Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola, bueno, estoy aquí, con otro capítulo, espero que sea de su agrado, muchas gracias por todo el apoyo que me brindan con la historia, gracias por sus follows y favoritos y sobretodo sus reviews, significan mucho para mí, sin más, les dejo leer el capítulo.

Gracias por el apoyo; cualquier error, no duden en hacérmelo saber. 💖


Victoire entró a la oficina de Ted, para despedirse, frunció el cejo cuando lo vio, estaba quieto, observando la pantalla oscura, negó, avanzó hasta él.

—Es hora de irse –informó –nos veremos mañana, supongo.

—Sí, claro, como digas.

—Dime ¿ya le hablaste a mi prima?

—Sí, lo hice, pero me colgó –sonrió –lo intenté.

—No, me debes esto –lo señaló.

—Ya está trabajando, Victoire, ella quería trabajo, lo tiene.

—Hugo le consiguió trabajo en donde él trabaja, no quiero a mi primo en ese lugar ¿qué te hace pensar que la quiero a ella?

—Bueno, no es mi familia, ni mi asunto.

—Vendrás conmigo.

Fue hasta él, lo sujetó de la corbata y lo arrastró, él protestó todo el camino hasta el ascensor, y no fue suficiente, lo hizo todo el camino hasta el trabajo de Hugo y Lily, la rubia tenía muchas ganas de arrojarlo por la puerta del automóvil.

—Bájate –ordenó Victoire.

—Bien –bufó.

El lugar no era el mejor que había visto, era un bar, por lo poco que recordaba, uno con temática a los trenes, se llamaba "El Andén", había bastante gente, y él no comprendió la razón, fue hasta que entró, que los meseros se pasaron frente a ellos, los hombres, con bóxer tan justos, que dejaban ver el bulto entre sus piernas, ellas, estaban vestidas de colegialas sexys, la diminuta falda no cubría por completo su trasero, muchas de ellas traían tanga, y el top transparente dejaba ver sus pezones.

—Allá está –escuchó a Victoire gritarle, lo sujetó de la mano y lo arrastró.

—No creo que…

—Lily –la llamó, la pelirroja se detuvo abruptamente.

—Vic ¿qué haces aquí? Creí que no era lo tuyo.

—Vine por ti, por Hugo no puedo, porque la última vez que quise sacarlo de aquí, un par de mujeres casi me golpea –frunció el ceño.

—Pero… estoy trabajando.

La mirada verde olivo de Lily fue hasta el hombre detrás de su prima, que observaba con desagrado a su alrededor, ella puso los ojos en blanco ¿en serio tenía que acompañar a su prima a ese lugar?

—Ted está dispuesto a darte una semana de prueba como la niñera de su hija, pero necesitas vestir como…

— ¿Cómo lo hago ahora? –La vista del hombre se posó en la de ella –porque recuerdo que dijo que mi atuendo no era digno para ningún trabajo, pero –se giró, con tanta habilidad que no tiró las bebidas en su charola –apuesto que esto es peor.

—Bueno, los hombres de allá opinarían lo contrario –se burló Victoire.

—Bueno, ahora es cuando le agradezco a mis padres por hacerme plana como una tabla, en comparación con mis primas y mis compañeras –se encogió de hombros –iré a seguir con mi trabajo.

—Lily, por favor –suplicó.

—No es el mejor uniforme, pero al menos aquí tengo algo seguro.

La rubia dejó que Lily entregara las bebidas, le dio un codazo a su jefe, que seguía distraído viendo el lugar, con cara de asco, sujetó a su prima del brazo y la arrastró hasta la puerta.

—Victoire –soltó irritada –dime ¿por qué tanto interés para que trabaje para el ogro de tu jefe?

—Por qué quieres un trabajo, él es un buen jefe, y esto es de mala muerte, sé que no quieres trabajar aquí.

—Es un trabajo decente –se cruzó de brazos.

—Le diré al tío Harry, y ya quiero verlo –soltó.

—Una semana de prueba ¿cierto?

—Sí –soltó la rubia y observaron al varón que salió apenas del lugar.

—Cuando él me corra, vendré aquí de nuevo, y no te quiero ver de nuevo ¿bien?

—Trato –le sonrió Victoire.

Se quitó su abrió y lo puso en los hombros de su prima, la pelirroja le sonrió encantada, cuando su jefe llegó, se quitó el saco y lo colocó suavemente sobre los hombros de Victoire.

—Es mejor que me lleves a casa, Victoire –pidió Edward Lupin en tono tranquilo –necesitaré una buena ducha para quitarme ese hedor –frunció el ceño enfadado.

—Bien, vamos Lily, te llevaré a tu casa.

—Claro, para que papá me vea como una colegiala sexy.

Se abrió el abrigo, así que Edward pudo verla por primera vez vestida así desde que habían llegado, la piel pálida y pecosa resaltaba con los tonos oscuros del uniforme.

—Te quedarás mi abrigo, y lo mandarás con Ted.

Sus ojos volvieron a encontrarse, él no dijo nada, no encontró una señal de inmutarse por lo que acababa de ver, que no era la gran cosa tampoco, había usado su sujetador para que los demás no la vieran desnuda de la parte de arriba, y por fortuna, había decidido usar bóxer, y no pantaletas ese día, eso explicaba porque no había recibido propinas.

Su prima condujo bastante tranquila, mientras ellos charlaban de cosas de trabajo, Lily repasaba las cosas de sus deberes, para poder decidir por donde comenzaría.

—Le espero a las siete de la mañana –informó Ted.

— ¿Qué, perdón? –Se giró hasta él, confundida.

—Mañana, siete de la mañana, mi casa –señaló la puerta cruzando la calle –nos pondremos de acuerdo para su semana aprueba, y por favor, use ropa adecuada para cuidar a una niña de siete años –gruñó.

—Sí, de acuerdo.

—Te veré en el trabajo mañana –se despidió Victoire, dándole un beso en la mejilla que él regreso, la rubia le dio su saco.

—Maneja con cuidado –pidió –hasta luego, señorita Potter.

—Descanse, señor Lupin –contestó, se bajó del auto para pasarse a la parte delantera, con su prima.

Ted avanzó hasta su casa, entró, a un tenía tiempo para ir por Ada a la casa de los Walker, la chica no le agradaba, pero esperaba que fuese un poco buena cuidando niños, y que se ganara a Ada, porque no la quería más tiempo en esa casa.

Tomó las llaves de la camioneta, y condujo tranquilo después de su merecido baño, aquel lugar de mala muerte le desagradó, sacudió la cabeza para alejar las ideas que comenzaban a cruzarse en su mente.

—Papá –soltó Ada –pensé que no vendrías, es más tarde que de costumbre.

—Salieron algunos imprevistos, eso es todo, sube a la camioneta ¿qué tal tu día?

—No muy bien, la mamá de Clare nos ayudó con la tarea, aunque le dije que la haría llegando a casa, no creo que me creyera.

—La revisaré al llegar, tranquila –le sonrió.

Condujo a casa, hablando sobre el día de su hija, y contándole sobre su posible nueva niñera.

—Ojalá sea tan divertida como Angie –admitió la niña.

—Aun no es oficial, estará a prueba una semana, pero quiero que seas honesta conmigo al respecto, si ella no te agrada, puedes decírmelo de inmediato, y no terminará la semana de prueba ¿bien?

—De acuerdo, papá ¿y es bonita? –Curioseo.

—A mí no me agrada, pero cuidará de ti, no de mí, así que la única opinión que cuenta al respecto, es la tuya ¿bien?

—De acuerdo.

—X—

El timbre sonó un par de veces, pero no demasiadas, así que Ted dejó lo que estaba haciendo, para ir hasta la puerta, observó el reloj, faltaban 10 minutos a las siete, el cabello pelirrojo fue lo primero que vio, así que bajó más la mirada, la joven prima de Victoire estaba en su puerta.

—Lo lamento, sé que soy impuntual, a un faltan unos minutos para la hora establecida, pero no quise esperar en la puerta, la gente llamaría a la policía.

—Desde luego, pase –comentó Ted, haciéndose a un lado, para dejarla pasar.

La mirada olivo de la chica fue de inmediato a las imágenes, colgadas, observó atenta, pero no dijo nada, sujetó su muñeca izquierda con su mano derecha y aguardó a las instrucciones.

—Mi hija está terminando de alistarse –informó –sígame a la cocina, por favor.

—Desde luego –comenzó a andar después de él.

El lugar era amplio, a pesar de que el pequeño recibidor dijera lo contrario, se quedó de pie en la puerta de la cocina, mientras lo veía a él ir de un lado a otro, preparando el desayuno de su hija.

—Necesito que use algo más formal y adecuado de eso –informó, sin prestarle mucha atención.

—Anotado –comentó.

—Dígame ¿cuál será su disponibilidad para cuidar de mi hija?

—Tengo clases por la tarde, pero si usted necesita que cuide de ella por la tarde, puedo hablar con mis profesores…

—Normalmente sale a la hora acostumbrada de clases, pero estaba viendo la posibilidad de alargar su horario, para que salga a las seis…

—Mi horario es de una a siete –comentó –pero como ya le he comentado, tengo la posibilidad de adecuarlo.

—Normalmente Angie, la antigua niñera llevaba a mi hija al colegio, pero puedo encargarme yo de eso, pero necesito a alguien que vaya por ella al colegio al salir.

—Tomaré clases por la mañana, así tendré tiempo suficiente para ir por ella a la hora de la salida –comentó tranquila, por eso no tiene que preocuparse.

—Bien, por el momento, será una semana, lo que dure su prueba, y será mi hija la que decida si se queda o se va ¿está claro?

—Sólo una cosa más ¿cuáles son mis tareas por cumplir?

—Tengo una persona que se encarga de las tareas del hogar, tu única responsabilidad es cuidar de mi hija, ir por ella, y estar pendiente de lo que ocurra, jugar con ella si lo quiere.

—Bien, ella me mandará y usted sólo me pagará, eso me agrada –admitió girándose, así que Ted frunció el cejo.

—Buenos días –saludó la pequeña niña, en un tono educado, haciendo sonreír a Ted.

—Buenos días, cariño, te presento a la señorita Potter, estará cuidando de ti la semana, tal como te lo prometí…

—Dime ¿ella podrá llevarme al parque y con Clare? –Cuestionó.

Lily sonrió, la niña era como una pequeña princesa, tan educada y pulcra, nada de lo que ella había sido cuando era niña, la observó atenta, sus ojos verdes eran preciosos, y tenía el cabello castaño claro, casi rubio.

—Bueno, primero tendrá que consultarlo conmigo –informó.

—Bien –se giró a Lily –Ada Lupin –estiró la mano –es un placer conocerle, señorita Potter.

—Puedes llamarme Lily –sonrió, inclinándose hasta la niña, con una sonrisa encantadora –mi nombre es Lily Luna, me gusta más Lily, pero puedes llamarme como más te guste.

—Señorita Potter está bien, aún no sabemos si se quedará con nosotros, además, no le conozco, como para tal atrevimiento.

—Bien –aceptó dulce –entonces ¿cómo puedo referirme a usted?

La niña hizo una mueca, como si jamás le hubiesen hecho esa pregunta. —Supongo que Ada está bien.

Lily negó. —Señorita Ada, suena más propio.

Ted frunció el cejo, aquello le parecía de mal gusto, como si esa chica se estuviera burlando de su hija, abrió la boca, para decir algo al respecto, pero su hija rió, fue una risa corta, se cubrió la boca, sabiendo que aquello había estado fuera de lugar.

—Me gusta –asintió –señorita Potter ¿me llevará usted al colegio?

—Tu padre me ha dicho que para él es un placer llevarte al colegio, pero si quieres, puedo hacerlo yo, estoy a tus ordenes, señorita Ada –hizo una corta reverencia.

—Papá ¿puede la señorita Potter venir con nosotros? –Sonrió.

—Ada, perdería mucho tiempo y…

—No se preocupe por mí –negó Lily –les acompañaré, iré a la universidad de ahí, para solucionar mis horarios –negó –y regresaré por la señorita Ada al colegio a las tres.

— ¡Estupendo! Iré por mis cosas.

—Te ayudaré –se giró –con permiso –se dirigió a Ted sobre su hombro y fue tras la niña.

Ted murmuró por lo bajo, y eso que pensó que a su hija no le agradaría, nunca le agradan las mujeres jóvenes, y más si éstas están cerca de él, o de niñeras, pero a pesar de su mal atuendo, había ocasionado la buena impresión que no tuvo en él.

Les tomó cinco minutos regresar a la cocina, la niña comenzó a desayunar, mientras Lily permanecía de pie, en un extremo.

—Papá –murmuró la niña –dime ¿no le ofrecerás nada de desayunar a la señorita Potter? Es una falta de respeto que estemos comiendo y ella no –la observó, veía por la ventana al patio trasero.

—Señorita Potter ¿gusta comer algo? –La joven lo observó.

—No, gracias, desayuné un poco antes de venir –sonrió educada.

—Entonces, por lo menos, siéntese a la mesa –pidió la niña.

—Estoy bien de pie –cerró los ojos, acompañando el gesto con una bonita sonrisa –fue un trayecto largo hasta aquí, prefiero estar de pie por el momento.

—Tome asiento –ordenó Ted, con un tono de pocos amigos.

Ella suspiró, le estaba dando esa orden, porque su hija quería que se sentara, no porque estuviera muy entusiasmado por tener que soportarla, pero había sido su culpa decirle que la quería tan temprano por la mañana.

—Dice que fue un largo camino ¿cuánto le tomó llegar desde su casa? –Preguntó Ada.

—Dos horas y media –restó importancia.

Ted sintió culpa por primera vez en mucho tiempo, le había hecho ir a esa hora, para asegurarse de que realmente era una persona puntual y responsable, y bueno, al menos en ese aspecto, le ganaba a Victoire, que solía llegar tarde a menudo a la oficina, aunque claro, era el primer día de su semana de prueba.

Una vez que estuvieron fuera de la casa, Ted le abrió la puerta a su hija, le puso el cinturón, y cuando se giró a abrirle la puerta a la pelirroja, ésta ya se había subido a la parte trasera por el otro lado, puso los ojos en blanco, así que dio la vuelta para subir al auto.

—Entonces piénsalo –sonrió Lily, acomodando el cabello de la niña, ya que se le había quedado atorado con el cinturón.

—Bien, vayamos a la escuela –informó Ted.

El silencio fue bastante notorio, normalmente la niña charlaba con él cuando iban solos, pero ahora parecía un poco cohibida por la presencia de la pelirroja, aquello le pareció curioso a Ted, era muy raro que su hija se sintiera así.