Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.

Hola, aquí estoy con un nuevo capítulo, esperando que sea de su agrado, muchas gracias por sus reviews, follows y favoritos, significan mucho para mí.

Gracias por el apoyo; cualquier error, no duden en hacérmelo saber. 💖


Ted levantó a Ada a las seis de la mañana, para que pudiese bañarse y prepararse para el colegio, en lo que él preparaba el desayuno y se alistaba de igual manera.

—La niñera irá por ti al colegio, quiero que te portes bien ¿de acuerdo? –Observó a su hija.

—Sí, siempre lo hago –informó la niña –por cierto ¿podría venir Clare a visitarme mañana?

—Cariño…

—Cuando Angie estaba no había problema con que ella viniera –le recordó Ada.

—Bueno, Angie y yo teníamos un arreglo, sin embargo, la señorita Potter… lo hablaré con ella y si no tiene inconvenientes en cuidar de Clare, bienvenida sea.

—Gracias, papi –le sonrió encantada –te quiero.

—Y yo a ti –admitió alegre, pero con el semblante tranquilo.

Sujetó las cosas de la niña y salieron de casa, para su sorpresa, sus llaves estaban colgadas donde siempre, frunció el ceño, consternado ¿había tenido tiempo de sacar copia ayer mismo?

—Ada ¿a dónde te llevó la señorita Potter antes de venir a casa?

—No fuimos a ningún lugar, papi, de tu oficina vinimos directamente a casa ¿algún problema? –elevó la vista hasta Ted.

—Nada, dejó mis llaves, no sé si podrán entrar…

—Ah, eso, cuando pasó por mí al colegio, un amigo suyo la había llevado hasta allá, y luego nos llevó a tu oficina, y le pidió favor de que sacara la copia, lo hizo sin chistar y con una gran sonrisa, creo que le gusta.

—Gracias por la información, cariño –le sonrió a su hija.

La sujetó de la mano cuando cerró la puerta y avanzaron hasta la camioneta, no estaba de un buen humor, esa chica estaba exponiendo a su hija con un tipo que él no conocía y no había autorizado para acercarse a Ada, tenía que hablarlo con ella en cuanto llegara a la casa por la tarde.

—Te veré en la tarde, papi –se despidió la niña y avanzó tranquilamente al edificio.

Ted se sentó en la camioneta, observando a la nada durante un momento, recordando las palabras que Ada le había dicho "Un amigo de ella, creo que le gusta" él no dudaba eso, la había llevado casi por media ciudad, ¿a qué precio o con qué recompensa? Sacudió la cabeza y encendió el motor, para dirigirse a la oficina.

—X—

Victoire entró a la oficina de su jefe con un montón de cosas que tenía que revisar, aprobar y firmar, frunció el ceño cuando lo encontró de mal humor ¿hacía cuanto que Ted no iba enfadado por las mañanas al trabajo?

—Dime ¿qué pasó esta vez? ¿Alguien se te atravesó en el camino?

—Vic ¿tu prima sale con alguien?

La mirada del varón se topó directamente con la de ella, aquella pregunta la sorprendió por completo ¿Ted estaba interesado en Lily? Era demasiado pronto, pero bueno, según su anécdota, Laura le había interesado desde el primer momento en que la vio, era su modus operandi al parecer.

—No que yo sepa –se encogió de hombros –la última chica con la que supe que estuvo, sólo duró una semana con ella.

—Chica ¿a tu prima le gustan las chicas?

Victoire rió divertida. —Creo que no tiene problemas con el género, si le gusta una persona, va por ello, la envidio, de cierta manera, pero dime ¿por qué el interés?

—Mi hija me dijo que ayer un amigo de tu prima las trajo por media ciudad, así que quería saber si era su novio o pareja, y qué clase de tipo era, para tener más información sobre la clase de personas con las que mi hija tiene que convivir, aunque sea por un corto periodo de tiempo.

—No sé de quién hables, pero supongo que puedes hablarlo con ella, como una persona civilizada.

—Soy una persona civilizada –comentó Ted.

—Desde luego que sí, sólo te lo advierto, Ted, controla un poco tu mal carácter, ella no te agrada, pero no por eso significa que sea una mala persona ¿o sí?

—Desde luego que no –admitió.

—Bien, te dejo esto, puedes seguir trabajando.

Ted observó todos los diseños que Victoire le había dejado, tenía un par de días, que nada de los proyectos le agradaban, sentía que estaban perdiendo la calidad que a él tanto le gustaba, así que levantó el teléfono.

—Sanders, ven aquí –le indicó a su secretario y colgó.

En menos de treinta segundos, tocó a la puerta y después de la orden, pasó, le sonrió intranquilo.

—Sí, señor ¿qué ocurre?

—Devuélvelos, diles que pueden hacerlo mejor –ordenó.

—M—

Lily bostezó como hacía mucho no lo hacía, había elegido el horario de la tarde, porque tenía más tiempo para dormir por las mañanas, así durmiera tarde por las tareas o por irse de fiesta con sus amigos.

—Tienes una carita –se burló Billie.

—Bueno, tengo trabajo por las tardes, y un montón de tareas que hacer, y cambio de horario –se encogió de hombros.

—Dime algo ¿por qué no abandonas algunos de los clubes extracurriculares?

— ¿Perdiste la cabeza? –Frunció el cejo.

—Bueno, entonces, no te quejes ¿no te parece?

—No me estoy quejando, sólo digo que es el cambio –se burló.

—Dime ¿cuál es tu trabajo?

—Soy niñera, de una niña de siete –se encogió de hombros.

—Espero que no sea un monstruo.

—Lo es, pero en un nivel más escalofriante del normal –negó –se la pasó toda la tarde leyendo ¿puedes creerlo? –Gruñó –le propuse algunos juegos, pero simplemente dijo "No, una señorita decente se prepara para el futuro".

—Suena la clase de pesadillas que solo tú tendrías ¿no es así? –rió.

—Los niños sólo tienen ciertas obligaciones, y está bien que esté interesada en la lectura, pero que se comporte como una señorita del siglo XV, no sé cómo sentirme al respecto, creo que es culpa de su padre, me pregunto ¿por qué la madre no hace algo al respecto?

—Quizás es decisión de ambos que la niña sea así.

—Nadie quiere a un hijo tan muerto en vida –admitió Lily.

—Ya, ya, tranquila.

Billie se acercó a la pelirroja, acarició su mejilla y depositó un suave beso en sus labios, la chica se alejó, no estaba para esa clase de demostraciones.

—Sí que estás huraña –gruñó Billie.

—Sabes las reglas.

—Ah, vamos, Lily, te quejas de los padres que quieren a sus hijos muertos en vida, pero dejas que tu padre domine en tu vida, incluso a los 19 años.

—Mi padre paga mis estudios ¿crees que como niñera podría pagarlos? –se burló –ni en sueños.

—Pues no creo que a tu padre le guste mucho que te entretengas con chicas como lo haces, en lo que…

—Basta –soltó irritada Lily –lo dejé claro cuando lo tratamos ¿no es así? Ahora no vengas a reclamarme y a juzgarme.

—Estoy enamorada de ti, pero ya vi que lo tuyo sólo es jugar con las chicas, en lo que eso signifique que tengas feliz a papi ¿no?

—Pues sí –admitió –no saldré con ninguna chica o chico, porque eso hará feliz a mi papi, hice una promesa que voy a cumplir.

—Sólo eres una sociópata, aprovechándote de los demás, para obtener tus beneficios, igual que tu padre.

Lily abrió la boca sorprendida por las palabras de Billie, pero después soltó una risa divertida, que hizo enfadar a la chica de piel oscura y caderas de infarto.

—X—

Escribía tan apresurada como podía, tenía cinco minutos para terminar sus apuntes y correr en dirección a la escuela de Ada, sintió un golpe en la espalda, así que se giró dispuesta a gritarle a Billie de nuevo, pero se quedó callada cuando vio a su mejor amiga.

—Dejaste a Billie –soltó sorprendida –bueno, ya no te la pasarás bien con ella.

—Lo que hacía con Billie no era la gran cosa.

—Vamos, si no te hubiese visto como tu madre te trajo al mundo, realmente creería las palabras de Billie.

—Dime ¿ahora qué dice?

—Que tu padre te puso un cinturón de castidad, que no puedes ir más allá, porque ya sabes, tu pelvis explotaría.

—Ah, que diga lo que quiera.

—Pero es cierto, Lily, tu papá no podrá saber cuándo te acuestes con alguien.

—Dime, Audrey ¿has visto a los cuervos?

—Sí, hay en todos lados ¿y eso qué?

—Son espías de mi padre.

Las dos chicas soltaron una carcajada divertida, la rubia negó, conocía a Lily desde hacía muchos años, y sabía sus razones para tener ciertos hábitos de conducta, y la verdad es que la mayoría de las cosas que le desagradaban de ella —que en sí, eran pocas— era lo que su padre la obligaba a hacer o comportarse.

—Dime ¿qué tal el trabajo? –Cuestionó.

—Bastante bien –se encogió de hombros –es una buena paga.

—Múdate conmigo, la casa de tus padres es una cárcel, Lily, tendrás más libertades, mis padres no dirán nada si vas.

—No –negó –cuando tenga algo guardado, podré mudarme al campus de la escuela, te lo agradezco, Au.

—Soy tu mejor amiga, sabes que haré cualquier cosa por ti, así me cause la muerte ¿verdad?

—Ese es nuestro pacto ¿no es así? –sonrió.

—M—

Ted estacionó la camioneta fuera de su casa, buscó sus llaves y entró a la casa, extrañamente el mal humor volvió a él cuando recordó que la pelirroja estaría ahí, cuidando de su hija, y por alguna extraña razón, la imagen de ella con un chico besándose en la sala vestidos como malvivientes, no se alejaba de su mente.

Se detuvo en seco cuando la vio, se sujetaba la muñeca izquierda con la mano derecha, la vista lo dejó fuera de combate, y sus palabras se esfumaron, era como si le hubiesen dejado en blanco el cerebro por un momento.

—Pero ¿qué demonios es esa vestimenta?

Los ojos olivo de Lily Luna Potter se posaron en él, y la sonrisa se desdibujó de su rostro, ella lo toleraba menos que él a ella, lo notó en ese momento.

—Es… un atuendo digno para cuidar niños –comentó.

—Pero… pero… eso no es…

Lily separó los brazos, para que él viera su vestimenta mejor. —No puede quejarse, está aprobado por la familia real, así que no creo que pueda ponerle peros –gruñó.

Lily traía un vestido de corte recto de color café claro, un bolero café oscuro, unas medias ligeras, unos zapatos estilo Oxford de piso, el cabello pelirrojo no se veía, ya que lo tenía sujeto en un moño bajo, y lo cubría un sombrero del mismo color que el bolero, ah, y los guantes blancos.

—Eso es irse de un extremo a otro completamente –murmuró enfadado Ted, observándola de arriba abajo.

—Pero si usted…

—Basta, venga conmigo, tengo que hablar con usted.

—Por lo menos saludará a su hija ¿no es así?

La vista de Ted se posó de nuevo en ella, una mirada furiosa, que luego dedicó a su hija.

—Aguarda aquí, Ada, y pórtate bien.

—Sí, papá.

La niña bajó la vista y volvió a sentarse en el sofá, la pelirroja sintió una extraña ola de ira, siguió al hombre hasta el despacho y cerró la puerta a sus espaldas.

—No estoy para bromas –soltó él –le pedí algo…

—Bueno, lo que le dije es cierto, este uniforme es algo que usan las niñeras de la familia real, de hecho, la mayoría de las niñeras –sonrió irritada.

—No sé…

—Vive en una hermosa casa, en una zona bastante cara ¿es usted aristócrata de cuna, o sólo un nuevo aristócrata? –Cuestionó.

—Eso no le interesa –comentó enfadado.

—Bueno, realmente no tengo permiso para usar el uniforme de un colegio tan prestigioso como éste –informó ella –pero gasté mucho dinero comprándolo.

—Cubriré los gastos, pero se deshará de esa estupidez.

—Claro –Lily se quitó el sombrero, el bolero y comenzó a bajar el cierre.

—Deje sus estupideces ahora –comentó serio –no sé si con los demás le funcionen, pero no conmigo –informó –lo menos que espero es que se comporte como un buen elemento, para cuidar de mi hija.

—Yo cuido bien de su hija ¿usted lo hace?

—Eso no le interesa, usted trabaja para mí, no al revés.

Ted la vio fruncir la nariz, los pómulos le temblaban, estaba completamente furiosa, si no fuese tan diminuta en respecto a tamaño y peso, podía jurar que ahora lo estaría sometiendo.

—Tiene que agradecer que realmente jamás asistí a Norland College, o ahora mismo lo tendría sobre el suelo, rogando por que le permitiera vivir un poco más.

—Ah, lo agradezco –se mofó –voy a decirle algo, si realmente le interesa este trabajo, tendrá que dejar esas actitudes tan infantiles, tiene 19 años y está en la universidad, tiene que comenzar a madurar, traerá algo adecuado para el trabajo, y en cuanto a sus amistades se refieran, se limitará a verlas fuera de sus horas laborales –la chica retrocedió sin comprender a qué se refería –mi hija me dijo sobre su amigo, que la llevó a mi oficina y aquí, respectivamente, le dio la llave de mi casa.

—Ah, lo lamento –admitió –fue una irresponsabilidad, coincido con eso, pero jamás dejé a Ada sola con mi amigo ni un segundo.

—Bien –admitió –que no vuelva a repetirse, señorita Potter.

—No lo hará –se dio media vuelta.

—Una cosa más –la detuvo.

La chica se giró hasta él, un poco más tranquila, él salió detrás de su escritorio y avanzó un poco más hasta ella.

—Mi hija quiere que una amiga venga mañana, después del colegio y…

—No soy la madre, no somos un matrimonio ¿por qué me consulta?

—Quiero saber si no hay problema para usted cuidar de ambas.

—Soy la niñera, me acato a lo que usted me diga que haga.