus ojos volvieron a hacer contacto con los míos, allí estaba la respuesta, en esas orbes aguamarinas que me pedían a gritos que la entendiera, que entendiera porque no podía estar conmigo aun y cuando quería hacerlo con todo su ser.

—Es distinto —le respondí—, él lo merece.

—O tal vez yo no soy suficiente… —se encogió de hombros restándole importancia.

Vi rojo al escuchar esas malditas palabras salir de su boca.

—Mi madre decía eso para justificar la infidelidad de mi padre. "Tal vez yo no soy suficiente, Emm" —cuadré la mandíbula, desviando la mirada de esos ojos que mostraban pena hacia mí— O su favorita cuando el maldito cabrón elegía tomarla como saco de boxeo, "tal vez lo merezco, Emm.", "tal vez es mi culpa, hijo".

—Emmett…

—Nunca vuelvas a justificar a un hombre de esa manera, joder. Nunca será tu culpa, nunca. Ellos son los que no merecen a las mujeres que por un error del destino cayeron en sus asquerosas manos. La culpa es de ellos y de nadie más, ángel —me puse de pie y me arrodillé frente a ella, tomando su rostro entre mis manos— Prométeme que no cometerás ese error, dulce.

—Lo prometo.

Y sellamos esa promesa con un beso.

—E-Estoy embarazada.

Pestañeé un par de veces.

¿Cuándo esto se había torcido tanto?, estábamos aquí en el hospital ayudando a B con la pequeña nena. Esto no era sobre mí, entonces, ¿por qué había pasado esto? santa mierda. Rosalie tenía sus ojos fijos en el suelo, la chaqueta que llevaba goteaba en el blanco piso del hospital, sus manos se retorcían nerviosamente mientras arrugaban el sobre que estaba entre ellas. Di un paso hacia ella, para luego dar dos hacia atrás.

—Es… Yo… Ángel, el bebé…

—Es tuyo. —Sus manos dejaron de moverse— Estoy casada y tendré el bebé de otro hombre, dime Emmett, ¿me quieres?

Tragué saliva sonoramente.

—Yo… Por supuesto…

—¿Me querías antes de saber sobre el bebé?

—Rosalie…

—Eso era lo que necesitaba escuchar, muchas gracias.

Y me dejó allí, varado en medio del pasillo mientras se alejaba de mí, quien sabe a dónde, cargando a mi hijo dentro de su vientre. Un hijo. ¿En qué universo paralelo yo había pensado siquiera en tener un hijo? Y ese pensamiento ahora era algo concreto. Un bebé. Una pequeña persona para proteger.

Iba a ser padre, joder.

Por favor, solo vayan ahí, quédense en la última fila y no digan una palabra. ¿Creen poder hacerlo?

Cobain, Tink y yo asentimos a sus palabras. Edward suspiró y desordenó su cabello, nos dio una última mirada y volvió a suspirar. Él no nos tenía nada de fe, pero le íbamos a demostrar que tampoco éramos tan malos, ¿no? Nos había delegado la tarea de ir en representación de la familia a la misa que daría el reverendo Cullen en la iglesia del pueblo, ya que por la enfermedad de la pequeña Grace ellos no podrían asistir. Esta vez no era necesario que usáramos camisas, gracias al infierno, así que iba a ser fácil. ¿Qué tan difícil puede ser estar en un lugar en silencio por una puta y eterna hora?

Podía encontrarme con Rosalie.

Necesitaba hablar con ella.

—Confía en nosotros, Alf, no te defraudaremos y dejaremos el nombre de la familia en lo alto —le guiñé un ojo y palmeé su hombro tratando de reconfortarlo. Yo luciría igual de perdido si fuera él y mi única opción fuera un trío sin remedio.

Partimos a la iglesia a pie, ya que no quedaba lejos de la casa de Edward y B.

La mayoría de la gente del pueblo estaba en sus lugares, a lo lejos divisé la rubia cabellera de la mujer que había cambiado mi mundo entero. Estaba en la primera fila junto a la mierda de marido que tiene, él sostenía su mano posesivamente, Rosalie se removía intranquila en su asiento. Seguí a Cobain y Tink, quienes se sentaron en la última fila. Mis ojos nunca dejaron la figura de Rose. Cuando la misa comenzó desde un principio supe que sería una completa basura. El reverendo Cullen no tenía nada que ver en ello, de hecho su monólogo sobre Dios y las personas que no están junto a nosotros fue bastante conmovedor.

La mierda se esparció cuando Rosalie y el panzón se pusieron de pie frente a todos.

¿Qué carajos?

—Estamos aquí reunidos para recordar a nuestros seres queridos que ya no están con nosotros en carne y hueso como quisiéramos, pero que siempre llevaremos en nuestra alma. —un coro de amén se escuchó a las palabras de King— En esta fecha tan especial me gustaría hacer un anuncio —sonrió cínicamente y asió la cintura de Rosalie fuertemente—, así como perdemos personas, llegan unas nuevas a nuestras vidas. —el muy cabrón posó su mano libre sobre el vientre de ella— Hoy, mi mujer y yo, hemos sido testigos de un milagro.

Un jadeo se escuchó entre todo el silencio de la iglesia.

No sabía de quién demonios provenía, pero yo no podía quitar mis ojos del ángel que estaba en el altar.

—Cabrón de mierda —murmuró Cobain, sonriendo con incredulidad—, sucio perro, nunca pensé que jugara esa carta.

—¡Mi esposa y yo hemos sido bendecidos con un milagro!, ¡finalmente la familia King se agranda! —la sonrisa del panzón creció cuando una ronda de aplausos llenó el lugar. Rosalie trató de copiar su gesto, pero esa no era su sonrisa, no era la sonrisa que conocía.

—¡Yo me opongo a esta mierda!

Carajos.

Carajos.

Ni siquiera sabía si podía oponerme, pero, joder, ¡me oponía!

Todos los ojos de los presentes en la iglesia estaban sobre mí, incluidos los de la "feliz" pareja sobre el estrado. El reverendo Cullen me observaba fijamente desde su lugar, sin perder la compostura, pude ver el entendimiento bailando en sus ojos a la vez que me acercaba hacia donde se encontraba Rosalie y su esposo. Tink y Cobain me pisaban los talones. Ella me miraba con pavor, él con suficiencia. Sonreí. Joder, sonreí como nunca antes lo había hecho. ¿Acaso creía ese imbécil que podía contra mí? Por favor.

—¿Te opones? —Preguntó el reverendo Cullen, parándose frente a mí—, ¿qué estás hablando muchacho?

—Me opongo al circo que está armando La Cosa —apunté a King—, eso no fue un milagro —esta vez apunté la barriga de Rosalie. Dejando al reverendo Cullen, me puse frente a ella, ignorando la mirada que me enviaba el intento de hombre que tenía al lado—. Esto —posé mi mano sobre su plano vientre—, no es un milagro para agrandar la familia King. Más bien, la personita que crece aquí viene a este mundo a agrandar la familia McCarthy —sonreí, girándome hacia el público que tenía— ¿Es que acaso no sabían que el panzón tiene la pija rota?, ningún amiguito sale de sus bolas.

El silencio inundó la iglesia.

Rosalie estaba completamente pálida.

—Emmett… Tú…

—Ángel, ellos iban a saberlo tarde o temprano. ¿No crees que es mejor que haya sido temprano? —Los ojos de Rosalie se llenaron de lágrimas y quise golpearme por estúpido— No llores, nena, te quiero, ¿sí?, ¿recuerdas tu pregunta? Pues esta es mi respuesta. Te quiero, te quise antes y te quiero aún más ahora a ti y a nuestro bebé.

Royce King estaba rojo de ira, y no era el único.

Todos los King lo estaban, había mancillado su nombre con mis palabras.

—Creo que tendremos que alzar los puños. —murmuró Tink cuando algunos hombres que estaban en la primera fila se acercaron a nosotros con clara amenaza en sus rostros— Joder, le prometimos a minino que nos portaríamos bien.

—Esto pasa porque no sabes cuándo mantener la polla en los pantalones, hombre. —Cobain suspiró y se puso a mi lado, cubriendo el cuerpo de Tink con el suyo— Venga, ¿a qué están esperando?, ¡no tenemos todo el puto día!

Y la iglesia de Forks se convirtió en un cuadrilátero de boxeo ante la anonadada mirada del reverendo Cullen.

Royce King, yo iba a acabar con ese hijo de puta bueno para nada.

Quinto y último día.

Ella no estaba sentada sobre la arena como de costumbre.

—¿Buscas a alguien?

Sonreí, girándome lentamente para verla tras de mi luciendo más hermosa que de costumbre. Sus brazos se enrollaron entorno a mi cuello, no perdí tiempo y tomé su pequeña cintura entre mis manos, atrayendo su cuerpo al mío, hundiéndonos en un caluroso abrazo. Era la despedida, quizás el destino nos volvería a juntar alguna vez, quizá no.

—Recuerda la promesa, ángel.

—Gracias, Emmett, gracias por estos días.

—No ha sido nada —besé sus labios por última vez—, esperemos que mi destino y tu Dios tengan pensado lo mismo para nosotros.

—Hay que dejar que las cuerdas se muevan solas, cariño…

Una bocina sonó a lo lejos.

—¡Eh, Grizz, trae tu culo aquí es hora de partir! —la voz de Tink me hizo volver a la realidad.

Era hora de partir, era hora de dejar a esta mujer que me había hecho plantearme un sinfín de cosas en unos míseros días. Era hora de ir y no verla nunca más, a menos que el destino mueva sus hilos y por un capricho decida juntarnos.

Pero eso les pasa a las personas buenas.

Infiernos, eso nunca me pasaría a mí.


(1) Blueberry es un tipo de sativa que tiene pigmentación morada y un leve saber a la fruta.


¡Buenas tardes!

Nuevamente estoy aquí subiéndoles el capítulo, perdón por la espera, sé que estaban un poco impacientes, pero bueno, aquí está el Outtake finalmente. El siguiente capítulo lo tengo listo y probablemente se los suba mañana o pasado, porque aun hay que revisarlo, ese sí que debe tener unos horrores del terror porque lo escribí rápido por culpa de la inspiración que llegó de la nada. Bien, bien, esta es la relación Rose/Grizz que hay, y sobre el papá de Floyd... Bueno, aun quedan muchso capítulos de fic así que en alguno saldrá (?) mwahahaha, no se porqué me sale mi vena malvada con ustedes, pero como siempre les pido, muchas paciencia para esta mujer.

Para las chicas que están en el grupo, creo que seguiré con las entrevistas de personajes, y creo que también lo haré con los demás fics... Una vez que me desocupe con la lluvia de preguntas que le hicieron a la pobre B, Dios santo, nunca pensé que serían tantas o sino no lo hubiera hecho (?) hahahaha.

En fin, muuuuuchas gracias por la paciencia, sus más de mil reviews a la historia, favoritos y alertas :*

Lamb.