Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward


Nuevamente miles de gracias a Sarai GN, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) por ser un sol y ayudarme con el beteo.


Capítulo 27: Encaja o ¡vete a la mierda!


F.I.F.O. – Brennan Heart.


—Ignórame, y por favor, no digas nada sobre esto… Ya pasará, ignórame, yo…, y-yo…

Era una jodida niñita.

No podía evitar que las lágrimas rodaran por mis mejillas incesantemente. Ni siquiera quería mirar a Edward, joder, era el momento más vergonzoso de mi vida. Yo no lloraba, demonios, Isabella Swan no derramaba lágrimas. ¡Y aquí me tienen!, ¡llorando dos veces por éste hombre en menos de una semana! Traté de limpiar mis mejillas en vano, las lágrimas fluían libremente desde mis ojos sin darme tregua alguna. Oh, el muy cabrón me había tenido en vilo, lo admito, lo acepto, lo merecía… ¡Pero eso no quita que mi maldito corazón haya dejado de funcionar con su "tengo que pensarlo"! ¡Y después, de la nada viene con ese puto que, extrañamente, estaba anhelando tanto!

—Nunca te había visto llorar…

—¡No lo digas como si fuera lo más putamente maravilloso del mundo, Cullen!

Él rio suavemente.

—Solo una vez. —Ignoró mis palabras y acercó su mano hacia mi rostro para limpiar mis mejillas con dulzura. Tomó mi cara entre sus palmas y besó mis labios, un lento y prolongado beso que me dejó sin aliento—. Espero que estas sean de felicidad, sin embargo.

Esa vez a la que él se refería fue el día en que mi madre murió.

Yo había llorado por horas, tiempo atrás había llegado a la conclusión de que no había llorado más porque ese fatídico día de mierda se había llevado todas las lágrimas de una vida. Delineé su rostro con mis dedos, sin dejar de observar sus profundos ojos. Él había estado ese día ahí para mí, incluso cuando yo le había gritado cosas horribles… Realmente le grité a todo el puto mundo, incluso a papá… Incluso a Ness, y ella era solo un bebé en ese tiempo. Yo amaba a Renée y la vida me la había quitado sin previo aviso. Puto destino de mierda. Puto cáncer.

Pero ahora era distinto.

Lloraba porque, si bien me habían quitado a alguien a quien amaba en éste mundo, ahora ganaba a otra persona. Lo ganaba a él, a mi gatito, mi futuro esposo. Qué malditamente genial suena eso. Mi futuro esposo. Y no solo eso, también había ganado una pequeña princesita para cuidar y mimar. Sonreí, pasando mi pulgar lentamente por su sobresaliente labio inferior, imaginando en que tendría a éste hombre junto a mí por lo que me restaba de vida. Oh, carajos, ¿quién dijo que yo no iría al cielo por todos mis pecados? Como si lo necesitara, tengo el cielo justo aquí, a mi lado, y tiene unos hermosos ojos verdes, déjenme decirles. Minino frunció el ceño cuando solté una pequeña risita, besé sus labios una vez más y me acurruqué contra su cuerpo. Disfrutando de su calor y de la alegría del momento.

—Te amo —murmuré, mordiendo su labio—, mi dulce gatito, te amo.

—Te amo también, ahora y siempre. —Besó la punta de mi nariz y recargó su frente contra la mía. Sus ojos verdes siempre fueron tan expresivos, a veces me abrumaba eso, ver todo lo que sentía en esos malditos orbes esmeralda—. No tienes idea cuánto esperé éste momento…

—Me hago una idea, chico conservador. —Sonreí con diversión, solo por un mísero segundo. Las comisuras de mis labios se curvaron rápidamente en la dirección contraria a una sonrisa, mis ojos dejaron de estar prendados de los suyos y comencé a trazar extrañas figuras sobre su desnudo pecho—. Creo que deberíamos empezar de nuevo, Minino, así que aquí voy… —carraspeé y me encontré con sus confundidos ojos nuevamente—. Cuando estuve lejos hice cosas, ¿sabes? —Alzó una de sus cejas y proseguí—. Consumí cosas

—Te drogabas. —Entorné los ojos por su sutileza.

—Vale, sí, me drogaba.

—Lo sigues haciendo.

—Hey, deja a mi amiga felicidad en paz, ella es natural. —Arqueé una de las cejas y proseguí—. Hartas cosas, Minino, mierda de la fuerte. —Él asintió a mis palabras—. Conocí a muchas personas, buena gente y a veces no tan buena. También he estado con chicas.

—¿C-Chicas? —Tragó saliva y yo asentí—. ¿Tú, uh, has tenido relaciones con chicas?

—Pregúntale a Tink sobre eso. —Sus ojos se abrieron con sorpresa y se puso tan rojo como un tomate.

—¿Tú y… tú y Alice? —Sonreí. Minino asintió un tanto aturdido por la nueva información—. No sé cómo lo haré para mirar a Alice ahora. Espera… ¿tú, Alice y Jasper…?

—¿Qué? No, ew, demonios. —Arrugué la nariz pensando en la posibilidad de eso. Diablos, no, los había tenido por separado, pero juntos debería ser un desastre. Me causarían algún tipo de apoplejía con sus constantes peleas de mierda. Nope, esos dos no sirven para un puto trío—. Alec ha sido el único hombre relevante en mi vida después de ti, puedo jurarte eso. —La seriedad volvió a su rostro con la simple mención de Capo—. Los otros fueron simples revolcones de una noche… Inclusive su hermano, del que no tenía ni puta idea que había metido su maldito pene en mí…

—¡Isabella!

—Sí, verdad, lo siento gatito. —Solté una pequeña risita—. Quiero que sepas esto por un mejor futuro. Sí, soy un jodido desastre. Sí, puede que Alec haya sido el único esqueleto real dentro de mi clóset, pero nunca sabes cuándo un despechado puede venir a cagarte la vida… Yo no quedé prendada de ninguno de ellos, pero… —Me encogí de hombros con incomodidad—. Hay algunos cuantos que sí quisieron algo más conmigo. Quién sabe, tal vez a alguna de mis folladas de una noche se le ocurre aparecer reclamando mierdas, y ésta vez quiero estar preparada.

—Bien. —Él asintió suavemente—. No era necesario que me dijeras todo eso, yo, uh… Pero gracias por la confianza.

—Oh, también te diré lo siguiente. —Le mostré mi mano y comencé a enumerar con los dedos—. Nunca he tenido sexo con Grizz, lo mío con Tink fue cosa de borrachera, pero no me arrepiento de ello, esa perra sabe lo que hace. —Sonreí cuando Edward volvió a tornarse rojo—. Cobain tiene la pija corta, creo que le hice bullying por ello un buen tiempo. Él y yo solo nos acostamos dos veces, aunque el mundo piense lo contrario, no se sentía correcto, ¿sabes? Digo, él sabe usar ese maní que tiene entre las piernas, no tengo quejas sobre ello, pero era… raro. Pero bueno, qué va… ¡Ah!, ¡lo olvidaba!

—¿Qué tan importante se te ha olvidado decirme sobre tu vida?

—Nada, solo quería advertirte que probablemente Tink contrate unos strippers para despedir mi soltería, así que no quiero que te dé algún aneurisma… Soy una chica comprometida. —Le guiñé un ojo y me senté en la cama—. Aunque en mirar no hay engaño…

—¿Qué has dicho?

—¿Eh? Oh, nada. —Él me miró con los ojos entrecerrados, sonreí abiertamente—. Solo dije que, hablando de compromiso, recordé que te debo un anillo, gatito.

Edward suspiró y se dejó caer nuevamente contra el mullido colchón de la cama.

—Debería haber sido yo.

—¿Y dónde queda la diversión en eso? —Le guiñé un ojo y me puse de pie en un salto. Busqué entre mi ropa la caja que había comprado con el dinero ahorrado de la tienda. Cuando finalmente la encontré, salté sobre la cama y volví a abrirla para él. Tomé el anillo entre mis dedos y lo observé detenidamente—. ¿Sabes? Quería comprar algo más de mi estilo, pero Carli metió su mano aquí y… —La simple alianza de plata era eso, simple—. Bueno, sirve por el momento. Dame tu mano, gatito.

—Algo más de tu estilo me suena a calaveras y cosas de esa índole. —Sonrió con dulzura a la vez que me daba su mano izquierda—. Y creo que deberías cubrirte. —Sus ojos estaban descaradamente sobre mi desnudo pecho. Como si no estuviera disfrutando de la jodida vista.

—¿Por qué? —Entorné los ojos. ¿Cómo era posible que lo siguiera incomodando mi desnudez? Conocía todas las malditas partes de mi cuerpo a la perfección—. No es nada que no hayas visto, y no me molesta, así que te aguantas. Y ahora… —carraspeé y alineé el anillo con su dedo anular—. Minino, ¿aceptarías ser mi esposo y el padre de mi hijo?

—Acepto —murmuró, frunciendo sus labios con diversión. Alcé una de las cejas para que se pusiera serio, era lo que ameritaba el momento, ¿no?, mientras deslizaba la alianza por su dedo lentamente. Le quedaba perfecta, tal y como había esperado. Edward tomó el otro anillo que estaba dentro de la caja e hizo el mismo movimiento que yo—. Bien, ahora yo me sinceraré. —Suspiró y miró nuestras manos unidas—. Charlotte ha sido la única chica con la que estuve después de ti… Solo he estado con dos mujeres en mi vida, y tú eres una de ellas. No eres la única que ha probado cosas. —Se removió incómodo en su lugar—. Dicen que la universidad es para experimentar, ¿no?

—Oh, Minino, hablaremos de eso luego, eh, ¡te lo tenías guardado!

—No es una etapa que me enorgullezca.

—Todos hacemos pendejadas cuando críos, supéralo. Que yo las siga haciendo es otro caso.

—Está bien. Como iba diciendo, mi vida no fue nada fuera de lo normal, hasta que una pequeña niña llegó a cambiarlo todo. Tengo una hija a la que adoro y por la que daría la vida, así que… Ahora es tu turno, amor, ¿aceptas que Grace y yo formemos parte de tu vida y la de Floyd incluso después de la muerte?

—Sí, gatito. —Me incliné hacia su rostro para besar sus labios cuando el anillo estuvo finalmente en mi dedo. Observé nuestras manos unidas, ambas alianzas de plata en sus respectivos lugares. Junté mi frente con la suya y suspiré, feliz por todo—. Mil veces sí, joder.

Fue una de las mejores noches de mi puta vida.

Nunca pensé que disfrutaría tanto solo dormir junto a un hombre. Porque lo hice, cursimente como suena toda ésta mierda, disfruté el que simplemente me rodeara con sus brazos por todo lo que quedaba de la noche. Tampoco es como si vaya a admitirlo en voz alta. Pero nuevamente, Minino no era cualquier hombre. Era mi hombre, y ahora lo sería oficialmente, como a él le gusta llamarlo. Un punto para mí, todas las perras sabrían que él ya estaba ocupado. Oh, quiero ver la cara de Tanya cuando lo sepa, tal vez y nunca vuelva a venderme de Bob. Porque, joder, estoy cien por ciento segura que ese viaje misterioso que hizo fue para buscar un poco de felicidad, qué va, fue al estado donde la marihuana crece en las calles libremente, ¡es obvio que trajo algo de eso!

—¿Qué estás haciendo?

Tal vez Edward había quedado ciego por la noche y no me di cuenta.

Yo veía claramente que estaba preparando el maldito desayuno. Alcé las cejas y lo ignoré por su absurda pregunta, si él quería burlarse de mí por estar intentando cocinar, no iba a resultar nada bueno de eso. Seguí revolviendo los huevos en la sartén, dándole la espalda. No era como si no pudiera hacer huevos revueltos, eran unos jodidos y fáciles huevos revueltos, tan inútil no soy, demonios. Escuché cómo revolvía cosas por aquí y por allá en la cocina, cuando los huevos estuvieron listos y me gire a ver qué diablos estaba haciendo, sonreí. Estaba sentado en la encimera como un chico bueno, con sus manos entrelazadas sobre la mesa. Había distribuido dos tazas, puesto unas tostadas y prácticamente hecho todo el trabajo de poner la mesa para tomar un rico desayuno. Y luego estaba yo, sosteniendo una estúpida sartén.

—No voy a matarte con unos huevos, Minino. No los mires como si en cualquier momento fueran a atacarte o alguna mierda así, no lo harán. —Fruncí el ceño y le eché huevo a mis tostadas, le di un brusco mordisco porque su mirada acusadora sobre la comida me estaba enfurruñando. Él tomó un tenedor y lentamente removió su comida—. ¡Edward!

—Lo siento, es solo… Ya sabes lo que dice Floyd.

—¡Son solo huevos! —chillé como una perra histérica—. Come tus malditas tostadas solas si no quieres.

Whoa, están buenos…, están bastante buenos, cariño, felicitaciones. —Sonrió y volvió a llevarse un poco a la boca. Cerró sus ojos y soltó un gemido por lo bajo que, bueno, repercute en una mujer como yo. Nadie debería gemir de ese modo solo por comida—. Discúlpame por dudar de ti. Realmente están sabrosos.

Traté por todo los medios de no sonreír por su cumplido.

—Come y calla.

—¿Irás por los chicos? —Asentí a su pregunta, tomando un sorbo de mi café.

—Se lo prometí a Grace, ¿recuerdas? —Él sonrió y asintió—. ¿Sabías que Grizz y Rosalie fueron a su primera ecografía? Ese cabrón le muestra a todo el mundo el pequeño bultito que se ve en la imagen. Es gracioso cómo está llevando la paternidad. —Revolví la comida con el tenedor—. ¿Qué es lo que espera tu prima de él?

Era ahora o nunca.

En algún momento le iba a hacer la jodida pregunta de todos modos.

—Isabella…

—¿Qué? —Me hice la inocente ante su tono de advertencia—. Solo tengo curiosidad.

—Eso no nos concierne a nosotros, amor. —Resoplé y entorné los ojos—. Rose está bastante entusiasmada con todo. Ella, desde pequeña éste fue su sueño, ser madre. Tal vez no de éste modo, pero ya que su sueño se había visto truncado por el problema de Royce… Creo que ella está en su mejor momento.

—Vale, gatito, no quiero sonar mala ni nada, pero realmente me vale verga tu prima. —Él alzó una de sus cejas y yo me encogí de hombros—. Estoy siendo sincera, yo me preocupo por los míos, y Grizz es uno de los míos. Tú puedes ver a ese cabrón con todos esos músculos y tatuajes, y esa cara de que deja la puta cagada al lugar que vaya… Pero Grizz tiene el corazón más grande que he conocido, y, bueno, yo no quiero que ella arruine eso.

—No lo hará, cariño, Rosalie quiere a Emmett —contestó con determinación.

—Bien, más le vale no hacerlo. —Asentí y seguí comiendo mi desayuno—. Ralph no hace distinciones con mujeres embarazadas.

Luego de tomar nuestro desayuno cada uno se fue por su lado.

Minino tenía que volver al hospital para seguir con su trabajo, puede que haya hecho que llegara tarde al acorralarlo en la puerta de entrada. Vale, era su culpa por tener esos labios tan apetecibles. Luego de casi violarlo, y que él completamente rojo se disculpara unas mil veces con la señora Cope que nos había pillado in fraganti al ser su vecina, partió a su consulta. Vi por la ventana cómo la vieja bruja rezaba y tiraba agua bendita hacia nuestro porche. Me caí de culo por la risa. Luego de ese momento épico, miré mi hermosa nena, mi motocicleta, con nostalgia. Hace ya un buen que no la usaba como debía, y ahora que tenía dos mocosos por los que velar, no podría hacerlo. Iba a tener que instalar un carrito o algo. Conduje hacia lo de Carli en la calidez de la furgoneta. Grace y Floyd estaban jugando en el jardín delantero, corriendo de un lado a otro mientras que Esme, tan extravagante como siempre vistiendo más colores que el arcoíris, regaba unos rosales que adornaban el frontis de la casa.

—¡Bella! —Se puso de pie dejando la manguera en el suelo después de cortar el agua. Sonriente se acercó a mí y me dio un caluroso abrazo—. No esperaba verte tan temprano, estos niños aquí no han parado en toda la mañana. ¡Después de su desayuno comenzaron a jugar sin parar!

Observé a mis dos mocosos corriendo de un lugar a otro.

—Sí, de eso se trata la niñez, ¿no? —Ella rio y asintió, dándome la razón—. Le prometí a cierta princesita que haríamos algo el día de hoy… ¡Niños, mamá está aquí! —grité, haciendo que ellos dejaran de correr para poner su atención en mí. Casi nos caímos los tres sobre la grada cuando se tiraron contra mi cuerpo sin contemplación—. Vale, vale, mis enanos tienen mucha fuerza, ¿eh? ¿Qué demonios les dio abu Esme de desayuno?

—¡Cereales! —chilló Grace, alzando su cabecita para mirarme—, y lechita, la lechita nos hace fuertes.

—¡La leche nos hace rudos! —Floyd curvó sus brazos haciendo alusión a sus inexistentes músculos—. ¿Es hora de irnos, mami? —Asentí. Me agaché a la altura de ambos para dejar dos besos sobre sus mejillas, y recibí dos deliciosos y babosos besos a cambio.

—Despídanse de la abuela, niños, tenemos una larga tarde para los tres.

Esme nos deseó suerte una vez estuvimos dentro de la furgoneta.

Nuestra primera parada fue Forks Ink, los chicos ya estaban allí desde la mañana. Tink estaba sentada tras el mesón, pintando sus labios de un fuerte color borgoña, sonrió cuando nos vio y saludó a los niños, besando sus mejillas y dejando un grande y rojo beso marcado en sus rostros. Ellos rieron y trataron de limpiar el labial, dejando un desastre más grande aún. Grizz estaba al fondo de la tienda, él soltó las cajas que estaba acomodando estrepitosamente contra el suelo y abrió sus brazos para recibir a los dos terremotos que corrieron hacia él. Los cargó a ambos sin problema alguno. A veces envidiaba esa súper puta fuerza de Hulk, solo a veces.

—¿Y?

Me crucé de brazos y descansé la cadera contra el mesón. Alice resopló y puso los ojos en blanco, sabía lo que ella estaba preguntando, era una puta cotilla. Mis labios se curvaron en una pequeña sonrisa llena de diversión por la postura enfurruñada que había tomado. Cuando su constante tamborileo de dedos sobre la superficie me sacó de quicio, abrí mi gran bocota.

—Dijo que sí.

—¡Me tienes que estar jodiendo! —Rio—. ¿Qué hiciste para que te dijera que sí tan malditamente rápido? No, espera, no me lo digas… ¡Una mamada marca registrada! —Solté un bufido y ella rio aún más fuerte—. ¡Lo sabía!, ¡te salvaste solo por saber usar esa sucia boca de mierda! Eres una puta, te he enseñado bien.

—Una mujer tiene que hacer, lo que una mujer tiene que hacer.

—Así que la vida vuelve a sonreírte, perra… Dime, ¿qué se siente estar comprometida?

—De puta madre, amiga mía, de puta madre. —Alice soltó una sonora carcajada que acompañé—. ¿Crees que pueden estar sin mí el día de hoy? Le prometí a Grace que iríamos donde ella quisiera junto a Floyd, y no soy una chica que rompe sus promesas, ¿sabes?

—Ve, mami B, nosotros cuidaremos el templo. No creo que haya mucho movimiento el día de hoy, así que no te preocupes, nena, podremos con esto los dos. Diviértete y tráeme un jodido recuerdo. —Besé su mejilla en agradecimiento.

—Entonces… ¿Todo bien en el paraíso? —Emmett llegó donde nosotras, aun sosteniendo a los mocosos en sus brazos. ¡Él lo hacía ver tan jodidamente fácil! Sonreí y le guiñé un ojo—. Joder, entonces, ¿estás comprometida? —Asentí—. ¡Sabes lo que eso significa, nena!

—Oh, sí, diablos sí.

—¡Estarás fuera del mercado! —gritó, sonriendo abiertamente. Fruncí el ceño.

—Hey, para, yo pensé que ibas a decir "fiesta", ¡esa frase siempre sigue con "fiesta", cabrón!

—Las mujeres comprometidas como tú no deben andar de fiesta en fiesta. —Frunció el ceño con exagerada indignación—. ¿Qué dirá tu familia, nena? Nope, no más fiestas para la futura señora de Alf, ¿cierto, niños? Mamá debe quedarse en casa…

—¿Quién es Alf? —Grace tenía su pequeño entrecejo fruncido—. ¿Y papi?

—Nena, princesa, tío Grizz es un bobito, él llama a papá de ese modo. —La boca de Grace se abrió en una pequeña "o" cuando comprendió mis palabras—. Despídanse de sus tíos, niños, mami… —Mi teléfono celular comenzó a vibrar en el bolsillo trasero de mis pitillos—. Mami contestará la llamada.

Dejé la tienda y contesté sin mirar el verificador.

¿Isabella?

—¿Tan luego me extrañas, bebé? —Sonreí contra el auricular al escuchar la voz de Edward.

Siempre. —Rio quedamente—. Cariño, te llamaba para decirte que no llegaré hoy a casa. —Fruncí el ceño por sus palabras—. El Doctor Gerandi ha agarrado una pulmonía y me han pedido cubrir su turno ésta noche, tendré un largo turno de veinticuatro horas. —Suspiró con cansancio.

—Podemos ir a verte con los chicos más tarde si así lo quieres, gatito.

Sería un honor para mí tenerlos aquí… —Se escuchó una voz ajena de fondo y cómo Edward le contestaba algo con rapidez—. Debo irme, Isabella, te amo, cuida de los niños y cuídate a ti. Nos vemos más tarde y… —Suspiró y soltó una pequeña y corta risita—. Te amo.

—Te amo más, nos vemos.

Bien, eso nos dejaba en una tarde de madre e hijos.

—¡Quiero ese!... ¡No, mejor quiero ese otro!

Ellos decidieron que ir al centro comercial era una buena idea. Estábamos en una de esas tiendas de juguetes donde Floyd quería prácticamente todo, claro, si tenían todos los putos muñecos de Los Vengadores, él obviamente iba a quererlos. Primero apuntaba al Capitán, después se decidía por Iron Man, pero cuando miraba a Thor no sabía qué pedir. En su mente de niño creo que existía la idea de que el dinero crecía en los árboles o alguna mierda así, lamentablemente él no sabía que mamá no había plantado ese jodido árbol y el dinero estaba malditamente escaso por estos lugares. Ojalá y cagar dinero fuera posible, todos seríamos estúpidamente millonarios. Grace estaba agarrada a mi mano y simplemente observaba el lugar con timidez, la vi mirar detenidamente una graciosa muñeca que estaba en uno de los estantes contiguos a toda la mierda de niño. Ya ven, Floyd debería ser como ella en esto, no pedir jodidamente nada… Pero estoy pidiendo mucho yo misma al querer eso.

—Bebé, elige uno, solo uno. —Floyd hizo un puchero como un niño consentido—. Uno o ninguno, es así de simple. —Él suspiró con pesar, dejó bruscamente los juguetes sobre la estantería y sostuvo a Iron Man entre sus brazos—. ¿Ese es el que quieres? —Asintió enfurruñado—. Te estoy hablando, Dee Dee.

—¡Mamá! —chilló, frunciendo el ceño. Alcé las cejas esperando su respuesta y él resopló—. Sí, mami, éste quiero… por ahora.

—Vale, nos llevamos ese. —Jalé suavemente la mano de Grace para llamar su atención. Mi pequeña Weasley me observó fijamente con sus redondos ojos verdes—. ¿Quieres algo, nena? ¿Qué tal esa muñeca de por allá? —Apunté la muñeca que llevaba mirando desde que entramos a la tienda. Sus ojitos se iluminaron y asintió tímidamente.

Tomé la horripilante muñeca y se la di, ella la abrazó hacia sí y sus labios se curvaron en una preciosa sonrisa.

—Muchas gracias, mami.

—¿Escuchaste lo que dijo tu hermana? ¡Muchas gracias! —Floyd entornó los ojos.

—Muchas gracias, mami. —Y luego de decir eso de mala gana, me sacó la lengua. Desordené su cabello con mi mano libre y luego lo tomé de la mano para ir a pagar. Él era un completo caso perdido cuando quería, a veces se comportaba como todo un angelito, oh, pero de angelito no tenía una mierda.

Le di lo poco y nada que me quedaba de dinero a la muchacha tras la caja para pagar ambos juguetes. Comprar los anillos me había dejado malditamente pobre, no que Edward tuviera que saberlo, empezaría con toda su cosa de: "Podría haberte prestado dinero", "no era necesario que lo hicieras", "deberías haber hablado conmigo para darte algo". Y yo, como la orgullosa mujer que soy, lo mandaría claramente a la mismísima mierda. Salí de la tienda con dos mocosos felices –Grace era más feliz que el niño berrinchudo que quería todo–, la siguiente parada en el centro comercial de Port Angeles era una heladería que estaba a solo unos pasos de la tienda de juguetes.

—Quiero un helado de chocolate, y de frutilla… ¡también de ese verde con chispas!

—¿Qué quieres tú princesa?

—Uh… —Grace se alzó en sus puntitas y apoyó su rostro contra la máquina que contenía los sabores en sus respectivos potes. Ella apuntó uno de un fuerte rosa chillón, que era el de fresa, y luego me sonrió, volviendo a pararse recta junto a mí—. ¡Quiero el rosa!

—Bien, danos un helado de fresa y otro triple para el glotón de aquí, ¿sí?

La chica asintió y comenzó a hacer nuestro pedido. Cuando estuvo listo y cancelado, nos sentamos en una de las típicas mesitas con sombrilla que adornaban el lugar. Floyd comía exageradamente rápido, mientras que Grace hacía un contraste total con él, dándole pequeños bocados con su cuchara.

—¿Quieres un poco má? —Floyd acercó su helado a mí y lo acepté gustosa. Él en su brusquedad me manchó toda la puta cara. Reí y tomé una servilleta para limpiarme, ellos me observaban completamente entretenidos con la situación.

—Está delicioso, demonios, gracias, bebé, pero no era necesario que me lo esparcieras por la cara… ¡Tengo solo una boca y está aquí! —Floyd ladeó su cabecita y pestañeó rápidamente, tratando de lucir inocente. Desordené su cabello con mi mano.

—¿Quieres del mío mami? —Ahora fue el turno de Grace de acercar su cucharita de plástico a mis labios.

Ella era una delicada princesita, ésta vez no hubo nada de helado en mis mejillas.

—También está delicioso, corazón, gracias a ambos. —Ellos asintieron felices y siguieron comiendo. Ocupé ese momento para hablar con ellos sobre el nuevo acontecimiento—. Uh, enanos… Tenemos que hablar de algo.

—¿De qué? —Floyd me observó interrogante.

—Bueno, cuando una mami y un papi se quieren, ellos se casan… ¿Saben qué es casarse? Los grandes se casan cuando aman mucho, mucho a otra persona, así pueden estar siempre juntos. —No iba a cagarles la vida diciéndoles que existía algo llamado divorcio—. Hay un reverendo, como el abuelo Carli, que lleva la ceremonia. El papá usa un traje bien pijo y caro… y la mamá lleva un vestido blanco…

—¿Cómo las princesas? —preguntó ésta vez mi pequeña pelirroja. Le di la razón a sus palabras y abrió sus ojos llenos de emoción—. ¿Usarás un vestido de princesa, mami? ¡Como el de Cenicienta!, ¡un vestido muy lindo y largo!

—Bueno, veremos de que vestido se trata luego… Pero sí, como las princesas.

—¿Seremos una familia? —Mi hijo tenía el ceño levemente fruncido, tratando de procesar toda la información que le había soltado de un sopetón—. Abu Carli dijo en una de las clases dom… dom…

—Dominicales.

—Dominicales. —Asentí y él prosiguió—. Que una familia se constituyia por un papi y una mami que estaban unidos en matrimodio. —Solté una pequeña risita por cómo se trababa con las palabras—. ¿Eso significa que seremos una familia?

—Seremos una familia, mi amor, claro que sí…

—¿Y yo podré ser un Cullen como Grace?

—¿No te gusta ser un Swan, enano? —Piqué su costado con el dedo índice, solo para molestarlo. Él abrió los ojos y asintió repetidas veces. Volví a sonreír por su inocencia—. ¿Quieres ser un Cullen ahora?

—Uh… —Frunció los labios—. Mami, ¿no puedo ser un Cullen-Swan?

No pude evitar soltar una enorme carcajada cuando ladeó su cabeza completamente confundido.

—Hablaremos sobre eso más adelante, ¿te parece? —Asintió y como si nada siguió comiendo su helado. Me giré hacia donde estaba Grace, ensimismada en su mente de niña—. ¿Princesa? —Ella levantó su cabecita hacia mí y clavó sus ojos sobre los míos.

—¿Serás mi mami de verdad? —Había un poco de duda en esa pregunta que estrujó mi corazón—. Siempre quise tener una mami de verdad.

—¿De verdad? —Me incliné hacia su rostro y le di un suave y pequeño toque a la punta de su naricilla con mi dedo índice—. ¿Qué me dices, princesa?, ¿es que no lo soy ahora? —Sus mejillas se tornaron de rojo rápidamente cuando solté eso.

—¡Sí lo eres! —chilló exaltada, casi tirando su helado al suelo. Me sorprendió su arrebato—. Eres mi mami, pero yo… Mi mami… —Su labio inferior comenzó a tiritar, al igual que sus manitas. Oh, me regañé mentalmente por lo estúpida que había sido, ¡es una niña, B!, ¿cómo demonios iba a saber ella que solo estaba bromeando?

Estaba a punto de entrar en un estado de histeria cuando mi enano se encargó de todo.

Observé con fascinación cómo mi pequeño hombrecito se ponía los pantalones, joder.

—Eres una boba, mami. —Suspiró con pesadez y negó con la cabeza. Quise reír por lo absurdo de todo, ¡él me estaba dando una lección ahora mismo! Floyd se bajó de su asiento de un salto y rodeó la silla para caminar hacia Grace.

Recordé lo que la maestra Weber me había dicho la otra vez sobre esto.

Sobre como Floyd calmaba a Grace.

Él tomo las pequeñas manitas de mi princesa entre las suyas, jaló de ella para que Grace lo observara fijamente y luego comenzó a tararear. Ángela había tenido razón, era una de nuestras canciones. Desde pequeño, Floyd había sido educado con buena música, qué va, no por nada tiene dos grandes nombres. Él le tarareaba a Grace la melodía de Black de Pearl Jam, y movía su cabecita de arriba abajo lentamente. Mi pequeña Weasley comenzó a seguir el movimiento de cabeza de Floyd con parsimonia, hasta que finalmente agarró el ritmo y olvidó el temblor en sus manos debido al nerviosismo.

Era uno de esos momentos en los que quería tener mi cámara conmigo.

Pero tenía el puto celular, así que de algo serviría.

Les tomé una fotografía rápidamente, sin poder borrar la tonta sonrisa que se había plasmado en mi rostro. ¿Es que acaso había niños más adorables que mis dos renacuajos? Joder, no. Estaba tan ensimismada en la burbuja que los dos mocosos habían creado, que no reparé en la persona que se acercó con sigilo hacia nosotros.

—¿Grace?, ¿muñeca? —Rosalie me observó con el ceño fruncido—. ¿Qué le pasa?, ¿está bien?

—Ahora lo está. —Me encogí de hombros y besé la mejilla de Grace—. Lo que dije fue una broma, dulzura.

—Lo siento, mami.

—No lo sientas, corazón, no es tu culpa, es mía. Ahora, ambos sigan comiendo su helado.

—¡Sí! —chilló—. ¿Comerás con nosotros, tía Rose? —Mi niña observó a su tía con sus grandes ojos bien abiertos. Rosalie me dio una leve mirada y asintió a las palabras de su sobrina. Yo no le gustaba, y ella definitivamente no me gustaba a mí, pero podía tolerarla, por Grace—. ¡Yay!

—¿Puedo? —Apuntó la silla desocupada junto a mí.

—Adelante, es un país libre.

El silencio se instaló en el lugar rápidamente, Grace y Floyd, ajenos a la incomodidad de ambas, seguían en su mundo de niños felices, hablando de trivialidades y compartiéndose helado. Suspiré y recargué la cabeza sobre mi mano, me di el tiempo de mirar a Rosalie fijamente. Ella se veía radiante, nada que ver con la remilgada y amargada mujer que siempre había sido, se veía más ligera. Aún no tenía panza, ¿cuánto es que tenía? Apenas y dos meses debe ser. O tal vez solo uno, quién sabe, ni siquiera recuerdo cuánto llevamos en Forks ya, se siente una jodida eternidad. Alzó una de sus rubias cejas en mi dirección y se removió en su asiento, incómoda por mi escrutinio.

—¿Quieres decirme algo, Isabella?

—¿Cuántos meses tienes?

—Tengo seis semanas. —Asentí a sus palabras.

—¿Qué es lo que pretendes con esto? —La pregunta abandonó mis labios sin más. Ella cambió su cálida expresión por una llena de confusión—. Con Emmett, me refiero. ¿Qué demonios pretendes con él?

—No creo que eso sea…

—No me vengas con que no es de mi incumbencia, porque lo es. Me gustaría saberlo, si no te importa.

—No hablaré sobre mi vida privada contigo.

—Bien, genial. —Le di un vistazo a los mocosos y me acerqué imperceptiblemente hacia ella. Hablé en un tono de voz más bajo solo para que Rosalie pudiera escucharme—. Solo escucha esto. Estoy feliz por Emmett, él será un gran padre, te lo aseguro, pero no te atrevas a romperlo, ¿me has entendido?

—¿Romperlo?

Creo que lo rubio de su pelo le había dañado el puto cerebro.

¿Es que acaso no fui clara con mis palabras?

—Su corazón es frágil, aunque no lo creas, si me entero que estás jugando con mi amigo, tendré que golpearte.

Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisita, tosió para tratar de ocultarla.

—Esto se me hace familiar.

. . . . . . .

—Es tu primo, tú… ¡Perra!

—Pero… es raro. —Frunció los labios con asco y le dio una mirada de soslayo a Minino.

Ella estaba llamando a su propio primo un raro.

Rosalie estaba en último año y se creía la reina del colegio, como era de esperarse. Ésta basura de la secundaria es igual a como muestran en los malditos clichés cinematográficos, siempre está la abeja reina jodiendo a los indefensos… ¡Pero era su primo por todo lo santo! Ella no podía burlarse de Minino así como así, demonios.

Royce, novio de Rosalie y que estaba junto a ella, me guiñó un ojo.

—Eres despreciable, Hale, me das asco… ¡Minino! —Su séquito de "amigos" se largó a reír cuando llamé a Edward con su apodo. Entorné los ojos por lo infantiles que eran. Edward llegó junto a mi cabizbajo, jugando con sus temblorosas manos como si fueran lo más importante en la vida—. No mereces ser familia de un chico como él, te juro que si vuelves a burlarte, tendré que golpearte.

—¿Tendrás que golpearme? —Abrió sus ojos azules con asombro.

Miré al primate que tenía por novio.

Una sonrisa torcida apareció en sus labios, le sonreí de vuelta.

Tal vez no tendría que golpearla para llegar a ella después de todo.

Hombres, adolescentes… Seres básicos que solo piensan con la polla.

Tomé la mano de Edward y nos alejamos de los seniors. Lo gracioso es que él, Minino, era un junior y yo apenas iba en segundo año, y aquí estaba, defendiendo su trasero como siempre. Él tenía que aprender a defenderse por sí solo, yo no iba estar a su lado todo el tiempo, ¿cómo le iba a hacer entonces? Me siguió en silencio hacia las bancas que estaban en el patio trasero del establecimiento, cerca de la cancha de fútbol americano.

—Tendré que enseñarte a golpear, Simba.

—No soy partidario de la violencia.

—¿Y qué me dices de ese ojo morado? —gruñí, apuntando su golpe. Ellos lo habían agarrado a la salida hace dos días—. No puedes permitir que esto pase, Minino, y ella… Ugh, odio a tu prima, lo juro.

—No debes jurar en vano, Isabella.

—¡No lo estoy haciendo, realmente la odio! —Entorné los ojos y entrelacé nuestros dedos—. ¿Por qué no hablas con el reverendo sobre esto? Ella incluso está viviendo en tu puñetera casa, ¿cómo puede comportarse de ese modo contigo? Me dan ganas de darle un codazo en esas tetas que tiene.

—Solo lo está haciendo porque lo necesita. Sus padres, mis tíos, están ausentes… Siempre ha sido así, ellos nunca han estado realmente para Rosalie, supongo que eso la hace comportarse de ese modo.

Lo miré como si una segunda cabeza le hubiera crecido. Y es que no lo entendía, demonios, ¿quién en su sano juicio podría tratar como la mierda a una cosita tan linda como él? Esos ojos que tenía me mostraban la sinceridad con la que hablaba, cómo realmente no sentía rencor alguno hacia su prima. A veces, solo a veces, siento que es demasiado puro y virgen para mi propio bien.

Tal vez lo infecte si lo toco o algo.

—Y una mierda, deja de excusarla.

Me sonrió dulcemente y por un momento me perdí en sus ojos verdes.

Hasta que la maldita campana sonó.

—Debo ir a química —murmuró, luciendo apenado—. ¿Entrarás o…? —Su vista dejó la mía y se posó en nuestras manos entrelazadas.

—Voy en un rato, chico lindo. —Le guiñé un ojo y me puse de pie—. Primero hay algo que debo hacer. —Me paré frente a él y apoyé mis manos en el respaldo de la banca, encerrándolo entre mis brazos—. Eres muy bueno para ser verdad, Edward. —Suspiré y besé sus labios rápidamente.

Me alejé de él, dejándolo completamente aturdido sentado en la banca.

Rodeé el gran edificio que era la secundaria de Forks lentamente. Sabía que me estaban siguiendo, lo supe desde que había dejado a Edward sentado sobre esa banca en el patio de atrás. Caminé hacia la entrada del bosque, donde comenzaban a alzarse los árboles, escondiéndonos de todo, incluso del sol que a veces se dignaba a salir en el pueblucho de mierda. Solo me tuve que adentrar unos cuantos metros más cuando sentí unas manos sobre mi cintura.

—Te tengo —murmuró Royce jodido King sobre mi oído.

Sonreí perversamente y me giré entre sus brazos.

El tipo estaba bien, más que bien, típico hijo de puta capitán del equipo de mierda de fútbol que tiene la secundaria, con músculos de infarto para un crío de su edad y sonrisa encantadora. No iba a ser tan difícil hacer el sacrificio después de todo, qué podía decir.

—Acabemos con esto rápido, King.

Y sin más, lo jalé del cuello para juntar sus labios con los míos.

Esa puta de Rosalie Hale las iba a pagar, demonios.

. . . . . . .

—Oh, lo recuerdo, el día en el que conocí el problemita —dije, levantando mi dedo meñique—, de tu maridito.

—¿Por qué lo hiciste? —Había genuina curiosidad en sus ojos.

—Tú te metiste con Edward. —Me encogí de hombros—. Yo tenía que meterme contigo de algún modo, y luego de que me coqueteara descaradamente justo bajo tu nariz, decidí que él iba a ser mi método de sufrimiento para ti, sería más efectivo que golpearte.

—Lo conseguiste.

—Me alegro. —Le sonreí cínicamente y la miré de frente—. No me disculparé por ello si es lo que esperas.

—En realidad te agradezco, yo era… —Hizo una mueca de desagrado con los labios—. No era alguien bueno, y Edward no merecía eso. Él no merecía ser tratado de esa forma y yo no merecía su cariño incondicional. Te felicito.

—¡Terminé! —aclamaron ambos mocosos a la vez.

—Dios, Floyd, mira cómo estás… —Tomé una servilleta y comencé a limpiar su sucia boca que estaba repleta de helado. Grace reía apuntando a mi enano, que le sacaba la lengua en el proceso—. ¡Deja de sacar la lengua y déjame limpiarte! Corazón, demonios, estás todo sucio, ¿por qué no puedes comer como la gente?

—¡Porque estaba muy yummy!

Rosalie rio junto a mí, acompañando las carcajadas de su sobrina.

—Eres un desastre de niño. —Sonreí cuando terminé de limpiar su boca, despejando su frente al correr su flequillo—. ¿Qué voy a hacer contigo? —Él se encogió de hombros respondiendo a mi pregunta, y se bajó de un salto de la silla.

—¡Vamos donde papi!

Creo que en ese momento, con Rosalie hicimos un tácito pacto.

Uno de tolerarnos mutuamente por el bien de los que amamos.

Se despidió de nosotros, prometiéndole a Grace y Floyd que cuando fueran a casa de los abuelos, ella les tendría juegos y cuentos nuevos. Camino al hospital para encontrarnos con Minino, los enanos me contaron con bastante efusividad que tía Rosie les había contado unos cuentos de princesas y dragones, y que habían horneado galletas de chocolate con ella... Y sobre lo oh-tan-jodidamente-genial que tía Rosie –definitivamente no estoy nombrándola con burla en mi puta mente– era.

—¡También hicimos un forte!

—¿Qué caracoles es un forte?

—Uno de esos que hay en las pelis, mami. ¡Uno de esos donde se esconden los hombres con espadita! —Floyd comenzó a hacer sonidos con su boca y a mover sus manos como si sostuviera una espada entre ellas. Él había querido decir un jodido fuerte.

—¡Oh! Entiendo ahora, renacuajo. ¿Y cómo lo hicieron?

—¡Con almohaditas! —chilló Grace—. Tía Rosie nos ayudó a apilar las almohadas, después pusimos una sábana como techo y nos metimos dentro. ¡Ahí fue donde tía Rose nos contó muchos cuentos, tomando lechita caliente y galletas de chocolate!

No es que estuviera celosa de tía Rosie.

¡Qué va!

Cualquiera podía hacer unas putas galletas, construir un maldito fuerte de almohadas y contar historias.

Cuando llegamos al Hospital Central de Forks, tuvimos unas cuantas miradas sobre nosotros. Creo que muchas veces la gente del pueblo aún no lograba acostumbrarse del todo a mí… Y menos se acostumbraba al ver a Grace, la hija del doctor Cullen, de mi mano y llamándome mamá. Estaba segura de que todo ellos especulaban sobre eso, sobre si yo realmente era la madre de Grace o no, si había dejado a Edward solo con la crianza de mi princesa, no lo sé, tal vez creían que Floyd y Grace eran mellizos o alguna mierda. Me acerqué a la chica que estaba tras el mesón, ¿Claire era su nombre? No es como si me importara de todos modos.

—¡Hey! —Sonreí—. ¿El doctor Cullen?

—Isabella, es bueno verte de nuevo. —Ella sonrió cínicamente—. Lamentablemente el doctor Cullen no podrá atenderte, él está… —Las puertas corredizas que daban a las salas de enfermos se abrió estrepitosamente, de ellas salió una mujer de largo cabello negro y ojos como los de un gato, un inusual ámbar.

—Claire, necesito la ficha de la señora Stratton, dime que la tienes cerca. —La tipa, doctora supongo, hizo un puchero que sacó una risita de la secretaria. Claire olvidó jodidamente mi pregunta e, ignorándome por completo, realizó el pedido de la mujer.

—Aquí tiene, doctora Lewis.

—Genial, eres un sol, muchacha. —Por todo lo santo, debían tener la misma edad. La doctora Lewis le guiñó un ojo y se largaron a reír nuevamente. Carraspeé porque, joder, odiaba que me ignoraran de esa forma. Ellas no iban a hacer esa mierda—. Oh, mil disculpas, ¿estoy molestando?

—Doctora Lewis, n…

—Molestando, sí, como los mil demonios, yo estaba aquí primero. Ahora… ¿Tengo que hacer la pregunta nuevamente o tendré que correr por esa puta puerta hasta que encuentre la maldita consulta? —Alcé una de mis cejas a la rubia chica que tragó saliva frente a mí.

—Isabella, ya te lo dije, el doctor Cullen…

—¿Buscas a Edward?

—Busco a mi hombre, sí. —Fruncí el ceño al ver su rostro de mierda iluminarse al decir su nombre. ¿Quién demonios se creía ésta? La doctora sonrió por cortesía y asintió—. Vamos, ¿qué será, Claire? No tengo todo el tiempo del mundo.

—Ven conmigo.

—P-Pero… Doctora Lewis…

—Está bien, Claire, yo la llevaré con Eddie.

Whoa.

Detengan el puto mundo por un momento.

¿Ella acaba de llamarlo Eddie?

¿Eddie?

La seguí en silencio, no sin antes despedirme de una ofuscada Claire, quien me hizo un desprecio, debo agregar. Y eso que yo solo le había hecho el gesto de la paz con los dedos, aún y cuando pensé en mostrarle solo mi dedo corazón, recapacité… Y qué me gano, un maldito desprecio. ¿Quién puede entender a la gente? Dios. Los niños miraban todo a su alrededor, había algunas personas en el pasillo con las características batas de hospitales, ellos lucían realmente enfermos. Floyd y Grace se pegaban a mis piernas cada vez que nos adentrábamos más en el lugar.

—Eddie está ocupado, así que tendrás que esperar por él, ¿sí? Ha tenido un largo turno el día de hoy, veinticuatro horas no es de menos… —Suspiró y sonrió soñadoramente—. Es un hombre ejemplar, ¿no crees?

Simplemente alcé una de mis cejas y seguí caminando.

—¿Mami?

—¿Qué pasa, enano?

—Tengo hambre.

—Floyd. —Entorné los ojos—. Acabas de comer helado, ¡te convertirás en una bola!

—Ten. —La doctora Lewis me interrumpió cuando le entregó una piruleta a mi consentido bribón. Él la aceptó gustoso, sonriéndole encantadoramente a la tipa, quien le daba una paletita a Grace también—. Siempre traigo un as bajo la manga. —Ella rio—. Eddie me enseñó eso.

—Edward.

—¿Disculpa?

—Su nombre es Edward, no Eddie.

—Ah, lo sé. —Se encoge de hombros y pasa de mí—. A él no le molesta.

Yo… ¿Podía matarla?

Cuando íbamos casi llegando a la oficina de Edward, él venía caminando desde la otra punta del pasillo hacia nosotros. Su rostro lucía cansado, una humeante taza sostenía entre sus manos. Café, supongo, la bebida del diablo. Lamentablemente los niños no vieron eso, el cansancio en él, y una vez lo vieron se soltaron de mis manos y corrieron hacia Minino sin contemplación alguna. Agradecí que no hubiera accidentes con el caliente líquido cuando ellos colisionaron fuertemente contra sus piernas.

—Tienen demasiada energía para ser verdad… —murmuré al aire, observando a los enanos.

—Son niños, es normal en ellos. —No entendía por qué ella seguía aquí, ¿no tenía que trabajar? Me crucé de brazos y permanecí en silencio para que entendiera la indirecta—. ¡Eddie! —graznó, volviendo a tomar su marcha y caminando hacia mi gatito.

Minino sonrió y besó su mejilla cuando ella estuvo realmente cerca de él.

Estuvieron hablando por un momento, hasta que finalmente la puta gata esa se largó. No sin antes mirarme por sobre su hombro y guiñar uno de sus estúpidamente extraños ojos. Ella se atrevió a guiñarme un jodido ojo. ¿Qué carajos significa eso? Minino se acercó a mí finalmente, su ceño estaba fruncido y me miraba con curiosidad.

—¿Qué?

—¿Estás bien? —Me encogí de hombros a su pregunta.

—¿Por qué no entramos a tu oficina mejor… Eddie?

Sonreí con burla y, sin esperar su invitación, entré a la oficina en compañía de los mocosos.

Cuando estuvimos dentro, ellos corrieron rápidamente al rincón que Edward tenía allí para los niños, donde estaban las mesitas de colores, los crayones y las láminas para pintar. Grace comenzó a colorear y Floyd se puso a jugar con unos legos que encontró dentro de un baúl que también era de muchos colores.

—¿Estás molesta conmigo? —me preguntó mientras se recargaba contra el escritorio y bebía de su café.

—No estoy molesta contigo. —Caminé despreocupadamente a su alrededor—. Eddie.

—Estás molesta con Danny.

—¿C-Con quién?

—Danielle… la doctora Lewis, Danielle Lewis… ¿Danny? —Frunció el ceño y negó con la cabeza.

—No estoy molesta. —Entorné los ojos—. ¿Por qué tendría que estar molesta, Eddie?

Y ahí fue cuando sonrió.

Sonrió tan grande que me pregunté cómo demonios no le dolían las mejillas.

Minino dejó la taza con su humeante café sobre el escritorio en el que estaba apoyado, alargó sus manos para tirar de la cinturilla de mi pantalón y acercarme a su cuerpo. Comencé a jugar con los botones de su bata despreocupadamente, sin mirar sus ojos. Él soltó una risita y apoyó su frente sobre la cima de mi cabeza.

—Isabella, mírame.

—Jódete.

—¿Estás celosa?

—Ya quisieras. —Resoplé y me digné a mirar sus ojos—. ¿Por qué estaría celosa de esa? Es… horrible, no hay comparación aquí, amigo. Te llevaste el premio. —Negó divertido con su cabeza—. ¿Qué significa eso?, ¿no estás de acuerdo conmigo?

—Danny no es horrible, Isabella, y te amo.

—Danielle.

—¿Qué?

—Su nombre es Danielle, no Danny. —Puede que mi voz haya salido con mofa al pronunciar su diminutivo. Él se largó a reír con entretención—. Ella tiene un enamoramiento contigo, lo sabes, ¿no? —Suspiré—. Ya ves, me estoy comportando como una idiota… Y también te amo… Y si la oigo llamarte Eddie una vez más, no respondo.

—No hay nada entre Danny y yo, puedo asegurarte eso.

—Lo sé, si lo hubiera yo lo habría sabido y ella probablemente estaría en una de esas camillas en la entrada… A ti te extirparía las bolas. Y deja de hablar de ella, no me gusta ser celosa, jodida mierda —bufé y enredé mis brazos en su cuello—. Te extrañaré ésta noche.

—También yo, amor. —Besó mis labios dulcemente—. También yo.

—Pasamos una agradable tarde con los enanos, yo…

—¡Arriba las manos, esto es un secuestro!

Pestañeé algo aturdida cuando la puerta de la oficina se abrió estrepitosamente, mostrando a dos hombres encapuchados. Todo lo demás pasó demasiado rápido como para procesarlo. Estaba en los brazos de mi hombre tranquilamente, y luego estaba en los brazos de dos hombres, tal y como en una porno. No tuve tiempo de actuar, ellos me tomaron rápidamente entre sus brazos y colocaron una maldita cosa sobre mi cabeza… Yo puede que comenzara a patalear de un momento a otro, a gritar improperios que ni siquiera Floyd me había oído decir nunca, y a golpear con Ralph todo lo que estuviera a mi paso. ¿Y Minino?, ¿dónde demonios estaba Minino?, ¡¿por qué demonios no está haciendo nada para ayudarme?!

—¡¿Qué carajos está…?!

Shh, hermosa… —Fruncí el ceño bajo la puta cosa que cubría mi vista al escuchar la voz de Edward tan tranquila—. Diviértete.

Y dejó que me secuestraran, así sin más, con un demonio.

—¿Alguien va a decirme qué demonios es esto? Acabo de dejar a mis hijos y mi futuro esposo en una maldita consulta porque unos hijos de puta quisieron secuestrarme… Con consentimiento del que dice amarme, joder, ¡sé que no son Tink y Grizz porque la última vez que vi, Tink aún tenía una puta vagina y no un paquete entre las piernas!

Los bastardos se largaron a reír sin responder a mis interrogantes.

Resoplé.

Ellos habían amarrado mis manos tras mi espalda, me habían metido dentro de un jodido carro y llevaban conduciendo cerca de una hora. Ya debe haber oscurecido para éste momento, todavía llevaba los ojos vendados, así que no podía ver absolutamente nada. Me estaba realmente hartando de esto y mi mente ya maquinaba uno que otro escenario en el que yo acababa lenta y tortuosamente con los dos cabrones que me habían tomado como si fuera qué, una maldita muñeca para secuestrar o algo.

El automóvil se detuvo abruptamente, solté un siseo cuando me golpeé la cabeza contra la ventana.

—Oh, mierda, ella está jodidamente molesta.

¿Grizz?

—Ya no queda ni una pizca de diversión en su jodido cuerpo. Mírala, ya está toda amargada ahí la muy perra…

¿Tink?

—¿Qué carajos está pasando aquí?

—Escuchamos que alguien se amarraría de por vida. —Uno de los secuestradores, supongo, habló.

Se me hacía conocida su voz pero, infiernos, no sabía de dónde.

—Y no cualquier alguien, nada más ni nada menos que nuestra B… Había que hacer algo para despedir tu vida de soltera, nena, ¡y bienvenido sea el maldito matricidio! No tenemos strippers, esos pueden esperar para después, pero… ¿Crees que con esto será suficiente?

Me quitaron la venda de los ojos y finalmente pude ver lo que me rodeaba.

Nunca esperé ver nuevamente a Amun y Benjamín, digo, Nueva Orleans sucedió hace un tiempo, nos habíamos hecho buenos amigos con ellos pero nunca mantuvimos el contacto de simples idiotas. ¡Y ahora estaban ambos aquí frente a mí, malditamente sonrientes! Ambos morenos, con oscuros ojos penetrantes y sonrisas encantadoras. Eran unos tipos jodidamente agradables. Mi sonrisa se acrecentó cuando mis ojos recorrieron el lugar. Estábamos en alguna especie de bosque. Forks estaba repleto de bosques, oh, pero éste era distinto… ¡Ellos me habían armado una puta fiesta en lo recóndito del bosque! Las luces de neón y los láseres hacían que el lugar se viera mágico, como si pequeñas hadas vivieran aquí en secreto. Había una caseta de DJ donde una chica que no conocía mezclaba eufórica, y las personas ya presentes bailaban al ritmo de la electrónica.

Putamente genial.

—Creo que será más que suficiente.

¡Que empiece la fiesta, perras!

—¡Esa es mi nena! —Amun me pasó el brazo por sobre los hombros—. Tenemos un poco de hachís (1), es un regalo de nuestra parte. Primera clase, B, primera clase. —Me guiñó un ojo y me guio al maletero del auto en el que me habían llevado.

—Son todos unos hijos de puta, que conste… ¡Yo no sabía qué coño estaba pasando!

—Fue idea de estos. —Grizz apuntó a los chicos.

—¡No seas cabrón, ustedes nos llamaron contándonos las buenas nuevas! —Benjamín entornó los ojos.

—¿Sabes cuánto nos costó encontrarlos? Un puto infierno… En realidad solo unas cuantas horas. —Tink sonrió y se recargó contra Benjamín. Esos dos siempre habían coqueteado en el pasado, creo que aún seguían con esa mierda—. ¿Quieres bailar, guapo?

—Pensé que nunca lo pedirías, hadita.

—Vuelve a llamarme así y te rompo el culo. —Alice lo apuntó con el dedo índice y luego sonrió, jalando a Ben de la mano se lo llevó a la improvisada pista de baile.

—¡Aquí está!

Amun levantó la esfera de hachís que era de un color oscuro, como marrón. Emmett y yo alzamos nuestros puños al aire y nos sentamos inmediatamente sobre el irregular pasto. Amun nos entregó su preciada hookah (2) mientras se acomodaba junto a nosotros. Preparó todo minuciosamente, siempre me burlaba de él por eso, lo hacía como si fuera un jodido ritual. El hookah que Amun tenía era jodidamente grande, tenía cuatro mangueras por donde aspirabas el humo, era de un fuerte color calipso… Era malditamente hermosa. Cuando la yerba estuvo en la pipa, me entregó el fuego y sonrió.

—¿Haré los honores?

—Es tu despedida, nena.

La primera aspirada de la manguera fue jodidamente abrumadora.

El humo se acumuló en el centro de mi pecho y comencé a toser como un perro, me picaba como la puta madre.

Los chicos se largaron a reír y siguieron sus turnos, no había que dar quemadas muy fuertes, ni tampoco muchas, ya que el efecto siempre era más cuando se hacía por pipa, todo porque el humo llegaba de manera limpia y rápida a tus malditos pulmones y cerebro. Ya estaba comenzando a sentir los efectos del jodido hachís cuando aspiré por tercera vez… No comenzando, creo que ya estaba malditamente colocada.

—Esa canción… —Comencé a mover la cabeza de arriba abajo, sintiendo la música retumbar dentro de mi mente. El puto hardstyle me tenía los sesos revueltos—. ¿Cómo es que se llama? Me gusta, joder. Mi cabeza hace tum, tum, tum…

—¡Son unos maricas! ¡Comenzaron a fumar sin mí!

Miré con los ojos completamente idos a Tink y me largué a reír por vaya a saber qué mierda.

—¿Quieres un poco? —le pregunté, alzando las cejas.

Ella asintió y yo aspiré de la puta manguera. Mi garganta estaba sensible, cada vez que entraba humo, éste picaba haciéndome toser como una enferma. Ésta vez contuve el humo de la marihuana en la boca y tomé a Tink del cuello con una de mis manos para acercar su rostro al mío. Alice sonrió con picardía, se acercó a mí sin poner peros y abrió la boca cuando nuestros labios quedaron a una mínima distancia.

Expulsé el humo lentamente hacia su boca y ella aspiró lo más que pudo, cerrando los ojos en el proceso y dejándose llevar por las malditas sensaciones del momento. Retuvo el aire en los pulmones y luego lo expulsó, sus labios se curvaron de una manera jodidamente sensual que me hizo reír.

Dejé un rápido beso sobre sus labios, entretenida con la situación, y volví a fumar de la pipa.

—Creo que me vine en los jodidos pantalones.

Amun nos observaba con los ojos abiertos de par en par, sin borrar la sonrisa de su rostro.

—Bienvenido a mi mundo, hermano. —Emmett palmeó su espalda y luego ambos se largaron a reír.

—Necesito algo de alcohol —murmuró Benjamín, que venía llegando. Frunció el ceño al ver a los chicos riendo sin parar y hablando cosas sin sentido—. ¡Demonios! ¿Qué fue lo que me perdí ahora?

—Estaban a punto de comerse. —Amun nos apuntó a ambas—. Hermano, caliente.

—¡La puta madre!

Los cuatro nos largamos a reír al ver a Ben refunfuñar por haber llegado tarde.

—Vamos, B, creo que es hora de que saludes a tus invitados.

Oh, había olvidado eso… Estábamos haciendo la previa a la fiesta, digamos que estar sentados sobre el pasto, cubiertos de las miradas curiosas por el carro, era solo para los VIP. Me puse de pie con sumo cuidado ya que estaba jodidamente drogada y feliz. Caminamos en grupo hacia donde se encontraba la caseta de la DJ, Ben me tendió una botella de Jack que llevaba en la mano, le di un largo trago al maldito whisky y se lo volví a entregar de vuelta. ¿Cuánto tiempo había pasado? Sentía que habían sido horas, cuando probablemente solo habían sido unos minutos.

—¡Hey, Cisne! —La DJ se quitó los auriculares cuando Amun la llamó—. ¿Podrías bajarle un poco? La comprometida aquí dirá unas palabras. —La chica levantó el pulgar en señal de aprobación y me dio una sonrisa cálida, la cual correspondí.

Creo que correspondí.

Tal vez ni había sonreído y yo lo soñé o algo.

Los invitados comenzaron a abuchear cuando la música bajó su volumen.

—¡Eh, cierren la puta boca que la celebrada va a hablar!

Grizz chifló sonoramente, llamando la atención de la masa.

—¡Qué onda gente! —chillé, recibiendo grititos en contestación—. Gracias por estar aquí… Aunque más de la mitad no sé qué carajos está haciendo aparte de ir de juerga como Dios manda. —Ellos rieron al igual que yo—. Ni siquiera los conozco a todos… —Fruncí el ceño y apunté a una chica—. Tú, ¿quién demonios eres?

—Uh, ¿Abbey?

—Abbey… ¿Cómo la Abbey Road? —Me largué a reír nuevamente—. Buena esa, tus padres deben ser geniales.

B, estás perdiendo el rumbo, nena. —Ben me codeó en las costillas y asentí.

—Claro, claro… —carraspeé y suspiré—. Miren… Estoy putamente drogada así que lo haré corto… ¡Diviértanse como nunca en su maldita vida! Puede venir el que demonios quiera aquí, solo tienen que encajar o… ¡irse a la mierda!

La chica, Cisne, entendió mi indirecta y le agradecí por eso.

Ella puso esa maldita canción que decía exactamente las mismas palabras que yo había dicho.

La música subió, las luces volvieron y yo me perdí en los colores, sonidos y sensaciones. La canción acompañaba totalmente mi estado eufórico, comencé a brincar junto con Tink por todo el lugar, alzando nuestros puños al aire y coreando la canción, FIFO del grandísimo Brennan Heart. Nosotros lo habíamos visto en uno de sus conciertos en Filadelfia, hace un año atrás aproximadamente, tal vez un poco más. Recuerdo que fue en septiembre, había sido mi maldito regalo de cumpleaños. Grizz no era un gran fan de ésta música, él se había quedado con Floyd esa noche. Tink y yo lo habíamos pasado de puta madre, saltando por doquier, sintiendo los diferentes matices de sonido en nuestra sangre… Nos pegamos media lámina de LSD esa noche.

Había sido otro maldito mundo.

—¡Hey, B, nena! —Miré a Ben que estaba a unas cuantas personas más lejos de mí—. ¡Piensa rápido!

¡El muy cabrón me lanzó la botella de Jack sin contemplación!

Antes de que ésta me diera en la jodida cabeza, alguien la tomó por mí. Me giré lentamente para observar a mi salvador, y deseé no haberlo hecho. Alec sostenía la botella de whisky en sus manos y me observaba con diversión. Se la arrebaté rápidamente y caminé en dirección contraria, dándole un gran sorbo al maldito líquido ámbar que quemaba mi garganta al bajar. Me alejé de la pista de baile porque verlo me había trastornado el jodido buen humor. Siempre tienen que venir a cagar la onda, joder. ¡Yo estaba pasándola de lujo!, ¡era mi fiesta!

—Bella, demonios, no quiero…

—Cierra la puta boca, ¡ya estás siendo una molestia solo estando aquí!

Una sombra de dolor cruzó su rostro, la cual ignoré olímpicamente.

—Así que vas a casarte… ¿Es en serio ésta vez, dolcezza? —Entorné los ojos y volví a darle un sorbo al whisky—. Supongo que de él no arrancarás como lo hiciste conmigo, ¿no? —Levanté el dedo medio en su dirección para que callara su maldita boca. Capo suspiró exasperado y soltó improperios en italiano—. Tenemos que hablar, aún no hemos terminado esto, cara, no me daré por vencido tan fácil…

—No aquí, demonios, ¡no ahora!

—¿Y cuándo será? ¡Tú no quieres hacerlo! Yo no dejaré esto inconcluso, Cristo…

—¡En otro maldito momento, cabrón! ¡Será cuando me dé la puta…!

La conmoción en la multitud que anteriormente bailaba al son de la electrónica hizo que mi atención se viera desviada del hombre parado frente a mí y que estaba claramente tratando de joder mis ovarios. Entrecerré los ojos y caminé lentamente hacia el tumulto de gente, ellos estaban todos con el puño al aire alentando vaya a saber yo qué mierda. Pero cuando llegué al lugar, todo estuvo claro para mí, miré a Grizz que estaba justo frente a mí, al otro lado del círculo que las personas habían armado. Negué con la cabeza y sonreí, antes de tomar más de mi buen amigo Jack Daniel's y entregarle la botella a quien fuera que estuviera junto a mí.

—Sostén esto, amigo, una chica debe entrar en acción.

Alice estaba revolcándose en el suelo con una fulana.

Bueno, realmente… y que cosa más extraña, pero la fulana estaba revolcando a Tink en el suelo.

Ella estaba sobre mi amiga y tiraba de su largo cabello mientras la restregaba salvajemente contra el césped. Alice odiaba que le hicieran eso, ella solía tomar esa postura de no hacer nada si una perra tiraba de su pelo, según ella se sentía cruel sacándole la madre a una idiota que no sabía defenderse. Digo, ¿el cabello?, ¿es en serio? ¡Es como cuando te aruñan! Bueno, pero si estábamos hablando del pelo… Me paré tras la zorra que estaba sobre mi amiga y, ya que le gustaba jalarlo, jalé el suyo fuerte entre mis manos para quitarla de encima de Alice. Como la tipa no esperaba mi aparición, no fue nada difícil hacerlo, ella cayó de espalda contra el suelo un tanto aturdida. Ayudé a Tink a ponerse de pie, mi amiga miraba a la chica con un odio jodidamente grande en sus azules ojos.

—¡Voy a matarte, hija de puta! —bramó, tratando de abalanzarse hacia ella. Se lo impedí poniéndome en su camino y sosteniéndola entre mis brazos—. ¡Suéltame, B, joder! ¡Voy a romper el culo de ésta puta de mierda, te lo juro!

—¿En serio, Tink?, ¿todavía? —La tipa alzó las cejas y rio.

Fruncí el ceño sin entender una mierda.

—Tranquila, fiera… —Sonreí y miré por sobre el hombro a la guarra que se ponía de pie. Alice hizo el ademán de ir hacia a ella nuevamente y yo la retuve por los hombros. Demonios, tenía una fuerza asquerosa cuando quería—. ¿Quién eres tú, de todos modos?

La jaladora de cabellos profesional no se me hacía cara conocida, digo, tal vez sí pero no podía enfocar bien la mirada a estas alturas de la noche. Solo sabía que había una amazona que probablemente me ganaba en porte, piel color canela y cabello enmarañado… No, no estaba enmarañado, ella tenía unos largos dreadlocks (3) por toda la cabeza. Eso era todo lo que mi estado me dejaba ver. Tink resoplaba como un toro, realmente odiaba a la morocha candente de ahí y no tenía puta idea de porqué.

—¿María?

Cuando Cobain hizo acto de presencia, las cosas se pusieron aún más tensas.

El rubio idiota soltó un largo silbido por lo bajo. Un silbido de apreciación que no pasó desapercibido para nadie. Jasper caminó en torno a la chica y sonrió perversamente, y de la nada le dio una fuerte nalgada en el trasero que la morocha respondió con un gemido de aprobación. Ella cerró los ojos y disfrutó de eso, demonios. Alice se había quedado quieta de un momento a otro, no bufidos, no resoplidos, no malas palabras, ella simplemente asesinaba a ambos con la mirada, bien quietecita.

—Como ha pasado el tiempo, ¿no crees, Cobain?

—Para bien —murmuró ese idiota—, el tiempo ha pasado para bien en ti, nena.

Tink se agachó sorpresivamente y tomó una piedra en sus manos, antes de que pudiera detenerla, la piedra ya volaba por los aires, yendo a parar directamente sobre la cabeza de Cobain. Todos se largaron a reír por ese movimiento, más el aludido se giró como la cría del Exorcista y miró a mi amiga con el ceño fruncido, sobando esa parte de su cabeza que pronto tendría un chichón.

—Cerdo.

—¿Pero qué coño te pasa?

Alice sonrió perversamente y se encogió de hombros.

—Nada, no me pasa nada… ¿Disfrutaron del espectáculo? ¡Que siga la fiesta, cabrones! —gritó, sonriendo abiertamente y alzando su puño al aire. La multitud la siguió y todos hicieron como si nada había pasado, pero nadie vio la mueca en el rostro de Tink al girarse.

Nadie vio como la sonrisa flaqueaba en sus labios, nadie más que yo.


(1) Creo que ya lo había puesto. El hachís es lo que queda de la resina de la marihuana, se supone que proviene de las "partes femeninas" de la planta.

(2) Una hookah es una pipa para fumar tabaco... u otras cosas, en su defecto, hahaha.

(3) Dreadlocks es el peinado que utiliza la gente rastafari, esas "trenzas" de pelo apelmazado que parece tubos.


¡Buenas madrugadas!

Creo que tengo una vena nocturna bien marcada.

¡Siempre que traigo capítulo es de noche! hahaha.

Bien, este me salió mas largo que todos así que no pueden quejarse por la espera, ¡espero les haya gustado! Mil gracias a Sarai por el beteo, y mujer, nuevamente, nunca te preocupes por la demora, puedes tomarte el tiempo que sea, las chicas aquí esperan hahaha. El próximo capítulo que se viene se adelantará el tiempo, un mes más. Así que estarán en Diciembre ya, la nieve y todas esas cosas gringas que pueden imaginar. Sé que se preguntaran sobre que pasará con este final que les dejé... Paciencia, la oveja resolverá eso hehehe. Oh, y el momento Tink/B, no solo tomen muy enserio eh, nada de engaño a Minino y esas cosas raras, mira que ellas son como hermanas y solo estaban jugando XDDDD no quiero que se armen un lío en la cabeza donde no lo hay, mira que todo puede pasar con ustedes que tienen una imaginación mas grande que la mía XDDD Y si comienzan a conjeturar me dará la locura y haré que esas dos terminen juntas (?) okno WAHAHAHAH. Uh, no creo que tenga más que decir...

(Btw, la dj de acá... Puede que tenga que ver con un fic que tengo en mente, hehehe)

¡Nos estamos leyendo! ¡Muchas gracias por sus reviews, alertas y favoritos como siempre! Y por todo el apoyo que me brindan siempre :3

Lamb~