Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward
Nuevamente miles de gracias a Sarai GN, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) por ser un sol y ayudarme con el beteo.
Capítulo 25: Viviría y moriría por ti.
I'll be there for you – Bon Jovi
—¿Hijo?, ¿estás bien?
Asentí a las palabras de mamá, sin poder despegar la vista de la niña frente a mí. No podía ni siquiera hablar. ¿Por qué no podía hablar? Era como si mis labios estuvieran sellados con pegamento extra fuerte. Mamá se inclinó hacia mí, posando su mano sobre mi hombro, siguiendo mi mirada.
Ella soltó una pequeña risita y yo fruncí el ceño.
—¿Qué es lo gracioso?
—¿Te gusta la nena Swan?
Mis mejillas se encendieron.
Ladeé la cabeza ignorando su pregunta y mamá volvió a reír, su risa suave como campanillas contra el viento. Me gustaba observar a Isabella, ella era muy distinta a las niñas que vivían en Forks y asistían a la misa que papá daba todos los domingos. Isabella llevaba el pelo hasta los hombros, cuando todas las otras chicas lo tenían por sus cinturas, y aun así brillaba más que ninguno. Ella vestía con pantalones gastados, las demás usaban vestidos. A veces parecía un chico, amaba brincar en los charcos cuando salíamos a receso, y… Ella me defendía cuando Tom se burlaba de mí, también.
Cuando mis manos tiemblan, ella deja un beso sobre mi mejilla y todo se desvanece.
—Mamá…
—¿Sí, corazón?
—¿Qué significa cuando, cada vez que la miro, siento un dolor aquí? —Apunté mi corazón, porque dolía—. Y después del dolor viene la carrera, ¡mi corazón corre como Jasper cuando va tarde a la escuela! También se me olvida como respirar, así que a veces tengo problemas con eso. Cuando me sonríe es como ese día en el que comimos muchos chocolates en la tienda… ¿Recuerdas cuando tenía mucha azúcar en el cuerpo, mami?
—Un subidón de azúcar, lo recuerdo, hermoso, estabas extasiado y lleno de energía…
—¡Feliz! —chillé, sonriendo—. Eso siento cuando me sonríe, muchas hormiguitas en el cuerpo… —Dejé de observar cómo Isabella estaba jugando a patear una roca en el centro de la plaza—. ¿Qué significa eso?, ¿eso es que me gusta?
—Oh, mi dulce bebé. —Mamá dejó un sonoro beso sobre mi mejilla—. ¡Tienes solo diez años y ya estás enamorado!
…
Hace dos horas que Isabella se había ido.
Conduje sin rumbo por largo rato, aferrándome al volante del Volvo para que la ridícula costumbre que tenían mis manos de moverse no apareciera ahora. Siempre lo hacía cuando alguna situación me superaba por completo, o cuando estaba molesto. Generalmente cuando estaba molesto. Y ahora… ahora estaba sintiendo un sinfín de emociones distintas, pendía entre la ira y la tristeza. Quería gritarle al mundo y también llorar como un bebé. Quería… quería a Isabella conmigo, aquí y ahora, pero sabía lo egoísta e irracional que estaba siendo. Ella necesitaba cerrar esa etapa de su vida, lo sabía, había sido injusto suplicándole que no lo hiciera, pero ese hombre…
Apreté el volante con mayor fuerza y le di al acelerador.
Ese hombre era el problema, él creyéndose el dueño del mundo, pensando que podría llegar aquí a reclamar algo que no era suyo. El puesto junto a Isabella no era suyo, ya no más. Pero eso pasaba a segundo plano, después de que los celos nublaran mi razón, había podido pensar detenidamente sobre ello y no me dolía el que se marchara con él… Me dolía como el infierno que negara el que Floyd fuera mi hijo.
Él es mío tanto como Grace es suya, esa era la verdad.
"¡No! ¡No lo es, cariño!"
—¡Y entonces la maestra nos mostró como la cucuna…!
—Cuncuna.
—¡Eso! —Él siguió contando su historia como si nunca lo hubiera interrumpido—. Como ella salía de su camita y ¡boom!, ¡tenía alas, papi!, ¡ya no era esa fea cun-cu-na! —Floyd separó las sílabas para poder pronunciar bien, lo que me hizo sonreír—. Y entonces la maestra abrió la ventana y la cuncuna, que ahora era una marisopa, voló y voló… ¿Si me quedo en mi camita me saldrán alas?
—¡Bobito!, ¡no pueden salirte alas! —Grace rio dulcemente a las palabras de Floyd, quien se enfurruñó porque mi princesa dijo en voz alta lo que él no quería aceptar—. ¿Verdad que no, papi? Aunque podemos volar, ¡en aviones!
—¡Pero mamá una vez voló en Parente! –Él abrió sus brazos haciendo como que planeaba, causando así la risa de mi pequeña niña.
—Se dice parapente, campeón.
—Uh-huh —asintió y volvió a jugar con sus brazos.
Ellos siguieron hablando todo el camino a casa.
Yo aún iba enfrascado en mi mente.
¿Vendría Isabella a casa hoy?, ¿cuánto demoraría con ese tipo?, ¿sería ella capaz de dejar a Floyd? Claro que no, por supuesto que no, ella amaba a su hijo con su vida, entonces, ¿qué debía esperar ahora? Esperar, esa era la palabra clave. Me jactaba de ser un hombre con una paciencia interminable, claramente no había estado en una situación así nunca antes. Llegué a una decisión cuando ya estábamos casi llegando a casa, di media vuelta rápidamente y conduje sin detenerme hasta la casa de mis padres.
Necesitaba hablar con alguien, qué mejor que la sabiduría de Carlisle Cullen.
—¿Hijo? ¡Pero qué grata sorpresa, amor!
Mamá sonrió abiertamente y corrió hacia nosotros cuando nos bajamos del Volvo. Antes, cuando era pequeño, y veía a mamá usar aquellos coloridos vestidos de seda que eran realmente vaporosos, pensaba en ella como un hada. Y aquí estábamos, muchísimos años habían pasado y ella seguía viéndose igual de irreal. Llevaba un pañuelo de seda color púrpura alrededor de su cabeza, el cual hacia conjunto con sus extravagantes vestimentas. Tan distinta a como mi padre era, pero tan iguales ambos a la vez. Se complementaban de una manera que no había visto en nadie, era hermoso de presenciar la química que rodaba en el aire cuando ellos estaban juntos.
—¡Abu Esme, hoy vimos una cuncuna! —Grace sonrió cuando mamá dejó un sonoro beso sobre su mejilla.
—¿Una cuncuna?, supongo que luego la dejaron libre, ¿cierto? Todos los seres vivos merecemos ser libres. —Los chicos asintieron ensimismados en sus palabras. Tal vez ellos no entendían mucho, pero Esme tenía una voz muy persuasiva—. Y los animalitos son nuestros amigos. —Ella les guiñó un ojo—. ¿Quieren ayudarme con las flores en el jardín trasero? Estaba a punto de ir a regalarlas y saludarlas como corresponde…
—¡Sí! —Los niños corrieron hacia la cocina para salir al jardín.
Sonreí observando la interacción entre ellos tres.
—Y ahora, cariño, mamá tiene un sexto sentido. —Se golpeó la sien con una de sus uñas con esmalte tornasol—. ¿Qué es lo que te trae por acá y por qué tienes esa cara larga? —Mamá hizo una mueca con los labios y acarició mi mejilla dulcemente.
—¿Está papá? —Ella asintió—. Yo… necesito su consejo.
—¿Tiene que ver esto con cierta muchachita cubierta de tatuajes? —Mis labios se curvaron en una triste sonrisa y asentí. Esme suspiró y negó con la cabeza lentamente—. Bien, cariño, papá está en su despacho. Yo cuidaré de mis tesoros mientras ustedes conversan… —Se alzó de puntillas y besó mi rostro—. Ya verás como todo se arregla, corazón. El amor lo puede todo.
—¿Tú crees, mamá? ¿Tú crees que eso es suficiente?
—Recuerda a Lord Byron, hijo mío. —Papá estaba en la cima de la escalera observando hacia nosotros. Sus ojos celestes brillaron al posarse sobre mamá—. "Cuando pienses en dolor, piensa en el amor y verás la solución". —Sonrió e hizo un ademán con la cabeza hacia su espalda—. Te espero en mi despacho.
Mamá fue hacia donde estaban los chicos en el jardín mientras yo subía la escalera.
El despacho de papá estaba al fondo del pasillo, sonreí cuando al pasar por la que era mi antigua habitación, pude ver pequeños nuevos arreglos. Rosalie se estaba quedando con ellos luego de todo el problema que había acontecido en su "familia". La puerta de la habitación estaba entrecerrada, por la pequeña rendija podía ver unas cuantas cosas rosas y sobre la cama había una muda de bebé. Me desvié en mi camino y fui hacia la puerta, golpeé tres veces antes de irrumpir.
—¡Edward! —Rosalie se paró de un salto, atrayendo la pequeña ropita hacia su pecho.
Era extraño que estuviera en casa a ésta hora.
—Rosie, ¿todo bien? —Dejé un beso sobre su mejilla a modo de saludo. Ella asintió y luego hizo una mueca de descontento.
—Supongo que es normal, ya sabes, las náuseas y los mareos. Decidí que lo mejor era venir a casa cuando el mundo comenzó a dar vueltas y vueltas. —Posó la mano delicadamente sobre su vientre—. Éste pequeño angelito no quiere dejar a mamá trabajar, ¿verdad?
—¿Has ido a las citas con la doctora Lewis? Danielle es una de las mejores en su especialidad, ella es realmente comprensiva y tiene bastante paciencia con madres primerizas…
—Y está un tanto loquita por ti… —Puse los ojos en blanco al ver su pícara sonrisa—. Ella es un amor, me ha ayudado bastante. ¡Organizó todo para la primera ecografía! Emmett estuvo ahí conmigo… —Sus ojos se aguaron y soltó una pequeña risita—. Fue maravilloso, Edward.
—Lo sé, cariño. —Besé la cima de su cabeza—. Lo sé. —Observé el pequeño pilucho que sostenía entre sus manos. Era de un color blanco y en el medio del pecho tenía un estampado—. Supongo que ese fue un regalo del padre, ¿no? —El estampado decía "Kids" con las letras de la reconocida banda Kiss y los rostros animados de sus integrantes.
—Fue un regalo de su tía Isabella.
Suspiré y asentí.
—Hablaremos luego, Rose, papá me espera. Cualquier cosa que necesites no dudes en acudir a mí, ¿está bien? Estoy aquí para ti, te quiero como una hermana y nunca te dejaré sola, pase lo que pase. —Ella asintió con los ojos anegados en lágrimas.
—Las hormonas y yo te damos las gracias, Eddie. —Volví a besar su frente y me despedí de ella.
Cuando entré al despacho de papá, este estaba tras su escritorio dándome la espalda. Cerré la puerta tras de mi con suma tranquilidad y caminé hacia las sillas que estaban frente al escritorio. Tomé asiento, y esperé a que me diera la cara. Con papá siempre era así, era como si él intuyera los problemas y siempre tuviera las palabras exactas para decir. No por algo la gente del pueblo confiaba tanto en él y le confiaba de igual manera todos sus secretos en el confesionario.
—"El odio despierta rencillas; pero el amor cubrirá todas las faltas". —Se giró en la gran silla negra y sonrió hacia mí—. Proverbios 10:12. —Apoyó los brazos sobre el escritorio de roble y se inclinó hacia adelante—. ¿Qué es lo que te acongoja, hijo mío?
Y abrí mi corazón.
Le conté todo lo que había ocurrido, desde cómo me sentía, desde mi actitud hacia la situación y cómo no supe sobrellevarlo. Todo, vomitaba palabra tras otra y él solo me escuchaba atentamente, en ningún momento me interrumpió, sus ojos mostrando el interés que sentía en cada una de mis palabras. Incluso le hablé sobre el odio irracional que escondía dentro de mí hacia Russo… Incluso hacia Isabella. ¿Cómo podía ser eso sano? Odiar a alguien que amas. No era que la odiara, en todo lo que esa palabra abarca, sinceramente siempre he pensado que el odio es un sentimiento tan grande como el amor. Por ende, si odias a alguien, es darle la misma importancia que a esa persona a la que amas. Pero… pero yo tenía éste dolor aquí por sus palabras finales, porque yo le había dado a mi pequeña en una bandeja de plata, porque confiaba en ella, porque sabía que solo ella podría quererla como una madre quiere a su hijo.
¿Ella no pensaba eso de mí?
¿Acaso no confiaba en que yo podría llenar ese papel tan importante en la vida de Floyd?
—¿Qué debo hacer?
—¿Qué es lo que te dice tu corazón?
—Papá…
—Respóndeme, hijo.
—Mi corazón es débil, mi corazón sabe que si ella se aparece pidiendo unas insulsas disculpas, la aceptaría de vuelta. —Desordené mi cabello—. Y no quiero eso, no quiero… La quiero conmigo, la quiero a ella y a Floyd para mí, pero no así, papá. No… Ya no sé lo que quiero…
—Siempre supiste con qué te estabas enfrentando respecto a Isabella. No es justificación que esa, lamentablemente, sea su personalidad. Todo el mundo sabe eso, Edward, incluso tú sabías en lo que te estabas metiendo… Pero como dije, no es una excusa el que haya usado esas palabras. Aunque deberías entenderla también.
—¿Entender el qué, que ella necesitaba esa información? ¡Lo entiendo!
—No me alces la voz, jovencito. —Quise sonreír por sus palabras—. Debes entender que en ese momento estabas tú, presionándola para que no lo hiciera, y tenía a éste otro hombre, presionándola a aceptar su proposición. ¿Cómo actúa la gente bajo presión? —Asentí entendiendo su punto—. ¿Cómo actúa alguien como Isabella en situaciones así? Realmente no me sorprende su actuar, no lo justifico, pero no me sorprende.
—Yo… yo… lo sé, pero…
—El poder más grande es el de perdonar, Edward Anthony. Hablen sobre esto, pero háganlo, hablen, no se griten, no se hieran con más palabras. El error fue de ambos, pero errar es de humanos, sino seríamos perfectos, ¿no lo crees?
—Cualquiera puede equivocarse, yo también lo he hecho, lo sé.
—Tú la amas, ¿no? —Asentí, admitiendo mi amor por ella frente a mi padre, algo que nunca pensé que haría cuando era un completo adolescente—. Esa chiquilla, con sus excentricidades y todo, también lo hace. ¿Crees que una mujer como ella, un ave libre, se haría cargo de una pequeña niña que no es suya de la noche a la mañana? Ella te ama a ti y a Grace, y creo que ese es tu problema…
—¿Cuál?
—Que aún no estás seguro de lo que ella siente por ustedes.
Cuando dejamos la casa de mis padres, sus palabras finales seguían rondando en mi cabeza.
Floyd y Grace iban cubiertos en lodo, mamá les había pedido ayuda para plantar las nuevas dalias que había comprado y, como si fuera lo más excitante del mundo, ellos habían aceptado sin rechistar. ¿Cómo podrían negarse a jugar con tierra de hoja y agua? Así que el resultado fue dos niños cubiertos en barro, sonrientes a morir. Cuando doblé en la esquina que daba a la casa con el Volvo, me sorprendí enormemente al ver la roja camioneta de Renesmee aparcada frente a la calzada. Ella estaba apoyada contra la puerta del copiloto, moviendo su pie incesantemente.
Un trago amargo bajó por mi garganta.
Tal vez algo había pasado.
Y tal vez ese algo se refería a su hermana…
—¡Tía Reneswe!
Floyd bajó de un salto y corrió hacia donde se encontraba su tía, quien lo recibió gustosa.
—¡Mira cómo estás, corazón, cubierto en lodo! —Mi campeón rio por las palabras de su tía—. ¿Has pasado una buena tarde? —Él asintió fervientemente—. Genial, mamá te espera en casa, corazón, es mi deber llevarte sano y salvo, ¿sí?
—¿Renesmee?
—Buenas tardes, Edward —me saludó cordialmente, sus mejillas tiñéndose de un tenue rosa—. Isabella me ha pedido que venga por Floyd. —Mi corazón se estrujo por sus palabras—. ¿Hay algún problema con eso? No quiero ser una molestia.
—Yo, uh… No, claro que no…
¿Qué problema podía haber?
Era su hijo… no mío…
—¿Papi y Grace no van con nosotros? —La inocencia de Flyod me enterneció. Me agaché a su altura y desordené su largo cabello con una de mis manos—. ¿Por qué mamá está donde el abuelo? ¿Por qué tengo que ir solito?
—¿Podemos ir con Floyd, papi? Extraño a mamá…
Rasqué mi nuca, sintiéndome nervioso de un momento a otro al no saber qué decirles, cómo responder a sus preguntas que, sin ellos saberlo, me metían en un gran lío. Renesmee vio mi debate interior, debo suponer, ya que ella fue quien se hizo cargo de la situación.
—Gracie, muñeca, mamá te manda un beso y dice que pronto volverán a verse, ¿sí? Ella está preparando una sorpresa por la que deberás esperar. —Fruncí el ceño a sus palabras, ella no se dignó a encontrarse con mis ojos, solo se fijó en lo emocionada que lucía mi pequeña princesita por sus palabras—. Floyd, ven cariño, es hora de ir a casa.
—¡Ésta es mi casa! —chilló enfurruñado.
—Lo sé, hombrecito, pero mamá también te tiene una sorpresa a ti.
—¿Una sorpresa? —Sus ojos brillaron con emoción. Renesmee asintió y él se colgó de su mano rápidamente—. ¡Yay!
—Despídete de tu padre primero.
No quería despedirme de él.
¡No quería hacerlo!
¿Por cuánto iba a ser?, ¿un día?, ¿una semana?, ¿un año?, ¿toda una vida?
—¡Nos vemos luego, papi!
Tenía miedo de que esas palabras no fueran ciertas.
…
La noche llegó más rápido de lo que pensaba.
Como sospeché, ni Floyd ni Isabella volvieron en todo lo que restó del día.
—¿Papi?
—¿Qué sucede, dulzura?
Dejé el libro que había comenzado a leer sobre el buró y observé cómo mi pequeña estaba de pie en el umbral de la puerta de mi solitaria habitación, vistiendo su pijama de princesitas, luciendo tímida y nerviosa. Parece que no era el único al que el sueño había abandonado, generalmente Grace a ésta hora estaba en el país de los sueños y los unicornios. Le hice un gesto con la mano para que se acercara, a la vez que dejaba los lentes para leer justo a un lado del libro. Ella trepó lentamente por la cama. Abrí los brazos para que se acurrucara en ellos, cuando estuvo finalmente aquí, acomodó su cabecita en el centro de mi pecho y dio un suave suspiro. La abracé fuertemente, como si estuviera protegiéndola de algo, y besé sus hermosos cabellos anaranjados.
—¿Por qué mami y Floyd no están aquí todavía?
Había temido todo el día por ésta pregunta, desde que Renesmee se había llevado a Floyd.
Grace me observaba con sus grandes ojos verdes, expectante a mi respuesta. ¿Qué podía decirle? ¿Que por los errores de los adultos debían sufrir los niños? Besé su frente y la cubrí con las mantas, ella se acurrucó más junto a mí, no dejó de mirarme en ningún momento. Temía romper su corazoncito, eso era algo que no me perdonaría nunca, viendo fijamente sus hermosos orbes curiosear por mi rostro, supe que ni siquiera podría perdonarle eso a Isabella.
Ella podía tomar mi corazón y hacerlo añicos frente a mi rostro las veces que quisiera.
Pero no a Grace, no a mi pequeña.
—Mamá y Floyd están en casa del abuelo Charlie, ¿sí? Ellos necesitaban hacer algo allá.
—¿Van a volver mañana? —Hice una mueca y no contesté su pregunta. No podía responder eso, ¿iban a volver siquiera algún día? No tenía la certeza en estos momentos—. No me gusta dormir solita ahora, papi. Extraño a Floyd, él era calientito.
Abracé su pequeño cuerpecito y dejé un nuevo beso sobre su cabeza.
—Te entiendo, amor, completamente. —Sonreí con tristeza y ella sonrió de vuelta, ajena a todo lo que realmente estaba ocurriendo—. Es hora de dormir, sabes que cuando te sientas sola puedes venir con papá, siempre estaré para ti, corazón.
—Te quiero, papi. —Dejó un beso en mi mejilla—. No te sientas solito porque mami no está.
—No me sentiré solito, cariño, porque estoy contigo.
Esa fue la primera noche en la que dormimos sin los Swan.
…
Un día sin saber nada de Isabella.
La mañana pasó sin mayores acontecimientos, Grace y yo tomamos nuestro desayuno en silencio, tal y como lo hacíamos antes de que esos dos torbellinos llegaran a nuestras vidas. Fui a dejarla a la primaria con la pequeña esperanza de ver aunque fuera a Floyd allí, pero esa esperanza murió cuando la maestra Weber me informó que el pequeño no se presentaría el día de hoy a clases. Traté de concentrarme en mis deberes, de hacer mi día como cualquier otro y no pensar en los problemas personales que estaba teniendo justo ahora.
Trabajo y casa eran cosas completamente aparte, pero me era imposible.
Todo me recordaba a ella y estaba comenzando a irritarme.
Incluso la estación radial que tenía puesta en la pequeña consulta jugaba con mis emociones, pasando rock de los años ochenta, ese que tanto amaba Isabella porque le recordaban a su madre. El mundo siempre actuaba en tu contra en momentos así, ahora entendía todo claramente.
—¿Doctor Cullen?
—Adelante, Chloe. —La enfermera entró tímidamente a mi despacho—. ¿Hay algo en que pueda ayudarte?, ¿cómo está el pequeño Earl? Si su malestar sigue no dudes en traerlo, sabes que no tengo problemas en ver a ese pequeño.
—Muchas gracias, doctor. ¡Él está perfectamente!, al menos hoy ha tomado su desayuno y éste permaneció dentro de su estómago, no como días anteriores. —Sonreí por su respuesta. Earl era su pequeño hijo de tres añitos—. Doctor, ha llegado ésta carta a recepción para usted, me tomé la libertad de traérsela porque, uh, bueno, ya saben cómo son de cotilla…
Reí mientras la tomaba entre mis manos.
—Gracias, Chloe, no tenías porqué molestarte.
—Es un placer, doctor. Por cierto, su última consulta es en media hora más, luego puede ir a casa tranquilamente. —Me guiñó un ojo—. La señora Newton está fuera esperando para ser atendida, supongo que llegó con algo de antelación para ver si la suerte estaba de su lado y podía admirarla antes de tiempo, ¿eh?
—Chloe… —Usé un tono lleno de advertencia a la vez que rasgaba el sobre. Ella alzó sus manos al aire y trató de esconder la sonrisilla que amenazaba con aparecer en sus labios.
—¡Yo solo decía la verdad, doctor! ¡Nos vemos, preciosa! —Chloe cerró la puerta tras de sí, escuché claramente la sonora carcajada que soltó en el pasillo.
—¡Adiosito! —Grace, que me había acompañado el día de hoy luego de sus clases, se despidió con su manita y luego siguió pintando con los crayones—. ¿Ya nos vamos a casa, papi? —preguntó, levantando su dibujo como para inspeccionar que todo estaba en orden, y haciendo sus rayones otra vez sobre él.
—En unos minutos más, tesoro.
—¿Mamá y Floyd estarán en casa ahora?
Me encogí de hombros, respondiendo implícitamente a sus palabras porque realmente desconocía la respuesta. Me dispuse a leer la carta que me había llegado. No tenía remitente alguno, solo salía mi nombre escrito en una desordenada letra que se me hacía completamente desconocida. Dentro del sobre había un papel sumamente arrugado, el cual estaba escrito con la misma caligrafía rebelde. Me costó un poco tratar de descifrar lo que la descuidada letra quería informarme, hasta que finalmente lo deduje:
"A las diez en la plaza de Forks, está cordialmente invitado".
Eso era todo lo que decía, nada más ni nada menos.
Una punzada de decepción se instaló en mi pecho cuando pensé que podría ser alguna noticia sobre Isabella… Pero la deseche inmediatamente, ¿por qué iba ella a escribirme una carta? Una carta. ¿Carta?, ¿desde cuándo la gente seguía utilizando ese método de comunicación? Guardé la nota en el bolsillo de mi bata de doctor y observé la hora, eran las nueve de la noche ya.
Tomé el intercomunicador para comunicarme con Chloe.
—Haz pasar a la señora Newton para terminar con esto de una vez por todas.
—¡Enseguida, doctor! Si fuera usted y tuviera que aguantar a ésta mujer, haría lo mismo.
—Profesionalismo, Chloe, profesionalismo ante todo. —Ella bufó y yo reí—. Gracias. —corté la llamada justo cuando Jessica Newton abría la puerta de mi despacho, jalando bruscamente a su hijo por su brazo izquierdo. Ella tenía una espeluznante sonrisa tirando de sus labios de un color fuerte, como un fucsia que contrastaba con el rubio pálido de su cabello.
—¡Doctor Cullen! —saludó con entusiasmo. Por cortesía me puse de pie tras mi escritorio y estreché la mano que me tendía—. Siempre es un placer volver a verlo. Ethan, saluda al doctor.
—¿Me va a poner una inyección? —Su madre se tornó de color rojo cuando él, en vez de saludar como se le había ordenado, hizo ver su temor. Reí y rodeé el escritorio al mismo tiempo que me agachaba a su altura. Él se alejó un paso hacia atrás, asustado de lo que podría hacerle.
—No, solo revisaré que todo esté bien contigo, campeón. ¿Estás bien con eso?
—¡Papá es muy bueno! —chilló Grace. Ethan posó su vista rápidamente sobre ella y se sonrojó—. Y si te pincha, él siempre regala uno de esos dulces que esconde en su bolsillo, ¡muéstrale, papi! —Hice una mueca de falsa indignación.
—¡Grace, cariño!, ¡era un secreto!
—¿Oopsie?
Tomé a Ethan y lo senté sobre la camilla, comencé a hacerle su revisión mensual con tranquilidad. Él siempre venía a cada chequeo médico con el temor de que tuviera que pincharlo. Creo que sus padres tenían que ver con ello, pero nunca dije nada al respecto, al menos siempre trataba de calmarlo, no costaba mucho, él se relajaba bastante rápido cuando comenzaba a hablar de sus caricaturas favoritas, ya no quedaba nada del niño asustadizo que había entrado en un principio.
—Respira. —Coloqué el estetoscopio sobre su pecho, el siguió mis instrucciones al pie de la letra—. Y ahora vuelve a botar… ¡Eso es, campeón! Lo has hecho excelente el día de hoy, te has llevado un premio. —Saqué una piruleta de mi bolsillo y sus ojos se iluminaron. Lo ayudé a acomodarse su playera y lo dejé sobre sus dos pies. Él partió rápidamente hacia donde Grace seguía dibujando—. Ethan es un niño bastante sano, señora Newton.
—¿Está seguro que no tenemos que venir dos veces al mes, doctor? Yo pienso que Ethan… Ya sabe… —hizo un gesto con su dedo en torno a su cabeza, no entendí nada—. ¿No es lento para su edad? Hemos tratado, con mi Michael, de que aprenda cosas superiores, pero le es imposible.
—A los niños hay que estimularlos… no forzarlos, señora Newton.
—Ya lo sé. —Rodó sus ojos—. ¿Pero no cree usted que es algo, no lo sé, tonto?
Mis ojos se fueron rápidamente al niño que pintaba con alegría junto a mi pequeña.
Suspiré y negué con la cabeza. ¿Cómo podía ésta mujer pensar eso de su hijo? Él era igual que todo niño de cinco años, ¿qué pretendía?, ¿crear un robot o algún tipo de genio? A veces me daban ganas de salirme del protocolo solo para gritarle a estos padres que en vez de estar exigiendo a sus hijos, les dieran un poco del amor que ellos necesitaban. Porque si bien a ésta edad era bueno estimularlos a su aprendizaje, lo que más necesitaban era el cariño y apoyo de sus padres.
Ni siquiera podía pensar en alguna vez llamar tonta a Grace.
—Ningún niño es tonto, señora Newton. Ethan está perfectamente bien para tener cinco años, me atrevería a decir que incluso mejor que algunos que he visto. Me tomaré el atrevimiento de decirle que, por favor, no lo descalifique de esa manera… ¿Sabe usted lo que puede hacerle una palabra tan insignificante como "tonto" a un niño?
—Yo, uh… no…
—Puede crearle muchos traumas más adelante… Podría pedirle una cita con el doctor Woodley, él es un excelente psicólogo que podría enseñarle todo lo que causan palabras que para nosotros no tienen importancia, pero que en la mente de un niño son el triple de grandes.
—N-No, lo siento, doctor, yo no… no necesito un psicólogo, entendí completamente.
—Excelente. —Sonreí y estiré la mano hacia ella—. Un gusto volver a verla, señora Newton.
—Sí… el gusto es mío. —Estrechó mi mano y me dio una sonrisa tirante—. ¡Ethan, hora de irnos!
—Nos vemos, campeón, recuerda comer tus verduras y hacer caso a mamá en todo.
—¡Lo prometo, doctor!
Me tiré sobre la silla cuando se fueron y suspiré sonoramente, echando la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos en el proceso. Estaba cansado, quería llegar a casa y recostarme a dormir un momento. Pero una pequeñina dependía de mí, y estaba justo en estos momentos jalando incesantemente del borde de mi bata blanca.
—¿Lista para ir a casa, corazón?
—¡Lista, papi!
Me puse de pie y me quité la bata, cuando estaba doblándola, el papel que había venido dentro de la carta cayó, haciendo que la curiosidad por saber qué era lo que habría en la plaza, me llenara nuevamente. Tomé mi chaqueta junto con la de Grace, eran apenas las nueve y cincuenta de la noche cuando dejamos la consulta dentro del hospital. Nos despedimos de los chicos que seguían con sus turnos nocturnos y, una vez en el Volvo, conduje directo a la plaza principal de Forks, tal y como indicaba la extraña nota que me había llegado.
—¿Por qué estamos aquí, papi?
—Uh, no lo sé, cariño… Whoa, nunca había visto tanta gente…
—¿Será un concierto de los que mami habla?
La plaza de Forks estaba repleta.
Era algo extraño, ya que eran pasadas las diez de la noche. Una música estridente venía desde el meollo de la cuestión, era como si alguien estuviera rasgando descuidadamente las cuerdas de una guitarra eléctrica. Sostuve a Grace con más fuerza entre mis brazos y acomodé su gorra de lana con cuidado, el frío era pasable ésta noche, pero no quería arriesgarme con ella. Todos miraban extrañados hacia un punto fijo, traté de abrirme paso entre la gente pero era un tanto difícil. ¿Qué era lo que estaba pasando? Fruncí el ceño cuando vi un improvisado escenario… en realidad no era un escenario para nada. Allí estaba ella, Isabella, encaramada sobre una mesa de madera. Sostenía una negra guitarra eléctrica entre sus brazos y buscaba algo en la multitud. Había dos focos de luces en el suelo, más bien lámparas, ambos apuntando hacia ella. Se veía hermosa con su largo cabello caoba cayendo libremente, rebelde como ella sola. Nunca podría cansarme de mirarla, de observar esa belleza exótica que ella lleva muy bien, con sus pantalones rasgados y playeras de bandas extrañas, el infaltable cuero y todas esas historias que ha pintado sobre su cuerpo. Floyd estaba ahí también, el pequeño lucía ansioso y también buscaba con sus ojos, tan parecidos a los de su madre, entre la multitud de personas. Estaba junto a Alice y Emmett, justo tras de Isabella, sus dos amigos estaban de brazos cruzados, con esas características sonrisas pícaras sobre sus rostros.
—¡Ahí está mami!
Cuando sus ojos se posaron sobre nosotros, justo cuando Grace soltaba esa frase, una sensación indescriptible me recorrió el cuerpo, era como si entre todo el bullicio y el millar de gente que había, ella hubiera escuchado la voz de mi pequeña hija. Como si estuviéramos conectados o algo parecido.
Grace movía su manita en el aire efusivamente saludándola, también se removía en mis brazos porque estaba seguro de que quería correr hacia ella, realmente la había extrañado. Dios, realmente la habíamos extrañado, y solo había pasado un día. ¿Cómo serán los siguientes? Ni siquiera quiero pensar en ello. Isabella le devolvió el saludo a mi princesa e hizo un gesto con su mano hacia… ¿papá? Estaba más confundido que al inicio de todo esto. ¿Qué hacía mi padre aquí de todos modos? Él le entregó un gran megáfono a Isabella, ella lo tomó entre sus manos y lo encendió, un sonido ensordecedor se escuchó a causa de eso, el cual me hizo cerrar los ojos por un corto lapso de tiempo. Isabella carraspeó y, corriendo el micrófono improvisado frente a ella, habló a la multitud.
—¡¿Qué hay gente?! —chilló con el megáfono en la boca. Se escuchó fuerte y claro por todo el lugar, recibió unas cuantas respuestas de algunos adolescentes que esperaban el espectáculo con impaciencia. Podía ver claramente la excitación en sus rostros, supongo, algo nuevo que los sacara de la rutina. Isabella era deslumbrante, los entendía—. ¡Excelente! Bien… —Volvió a carraspear y se removió incómoda en su lugar—. Sé que algunos cuantos iluminados querrán matarme por estar perturbando la paz de Dios o alguna mierda, yo… Uh, tengo al reverendo Carli aquí de mi lado. —Papá negó lentamente con la cabeza por las palabras de Isabella, quien sonrió con diversión—. Bien, yo… yo… yo les hice daño a dos personitas a las que amo mucho realmente, y como no tengo un tacto de mierda con las palabras… —soltó una pequeña risita—. ¿Ven? Ya empecé con las jodidas palabrotas, ¡no repitan en casa, niños!
La multitud rio, incluso aquellos que no querían hacerlo.
Seguí caminando hacia el frente para ver si Grace y yo podíamos alcanzar un lugar más cerca de ella. Cada vez nos acercábamos un poco más, pero nunca lo suficiente. Cuando la gente dejó de reír, Isabella volvió a hablar, ésta vez lucía más nerviosa que antes. Era tan raro verla actuar de ese modo, como una…, no lo sé, como alguien insegura de sí misma. Esas palabras definitivamente no definían a la Isabella Swan que yo amaba.
—¿Qué está haciendo mami?, ¿por qué Floyd está por allá?, ¿podemos ir con ellos, papi?
—Grace, princesa, deja de removerte, te vas a caer. —Ella se quedó quieta sobre mis brazos, pero seguía mirándome con sus ojos interrogantes—. No podemos seguir avanzando tan rápido, cariño, espera un poco más que ya lo lograremos.
—¡Los abuelitos están ahí también, papi!
Miré a mis padres, quienes estaban hacia la izquierda de Isabella.
—Uh-huh, tío Jasper también, corazón. Ya los alcanzaremos…
—¿Papi?
—¿Sí, hermosa?
—¿A quién le hizo daño mami?
Era una pregunta tan inocente viniendo de ella, que no pude evitar sonreír con dulzura. Besé su mejilla y no respondí nada, una vez más. Gracias al cielo Isabella soltó un nuevo comentario que hizo a la gente reír y se llevaron la atención de Grace hacia esas palabras.
—…Carezco del don de la palabra, como dije anteriormente…, pero la canción que cantaré a continuación describe perfectamente todo lo que siento. —Curvó sus labios en una diminuta sonrisa que escondía bastantes recuerdos—. Además, es nuestra canción. ¡Disfrútenla! —Rasgó las cuerdas de la guitarra y rio—. Y si no lo disfrutan, pues se van al carajo.
Ella le hizo un gesto a Emmett, quien encendió un amplificador que estaba junto a él.
Y ahí comenzó.
Los acordes que Isabella comenzó a tocar eran inconfundibles. Realmente era nuestra canción, ella siguió tocando la introducción de I'll Be There For You con maestría, sus dedos rasgaban las cuerdas de la guitarra suavemente, cuando su voz acompañó al solitario instrumento me sorprendí gratamente. Tenía una voz hermosa… Nunca la había escuchado cantar antes, era absurdamente hermosa. ¿Qué tan imparcial podía ser? Yo la amaba, todo lo que hiciera lo iba a encontrar aberrantemente hermoso. Toda ella era hermosa. Cuando llegó al coro sus ojos se prendaron de los míos. Estaba tan molesto con ella aún, tan… confundido y asustado. Desvié la mirada cuando no pude sostenerla más, escondiendo mi rostro en los rizos naranja de Grace, que miraba a Isabella como si fuera algún tipo de leyenda del Rock n' Roll.
Estúpida canción.
Estúpidos sentimientos.
Maldita seas, mujer.
—I'll be there for you. These five words I swear to you (1)—Cuando la miré nuevamente, ella seguía con sus ojos fijos en mí, cantándome, tratando de transmitir un trillar de sentimientos con esas palabras finales—. When you breathe I want to be the air for you. I'll be there for you. I'd live and I'd die for you. Steal the sun from the sky for you… (2)—Isabella le dio una última rasgada a su guitarra y luego suspiró.
En algún momento de la canción, Grace y yo nos habíamos acercado bastante al "escenario".
Isabella bajó de un salto de la improvisada y roñosa mesa, se quitó la guitarra y la dejó cuidadosamente sobre donde había estado parada segundos atrás. Todos los espectadores seguían cada uno de sus movimientos minuciosamente, y yo quería huir. Un injustificado miedo se había apoderado de mi cuerpo, me estaba comportando como un cobarde de primera. Ella sostuvo el megáfono con la mano derecha y comenzó a caminar hacia nosotros, tan decidida como solo ella sabía serlo, la gente se hacía hacia un lado para dejarla pasar como si realmente se tratara de alguien famoso. ¡Era como una de esas películas que ella ama en secreto! Carraspeé cuando la tuve frente a mí finalmente. Yo no sabía qué pensar, aún estaba dolido, aún quería decirle unas cuantas cosas, que entendiera, que comprendiera cómo me hirió con sus crudas palabras. Yo…
Yo la quería a ella, pero a la vez no.
¿Qué tan contradictorio podía ser?
Dejé a Grace sobre sus pies cuando ya no pude evitar que fuera hacia ella, mi princesa corrió una pequeña distancia hasta llegar donde Isabella se encontraba. Ella la recibió con los brazos abiertos, dándole un caluroso abrazo que me estrujó el alma. Mi princesa se colgó de su cuello por un largo período de tiempo, y después caminó hacia mí junto a Isabella. Antes de que ellas llegaran, tenía un pequeño cuerpo azotando bruscamente contra mis piernas. Cuando mis ojos se fueron hacia el lugar del impacto, me encontré con la frondosa cabellera chocolate de Floyd. Me acuclillé para quedar a su altura, desordené su cabello y le guiñé un ojo al ver su nervioso rostro.
Él estaba actuando extraño.
—¿Cómo estás, campeón?
—Bien —afirmó, y luego sus mejillas se tornaron rojas. Titubeó antes de lanzarse contra mi cuerpo y abrazarme por el cuello, escondió su aniñado rostro justo allí—. Te quiero, papá. —Mi corazón se hincho de orgullo y amor por él cuando esas palabras abandonaron sus labios—. ¡Te quiero mucho, mucho!
—Yo también te quiero, hijo, no sabes cuánto.
Él sonrió abiertamente y yo copié su gesto.
—Minino… —Me erguí en mi lugar, sosteniendo la mano de Floyd con mi derecha, tal cual ella lo hacía con Grace.
—Deberíamos hablar de esto en algún lugar más… privado, ¿no crees? —Observé a la multitud pendiente de nosotros y de cada una de nuestras palabras—. No creo que esto sea lo mejor, Isabella.
—Perdóname —comenzó—, perdóname por todo el daño que te he hecho y que, probablemente, seguiré haciéndote en un futuro. Soy malditamente jodida, impulsiva y una perra de mierda, lo sé, Edward. No te merezco. —Isabella resopló—. Nadie en éste maldito pueblo o siquiera en la tierra merece a un hombre tan malditamente bueno y comprensivo como tú. Demonios, yo no dejaría que nadie te tuviera de todos modos. —Cambió de pie equilibrando su peso. Estaba nerviosa y yo solamente la escuchaba con atención—. Lo que hice… Necesitaba hacerlo para cerrar esa etapa…
—Comprendo, realmente comprendo esa parte. Y yo también me equivoqué, pero…
—No, déjame terminar. —Alzó una de sus cejas y prosiguió, ésta vez le dio una mirada a Floyd—. Nunca debí decirte que no eres el padre de Floyd. —El pequeño hombrecito junto a mí le dio un suave apretón a la mano que sostenía la suya. Lo miré de soslayo y vi el descontento en su rostro. Me sorprendió aquello, cómo miraba a su madre con el ceño fruncido y un claro signo de molestia en sus ojos—. Incluso una reprimenda me llevé de su parte, eh. —Rio con nerviosismo y desordenó su cabello—. Minino, Dios… Te amo, te amo malditamente tanto que duele como el infierno. Floyd es tuyo, ¿recuerdas? Tan tuyo como Grace es mía. Es tu hijo y yo lo sé, sé eso, siempre he sabido eso… Me arrepentiré todos los putos días de mi vida el haber siquiera pensado en decir aquella jodida basura en voz alta… —Mordió su labio inferior—. Tanto como me arrepentiré de haberte rechazado… —Isabella suspiró y negó con la cabeza—. Pero nunca nada se compararía al arrepentimiento que sentiría si te pierdo a ti y a Grace.
—Isabella…
—Eso… —Colocó su dedo índice suavemente sobre mis labios, callándome una vez más—. Sé que odias toda la atención que estás teniendo ahora, pero no me importa. Lo siento, ¡lo siento! Pero necesito que me creas cuando te digo que te amo, gatito, que siempre has sido tú… Siento que te tocara una mujer tan estúpida, irreverente y jodidamente loca. Pero te amo… Yo… Ésta maldita mujer te ama y… —Soltó la mano de Grace entre las suyas y le guiñó un ojo.
Lo que pasó a continuación terminó por dejarme plasmado.
Pensé que el "concierto" que había dado había sido todo lo que podría sobrellevar por un día.
Equivocado. Así estaba.
Isabella bajó en una de sus rodillas y sonrió con melancolía. Mis ojos se abrieron por la impresión cuando comenzó a buscar algo entre los bolsillos de su chaqueta de cuero. Era descabellado. Yo no… Todo era malditamente de locos. Isabella sacó una pequeña caja roja de terciopelo y la abrió frente a mí, allí reposaba una sortija de oro que tenía algo escrito, pero no lograba descifrarlo a mi distancia…
¿Estaba ella…?
—Las palabras no pueden decir lo que el amor puede hacer. Estaré allí para ti —recitó la última parte de la canción, la cual no había cantado cuando estaba sobre su improvisado escenario. Sus ojos chocolate estuvieron sobre los míos en un pestañeo, al igual que la pequeña sonrisa temerosa en sus labios—. Sé que te dije que no lo haría… Te dije que no, oh, pero que tan jodidamente equivocada estaba… —Negó con la cabeza y soltó una pequeña risita—. Nunca he estado más segura de algo en mi vida como de lo que estoy a punto de hacer, Minino. Tú y Grace son mi vida, junto a mi renacuajo, yo no podría vivir sin ustedes… Agradezco el día en que Grizz metió su puto pepinillo en el frasco equivocado, o no estaríamos aquí. —Solo se escuchaba la voz de Isabella, todo estaba en un silencio sepulcral—. Te amo con todo lo que tengo, demonios, no puedo ofrecerte más que eso, mi infinito amor. Voy a dañarte inconscientemente unas cuantas veces, puede que también diga cosas hirientes, porque así soy. Hablo y después pienso…
—¡Malditamente cierto, muchacho!
La gente rio al escuchar el grito del oficial Swan.
—No soy perfecta, soy un maldito desastre y eso nos sacará la cuenta unas cuantas veces. Pero te amo, hombre, y necesitas creértelo de una buena vez. Cuando estoy contigo parezco una jodida cría en el concierto de su banda favorita por primera vez. ¿Las mariposas?, putas abejas cada vez que me besas. Vivo con el maldito temor de que alguna vez te des cuenta que existen muchas posibilidades mejor que yo a la vuelta de la esquina… —Ella lucía avergonzada ahora—. ¿Puedes creer todas las cosas por las que me haces pasar? ¡Maldita sea!, ¡sueno como una niñita! —Resopló—. Pero, joder, si me lo pides te daría todas las carreteras del mundo para que las recorriéramos juntos…
Estaba en shock por todas sus palabras.
—Eh…Yo… —Cerré la boca cuando solo comencé a balbucear incoherencias.
—Tú eres mi luna y Grace mis estrellas, los jodidos ingredientes que faltaban en mi vida… Los únicos que valió la pena conocer. Junto a mi sol. —Le guiñó un ojo a Floyd, quien sonrió—. Alumbran mi existencia y me mantienen con los pies en la puta tierra… Les amo, te amo tanto… —Suspiró y sonrió con un deje de diversión—. Te doy mi negro corazón, Edward Cullen, haz con él lo que te plazca. Aplástalo, porque me lo merezco como nadie, cuídalo porque es solamente tuyo… pero hazlo después de responder a mi pregunta…
Isabella carraspeó y miró hacia el suelo, luego volvió su vista hacia mí con decisión y, posicionando el megáfono frente a sus labios, finalmente hizo la pregunta que todo el público estaba esperando y que a mí me pilló completamente desprevenido:
—Edward Anthony Cullen, Minino, mi adorado gatito que no duda en transformarse en un jodido león. El chico bueno que desgraciadamente cayó por la mala hierba… ¿Me harías el honor de casarte con la patética mujer que te ha roto el corazón un sinfín de veces, pero que te ama con jodida pasión y locura?
(1) "Estaré allí para ti. Estas cinco palabras te las juro..."
(2) "Cuando respires quiero ser el aire para ti. Estaré allí para ti. Viviría y moriría por ti, robaría el sol del cielo por ti..."
¡Buenas noches!
Se suponía que yo iba a mandar el capítulo de 3, 2, 1 hoy, pero terminé enviando este y teniendo más ideas para el de 321, so... Soy la mas desastre de la vida, ya ven. ¡Aquí les traigo el primer y tal vez único POV que habrá de Minino! Después del revuelo que se armó, que, aun sigo diciendo, nunca pensé se armaría XDDDD aquí les traigo la contraparte (?) Si bien dije que en este se sabría el paradero del padre de Floyd y blahblahblah... Obviamente mentí (?) XDDD es que, se iba a saber pero se me ocurrió esto y bueno, así quedó. En el que viene saldrá eso, y lo que pasó Bella en el día sin ellos, y el regaño que se llevó de Floyd... OH, porque el enano preguntará. Arasi dijo en el grupo eso, (btw, amo todos los racionamientos que sacas) Floyd es un nene muy despierto y preguntón, el contrario de Grace, que es calmada, no por eso menos sagaz, pero ella es mas tranquila y si algo la inquieta suele guardar silencio, Floyd atiborra a su madre de preguntas y, bueno... Ya verán en el próximo. Espero les haya gustado este, perdón por el final nuevamente, respondan mi pregunta:
¿Qué le responderían a B ustedes? Minino está un tanto indeciso aun, hehehe...
Y les diré un secreto bien secretoso, si tenían alguna duda o algo, juro que se las contestaré en el próximo, pero esta floja tiene muuuuuucha pereza y no quiere hacer nada más que ver películas lo que resta de la noche (?) tal vez, tal vez usar el photoshop para ver como alguien se vería usando un vestido de novia, solo tal vez, claramente...
¡Nos estamos leyendo! ¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos como siempre! Y por todo el apoyo que me brindan, les quiero un montón, eh.
Lamb~
