Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola de nuevo, quité los capítulos de esta historia, porque los editaría, aunque no se note mucho, hay algunos cambios necesarios, un ejemplo, es que en los mensajes, se editó de tal forma que pareciera un chat, con emojis y todo, incluso habrá uno que otro "error"; como sea, ese formato lo maneja de lado derecho y centrado, ya que no hay la opción de poner el texto a la izquierda, como normalmente se hace en los chats ️ aun así, se hace el intento.

Espero que el nuevo formato (que no cambia mucho en realidad) sea de su agrado; mientras estuve editando y revisando, pude avanzar bastante en la historia, así que espero que puedan darle una oportunidad, como dije la primera vez que lo publiqué, sé que lo correcto sería algo así como "The Nanny" y/o "The Babysitter"; pero a mí me gustó "The Sitter"; así que bien, sin más, les dejo el primer capítulo.

Gracias por el apoyo; cualquier error, no duden en hacérmelo saber. 💖


La joven pelirroja estaba sentada a la mesa, con un periódico abierto por la sección de empleos, el lapicero rojo golpeaba el papel, mientras meditaba sobre cuáles marcar, sus padres le habían intentado persuadir de que no era necesario que hiciera aquello, ellos cubrían sus gastos de la escuela, lo harían con lo demás, pero no, quería un poco de independencia.

Así que se encontraba sentada a la mesa, buscando una buena propuesta que le diera libertades, pero que no consumiera su tiempo de la escuela, resopló cansina, ninguno le agradaba, pero tenía que comenzar a salir de su zona de confort.

Levantó la vista hasta la puerta, si dejaba el diario ahí, y cruzaba hasta la estancia, podría tener la comodidad para ella sola, encendería la televisión y se perdería a sí misma en películas hasta que llegaran sus padres, pero no, se puso de pie después de un largo suspiro.

Tomó su suéter y su bolso, y salió de casa, caminó un rato, hasta que llegó a la parada, comenzó a releer algunas cosas, marcó algunos en un centro comercial, y otros en lugares locales.

El viaje duró cuarenta y cinco minutos; avanzó un poco más convencida y sin mucho que perder, fue a cada una de las tiendas que había seleccionado.

Sacó su móvil de la bolsa cuando lo sintió vibrar, sonrió en cuanto vio la notificación de Audrey.

¡Hola!

¿Cómo va todo?

¿ya tenemos empleo?

╰(*°▽°*)╯

¡No! 😭😭😭😭

Creo que he tomado el diario de hace dos semanas

¡Todos están descontinuados!

Si quieres...

Puedo decirle a mi jefe que te de empleo de mesera 😇

La paga no es excelente, pero sí buena 💁 ️

La última vez que fui a cubrir a alguien

Incendié el mandil del cocinero 🔥🔥🔥🔥🔥

Si no tengo prohibido el acceso, es por ti

Cierto 😂😂😂😂😂😂

si no encuentras empleo hoy

Puedo comenzar a preguntar a mis compañeros

Ellos constantemente están buscando

Sería maravilloso 😍

Te veo en clases

Déjalo en mis manos

preciosa 👩

Lily regresó agotada a su casa de tanto caminar, y no tener éxito, pero se lo había dicho su abuelo, que no siempre a la primera se podía conseguir algo bueno, que no perdiera la fe, así que fue a ducharse y prepararse para clases.

Observó el reloj, había tomado más tiempo del normal en ducharse, así que sólo sujetó sus cosas y salió corriendo.

—M—

La mirada color miel volvió a posarse sobre el teléfono de su oficina, no dejaba de sonar y ya lo tenía harto, contestarlo no era una buena opción, no quería distraerse con tonterías que le impidieran terminar a tiempo su trabajo; tenía una cena de negocios en dos horas, y no podía distraerse, quería llegar temprano a casa.

Cerró los ojos un segundo, cuando la tranquilidad del silencio llegó, así que avanzó tres palabras al contrato, cuando su puerta se abrió, nadie tenía autorización de hacer eso en momentos como aquel; así que levantó la vista, dispuesto a desatar su furia.

Se recargó en el respaldo de su silla, cuando la figura de una atractiva rubia se posó ante él, con un semblante serio, era la única persona sobre el universo —y en el ámbito laboral— que podía hacer eso, así que se ahorró la saliva del regaño, esperó a que dijera algo.

La rubia avanzó hasta él, para llegar a su costado, abrió el cajón, su teléfono móvil estaba ahí, tranquilo como si nada, lo tomó, y le pegó en la frente con él.

—Se cargan, por lo regular, para que no mueran ¿sabes eso?

—Lo cargué anoche –frunció el cejo, se lo quitó de la mano, pero cuando quiso encenderlo, se quedó inerte y sin cambios.

—Pues no muy bien –informó negando.

—Ya, Victoire ¿qué es lo que quieres? Aun me faltan tres páginas de este contrato, y no quiero que se me escape nada.

—La junta se canceló –informó.

—Para eso la insistencia en el teléfono, supongo, aun así, déjame terminarlo, para poder…

—Yo cancelé la cita, para ser honesta contigo.

—Victoire –soltó enfadado, se quitó las gafas y se puso de pie, para encararla.

—Me llamó Angie, necesita que vayas a casa…

La rubia ni siquiera había terminado de hablar, el hombre fue hasta su saco, tomó sus llaves del automóvil, y salió tan aprisa como la física lo permitía.

—Edward –salió la rubia, corriendo tras él, tan rápido como su vestido ajustado se lo permitía –Edward Lupin –lo llamó de nuevo.

El hombre no se detuvo un momento al llamado, hasta que llegó al elevador, no había nada que discutir, si Angie lo llamaba, iría en ese preciso momento.

—Necesito que prestes atención –lo sujetó del brazo, Victoire, con el semblante tranquilo.

—Angie no llama por que sí.

—Ya lo sé, pero de ser algo serio, créeme que no hubiese perdido tres horas tratando de localizarte, a la segunda llamada ignorada, me hubiese hablado ¿de acuerdo? Así que tranquilízate un poco.

—Y si no es algo grave ¿por qué cancelaste la junta? –Frunció el cejo.

—Vayamos a tu casa ¿quieres? –Le sonrió.

La bonita rubia oprimió el botón para llamar al elevador, y en unos momentos después, las puertas se abrieron, los dos entraron al silencioso y vació lugar.

—Hay algo que no me estás diciendo.

—Lo hay –admitió ella –pero Angie me pidió que no te dijera nada.

—Bien –informó nervioso.

Victoire nunca había visto a Ted manejar tan bruscamente, tenía que controlarse un poco, no era nada serio, pero parecía que no le quería creer; el trayecto a casa del varón les tomó treinta y cinco minutos, aparcó y salió corriendo del auto.

Abrió la puerta y la dejó abierta, para que la rubia lo alcanzara cuando pudiera, entró corriendo y llamando a Angie, que se asomó de la cocina.

—Dime ¿por qué tanta insistencia? –Cuestionó desesperado.

—Lo lamento, señor Lupin –murmuró Angie –no era mi intención preocuparlo de esa manera.

Victoire entró a la casa, observó las fotografías colgadas, la hermosa mujer de cabellos obscuros y brillantes ojos azules, vestía un vestido de novia y en otras cuantas, ropa casual, Laura Lupin, la esposa de Ted, era una de las criaturas más bonitas del mundo, o lo había sido.

Se recargó en el marco de la puerta y le sonrió a Angie, que observó de nuevo a su jefe.

—Me informaron esta mañana –musitó –me temo que tendré que dejar de trabajar para usted.

—Pero ¿por qué? Angie, has trabajado conmigo por… ¿Cuánto? ¿Cinco años? Creo que no he sido un mal jefe, además…

—Tengo cáncer, señor Lupin –murmuró –lo lamento, pero, no podré seguir viniendo.

Ted asintió apenado. —Lamento mucho el diagnostico, Angie –murmuró triste, pero te comprendo, y no te preocupes por nada, cualquier cosa, no dudes en hacérmelo saber, si no a mí, a Victoire y te ayudaré ¿bien?

—Gracias, es usted un ángel –lo abrazó.

—Mañana haré que te lleven tu dinero ¿está bien?

—Desde luego.

La charla con Angie se extendió por una hora, hasta que el teléfono de Ted sonó, indicando que era hora de ir a la casa de los Walker, llevó a Angie a su casa, que estaba de paso.

—Esto es un inconveniente –murmuró irritado –tendré que tomarme un tiempo, en lo que… encuentro el reemplazo de Angie.

—Puedo ayudarte con eso, si quieres –se ofreció Victoire.

—No, ese no es tu trabajo –informó serio –le pediré a Sanders que contacte con una agencia de niñeras –le restó importancia.

—Ted –lo sujetó de la mano –creo que quieres que esto se supervise bien ¿no es así?

—Una agencia con prestigio, no puedo darme el lujo de faltar en estos momentos, aunque…

—Sanders contratará a la primera que le recomienden, sin ni siquiera verificar nada, tú confías que las agencias siempre son fiables, porque tú eres fiable en tu trabajo, pero no siempre es así con todo, tienes que aprenderlo, y no creo que quieras dejar la seguridad de tu hija, en una desconocida ¿o sí?

— ¿Dónde está Mary Poppins cuando se le necesita? –Bromeó el varón.

—Te ayudaré, y sé que no es mi trabajo, pero me agrada tu hija, así que no la dejaré en manos de cualquier bruja desalmada –sonrió.

—Gracias, Victoire –le sonrió, apretó su mano, en señal de agradecimiento.

Ted estacionó, bajó del auto y caminó hasta la casa de los Walker, tocó y esperó unos momentos, en lo que la mujer se asomaba, le sonrió encantada al verlo.

—Hola, Ted, muchas gracias por dejarla venir, hacía mucho que Clare no la veía.

—Bueno, decidieron cambiarla de colegio –bromeó Ted –es un placer, pero por el momento, tenemos que irnos.

—Claro, iré por ella ¿quieres pasar? –sonrió la mujer.

—No, esperaré aquí, gracias.

La mujer regresó dentro, les habló a las niñas, y después de un minuto, Ted sintió como lo abrazaban fuertemente, como si hubiesen sido años de no verse, y no sólo unas horas.

—Despídete –le ordenó en tono tranquilo.

—Nos veremos después, espero que pronto puedas ir tu a casa, Angie hace unas galletas deliciosas –sonrió la niña.

—Mamá ¿cuándo puedo ir? –Preguntó Clare.

—Un día de estos, Ted y yo tenemos que ponernos de acuerdo ¿cierto? –Cuestionó al varón.

—Sí, un día de estos –sonrió –nos veremos después –se despidió tranquilo.

—Adiós, Clare –se despidió la niña, moviendo la mano alegre.

Ted le abrió la puerta de la camioneta a su hija, le puso el cinturón de seguridad y dio la vuelta para subirse.

—Dime ¿cómo te fue hoy en tu tarde de juegos? –Cuestionó Victoire.

La mirada de la niña fue hasta la mano de la rubia, que se había puesto sobre la mano de Ted, aquello no le agradó, así que puso mala cara de inmediato.

—Papá ¿Victoire irá con nosotros a casa? –Frunció el ceño.

—No, la dejaré en la oficina y regresaremos a casa.

—Bien –sonrió feliz.

—Pero, no contestaste su pregunta –le recordó su padre.

—Fue buena, tomamos el té, charlamos de algunas cosas y jugamos otras.

—Suena una tarde de diversión –sonrió la rubia –dime ¿y la tarea?

—La tarea la hago con papá, o con Angie, no me fio de una niña de mi edad para decirme si estoy en lo correcto.

—Entonces no volveré a fiarme de ti, la próxima vez que me digas las cantidades de las galletas.

—Eso es diferente –soltó la niña –esas las sé.

—Bien –sonrió Ted.

—M—

Lily Luna se dejó caer en el sofá de sus abuelos, observó a su alrededor, todo el mundo había ido a comer, como cada fin de semana, incluso le sorprendió ver a su siempre ocupada prima Victoire.

—Se ve como si la universidad estuviese acabando contigo, y no al revés –se burló la rubia en tono afable.

—No es eso, he ido a buscar empleo desde hace unos días, pero tal parece que no… hay nada disponible –gruñó.

—Trabajo ¿por qué razón? –Frunció el ceño.

—A tu prima, se le ha metido en la cabeza, tener un poco de libertad económica, agradece el pago de la universidad, pero no quiere depender completamente de su padre y de mí –argumentó Ginny Potter, sentándose junto a su sobrina.

—Dime ¿para qué eres buena, Lily?

—Bueno, para muchas cosas, tengo mente ágil, me gustan las matemáticas –señaló a su prima –eso tiene que ser impresionante.

—Pero nunca has trabajado antes ¿o sí? –Elevó una ceja.

—Cuidé a los hijos de los señores Stuart por dos años, no es mucho, pero es algo –negó.

—Pobre alma del señor –se burló Ginny –ya te dije que no eres una carga para tu padre y para mí, ésta etapa de tu vida es de las mejores, Lily, disfrútala sin complicaciones, después de la universidad, podrás endeudarte con el estado, y tu padre y yo prometemos ver cómo te hundes lentamente –sonrió divertida.

—Eres un amor, madre –soltó Lily, divertida.

—Tu madre tiene razón, eres muy joven para preocuparte por todo eso que viene con la independencia económica.

—Tú tienes un buen empleo, y por lo visto, un buen jefe –soltó Lily.

—La verdad es que sí –admitió divertida –pero no todo es perfecto en la vida, él tampoco.

—Eres su mano derecha, puedes hacer y deshacer, soportaría al tipo por menos –se burló Lily.

—Eso lo dices, porque no lo conoces, y nunca, pero nunca, le has visto enojado, está bien ser perfeccionista, pero él, realmente se pasa de listo.

—Cada quién tiene sus puntos débiles –argumentó Ginny.

—Bueno, mi talón de Aquiles no sé cuál es, todavía –admitió Lily –pero me imagino que para alguien tan perfeccionista, hasta un clip mal puesto es el fin del mundo ¿cierto?

—Cierto –admitió la rubia –eso y su hija –negó –la niña es encantadora, pero en cuanto ve a una mujer cerca de su padre, se pone como leona.

—Bueno, es su padre, y no creo que a su madre le guste que las mujeres estén sobre él todo el tiempo, el dinero…

—Bueno, sí, la mayoría va sobre el dinero, aunque tienen otras ventajas.

—Ah, es que te gusta –soltó Lily encantada –pero ¿te gustan los ancianos, Vic? –Hizo mala cara –y casados, aparte.

—Cállate, tú no sabes nada –soltó divertida –y aunque sí, me gusta, comprendo que hay cosas más importantes en su vida, además, sólo me gusta, no es como que fuese el amor de mi vida, sólo lo encuentro atractivo, y nada más.

—Cada quién con sus malos gustos, no te preocupes, a todos nos pasa –se burló Lily.

—Es por eso que no encuentras trabajo –siguió bromeando Victoire.

La pelirroja soltó una risa divertida, que resonó en toda la sala, las dos mujeres extra rieron con ella, Lily negó, suspiró cuando recuperó el aire, y siguió charlando con su prima, que por fin después de mucho, tenía tiempo para la familia, hacía seis años que había entrado a trabajar a una de publicidad y marketing, y no tenía tiempo para casi nada.