Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward


Capítulo 35: Bebé, amo tu manera de ser.


Baby, I Love Your Way – Peter Frampton


—¡Floyd!, ¡qué recórcholis te está tomando tanto!

¡Ya voy ma'!, ¡solo espera un poquitín más!

—¡Dejaré tu traserito en casa si no vienes en este instante renacuajo! —entorné mis ojos y tomé la mano de Grace, mi princesita me observaba sonriente, completamente divertida con el intercambio que estaba teniendo con su hermano. Miré el reloj de pulsera que llevaba, ¡se nos hacía tarde y este niño estaba haciendo vaya a saber yo qué jodida cosa! — ¡Floyd Dee Dee Swan!

Escuché como corría por el pasillo del segundo piso, bajó la escalera con cuidado y volvió a correr una vez estuvo abajo. Su cabello caoba estaba enmarañado, mi enano tenía su ceño levemente fruncido y estaba haciendo un mohín con su boca de lo más malditamente adorable, inflando sus mejillas y todo. Claramente estaba molesto porque lo había llamado por su nombre completo.

Mamáaa…—se quejó como el niño pequeño que era— ya estoy aquí —estiró su manita hacia mi y la tomé encantada. Entrecerré mis ojos sospechosamente cuando me dio una enorme sonrisa—, ¿vamos?

—¿Qué estabas haciendo que te tomó tantos años bajar?

—Nada —la sonrisa se acrecentó, acentuando sus aniñados cachetes—, vamos, ¿sí?

—Floyd… —el tiró de mi mano insistentemente.

—¡No es nada, vamos, vamos a llegar tarde!

—¡Y de quién crees tu que es la culpa, enano!

Resoplé mientras salía de casa con mis dos enanos de las manos. Minino últimamente estaba usando mi motocicleta, dejándome a cargo de su Volvo, él decía que era porque yo pasaba más con los niños y hacía todo esto de ir a dejarlos y recogerlos del colegio, pero algo en mi gritaba que gatito le había agarrado el gusto a andar en motocicleta y, oye, no me ven quejándome, mi hombre se ve malditamente caliente sobre esa cosa. Monté a los niños en sus sillitas y partimos rápidamente a la escuelita de Forks.

La vuelta a clases había sido hace un mes atrás aproximadamente, después de las vacaciones por las celebridades, los niños habían vuelto a poner su trasero en el sistema educativo el lunes cinco de enero, Floyd había sido todo un tema con eso de levantarse temprano, Grace era una cosita dulce que tenía una alarma incluida en su cuerpecito, ella ni siquiera necesitaba que la despertaran, sus ojos se abrían por arte de magia a la hora que tenía que ser, mi renacuajo en cambio, joder, había sacado lo mal madrugador de su madre, ¿a quién más puedo culpar si no es a mí? Era como si sus ojitos estuvieran pegados con súper glue o algo por las mañanas, me demoraba horas sacando su trasero de la cama.

Estábamos en febrero y todo iba viento en popa.

Les dije que este iba a ser nuestro año.

Los tres mosqueteros llevábamos invictos un mes, ya éramos parte de Forks, unos buenos ciudadanos…

… Bueno, había una que otra escapadita para fumarnos un porro en el bosque, pero que va, buenos ciudadanos de todas maneras.

—Mami —Grace me miraba con sus grandes ojos verdes, ella estaba revolviendo sus manos en su regazo. Floyd ya estaba de pie junto a mi esperando a que sacara a Gracie del automóvil. Mi princesa lucía un tanto incómoda, lo que me llamó la atención.

—¿Qué pasa, bebé? —le pregunté, acariciando su mejilla. Su regordete rostro se tornó rosa, creo que ella aún no se acostumbraba del todo a las muestras de cariño que tenía con ella.

—N-Nada, no es nada… —su vocecita se escuchaba muy baja. Preocupada posé mi mano sobre su frente para ver si tenía temperatura o algo, joder, ella era tímida pero no solía actuar de esta manera muy a menudo.

—¿Estás segura corazón? —asintió suavemente con su cabeza— Sabes que puedes decirle a mami lo que sea, ¿no? —volvió a asentir. Suspiré, no le iba a sacar nada, era una nena bastante tozuda cuando se lo proponía. Desabroché el cinturón que la mantenía en la sillita y la bajé del carro— Bien, ¡hora de ir a clases, enanos!

Los dejé en la sala a cargo de la maestra Weber, quien me regaño por llevarlos tarde, obvio. Salí de allí rápidamente para ir a la tienda de tatuajes, los chicos ya estaban allá y bueno, yo iba tarde. Antes me pasé por el centro de Forks, donde vendían las donas que a papá tanto le gustaban, tenía que comprar algo para apaciguar la ira de las fieras que me esperaban en la tienda. Estacioné al Volvo a un lado de la calzada y me bajé a toda velocidad, la campanita de la puerta me recibió al entrar, no como los dos idiotas que estaban sentados haciendo nada que ni siquiera se dignaron a girar la cabeza para ver quién demonios había entrado a la tienda, Tink y Grizz hablaban animadamente entre ellos, Emmett sonreía abiertamente, dejando al descubierto sus hoyuelos, mientras que Alice asentía a lo que él decía, con un extraño brillo en sus ojos que no había visto muy a menudo en ella.

Jodidamente raro todo.

—… Entonces, se supone que esta colección de música hará que el bebé sea un jodido Einstein, ¿no está genial? También compre algunas cosas para Rosie, porque no puede ser todo para nuestro bollito, mamá necesita cuidados también y… —Grizzly se detuvo cuando me vio para ahí de brazos cruzados— ¡Nena, no te había visto! —Tink giró su cabeza para mirarme.

—¿Estas son horas de llegar, perra? —arqueó una de sus cejas en mi dirección, tenía una cara de perros horrenda, joder, tampoco había llegado tan tarde, vale.

Perdón, Floyd sigue siendo un caso perdido en las mañanas —levanté lo que traía en las manos— ¿Café? —sonreí inocentemente— ¿Donas? —Tink rodó sus ojos y estiró sus manos para que le entregara la comida. Me senté junto a ellos en el sofá mientras le pasaba a cada uno su café y dejaba la caja de donas en la mesita que teníamos— Entonces, ¿qué es eso de tu bebé siendo Einstein?

—Estábamos hablando de los regalos que conseguimos para San Valentín —ahora fue mi turno de arquear una de mis cejas en dirección a Alice cuando soltó eso, ella me ignoró y le dio un mordisco a su dona.

¿San Valentín? —carraspeé, tratando de hablar con normalidad esta vez y dejando la sorpresa de lado— ¿Qué es eso?, ¿se come? Grizzly sonrió y negó con su cabeza, dándole un sorbo a su café.

B, nena…

—Vale, osito, sé que es eso, pero… ¿Nosotros?, ¿San Valentín? —volví a preguntar con incredulidad. Estaba completamente segura de que esa era la única fecha que no celebrábamos, incluso creo que una vez borrachos en Carolina del Norte habíamos hecho una promesa al respecto— ¿De qué me estoy perdiendo?

—Hay muchas cosas que no hacíamos y ahora si —dijo mi osito, devorándose una dona de frutilla—, como estar estable, por ejemplo. ¿Por qué carajos íbamos a celebrar San Valentín antes si nunca estuvimos agarrados desde las bolas como ahora? —resopló— Bueno, ustedes no tienen bolas, pero se entiende, ¿no, nena?

—Joder, entiendo todo ese concepto, pero… ¿Por qué están hablando de eso ahora? —pregunté con genuina curiosidad, acomodándome en el sofá para mirarlos a ambos directamente. Tink frunció el ceño.

—Estamos a catorce de febrero, genio, ¿te suena a algo eso? —rodó sus ojos con exasperación hacia mí.

—¿Hoy?, ¿catorce de febrero? —ambos asintieron a la vez.

—El día del maldito mocoso en pañales que anda repartiendo flechas en el mundo y nos deja así —Grizz se apuntó a si mismo—, como un estúpido enamorado de un jodido ángel que…

—Espera, espera… —sacudí mi cabeza y chillé— ¡¿Hoy es el puto día de San Valentín?!

—¡Carajos, sí!, ¿quieres que te lo dibuje ahora o qué? —me quedé en completo silencio, lo que le dio el pie a la muy maldita para tocarme los cojones solo como ella sabía hacerlo— Oh, B, bebé… ¿no me digas que no tienes nada preparado para nuestro gatito? —una gatuna sonrisa se posó en sus labios, mientras le daba otro mordisco a la dona, lentamente.

La fulminé con la mirada porque, diablos, la muy puta tenía razón.

Yo no tenía nada, ¡ni siquiera sabía que era el maldito día! Cerré mis ojos y solté un quejido por lo bajo, rememorando cómo Minino había estado más cariñoso de lo normal por la mañana, él de verdad que había estado muy jodidamente amoroso, me despertó con pequeños besos sobre mi rostro, perdí la cuenta de cuantas cosas malditamente cursis me susurró al oído mientras me corría mano el muy cabrón, ¡él incluso me había llevado el desayuno a la cama!, ¡me había hecho mi puto desayuno favorito con tarta de chocolate incluida!

Mierda.

Los chicos se largaron a reír al ver mi desconsuelo, ¡esos son amigos, claro!

Gatito probablemente tiene una super mega híper extra gran sorpresa para ti —Tink claramente disfrutaba con mi sufrimiento, hundiendo más el dedo en la herida—, él luce como de esos, ¿sabes? —entorné mis ojos porque, joder, sabía perfectamente que Minino no solo lucía como uno de esos chicos que hacen una gran parafernalia, él malditamente lo era.

Cubrí mi rostro con ambas manos y gemí.

Diablos, ¿cómo había olvidado lo extremadamente detallista que él era?

Recordé en un instante como la había cagado una vez en el pasado, ¡bravo B, lo estás haciendo otra vez!

. . . . . . .

La secundaria de Forks estaba de color rosa, joder, todas las paredes del maldito colegio tenían corazones, bebés en pañales y más de esas cosas cursis que se usan para San Valentín. Estaba a punto de hacer una arcada al ver a todas las parejitas acarameladas intercambiando cartas y chocolates, y eso no era todo, diablos, claro que no, ¡estaba por llegar el tan esperado baile de San Valentín! Por favor, nótese el sarcasmo. Caminé con la cabeza gacha para apartar mi vista de la imagen que tenía por todos lados y llegué a mi casillero.

Cual fue mi jodida sorpresa cuando lo abrí.

Carajos, esto no puede estar pasándome a mí, ¿no?

Ahí junto a los escasos cuadernos que tenía había un sobre, un pequeño sobre color azul que destacaba entre los otros dos sobres que habían de color rosa. Hice una mueca de desagrado con mis labios y tomé las malditas cartas en mis manos. Yo realmente no estaba para juegos. Me apoyé en mi casillero y comencé a abrir los odiosos sobres, dejando el azul para el final. El primero era de un rosa chillón y tenía un sticker de un corazón rojo en la parte trasera, arrugué mi nariz cuando un fuerte olor dulzón salió de la hoja que saqué del sobre. Comencé a leerlo rápidamente, riendo de vez en cuando ante la estupidez de la situación.

Digo, yo sabía lo idiota que podía ser Royce King, pero esto ya era demasiado.

¿Es que acaso creía que iba a abrir mis piernas para él si me decía en una carta, de manera "sutil", que quería enrollarse conmigo? El tipo ni siquiera sabía escribir, joder, casi me sangran los ojos con tantas malditas faltas ortográficas.

Entorné mis ojos y levanté la vista, justo frente a mi venía pasando el susodicho con su brazo entorno a los hombros de Rosalie, el muy bastardo me guiñó un ojo y sonrió con grandeza, casi como si se hubiera ganado la lotería o algo, fruncí el ceño, ¿el de verdad creía que yo iba a caer rendida a sus pies por esta mierda? Isabella Swan no era así de fácil, amigos, y menos con un idiota que tiene una polla minúscula.

Arrugué la carta y la eché al tacho de la basura que estaba junto a mi casillero, por que sí, estos malditos conservadores me habían puesto en el casillero más apartado de todos junto a la basura.

La segunda carta rosa era al menos mas normal, de un rosa pálido y sin ningún motivo en el exterior, rompí el sobre y comencé a leer su interior. Era la carta de una chica, su nombre era Jane y vale, no me quejo, ella era bastante buena con las palabras, creo que incluso me sonrojé un poquito. Cuando terminé de leer guardé la carta en el bolsillo trasero de mi pantalón. Miré por los pasillos buscando a alguien con cara de Jane, no tenía ni la más puta idea de quién era, hasta que a lo lejos vi una menuda chica rubia "disque" escondida tras de uno de los pilares que había en el corredor, cuando nuestros ojos se cruzaron su rostro se sonrojó furiosamente y su cuerpo se tensó de manera visible, y en un segundo la tuve fuera de mi vista, ¿Flash, quién? La chica corrió lejos, jodidamente lejos. Me encogí de hombros, yo no le hubiera dicho que no de todas maneras, esta es la edad para experimentar, ¿no?

Estaba por leer la última carta, la azul, cuando la campana de entrada sonó. Y créanlo o no, yo si iba a clases. Guardé el sobrecito en la parte trasera de mi pantalón y caminé con parsimonia al salón. El resto del día pasó normal, dentro de todo lo "normal" que podía ser este jodido día. La mierda cayó en la hora del almuerzo. Yo solo iba a coger mi maldito almuerzo y salir de la cafetería para comer en el patio, como siempre, cuando el idiota de Royce King se subió a una de las mesas y chifló con sus dedos para llamar la atención del alumnado. Su sequito de bobos lo seguían, riendo alrededor de la mesa y mirándolo como si fuera la gran cosa, hasta la perra de Rosalie estaba ahí haciéndole gracia al muy cabrón.

Iba caminando por los pasillos de la secundaria cuando encontré esto en el suelo —sentí mis ojos abrirse de dos en dos cuando King mostró un sobrecito azul casi idéntico al que se suponía yo tenía en el bolsillo de mi pantalón, por inercia mi mano fue hacia el lugar y lo encontré vacío, joder—, ¿quién será el dueño de esta basura? —empuñé mis manos viendo como el cabrón rompía el sobre y sacaba su contenido.

Oh, en su rostro se posó una sonrisa llena de malicia.

¡Vamos, lee la carta Royce! —algún energúmeno gritó desde alguna parte de la cafetería. King carraspeó y comenzó a leer.

Feliz día del amor y la amistad…—soltó una pequeña risita— Isabella —gemí en mi interior cuando sentí todos los ojos sobre mi—. Te escribo para agradecerte por todo. Por estar siempre a mi lado. Por ser mi amiga —el cabrón volvió a parar y comenzó a buscar a alguien con su mirada. Sus ojos brillaron con maldad cuando lo encontró. Yo sabía perfectamente bien a quién estaba buscando—, pero, por sobre todo, por dejarme amarte libremente… —soltó una atronadora carcajada y prosiguió. A estas alturas comencé a caminar rápidamente hacia él para quitarle la maldita carta de sus sucias manos— Gracias por ser tú...

—¡Dame la jodida carta, Royce! —grité, interrumpiendo su lectura, tratando de zafarme de los gorilas del equipo de fútbol que eran sus malditos guardaespaldas, ni defenderse solo podía el muy cabrón. Me ignoró olímpicamente, carraspeó una vez más y prosiguió.

Se que no es reciproco, pero nunca me cansaré de decirlo: Te quiero, como no te imaginas. Amo la voz que usas cuando me cuentas alguna de tus travesuras. Amo como tus ojos se iluminan cuando sonríes. Amo tu manera de ver el mundo. Simplemente amo tu manera de ser… —Edward se levantó de su lugar rápidamente y dejó la cafetería bajo la atenta y burlesca mirada de todos— ¡Firma, Edward empollón Cullen!

La cafetería rompió en carcajadas justo cuando llegué a la mesa del maldito bastardo y me tiré contra él, claramente no pude hacer nada porque sus matones me retuvieron. Royce se bajó de la mesa y caminó hacia mi con socarronería, Rosalie flanqueando su lado izquierdo, sonriendo con burla y diversión. Me daba asco lo malditamente perra que era con su primo, la odiaba, joder, ¡maldita arpía, ella debería haber hecho algo!

Eres asqueroso —murmuré entre dientes cuando lo tuve en frente, sus matones aún me tenían sujete desde los brazos, me picaban las manos por golpear su pijo rostro.

Tu pequeño enamorado salió corriendo como el cobarde que es…

Púdrete —le escupí en la cara, causando que sus amigos me soltaran por la sorpresa. Le arrebaté rápidamente la carta de su mano y pasé digna por su lado, no sin antes darle una mirada a Rosalie—, y a ti debería darte vergüenza, tratar así a la persona que te recibió en su jodida casa, con los brazos abiertos y todo el puto cariño del mundo, después de que ni tus progenitores te quisieran, perra. —su rostro se tornó rojo, no sabía si por la vergüenza o por la furia.

Sinceramente, me importaba una mierda.

Una vez lejos de toda la mierda tóxica, comencé a buscar a Edward. Él probablemente estaba haciendo esa cosa con sus manos. La hora para almorzar ya iba a acabar y yo no podía encontrar a Minino, lo había buscado por todos los lugares posibles, y no es como si la maldita secundaria fuera tan grande, joder, ¿dónde podía estar? El único lugar al que no había ido era el bosque que daba tras la escuela, así que no me quedaba de otra que ver allí, ¿y si él se había ido a casa ya? Diablos… No tuve que adentrarme mucho al bosque cuando lo vi, esa cabellera cobriza toda enmarañada resaltando en el verde que predominaba en el bosque, me acerqué lentamente, su cuerpo estaba levemente tiritando. Yo iba a romperle las pelotas a Royce King, y de paso, a su jodida novia de mierda.

¿Edward? —dio un pequeño respingo cuando murmuré su nombre suavemente— ¿Estás bien? —me golpeé mentalmente por lo estúpido de mi pregunta. Él asintió quedito, aún sin darme la cara— ¿podrías, por favor, mirarme?

Y-yo lo haré… S-solo dame un s-segundo —y como la puta impulsiva que era no le di ese segundo y me puse frente a él. Sus manos se retorcían sobre su regazo. Me puse en cuclillas frente a él y tomé su barbilla entre mis dedos, al alzar su rostro pude ver como sus orbes verdes estaban avergonzados, acongojados, malditamente dolidos.

La puta madre, yo de verdad iba a acabar con esos idiotas.

Pensé que tenía la carta en el bolsillo de mi pantalón, yo la guardé, joder, no me di cuenta que la había dejado caer, ¡ni siquiera la había leído aún!, ¡ni siquiera sabía que era tuya! —algo debió haber visto en mi rostro que lo hizo relajarse un poco—, perdóname, ¿sí?, yo nunca hubiera querido que esto pasara, esos hijos de puta me las van a…

Isabella —me callé cuando dijo mi nombre—, el lenguaje —solté una pequeña risita por su regaño—. P-perdón por avergonzarte de esa manera —fruncí el ceño ante sus palabras, hizo el ademán de agachar su cabeza otra vez, pero no se lo permití.

Tu no me avergonzaste, ¿de qué estás hablando?

Y-yo… Escribí esas cosas… Y-y ahora todos saben… —suspiró y afianzó el agarre en sus manos, creo que intentaba evitar el temblor en ellas— D-de verdad lo siento, s-siento que todos sepan ahora que el tonto de Cullen tiene un enamoramiento contigo. P-perdón... N-Nunca debí escribir eso... Quité mi mano de su barbilla y sostuve las suyas entre las mías.

Tu no tienes que disculparte de nada, bobo, escribiste cosas... muy, muy lindas, ¿sabes? Cosas que ni siquiera merezco —le di una pequeña sonrisa y un suave apretón a sus manos—. Yo debería ser la que te agradezca por estar siempre a mi lado aún y cuando soy una maldita perra —sus cejas se juntaron cuando escuchó la palabra con la que me describí—, eres un dulce y me habría encantado poder leer esa carta con tranquilidad. Gracias, Minino, por quererme tanto, uh, yo… —desvié la mirada cuando sentí mis mejillas sonrojarse como unas idiotas— También te quiero, ¿vale? —sus ojos se iluminaron por mis palabras.

Brillaban como dos esmeraldas.

Puede que me haya perdido un poco en ellos.

¿M-me quieres? —preguntó, con algo de duda en su voz.

Tomé su rostro entre mis manos y dejé un pequeño beso sobre sus rosados labios. Edward sabía a menta y especias, yo estaba un tanto acostumbrada a robarle besos de vez en cuando porque me encantaba ver sus reacciones, pero este inocente beso se sintió extraño, fuera de lo que sentía normalmente. Cuando me separé de su rostro con lentitud, pude ver sus mejillas arreboladas, él tenía sus ojos cerrados y el temblor de sus manos había finalmente cesado. Sonreí con dulzura al gran chico que tenía frente a mí.

Claro que sí, me gustan mucho esos sonrojos tuyos, ¿por qué crees que te molesto tanto? Y cuando me regañas por usar palabrotas, eres malditamente adorable. ¿Cómo no podría hacerlo? —suspiré, mirando su ahora tranquila expresión— Muchas gracias por tu regalo. Feliz día de San Valentín, Gatito.

. . . . . . .

Puede que aún tenga esa carta en el baúl de los recuerdos.

—¿Qué se supone que haga ahora? —Alice se encogió de hombros—, ¡gracias, amiga! —golpeé su hombro con mi puño ligeramente— ¿Qué le darás tu al cabrón de Cobain de todos modos? —mordió su labio inferior ante mi repentina pregunta y oh-por-todo-lo-santo, ella se sonrojó. ¡Tink se sonrojó! — ¡No vengas con sonrojos extraños, me pones jodidamente incómoda!

—Cállate, déjame en paz —se cruzó de brazos—, solo conseguí algunas cosas para su guitarra —se encogió de hombros restándole importancia—, no es un gran rollo.

B, nena, aún tienes tiempo, ¿Alf no llega por la noche a casa? Todavía te queda día para buscar algo.

—¿Algo como qué? —me hundí en el asiento—, ¡ni siquiera soy buena en estas cosas!

—Eso tienes que pensarlo tú —Grizz también se encogió de hombros—, es tu polla no la mía —entorné mis ojos por sus palabras—. Tiene que haber algo que le guste, ¿no?

¿Yo?

Alice resopló junto a mí.

—Eres una idiota —vale, me avergoncé un poco por mi tonta respuesta—, ya se te ocurrirá algo, y si no, siempre está el próximo año —se puso de pie después de decir eso, dejándome ahí con una extraña sensación en mi interior por sus palabras.

Dejamos la conversación hasta ahí y todo continuó como siempre, tuvimos unos cuantos clientes, tuvimos parejas que venían por tatuajes a juego, yo era partidaria de no permitir esas cosas porque, joder, uno nunca sabe lo que depara el futuro, pero ¿quién era yo ahora para decirles que se la pensaran dos veces cuando yo misma llevaba uno de esos en mi cuerpo? Los hice sin chistar, tragándome cualquier opinión que tuviera al respecto. A eso de las tres de la tarde me despedí de los chicos y fui a buscar a los enanos al colegio. Tenía una escena un tanto extraña frente a mí, Floyd sonreía de oreja a oreja cargando una montonera de chocolate entre sus menudos brazos, Grace venía junto a él de brazos cruzados, luciendo completamente molesta por algo. La maestra Weber me dio una pequeña sonrisita conciliadora que me hizo ponerme aún más alerta.

—¡Mami, mami! —mi renacuajo corrió hacia mí, tropezando distraídamente con sus propios pies en el camino, no paso a mayores porque logro estabilizarse sin soltar ni un solo chocolate— ¡Mira todo esto! —me agaché a su altura y besé su mejilla, mirando los tesoros que traía.

¡Whoa!, ¿es que acaso mi mocoso es un chico popular? —alcé una de mis cejas en su dirección, sus regordetas mejillas se tiñeron de un adorable rosa— Mami se pondrá celosa por esto, pequeño, ¿a quién tendré que patearle el trasero?

—¡A Tracy! —chilló Grace refunfuñada, dando un pisotón en el suelo. Alcé ambas cejas con asombro— ¡A Tracy, Mallory y Sarah! —volvió a cruzarse de brazos e infló sus mejillas con disgusto.

—¡Prometiste no patear mas traseros, ma'! —chilló Floyd— ¡Si lo haces te acusaré a papá!

Levanté mis manos en señal de rendición.

—Vale, vale, no patearé ningún trasero, lo prometo —me giré hacia Grace y acaricié su mejilla—. ¿Quiénes son esas niñas?

—¡Ellas están pegadas a Floyd tooodo el día, mami! —mordí mis labios para no sonreír por su berrinche— ¡Y él les hace caso porque le dan Snickers! —Floyd se encogió de hombros mientras dejaba los chocolates en el asiento y trataba de acomodarse en la sillita— ¡Floyd ya no juega conmigo en el receso! —el puchero mas tierno que he visto en la puta vida se plantó en sus labios y sus ojitos se llenaron de lágrimas.

Terminé de colocarlos a ambos en sus sillitas y me acomodé en el asiento del piloto, les di una mirada por el espejo retrovisor antes de partir.

—¡Eso no es cierto, ma'! —Floyd frunció el ceño— ¡Yo si juego con ella!

—¡Mentira!

—¡Que sí!

—¡No!

—¡Vale, vale! —suspiré contando mentalmente— calmémonos un poco todos —ambos enanos estaban de brazos cruzados ahora, con sus mejillas infladas y mirando por la ventana en direcciones contrarias—, Floyd, mocoso, ¿es verdad que juegas con las otras niñas y dejas a tu hermana sola por chocolates?

—Uh, ¿sí? —ladeó su cabecita y luego exclamó rápidamente— ¡Pero no todo el tiempo!, ¡y es solo por un ratito!

—¡Mentira! —chilló Grace— ¡El me deja sola tooodo esto! —separó sus manitas, haciendo alusión a que la dejaba por su cuenta por un largo rato. Isabella Swan, no vas a reírte de tus niños— ¡Me deja con Ethan, mami!

—¿Por qué haces eso, enano?

—Uh, ¿Por qué Gracie no tiene snickers? —me miraba con confusión, tratando de explicar algo que creo para él era bastante obvio— ¡Además Ethan ya es bueno y no pelea! —Floyd miró a Grace y le sacó la lengua, mi pequeña copió su gesto— ¡Y Tracy es linda!

—Grace también es linda.

—Pero, ¡pero ella es mi hermana!, ew —hizo una mueca de asco, solté una pequeña risita que intenté disimular con una tos. En eso, mirando nuevamente por el espejo en una luz roja, me percaté de la cara de horror que tenía Grace en su rostro por el gesto de Floyd, sin siquiera darme tiempo a nada mi nena se largó a llorar.

Joder.

Floyd abrió sus ojos de par en par sin entender la situación.

¡Y yo iba manejando!, ¡qué iba a hacer!

Gracie, bebé, por favor no llores —muchas lágrimas corriendo a borbotones por sus mejillas—. Floyd no quiso decir ew, ¿cierto, Floyd? —alcé mis cejas en dirección a mi renacuajo, para que entendiera que debía disculparse y así la nena pararía de llorar.

Pero Floyd es mi hijo, obvio.

—¡Pero yo si quise decirlo! —ladeó su cabecita nuevamente, él iba a quedar chueco de tanto hacer ese gesto— Tracy es linda y Grace es… —la miró, frunció el ceño y se encogió de hombros, sus ojos se conectaron con los míos a través del espejo y dijo como si fuera lo más obvio— mi hermana.

Mi princesita se largó a llorar aún más.

Llegamos a casa en un caos, Grace seguía llorando desconsoladamente mientras que Floyd la observaba sin entender lo que estaba pasando. A decir verdad, yo tampoco entendía mucho qué carajos pasaba aquí pero bueno, una madre tiene que hacer, lo que una madre tiene que hacer, ¿no? Ayudé a Floyd a bajar de su sillita primero, él tomó sus chocolates y corrió a la puerta de entrada. Me di la vuelta para sacar a Grace, ella no hacía más que llorar, la tomé entre mis brazos y mi princesita escondió su rostro en la curvatura de mi cuello, sollozando audiblemente, enganchando sus diminutos bracitos entorno a mi cuello. Al abrir la puerta de casa mi pequeño bribón entró corriendo, desapareciendo escalera arriba, desentendiéndose de todo el asunto. Caminé con Grace entre mis brazos hasta la cocina y la senté sobre la encimera, quité algunos mechones anaranjados que se habían pegado a su rostro debido a las lágrimas y dejé dos pequeños besos en sus mejillas, quitando los rastros de lágrimas en el proceso.

—¿Quieres hablar con mami sobre lo que está pasando, cielo? —asintió levemente, hipando en el proceso— ¿No llorarás más? —volvió a asentir, calmándose cada vez más. Cuando ya no había más lágrimas cayendo de sus ojos y su cuerpecito había dejado de temblar por culpa de los sollozos, comenzó a hablar.

—F-Floyd es mi hermano… —asentí a sus palabras— Yo… Yo no quiero compartirlo con ellas —su barbilla comenzó a temblar levemente, lo que me indicaba que estaba a punto de largarse a llorar otra vez— ¡Ellas son malas, mami!, ¡e-ellas son malas conmigo!

—¿Por qué son malas contigo, corazón?

—P-porque me jalan el cabello —sorbió su naricita y pasó una de sus manos por sobre sus ojos—, y me dicen cosas feas, p-pero ellas lo hacen cuando F-Floyd no ve, ¡cuando Floyd está ellas se hacen las buenas y le dan chocolate!

—¿Era por eso que estabas triste en la mañana? —asintió suavecito, moviendo sus piernitas distraídamente— ¿Te molestan mucho, mi vida? —volvió a asentir, esta vez jugando con sus manitas en su regazo. Ugh, el rasgo de su padre— ¿No querías ir a clases por esas nenas? —volvió a asentir— Cariño, ¿Floyd sabe sobre esto? —negó fervientemente con su cabecita, sus ojos abiertos de par en par ante la idea de que Floyd supiera algo.

—Y-Yo no quiero molestarlo… —susurró— ¿Y si se aburre de mí, mami?

—¡Yo no sabía! —me giré rápidamente ante el grito de mi enano, el nos miraba a ambas completamente enojado— ¡Yo no sabía nada de eso! —tiró los chocolates, que aún sostenía en sus brazos, al suelo y comenzó a pisotearlos— ¡Nadie se mete con mi hermanita, Tracy es fea, ya no me gusta y no quiero sus chocolates!

Me giré para mirara a Grace que observaba a Floyd con sorpresa.

—Ya lo ves, corazón, tu hermano te quiere mucho, ¿no es así, Floyd? —mi princesa se encogió en su lugar a la espera de la respuesta de Floyd. Este se acercó a nosotras después de masacrar los chocolates que tanto amaba, y tomó las temblorosas manos de Gracie entre las suyas. Mi nena lo miró entre sus pestañas un tanto asustada.

Duh, obvio que sí, ma', ¡es mi hermana! —mi renacuajo rodó sus ojos por la absurda pregunta que le había hecho. Joder, lo amaba tanto. Mi pequeña sonrió y estiró sus manitas hacia mi para que la pusiera sobre sus pies, apenas tocó el suelo corrió hacia Floyd y le dio un fuerte abrazo que me hizo decir awww por lo bajo. Floyd enrolló torpemente sus brazos alrededor de Grace y le dio unas palmaditas en su espalda, sonreí de manera burlesca hacia mi enano que se había sonrojado por el gesto repentino de mi nena— Uh, t-te quiero, hermanita.

—¡Yo también te quiero, mucho, mucho, hermano!

Estaba a punto de explotar a causa de la dulzura que emanaban.

—Yo tengo un regalo —las palabras de Floyd me sorprendieron, él movía su pie en el suelo de un lado a otro y miraba a cualquier parte menos a nosotras—, uh, ¡iré a buscarlo, esperen aquí! —salió corriendo de la cocina vaya a saber donde y volvió en un par de segundos.

Floyd sostenía tres papeles en sus manos, estaban un poco dañados y arrugados, cosa normal para un niño. Se acercó a Grace y le entregó una de las hojas, luego dejó un sonoro beso en su mejilla, para así dirigirse a mi y hacer lo mismo, me entregó una de las hojas y me hizo agachar a su altura para dejar un beso sobre mi mejilla. Confundida miré la hoja que mi niño me estaba entregando y, jodida mierda, yo no iba a llorar, lo juro, pero creo que me había entrado una basurita al ojo porque se aguaron a más no poder al ver lo que Floyd nos había regalado. En la hoja se podía ver claramente cuatro personas, las cuales eran Floyd, Grace, Edward y yo, él nos había dibujado a los cuatro juntos y tomados de las manos, al rededor de nosotros habían muchos corazones y un intento por escribir ¡Feliz San Valentín!. Era uno de los regalos más preciosos que me habían hecho, lo atraje rápidamente a mi pecho y dejé miles de besos sobre su rostro, Grace se unió a mi encantada, contenta a más no poder por el regalo que Floyd le había hecho a ella también.

—¡Es el mejor regalo! —chilló mi princesa—, ¿lo puedo poner en la mesita de mi pieza, mami?

—Por supuesto, princesa —besé su mejilla y luego centré mi atención en mi hijo. Mi Floyd. Joder, él estaba tan grande— Te amo, ¿era esto por lo que te demorabas en la mañana?—asintió fervientemente, haciendome reír— Bebé, eres el mejor regalo que mamá pudo tener —me sonrió y se acurrucó contra mi pecho—, y tu también pequeña, tengo los mejores hijos del mundo —Grace sonrió con timidez ante mis palabras y apoyó su cabecita en mi hombro.

Los amaba demasiado.

El resto de la tarde pasó si inconvenientes, a las ocho los enanos ya estaban en sus camas listos para dormir, no sin antes poner el regalo de Floyd en la mesita de noche de Grace, ella estaba muy satisfecha con el dibujo de su hermano. Me encantaban. Había recibido una llamada de Edward diciéndome que llegaría más tarde de lo normal, así que como no tenía qué hacer me puse a buscar el baúl de los recuerdos, que en realidad era una caja jodidamente roñosa de Habanos que había comprado alguna vez hacia mucho tiempo. Estaba segura de que la tenía conmigo en algún lugar, siempre andaba con ella, ahí guardaba alguno que otro recuerdo y si mi memoria no me fallaba la carta que Minino me dio en la secundaria estaba guardad exactamente ahí. La encontré luego de horas buscando, creo que había dejado un desastre bastante grande en la habitación. Bajé a la cocina y me senté en el taburete de la encimera, le pedí prestada una botella de vino a Minino y sin más me puse a escribir.

Ya que no tenía regalo alguno, podía hacerle una carta, ¿no?

Así se me pasó la tarde noche, tomando una copa de vino mientras escribía todas las cosas que no le podía decir, porque, joder, no se me daba tan bien eso de expresarme y me avergonzaba cuando debía hacerlo, pero a través de la escritura todo era más fácil, era como hacer una canción, las palabras simplemente fluían. A eso de las once y media de la noche sonó la puerta de entrada, yo ya casi me había acabado la botella como la borracha que era, pero estaba decente, que conste. Solté una tonta risita cuando vi un enorme ramo de rosas azules con patas en la puerta de la cocina.

—¿Qué se supone que significa esto? —Edward me dio una tímida sonrisa y miró al reloj que colgaba en la pared.

—Llegué a tiempo —murmuró, acercándose a mi lentamente, me entregó las hermosas flores. Las tomé entre mis manos, sin poder creer la cantidad absurda de flores que había en el ramo—, feliz día de San Valentín, amor —las dejé con cuidado sobre la encimera tras de mi y lo jalé desde su corbata, dándole un prolongado beso a modo de agradecimiento—. Alguien sabe a vino —arqueó una de sus cejas y luego miró la botella.

—¿Oopsie? —reí mientras lo atraía a mí, me tomó de la cintura repentinamente y me sentó sobre la encimera, se acomodó entre mis piernas, quedando así más cerca el uno del otro— ¿Creerías si te digo que no tenía la más puta idea de que era catorce de febrero hoy?

—Lo creería, si —acercó su rostro al mío y acarició mi nariz con la suya dulcemente.

—Están preciosas —murmuré, perdida en su mirada—, las rosas, muchas gracias gatito —dejé un rápido beso en sus labios una vez más—. Tengo muchas cosas que contarte que sucedieron hoy, en especial con los niños, pero antes de eso… —me giré un poco para tomar la envejecida carta que estaba tras de mi— ¿Recuerdas esto?

Los ojos de Minino se abrieron con incredulidad, me miraba a mi y luego a la carta que tenía entre mis manos, intercaladamente. Creo que él no podía creer que después de todos estos años tuviera su carta en mi poder aún. Eso solo corroboraba el hecho de que yo había sido una maldita estúpida en cuanto a él se trataba. Tomó la carta entre sus manos y se sonrojó, asintiendo a mi pregunta hecha con anterioridad.

—¿Guardaste esto?

—Claro que lo hice, amor. ¿Qué esperabas?, ¿que la tirara por ahí? —avergonzado se encogió de hombros y luego asintió— Bueno, no lo hice, siempre la he tenido conmigo —mordí mi labio inferior mientras tomaba la otra carta que yo había terminado de escribir minutos antes de que él llegara—. Y esta es para ti, de mi —la tomó con suma delicadeza—. Feliz día de San Valentín, Edward, te amo mucho, lo sabes, ¿no?

—Lo sé —asintió con convicción, tomó mi rostro entre sus manos y me plantó un maravilloso beso que, si no fuera porque estaba sentada, me habría ido de bruces al suelo—, te amo más —murmuró sobre mis labios, ganándose una risita de mi parte—. ¿Puedo leerla?

—Uh, mejor cuando estés solo —rasqué mi nuca con incomodidad. Sus ojos brillaron con picardía— ¿Por favor?, no podré vivir con la vergüenza, sé que si lo lees ahora lo harás en voz alta y, Minino, joder, yo no podré aguantar eso, ¿sí? —hizo como que no estaba seguro de si hacerme ese maldito favor o no— ¿Por favor? —hice sobresalir mi labio inferior con exageración— ¿Harías eso por mí? —era una jodida manipuladora, pero bueno. Edward suspiró y asintió a mis palabras dulcemente.

—Esta bien —resignado guardó la carta con extremo cuidado en el bolsillo de su camisa, este justo quedaba en su lado izquierdo, por sobre su corazón. Me miro una vez la carta estuvo asegurada y sonriendo se dio unos pequeños golpecitos por sobre la carta, juro que él era la cosa más dulce del universo—. Ahora, uh, yo tengo otro regalo… —tomó una bolsita negra que estaba a sus pies y yo no había visto antes, me la entrego sin más— Aunque, creo que es más un regalo para mí que para ti…

Solté una atronadora carcajada al ver su contenido.

Minino de verdad había ido a un puto Sex Shop a comprar uno de esos diminutos disfraces de enfermera que son tan jodidamente comunes. Yo hubiera pagado por ver su cara en ese lugar. Estaba malditamente segura de que habría descubierto un nuevo tono de rojo con los sonrojos que se apoderaron de su persona. Juro que podía imaginármelo todo avergonzando preguntándole a la dependienta sobre este trajecito en especial. Era un bebé y yo me lo quería comer a besos, le haría realidad todas las fantasías que tuviera en su vida sin pensarlo dos veces. Imaginen lo que diría Carli si se entera que su retoño puso un pie dentro de ese antro de perdición. Me bajé de la encimera de un pequeño saltito, estaba a punto de caminar fuera de la cocina cuando Edward me detuvo, agarrando mi brazo con su mano.

—¿Dónde vas?

—¿A cambiarme? —levanté la bolsita entre mis manos.

—Puedes hacerlo aquí, ¿no?

El gatito cambió a león en un abrir y cerrar de ojos.

Su voz ronca al decirme eso mandó escalofríos a lo largo de mi espina dorsal, soltó mi muñeca con suma delicadeza mientras se quitaba la corbata con la otra mano y desabrochaba los dos primeros botones de su camisa, el muy maldito desordenó su pulcro cabello a la vez que tomaba asiento en el taburete en el que había estado yo anteriormente, sirviéndose una copa de lo último que quedaba de vino, la alzó hacia mi y luego la acercó a sus labios lentamente, dándole un delicioso sorbo. Oh, joder, como quisiera ser ese maldito vino ahora. Mis labios se secaron y los lamí distraídamente observando al hombre frente a mí.

—Si eso es lo que quieres —me encogí de hombros restándole importancia al asunto. Saqué las diminutas prendas una por uno y las fui colocando sobre la encimera, cuando ya estuvo todo en orden, comenzó el show.

Comencé a quitarme la ropa bajo su atenta mirada, carajo yo podía sentir sus ojos en cada centímetro de mi cuerpo, primero me quité las zapatillas, luego fui por mi remera, quedando solo en mi brasier. Cuando desabroché el botón de mi pantalón tuve la genial idea de mirarlo, una corriente recorría el aire y sus orbes verdes estaban mas oscuras de lo usual, tragué audiblemente al ver su hambrienta mirada y comencé a bajar la cremallera con extrema lentitud. Yo podía hacer esto, el problema era que no sabía si iba a saltarle encima antes o después de tener esas malditas prendas encima.

—Date la vuelta.

—¿Perdón? —dejé mis pantalones a medio camino, un tanto sacado de onda por sus repentinas palabras en el silencio que se había creado.

—Que te des la vuelta, Isabella.

—¿Para qué?

—Quiero ver tu respingón trasero salir de esos pantalones —se acomodó en su asiento, su clara erección visible a través de esos malditos pantalones que iba a quitar con mis dientes si era necesario—, ¿te darías la vuelta para mí, amor?

—Si eso es lo que quieres.

Creo que había dicho esa frase ya, y es que no sabía que más responder a sus jodidas peticiones.

Me di la vuelta y comencé a bajar el pantalón con lentitud, lo miré por sobre mi hombro, deteniéndome cuando tenía la prenda a mitad de trasero, sus ojos estaban fijos en esa parte de mi anatomía y bueno, me sentía jodidamente poderosa, sabía que tenía un culo de puta madre, pero ver la fascinación en sus ojos hacía subir mi ego a la mierda. Estaba por dejar mi trasero completamente al descubierto, solo con las braguitas de encaje que llevaba y hacían juego con mi brasier, cuando sonó mi teléfono celular.

Edward gimió audiblemente.

—Sigue —me ordenó, instándome a ignorar el puto llamado.

No me ven quejándome de eso, no señor.

Pero el maldito teléfono sonó, y sonó, y sonó.

—¡A la mierda! —chillé, subiéndome los pantalones de un tirón— ¡¿Quién demonios puede ser a esta hora?!, ¡¿es que la gente no piensa en que algunos queremos follar?! —salí de la cocina despotricando a diestra y siniestra, yo iba a patear al cabrón que osó a arruinar la que sería una de las mejores noches de mi vida. Hijo de puta. Iba a conocer mi furia. Tomé el maldito teléfono y contesté sin siquiera ver el registro de llamada— ¡¿Qué carajos quieres?!

¿B?, joder, necesito que vengas a la casa del reverendo lo más pronto posible…

Tink, mierda, yo estaba a punto de ser follada hasta que no hubiera mañana y tu…

¡B es Grizz!, ¡no puedo controlarlo yo sola!, ¡el cabrón ya le dejó un maldito cardenal a Cobain en el ojo izquierdo!, ¿tu sabes lo terrible que es eso?, ¡si no fuera por su rostro que carajos hago con él! —Alice se escuchaba en pánico, de fondo escuché algunas cosas quebrarse y uno que otro grito.

—¿Qué diablos está pasando allá?

¡Es la perra de Rosalie!, ¡están sus padres y La Cosa esa que tiene por esposo! —escuché como Tink se alejaba del auricular y gritaba a lo lejos algo a alguien— Nena ellos quieren quitarle su bebé a nuestro grandote, ¡Grizz está como loco!, ¡te espero acá, por lo que más quieras ven malditamente rápido!

La línea quedó muerta sin previo aviso.

Una mano se posó sobre mi hombro, levanté la vista a Edward que me miraba con preocupación, mi dulce gatito había vuelto y estaba aquí a mi lado esperando a que le dijera algo sobre la repentina llamada.

—¿Está todo bien, cariño?

Solté una risita irónica.

—¿Todo bien? Claro que no, ¿cómo iba a estar todo bien si estamos hablando de nosotros?

—¿Amor?, ¿te importaría explicarme que está pasando?, ¿quién acaba de llamarte? —suspiré y me puse de pie, Minino me seguía en silencio hasta que vio como me calzaba mi chaqueta, su ceño se frunció— Isabella, habla conmigo —su voz salió dura, haciéndome recordar la promesa que le hice.

Tink, algo está pasando en casa de tus padres, gatito, algo que involucra a Grizz, esa prima tuya…

—Rosie.

Entorné mis ojos.

Rosalie —murmuré entre dientes—, a La Cosa que tiene como esposo y Tink mencionó a sus padres —los ojos de Edward se abrieron de dos en dos con pavor, lo miré extrañada por su reacción ante la mención de sus tíos— ¿Hay algo que deba saber sobre los padres de Rosalie, Edward? —abrió la boca y la cerró rápidamente.

—¿Crees que Renesmee pueda venir a ver a los niños?

—Y eso es necesario porque…

—Yo debo ir contigo, Isabella. Yo no permitiré que esas personas estén cerca de ti sin mi compañía —sus palabras eran claras y concisas, no dejaban ningún lugar para contratacar, él iba a venir conmigo si o si vaya a saber por qué demonios le daba tanto pavor la sola idea de tenerme en el mismo espacio que sus familiares.

¿Quiénes eran en realidad los Hale?

¿Y cómo diablos era eso de que querían quitarle su bebé a Grizz?


¡Buenas madrugadas!

¿Acaso ya pensaban que me iba a ir por otros cuatro años más?, ¿a que no? lmao, ¡pero aquí estoy con otro capítulo! Al fin salí de vacaciones así que me puse a escribir, este fue como un autoregalo porque estoy de cumpleaños hoy (?) así que aquí lo tienen y espero que les guste, es como un capítulo de relleno pero que en el fondo es necesario para llegar a lo que pasará con la pareja que viene a continuación, está más corto que los otros también, pero recuerden que todo tiene su razón muahahaha, y para las que estaban esperando más de Grizz x Rose, pues se les viene en los próximos capítulos así que no les pido más que paciencia como siempre XDDDD Un spoiler es que no todo será color de rosa porque qué es de la vida sin drama, ¡oh! ¡y finalmente aparecieron los papás de Rosalie! Que claramente algo extraño tienen pero no les voy a decir porque soy mala y arruinaría la diversión. Lo último que les diré es que la canción del próximo capítulo es una de The Smiths y se llama "I Know its Over"...hehe... Ahora, muchas chicas me han preguntado/pedido que siga con "Se Busca: Bella Swan" y pondré aquí lo mismo que le he dicho a todas por si alguien está con dudas igual :( "Mi atención está ahora en FI, tal vez cuando complete el fic siga con Se Busca: Bella Swan, me gustaría mucho hacerlo, pero si o si una vez termine Forks Ink. Aunque no daré nada por sentado aún, porque no sé que podría pasar luego" Y creo que eso sería todo por esta madrugada amiguitas, cualquier duda, consulta, comentario, lo que sea, ya saben, por aquí pueden hacerlo (aunque a veces me demore un poco contestando, perdónnn) o pueden hacerlo por fb, estoy como Lamb'stown también :)

¡Muchas gracias por sus reviews y lindos comentarios!

Una oveja con crisis de edad,

Lamb~