Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, al igual que algunos personajes.
Hola, bueno, es lunes, y creo que FFN está fallando, no sé si les dejará ver este capítulo pronto, pero de que actualicé el día que es, actualicé, ojalá les guste el capítulo y nos leeremos pronto, o eso espero.
Gracias por el apoyo; cualquier error, no duden en hacérmelo saber. 💖
Lily observaba por la ventanilla del auto de su prima, no podía creer que de nuevo se había quedado sin trabajo, pero tal como se lo había dicho a Edward Lupin, su padre le había hecho prometerle que la próxima vez que eso ocurriera, se daría por vencida y aceptaría su ayuda hasta terminar la universidad, no le quedaba más que hacer caso a sus promesas.
Hola
¿Qué haces?
Hola
Nada importante
¿Y tú?
Intentar no llorar
Hasta quedar seca
¿Peleaste con papá?
¿De nuevo?
No
Me quedé sin trabajo
Otra vez
Ese tipo le gusta jugar mucho
¿No?
En realidad no fue él
Fue la niña que cuido
¡Bah!
Qué mal
¿Quieres pasar mañana?
Si vienes ahora, papá se dará cuenta
Y no quiero que te castigue
Mañana suena genial
No es como si tuviese cosas que hacer
¿Verdad?
Pediremos tu comida favorita
Te quiero
Yo a ti
Te veo mañana
Big Bro.
La mirada azul de Victoire se posó un segundo en su prima, que no había dicho nada durante medio camino que llevaban, había visto la pantalla de su móvil, hablaba con alguien pero no sabía con quién.
— ¿Hablas con Ted? –Preguntó tranquila.
— ¿Con quién? –Cuestionó confundida.
—Con Teddy, Ted, Edward Lupin.
—Ah, no ¿por qué tendría que hablar con él? Ya no es mi jefe.
—Dime una cosa ¿te gusta Ted? –La observó de reojo.
—No –contestó en un tono como si fuese obvia la respuesta, aunque fuese mentira –dime ¿por qué preguntas eso?
—Sólo quiero saber, es muy raro que Ada de la noche a la mañana, decidiera echarte a la calle.
—Lo sé –murmuró –la verdad es que no me fio de ese tipo, Keller, desde que él llegó…
—Ah, no lo culpes a él, sólo es amigo de Ted, no lo veo aconsejando a Ada respecto a que eres su enemiga.
—Cierto –admitió abatida la pelirroja –lo cierto es que no quería volver a casa como la hijita de papá, este trabajo me dio un poco de independencia, y no es bueno acostumbrarte a algo así y perderlo.
—Podrás dedicarte a la universidad.
—Vic, he adelantado seis meses de trabajo, me encanta la universidad, lo sabes, pero… es más por las experiencias personales que por la educación.
—Es tu culpa por ser una genio –se burló la rubia –debiste terminar la universidad cuando tenías no lo sé ¿nueve?
—Once –respondió –pero papá quería que siguiera en la escuela como una niña normal, hay que aprender los conocimientos de quien tiene la experiencia, los libros no tienen experiencia, sólo tienen palabras y teorías.
—Bueno, la práctica es buena –admitió.
—Me hizo leer sobre biología, anatomía y ETS, y no opina que la práctica sea la mejor forma de aprender eso –se burló.
—Bueno, tu padre es bastante… excéntrico en muchos aspectos, pero te quiere, además, haces amigos, te la pasas de fiesta más que estudiando ¿o no? Si no fueses tan avanzada, no podrías llevar esa vida y hacerle pensar que eres la dulce y tierna Lily, dime ¿Qué hay con las drogas? –Cuestionó.
—Marihuana, sí, definitivamente –admitió divertida –cocaína –hizo un mohín –no mi favorita; éxtasis –sonrió –pero nada lo suficientemente bueno como para hacerme tan adicta como el tabaco.
—Bueno, te deja fumar ¿no?
—No le gusta que lo haga, tenemos un pacto, puedo fumar mientras pague mis cajetillas, cuando sea pobre y tome de su dinero, el vicio se acabó –se encogió de hombros.
—Bueno, al menos te deja tu vicio más grande –sonrió su prima.
—Es porque una vez lo vi fumar, así que quise intentarlo, ya lo sabes, se predica con el ejemplo.
—M—
Ted Lupin observó a su hija, tomó sus cosas y avanzaron en silencio hasta la camioneta, por su cara, había sido una tortura todas aquellas clases extras, pero no iba a decirle nada para empeorar su relación, con trabajos se habían comenzado a llevar bien de nuevo, sin duda que Lily Luna no trabajara más para él, había hecho que las cosas volvieran a la normalidad, Ada volvía a ser esa niña tranquila, bien portada y educada que él había criado.
—Dime ¿quieres algo específico para cenar? –Le preguntó.
—No, sólo quiero cereal, estoy agotada –comentó seria.
—Bien, entonces, vayamos a casa.
—Papá ¿cuándo vas a conseguirte una novia? –Preguntó de la nada Ada.
—No sabía que querías que me consiguiera una –comentó.
—Bueno, pues sí, no estaría mal que tuvieras a alguien, que no sea mi niñera, claro.
—Ada, creí que eso ya había quedado claro –murmuró irritado.
—Sólo decía –se encogió de hombros.
Llegaron a casa un poco tarde, así que sirvió el cereal de su hija y cenaron en silencio, como normalmente lo hacían en el pasado, y que por alguna extraña razón, comenzaba a molestarle, claro que no dijo nada.
—Me iré a dormir –murmuró la niña.
—Lava tus dientes y descansa –comentó.
—También tú, y piensa en mi propuesta –sonrió y salió a prisa de la cocina.
Ted observó su celular, lo desbloqueó y observó la aplicación de mensajería instantánea, navegó por los chats, normalmente el de la pelirroja estaba al último, ya que normalmente su intercambio de mensajes era muy remoto, y sólo cosas respecto a Ada, sin embargo, la foto de perfil ya mostraba el predeterminado ¿lo había bloqueado acaso?
Abrió el chat, y quizás inconscientemente la llamó, al fin, si lo había bloqueado, aquella llamada jamás sería contestada.
— ¿Hola? —Cuestionó adormilada.
Posiblemente había contestado sin fijarse quien era, así que él se quedó callado, haciendo pasar aquello como si hubiese sido un accidente, que se había marcado desde el bolsillo.
—Señor Lupin ¿ocurre algo?
Bueno, sí sabía que era él. —No, no, lo lamento, fue un accidente, no soy muy bueno en tecnología –comentó.
—Yo dudo eso, pero de acuerdo, le creeré ¿cómo estuvieron las primeras clases de Ada? ¿La pasó bien? ¿Está muy emocionada?
—Son clases extras ¿por qué estaría emocionada?
—Porque son clases extras, por eso, además es algo que ella quiere aprender, por eso estaría emocionada.
—Dudo que a un niño le emocione realmente el hecho de tener clases extras, sea de lo que sea –se burló él.
—Bueno, usted no cuenta…
—Ya no soy tu jefe, háblame de tú –pidió.
Hubo un corto silencio, roto por un suspiró cansino. —Como decía, usted no cuenta, dudo que alguna vez fuese un niño.
—Han pasado siglos, perdón si no recuerdo mi infancia.
—Debió ser una muy mala niñez, para decidir borrarla, o que su mente decidiera borrarla, según lo que leí en un libro de psicología al respecto, decía que…
—Que simplemente ha pasado tiempo de eso –la interrumpió.
—Yo puedo recordar mi infancia –comentó.
—Bueno, es normal, ¿hace cuánto dejaste de ser una niña? ¿Cinco minutos atrás?
—Ah, es que comienza a llevarse, interesante –se rió divertida –pero en serio ¿cómo está Ada? ¿La vio entusiasmada?
—La vi como siempre, la niña tranquila que era sin ti.
Hubo un silencio más, sabía que aquellas palabras hacían todo menos tranquilizarla, pero no entendía porque el hecho de que Lily se sintiera intranquila por esa conducta de Ada, hacía que se sintiera agitado.
—Me gustaría poder visitarla, sin compromisos, y de vez en cuando, claro, si ella quiere.
—Crees que dirá que no.
—Bueno, no comprendo la razón por la que me ve como una amenaza, considero que lo que hay entre nosotros –hizo una pausa –es meramente laboral, bueno, era –corrigió.
—Lo sé, yo tampoco comprendo la razón por la cuál de la nada, quiere que me consiga una novia –se burló.
—Bueno, eso está bien, hasta donde recuerdo, Vic me dijo que eso era impensable antes ¿o no?
—No, porque dejó muy en claro, que mi novia no podía ser su niñera, aunque pensándolo bien, ya no eres su niñera.
Cerró los ojos cuando se dio cuenta de lo que había dicho, hubo un enorme silencio incómodo en aquella charla que parecía ir tan bien, como jamás antes había sido.
—Tengo que colgar –murmuró Lily –por favor, comente con Ada, iré por ella al colegio, y la dejaré en la puerta de su casa, y me marcharé cuando ella entre a casa, mientras observo al otro lado de la calle, para evitar si quiera saludarlo.
—Hablaré con ella, y gracias por preocuparte por Ada.
—Adoro a esa niña –murmuró –descanse, señor Lupin.
—También tú, Lily Luna –respondió en un tono grave.
El sonido de la línea fue lo siguiente que escuchó, era un imbécil ¿por qué había dicho eso? ¿Cómo que era bueno porque ya no era la niñera? Se golpeó la frente con la mano y suspiró, revisó que todo estuviese en orden y colocó la alarma, para revisar a su hija, que estaba profundamente dormida, antes de ir a su habitación.
—M—
Lily observó el reloj, eran las cuatro de la tarde, a esa hora estaría en casa de los Lupin, jugando con Ada cualquier cosa que se les ocurriera, sin embargo, estaba en el apartamento de Audrey, esperando a que su hermano pasara por ella.
—Estás muy seria ¿qué ocurre?
—Nada, estoy bastante convencida, de que me gusta mi ex jefe –suspiró –anoche me marcó por accidente…
—Sí, claro, accidente –se burló la rubia.
—Estoy muy segura que sí fue accidente –informó –él jamás me llamaría a mí deliberadamente, si su hija no está de por medio –comentó –además, hoy le mandé una imagen de un tejón de vacaciones en Perú.
—No te contestó ¿o sí?
Lily sacó su teléfono y le mostró el chat de su jefe, al cual tenía registrado simplemente con un emoji.
—Un emoji de un oso –se burló Audrey.
—Vic le dice Teddy –comentó.
—Pero tú no –elevó una ceja.
—Ayer me pidió que lo tuteara –admitió, meciéndose desesperada en el reposet.
—Sólo dile que te gusta y ya ¿cuál es el maldito problema?
—Él es el maldito problema.
—Es el tipo de la foto ¿cierto? –observó a Lily.
—Sí –aceptó.
—Ya veo, bueno, realmente entre este tipo y Whisp –se burló –sería bueno un sándwich ¿quieres algo?
—Entendí a la perfección tu intención –comentó.
La pelirroja se levantó a abrir la puerta, James Sirius estaba con una brillante sonrisa, aunque sus ojeras decían una historia diferente, aquello hizo que todo pensamiento de Edward Lupin se esfumara de su cabeza.
—Jamie ¿estás bien? –Preguntó preocupada.
—Muy bien –soltó en tono animoso –vamos –hizo un ademán con la cabeza.
—No es necesario –salió Audrey, que frunció el ceño al verlo –vaya cara, galán –soltó.
—Siempre tan delicada –rumió el moreno –te dejo de ver por años, y lo primero que dices es algo tan gentil.
—Tienes una mala cara, Jamie –admitió Lily.
—No pude dormir, eso es todo.
—Sí, desde hace siete años ¿no?
—Vamos, Lily, te invitaré a comer algo.
—Pasa –lo jaló la rubia y cerró la puerta –comeremos algo aquí, estaba por preparar un sándwich ¿verdad, Lily? –la mirada olivo fue hasta su amiga, un poco enfadada.
—Sí, ven –lo abrazó y lo obligó a avanzar hasta la isla.
—Oye, Lily ¿podrías ir por algo de beber? –preguntó la rubia.
—No hay problema, vuelvo –se despidió y salió alegre.
Audrey se recargó en la isla, acercándose un poco al hermano mayor de Lily, que ante la presión, observó a otro lado, y su estómago gruñó por el hambre y el olor a comida.
—Dime ¿qué hizo el monstruo de tu padre? –soltó la chica.
—Nada –contestó a la defensiva.
—Tienes una cara, conozco la historia por lo que Lily cuenta, pero sino has cambiado mucho, conozco ciertos aspectos de ti, no estás así porque te divorciaste ¿o sí?
—Sí, lo estoy, y porque le dije a mi padre que no podía manipularnos para hacer su voluntad.
—Claro ¿y qué ocurrió después?
—Me quitó el apoyo financiero –admitió –no me importó, conseguí un empleo de conserje en una fábrica, pero hace un mes me dijeron que un hombre había dicho que me habían visto vender mercancía de la fábrica, me despidieron.
—Tu padre es un monstruo –bufó indignada.
—Bueno, lo pasé, hasta que desde hace dos semanas, vivo en la calle –se encogió de hombros –gasté mi dinero ayer, pretendiendo con Lily que todo está bien –se burló.
—James, tienes que dejar de protegerla tanto, en serio –comentó.
