Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward
Nuevamente miles de gracias a Sarai GN, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) por ser un sol y ayudarme con el beteo.
Capítulo 26: Demuéstrame que el amor es real.
I wanna know what love is – Foreigner.
Puta madre.
Estaba arrodillada frente a Minino, me estaba humillando frente a toda ésta gente por él.
No me importaba nada de eso, joder, yo solo quería una maldita respuesta. Mi rodilla dolía de estar tanto en el suelo y mi brazo se estaba acalambrando por estar en la misma forma hace ya un lapso de tiempo bastante prolongado. Ni siquiera sabía cuánto maldito tiempo había pasado. Él iba a rechazarme, ¿no? Claro que iba a hacerlo, veía el conflicto en sus lindos ojos. Si decía que sí, probablemente sería para ahorrarme una segunda humillación de ser rechazada frente a casi todo el puto pueblo. Así de caballero era Edward. Carajos, carajos, carajos. Debía haber pensado mucho antes de hacer esto… Pero, extrañamente, cuando la jodida idea pasó como un flash por mi mente, lo sentí correcto.
¿Qué tan putamente contradictoria podía ser?
Le había gritado que le daría un no si se atrevía a preguntarme y aquí estaba, un día después de su pregunta, arrodillada frente a él y sosteniendo una pequeña cajita con una sortija dentro. Definitivamente estaba loca, alguna mierda estaba suelta dentro de mi cabeza, o simplemente era una idiota.
Pero yo no había podido dejar de pensar en la primera vez que nos conocimos.
Justo allí, en el mismo claro en que Alec me había dicho quién es el jodido donador de esperma.
Tal vez ese fue el detonante, recordar ese momento. Recordarlo a él, aw, ¡era tan adorable cuando pequeño! Un Weasley más tal y como su hija, pelirrojos de mierda que tenían mi mundo patas arriba y me tenían envuelta en su dedo meñique. Creo que incluso ahí siendo una cría supe que ese mocoso pecoso y tímido sería mi maldita perdición.
Y ahora ese mocoso era todo un hombre, y me miraba intensamente con un sinfín de emociones.
Malditos ojos esmeralda los suyos.
. . . . . . .
—¿H-Hola?
Pateé la piedra hacia el arroyo y ésta se hundió. ¡No había saltado como antes porque aquella voz me interrumpió! Inflé mis mejillas y me giré para mirar al culpable. Papá me había enseñado a hacer sapitos, ¡era súper genial!, ¡pero ese niño lo había arruinado! Me crucé de brazos y lo observé, mamá decía que tenía que ser respetuosa con la gente para que me respetaran. No sabía qué era eso, "respeto", pero supongo era algo importante. Si mamá lo decía tenía que ser importante, ella es la mamá, ¿no?
—¿Quién eres? —Fruncí el ceño—. ¿Y por qué tienes la cabeza de zanahoria?
El niño bobo se puso tan rojo como su cabello. Sus ojos eran un poco bonitos, del mismo color de las hojas de los árboles. Aunque él vestía raro, como papá cuando iba al trabajo, con esas camisas que lo asfixiaban. Hoy había salido el señor sol y mamá quiso recoger unas flores para poner sobre la mesa. Mamá amaba recogerlas en el bosque, ella me decía que la abuela Marie siempre tenía flores frescas en casa, que endulzaban la vida. Endulzaban me sonaba a dulce, y a mí me gustan mucho los dulces.
—Uh… S-Soy E-Edward.
—Yo soy Isabella, pero no me gusta, es muy largo, ¿no crees que es muy largo? Puedes llamarme Bella, si me llamas Isabella yo tendré que golpearte con esto. —Le mostré mi puño y él abrió sus ojos con miedo. Mamá también me había dicho que no hiciera eso, pero papá me dijo en secreto que solo debía hacerlo con los niños—. Por tu culpa no pude hacer un sapito. ¿Sabes hacer sapitos?
—¿S-Sapitos?... Uh, los sapos son animales, ¿cómo se puede crear un animal?
Ladeé la cabeza.
Él era raro, y sus manos se movían graciosamente.
—¿Por qué mueves tus manos? —Me acerqué a él y las tomé en las mías como mamá hacia cuando yo tenía miedo por algo, a veces soñaba cosas feas y ella me las sostenía—. ¿Tienes miedo?, yo puedo sostener tus manos para que no tengas miedo, como hace mi mamá. —Le sonreí.
—T-Te falta un diente. —Cerré la boca rápidamente cuando recordé que el ratoncito me había traído unas monedas por el diente que había perdido, mamá y papá me habían ayudado a guardarlo bajo mi almohada, ¡ahora solo quedaba un espacio vacío! Sentí cómo mis mejillas se calentaban, parece que me había puesto del color de su cabello también.
—¡Si me dices fea te golpeo también! —chillé, soltando sus manos y cruzándome de brazos.
—Es… Estás bonita. —Su cara parecía un tomate, solté una risita por eso—. ¡A mí también me pasó!, ¡mira!
El niño raro sonrió tan grande que su cara parecía de plastilina, dejando ver sus dientes. ¡Y ahí estaba!, ¡el mismo espacio que yo tenía!, ¡también le habían traído monedas! Sonreí y tomé una de sus manos entre las mías, estaban calientitas. Él volvió a ponerse rojo, tal vez estaba enfermo, ¡cambiaba de color muy seguido!
—Te enseñaré a hacer sapitos, ¡vamos!
Él también se veía bonito, pero papá me había dicho que los niños tenían piojos, así que no podía decírselo.
. . . . . . .
Alguien en la multitud carraspeó.
Ya ven, hasta ellos se estaban dando cuenta de que toda ésta mierda sería resuelta con un grande y rotundo no.
Qué va, me lo merecía de todos modos. No como si me fuera a rendir ahora.
Tal vez me dolería, justo ahí en los sentimientos, pero pensaría en algo rápidamente. Siempre he dicho lo egoísta que soy, y sé cuánto la he cagado ésta vez. Pero, infiernos si Minino pensaba que podría salvarse de mí con un simple y estúpido "no". Se lo propondría de nuevo. Y de nuevo. Y una vez más. Y así hasta que el maldito cansancio le haga decir que "sí" y yo pueda aprovecharme de su cuerpo, culpando a la felicidad, claro está.
—Isabella… —Por un momento pensé en cerrar los ojos como una niñita cuando habló. ¿Acaso ustedes no estarían cagados de miedo? Porque, demonios, yo lo estoy—. Por favor ponte de pie, ¿sí? N-No me gusta verte así, en tus rodillas... Yo… ¿Me harías el favor de ponerte de pie?
Él debería ser más directo.
Ya saben, soltar el no rápidamente, así podría componerme con mayor facilidad.
La espera era una perra de mierda.
Me levanté lentamente, bajo la atenta mirada de todos. Creo que ni siquiera estaba respirando, así que si caía muerta en cualquier momento, bueno, saben la maldita razón. Edward se removió incómodo en su lugar y apretó la mano de Floyd entre las suyas. Mi pequeño mocoso estaba casi tan nervioso como yo por esto, le había explicado… Bueno, había hablado con él acerca de lo sucedido. Él era un niño bastante inteligente cuando quería, y sabía que entendería las palabras, también como sabía que se enojaría conmigo. Lo hizo, incluso me riñó por haber dicho que "su papá no era su papá" y me vetó de la cama, prohibiéndome ver Dragon Ball con él.
Nessie se divirtió mucho con la maldita escena.
. . . . . . .
Mis pies inconscientemente me habían llevado a la casa Swan. Parada frente a lo roñosa puerta, mi mano se levantó voluntariosamente para así darle tres golpes a ésta. Escondí mis manos dentro de los bolsillos de mis vaqueros y esperé a que hubiera alguien. Estuve a punto de desistir y seguir con mi travesía cuando Renesmee me abrió la puerta. Ella había cambiado la vestimenta que había estado usando en su secundaria, por un infantil pijama rosa de polar. Cuando me observó con sus ojos verdes, su rostro se tornó furiosamente de rojo, abrió la boca para hablar, pero la cerró rápidamente y frunció el ceño.
—¿Bella?, ¿estás bien?
Sentía un nudo atrapado justo en medio de la garganta.
—Yo… Sí, uh, ¿p-puedo pasar? —carraspeé cuando mi voz titubeó y traté de darle una sonrisa.
Ella asintió sin decir una palabra y se hizo a un lado para dejarme entrar a casa. Sentí un calor envolverme cuando estuve finalmente dentro, ese calor de hogar que la caracterizaba. Arrastré mis pies hacia la sala de estar y me dejé caer perezosamente sobre el sofá que la adornaba. No sé cuánto tiempo me quedé en la misma puta posición, sentada, observando mis malditos pies, con la cabeza en la estratósfera. Estaba tan perdida en mi misma y en los problemas a los que debía enfrentarme, problemas que yo misma había creado, que no me di cuenta que Ness había permanecido a mi lado hasta que ella tomó mi mano delicadamente.
Observé sus preocupados ojos verdes y ahí lo perdí.
—Bella, puedes hablar conmigo si así lo deseas.
—Yo… Lo siento, Ness… demonios… —Limpié las lágrimas que rodaban sin cesar por mis mejillas, reí avergonzada por mi reacción. ¿Hace cuánto que no lloraba?, años, malditos años—. Lo siento, no sé qué es lo que me pasa, yo… Lo siento, lo siento, ¡lo siento!
Ella me sorprendió cuando se inclinó y limpió las lágrimas de mi rostro con sus pulgares, dulcemente. Por un momento vi a la pequeña niña que escuchaba atentamente las historias de príncipes y princesas que le contaba en las tardes de lluvia. Era mi pequeña hermanita frente a mí, ahora toda una señorita, la que me estaba reconfortando.
—¿Sucedió algo con Edward? —Asentí penosamente, hipando en el proceso—. ¿Discutieron?
—Yo la cagué, Nessie. Tú siempre tuviste razón —suspiré y me recargué sobre su hombro, ella rodeó mis hombros con su brazo y comenzó a jugar con mi cabello—. Tú lo dijiste, siempre lo decías: "No la jodas, Isabella", "espero que no la cagues con ellos."—Rodé los ojos y sorbí mi nariz, riendo—. Bueno, con tus palabras esas de chica buena.
—¿Dónde está Floyd a todo esto?
Mordí mi labio inferior.
—Yo… Está en casa, supongo que Edward fue por ellos. Joder, incluso me comporté como una mierda de madre…
—¿Quieres que vaya por él?
—¿Me harías ese favor? —Renesmee puso los ojos en blanco y asintió como si fuera lo más obvio. La abracé con fuerza y besé su mejilla, la cual se limpió con el dorso de la mano exageradamente—. Eres la mejor hermana, enana.
Ella me observó por sobre su hombro y sonrió.
—Lo sé.
Llegaron en apenas unos minutos.
Floyd se veía confundido y estaba malditamente enfurruñado, el pasó de largo la sala de estar y se refugió en la cocina. Lo escuché remover en el refrigerador, tal vez sacando alguno de los tentempiés que papá le dejaba para malcriarlo. Renesmee volvió a sentarse en el mismo lugar que había ocupado con anterioridad. Antes de que llegaran me había limpiado la cara, no quería que mi renacuajo viera a su mami llorando. ¡Vamos! ¡Se supone que su mamá es ruda! ¿Qué carajos hace llorando entonces? ¡Y por un chico!
Lamentablemente no era cualquier "chico".
—Ahora sí, cuéntame… ¿Qué fue lo que hiciste? —Ella sonrió levemente—. Puedo hacer una larga lista de cómo podrías haber arruinado, probablemente, una de las únicas buenas cosas que te ha pasado en la vida. ¿Qué es eso tan terrible que has hecho ahora y que crees Edward no te perdonará?
—Lo rechacé. —Nessie abrió la boca—. Y aparte de eso, le grité a los cuatro vientos que él no era el verdadero padre de Floyd… ¿Para qué?, debes estarte preguntando. Bueno, hermanita, un cabrón llegó a joderme los ovarios y… —Desordené mi cabello con exasperación y le di un pequeño vistazo a la puerta de la cocina. Todo en orden, Floyd seguía allí—. Él tenía información acerca del verdadero padre de Floyd, yo… Minino me suplicó no ir con él, Ness, ¡él suplicó y yo rompí su corazón!
—¿Averiguaste algo sobre el donador de esperma?
Reí, una cruda carcajada abandonó las profundidades de mi garganta.
—Es… No vale la pena, Ness. Es un enredo de mierda que, Dios, finalmente pude entender. Y eso fue todo. Ahora lo sé todo y… ni siquiera valió la pena… Edward me dio un ultimátum. Él lo dijo: Te vas con él y te olvidas de mí. —Dejé caer la cabeza hacia atrás, golpeándome ligeramente con el cabecero—. ¿Qué crees que hizo la estúpida de tu hermana?
—Se fue con el otro, obviamente.
—¡Ding, ding, ding! —murmuré, exagerando—, ¡has ganado el premio mayor!
—Lo arreglarán, Bella, ya lo verás.
—Esto es distinto, lo siento distinto aquí, Ness. —Golpeé mi pecho, justo sobre el corazón—. No sé si pueda arreglarlo con un simple "lo siento", y… —Agaché la mirada, comencé a jugar con mis dedos por el pensamiento que pasó por mi cabeza—. Tengo miedo, Ness. Yo lo amo, a mi jodida manera, lo amo.
—Y por eso pienso que lo arreglarán, lo vas a ver. —Ella sonrió con cariño—. ¿No dicen por ahí que el amor lo puede todo? Ese hombre te ama, Isabella. —Solté una pequeña risita cargada de tristeza—. Aunque me duela aceptarlo, Edward te ama y yo sé que tú también lo amas a él.
—Con todo mi maldito corazón, ¡pero soy una idiota!
—Lo eres. —Mi hermanita trató de esconder la sonrisita que bailaba en su rostro. Miraba hacia el frente, empujó mi hombro con el suyo suavemente—. Pero también eres una mujer fuerte y perseverante. Si Edward no te perdona rápidamente, sé qué harás lo imposible por tenerlo de vuelta.
—Lo haré, demonios, no puedo perderlo. ¡Yo no puedo perder a mi princesa! —Cubrí mi rostro con las palmas y solté un chillido lleno de frustración—. Y Floyd… mi bebé… Sus ojitos brillaban cada vez que llamaba a Minino papá, Ness, y yo voy a quitarle eso… Tendría que haber pensado antes de actuar, papá siempre me decía que lo hiciera y siempre me pasé por el culo su consejo. ¡He aquí la consecuencia!
—¿Por qué no voy a poder llamar papá a papá?
Mierda.
Mierda, mierda, mierda.
Floyd sostenía una bolsa de galletas en sus manos y me miraba con el ceño fruncido. Quién diría que un mocoso de cinco años se vería intimidante. Bueno, joder, era mi hijo, ¡claro que iba a verse así! Él se acercó a nosotras y se sentó sobre la mesa de centro, justo frente a mí. Dejó la bolsa de galletas sobre mi regazo y cruzó sus brazos, a la espera de una respuesta.
—Mami y papi tuvieron una discusión, enano.
Sus ojos del color del cacao se abrieron de dos en dos.
—¡Lo golpeaste con Ralph! —Él apuntó a mi puño, completamente indignado—. ¡Te dije que nunca podías golpear a papá, mami! Papá ni Grace, ellos son nuestros… ¡No se golpean! —Quise reír por sus palabras, él claramente hablaba de ellos como si fueran de nuestra propiedad o alguna mierda así.
—¡Yo no golpeé a papá! No podría hacerlo, renacuajo, ¿me crees capaz de eso?
Sus ojos entrecerrados me dieron la respuesta: ¡Infiernos, sí!
—¿Entonces? —Se echó una galleta a la boca y comenzó a masticar.
—Yo… Yo le grité a papá una cosa fea. —Sus ojos volvieron a abrirse—. Mamá le gritó a papá, uh, que no era tu verdadero papá.
—¿Por qué hiciste eso, mami? Papi es mi papi.
—Lo sé, enano… Yo…Uh, mamá estaba…
—Floyd, cariño. —Mi hijo observó fijamente a su tía, echándose otra galleta a la boca en el proceso. Ness había ido en mi ayuda cuando la lengua se me había trabado—. A veces los adultos tienen pequeñas discusiones, ¿sí? Es normal, siempre sucede. Tu padre, Edward, siempre lo será, no importa lo que mamá diga…
—¡Sí!
—¡Eso! —Ness rio—. Tu madre y tu padre tienen cosas que arreglar, en las cuales no puedes inmiscuirte. —Él ladeó la cabeza al no entender la palabra—. Eh, son problemas de adultos… Los niños tienen que… eh… jugar, sí, eso.
—¿Iremos a casa ahora? —Frunció el ceño, volviendo su atención a mí. Negué con la cabeza y su entrecejo se frunció con mucha más profundidad—. ¿Por qué?
¡Estaba odiando la edad de los porqués!
—Por la discusión, ¿entiendes, enano? No volveremos solo por el día de hoy, tengo… Mamá tiene que hacer las cosas bien y pedirle perdón a papá. —Él asintió con decisión. En un rápido movimiento cambió de asiento, ocupando mis piernas para sentarse. Hice una mueca cuando agarro mi rostro entre sus pequeñas y regordetas manitas, apretando tanto que mi boca era como la de un puto pez—. ¿Floyd?
—Tienes que disculparte con papi. —Asentí a sus palabras—. Entonces iremos a casa y jugaré con Grace. Si no lo haces me enojaré mucho contigo, mami, ¡me gustan papá y Grace! —Infló sus mejillas y apretó más las mías—. Estás castigada, así que no verás Dragon Ball conmigo hoy… ¡Y dormiré con tía Ness!
—¿Me dejadás soda? —murmuré como pude, por la presión que hacía.
—Lo siento, mami, pero tienes que portarte bien. Papi es mi papi.
. . . . . . .
Minino soltó la mano de Floyd con delicadeza, antes de caminar hacia mí y encerrarme en un abrazo.
Mis brazos cayeron laxos al costado de mi cuerpo.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y en mi pecho había una extraña presión.
¿Qué era todo esto?
Era…
—Tienes que darme un tiempo para pensarlo.
Oh… Era el agrio dolor del rechazo.
Asentí y enterré el rostro en la curvatura de su cuello. Edward me atrajo más a su cuerpo, como si quisiera fusionarnos y así formar una sola persona. No me había dado un "no" rotundo, pero dolía de todas maneras. El tumulto de gente que nos rodeaba comenzó a aplaudir, extasiados. Los ignoré a todos, me valía una mísera verga, ¿ahora estaban apoyando esto cuando decían mierda tras mierda de mí a mis espaldas? Lo dije, vivía entre malditos hipócritas en éste pueblo. Los golpearía a todos si pudiera. Oh, como a Jessica Newton, por ejemplo, y a su esposito Michael. Sí, ellos serían los primeros en mi lista… Valar Morghulis, ¿no?
Ugh, ¡a la mierda con las citas de Game of Thrones!
¡Me había rechazado!
—Todo el tiempo que quieras, Minino, tengo suficiente de eso. —Mis labios rozaban con la piel de su cuello mientras hablaba.
—La gente piensa que he dicho que sí.
—Que no te importe la gente, gatito. —Reí e inhalé su aroma, tan jodidamente único—. Realmente lo siento.
—Deberíamos hablar esto en privado. —Asentí a sus escuetas palabras—. ¿Te parece si lo hacemos en mi casa?
Otro dolor justo ahí en el puto marica corazón.
Era su casa ahora, no nuestra.
Edward rompió nuestro abrazo, enfrentando al público con una tímida sonrisita fingida que le salía a la perfección. Vaya, ¿se había vuelto actor en un maldito día? Copié su gesto, creo que mis ojos llorosos hicieron todo creíble. Sus ojos verdes se posaron en la familia, los que me habían ayudado de distinta forma para armar todo éste show que no había servido de mucho si me gané un: "Tiempo para pensarlo". No me gustaba eso de tomarse un tiempo, generalmente cuando alguno de la pareja decía esa mierda era simplemente para follar sin daño de conciencia… No es que Minino fuera a hacer eso, vamos, ¡es Minino! Pero dolía de todas formas, ¿así se sintió él cuando fui una perra sin cuidado? Tink y Grizz me dieron una mirada de preocupación, alcé mi pulgar al aire dándoles a entender que todo iba bien. Ellos respondieron mi gesto, alegres. Vi por el rabillo del ojo cómo Edward observaba a su familia con el ceño fruncido. Los Cullen, mejor dicho, mi querido mejor amigo Carli, lo miraba con reprobación. Creo que en la última hora se había vuelto team B. ¡Finalmente me había ganado al suegro! También tuve que humillarme un poquito, qué va, creo que es cosa de los Cullen eso.
No fue una humillación en sí, solo…
Solo tuve que admitir la verdad para él.
. . . . . . .
—¿Isabella?
El reverendo Cullen estaba sorprendido de verme en la puerta de su casa.
¡Claro que estaba sorprendido!
¡Eran las dos de la madrugada y yo lo había despertado!
Se veía gracioso en una bata a cuadros y su cabello todo desordenado, así como lo usaba Edward. Me hubiera reído, incluso hubiera hecho alguna que otra broma sobre como parecía un maldito mantel para picnic con esa bata de absurdos colores que probablemente Esme le había comprado. Y era obvio que él iba a usar esa horrenda cosa, porque no dañaría a su mujer y mucho menos dañaría sus sentimientos. No como yo, claro está.
—Amo a su hijo.
Alzó ambas cejas con sorpresa.
—Sé eso, jovencita, lo sé desde que eran unos críos. ¿Tienes alguna verdadera novedad que contarme? —Asentí. Él sonrió e hizo un ademán con su mano, invitándome entrara a su morada.
—Quiero casarme con él.
Carlisle cerró la puerta de entrada suavemente y con una lentitud que me hacía resoplar. Caminó hacia la sala de estar sin detenerse, lo seguí como si fuera su perrito faldero, con la cola entre las piernas y en silencio infinito. Tomó asiento en un gran sofá negro que se veía era exclusivo para él, entorné los ojos mentalmente por eso. Le faltaba el puto gato y ahí frente a mí tenía a Don Corleone (1). Con una de sus manos me indicó que me sentara, lo hice, me senté sobre el sofá cruzando las piernas bajo mi cuerpo.
—Así que quieres contraer matrimonio con mi hijo. —Asentí a sus palabras—. Edward habló conmigo, Isabella, acerca de lo sucedido entre ambos. No diré cuáles fueron sus palabras, pero quiero que sepas que estoy al tanto de lo ocurrido entre ustedes.
—Entonces, Carli, estás jodidamente consiente de cuánto la he cagado.
—Soy imparcial, creo que ambos tienen la culpa. —Alcé las cejas con sorpresa por su conclusión—. Pero es un problema de ustedes, y solo ustedes tienen el poder para arreglarlo… Supe que tú lo habías rechazado.
Gemí y escondí el rostro entre mis manos, mordiendo la argolla que estaba en mi labio con nerviosismo.
—¡Lo hice!
—¿Por qué quieres casarte con él ahora?
—¡No lo sé!
—Necesito respuestas contundentes, Isabella.
Su tono de voz se tornó duro.
Jodida mierda, yo podría darle las razones de porqué había llegado a ésta conclusión, pero no quería hacerlo. ¡Eran mis razones y de nadie más! Levanté la cabeza para observar sus cálidos ojos azules, extraño, malditamente extraño que me mirara así cuando nunca antes en su santurrona vida lo había hecho. Me removí incómoda sobre el asiento y suspiré.
—Solo… No podía dormir, y la idea pasó por mi mente. No, mierda, qué digo, la verdad es que me estaba cuestionando porqué había dicho que no a su propuesta. Encontré jodidamente absurdas las razones que le di… —Fruncí el ceño y comencé a gesticular con las manos—. "No creo en un pedazo de papel". ¡Vamos, Carli!, ¡sé que incluso tú piensas que esa respuesta es malditamente infantil!
Él sonrió.
—Cada uno tiene sus propios pensamientos y perspectivas acerca de las cosas. Continúa.
—Entonces me dije: "B, si él quería un maldito papel, ¿por qué no dárselo?, ¿qué cambiaría entre nosotros? ¡Nada!, ¡la única diferencia sería que ahora habría un papel ahí!" —Solté un bajo chillido y eché la cabeza hacia atrás—. Así que comencé a pensar en lo bueno que sería estar, uh, ya sabes…
—¿Qué es lo que sé?
—Lo que hablo, estar… estar… ¡Ya sabes!
—¿Estar casada?
—¡Esa mierda! —Oh, joder, mis mejillas se habían puesto de color rojo—. Yo puede que le haya encontrado el gusto a eso… Digo, finalmente le daría a mi renacuajo la familia que merece, con un padre que lo ama con locura y una hermanita con la que jugar. Él crecería como un jodido niño normal y yo estaría hasta que la estúpida muerte nos separe junto al hombre que amo… ¿Qué había de malo en eso? ¡Nada!, ¡era la mejor opción y yo la había rechazado! Supongo que no quería pasar por lo mismo…
—¿Qué mismo? —Carlisle arqueó una de las cejas, inquisitivamente.
—Pasar por eso de estar comprometida y esas mierdas. Yo sé que Edward no es Alec —resoplé como un vil camionero—. Joder, yo nunca podría siquiera comparar a esos dos, me pegaría un tiro en la sien antes de hacerlo. Pero… qué va, no lo sé, la mala experiencia…
—Hablaremos luego de ese tema… Ahora, jovencita, ¿qué es lo que tienes planeado?
—¿Aparte de humillarme frente a un hombre en mis rodillas? No como si no lo hubiera hecho antes. —Fruncí los labios—. Ya sabes, eso de estar de rodillas frente a un hombre…
—Isabella… —Su tono de voz sonó como una advertencia.
—Vale, vale, me desvié del tema central. —Sonreí con picardía—. Amo a su hijo, siempre lo he amado y siempre lo haré, eso lo sé y nadie puede decirme lo contrario. Por eso, reverendo Cullen, me gustaría pedirle la mano de Edward… ¿No se supone que eso se hacía en sus tiempos? Aquí estoy pidiendo a su polluelo en matrimonio. Me arrastraré si es necesario.
—Nunca debes arrastrarte por nadie, por mucho que lo ames. Si esa persona lo acepta es porque ese amor no es verdadero.
—Bueno… No lo haré entonces. —Me rasqué la nuca con nerviosismo—. Entonces… ¿Qué dice?
—Sigo que deberíamos comenzar a pensar cómo lo harás para que mi Edward acepte, él es un tanto terco. Sacó eso de su madre, claramente. —Me quedé en algo así como shock cuando lo vi tan entusiasmado con la idea de que su hijo contrajera matrimonio.
Carli parecía una chica, refregando sus manos y planeando un sinfín de escenarios para la proposición.
Joder, ¡él incluso sugirió uno de esos famosos flashmobs (2)!
. . . . . . .
—¿Todo bien, nena?
Asentí a las palabras de Grizz, mirando fijamente cómo Edward interactuaba con sus padres. Floyd no había soltado su mano en ningún momento, me enternecía y entristecía a la vez esa actitud, ya que con ese comportamiento mi hijo me demostraba el miedo que sentía en su interior por la perspectiva de perder al que adoptó como su padre. Jodida mierda, todo era mi puta culpa.
—No luces como si estuviera todo bien, pensamos… ¿No querías esto?, ¡deberías estar malditamente feliz!
—Estoy con Alice en esto, hija, ¿qué ocurrió? —Papá abrió sus ojos de dos en dos—. Demonios, Bella, ¿te arrepentiste? —Entorné los ojos por su absurda pregunta y negué con la cabeza. Los tres, Grizz, Tink y papá, soltaron un exagerado suspiro cargado de alivio.
—Él dijo que necesitaba tiempo para pensarlo —solté de la nada.
—Ah… Oh… —Tink frunció los labios y me abrazó por los hombros—. Bueno, sabías que la tendrías difícil.
—Lo sé, quiere que hablemos. —Me encogí de hombros.
—Ya verás que todo sale bien, Bella. —Papá dejó un beso en la cima de mi cabeza—. Eres una Swan, los Swan siempre obtenemos lo que queremos, no importa el qué ni el cómo.
—El poder de los Swan, ¿eh? —Sentí un pequeño tirón en mi mano justo cuando las "palabras de aliento" de Charlie llegaban a su fin. Había olvidado por unos pequeños segundos que Grace seguía junto a mí. Miré hacia abajo y le sonreí, ella respondió el gesto dulcemente—. ¿Quieres algo, princesa?
—Uh… ¿Seguirás siendo mi mami? —Me agaché a su altura y besé la punta de su nariz. Ella arrugó su pequeña naricilla y sus mejillas se tornaron de rojo por mí accionar—. ¿Floyd seguirá siendo mi hermano? Me gusta tener un hermano y una mami ahora…
—Claro que sí, hermosa, por todo el tiempo que tú quieras.
—¡Grace!
Ambas miramos en dirección a su padre, quien nos hacía una seña con la mano. Me despedí de Tink y Grizz que, de una manera jodidamente amable, se ofrecieron para desmontar todo los instrumentos que había utilizado ésta noche. Cobain estaba con ellos ayudándoles, él solo alzó su pulgar en mi dirección y me guiñó un ojo. Sonriendo caminé hacia la familia Cullen que nos esperaba con extrañas muecas en sus rostros.
—¿Papi?
—¿Qué te parece si el día de hoy, Floyd y tú se quedan con los abuelos?
—Yo… —Grace tomó mi mano con fuerza entre sus dos manitas y negó lentamente con su cabeza, acurrucándose a un costado de mi cuerpo—. Quiero estar con mami. ¿Puedo no quedarme donde los abuelos? —Edward desordenó su cabello y suspiró.
—Grace, nena, ¿qué te parece si mañana voy por ustedes donde los abuelos? Podemos ir a algún lugar, no lo sé, al que quieras… ¿Te gustaría eso? —Sus ojitos verdes brillaron con intensidad y asintió repetidas veces, haciendo que sus bucles anaranjados rebotaran con gracia—. Es un trato entonces, princesa, ve junto a Floyd, pero primero despídete de mami. —Ella dejó un sonoro beso sobre mi mejilla—. ¡Eso también va para ti, jovencito!
Floyd vino hacia mí corriendo luego de soltarse de la mano de Carlisle.
—Te quiero, pórtate bien.
—También te quiero, mami, no uses a Ralph con papi. —Reí y negué con la cabeza.
—Tranquila, mami sabrá comportarse.
Golpeamos nuestros puños como despedida y seguí a Minino. Él tomó mi mano y jaló de mí para abrirnos paso entre el gentío que nos felicitaba mientras caminábamos entre ellos. ¿Qué carajos? Ni que fuéramos Brangelina o alguna mierda así. Me sentía como una jodida rock star siendo perseguida por paparazis. El rostro de Edward estaba tenso, no dejaba de sonreír, pero creo que nadie se daba el tiempo de mirar la mierda de sonrisa que traía. Era tan malditamente falsa que me daban ganas de golpearlo para que dejara de fingir de ese modo. Cuando llegamos al Volvo nos subimos sin decir una palabra y partimos a la casa de Edward. Sonaba tan jodidamente extraño decir "la casa de Edward" cuando, hace malditamente nada, había sido nuestra casa.
—¿Qué planeas?
—¿Disculpa?
Comenzó a pasearse como un león enjaulado por toda la sala de estar. Me quedé de pie junto al sofá, cruzada de brazos y observándolo. Estaba nervioso, tal vez, sus manos estaban haciendo esa mierda otra vez. Su cabello era un completo desastre gracias a que pasaba sus dedos como un verdadero poseso por él. Murmuraba cosas bajo su aliento, me daba una pequeña miradita y luego seguía caminando como un loco por toda la estancia.
—Isabella, yo… —Movió la cabeza de un lado a otro y finalmente se dejó caer sobre el sofá. Rápidamente escondió su rostro entre sus manos en un gesto desesperado—. ¿Matrimonio? Pensé que no querías eso, pensé que un papel no era importante para ti.
—También pensaste que no te amaba. Piensas muchas cosas, Minino, piensas demasiado, en mi opinión.
—Tú no puedes…
—Sí puedo, lo hice, y lo seguiré haciendo. —Me encogí de hombros—. Te amo, hombre, ¿cuántas veces tengo que decirlo? Cometí un error… Vale, he cometido varios. Demándame por ser un desastre, no puedo evitarlo, pero todo lo que dije en esa puta plaza y frente a toda esa jodida gente es la maldita verdad. Te amo y quiero pasar el resto de mis días contigo.
Ahí estaba.
Lo había dicho nuevamente.
—¿Supiste algo sobre el padre de Floyd siquiera?
—El padre de Floyd está frente a mí. —Inclinó su cabeza hacia arriba y me observó con sus esmeraldas.
—Ahora lo soy, ¿no es así?
—Siempre lo has sido, gatito, yo solo fui una idiota, como siempre… Pero si quieres saber sobre el donador de esperma, es Demetri, el hermano menor de Alec. Él es el ingrediente secreto, no hay nada más que saber sobre eso.
. . . . . . .
Eran apenas las doce del día.
Toda la mañana se nos había ido en la visita a la secundaria para la charla que Edward y Tanya iban a dar, y después de eso se desató el caos, gracias a mí, como siempre lo era… Edward. Demonios, demonios, demonios.
—Si toda ésta mierda es un vil engaño tuyo, juro por mi hijo que no te salvarás, Capo. ¡Acabo de dejar al hombre de mi vida con el corazón hecho pedazos! Será mejor que comiences a hablar…
Habíamos llegado a un claro que estaba entremedio del bosque.
Yo conocía perfectamente éste lugar, era como si el tiempo nunca hubiera pasado por él. Aquí fue donde Minino y yo nos conocimos por primera vez, mira qué ironía. Sin embargo el claro se veía lúgubre ahora, oscuro, el césped no brillaba como solía hacerlo, las pequeñas florecillas púrpura estaban cabizbajas, incluso el estrecho arroyo que se encontraba a unos pasos más allá de nosotros se veía insulso. Joder, tal vez era yo la que estaba viendo todo el mundo gris ahora.
Miré el cielo, que estaba tan deprimente como mi estado de ánimo, y comencé a recordar esa vez, apenas y éramos unos enanos, un poco más crecidos que Floyd y Grace… O creo que fue exactamente a su misma edad, no puedo recordarlo, pero sí recuerdo perfectamente como ocurrió todo.
Alec, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón de vestir, comenzó a caminar por el lugar con parsimonia, tomándose su tiempo, sopesando algo que tal vez me incluía a mí.
—Sabes, cara… —Sonrió, sus azules ojos fijos en el pasto—. Me estaba preguntando, ¿qué gano yo diciéndote lo que sé? —Me miró de soslayo, alejando sus ojos rápidamente de mí. Yo no estaba para sus estúpidos juegos.
Me acerqué a él sin más y lo tomé por las solapas de su chaqueta. Sonrió al ver mi rostro desfigurado por la rabia. ¡Odiaba que hiciera eso!, ¡lo odiaba malditamente! Fruncí el ceño y murmuré entre dientes, en un bajo volumen de voz que no había usado en mucho tiempo. La última vez que lo utilicé fue cuando rompí nuestro preciado compromiso.
—No ganarás ni una mierda, pero me lo dirás de todos modos. ¿Sabes por qué?, porque soy capaz de hacerte la vida imposible, guapo, estás bastante seguro de eso, sabes que puedo hacerlo y lo haré… Sé muchas cosas sobre ti. —La sonrisilla flaqueó en su rostro y ahora fue mi turno de sonreír—. Muchas cosas que no te conviene que se sepan. Porque, hasta donde yo sé, vender esa mierda de polvillo blanco aún es ilegal en los estados juntos, viejo… ¿Qué me dices sobre eso?
—Eres una jodida puttana (3).
—Me han dicho cosas peores. —Entorné los ojos y lo solté—. Habla, ahora.
Sus ojos brillaron cuando me alejé dos pasos de él. Tenía tanta mierda junta en la mente. Sabía cómo la había cagado. Lo sabía. Lo veía venir desde hace un tiempo, ¡ya había pasado mucho maldito tiempo en que no me mandaba una grande! Había quedado grabado en mi retina el rostro de Edward, el dolor en sus facciones. Me dolía, mi alma sangraba, un shot through the heart (4) como diría Bon Jovi. Solo quería volver y decirle cuánto sentía haber dicho las cosas como lo hice, joder, si él me lo pedía yo era capaz de arrodillarme, rogar por su maldito perdón, ¡y él creía que yo podía pensar en abandonarlo!, ¿cuándo iba a aprender de una vez por todas que era él y nadie más?
—¿Realmente no recuerdas nada de esa noche, cara?
—No, Capo, no lo hago… ¡No estaría aquí contigo, genio!
—Yo estuve a punto de matar al hijo de puta, ¿sabes? —Él comenzó a pasearse por el amplio espacio como si estuviera enjaulado, sus manos se hicieron puño dentro del pantalón. No me miró en ningún momento—. ¡Yo podría haberlo matado!, ¡por ti! —gruñó, y fijó sus agresivos ojos sobre mi rostro. Me sobresalté cuando se acercó dando grandes zancadas y encerró mi cara entre sus manos. Me obligó a mirarlo, vi la desesperación en sus orbes azules—. Te amaba, ti amo.
—No, no, no, no me vengas con esas mierdas, hombre. ¡No estoy para eso! Nuestro momento pasó… —Sonreí sin poder evitarlo porque sentía pena, tal vez pena por él—. Nunca hubo una verdadera oportunidad, Alec, siempre fue Edward. Siempre lo fue, desde que lo conocí, justo aquí, ese mocoso todo tembloroso y raro… Él tuvo mi maldito corazón cuando apenas éramos unos críos… Y yo lo he arruinado tanto con él… —Suspiré y traté de desviar la mirada de sus ojos cuando sentí cómo las lágrimas querían atacarme en estos momentos—. Por favor, Alec, necesito saberlo. Necesito cerrar ésta etapa, dejar eso atrás. ¿Crees que no me lo pregunto?, ¡todos los putos días!
—Así que siempre fue él, ¿eh? —Estaba herido, lo sabía, lo conocía tan bien que en el pasado eso me había asustado un poco. Pero el tono filoso en su voz me dejaba ver cuán herido estaba al saber eso—. Y yo que pensé que lo nuestro fue especial, dolcezza.
—Lo fue, estuve contigo, fuimos novios, eso lo hizo especial. Si hubiera querido solo un polvo no habría aceptado ser tu jodida novia, no es mi estilo, pero me gustabas… me gustabas. —Suspiré y negué con la cabeza—. Pero mi puto corazón siempre tuvo dueño y… ¡Demonios!, ¡no lo sé!, hazme éste favor, por los viej…
—Demetri.
El nombre de su hermano fue pronunciado en un volumen tan bajo que temí haber escuchado mal.
Traté de alejarme de su agarre pero él no lo permitió. Pestañeé, una, dos, tres veces seguidas. Abrí la boca y la cerré sin poder articular palabra alguna. Había olvidado incluso lo que estaba a punto de decir a la simple mención del nombre. Él no dejaba de mirarme minuciosamente, estudiando cada uno de mis movimientos, tal vez esperando alguna jodida reacción de mi parte, pero yo me había quedado en nada.
Estaba en blanco.
—¿Q-Qué tiene que ver tu jodido hermano en esto?
—Mi hermano es tu respuesta.
Y temía que dijera eso.
Me separé bruscamente de su agarre y le di la espalda, sopesando sus palabras. Su hermano. Su maldito hermano era el padre de mi renacuajo… ¿Qué tan enferma era? ¡Me había metido con los hermanos Cullen y los Russo! Ni siquiera recordaba haber conocido alguna vez en mi vida al tal Demetri. ¿Cómo...? Oh, esto era una mierda, una reverenda mierda. Agarré mi cabello entre las manos y comencé a jalarlo, nerviosa mordí el arete en mi labio tratando de recordar algo de esa jodida noche en la que todo empezó. No podía, demonios, ¡no podía hacerlo!, ¡debía confiar en su maldita palabra y nada más!, ¡esa era la única verdad que tenía!
—Yo nunca conocí a tu hermano antes, Alec… ¡Ni siquiera recuerdo que lo llevaras esa noche!
—¡No lo hice, demonios! Él muy stronzo (5)... —Capo pasó la mano sobre su cabello con exasperación—. Era un crío al igual que tú, ¡es mi stupido hermano menor con un demonio!
—¿Y qué? —Me encogí de hombros—. ¿Encontró divertido follar con la chica de su hermano?, ¿o es algo que ustedes hacen? Eso de compartir, ¿es algo de los hermanos Russo? —Resoplé, cruzándome de brazos—. Yo también era una niña, tú lo has dicho… ¡Tuve que pasar eso yo sola!... No, no sola realmente, tuve a Grizz y Tink junto a mí en todo momento. ¿Hace cuánto que lo sabes?
—Desde siempre…
—¿Incluso cuando me pediste que me casara contigo, Alec?
—Incluso ahí. —Asentí, dando media vuelta y alejándome del claro. Eso era todo lo que necesitaba saber, no había nada más en esa absurda verdad—. ¡El bambino es sangre de mi sangre!, ¿qué querías que hiciera? ¡Yo no iba a dejar que él te tuviera!
—¡Y eso es todo lo que será! —chillé, deteniendo mi andar para apuntarlo con el dedo índice—. Ya he tenido bastante de ustedes, jodidos italianos. No te quiero ver más, Alec, y dile a tu hermano que si vuelve a aparecer por aquí… deseará nunca haberlo hecho.
—¡Es mi jodido sobrino!
—¡Llegaste cinco putos años tarde, cabrón, vete a la mierda! ¡No tienen derecho a exigir nada! —Entrecerré los ojos hacia él—. ¿Acaso él nunca se acercó porque tú se lo prohibiste? —Alec cuadró la mandíbula y vi todo completamente rojo. Empuñé las manos y seguí hablando entre dientes—. Eres increíble… ¿Siquiera sabes cómo pasó todo?
—Demetri no estaba preparado para tener un hijo, cara…
—No me vengas con ese discurso de mierda, por favor. —Reí sin humor alguno—. Ya vale, no necesito saber nada más. No quiero saber cómo fue que terminamos revolcándonos en un asqueroso motel de cuarta, ni siquiera quiero saber el significado de la estúpida nota que me dejó.
—Tiene sangre Russo, quieras o no.
—No, mi bebé es un Swan… —gruñí, defendiendo lo mío—. ¡Él también era un Cullen y ahora ni siquiera…! —Dejé de hablar al recordar lo que había acontecido hace unas pocas horas atrás. Mierda, ¿qué le iba a decir a mi bebé?—. Alec, ésta conversación termina aquí. Y espero que no traten de hacer nada, tampoco. Ya obtuve lo que quería, es hora de volver a casa, con la gente que amo y a la que acabo de dañar por toda ésta mierda… ¡Tu hermano!, ¡es que no puedo creerlo!
¡No cabía más incredulidad en mí!
Años preguntándome con quién demonios me había abierto de piernas deliberadamente esa noche, ¡muchos malditos años! Por un momento pasó por mi mente que fuera Alec, realmente era la opción más factible que tenía, era la última persona con la que había estado y, en esos tiempos, ya teníamos un "algo" entre nosotros. ¡Alec siempre fue mi opción más creíble! Pero… ¿su hermano?
Abandoné el claro sin mirar atrás.
No sabía a dónde iba o lo que hacía, solo caminé, caminé y caminé.
. . . . . . .
—¿No lo sabías?
—¿Crees que me hubiera ido con Alec de saberlo? —Se encogió de hombros y me enojé como la puta madre—. ¡Sabes que no lo haría, así que para con esa puta actitud! —Pateé el sofá porque, demonios, estaba perdiendo los estribos—. No sabía que era Demetri, demonios, ni siquiera esa posibilidad pasó por mi jodida mente.
—Lo siento.
Me iba a dar una embolia.
¿Ahora por qué carajos estaba él disculpándose?
—¿De qué te disculpas? ¡Yo fui quién arruinó todo como siempre!
—Siento no haberte apoyado —murmuró, sus manos, que cubrían su rostro parcialmente, amortiguaban su voz haciendo que ésta saliera baja e inestable—, debería haberlo hecho. Tú… a pesar de todo lo ocurrido con Charlotte, tú no pusiste peros cuando fui a mi último encuentro con ella. Yo no debí… Yo debí haber entendido, pero estaba cegado por los celos y yo...
—Bebé, rompí la nariz de tu ex, ¿me estás hablando a mí sobre estar cegada? —Sonreí y reticentemente me acerqué al sofá para sentarme a su lado—. No te disculpes, infiernos, fui ya lo que te trató como el asco. Te grité, te dije que Floyd no era tuyo, creo que incluso te mandé a la mierda. Sé que me merezco que me hagas sufrir, tienes todo el derecho de hacerlo, no diré nada al respecto. ¿Ves lo sumisa que estoy actuando? Aprovecha ahora, joder, porque en unos cuantos días más no habrá nada de esto.
Él sonrió dulcemente.
—¿Nada de qué?
—De la B complaciente. Luego vendré con toda la artillería. —Apoyó la frente sobre sus puños y me miró de lado, con el ceño levemente fruncido por no entender mis palabras. Mi sonrisa creció, él era tan malditamente hermoso, y yo lo amaba, con un demonio.
—¿Con qué artillería?, ¿qué es lo que estás hablando?
—Me pediste un tiempo para pensar la respuesta de mi proposición. —Me encogí de hombros—. Te daré el tiempo, todo el que quieras, pero mi paciencia es una mierda, y ya tengo un plan para esto. No desistiré, Minino, insistiré hasta que tu respuesta sea sí.
—¿Qué te hizo cambiar de idea? —Negó con la cabeza y se enderezó. Rio suavemente y acercó su mano derecha al pecho, empuñó la camisa justo sobre su corazón y volvió los ojos hacia mí—. Éste de aquí sufrió todo un día y una noche completa por tus palabras. Por tu no tan rotundo, porque pensé que no confiabas en mí como para darme el cuidado de tu hijo como yo hice con la mía, porque nunca he estado cien por ciento seguro de lo que sientes, porque… No lo sé… Por todo…
—Te amo, Edward Cullen, y lo diré todos los malditos días de mi vida si es necesario para que así lo entiendas. —Tomé sus manos entre las mías y lo obligué a conectar sus ojos con los míos—. Ese "no" lo dije porque supongo que no sabía lo que quería, a menudo no estoy al tanto de lo que quiero hasta que la cago. Dije eso sobre Floyd porque… fui una idiota. Nunca debí expresarme de ese modo, estaba equivocada y también pediré perdón por eso cuantas veces sea necesario… Padre es quien cría y tú me estás ayudando en ese proceso. Él es tuyo y mío… Ellos son de ambos, así es la cosa.
—Yo siento haberte presionado cuando estábamos en el auto, realmente siento haberlo hecho, casi tanto como siento haberte dado ese ultimátum. Me avergüenzo de mi actuar. —Lamió sus labios y retuvo su labio inferior entre sus dientes por un pequeño lapso de tiempo—. También te amo, Isabella Swan, te amo como un loco. Creo que nos equivocamos al comenzar ésta relación…
—Deberíamos habernos sentado a hablar, supongo. Disculpa por querer follar primero, no tengo muy bien ordenada las prioridades, ¿sabes? —Él rio suavemente y yo tomé ese momento de despreocupación de su parte para sentarme sobre su regazo en un ágil movimiento—. Aun tenemos que trabajar en muchas cosas, gatito, como la confianza entre ambos, hay algo pero, joder, esto pasó solo porque no sabemos comunicarnos el uno con el otro.
—Eres muy explosiva.
—Y tú eres muy sumiso, quiero que saques tus garras, quiero que me grites cada vez que te pase a llevar para que pueda ver mi error. Quiero que sigas siendo el mismo Edward que amo, pero que hagas valer tu importancia…
—Lo hago, no es que me pasen a llevar, es simplemente que prefiero eso a discutir.
—Discutir está bien de vez en cuando, nadie morirá por eso.
—Bella, míranos. —Alcé una de las cejas y él resopló—. Nuestra primera pelea de relevancia y… bueno, estamos así.
—Vale, es que somos los reyes del drama. —Entorné los ojos. Él seguía mordiendo su labio inferior con nerviosismo, sus manos acariciaban mi cadera con suavidad, tanto así que me estaba distrayendo—. Minino, ¿puedo besarte?
—No, aún estoy enojado contigo.
—Ah, claro, ¡a la mier…!
Y no me dejó continuar, porque sus labios se estrellaron con los míos sin previo aviso.
Con sus dientes le dio una deliciosa mordida a mi labio inferior y tiró de él con toda la delicadeza del mundo, para así luego volver a apoderarse de mis secos labios. Lo ansiaba como nunca, quería fundirme en él y que fuéramos uno solo. Quería sellar ésta noche una promesa entre ambos, la promesa de conversar las cosas antes, pedir la opinión del otro y nunca pasarse a llevar. Era más una puta promesa de mi parte porque era lo que yo hacía. Bueno, verga, yo sabía cómo manejarme sola, era una primeriza en esto de las relaciones también, no pueden culparme por ser la más grande idiota de la historia. Pasé una de mis piernas por sobre las suyas, sentándome a horcajadas sobre él.
Un día.
Eso había sido, un poco más de veinticuatro horas.
Y ya lo necesitaba como si estar lejos de él hubieran sido años.
¿Cómo aguanté tanto los siete años que estuvimos lejos?
Joder.
Nunca dejó de besarme, ni siquiera cuando se puso de pie lentamente para no tirarme al suelo. Enrollé mis piernas en torno a sus caderas y crucé los tobillos tras su espalda, afirmándome firmemente de su cuello con los brazos, nos guio escaleras arriba. Besé sus labios, su mandíbula y la incipiente barba que había crecido allí, besé sus párpados e incluso la punta de su nariz. Cada uno de esos besos era un perdón de mi parte. Cada uno de esos besos era también un te amo.
Nunca supe lo que era el amor hasta que lo conocí, con él, con nadie más.
Cuando me dejó con cuidado sobre la cama, sus besos siguieron. Comenzó a descender por mi cuello, entreteniéndose en el lugar por un rato que se me hizo eterno. Amaba que me besara el cuello, las sensaciones eran intensas y un torbellino parecía crecer en mi bajo vientre cada vez que recorría con su lengua a lo largo de él. Mi ropa voló en un abrir y cerrar de ojos, sin siquiera darme cuenta estaba solo en mi sujetador. Minino me miró intensamente con sus orbes verdes, que ahora estaban más oscuros, ya no era esmeralda, era como el verde del bosque, un bosque reluciente por la noche. Con su nariz trazó dibujos en la piel entre mis pechos, dejaba pequeños besos mariposas en el mismo lugar y luego soplaba, mandando escalofríos por todo mi cuerpo debido al contraste de temperaturas. Yo ya estaba ardiendo, quería sentirlo en todo su esplendor, quería amarlo.
Desabrochó mi sujetador con maestría, solo usando una de sus manos.
Gemí por lo bajo cuando el frío viento de la noche hizo contacto con mis tirantes pezones.
Estuve a punto de venirme cuando Edward me miró entre sus pestañas y sonrió, esa jodida sonrisa torcida y pícara que utilizaba en algunas ocasiones específicas. Mi espalda se arqueó inconscientemente cuando sus labios se posaron sobre mis necesitados pechos. Santa mierda, se sentía como tocar el cielo con los dedos.
Bajó con un camino de besos, jugó con el elástico de mis bragas, su atención puesta en mi vientre.
No lo aguanté más, y en un momento de distracción, hice que girara su cuerpo y me posé sobre él.
—Aun no terminaba contigo —murmuró, con la respiración errática.
Sonreí y le guiñé un ojo.
—Esto se trata sobre ti. —Mis manos jugaron con el cierre de su pantalón. En algún momento de las caricias él se había quitado la camisa, dejando al descubierto su malditamente hermoso cuerpo. Con el dedo índice delineé los huesos de su cadera que quedaban expuestos y formaban esa deliciosa V—. Todo es sobre ti ésta noche, déjate querer.
Dejé un beso sobre su ombligo y él se estremeció.
Echó la cabeza hacia atrás cuando bajé el cierre de su pantalón, finalmente liberando su duro miembro de los pantalones. Oh, amigo, cómo lo había extrañado la noche anterior. Lo tomé entre mis manos y comencé a masajearlo, estaba completamente erecto y el líquido pre-seminal estaba presente. Pasé la punta de la lengua sobre él, saboreándolo, deleitándome con sus gemidos y su sabor único. Lo tomé en mi boca con precisión, tomé todo lo que pude, cubrí con mi puño lo que no alcancé a abarcar. Mi mano comenzó el mismo vaivén que mis labios sobre él, primero lento, suave, simplemente disfrutando del momento y de cómo cada vez se ponía más tenso. Fue él quien me hizo acelerar el ritmo cuando con una de sus manos tomó mi cabello y me instó a hacerlo. Otro momento kodak, Edward tomando el puto control en el sexo. Amaba eso, me encendía a mil que lo hiciera. Seguí sus embestidas sin decir nada, enrosqué la lengua en torno a su miembro, lamí cuanto pude y succioné con todo lo que tenía. Sentía cómo palpitaba dentro de mi boca, anunciando que estaba a punto de culminar.
La puta madre.
Creo que nunca lo había tenido en mi boca.
Él tiró de mi cabello, obligándome a soltarlo. Su polla salió haciendo un suave "pop" que me hizo reír, pasé la mano por mis labios y alcé las cejas en su dirección, preguntándole tácitamente cuál era el maldito problema. No me dijo nada, simplemente me jaló hacia él, cambió nuestras posiciones, quedando sobre mi cuerpo en un pestañear.
—No puedo más.
—Quería probarte, ¿por qué no me dejaste hacerlo? Demonios… Yo quería… —Hice un puchero y él gimió, enterrando su cabeza en la curvatura de mi cuello.
Su eje estaba ubicado en mi entrada, así que cuando embistió con fuerza contra mis caderas, éste se acomodó a la perfección. Mi boca se abrió en una gigantesca "o" y solté el aire de golpe. Me afirmé con fuerza de sus hombros, sintiendo cada maldito empuje de su cuerpo contra el mío, estaba siendo salvaje, jodidamente rudo, cada vez los embistes eran más y más fuertes, nuestros cuerpos se acoplaban entre sí sin descanso. Estaba tan cerca de alcanzar la cima, estaba más sensible que nunca. Nuestros cuerpos completamente sudorosos, susurré palabras de amor a su oído mientras me penetraba con fiereza.
Tal vez se estaba descargando, no me importaba.
Si mi cuerpo le servía para eso, joder, cual puta se lo daba.
Un embiste, dos embistes, tres embistes más y alcanzamos la gloria juntos. Se derramó dentro de mí justo cuando mis paredes lo aprisionaban. Estaba sin respiración, los ojos cerrados a más no poder, no podía siquiera coger algo de aire para normalizar mi respiración. Edward cayó laxo sobre mi cuerpo, me aplastaba un poco, pero era… Me gustaba sentirlo así, sobre mí, completamente desinhibido e indefenso, me gustaba la confianza que me daba al dejarme verlo así de vulnerable. Cuando pude controlar el aire que entraba a mis malditos pulmones, comencé a acariciar su cabello con la mano derecha.
No hablamos por un largo momento.
Solo nuestras respiraciones acompasadas resaltaban en la silenciosa noche.
Incluso llegué a pensar que se había dormido.
—¿Isabella? —ronroneó con voz ronca.
—¿Qué pasa, Minino?,¿te arrepentiste de haber follado conmigo ahora?
—No me gusta que uses esa palabra cuando se trata de nosotros. No suelo follarte, todas las veces que hemos estado juntos soy bastante sincero cuando digo que te estoy haciendo el amor. —Sonreí y asentí, besando su frente—. No era eso lo que iba a decir, de todos modos…
—Entonces, ¿qué es?
—Sí.
Se removió contra mi cuerpo, y sin salirse de encima de mí, escondió el rostro entre mis pechos. Dejé de acariciarle el cabello y fruncí el ceño por aquella simple palabra que había abandonado sus labios. Quizá era la bruma post-sexo que no me dejaba pensar con claridad, pero cuando la lucecita se prendió por completo en mi mente, juro que casi, casi estuve a punto de me diera alguna mierda cardiaca.
Un infarto.
Eso.
—Espera, espera… ¡Joder, Minino, mírame! —Negó tercamente y nos hizo rodar en la cama. Ambos quedamos de costado, él seguía con la cabeza metida entre mis putas tetas—. Minino, por favor mírame… —Suspiré cuando fue en vano, traté de mandarle una señal a mi jodido corazón para que no pareciera desesperado—. Uh, déjame ver si entendí bien… Edward, ¿acaso estás tú diciendo que…?
—Sí, Isabella. —Levantó la cabeza de su escondite y fijó sus ojos sobre los míos. Me perdí en ellos y en sus palabras—. Para mí sería un honor casarme con la patética mujer que rompió mi corazón un sinfín de veces, porque me ama con pasión y locura, tal y como yo la amo a ella.
Y lloré por eso.
Carajos, lloré porque tenía las malditas ganas de hacerlo.
(1) Vito Andolini, conocido popularmente como Vito Corleone, es un personaje ficticio y uno de los protagonistas de la novela titulada El padrino.
(2) Un flashmob es una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente.
(3) "Puta" (Que difícil adivinarlo, Dios)
(4) "Tiro directo al corazón"
(5) "Bastardo"
¡Buenas noches!
¡Último capítulo de la actualización triple de fics! Finalmente, hahaha.
Bien, quiero partir diciendo algo: Este es mi fic (?) Por ende, yo escribo lo que me da la puta gana, y si quiero que se casen y tengan muchos bebés y vomitemos arcoíris juntos, lo voy a hacer porque yo quiero que sea así, querido Guest. Y si no le gusta el rumbo del fic, la invito a escribir el suyo propio :) Y es todo lo que diré al respecto, me carga hacer estas cosas pero que va, quería contestarte de alguna forma :3
Y ahora, redoble de tambores, ¡finalmente se sabe quien es el padre de Floyd! Les cuento que iba a ser distinto al principio pero quise que fuera así, ya verán porqué. Sé que se dijo quien era pero aun no está claro lo que sucedió, o que estaba pensando Demetri, ya vendrá eso, ya vendrá, Capo aun está rondando por el pueblo, pero no teman por ello. Ahora... Sé que muchas estarán feliz por la respuesta, algunas estarán enojadas, otras contrariadas... Así es la vida nenas, no se puede tener todo lo que se quiere... Yo puedo tenerlo en este fic porque yo lo escribo pues, y necesitaba un poco de amor por acá hahaha. Espero haya sido de su agrado de todos modos, gracias por la paciencia... ¡Y gracias a Sarai por ser un cielo conmigo y aguantarme! No eres tan malvada como dicen, mujer (ojo con el "tan" hahaha) Y eso sería todo, creo, me merezco un descancito, sabe que sí... Ya le dije a Sarai de todos modos que no la abrumaría con mas trabajo por un tiempo porque le mandé mucho según yo esta semana hahaha, así que, quieran o no el descanso me lo tomo porque soy mala (?) Aunque sé que decir esto no servirá de nada, estoy segura que leeré unos cuantos "Actualiza pronto" dskhjkfgh.
¡Nos estamos leyendo! ¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos como siempre! Y por todo el apoyo que me brindan siempre :3
Lamb~
