Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward
¡Nuevamente miles de gracias a Sarai GN (a.k.a. la beta malvada), Beta de Élite Fanfiction, por ser un sol y ayudarme con el beteo!
Capítulo 28: Bang, bang, ese horrible sonido.
Bang Bang – Nancy Sinatra.
—Cariño, despierta.
Gruñí y me cubrí con el edredón hasta la cabeza.
—Estoy durmiendo, Minino.
Él soltó una pequeña risita y dejó un beso sobre mi cabeza, justo encima de la tela que me cubría.
—¿Podrías, por favor, abrir tus preciosos ojos para mí?
Si me lo pedía así, ¿cómo demonios podía negarme? Ugh. Destapé mi rostro y lo miré un tanto enfurruñada. La habitación estaba en penumbras, eso me indicaba que aún era malditamente de noche. Edward me sonreía con dulzura, cuando estuve a punto de reclamarle que hubiera interrumpido mi delicioso sueño, él se inclinó hacia adelante y dejó un pequeño beso sobre mis labios.
—Estoy despierta, ¿qué diablos pasa?
—Ven conmigo. —Fruncí el ceño cuando se levantó de la cama y me tendió una de sus manos—. Anda, hermosa, ven conmigo. Hay algo que quiero mostrarte, ¿sí? —Me levanté por simple curiosidad. Hacía un frío de mierda dentro de casa, aún y cuando el aire acondicionado que tenía funcionaba de las mil maravillas.
Tomé la mano que Minino me daba y me dejé guiar por su impaciente ser.
—¿Vamos a Narnia o qué? —No entendía nada, ¡me había llevado directo al armario!
—Vamos a abrigarte un poco. —Sonrió con diversión—. Ven aquí. —Jaló de mi brazo y colocó una gorra sobre mi cabeza con completa ternura, sacó una de sus gigantes chaquetas térmicas que colocó sobre mis hombros y por último enredó una bufanda en torno a mi cuello—. Ahora sí, estás abrigada y no corres riesgo de agarrar una pulmonía.
Bajamos al primer piso en silencio para no despertar a los enanos. Edward me guio hacia el gran ventanal que daba con el patio trasero de la casa, él hizo callar a Castiel cuando el perro ladró emocionado al vernos. Acaricié la cima de su peluda cabeza y sonreí, un aire helado azotó contra mis desnudas piernas cuando Minino abrió el ventanal. Mi atención fue atraída inmediatamente por el paisaje que se me mostraba. Oh, jodida mierda. El jardín trasero era completamente blanco… No, qué va, ¡todo estaba cubierto de un manto blanco! Incluso los árboles que se veían en las montañas a lo lejos, los pequeños copos de nieve caían lentamente sin cesar, cubriendo todo a su paso, creando un magnífico escenario. Amaba la nieve, ¡hacía todo verse malditamente hermoso! Había estado tanto tiempo lejos de un lugar como Forks que había olvidado lo que era ver este tipo de espectáculos, Alaska era algo parecido a aquí.
—Es hermoso, demonios.
—Lo es. —Edward se colocó tras de mí y me rodeó con sus brazos, luego apoyó su barbilla sobre mi hombro derecho—. Se me hacía completamente raro que no empezara ya. Este año se tardó en llegar, ¿no lo crees? Estamos a mediados de Diciembre.
Mediados de Diciembre.
Era cierto, el tiempo había pasado jodidamente rápido, llevábamos ya cerca de tres meses en Forks.
—Los chicos van a estar malditamente felices. —Él asintió y besó mi mejilla—. ¿Qué hora es exactamente?
—Uh, son las ocho de la mañana.
Suspiré y negué con la cabeza.
—Edward Cullen, ¿me despertaste jodidamente temprano para mostrarme la maldita nieve? —Soltó una risita tras de mí y escondió su rostro en mi cuello—. Podría golpearte justo ahora… —bostecé—, pero tengo demasiado sueño para eso.
—Volvamos a la cama entonces, amor.
Me giré en su abrazo para quedar frente a él y asentí contra su pecho, enredando mis brazos en torno a su cuello.
—Cárgame.
—¿Quieres que te cargue? —me preguntó con diversión, asentí nuevamente, con mis ojos cerrados. Edward colocó su brazo derecho en mi espalda y se inclinó un poco para tomar mis piernas con su brazo izquierdo, justo por debajo de mis rodillas—. Estás comportándote como un bebé.
—No importa —murmuré, acomodándome en sus brazos—, soy tu bebé.
Él dejó un beso en la cima de mi cabeza.
—Es hora de que volvamos a la cama, bebé, feliz primera nevada juntos.
—Feliz primera nevada, Minino.
. . . . . . .
—¡Grizz, trae la maldita pala de una vez!
La Navidad estaba próxima, demasiado próxima, ¡ya era veintidós de Diciembre! Los niños habían salido de vacaciones por los festejos justo hoy, dos semanas lejos de la primaria para pasarla en familia. Ellos estaban haciéndonos compañía aquí en la tienda, jugando con toda la nieve que se había amontonado en la entrada. Estaban felices creando miles de muñecos, a veces jugaban a las guerras de bolas de nieve con los chicos, pero yo estaba hasta la puta mierda con la nieve. La odiaba ahora, ojalá y no apareciera nunca. ¡Se había convertido una rutina el tener que despejar la entrada de Forks Ink cada vez que la abríamos por la mañana! La nieve, una gran montaña, obstruía la entrada como de costumbre desde que el clima había estado así, hace una semana ya que fue la primera nevada…
¡Y nunca se detuvo!
¡Nevaba más cada maldito día!
—Los niños se divierten, B, deja de ser tan putamente gruñona.
—Cállate, yo soy feliz de que ellos se diviertan… ¡pero esta puta nieve ya me tiene harta! —Le arrebaté la pala de un tirón y comencé a quitarla bajo su burlesca mirada—. Y Tink… Te juro que romperé su culo cuando se decida aparecer.
—B… Ella no es una niña, nena, lo sabes.
—¡Pues se está comportándome como una, joder!
—Yo también estoy preocupado, B.
—No estoy preocupada. —Enterré la pala y puse mi pie sobre ella—. Pero todos estos malditos días ha llegado tarde y ni siquiera nos dice el porqué. Sé que es culpa de Cobain —gruñí, lanzando la nieve lejos de la entrada—, todo partió en la fiesta con esa tal María… Pero no, que no paró ahí, ¿es que ahora a éste se le ocurrió sentar cabeza? La tipa esa aun anda rondando por el pueblo junto a él, ¡de la puta mano!
—Es una etapa, ya se le pasará. —Se encogió de hombros y se colocó junto a mí para ayudarme.
—Ella ni siquiera ha llamado, Grizz. ¿Qué le cuesta tomar el maldito teléfono?
—Estás preocupada —sonrió con diversión y yo resoplé—, Tink es una chica grande, sabe cuidarse, B, ten un poco más de confianza en la nena. —Entorné mis ojos y no dije nada. No podía decir nada aunque lo quisiera, se lo prometí a Alice ese día de la fiesta.
Emmett no estaba al tanto sobre el trío de la discordia que eran María, Jasper y Alice.
Yo tampoco lo sabía hasta ese día que esas dos se partieron a golpes.
. . . . . . .
—Si me explicaras qué coño pasa aquí yo podría ayudarte, Tink.
—No pasa nada, B, ve a divertirte, ¡es tu fiesta!
—Y tú eres mi mejor amiga, yo no te dejaré sola luego de ver la cara de culo que traes. —Suspiré y caminé hacia donde Alice estaba sentada, justo a los pies de un árbol, lejos del bullicio y la gente—. ¿Estás bien, nena? Yo puede que no esté en mis cinco sentidos, joder, pero sirvo de algo aún.
—¡Yo lo odio! —chilló, cubriendo su rostro con ambas manos—. Como lo odio, joder, lo odio, lo odio… ¡Odio no poder odiarlo! —Se puso de pie súbitamente—. Y odio a esa perra de mierda, ¿realmente no te acuerdas de ella? —Negué con la cabeza—. ¡Fue su culpa que Cobain y yo folláramos por primera vez después de todo!
—¿Cuándo él "estaba" conmigo? —Hice las comillas con mis dedos en el aire, reí por eso.
—Él la conoció ahí… Ellos estaban malditamente cerca y yo, joder, ese cabrón había estado coqueteando todo el puto día conmigo y no pude… ¡Simplemente no podía verlo con esa perra! Incluso cuando lo veía contigo, yo… Demonios, soy un maldito fiasco… ¡Después ella aparecía en cada maldita fiesta a la que íbamos! ¿Realmente no la recuerdas?
Negué con la cabeza sintiéndome ignorante.
—Sabes, nena, no tiene nada de malo enamorarse…
—¡Yo no estoy enamorada!
—¡Y una mierda! —Rodé los ojos—. Me tienes bastante harta con tu maldito estado de negación. Amas al idiota, Tink, eso es lo que uno siente cuando ama a alguien, ¡son unos putos sentimientos inexplicables! Y cuando lo ves con otra mujer, bueno, que me parta un puto rayo, pero los celos no llegan porque sí.
—¡Mierda!, ¡te he dicho que no estoy enamorada, Isabella! —Comenzó a pasearse de un lugar a otro con nerviosismo—. No, no lo estoy, ¡no estoy enamorada!, ¡no lo estoy! Tú estás jodidamente loca, yo no siento eso por ese imbécil de Cobain, él puede quedarse con María… Diablos, no, yo rompería su…
Le di una bofetada que la hizo detenerse inmediatamente.
Pestañeó un par de veces con incredulidad.
—Ponte los malditos calzones y sé una mujer, acepta tus jodidos sentimientos de una vez.
Los ojos de Alice se llenaron de lágrimas.
—Estoy enamorada.
Asentí y sonreí, atrayendo su cuerpo al mío en un fuerte abrazo.
—Lo estás, bebé, y a veces, el amor es una mierda.
. . . . . . .
Pensé que Tink olvidaría todo al siguiente día.
Creo que ella lo recordaba incluso con más precisión que esa noche. Ella no volvió a ser la misma perra que era siempre, estaba callada la mayor parte del tiempo, no tiraba sus ácidos comentarios ni hacía bromas, con Grizz habíamos comenzado a preocuparnos realmente. Hace unos días atrás comenzó a desaparecer sin decir nada, ella podía faltar todo un puto día en la tienda y luego llegaba al otro día como si nada. Ninguna maldita explicación. Ningún "lo siento chicos, no quería preocuparlos, mi trasero está a salvo". ¡Nada!, ¡malditamente nada!
¡Y ahora seguía desaparecida!
—¡Demonios, no puedo!
Lancé la pala al suelo y me crucé de brazos.
—Tus gritos se escuchan desde la otra cuadra, joder, eres tan malditamente escandalosa.
—Vete a la mierda, Cobain.
—¿Aún está así de amargada por culpa de Alice? —Él sonrió levemente y miró a Emmett, claramente la pregunta dirigida a su persona. Mi amigo sonrió y negó lentamente con su cabeza, luego siguió con lo suyo, escarbando la nieve de la puerta de entrada—. Es una mujer grande, B, deberías dejar de joderla.
Oh, por cierto, desde que Tink había estado rara y María andaba por aquí, él la llamaba Alice.
Alice, por todo lo santo.
—¿No tienes una novia por ahí a la que atender?
Jasper entornó los ojos y sacó una cajetilla de cigarrillos desde el interior de su chaqueta.
—No me mires así —murmuró, colocando el filtro del cigarro entre sus dientes—, no puedes culparme por esto.
—Puedo hacerlo, y lo haré… De hecho, es lo que estoy haciendo justo ahora, Cobain.
—Mi paciencia tiene un límite. —Encendió finalmente el puto cilindro de nicotina y expulsó el humo lentamente—. Lo sabes, todos lo saben. Alice lo sabe. —Se encogió de hombros desinteresadamente y me dieron unas enormes ganas de sacarle la mierda de encima—. No puedes culparme.
—Ella es una niña, cabrón.
—¡Es solo dos años menor que tú!
—¡Pero es distinto! —gruñí entre dientes, tirando la pala al suelo y acercándome a él dando grandes zancadas. Miré hacia los niños, viendo que ellos seguían en su mundo de fantasía sin prestar atención a la tensión que era palpable en el lugar—. Ella es distinta, tú lo sabes, hijo de… —«Muérdete la lengua B, estás hablando de la madre de tu hombre también»—. Tienes que tener paciencia con una chica como Tink.
—¿Por qué?
—¿Es que te parece poco toda la mierda por la que ha pasado desde que era una cría?
—No. —El gesto en su rostro se endureció, llevaba su largo cabello rubio amarrado en una coleta baja, haciendo que sus facciones se vieran más perfiladas—. Pero yo no puedo pagar por ellas… y definitivamente ella no puede guiar su vida dependiendo de eso.
Abrí la boca y entrecerré los ojos sin entender ninguna de sus palabras.
—Entonces… ¿Entonces qué diablos estás haciendo?
Cobain se encogió de hombros y sonrió de lado.
—Déjamelo a mí, B. Yo estaba hablando en serio sobre esa mierda de sentimientos hacia ella.
—¡Jasper!
Miré por sobre su hombro cuando se giró a la persona que gritó su nombre.
Ahí estaba ella, María, sonriendo y agitando su mano en el aire. Cobain soltó un suave suspiro junto a mí y le dio una nueva calada a su cigarrillo, me lo tendió justo cuando expulsó el humo por su boca, lo tomé entre mis dedos sin decir una palabra. Él dio media vuelta para ir al encuentro de la chica, pero creo que se arrepintió a medio camino, ya que se devolvió hacia mí y me dio un fuerte abrazo que me tomó desprevenida. Rodeé su cuerpo como pude con mis brazos, aun sosteniendo el encendido cigarrillo en una de mis manos.
—Dile a Alice que deje de comportarse como una cría.
—¿Ella es la que se comporta como una cría? —pregunté, sonriendo cuando Jasper rio junto a mi oído—. Tú eres quien la ha estado llamando Alice todo este tiempo. —Él asintió. Nos quedamos un buen tiempo así, abrazados. Creo que muy en el fondo era lo que Cobain necesitaba.
Todos necesitamos un abrazo de vez en cuando.
—Realmente la amo, B.
Fue un suave susurro que escuché a la perfección.
—Lo sé, idiota. Lo sé… —Nos separamos lentamente de nuestro abrazo. Llevé el que había sido su cigarrillo a mis labios y le di una calada—. Cómo nos ha jodido el maldito amor, me siento violada.
—Dímelo a mí. —Cerró su chaqueta de cuero negra y escondió sus manos dentro de los bolsillos de ésta—. Ese cabrón es un hijo de puta. —Se giró para observar a María por sobre su hombro, que esperaba pacientemente alejada unos cuantos metros de nosotros—. Nos estamos viendo. Cuida de mi sobrina.
—Con mi vida.
—Y cuida de Alice.
—¿Alice? ¿Desde cuándo putas soy Alice?
Mi atención viajó rápidamente a la destartalada imagen de mi amiga.
Ella estaba…
Ella estaba malditamente borracha.
Trataba de mantenerse en pie y derecha pero era como si alguien le estuviera meneando el piso para hacerle la tarea imposible. Joder, ni siquiera podía mantener sus ojos fijos o hablar como una persona normal. Y claro, tenía que aparecer ahora cuando Cobain estaba aquí y solo a unos pasos más allá estaba la otra chica. En serio, de puta madre. Acomodé la gorra de lana sobre mi cabeza, preparándome para la guerra que venía. Jasper sonrió, una sonrisa torcida cargada de burla que le dedicó a Alice. Él escondió sus manos dentro de los bolsillos de su jean rasgado una vez más y caminó hacia a ella lentamente.
Tercera Guerra Mundial, ya les digo.
—Alice… —murmuró—, ese es tu nombre, ¿no?
—V-Vete a la mierda.
—Mírate. —Cobain la apuntó con su mano, la cual dejó caer rápidamente. Lo hizo de una manera tan despectiva que incluso a mí me dio escalofríos—. Das pena. ¿No te da vergüenza aparecerte así? Estás… destruida.
Tink cuadró su mandíbula, sus ojos se entrecerraron y su boca se transformó en una tensa línea.
—¡Niños! —grité, llamando la atención de mis mocosos que estaban lejos de toda la mierda que se estaba formando. Ellos dejaron de hacer su segundo muñeco de nieve y corrieron hacia mí. Me agaché a su altura, sin quitar mis ojos de los dos que estaban a punto de jalarse los pelos—. ¿Saben? En el cajón que está en la entrada, justo en la vitrina, hay algunos chocolates. ¿Podrían esperar a mami dentro de la tienda?
—¡Chocolate! —chilló Grace, riendo. Acomodé su gorra de lana rosa sobre su cabeza y le guiñé un ojo.
—Así es, hermosa, chocolates.
—¿Puedo prender la televisión también? —me preguntó Floyd. Asentí a sus palabras.
—El control está justo sobre ese cajón. —Tomé sus manos y los guie a la tienda.
Joder, había olvidado que estaba la maldita nieve ahí.
—Yo me encargo nena. —Grizz abrió la puerta de la tienda utilizando toda su fuerza. Lo que no queríamos que sucediera, que entrara la nieve a la tienda, pasó. Sinceramente me importaba una mierda justo ahora. Los niños entraron rápidamente y cerré la puerta una vez más.
—No quiero que vean esto.
—Lo sé. —Me crucé de brazos y me apoyé contra Grizz. Él era todo sonrisitas—. ¿Quién crees que gane, B?
—Tink, apuesto diez contra ella.
Emmett alzó una de sus cejas y luego rio.
—Que sean diez para el rubio, entonces.
El primer round comenzó. Y con primer round me refiero a la casi efectiva manera que tenía Alice de mirar a Jasper fijamente, una persona realmente puede morir con esa mirada, se los digo. Borracha y todo ella aún seguía siendo una chiquilla intimidante. Aunque eso nunca había funcionado con Cobain, de hecho, justo ahora, lo único que él hacía era sonreír con diversión.
—Te odio —habló Tink entre dientes, su lengua enredándose en el proceso debido a su estado—. Te odio tanto que podría golpearte justo ahora, pero nope… —Ella soltó una risita—. ¡No lo haré! No lo haré porque me das pena.
—¿Yo te doy pena? —Jasper alzó ambas cejas y luego rio, una risa llena de cinismo—. Por favor, ¿es que te has visto?
—No es tu maldito problema. —Ella trató de pasar junto a él pero Cobain se lo impidió. Tomó su brazo bruscamente con una de sus manos y la detuvo—. Suéltame, por favor. —Tink lo dijo de manera tan suave y sumisa que juro sentí un aire frío subir por mi columna vertebral.
—No quiero hacerlo.
—Suéltame, Jasper, ahora.
Sus rostros estaban tan cerca que prácticamente podían besarse.
En serio, podían besarse, no lo sé, para terminar con esto digo yo.
—Oblígame.
—Mira, cabrón, ¡tu chica te espera por allá! —Alice quiso apuntar a María que estaba tras ellos, pero, uh, apuntó a la nada realmente, ya que su coordinación no era la mejor en estos momentos—. Déjame malditamente en paz de una vez por todas, joder. ¿Recuerdas lo que me dijiste ese día que me sacaste de la comisaría?
Cobain tensó su mandíbula.
Grizz y yo nos observamos con confusión. Nos habíamos perdido un poco en todo esto, ¿qué era lo que habían hablado esos dos? Algo había pasado ahí que nosotros no sabíamos. Jasper soltó el brazo de Alice como si tuviera la peste, dio un paso hacia atrás y alzó ambas manos frente a su torso en señal de paz. Él volvió a soltar una risita carente de humor.
—Lo recuerdo a la perfección, hadita.
—Te cansaste —murmuró Tink en una pequeña voz.
Cobain la observó largo y tendido, fijamente, sus ojos tan similares a los del reverendo pero a la vez tan distintos.
—Lo hice —respondió a la aseveración de Tink, acompañando esas palabras con un asentimiento de cabeza. En ese preciso momento Alice se vio como si alguien le hubiera dado un gigantesco puñetazo en la boca del estómago. Dejó caer sus hombros sin más.
—¿Entonces qué mierda haces metiéndote en mi vida? ¡Dijiste que me dejarías en paz si te cansabas de mí!
—Y tú me dijiste que esperarías ese puto día con ansias.
Oh, oh.
Así que eso había pasado.
Tink estiró sus brazos y sonrió con suficiencia, la botella de Vodka –que le quedaba menos de la mitad– colgando de una de sus manos. Ella estuvo a punto de caerse de culo al hacer ese brusco movimiento con sus brazos. Trastabilló y logró estabilizarse luego de un momento, aunque de vez en cuando daba la sensación de que se caería de todos modos dado que no podía mantenerse quieta. Quitó algunos mechones de su largo cabello que le obstruían la vista. Sus manos se movieron torpemente por su rostro, y luego soltó un resoplido combinado con una risa.
—¡Es lo que estoy haciendo! —Llevó la botella de Vodka que sostenía en su mano izquierda hacia sus labios y le dio un largo sorbo—. Estoy celebrando que finalmente me hayas dejado de hinchar los ovarios. Desde ayer, a decir verdad. —Dio un paso hacia Cobain y se colgó literalmente de su cuello cuando lo agarró con uno de sus brazos—. Y lo he celebrado con creces.
—¿Sí? —preguntó él, viéndose molesto.
—Sip. —Alice remarcó la "p" que pronunció al final—. Benjamín la tiene mucho más grande que tú.
Cubrí mi rostro con una de mis manos, esperaba esa clase de ataque por parte de Alice de todos modos.
Grizz gruñó junto a mí y me entregó diez dólares. Al ver la cara de pocos amigos que cargaba Jasper justo ahora que Tink había soltado esa frase, le daba claramente la derrota al rubio. Tomé los diez y los guardé en el bolsillo trasero de mi pantalón. Éramos los peores amigos a veces, en vez de detener toda la mierda nos habíamos quedado mirando ahí esperando algo de acción. A veces me daba vergüenza ser así, solo a veces. Emmett y yo caminamos hacia los chicos y tomamos a Tink por sus brazos.
—Será mejor que te vayas, hermano. —Grizz le dio una pequeña sonrisita de disculpa a Cobain.
—¡Ya escuchaste a mi hermanote! —Le quité la botella de las manos cuando iba a beber de ella nuevamente. Tink hizo un exagerado puchero—. ¡B! —se quejó como una mocosa. Sus desorbitados ojos volaron hacia Jasper otra vez y frunció el ceño—. ¿Por qué estás aquí aún? ¡Vete!
—Cobain, por favor.
Él resopló y, dando media vuelta, se alejó de nosotros.
Jasper caminó directo hacia la chica que lo esperaba unos cuantos pasos más allá. Alice quiso zafarse de nuestro agarre penosamente cuando vio como esos dos se marchaban tomados de la mano. Oh, yo sabía que su corazón probablemente se estaba rompiendo al presenciar eso, pero ella también la había cagado en grande. Demonios, éramos tan parecidas en eso de no pensar y decir lo primero que aparece en nuestras malditas cabezas. ¿Será culpa de las neuronas muertas que tenemos en la cabeza por tanta marihuana? Incógnitas de la vida.
—Ese hijo de pu…
—Escúchame, Tink, escúchame bien. —La obligué a mirarme—. Los niños están dentro, ¿podrías al menos cerrar esa maldita boca tuya por ellos?
—No quiero… —hipó y soltó una risita—. No quiero que Floyd me vea así.
—Exacto.
Grizz y yo la llevamos dentro de la tienda, la estúpida nieve iba a tener que esperar.
Los niños estaban sentados en la silla de tatuado viendo la televisión que colgaba desde la pared del fondo. Emmett se quedó con ellos mientras yo llevaba a Tink a la parte trasera de la tienda, al cuarto donde hacía las perforaciones. La acomodé sobre la silla, donde se sentó con los ojos cerrados. Ella le dio unas palmaditas torpemente al espacio vacío junto a su cuerpo y murmuró algo que no logré entender ya que apenas y movía la puta boca al hablar.
—¡S-Siéntate! —chilló apenas, tratando de modular—. B…
Y se largó a llorar como una pequeña cría.
Suspiré y me acerqué a ella, no me senté donde me había indicado, pero me coloqué entre sus piernas y la atraje a mi pecho en un abrazo. Que se descargara, que llorara todo lo que quisiera llorar, ahí estaba yo para ella. Ahí estaría siempre para ella. ¿Eso era la amistad, no? Los sollozos hacían que su cuerpo temblara, me abrazó con fuerza y escondió su cabeza en mi pecho. Acaricié sus largos cabellos sin decir nada. Sí, puede que Cobain tuviera razón sobre que apenas nos llevábamos dos años de diferencia, pero Alice siempre iba a ser esa niña que habíamos encontrado en una casa de mala muerte tan jodidamente drogada que no le importaba ni siquiera dónde caer muerta.
Ella siempre iba a ser mi niña, joder, y aunque sabía que estaba haciendo las cosas mal, iba a apoyarla.
—Tienes que dormir, enana.
—Soy una idiota…
—Lo eres. —Acaricié su rostro y sonreí, quité unos cuantos mechones de cabello que se habían adherido a su rostro anegado en lágrimas—. Eres bastante idiota. Te lo dice una experta en el tema. —Ella soltó una pequeña risita y limpió sus lágrimas.
—¡Yo no quiero verlo con ella!
—Entonces, creo, solo creo, que deberías dejar de soltar tanta mierda por esa boca sucia tuya.
—Pero él… él… —murmuró algo que no entendí y pasó su mano bruscamente por sobre su rostro—. ¿Quién fue el hijo de puta que inventó eso del amor? Lo odio, yo quiero patear su trasero ahora. —Hizo un exagerado puchero que me sacó una sonrisa—. Yo no había planeado esto…
—Bebé, ¿crees que yo planeé formar una familia a mis veinticuatro años? ¡Noticia de último minuto!, ¡no lo hice! —Le di un toque a la punta de su nariz con mi dedo índice—. Solo pasa, Tink, y deberías sentirte tan jodidamente afortunada como yo de que tu chico te corresponda.
—¡Él cabrón ya no lo hace! Porque la cagué una vez más, como siempre lo he hecho.
Suspiré.
—Duerme, nena, Grizz y yo cuidaremos de ti. Mañana será otro día. Mañana, cuando el contenido de esa puta botella esté fuera de tu cuerpo, podrás pensar las cosas con claridad. Habla conmigo, con Grizz, déjanos ayudarte. Podemos hacerlo, creo, algún jodido buen consejo tendremos que darte.
Se estiró a lo largo de la silla reclinable y me observó con duda.
Se veía incluso más joven de lo que era.
—¿Lo prometes?
Esa pregunta me hizo rememorar a la chiquilla de antaño.
—Lo prometo, cariño. Somos hermanas, ¿recuerdas?
. . . . . . .
—Lo siento… Diablos, ¡lo siento!
Dolía un poco, demasiado poco como para que le diera más vueltas al asunto.
Aunque estaba ahí, era como una astilla en mi maldito corazón. Tink se jalaba sus cabellos y caminaba de un lugar a otro, se me hacía gracioso lo preocupada que estaba por todo esto. ¿Qué creía?, ¿que yo iba a golpearla o qué? Sonreí y me crucé de brazos, esperando que en algún momento se diera cuenta de que estaba armando una tormenta de agua en un vaso vacío.
—Tink…
—No quise hacerlo, yo, ¡no quise!
—Vamos, nena. —Entorné los ojos y resoplé—. Ambas sabemos que quisiste hacerlo. Sabes que hay una cosa que odio y es que me mientan. —La apunté con el dedo índice seriamente y ella asintió con lentitud—. Follaste con Cobain.
—Lo hice —lamió sus labios y desvió la mirada—, lo hice, sí.
—Con Cobain. —Di media vuelta y comencé a caminar por el lugar—. Quien se supone es mi chico.
Oh, yo estaba metiéndome con ella, claramente.
—B… B, te juro que yo… ¡Jodida mierda! ¡Fue todo culpa de ese estúpido! —Ella tiró de mi brazo para que le diera frente. Mordí mi labio inferior tratando de contener la sonrisa que amenazaba con dibujarse en mis labios—. ¡No lo volveré a hacer nunca más!
—Tú puedes follar con él cuando quieras —reí—, te cedo esa pija corta.
—¡Pero yo no…! —Tink ladeó su cabeza y frunció el ceño—. ¿Qué demonios?
—Lo único que me molesta en todo esto, nena, es que me lo hayas guardado por tanto tiempo. Sabes la "relación" que hay entre Cobain y yo, y… Bueno, no era como si no lo hubiera visto venir esto de ustedes dos, pero me gustaría que confiaras más en mí…
—¿Qué? No, digo, sí. —Alice soltó una pequeña risita más relajada—. Mierda, B, yo confío en ti plenamente. Yo solo… —Bajo mi propia nariz vi como el rostro de Tink se tornaba de un suave color rosa. Momento inolvidable, claro está—. Yo no quería perderte por una estupidez.
—Y no vas a hacerlo, niña. —Sonreí con diversión—. Somos familia, ¿recuerdas?
Diecisiete años y tan dura de roer como un maldito hueso. Eso, hasta que la palabra "familia" salía a colación. Y en este año y medio juntas, un vínculo se había creado entre ambas. Era mi hermanita, tal y como Grizz se había convertido en mi hermano mayor. Los tres éramos una familia, nuestra propia y pequeña familia.
¿En serio cree que por un chico yo iba a tirar todo eso a la borda?
¡Y era Cobain! Por Dios, Cobain era como el primo desagradable que venía de visita.
. . . . . . .
Luego de que Tink durmiera en la tienda un resto, Grizz y yo la habíamos montado a la Van. Ella fue todo el camino a la casa Swan sin saber ni siquiera de su culo, de hecho, para meterla a la casa tuvimos que tomarla entre los dos nuevamente. Era un peso muerto, para que Emmett no pudiera con ella por sí solo tenía que serlo. La peor parte fue cuando tuvimos que subir la escalera, y, uh, puede que yo haya hecho que golpeara su cabeza contra el marco de madera de la puerta de la habitación. Yo no había querido, pero había sido malditamente gracioso.
La habitación quedó pasada a alcohol apenas y la dejamos ahí.
Era como si su transpiración, sangre, piel, cabello, ella en sí, fuera alcohol.
Ugh, ¿así olíamos todos luego de un día de juerga?
—La dejaré dormir ahí, no creo que despierte en un buen tiempo. —Emmett miró su teléfono—. Ya va siendo hora que vaya donde Rosie, ella dijo algo sobre el bebé pero con toda esta mierda como que lo olvidé un poco. Joder, le dije que estaría allí hace media hora atrás… —Rascó su nuca y yo reí.
—Vale, yo voy por los chicos a la Van y nos iremos caminando para que la ocupes.
—Tengo mi motocicleta, ¿sabes?
—Lo sé, Grizz, pero por favor no la uses, me da un puto terror que la uses cuando el clima está así de mierda. La carretera está congelada, un movimiento en falso y ¡adiós a mi oso! No quiero que corras el riesgo, y algo me dice que Rosalie no quiere que su bebé se quede sin papá tan pronto, ¿no?
Grizz sonrió y me atrajo a su cuerpo en un caluroso abrazo.
—Me gusta cuando te preocupas por nosotros, nena.
Le mostré mi dedo medio amorosamente y caminé hacia la camioneta.
—¡Vete a la mierda!
Caminamos desde la casa Swan hasta la casa Cullen, los niños eran los más felices con esto, ya que podían seguir jugando con la nieve. Floyd le contaba animadamente a Grace su lista de regalos para este año, la cual, por cierto, era jodidamente eterna. Yo iba sacando cuentas mentalmente de cuánto me saldría la gracia este año, iba a tener que sacar todo con la tarjetita dorada que papá me había dado hace años atrás. Una extensión de la suya y que nunca utilicé porque odio esas mierdas… Pero ahora tengo un enano que piensa que somos millonarios o alguna cosa así, joder.
—¿No quieres nada más? —pregunté cuando Floyd terminó con su lista—. No lo sé, una casa, un yate tal vez. ¿No crees que le falte algo a esa eterna lista que hiciste? —Mi enano sonrió con inocencia—. Lo único que va a llegarte es un carbón.
Floyd frunció el ceño y Grace rio dulcemente.
—¡No quiero un carbón! ¡No sirve para nada, mami!
—Sí, bueno, será mejor que te vayas portando bien, ¿no crees? —Levanté mi teléfono celular—. Mamá tiene el número del viejo panzón ese, puede que haga unas cuantas llamaditas para decirle como cierto renacuajo se queda viendo televisión pasada la hora estipulada.
—¡No lo haré nunca, nunca más! ¡Lo prometo!
Sonreí, ¡nunca pensé que sería tan fácil que me hiciera caso!
—Veremos si cumples tu promesa una vez estemos en casa, enano.
Cuando llegamos, nada fuera de lo común pasó.
Los enanos se acomodaron en la sala de estar con sus pijamas y una taza de chocolate caliente que yo les había servido mientras veían una película de caricaturas en la televisión. Castiel estaba haciéndoles compañía echado a los pies del sofá, y sobre su cabeza descansaba tranquilamente Amy. Pobre camaleón, creo que quería camuflarse con el pelaje del cachorro pero su cuerpo estaba de un tono naranja sumamente llamativo. Era una imagen digna de fotografía, así que tomé mi celular y capturé el momento. Se la envié a Minino en un mensaje de Whatsapp.
Yo había tenido que enseñarle a usar la aplicación a él.
Cuando estaba en la cocina robándome un vasito de Amaretto(1) fue que Minino llegó.
—¿Qué es lo que estás bebiendo? —Sonreí cuando lo sentí tras de mí. Él rodeó mi cintura con sus brazos, pegando mi espalda a su pecho de un tirón. Edward dejó un pequeño beso en mi cuello—. Supongo que es para pasar este frío, ¿no?
—Supones bien, gatito. —Reí y me tomé el pequeño vaso al seco—. Estaba probando tu cosecha, catando, ya sabes.
—Que bien, pero es suficiente por hoy. —Tomó la botella de licor entre sus manos y la alejo de mí. Me giré entre sus brazos y besé sus labios lentamente a modo de saludo. Cuando iba a alejarme Minino me lo impidió, colocando su mano tras mi cuello y profundizando el beso.
Bueno, si él lo quiere así, ¿quién carajos soy yo para impedirlo?
Estuvimos un buen tiempo simplemente besándonos en la cocina, como si fuéramos unos adolescentes besándose a escondida de sus conservadores padres. Cuando él tomaba la iniciativa en estos pequeños gestos yo me dejaba disfrutar, Edward a veces solía ser demasiado tímido para algunas cosas, últimamente se estaba soltando más conmigo. Aunque no me quejo, me gusta que sea así, todo sonrojos y buenas palabras, dulzura por montón.
—Te extrañé —murmuró sobre mis labios, dándome un último beso.
—Ese es el efecto que suelo tener en la gente. —Rodó sus ojos por mis palabras y no pude evitar reír—. Tienes que enterarte de muchas cosas que sucedieron hoy, Minino. Vamos a ver a los niños primero, ellos estaban viendo una película en la sala…
Se habían quedado dormidos vaya a saber yo cuándo.
Floyd y Grace estaban acurrucados, sus pequeños cuerpos en bolita y tan juntos que casi parecían uno. A sus pies, los animales imitaban su estado, Castiel y Amy dormían tal y como sus dueños lo hacían. En silencio y con sumo cuidado Edward y yo cargamos a nuestros enanos hacia su habitación. Yo llevaba a Grace y él a Floyd, ya que mi renacuajo estaba más pesado que la princesita. Acomodamos a ambos en la habitación de Grace, ellos ni siquiera despertaron, solo suspiraron, dieron media vuelta sobre la cama y siguieron durmiendo.
Al bajar al primer piso puse a Minino al tanto de todo.
—Entonces… Alice llegó borracha a Forks Ink, y justo en ese instante Jasper estaba allí junto a su nueva chica, María. —Asentí a las palabras de Minino. Él siguió revolviendo algo en la sartén—. Jasper y Alice discutieron… Se insultaron. —Volví a asentir cuando me observó con ambas cejas alzadas—. Y luego cada uno se fue por su lado.
—En realidad nosotros arrastramos a Tink por su lado, ya sabes.
—¿Cómo está ella ahora? —Minino tomó una cuchara y sacó lo que sea que estuviera haciendo en la sartén. Puede que me haya quedado viendo como él degustaba de la comida que preparaba, era interesante y sumamente divertido, él se ponía todo serio y hacía unas cuantas muecas—. ¿Amor?
—Ah, sí, está bien, durmiendo como un bebé en casa Swan. Al menos Grizz y yo la dejamos ahí. —Dejé descansar mi cabeza sobre mis manos, las cuales estaban apoyadas en la encimera—. ¿Qué es lo que tienes ahí? —Traté de mirar lo que estaba preparando pero él me lo impidió.
—Sorpresa. —Me guiñó un ojo y siguió dándoselas de Chef.
Castiel, el perrito que estaba junto a mí, ladró.
—Ya ves, el amigo peludo también quiere un poco de eso.
—Ambos tendrán que esperar. —Acaricié la cabeza del animal. Olía malditamente delicioso—. ¿A qué hora se quedaron dormidos los niños? Es extraño que se duerman tan temprano estando tú con ellos. —Alcé una de las cejas y me crucé de brazos sobre la encimera.
—¿Qué estás insinuando?
—Normalmente juegan —dijo, encogiéndose de hombros y sin girarse a mirarme—, y así se les va la hora.
—Les hice chocolate caliente, tal vez se durmieron en la mitad de esa película de nieve, esa mierda donde cantan sin cesar y son estas dos hermanas y el muñeco de nieve parlanchín. —Me estremecí levemente recordando eso—. ¿Qué tiene Disney con los musicales? Yo estuve a punto de tirar la puta televisión por la ventana.
—Frozen, así se llama esa película.
—Como sea, Grace la ama.
Minino dejó un delicioso platillo de comida delante de mí, mi estómago rugió al verlo. Oh, estaba muriendo de hambre. Él tomó asiento justo enfrente con su respectivo plato, y dejó algo en el bol plástico de Castiel para que también comiera. Hizo un movimiento con su mano, indicándome que probara su comida. Cuando lo hice casi tuve un orgasmo, Grace tenía tanta, tanta razón al decir que su papá era el mejor cocinero. Digo, aparte de verse malditamente caliente cocinando, todo le quedaba de maravillas.
—Yo podría acostumbrarme a esto, no me consientas. —Llevé otro poco de comida a mi boca y solté un bajo gemido de apreciación—. Jo-der, gatito, ¿qué es esto? Está delicioso, está más que delicioso, está putamente delicioso.
—Es solo Chapsui (2) —contestó modestamente—, no es nada del otro mundo. Me alegra que te guste, y yo puedo consentirte así todas las veces que quieras, así que es mejor que te vayas acostumbrando. Me gusta cocinar para ti.
—Me gusta verte cocinando, ¿sabes?
—Lo sé. —Sonrió tímidamente.
Oh, él estaba recordando cierto día donde lo hice utilizar solo el delantal como vestimenta.
Oops.
—Edward…
—¿Sí? —Tomó un poco de agua de su vaso esperando a que respondiera.
Yo simplemente sonreí y seguí comiendo.
—Te amo.
Sus mejillas se tornaron de un tenue rosa y siguió comiendo, una pequeña sonrisilla bailando en sus apetitosos labios. Hubo veces en las que lo miraba y era como si él quisiera decir algo, pero se retractaba cuando abría su boca para soltar las palabras. Palabras que nunca quisieron abandonar sus labios. Él también hacía eso mucho, dudar sobre si decirme las cosas o no, creo que me tenía miedo o qué se yo, pero esa sensación me daba. Digo, sé que suelo gritar a veces, tal vez mucho, y también sé que tengo esta explosiva personalidad… Pero tampoco es como para que me tenga miedo.
Yo no iba a comérmelo…
Bueno, no en el sentido literal de la palabra.
—Isabella…
—¿Te decidiste a hablarme finalmente? —Alcé una ceja con diversión y él se sonrojó aún más.
—Es solo… Estaba pensando en algo. —Dejó su tenedor sobre el plato delicadamente y entrelazó sus dedos. Su ceño estaba fruncido, en ningún momento sus ojos hicieron contacto con los míos—. Uh, pero no sé qué es lo que pensarías tú acerca de eso, así que…
—Minino, si no me dices qué es nunca podrás saberlo.
—Es sobre Floyd.
—¿Qué tiene Floyd?
—¿No crees que es hora de que le demos su propia habitación? —habló apresuradamente cuando formuló la pregunta, y siguió sin darme derecho a hablar—. Yo… Ya sabes, la habitación de huéspedes que usaron ambos los primeros días. Podríamos pintarla y acondicionarla para él, no creo que quiera seguir en una habitación rosa de princesas por mucho tiempo, ¿no? Es decir… solo si estás de acuerdo… ¡Es más! Podríamos hacerlo antes de Navidad, ¡sería su regalo! Sé que quedan pocos días pero si ponemos un poco de esfuerzo…
—Minino, respira. —Él dejó de hablar y tomó una gran bocanada de aire que soltó luego—. ¿Te he dicho cuánto te amo?
Una sonrisilla tímida se desplegó en sus labios.
—No el día de hoy.
—Te amo tanto que ni siquiera puedo compararlo con algo —reí—. Es la mejor idea que has tenido, muchas gracias, bebé, gracias por pensar en mi enano. —Me puse de pie y rodeé la encimera. Tomé asiento en su regazo y dejé un beso sobre su frente—. Eres el mejor, realmente te amo.
—Es nuestro enano, amor.
—Claro que sí. —Besé sus labios—. Todo nuestro.
Mi teléfono celular comenzó a sonar, joder.
¡Hoy había sonado como nunca el maldito aparato!
—¿B?, nena, ¿estás ahí?
—¿Qué onda, Grizz?
—B… ¡Joder! Es Tink…Yo… Regresé desde lo de Rose y no estaba, no puedo localizarla por ningún lado. No contesta su maldito teléfono… ¡Mocosa de mierda! —Algo sonó al otro lado de la línea, un golpea sordo, tal vez Emmett había golpeado algo.
—Demonios, demonios, demonios. —Me levanté de la comodidad del regazo de Edward y comencé a caminar de un lado a otro, pensando—. Espérame, ¿sí? Estaré en casa de papá en unos minutos.
—No, nena, yo iré a tu casa. Llegaré enseguida, solo está lista.
—Bien, yo… Te espero, sí, está bien. —Suspiré y desordené mi cabello. Emmett murmuró algo más que no logré procesar, me despedí rápidamente y colgué la llamada. Dejé el aparato sobre la encimera y solté un bajo grito lleno de exasperación—. ¡Puta Tink!
—¿Qué pasó, ¿está en problemas?
—Ella se arrancó de casa, en su maldito estado ¡se arrancó de casa!
—¿Quieres que te acompañe? —Mordí mi labio inferior observándolo. Negué lentamente con la cabeza—. ¿Estás segura? —Asentí esta vez. Edward me atrajo a su cuerpo y dejó un tierno beso sobre mi coronilla—. Bien, cuidaré de los niños, te esperaré aquí, vuelve sana y salva, por favor.
Me coloqué la chaqueta nuevamente. Minino me puso la gorra con suavidad, acarició mi mejilla y besó mis labios una vez más. Era de locos todo lo que estaba pasando. Desde que habíamos llegado a Forks todo había sido un disparate. Tomé el celular y marqué rápidamente el número de Renesmee, fruncí el ceño cuando no atendió la llamada. Nessie siempre atendía sus llamadas al instante, aunque fuera el puto ejecutivo de la compañía de teléfonos el que estuviera llamando. Insistí, esperando impacientemente a que cogiera el puto aparato.
—¿Ness?
—Técnicamente es el teléfono de Renesmee, sí, pero, uh… —El desconocido carraspeó con incomodidad y luego volvió a hablar desde el teléfono de mi hermanita—. El que habla es Nahuel.
Nahuel tenía el teléfono de Renesmee.
Oh, oh.
Una perversa sonrisa estiró las comisuras de mis labios, por un momento me olvidé de todo el embrollo referente a Alice y puse mi completa atención en el notición que tenía aquí y ahora. Si Nahuel tenía el celular de Renesmee era porque estaban juntos. Y si él contestaba sus llamadas sin problema alguno era porque estaban juntos. Confieso ser Team Nahuel desde el inicio de los tiempos, y puede que yo quisiera chillar un poquito por la emoción de que finalmente mi hermanita se haya decidido por el chico.
Lobo podía irse a la mierda.
Es más, si se le ocurría meterse en medio de estos dos, yo misma lo mandaría a la mierda.
—Nau… —ronroneé, preparándome para soltar una bomba—. Así que estás con el teléfono de mi hermanita… Dime, cuñadito, ¿crees que puedas pasarme a la enana o la tienes muy ocupada por ahí? Si es así, ignórame y sigan en lo suyo, pero recuerden, siempre usen protección.
—¡Isabella!
El chillido de Renesmee se escuchó probablemente hasta Chile.
—¡Es algo normal! La gente lo hace, Renesmee, ¿cómo crees que llegamos a este mundo? Papá y mamá tuvieron que follar. —Ella volvió a gritar y cantar una cancioncita absurda sobre no oír lo que yo decía—. Pero vale, dejaremos la charla para otro momento.
—Nunca hablaremos de eso, Isabella. Nunca.
—Sí, y así es como después de nueve meses llegas con sorpresa. ¡No vaya a saber yo de esa mierda! —Reí y Ness gimió bajito al otro lado del auricular—. Bien, supongo que has estado toda la tarde con Nahuel haciendo sus cosas de niños buenos, ¿no?
—Supones bien, estábamos… estudiando, sí.
—Claro, en vacaciones. —Juro que me imaginé su rostro sonrojado—. Tendré cara de burra pero no nací ayer, hermanita, por favor, podrás engañar al viejo pero, ¿a mí? —Entorné los ojos—. Pensé que eras la inteligente de la familia.
—¿Podrías decirme para qué has llamado? —Algunas cosas simplemente no cambiaban.
—Solo quería saber si te habías pasado por la casa, Tink estaba allí en un… Bueno, no estaba en su mejor estado y la hemos perdido. —Suspiré, volviendo a recordar que la muy idiota esa se había extraviado—. ¿No has sabido nada por casualidad?
—No, nada, lo siento. —Asentí aun cuando no podía verme—. Pero papá se pasó por casa esta tarde, yo le dejé el almuerzo preparado sobre la mesa ya que olvidó llevarlo por la mañana, él dijo que iría a buscarlo a eso de las tres de la tarde. Tal vez él vio algo.
—¡Tal vez! —Había olvidado a Charlie, quizá él sabía algo—. Gracias, Ness.
—No es nada, espero la encuentres.
—Sí, yo también… ¡Y recuerda siempre usar gorrito, enana!
Corté la llamada antes de que me regañara como solo ella sabía hacerlo.
Edward me observaba con diversión, estaba apoyado contra la pared contigua a la que yo me encontraba. Le sonreí y guardé el teléfono en el bolsillo de mi chaqueta, justo en ese momento sonó el timbre de la entrada. Abrí rápidamente la puerta y me encontré con la preocupada imagen de Grizz, una pequeña arruga surcaba su frente y sus ojos estaban cargados de preocupación. Él me molestaba a mí por preocuparme de ellos y ya ven, no era la única que lo hacía. Lo abracé fuerte por la cintura y él me rodeó rápidamente con sus grandes brazos.
—Juro que voy a patear su culo cuando la encontremos.
Reí por las palabras de Grizz.
—Te ayudaré en eso. —Me giré hacia Minino—. Vendré apenas la encontremos, ¿sí? No te preocupes por mí.
—Yo cuidaré de mi nena aquí, Alf.
Edward sonrió y asintió tenuemente.
—Sé que lo harás, Emmett. Ojalá encuentren a Alice, por favor, llámenme apenas lo hagan.
Salimos de casa y nos montamos en la Van rápidamente.
La estación de policía fue nuestra primera parada. Papá estaba en su oficina, ahora cada vez que llegábamos los policías allí no nos decían nada, no como la primera vez que nos trataron como unos putos delincuentes. Entramos como si fuéramos dueños del maldito lugar, saludé a Billy con la mano y el viejo panzón me devolvió el saludo un tanto reticente. Papá estaba tras su escritorio revisando un papeleo. Levantó la vista y sonrió. Yo sonreí de vuelta, pero por otra razón. ¡Su bigote había crecido finalmente! Le había extrañado un poco, ojalá y no volviera a cortárselo.
Al viejo a veces le venía esa etapa de creerse joven y ahí era cuando el bigote se iba.
—¡Bella! —Rodeó su escritorio y me saludó con un dulce abrazo—. Hey, muchacho, ¿estás haciendo más ejercicio?
—Estos crecen solos, viejo. —Grizz flexionó sus brazos mostrando sus músculos.
—Bien, bien, no vengas aquí a comer pan delante de los pobres. —Papá entornó sus ojos—. Ahora díganme porqué están aquí y porqué mi pequeña hadita no está con ustedes. Estoy extrañando sus insinuaciones, me hacen sentir malditamente joven. ¿Dónde está Alice?
—Esperábamos que tú pudieras decírnoslo…
—¿Y por qué iba yo a…? —Papá frunció el ceño—. Cuando fui a casa la encontré en la escalera, ella lucía terrible. Dijo que tenía una resaca del terror y, después de pedirme una aspirina, abandonó la casa. Yo pensé que iría donde ustedes… Bella, Emmett… ¿está ella bien?
Suspiré y negué con la cabeza.
—¡No lo sabemos!
—No creen que se haya ido del pueblo, ¿verdad? —Charlie tenía el ceño completamente fruncido, él estaba metiéndose en su papel de policía—. ¿No les dijo nada esta mañana?, ¿ocurrió algo que la pudiera hacer querer tomar esa decisión? Todo es importante, cualquier pequeño detalle.
Ella… Ella no se iría, ¿o sí?
—¿Estás pensando lo mismo que yo, B?
Asentí a la pregunta de Grizz.
Amun y Benjamín seguían en el pueblo luego de la mega fiesta que dieron.
Nos despedimos de papá rápidamente y nos montamos en la Van luego de salir casi corriendo de la comisaría. Charlie, al igual que Minino, nos pidió que le llamáramos una vez encontráramos a Alice. La nevazón se había intensificado, casi parecía una puta tormenta. Ugh, clima de mierda. Grizz manejó con cuidado a través de la carretera para evitar cualquier tipo de accidente, las llantas de la camioneta no estaban ajustadas para días así donde el cemento estaba jodidamente resbaloso.
A lo lejos vimos una luz roja encendida.
Grizz se detuvo y ambos bajamos de la Van.
La nieve caí incesantemente, dificultando cada vez más el que pudiéramos ver. Caminé hacia la luz junto a Grizz a duras penas, la nieve estaba malditamente alta en este lugar del pueblo. Estábamos casi en la frontera de Forks, el rugido del motor de la motocicleta nos alertó. Contra el estúpido clima corrimos como pudimos hacia el lugar. Allí estaba la muy idiota de Tink, apoyada contra su motocicleta, sosteniendo el casco bajo su brazo. Benjamín estaba montado en la moto de Alice, él movía el acelerador y la hacía rugir como nunca, justo delante de la motocicleta estaba el automóvil de los chicos, ese con el que habían venido desde New Orleans.
¿Qué carajos pasaba aquí?
Tink nos ignoró y se montó tras Ben en la moto, se afirmó a su cintura con uno de sus brazos.
—¡Bájate de esa puta motocicleta en este maldito instante! —grité por sobre la tormenta que se estaba generando, esta puta nieve no era normal. Menos el maldito viento que corría como a mil millones de kilómetros por segundo—. Tink, no lo volveré a repetir…
Me sonrió con sorna antes de ponerse el casco.
—¿Quién te crees que eres?, ¿mi mamá?
—Tink…
—Me largo de este puto pueblo, nena, lo siento. —Empuñé mis manos por sus palabras—. No quiero seguir aquí, no puedo seguir aquí. Estoy harta. Me aburro. No es lo mío estar estancada, me iré con los chicos, ellos me darán un puesto en su grupo. —Se afirmó a la cintura de Benjamín con ambos brazos ahora y soltó una carcajada—. ¿No es así, Ben?
—¡Y una mierda! —chillé—. Tú perteneces con nosotros.
—Yo no pertenezco a nadie, B, que te quede malditamente claro eso. —Ella miró por sobre su hombro hacia nosotros—. Y definitivamente no pertenezco aquí. Fue… agradable tener una familia por tantos años, pero ya es hora de emanciparme.
Ella estaba siendo absurda.
¿Escuchaba siquiera la jodida basura que salía de su boca?
Ben hizo rugir el motor de la motocicleta una vez más, como si estuviera apurándonos.
Él volvía a hacer esa mierda y yo rompería su culo.
—No puedo creer que estés haciendo esto por un chico. —Entorné los ojos, resignada.
—No es solo un chico, es… —Frunció los labios y desvió la mirada.
—Bueno, Tink, que tengas un buen viaje, nena. —Le sonreí a su incrédulo rostro—. Si crees que esto es lo mejor, no tengo nada más que decir. Si piensas que yéndote tus problemas se solucionarán y ese… —apunté a su pecho, justo donde estaba su corazón—, dejará de sentir, hazlo. Sigue descubriendo el mundo, explora, diviértete…
—Espera, espera, alto ahí, B. ¿No estás enojada? —Ladeó la cabeza y se quitó el casco lentamente. Casi sonreí al ver su ceño fruncido—. ¿Qué clase de puta amiga eres? ¡Te estoy diciendo que me voy vaya a saber Dios a dónde putas y tú me apoyas en esta maldita locura!
—Te fuiste con nosotros cuando apenas nos conocimos. —Me encogí de hombros—. ¿Qué tiene esto de distinto?
Alice mordió su labio inferior.
Ahí estaba lo que quería ver.
Ella tenía miedo, estaba malditamente aterrada por lo que estaba haciendo. Se bajó de la motocicleta y caminó hacia nosotros, casi se cayó de bruces contra el suelo cuando uno de sus bototos se resbaló en el pavimento, el cual estaba cubierto de una pequeña capa de hielo. Los tres reímos por eso. Tink se detuvo frente a nosotros y retorció sus manos nerviosamente. Cuando se ponía así recordaba sus apenas veintidós años, recordaba que ella siempre sería la niña del grupo sin importar qué.
Me tomó por sorpresa cuando lanzó su cuerpo contra el mío y me apretujó entre sus brazos.
—Nunca voy a olvidarte —murmuró en un bajo volumen de voz junto a mi oído. Ella vio a Grizz, que estaba de pie junto a mí, por sobre mi hombro y sonrió con tristeza—. Nunca los olvidaré, a ninguno de los dos. Siempre seremos hermanos, ¿me están escuchando, cabrones? Siempre lo seremos, mis mosqueteros.
Cuando se separó de mí pude ver como sus azules ojos estaban anegados en lágrimas. Ella abrazó a Emmett con la misma efusividad, el grandulón la levantó entre sus brazos y dejó un sonoro beso sobre su frente, luego acomodó la gorra de lana sobre su cabeza y le guiñó un ojo. Tink nos observó fijamente y soltó una pequeña carajada cargada de nostalgia. Ella lloraba libremente, sin miedo a mostrar sus emociones.
Puede que mi estado sea algo similar.
—Vamos, marica, no vengas a llorar ahora —reí, tragando el nudo que se había formado en mi garganta.
Yo no iba a llorar.
Nosotros volveríamos a vernos, ¿no? Esto era un hasta pronto seguro.
—Ve, nena, encuéntrate a ti misma, encuentra tu lugar de pertenencia. —Emmett alzó su mano y acarició la mejilla de Alice justo cuando una lágrima caía—. Y si no lo haces, y si ninguno de los lugares que conozcas te llena… Bueno, joder, recuerda que aquí siempre estará tu familia.
—Uno para todos….
—Y todos para uno —murmuramos Grizz y yo siguiendo la frase de Tink.
Fue extraño ver la motocicleta partir tras el auto que manejaba Amun.
Fue extraño ver que Tink iba montada en ella sin nosotros a su lado.
Grizz y yo suspiramos al ver los automóviles alejarse por la carretera. Dimos media vuelta para seguir con nuestras vidas sin Tink a nuestro lado. Se sentía extraño. Creo que ya la extrañaba un poco. Me preguntaba internamente qué iba a hacer Cobain cuando supiera la impulsiva decisión que la mocosa había tomado. Tenía tantas preguntas en mi cabeza, tantas preguntas como ganas de seguirla y traerla obligada junto a nosotros, pues, porque sí, diablos. Grizz iba en completo silencio junto a mí, su ceño estaba fruncido y él murmuraba cosas bajo su aliento de vez en cuando. Ambos íbamos tan metidos en nuestros pensamientos que no nos dimos cuenta del caos que se había provocado hasta que los chirridos de unas llantas contra el pavimento llamaron abruptamente nuestra atención. Se escuchó un golpe sordo, el chocar de dos objetos entre sí. Y luego la noche nevada volvió a su inusual silencio.
Nada, solo un manto blanco que lo cubría todo y el maldito silencio.
Mi corazón comenzó a latir a mil por hora.
—Oh, mierda… ¡Tink!
¿Cuándo carajos nos habíamos convertido en la telenovela de las dos?
(1) El amaretto o apricot es un licor en el que se combinan el dulzor de los huesos de albaricoque con el amargo de las almendras los cuales están acompañados por alcohol puro, azúcar caramelizado y la esencia de diecisiete plantas y frutas aromáticas entre las que destaca de forma especial la vainilla, aunque tiene también melocotón (durazno) y cereza.
(2) Es un plato origen chino que literalmente significa "trozos mezclados". Usualmente consiste en carnes (puede ser pollo, ternera, camarón o cerdo), cocinado rápidamente en un wok con verduras como apio, pimientos, judías verdes, entre otros. Normalmente se acompaña con arroz cocido al vapor.
¡Buenas tardes!
Finalmente luego de eones.
Después que el adelanto que fue hace como mil años y que las llenara de manipulaciones en el grupo como siempre XD aquí les tengo el capítulo. ¡Gracias a Sara por el beteo! :3 Sin ella habría puros errores aquí, tengo un problema con escribir "peor" en vez de "pero" siempre, una espina en el trasero eso hahaha. Bien, sé que las hice esperar, y creo que el capítulo está ahí no más así que como que ni siquiera vale la pena XDDDD Pero las dejaré juzgar a ustedes. Como siempre, espero les haya gustado el capítulo. No crean todo lo que lean eh, hahaha, probablemente tendrán cara de "qué carajos estaba pensando Marina con ese final del orto" bueno, les digo nuevamente, no crean todo lo que leen bwahahaha. Sé que vi aquí dio a mostrar algo sobre la trifulca de este trío (Jasper, Alice y María) pero esto va más allá de eso y en el próximo capítulo se sabrá. Más que odiar a María, creo que podríamos decir que Tink siente envidia. Pero es todo el spoiler que les daré, ya tendrán que esperar para saber el porqué hehehe. Y creo que eso es todo por hoy folks, responderé algunas preguntillas que me hicieron en los rr, ¡las que no respondo es porque espero que con este capítulo hayan sido, eh, respondidas XD! Duhkka aquí sale un poco el porqué Alice actuó de esa manera con María, pero no todo está dicho, puede que tengas algo de razón en tus conjeturas ;) Shar0n él no lo planeo hahaha, pero estaba al tanto de la "despedida" que los amigos de B querían hacerle. Lady Andy Pao wahahahaha muchas han sacado esa conclusión sobre la doctorcilla que apareció aquí a darle celos a mi nena, pero ya veremos si están bien en algunos capítulos mas adelante, puede que sí o puede que no, quien sabe hehehe. Solecito Pucheta bueno, aun no ponen fecha hahaha, pero no se demoraran tanto, aunque tampoco será tan rápido. Algo intermedio (?) :3
¡Nos estamos leyendo! Ya sea en el grupo de facebook o por aquí en una próxima actualización.
¡Muchas gracias a todas por sus reviews, alertas y favoritos como siempre! Y por todo el apoyo que me brindan en cada locura que subo :3
Lamb~
