Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward
Capítulo 21: Estoy en problemas otra vez, ¿lo estoy?
Mardy Bum – Arctic Monkeys.
—¿Por qué tienes esas bolsas?
—Uh, pensaba darle una sorpresa a Rosie… ¿Ustedes no tienen eso que llaman antojos cuando están encinta? Bueno, joder, no sabía qué traer así que compré un poco de todo. —Grizz sostenía tres bolsas de súper en sus manos. Tink se soltó a reír y mi grandulón se tornó completamente rojo— Vete a la mierda, hadita —le mostró su dedo medio amorosamente.
—Dios, nunca creí que vería esto… ¡Míralo!, ¡lo tienen agarrado de los huevos!
—¡Es la madre de mi retoño!, ¿qué demonios esperas? Tengo que hacer… Algo, lo que sea, joder, no lo sé.
Suspiré y seguí observando la interacción entre esos dos. No tenía muchas ganas de hablar, aunque el acto de Emmett se me hacía de lo más malditamente adorable, no había palabras para decirle. Me crucé de brazos sobre el mesón y apoyé mi cabeza en ellos, cerrando los ojos en el proceso. Recordando el fatídico día de ayer.
Me había hecho tres malditos test y todos habían salido negativo.
Me sentía asquerosamente decepcionada. Lo que era absurdo, si tanto quería un bebé, demonios, podía seguir intentándolo con minino, ¿no? Pero… No lo sé, creo que después de todo me había hecho a la idea de que había un cincuenta por ciento de probabilidad de que un mocoso estuviera creciendo dentro de mí. Suspiré nuevamente y me hundí más en mi miseria. Me estaba comportando como la más grande reina del drama aquí, gracias al cielo Edward no sabía nada acerca de esto. ¿Se pueden siquiera imaginar su cara por la simple ilusión que le hubiera dado? Eso rompe mi corazón un poco más de lo que ya lo está.
—¡Eh!, ¡B! —Alcé un poco la cabeza para mirar fijamente a Emmett— Nena, ¿todo bien?
—Perfectamente, Grizz —le guiñé un ojo y traté de sonreír. Apunté las bolsas que aun sostenía en sus manos— Eso está de lujo. ¿Sabes? Dicen que los antojos son psicológicos, que realmente no es el bebé pidiendo y una mierda… Pero, carajos, unos cuantos chocolates a mitad de la noche te calman, eh.
—Recuerdo cuando nos hiciste buscar un Subway en Iowa —entorné mis ojos por el recuerdo—, toda la maldita noche recorriendo la ciudad, ¡toda la maldita noche! —Tink asintió respaldando las palabras de Grizz.
—Oh, esa fue la primera vez en que se comió uno de treinta centímetros de un bocado.
—¿Algún día olvidarán esa mierda?, Floyd tuvo la culpa, él estuvo pateando mi panza toda la noche. Era como si el enano me dijera "Hey, ma', no nos vendría mal un poco de grasa aquí dentro". —me encogí de hombros y luego alcé mis brazos al aire, estirándome en mi asiento.
La campanilla de la tienda sonó, anunciando a un cliente.
Una chica venía entrando junto al tipo de la verga grande. James, vaya, no pensé volver a verlo tan pronto. Estoy segura de que Tink soltó un bajo gemido enfurruñado al ver como esos dos entraban tomados de las manos. A la mierda su meta de probar esa polla, ya vendrán otras descomunales amigas, tenlo por seguro. El James Dean del siglo veintiuno nos sonrió abiertamente, acercándose a nosotros con ese andar felino que lo había caracterizado la primera vez. Ver a la pareja era como volver a los años sesenta, realmente, una pequeña vista a Rebel Without a Cause (1). Ella llevaba una bonita vestimenta rockera, pero de antaño, lucía como una chica pin-up (2) con el jopo en el que había peinado su cabello. Tenía un hermoso cabello anaranjado, y era casi tan alta como él. Joder, claro que iba a ser así de alta si andaba en esos tacones rojos de muerte. Unos veinte centímetros le echo a los tacones.
—¡No esperábamos tenerte tan pronto aquí! —hablé, ya que nadie decía nada. El rubio sonrió.
—Bueno, mi chica aquí quiere agregar una nueva perforación a su cuerpo y recordé tus manos. Tus suaves y milagrosas manos, nena —él me guiñó un ojo y se apoyó contra el mesón—. Por cierto, todo va de maravillas ahí abajo.
—Me alegro, no querríamos que se infectara… —sonreí y negué con mi cabeza divertida— No, definitivamente no querríamos que eso —apunté a su entrepierna y reí— se infectara. Bien, entonces, ¿qué puedo hacer por ti muñeca? —mi atención se fue hacia la pelirroja mujer que estaba junto a él.
—Victoria, puedes llamarme Vic.
—B, a tus órdenes —estiré mi mano esperando que la estrechara. Ella lo hizo, y me regaló una hermosa sonrisa— Ella es Tink —apunté a mi amiga, quien sonrió e hizo un gesto con su mano—, tatuadora a tiempo completo —reí—, y aquí tenemos a nuestro oso, Grizz —Emmett tomó la mano de la chica y dejó un beso sobre su dorso—, está practicando sus dotes de caballero para encantar a la madre de su futuro retoño.
—¿Futuro retoño? —Mi oso sonrió orgullosamente y asintió—, ¡enhorabuena!
Luego de eso guie a la chica a la sala de perforaciones. James se quedó junto a los chicos conversando acerca de la vida y cosas sin sentidos. Una vez estuvimos dentro le indiqué que se sentara en la silla reclinable, y le entregué el libro donde tenía todos los tipos de piercing que podía realizar. Ella sabía lo que quería, así que fue rápidamente hacia la sección de los piercings en los genitales. Como si me sorprendiera, su chico tenía uno ahí en esa imponente verga suya.
—Christina—murmuré, viendo la fotografía que me mostraba—. Sexy, realmente.
El piercing Christina era de lo más común en los genitales femeninos. Había hecho ya unos cuantos, consistía en un arete que atravesaba el pliegue superior de los labios mayores de la vagina y tenía salida por la vulva. Este tipo de arete era más algo estético, por así decirlo, ya que no causaba ningún estímulo sexual porque no alcanzaba a hacer contacto con las partes esenciales. Era… Bonito, me gustaba, Tink llevaba uno de estos, aunque ella no llevaba precisamente un Christina, era más bien un Hood. Esos sí que ayudan a estimular en el acto, no vaya a saber yo de esas mierdas. Justo en el capullo, por algo Tink gritaba como un becerro cuando se la follaban.
No haré más aclaraciones de por qué demonios sé que tiene eso ahí.
—James dice que tienes unas manos de oro.
—Él es un maldito embaucador —reí—, acomódate sobre la silla, pero necesito que quites tu ropa primero. —Ella asintió y comenzó a desvestirse de la cintura para abajo. Yo empecé a preparar todo, sacando el arete de acero quirúrgico que se utilizaba, la férula y enguantando mis manos luego de lavarlas bien— Bien, Vic, necesito que pongas tus piernas arriba… Eso es muñeca, imagina que estás en el jodido ginecólogo o una mierda parecida… —ella rio y me hizo caso, acomodando sus pies e cada extremo de la silla.
Me sentía putamente lesbiana en esta posición, pero bueno, gajes del oficio.
Tomé mi piso y lo acomodé frente a la vagina de la chica. Ah, Dios, era como un deja vu. Primero tuve la verga de su novio alzándose imponente frente a mí y ahora aquí estaba, su estirada vagina diciéndome "hola". Gracias al cielo la chica estaba completamente depilada ahí abajo, suave como el trasero de un bebé. Me acerqué al lugar de la perforación, tomé la férula con mi mano derecha y la otra la puse sobre su monte de Venus, marqué el lugar por el que entraría la aguja y por el que saldría con uno de mis plumones. Estaba ensimismada en mi trabajo, debía doler como los mil demonios que te pongan algo ahí, ¿no? Digo, sí, tengo unos cuantos tatuajes, gran cosa, pero nunca me pondría una mierda metálica en la puta vagina. Joder, no, esa solo la toca minino ahora, eh.
—¿Por qué cada vez que vengo aquí te encuentro en una posición… Comprometedora?
Alcé mi cabeza de entre las piernas de Victoria y sonreí a la persona que estaba de pie en el umbral de la puerta. Minino estaba completamente rojo y sus ojos estaban clavados en el techo de la pequeña habitación, claramente no quería mirar hacia mí porque tenía un coño en frente que lo hacía ponerse nervioso. ¿Qué tan adorable podía ser eso?, ¡un hombre intimidado por una vagina! Él carraspeó y rascó su barbilla, dirigiendo su verde mirada hacia mí por un segundo y luego volviendo a desviarla. Era una ternurita, con un demonio.
—Tú tienes que aprender a golpear la puerta antes de entrar a un lugar, ¿y si Victoria se sintiera incómoda con esto qué harías minino? Yo no voy a tu consulta así como así —alcé mis cejas en su dirección, viendo cómo se sonrojaba aún más por la vergüenza.
—Yo… Lo siento… Alice y Emmett, ellos no me dijeron… Ellos solo me dijeron que entrara, incluso el… —desordenó su cabello— El tipo que está con ellos, el de la otra vez, ¡él dijo que no habría problema en que entrara!
—¿Es tu hombre? —me preguntó Victoria, sonriente. Ella echó su cabeza hacia atrás y observó a Edward desde abajo hacia arriba— No me molesta que estés aquí, muñeco, no hay porqué ponerse nerviosos, no es algo que no hayas visto antes, ¿no? —las orejas de minino se tornaron rojas y volvió a desviar la mirada. Vic soltó un pequeño "aww" antes de posar su mirada en mí una vez más— ¡Se sonroja!
Edward cubrió su rostro con ambas manos y suspiró sonoramente.
Solté una enrome carcajada y volví a mi trabajo.
Cuando el arete estuvo en su lugar le di todas las indicaciones a Vic sobre el cuidado, que la cicatrización duraría cerca de cuatro meses y que procurara tener un cuidado mayor con el roce de la ropa en esa área, aunque era algo imposible ya que de por sí iba a pasar. Ella me agradeció, alabando al igual que su novio mi tacto para hacer perforaciones. Ellos decían que no dolía, y demonios, sabía que era buena en esto, ¡alimentaban mi ego con sus palabras! No es que me esté quejando tampoco, que va, ellos pueden hacerlo cuanto quieran.
—Ve al mesón de la entrada, Tink te hará la boleta y te entregara el papel con los cuidados, ¿sí? Como le dijimos a James también, cualquier problema, queja o duda que tengas no dudes en venir, estaremos aquí esperando —ella asintió y dejó un rápido beso sobre mi mejilla a modo de despedida.
—James tiene razón, ¡ustedes rockean!
Y ella abandonó la sala de perforado, no sin antes dejar un beso sobre la mejilla de mi sonrojado minino.
—¿Qué es eso tan importante que no podía esperar?
—Realmente lo siento, Bella —él tenía una cara de los más afligida—, prometo que golpearé la próxima vez. —asentí acercándome a él. Jalé de su mano hacia el interior de la habitación y cerré la puerta cuando estuve finalmente dentro— Uh, recibí una llamada del colegio de los chicos.
—¿Ah sí? —tomé asiento en la silla, frente a Edward que se había sentado en mi piso.
—La maestra Weber dice que ha estado tratando de comunicarse contigo toda la mañana, ¿no tienes el teléfono a tu lado? —fruncí el ceño y lo saqué del bolsillo trasero de mi pantalón. Genial, me había quedado sin carga aparentemente.
—Demonios, olvidé cargarlo. ¿Pasó algo? —Minino desordenó su cabello con frustración. Fruncí el ceño y sostuve su rostro entre mis manos— ¿Minino?, ¿le pasó algo a los mocosos?... ¿Es ese Ethan otra vez? Joder, yo romperé la cara de su maldito padre si…
—En realidad, uh, Floyd… Fue Floyd.
—¿Qué hizo Floyd?
—No estoy muy seguro, pero… Bueno, debemos partir a la primaria, la maestra dijo que nos estaría esperando.
Asentí, poniéndome de pie sin decir nada más.
Minino me detuvo, posando su mano delicadamente sobre mi brazo.
—¿Qué pasa ahora?
—¿Estás bien? —preguntó, frunciendo el ceño ligeramente y acariciando mi mejilla con su mano. Pasó el dorso de esta con lentitud a través de mi mandíbula y luego ahuecó mi mejilla con su palma— Te noto… Decaída, ¿estás bien, amor?
Hice una mueca divertida con mis labios y asentí repetidas veces.
—Estoy perfectamente bien, minino —dejé un rápido beso sobre sus labios. Él no dejaba de fruncirme el ceño, y sus ojos me observaban fijamente, como si estuviera tratando de ver más allá de mi supuesta alegría— Edward, estoy bien, ¿sí? No tengo nada, demonios, ¿qué podría pasarme?
—No lo sé, Isabella, dímelo tú.
—Estás paranoico, bebé. —Entorné mis ojos y di media vuelta— Vamos por los enanos, ¿sí?
Edward sostuvo su insistente mirada en mí, hasta que desistió. Suspirando tomó la mano que le estaba ofreciendo y ambos abandonamos la habitación de perforado. Entrecerré mis ojos y me quedé en mi lugar por un tiempo más de lo estimado, minino le dio un suave apretón a mi mano, confundido. Allí conversando amenamente con Tink estaba el mismo tipo de la otra vez, el de traje y supuesto hermano de Alec. ¿Qué demonios hacía aquí otra vez?, ¿era el día de los reencuentros?, ¿primero verga larga y ahora el oficinista este?
—¿Quién es él?
—Un antiguo amigo, ¿puedes esperarme fuera? Iré en unos minutos, necesito hacerle una pregunta.
—Puedo esperarte aquí mientras le haces la pregunta, es más, puedo ir contigo —mis labios se curvaron en una pequeña sonrisa.
—Él no fue ninguno de mis novios, si estás pensando en eso y decidiste mostrar tu vena celosa en último minuto. Así que no tienes de que preocuparte, no lo conozco desnudo, y si lo conociera… Bueno, pierde cuidado, solo quiero verte desnudo a ti ahora… Y si quisiera engañarte, te lo diría o alguna mierda.
—No estoy… —alcé una de mis cejas. Minino suspiró y desordenó su cabello— Bien, te espero fuera.
Vi como él miró por el rabillo de su ojo a Demetri, después de despedirse de Tink y salir.
Me acerqué a ambos tranquilamente, escondiendo mis manos en los bolsillos traseros de mi desgastado jean. Le sonreí tirantemente a Demetri, quien sonrió de vuelta, un brillo de algo refulgió en sus ojos al ver mi expresión. Diversión y algo más. Yo no quería divertirlo, maldita sea, yo solo quería saber qué demonios andaba haciendo el hermano de Capo por estos lados. Ahora que podía observarlo con mayor claridad, podía ver las semejanzas con Alec. Como por ejemplo el mismo color de cabello marrón, la fuerte mandíbula y la respingona nariz. Pero sus ojos eran de un extraño color ámbar, mientras que los de Alec eran de un fuerte color azul. Demetri tenía también esa misma sonrisilla llena de suficiencia que me sacaba de quicio ver en los labios de Capo.
—¿Nuevamente aquí? —pregunté, como quien no quiere la cosa.
—Gajes del oficio —se encogió de hombros—, ¿cómo has estado bella?
—Perfectamente, ¿Alec te envió a hacer un nuevo chequeo? —él titubeó y luego sonrió.
—Eh, algo así. —Suspiré y me acerqué a él, cuando estuve a una distancia prudente –entiéndase frente a frente de manera amenazadora, porque, demonios, él estaba acabando con mi paciencia– entrecerré mis ojos y golpeé su pecho con mi dedo índice.
—Tengo un mensaje para tu hermano, y espero que se lo hagas llegar o me enojaré muchísimo. —Demetri asintió, completamente divertido, para nada intimidado como esperaba. ¿Por qué iba a estarlo de todos modos? El tipo me sacaba dos cabezas de altura—: "Si tienes algo que ver conmigo aún, ven en persona a arreglarlo, tú cobarde cabrón".
—¿Estás segura del "cobarde cabrón"?
—Infiernos, sí.
Sabía que Alec se enojaría como los mil demonios por eso.
Más que por el cabrón en sí, si no por haberlo llamado "cobarde".
Sin despedirme de Demetri Russo, dejé la tienda bajo el cuidado de Tink mientras iba a solucionar los asuntos que tenía. Minino me esperaba apoyado pacientemente contra su plateado auto. Subimos al Volvo de minino y llegamos en un abrir y cerrar de ojos a la primaria. Amaba con locura y pasión mi motocicleta, pero el suave ronroneo que producía el Volvo de Edward al encender me recordaba a él, era como un pequeño gatito, así que por eso le tenía un poco de aprecio al pijo auto. Nos bajamos bajo las atentas miradas de los transeúntes, ellos aún no se acostumbraban del todo ver al doctor Cullen junto a la escoria del pueblo. Ya se les iba a pasar, eventualmente, no es como si me importa una mierda de todos modos.
—¿Podemos pasar a la oficina de Rose antes? Necesito verificar algo.
—Lo que digas, minino —me encogí de hombros y lo dejé guiarme.
Cuando entramos a la oficina de la directora King tuve que cubrir mi boca con mi mano rápidamente para amortiguar la carcajada que estuvo a punto de salir. Rosalie estaba completamente sonrojada y negaba con su cabeza, la cual sostenía entre sus manos. Grizz estaba de pie frente a ella sosteniendo las bolsas del súper con los bocadillos dentro. Cuando minino abrió la puerta Emmett nos observó por sobre su hombro e hizo una extraña expresión con su boca, apuntando a una muy avergonzada Rosalie.
—Yo quería cuidar de mis chicas, ya saben.
Rose gimió por las palabras de Grizz.
—No sabemos siquiera si es una niña, Emmett.
—Lo será, ángel, una pequeña osita de papá, solo espera y verás. —Él le guiñó un ojo y no pude evitar apreciar la pequeña sonrisa que se instaló en los labios de la rubia. Una sonrisa diminuta, casi imperceptible— Entonces, dime, ¿qué coño se supone que hago con esto? Aquí tienes unos cuantos chocolates… Mantequilla de maní… ¡Oh!, también encontré unos yogur con trocitos de fruta, se ven malditamente deliciosos —Grizz pasó la lengua por sus labios y Rosalie se sonrojó aún más.
Creo que los sonrojos estaban patentados por los Cullen-Hale.
—Emmett, no tendrías que haberte molestado…
—Y una mierda, ángel, cuidaré de ti, lo dije, ¿no? Soy bueno cuidando mujeres panzonas… —le guiñó un ojo y se giró hacia mí— Anda B, nena, dile que soy el mejor cuidador que podrá tener.
—Él se levantaría a las cuatro de la mañana por ti, es un hecho Rosalie.
La rubia sonrió dulcemente a mis palabras.
Extraño tener la palabra dulce y Rosalie en una misma frase.
—Pero no necesito todo… Todo eso —apuntó las bolsas repletas de chucherías. Rosalie se puso de pie y se acercó a Emmett, dejando un pequeño beso sobre su mejilla tomó las bolsas de sus manos—. Supongo que puedo guardar el resto, me quedaré con los chocolates por hoy. Muchas gracias, Emmett.
—No es nada, hermosa, lo que sea para mis chicas —mi grandulón tomó el rostro de Rose entre sus manos con delicadeza y plantó un adorable beso sobre sus labios.
Alcé una de mis cejas y le di un suave codazo a minino, quien se inclinó levemente a mí.
—¿Puedes sentirlo?
—Sentir… ¿Sentir el qué? —me preguntó con confusión.
Sin quitar mis ojos de la extraña y demasiado amorosa pareja, continué.
—La diabetes haciendo presencia en tu cuerpo, exudan tanta dulzura que el ambiente se siente malditamente pegajoso —Simba sonrió con diversión e hizo un ademán con su cabeza, secundando mis palabras— Eh, lamento interrumpir el emotivo momento entre ambos, pero… ¿No tenías que hacer algo aquí bebé?
Rosalie se alejó de Grizz como si el pobre bastardo tuviera la peste. Ella carraspeó y enderezó su espalda, volviendo a tomar esa personalidad de mierda de "mírenme, soy una vil perra del demonio". Era extraño verla tan malditamente tiernucha con mi oso, mi puto oso, que era un osito cariñosito de lo peor. Yo sabía que si ella intentaba a romper el gran corazón de Grizzly, bueno, su culo preñado iba a terminar pateado. Sentí un golpe en mis costillas, ligero, indoloro. Con el ceño fruncido observé a Emmett que estaba junto a mí, sus ojos estaban entrecerrados y había cruzado sus brazos por sobre su pecho.
—Deja de mirar así a mi chica. —Susurró en un bajo volumen para que solo yo escuchara.
—¿Cómo la estoy mirando?
—Como si quisieras advertirle algo, no lo hagas B.
—Oh, lo estoy haciendo —sonreí—. Tú solo deberías aprender a no confiar tanto.
—Y tu deberías aprender a… —alcé una de mis cejas esperando a que continuara. Él rascó su nuca y soltó un sonoro resoplido que llamó la atención de los primos que conversaban frente a nosotros— ¡Demonios!, ¡has ganado esta vez enana!
Reí y rodeé su cintura con mis brazos dándole un suave apretón y dejando un rápido beso en la mejilla.
—No quiero que te hagan daño, idiota. Eres mi hermano, y tú lo sabes, esa de ahí hace algo para romperte y yo no tendré problemas en usar a Ralph —levanté mi puño—, así que deberías decirle, solo por si las moscas.
—Ella no romperá mi corazón, es imposible que lo haga, nena. ¿La has visto? Está loca por mí. —Grizz sonrió con socarronería— Si intentara hacerlo no creería una mierda, de todos modos… Es que es enserio, ¿lo has notado? Pongo un dedo sobre ella y ¡boom, hermana! Mi ángel se derrite. No tiene nada que temer.
—Eres un puto engreído.
—Honesto, compañera. Simplemente soy honesto.
Ambos sonreímos y volvimos a observar a nuestras respectivas parejas.
Parejas.
Joder, ya habíamos caído dos. Tink era la salvación del trío.
Aunque, siendo sinceros, tampoco le quedaba mucho para caer también.
—… Ya sabes, cualquier malestar, puedes consultarme Rosie, yo estaré disponible para ti. Pero si resultara ser algo más grave no dudes en ir al hospital inmediatamente, ¿sí? Tengo algunos conocimientos, pero no es mi área y no querríamos que algo pasara, ¿no?
—Por supuesto que no —ella cubrió su panza con ambas de sus manos— Muchas gracias, Edd. —Le sonrió con cariño y le dio un dulce abrazo a mi minino— Espero que no te moleste que mis tíos me hayan dejado quedarme en tu antigua habitación.
—Rosie, por favor —minino entornó sus ojos—, es toda tuya, ocúpala cuanto quieras. ¿Qué hay con tu flamante marido?
—Me ignora, completamente. —La rubia suspiró con pesadez— Ni siquiera quiere iniciar los papeles para el divorcio, él simplemente… Está ignorando todo esto… Pero seguiré insistiendo, yo… —Ella le dio una rápida mirada a Emmett y se sonrojo— Bueno, veré que puedo hacer, si no hace caso…
—Yo me ocuparé de él, ángel. La Cosa tendrá que entender de un modo u otro —Grizz hizo tronar sus dedos y sus labios se curvaron en una juguetona sonrisa—, ¿no crees B?
—Sabes dónde encontrarme si necesitas ayuda. Tú solo dime cuando y yo…
—¡No! —gritaron ambos primos con exaltación.
Grizzly y yo nos largamos a reír.
Claro que no estábamos hablando… Tan en serio, después de todo.
…
Cuando llegamos al salón de los mocosos la maestra Weber nos esperaba pacientemente tras su escritorio. La imagen que me topé al entrar fue un tanto perturbadora y jodidamente graciosa. Demonios, yo tenía que mostrarme como la mamá seria que no era, pero, Dios, Floyd estaba escribiendo en el pizarrón a lo muy Bart Simpson. No "escribiendo" en realidad porque, vamos, tiene cinco años, no es algún tipo de niño genio. Él estaba llenando el pizarrón de caritas tristes, en letras grandes como título decía "No debo decir malas palabras", claramente con la letra de la maestra. Gemí internamente porque sentía la mirada de minino clavada en mí, creo que el tarro de las groserías no ayudaba en nada porque, joder, yo seguía igual de deslenguada que antes. Trataba de no insultar delante de los renacuajos, lo juro por el de allá arriba, pero me era tan malditamente difícil. Suspiré y desordené mi cabello, acercándome al escritorio de la maestra y apoyando mis manos sobre este súbitamente. La maestra Weber se sobresaltó por mi brusco movimiento, ella dio un pequeño respingo y me miró horrorizada tras esas grandes gafas que traía.
—¿Qué fue lo que hizo? Y quiero la versión completa, sin censura. —Observé a Floyd que seguía dibujando deformes caritas tristes en el pizarrón— ¡Hablaremos de esto en casa, señorito! —vi su labio inferior sobresalir, pero, como el terco hombrecito que era, siguió en lo suyo.
Claro, ignoremos a mamá.
—Bueno, señora Swan, Floyd insultó a algunos de sus compañeritos el día de hoy.
—¡Pero ellos me estaban molestando! —chilló mi enano, frunciendo el ceño e inflando sus mejillas.
—¡Los grandes estamos hablando aquí!, vuelve a hacer lo que estás haciendo Floyd Swan, ahora. —arqueé mis cejas en su dirección, esperando que obedeciera. Él me retó con la mirada, hasta que finalmente, luego de dar un fuerte pisotón en el suelo, siguió con lo suyo— Lo siento por eso, eh, continua por favor.
—Floyd los llamó… "Cara de culo" —ese probablemente provenía de Tink—, él también dijo "coño" —Grizz, definitivamente—, aparte de soltar unos "cabrón", "mierda" y al final gritó un "puta madre". —Vale, esos eran de mi total autoría.
Suspiré y refregué mi rostro con una de mis manos.
—Realmente lo siento por eso, hablaré con él en casa, ¿sí? Sé que… Uh, bueno, esto es totalmente mi culpa. Pero creí tenerlo controlado, no es un misterio que el mocoso tiene una mamá un tanto mal hablada… —Minino carraspeó tras de mí, le di una fea mirada y seguí— Vale, mierda, bastante mal hablada. ¿Estás contento ahora? —Simba me sonrió complacido y asintió— Esto no volverá a pasar, nosotros teníamos un acuerdo… —miré a mi hijo nuevamente— ¡El hada de los dientes estará molesta contigo renacuajo!
—¡Pero…Pero mis dientes!
—¡Tendrías que haberlo pensado antes!, ahora tu boca es una alcantarilla, ¿qué pasa con las alcantarillas?
—El hada de los dientes le teme a las alcantarillas. —Murmuró enfurruñado.
Ángela observaba nuestra interacción un tanto confundida. Minino soltó una pequeña risita.
—Ella le contó toda una historia acerca de cómo el hada de los dientes le teme a las alcantarillas, y que si alguna mala palabra salía de su boca, bueno… Tendría boca de alcantarilla —musitó hacia la maestra Weber, para que Floyd no escuchara. Ángela sonrió con diversión y levantó su dedo en aprobación.
Bueno, bueno, la historia no había servido de mucho si había despotricado como su madre hoy.
—Floyd, cariño, ya puedes detenerte. —Mi enano hizo caso a las palabras de su maestra y le entregó el lápiz de pizarra— Puedes ir a casa el día de hoy, ¿sí? Espero que mañana llegues con otra disposición. —Ella acarició su mejilla y sonrió— Sé que eres un niño grande ya, e inteligente, así que escucharas a mami como corresponde, ¿no?
—Sí, señodita Weber.
—Bien, ve con mamá… —Floyd se acercó lentamente a mí, titubeo un momento antes de pararse junto a Edward y se quedó allí de pie, con la cabeza gacha— Señor Cullen, Grace está con el resto de sus compañeros. El horario de salida es el mismo de siempre.
—Vendré a buscarla más tarde, entonces. Muchas gracias, maestra.
Abandonamos el establecimiento, minino y Floyd caminaban delante mío. Mi enano sostenía la mano de Simba entre las suyas como si se le fuera la vida en ello, él no me había dado ni siquiera una miradita. Sabía que iba a regañarlo por lo que había hecho, no sin antes escuchar lo que tenía que decir. Una vez llegamos al Volvo de Edward, él lo acomodó en el asiento trasero. Me subí al copiloto sin más, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.
Todo estaba en silencio.
—Es un niño.
—Oh, minino, guarda silencio. Él sabe que está jodido —me giré en el asiento y miré a Floyd—, lo sabes, renacuajo. La única maldita regla que teníamos, no decir malas palabras. Solo esa, solo una, ¡y él la desobedece!
—¡Pero ellos me estaban molestando! —chilló, alzando sus brazos al aire.
—¡Me vale verga jovencito!
—Isabella… —entorné mis ojos y clavé mi vista al frente cuando minino utilizo un tono de voz lleno de advertencia— Espera que lleguemos a casa, tranquilízate antes.
—¡Estoy tranquila!
—¿E-Estás enojada, mami?
Suspiré y volví a girarme en el asiento.
Los cafés ojos de mi enano estaban abnegados en lágrimas, pero no me iba a ablandar por eso. Con un demonio, ¡no iba a hacerlo!, ¡él había hecho algo mal y debía tenerlo claro! Asentí en su dirección y su labio inferior sobresalió como por acto reflejo. Ah, esta era una de las partes difíciles de ser padres, porque al ver sus tiernas caritas llenas de congoja te daban ganas de mandar todo a la mierda y acurrucarlos en tus brazos sin importar el qué.
—¿Qué fue lo que pasó? —pregunté cuando dio una luz roja.
—E-Ellos se estaban burlando de mí… —murmuró, retorciendo sus manitas— Ellos dijeron palabras feas sobre ti. —Alcé ambas cejas con sorpresa— Decían que sus papis dicen que estás loca y que tío Grizz también, y que estamos todos locos.
—Bueno, hijo mío, cuando crezcas te darás cuenta de que así es —estuve a punto de sonreír pero me contuve, recordando que debía parecer seria— ¿Cuántas veces te he dicho que importa popó lo que la gente hable de ti? No vivimos de ello, corazón, vivimos de lo que mamá saca en la tienda de tatuados…
—Papá también me compra skittles…
—¿Tú le compras…?
—Uh, bueno, él… Ya sabes esa cara que pone cuando quiere algo —minino desordenó su cabello con nerviosismo—, no pude negarme. Ni siquiera a Grace le compro de esos dulces nocivos para su salud y nuestro campeón me sacó una bolsa de esas cosas usando su magia.
—Vale, está bien, entiendo completamente eso bebé.
—Yo soy tu bebé —observé a Floyd quien había dejado de lado su estado lacrimógeno de segundos atrás para cambiar a uno de molestia— Le dijiste bebé a papá, yo soy tu bebé mami. Solo yo… Uh, y a veces Grace.
Por el rabillo de mi ojo pude ver la disimulada sonrisa de minino.
—Como sea, enano… ¡Me estás cambiando el tema aquí!, tú te mereces un castigo y mamá pensará en uno ahora, porque esto no se quedará así. Y si vuelven a hablar cosas tus compañeros, ignóralos, o dame sus nombres y yo personalmente les mostraré que tan loca estoy, ¿entendido?
—Sí, mami —murmuró con la cabeza gacha.
—Mhmm —puse mis dedos en mi barbilla de modo pensante—, ¿cuál crees tú que sería un buen castigo, minino?
—No me gusta la palabra "castigo" —arruinando todo, algo muy característico de la bondad de Edward—, pero… Creo que papá tiene en casa algunos cuentos sobre decir malas palabras, ¿qué te parece eso?
Eso era un jodido castigo.
Digo, ¿cómo no va a ser un puto castigo estar toda una tarde escuchando a Carli hablar de su señor?
Santa mierda, pobre de mi hijo.
…
—Bella, todo saldrá bien, ¿sí?, iremos por Grace y nos quedaremos con ambos. ¡Haremos una gran pijamada entre los cuatro!, ¡ya verás que mañana este hombrecito no tendrá problemas!, ¿está todo aquí? —Asentí entregándole la mochila de Hora de Aventura de mi enano— Prometo dejarlos a la hora en la puerta de la primaria —Esme soltó un gritito de emoción— ¡Hace tiempo que Grace no se quedaba con nosotros!... ¡Y ahora tendré a otro pequeño más!
Ella era la más alegre con todo esto.
Yo aún estaba un tanto indecisa, digo, era primera vez que Floyd se quedaba lejos de mí por las noches.
—Se supone que esto no es para premiarlo, Esme… —mordí mi labio inferior— Diablos, él hizo algo malo, ¡esta idea no fue muy buena minino!
—Yo me encargaré de Floyd, Isabella —la voz del patriarca Cullen sonó desde mi espalda—, este pequeño quedará bajo mi manto por unos momentos… —Carli se agachó frente a Floyd y le guiñó un ojo— Mientras la abuela hornea las galletas, ¿sí?, pero es un secreto entre los dos —Floyd cubrió su boca y asintió repetidas veces al "susurro" del reverendo.
Gemí.
—Minino…
—Tendremos la noche para nosotros, al menos… ¿No te parece esa una buena idea?
Sus labios presionando sobre mi oído cuando susurró esas palabras para mí. Me abrazó desde atrás, enrollando sus brazos entorno a mi cintura, descansando sus manos sobre mi vientre. Me tensé por un imperceptible segundo que no pasó desapercibido para él, lo supe cuando hizo presión con sus manos en mi estómago. Demonios. Me estaba delatando sola, pero bueno, no podía evitarlo, joder, no podía evitar pensar en los malditos test de embarazo que me realice. Negué con mi cabeza y puse mi atención en la frase dicha por él. Es que… Mierda, ¿él había insinuado que estaríamos solos en casa toda la maldita noche? Eso era un "B, quiero que follemos por todos los rincones de mi puto hogar" ¿no?, ¿no?
—Me parece una idea de lo más genial, bebé, pero… Es solo que nunca Floyd se ha quedado lejos de mamá, ¿sabes? Y, uh, no lo sé, es extraño no tenerlo parloteando por las noches… — bufe, cruzándome de brazos— Estoy siendo toda una marica, Dios santo.
—Eres su mamá, por supuesto que estas un tanto aprehensiva con esto. Pero te prometo que nada le pasará bajo el cuidado de mis padres, amor, él estará bien junto a Grace.
—Sé que tus padres cuidarán de él, minino, joder, no soy estúpida, ellos no dejarían que nada le pasara.
—Estamos de acuerdo entonces.
Suspiré.
—Lo estamos —me solté de su agarre y tomé su rostro entre mis manos— No te salvarás de mi esta noche. Te quiero en cada maldito lugar de casa —él tragó saliva y sonreí—, en cada maldito lugar, minino. ¿Sabes lo que eso significa? —Edward negó lentamente con su cabeza. Acerqué mi rostro al suyo y junté nuestros labios en un fugaz beso— Que serás solamente mío.
—Ya lo soy.
—Lo sé. —sonreí abiertamente, dejando mis dientes al descubierto. Me separé de él y llamé a Floyd— ¡Renacuajo, ven a despedirte de mamá!
Floyd corrió hacia mí, él ya había olvidado todo. La riña que habíamos tenido sobre el auto, el castigo que le habían impuesto en la primaria. Su rostro sonriente me lo confirmó, y también cuando chocó abruptamente contra mí. Lo recibí con los brazos abiertos y llené su rostro de miles de besos, porque, joder, era mi bebé y no iba a estar conmigo por toda una noche. Mi enano reía cada que le daba un beso, se abrazaba de mi cuello fuertemente y trataba de esconder su cabecita en el hueco que conectaba mi cuello con mi hombro.
—¿Mañana iras por mí?
—Por supuesto —dejé un pequeño beso en la punta de su nariz. Floyd la arrugó y movió su cabeza, su cabello siguiendo sus movimientos—, ¿me extrañarás por la noche? —Él asintió—, pero no llorarás… ¿cierto? Porque eres un niño grande.
—Uh… ¿ni siquiera un poquito? —cerró uno de sus ojos y juntó sus deditos, mostrándome el tamaño. Solté una risotada y negué con mi cabeza— Pero un poquito bien chico, mami —volví a negar, sin dejar de sonreír. Floyd infló sus mejillas y asintió— ¿Y si te extraño mucho, mucho?
—Siempre puedes llamar por teléfono.
—¿Y si quiero volver a casa?
Miré fijamente sus hermosos e inocentes ojos.
—Entonces mamá vendrá a buscarte en un segundo, bebé.
Él me abrazó por el cuello y dejó un sonoro beso sobre mis labios.
Aw, me pequeño.
Puede que minino tuviera que jalarme hacia el auto, solo puede. Él se burló de mi todo el camino a casa, por lo sobreprotectora que estaba siendo con mi hijo. Bueno, noticia de último minuto, ¡es mi maldito hijo!, ¡si quiero ser sobreprotectora lo soy!, ¡que te den Cullen! Minino dejó de molestarme cuando vio que prácticamente lo estaba ignorando, una chica tiene derecho a molestarse, digo… Sí, infiernos, yo podía molestarme con él porque sí. Cuando llegamos a casa me bajé rápidamente del Volvo, minino me alcanzó cuando estaba entrando por la puerta principal. Él me detuvo por la muñeca, sujetando mi brazo suavemente entre sus dedos.
—Amor… Lo preguntaré nuevamente… ¿Estás segura de que estás bien?
—Estoy bien, Edward, demonios, ¡estoy bien!
Él alzó una de sus cejas y cerró la puerta tras de sí. Se recargó contra ella, sus brazos cruzados sobre su pecho, haciendo que la maldita camisa celeste que usaban el día de hoy se apegara deliciosamente a los músculos de sus brazos. Bueno, vaya, creo que me estaba dando un poco de hambre… Y calor. Su cabello apuntaba a todas direcciones y tenía una severa mirada en sus ojos. Él estaba haciendo eso de nuevo, eso de tratar de ver más allá de mí con sus ojos. Ah, mierda, que alguien le diga que esa cosa es malditamente imposible de hacer, ¿qué es lo que puede ver con sus ojos? A mí. Sí. ¿Sentimientos?, ¿pensamientos? ¡Vamos!, ¡el tipo de X-men era el que hacía eso de los pensamientos! A no ser que minino tuviera un maldito súper poder, joder, estaba desperdiciando su puto tiempo.
—Últimamente has estado muy… Cascarrabias —sonreí tenuemente por la palabra que eligió— Bella, cariño, confía en mí. Si algo te está molestando dímelo, entre los dos podremos llevarlo. —suspiré. Edward era tan malditamente perfecto. Y sensible. Y por eso no podía decírselo, no es como… Ah, era mi culpa.
¡Yo estaba poniéndole mucho embrollo a todo esto!
—Créeme cuando te digo que no es nada, soy solo yo siendo estúpida, ¿sí?
—No eres estúpida —murmuró, acariciando mis brazos tiernamente con la punta de sus dedos—, eres hermosa.
—Y tú eres un maldito cursi, pero ahora… Nosotros teníamos algo planeado para esta noche. —sonreí y me acerqué más a él, pegando nuestros pechos. Una de mis manos viajó hasta su rostro para deleitarse con la suave piel de su mandíbula. Se había afeitado apenas esta mañana, aun y cuando me encantaba con esa sexy barba de dos días, cuando estaba recién rasurado se veía más joven, más… Inocente.
—Soy todo tuyo esta noche —susurró sobre mis labios, una pequeña sonrisa tirando las comisuras de sus labios.
—¿Solo esta noche? —Minino negó lentamente con su cabeza.
—Siempre.
Su espalda golpeó contra la puerta cuando empujé su cuerpo sin delicadeza alguna. Me apoderé sus labios fieramente, nuestras bocas se movían juntas a la perfección, su lengua buscando la mía con locura. Necesitaba esto, demonios que sí lo necesitaba todo de él. Minino agarró mis muslos con fuerza, eso fue todo lo que necesité para entender su punto. De un momento a otro era yo la que estaba siendo acorralada contra la puerta, mis piernas entorno a su cintura, nuestros sexos apenas tocándose por sobre la ropa. Simba ronroneó como un verdadero gatito, sus labios dejando pequeños besos por toda la extensión de mi cuello. Amaba cuando hacía eso, se sentía la diferencia a causa de la rasuración. Cuando tenía barba me daba cosquillas y ahora era suavidad pura.
Oh, yo ya me estaba imaginando como iba a ser esto.
La cocina ya la habíamos ocupado, descartado.
La sala de estar, vendría la maldita revancha de esa vez en que fuimos encontrados in-fraganti por Floyd. Ese puto sofá iba a ser jodidamente mío esta noche, señores. B iba a tomar a su hombre en esa mierda finalmente.
O eso era lo que pretendía.
Al menos hasta que el maldito timbre comenzó a sonar incesantemente.
—¡Jodida mierda!
Minino rio suavemente, su cabeza inclinada entre mis pechos.
—Creo que tenemos compañía, amor.
—¡No es gracioso!, ¡odio quedarme con las putas ganas! —le di un golpe con mi puño a la puerta a la misma vez que Edward me ayudaba a ponerme de pie y acomodaba mi ropa con una ternura extrema.
Abrí la puerta de sopetón, jodidamente cabreada.
—¿Qué carajos están haciendo todos ustedes aquí?
Querían arruinarme mi maldita noche, joder.
¡Era una noche sin niños!, ¡era mi noche con minino para mancillar toda la puta casa de una vez!
Tink se encogió de hombros y pasó de mí y minino, dirigiéndose hacia la sala de estar como si fuera la puta dueña de casa. Cobain alzó sus cejas y sostuvo la botella de Tequila en el aire mientras seguía como un pobre perro los pasos de Alice. Y por último estaba Grizz, quien sonreía con picardía y me mostraba abiertamente la cajetilla de cigarrillos y la bolsa de limones que traía en su otra mano. Negué con mi cabeza y suspiré, haciéndome a un lado para dejarlo entrar.
—¿Qué es todo esto? —preguntó minino.
—Bueno, joder, no tengo ni la más puta idea —él observaba a los chicos con confusión y yo estaba jodidamente molesta. ¡No les costaba llamar o alguna mierda de esas que hacía la gente normal!, por culpa de ellos después molestaban a mi renacuajo, por supuesto, ¿qué de normal teníamos?— ¿Qué es lo que pretenden con eso?, y ¿qué parte de "esta será mi noche" no entendieron cuando los llamé?
—Estábamos aburridos como la mierda. —Cobain se recargó en el sofá y puso sus pies sobre la mesa de centro.
—Y recordamos que los renacuajos estarían donde los abuelos, así que… —Grizz colocó el tequila junto a los limones sobre la mesa y sonrió— Trajimos unos cuantos amigos, ¿no creen que será divertido?
Mis ojos volaron a Tink, quien estaba sentada en el sofá junto a Cobain y sostenía unas cartas entre sus manos. Comenzó a revolverlas tranquilamente, bajo la atenta mirada de todos. Sus labios se curvaron en una sonrisa que no presagiaba nada bueno, nada excepto caso. La había visto en Montana, cuando tuvo la brillante idea de que montáramos a caballo completamente desnudos. Había visto esa jodida sonrisa en Nueva York, cuando retó a Grizz para que meara la maldita estatua de la libertad. Como dije, esa sonrisa no traía nada bueno.
Tink dejó la baraja de naipes sobre la mesa y le dio un suave golpecito con su uña.
—Entonces… ¿Alguien aquí sabe jugar strip póker?
—¿Strip póker? —Mi dulce gatito hizo esa pregunta con tanta inocencia e ignorancia que casi me hizo chillar por la ternura que desprendía, él se veía genuinamente confundido acerca de todo esto—, ¿se necesita alcohol para jugar a esto?, ¿cómo se juega? Nunca supe jugar cartas.
—Eddie es asqueroso jugando cartas, él ni siquiera puede jugar al maldito Culo Sucio. (3)
Mi minino se sonrojó avergonzado y Tink le dio un zape a Cobain en la cabeza.
—No avergüences a la ternurita aquí, idiota.
—¿Ternurita? —Cobain frunció el ceño— Eh, cabrón, deja de quitarme a mis chicas, ¿qué clase de hermano eres?
—Te recuerdo que Isabella fue mía primero, hermano. —minino le sonrió con cinismo.
—Vale, vale, déjense de mariconadas y empecemos con esto, ¿sí?
Todos terminamos sentándonos entorno a la mesa de centro, donde reposaba el mazo de cartas, el Tequila, los limones y la sal que había ido a buscar a la cocina junto con los vasos de shot (4). Ni siquiera sabía por qué demonios Edward tenía de esos tipos de vasos, pero que va, no es como si me importe. Tink comenzó a explicar las reglas lentamente para que mi hombre entendiera, él se veían tan adorablemente confundido. Algún día le daría un aneurisma por culpa de estos idiotas y sus improvisaciones. Cuando minino le preguntó a Tink por sexta vez si podía volver a explicar el juego, todos soltamos un suspiro.
—Mierda, me tomaré uno de estos porque, hombre, con tus preguntas me quedaré malditamente dormido aquí —Grizz se echó tequila en uno de los vasos y tomó, juntándolo con la sal y el limón— ¿Alguien más se anota? —Todos levantamos las manos excepto Edward— ¿Cullen?
—Paso.
—¡Oh vamos, no seas aguafiestas! —Tink hizo un puchero a minino, quien suspiró y asintió.
Emmett se las dio de barman sirviendo los vasos de todo el mundo.
Nos pusimos la sal en la mano, tomamos una rodaja de limón, ¡y bienvenida sea la fiesta!
Agh.
Ardía como la mierda cuando bajaba por la garganta, pero era tan jodidamente delicioso.
—Joderrr —Tink hizo una horrible mueca que nos hizo reír—, esa mierda sí que está fuerte. Me gusta —sonrió—. Ya que no podremos jugar póker porque el primor aquí no sabe y un maldito carajo acerca de eso… Jugaremos al Culo Sucio.
Minino gimió y cubrió su rostro con ambas manos.
—Vamos, no puede ser tan malo —Jasper soltó una enorme carcajada.
—Créeme B, es asquerosamente malo en eso.
—Bien, aquí vamos…
Tink era la que tenía el mazo de cartas y comenzó a explicar y repartir. El juego era sencillo, debía repartir cantidades iguales de cartas entre todos los participantes. Toda la baraja. Y se comenzaba a contar, desde el As hasta el Káiser, cuando salía el número, por ejemplo alguien decía "cuatro" y, oh, joder, ¡la carta sobre la mesa era el cuatro! Debías poner tu palma sobre la puta carta lo más rápido posible. Él que pone la mano de último lugar es el maldito perdedor. ¿Cómo demonio minino no podía entender algo tan fácil? Cuando Tink terminó de repartir las cartas, el juego comenzó inmediatamente.
De fondo se escuchaban las guitarras resonar, con Killing in the name of (5) sonando en la radio.
Cobain fue quien comenzó ya que estaba sentado junto a Tink.
Los cinco estábamos pendiente de las cartas, hasta que por ahí por la sexta ronda, y justo en el turno de mi pobre minino, salió la carta del tres de trébol en el preciso momento en que Edward pronunciaba "tres" con sus labios. Fue un maldito caos cuando todas las manos cayeron sobre la indefensa carta, y… Dios, minino nos observaba asombrados, ni siquiera había tenido tiempo de poner ni un puto dedo sobre el manojo de naipes que estaba sobre la mesita de centro.
—Bueno, alguien tendrá que quitarse una prenda —murmuró Tink, sonriendo con picardía.
—¿Quitarme una prenda?
—¿Qué parte de "strip póker" sin el póker, no entendiste ternura? El perdedor debe pagar con una prenda, camarada, ve pensando que nos vas a entregar. Si quieres un consejo, yo me iría por la camisa —entorné mis ojos a las palabras de Tink y sonreí a minino.
—Puedes quitarte uno de tus zapatos, y así sucesivamente. No es necesario que te desnudes… Aún.
Lo primero que minino perdió fueron sus zapatos.
A eso le siguieron sus calcetines y la camisa celeste que usaba el día de hoy.
Él estaba sentado sobre el sofá descalzo, con la remera musculosa que utilizaba bajo su camisa, a punto de quitarse el cinturón que firmaba su pantalón porque había perdido nuevamente. Grizz y Cobain ya iban en su séptimo shot de tequila, y ellos habían arrastrado a minino con ellos, mientras que Tink y yo íbamos un tanto calmadas, por ahí por el cuarto. Tengan la imagen mental de Edward un tanto entonado, tratando de quitarse el cinturón con sus torpes dedos.
—¡No puedo creer que seas tan jodidamente un asco en esto!
La tronadora risa de Grizz hizo eco en la casa.
—Yo, uh… —Edward aun batallaba con el cinturón, hasta que finalmente lo sacó— ¡Aquí está el cabrón!
—Creo que a alguien se le subió el alcohol a la cabeza. —Reí, tomando el cinturón de sus manos y dejándolo sobre el resto de sus ropas— Si sigues así minino, pronto quedarás sin nada puesto —él se encogió de hombros despreocupadamente, volví a reír.
Oh, claro, él actuaba así ahora.
Mañana iba a querer esconderse bajo una puta roca, se los aseguro.
Seguimos con el juego tranquilamente, sin más.
—¡Toma esa hermano! —minino apuntó a Jasper con su dedo índice y comenzó a reír. Cobain había sido el último en poner la mano sobre las cartas porque puede que lo haya despistado un poco para que mi gatito tuviera su segundo de victoria.
—Bueno, que va, cabrón, no le tengo miedo a esta mierda —Cobain se quitó su playera, dejando su torso al descubierto. Tink lo observó por el rabillo de su ojo y soltó un bajo bufido— ¿Algo que te guste, hadita? Porque puede ser tuyo, solo si dices sí.
—Vete a la mierda. —Alice entornó sus ojos y siguió con el juego— ¡As!
El siguiente en perder fue Grizz, quien se quitó los pantalones, quedando solamente en su remera y un absurdo bóxer multicolor que había conseguido para él como regalo una vez que fuimos a una gay pride parade (6) en Baton Rouge, Luisiana. Recuerdo que Grizz obtuvo un sinfín de números telefónicos ese día, algunas mujeres con sorpresilla entre las piernas querían un poco de él.
—Las chicas aún tienen todo puesto, creo que deberíamos cambiar las reglas.
¿Era ese mi minino hablando?
—¡Me gusta como piensas Alf! —Grizz enrolló su brazo entorno al cuello de Edward y lo atrajo hacia sí en un destructor abrazo de camaradas— Los zapatos y calcetas y mierdas ancianas no deberían contar como prendas, vamos, es de maricas estar sacándose el puto zapato… —alzó sus cejas y sus manos volaron hacia arriba— Sin ofender, Alf.
—¡Secundo la moción! —chilló minino, tomándose un nuevo shot de tequila. Hice una mueca cuando vi su rostro retorcerse, lo observé con diversión. Me gustaba verlo desinhibido, era como un nuevo Edward… No, era el mismo minino solo que más expresivo y menos temeroso.
—¡Bueno, joder, está dicho entonces! —Cobain golpeó la mesa con su puño— ¡Tres contra uno, están jodidas mujeres!
Tink me observó alzando una de sus cejas, sus labios fruncidos tratando de contener la carcajada que quería abandonar su boa. Me encogí de hombros sin tomarle importancia a la oh-tan-suprema nueva regla que habían impuesto. Ellos podían inventarse miles de reglas, el problema era que ellos no iban a vencernos, era imposible que unos borrachos traseros nos vencieran, demonios.
…
Vale.
Vale.
Admito que hablé antes de lo debido.
—Esta será la última ronda…
—¡B, eres una aguafiestas!
—¡Cierra el pico cabrón!, ¡mira como está tu hermano!
Cobain, quien estaba desparramado en el sofá solo usando su bóxer y sus calcetines, se largó a reír sin más cuando sus azules ojos se posaron sobre un somnoliento y jodidamente borracho Edward. Minino no estaba tan borracho como yo lo había estado alguna vez, pero definitivamente él no estaba en todos sus cabales y en cualquier momento se daba de bruces contra el suelo porque sus ojos se cerraban debido al sueño. Se veía adorable, y malditamente caliente, enfundado en ese ajustado bóxer negro, tratando de mantenerse sentado recto sobre el sofá y no dormirse en el intento.
—Tienes… Definitivamente el menor de los Cullen se llevó el premio gordo, perra. —Tink apuntó la entrepierna de mi hombro con la carta que sostenía en su mano y luego la dejó sobre la mesa — Ocho —era un puto nueve, la carta.
—Te dije que minino estaba bastante bien ahí —sonreí—, nueve. —la carta resultó ser un As.
—¡Oh, vamos!, tampoco es la gran cosa —Cobain frunció el ceño y se inclinó hacia adelante, donde se encontraba Edward. Tink y yo no pudimos evitar reír, en compañía de Grizz, cuando Jasper comenzó a inspeccionar la carrocería de su hermanito— Digo, joder, las he visto más grandes. —Cobain dejó la carta sobre la mesa— Diez.
—¿Por qué carajos ibas tu a ver unas pollas grandes?, ¿te dio por experimentar o qué demonios?, —Grizz abrió sus ojos y, levantando su culo del sofá lo cubrió con ambas de sus manos rápidamente— ¿debería cubrir mi retaguardia?
—¡Hay algo que se llama porno, jodido idiota! —Cobain entornó sus ojos exasperado— ¡Y deja la maldita carta!
—¡Jota! —chilló Grizz, dejando un cuatro sobre la mesa.
—No sientas envidia, Cobain, ya te crecerá… O si no, siempre están los anuncios de "como agrandar tu polla unos diez centímetros más" justo en esas páginas que frecuentas. —Tink sonrió cínicamente. Era su turno— Quina.
—Jódanse, estoy seguro de que ustedes también la han visto más grandes.
—Eso, mi querido amigo, es porque no la has visto en acción. —sonreí, guiñándole un ojo a un enfurruñado Jasper, y dejé la carta sobre la mesa. Ni siquiera alcancé a decir "Káiser", ya había cuatro manos sobre la puta K, dejándome a mí como la perdedora— ¡La puta madre!
—Venga, nena, danos un poco de eso. —Tink me guiñó un ojo con coquetería.
Estaba en solo usando mis bragas de encaje negro y un maldito sujetador a juego.
Ser o no ser, he ahí el dilema.
Adiós, sujetador.
—¡Santa mierda! —cubrí mis pechos con mi brazo izquierdo mientras terminaba de quitarme el sujetador. Mis ojos se fueron rápidamente a Tink, quien tenía su vista pegada en minino. En una maldita parte específicamente— Nena… Mierda, yo te envidio jodidamente… ¡Tenías razón que no habíamos visto nada!
Bueno, creo que alguien se había visto demasiado feliz con la insulsa vista de mis pechos.
—Joder… —Cobain cubrió su rostro y suspiró— Vale, acepto que me he equivocado… ¡Pero que cañón tenías escondido hermanito!, quien iba a decirlo… Saliste igual que tu hermano mayor, un orgullo, ¡ven aquí hombre! —Jasper cubrió los desnudos hombros de Edward con su brazo en un fraternal gesto.
—¡Ya quisieras tú tener esa mina de oro entre las piernas! —gritó Tink.
—¿Q-Qué hice? —preguntó Simba, sus ojos idos observando de un lugar a otro, sin saber qué demonios estaba pasando realmente, él había estado en su propio mundo por vaya a saber Dios cuanto tiempo— ¿Perdí?
—Lo único que hiciste fue ser demasiado caliente para tu propio bien. Ven aquí, guapo —me puse de pie, aun cubriendo mis pechos con mi brazo izquierdo. Estiré mi mano desocupada a minino para que la tomara. El entrelazó nuestros dedos con torpeza, a la vez que se ponía de pie—, es hora de que vayas a dormir.
—Pero no quiero…
—Bebé, me agradecerás mañana.
Él hizo un adorable mohín con sus labios que me sacó una risita.
—Bien. —Respondió, suspirando— ¡Nos vemos chicos!, ¡están en su casa!
—Por favor… por favor, no hagan tantos destrozos.
—¡Lo juramos por la garrita! —gritaron los tres, alzando sus dedos meñiques.
Minino y yo nos despedimos, y así como estábamos subimos las escaleras para ir a nuestra habitación. Tuve que ayudar a Edward en alguno que otro peldaño cuando su equilibrio decidía jugarle una mala pasada y lo hacía tropezar con sus propios pies o alguna puta hormiga invisible que aparecía en el camino. El soltaba pequeñas risitas borrachas cuando tropezaba con el aire, yo solo sonreía y lo sujetaba firmemente de su brazo, sabiendo que eso no sería de mucha ayuda si a él se le ocurría caerse de culo, probablemente terminaríamos los dos en el suelo con unos hermosos cardenales.
—¿Quieres que te ayude minino?, estás un tanto… Desastroso.
Él rio y negó con su cabeza varias veces.
—Yo puedo hacer mis necesidades solo, Bella, ¿cómo podrías ayudarme tú en eso?
—Bueno, demonios, no lo sé, yo podría sostener tu polla para que tu puntería no falle. —él volvió a reír por mis palabras. Amaba verlo así de feliz, minino parecía mucho más joven cada vez que reí, aun cuando unas pequeñas arrugas aparecían en las esquinas de sus ojos.
—Estaré bien —murmuró, entrando al cuarto de baño y cerrando la puerta. Suspiré y me eche sobre la cama. Un golpe sordo se escuchó en el baño y luego algo cayéndose, o dándose vuelta, o la mierda que sea— ¡Estoy bien! —la voz de minino sonó amortiguada debido a la puerta cerrada.
Estaba con la vista fija en el techo cuando la puerta del baño se abrió bruscamente.
—¿Qué demonios…?
—Entonces… ¿Es por esto que me llamaste bebé prácticamente todo el día?
Me alcé sobre mis codos, aún estirada sobre la cama y observé a minino que estaba en el umbral del cuarto de baño. Fruncí el ceño antes de que me pusiera tan jodidamente blanca como la nieve. Demonios. Era como si la borrachera se hubiera ido de su cuerpo en un abrir y cerrar de ojos. Edward sostenía uno de los test de embarazo en sus manos cuidadosamente, su incrédula mirada tenía millones de preguntas escondidas, y también había algo de dolor ahí.
Dolor.
Eso era lo que no había querido ver en él.
Eché mi cabeza hacia atrás de un golpe y me cubrí el rostro con ambas manos.
Genial.
Jodidamente genial.
(1) "Rebelde sin causa", película de 1955 protagonizada por James Dean.
(2) Una pin-up es una fotografía u otro tipo de ilustración de una chica en actitud sugerente o realizando una sonrisa, saludando o mirando a la cámara fotográfica, que suele figurar en las portadas de revistas, cómic-books o calendarios, etc.
(3) Quise poner este punto porque, "Culo sucio" o "Poto sucio" también es otro tipo de juegos de naipes, pero preguntando a personas me decían ese nombre para el que describí en el capítulo con ese nombre, así que no se como será en realidad, porque... porque yo lo conocía por el nombre de "Manitos calientes" hahaha.
(4) Los shots son los cortitos que uno se toma, en esos vasos pequeños que no miden más de 6 centimetros. Con el tequila se supone que es recomendable... Pero vaya a saber yo como le hacen ustedes cuando se trata de alcohol (?)
(5) Killing in the name of - Rage Against the Machine.
(6) Una marcha, o "carnaval" que hacen en las calles en honor al orgullo gay.
¡Buenas tardes!
¡Les dije que no pasaba de esta semana! hahahaha. Bueno, aquí les traigo el capítulo finalmente, y agradezcan el que le haya cambiado el título, porque había preparado algo malulo para este capítulo y me arrepentí... un poco, mwahahaha. ¡Espero lo hayan disfrutado! me costó escribirlo, vaya a saber Dios por qué, creo que puedo culpar a la flojera. Ahora... Sé que muchas querían bebé para B, ella también lo quería así en su rudo corazón, pero no podemos tener todo lo que queremos (?) así que paciencia muchachas, paciencia, mira que en cualquier momento puede pasar... Aunque me hicieron reír un montón con sus reacciones XDDDD ¿Ya ven?, ¡por sus reacciones yo me pongo mala! ya sabemos quienes son culpables de mi complejo vikingo-espartano-torturador HAHAAHA. Uh, que mas... Oh, el capítulo no está beteado así que cualquier error mi culpa, como siempre hahaha. Y creo que eso vendría siendo todo, ya saben, cualquier duda, comentario, queja, sugerencia, regaño, whatever, pueden dejarlo en un rr, mensaje o facebook, como les de la puta gana yo trataré de contestar. Y ahora, contestando una preguntita que leí en los rr: Torposoplo12 En realidad estoy estudiando para ser maestra de inglés, hahaha, pero una de las prácticas es hacerle clases a nenes d años :3 Vale27 me reí asquerosamente alto cuando leí tu rr y el "recapacita Marina, recapacita o me voy a comprar ropa, TODA la que necesite." BWAHAHAHAHA.
¡Nos estamos leyendo! ¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos, son unos amores!
Lamb :3
