Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.
Hola de nuevo, aquí estoy, con otro capítulo, esperando desde mi negro, marchito y amargo corazón, que sea de su entero agrado, tanto el capítulo, como la historia en general, en fin, sin mucho que agregar, quiero agradecerles todo el apoyo que me brindan con el fic, sin más por el momento, les dejo leer.
Gracias por el apoyo; cualquier error, no duden en hacérmelo saber. 💖
Ted se giró a observar a su amigo, ¿realmente estaba diciéndole algo como eso? Al parecer había cambiado bastante en el tiempo en que habían dejado de verse.
—No me interesa.
—Ah, vamos, Ted, desde luego que ella te interesa, porque no creo que la contrataras por sus amplios conocimientos y vasta experiencia, al menos no su experiencia para cuidar niños.
—Sebastian…
—Te lo digo en serio, es atractiva, tiene un rosto encantador y aunque ese atuendo no me permitió percatarme de qué tan buen cuerpo tiene, no puedes ignorar el hecho de lo que te estoy diciendo.
—Sí, ella es bonita, sólo eso –admitió.
Su amigo guardó silencio todo el tiempo que duró su llamada para ordenar comida, pero en cuanto colgó, se recargó en la isla, con una sonrisa divertida.
—Te lo digo en serio, te estás perdiendo de un plato digno de la familia real, Ted, investiga en esas páginas con dos X de más, y busca la palabra niñera, verás toda la diversión que podrías tener.
—Me preocupa que te dediques a ver esos sitios, Sebastian –admitió.
—No, prefiero hacerlo en la vida real, pero no tengo forma de contratar niñeras, porque no tengo hijos –se burló –pero tú sí, y la tuya es tan ardiente.
—Tiene 19 años ¿lo sabes?
—Es mayor de edad ¿qué tiene de malo?
—Que soy diez años mayor que ella.
Además, a ella no le interesaba él, pensó Ted, pero descartó ese tren de pensamiento, antes de que fuese lo suficientemente estúpido para caer en el camino que su mejor amigo estaba intentando ponerlo.
—Cambiemos de tema, no me agrada mucho que nuestra charla gire en torno a la niñera de mi hija.
—Bien, como quieras, pero deberías pensar al respecto, no dejes ir la oportunidad de divertirte un poco, Ted, se ve que lo necesitas.
—No es gracioso.
—El celibato tampoco.
El hombre no dijo nada, era un hombre después de todo, lo suyo no era el celibato, pero tampoco andar de casanova, tenía una hija, a la cual cuidar, así que cuando los instintos básicos se apoderaban de él, tenía forma de saciarlos, pero no le diría a Keller o insistiría hasta obtener el nombre de la persona.
El timbre de la puerta sonó, así que Ted avanzó, observó a su hija que estaba concentrada haciendo tarea, y abrió, recibió la comida, pagó y regresó hasta la cocina.
—Comienza, iré a revisar la tarea –se encogió de hombros.
Ted se sentó junto a su hija, y observó su avance, revisó minuciosamente cada uno de los trabajos, y al no encontrar cosas terribles, asintió, acarició su cabello, haciendo que la niña sonriera.
—Cualquier cosa, estoy en la cocina, llámame ¿sí?
—Sí, papi –sonrió Ada, y volvió a concentrarse en su tarea.
Keller ya había comenzado a comer cuando se unió a él, no dijo nada, se limitó a sentarse frente a su amigo.
—M—
La música resonaba bastante fuerte, pero eso no le importó mucho a Lily, tampoco que con toda la gente y el baile estuviese sudando, sentía el cuerpo pegajoso, mientras el chico se pegaba más a su cuerpo, la sujetó de las caderas, el ritmo dejó de interesarle y se dejó arrastrar hasta la salida.
El viaje en motocicleta había tomado media hora, subió hasta un apartamento diminuto, y se dejó guiar hasta la cama individual, sintió la mano derecha del hermoso hombre de piel oscura descender por su estómago desnudo, sus dedos grandes y gruesos se introdujeron en sus bragas, rompió el beso cuando gimió, los labios del chico se pegaron a su cuello.
Lily gimió cuando el dedo medio del chico acarició entre sus pliegues, apretó los ojos y se mordió el labio fuertemente, hasta que sangró.
—Relájate –le susurró en un tono sensual.
Lily asintió, había ido a divertirse a una fiesta organizada por alguien de la universidad, después de decidir que su padre ya no controlaría su vida ni sus decisiones, y ahí estaba, con todo lo que necesitaba para estar a punto de llegar al orgasmo, pero todo se había ido a la mierda, cuando la imagen de su padre llegó a su mente, repitiéndole siempre las mismas palabras.
—Lo lamento –se disculpó con el hombre y lo besó –no creo que pase.
Él se levantó, principalmente porque no cabían en la cama, al menos no uno junto al otro, suspiró frustrado, y avanzó unos pasos hasta la pequeña cocina, Lily volvió a disculparse y salió del apartamento miniatura, bajó las escaleras rápidamente, y le llamó a Audrey, para saber si podía quedarse con ella esa noche.
—En serio, es lo que odio de ti –la reprendió la rubia.
—Perdón –admitió frustrada –te juro que era mi intención, como siempre, todo va bien hasta que la imagen de mi padre aparece, diciéndome lo mismo que cuando tenía siete –admitió.
—Tu padre es un monstruo –admitió la rubia.
—Él sólo quiere lo mejor para nosotros –admitió ella.
—Claro que no, ve a tu hermano James, ya lo excomulgó de la familia.
—Él tuvo la culpa –admitió Lily.
— ¿Perdón? –Frunció el cejo por lo que había dicho –dices que tu hermano James tuvo la culpa, a él también lo sujetó de los hombros a los siete y le hizo mirarlo a los ojos, y jurarle que se mantendría célibe hasta el matrimonio, Lily.
—Bueno…
—Después lo hizo con Albus, y al final contigo, no culpes a tu hermano por casarse con la primera que se topó porque las hormonas le llamaban.
—Papá no lo excomulgó por eso –informó.
—No culpes a James por divorciarse de esa mujer, hizo bien.
—Para papá y mamá no –informó ella –además ¿qué tiene de malo esperar a que te cases para tener sexo? –Cuestionó a su amiga.
—Nada, cuando es una decisión propia, y no una imposición por un padre de mente cerrada y conservador.
—Es mi decisión mantenerme por el camino que papá me pidió.
—No es cierto, de lo contrario, no te hubieses ido con Shawn y casi acostado con él.
—No me acosté con él, él sólo me besó y tocó, pero nada más.
—Algo más a mi favor, ibas con esa intención, Lily, no estás del todo bien por seguir en ese camino, quieres experimentar, y tampoco tiene nada de malo experimentar tu sexualidad.
—Si papá se entera que salgo con chicas, me excomulga igual que a James, así que mantente callada ¿bien?
—No creo que Billie lo haga mucho tiempo más, está loca por ti, y ni como culparla, eres una chica genial.
—Lo sé –admitió –lastimosamente, ella no me interesa, tampoco Shawn.
—Entonces, no juegues con ellos, si ya sabes que no harás nada más allá, no los hagas ilusionarse.
—Yo no juego con ellos, les digo las reglas desde el inicio.
—Tu padre te prohibió el sexo fuera del matrimonio, más no cero relaciones amorosas, hace más de tres años que no sales con alguien.
—Una relación sentimental, no es opción, al final también querrán sexo, y se irán cuando les diga la estúpida regla de papá, muchos sólo dicen "casémonos" pero ya tengo el antecedente de James.
—X—
La pelirroja observó la camioneta estacionada, no dijo nada, se limitó a esperar a que Ada saliera del colegio, faltaban diez minutos, pero la presencia de esa camioneta le hizo sentirse incómoda ¿qué hacía Edward Lupin ahí?
Bueno, era su hija, desde luego, pero si él iba a ir a recogerla ¿por qué razón no le avisó al respecto? El tiempo se le hizo eterno, y se tensó cuando lo sintió detenerse detrás de ella, observó sobre su hombro, el tipo estaba parcialmente a su lado.
—No sabía que vendría por ella –comentó Lily.
—Salí temprano de la oficina –soltó como todo –dígame ¿se deshizo de ese uniforme de niñera?
— ¿Se refiere al uniforme formal del Norland? –Ted asintió –aun no, ¿por qué? –lo observó.
—Será el cumpleaños del hijo de uno de mis mejores clientes –informó a Lily –así que necesitaré que vaya con nosotros para que cuide a Ada, en lo que hablo con él.
—De acuerdo ¿Cuándo es? –Frunció el cejo.
—Éste sábado ¿puede? –Elevó una ceja.
—Sí, desde luego –se encogió de hombros.
Lily sonrió cuando Ada llegó hasta ellos, le quitó las cosas y las cargó, sólo para que el hombre se las quitara, y les ordenara a las dos subir a la camioneta.
Ted observó a la pelirroja, ya que se había subido en la parte de atrás de nueva cuenta, le colocó el cinturón de seguridad a la niña, y se lo puso ella también.
—Bien, señorita Ada ¿cómo estuvo su día? –Preguntó.
—Muy bien –comentó alegre –lo mejor de todo, es que hoy no vendrá Clare a casa, así que podremos divertirnos con un buen libro.
Lily sonrió más abiertamente, pero tenía otros planes, que no comunicó por el momento, el trayecto pasó con ellas charlando, y Edward cuestionando de vez en vez a su hija sobre algunos detalles que había omitido.
—Ven, vamos –le quitó el cinturón, la ayudó a bajar y la guio hasta la casa, Ted negó, bajó las cosas de su hija y cerró la camioneta.
Cuando entró a la casa, ni su hija ni la pelirroja estaban en la estancia, subió con las cosas de Ada, para que se pusiera de inmediato a hacer su tarea.
—Gracias, papá –sonrió la niña.
—De nada, pero ponte a hacer tu tarea, la revisaré cuando la termines ¿de acuerdo?
—Sí –asintió alegre.
—Compórtense ¿bien? –Observó a Lily, que asintió y llevó su mano a la frente, como saludo militar.
La pelirroja sonrió encantadora cuando el hombre salió, sacó algo de su mochila y se lo extendió a la niña, que le miró completamente sorprendida.
—Pero papá…
—Tu papá no sabrá –admitió –además, toda chica tiene que aprender a peinarse y maquillarse alguna vez, vamos, si no quieres intentarlo contigo misma, hazlo conmigo.
La chica se sentó en el suelo, para que ella pudiera peinarla sin problema alguno.
—Pero ¿por qué? –Cuestionó Ada.
—Bueno, porque sé que querías jugar con nosotros, pero no te animaste, así que ahora que estamos solas, señorita Ada…
—Dime Ada –pidió la niña.
—Dime Lily, en ese caso –sonrió y estiró su mano.
—Trato hecho –admitió encantada.
Lily se giró, sintió el peine en sus cabellos, había notado que el único peinado de Ada era una coleta, tan apretada, que la chica pensaba que le ocasionarían grandes dolores de cabeza.
—Por cierto, toma esto –le extendió algo.
—Papá…
—Cada que digas papá no me deja o lo insinúes, comerás uno ¿bien?
—Pero…
—Toma –Lily le extendió otro chocolate.
La vio por el espejo comerlos de un solo bocado, como haría una niña, claro que si Ada hubiese visto que la había visto, estaría toda cohibida, sonrió, esa cantidad de azúcar, posiblemente, haría que se comportara como una niña.
Lily se giró, cuando Ada recordó el espejo, así que ahora sentía su cabello ir de un lado a otro, el cepillo ir de delicado a salvajemente en su cabeza, al parecer el chocolate había hecho efecto demasiado rápido.
—Te verás hermosa –rió Ada, haciendo que Lily se sintiera alegre.
—X—
Ted frunció el cejo cuando escuchó risas por toda la casa, además, voces alegres ir y venir y los pasos apresurados, observó el reloj, apenas eran las seis de la tarde, se levantó, abrió la puerta de su despacho, las carcajadas se escucharon fuertemente.
Avanzó rápidamente hasta donde estaban, se detuvo en el umbral de la estancia, Ada estaba sobre uno de los sofás, con los zapatos puestos, labial rojo y sombra negra en los ojos, uno de los cojines lo golpeó en la cabeza y el otro voló en otra dirección, rompiendo el jarrón, observó a su alrededor, la pelirroja salió detrás del sofá de tres plazas, con un peinado extraño.
Ada soltó el cojín, sus pupilas dilatadas y su sonrisa se desdibujó, se bajó de inmediato, Lily dejó de reír y se puso de pie como resorte, en un instante, toda la algarabía estaba muerta y enterrada.
— ¿Alguien puede explicarme que está pasando?
—Papá, yo…
—Es mi culpa –soltó Lily –yo rompí todas las reglas, sólo estábamos jugando.
—Sólo estaban jugando, uno de sus proyectiles me golpeó, y el otro rompió un jarrón ¿no cree que eso es peligroso? ¿Qué si Ada se corta?
—Estaba sobre el sofá, así que era imposible, después del juego, hubiese recogido los fragmentos y echado en la basura de algún vecino, y le hubiese dicho a Ada que negara la existencia de ese jarrón, haciéndole pensar que fue un producto de su imaginación.
—Sobre todo, porque fue un obsequio que los padres de mi esposa por nuestra boda –comentó Ted.
—Bueno, sus suegros no tienen el mejor gusto –se encogió de hombros –primero debieron ver la decoración del lugar, no combinaba muy bien –sonrió divertida.
—Ese jarrón valía más que toda su carrera, señorita Potter –informó Ted, de mala gana.
—No importa el mal gusto, sólo que valía mucho dinero –observó a Ada –tranquila, conozco un lugar donde puedo conseguir uno, no notarán la diferencia.
—Es mejor que se marche, señorita Potter, arreglaré este desastre, y hablaré seriamente con mi hija, la acompañaré a la puerta.
—Bien –asintió, sujetó sus cosas y avanzó hasta la puerta seguida del hombre –sólo le recuerdo que todo ha sido mi culpa ¿de acuerdo?
—Lo sé, simplemente le diré porque es peligroso comportarse como usted, y rogar porque vuelva a ser la niña bien portada que era antes de que decidiera hacerle caso a Victoire y contratarla a usted.
—Mientras la mantenga fuera de su ira, aceptaré las consecuencias.
—Primer strike, señorita Potter –le informó enfadado.
