Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward
Capítulo 20: Algo está cambiando dentro de ti.
Don't Cry – Guns N' Roses.
—Y eso fue lo que pasó.
Me puse de pie súbitamente y di un pisotón contra el suelo enfurruñada.
—¿Por qué carajos nunca estoy cuando algo bueno pasa? —los chicos se encogieron de hombros. Grizz soltó un bajo siseo cuando minino pasó el desinfectante por el corte en su labio— ¿Te das cuenta gatito?, me acabo de perder una maldita joda que estuvo de puta madre…
—Isabella, las malas palabras…
—¡Los niños están arriba! —Chillé, caminando de un lado a otro— Yo tendría que haber estado ahí, ¡yo tendría que haber puesto a esos moralistas de mierda en su lugar!, ¿qué será ahora?, ¿vendrán a lincharnos para que dejemos el pueblo o qué? —Sonreí divertida por la situación— ¿Y qué fue lo que dijo la estirada?
—Nada —murmuró Emmett y le dio una nueva mala mirada a Simba cuando pasó el desinfectante por una nueva herida—, ella no dijo nada realmente. Creo que, joder, no sé, estaba en alguna mierda de shock o algo, no hacía nada más que mirar en nuestra dirección con sus ojos abiertos a mas no poder.
—Ella está embarazada, esta clase de exabruptos le pueden hacer mal a tu bebé, Emmett. —minino se puso en modo Doc, Grizz asintió a sus palabras. Cuando terminó con él comenzó a limpiar la herida de Jasper— Rosalie debe tener a lo más unas dos semanas o dos semanas y media de gestación. No soy un experto en esa área, me especializo en niños que están fuera del cuerpo de su madre —sonrió—, pero si no me equivoco, las primera semanas son fundamentales y es en las que hay más riesgo.
—¿Qué es lo que estás tratando de decirme, Doc?
—Nada, solo estoy tratando de ayudarte informándote un poco. —Minino comenzó a limpiar el corte que Jasper tenía en la frente— Bella, amor, ¿podrías ayudarme aquí por favor? —me acerqué a él, ayudándolo a limpiar el corte. Como había predicho, el idiota necesitaba sutura— No tengo parches de sutura, ¿cómo te hiciste esto de todos modos?
—Uno de los cabrones llevaba un puto anillo que tenía una roca del porte del Gran Cañón, joder. —Cobain tragó saliva y observó a Edward con un tantito de miedo en sus ojos— Si no hay de esos parches… ¿Cuál es mi otra opción?
—Puedes ir al hospital, como una persona normal.
—Descartado.
—Puedo coser tu herida, como opción final.
Creo, solo creo, que minino estaba disfrutando de todo esto al ver el miedo en los ojos de su hermano mayor.
—¿Tienes whisky? —preguntó Cobain.
—Una botella entera.
—Bien, hermanito, trae la maldita botella.
—Quédate ahí y no te muevas, mantén presionado esto contra la herida —Edward le entregó la gasa con el desinfectante y luego se giró hacia mí— ¿Podrías ayudar a Alice, amor?
—Eh, minino, yo estoy bien, tú solo ocúpate de estos maricas. —Mi amiga sonrió sinceramente— Ellos se llevaron la peor parte de todos modos, para mí no hay nada que una buena ducha caliente no pueda hacer.
—Entonces ve, en el segundo piso tendrás todo lo que quieras, siéntete en tu casa.
La perra de mi amiga suspiró ensoñadoramente hacia mi hombre.
—Eres el hombre más dulce que ha caminado por la faz de la tierra, ¿en qué fallaron tus padres al traer a esto al mundo? —Tink apuntó a Cobain, quien entornó sus ojos— Porque para haber creado algo tan perfecto y algo tan malditamente imperfecto, alguna mierda deben haber hecho mal.
—Simple fallo de la naturaleza, no podemos pedir que todo salga bien en esta vida, ¿no? —Y así es como Simba se gana completamente a Tink, soltando esa frase y guiñándole un ojo en conspiración— Acompaña a Alice, yo me encargo de los chicos.
—Como mande, Doc.
Me gustaba verlo tomar el control de la situación, me ponía sumamente caliente a decir verdad.
Minino se acercó a mi oído izquierdo, mientras que con su mano derecha acariciaba mi barbilla dulcemente.
—Enfermera… —murmuró de una manera que debería ser ilegal en el país.
—¿Qué hay con eso, gatito?
—¿Recuerdas esa vez en la cocina? —¿Cómo demonios iba yo a olvidar el mejor sexo oral que me habían dado en la vida?, asentí sin ser capaz de hablar, rememorando esa noche— Creo que si lo recuerdas. —Soltó una pequeña risita— Dijiste que esa era tu fantasía… —se alejó de mí y comenzó a caminar hacia la cocina en búsqueda del anestésico, a.k.a. Whisky, para Jasper.
— ¿Qué carajos tiene que ver la cocina con una enfermera…? —Solté una risotada cuando finalmente entendí— ¡Eres un sucio gatito Cullen!
—¡Yo también puedo tener las mías!
Gritó desde algún lugar de la cocina.
Así que mi inocente minino tenía sus propias fantasías sexuales después de todo.
…
—Tienes las tetas muy pequeñas.
—No, las mías están bien, tú eres la que tiene una talla más. ¿Mi maldita culpa?, no lo creo nena. —Tink resopló y se colocó la playera de Pearl Jam que le había prestado sin un sujetador debajo. La ayudé a cepillar y secar su largo cabello, tenía por montón, ella nunca iba a sufrir de calvicie en su puta vida
Antes de subir al segundo piso para que Tink tomara su ducha reparadora, habíamos visto como minino le daba instrucciones a Grizz para que contuviera a Cobain una vez comenzara con la sutura. Fue malditamente gracioso ver como Jasper tomaba casi hasta la mitad de la botella de un solo trago porque estaba jodidamente cagado de miedo. Tink y yo no hablamos mucho una vez estuvimos solas. El silencio se prolongó extrañamente, de vez en cuando nuestras miradas se cruzaban a través del espejo pero ninguna se dignaba a hablar en realidad.
Y yo necesitaba hablar.
—Creo que mi vida se fue a la mierda. —fruncí el ceño por sus palabras y la observé fijamente a través del espejo, apagando la secadora y dejándola sobre el lavabo— La he cagado, bien grande, no es que sea mi culpa, no pude evitarlo, quise, joder B, traté de hacerlo pero… No lo sé, con un demonio, deben ser las putas feromonas.
—¿De qué estás hablando Tink?
—De Cobain.
Oh.
Ella estaba admitiendo en su retorcida manera de que estaba hasta por los huesos del rubio.
—Esas cosas pasan —entorné los ojos y suspiré—, mírame a mí por Dios, soy un desastre. Pero… A veces es bueno. —Sonreí y le guiñé un ojo— A veces es realmente bueno tener a alguien que te abrace solo porque si y esas mierdas, créelo o no.
—También es bueno tener una polla que esté siempre dispuesta.
Reí por sus palabras.
—Eso es un bonus amiga, el mejor de todos.
—Yo no pienso decírselo.
—Lo sé, nena, lo sé —la abracé por la espalda y apoyé mi mentón sobre su hombro—. Pero recuerda que tampoco puedes aplazarlo por mucho, Cobain es un buen cabrón, algo idiota… —ella alzó una de sus cejas y no pude evitar rodar mis ojos— Vale, bastante idiota, pero bueno cuando quiere. Pero lo que nunca ha tenido es paciencia, y si te está dando tiempo ahora, mujer, el puto debe amarte.
—¿Qué es lo que te pasa a ti?
Suspiré y dejé el cuarto de baño, entrando a la habitación de minino y sentándome sobre la orilla de la cama.
—Creo que la esperma de minino dio en el blanco—murmuré, escondiendo mi rostro en mis manos.
No se escuchaba nada en la habitación, aunque sabía que Tink estaba ahí conmigo. Había comenzado con la duda desde que nos enteramos sobre la paternidad de Grizz, digo, todos esos malditos cambios hormonales que estaba teniendo, cuando lloraba porque alguien decía "caca" o una mierda parecida, eso no era nada común en mí. Y estaba el otro factor, mi maldita menstruación no había bajado, por todo lo santo, ¡eso te pasa por no usar gorrito B!, cuantas malditas veces no te dijo Grizz "sin gorrito no hay fiesta, muñeca". Por cachonda te pasa, por no poder mantener a tu vagina tranquila ahí abajo, estoy segura de que ni siquiera minino está consciente de que en nuestros asaltos sexuales no hemos usado protección. Nunca en la puta vida he tomado pastillas, ni inyecciones, ni nada de eso. ¿Alguien más irresponsable en esta vida que yo?, no creo con un demonio.
—¿Estás segura? —me preguntó, una pequeña sonrisa bailaba en sus labios.
Suspiré y negué lentamente con mi cabeza.
—Nope, solo lo creo.
—Bueno, pero que va, ¿me está dejando el tren atrás? Primero Grizz y ahora tú, por segunda vuelta… Creo que tendré que ponerme en campaña, joder. —Tink me sonrió y se sentó junto a mí— Yo creo, sinceramente, que no habrá persona más feliz que el tipo que está allá abajo.
—Oh, yo sé que él estará muy feliz por esto.
—¿Qué hay de ti?
—Uh… —me encogí de hombros— También lo estaré, supongo.
—Claro, debo creer eso… ¿Quién coño crees que soy y a qué demonios le tienes miedo?
—¡Oh, no me jodas!, estoy siendo real, sería feliz si fuera verdad, solo… No lo sé, ¿está bien?, no sé a qué demonios tengo miedo, pero no estoy mintiendo acerca de lo otro. —Tink asintió y me dio un caluroso abrazo— Ahora el problema es ir a comprar ese test del demonio.
—Santa mierda, si pones un pie en una farmacia y compras un test para cuando llegues a casa todo el pueblo sabrá que la puta del doctor Cullen le dará un nuevo heredero —golpeé su hombro con mi puño.
—Idiota —suspiré, sonriendo—, una mujer debe hacer lo que una mujer debe hacer.
—Me sacrificaré por ti, hermana, a nadie le importará de todos modos si soy yo la que compra esa mierda. —Me cerró un ojo y se puso de pie— Probablemente se pregunten cuál de todos los puritanos de Forks le puso los cuernos a su esposa con esta preciosura. —Alice me guiñó un ojo y me largué a reír— Estamos juntas en esto, como siempre nena, no lo olvides.
—Lo sé —le sonreí en agradecimiento, sabiendo que podría contar con ella en todo—, pero lo dejaremos para mañana, ya he tenido suficiente por un día, mañana cuando todo esté más calmo… si es que, uh, iremos a comprar esa mierda.
—¿Qué?, no, iré ahora mismo. Bebé, mientras ellos están ocupados con minino no podrán detenerme, sabes que son unos curiosos de mierda, que se atreva alguno a hacerme una maldita pregunta de por qué voy saliendo y…
—¡Isabella!
El grito de minino se escuchó hasta el segundo piso interrumpiendo la diatriba de mi guerrera vikinga. Me recordaba al embarazo de Floyd, y como Tink parecía mi madre, toda una guerrillera velando por mi seguridad y la del renacuajo nonato.
Tink y yo bajamos rápidamente para ver lo que necesitaban.
—¿Papá?, ¿qué estás haciendo aquí?
Oh mierda, ahora que le había confesado a Tink mi duda me sentía malditamente obvia.
Papá estaba de pie en la sala de estar observando como minino terminaba de suturar a Jasper, quien, como un gran bebé llorón, tomaba de la botella de whisky y chillaba mientras Edward hacía los puntos y Emmett lo sostenía. Era gracioso, el cabrón estaba jodidamente borracho ya y no se entendía y una mierda de lo que hablaba. Tink le dio un beso a Charlie en la mejilla y luego se acercó a Cobain, quien inmediatamente tomó su mano y la obligó a sentarse en el sofá, tras de él, para así apoyar su cabeza sobre el torso de mi amiga, ocupando el lugar que Grizz había tenido anteriormente.
—Finalmente… Me sentía un puto marica viendo como el rubiales se acurrucaba junto a mi —Grizz se estremeció—, ¡qué onda viejo! —mi grandote se acercó sonriente hacia Charlie, quien lo recibió con un caluroso abrazo.
—¿Qué? —le preguntó Alice a Jasper.
—No llevas sujetador… —murmuró Cobain, sonriendo como un vil borracho y restregando su cabeza sobre el pecho de Tink.
—Jasper, Dios, no te muevas. —Minino frunció el ceño y dejó de coser.
—No lleva sujetador, hermanito. —Sus palabras se enredaban y soltó una pequeña risita.
—Sigues siendo un pervertido de mierda aunque estés malditamente dopado con eso, no sé por qué demonios me sorprende.
Charlie me hizo un gesto con su mano para que me acercara a él, lo hice, un tanto nerviosa. Era como si llevara escrito en la frente "puede que cargue otro mocoso en la panza, papá, ¡felicidades!", porque simplemente me sentía incómoda. Una tirante sonrisa se posó en mis labios una vez llegué a su lado, besé su mejilla al igual que Tink había hecho, papá me dio un beso en la frente y acarició mi mejilla con dulzura. Lo había extrañado, no lo veía desde hace un buen momento, me estaba comportando como la peor hija, infiernos, había vuelto para pasar más tiempo con él y que Floyd pudiera disfrutar de su abuelo y aquí estaba, cagándola una vez más.
¡Ya les digo que estoy hecha una mariquita!
¡Odio estas putas hormonas de mierda!
—¿Cómo estás muñeca?
—Bastante bien, pa' —hice una mueca con mis labios— Bueno, estamos trabajando en eso, ya viste el caos en la sala de estar —papá rio y asintió repetidas veces— Por lo que nos dijeron, dejaron el desmadre en la iglesia, ¿no fuiste a encargarte de sus traseros?
—Día libre —me guiñó un ojo, a lo que reí—, Billy es el que está a cargo por hoy, y creo que esos tres se escabulleron… En mi turno no hubiera pasado, eh. —El bigote estaba creciendo nuevamente en su rostro lo que lo hacía verse un poco gracioso, asentí a sus palabras completamente divertida— ¿Dejarías a los mocosos salir con su abuelo?
—Grace se ha pegado un virus estomacal —el rostro de mi viejo se tornó preocupado—, tranquilo, está todo bajo control, minino se encargó de ella. Es un buen doctor —Charlie asintió, dándome la razón—, mi nena está bien pero la temperatura le sube a ratos, puede estar normal y de la nada vuelva a tener calentura.
—¿Y si te prometo que si algo así pasa la traeré inmediatamente?
—Yo… No lo sé, papá —rasqué mi cabeza—, Floyd puede ir pero sé que no lo hará si Grace no lo hace, y yo realmente no quiero pasar por eso nuevamente, joder, fue horrible verla así… Además está minino, tendría… Vale, le preguntaré a minino, sé que Gracie querrá ir con ustedes. —Me giré al grupo y fruncí el ceño— ¿Dónde está minino?
Los tres me apuntaron la cocina.
Bueno, Cobain hizo el intento.
—Iré a ver a los niños, si no te molesta.
—Viejo, ¿es enserio?, ¿por qué habría de molestarme?, ¡están en su habitación, ve a verlos!, ¡es la primera a la izquierda! —grité camino a la cocina en busca de mi hombre. Ahí estaba, volviendo a colocar el whisky en su lugar. Me acerqué sigilosamente a él y lo abracé desde atrás, enrollando mis brazos en torno a su cintura y recargando mi frente contra su espalda.
—¿Estás bien?
—Perfectamente —murmuré—, te amo.
Minino se deshizo de mi agarre con delicadeza y se giró entre mis brazos, quedando frente a mí. Esta vez mi frente descansaba contra su cálido pecho.
—Mírame —hice caso a su pedido, prendando mis ojos de los suyos—, ¿estás segura de que estas bien?
—¿Por qué no iba a estarlo?
—No lo sé, solo preguntaba, me dijiste que me amas y… —sus mejillas se tornaron de rosa rápidamente— B-Bueno, es extraño escucharlo de la nada y sin ninguna intención por detrás. —Dejó un beso sobre mi frente y murmuró— También te amo.
—Acabas de insinuar que solo te demuestro cariño cuando espero algo a cambio, eres horrendo. —Él se encogió de hombros y soltó una risita cuando golpeé su pecho con mi puño— Papá quiere salir con los renacuajos, le dije sobre Grace pero está empecinado en llevarlos.
—¿Está arriba con ellos? —Asentí— Querrán ir con Charles, yo… Solo iré a checar como está Grace de temperatura, si está normal podrá salir, le diré a tu padre que si llega a subirle la fiebre la traiga inmediatamente aunque patalee.
—No creo que nuestra nena haga eso, creo que Floyd es más capaz de hacerlo.
—Oh, tú no conoces a la Grace obstinada aun, amor.
—¿Es que también tiene sus pataletas?, me es tan malditamente difícil imaginarla así. Mi princesa es un dulce, Cullen, estás tratando de hacerme cambiar de opinión. —Minino rio y negó con su cabeza lentamente.
—Verás que digo la verdad, cuando Grace tiene sus crisis no hay quien la pare.
—Ver para creer, gatito, ver para creer.
…
Tal cual Edward dijo, los chicos quisieron ir con papá sin chistar. Se escuchaban sus gritos desde el segundo piso y como minino trataba de lidiar con ellos. Jasper se había quedado dormido sobre el sofá, completamente borracho, con su cabeza sobre los muslos de Tink, quien pasaba despreocupadamente sus dedos entre los largos cabellos rubios de Cobain. Grizzly estaba sentado en un sofá aparte, su cabeza entre sus manos. Podía ver lo tenso que se encontraban sus hombros y como su espalda se movía cada vez que suspiraba por algo. Me acerqué a él y tomé asiento a su lado, posando mi mano sobre su hombro y dándole un suave apretón.
—Pueden pasar la noche aquí si quieren —murmuré, observando a mis chicos—, sé que minino no se opondrá a ello. —Ambos asintieron a mis palabras— Nada de robarse el puto whisky esta vez —los chicos rieron y negaron con sus cabezas.
—¿Crees que estamos con ganas de hacerlo?, me pesa el cuerpo y solo quiero dormir.
—Estoy con Tink, una buena siesta para reponer las fuerzas, mañana será otro día.
—Vale, esta mujer debe ir por su familia. —Les guiñé un ojo y luego me acerqué deliberadamente al oído de Grizz— Todo saldrá bien, grandote —susurré—, ya verás que saldremos de esta, ¿sí? No pienses tanto en el asunto, solo… Enfócate en la pequeña personita que está creciendo.
Subí la escalera dejando a los chicos en la sala de estar, no sin antes haberles indicado donde había mudas de cama para que se cubrieran o si querían ocupar la habitación de huéspedes que minino tenía en la planta superior. Al llegar arriba me encontré con una graciosa imagen. Grace estaba de brazos cruzados observando a su papá con el ceño fruncido, sus mejillas estaban infladas y negaba con su cabeza fervientemente a las palabras de Simba, su corto cabello seguía el compás de los movimientos que hacía con su cabeza. Me acerqué sigilosamente a ellos, mi viejo y Floyd miraban la escena desde un punto contiguo en la habitación, lejos de ellos, habían abandonado a minino en batalla, dejándolo solo para pelear contra la pequeña fierecilla que se alzaba frente a él.
—Grace Ann —minino se cruzó de brazos—, te estás comportando erróneamente, señorita.
—¡Pero no quiero papi!, ¡no quiero!
—Princesa… —él se agachó, quedando a la altura de su nena— Estás enferma, por favor no me discutas.
—¡Que no quiero!
—Grace, amor…
—¡No!
—¿Qué está pasando aquí? —pregunté, entrando finalmente a la habitación.
Cuando la verde mirada de Grace estuvo sobre mi persona, dejó a papá de lado y corrió hacia mí tan rápido como sus cortas piernas se lo permitían, chocó con mi cuerpo y enterró su rostro en mis piernas, abrazándome con sus pequeños bracitos.
—¡Papi está siendo malo, mamá! —chilló mi muñeca, haciendo un adorable puchero con sus labios. Me agaché para tomarla entre mis brazos, recargando su peso en mi cadera. Sus ojitos estaban cristalinos y observaba a minino con el ceño fruncido.
—¿Qué tan malo está siendo papi?
—¡Él quiere que tome ese demedio que sabe feo y no quiero! —Grace escondió su rostro en mi cuello, mientras apuntaba el frasco que Simba sostenía entre sus manos. Quería reír por la mueca en el rostro de Edward, creo que sufría demasiado al ver como su nena decía lo malo que estaba siendo con ella.
—¿Quieres salir a pedir dulces enana?
—¡Sí!
—Entonces debes tomar el remedio que sabe feo. —Ella volvió a inflar sus mejillas y negó fervientemente con su cabeza— Bien, entonces nadie irá a ninguna parte y asunto arreglado. —Me encogí de hombros a la vez que la dejaba en el suelo sobre sus dos pies, restándole importancia.
—P-Pero… Pero… —el puchero demoledor se instaló en sus labios otra vez.
—Es así de simple muñeca, o bebes eso para que te sientas mejor, o nos quedamos en casa y fin del asunto. Si no bebes tu remedio, nadie sale de aquí. Tu pancita aún está malita, ¿lo entiendes? Papá solo está tratando de cuidar de ti porque te ama, no porque es malo… —sonreí y le di una mirada de soslayo a minino— Papá nunca podría ser malo. —Reí— O tomas tu remedio, o no hay Halloween, ¿entendido?
La pequeña Weasley aceptó a regañadientes y caminó hacia su papá para tomar la medicina.
—¡Mami!, ¿de qué vas a disfrazarte? —Floyd bajó de un salto de la cama y se acercó a mi sonriente, quitando alguno de los mechones naranja que se habían puesto en su vista. Mi pequeño hijo tenía su cabello hecho un completo desastre.
—Mamá no tiene disfraz enano, además, ¿por qué debería disfrazarme?
—¡Porque es Halloween! —chilló, rodando sus ojos por lo obvio de mi pregunta.
—Hey, B —me giré hacia la puerta, donde se encontraba Tink recargada contra el marco de esta. Su mirada brillaba con picardía—, yo tengo un disfraz que te quedaría de maravilla… Pero está donde mi amado Charles, ¿qué dices sobre ir a buscarlo para satisfacer a tu renacuajo?
Mordí mi labio inferior y me giré hacia mi familia nuevamente. Grace y Floyd saltaban emocionados en su lugar porque mamá también tendría un disfraz, mi viejo se encogió de hombros y me tendió las llaves de la casa encantado. Y minino sonrió. Suspiré, y acepté las llaves.
—Nos encontramos en la plaza, ¿está bien? Acompañaré a tu padre para cuidar de los pequeños.
—Bien, nos encontramos en la plaza gatito —dejé un rápido beso sobre sus labios—. Y desde ahora les digo, cualquier tipo de extraño disfraz que Tink tenga y que yo deba usar, será solo culpa de ustedes y pesará en la conciencia de cada uno.
—¿Qué es conciencia? —preguntaron ambos monstruitos, ladeando sus cabezas con confusión.
—Papá les explicará eso —les guiñé un ojo y salí de la habitación, siendo guiada por Tink.
Los chicos se habían instalado en la habitación de huéspedes, Grizz cargó a Cobain todo el tramo de las escaleras, creo que Tink había posado junto a ellos y había tomado una fotografía con su teléfono celular. Probablemente el rostro borracho de Cobain estaba por todas las redes sociales ahora. Montadas en nuestras motocicletas condujimos hasta la casa Swan, había extrañado montar a mi adorada bebé, la había dejado de lado ya que me era imposible movilizarme sobre ella teniendo dos renacuajos a mi cargo, ¡solo cabía uno más de acompañante! Iba a tener que hacer algunas modificaciones en ella luego.
—¿Isabella?
Renesmee nos observaba desde la cima de las escaleras con cara de pocos amigos, ella lucía uno de sus característicos vestidos de monja y su cabello estaba amarrado en una pulcra cola de caballo. Cuando Tink y yo llegamos arriba donde ella se encontraba, le sonreí. Mi amiga en cambio siguió de largo, ignorando completamente a mi enana.
—¿No tienes algo que hacer hoy en la iglesia? Siempre creí que ustedes estaban en desacuerdo con Halloween.
—Es una fiesta pagana a la que no debo darle importancia —se encogió de hombros—, la ignorancia hace que la gente la celebre sin saber realmente lo que conlleva. Sus almas serán las castigadas, no la mía.
—Santa mierda, tú eres de temer hermanita.
—¿Qué estás haciendo aquí de todos modos?, ¿recordaste que tenías familia? —Entorné mis ojos por sus palabras y negué con mi cabeza, siguiendo el camino de Tink a la que una vez fue mi habitación— ¿Es que ya te aburriste de Edward?, como era de esperarse…
—Ah, muchacha, envejecerás mucho más rápido si sigues así de amargada por la vida —suspiré—. Vengo a buscar un disfraz para ser una más de esas personas sin alma que festejan esta fecha… Al igual que lo es tu sobrino —le sonreí con diversión—, y no olvidemos a tu amado Edward…
Me dio una mirada completamente ofuscada, y luego de hacerme un desprecio, desapareció en su habitación.
—La enana está tan malditamente jodida, nena. —Tink negaba con su cabeza mientras revisaba entre sus ropas— Enserio, creo que debes hablar con ella, no es putamente posible que una nena de dieciocho años sea así… Así de exasperante, joder… Alguien debe decirle que se saqué el palo que tiene ensartado en el culo para que sea feliz… ¡Aquí está mi bebé!
—¡Tienes que estar jodiendo!
No pude evitar soltar una tronadora carcajada al ver el pedazo de tela que sostenía frente a mí y que ella juraba era un maldito disfraz. Si mi culo no quedaba al aire con eso sería suerte. Tomé el traje en mis manos y me encogí de hombros. Bueno, que va, ellos querían que me disfrazara, aquí están las malditas consecuencias.
—Sabes… Podría ser como las enfermeras de Silent Hill (1) con esto, para estar acorde al tema de Halloween digo yo, y no parecer como alguien que fue contratada para una despedida de solteros. —Tink rio y asintió con su cabeza frenéticamente.
—¡Oh, eso será de puta madre!, tenemos que buscar… Venda, Charlie debe tener de eso por aquí…
—En el botiquín, ahí hay de todo —sonreí y la guie al baño—, ¡manos a la obra!
Luego de media hora el disfraz estaba completamente listo. Me había puesto el diminuto delantal de enfermera sin nada de bajo excepto mis bragas, habíamos hecho una extraña mezcla con colorante y otras mierdas que encontramos en la cocina para falsear sangre… El delantal blanco no estaba tan blanco ahora, ¡se veía malditamente genial! La venda que cubría parte de mi rostro estaba también salpicada con sangre. Minino se iba a caer de culo completamente. Tink se limpió una lágrima imaginaria de sus ojos cuidadosamente, orgullosa por el gran trabajo que habíamos realizado en unos pocos minutos.
Éramos unas genias, joder.
Me calcé mi chaqueta negra de cuero y nos fuimos rumbo a la plaza montadas en nuestras motocicletas.
Era un lindo espectáculo el que se veía cuando llegamos. La plaza estaba iluminada por pequeñas luces de color naranja que colgaban desde los árboles, había una que otra calabaza con motivos del día y había un montón de niños. Nunca pensé que fueran tantos, en mis tiempos no eran así las cosas al menos. Pequeños angelitos y princesas corrían de un lugar a otro, batiendo sus varitas mágicas o jugando con las alas que tenían en sus espaldas. Había desde hadas del bosque, hasta piratas y uno que otro nene con una sábana blanca sobre el cuerpo como un fantasma. Tink y yo estacionamos y nos bajamos de nuestras bebés, caminando entre todo el gentío. La gente nos observaba, me observaba mejor dicho. Bueno, claro que llamaba la atención toda sangrienta, joder, deberían darme el premio a mejor disfraz. A lo lejos divisé a mi renacuajo, corriendo de la mano con Grace y minino tras de ellos velando por su bienestar. Cuando los ojos de Floyd se posaron sobre mi él soltó un enorme grito de emoción.
—¡Mamá! —Chilló, corriendo hacia mí—, ¡estás súper! —Él comenzó a rebotar como una saltarina de arriba abajo, sin poder contener su felicidad— ¡Grace, mira a mami!, ¡ella se ve súper!
—¿M-Mami? —Grace me observaba reticente, ella aún no se acercaba a mí del todo, estaba a una distancia realmente prudente, sus ojitos me observaban con precaución y un tantito de miedo.
—Nena, soy yo, ven aquí y dame un abrazo —le abrí los abrazos, estuve a punto de agacharme para quedar a su altura cuando alguien me lo impidió.
—¡No se te ocurra agacharte!
Minino tenía esa mirada desquiciada en su rostro, su mandíbula estaba tensa y flexionaba sus manos. Su verde mirada tenía un poco de censura pero la advertencia estaba clara ahí. Alcé una de mis cejas en su dirección a la vez que abrazaba a Grace contra mi pecho, agachándome en el proceso. Y malditamente lento, para que sufriera.
—Oops —murmuré, sonriéndole a minino con una inocencia que no tenía—, no tienes que temerme muñeca, es solo un disfraz… Un disfraz malditamente genial, ¿no crees? —alcé mis cejas repetidas veces hacia la pequeña Weasley y ella soltó una pequeña risita, asintiendo a mis palabras.
—Isabella, por favor…
—¿Qué?, ¿qué es lo que hice ahora? —resoplé, observándolo fijamente.
Minino entrecerró sus ojos y me observó fijo por un largo momento en el que tampoco di mi brazo a torcer. Él simplemente no dijo nada, solo dio media vuelta y, tomando las manos de cada niño, me dejó varada ahí sin una respuesta. Ignorándome por completo. Ah, él era tan malditamente exagerado en todo, jodidamente todo. Suspiré y caminé hacia donde se encontraban papá y Tink, quienes miraban la escena divertidos.
—Tu minino está putamente celoso —murmuró Tink, apuntando en dirección a minino con su barbilla—, jodidamente celoso, nena. Eres cruel, ¿por qué hiciste una hija tan cruel, Charles? Yo puedo darte más hijas si quieres… O un heredero, para que el apellido Swan siga su camino.
—Muchas gracias por la oferta, pequeña hadita —Tink sonrió—, lo tendré en cuenta. —El viejo sheriff se giró hacia mí y recorrió mi vestimenta con sus marrones ojos— Hija, tu amiga tiene toda la razón, ¿pretendes que el pobre doctor muera de un paro?, ¿te das cuenta del largo de ese delantal?
—¡El disfraz es así!, no pueden estar hablando jodidamente enserio… ¿Por eso se enojó?
—Se enojó porque te agachaste y esos putos pervertidos tuvieron una espléndida mirada de tu culo —Alice apuntó hacia atrás donde había un grupo de hombres que no había visto antes. Para mí desgracia La Cosa encabezaba ese grupo, ew.
Les levanté mi dedo medio amorosamente, ellos se hicieron los locos, claro, y sus vistas se alejaron de mí.
Aunque La Cosa seguía observando hacia nosotros, el odio latente en su mirada.
—Esa cosa rechoncha nos odia, ¿vez como trata de matarnos con la mirada? —Tink rio—, me da una ternura enorme, como si el pudiera hacernos algo, ¿es que siquiera puede limpiarse el culo con esos brazos tan cortos que tiene?
—¿Es que tiene todo corto? Pobre hombre, realmente me da un poco de lástima.
—Vamos, chicas, vamos a pedir dulces, tenemos una larga noche por delante. —Papá negaba con su cabeza por nuestras palabras, aunque la sonrisa nunca se borró de su rostro.
Alice sonrió abiertamente y enganchó su brazo izquierdo con el mío y el derecho con el de papá.
No vi a minino por un largo periodo de tiempo, tal vez él había decidido ir a pedir dulces al otro extremo del pueblo para no tener que verme. Bueno, que se joda, no es como si yo fuera a buscarlo o algo, tampoco era para tanto, ¡como si esos idiotas nunca hubieran visto un trasero! Yo quería dulces. Necesitaba dulces, demonios, tenía un antojo de mierda por esas bolitas llenas de azúcar. Lo malo de todo esto es que, a pesar de tener el mejor disfraz de la vida, nadie me daba dulces porque era una puta anciana de lo peor. Necesitaba a mis renacuajos pero minino se los había secuestrado. Estaba malditamente irritable por todo y papá junto a Tink no ayudaban demasiado si lo único que sabían hacer era burlarse de mí por estar molesta.
—¡Mamá, mamá! —casi me dio tortícolis cuando giré la cabeza rápidamente ante el llamado de mi enano. Floyd corría hacia mí sosteniendo una calabaza en sus manos. Cuando llegó junto a mí, me mostró su calabaza repleta de dulces y juro que se me hizo agua la boca—, ¡mira todos los dulces mami!
—Oh, renacuajo, ¡es fantástico! —Me pasé la lengua lentamente por los labios—, ¿no le darías unos cuantos a mami?
Él infló sus mejillas y alejó su canasta de mí.
—Nope.
—Vamos, hijo, solo uno, ¿sí? —Hice un puchero y Floyd rio— ¡No seas así con tu madre mocoso!
—¡Son míos! —Me sacó la lengua y corrió nuevamente hacia minino que estaba a unos pasos de mí— ¡Mamá quiere quitarme mis dulces! —él se agarró a la pierna de Edward y sonrió malévolamente.
Se había metido demasiado en el papel de Chucky, creo.
—¡Yo solo tenía ganas de un dulce! —le saqué la lengua de vuelta y me crucé de brazos.
—¿Quieres un dulce mami? —Grace se acercó tímidamente a mí, sus mejillas estaban arreboladas y con su manita estirada me ofrecía un caramelo. Joder, estuve a punto de llorar por la ternura que desprendía. Tomé el dulce que me daba y besé su mejilla rápidamente.
—Gracias, corazón.
—Has creado un monstruo —murmuró Tink, apuntando a Chucky.
—Las pagaré todas con ese enano, todas las que he hecho en esta vida —sonreí.
Luego de pedir unos cuantos dulces más para cada renacuajo, llevarme más miradas por la calle y ser consiente de como minino se ponía jodidamente celoso cada vez que alguien del sexo masculino me quedaba mirando más de lo necesario, partimos a casa. No es como si yo hubiera hecho algo para impedirlo, creo que incluso mi vena perra salió al aire y puede que contoneara mis caderas más de lo necesario. Pero, infiernos, no pueden culparme por querer ver a mi hombre así de celoso. Era sublime. Su rostro se transformaba completamente, duro, irascible. Su mirada oscura me atravesaba, como si él supiera que yo lo hacía a propósito. Estaba malditamente caliente por su culpa.
Papá se despidió de nosotros cuando fue hora de partir, haciéndome prometer que iría a visitarlo.
Minino partió en su Volvo en compañía de los enanos, a la vez que Tink y yo montábamos nuestras motocicletas. Había sido un tranquilo Halloween, pensé que habría más revuelo pero ya ven, en Forks pueden ser un tanto normales si se lo proponen, ¿por qué no son así todos los días del año?
—Esta chica se va a dormir, es como si hubiera tenido una gigantesca maratón de sexo… Estoy jodidamente muerta —Alice se despidió de nosotros y subió la escalera con pesadumbres. Pobre de mi mujer, estaba toda machacada.
—Iré a acostar a los chicos, tratar de sacar eso de sus cabellos. —Murmuró minino, pasando junto a mí en compañía de los enanos— Despídanse de mamá, niños —ellos hicieron caso a sus palabras y corrieron hacia mí para dejar unos babosos besos en mi rostro.
—Duerman bien, enanos, los amo.
Besé la cima de sus cabezas y los dejé ir.
Una vez estuve en nuestra habitación me saqué la venda de la cabeza. Solté un largo suspiro, al fin podía respirar con normalidad, joder. Me quité los tacones rápidamente y me afirmé contra las puertas del armario para masajear mis pies. Ya ven, por esto prefiero mil veces las zapatillas, comodidad ante todo. Una de las puertas del armario tenía un gran espejo que me mostraba mi cuerpo completo, no pude evitar pensar en la conversación que había tenido con Tink esta tarde, y sin ser consciente una de mis manos se posó con suavidad sobre mi vientre. Estuve más tiempo del estimado observando mi reflejo en el espejo, pensando en lo que haría si realmente había una personita allí. Estaba tan ensimismada que me sobresalté cuando la puerta de la habitación se abrió silenciosamente, mis ojos se fueron con rapidez a la imagen del hombre que estaba frente a mí. Tragué saliva sonoramente y me enderecé en mi lugar, sin quitar mis ojos del rostro de Edward. Mordí mi labio inferior por acto reflejo, la excitación latente en mi cuerpo por cada paso que él daba. Ah, santa mierda, sus fosas nasales aleteaban con pesadez debido a lo trabajosa de su respiración, tenía los tres primeros botones de su camisa desabrochados y su cabello estaba más desastroso que de costumbre, como si hubiera estado jalando de ellos un sinfín de veces.
Como la imagen que tenía post sexo.
—¿Minino? —murmuré, mi voz ahogada por la expectación.
—He estado esperando toda la noche para hacer esto…
Se acercó a mí dando grandes zancadas, acorralándome fieramente contra la puerta del armario. Sus manos se posaron sobre mi cuerpo, ávidas, acariciando todo lo que había a su paso. Ni siquiera me di cuenta cuando rasgó la parte delantera de mi disfraz, los botones volaron a través de la sala, su mirada era fuego sobre mí. Hambrienta, tal como su boca que no se hizo esperar. Gemí cuando sus labios chocaron con los míos salvajemente, su lengua se abrió paso dentro de mi boca sin prudencia alguna. Joder, de manso gatito a león salvaje. Sus labios abandonaron los míos y comenzó a besar mi mandíbula, húmedos besos que mandaban pequeños escalofríos a lo largo de mi columna vertebral. Sus manos sobre mis pechos, acariciando mis ya erectos pezones a causa de su poco usual comportamiento. Sentía el fuego crecer en mi bajo vientre cada vez que se rozaba conmigo, estaba tan pegado a mí que casi parecíamos uno. Sentía todo de él, su fuerte pecho, la dura protuberancia que sobresalía de su pantalón. Estaba tan malditamente listo para mí, tanto como yo lo estaba para él.
—¿Qué…? Oh, Dios…
—Tú lo haces a propósito, ¿no es así? —murmuró contra mi cuello. Sentí la sonrisa que bailaba en sus apetitosos labios, su mano se había colado magistralmente dentro de mis bragas—Toda la noche, Isabella… Te gusta, ¿no es así?, tentarme…—solté un ahogado jadeo cuando uno de sus dedos hizo contacto con mi sensible botón. Él me estaba torturando, completamente— Estás tan lista para mí, amor…
—Tink f-fue la de la idea… —respondí, soltando un estrangulado gemido cuando sus dedos jugaron con mi entrada, tentándome sin remordimiento alguno. Minino soltó una seductora risita y sus dientes rasparon mi cuello, justo sobre la yugular.
Si él seguía comportándose así no iba a durar un jodido minuto, me correría ahora, ya.
—Se lo agradeceré luego, entonces —y ahí lo perdí.
Introdujo dos de sus largos y finos dedos dentro de mí sin previo aviso, un suspiro ahogado abandonó mi garganta y me afirmé férreamente a sus hombros. Su frente estaba pegada a la mía ahora, sus ojos me observaban fijamente a la vez que bombeaba en mi cavidad, el ritmo de su mano aumentaba de velocidad cada vez más, el fuego en mi bajo vientre crecía con intensidad. Él no dejaba de mirarme, había una extraña emoción ahí en sus orbes verdes, como si estuviera orgulloso de que yo estuviera tremendamente caliente solo por él. Por su maldita culpa. Estaba tan cerca de alcanzar la gloria, tan jodidamente cerca de tocar las estrellas con mis dedos, pero él no encontró nada mejor que detenerse en el preciso momento en el que mi orgasmo estaba a punto de llegar. Sus labios atacaron los míos una vez más, sin darme tiempo para reclamar. El sabor a menta de sus labios había cambiado por uno dulzón, su boca estaba dulce y era malditamente adictiva. Sus manos se pasearon desvergonzadamente por mi cuerpo una vez más, cuando llegaron a mi trasero se quedaron allí, tanteando el terreno, para luego darme un agarrón de puta madre que me sorprendió.
—Minino, ¿qué estás…?
—No puedo aguantar más, amor, lo siento.
Fruncí el ceño ante sus palabras, pero luego todo tuvo sentido.
Agarrando firmemente mi trasero me alzó en vilo, haciendo que enredara mis piernas en su cintura como acto reflejo. Su polla estuvo dentro de mí en una dura estocada que me dejó sin respiración. Oh Dios mío. Eché la cabeza hacia atrás, golpeándome ligeramente contra la puerta. Y me importaba una mierda. Podía golpearme las veces que quisiera y seguiría importándome una mierda si lo tenía a él dentro de mí. Sus movimientos fueron duros y rápidos, desenfrenados, la puerta crujía cada vez que él empujaba dentro de mí con una fiereza que rara vez veía. Y me gustaba, infiernos, él podía hacer lo que quisiera conmigo en estos momentos. Sus hermosos ojos estaban nublados por la lujuria, su frente perlada en sudor. Mis uñas estaban estancadas en sus hombros, ayudándome a permanecer en vilo cada vez que el empujaba con una fuerza desconocida pero que, joder, estaba malditamente amando. Edward dio un último fuerte estoque y, con sus manos aun sujetándome desde mi trasero, nos guio a la cama.
Mi respiración estaba entrecortada, las palabras no salían desde mi boca.
—Te amo —murmuré, inclinándome hacia adelante y besando sus labios—, joder, te amo.
—Te amo también, hermosa.
Él sonrió dulcemente, volviendo a ser el pequeño gatito que amaba.
Solo por un corto lapsus de tiempo.
Edward estaba estirado sobre la cama luciendo tan maravilloso como siempre. Una fina capa de sudor bañaba su cuerpo, haciéndolo resplandecer por la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana. Quería pasar mi lengua por cada pulgada de su anatomía, por sus exquisitos oblicuos, por su cuello, por todo él. Quería tener su sabor en mí. Me moví sobre su regazo, sintiéndome poderosa estando sobre él, viendo su rostro contorsionarse debido al placer que le proporcionaba. Volví a mover mis caderas de manera circular, ganándome un hermoso gemido de su parte. Aún tenía puesto el maldito traje de enfermera que Tink me había hecho usar. La parte delantera estaba completamente destrozada dejando mis pechos al descubierto, y la falda la tenía arremangada en la cintura. Era un desastre. Era su maldito desastre. Volví a inclinarme hacia adelante, nuestros pechos haciendo contacto, siseé cuando mis duros pezones se refregaron contra su pecho, una deliciosa fricción. Estaba al borde y quería mucho más, lo quería completamente todo de él. Minino comenzó a mover mis caderas de arriba hacia abajo con la ayuda de sus manos, lento primero, suave, solo como él sabía hacerlo. Sus dedos fueron haciendo presión poco a poco sobre mi piel, a la vez que sus caderas acompañaban mis movimientos. Lo sentía tan dentro de mí que en cualquier momento iba a explotar, en estos instantes éramos uno, en esta posición tocaba lugares que en mi vida me había imaginado.
Nuestras respiraciones se entremezclaron cuando la velocidad aumentó.
El sonido de nuestros jadeos y cuerpos haciendo contacto era música para mis oídos.
Pero minino gritando mi nombre al alcanzar la cima era algo de lo que nunca me iba a cansar.
Nunca, joder.
—Eso fue… infiernos. —murmuré, mi pecho subía y bajaba debido al ejercicio físico de minutos atrás. Minino soltó una pequeña risita junto a mí, rodé a un costado y quedé observando su perfil— ¿Qué demonios se apoderó de ti?
—Tú, en ese diminuto disfraz… Tú, llevándote todas las miradas por la calle.
—¿Me estabas marcando o qué? —pregunté, divertida. Su rostro se giró hacia mí, levantó una de sus manos y la posó sobre el lado izquierdo de mi cuello, una pequeña sonrisilla de victoria apareció en sus labios— Mierda, lo hiciste, realmente me marcaste, ¿me vas a mear encima como un perro ahora?
—No pretendía hacerlo, lo juro —acarició mi cuello dulcemente—, me dejé llevar. Te veías… hermosa.
—Caliente, querrás decir.
—Eso —rio, girando en su costado también para así quedar frente a frente conmigo. Terminé de quitarme los jirones de ropa que llevaba y me acurruqué junto a él, minino alzó las sábanas y nos cubrió, a la vez que pasaba su brazo entorno a mi cintura y me traía incluso más cerca de si—. Eres maravillosa —besó mis labios con amor—, deberíamos hacer esto más seguido.
—¡De eso estoy hablando, hombre! —Reí, besándolo de vuelta— Me gusta esa faceta tuya, la de macho alfa.
—¿No te hice daño? —me preguntó con preocupación de un momento a otro. Volví a reír y negué con mi cabeza, acariciando su nariz con la mía en el proceso— Bien, no quería hacerte daño.
Nos quedamos en silencio, simplemente observándonos fijamente el uno al otro.
Veía tanto amor en sus ojos que a veces me asustaba.
Pero probablemente el viera lo mismo en los míos.
Ah, sí, completa y perdidamente enamorada de este hombre. Así estaba yo.
El siguiente día llegó más rápido de lo que pensé. Abrí mis ojos cuando los rayos del sol comenzaron a molestar sobre mi rostro, no quise moverme para no despertar a minino quien estaba plácidamente dormido aún a mi espalda. Tenía uno de sus fuertes brazos sobre mi cintura, su acompasada respiración me hacía cosquillas en la nuca. Hoy era el puto día en que finalmente saldría de la duda, y estaba jodidamente asustada por eso.
B, ¿qué es lo que esperas realmente?
—Buen día, hermosa —minino dejó un beso sobre mi desnudo hombro.
—Pensé que estabas durmiendo —me giré para quedar frente a él—, buenos días guapo.
—Tengo una alarma biológica —sonrió torcidamente—, llevaré a los niños a la clase dominical, mamá me pidió que lo hiciera, ¿no te molesta que Floyd vaya nuevamente? Si es así, podría hablar con ella sobre eso, lo entendería.
—Está bien, si el renacuajo quiere ir está bien… Solo… Que no pase mucho rato junto a Carli —minino soltó una pequeña risita y dejó un beso sobre mi frente— Yo tengo algo que hacer con Tink, ¿sí?, así que no estaré en casa, porque luego nos iremos directo a la tienda.
—Gracias.
—¿Por qué? —le pregunté con confusión.
—Por la noche de ayer —entorné mis ojos y besé sus labios.
—Yo debería ser la que te agradezca por haberte convertido en un hombre de las cavernas, joder, estabas malditamente caliente. No es que no lo seas siempre, pero ayer fue una excepción a la regla que amé —sonreí con picardía— Quién iba a decir que mi dulce gatito puede convertirse en un feroz león, ¿eh?
Sus mejillas se sonrojaron y me sonrió tímidamente.
—Eso es lo que tú causas en mí, amor.
…
Estaba montada sobre la Van esperando a que Tink saliera de la farmacia, ya no tenía uñas al habérmelas mordido debido al maldito nerviosismos que me embargaba. Había ido a comprar el puto test de embarazo, sentía un encontrón de emociones completamente distintas dentro de mí. Por una parte estaba completamente nerviosa por todo esto, un nuevo bebé no era algo para tomar a la ligera, por otra parte estaba aterrada. Un bebé. Un maldito bebé que vendría a mover mi mundo una vez más, adiós cigarrillos, adiós alcohol, adiós juerga. Pero también estaba feliz al pensar en una pequeña cosita creciendo dentro de mí, una personita que iba a tener tanto de mí como de su padre. Minino. Dios, iba a nacer otro Weasley en la familia si sacaba su color de cabello como nuestra princesa. Mis pensamientos se esfumaron rápidamente cuando vi a Tink abandonar el local, mirando hacia ambos lados y luego corriendo hacia nuestro transporte. Se sentó en el asiento del copiloto y eché a andar la camioneta, el trayecto a casa fue en silencio, ninguna de las dos dijo nada.
Una vez en casa las cosas fueron distintas.
Los chicos estaban en sus clases dominicales y minino se había quedado ayudando a Carli allí, así que estaba a solas en compañía de Alice. Cobain tenía una resaca horrible y Grizz se estaba ocupando de la tienda mientras nos ausentábamos por este pequeño lapsus de momento que iba a definir mi vida, nuestras vidas.
—Entonces… Cinco minutos, eso debes esperar luego de hacer pis sobre este palo de mierda —Tink me entregó la caja— Recuerda no mear tus manos, no seas una cerda… ¿No afecta que ayer te hayan follado como si no hubiera mañana? Se escuchaba todo, eres una calentona de mierda…
—Cállate, idiota —sonreí y tomé la caja. La observé por un momento y luego suspiré— Cuando el gatito se transforma en león no hay quién lo detenga —sonreí— no es como si quisiera detenerlo de todos modos —volví a mirar la caja entre mis manos con un tanto de reticencia— Bien, saldré de la duda de una vez por todas… Que sea… Que sea lo que sea, joder.
—Suerte, hermana.
Alice dejó un beso sobre mi mejilla y me guiñó un ojo.
Entré al cuarto de baño y me preparé mentalmente para lo que iba a hacer a continuación.
Bien.
Finalmente veríamos si mis sospechas eran ciertas.
Como dijo minino, un bebé es una maldita bendición para todos. Tomé la muestra, leyendo sus instrucciones y siguiéndolas al paso de la letra. Cinco minutos debía esperar luego de haber realizado todo lo indicado, cinco minutos que se me hicieron horas, días, jodidos años. Había puesto la prueba lejos de mi vista, no quería mirarla, no quería ver cuantas líneas habían allí, pero a la vez moría por saber si todos los extraños cambios hormonales en mi tenían una hermosa explicación.
Dos líneas significaban que había un bebé dentro.
Una línea quería decir que faltó un poco más de empeño.
¿Qué demonios iba a ser?
Tink golpeó la puerta del cuarto de baño con fuerza.
—Eh, mujer, me estás matando de la maldita curiosidad, ¿tenemos un bebé a bordo o tendrás que ponerle más empeño haciéndolo?, ¡háblame B! —moví mi cabeza para despejarme, observando la hora en mi teléfono celular.
Siete minutos habían pasado exactamente.
Era la hora de la verdad.
—Uh… Es… —tomé la prueba entre mis manos con valentía y lo observé por un sinfín de tiempo, luego tiré el test a la basura. Me puse de pie cuando pasaron unos segundos y abrí la puerta del baño lentamente. Tink estaba sonriente al otro lado de la puerta, traté de corresponder su sonrisa— Negativo.
—¿Qué?
El rostro de Tink se desencajó, una triste mueca se plantó en sus labios mientras que la sonrisa aún estaba presente en mi rostro. Una línea, eso era lo que había aparecido en la prueba. Una línea roja que se burlaba de mí, joder, "¿estabas ilusionada con un bebé en lo más profundo de tu ser?, bueno, perra, caíste"
Quería llorar realmente, joder, patear a alguien por ilusionarme.
—Eh… —carraspeé, alejando el incómodo nudo que se había alojado en mi garganta. Una de mis manos se fue inconscientemente hacia mi liso vientre— N-No hay bebé, p-podré seguir bebiendo, uh, ¿no es eso genial?
(1) Son las enfermeras que salen en el juego/película "Silent Hill", pondré una imagen de ellas en el grupo para las que no las conocen ya que aquí no puedo dejar link porque fanfiction se taima con esas cosas.
¡Buenas tardes!
Segundo fic actualizado, segunda actualización de la semana. Ahora me he ganado el cielo así que no les permito exigirme que no demore con la próxima actualización hahahahaha. Bien, creo que este capítulo contiene de todo un poco, hasta les traje un lemmon/lime/lacosaquesea así que, sí, creo, solo creo, que me merezco el perdón y un descanso XDDDD Sobre las preguntas para B que aun tengo pendiente, tendrán que disculparme por no subirselas aún, pero tengo una clase que preparar para 33 mocosos de cinco años y me enfocaré en eso hoy luego de dejarles las actus, así que tal vez se las traiga a la noche si logro terminar todo esta tarde :) ¡Ojalá les haya gustado el capítulo! Cualquier duda, comentario, queja (?) pueden hacerlo en un review o en facebook o pm o donde les de la puta gana, hahahaha.
muuuuuchas gracias por la paciencia, sus más de mil reviews a la historia, favoritos y alertas :*
Lamb.
