Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward


Nuevamente miles de gracias a Sarai GN, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) por ser un sol y ayudarme con el beteo.


Capítulo 24: Bebé, por favor no te vayas.


If you leave me now – Chicago


—Cásate conmigo, cara.

Reí y negué con la cabeza, apoyando la barbilla sobre mis manos que descansaban libremente sobre su desnudo pecho. Alec alzó sus cejas y acarició mi mejilla con suavidad. Hablar de matrimonio luego de una magnífica maratón de sexo era, bueno, cagar la onda. Suspiré e intenté levantarme, pero cuando quise hacerlo, él, con la fuerza que un hombre tiene, nos giró a ambos ésta vez quedando sobre mí. Aprisionó mis muñecas a la altura de mis ojos y acercó su rostro al mío, su nariz rozando levemente la mía.

—Cásate conmigo, mia bella.

—No.

Murmuré, sonriendo en el proceso. Su agarre se hizo más fuerte, traté de removerme pero fue completamente en vano. Joder, éste hombre sí que tenía fuerza. Sus labios se apoderaron de los míos salvajemente, cuando su lengua buscó la mía supe que lo perdería y probablemente termináramos teniendo sexo… nuevamente. Pero Capo cortó el beso tan abruptamente como lo comenzó, apoyó su frente sobre la mía e insistió.

—Bella, cara, estoy pidiéndote matrimonio.

—Lo sé, creo que tiene que ver con la edad, ¿qué dices? Ya tienes treinta. —Soltó un gruñido por lo bajo que me causó risa—. Tengo veinte años, Capo, y una mierda si piensas que me amarraré a ti, o a cualquiera. —Alec atrapó mi labio inferior entre sus dientes y le dio un suave mordisco.

Refregué mis muslos, la temperatura subía en el ambiente nuevamente.

—Cásate conmigo.

—No. —Mi respuesta fue rotunda.

Él iba a hablar nuevamente, insistir en el tema, cuando un llanto detuvo cualquier mierda que fuera a salir de sus labios. Lo empujé por el pecho y rodé fuera de la cama, tomando mis prendas rápidamente y vistiéndome en un abrir y cerrar de ojos. Alec permanecía estirado sobre la cama, la sábana cubriendo parcialmente su cuerpo, sus azules ojos fijos en el desteñido techo del hostal en el que estábamos.

—Yo podría ser el padre del bambino, si tú quisieras. Cásate conmigo.

Suspiré y observé al hombre tras de mí, sin borrar la sonrisa de mi rostro.

—Podrías, pero no lo eres. —Él hizo una extraña mueca con sus labios—. No me casaré contigo, Capo. No estás pensando, demonios, mañana no me pedirás lo mismo. Lo sabes, lo sabemos… ¡Somos almas libres!

—Tal vez me cansé de serlo, cara. Tal vez quiero estabilidad, darte a ti y a Floyd lo mismo.

Estabilidad a Floyd, había pensado en eso, aun y cuando mi renacuajo apenas tenía ocho meses. A veces miraba fijamente su regordete carita y sus brillantes ojos y me preguntaba qué deparaba el futuro para nosotros. Estabilidad. Una familia para él. Sonreí y abrí la puerta, cuando estaba a punto de abandonar la habitación me giré sobre mi hombre y le guiñé un ojo.

—Entonces mi respuesta es, infiernos, sí.

—¿Comprometida?

Asentí lentamente a la pregunta de Edward. Estaba expectante a cualquier expresión que pudiera aparecer en su rostro, pero él permanecía estoico. Yo sabía que Minino solía ser un tanto sensible referente a distintos temas, y puede que él se tome esto de una extraña manera. Sabía que por su mente estaban pasando un sinfín de preguntas, lo podía deducir por la mirada perdida que tenía sobre su rostro. Era lo único que me indicaba que mi revelación había causado algún tipo de estrago en su persona.

—No fue por mucho, el compromiso me refiero. Creo que el calor tuvo la culpa de que yo dijera que sí a la propuesta…

—No. —Minino negó con la cabeza y se puso de pie con parsimonia—. No, Isabella. No fue el calor… Él fue mucho más que uno de tus novios… —Frunció el ceño y luego volvió a observarme sin emoción alguna—. Tú dijiste que sí porque realmente lo querías.

—Vale, puede que sea así…

—¿Qué dirías si yo te propusiera matrimonio aquí y justo ahora?

—Edward…

—¿Qué dirías, Isabella?

—¡Que no! —chillé, un rotundo y fuerte no—. Diría que no, demonios.

Creo que vi el cuadro exacto en el que su corazón se rompió, ahí, justo frente a mí. Ah, mierda, me sentí como la perra más perra de la puta vida, pero tenía que ser sincera. Él quería una respuesta, demonios, ¡ahí tenía su maldita respuesta! No se movió por lo que me pareció una eternidad, y cuando lo hizo, soltó un enorme suspiro en acompañamiento.

—No solo lo querías, Isabella. —Minino sonrió con tristeza—. Tú lo amabas.

Pestañeé un par de veces y luego me largué a reír como una posesa.

Minino frunció el ceño y empuñó las manos, creo que se había molestado por algo.

—Y-Yo… —Reí una vez más y traté de calmarme—. Dios, eres tan gracioso, deberías haber visto tu cara.

—¿Qué de gracioso tiene todo esto? —gruñó cuando vio que yo no podía dejar de reír. Suspiré y me puse de pie lentamente, acercándome a él. En un principio trató de hacerme el quite, pero enrollé mis brazos en torno a su cintura rápidamente y escondí mi rostro en el centro de su pecho—. Isabella, respóndeme.

—Eres un estúpido —murmuré, sonriente—. ¿Cómo puedes creer que yo lo amaba? Sí, le tuve bastante cariño, porque a pesar de todo pasamos algunos momentos realmente agradables cuando estuvimos juntos, pero eso es todo. ¿Amor? Un flacucho cabeza de zanahoria ya tenía mi corazón, hablar de amor era imposible.

Sentí cómo su cuerpo dejó de estar tenso, pero aun así no me devolvió el abrazo.

—¿Por qué le dijiste que sí entonces? —Su voz se escuchaba suave, la bestia se estaba tranquilizando.

—Era mi mejor opción en esos momentos, ya tenía a Floyd cuando él lo propuso. —Me encogí de hombros—. Ahora, ¿puedes volver a sentarte y dejarme terminar con la puta historia o seguirás haciendo el ridículo? —Me tomó de los hombres con delicadeza para alejarme de su cuerpo, sus ojos estaban entrecerrados cuando me observó.

—No te quiero cerca de ese hombre, Isabella.

Minino, sé defenderme sola, créeme. Alec no será un jodido problema, y si lo es, bueno…, aun puedo dejarle un recuerdo en el otro lado de la cara. —Le guiñé un ojo y sonreí. Él negó con la cabeza y acercó su rostro al mío con rapidez, sorprendiéndome por eso. Nuestras narices apenas y se rozaban, al igual que nuestros labios. Podía sentir su cálido aliento golpeando tenuemente con mi labio inferior.

—No quiero verte cerca de ese hombre, Isabella, estoy hablando en serio. —Su voz estaba ronca cuando lo dijo—. Estoy tratando de ser el hombre comprensivo que mereces, pero estoy celoso. —Suprimí la sonrisita que amenazaba con aparecer en mis labios—. Estoy malditamente celoso de ese hombre, y juro que si lo veo cerca de ti, no seré yo.

—¿Quién serías entonces?

—No quieres conocer esa parte de mí, amor. —Tomó mi labio inferior entre sus dientes y le dio un suave mordisco—. Puedo ser bastante territorial cuando quiero, y tú eres mía, señorita. —Oh, yo claramente quería conocer ésta parte de él.

—¿Qué tan territorial? —murmuré, lamiendo mis labios en el proceso.

Los ojos de Edward se oscurecieron y sonrió, posando su mano sobre mi cadera. Él no habló, simplemente comenzó a recorrer el costado de mi cuerpo con sus dedos, cuando tocó la piel de mi estómago que quedaba levemente al descubierto, la piel se me puso de gallina. Sonrió al darse cuenta de mi jodida reacción y siguió su camino, las yemas de sus dedos jugaban a acariciar superficialmente mi bajo vientre, el cual estaba bastante acalorado, por cierto.

Desabrochó el botón de mi pantalón y bajó la cremallera.

Dejé de respirar.

—¿Te encuentras bien, Isabella? —preguntó, mientras escabullía sus dedos dentro de mi ropa, abriéndose paso a mi centro lentamente, torturándome. Tragué saliva y resoplé, un tembloroso resoplido a causa de sus caricias.

—Me encuentro perfectamente, cabrón engreído… —Minino sonrió, y cuando sus largos dedos estaban a punto de hacer contacto con la parte de mi cuerpo que los deseaba, él los retiró a una velocidad absurda—. Espera, espera… ¿Qué demonios?

—Aún estoy molesto contigo. —Se alejó de mí como si tuviera la peste y caminó hacia la escalera—. Es tarde, debemos ir a dormir.

—¡Minino!

Cuando ya estaba en el segundo peldaño, me observó sobre su hombro, su rostro impasible.

—Y eso fue por decir que no te casarías conmigo. —Se giró nuevamente, escondiendo sus ojos de mí—. Tal vez tu prometido puede terminar lo que inicié, ¿no lo crees? Iban a casarse de todos modos, deben tener más confianza.

—Oh, ¡tú eres un celoso de mierda!

—¿Disculpa? No fui yo el que mandó al hospital al ex del otro… Aunque ganas… —Suspiró y desordenó su cabello, dándome la espalda todavía—. Ganas no me faltan de hacerlo, así que, por el bien de tu Alec, espero que no se acerque a ti una vez más.

Y me dejó con la puta boca abierta, él realmente lo hizo.

Momentos donde el gatito pasaba a león y me daba un gran zarpazo en el culo.

—¡Él no lo dijo!

Tink agarró su panza y se largó a reír fervientemente. Grizz sonreía mientras limpiaba la vitrina que adornaba la entrada de la tienda. Y yo resoplé, recostándome en la silla reclinable. Les había contado lo que había acontecido la noche anterior con Edward y, como era de esperarse, los cabrones se reían de mí. Me lo merecía, vale, tanto como Minino merecía tratarme de ese modo libremente. Le aplaudo la que me hizo, nunca pensé que tuviera los cojones para hacerlo realmente. ¡Y lo que pasó con Charlotte fue distinto! Yo debía romper su puto rostro por lo que nos hizo, habíamos reparado el maldito ventanal hace apenas unos pocos días finalmente. Y ella también se estaba metiendo con lo que es mío, así que era necesario, ¡ya vieron como actuó Minino con ella!, ¡todo un puto dulce!

—No es para nada graciosa ésta mierda, ¿sabes? ¡Él me dejó cachonda!

—Te lo mereces por perra, ¿cómo le dices que no? Incluso yo me amarraría a ese primor por toda la puta vida… Con esa herramienta que guarda, joder, definitivamente lo haría. —Le lancé un papel que tenía en mis manos directamente a su rostro. Tink me sacó la lengua cuando lo esquivó.

—Al menos ya le conté esa estúpida parte de mi vida, yo ni siquiera sé por qué Capo está aquí

—Porque tú lo pediste, cara…

—¡Tienes que estar jodiéndome!

¿Es que no podía dejarme tranquila? Ahí estaba, parado en la entrada, todo sonrisitas. ¿Y la campanilla?, ¿por qué demonios no había sonado anunciando la desgracia? Cubrí mi rostro con ambas manos y traté de tranquilizarme, ya me estaba hartando de su insistencia.

—Alec, realmente, realmente me estás empezando a dar pena porque…

—Yo solo venía aquí porque requiero de tus servicios, Bella. —Alzó las cejas y cruzó las manos por la espalda—. No vengo a molestar, no vengo a incordiarte, dolcezza (1), solo vengo a pedir tus servicios. Pagar por ellos.

—¿Qué?, ¿crees que ahora soy puta o qué?, ¡no tendré sexo contigo por dinero!

Alec sonrió abiertamente, dejando relucir su blanquecina dentadura.

—Yo más bien hablaba sobre hacerme una perforación… pero ya que sacaste el tema a relucir… —Grizz y Tink tosieron, tratando de disimular sus estúpidas risas. Traidores, eso es lo que eran. Alcé las cejas e ignoré la película que había pasado por mi cabeza cuando habló de "pagar por mis servicios".

Vamos, esa mierda sonaba como que intentaba comprarme o algo, ¡no pueden culparme!

Creo que había visto demasiado la telenovela de la medianoche.

—¿Quieres hacerte una perforación? —pregunté como idiota, él asintió. Me puse de pie, trabajo era trabajo después de todo—. Vale, puedo tolerarte para eso, dinero es dinero y tú tienes bastante. Ve a la habitación de al fondo, te sigo en un rato —apunté la puerta blanca que estaba atrás y Capo caminó hacia el lugar sin rechistar.

—Si intenta algo, grita… O golpea sus bolas, siempre en las bolas, nenas.

Grizz, por Dios, no soy una nenita… Sé que siempre es en las bolas. —Le guiñé un ojo—. Y él no intentará nada, sé que aprecia mucho su integridad para intentarlo. Dejaré la puerta abierta de todos modos, el espacio dentro es muy reducido y me sofoco… —Me estremecí y les di la espalda, dirigiéndome al cuarto de perforado—. Manos a la obra, deséenme suerte.

Ellos gritaron tratando de animarme y no quedó otra que reír. Capo me esperaba sentado con la espalda recta en la silla, él había ajustado el respaldo para que ésta quedara como lo que era, una silla, y no como la camilla que normalmente usaba. Alcé una de mis cejas y caminé hacia mis instrumentos, los guantes y las férulas estaban en su lugar, todo nuevo y desinfectado, fuera de peligro.

Príncipe Alberto.

Gemí internamente por sus palabras, yo debí haberlo supuesto.

—Cabrón. —Entorné los ojos a su sonrisa—. Bueno, pues, ¿qué estás esperando? Saca tu puta verga y empecemos de una vez por todas, mientras más rápido terminemos, mejor.

Comencé a arreglar las cosas mientras él se alistaba. El Príncipe Alberto era uno de las perforaciones genitales más comunes en los hombres, ya que era la más sencilla y de fácil cicatrización. Éste arete se coloca en el extremo de la verga, se penetra a través de la uretra y sale por el lado del frenillo. No entiendo cómo podían hacer estas cosas, se escuchaba jodidamente doloroso. Cuando me giré con los guantes puestos, Alec me esperaba sentado como amo y señor, su polla erguida y lista para la acción.

Había olvidado su polla, por todo lo santo.

—¿Ves algo que te guste, cara?

—Engreído. —Resoplé y me senté en el taburete frente a él. Moví la palanca de la silla en la que él estaba para ajustar la altura y quedar frente a frente con el enemigo. Tuve un puto déjà vu de mí estando en ésta misma posición unos tiempos atrás, haciendo otra cosa, claramente. Creo que Alec recordó lo mismo ya que sus ojos brillaron—. No digas una palabra acerca de ello, Alec.

—No tenía pensado hablar. —Alzó las manos en señal de paz, haciendo una mueca de inocencia con sus labios para enfatizar su punto—. Siempre me gustó mirarte desde ésta posición, bella, me hacía sentir poderoso frente a ti, y eso era algo bastante difícil con una mujer de tu carácter.

—Apuesto a que sí.

—Eran los únicos momentos en los que realmente podía dominarte.

—En tus sueños. —Tomé su polla entre mis manos y la muy cabrona reaccionó a mi tacto—. Alec…

—¿Qué? No puedo detenerlo ni aunque quisiera, ¿qué quieres que haga con eso?

Si bien los atributos de Alec no eran cosa de otro mundo, lo que hacía a su amigo aquí único era su grosor. Jodidamente espeluznante y placentero, recuerdo cuán adicta era a ella, demonios. Y creo que me recuerda también, porque cada vez que la manipulaba para comenzar con la perforación, su polla crecía debido a su excitación. Sabía que lo hacía a propósito todo esto, él nunca había querido hacerse una maldita perforación, ni siquiera cuando yo se lo había pedido años atrás. Pero claro, le encanta tocar mis nervios, y, ¿qué mejor manera que ésta?

—Te dolerá como la puta madre si no haces algo con esto. —Suspiré, retirando mis manos—. No puedo hacerlo así, al menos no éste tipo. Si quieres seguir adelante, joder, no lo sé, piensa en la reina Isabel usando una tanga. —Apoyé las manos en sus muslos para ponerme de pie.

Mala, malísima idea.

Él provechó ese momento para tomarme del brazo y acercar su rostro al mío. Debo decir que era bastante incómodo estar a una distancia jodidamente peligrosa de su polla. No sabía a quién enfrentar, si al bastardo de Capo, o a su compañero que luchaba firmemente junto a él.

—¿Por qué mejor no me ayudas tú con el problema?, come ai vecchi tempi (2).

—Oh, claro… ¿Qué quieres que haga primero?, ¿un trabajo manual o prefieres que use la boca ahora, ya? —Su agarre se aflojó por la sorpresa a mis palabras, ahí fue cuando aproveché a alejarme de él. Alguien no entendía el puto sarcasmo, como si yo quisiera tener su verga en mi boca.

Lo que pasó luego fue malditamente extraño.

Creo que no debería sorprenderme de que, cada vez que esté realizando una perforación en alguna parte íntima de X persona, Minino aparezca en la tienda imprudentemente y entrando al cuarto sin golpear. Se estaba haciendo costumbre, realmente. Lo que sí me sorprendió fue como él me empujó hacia atrás, casi logrando que cayera de culo al suelo, y tomó a Alec del cuello de su camisa de seda azul oscuro, sacándolo a trompicones de la habitación, con la verga al aire y todo. Esto era un sueño… No, qué va, sueño mis polainas, era una pesadilla. Si fuera un sueño, Minino no tendría ropa, probablemente.

Cuando salí del estupor, dejé el cuarto de perforado, quitándome los guantes en el proceso.

Alec subía el cierre de su pantalón, mirando fijamente el furibundo rostro de Edward.

—Te lo dije, Isabella.

—¿Disculpa? Trabajo es trabajo, Minino… No fui yo la que jugó al paciente y al doctor con su ex, ¿no? —repetí sus palabras y juro que vi un amago de sonrisa en su boca, la que hora era una tensa línea sobre su rostro—. Le iba a cobrar el doble de todos modos, valía la pena. —Me encogí de hombros.

—Me desobedeciste —murmuró Edward, acercándose a Alec intimidantemente. Capo no se quedó atrás, cuadró sus hombros y se quedó varado en su lugar, esperando cualquier movimiento de Minino—. No me gusta que me desobedezcan, Isabella, hablaremos de ello en casa.

Tragué saliva, oh, yo amaba ver a Minino convertirse en león.

—Estábamos en algo, Bella y yo, ¿seguirás tratando de matarme con la mirada, bambino?, ¿o harás algo al respecto? —Alec dio un paso al frente, pocos centímetros separaban a ambos hombres. Miré a Grizz y Tink que observaban todo con atención.

¡A esos cabrones solo les faltaba tener las palomitas de maíz en mano!

—No quiero que te acerque a ella otra vez, Capo. —La burla en la ronca voz de Minino al pronunciar el apodo de Alec hizo que éste último cuadrara su mandíbula y se deshiciera de la sonrisa que portaba. Los ojos azules de Capo eran fríos. El dedo índice de Edward fue directo al pecho de Alec cuando habló nuevamente—. Lei è mio, non vostro. ¿Capisce? (3)

No sé cuál de todos nosotros era el más asombrado al escuchar el fluido italiano de Minino. Yo nadaba en los estragos del orgasmo que acababa de tener al escucharlo hablar en ese otro idioma. ¡Pero mira cómo se lo tenía guardado mi dulce gatito! Alec sonrió, un extraño brillo apareció en sus ojos y se acercó incluso más a Edward. El dedo de Minino seguía presionando firmemente contra su pecho, pero cuando Alec le dio un leve empujón por los hombros, bueno, Minino no se quedó atrás.

Él devolvió el empujón con el doble de intensidad.

—No la volverás a tocar a ella, y definitivamente, no me volverás a tocar a mí.

—Sino, ¿qué?

—Acabaré contigo, Capo.

Capo levantó sus brazos al aire y luego los dejó caer.

—No es como si no hubiera tocado ya, ¿has visto el lunar en forma de corazón que tiene justo en la nalga…?

Y él no pudo seguir hablando porque Edward descargó toda la fuerza que guardaba en su interior en el puño que hizo impactar contra su rostro, justo en el lado que aún tenía amoratado gracias a la bienvenida que le di. Creo que mi boca no podía estar más abierta ahora. Alec trastrabilló y limpió su labio con rudeza, pasando su antebrazo por él. Un pequeño hilillo de sangre apareció rápidamente en la comisura de sus labios. Minino empuñó sus manos repetidas veces, no dejaba de querer matarlo con esos grandes e inocentones ojos suyos que ahora lucían letales porque estaban relativamente más oscuros de lo normal.

—No te atrevas a hablar de mi mujer de ese modo, ¡sucio bastardo!

—La verdad duele, bambino, y tu mujer no es una santa paloma. ¿Te contó sobre nuestro compromiso? —El cuerpo de Minino se tensó y Alec sonrió, observándome a mí ahora—. ¿No le has hablado de eso, cara?

—Lo hizo, pero no es de tu incumbencia. Lo que Isabella y yo hagamos no te importa, ¿a qué has vuelto a su vida? Ella no te necesita, me tiene a mí.

—Ella puede tener más de uno, ¿no es así, Bella?

Otro puño voló a su rostro, lo pilló desprevenido.

Me crucé de brazos observando el espectáculo, digo, debería detenerlos, lo sé, Minino iba a arrepentirse luego de toda la violencia que estaba empleando en estos momentos, él era un promovedor de la paz innato. Pero era… Se veía como un fiero guerrero, respirando con dificultad y golpeando con sus puños al hombre que una vez me tuvo. Era malditamente… alucinante, ¡nunca había visto a Minino peleando!, ¡él incluso estaba diciendo malas palabras!, ¡una tras otra! Edward tomó a Alec de las solapas de su camisa, atrayéndolo a su cuerpo.

—No puede, yo no lo permito, así que sobras aquí. Ella es mía y siempre será así.

—Eh, perra, ¿no crees que deberías detener esto? —Tink se acomodó junto a mí, observando el espectáculo con el ceño fruncido—. B, detenlos, terminarán matándose a golpes si no haces algo, ¡mira al gatito!, ¡está aruñando a su víctima!

—¿Por qué debería detenerlos? —Sonreí y descrucé mis brazos—. Él es increíble, ¿no lo crees?

—¡B! —Tink me dio un codazo en las costillas con diversión.

Rodé los ojos y suspiré.

—Vale, vale, detendré esto, ¡eres una aguafiestas! —Me acerqué a ellos y puse mis manos sobre los puños de Minino, que aún sostenían firmemente la camisa de Capo—. Vamos, Minino, esto no vale la pena, ¿quieres terminar en el calabozo como yo? No lo creo, así que suéltalo.

—Solo cuando diga que dejará de incordiarte.

—En tus sueños, hijo de perra. —Alec le escupió al rostro y, bueno, creo que Minino vio todo rojo.

—¡Grizz!

Mi amigote salió a mi rescate justo cuando esos dos comenzaron a caerse a golpes encima, Grizz me ayudó a separarlos, aunque fue una completa odisea de puños y patadas. Entre Tink y yo sosteníamos a un muy cabreado Edward, y Grizz tomaba a Alec desde debajo de sus axilas. Capo respiraba con dificultad y estaba tan jodidamente enojado como Minino. Éste se removió bruscamente entre nuestros brazos, logrando soltarse de Tink. Lo abracé desde atrás y lo obligué a sentarse sobre la silla reclinable. Mis brazos estaban en torno a su cuello débilmente, para no dañarlo y permitirle que volviera el aire a sus pulmones.

—Tranquilo, león. —Sonreí contra su oído—. Todo está bien.

—Yo voy a…

—Nada, no harás nada de lo que te arrepentirás luego.

—Tú eres mía —gruñó.

—Lo soy, Minino, lo sé. —Besé el hueco bajo su oreja con dulzura—. Soy tuya, tu jodida mujer, no necesitas probárselo, lo sabes, lo sé, es suficiente.

—Él te quiere, Isabella, te quiere para sí.

—Pero no me tiene —suspiré y enterré mi rostro en su cuello—, tú me tienes en tus manos. Te amo a ti, mi león, así que detén toda ésta mierda porque, probablemente cuando llegue la noche, estarás pensando en cómo pedirle perdón al enemigo por haberlo golpeado. Me lo imagino. —Carraspeé e imité su voz pobremente—: "I-Isabella… yo… c-creo que me sobrepasé, nunca debí… ¿Crees que tu amigo estará bien?"

Edward rio suavemente y negó con la cabeza, su cuerpo dejó de estar tenso y me relajé.

Mi gatito había vuelto.

—Sacaré a este pelmazo de aquí. —Grizz tiró de Alec, quien se soltó de su agarre y sacudió su cara vestimenta, alejando cualquier arruga de ella—. No seas marica, no le hice nada a tu mierda Armani.

—Praga.

—Mierda al fin y al cabo. —Grizz lo escoltó hacia la puerta, pero claramente él tenía que hablar antes de irse.

—Esto no se quedará así, están malditamente advertidos. Nessuno pasticci con me e vive da raccontare. (4)

Y con esa misteriosa frase nos dejó en paz, al menos por hoy.

Suspiré aun recargándome en mi hombre. Escuché la risa de Tink pero la ignoré, qué día, demonios. La campanilla, la muy bastarda, sonó ahora anunciado la presencia de alguien más en la escena del crimen. No me giré, si era Alec nuevamente les juro que ésta vez sería yo la que terminara con todo esto ahora, y él nunca sería capaz de tener sus propios hijos si eso pasaba.

—¿Quién se murió?

—No muerto del todo, pero casi. Aquí tenemos al asesino en potencia. —Levanté la vista y vi a Grizz apuntando a un sonrojado Minino. Giré la cabeza para observar sobre mi hombro al recién llegado, sonreí cuando vi a Nahuel de pie en la entrada de la puerta. Él me sonrió de vuelta y se adentró a la tienda, soltando un silbido por lo bajo.

—Déjenme adivinar… Mujeres, ¿no?

—¿Qué comes que adivinas, primor? —Tink dejó un beso sobre su mejilla y Nau sonrió orgulloso.

—Mujeres, ustedes siempre son la manzana de la discordia. Si hay alguna jodida pelea entre machos en cualquier lugar, noventa y nueve coma nueve por ciento seguro de que la culpa es de una mujer.

—¿Qué puedes saber tú de mujeres, mocoso? —resoplé. Estaba a punto de alejarme de Minino, pero él retuvo mis brazos en torno a su cuello con una de sus manos. Me quedé en mi lugar y besé su mejilla—. ¿Qué te trae por acá, Nau?

—Quería cotizar con Tink sobre un tatuaje que he estado diseñando y que me gustaría que ella me hiciera. —Le guiñó un ojo a mi amiga, quien rio con coquetería y le lanzó un beso al aire—. Y por eso es que me gustas, mujer.

—Me halagas, niño, si tan solo fueras unos años más grande… He hecho muchas cosas en mi vida, pero nunca he profanado un menor, creo que podría ir practicando contigo… —Entorné los ojos por el burdo coqueteo entre esos dos.

—Y ahora es necesario que tú me respondas esa pregunta. —Rodeé la silla reclinable para quedar frente a Edward. Él me miraba con esos ojos de borrego suyos, veía la vergüenza en lo profundo de sus orbes esmeralda. Sonreí y acaricié su mejilla—. ¿Qué estabas haciendo aquí?

—Venía a invitarte a… Espera, ¿vas a la secundaria de Forks? —Él se giró hacia Nau, quien asintió a sus palabras—. ¿Por qué estás fuera de clases? —Minino frunció el ceño a la vez que observaba la hora en su reloj de muñeca. Nahuel desordenó su cabello e hizo una mueca con sus labios.

—Va a haber ésta estúpida charla acerca de la importancia de esperar. —Rodó sus ojos—. No quería aguantar a unos idiotas hablando de cómo uno debe guardarse hasta el matrimonio, que el sexo es algo creado por el diablo y todas esas basuras místicas que la gente de éste pueblo vomita.

Minino desordenó su cabello y sonrió ligeramente.

—Bueno, se supone que seré yo el que dará esa estúpida charla.

Una carcajada abandonó mis labios cuando Nahuel se tornó completamente rojo.

—Uh, vale, viejo, lo siento, ¿sí? Pero… ¡lo siento! Joder, B, acabo de cagarla con tu hombre.

—Está bien, muchacho, no hay importancia. —Edward le sonrió conciliadoramente y luego se fijó en mí una vez más—. Tanya debe estar esperándome, finalmente regresó de su largo viaje a Colorado. —Alcé una de las cejas con curiosidad acerca de eso.

Blondie haciendo un largo viaje a Colorado, apuntando que ese es uno de los estados donde la felicidad envasada es completamente legal. ¡Por eso no la había visto en un largo tiempo! Ya creía yo que se nos había muerto o alguna mierda, quién sabe, con sus complejos de dominatriz puede que se le haya pasado la mano en una de sus sesiones de BDSM. Pero aquí hay gato encerrado, creo que alguien está reviviendo al viejo Bob.

—¿Qué tiene que ver eso a que vinieras a la tienda?

—Yo… quería que vinieras, Renesmee va a hablar delante de toda la secundaria dando su opinión…

—¿Renesmee va a hablar? —La atención de Nahuel estaba sobre nosotros, él dejó de escuchar los consejos de Tink acerca de su diseño cuando el nombre "Renesmee" abandonó los labios de Edward. El chiquillo carraspeó avergonzado cuando se dio cuenta de su efusividad—. Uh, digo… Con mayor razón no debí quedarme —resopló y se giró, siguiendo en lo suyo.

Ahí fue cuando recordé lo que Nessie me había pedido.

—¡Cierto!, ¡yo debía interceder! —chillé—. ¿Por qué estás ignorando a mi hermanita?

—Ella sabe perfectamente lo que hizo —respondió Nau con voz sombría.

Oh, algo grande se cocía aquí.

—Ella está arrepentida, bastante de…, sea lo que sea que te haya hecho...

—¡No me ha hecho nada!, ¡se lo hizo a sí misma! —El muchacho se cruzó de brazos—. Le dije que ese tipo no era bueno para ella. ¿Me escuchó?, claro que no, porque así es tu hermana… ¡Exasperante!, ¡solo me llevó la contraria para demostrarme que puede cuidarse sola! —Negó con la cabeza y gruñó—. Ya lo dije, joder, ¡mujeres! ¿Y cómo fue que termino? Ella…

—Terminó en una fiesta, completamente asustada y sola.

Nahuel se quedó estático y luego se giró en cámara lenta hacia mí.

—Ella… ¿qué?

—Terminó en una fiesta, en La Push. Me llamó llorando pidiendo mi ayuda, Ness claramente no estaba en su ambiente y eso la sobrepasó, no ayudó mucho que Lobo estuviera malditamente colocado toda la noche…

—Ese bastardo… ¡Debería haber cuidado de ella!, ¿cómo puedes ser tan jodidamente estúpido? ¡Renesmee es mucho más que sexo, drogas y rock n' roll! —gritó enfurecido, dando un pisotón en el suelo con sus negras botas de combate.

Solté un pequeño sonidito cursi al escuchar sus palabras.

¡Team Nahuel hasta el maldito final de los tiempos!

—Ella está bien, por si te gustaría saber.

—No me importa. —El crío era malditamente terco—. Si algo le hubiera pasado… —Empuñó las manos y se giró hacia Tink una vez más—. Habría sido nada más que su culpa. Así que no me interesa, nada de lo que le pase me interesa ahora… ¡Que vaya donde su amigo Jake mejor!

Los celos, tal parecer que hoy era el día de los celos.

—Bien, hice mi trabajo de informarte. El resto deben arreglarlo entre ustedes… Pero créeme, mocoso, cuando te digo que Ness está arrepentida de sea lo que sea, ella me pidió ayuda, por todo lo santo… ¡Debe estar malditamente desesperada para pedirle ayuda a su irresponsable hermana! —Nahuel bufó.

—Me vale madre.

Niños, ¡niños!

—Bien—suspiré—, no se puede hablar con ésta gente. Tú, dame tus manos, déjame cuidar de ti.

—Estoy bien, Isabella. —Minino observó sus nudillos raspados—. Esto no es nada.

—No fue una pregunta, fue una orden. Dame tus manos. —Alzó sus cejas en mi dirección—. ¿Qué?

—Aún estoy molesto contigo. —Resoplé y me dirigí hacia uno de los compartimientos que colgaban en la tienda, justo al fondo. Allí había un roñoso botiquín de primeros auxilios. Edward siseó cuando pasé una bolita de algodón bañado en alcohol por sus dañados nudillos—. Tienes un horrendo gusto en hombres, querida.

—¿Sí? —murmuré, sonriendo levemente. Lo observé bajo mis pestañas y luego seguí con mi trabajo en sus manos—. ¿Te incluye a ti eso?

—Claramente yo siempre he sido tu mejor opción.

—¡Mira eso! —Solté una pequeña risita por sus palabras—. ¿De dónde ha venido todo ese egocentrismo?

—No es egocentrismo, es honestidad.

Mis ojos se prendaron de los suyos al oír sus palabras. Edward tenía ésta clase de ojos que, no importaba el tiempo, nunca podías dejar de mirar fijamente. Eran únicos en su tonalidad, y eran unas ventanas a su alma. A pesar de la seguridad que emanaba al decir aquellas palabras, podía ver cómo titubeaba en su interior. Cómo quería creerlas férreamente. Sabía que eso era mi culpa, últimamente todo era mi jodida culpa. Pero él…, él era demasiado inseguro acerca de todo.

Íbamos a tener que cambiar eso poco a poco.

—Te doy la razón por ésta vez. —Una dulce sonrisa fue lo que me dio en respuesta—. Aunque, de todas las personas con las que he estado… Lo siento, Minino, Tink siempre será mi mejor opción.

—¡Para que te vayas haciendo una idea de qué tan buena soy, gatito!

La muy perra estaba pendiente de nuestra conversación.

Los rasgos de Edward se relajaron y él rio libremente, tal y como me gustaba que lo hiciera.

Llegamos a la secundaria de Forks montados en su Volvo. Nahuel había venido con nosotros porque, según él, se había sentido mal al hablar de esa forma de Minino. Mentira, jodida mentira, estaba segura de que el crío quería ver a mi hermanita. Amor adolescente, qué cosas, ¿eh? Oh, y eso de que Edward aún seguía enojado conmigo era verdad, un enojo muy malditamente extraño, déjenme decirles. Él era como Floyd con su "te diré papá cuando quiera", porque si él quería tomaba mi mano, si él quería me hablaba, solo si él quería. Y yo iba a dejarlo hasta cierto punto, porque, vamos, era bastante fácil sacarme de mis casillas y en cualquier momento le gritaría en su cara y probablemente terminaría violándolo luego, por terco y gruñón.

El gimnasio, que me traía tantos jodidos recuerdos, seguía igual que hace años atrás.

Estaba atiborrado de granujas, todos ellos sentados en las gradas. El director Lancaster estaba dando un aburrido discurso de pie en un estrado en el medio de la cancha. Caius Lancaster, viejo de mierda, seguía igual de decrépito y espeluznante a como lo recordaba. Siempre había pensado en él como algún integrante de la familia Adams. Su voz de velatorio se escuchaba como un eco por todo el lugar, me apiadaba sinceramente de todos los pobres diablos que debían escucharlo.

—No hagas esas muecas.

—Es un aburrido, pobres niños, demonios, ¿por qué tienen que escuchar toda la basura que dice? —Edward me dio una fea mirada por mis palabras—. ¿Qué?, ¡es verdad!

—Isabella, sé respetuosa.

Entorné los ojos y golpeé a Nahuel cuando se rio de mí.

Caminamos hacia las gradas en silencio, tratando de ser respetuosos como Minino quería. Tanya estaba sentada en la primera hilera, vestía una falda tubo de un azul marino que hacía juego con la camisa sin mangas de color crema que utilizaba. Era la imagen del decoro, siempre me iba a dar risa eso, su otro yo. Edward le sonrió cuando llegamos a su altura, ella le sonrió de vuelta, pero esa sonrisa se quebró cuando me vio a mí tras de él. Hice el signo de la paz con mis dedos a modo de saludo, guiñándole un ojo. Ella ni siquiera respondió. ¡Y yo era la maleducada según Minino!

—Sin más, alumnado, los dejo en manos del doctor Edward Cullen y la señorita Tanya Evans. —El director Lancaster aplaudió, siendo seguido por los retoños que ocupaban el gimnasio como espectadores. Tanya y Edward se pusieron de pie y sonrieron mutuamente mientras caminaban hacia el estrado.

Creo que Minino había mencionado algo sobre un club de frígidos una vez, ya ni me acordaba.

—Buenas días, jóvenes, el día de hoy hablaremos sobre un tema de nuestro interés. —Tanya hizo un movimiento con su mano y alguien apagó las luces del lugar, una proyección apareció. Un viejo video comenzó a rodarse—: La importancia de esperar.

El video que mostraban era graciosísimo. Yo no estaba prestando atención al discurso que ellos estaban dando, simplemente veía ese absurdo video de caricaturas que rodaba sin parar. Ahí salía una abejita bastante jodida que se enamoraba de una flor. Una puta abeja enamorándose de una flor, carajo. Y la abejita comenzaba a jugar con su aguijón, se nos ponía cachonda la abeja, eh. La flor no estaba muy segura de dejar a la abeja picar su centro con el aguijón, pero como acto de amor le dio su consentimiento, para demostrarle cuánto lo amaba. Lo bizarro vino después, cuando la flor estaba rodeada de pequeñas florecitas y la abeja se iba a la mierda, eligiendo otra flor dónde picar porque ésta ya estaba jodida. ¡Había tenido pequeñas flores, con un demonio!, ¡qué clase de enfermo vídeo era éste!

—No puedo creer que realmente estén mostrando un vídeo de abejas y flores —murmuré con incredulidad por lo que mis ojos habían sido testigos—, abejas y flores, joder. ¿Qué edad se supone que tienen?, ¿ocho años?, ¿diez?

—Pues vale, ya entendí todo, si no quiero tener pequeñas florecillas, procuraré no follar con una flor.

Reí por las palabras de Nahuel justo cuando el vídeo llegó a su fin y las luces volvieron a encenderse, ahí estaba la mirada de Minino, esa mirada del mal porque estaba siendo irrespetuosa una vez más. Me había pillado malditamente in fraganti cuando estaba riendo, ¡culpen al crío no a mí!

—El acto sexual debe ser bajo responsabilidad, los métodos anticonceptivos nunca son cien por ciento seguros, niños. He ahí por qué es favorable el esperar, se ahorran embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual. El coito en sí debe ser más que sexo para ustedes. —Minino sonrió con dulzura, sentí alguno que otro suspirito de las mocosas que me rodeaban—. Es un acto de amor, es algo especial.

—No jueguen a ser adultos, aún son niños y pueden esperar. Las hormonas a veces nublan nuestro juicio y nos dejamos llevar cuando somos adolescentes, pero hay que saber cuándo decir que no. —Tanya sonrió y se acercó imperceptiblemente a Edward—. Sean responsables, muchachos, y la vida les sonreirá.

—Ahora, su compañera y presidenta escolar, Renesmee Swan. —¿Presidenta escolar? Claro, debí suponerlo—. Compartirá unas palabras con ustedes acerca del tema en cuestión. —Minino hizo un gesto con su mano hacia las gradas, Ness estaba sentada a unos cuando puestos más allá de nosotros.

Ella sostenía su computadora rosa entre las manos, lucía unos pantalones caqui y mocasines a juego, en el conjunto de su vestimenta también iba incluido un suéter de lana color celeste, que hacía juego con la cinta que amarraba su largo y rubio cabello en una alta cola de caballo. Ness conectó su computadora al proyector que estaba junto al estrado y me sorprendí cuando una fotografía mía apareció allí.

¿Qué mierda?

—Compañeros, muy buenos días. —Nessie carraspeó y entrelazó sus dedos sobre el estrado—. Para comenzar, quiero agradecerle a mi hermana, Isabella Swan —ella me apuntó, y de repente tuve todos los ojos sobre mí; me removí incómoda en mi lugar y fruncí el ceño—, porque gracias a su irresponsabilidad, éste discurso será posible.

—Uh, ¿qué es lo que está haciendo? —preguntó Nahuel, igual de confundido que yo.

—No lo sé, no entiendo ni una mierda.

Las luces volvieron a apagarse y la presentación comenzó a rodar. La primera fotografía era una que le había enviado a papá cuando apenas y había comenzado mi viaje por carretera, estaba sentada en la motocicleta de Cobain y el Gran Cañón salía como paisaje de fondo. Era una imagen preciosa, déjenme decirles, pero no entendía qué tenía que ver todo esto aquí.

—Ésta es mi hermana, como pueden ver. —La imagen cambió a una en Disneyland, no pueden culparme por eso—. Isabella, ella tenía diecisiete años cuando dejó nuestro hogar para vivir la vida. Inmadura, irresponsable, adolescente y con las hormonas alborotadas… ¿Alguna combinación peor que esa? —Otra fotografía mía, fumando de una pipa de agua en New Orleans.

—Oh, recuerdo ese día, putamente genial, habíamos conocido a unos chicos egipcios en un restorán de comida rápida, ellos nos invitaron a fumar un poco de hachís (5). —Sonreí, recordando a Amun y Benjamin.

—¿Hachís?, whoa…

—Ella creía que era la dueña del mundo… —Una fotografía, la primera que me tomé cuando la panza de Floyd ya era visible, apareció en la pantalla—. Hasta que cometió un error. —Fruncí el ceño por sus palabras, mi hijo no era un maldito error—. Cuando las hormonas y el alcohol dominaron su cuerpo, éste fue el resultado: Un embarazo no deseado. —Más fotografías de mi embarazo aparecían en las diapositivas—. Esto es lo que les ocurrirá a ustedes si no toman precaución…

Me estaba molestando con ella por tomarme de ejemplo para ésta mierda.

Yo iba a abrir la puta boca y dejar el despelote porque no tenía derecho de hacerlo.

—Ella está cruzando la puta línea…

—¿Creen que es fácil criar a un niño? —Una fotografía de mi hermoso niño apareció en la pantalla grande. Él tenía su cabello castaño debajo de los hombros, más que ahora, y un dulce puchero estaba instalado en sus labios—. Mi hermana sabe que no lo es… Pero ella es una guerrera que pudo hacerlo, con sus apenas diecinueve años y un bebé, no se amedrentó. Porque es fuerte, porque es ella. ¿Creen ustedes poder hacerlo? No lo creo, ninguno de los presentes lleva el nombre de Isabella Swan. Ella es un ejemplo de fortaleza y perseverancia, aun y cuando su imprudencia la hizo madurar antes de lo debido. Por eso, sean responsables, hagan sus actos de manera consciente. Eso es todo, muchas gracias.

Pestañeé con incredulidad por sus palabras.

¿Estaba realmente Renesmee halagándome?

—¿Escuché bien?

—Ella ha dicho indirectamente que eres de puta madre.

—Pensé que moriría antes de que llegara éste día, pellízcame… —Él lo hizo y yo chillé—. ¡Infiernos!, ¡era una broma!

Las luces del gimnasio volvieron a encenderse, los alumnos aplaudieron a las palabras de Ness. Desde mi lugar podía ver lo sonrojadas que estaban sus mejillas, cuando volvió a su lugar ni siquiera quiso mirar hacia donde sabía yo me encontraba. Todo esto era de locos, pero, bueno, para qué voy a mentir, sentí una calidez en mi pecho al saber lo que ella pensaba de mí. Ya tenía completamente asumido que me odiaba con todo su ser, «caras vemos, corazones no sabemos» como decía mamá.

Una sensación de felicidad se instaló en mí.

Al menos ahora sabía que Nessie me estimaba aunque fuera un poco, eh, es un avance.

—Ella se fue corriendo, como si verme fuera lo peor de la vida.

—Estaba avergonzada, admitió frente a un salón lleno de personas que quiere a su hermana y está orgullosa de ella, Isabella. —Fruncí los labios y rasqué mi nuca, escucharlo de otra persona era vergonzoso porque, demonios, me hacía feliz—. Debo volver al hospital, aún tengo trabajo por hacer.

—¿Estás molesto conmigo aun?

Estábamos sentados en el Volvo, aparcados junto a la calzada que daba con la entrada de nuestra casa. Minino suspiró y tomó el manubrio entre sus manos, apretando con fuerza. Tal vez eso era un sí. Recargué la cabeza contra el cabecero del asiento del copiloto y suspiré. Acerqué mi mano lentamente hacia la suya, la posé con delicadeza sobre su puño, sus dañados nudillos estaban casi blancos por la presión que él estaba ejerciendo. No entendía muy bien porqué estaba molesto en sí, ya le había explicado lo sucedido en el pasado con Capo, creo que incluso le expliqué con manzanitas para que entendiera, porque, hombre, él era malditamente terco cuando se lo proponía.

—¿Por qué no te casarías conmigo, Isabella? —Su pregunta fue un suave murmullo que me costó descifrar en un principio.

Tal vez el haberle dado ese "no" tan directamente había sido el detonante. Pero, diablos, soy la peor cuando estoy bajo presión, y él no dejaba de hacerme esa insistente pregunta. Aparte, ¿qué debía responder?, ¿sí? Pues no, no era una gran fan del matrimonio aun y cuando la vida de casados de mis padres había sido la más hermosa hasta que mamá nos fue arrebatada. Él tenía que saber eso, demonios, siempre he sido algo reacia a los compromisos.

¿No era simplemente suficiente que estuviéramos juntos?

¿No le daba eso alguna pista de cuán comprometida ya estaba con él?

Minino, no quiero hablar de esa mierda, por favor…

—Tienes mi corazón en tus manos, te lo dije una vez, es tuyo, siempre ha sido de esa forma. Algo como… Algo como un matrimonio solo sería un anexo a lo que siento por ti, no… —Sonrió suavemente—. Casarme contigo sería como ir al cielo, supongo, y gritar a los cuatro vientos cuánto te amo, que incluso Dios fuera testigo de mis sentimientos hacia ti.

—No soy una mujer de compromisos, Minino. Yo soy una mujer de hechos, de palabras. No… No me casaría contigo —repetí, sintiendo su mano tensarse bajo la mía—. Y no me des tu corazón, dulzura, yo no sabría cómo cuidarlo. ¡Mira lo que estoy haciendo ahora!, ¡estoy destrozándolo!

—Pensé que esto estaba funcionando…

—Y lo está haciendo, supongo que queremos cosas distintas. ¿No crees que vayamos muy rápido? Joder, Edward, hablar de matrimonio a estas alturas es… —Me estremecí sin quererlo—. ¿Por qué es tan importante para ti?, ¿por qué demonios no puedes entender que no tiene nada que ver contigo? Soy yo, ésta es mi creencia. No necesito papeles que demuestren que estaré contigo para siempre, lo estoy ya, en cuerpo y alma, lo sé.

—Es mucho más que un papel en lo que a mí concierne.

—Entonces… Entonces, demonios, no sé qué deberíamos hacer. —Resoplé y cerré los ojos—. Te hablé acerca de Alec porque sabía que él trataría de llegar a ti con eso. Y te conozco, sabía qué harías una tormenta en un jodido vaso de agua.

—Entonces, si él no hubiera vuelto, tú no me habrías contado nada acerca de tu compromiso.

—Nope, no lo habría hecho. ¿Para qué? No fue un gran evento en mi vida realmente, estuvimos un mes comprometidos. ¿Qué tan serio puede ser eso? Fue un momento de debilidad que tuve, no fue porque verdaderamente me veía con él para toda la vida… Si nos hubiéramos casado, tal vez lo habría engañado con el primer hombre que se me cruzara por delante.

—Isabella…

—¿Qué? Es verdad.

Él se quedó en silencio por un momento.

—¿Crees que vamos muy rápido? —me preguntó, confundido porque, tal vez, en el fondo era él el que pensaba eso.

—Bueno, nosotros de por sí somos extraños. Así que supongo que es así como tenía que ir todo, no es como si nos estuviéramos conociendo recién, gatito, y ya estuvimos unos largos siete años separados. —Miré por la ventana y me puse los calzones, como la mujer que soy—. Pero si me preguntas, no lo sé, carajo, creo que esos siete años son los que nos cagan la vida, porque ambos hicimos cosas de las que el otro no es consciente.

—El único secreto que tenía escondido era Charlotte.

—Ese eres tú, yo tengo bastantes esqueletos escondidos en el armario.

Tal vez y, al fin y al cabo, realmente todo era mi jodida culpa.

Pero no puedo arrepentirme de los actos que me habían traído aquí después de todo, no es que lo hiciera, demonios, si no me arrepentía de nada, tal vez de la locura que cometí referente a Alec, pero ni eso. Mis acciones pasadas fueron las que me trajeron aquí, y yo nunca me arrepentiría de cosas que hice a conciencia, fueran buenas o fueran como la mierda de malas.

Era yo la que tenía un pasado jodido lleno de drogas, sexo y parranda. Era yo la que se había revolcado con cualquier espécimen que le gustara, fuera hombre o mujer, demonios. Pero era yo, así era yo y una mierda si sentirme avergonzada de ello.

Tal vez…

Sí, sabía que nunca sería lo suficientemente buena para él, pero me vale madre.

Era un ser putamente egoísta y, Minino, para su desgracia, ya era mío.

—Isabella… —Minino suspiró y sus acongojados ojos se posaron sobre los míos. Si él terminaba esto sería un completo caos, digo, yo sufriría, pero probablemente no lo demostraría a nadie… pero, Floyd… mi niño, demonios— ¿Crees que lo mejor sería que nos diéramos un tiem…

El rugido de una motocicleta hizo que nuestra atención se viera interrumpida. Fruncí el ceño cuando una gran Harley negra se estacionó junto a nosotros, sin apagar el motor. La carrocería de la motocicleta era malditamente hermosa, entre el negro destacaba una que otra curva en cromado. Una pieza única que resplandecía junto a la puerta del piloto. Pero hasta ahí quedó la hermosura de la máquina. Bufé y maldije al cielo cuando el inconfundible rostro de Alec se hizo visible. Minino golpeó el volante con ambas manos y soltó una maldición entre dientes.

—¿Qué demonios quieres ahora?

—Tengo algo que puede interesarte, Isabella. —Ignoró olímpicamente la pregunta de Minino, quien se veía completamente ofuscado. Apoyó su brazo doblado sobre el espacio donde la ventana del auto debería estar haciendo de barrera, pero desgraciadamente estaba abierta, metiendo su cabeza al interior del Volvo.

Lo peor de todo es que estaba apoyado justo en el lado de Edward.

—Nada de lo que tengas puede interesarme, demonios. ¡Estábamos hablando algo serio aquí!

—Es información sobre el padre de tu pequeño niño. —Sus ojos brillaron con burla cuando supo que tenía mi completa atención—. Eso, cara, al fin me prestas la atención que merezco.

El ambiente se volvió más tenso de lo que ya era, empuñé las manos por la mención de esa escoria.

Yo soy el padre de Floyd —rugió Edward, interrumpiendo cualquier palabra que quiso salir de mi boca. Él observó a Alec con desprecio infinito en sus ojos—, eso es todo. No hay nadie más, él es mi hijo.

—Para tu desgracia, bambino, no lo es.

—¿Sabes quién es el padre de Floyd? —pregunté en un ronco murmullo. Minino me observó con sus ojos verdes abiertos de par en par, podía ver la sorpresa en su rostro por mi pregunta, pero esto era algo que tenía que hacer en algún momento.

—Isabella, no lo hagas.

—Alec, respóndeme. —Ignoré a Edward, ignoré el dolor en su voz al suplicarme aquello. Ya ven lo perra que puedo ser, incluso pasando por encima de quien digo amar—. ¿Sabes quién es?, dímelo, ahora mismo dime quién es ese cabrón.

—Solo lo haré si aceptas venir conmigo, cara. Ese será el trato. Vienes conmigo, dejas a este donnicciola (6) y obtienes la información. Demetri puede ser un muy buen investigador, ¿sabes? Ese es el trato, dolcezza.

El silencio se hizo presente en el reducido espacio.

—No te vayas, Isabella, no lo hagas. —Observé fijamente la mano que se enroscó en torno a mi brazo, ejerciendo presión para que no lo dejara—. Te escuché cuando Charlotte apareció en nuestras vidas, ahora escúchame tú a mí.

Necesito hacer esto.

—Si vas con ese hombre, puedes olvidarte de mí. —Creo que fue mi corazón el que sangró ahora con sus palabras. ¿Cómo podía ponerme en semejante dilema? Sabía exactamente la mierda que iba a hacer, y las consecuencias que traería—. Yo soy el padre de Floyd, Isabella, nadie cambiará eso. Tú lo dijiste una vez… ¡Ese hombre nunca tuvo la decencia de aparecer! ¿Qué importa quién es?

Minino… —suspiré.

No miré a Minino cuando me bajé del Volvo, no quería ver la tristeza en su rostro o la decepción que sentía por lo que estaba haciendo. Él nunca podría entenderlo, claramente. Era algo que necesitaba hacer para cerrar esa etapa de mi vida o siempre tendría la maldita duda, siempre estaría rondando en mi cabeza y no quería eso. ¡Necesitaba jodida paz mental de una buena vez por todas! Cerré la puerta tras de mí y rodeé el auto hasta llegar donde Capo se encontraba. Sin más, y bajo la atenta mirada de mi gatito, me monté en la parte trasera de la motocicleta. Alec comenzó a jugar con el acelerador, haciéndola sonar estrepitosamente mientras yo me acomodaba el casco sobre la cabeza. Si debía hacer esto para saber de una vez por todos qué carajos había pasado esa noche, lo haría, por Floyd lo haría, haría lo que fuera por mi enano.

Incluso si eso significaba perder a Minino.

Yo podría con eso, supongo… Aunque, demonios, él no estaba hablando en serio. Cuando regresara yo iba a hacerle ver lo estúpido de su comportamiento, pero ahora debía concentrarme en esto, aunque le rompiera el corazón una vez más. Luego me encargaría de juntar las piezas para él, eso era lo que siempre hacía.

—¡Isabella!

Lo observé por sobre mi hombro, se había bajado del Volvo y me observaba contrariado.

—Tengo que hacer esto, Minino, tengo que hacerlo por mí, ¡necesito saberlo!

—¡No hay nada qué saber, él es mi hijo!

—¡No! —grité—,¡no lo es, cariño! —Sonreí con tristeza porque, aunque yo también quisiera que eso fuera verdad, no lo era, demonios, ¡no era así! Edward dio un paso atrás, completamente roto por mi culpa—. No lo es y yo necesito saber quién demonios fue el ingrediente secreto.

Sus hombres se hundieron y tuve que desviar la mirada.

—No te vayas otra vez…

Había roto su corazón otra vez, aun podía escuchar el pequeño crack que éste hizo frente a mí, incluso sobre el rugido del motor de la Harley porque, justo en ese exacto momento, mi corazón acompañó su sufrimiento. Cualquiera de estos putos días iba a aparecer mi foto en el libro de Récord Guiness:

"La persona que más veces ha roto un corazón en menos de un día."


(1) "Dulzura".

(2) "Como en los viejos tiempos".

(3) "Ella es mía, no tuya. ¿Entiendes?".

(4) "Nadie se mete conmigo y vive para contarlo".

(5) El hachís es la resina que se obtiene de la cannabis. Es más potente y se encuentra en las féminas de la sativa. Generalmente el hacís se fuma en pipas, pero también se puede fumar en cigarrillos (porros), y a menudo es mezclado con tabaco.

(6) "Mariquita".


¡Buenas madrugadas!

¡Miren lo que me llegó gracias a Sarai! ella me estará ayudando con el beteo de la historia ahora,¡muchas gracias mujer, como ya te dije, eres un sol! Bien, bien, el esperado capítulo ha llegado. Un montón de emociones en él, lo sé, y puede que esta vez quieran matarme (nuevamente) por el final que les traje, creo que tendré que cambiar el romance-humor allá arriba, ¿eh? Pero... ¡Vamos!, ¡es solo un poquito pequeño bien chiquito! aparte que soy horrenda escribiendo dramas, ¡mi corazón sufre! khjhgfhdf Solo les digo ahora que B no lo tendrá muy fácil, y que Capo sabe malditamente bien lo que está haciendo. Son los años hablando, él es un hombre de experiencia y Minino... Bueno, me lo traje para mi casa, está acostadito junto a mi, lo estoy consolando (?) En el próximo capítulo alguien más sufrirá, porque llegará otro espécimen a remover el gallinero. Imaginen cual de los tres mosqueteros será el que tenga su momento ahora, imaginen. Y... Uh, no creo que tenga nada más que decir, aparte que cumplí con lo de actualizar en la semana. Estoy mas ligera al saber que solo me falta el capítulo de 3, 2, 1, el cuál llevo ya mas de la mitad gracias al todopoderoso. TataXOXO la verdad es que sí, hahaha, Capo no ve esto como un juego, lo ve como algo serio, ya se vendrá su explicación y todas esas cosas ;) Maria Garcia Estoy en un dilema con esos dos bastante fuerte, porque aun mi mente no tiene claro si quiere que Renesmee se quede con Jacob o con Nahuel, así que, tal vez por eso no se esfuerza la muchacha hahaha está tan confundida como mi imaginación hehehe Vale27 ¡Tantas preguntas _ hahaha, bueno, creo que con este capítulo contesté algunas. No, no alcanzaron a casarse, por ende, no es divorciada hahaha. Pero el resto no puedo responder, ¡arruinaría la sorpresa! Como ya dije, Capo dará su versión, sus excusa y todo lo que tenga que decir en lo que se viene, así que, prepárate para que tus dudas se disipen :) Ya se sabrá quién es el papi de mi enano, así que... Quién sabe, tal vez sea Demetri, tal vez... Torposoplo12 ¡Ya se viene! ahí sabrás si es el padre de Floyd o no, hahaha, finalmente la espera terminará (?) hehehe.

Y bien, eso es todo, ¡nos estamos leyendo! recuerden que cualquier duda que tengan, pregunta que pueda responder, queja con o sin insultos, pueden hacerlo como les dé la gana, dm, facebook, review... ¡estoy aquí para responder! aun y cuando sean malas palabras, bwahahaha.

¡Nos estamos leyendo! ¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos como siempre!

Lamb~