Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward


Capítulo 34: Es el fin del mundo como lo conocemos.


It's the End of The World as We Know It (And I Feel Fine) – R.E.M.


Abrí mis ojos observando el techo de la habitación cansinamente.

Bueno, a estas horas de la madrugada, ya era el tan esperado 31 de diciembre.

Pasaron unos días desde que el caos llegó al pueblito de Forks, en especial a la familia Swan. Tink, Grizz y yo habíamos salidos el mismo día del hospital, luego de que Minino se cerciorara de que estábamos bien, que ninguno de nuestros puntos vitales había sido comprometido, y que claramente hubiéramos sido regañados por él mismo para que no volviéramos a hacer una cosa así nunca jamás, como recalco reiteradas veces mi lindo gatito. Los chicos se fueron a descansar a casa Swan bajo el cuidado de Nessie, quién fue a recogerlos al hospital en esa fea Chevy roja que tenía, cuando estacionó la cosa esa ella hizo algo nos dejó a todos jodidamente perplejos.

Yo era la más estupefacta ante la situación, a decir verdad.

Se suponía que mi hermanita aún estaba un tantito resentida conmigo, por lo que nunca pensé que ella se comportaría de esa manera.

. . . . . . .

Isabella…

Lo sé, Minino, me quedaré aquí esperando por ti. Solo voy a dejar a los chicos con Ness, ¿sí? No me escaparé de ti, ni de este hospital, ni de nada, luciendo así —hice una mueca con mis labios apuntando mi feo rostro. Edward iba a hablar, claramente dudando de mis palabras y joder, lo entendía, pero lo detuve rápidamente poniendo mi mano derecha sobre mi corazón—, palabra de niña exploradora.

Él suspiró cansinamente y asintió.

Iré con ustedes.

Edward nos escoltó hasta la entrada del hospital. Grizz tenía un corte en el labio, un ojo morado y unas cuantas contusiones más en su grande cuerpo, nada que no pudiera curar con una buena siesta en un tranquilo lugar como lo era la casa de papá. Emmett seguía siendo el mismo sonriente grandote de siempre, creo que el sentía un poquito de orgullo al tener tantas "marcas de guerra", como Floyd llamaba a las heridas. Tink lucía un poquito más para la mierda, aunque tratara de cubrir con maquillaje sus cardenales en el rostro estos igual se notaban un poco, ella tenía un pómulo que estaba de un color morado verdoso medio extraño (Floyd diría que era como un zombie o algo), tenía una férula en el dedo medio de su mano izquierda ya que en una de sus hazañas por patear culos al no aguantar que la golpearan más, se había esguinzado el puto dedo, también tenía una que otra herida en su cuerpo. ¿Pueden creer que la muy perra había chillado más por romper su uña que por su dedo en sí? Diablos, tenía unos amigos bastante especiales, ¿no?

Ni siquiera quiero hablar de cómo lucía yo, creo que me había llevado la peor parte.

Si Minino decidiera dejarme en estos instantes no lo culparía, estaba jodidamente horripilante, el mal parido de Gollum era mucho más hermoso que yo en estos momentos.

Justo cuando íbamos saliendo por la puerta principal, Renesmee estaba estacionando la camioneta. Cuando nos vio una extraña emoción nubló su rostro, ella se bajó rápidamente de su automóvil, cerrando la puerta de este estrepitosamente. Ante nuestras incrédulas miradas Nessie corrió hacia nosotros, su larga falda ondeando tras de ella, estrelló su menudo cuerpo sin reparo contra el mío, haciendo que un poco del dolor que ya estaba sintiendo volviera aún más fuerte. Mi enana enredó sus brazos entorno a mi cintura y escondió su cabeza en el hueco de mi cuello. Me abrazó tan malditamente fuerte, como nunca lo había hecho. Creo que el shock se había apoderado de mi ya que no atiné a nada más que formar una gran "O" con mi boca y observar a mis chicos que estaban igual de impactados que yo por los hechos. Luego de unos segundos rodeé su tembloroso cuerpo con mis brazos y le di unas pequeñas palmaditas en la espalda.

Eres una tonta —murmuró bajito, su voz sonaba amortiguada ya que aún mantenía su rostro escondido—, prométeme que nunca te pondrás en un peligro así otra vez, hermana, prométemelo —ella levantó su rostro, sus lindos ojos verdes tan iguales a los de mamá estaban abnegados en lágrimas no derramadas. La angustia latente en su mirada—. No puedes dejarme tú también, ¿sí? No tú, yo… te necesito, Bellie.

Oh.

Ella me llamó "Bellie", como hacía cuando era una cría que creía en los cuentos de hada que yo le leía.

Tomé su rostro entre mis manos y junté nuestras narices, acaricié la suya con la mía suavemente, viendo como cerraba sus ojitos y una pequeña sonrisa se posaba en sus labios. Joder yo de verdad siempre terminaba haciéndole daño a las personas que más quería en este mundo.

Yo no voy a ir a ninguna parte, pequeña. Me tienes, ahora y siempre, lo sabes, ¿no? —asintió levemente con su cabeza. Dejé un pequeño beso sobre su nariz y la abracé con toda la fuerza que mi puto adolorido cuerpo me permitía. Renesmee me correspondió el abrazo y nos quedamos así por unos eternos segundos.

Miré a Edward por sobre la cabeza de Ness, él me estaba dando una mirada muy significativa, casi como si quisiera regañarme una vez más por ser una mujer tan volátil. No había olvidado el hecho de que sus manos seguían escondidas dentro de los bolsillos de su bata de doctor, podía ver claramente desde donde me encontraba como estas seguían temblando levemente.

. . . . . . .

Minino aún estaba enojado conmigo.

Desde ese día que, luego de que Renesmee viniera a por los chicos y los tres abandonaran el hospital en la roja camioneta, me quedé esperándolo en su consulta hasta que terminara su turno, él había estado completamente callado. Ni siquiera me había dado una miradita o algo. Una vez llegamos a casa fue incluso peor, los niños comenzaron a hacer preguntas al respecto de por qué mami lucía como un maldito ogro, traté de explicárselos de una manera ligera para no ganarme la preocupación de dos personitas más, pero Edward no le había encontrado la gracia al asunto y simplemente me delató.

¡Con los niños!

Él me estaba haciendo la ley del hielo. Creo que me tenía algo así como castigada, y bueno, me lo merecía, joder. Pero ya habían pasado varios días, ¿no me merecía un poquito de cariño? Estaba malditamente helado por las noches como para seguir durmiendo sola un segundo más. Lo extrañaba un montón, pero él ni siquiera se inmutaba al respecto, me había estado ignorando olímpicamente. Incluso intenté usar alguna sucia artimaña para atraerlo al lado oscuro de la fuerza, pero su determinación era de acero.

No es no y punto.

. . . . . . .

¿M-Mami?

Floyd me miraba como si fuera uno de esos monstruos que aparecían en sus pesadillas. Él estaba escondido tras las piernas de Edward y me observaba furtivamente, como no creyendo del todo que la cosa que tenía frente a sus ojitos era su mamá. Grace estaba en un estado casi igual, ella estaba en los brazos de Minino y me miraba con sus anaranjadas cejitas juntas, no decía nada, pero no era necesario, esos ojos eran tan expresivos como los de su padre.

Vale, si sé que estoy fea, pero ¿es necesario que me mires así, renacuajo? Me está rompiendo el corazoncito un poco, ¿sabes? —hice un exagerado puchero que se debe haber visto para la mierda porque tenía un corte en el labio inferior, sumándole a eso lo asquerosa que estaba mi cara.

Me puse en cuclillas y abrí mis brazos para mis enanos.

Floyd se acercó un tanto reticente a mí, él estiró su pequeña manita hacia mi rostro y lo toco superficialmente, cuando sus diminutos dedos hicieron un poco más de presión en el jodido cardenal que tenía en la mandíbula, solté un siseo por lo bajo que lo sobresaltó un poco, haciendo que retirara su mano rápidamente de mí. Mi pequeño hombrecito frunció su ceño y se cruzó de brazos, quise reír ante la actitud tan "de grande" que estaba tomando.

¿Qué te pasó?

Mamá… —me puse a pensar en alguna mentira piadosa para no alarmarlo y no encontré ninguna— ¿me caí?

Edward soltó un resoplido frente a mi mientras ponía a Gracie sobre sus dos pies en el suelo.

Mi princesita siguió los pasos de Floyd, tocando temerosamente mi rostro. Ella, al contrario de mi querido hijo, se acomodó suavemente entre mis brazos y rodeó mi cuello con sus delgados bracitos para darme un dulce abrazo. No sabía cuanto lo estaba necesitando hasta que tomó la iniciativa. La rodeé por igual con mis brazos y la sostuve cerca de mí, me traía una calma enorme tenerla entre mis brazos, era algo así como terapia.

¿Te duele, mami? —me preguntó mi nena en un bajo tono de voz.

Solo un poquito, ya se va a pasar.

¿Te caíste muy fuerte, mami?, ¿papi te curó?

Mami no se cayó —mis ojos fueron rápidamente a dar con los orbes esmeraldas de Minino, los cuales estaban un tanto oscurecidos por el enojo—, mami se enfrascó en una pelea. Ella fue una mala chica —Floyd abrió sus ojos ante las palabras de Edward

¡Mamá! —chilló, mirándome con el mismo enojo que veía en los ojos de mi gatito—, ¡te patearon el trasero!

Bueno, si —entorné mis ojos, separando a mi nena de mi cuerpo—, me patearon el trasero, la cara, todo —me encogí de hombros restándole importancia— Pero ya pasó, mami está bien, solo un poco fea, se cura con el tiempo, ya verán que en unos días no tendré nada y volveré a ser tan linda como siempre —batí mis pestañas con exageración para aligerar el ambiente.

Mi pequeña Weasley fue la única que se rió.

Los dos hombres frente a mí no les encontraron la gracia a mis palabras.

¡Papá! —Floyd se giró hacia Edward y con una actitud que no se de donde había sacado, exigió—: ¡Tienes que regañarla!

Ya lo hice, campeón —Minino se agachó hasta su altura y desordenó su cabello con una de sus manos—. Mamá sabe que esta es la última vez que hace una cosa así, ¿cierto? —sus ojos se posaron en mi una vez más, esperando una respuesta, claramente positiva, a su pregunta.

Lo juro, por la garrita —levanté mi dedo meñique, pero nada, ellos seguían observándome con reproche. Grace levantó su pequeñito dedo meñique y lo entrelazó con el mío. Ah, joder, yo la amaba un montón, ella estaba del lado de mamá en esto. Me regalo una hermosa sonrisa que correspondí, no pude evitar besar sus regordetes cachetes.

¿Está mamás castigada, papá?

Por supuesto que está castigada —vale, primera vez que oigo que estaba castigada—, ella tiene prohibido dormir en la habitación de papá —alcé una de mis cejas por su tonta regla, ya habíamos hecho antes y ¿quién había ganado? Obvio que mamá—, y tiene prohibido dirigirme la palabra también.

¿E-Estás molesto, papi? —preguntó mi dulce Grace con un poco de temor.

Estoy furioso, cariño, pero solo con mamá.

La muy traidora de mi nena se escapó de mis brazos y corrió a los de su padre.

¡Mami también tiene probidibo ver televisión conmigo! —manifestó Floyd, enredándose en la palabra "prohibido", la que probablemente sería su nueva palabra esta semana— ¡Y tampoco comerá Snickers! —él me apuntó con su dedo índice— Prometimos no dejar que nos patearan el trasero, ma'.

Siento haber roto esa promesa, renacuajo.

¡Debes prometerlo otra vez, pero de verdad!

Prometo no dejar que me pateen el trasero nuevamente —hice una seña a lo niña exploradora para enfatizar mi promesa—, y prometo que tampoco seré yo la que los patee. No más… no… bueno, ¿y si la ocasión lo amerita?

Ante mi pregunta Minino me dio una mirada como no queriendo creer que yo realmente había cuestionado eso, luego él simplemente negó con su cabeza, se puso de pie y se llevó a los niños a la sala de estar sosteniendo ambas de sus manitas, dejándome ahí sola a la deriva en la entrada de nuestro hogar.

Simplemente genial.

. . . . . . .

Suspiré y me di media vuelta en la pequeña y helada cama de la habitación de huéspedes. Porque sí, yo aún estaba durmiendo en la jodida habitación de huéspedes. Me removí una vez más incapaz de pegar un ojo, eran cerca de las tres de la madrugada, afuera llovía tenuemente y todo estaba malditamente oscuro. Después de un rato en el que intenté poder despedirme de este mundo cruel e ir al dulce mundo de los sueños, y fallar en el intento, decidí ir a por un vaso de leche a la cocina. Me senté a la orilla de la cama y me puse el feo suéter rojo que Edward había usado para Navidad y yo le había pedido prestado sin obviamente decírselo porque, carajos, él no me estaba hablando entonces cómo iba yo a pedirle la maldita cosa. Cabe destacar que también pedí prestada una de las poleras que usa debajo de sus camisas. Yo creo que lo hice solo para poder sentirlo un poquitín cerca de mí por las noches tan putamente solitaria que estaba teniendo.

De verdad que hacía un frío de mierda.

Bajé la escalera silenciosamente para no despertar a nadie, aunque no fue necesario, una vez llegué a la cocina me quedé congelada en el umbral mirando la espalda del hombre que estaba de pie ahí frente al lavabo observando hacia afuera por la ventana con algo humeante en sus manos. Entonces… ¿qué se suponía que hacía ahora? Mordí mi labio inferior pensando en lo incómodo de este momento, digo, él me estaba ignorando entonces no sabía cómo actuar en esta situación, ¿debía simplemente ir al refrigerador a buscar la leche y hacer como si no hubiera nadie más en el lugar? Edward aún no se daba cuenta de que yo estaba ahí, él suspiró cansadamente y apoyó ambas manos en el mueble frente a él, después de dejar lo que parecía una taza de café en la encimera.

Me armé de valor y entré a la cocina. Solo iba a servirme un vaso de leche rápidamente y luego volvería a ese maldito cuarto de huéspedes. Yo no iba a molestarlo más de lo que ya lo había hecho. Pude sentir sus ojos en mi cuando abrí la puerta del refrigerador, me quedé más de lo estimado "buscando" la caja de leche que en verdad estaba a mi puto alcance, pero yo simplemente no quería tener que cerrar la puerta y estar bajo su escrutinio. Cuando ya se estaba haciendo demasiado obvio que solo estaba dando la vuelta observando nada en el refri, cerré la puerta con la caja de leche en mi mano. Vaya sorpresa la que me encontré cuando vi un vaso vacío sobre la encimera esperando a que yo lo llenara de leche.

Enojado y todo seguía siendo un caballero.

—Yo sé que hice mal, en todo —comencé a hablarle al aire en un bajo tono de voz mientras echaba leche en el vaso—. Hice que papá y Renesmee se preocuparan como nunca. Papá lloró, me regañó, él dijo cosas tan lindas que creo nunca haber escuchado. No sabía cuánto lo necesitaba hasta ese día, supongo —suspiré y me apoyé en la encimera, mirando un punto fijo en la superficie de esta—. Dios, viste a Renesmee abrazarme como si fuera a desaparecer en algún momento… ella me pidió que por favor no la dejara como mamá, ¿puedes creerlo? —con todo el puto coraje que no estaba sintiendo en estos momentos, levanté la vista y lo observé fijamente a sus duros ojos—. Hice que tú te preocuparas, una vez más.

Tomé el vaso de leche y le di un sorbo antes de continuar hablando.

—Yo nunca quise que esto pasara, pero me siento culpable de algún modo. Fue mi culpa que Lobo se cruzara en el camino de mi hermanita, fue mi culpa que él se sintiera con el derecho de reclamarla, joder, ¿cuántas veces no lo oí insinuarse y lo tomé como una broma? —fruncí el ceño recordando mi asquerosa actitud en esos momentos— Fue mi culpa el que involucraran al pobre crío de Nahuel en todo esto —lo miré fijamente y luego observé sus manos—. Es mi culpa que tus manos estén haciendo esa cosa otra vez.

Las escondió tras su espalda cuando mencioné eso.

—Tengo frío.

Fue todo lo que dijo, como intentando excusarse por el temblor que veía en ellas.

—No tienes frío —rodé mis ojos—, estás molesto, estás triste, preocupado —alcé una de mis cejas en su dirección—, insisto, malditamente molesto. Lo entiendo. Es mi culpa después de todo. Lo entiendo —le di la espalda y tomé el vaso de leche entre mis manos—. Sé que tengo que reivindicarme, dejar de ser así, quiero intentarlo… Pero lo siento, les prometí que no volvería hacer eso nunca más —apreté el vaso entre mis manos porque las palabras que iba a soltar a continuación probablemente me mandarían al cuarto de huéspedes de por vida—, y aún cuando estoy con toda la disposición de verdaderamente dejar ese lado que tengo atrás, sé que en algún momento romperé esa promesa.

—¿Debería sorprenderme por ello? No es como si fuera la primera vez.

—Lo sé —me encogí de hombros, haciendo como si sus palabras no hubieran hecho sentir un pequeño pinchazo en el corazón—, por eso, a pesar de que no quiero herirlos más con mi comportamiento, ni preocuparlos, joder, yo de verdad lo siento, pero no sé si cumpliré esa promesa si en un futuro algo así vuelve a suceder nuevamente —me tomé lo último que me quedaba de leche—. Yo los amo, a ti, a papá, a Ness… Yo no podría quedarme de brazos cruzados si alguien se atreviera a hacerles daño, y menos si da la casualidad de que yo soy la culpable, Edward. Lo siento —sin nada más que decir, dejé el vaso sobre la encimera, dispuesta a escabullirme a la que era mi nueva habitación y probablemente cubrirme hasta la cabeza con el edredón para llorar como una cría.

Minino tenía otros planes.

—Todo eso que sientes, es lo mismo que siente tu padre, tu hermana —su mano, que ahora estaba sujetando mi brazo para evitar que dejara la cocina, apretó su agarre—, yo, Isabella. Yo tampoco quiero que nadie te haga daño, me enferma pensar en la posibilidad de que alguien si quiera se atreva a ponerte una mano encima. No he podido dormir en todas estas noches pensando, tratando de recrear en mi mente cómo ese tipo fue capaz de dejarte en ese estado. Culpándome por no haber llegado antes a ti.

—No es tu culpa, ¿cuántas veces tengo que decirlo? —me giré hacia él para encararlo— Y tampoco es sobre la confianza. Yo confío en ti, yo confío plenamente en ti, Edward, pero, joder, si tengo dos opciones y una de esas es que tu te involucres en todo y salgas herido al final, claramente me quedaré con la otra donde yo recibo todos los golpes.

—¿Qué hay de Floyd?, ¿y Grace?, ¿por qué no piensas en ellos? —me encogí en mi lugar a la mención de los niños— Tú viste como reaccionaron al verte así, ¿y si la próxima vez es algo mucho más serio?, ¿y si la próxima vez mamá no sale de esto? —me agarró con ambas manos, desde los brazos. Su rostro estaba nublado por la desesperación— ¿Qué se supone que haga yo sin ti?

—Estás exagerando, yo nunca me pondré en un peligro así, no soy suicida —Edward me dio una triste sonrisa—. Amo a mis niños como no te imaginas… ¿Y si viene algún cabrón a hacerle algo a ellos?, ¿tendré que quedarme esperando a llenar un papeleo, que quedará junto a otro montón de papeles, y esperar que la justicia haga algo cuando yo podría hacerlo con mis propias manos?

—Te amo —su voz se suavizó cuando mencionó las dos palabras mágicas—, te amo tanto, pero ya no se que hacer contigo. Dime, ¿qué tengo que hacer?, ¿qué demonios debo hacer para dejar de sentirme así cuando se trata de ti? Me gustaría ayudarte en tus problemas, me gustaría poder estar a tu lado en cada momento, buenos y malos, pero si tú no te abres a mí, ¿cómo se supone que lo haga?

—Yo… —aflojó su agarre en mis brazos cuando recordó que aún tenía cardenales, comenzó a acariciar mis brazos suavemente con sus manos— Perdón, ya no se que mas decir. Siempre he solucionado mis problemas de esa manera, sé que no es la mejor solución, pero ¿qué puedo hacer?, ¡no conozco otra forma! E insisto no se trata de abrirme, o no confiar en ti, se trata simplemente de… ¿Qué más se supone que haga? Yo soy así, demonios, ¿debería intentar cambiar? —fruncí mi ceño, como si alguna ampolleta se encendiera dentro de mi cabeza—, joder, creo que debería hacerlo… Tienes razón, debería pensar… Floyd y Grace… Ellos están tan pequeños, que mierda de mamá les tocó.

—Tú eres una excelente madre, no digas esas cosas —suspiró pesadamente—, solo tienes que dejar de ser tan…

—¿Loca?, ¿peleona?, ¿jodidamente estúpida?

Edward soltó una pequeña risita que me calentó el alma.

—Podemos trabajar en eso, poco a poco, si pones de tu parte. No tiene que ser así, ¿sabes? Tenemos tantas personas en las que contar, nuestros padres, Isabella, ellos son la voz de la experiencia, ¿acaso hay personas mejores para ayudarnos a decidir qué hacer cuando no vemos una salida beneficiosa para todos?

—Claro, yo… —desvié la vista y sentí mis malditas mejillas colorearse— Soy un tanto terca, pero puedo hacerlo, puedo intentarlo, diablos, por ti, por los niños, por mi familia… Yo puedo hacer esto si significa que no voy a perderlos, que… uh, no voy a perderte a ti… porque te tengo, ¿no? —me negué a mirarlo al hacer esa pregunta, estaba un tanto sensible con todo esto del castigo que él había impuesto.

Siempre, ¿cuántas veces tengo que repetirlo? —asentí a sus palabras un tanto más relajada. Edward tomó mi mentón entre sus dedos dulcemente, obligándome a mirarlo— Te amo, no me hagas pasar por el sufrimiento de verte en ese estado otra vez, ¿está bien?

—Yo puedo intentarlo —asentí firmemente—, sí, yo quiero intentarlo, y también te amo, como no tienes idea gatito. Así que sí, pondré todo de mi para cambiar esa jodida parte que tengo, el ser tan malditamente impulsiva. Pensar antes, actuar después. La próxima vez consultaré las cosas contigo. Haremos esto juntos.

—Juntos —sonrió con dulzura, como no lo hacía hace tantos días—, me gusta como suena eso.

—¿Puedo tener mi beso ahora?

Minino sonrió y acercó su rostro al mío, cerré mis ojos expectantes al maldito beso que tanto había anhelado. Infiernos, como había extrañado sus dulces labios. Oh, pero él tenía otros planes. Pude sentir sus labios a escasos milímetros de los míos, y juro por todo lo poderoso que sentí como el muy maldito sonrió con diversión antes de soltar una puta maldita frase:

—Aún estás castigada, corazón.

Y dio media vuelta para caminar malditamente campante fuera de la cocina.

Yo realmente estuve a punto de romper mi promesa y patear su hermoso y redondeado trasero.

Caminé tras de él, ya que mi habitación y su habitación quedaban en la misma dirección, no es como si yo fuera arrastrando mis pies con exageración y la cabeza gacha para generar algo de pena en él y así me permitiera dormir una noche a su lado. Joder, quién demonios iba a pensar que B iba a estar tan malditamente… patética por un chico. La B de años atrás me hubiera dado un zape en la cabeza para que espabilara. Pero nuevamente recordemos, mi gatito no era cualquier chico después de todo.

Cuando llegó a nuestra habitación, abrió la puerta y me dio una pequeña miradita por sobre su hombro.

—No estás jugando limpio —murmuró, haciendo un estrangulado sonido con su garganta y dándome una acongojada mirada al ver el puchero que estaba instalado en mis labios, había dominado el arte de la cara de borrego gracias a mis dos renacuajos que eran malditamente fantásticos en eso—, no daré mi brazo a torcer esta vez, Bella.

Solté un suspiro derrotado, intensificando mi puchero a la vez que dejaba caer mi cabeza aceptando la maldita derrota. Arrastré mis pies lejos de su presencia, para ir a encerrarme a ese puto cuarto de huéspedes que estaba comenzando a odiar con todo mi corazón, lo juro.

Como si sirviera de algo estar "castigada". Joder, castigada a mi edad… —iba refunfuñando entre dientes, me callé cuando escuché su risita tras de mí. Lo miré por sobre mi hombro con los ojos entrecerrados porque él había osado a reírse de mi— ¿Tú no tienes que entrar a tu pieza o algo?

Alzó ambas cejas a la vez que hacía una mueca con sus labios.

¡Se estaba burlando de mí!

—Y yo que estaba reconsiderando el dejarte entrar a mi habitación…

—Púdrete, Minino.

Di media vuelta dispuesta a seguir mi camino, cuando sentí unos brazos enrollándose en mi cintura y levantándome de un solo tirón. Edward reí bajito mientras me cargaba sobre su hombro, yo obviamente me estaba haciendo la difícil cuando en realidad estaba saltando de felicidad en un pie dentro de mi mente. Entramos a la habitación y me dejó cuidadosamente sobre la cama. Minino se posicionó sobre mí, aprisionando mis muñecas con sus manos por sobre mi cabeza. Sus orbes esmeraldas tenían ese brillo de diversión que me volvía loca. Mi gatito simplemente lucía radiante cuando estaba feliz, y por alguna razón él era feliz conmigo.

—Te amo —murmuró, su semblante serio a la vez que dejaba un dulce beso sobre mis labios. Gemí llena de frustración cuando se separó de mí, diablos, yo quería más que solo un simple beso—, se ha portado muy mal últimamente, señorita.

—Estamos trabajando para usted —sonreí, haciendo que Edward soltara una nueva risita por lo bajo, mi estúpido corazón dio un vuelco al solo escuchar aquel sonido—, también te amo, gatito —posó su frente sobe la mía con delicadeza y suspiró, nuestros labios tan malditamente cerca.

—Te extrañé así —acarició mi nariz con la suya mientras seguía hablando—, en mis brazos —dejó un nuevo beso en mis labios—, debajo de mi —esta vez besó mi mandíbula, entrecerré mis ojos por su actitud—, gritando mi nombre —besó ese punto exacto sobre la yugular que me hacía poner las piernas de gelatina.

Minino, ¿me estás seduciendo?

—¿Acaso lo estoy logrando? —murmuró, su aliento golpeando tenuemente con mi cuello, haciendo que se me erizara la piel. Podía sentir contra mi piel la sonrisa que estaba sobre sus labios, él siguió dejando besos de mariposa a lo largo de mi cuello.

Y yo claramente no era de piedra, joder.

—Lo estás logrando, con malditos creces —volvió a reír sin despegarse de mi cuello, juro que sentí una corriente eléctrica atravesar toda mi espina dorsal—, y si no haces algo pronto… —me callé cuando dejó un beso en el centro de mi pecho— Vamos, amor, ¿realmente me harás sufrir de esta manera?

—¿Hacerte sufrir?, ¿yo? —preguntó con fingida incredulidad, justo cuando dejaba al descubierto uno de mis pechos. El aire frío combinado con su puto aliento hizo que mis nenas sintieran el cambio de temperatura a un nivel indescriptible. Me miró por entre sus pestañes y me dio esa maldita sonrisa ladina quita bragas— Ese es tu trabajo —y sin más dejó un dulce y húmedo beso sobre mi pezón.

Cerré mis ojos soltando un pequeño gemido por lo bajo.

Hombre, cómo había extrañado esa lengua.

. . . . . . .

Año nuevo.

Página nueva.

Se podía partir de cero nuevamente, ¿no?

Todos los habitantes de la casa estaban en pie, ya habíamos almorzado como la linda familia que eramos, Edward llevaría a los niños con sus papás ya que algo tenía que discutir con Carli, no quise preguntar al respecto porque, bueno, tenía una misión. Después de toda la pelea que había ocurrido unos días atrás, Minino siempre se ponía a la defensiva cuando yo quería dejar la maldita casa. Estaba más que claro para mi que me costaría volver a tener su confianza completa una vez más, y bueno, me lo merecía de todos modos. Tampoco era como si él no me dejara salir o algo, si no que simplemente hacía tantas jodidas preguntas.

Tomé mi Iphone y me metí al chat de los Tres Mosqueteros para dejarles un mensaje y coordinar nuestra reunión.

B: ¿Están listos, chicos?

Grizz: ¡Si capitán, estamos listos!

Rodé mis ojos ante lo infantil de Emmett, como si acaso debiera sorprenderme de todos modos.

Tink: Déjenme dormir.

B: ¡Son las cinco de la tarde, perra!

Tink: Bah.

B: Bien, Minino se quedará con los niños, él probablemente me hará un sinfín de preguntas sobre dónde voy, con quién y qué carajos voy a estar haciendo porque obvio que rompí un poquito la confianza que me tenía.

Grizz: Rosie me echó a patas en el culo, y dijo algo sobre no volver hasta lucir como una persona decente…

Grizz: ¿Cómo luce una persona decente?

Tink: Claramente no como tú, gran idiota. Ustedes solo deben decirme la hora y estaré ahí, ¡ahora déjenme dormir!

B: ¡A las seis donde nos partieron la madre!

Tink: ¡Joder!

Grizz: ¡Mi jodido segundo nombre es puntualidad!

Tink: No lo es, Emmetterio…

Reí al recordar esa escena en la que el reverendo Cullen nos estaba regañando y de pasó llamó a nuestro osito con ese nombre putamente horrible. Edward iba pasando junto a mi y me quedó mirando con desconfianza, sus lindos ojos verdes entrecerrados en mi dirección. Le lancé un beso por el aire y le guiñé el ojo, lo que trajo un dulce rubor a sus mejillas. Claro, ya había sido todo un león la noche anterior, a la mañana siguiente siembre volvía el tímido gatito. Amaba ambos lados de él. Lo amaba entero. Pero una chica tiene que hacer, lo que una chica tiene que hacer. Ahora venía la parte difícil de todo esto, y era contestar sus malditas preguntas para poder salir de casa en paz.

—Amor… —puede que el tono meloso de voz que usé para llamarlo lo haya hecho entrecerrar sus ojos un poco más— Saldré —asintió con parsimonia, cruzándose de brazos mientras me escuchaba atentamente—, a la tienda —alzó una de sus cejas en mi dirección—, puedes llamar a alguno de los chicos si no me crees —su otra ceja se alzó de igual manera, como queriéndome decir que mis amigos no eran precisamente los maestros de la honestidad—. Te enviaré un mensaje de texto cuando todo esté listo para que vayas por mí, ¿qué te parece?

—Por favor ten cuidado —dejé un beso en sus labios rápidamente—, no hagas… nada… ¿estúpido?

—Promesa de niña exploradora —sonreí mostrando todos mis dientes— ¡Niños, mamá se va, vengan a darle un abrazo! —unos pequeños pies corrieron por el pasillo que daba a la puerta de entrada. Grace llegó primero a mí, dejó un baboso beso sobre mi mejilla que acepté gustosa— Te amo, princesa, has rabiar a papá por mí. —Ella sonrió dulcemente mientras asentía con su cabecita.

—¿Dónde vas, mami?

Diantres, había olvidado que tenía otro guardia en casa.

—A juntarme con tus tíos —Floyd se cruzó de brazos, igual a como Edward había hecho unos minutos atrás. Joder, él no era el padre biológico de mi enano, pero ambos se parecían tanto en algunos gestos—, ya hablé con papá e irán todos a buscarme luego para que vean que mamá no se metió en ninguna miércale de pelea… —entorné mis ojos al tener que explicarme a mi enano de cinco putos años.

—Ah, entonces —mi renacuajo de pronto se abalanzó a mí, enredando sus dedos en mi cuello fuertemente— ¡Que te vaya súper, mami!

Dejé la casa tranquilamente, juro que podía escuchar Walking On Sunshine sonando como mi soundtrack para este día, aún y cuando la nieve ocupaba todo el maldito pueblo de Forks. Antes de juntarme con los chicos fui al almacén a comprar algunos snacks que eran parte fundamental para el día de hoy. Compré un sinfín de chucherías que serían del gusto de todos, en especial de mis enanos. Los resguardé bien en la motocicleta para no sufrir alguna perdida en mi camino al claro, me monté en ella y partí a mi destino. Cuando vislumbré el claro a lo lejos los recuerdos de ese día volvieron a mi de un momento a otro. Joder, la habíamos cagado en grande esta vez. Pero, siendo la perra egoísta que siempre he sido, no me arrepiento ningún segundo de lo que pasó si eso significaba que mi familia estaría fuera de peligro.

Y lo estaba.

Al menos eso me había dicho papá la última vez que hablé con él.

. . . . . . .

Estábamos en residencia Swan dos días después de los hechos. Mi cara ya estaba deshinchada, aunque los cardenales aún no se iban, de hecho, se estaban poniendo de un color más púrpura. Ness y yo estábamos sentadas en el sofá más grande de la sala de estar, una silla estaba frente a nosotros. Minino estaba parado en una esquina lejana, él aún seguía molesto conmigo y no me hablaba más que monosílabas. Tink y Grizz escuchaban todos sentados desde la escalera, mis jodidos amigos lucían muertos de miedo, creo que ellos le habían tomado un poquito de temor a papá Swan colérico.

Papá tomó asiento en la silla frente a nosotras y suspiró.

Billy se contactó conmigo —papá lucía malditamente cansado—, lamentablemente no había mucho que pudiera hacer sin las evidencias correspondientes —abrí la boca para decir algo, pero papá me dio esa mirada que manda a mantener mi puto silencio—. Y sí, Bree quiso ayudar aportando su versión de los hechos como testigo, pero no fue suficiente.

¿Bree hizo eso? —Renesmee preguntó con voz bajita, como no creyendo que su amiga haría una cosa así por ella. Rodeé sus hombros con mi brazo y la atraje hacia mí, dejando un beso sobre su cabeza.

Claro que ella haría eso por ti, Nessie —suspiré y miré a papá una vez más— ¿Entonces que carajos va a pasar con esos idiotas?, ¿me dejé pegar por nada?, ¿es enserio? —Charlie arqueó una de sus cejas y cuadró su mandíbula. Uh-oh, yo lo había hecho enojar una vez más.

Nadie te dijo que "te dejaras pegar" en primer lugar. De hecho, si mal no recuerdo, hija, te dije que te mantuvieras putamente alejada de todo esto, ¿no? —sonrió tensamente— Así que hazme el favor de no bromear con esas cosas, mira que aún veo rastros de ese fatídico día en tu rostro y… —empuñó sus manos sin terminar la frase.

Lo siento, no volveré a hacerlo. —Asintió a mis palabras y prosiguió.

Billy le dio una advertencia a Jacob y su pandilla, también colocó una orden de restricción. Esta lleva consigo una orden de exclusión de residencia…

¿En español?

Jacob no puede acercarse al condado de Washington mientras esta medida esté vigente —bueno, no sonaba tan mal la cosa, a decir verdad—, si él esta vez vuelve a incumplir la ley y se acerca al pueblo, ahí si que no tendrá escapatoria alguna.

Bueno, joder, ojalá y él…

Minino me miraba desde la otra esquina atentamente, la primera maldita mirada que me daba desde vaya a saber yo cuando, porque el también estaba evitando mirarme, estaba haciendo como si fuera invisible de algún modo. Y ahora que me observaba, podía ver claramente que él esperaba atentamente a que metiera la pata en mi arrebato.

—…se quede bien lejos de Forks, ¿no? —sonreí fingidamente en su dirección.

Me aguanté ferozmente las ganas de mostrarle cariñosamente mi dedo medio.

. . . . . . .

—Hace un frío de mierda, vamos a morir todos congelados.

Era Año Nuevo, estábamos en invierno, había nieve y era el maldito Forks, ¿qué esperaba Tink?, ¿un sol como el de las Bahamas?, ¿en esta economía? Ignoré su queja y ayudé a Grizz a terminar de colocar todo. Él había ido a Seattle hace unos días atrás, el chico de la polla grande, James, tenía un bar en el lugar y nos había facilitado dos estufas a gas para el exterior que eran malditamente monas. Eran algo así como una versión pija y moderna de los tachos de basura que usaban los vagabundos para calentarse en las frías noches de invierno. Las colocamos a cada costado de la mesa que habíamos desplegado en el centro, donde estaban los snacks de los que me había encargado yo. Emmett y Alice habían robado unos neumáticos del taller de Lobo. Robado, que fea palabra, mejor digamos que habían tomado prestado. No era como si el cabrón se fuera a aparecer aquí después de todo, ¿no? Los utilizamos como asientos, acomodándolos estratégicamente alrededor de las estufas. Habíamos hecho una especie de cerca también que rodeaba el perímetro, por la que colgaban unas lucecitas blancas que parecían copos de nieve. Se iba a ver muy bonito al anochecer cuando estuviera todo prendido.

Tink tomó asiento en uno de los improvisados sofás.

—¿Pretendes que ocupe el maldito gas para que dejes de lloriquear?

Duh, ¿para qué tomé asiento si no? —entorné mis ojos y prendí la maldita estufa, ahora era cuando podíamos probar si funcionaba o no. Alice cerró sus ojos con placer y sonrió— Ah, aquí se está de maravilla, no moveré mi culo de aquí.

—¡Miren lo que tengo, nenas! —Grizz agitaba en el aire unas chispas, esos fuegos artificiales en los que enciendes un extremo del palito y este comienza a resplandecer— James me dio un contacto en Seattle para comprarlos, estos pueden ser para los niños, traje unos de puta madre…

—Prometimos no hacer nada estúpido —murmuré, quitándola una chispa y prendiéndola, viendo embelesada como chispeaba en mis manos. Comencé a mover la varilla circularmente, rayos, habían pasado años desde que había jugado con una de estas.

—Y no haremos nada estúpido —alzó su dedo índice enguantado—, solo son unos pocos fuegos artificiales…

—…Y un poco de felicidad —nos giramos hacia Tink, quien sostenía entre sus dedos una pequeña bolsita con nuestra querida plantita mágica—. Es Año Nuevo, por todo lo infernal, no pueden enojarse con nosotros por esto.

—Pero Minino… —rasqué la nuca de mi cabeza tan jodidamente tentada a tomar las manos de los dos idiotas frente a mi que estaban haciendo el papel del diablillo que se paraba en mi hombro izquierdo y me hacía hacer cosas malas— Bueno… Él me hizo prometer que no habría más peleas…

—No dijo anda sobre la plantita, ¿no? —asentí un tanto reticente a la pregunta de Alice.

—¿Y los fuegos artificiales?, ¡vamos!, ¡nadie saldrá herido! —bueno, tenía un punto, no era como si fueramos a dejar a los niños jugar con esas cosas que trajo Grizz, al menos no con otras que no fueran las chispas—, ¡Alf es doctor después de todo! —Emmett lucía como un niño pequeño levantando la bolsa que contenía vaya a saber Dios que pirotecnia de dudosa reputación— ¡Y que conste que todo es legal! Bueno… casi todo.

Joder.

Solo esperaba que no pasara nada del otro mundo esta noche.

Miré la hora en mi celular una vez terminamos con todos los preparativos. Grizz había traído una parrilla también, nuestro osito llevaba días hambriento por carne, estaba segura de que papá y el reverendo Cullen iban a amarlo por ello, los viejos amaban las barbacoas. Eran las nueve de la noche, habíamos prendido las luces iluminando tenuemente el punto del claro en donde nos encontrábamos, todo se veía mágico, éramos el único foco de luz en el maldito bosque, las estrellas se veían en toda su magnificencia, era un paisaje realmente hermoso el que te daba Forks. Me giré a los chicos que ya estaban instalados cerca de las estufas, enrolando un porro para que comenzara la diversión.

—¿Debería enviarle un mensaje a Edward?

Gatito se va a morir cuando sepa que en realidad no estabas en la tienda y le mentiste una vez más —Tink pasó la lengua por el papelillo para sellar el cigarrillo, tenía una maldita sonrisita de suficiencia en su rostro—. Así que sí, deberías mandarle un mensaje porque estaré en primera fila para ver a ese primor molesto.

—Te odio —murmuré entre dientes hacia mi queridísima amiga.

—Me amas y lo sabes —prendió el porro y le dio una profunda calada—, todo el mundo lo sabe, nena —agregó, conteniendo el humo en sus pulmones. Lo expulsó lentamente de su cuerpo y se acomodó más en los neumáticos, acercándose al fuego un poco. Le entregó el cigarrillo a Grizz y decidí que, diablos, la perra tenía razón.

Le mandé un mensaje a Minino y al segundo ya me estaba llamando por teléfono.

Isabella…

—Antes de que me regañes o alguna mierda, que sepas que todo esto lo hice por ustedes —Emmett comenció a toser fuertemente tras de mí, hice una seña con mi dedo para que se callara porque Minino no era estúpido y carajos, yo ya estaba harta de ser regañada.

¡Lo mismo dijiste la otra vez, Isabella! —escuché un golpe al otro lado de la línea y después una puerta cerrarse— ¿Están… fumando? —Ah, joder, él había oído al maldito de Emmett toser como si la vida se le fuera en ello. Para que quiero enemigos con los amigos que tengo, eh.

—Primero, no me vuelvas a gritar Edward Anthony —cerré los ojos y conté hasta diez mentalmente—, segundo, ¡sí!, ¡estamos fumando!, ¡un pequeño porrito, gran problema! —juro por Carli que podía verlo sujetando el puente de su nariz— Y tercero, con los chicos les tenemos una sorpresa para celebrar este nuevo año, ¿podrías traer tu hermoso trasero, y los traseritos de mis nenes, al claro?

¿Una sorpresa? —asentí olvidando que él no podía verme— Bella…

—Solo hazlo, ¿sí? Esme y Carli también están invitados, y el marica de tu hermano —tomé el porro que me ofrecía Grizz en mis dedos y le di una aspirada—. Confía en mi por esta vez, no te pido nada más, juro… —cubrí mi boca con el puño para toser porque la mierda estaba poderosa. Le di mis pulgares arriba a Tink silenciosamente por el buen trabajo que había hecho encontrando esa raza— Juro que esta vez no hemos hecho nada malo.

Me prometiste que no harías nada estúpido, amor.

—Y estoy cumpliendo esa promesa, cariño —sonreí al escuchar como su voz se había suavizado—. Ahora haz lo que te digo. Nos vemos pronto, bebé, ¡te amo! —corté la llamada rápidamente y volví a fumar de aquel elixir que Tink había traído.

Nos sentamos en círculo alrededor de la estufa, contactando a las personas que queríamos estuvieran con nosotros esta noche. Llamé a Charlie, diciéndole que trajera a Sue, aún y cuando Tink puso un poco de resistencia a ello. Ella se comportaba como una cría a la que le habían quitado su caramelo. Nau también estaba invitado. Él y Nessie se comportaban de manera extraña el uno alrededor del otro desde que había pasado todo el asunto con Lobo, así que esperaba que mi querida hermanita no me odiara tanto por invitar al crío. Grizz habló melosamente por teléfono con Rose, tratando de engatusarla para que viniera. Él era un dulce que había creado una especia de sofá ultra cómodo juntando más neumáticos de lo normal, para su ángel. Le indicaba por teléfono que hacía un frío de mierda, que viniera abrigada y que trajera guantes para sus manos.

Puede que Grizz le haya sugerido ponerse una bufanda en su panza de embarazada.

—Esto está malditamente bueno —comentó mi grandote, levantando la cola que quedaba del porro—, esta será una noche jodidamente genial, ya lo verán.

—¿Tú crees? —preguntó Tink, enterrando su rostro en la bufanda negra que estaba usando, que se me hacía putamente familiar— Esta mierda apesta a Cobain, ew —resoplé, sin contener la risa al ver su pobre intento de odiar a Jasper cuando ya todo el mundo sabía que estaba coladísima por el idiota.

—Yo solo pido que Minino no me de una cátedra —cubrí mi rostro con mis manos enguantadas—, no sé si podría resistir el hecho de querer cerrar los ojos cuando empieza a hablar de la moral, que claramente no tengo, al menos no en este estado —los chicos comenzaron a reír.

—No hemos hecho nada malo hoy, que el mundo lo sepa —Emmett alzó su puño al aire.

—Hemos sido unos putos ángeles, me desconozco —secundó Alice, moviendo su cabeza asertivamente.

—Ya ven, tal vez y realmente podemos empezar este nuevo año sin cagarla como siempre.

Los tres sonreímos y destapamos unas cervezas, esperando a que comenzaran a llegar nuestras personitas importantes.

Luego de un rato de cháchara, donde hablamos de nada y todo a la vez, incluso y nos quedamos malditamente pegados mirando las estrellas y las formas que estas tenían allá en lo alto del cielo nocturno. Insisto, la marihuana estaba de maravilla. Vimos unas luces a lo lejos acercarse donde nos encontrábamos. El primero en llegar fue mi lindo gatito, él venía con Rosalie, Cobain y mis dos renacuajos. Mordí mi labio inferior para aguantar la risa cuando vi que Rose, en realidad había tomado el consejo de mi querido y grandísimo idiota, y llevaba una bufanda amarrada en su panza de embarazada. Emmett alzó sus pulgares al aire con completa diversión en dirección a Rose, causando un sonrojo en el rostro de la rubia. Mis enanos corrieron hacia mí, estrellando sus cuerpecitos contra mis piernas.

—¡Mami esto está súper cool!

—¿Te gusta, enano? —asintió fervientemente con su cabecita, haciendo que su gorra resbalara. La acomodé en su lugar y me giré hacia mi pequeña— ¿Qué hay de ti, princesa?, ¿te gusta lo que hicimos aquí?

—Está muy lindo, mami, ¡me gustan las lucecitas! —apuntó las luces blancas que estaban por todo el lugar.

Oooh, ¡Gracie mira lo que tío Jazzy tiene aquí! —Cobain estaba junto a Tink, ellos se habían apoderado de las chispas e intentaban llamar la atención de los niños con ellas. Los ojos de Floyd y Grace se iluminaron con felicidad y corrieron hacia los chicos— Joder, años, que no jugaba con una de estas.

B dijo lo mismo —murmuró Tink distraída, su mirada prendada de las pequeñas llamitas que salían de la varilla.

—¿Estás arriba? —preguntó Jasper a Alice, mientras ayudaba a Grace a sostener una de las varillas. Tink asintió a la pregunta de Cobain, Floyd estaba en cuclillas junto a mi amiga mirando las chispas casi tan concentrado como ella— ¡Y por qué nadie me dijo que viniera antes, joder, son los peores!

Desvié mi atención de ellos y la centré en mi hombre. Edward estaba de pie unos metros más lejos de mí, luciendo malditamente avergonzado. Abrí mis brazos en su dirección y él, dudando un poco al principio, se acercó a mi lentamente. Rodeé su cuello con mis brazos y lo atraje a mi en un dulce y laaargo beso, el cuál aceptó gustoso. Tuvimos que alejarnos (cuando claramente yo podría quedarme besándolo por siempre) porque mi querido hijo estaba haciendo sonidos de asco al vernos, con exageración, cortesía del puto de Cobain que le enseñaba esas cosas solo para hincharme los jodidos ovarios. Me separé de Minino para tomar aire, él seguía con sus manos entorno a mi cintura, sin dejarme escapar de su lado.

—¿Estás bien?

—Siempre lo estoy —rodé mis ojos—, ¿te gusta tu sorpresa? —pregunté, escondiendo mi rostro en su pecho— No es la sorpresa entera aún, es una parte de ella —Edward dejó un beso en el tope de mi cabeza, cuando no quité mi cara de mi escondite, el me tomó por las mejillas con sus manos enfundadas en unos guantes azules, obligándome a observar su sonriente rostro— ¿Es eso un sí?

—Me encanta —acarició mi mejilla con su dedo pulgar—, perdón por ponerme así cuando llamaste, yo…

—Está bien, lo entiendo —besé sus labios una vez más—. Oh, ¡mira, ahí vienen más!

Papá venía llegando en la patrulla junto a Sue, tras de él venía Renesmee en su fea camioneta en compañía de Nahuel y dos enanos que tenían casi la edad de mis niños. Todos observaban el lugar con un poco de confusión a medida que se iban acercando a nosotros. Me alejé de Edward para darle un abrazo a Sue y un beso en la mejilla a mi viejo.

—¿Y esto?

—¿Feliz año? —murmuré, papá sonrió y me dio un fuerte abrazo— Grizz trajo algo que te va a encantar…

—¡Viejo, mira la parrilla que tenemos! —Emmett levantó las bolsas con carne que había traído desde su viaje a Seattle— ¡Estas no se van a hacer solas! —los ojos de papá brillaron con emoción y se acercó a Grizz, arrastrando a Sue de la mano.

—¿Intentando reparar los daños? —le di un codazo a Nahuel cuando soltó esa frase.

—Una chica hace lo que puede —me agaché para quedar a la altura de los enanos que venían tomados de sus manos—, y supongo que ustedes son los hermanitos —eran dos Nahuel en miniatura. Que va, eran incluso más adorables, ¡y gemelos! —, ¿le dirían a tía B sus nombres?

—Yo soy Embry —el menos tímido extendió su manita para que yo la tomara, sonreí y la tomé a modo de saludo—, él es Quil, es un poco tímido… —el otro enano se escondía detrás de Nahuel, lo miré y moví mi mano en señal de saludo— Uh, ¿p-podemos jugar con eso también? —Embry apuntó hacia donde estaban Floyd y Grace sosteniendo sus varitas chispeantes con la ayuda de Jasper.

—¡Por supuesto!, tío Jazzy les ayudará —chiflé con mis dedos para llamar la atención de Cobain— ¡Ahí te van dos renacuajos más!

—Es que soy un jodido jardín de infantes ahora, carajo… —Quil dudó cuando escuchó hablar al idiota de Cobain.

—No tengas miedo enano, el ladra, pero no muerde —le guiñé un ojo y me gané una pequeña sonrisita.

—¿Podemos ir? —Embry y Quil miraban a Nahuel con sus ojitos abiertos de dos en dos. Creo que "la técnica" era algo con lo que los críos simplemente nacían. Nau asintió, sin poder negarle nada a esos dos pequeños. Embry tomó la mano de Quil y lo jaló hacia donde se encontraban los niños jugando.

—Son unas ternuritas.

—¿Cómo yo?

—Ya quisieras… —Renesmee carraspeó tras nosotros, tenía el ceño levemente fruncido al ver la interacción entre Nahuel y yo. Madre santa, ¿estaba acaso presenciando celos por parte de mi hermanita?— Y tú, ¿no vas a saludar a tu hermana?

—Estabas un poco ocupada tomando toda la atención de… —sus mejillas se tornaron rosa— digo, conversando, uh… —comenzó a retorcer sus manos con nerviosismo. No pude evitar reír porque era jodidamente gracioso verla tan ofuscada, me acerqué a ella para darle un abrazo— Vas a pagar por esto, hermana —sonreí al escuchar su murmullo y la atraje en un abrazo más apretado.

—Yo no hice nada, tú solita estabas a punto de convertirte en Hulk.

—¿Qué es todo esto?

—¡Una sorpresa! —chillé alegremente—y miren, ahí vienen los últimos invitados.

Cuando los Cullen llegaron finalmente estuvimos todos completos. Esme chilló bastante agudo al ver el lugar, estaba malditamente encanta y yo no cabía de lo orgullosa que estaba de nosotros por haber logrado esto. Ella trajo un pastel porque quién sabe, a lo mejor era psíquica. Cuando le pregunté al respecto ella tocó su sien y simplemente dijo "intuición". La amaba, joder. El reverendo Cullen apenas y me saludó, creo que estaba un tanto eufórico por unirse a papá y Emmett en la parrilla, donde ya se estaba haciendo la carne. Edward y Jasper estaban con los niños y sus varitas chispeantes, Floyd y Grace jugaban alegremente con los hermanitos de Nahuel. Rose, Alice y Sue estaban sentadas alrededor de la una de las estufas conversando vaya a saber yo de qué cosa. Era cómico ver como Sue estaba en medio de la rubia y mi amiga, y como estas a veces se enfrascaban en pseudo-discusiones, solo podía ver sus ceños fruncidos a la distancia y a Sue haciéndola de intermediario. Renesmee y Nahuel se habían alejado un poco de nosotros, ambos sostenían fuegos artificiales en sus manos, habían caminado en silencio hacia el centro de claro y desde mi distancia podía ver como se habían tomado de las manos.

Yo puede que haya soltado un chillido por lo bajo.

Le di un sorbo a la botella de cerveza que sostenía en mi mano, sin dejar de observar a las personas que estaban a mi alrededor. Todo se sentía demasiado correcto, esta situación de estar en familia. Si estuviera un poco ebria estaría llorando probablemente porque soy una llorona de mierda y una sentimental de lo peor. Me gustaba tanto estar así con todos, tanto como ver el relajo en sus rostros y la felicidad saliendo de sus poros. Solté un suspiro malditamente feliz con todo y volví a tomar de mi cerveza, apoyándome en la mesa y tomando unos snacks en el proceso mientras se hacía la carne.

Psst, B —miré a Emmett que susurraba frente a mí. Él levantó la bolsa donde tenía esa pirotécnica de dudosa reputación— ¿Es hora? —miré mi reloj. Eran aún las once y media de la noche, negué con mi cabeza— ¿Y si probamos solo uno?

—Lejos —lo apunté con mi dedo índice—, no quiero heridos esta noche.

—Si, si —le restó importancia con un movimiento de su mano— ¡Tink! —mi amiga levantó la cabeza como una suricata en busca de la persona que la llamó— ¡Es hora! —se paró de un salto y se acercó a nosotros. Emmett había sido tan no sutil, que claramente todas las personas que estaban aquí tenían sus ojos en nosotros ahora.

Solté un gran suspiro con toda la calma del mundo.

—Bien, para los presentes, les prometemos que no haremos nada estúpido —miré a Minino al decir eso—, no nos enfrascaremos en ninguna pelea —esta vez miré a papá—, y tampoco haremos algo… tan ilegal ni peligroso —esta vez miré a Carli—. Solo iremos un poquito para allá y volveremos en un segundo, lo juramos.

—¡Palabra de niños exploradores! —gritaron ambos de mis amigos.

Luego de cinco segundos eternos, ellos desviaron sus miradas y soltaron un colectivo suspiro. Los tres rodamos nuestros ojos, nos dolía en lo más profundo de nuestros negros corazones que no tuvieran una pizca de confianza en nosotros. Si decíamos que no nos íbamos a meter en problemas, era porque de verdad no íbamos a hacerlo. O al menos planeabas no hacerlo, a veces los problemas simplemente nos encuentran. Tomamos la bolsa misteriosa de Grizz y caminamos hacia el centro del claro, donde antes estaban Nahuel y Renesmee, tomados de las manos, b-e-s-a-n-d-o-s-e, y comenzamos a ver que demonios había comprado Grizz. Tink alumbraba con la linterna de su teléfono hacia la bolsa para tener una mejor visión, eran una mescla de juegos pirotécnicos… en chino.

¡Todo estaba en puto chino!

—¿Cómo se supone que sepamos para que sirve esta mierda? —tomé uno de los envases sin entender nada de lo que decía.

—Esas es la idea de probar, B. Tú tomas uno —me quitó el que tenía en las manos—, lo sacas de su recipiente —sacó una especie de bengala. Fruncí el ceño cuando me quitó la botella de las manos, Emmett se agachó y fijó la botella en la nieve, luego puso la punta inferior de la bengala dentro de la botella, dejando así la mecha en la otra parte que quedaba fuera de esta—, y lo prendes —acercó el fuego hacia la mecha de la pirotecnia, esta prendió rápidamente, nos hicimos hacia atrás cuando estaba por llegar a la punta…

¡Y la muy puta llama se apagó!

¡Como si nada!

—Yo no voy a acercarme a eso —dijo Tink, mirando la cosa con desconfianza—, he visto esto en las jodidas películas, uno de nosotros se va a acercar y la cosa esa va a explotar, ¿y qué va a pasar?, ¡nos van a regañar una vez más por cagarla otra vez!

—No va a explotar —Grizz entornó sus ojos, estaba intentando sonar seguro al respecto, pero claramente él tampoco quería acercarse a la cosa—, solo hay que prenderla de nuevo… ¡piedra, papel o tijera! —suspiré porque era pésima en ese maldito juego.

Piedra.

Papel.

Tijera.

—¡Joder!

Grizz y Tink levantaron sus puños al aire en seña de victoria al haber vencido a mi maldita tijera con sus piedras. Tomé el fuego de las manos de Grizz y me acerqué al campo minado. Como los idiotas que somos, aparte de que la maldita cosa no había funcionado, habíamos dejado la bolsa sumamente cerca de su perímetro, si la cosa esa de verdad explotaba yo me iba a incendiar con tanto maldito fuego artificial. Y Minino me iba a dar otra cátedra. Y papá probablemente me patearía el culo.

Me agaché un poco lejos de la bengala y estiré solo mi brazo para prenderla. Cuando la mecha encendió una vez más, esta se consumió rápidamente y sin previo aviso salió disparada al cielo, iluminándolo de variados colores. Sonreí al ver lo hermoso que era desde cerca. Cuando Emmett y Alice vieron que no exploté, se acercaron corriendo a mí, me giré y abrí mis brazos contentísima.

—¿Vieron eso?, ¡está jodidamente cool! —las sonrisas que traían en sus rostros se congelaron cuando llegaron junto a mi, sus ojos estaban fijos a la altura de mis pies. Joder, ¿qué demonios pasaba ahora?

B, uh, lo mejor será que te alejes de ahí…

—Si, eso, ven acá nena… ¡No te gires!

Me giré justo para ver que la bengala había soltado residuos, los cuales estaban malditamente cerca de la bolsa que contenía todos los otros fuegos artificiales. De hecho, una chispa había caído dentro de la bolsa, por todo lo santo, ¿qué jodida suerte era esta?, ¿en qué clase de película estábamos?

—Joder, joder, joder… —corrí hacia donde se encontraban ellos justo cuando otra bengala salió disparada al cielo y reventó en lo alto, me tiré al suelo y los chicos copiaron mi movimiento. A lo lejos vi como Edward y los niños, junto a los demás, se acercaban embelesados mirando el cielo— ¡No se acerquen, joder, quédense donde están! —grité a todo pulmón, en conjunto con otro fuego artificial.

Y así le siguió toda la maldita bolsa.

Uno tras otro, salían en todas direcciones las malditas bengalas que Emmett había traído, gracias al cielo estábamos lejos de nuestras familias, y las bengalas por arte de magia estaban saliendo disparadas hacia el lado contrario, aún así reventaban en el cielo llenando este de distintos colores y una estela de humo atrás. Pasó un largo rato en el que estuvimos comiendo nieve con los chicos, simplemente mirándonos y viendo también el espectáculo que teníamos sobre nosotros. De repente Grizzly se giró sobre su espalda y quedó boca arriba, soltó una atronadora carcajada de la nada, Tink y yo no pudimos evitar seguirle por lo bizarra que había sido la situación. Cuando ya no escuchamos ningún sonido más proveniente de los fuegos artificiales nos quedamos en silencio.

—¿Tú crees que seremos regañados otra vez? —preguntó Tink, limpiando la comisura de sus ojos ya que se le habían escapado algunas lágrimas al reír tanto— ¿Por qué nunca nada nos resulta bien? Estamos malditamente condenados.

—A lo mejor una de las guarras que Emmett se agarró alguna vez en su vida, era bruja.

—Que va, me habría embrujado el miembro para eso, ¿no creen?

Volvimos a reír, el humo se estaba disipando, y claro, Minino me observaba desde arriba con sus brazos en forma de jarra. Sonreí y pestañeé inocentemente en su dirección. Él negó con su cabeza y me extendió su mano, para ayudarme a ponerme de pie. Hizo lo mismo luego con Tink, quien descaradamente dejó un beso en su mejilla a modo de agradecimiento, causando un sutil sonrojo en las mejillas de mi hombre.

—Ustedes tres, juntos, son un peligro.

—¡Fue culpa de la bengala! —chillamos los tres a la vez con indignación.

—Claro, claro, culpa de la bengala —Edward entornó sus ojos—, venga, la carne está lista. Al menos los niños quedaron completamente fascinados con el espectáculo, agradezcámosle a Dios que no pasó a mayores. ¿Dónde quedó eso de "no haremos nada estúpido"?

—Nosotros lo intentamos, que conste, las estupideces son las que nos buscan a nosotros, no al revés, gatito —Alice se encogió de hombros— Y ahora iré por esa carne, ¡Charles, sabía que menear la pistola no era tu único encanto! —Tink le gritó a papá mientras corría, no alcancé a escuchar lo que papá le respondió, pero causó la risa de las personas que estaban ya aglomeradas en la mesa.

—Iré a alimentar a mi ángel y mi bollito, ¡papá les dará la alimentación carnívora que merecen! —y Emmett desapareció tras Tink, corriendo como un niño pequeño entre la nieve.

De verdad que no tuve nada que ver en esto… —Edward iba a hablar pero el grito de todos a lo lejos lo distrajo.

¡Feliz Año Nuevo! —gritaron a coro, desde nuestra distancia podíamos ver como se abrazaban y se daban las bendiciones para el nuevo año que comenzaba. Miré mi reloj y exactamente eran las doce de la noche en punto, estábamos comenzando una nueva etapa.

Juntos.

Tomé su mano entre la mía y jalé de ella para hacerlo agachar. Minino siguió mi movimiento y agachó su cabeza para permitirme besar sus labios con facilidad. Aproveché que estábamos solos para enroscar mis brazos en su cuello y dar un salto, obligándolo a tomar mi trasero entre sus manos cuando enrosqué mis piernas en torno a su cintura. Edward sonrió contra mis labios y nos giró lentamente en la nieve, dándome un delicioso beso, murmurando palabras de amor cada vez que se separaba de mi un poco, no mucho, ya que yo lo jalaba nuevamente cerca para dejar todos los besos posibles en su hermoso rostro.}

—Feliz año nuevo, Minino. Que la fuerza esté de nuestra parte, juro portarme mejor este año.

—Feliz año nuevo —dejó un corto beso sobre mi nariz, sus ojos resplandecían con tanto cariño—. Eres mi vida. Te amo, te amaré incluso más este año, pero menos que el año que viene. —Entorné mis ojos ante lo cursi que era— Espero que sigamos siendo la hermosa familia que somos, junto a Floyd y Grace.

Asentí a sus palabras y volví a besarlo.

Justo en ese instante otra maldita bengala explotó en el cielo, sobresaltándonos. Miramos los colores que se encendían junto a las estrellas y reímos a la par. Definitivamente esto parecía sacado de una puta película. De esas comedias románticas que veíamos con Grizz a escondidas de Tink para que no se burlara de nosotros por llorar como nenazas.

Iba a ser un buen año.

Joder, este iba a ser nuestro año.


¡Buenas noches!

Creo que llegué mas temprano esta vez, al menos aquí son las 1.15 am recién. Sé que les dije que podía ser que subiera el fin de semana pero bueno, ya me conocen, ¿no? lmao. Sinceramente, fue culpa de la U, tenía muchas ganas de escribir en verdad porque no quería que se me olvidara lo que tenía planeado para este capítulo, ¡pero los malditos proyectos que tengo que entregar esta semana no me dejaban! Al fin hoy pude descansar algo y aquí me tienen otra vez, jeje. Espero el capítulo sea de su agrado, como siempre, y si no pues me dicen, veremos que se puede hacer al respecto XDD. Creo que este capítulo me salió más cursi de lo normal, casi me morí de sobredosis de azúcar, solo casi, porque tampoco fue para tanto (?) Y eso no es todo, casi les tiro un porno, pero yo soy pésima escribiendo porno así que lo dejé ahí para que cada una imagine a gatito en acción, y probablemente querrán matarme porque sé lo cochinas que son todas ustedes, no me engañan. (btw, la que diga que no soy pésima escribiendo lemmon está mintiendo porque hace cuatro años era horrible y ahora, cuatro años después, soy peor AJAJAJA). A todo esto, cuando estaba escribiendo el final del capítulo sentí que era casi como el final del fic, ¿será por toda la parafernalia de año nuevo?, pero solo pasó como por un segundo en mi cabeza esa sensación, después me dije que me dejara de mierdas porque aún me quedan muchas cosas inconclusas que desarrollar así que creo que tendrán de esta oveja para rato aún jeje.

¡Muchas gracias por sus reviews y lindos comentarios!

Una oveja disque cursi,

Lamb~