Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward


Capítulo 37: Perdí mi amor, mi vida esa noche.


Last Kiss – Pearl Jam.


La situación era un tanto complicada esta vez.

Partiendo por el hecho de que nadie sabía realmente por qué Rosalie había tomado la decisión de seguir a esos cabrones.

¿Qué era lo que de verdad la había llevado a realizar tan jodidamente estúpida hazaña?

Habíamos optado por montarnos todos en el auto de Carlisle, apenas estuvimos acomodados dentro partimos sin pensarlo una sola vez a la casa de King, la cual solía ser la casa de Rosalie también, era claramente el único lugar en el que se nos ocurría que podían estar, después de todo no tenían donde más ir en este pueblucho. Habíamos llegado hace apenas unos diez minutos a nuestro destino, ahora nos encontrábamos estacionados frente a la calzada, una cuadra calle abajo de la gran casa de dos pisos, en las penumbras, lejos de cualquier luz que pudiera proyectar el auto y delatarnos. Desde nuestra posición podíamos discernir que solo las luces de la sala de estar se encontraban encendidas, no había mucho movimiento en el exterior. Era un tanto escalofriante pensar que para cualquier persona que viera la fachada pensaría que no había nada "fuera de lugar" con la típica casa. Pero, nosotros, sabiendo lo que sabíamos de las personas que estaban dentro, era obvio que no podíamos mantener la guardia baja…

Joder, realmente me sentía como en una de esas series criminales o alguna mierda por el estilo.

Volviendo al interior del auto, reverendo Cullen planeaba con Edward y un atento Grizz cómo ingresar al hogar King pasando desapercibidos para así sacar a Rosalie de ese lugar. Ellos estaban ignorando, claramente, que lo que intentaban hacer era un ingreso ilegal de morada, ¡já!, y después yo era la que iba por la vida rompiendo las leyes, ¿no? Sin pensar que también ignoraban la pregunta del millón: ¿Querría Rosalie realmente salir de esa casa y volver con nosotros? Digo, yo era la menos indicada para cuestionar eso ya que no había estado in situ cuando todo el embrollo había explotado en casa Cullen, así que, ¿quién era yo para elegir por ella? Observé una vez más por la ventana hacia el exterior, me estaba impacientando un poco, vale, todos sabemos que yo soy más de actuar que pensar, y ellos se estaban tomando su tiempo en pensar, cosa que me hartaba como la puta madre.

¿Qué sacaban "planeando" desde tan lejos?

Ni siquiera sabíamos si estaban allí en primer lugar.

—¿Bella?, ¿qué estás haciendo?

La voz de alarma de Minino arruinó mi escape perfecto.

Suspiré, debilitando mi agarre en la manilla de la puerta del auto.

—Solo iré a revisar el perímetro, relájate, prometí no hacer nada estúpido, ¿recuerdas? —le sonreí inocentemente, me miró por el espejo retrovisor con la dude latente en sus orbes esmeralda— Me llevaré a Tink y Cobain conmigo, ¿sí? —Edward entrecerró sus ojos y no pude evitar rodar los míos— Ese oh-tan-putamente-genial plan que están haciendo ustedes se irá a la mismísima mierda si no están en la casa, lo saben, ¿no? —Minino hizo una adorable mueca con sus labios, tan jodidamente besables— Alguien tiene que ir a checar si están realmente ahí —pestañeé dulcemente tratando de ganármelo—, ¿quién mejor que yo para eso, bebé?

—Isabella tiene un punto, hijo.

Carlisle jodido Cullen estaba de mi lado, esto era lo que yo llamaba un milagro.

—Escucha a papá Carli —Edward desordenó su cabello sin saber que hacer—, estaré solo ahí, demonios —solté un resoplido lleno de exasperación y apunté hacia el frente del auto con mi dedo—, qué rayos podría salir mal…

—Donde mis ojos puedan verte, por favor —murmuró bajito—, me llamas cualquier cosa —suspiró con desgano y luego me observó directamente a través del retrovisor, su ceño levemente fruncido y sus ojos malditamente penetrantes. Usó ese tono de voz que me vuelve un tanto loca cuando habló, pasó de gatito a león—, hablo en serio cuando digo cualquier cosa, Isabella.

Mi nena interna dio un brinquito por la victoria.

Vamos, tampoco era como si de verdad yo me hubiera quedado en el puto auto si el hubiera dicho que no.

Al menos así lo mantenía contento.

—Claro bebé, lo que digas —le lancé un beso a través del retrovisor y me bajé de un salto, seguida por Alice y Jasper.

Era la hora de hacer las cosas como había que hacerlas, por Dios.

Le hice un gesto con mi mano a los chicos para que me siguieran.

—Entonces, B, ahora que estamos lejos de esos jodidos aguafiestas… —Cobain se acercó a mí con un aire misterioso, jalando a Tink de la mano para que los tres quedáramos juntos— ¿Qué es lo que pretendes?

—Rescatar a tu querida prima, ¿qué más? —rodó sus ojos cuando le sonreí con toda la inocencia del mundo, Alice bufó junto a él no creyendo en mis palabras— Ese es el punto de toda esta operación, ¿qué pretenden que haga? Recuerden que me reivindiqué, soy una chica buena ahora así que…

Joder, tú, perra, ni siquiera el de arriba cree esas palabras —Tink me dio un leve codazo en las costillas—. Tenemos que ver si realmente están dentro de casa esos sucios cerdos, lo primero es lo primero…—sonrió de costado y sus ojos brillaron con malicia— ¿Supongo que nos escabulliremos en su jardín trasero? —dejé un rápido beso en su mejilla después de sonreírle. Ella se limpió exageradamente con el dorso de su mano mi muestra de afecto.

—Tu mente… ¡whoa!

Dicen que las mentes maestras piensan igual.

Mi plan desde un principio era ese que Tink había deducido, digo, ¿había algo más fácil que eso?

Pero obvio que los hombres que estaban dentro del automóvil tenían que complicar todo con sus estrategias de juego.

Gracias a las personas de los suburbios americanos y su política de no utilizar cercas, fue bastante fácil rodear el frente de la casa y escabullirnos en el patio trasero de esta. Ugh. El jodido patio era un desastre, era como una puta jungla ahí dentro por lo descuidado que estaba, juro que podía imaginar a Rosalie limpiando toda esta mierda mientras el monstruo de su marido la miraba sentado en una banca bebiendo una cerveza, joder. Estaba bastante claro que el puto Royce no conocía el significado de limpieza, probablemente nunca había tomado una pala y una escoba en toda su miserable vida. Tink arrugo su fina nariz con desagrado cuando algunos olores bastante desagradables llegaron a nuestras fosas nasales, se apegó al brazo de Cobain y escondió parcialmente su rostro en él para apaciguar el olor. Tal vez había algo muerto, qué sé yo, pero olía como el puto infierno. La casa, por el lado de la cocina que daba al jardín trasero, tenía dos ventanas que nos dejarían observar hacia el interior y, gracias al cielo, la cortina de una de ella estaba abierta. ¡Habíamos encontrado finalmente nuestra ventana de espionaje! Le hice una seña a los chicos para que nos acercáramos a nuestro destino. Apenas pudimos poner un ojo en el interior del hogar no pude evitar la mueca de disgusto que se formó en mis labios ante la imagen que se desataba frente a mis ojos.

—Santa mierda…—murmuró Tink bajo su aliento, no pasó desapercibido para mí como empuñaba sus manos.

—Siempre fue así con ellos —fue el turno de Cobain para hablar, su voz cargada de tristeza, negaba lentamente con su cabeza, ojos fijos al frente—, aparte de esos hijos de puta que se hacen llamar padres, desde que se casó con King ella solo hacía lo que el puto cerdo ese le decía. Agachaba la cabeza y simplemente seguía órdenes —solté un largo suspiro ante sus palabras.

No sabía que sentir, digo, para mí era malditamente extraño.

La Rosalie que yo conocí en secundaria era una perra fuerte, bastante cruda y fría con las personas a su alrededor. En especial con aquellos que se preocupaban profundamente por ella. En realidad, así era como la recordaba porque cada vez que tenía el puto agrado de cruzarme con ella, estaba haciéndole alguna mierda a Edward. Esa era la imagen que siempre tuve de ella, digo, joder, yo me peleé un sinfín de veces con la rubia pija por el simple hecho de que esa maldita lengua venenosa que tenía no sabía controlarse, y Minino solía ser su víctima favorita.

. . . . . . .

—¡Me da vergüenza que la gente sepa que somos familia!

Fruncí el ceño mientras me acercaba cada vez más a la voz que estaba gritando hirientes palabras, cuando finalmente giré hacia la derecha los vi justo al costado de la escuela. Rosalie estaba de pie frente a Edward, sus brazos en forma de jarra, sus manos ancladas en su menuda cintura mientras seguía despotricando contra él, sus ojos aguamarina cargados de desdén cuando lo miraban. Empuñé mis manos ante la escena, tampoco era como si fuera la primera vez que presenciaba algo parecido, pero, diablos, yo estaba malditamente harta de esta rubia de mierda. Me acerqué a ambas personas con paso firme, mi puño pedía a gritos estrecharse con la cara de cierta chica. Gatito fue el primero en verme, sus ojos comenzaron a moverse descontroladamente por el lugar, intentando buscar alguna forma de escape, él estaba a punto de tener uno de sus ataques de pánico, joder, podía ver claramente como sus manos comenzaban a hacer esa cosa que hacían cuando estaba malditamente nervioso por algo.

Ah, tal vez era mi culpa.

El probablemente quería evitar un enfrentón entre Rosalie y yo a toda costa.

Como si eso fuera putamente posible.

—¡Oye, perra! —grité, llamando la atención de la rubia inmediatamente—, ¿por qué no te metes con alguien de tu jodido tamaño? —Se giró y me miró con desagrado, ella hizo el ademán de acercarse a mi pero una temblorosa mano la agarró desde uno de sus brazos.

—I-I-Isabella, p-por favor, s-solo estábamos hablando…

—No te atrevas a tocarme, tú… ¡engendro! —Rosalie le dio un empujón a Edward para zafarse de su agarre, causando que este cayera de bruces al suelo. Abrí mis ojos de par en par sin creer que carajos había visto, antes de que pudiera siquiera pensar en acercarme Minino habló una vez más, el dolor presente en su rostro mientras sostenía una de sus manos.

—I-Isabella, p-por favor.

Solté un pequeño quejido por lo bajo lleno de frustración al ver la súplica en sus ojos esmeralda.

Esos ojos tan bonitos que el cabrón tenía.

Me acerqué a paso firme, empujando el hombro de Rosalie con el mío cuando pasé junto a ella. Me arrodillé junto a Edward, quien soltó un pequeño siseo por lo bajo cuando tomé su muñeca entre mis dedos cuidadosamente. Joder, íbamos a tener que ir a la enfermería, lo que nos llevaría al hospital, y claramente iba a tener que acompañarlo, y ya saben, Swan acompañando al hijo del reverendo Cullen solo podía significar dos cosas: o yo había sido la culpable o… yo había sido la culpable, bah.

—Lo único que quiero es que te alejes de mí de una vez por todas.

Edward suspiró y asintió levemente a las palabras de su puta prima. Mis cejas se juntaron casi formando una, le di una mirada a Minino y otra a la maldita rubia. No entendía la maldita dinámica que ellos tenían y nunca iba a lograr entender la actitud de Edward hacia ella, era como si el le permitiera hacer lo que quisiera porque ella tenía el derecho de hacerlo, qué demonios.

—¿Es que no vas a disculparte? —pregunté con incredulidad. La rubia alzó una de sus delineadas cejas en mi dirección, le dio una rápida mirada a Minino y las comisuras de sus labios comenzaron a alzarse de manera siniestra. Oh, mierda, mi puño estaba pidiendo a gritos una vez más que acabara con ella.

—¿Por qué debería?

—Yo voy a partir tu puta… —me detuve cuando escuché el siseo de dolor de Edward, aflojé el agarre de mi mano, sin darme cuenta le había causado daño apretando su muñeca en el proceso— Lo siento, gatito, ¿te duele mucho? —me sonrió levemente y negó quedito con su cabeza.

—Debería darte asco —una mueca de completo desagrado se posó en los labios de la rubia—, pensé que tenías un mejor sentido del gusto, Swan.

—Vete a la mierda, tú, hija de puta —soltó una pequeña risita por lo bajo ante mis palabras y sin más se alejó de nosotros, no sin antes sacudir su mano en el aire como una jodida Miss Universo, ella se estaba burlando de nosotros con un demonio yo estaba viendo todo malditamente rojo.

—¿Por qué dejas que te trate así? —Edward se sobresaltó ante la brusquedad en mi voz.

Es que…

¡Carajos!

¡Yo no podía entender lo que pasaba por esa cabecita color zanahoria!

—No importa…

—Edward… —mi voz salió más ronca de lo normal— No puedes dejar que te pisotee así, gatito.

—Realmente no importa, Bella.

—¡Joder! —gruñí, ayudándolo a ponerse de pie— ¡Claro que importa! —tomé su mano buena entre la mía y comencé a jalar de él—Ella no tiene derecho a hacer eso, ¿no le has dicho a tus padres sobre cómo te trata?, estoy putamente segura de que al reverendo no le gustaría saber que alguien aparte de mi está molestando a su bebé, ¿sabes?, tal vez yo…

Me detuve abruptamente sobre mis pies cuando Edward dejó de avanzar, sin darme tiempo a nada el jalaó de mi brazo con tal fuerza, causando que diera una pequeña vuelta en mí lugar y lo enfrentara. Fruncí el ceño cuando vi su bonito rostro cubierto en preocupación y… algo más, había algo más ahí en sus ojos, un tipo de censura que no me dejaba ver más allá de la situación. Era como si él quisiera decirme algo con eso, pero a la vez no, o tal vez simplemente no pudiera hacerlo y eso lo frustraba. Me daba una jodida rabia saber que todas esas emociones tan humanas en él fueran dirigidas a esa zorra sin corazón.

—Por favor no le digas —suplicó, apretando mi mano con la suya buena fuertemente—, n-no le digas a papá… mamá tampoco lo sabe, n-no necesitan saber esto, ¿sí? Y-yo puedo manejarlo solo —alcé una de mis cejas y apunté su brazo, el cual estaba claramente en mal estado por culpa de esa perra. Minino negó con su cabeza, casi parecía desesperado—. F-Fue mi culpa, la tomé por sorpresa, n-no volverá a pasar.

—No tienes que defenderla conmigo —cuadré mi mandíbula ante sus palabras, con un demonio, es que a veces no sabía si el era o muy bueno o muy jodidamente idiota—, sé la clase de persona que es, demonios, puede ser tu prima, pero eso no la hace menos mierda.

Los ojos de Edward se entristecieron a más no poder.

Quedé un tanto confundida al ver esa reacción de su parte.

—No, no lo sabes realmente, Bella.

Fue lo último que le escuché susurrar antes de que me dejara llevarlo a la enfermería.

. . . . . . .

La Rosalie que yo conocía mandaba a todo el mundo y nunca aceptaba un no por respuesta.

La Rosalie que yo conocía era una jodida matona que solía descargarse con las personas más vulnerables, en especial con el idiota de su primo que lo único que hacía era preocuparse por el bienestar de la rubia.

¿Alguien se atrevería a decirle qué hacer a Rosalie Hale? Joder, ni los profesores se arriesgaban a eso.

¡Vamos!, la Rosalie que yo conocía era la típica rubia popular de las películas americanas.

Pero la Rosalie que yo conocía no estaba más.

Diablos.

La escena que se desarrollaba frente a mis ojos me dejaba con un dejo de amargura horrible.

Rosalie se paseaba cabizbaja por la sala de estar de la que antiguamente era su casa. King estaba sentado en un sofá de un solo cuerpo en una de las esquinas y los padres de Rosalie estaban empotrados en otro sofá que quedaba contrario a este. Era como una escena sacada de alguna publicidad putamente machista de los sesenta. Rosalie rellenaba la taza de té que su madre sostenía en sus manos y luego volvía a posicionarse junto al sofá donde estaba Royce, de pie, siempre mirando el suelo. Eso era lo único que la veíamos hacer mientras los otros seres humanos de mierda que estaban compartiendo espacio con ella platicaban como si todo estuviera bien. Realmente ellos estaban haciendo como si no existiera, como si no sirviera más que para rellenar de whisky el vaso de su marido y su padre, o la taza de su madre con té, Rosalie nunca los miró de frente y ellos tampoco hicieron ningún tipo de contacto con ella. Ellos incluso reían, por todo lo santo, ¡se estaban riendo! Era una especie de círculo vicioso en el cual Rosalie siempre volvía al mismo lugar de pie junto al puto de King, como si estuviera entrenada para eso.

Mi pecho se apretó a más no poder.

Tenía un maldito nudo en la garganta que me dificultaba respirar.

Si Grizz veía esto yo no sabía de lo que sería capaz.

Rosalie era la viva imagen de la mamá de mi osito, y el iba a odiar eso con jodidos creces.

Grizz va a matarlos —murmuró Tink junto a mi—, si el ve esta puta escena es capaz de matarlos, B, lo sabes, ¿no? Tú no viste como se puso cuando llegaron a la casa Cullen, y créeme, eso será jodidamente nada en comparación a lo que hará ahora…

—Lo sé, diablos, lo sé.

. . . . . . .

—¿Qué es eso, Grizz?

El grandulón se sobresaltó con mi voz, me miró por sobre su hombro y no pude evitar mostrar sorpresa al ver que la usual expresión de felicidad extrema que siempre traía en su rostro no estaba más. Una triste sonrisa adornaba sus labios, mi corazón lloró internamente al ver a mi osito triste. En sus manos sostenía una postal, el Lago Michigan aparecía en el frontis. Habíamos llegado hace unos tres días al estado de Michigan y hace uno que estábamos en el lago. Me acerqué a Grizz y tomé asiento junto a él. El agua estaba oscura y completamente calma, el cielo estaba despejado en su totalidad, las estrellas titilaban en lo alto, acunándonos en la serena noche.

—¿Crees que debería enviarla? —me preguntó en un susurro, entregándome la postal— No sé que hacer con ella, nena, digo… La compré con un propósito, pero joder si no soy un maldito cobarde y… —tomé la postal en mis manos y la giré, sonreí con tristeza al ver para quien estaba dirigida.

—Yo creo que tu mamá lo agradecería —enganché mi brazo con el suyo y dejé un beso sobre su hombro, lo sentí relajarse contra mi cuerpo un poco—, no pierdes nada, ¿no?

—No, yo no, pero ella… —su cuerpo volvió a tensarse, sus nudillos casi translucidos de la presión que estaba ejerciendo al hacer sus manos puño— Si ese maldito cabrón la ve, ella va a ser la que perderá mucho —suspiró pesadamente y tomó la postal de mis manos, él la rompió rápidamente en pequeños pedacitos sin darme derecho a oponerme.

—¡Grizzly! —me quejé, viendo como lanzaba los pedacitos al aire.

—Es mejor así —se encogió de hombros—, yo ni siquiera sé si está viva o que mierda.

—No digas eso, joder —solté su brazo y el se puso de pie.

—Es la verdad —sus ojos destellaron con una oscura emoción—, el bastardo la usaba como su saco de golpear incluso cuando yo estaba ahí, B, siempre fue solo cuestión de tiempo… —cuadró su mandíbula y miró hacia la distancia, algún punto fijo más allá del lago— Le rogué que viniera conmigo, pero ella lo "amaba" —soltó una amarga carcajada—. Joder, que mujer tan malditamente ilusa.

—Grizz…

—Yo acabé con él, ¿sabes? —asentí lentamente a sus palabras, nunca realmente habíamos hablado de por qué él había dejado su casa. Grizzly nos solía hablar de vez en cuando de su madre, de lo dulce que era, cariñosa, podíamos imaginarla con Tink teniendo a nuestro grandulón a nuestro lado. El nunca mencionaba a su padre, así que supusimos que era un tema que no se debía tocar— El día en el que dejé casa fue porque le saqué la mierda de encima a ese puto cabrón, oh, cariño, no tienes una idea de lo malditamente genial que se sintió romper su puto rostro…

—Ah, uh… ¿De tu padre?

—Ese hombre no es mi padre, coño —rugió, sobresaltándome. Su expresión se suavizó cuando vio mi reacción— Perdón, no quise… Es solo… —desordenó su cabello furiosamente mientras caminaba en sobre sus pies una y otra vez, Emmett comenzó a vomitar palabra tras otra— Lo hice por ella, ¿sabes? El puto cerdo estaba preparándose nuevamente para darle la paliza de su vida, yo ya tenía estos bebés para poner en uso —sonrió con amargura, apuntando sus desarrollados músculos—, pero ella… lo eligió, ¿puedes creerlo? Ella llamó a la maldita policía para protegerlo, de mí, joder, ¡después de todas las putas veces en las que tuve que ayudarla a cubrir los malditos cardenales en su rostro!

—Grizz, bebé…

—¡Porque lo amaba! —alzó sus manos al aire en descontento—, ¿cómo puede existir alguien tan ciego? —me acerqué a Grizz cuidadosamente, el estaba en un arrebato emocional que lo tenía un tanto inestable, dado que no sacaba a relucir sus verdaderas emociones abiertamente, cuando lo hacía solía ser un tanto volátil— La extraño, Bella —me hablo como un niño pequeño, mirándome con sus oscuros ojos cargados de tristeza.

Ah, mierda.

Yo odiaba ver esa expresión en su rostro.

—Lo sé, cariño —lo atraje hacia mi en un apretado abrazo—, lo sé.

. . . . . . .

Mordí mi labio tratando de pensar en algo.

Cualquier maldita cosa.

Fue en ese instante en el que, no sé, tal vez el jefe allá arriba se apiadó una vez más de nosotros e hizo que Rosalie caminara hacia la cocina a buscar té para la pija de su madre, fue en ese jodido momento en el que sus ojos hicieron contacto con los míos a través de la ventana. Pude ver como su cuerpo se tensaba, cuadró sus hombros y se quedó inmóvil por unos pequeños segundos. Sus ojos aguamarina gritaban por ayuda. Si bien su expresión facial seguía siendo la misma que tenía conmigo siempre, estoica y con cara de pocos amigos, ella me suplicaba con la mirada que la sacara de ahí ya. Cuando posó casi imperceptiblemente su mano derecha sobre el bulto que era su vientre de cinco meses, supe que haría lo que fuera por ayudarla. Ella era la mujer que mi lindo osito amaba, era la madre de su tan esperado bollito. Era mi puta familia ahora también, joder.

Mi mente comenzó a trabajar rápidamente, tratando de encontrar alguna manera de aislarla de esas personas para poder sacarla de ahí. Hasta que algo hizo clic. Pensando en que la estructura de la casa era parecida a la de papá y probablemente a la de Minino, el baño estaba en el segundo piso.

—Tenemos que sacarla de ahí.

—¿Cómo vamos a hacer eso sin causar un desmadre? —murmuró Tink, mientras seguíamos observando a Rosalie realizar la acción que había ido a hacer a la cocina desmesuradamente lento, ella daba pequeños vistazos hacia donde estábamos nosotros.

—El baño —miré a ambos chicos, apuntando hacia arriba—, debemos hacer que vaya al baño. Yo puedo subir por ahí —apunté el techo que daba al cobertizo del patio trasero, con la ayuda de Tink y Cobain podía subir a él y luego a la ventana del baño que estaba en el segundo piso— y llegar a ella.

—Vale —Jasper asintió con seguridad a mis palabras y empezó a hacerle muecas a Rose a través de la ventana. Ella lucía malditamente confundida, y es que en otra ocasión las morisquetas que Cobain hacía habrían sido para morir de la risa a costas suyas, pero ahora dependíamos completamente de ellas.

—¡¿Qué tanto puede costar hacer un maldito té, Rosalie?!

Rosalie dio un pequeño respingo ante el grito de Royce, sus manos comenzaron a tiritar tenuemente y sin darnos una mirada más, salió de la cocina camino a la sala de estar, volviendo con la misma rutina en la que la habíamos visto desde un principio. Esperamos unos minutos para ver si había captado las señas que le habíamos hecho con anterioridad, quise gritar de felicidad cuando vimos como se disculpaba para ir al baño, en ese preciso momento en el que se acercaba a la escalera comenzamos a desarrollar el plan.

—Yo creo que lo mejor será que te pares sobre mis hombros —susurró Tink, agachándose un poco para que me montara en ella. Cobain soltó un pequeño resoplido a su lado y le dio un juguetón empujón.

—Déjame eso a mí, hadita —Alice lo miró con el ceño fruncido y él rodó sus ojos—, nena, no quería apuntar lo obvio, pero, ¿es que acaso no recuerdas que mides como un centímetro? —Tink infló sus mejillas y se cruzó de brazos, no sin antes patearle el culo a Jasper por su insolencia, claro está.

Jasper estaba casi que encuclillas.

Tenía las rodillas dobladas levemente, se las palmeó instándome a poner mi peso sobre ellas. Decir que no tenía miedo era una puta mentira, digo, si fuera Grizz sería distinto porque, hombre, mi osito tiene malditos músculos, pero, ¿Jasper?, era un flacucho, ¿y qué si me botaba? Tomé aire y boté rápidamente, posicioné mi pie izquierdo sobre su muslo derecho y luego el otro sobre el izquierdo, Alice estaba tras de Jasper a modo de SOS, en otras palabras, por si nos sacábamos la madre. Joder, yo apenas estaba en sus muslos y el ya estaba temblando como un puto chihuahua. Cuando puse ambos pies sobre sus hombros el muy bueno para nada ya estaba completamente rojo, ¡incluso jadeaba por lo bajo!, ¡tampoco pesaba tanto, qué demonios! Agarré el borde del techo e intenté impulsarme hacia arriba pero que va, Jasper no era el único débil en esta puta ecuación.

Sus manos agarraron mis pies de un momento a otro y con la voz cargada me dijo:

B, nena, empujaré tus pies hacia arriba, pero… —soltó un largo suspiro y volvió a hablar— tienes que cooperar aquí, porque, joder, estoy malditamente fuera de línea, quien putas iba a pensarlo, necesito hacer ejercicio… —rodé mis ojos, pero le hice caso. Cuando sus manos comenzaron a empujar mis pies hacia arriba yo me alcé con la fuerza de mis brazos todo lo que pude.

¡Lo estábamos logrando!

¡A esto me refería con trabajo en equipo, joder!

—¿C-Cobain?

—¡L-Lo siento, nena!

Quedé con la mitad del torso sobre el techo y la otra mitad colgando cuando este debilucho se desplomó sin más. Cabe decir que hicimos un ruido jodidamente feo con nuestra acción, nos quedamos inmóviles cuando los murmullos que se escuchaban dentro de la casa King cesaron de un momento a otro. Creo que incluso dejé de respirar en ese puto instante.

Jo-der.

—¡¿Rosalie?!, ¡¿qué diablos estás haciendo allá arriba?!

—¡P-Perdón!, ¡m-me tropecé!

—Jodida mujer torpe, ¿se dan cuenta con lo que tengo que vivir día a día?

Supuse que su última pregunta iba dirigida a los Hale, negué con mi cabeza para enfocarme en la situación en la que me encontraba y no en como quería arrancarle las bolas a ese bastardo y hacer que se las tragara. Suspiré y me impulsé una vez más con mis brazos, pataleé hasta que finalmente todo mi cuerpo estuvo sobre el maldito techado. Ahora me quedaba llegar a la ventana, gracias al cielo no estaba a una distancia tan larga esta vez. Era pequeña y Rosalie la había dejado abierta. Después de luchar una vez más con mi propio peso, caí de bruces dentro del baño, causando un nuevo estruendo que volvió a llamar la atención de los seres de abajo.

Abrí mis ojos y observé atentamente el aterrorizado rostro de Rosalie cuando unas pisadas se escucharon por las escaleras. Diablos, no se iba a conformar con solo un grito ahora. Acto seguido, la puerta cerrada del baño se estremeció por los duros golpes que le daba King. Rápidamente me escondí en la bañera y cerré la cortina de baño con sumo cuidado, escuché como Rosalie intentaba calmar su respiración antes de abrir la puerta levemente.

—¿Qué carajos te pasa?, ¿no puedes comportarte como una maldita mujer decente?

—M-Me duele el estómago —murmuró en un suave tono de voz—, p-perdón.

—Te dije que te deshicieras de eso —el veneno estaba malditamente latente en su voz—, ahora asume las consecuencias de tus actos, puta —hubo un pequeño silencio y luego volvió a hablar—, juro que escucho un ruido más y no sabrás de lo que soy capaz, ¿crees que alguien podrá defenderte ahora? —rió con sorna antes de cerrar la puerta violentamente.

Salí de mi escondite cuando escuché los suaves sollozos de Rosalie, me rompió el alma verla sentada en el suelo con la espalda apoyada en la puerta. Me acerqué con sigilo y me arrodillé frente a ella, sin pensarlo una de mis manos fue a dar con su rubio cabello, la acaricié tratando de infundirle valor, reconfortándola, aunque en el fondo sabía que después de todo no era que sirviera de mucho, tal vez y llorar era lo que realmente necesitaba. Pero no le hacía bien al bebé, todas esas emociones fuertes que la estaban haciendo vivir en estos momentos.

—Te sacaré de aquí —dictaminé decidida a cumplir mi palabra.

Rosalie alzó su turbia mirada, ojos abnegados en lágrimas que corrían libremente por sus mejillas.

—¿Por qué estás haciendo esto? —me preguntó en un bajo volumen de voz—, n-no lo merezco, yo… Lo hice, Isabella —la observé con confusión—. Rompí a Emmett, hice lo que me dijiste que no hiciera, ¿no te das cuenta? —sus manos se posaron suavemente sobre su vientre— Yo… lo dejé…

—¿Por qué lo hiciste?

Me miró con confusión por unos momentos, como si no entendiera mi pregunta.

—¿Por qué viniste con ellos, Rosalie?

Su mirada se entristeció completamente.

—Porque los conozco —se encogió de hombros y soltó una amarga carcajada—, no solo a mis padres, a Royce, sé la clase de personas que son. Tío Carlisle y Esme ya han lidiado con todo esto, yo simplemente no quería hacerlos pasar por el mismo problema una vez más, es a mi a quien quieren después de todo, ¿por qué tendrían ellos que sufrir las consecuencias? —una lágrima rodó por su mejilla cuando me observó fijamente— Y Emmett… el es tan bueno… ¿cómo podía yo hacerlo pasar por esto? Por un momento me hizo olvidar cuales eran mis raíces, pero yo… Cuando los vi en casa Cullen no pude… —su voz tembló al final— Es mi culpa, si no fuera por mi ninguno de ellos habría aparecido en primer lugar... Siempre será mi culpa, debería haber terminado con esto hace bastante tiempo, pero Edward…

Rosalie sonrió dulcemente.

—¿Te importaría explicarme un poco todo esto?, no estoy entendiendo ni una mierda de lo que hablas…

—Yo siempre fui tan… mala con Edward, ¿recuerdas cuando íbamos a la secundaria? —asentí, cómo podía olvidar esos malditos días— Él no dejaba de seguirme, por más que lo insultara, denigrara, aún y cuando lo traté horrible frente a todo el mundo, él seguía ahí, se ponía de pie una y otra vez sin importarle nada…

—Yo quería tanto partirte la cara por eso.

—Lo sé —rió por lo bajo, tristemente—, él hacía eso porque tenía miedo, supongo, de que yo volviera a hacer alguna estupidez. Apenas habían pasado algunos días que me había mudado a la casa Cullen y yo, bueno… —abrí mis ojos con sorpresa cuando me mostró, bajo la gran pulsera de oro que llevaba en su muñeca izquierda, un profundo corte vertical de unos seis centímetros— Edward fue quien me encontró ese día, él llamó al hospital, él me sostuvo entre sus brazos mientras yo permanecía ahí, casi muerta. Él me salvó y lo odié por eso, ¿sabes? Lo odié tanto por no dejarme morir.

No sabía qué decirle al respecto.

Digo, era una mierda bastante fuerte lo que me estaba soltando y yo definitivamente no estaba lista para esto.

—¿Sabe Emmett sobre esto? —le pregunté, dándole un toque casi fantasmagórico a la cicatriz en su muñeca con la punta de mis dedos. Rosalie negó con su cabeza lentamente a mi pregunta— ¿Por qué no le has contado? —estaba haciendo demasiadas preguntas, lo sabía, pero, diablos, no podía no hacerlas.

—Sé que ha visto la cicatriz —sus mejillas se tornaron de un suave rosa—, pero nunca he preguntado por ella y yo... No lo sé, ¿para qué molestarlo?

—Joder, Rosalie, él probablemente nunca te pregunte, así es Grizz, si no le hablas de las cosas por iniciativa propia nunca se meterá en tus asunto. Él cree que hacer eso es probablemente entrometerse en algo que no le incumbe, aún y cuando lo más seguro es que se muere de ganas por saber y este sufriendo por ello —la vi tragar lentamente—, sufriendo por ti. Nunca sería una molestia, cuando amas a alguien quieres saber todo de esa persona, ¿no?

—Y-Yo... Si, no lo sabía, digo, no pensé...

Atiné a tomar sus manos entre las mías y darles un fuerte apretón.

—No estás sola, Rosalie —tragué saliva para tratar de apaciguar el maldito nudo que tenía en la garganta—. Tus tíos te aman, Edward te ama, incluso el idiota de Jasper lo hace, ¿y qué me dices de mi pequeña princesa?, ¡incluso mi renacuajo está malditamente contento con su tía Rosie! —Rosalie medio que rió y lloró a la misma vez— Me tienes a mí también ahora —desvié la mirada un tanto avergonzada al soltar esas putas palabras—, si bien aún no te perdono del todo que hayas sido una jodida perra con mi Minino, pero eres mi familia ahora y yo nunca dejo a los míos.

Creo que aquella confesión de mi parte la sacó de lugar por unos segundos, limpié con mi pulgar una nueva lágrima que había decidido escaparse de sus ojos y le sonreí, porque, diantres, yo no iba a permitir que ella sintiera que no tenía a nadie cuando estábamos todos aquí arriesgando nuestros culos por ella.

Su voz salió cargada de emoción cuando soltó la siguiente pequeña palabra.

—G-Gracias…

—Y lo más importante —carraspeé, volviendo a mirar sus ojos directamente, tratando de ignorar el rubor en mis mejillas porque no estaba acostumbrada a esto—, tienes a uno de los hombres mas maravillosos que ha podido pisar este puto planeta. Un hombre dulce, paciente —rodé mis ojos—, vale también es un niño pequeño la mayoría del tiempo —ambas reímos ante la verdad de la frase—, pero ese niño, Emmett, lo daría todo por ti y su hijo, de ambos, porque los ama más que a nada en el mundo.

—Y-Yo también lo amo, lo amo tanto —murmuró—, agradezco a Dios que lo pusiera en mi camino —sus ojos brillaron con esperanza—, nunca pensé que una persona como yo podría llegar a sentir tanta felicidad a causa de un ser humano. que no lo merezco, sé que por todas las cosas que he hecho nunca merecería a alguien como Emmett, pero por gracias del destino él me quiere y...

Su voz tembló, nuevas lágrimas amenazando con abandonar sus ojos.

—¿Quieres volver donde tu hombre? —la rubia asintió fervientemente a mis palabras— Bien, porque ahora haremos algo de lo que probablemente me llevaré una reprimenda de tu primo pero, joder, una mujer tiene que hacer, lo que una mujer tiene que hacer —me puse de pie y estiré mi mano para que la tomara.

Rosalie observó mi mano de manera extraña, como si de un momento a otro le fueran a salir púas o algo parecido.

—¿Q-Qué estás planeando?, pensé que saldríamos por…

—Mira, Rosie, ¿crees que quepas por esa ventana con esa panzota? —hizo un mohín con sus labios cuando capto lo obvio, la ventana por donde yo había entrado era pequeña, en su estado natural ella lo habría logrado pero ahora no era solo ella en la que teníamos que pensar— Lo más seguro, para ti y para el bebé, es que salgamos campantes por la puerta principal —el pánico se estaba apoderando de su cuerpo, yo seguí hablando para que viera de que no había nada de lo que preocuparse—, porque, diablos, ellos no pueden retenerte aquí en contra de tu voluntad y yo no dejaré que te hagan daño, ¿me escuchaste?

Rosalie me observó con sus ojos abiertos de dos en dos, presa del pánico.

—N-No.

Rosalie... —me quejé, mi voz casi sonando como la de Floyd cuando no le quería comprar el juguete que quería— No tenemos otra opción.

—M-Mi padre está ahí abajo, Isabella —sus uñas casi me hicieron daño en la mano cuando afianzó su agarre en mi— Mi padre, Isabella —su voz estaba cargada con una extraña emoción. Ella se negaba fervientemente a mis planes. Digo, entendía la situación después de todo lo que sabía ese puerco le había hecho, pero no era como si el muy bastardo fuera a hacer algo teniendo tantos testigos, porque estaba malditamente segura de que Tink y Cobain seguían abajo observando por la ventana, esperando cualquier movimiento de nuestra parte.

Teníamos refuerzos, no tenía por qué tener miedo.

—No te preocupes, te lo dije, no estás sola. Todo saldrá bien, ¿sí?

—N-No, Bella, tu no conoces a mi padre, el… No podemos, r-realmente no podemos…

—Si podemos, y lo haremos —Rosalie comenzó a negar impacientemente con su cabeza cuando coloqué mi mano en el pomo de la puerta. Vale, era ahora o nunca. Yo nuevamente iba a hacer una locura pero que va, ya me iba a arrepentir de ello luego. Giré el pomo de la puerta y observé a una muy asustada Rosalie por sobre mi hombro, le sonreí con confianza antes de hablar— No conozco a tu padre, pero él tampoco conoce a B Swan.

No me di cuenta que estaba aguantando la respiración hasta que estábamos a la mitad del pasillo.

Podía ver claramente el inicio de las escaleras desde mi lugar.

Vamos, B, eres una mujer con cojones.

Rosalie le dio un suave apretón a mi mano, volví a observarla por sobre mi hombro, dándole una sonrisa para tratar de calmarla, en realidad, no sabía si la quería calmar a ella o quería calmarme a misma porque, mierda, ya íbamos por casi la mitad de la escalera y yo tenía que pensar en un show rápido. Cundo llegamos al último escalón boté la gran bocanada de aire que había estado conteniendo e hice acto de presencia.

¡Que comience el show!

—¿Isabella Swan?

Esa fue la voz de Royce King, la puta cosa.

Rosalie se escondió tras de mi casi por inercia, la sangre me hirvió. Sonreí campante al hombre que me observaba con el ceño fruncido, tenía sus manos empuñadas y su rostro estaba malditamente rojo. Oh, él lucia jodidamente molesto y probablemente yo era la causante de eso. Dejé mis ojos viajar por la habitación, hasta posarlos en los Hale. La madre de Rosalie era tan hermosa como ella, la típica belleza americana, ella ni siquiera se veía en edad para tener una hija con la edad de Rose, pero, si para mi la rubia en secundaria era la princesa del hielo, su madre claramente era la puta reina. No había ninguna expresión en su rostro, sus ojos tan azules como los de Rose pero tan distintos no reflejaban más que frialdad pura. Me estremecí con el simple pensamiento de crecer en un ambiente con unos padres así.

Y luego estaba él.

Ese asqueroso hombre que ni siquiera quería llamar su padre.

El cerdo.

Oh, yo tenía tantas malditas ganas de romper su pijo rostro.

Me dio una sugestiva mirada de pies a cabeza, cuando nuestros ojos hicieron contacto una pequeña sonrisa se posó en sus labios, a los cuales llevó el vaso de whisky lentamente. Nunca había sentido tanta repugnancia por un ser humano en mi vida hasta que lo vi a él, sentado en la sala de estar de la casa de su hija, a la que le había arruinado la puta vida, bebiendo whisky en su caro traje, hablando de la vida, como si el muy hijo de puta no hubiera salido recientemente de prisión por ser un vil cerdo abusador. Su rostro me causaría pesadillas, yo puede que tenga un poco de miedo. El lucía como uno de esos padres demasiado perfectos para ser verdad que salían en la televisión. Pero había algo, justo ahí en esos ojos azules que se veían tan extrañamente carismáticos, que hacía erizar los vellos de todo mi puto cuerpo. Por alguna extraña razón me daban ganas de mandar todo a la mierda y correr lejos de ese tipo. Era escalofriante, todo Riley Hale era malditamente escalofriante.

Eso no quitaba que yo, sinceramente, quisiera despedazar a todos y cada uno de los presentes en esta sala.

—Rosalie, cariño, ¿hay algo que quieras contarnos? —la rubia apretó mi mano fuertemente entre la suya, causando que sus uñas se clavaran una vez más en mi piel—, ¿qué está sucediendo aquí? —Riley Hale habló con un meloso tono de voz que casi me produjo arcadas, él estaba demasiado tranquilo para ser verdad—. ¿Quién es tu amiga? —arqueé una de mis cejas con incredulidad hacia el hombre.

El miedo me duró unos segundos, que va.

Mi persona no quería seguir aguantando esta mierda.

Sí, bueno —carraspeé incómoda y jalé de la mano de Rosalie, caminando con parsimonia hacia la entrada, mis ojos sin quitar de vista al espeluznante hombre ni sus acompañante—, me gustaría quedarme a charlar, pero… —chasqueé mi lengua y negué lentamente con mi cabeza— En realidad no, odiaría si quiera estar en el mismo cuarto que ustedes un puto segundo más, así que nos vamos.

Comencé a caminar más rápido, casi arrastrando a Rose tras de mí.

Pero Royce se puso de pie abruptamente antes de que llegáramos a nuestro escape.

Rosalie se sobresaltó en su lugar y nos detuvimos en seco.

—Ella no va a ningún lado —masculló Royce entre dientes, apuntando a Rose y haciendo el amago de caminar hacia nosotras—, Rosalie, ven aquí.

Traté de ocultar mi sorpresa cuando la rubia negó con su cabeza, aún y cuando sus ojos estaban fijos en el suelo fue un gran paso para su persona el negarse a ese vil cerdo que se hacía llamar su marido. La negación de Rose enfureció más al panzón, en cualquier momento le daba algo por lo malditamente rojo que estaba, no sé, tal vez un ataque cardíaco o algo, cualquier cosa, me seguiría importando una mierda. Él dio un paso más hacia nosotras y volvió a hablar, su voz baja, casi amenazante.

—No lo volveré a repetir, Rosalie —la rubia se estremeció cuando su nombre salió de los labios de ese puerco cargado en veneno—. Ven. Aquí.

El pánico se apoderó de su persona una vez más, ella estaba por soltar mi mano y seguir las órdenes de ese bastardo, pero no se lo permití.

—Ella no va a ningún lado, pero contigo —cuadré la mandíbula y di un paso hacia adelante—. No te hagas esto, panzón —sus orejas se tornaron malditamente rojas por mi apodo—, sabes que puedo partirte el culo aquí mismo en un jodido segundo, hazte el favor y no te avergüences frente a tus suegritos, ¿sí? —King entrecerró los ojos en mi dirección, joder, si las miradas matasen yo estaría mil pies bajo tierra.

—¿Isabella? —miré hacia mi derecha, Hale se ponía de pie lentamente mientras hablaba—, ¿es ese tu nombre, querida?

Me estremecí con disgusto.

—Mire, señor —suspiré exasperada por la situación—, estoy harta de seguir esta conversación. Rosalie no quiere estar aquí —le di una mirada envenenada a su progenitor—, por obvias razones —juro que quise descuartizarlo cuando una sutil sonrisa levantó la comisura de sus labios—, no hagamos las cosas más difíciles. Si soy sincera, tengo un ejército de hombres esperando por nosotras ahí fuera y, viendo esos —apunté su rostro con cardenales, obra y gracia del reverendo Cullen—, diría que ya probó un poco de esa mierda, ¿no?

La sonrisa se borró de su rostro, el cual se tornó sombrío.

Un escalofrío subió por mi espina dorsal.

—Rosalie, dulzura, recuerdas lo que hablamos, ¿no? —él no sacó sus ojos de mi en ningún momento mientras le hablaba a Rose, quien se tensó visiblemente tras de mí. Ella comenzó a ejercer presión en nuestras manos unidas para que la dejara ir— ¿Tendré que repetirlo? —él chasqueó su lengua con desaprobación—, sabes que a papá no le gusta repetir las cosas, y sabes lo que pasa cuando tiene que hacerlo, ¿no?

Él ladeó su cabeza, parecía como si todo esto fuera un simple juego para su persona.

La mano de Rosalie sudaba a borbotones entre la mía, ella aún insistía en abortar el plan.

—B-Bella, está bien, te dije que no…

No —rugí, apretando su mano una vez más porque, carajos, yo no iba a soltarla, por más que luchara contra mí—, tú te vienes conmigo ahora. No te estoy dando una maldita opción Rosalie, tú te vienes conmigo ya.

Y sin más caminé hacia la puerta, estaba por tomar el pomo entre mis manos y ser libre hasta que Royce, el jodido insistente, se plantó frente a mí, estaba tan cerca que podía sentir su asqueroso aliento en mi rostro. Resopló, malditamente molesto, sus orificios nasales agitándose mientras la ira se apoderaba de su cuerpo… Él tenía toda la intención de hacer algo en nuestra contra para que no pudiéramos cumplir nuestro cometido, y con algo me refiero a que probablemente el muy idiota estaba pensando en golpearme o algo parecido, como si pudiera hacerlo. ¡Pero!, como la mujer inteligente que soy, pensé mucho antes en que una situación así se podía llevar a cabo, sabía que habrían consecuencias y no esperaba que ellos nos dejaran salir de la casa tan a la ligera, así nada más, así que sin darle tiempo a nada, le di un fuerte rodillazo entre sus piernas, justo en sus malditas bolas, que lo mandó a piso en un abrir y cerrar de ojos.

Lo llamo el cascanueces.

Me giré hacia Hale, que miraba la escena desde la distancia con un rostro embelesado.

El maldito viejo estaba loco.

—Ya nos veremos otra vez, cariño —murmuró, sus ojos insistentes sobre mi, se me erizaban los vellos de la nuca, y el muy desgraciado se despedía de nosotras con un ademán de su mano. Como si fuéramos visitas que esperaba ver una vez más para pasar un ameno momento. La señora Hale, que en todo momento permaneció sentada bebiendo su taza de café, finalmente nos dirigió una mirada que me heló la punta de los pies.

Una sonrisa ladina se posó en sus labios.

Era casi imperceptible, pero juro por el gran jefe que vi la comisura de su labio alzarse.

Joder, ellos eran realmente perturbadores.

Abrí la puerta rápidamente y sin darles una segunda mirada salimos de la casa, dejando un quejumbroso Royce tirado en la sala de estar, dejando atrás a esas dos personas que me habían hecho asustar más que una maratón de Viernes 13. Sin soltar la mano de Rosalie corrimos, a una velocidad prudente para una mamá embarazada, calle abajo, hacia donde estaba el auto de Carlisle. Miré por sobre mi hombro cuando oí unos pasos tras nosotras, Tink y Cobain nos seguían. Alice levantó su dedo pulgar en mi dirección por haber cumplido la operación rescate. A lo lejos logré divisar dos figuras fuera del auto, una de ellas sostenía una mano fervientemente contra su oído y con la otra desordenaba de manera salvaje su cabello. La otra figura se paseaba como un jodido león enjaulado alrededor del auto.

Finalmente solté la mano de Rosalie.

Ella ya estaba a salvo con nosotros.

—Creo que deberías contestar tu teléfono —murmuró Tink cuando llegó a mi lado—, estás haciendo preocupar a gatito una vez más, tú, perra.

Diablos, con la adrenalina en el cuerpo lo había olvidado por completo.

Estaba por hablar cuando me di de bruces con la espalda de Rosalie que se había detenido abruptamente a mitad de camino. Miré por sobre su hombro y, la figura que con anterioridad había estado paseándose como un desquiciado había detenido su marcha y miraba fijamente a la chica. Era obvio que esa figura era Grizz, nadie tenía un cuerpo tan gigante como él entre los presentes. Rosalie dio un paso hacia adelante, un tanto vacilante, luego retrocedió una vez más. Ella no sabía que hacer realmente, me causó un poco de ternura. Miró por sobre su hombro hacia mí, sus ojos estaban plagados en dudas, podía ver en ellos el miedo que tenía de sentir el rechazo de Emmett. Un miedo malditamente estúpido, si me preguntan. Le di un suave empujón y le guiñé un ojo, instándola a dar el siguiente paso.

Ella ya no tenía que temer.

No estaba sola, nunca más estaría sola.

Soltó un pequeño sollozo y corrió con toda la velocidad que su embarazado ser le permitía hacia Emmett, quien la esperaba, sin pensarlo, con los brazos abiertos de par en par. Se estrelló suavemente con el enorme cuerpo de mi amigo, el cual la rodeo rápida y delicadamente entre sus brazos. Sin hacer ningún tipo de pregunta, sin siquiera una palabra de por medio, Grizz la acunó dulcemente contra su fuerte pecho y besó la cima de su cabeza con todos los sentimientos dulces que se puedan imaginar. Él le susurraba cosas que tenían a Rosalie llorando como un recién nacido, mientras acariciaba su larga cabellera rubia y dejaba un beso tras otro sobre su rostro. Era una escena de película, de esas que vez en pijamas los días domingo, comiendo helado y unos cuantos pañuelos, el pack perfecto para soltar las putas lágrimas de tu vida.

Juro que Tink y yo estábamos a un pelo de largarnos a llorar ahí mismo.

Ahhh, cuánto me encantan los finales felices.

El camino a casa fue en silencio.

Minino no me había dirigido ni una sola mirada en todo momento. Sabía que estaba molesto conmigo, otra vez. Suspiré, tal vez por enésima vez, y miré por la ventana del automóvil. Rosalie iba sentada en las faldas de Emmett, lo único que se escuchaba en el maldito auto eran los arrullos de Grizz hacia la rubia, la llevaba entre sus brazos como si fuera una preciada cerámica del año de los cojones, tan delicada, algo que se podía romper en cualquier momento. ]Cuando llegamos a la casa Cullen, la rubia e había quedado plácidamente dormida en los brazos de Grizzly, él bajó cuidadosamente del auto sosteniendo a su chica en todo momento. Carlisle se apresuró para abrir la puerta y dejarlos entrar, cosa que no fue realmente necesaria ya que Esme estuvo fuera en apenas unos segundos. La matriarca Cullen tenía sus ojos abnegados en lágrimas no derramadas, ella dejó un maternal beso sobre la frente de una dormida Rosalie y se hizo a un costado para dejar pasar a mi grandulón. Me sentí un poco invasiva al presenciar un momento íntimo como lo fue la mirada cargada de amor que intercambiaron ambos padres Cullen, antes de ingresar a su hogar abrazados el uno del otro.

Luego de que todos desmontamos el auto, Tink me miró de soslayo y pasó su dedo pulgar por sobre su cuello, haciendo la acción de una decapitación porque la muy perra sabía que estaba en problemas. Levanté mi dedo medio en su dirección con todo el cariño que le tenía. Ella y Cobain rieron, en realidad se rieron de mi, antes de entrar a la casa Cullen tomados de las manos.

Obvio que Minino estaba apoyado contra el auto del reverendo esperando a que todos entraran a casa para tener unas palabritas conmigo, obvio.

Suspiré y caminé hacia él.

—¿Qué es lo que quieres saber? —le pregunté, plantándome frente a frente. Sus ojos se posaron sobre los míos insistentemente— No hice nada malo esta vez, que conste. De hecho, hasta me comporté un poco con esos cabrones, sobre todo con el cerdo de Hale, quien claramente no lo merecía, en lo absoluto… Bueno, no puedo decir lo mismo con King…—desvié la mirada y comencé a mover mi pie intranquilamente sobre el pasto.

—¿Podrías explicarme cómo sacaste a Rosalie de ahí?

—Solo si prometes no molestarte conmigo —Edward cruzó sus brazos por sobre su pecho—, entonces no diré nada —hice como que sellaba mi boca con un cierre, Minino asintió casi imperceptiblemente—. Es un trato, lo prometiste —lo apunté con mi dedo índice, enfatizando la promesa para que no lo olvidara.

—Lo prometo, cariño. Sabes que todos querrán saber qué pasó, ¿no? —asentí a sus palabras— Creo que esta noche será para descansar, Rosalie estaba exhausta… —desordenó su cabello y suspiró con resignación— Todos lo estamos, muchas emociones por un día, solo me gustaría saber con anticipación, no puedo quedarme tranquilo pensando que estuviste en peligro…

—No lo estuve en realidad —entorné mis ojos—, incluso acabé con Royce en un segundo, ¡deberías estar orgulloso!

—Yo no hablaba por Royce —mi hombre posó su mano sobre mi rostro y acarició mi mejilla con ternura—, tu no conoces realmente a Riley Hale, y espero con sinceridad que nunca llegues a hacerlo —sus ojos se ensombrecieron con una emoción bastante oscura en la que no quise ahondar.

¿Es que había algo más allá de lo que me había contado sobre ese hombre?

—Rosalie me dijo algo bastante parecido sobre ese tipo, ¿sabes?

—Deberías escucharla, ella sabe de lo que habla, ¿no crees?

Sin darle más vueltas a esas palabras, comencé a hablar.

Él escuchó atentamente mi relato.

Su rostro estaba lleno de expresiones cuando le contaba algunas cosas que no eran de su agrado, sobre todo cuando le conté mi encuentro con el patriarca Hale y como creía que las cosas no se quedarían así simplemente por cómo se había despedido cuando finalmente logramos abandonar la casa, su ceño se frunció profundamente y los músculos de sus brazos, que aún permanecían cruzados por sobre su pecho, se tensaron cuando empuñó sus manos. Sobra decir que era una vista bastante fabulosa porque sus pectorales se marcaban contra la camisa, claro, eso fue solo un pensamiento porque si lo decía en voz alta el definitivamente iba a molestarse por no tomar las cosas en serio. Cuando terminé mi relato lo vi suspirar, creo que le habían salido unas cuantas canas por mi culpa. Estiró uno de sus brazos y su mano fue al encuentro con el mío, estuve enterrada en su pecho en un abrir y cerrar de ojos, nos dio la vuelta, estaba vez quedando yo apoyada contra el auto. Aspiré profundamente su delicioso olor y escondí mi nariz aún más en su pecho, acurrucándome contra su calor, rodeé su cintura con mis brazos en un apretado abrazo que me correspondió dulcemente. Lo sentí dejar un beso en la cima de mi cabeza y luego descansó su mejilla justo ahí.

—Realmente no sé que hacer contigo —murmuró, apretando sus brazos entorno a mi un poco más—, pero estoy muy agradecido por lo que haz hecho esta vez, amor —alejé mi rostro de la comodidad de su pecho y lo observé con confusión, ¿el no estaba molesto? —. Gracias por ayudar a Rosalie, gracias por estar ahí para ella. Sé que no es de tu total agrado, pero… gracias —besó mi frente con delicadeza, cuando se alejó corrió un mechón de mi cabello hacia un costado y me sonrió con dulzura extrema—. Creo que me he enamorado un poco más de ti el día de hoy, si es que eso es posible.

Me alcé en mis puntillas y besé sus labios fugazmente, mis manos que aún se encontraban en su espalda comenzaron a acariciarlo con suavidad.

Él era una cosa tan malditamente bella, joder.

—Te dije que no podrías escapar de mí.

—No quería hacerlo, de todos modos —se encogió de hombros desinteresado, haciéndome sonreír.

La sonrisa que tenía en mis labios fue reemplazada por una expresión de terror puro.

El gran estruendo que se escuchó retumbó contra mis oídos y probablemente en todo Forks.

Observé los verdes ojos de Edward fijamente con incredulidad, esos ojos que hace un mísero segundo me observaban con todo el amor del mundo ahora estaban cubiertos de pavor. Estaba paralizada. No sabía si esto era la maldita realidad o una jodida broma del destino. Mi corazón latía con fuerza, estaba tan malditamente acelerado que podía escucharlo bombear en mis oídos. El tiempo se detuvo para mi en ese instante. Sentía que me iba a desmayar en cualquier momento, mi cabeza iba a explotar, mis brazos no reaccionaban, mis pies estaban anclados al piso, mis labios no podían emitir sonido alguno, solo estaba ahí, de pie, observando al hombre de mi vida perder el hermoso brillo de sus ojos. Sentí un líquido espeso cubrir mi mano que todavía se encontraba en su espalda.

Sin previo aviso, su cuerpo se desplomó contra el mío, el cual se encontraba en un completo estado de shock.

Por sobre su hombro pude ver al causante.

Riley Hale me sonreía, limpiando la punta de su pistola tranquilamente con un pañuelo.


¡Buenas madrugadas!

Esta vez no llegué taaaan en la madrugada ven, son apenas las 3:00 am por estos lados de la tierra.

Vale, primero lo primero, este capítulo era más largo pero lo partí en dos (?) así que para salud mental de ustedes y mía, al menos tengo adelantado algo ya del próximo capítulo jeje. La verdad es que cuando comencé a escribir el capítulo tenía planeado algo totalmente distinto pero ya ven, salió así no más, nada que hacer. Por favor no me maten por el final, es todo lo que les pido, a veces una oveja tiene que hacer, lo que una oveja tiene que hacer. Ya saben, de todos modos pueden descargarse conmigo en los rr y todo eso, odiarme, decirme que me fui por el mal camino, que va, lo que quieran ahí está para escribir los comentarios XDDD Claramente aún no termina lo de Rosalie-Grizz, y menos con estos extraños Hale dando vuelta, así que hagan sus apuestas para este dramón que se viene, influenciado por las novelas que ve mi mamá a la hora de almorzar (?)

En otras noticias: Sé que me desaparecí nuevamente pero ya eso fue culpa de mi ser procrastinador y estudiante de último año (?) Les cuento que al fin soy egresada de Diseño Gráfico *tira confeti* así que por ese rollo como que no tenía tiempo en realidad para escribir, pero he vuelto recargada ahora que tengo tiempo, si bien pronto tendré que ingresar al mundo de los adultos trabajadores *cries*, aún me queda tiempo para hacer lo que quiera así que supongo que me tendrán por aquí más seguido.

Les deseo a todas un feliz 2019, ojalá hayan tenido lindas fiestas y recuerden (para las que no saben): Me encuentran en facebook con el mismo nombres que tengo aquí "Lamb'stown" y también pueden encontrar el grupo en facebook donde subo adelantos y esas cositas, se llama "Welcome to Lamb'stown" Y eso sería todo por hoy (?)

¡Muchas gracias por sus reviews y mensajitos! sepan que siempre leo cada uno de ellos.

Una oveja asesina,

Lamb~