Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward


¡Nuevamente miles de gracias a Sarai GN (a.k.a. LBM), Beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction), por ser un sol y ayudarme con el beteo!


Capítulo 29: Me lo has enseñado todo.


Drain you – Nirvana.


—¡Joder! Me siento completamente humillada.

Reí y pateé suavemente su costado con la punta de mi pie.

—Acabas de hacer el mejor y más grande espectáculo de tu vida, Tink.Grizz apoyó su brazo sobre mi hombro y sonrió con diversión—. Ahora, enana, ¿podemos, por favor, volver a casa? —Alice bufó estirada en el suelo donde se encontraba—. Hace un frío de mierda y no siento mis bolas.

—Mierda. —Tink suspiró—. ¡Mierda!

—Creo que nunca te haré olvidar esta, diablos, fue malditamente gracioso.

La nieve seguía cayendo.

El ruido molesto que había llegado a nosotros habían sido ellos, claramente. Por un momento me imaginé lo peor, una colisión de forma masiva, algo como en las películas donde alguien quedaba en coma o perdía la memoria, ya saben, para poner algo de emoción al asunto. Pero cuando nos acercamos a la carretera rápidamente con Grizz, solo era Tink. Ella y Ben se habían caído de culo de la motocicleta ya que al partir las llantas se resbalaron en el asfalto cubierto de hielo. Así que ahí estaba Tink, tirada sobre el cemento cubierto de una fina capa de hielo con la vista fija en el cielo, Ben tratando de poner su trasero en pie y la motocicleta a unos cuantos pies de distancia. Amun había parado el auto también, caminaba hacia nosotros sin saber qué diablos pasaba.

—¿Qué carajos pasó aquí?

Amun observaba la escena frente a sus ojos con ambas cejas alzadas.

—Bueno, el idiota aquí claramente no sabe conducir una maldita motocicleta. —Tink cerró sus ojos y habló una vez más—. ¡Más te vale no haberle hecho daño a mi bebé o pagarás las consecuencias, Benjamin! —Ella seguía con el casco puesto y parecía que no tenía intención de levantarse.

—Chica, realmente debemos partir, ¿vendrás o no?

Ben observaba a Tink con la disculpa marcada en el rostro.

—Ella no irá a ninguna parte, Ben. —Palmeé su hombro y caminé hacia Alice—. Ve con Amun en el carro, Tink se queda con nosotros. —Me acuclillé frente a ella y estiré mi mano, sonriente—. Vamos, nena, vámonos a casa. —Alice suspiró y tomó mi mano lentamente.

La ayudé a ponerse de pie, creo que la idiota aún seguía un tanto mareada.

—Puto hielo —murmuró, pateando el suelo—, puta nieve, puto día, ¡era la despedida perfecta! ¡Este clima de mierda me arruinó todo! —chilló, apoyando su cuerpo ligeramente en mí—. ¿Ahora cómo los miraré a la cara? ¡Me puse toda marica con los sentimientos y esas cosas!

—Oh, guarda silencio, joder.

—Que conste que siempre fue la borrachera hablando.

Emmett y yo nos miramos, soltando unas pequeñas risitas.

—Lo que digas, Tink, lo que digas.

Grizz, cabrón, hablo en serio. Todos saben que fue la borrachera hablando. —Entornamos nuestros ojos por sus palabras—. ¿Podrías decirme los daños de mi bebé? —Emmett llevaba la motocicleta a su costado, le dio unos suaves golpecitos y sonrió.

—Solo uno que otro rasguño a la carrocería, nada que Lobo no pueda arreglar.

Tink gimió bajito.

—¡Tú! —apuntó a Ben—. ¡Tú rayaste a mi bebé! ¡Pagarás las consecuencias!

Hadita, no fue mi culpa, yo no…

—¡Y una mierda! —gritó mi loca amiga—, ¡tendrías que haberte tirado bajo ella para recibir el impacto! ¡La motocicleta siempre está primero! —No pude evitar soltar una carcajada por el rostro desencajado de Ben al escuchar las palabras de Alice.

Ella prácticamente le había dicho que debía haberse matado antes que rayar su moto.

—Chicos, fue un gusto tenerlos por nuestros dominios. —Grizz y yo les sonreímos a Amun y Ben—. ¡Que tengan un buen viaje, y cuidado con esas llantas! —Ellos se despidieron agitando sus manos, Tink levantó su dedo medio amorosamente a Ben, quien le lanzó un beso por el aire.

Cuando se montaron al auto, se perdieron a lo largo de la carretera minutos después.

Las luces rojas traseras del carro desaparecieron luego de un tiempo.

—Ahora que el golpe despejó tu cabeza dura y la idea de irte como una puta cobarde se ha ido de tu mente… —enfaticé, ella abrió la boca para replicar mis palabras, pero se lo impedí—, ¿te importaría si nos vamos a casa? Minino debe estar malditamente preocupado y, oh, Charlie te dará una zurra por esto, te advierto.

Una siniestra sonrisilla apareció en los labios de Tink.

—Así que… ¿Charlie quiere zurrarme?

—¡No de esa manera, joder!

—Porque él puede hacerlo cuando quiera, mi culo está listo para recibirlo.

—Vale, vale, no era necesario que nos dijeras esas cosas. —Grizz rio sonoramente—. Aunque pagaría por ver la cara del viejo cuando le digas que tu trasero tiene su nombre, eh.

—Solo… ¿podemos ir a casa? —pregunté, observando a mis camaradas.

—Uh… ¿a qué casa exactamente? —Tink se apoyó también al costado de Emmett, nosotros estábamos prácticamente arrastrando su borracho cuerpo. Ella frunció el ceño y luego me apuntó acusadoramente con el dedo índice—. ¡Tú, perra!… Ahora que lo recuerdo, tú también lloraste un poco.

—Vete a la mierda.

Siempre digna negando todo hasta la muerte, amigos.

Arrastramos a Tink hasta la van, donde tiramos su cuerpo como un bulto en la parte trasera de ésta. Ella ni siquiera se inmutó, la muy borracha se quedó tirada ahí cual saco de papas. Grizz y yo la observamos con diversión cuando se acurrucó como un cerdito de tierra enroscando su cuerpo en una bolita. Ella era jodidamente graciosa cuando estaba en ese estado de semi lucidez. Montamos a la van y nos dirigimos a casa. A mi casa. Mientras Emmett conducía llamé a papá para darle las buenas noticias de que el culo de Alice estaba a salvo. Él suspiró aliviado y me dijo algo sobre regañar a su hadita de su parte. Yo no iba a hacerlo, claramente, ella podía pedirme que la zurrara como papá había mencionado.

Y no, joder, yo ya había pasado por esa etapa con ella.

—No encuentro las llaves, demonios.

—¿Por qué no le hablas al gatito para que mueva su culo y abra la puerta?

Habíamos llegado a casa Cullen a eso de la medianoche.

Grizz y yo dejamos a Tink sentada en la escalera que daba al pórtico de la casa. Comencé a rebuscar el manojo de llaves entre mis bolsillos pero no había nada, una melodía bastante brusca nos sacó de la tranquilidad en la que estábamos. A quién demonios engaño, Alice no dejaba de rezongar entre dientes y malditamente agradecí que el celular de Emmett decidiera sonar en ese momento.

¿Emmett?

—¡Estás en altavoz, nena! —Grizz sostenía el teléfono con una de sus manos mientras que con la otra me ayudaba a buscar las llaves en los bolsillos de mi chaqueta, ¡tenía miles! Rosalie carraspeó al otro lado de la línea, como si estuviera dudando de hablar o no.

Uh, yo… ¿Isabella está ahí?

—Para tu desgracia —murmuré, sonriendo de lado.

—¡También estoy yo por si te interesa, rubia! —gritó Tink como la loca que era.

Emmett, ¿podríamos hablar en privado?

—Ángel —Grizz resopló y gruñó al no encontrar las llaves—, ahora mismo estamos en algo, ¿sabes? —Su ceño se frunció y le entregó el celular a Alice mientras me entregaba la chaqueta a mí—. Tengo mis manos ocupadas en B.

Oh, eso se escuchó como la mierda.

Tienes… ¿T-Tienes tus manos ocupadas en Isabella?

—Uh-huh —murmuró el muy idiota—. ¡Ya sé! En la camioneta, nena —me apuntó con su dedo, y me indicó la camioneta—, ¿en el espacio trasero o donde están los asientos? Tú eliges, B.

Mordí mi labio inferior para no reír.

Rosalie probablemente estaba jalándose los pelos justo ahora.

¿E-Emmett?

—¿Sí, ángel?

Eres… ¡Eres un grandísimo idiota! —Y ella cortó la comunicación, dejando a mi grandote jodidamente confundido. Tink y yo no pudimos evitarlo y nos largamos a reír a pie suelto. Tuve que agarrar mi barriga de tanto que dolía por las carcajadas que salían desde mi interior.

—¿Qué carajos hice ahora?

—¿Tengo mis manos ocupadas en B? —pregunté con burla, arqueando una ceja—. ¿En el espacio trasero o en los asientos? —Él negó con su cabeza sin entenderlo aún—. Bueno, para la follada mental que se está imaginando Rosalie entre tú y yo en estos momentos, elijo el espacio trasero… aunque los asientos tienen su encanto, guapo. —Le guiñé un ojo con actuada coquetería y él se puso blanco.

Tan malditamente blanco como la nieve que seguía jodiendo mis ovarios.

—Oh, mierda

Sip, mierda.

—¿Crees que ella…?

Su pregunta fue interrumpida por la puerta de entrada de mi hogar siendo abierta de dos en dos estrepitosamente. Edward estaba de pie ahí, observándonos con confusión, su cabello estaba desarreglado y sostenía el teléfono inalámbrico de casa en su mano derecha. Frunció los labios y luego se cruzó de brazos lentamente, la camisa tensándose sobre sus bíceps. Diablos. Me gustaba como se veía eso.

—¿Sucede algo, Minino?

Él comenzó a negar con la cabeza y a mover la boca sin articular palabra alguna.

—Eh, B, nena… —Emmett acomodó su gorra de lana sobre su cabeza y suspiró con frustración—. Ahora que todo está bajo control con la Novia Fugitiva (1) aquí, ¿puedo ir a explicarle a mi ángel que solo quiero follar con ella ahora?

Reí y palmeé su hombro dándole fuerzas.

—Ve por ella, Romeo.

—¡Recuerda no hacer más bebés, Grizz! —le gritó Tink, meneando su mano en el aire cuando éste se montó a la van y partió rumbo a su embarazada e histérica mujer. Alice suspiró y se estiró en el pórtico, quedando recostada a los pies de Edward, quien la observó con curiosidad. Ella le sonrió—. ¿Sabes, B?—habló sin mirarme, sus ojos fijos sobre mi hombre—, yo hubiera elegido el capó.

Solté una enorme carcajada y caminé hacia ella.

—Claro que lo hubieras hecho, bebé. —Minino me observó con sus ojos verdes completamente nublados por la ignorancia de lo que hablábamos. Entorné los ojos y besé su mejilla—. ¿Crees que podamos darle asilo a esta borracha que está aquí? —apunté a Tink, que estaba a nuestros pies aún.

—Hola —murmuró ella, cerrando sus ojos y sonriendo.

Minino le sonrió con dulzura.

—Hola, Alice, nos diste un buen susto. —Él se acuclilló frente a ella y corrió su flequillo delicadamente. La sonrisa en el rostro de Tink se borró pausadamente, sus ojos comenzaron a aguarse. Seh, definitivamente la dulzura de Edward solía tener ese efecto—. Siempre serás bienvenida en nuestra casa.

Ella suspiró y carraspeó, tratando de parecer una chica dura.

—¿No quieres dejar a B y escaparte conmigo?

Edward rio encantado con sus palabras y yo puede que la haya pateado un poco.

Entre ambos la ayudamos a ponerse de pie y caminar hacia el segundo piso. La casa de Minino era bastante espaciosa, aparte de nuestra habitación y la de Grace, tenía las otras dos de huéspedes en la planta de arriba. Una de esas era la que usaríamos para transformarla en la habitación de Floyd, la otra era una versión más pequeña, con una cama de una plaza empotrada a una de las paredes. Ahí fue donde dejamos a Alice. Se me hacía gracioso lo preocupado que Edward parecía, cómo la ayudó a arroparse y luego dejó un beso sobre su frente. Era como si se tratara de Grace.

—Basta de arrumacos, ella ya es una chica grande.

—No te pongas celosa, mujer. —Tink sonrió y se cubrió aún más con el edredón—. Pero tiene razón, gatito, yo podría acostumbrarme a estas atenciones y no salir nunca más de esta casa.

—Ni lo sueñes, te sacaría a patadas.

—Dulces sueños, Alice. —Él apagó la luz antes de cerrar la puerta de la habitación.

¡Serán dulces si son contigo!

Mi chico se coloreó de un tenue rosa por el grito de Tink.

—Eso es tu culpa por darle tanta confianza, así que no me mires con esos ojos de cordero degollado, porque el día en el que ella te salte encima yo no voy a ayudarte… —Fruncí el ceño y volví a hablar—. Probablemente le saque la mierda de encima, pero no voy a ayudarte, que quede claro.

—Ella no va a hacer eso… —Seguí caminando a lo largo del pasillo, ignorando sus palabras—. ¿Bella?... Ella no va a hacerlo, ¿no?

Tink va a… ¿Qué carajos es todo esto?

No podía creer lo que mis ojos veían.

Digo, ¿en qué maldito momento él lo había hecho?

La habitación que habíamos destinado para Floyd tenía la puerta entreabierta, por un desliz de la vida yo le había dado un pequeño vistazo mientras caminaba hacia la escalera. Y vaya sorpresa… Las cosas que estaban allí estaban cubiertas con periódico, la cama no existía, señores, nada de cama ahí. Había unos cuantos botes de pintura y bolsas por doquier, bolsas que supongo tenían cosas dentro. Me giré en cámara lenta hacia Minino, quien estaba todo avergonzado parado tras de mí.

—Iba a decírtelo —dudó, rascando su nuca y desviando la mirada—, uh, yo… ¿recuerdas que lo mencioné hoy? Bueno, puede que lo haya pensado desde antes… Y como no ocupábamos esa habitación, me tomé las molestias… Pensé en decírtelo antes de hoy, pero yo… No lo sé…

—¿Ya tenías todo planeado? —Asintió, su rostro apenado. Sonreí y abrí la puerta de la habitación—. ¿Cómo sabes que le gusta el verde? —pregunté al ver los botes de pintura que estaban allí. Edward se acercó a mí lentamente, se encogió de hombros y sus ojos brillaron de una hermosa manera.

—Es mi hijo, ¿no?

Si alguien decía que la perfección no existía, era porque no conocía a mi Edward Cullen.

Tomé una brocha que estaba junto a los tarros de pintura y me giré sonriente hacia él.

—Entonces, ¿qué diablos estamos esperando?

—¿Estás hablando en serio?

—Si queremos que sea un regalo de Navidad, tendremos que apurarnos en esto, ¿no?

Minino pestañeó repetidas veces un tanto aturdido.

—Uh, yo, claro, ¡claro! —Una preciosa sonrisa apareció en su rostro—. Iré a buscar ropa adecuada para ambos, ¿sí? ¡Espérame aquí! —Parecía un niño pequeño con todo esto. Reí cuando dejó la habitación en una exhalación.

Al cabo de un rato volvió vistiendo una playera blanca con cuello en V completamente roñosa y unos pantalones holgados de buzo de color gris. Incluso con esa andrajosa vestimente se veía jodidamente apetitoso. Me tendió las mismas prendas, eran suyos, por ende, todo me quedaría estúpidamente grande. Tomé la playera y le entregué los pantalones de vuelta.

—No necesitaré esos. —Le guiñé un ojo y comencé a desvestirme bajo su atenta mirada.

Cuando estuve solo en mi ropa interior podía sentir la intensidad de su vista sobre todo mi cuerpo, no ayudaba mucho tampoco su cercanía. Desordenó su cabello y me dio una oscura mirada que me encendió como la puta madre. Pero B, nena, debes enfocarte. La habitación de Floyd. Ese era el asunto ahora. Estaba por ponerme la playera cuando una de sus manos se posó sobre mi cadera sorpresivamente. Mi piel se erizó por el contraste de temperatura, tenía las manos malditamente frías. Me jaló hacia su cuerpo y dejó un pequeño beso sobre mis labios.

—¿Amor? —murmuró contra mis labios, haciendo deliciosos círculos con su pulgar sobre mi piel.

—¿Qué es lo que pasa ahora, gatito?

Él me miró por debajo de sus pestañas y lamió su labio inferior.

Es que…

Dios..

¿Sabía lo que esa mierda le hacía a mi cuerpo?

—Estaba pensando… —su voz era baja y ronca, comenzó a seguir las figuras en mi brazo derecho con uno de sus dedos, lentamente, una suave caricia que me ponía los vellos de punta—. El otro día estaba buscando —comenzó, sus mejillas se tornaron de rosa nuevamente. Era mágico ver cómo de un momento a otro pasaba de un caliente hombre a un pequeño niño—, uh, bueno, yo puede que haya estado viendo las argollas de matrimonio…

—¿Sí? —Reí suavemente y pegué mi torso aún más al suyo—. ¿Y qué fue lo que viste?

—Algo realmente interesante. —Frunció el ceño levemente y le dio un suave apretón a mi cadera—. Hay parejas que, en vez de llevar una alianza física en sus dedos, se la tatúan. —Arqueé una de mis cejas completamente interesada en sus palabras—. Y ya que a ti te encantan estas cosas… ¿no crees que sería lo mejor para cuando nuestro día llegara?

Minino… ¿quieres hacerte un tatuaje?

Titubeó, pero luego asintió levemente.

—Sí, lo quiero. —Iba a hiperventilar aquí mismo—. Pero me gustaría obtener uno antes de hacer el nuestro.

—Espera, espera… ¡esta es demasiada información! ¿Quieres hacerte un tatuaje antes de hacernos las argollas? —Volvió a asentir tímidamente. Mi sonrisa no podía ser más grande—. ¿Estás seguro de eso? Yo no quiero que lo hagas porque a mí me gusta, joder, sé lo caliente que serías con uno de ellos… Digo, ya lo eres, amor, pero te verías malditamente hermoso y… ¿Estás seguro que es lo que quieres?

—Sí, —su respuesta fue más concisa esta vez—, estoy completamente seguro. Un tatuaje es para toda la vida, ¿no?

—Claramente.

—Quiero hacerme algo que simbolice nuestra familia, quiero llevarlos en mí por toda la vida, incluso después de la muerte. Yo… Isabella —sonrió y acarició mi mejilla con suavidad—, te amo a ti y a nuestros niños, y lo he pensado bastante. Quiero hacerlo y me gustaría que tú lo hicieras.

—La idea de las argollas matrimoniales es genial, bebé. —Besé sus labios—. Y claro que lo haré, demonios, ¡he estado esperando este día desde que tengo memoria! —Volví a besar sus labios una vez más—. No sé qué carajos habré hecho en mi otra vida para merecerte, pero me vale mierda.

Su risa fue deliciosa, ronca y tan malditamente viril.

—Ahora ponte eso o nunca acabaremos aquí. —Me guiñó un ojo y me ayudó a ponerme la playera. Me llegaba a la mitad de los muslos. Él suspiró y negó con su cabeza—. ¿En serio no quieres ponerte estos pantalones? —Negué infantilmente con la cabeza—. ¿Por favor?

—Un poco de piel no te hará daño, y mantén lejos tus manos, tenemos trabajo que hacer aquí.

Ambos tomamos unas brochas y comenzamos a trabajar.

Antes de comenzar a pintar puse mi celular sobre uno de los muebles cubiertos de plástico y le di al reproductor. Cerré mis ojos y sonreí al escuchar la suave melodía de Wish You Were Here de Pink Floyd. Comenzamos a pintar en silencio, solo con la música de fondo. Vi a Minino mirarme más de una vez cuando comencé a cantar en voz baja algunas de las canciones que se reproducían. Era bastante entrada la noche ya, estuvimos pintando y bromeando entre nosotros, cuidando de no pintar los muebles aun y cuando estos estuvieran cubiertos. De vez en cuando le daba una miradita de soslayo a Edward, él brillaba, nunca lo había visto así de feliz en su vida, en serio, la sonrisa nunca se borró de sus labios y cada vez que se cruzaba conmigo dejaba tiernos besos sobre mi rostro o simplemente me rozaba con su mano.

Terminamos por la madrugada.

Ambos nos juntamos en el centro de la habitación a ver nuestro trabajo.

Suspiré malditamente orgullosa por lo que habíamos hecho.

Pero la sonrisa no duró mucho en mi rostro.

—¿Qué demonios?... ¡Edward!

Rio y me dio una inocentona mirada, escondiendo la brocha que había utilizado para pintar mi mejilla tras su espalda. No sé qué habrá visto en mi rostro, pero, joder, ¡la maldita venganza llegaría! Empecé a perseguirlo por toda la habitación con la brocha en el aire, embarré su nariz de pintura verde y comencé a reír. Edward la arrugó, viéndose jodidamente adorable y gracioso.

—Va a pagar por esto, futura señora Cullen.

—¡Y una mierda! ¡Tú fuiste quien empezó!

Comencé a retroceder lentamente cuando él avanzó a mí de manera amenazadora.

—Es un alivio que cubrí el piso con periódico, ¿no crees? —Sonrió torcidamente y yo me congelé, literal, cuando tomó un bote de pintura entre sus manos. Oh, él no iba a hacer esa mierda, ¿no? Lo apunté con la brocha y puse mi cara de "atrás, bonito, tengo un arma entre mis manos y no dudaré en usarla".

¿Intimidarlo? Infiernos, no.

Minino enrolló su brazo libre en torno a mi cintura con rapidez y me dejó sobre el suelo. Estuve a punto de chillar, pero el muy cabrón cubrió mi boca a la vez que vertía la pintura en mí. Oh, yo no podía creer que realmente lo había hecho. ¡Él sí lo había hecho! Lo miré con incredulidad por una eternidad en la que él reía sujetando su panza, sentado sobre el suelo junto a mí. Inflé mis mejillas y me lancé contra su cuerpo, manchándolo de pintura al igual. Me subí a horcajadas sobre su regazo y apresé sus brazos por sobre su cabeza. Sonreí. Lenta y perversamente. El ambiente se puso denso en torno a nosotros. Oh, tensión sexual, señoras y señores. Él había dejado de reír. Tragó saliva, su pecho subía y bajaba con rapidez. Acerqué mi rostro al suyo, nuestras verdes narices rozándose.

—Estás en malditos problemas.

—¿N-No crees que estamos a mano? —murmuró tembloroso. Negué con lentitud y mordí mi labio inferior. Edward siguió el movimiento de mi boca y volvió a tragar—. ¿Sirve de algo si te digo que te ves adorable de color verde? —Reí y besé sus labios pausadamente.

—Dime, ¿por qué saliste de casa luciendo tan desastroso y con el teléfono en la mano?

Sus mejillas se tornaron aún más rojas si era eso posible.

—Yo… B-Bueno… Rosalie…

—Oh, Rosalie, ¿qué fue lo que ella dijo? —Se encogió de hombros y desvió la mirada—. Escúchame, Minino —dije, dejando un beso sobre su cuello y luego volví a sus ojos—, haremos las cosas como yo digo, ¿sí? —Asintió con temor. Afirmé sus muñecas por sobre su cabeza con una de mis manos, sabía que él podía zafarse del agarre en cualquier momento, pero era muy caballero para hacerlo—. Bien, responde.

—Ella…

Minino… —Delineé la longitud de su cuello con la punta de mi nariz para luego dejar un suave mordisco sobre aquel punto en el que sentía cómo su corazón palpitaba erráticamente dentro de su pecho—. Solo quiero saber qué fue lo que la bruja te dijo.

—Ella dijo que tú y Emmett estaban en algo.

—Y le creíste.

—No… no lo hice, pero ella estaba llorando y no sabía… —su voz se cortó a mitad de frase—. Solo quería ver porqué estaba causando tanto alboroto, algo debía haber pasado para que su reacción fuera así.

—Vale, eso era todo lo que necesitaba saber. Tu prima es una perra chismosa. —Abrió la boca pero le impedí hablar cuando puse mi dedo índice sobre sus labios—. Shh, bebé, yo estoy hablando. Ahora… ¿en qué estábamos? —Nos miré a ambos, apuntando lo verde que estábamos—. Eso. Nos daremos una ducha para limpiarnos, ahora.

—E-Está bien.

—Bien. —Acaricié su mejilla con mi mano libre, delineando su mandíbula con mi dedo índice. Tomé su barbilla firmemente entre mis dedos, con más fuerza de la habitual—. Porque luego vas a follarme. —Abrió su boca y luego la cerró, arrepintiéndose de hablar. Repitió ese gesto hasta que las palabras finalmente abandonaron su garganta.

—¿L-Lo haré?

Sonreí lentamente sin dejar de acariciar su mandíbula.

—Uh-huh —asentí, acreditando mis palabras. Él volvió a tragar saliva y asintió una vez más. Posé mi mano sobre su pecho y empuñé la playera en ella. Besé sus labios con fiereza, reteniendo su labio inferior entre mis dientes y dándole un suave mordisco que lo hizo gemir—. Vas a follarme en la ducha contra la puta pared. —Pestañeó repetidas veces—. ¿Quedó claro, gatito?

—C-Como el agua.

—Y va a gustarte. —Lo solté y me puse sobre mis pies rápidamente.

Él seguía estirado en el suelo sin poder reaccionar.

—¿Va a gustarme? —carraspeó, mirándome fijamente. Yo ya estaba en la puerta del cuarto de baño. Me quité la playera y la lancé al suelo. Reí cuando Edward se alzó en sus codos para verme mejor. Jugué con él, quitándome el sujetador y lanzándolo a sus pies.

—Oh, cariño, va a encantarte.

Abrí la llave de la ducha para regular el agua.

Demonios, apenas estuve bajo el chorro de agua, Minino estuvo tras de mí.

Una diminuta sonrisa tiró de las comisuras de mis labios cuando sentí sus grandes y firmes manos tomarme desde la cintura. Ni siquiera me giré a verlo por sobre el hombro. Sentía todo su cuerpo pegado al mío, en majestad y gloria, tan desnudo como mamá Esme lo había traído al mundo. Vamos, que no era la única entusiasmada con esto. Él dejó un beso sobre mi hombro y jaló mis caderas bruscamente hacia las suyas. Solté un bajo gemido de apreciación cuando su hombría golpeó de lleno con mi parte trasera. Sus dedos se anclaron a mi piel, y su boca, oh, su maldita boca estaba perturbando mi ser al estar tan cerca de mi oído.

¡Vamos, cariño!

Yo estaba esperando que el león hiciera acto de presencia.

—Date la vuelta.

Nope.

—Isabella —mi nombre salió como un ronco ronroneo desde sus labios—, date la vuelta.

—¿Por qué no te metes tus órdenes por…?

Un suspiro ahogado abandonó mis labios cuando él me giró rápidamente con sus manos y me pegó a la pared de la ducha. Mi espalda dio con el frío de ésta, ahora fue él quien apresó mis muñecas por encima de mi cabeza. Abrí mis ojos con asombro por su osadía, más aún al ver la mueca de satisfacción y complacimiento en su hermoso rostro. Oh, oh. Finalmente había despertado al rey de la selva. Él se veía demasiado maravilloso para su propio bien bajo el chorro de agua. Su cabello estaba más oscuro al estar húmedo, se pegaba a su frente, haciendo que las gotas de agua rodaran por todo su rostro. El agua. Maldita agua que corría por su cuerpo sin pudor alguno. ¡Quién fuera agua, diablos! Lamí mi labio inferior cuando bajé la mirada por todo su cuerpo, siguiendo las coquetas gotas que se perdían en la mejor parte de su anatomía. Edward acercó su rostro al mío y chasqueó su lengua, haciendo que volviera mi atención a él. Ah, fue un gesto tan malditamente caliente que mis piernas estuvieron a punto de ceder. Cerré los ojos cuando sus labios se acercaron a los míos. Esperé el jodido beso con ansias, pero nada pasó. Escuché su suave risa amortiguada por el caer del agua, abrí los ojos para ver cómo él había jugado conmigo, sus labios dirigiéndose a mi oído.

Exhaló suavemente y luego habló, lento y conciso.

—Isabella… —Mordí mi labio inferior cuando tomó el lóbulo de mi oreja entre sus labios—. ¿Sabes qué?

Sus manos dejaron mis muñecas en libertad solo para anclarse a mis nalgas.

En un rápido movimiento me alzó entre sus brazos, mis piernas rodeando su cintura rápidamente.

—Oh, joder… ¿Q-Qué? —gemí audiblemente cuando se adentró en mí de una fuerte estocada.

Esto va a encantarte.

Él estaba tan jodidamente en lo cierto.

Desperté cuando los rayos del sol dieron de lleno con mi rostro.

Sí, aunque parezca imposible.

Rayos-de-sol.

Me estiré sobre la cama, arqueando mi cuerpo en el proceso. Solté un suave gemido al sentir mis músculos resentidos por la movida noche anterior. Minino había tenido razón, lo había disfrutado como nunca. Él podía ser bastante salvaje cuando se lo proponía, yo probablemente tenía alguno que otro cardenal en mi espalda por la mega follada que nos dimos ayer. Prácticamente me azotó duro contra la pared y yo lo había disfrutado como la puta madre. Suspiré y rodé sobre mi costado para mirarlo. Aún dormía plácidamente, su cabello enmarañado, el suave rubor que cubría sus mejillas.

Ah, y pensar que esta cosita se había vuelto un fornicador salvaje en la madrugada.

—¿Cuánto llevas mirándome? —preguntó, su voz pastosa por el sueño.

—Solo unos minutos. —Alcé una de mis manos y comencé a acariciar tras su oreja. Se revolvió bajo mi toque y sonrió, un pequeño ronroneo brotando desde su pecho—. Mírate, eres mi pequeño gatito. Me encanta cuando haces eso.

—¿Crees que Alice todavía está durmiendo?

—No lo creo, lo sé...

Unos suaves golpecitos en la puerta de nuestra habitación nos hicieron desviar la atención.

Me levanté de la cama, dándole a Edward una playera y poniéndome una yo. El logo de The Doors estampado en mi pecho. Al abrir la puerta me encontré con Floyd y Grace quienes me miraban sonrientes, les hice una reverencia y me hice a un lado para dejarlos pasar a nuestros aposentos. Ellos entraron corriendo a la habitación y Minino los recibió con los brazos abiertos. Los renacuajos se lanzaron a la cama donde papá los esperaba sumamente feliz.

—¡Mañana ya es Navidad! —chilló Floyd, acostándose a la derecha de Edward.

—¡Será el nacimiento de Jesús! —Esa fue mi pequeña princesa, que estaba acostada a la izquierda de su padre.

Coloqué mis brazos en forma de jarra y los observé a los tres alzando una de mis cejas.

—¿Por qué diantres ninguno saludó a mamá? —Floyd y Grace soltaron pequeñas risitas nerviosas. Minino me observaba con diversión desde la comodidad de nuestra cama. Yo no le veía la gracia, ¡los mocosos prácticamente me habían ignorado!

—Porque quieren más a su papi, ¿es que no ves eso?

Miré por sobre el hombro a Tink que venía entrando a la habitación como si fuera la suya.

—¿Quién diablos te dio el permiso de entrar aquí?

—Yo —sonrió inocentemente, desordenando su ya enmarañada cabellera con una de sus manos.

Pasó junto a mí y le dio un palmazo a mi trasero antes de tirarse a la cama con mis chicos. No podía creer esta mierda. Mi amiga se estaba acomodando ahí como Pedro por su casa, cubriéndose bajo el edredón, junto a mi jodido hombre y a mis niños. Tink besó a Floyd en la cabeza y le guiñó un ojo a Minino, luego movió su mano en señal de saludo a la pequeña Grace que estaba a una distancia demasiado grande para ella, supongo.

—Ese es mi lugar, ¿sabes?

—El que va a la villa pierde su silla. —Se encogió de hombros. Giró su cabeza hacia Edward y le habló, en realidad ella le coqueteó descaradamente—. Yo también querría más a papi si fuera los niños, ¿sabes? Tienen buen gusto.

—Voy a acabar contigo.

—Inténtalo, nena, veremos quién gana.

Entorné mis ojos.

—Levanta tu trasero ahora, Tink. —Hizo un puchero que ignoré por completo—. Tengo que preparar la… popó de desayuno, y tú vas a ayudarme en eso.

—Nena, ¿sabes qué es peor que una persona que no sabe cocinar?

—¿Qué?

—Dos, obvio. —Rodó los ojos y giró sobre su costado, acurrucándose contra el cuerpecito de Floyd que rio cuando Tink picó sus costillas con el dedo—. Dile a mamá que deje de jodernos los ovarios, ¿sí? Ella es la mamá aquí, ella debe hacer esas cosas de la casa.

—Haré como que no escuché ese estúpido y machista comentario, Alice Brandon, ¡levanta tu culo en este instante!

Ugh, eres desagradable. ¿Al menos tienes una aspirina para esta pobre mujer con resaca?

—Abajo hay muchas de esas. —Apunté a mi familia—. Iré a preparar el desayuno. Los quiero a todos abajo cuando les llame, ¿está claro? —Minino colocó su mano en su frente como un saludo militar que los niños imitaron—. Bien, me gusta cuando nos entendemos… ¡Tink, andando!

Ella me siguió perezosamente por la escalera.

Todo el trabajo lo hice yo. Esto de cocinar ya no se me estaba dando tan mal, la práctica hace al maestro, y tenía un profesor bastante, bastante bueno. Preparé unas simples tostadas con mermelada y mantequilla de maní para los enanos, huevos revueltos para Minino y un café para Tink. Ella me observaba aburridamente sentada en la encimera, con su rostro descansando sobre sus manos. Dejé que el agua hirviera y me giré de brazos cruzados hacia ella. Nos miramos por un largo tiempo, ninguna dijo nada, oh, pero ella estaba bastante segura de que yo tenía muchas malditas preguntas que hacer.

—Vamos, dispara, no tengo todo el jodido día y ciertamente no quiero mirarte a la cara por más tiempo.

—Eso de escapar no es tu estilo, ¿sabes?

—Vale, lo sé, solo me asusté un poco. —Entornó sus ojos y resopló—. No puedes culparme por ello. Estoy enamorada de un idiota, ¿qué esperabas?, ¿que hiciera una puta fiesta? Me aterroricé y reaccioné como la jodida cobarde que soy.

—Uh-huh. —Me giré para apagar el agua y volví a posar mi vista en ella luego—. Diste un buen espectáculo frente a la tienda.

—No me recuerdes esa mierda —gimió, escondiendo su rostro entre las manos—, además esa puta estaba ahí.

—¿Vas a contarme alguna vez en tu puta vida por qué diablos tanta animosidad a esa tipa?

—Ella era hija de uno de los tipos que follaba con mamá Brandon, ¿vale? —Fruncí el ceño al escuchar esas palabras—. Fue uno de los que duró más con la vieja esa, él incluso se veía como un tipo decente. Yo no podía ver a María en este entonces, la odiaba… Supongo que siempre le tuve envidia a la perra.

—¿Envidia de qué, hermosa?

—Bueno, de que tuviera una mejor relación con la que se suponía era mi madre y de que su padre… —Tink suspiró con resignación y dejó caer su cabeza contra la superficie de la encimera—. La última vez que los vi, a María y a su padre, fue antes de ir a la casa en la que me encontraron ustedes.

Me quedé en silencio por un momento, sopesando sus palabras.

—Bebé, ¿fue ese cabrón quien…?

—Sí, sí. —Le restó importancia moviendo su mano en el aire—. Fue ese cabrón.

—Hijo de la gran puta que lo parió. —Empuñé mis manos sin poder contenerme—. ¿María…?

—No sé si lo sabe, tampoco me importa esa mierda. Esa es una de las razones de porqué la odio también, supongo. El jodido imbécil de su progenitor me hizo cosas por las que él hubiera matado a alguien si le sucedían a su nenita… Hombres, ¿quién demonios los entiende?

—Ella no tiene la culpa, lo sabes, ¿no?

—A alguien tengo que culpar, y esa puta está bien para mí. —Dejé el tema hasta ahí ya que no quería que ella recordara malos momentos de su vida. Sus ojos azules se posaron sobre los míos—. ¿Qué hay de ti?

—¿Sobre qué?

Capo. —Hice una mueca con los labios—. ¿Ha vuelto a contactarse contigo?

—Envía mensajes de texto de vez en cuando, que ignoro. Le dejé todo bastante claro a ese enfermo de mierda, no lo necesito en mi vida nunca más, y ciertamente Floyd tampoco lo necesita. —Suspiré y apoyé ambas manos sobre la encimera—. Además, ¡vamos! Los Russo no son normales. ¿Qué es eso de Demetri de venir a hacer un chequeo de vez en cuando? ¿Por qué diablos nunca dijo nada al respecto?

—¿Le tenía miedo a su hermano?

—¡Ya lo ves! ¡Es un marica! Mi renacuajo no necesita eso.

—Cierto —me dio la razón y le dio un sorbo a su café—. ¿Sabes si sigue en el pueblo?

—No lo sé, no me importa sinceramente. —Los pasos que escuché a lo lejos me hicieron cambiar de tema—. Minino quiere que nos tatuemos las argollas matrimoniales. —Tink comenzó a toser cuando se atragantó con el café—. No, y esa no es la mejor parte, ¡él quiere que le haga otro tatuaje antes de contraer nupcias! ¿Puedes creerlo? Yo creo que lo amo incluso más si es posible.

—¿El gatito se hará tatuajes?

—Uh-huh.

—Tienes que dejarme ver eso, por el amor de Dios. Debo presenciar ese acto divino. Ya ves, tal vez el reverendo metió mano por ahí y habló con su jefe, esto me parece un milagro del Señor. —Reí por sus palabras, justo en ese momento Edward venía entrando en compañía de los enanos.

—¿Qué parece un milagro del Señor?

—Oh, nada, chico caliente, absolutamente nada.

—¡Deja de mirar a mi hombre de esa manera! —Le di un zape en la cabeza haciendo que frunciera el ceño.

—¿Qué manera? —Pestañeó inocentemente.

Entorné los ojos e ignoré su intento de coquetería con lo que era mío.

Nos sentamos todos a comer nuestro desayuno tranquilamente. Al menos esa era la puta idea, hasta que los acordes de una guitarra nos distrajeron por completo. Fruncí el ceño y dejé mi tostada a medio masticar para ponerme de pie y caminar hacia la sala de estar que daba al frontis de la casa. Puse los ojos en blancos cuando vi a Cobain haciendo el ridículo fuera de casa. Ah, amigo, entendía malditamente bien cómo era de incómodo estar haciendo el ridículo. Alcé mi pulgar en su dirección y caminé nuevamente hacia la cocina, una sonrisa divertida bailando en mis labios. Miré a Tink y le apunté la sala con el dedo pulgar. Ella ladeó la cabeza y frunció el ceño sin entender.

—Te buscan.

—¿Qué?

—Es para ti.

—No, gracias.

—¿Es ese mi hermano? —preguntó Minino, completamente interesado—. Yo creo que deberías ir, Alice, por el bien de todos los presentes en esta casa y, claro, las personas que rodean la cuadra. Nuestros vecinos no merecen sufrir de esta manera, mi humilde opinión.

—No lo haré, ¿qué está haciendo de todos modos con esa...?

Luego pasó algo horrible para nuestros oídos.

Jasper comenzó a cantar.

Su canto era como pasar un tenedor contra una pizarra, así de hermoso. Drain You de Nirvana nunca había sido tan arruinada como ahora. La guitarra sonaba de puta madre, él hacía magia con sus dedos cuando tenía un instrumento de cuerdas en sus manos, pero, ¿cantar? Kurt Cobain estaba revolviéndose en su tumba probablemente en estos momentos. Revolviéndose tanto como lo estábamos haciendo nosotros cubriendo nuestros oídos. Oh, diablos, ¿en qué pensábamos cuando lo apodamos Cobain? Era un insulto para la leyenda.

—¡Te dije que debías ir a detener eso, Alice!

—¡¿Por qué nadie le ha dicho que canta como la mierda?!

…I don't care what you think unless it is about me (2) —sus chillidos eran horribles, como si alguien estuviera matando un gato—… in a passionate kiss from my mouth to yours, because I like you. (3) —Alice gruñó algo ininteligible bajo su aliento y se puso de pie súbitamente. Caminó hacia el lavaplatos y llenó un vaso de agua. Con decisión se dirigió hacia la puerta de entrada de nuestra casa.

Ah, mierda, el caos venía.

La seguí apresuradamente para detenerla pero fue demasiado tarde, ella ya había abierto la puerta y lanzado el contenido a un muy aturdido Jasper. Ambos se miraron por un prolongado lapsus de tiempo, por un momento me sentí incómoda observando esa pequeña escena entre los dos, pero, a la mierda, era una chismosa e iba a ser testigo del teatro que estaba por formarse.

—Cantas asqueroso.

—Sí, bueno… —Cobain escupió al suelo, dejó la estropeada guitarra contra el pequeño amplificador que acarreaba y limpió su rostro cubierto de agua—. La intención es lo que vale, hadita.

—Te equivocaste de casa —murmuró Tink, cruzándose de brazos y dándole una mirada llena de desdén. Ella nunca iba a aprender, carajos—. ¿Dónde se está quedando María? Porque por aquí no está, ¿sabes? —Él sonrió torcidamente y dio un paso hacia adelante.

—Siempre coqueteé con María porque era putamente fascinante verte celosa.

—Ya quisieras verme celosa, cabrón.

Grizz me contó que estuviste a punto de irte del pueblo… —Jasper chasqueó su lengua y la miró por debajo de sus pestañas. Su mirada era implacable, aun y cuando la sonrisa estaba en su rostro, esa sonrisa burlesca que lo caracterizaba, sus ojos eran duros y fríos—. Ibas a irte por no aceptar esto —los apuntó a ambos—, nunca pensé que fueras una cobarde.

—Primero, ¡no hay un esto!

Hadita, en serio, ¿no te cansas de negarlo todo el tiempo?

—¿Qué es lo que quieres de mí? —inquirió Alice, acercándose peligrosamente a él. Tink estaba furiosa, echaba humo literalmente por sus orejas—. ¿Quieres que te diga que estoy enamorada de ti? Vale, lo estoy, ¡estoy enamorada de ti, Jasper!, ¡gran descubrimiento! ¿Quieres que te diga que estoy jodidamente celosa de la puta esa que andas cogiendo por la mano y por otros malditos lados?, ¡lo estoy!, ¡podría patear su trasero hasta cansarme! —Sonreí viéndola perder los estribos. Tink empuñaba las manos, su pecho moviéndose con agitación por la adrenalina del momento, ella había dejado a Cobain sin palabras.

—¿Qué está pasando aquí?

—Oh, ella se está declarando. —Me apoyé contra el pecho de Minino, quien apoyó sus manos sobre mi estómago.

Ambos nos quedamos viendo el espectáculo en primera fila.

¿Dónde están los pop corns cuando se les necesita?

—¿Estás enamorada de mí?

—¿Por qué diablos te sorprendes, cabrón? —Alice gruñó y dio un fuerte pisotón contra el suelo—. Te odio por hacerme sentir esto, te odio, maldita sea… ¡Te odio tanto como te amo y odio también eso! Pero no voy a humillarme por ti, diablos, tú estás con María ahora… Bueno, cariño, ve por ella. —Tink sonrió malévolamente—. Puedo estar enamorada de ti, pero sexo es sexo, y una polla es una polla. No desperdiciaré mi vida llorando porque estás con otra chica, no me lamentaré… Ya lo hice este último jodido mes y, joder si no me doy vergüenza por haberme visto tan patética.

—No me importa María.

—No me importa que no te importe María.

—Ella bien puede irse a la mierda.

—Eres un asco de hombre, ¿te estás escuchando? —Jasper rodó los ojos y acortó la distancia entre ambos, tomando a Alice fuertemente por los brazos con ambas manos—. Suéltame ahora, Cullen.

—Sí, soy un asco y me vale un carajo. Yo te quiero a ti, hadita, siempre ha sido de ese modo. ¿Podemos, por favor, dejar toda esta mierda de lado y besarnos? Ya estoy harto del tira y afloja, era divertido en un principio, pero me he cansado.

Edward apoyó su mentón sobre mi hombro y suspiró.

—Me alegra que arreglen sus diferencias, pero siento pena por María.

—Claro que sientes pena por María —reí quedito, negando con la cabeza lentamente—. Sabes cómo es tu hermano, a él no le importa romper un par de corazones con tal de cumplir su objetivo. —Me encogí de hombros—. Supongo que me hace una mala persona el que no me importa realmente la chica, yo solo quiero la felicidad de Tink, y si esa cabeza dura necesita de este idiota para eso, bueno, au revoir María.

—Supongo que somos distintos.

Somos distintos. Tú nunca harías algo así, no todos somos buenos como tú.

—Yo no soy tan santo como me haces ver.

—Oh, lo sé, ayer me lo dejaste bastante claro, creo que tengo un cardenal justo aquí —apunté una parte de mi espalda, por sobre mi omóplato. Minino frunció el ceño y bajó el cuello de la playera que llevaba para inspeccionar los daños—. ¿Hay algo? Porque estoy segura de que siento un escozor en esa parte.

—Dios, Isabella… ¡Te hice daño! —La culpa en su voz me causó gracia—. ¿Por qué no me lo dijiste?

—¿Decirte qué?

—¡Que te estaba dañando!

—Oh, nah, fue solo un golpecito. Aparte, no podía hablar muy bien teniendo tu placentera herramienta dentro de mí, ¿sabes? Y tampoco es como si lo sentí en el momento, relájate, es culpa de mi blancura que quedan esos bastardos con apenas un toque. —Dejó un dulce beso sobre mi omóplato—. Y lo disfruté, puedes estar seguro de eso.

—¿Estás segura? —preguntó en un murmullo apenas audible.

—¿Segura de qué?

—De que lo disfrutaste…

—¿Es que acaso no me escuchaste gritar como una loca?

—Es que… yo como que perdí un poco los estribos…

—Amor, puedes perder los estribos conmigo cuando quieras. —Besé rápidamente su mejilla y volví mi atención a la pareja de enfrente—. Ahora sigamos viendo la telenovela que está de puta madre. Ya no están gritándose, eso debe significar algo, ¿no?

—… ¡Vete con María, no te necesito!

Entorné los ojos y bufé con exasperación.

—¡Hey, Tink! —chiflé para llamar su atención luego de gritar su nombre. Ambos se giraron hacia nosotros esperando a que hablara—. ¿Por qué no paras tu mierda ahora? ¡Atrévete, con un demonio! ¿Qué es lo que pierdes aceptando a este idiota? No eres tu mamá, corazón, ¿cuándo vas a entender eso?

Sus ojos destellaron con furia.

—No te metas en esto, B.

—Solo quiero verte feliz, ¡infiernos! ¡Es todo lo que quiero!

—¡No te metas en esto, B!

—Estoy con B en esto, hadita. —Y él tomó por sorpresa a Alice cuando la agarró desprevenidamente por las mejillas y juntó sus labios en un feroz beso. Tink se resistió todo lo que pudo, pero Cobain sabía manejarla y era un cabrón persistente.

Supe que Tink se había rendido cuando sus brazos cayeron a ambos costados de su cuerpo y luego sus manos se afirmaron tenazmente a las solapas de la chaqueta de cuero negra que Cobain vestía. Ellos se estaban prácticamente violando en el jardín delantero de nuestra casa. Edward carraspeó visiblemente incómodo tras de mí, me giré para observar el adorable rubor en sus mejillas.

—¡Consíganse un jodido cuarto! —grité, para que dejaran de avergonzar a mi chico.

Claramente, ellos no me hicieron ningún caso.

Incluso, la porno se transformó en más porno de lo que ya era.

Jasper cargó a Alice con uno de sus brazos, ella enrolló sus piernas en torno a su cintura rápidamente. El rubio hermano de mi Minino tomó firmemente con su mano libre un puñado del largo cabello oscuro de Tink. Separó sus rostros, jalando de su cabello. Él mordió su labio inferior y lo soltó luego de un rato, solo para recargar su frente contra la de ella.

—¿Vas a dejar de negarlo? —murmuró contra los labios de Alice.

—Nunca. —Quise golpearla por ser tan jodidamente terca. Cobain sonrió lentamente y Tink lo imitó—.Vuelvo a ver que tomas la mano de María y nunca más podrás usar esa pequeña pija que te cuelga entre las piernas.

—La única que saldría perdiendo serías tú. —Frunció sus labios—. Sé mi novia.

—En tus sueños.

Jasper afianzó el agarre en el cabello de Alice.

—Sé mi novia, maldita sea.

—Cuando termines con la perra esa.

—No hay nada que terminar, tonta. —Cobain jaló la cabeza de Tink hacia atrás y dejó un beso sobre su mandíbula—. ¿Crees que María está en el pueblo por mí? Ella ni siquiera está en el pueblo, se está quedando en La Push.

—N-No me importa.

—Ella está saliendo con Leah.

—No me impor… ¿Qué?

—Uh-huh. —Jazz soltó una ronca carcajada—. Ella siempre tuvo un enamoramiento contigo, ¿sabías eso?

Tink sonrió con sorna.

—De tal palo tal astilla. —Me tensé cuando dijo esa frase, haciendo alusión al asqueroso padre de la chica.

—¿Qué se supone que significa eso? —preguntó Cobain completamente confundido.

—Olvídalo.

—Sé mi novia —volvió a insistir—. No lo volveré a repetir, sé mi novia, hadita. Basta de juegos. Tú me enseñaste hace un tiempo atrás lo que era sentir esto, demonios, ¿crees que yo lo quería? Pues no, así que no eres la única que lo odió por un momento, ¡yo amaba ser libre! Pero tú… Joder, mocosa, tú fuiste quien me enseñó todo.

¿Por qué todos nos volvíamos unos malditos cursis con el amor?

—Lo pensaré, idiota.

Jasper rodó sus ojos.

—Eso me vale por ahora.

Ah, iba a comenzar a vomitar arcoíris si no escapaba de la escena frente a mí con rapidez. Aunque, diablos, soy una descarada total, ¡me he estado comportando incluso peor últimamente! Insisto en que esto es culpa del bebé en pañales que reparte flechas como le da la puta gana. Comencé a retroceder sobre mis pies para entrar a casa y darles la privacidad que necesitaban, llevándome a Minino en el camino. Cuando cerré la puerta me giré sobre mis pies y le di una sonrisa llena de felicidad. Si mi gente era feliz, yo también lo era, sobre todo si esas personas se trataban de Alice y Emmett. Edward me abrazó y dejó un dulce beso sobre la cima de mi cabeza.

Minino, quiero tatuarme contigo.

Sus ojos brillaron con emoción.

—¿Sí?

Sip, y tengo el tatuaje perfecto para nosotros.

Tink no volvió a aparecer en lo que restó de la mañana.

Me alegraba por ella de todos modos, al fin estaba aceptando a su manera toda la mierda con Cobain. Así que se arreglaran como mejor sabían hacerlo, probablemente estaban profanando algún santo lugar de Forks con sus sucios traseros desnudos. Después de almuerzo, y que los niños se acostaran en la alfombra frente al televisor a dormir una siesta junto a los animales de la casa, Minino y yo nos sentamos en la mesa del comedor a diseñar los tatuajes. Eran unas frases que eran más que perfectas para nosotros, pero quería que fuera más que eso, que fuera único, que fuera solo de los dos. Así que, tomando un lápiz de carbón y un papel en blanco, comencé a hacer los retazos, distintos modelos que él iba evaluando. Estuvimos así hasta cerca de las cinco de la tarde, ahí fue cuando él se decidió finalmente por el último modelo que había hecho.

—Este es el indicado.

—¿Estás seguro?

—Completamente, me encanta.

Le sonreí y guardé los otros intentos fallidos.

Mi teléfono celular comenzó a sonar sobre la mesa, lo tomé sin leer el visor.

—¿Diga?

¿Quieres que vaya ahora a ver a los niños?

—¿Puedes ahora? ¿No estás ocupada haciendo cosas?

¡Isabella! —Molestar a Renesmee con Nahuel se iba a convertir en mi hobby preferido. Podía imaginarla toda enfurruñada y roja al otro lado de la línea—. Nahuel y yo solo somos buenos amigos, ¿es que acaso una chica no puede tener amigos?

Ouch, no le digas eso a él, la friendzone es un golpe bajo, hermanita.

Ya se lo he dicho. —Oh, pobre bebé de Nau, iba a consolarlo cuando lo viera—. Pero no estamos hablando de eso. Estaré allí en unos minutos, hermana, solo debo ayudar a Sue con algunas cosas aquí… Oh, por cierto, Emmett dejó un recado para ti.

—¿Qué fue lo que dijo el grandote?

—Él dijo algo sobre encargarse de la tienda el día de hoy. —Era el mejor y más responsable de todos y yo iba a besarlo por eso, aun y cuando me ganara la furia de una embarazada Rosalie. Ni Tink ni yo nos habíamos preocupado por Forks Ink hoy y ahí estaba él, haciéndolas de hermano mayor—. Y dijo algo sobre, uh, mantener sus testículos intactos.

Solté una enorme carcajada que sobresaltó a Minino.

—Vale, enana, gracias. ¡Nos estamos viendo! —colgué la llamada—. Bien, todo está listo. ¿Estás nervioso? —Negó rápidamente con su cabeza—. Son muchas agujas las que están ahí. —Sonrió con diversión y se apoyó contra la pared de brazos cruzados.

—¿Estás tratando de asustarme?

Nope, yo solo decía…

Nessie llegó exactamente quince minutos después a la casa. Oh, y la nena venía muy, muy bien acompañada. Me dio una mirada de "cierra la puta boca, B" que me hizo reír entre dientes. Entró con paso decidido a casa sin saludar a su hermana como corresponde. Entorné los ojos y fijé mi vista en el chico que estaba en el pórtico de la casa removiéndose incómodo. Nahuel sostenía el destartalado casco de una motocicleta bajo su brazo, desordenó su largo cabello negro y me dio una mirada cargada de timidez y vergüenza. ¡Oh, vamos! ¡Yo no era tan mala después de todo!

—Así que…

—Sí, eso mismo.

Friendzone, ¿huh? —Hizo como que enterraba una daga en su corazón cuando la palabra prohibida fue mencionada. Reí y lo hice entrar a la casa—. Tranquilo, Nau, ella se dará cuenta pronto, estoy de tu lado en estos momentos.

—Sí, bueno, no lo sé… Ese tipo sigue rondándola y… —Nahuel se encogió de hombros, y anoté mentalmente darle una visita a Lobo para que no se metiera entre mi parejita—. Las chicas suelen elegir a los chicos malos, ¿no? —Alcé mis cejas con incredulidad.

—¿Lo ves a él con cara de malo? —Apunté a Minino con mi pulgar, que estaba conversando amenamente con Ness.

—Vale, no todas son así. —Entornó sus ojos y volvió a desordenar su cabello—. Pero bueno, joder, al menos me considera su amigo. —Lo abracé fuertemente porque me causaba una ternurita enorme este chico. Yo lo quería en la familia a como dé lugar.

—Te haré porras, así que despéinala un poco, ¿sí? Lo necesita. —Sus mejillas se tornaron de rojo y soltó un resoplido por mis palabras—. ¡Minino, hora de irnos! —Estiré la mano hacia él para que la tomara. Cuando lo hizo, nos despedimos de los renacuajos y partimos rumbo a Forks Ink en mi motocicleta.

Ah, había extrañado una vida montarla.

Cuando estacionamos, pude ver claramente a Grizz dentro de la tienda. Nos bajamos de la motocicleta sosteniendo los cascos en nuestros brazos, la campanilla de la puerta de entrada sonó anunciando nuestra llegada. Emmett alzó la cabeza de su trabajo y nos sonrió para luego seguir en lo suyo. Había una chica recostada en la silla reclinable con su playera subida hasta el inicio de los pechos. No la había visto nunca en la vida, tenía un cabello multicolor que se veía genial. Llevaba unos cuantos piercings en el rostro y lograba ver un colorido tatuaje por su cuello.

—¿Tink? —preguntó Grizz, tatuando a la chica, sin levantar la vista. Me acerqué a ellos a echar un vistazo, él estaba haciendo un lindo ave fénix en todo su costado. La cabeza comenzaba a la altura de los pechos y terminaba en la cola, por debajo de las costillas. Era grande, iba a necesitar más de una sesión para eso.

—Sexo de reconciliación.

—¡Me estás jodiendo! —Esta vez se detuvo, con la máquina en mano, y me observó completamente feliz—. ¡Ya era hora!

—Ni que lo digas. —Sonreí—. ¿Qué hay de ti?

—Mal entendido solucionado, solo me pateó en la espinilla.

—¡No! —Me largué a reír sin más—. ¡Rosalie no lo hizo!

—Con tacones, me pateó usando tacones. —Cuando debería estar afligido por eso, él sonreía orgullosamente por el logro de su chica—. ¿Qué hacen ustedes acá? —preguntó luego de un rato, la curiosidad palpable en sus palabras—. Me alegra verlos, pero no los esperaba, pensé que me tocaría solo este día.

—Vengo a tatuar a Minino.

—Oh, ¡joder, chica, lo siento! —Grizz había cargado la máquina más de lo necesario al escuchar mis palabras. La muchacha le sonrió y le restó importancia al asunto—. Nena, sé cómo duele esa mierda, no trates de exculparme… En realidad fue culpa de ella —me apuntó a mí descaradamente.

—¡Tú preguntaste qué hacíamos aquí, idiota!

—Tranquilos, no importa, ya no siento nada de tanto rato que he estado en esta posición. Y creo, solo creo, que ya se adormeció todo ese lugar de tantas veces que la aguja ha pasado por ahí. —Ella me guiñó un ojo tratando de tranquilizarme—. Mi nombre es Irina, por cierto.

B aquí, encantada.

—¿Tienes todo lo necesario para el tatuaje de Cullen?

—Se lo haré en el cuarto de piercings, cuando acabes con Irina ¿podrías tú hacerme el mío?

—Oh, jodida mierda, ¿se harán tatuajes que combinen? —Me encogí de hombros un tanto avergonzada porque sabía exactamente lo que Grizz estaba pensando. Él soltó una tronadora carcajada y negó lentamente con la cabeza—. Qué tan cierta es esa frase, nena: "Nunca digas nunca".

—Cierra el puto pico, Grizz.

—Hey, Cullen. —Edward lo miró con la pregunta marcada en su frente—. ¿Sabías que Isabella prometió nunca llevar tatuajes de pareja con ningún chico? Ella dijo algo sobre ser absurdo, patético y totalmente fuera de onda. —Podía sentir la mirada inquisidora de Minino sobre mí.

—Sí, bueno, te odio justo ahora. —Le mostré mi dedo medio—. Vete a la mierda, Grizz. Amor, sígueme.

Guie a Edward hacia el pequeño cuarto donde me había encontrado en posturas incómodas más veces de las necesarias. Entramos en silencio, creo que después de todo sí estaba nervioso ya que no decía nada, solo inspeccionaba el lugar con los ojos y jugueteaba con sus manos como un niño pequeño. Le indiqué que se sentara en la silla mientras yo preparaba todo en su lugar. Tomó su lugar como el niño obediente que era. Comencé a preparar los frascos de las tintas, los punteros que utilizaría y mi amada compañera, Pink, mi máquina tatuadora.

—No me gusta cómo suena —murmuró Minino cuando encendí la máquina para probarla. Sonreí, no era el primero que me decía eso, sobre todo siempre eran aquellos primerizos a los que se les erizaba el vello de la nuca tan solo escuchar el sonido que hacía.

—No tiene por qué gustarte. —Me acomodé frente a él, dejando la máquina sobre una mesilla. Tomé sus manos entre las mías y le di un suave beso en el dorso de ésta—. Ahora, bebé, dime dónde quieres tu marca de por vida.

Él sonrió con nerviosismo y llevó la palma de mi mano a su pectoral izquierdo, justo sobre su corazón.

—Justo aquí.

Tragué saliva y asentí.

—Bien, hermoso, ve quitándote la camisa.

Me obedeció sumisamente, se quitó la camisa azul que llevaba y quedó solo en sus jeans gastados. Mis amigos oblicuos me saludaron justo ahí, donde su pantalón colgaba deliciosamente de sus caderas. Le indiqué que volviera a recostarse en la silla y el show comenzó. Tuve que rasurar su pecho para evitar cualquier tipo de infección con los vellos que ahí había, luego de eso comencé a limpiar para así calcar el tatuaje que habíamos diseñado. Ajustaba perfecto en el lugar, abarcando todo su pectoral. Cuando el diseño estuvo calcado en su piel, comencé a tatuar.

Él permaneció quieto como un valiente caballero.

Sus manos estaban empuñadas a ambos lados de su cuerpo, él seguía con sus hermosos y verdes ojos cada uno de mis movimientos. Hace tiempo que no tomaba una máquina, generalmente Grizz y Tink se encargaban del tatuado, yo era más de los aros y esas cosas, pero tatuarlo a él, marcar a mi hombre, eso era algo que se sentía putamente maravilloso. Sublime. Un sentimiento tan arcaico que debería darme vergüenza pero, a la mierda, no me daba vergüenza en lo absoluto. Mientras tatuaba sobre su piel iba quitando también el exceso de tinta que quedaba acumulada. Minino no habló en ningún momento, solo observaba y se dejaba hacer. Cuando todo estuvo listo, apagué la máquina y admiré mi obra.

Su tatuaje rezaba en letras negras: "Every saint has a past".

Era una cita de Oscar Wilde que había encontrado perfecta para nosotros, la frase entera decía: "Every saint has a past and every sinner has a future" (4). La segunda parte era la que yo llevaría en mi piel. Minino se enderezó, sentándose sobre la superficie, sus piernas colgando de la orilla de la camilla. Le entregué un espejo redondo para que se viera el pecho y me diera su opinión.

—¿Sabes? Nunca había mirado esto como un arte —comentó, mirando fijamente el tatuaje que reflejaba el espejo—, pero verte haciéndolo, ver la dedicación que pones en esto, cómo tu rostro se ilumina al pensar en ello… es hermoso. Eres una hermosa artista, cariño, me ha encantado.

Sonreí y besé sus labios lentamente, saboreándolo, reteniendo su dulzura en mí.

—Déjame tomarte una fotografía, necesito guardar este momento.

Me miró sonrojado y luego desvió sus ojos, dándome permiso sin decir una palabra alguna. Su postura tímida, sentado sobre la camilla, lo hacía ver casi angelical. Demonios, ¿cómo se podía ser tan jodidamente hermoso? Porque Edward era hermoso. Saqué mi teléfono celular y capturé su belleza para la posteridad.

Miré la fotografía y la guardé entre mis momentos más preciados.

Si él decía que yo era una artista, en este momento él era mi más maravillosa obra de arte.


(1) "Runaway Bride", o "Novia Fugitiva en español", es una comedia romántica estadounidense dirigida por Garry Marshall y protagonizada por Richard Gere y Julia Roberts, los tres coincidiendo nuevamente después del éxito en taquilla de 1990 Pretty Woman.

(2) "No me importa lo que pienses a menos que sea sobre mi".

(3) "En un beso apasionado de mi boca a la tuya, porque me gustas".

(4) "Cada santo tiene un pasado y cada pecador tiene un futuro" —Oscar Wilde.


¡Buenas madrugadas!

¡Finalmente el capítulo arriba! Espero haya sido de su agrado y gracias a Sarai por el beteo (L) Ya ven que con Alice solo fue el susto, hehehe, y María no era peligrosa. ¡Minino obtuvo su primer tatuaje! Les dejaré la foto completa en el grupo para que vean eso. Uhm, supongo que este capítulo fue más de transición, así que probablemente lo encuentren lento o no tan emocionante como los otros. De todos modos espero que les haya gustado, me gustó finalmente dejar un final lindo de capítulo, hahaha, es que mis nenes se lo merecían, y me di el placer de hacerle un tatuaje a mi gatito. Uh, no sé que más poner, la verdad es que no tengo muchos ánimos de escribir, pero lo haré (?) En especial porque quiero responder algunos RR:

Sophie tu rr por el Outtake del Aniversario: Lo siento si te parecí "desubicada" y que todo estaba fuera de relevancia en la historia. Era un "regalo" por así decirlo para celebrar el año del fic. No pretendía hacer molestar a nadie, aunque me causó risa una parte de tu rr que decía "nosotros los escritores", hahaha. Creo que la palabra "escritor" queda muy grande para personas que solo escriben fanfics. Porque eso son. Fanfictions. Soo, yup...

Uh, también quiero responderle al Guest que respondí por facebook y que me llevé un rr mas largo en respuesta porque no tiene los cojones suficientes de hablarme por inbox y decirme las cosas de frente, cosas que yo le respondería encantada. Gracias por decir lo que piensas de mi. Algo así como que soy una diva encaprichada. Que me gusta que me digan "lo genial que soy". Que no se aceptar críticas y que lo único que sé hacer es armar circos por facebook. A veces pienso que es bueno que te digan cosas negativas, tho. Primero, si lo puse en facebook fue porque creí que podrías leer mi respuesta allí ya que dijiste que "también insultaba en mis posts de fb" Nunca quise que la gente empezara a decir "lo genial que soy" *roll eyes* Pero ahí tu si me crees o no. Y me gustaría dejarte algo en claro: No me conoces. Si me conocieras claramente sabrías que todo lo que dijiste es erróneo, sobre yo siendo de cierta forma, enserio, completamente erróneo. Pero bueno, tampoco me interesa que una persona que se esconde en el anonimato me conozca.

Y, por último, a la chica que probablemente no lea esto ¿Nifh? Bien. No. Esa es mi respuesta a tus preguntas. No le dije a nadie sobre cual era mi OS en el concurso, ni siquiera a mi amiga que me mandó un inbox diciendome "hey, hay una chica aquí que escribe como tú". Me molesta que piensen esas cosas de mi. Primer concurso en el que participo porque siempre me ha dad verguenza, no sé el porqué,pero me da, y lo hice porque era anónimo... ¡Y ahora me acusan de estar comprando votos! Es una lástima la visión que tienes de mi persona, ni siquiera dije que estaba participando. Pero bueno, opiniones hay muchas.

Creo que por ahí había otros rr así, no los recuerdo todos exactamente, pero a todas les diré lo mismo: Son bienvenidas a quedarse o marcharse. No sé porqué ultimamente se han ensañado conmigo en los reviews XDDDD bueno, supongo que en algún momento tenía que tocarme. A veces pienso que FF me odia. Uh, no lo sé, no les vendría mal recordar que también soy una persona común y corriente como ustedes, y que tengo algo llamado sentimientos bien ahí escondidos. También inseguridades, por si no lo sabían, solo un dato para que piensen. Me gusta escribir fics. Lo hago porque me entretiene, y esa no es ninguna "excusa" ni una frase para darse aires de grandeza como leí por ahí. No soy perfecta. No soy profesional en esto. Ninguna de nosotras lo es, so, creo que en vez de andar criticando solo deberían disfrutar, ¿no se supone que para eso es todo esto? Me agotaron mentalmente hoy con tanta mala onda.

Sin mas que decir, me despido chicas, ¡nos estamos leyendo (pronto espero)!

¡Muchas gracias a todas por su paciencia y cariño! Y por cada comentario, ya sea bueno o malo, todo es bienvenido.

Lamb~