Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?
Forks Ink: tatuajes y perforaciones.
Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward
Capítulo 38: Has estado lejos demasiado tiempo.
Far Away – Nickelback.
Era un día lluvioso.
Digo, no es como si realmente fuera algo tan extraño en Forks.
Pero definitivamente se sentía diferente.
Creo que era la segunda vez que usaba un vestido luego de haber llegado aquí, y ambas veces fue por fuerza mayor más que por voluntad propia. Suspiré mientras me ponía de pie frente al espejo de cuerpo entero que estaba en la habitación, me observé en él, tratando de digerir la imagen que reflejaba. Estaba jodidamente demacrada, el maquillaje ayudaba un poco a disimular las marcas en mi rostro a causa del cansancio. Había sido una semana malditamente horrible. Demasiado larga para mi gusto. Demasiado emotiva para mi puto gusto. Los sucesos que ocurrieron a lo largo de ella eran como un borrón en mi mente, a veces hasta me preguntaba si realmente habíamos vivido todo eso en tan corto periodo de tiempo, ¿habría sido solo un sueño? tenía bastantes pesadillas al respecto, diablos, yo sinceramente no podía conciliar el puto sueño últimamente recordando esa fatídica noche en la que todo empezó.
Era cuestión de cerrar los ojos y se daba play a la película.
Realmente se sentía como si estuviera reviviendo el momento una y otra, y otra, y otra vez.
Los sonidos, los olores, los gritos.
Todo.
. . . . . . .
Riley Hale se montó calmadamente en el automóvil que lo esperaba y desapareció de mi vista.
Así sin más.
¿Cuánto tiempo había pasado?
El cuerpo de Edward yacía contra el mío, tragué saliva nerviosamente y con una fuerza, que no supe de donde había salido, lo acomodé sobre mi regazo. Estaba impactada, mi cuerpo parecía no ser el mío, el simplemente no quería responder a mis acciones. Quería hacer algo, cualquier puta cosa, pero realmente no sabía qué hacer en esta situación más que mirar al hombre que estaba frente a mí, el cual lucía completamente asustado. Yo también lo estaba. Malditamente asustada. Jodidamente asustada. Putamente asustada. Observé mis manos con temor, estaban cubiertas del líquido rojo que fluía por nuestro cuerpo y lo mantenía con vida. la sola visión del color rojo hizo estallar todas las alarmas. Así que grité. Un desgarrador aullido salió desde lo más profundo de mi garganta, desgarrando mis cuerdas vocales que se oponían a realizar cualquier tipo de sonido segundos antes, grité buscando ayuda, tratando de llamar la atención de las personas que se encontraban dentro de la casa ajenos a la situación.
Escuché otro grito desgarrador luego de un segundo.
Alguien se acercó a mi en algún momento, sentí unos brazos rodear mi cuerpo desde atrás. Estaba de rodillas sobre el pasto en el jardín frontal de los Cullen, Minino tenía su cabeza sobre mis piernas, sus ojos abiertos de par en par me miraban con una infinidad de preguntas para las cuales no tenía respuesta.
—¿B-Bella?
Posé uno de mis temblorosos dedos sobre sus pálidos labios.
—Shhh, bebé, no hables, ¿sí?
—¡Llama a la maldita ambulancia! —escuché a alguien gritar junto a mi oído. Era Alice. Tink me sostenía entre sus brazos, sus menudas extremidades enrolladas con toda la fuerza sobre mis hombros— T-Todo va a estar bien, joder, gatito, B —su voz tembló, su agarre en mi se intensificó—… ¿Qué carajos está pasando? —eso último fue más un susurro para ella misma.
Yo me hacía la misma puta pregunta.
Mi vista dejó por unos segundos a Edward y se posó en las personas que estaban frente a nosotros ahora. Esme se dejó caer de rodillas al suelo, como un peso muerto, sus ojos derramaban lágrimas a borbotones mientras acercaba una de sus delicadas manos a la mejilla de Minino y la acariciaba con suma suavidad. Un sollozo cargado de dolor escapó desde lo más profundo de su garganta, su cara desfigurada completamente a causa del sufrimiento. Era como si pudiera sentir su dolor junto al mío. Mis ojos se desviaron a Carlisle, quien me observó fijamente, el desconsuelo nublando por completo sus azules ojos. Había culpa en ellos, entre todo ese manto nebuloso que se arremolinaba en su mirar, había un destello de culpa dirigido a nadie más que a mí.
¿Había sido mi culpa?
Joder, probablemente era así.
Mi vista se clavó en Minino una vez más cuando lo sentí sostener débilmente una de mis ensangrentadas manos entre las suyas, una lágrima hizo su camino por mi mejilla cuando vi la dulce sonrisa que me daba. Él estaba tratando de tranquilizarme a mí, ¡a mí!, como si fuera yo la que había recibido un jodido disparo. Quería llenarlo de besos, deseaba tanto sostenerlo entre mis brazos y asegurarle que todo estaría bien. Más lágrimas hicieron su puta aparición, casi lo perdí cuando él hizo el amago de acercar una de sus manos hacia mi rostro para borrarlas pero en el estado en el que su cuerpo se encontraba no podía hacerlo. Joder, yo no lo merecía. Sabía que sentía sus ojos pesados, estos revoloteaban, tratando de mantenerse abiertos a como dé lugar, a pesar de que su cuerpo le pedía a gritos cerrarlos.
Mi dulce gatito era un luchador.
—No cierres tus lindos ojos —murmuré para llamar su atención, sus orbes esmeraldas hicieron el esfuerzo de centrarse en mi—, déjame verlos un poco más —el nudo en mi garganta crecía incesantemente por cada palabra que soltaba—, no me prives de ellos, por favor, Edward, no lo hagas…
A lo lejos escuché a la ambulancia.
. . . . . . .
Tink me miraba a través del espejo.
Las ojeras marcadas en su rostro de duendecilla. Me dio una pequeña sonrisa y se acercó a mí, descansó su barbilla en mi hombro mientras rodeaba mi cintura con sus brazos. Coloqué mis manos sobre las suyas y les di un suave apretón. La sentí suspirar junto a mi oído. Ella me había ayudado tanto. Esas ojeras que lucía el día de hoy eran de mi propia autoría, había estado ahí para mi en cada una de las malditas pesadillas que me agobiaban por las noches. Alice me envolvía en sus menudos brazos y dejaba que llorara contra su pecho sin hacerme preguntas, sin soltar palabra alguna, simplemente acariciaba mi cabello y me dejaba desahogarme, soltar todas las lágrimas que no había podido soltar en todo el día. Lágrimas que no podía soltar porque no solo estaba yo, también estaban mis niños. Debía ser fuerte por ellos, no podía mostrar cuan afectada estaba por todo.
Ellos me necesitaban más que nada en el mundo.
—Te ves como la mierda —entorné mis ojos y solté una pequeña risita—, bueno, que va, tampoco es como si yo me viera mejor —nos miramos fijamente a través del espejo por un pequeño periodo de tiempo, hasta que finalmente se dignó a hablar otra vez— ¿Estás bien?
Que simple pregunta.
Que malditamente difícil se me hacía responderla.
—Estoy bien —alzó una de sus perfiladas cejas en mi dirección, no creyendo en mis palabras. ¿Para qué carajos me preguntaba entonces? Suspiré y volví a hablar— Estoy bien —le aseguré. Negó lentamente con su cabeza y se alejó de mi— ¿Qué es lo que quieres que te diga? Joder, ¡estoy bien!
—Quiero que me digas la verdad —odiaba ver la pena en sus ojos, esa lástima que iba dirigida hacia mi—, quiero que me digas como te sientes realmente, bebé, puedes contar conmigo, me tienes aquí, siempre voy a estar para ti, no tienes que hacerte la chica fuerte conmigo —rodó sus ojos y resopló—, conozco todos tus lados patéticos, qué más da.
—Realmente estoy bien —volví a insistir, girándome para verla cara a cara—, estoy…
Rota.
Destruida.
Malditamente triste.
—Ven aquí, perra —abrió sus brazos para mi y no dudé ni un segundo en refugiarme en ellos.
El calor que desprendía su cuerpo contra el mío me traía calma.
Pero no era la clase de calor que estaba buscando, eran otros los brazos que yo quería rodeando mi cuerpo en estos instantes. Era otro calor el que esperaba, un calor dulce, amable, lleno de amor que me hacía olvidar mis más malos recuerdos. Me alejé rápidamente de su abrazo y carraspeé, tratando de mantener la compostura.
Había decidido no llorar el día de hoy.
—¿Puedo pasar?
Ambas miramos hacia la puerta de la habitación.
Grizz tenía la cabeza asomada por la puerta, él nos observaba con una triste expresión en su rostro, la cual no combinaba con la sonrisa que llevaba en sus labios. Asentí, intentando devolverle la sonrisa. Intentar. El día de hoy estaba intentando hacer muchas cosas y se me estaba dando como la mierda. Emmett entró, cerrando la puerta tras de él suavemente. Se acercó a nosotras a paso lento y tomó lugar a la orilla de la cama. Era extraño vernos a los tres así, en otra ocasión probablemente habríamos hecho bromas al respecto, de lo formal que lucíamos en estas ropas.
Tink y yo con vestido, acompañadas del traje negro que Grizz vestía.
Jodidamente gracioso.
—¿Cómo está Rosalie? —pregunté para aligerar el ambiente.
Ellos últimamente me estaban tratando con pinzas.
Como si me fuera a romper si daban algún paso en falso.
Incluso cuidaban mucho las cosas que decían, seleccionando palabras que en un puto millón de años habrían usado. Estaba un poco harta por la situación, pero lo entendía, digo, yo había sido un completo desastre esta ultima semana, si bien lograba disimular lo más que podía frente a los demás, estaba claro que estos dos me conocían como la palma de sus manos y sabían que no estaba tan bien como quería aparentar. Era normal. Tink sabía de mis pesadillas y Grizz con la ayuda de Rosalie me habían ayudado con los niños cuando sentía que ya no podía más.
Hubo días en los que realmente sentí que no daba más.
—Más tranquila —respondió Emmett a mi pregunta—, uh, ya sabes, dentro de lo que puede… —hizo un mohín con sus labios y se encogió de hombros— Estar con los chicos la tranquiliza, ellos… están tan ajenos a todo… —asentí a sus palabras.
Eran niños después de todo.
No estaban tan consientes de las cosas, mala cosas que ocurrían a su alrededor.
—Eso está bien —sonreí—, tienes que estar ahí para ella, recuerda que cualquier emoción negativa le hace mal al bebé, y no queremos que bollito salga todo estresado por cosas que sucedieron antes de que llegara a nacer —Grizz me miró fijamente por unos segundos y asintió lentamente.
—B, nena…
Resoplé porque sabía lo que iba a decir, joder.
—Estoy. Bien —marqué ambas palabras al hablar, me estaba cansando de las veces que me habían hecho la misma maldita pregunta—. Esta es la, ¿enésima?, vez que me preguntan lo mismo, denme un puto respiro.
—Nos preocupas.
—Bueno, joder —alcé mis manos al aire, putamente exasperada—. Sinceramente, ¿qué quieren que les diga? —fruncí el ceño y comencé a pasear por la habitación como un animal en cautiverio— ¿Qué todas las putas noches sueño con Edward?, ¿qué me da miedo cerrar los malditos ojos porque lo único que veo es a él, tirado en el puto suelo, cubierto de sangre? —empuñé mis manos y les di la espalda— ¿Qué soy una jodida cobarde que aún no puede mirar a Esme a los ojos por todo lo que la he hecho sufrir? —solté una pequeña risita cargada de amargura—, tiene los mismos ojos esmeralda de Minino, por todo lo santo…
—B, cariño, no fue tu culpa, ¿cuándo vas a entender eso?
—Nunca.
Siempre me iba a culpar por lo sucedido.
Siempre.
. . . . . . .
—… Excesiva pérdida de sangre, la bala no ha salido.
Íbamos montados en la ambulancia, seguido de los Cullen y los chicos. Charlie en su patrulla nos seguía también. Sabía que tendría que ir a declarar. Sabía que debía contar todo lo que había pasado con lujo y detalles. No me podía sacar de la mente la puta mirada de ese hombre. Cómo sonreí mientras perpetuaba el acto. La mano de Edward que sostenía la mía aflojó su agarre, lo que me hizo salir de la bruma que eran mis pensamientos.
—¡Despejen!
Solté las manos de Edward ante el grito y observé lo que estaba ocurriendo en completo estado de shock.
La máquina que monitoreaba los latidos de su corazón se escuchaba débil, casi inexistente. Los paramédicos abrieron la puerta de la ambulancia y bajaron la camilla a toda velocidad. Corrí tras ellos sin importar qué, realmente, pasé a llevar a personas, me importaba una mierda, mis ojos pasaban de Edward a la jodida máquina que me tenía los nervios de punta. Los paramédicos gritaban, los doctores corrían hacia nosotros, el rostro de las personas responsables por mantener a mi gatito a salvo solo me hacía sufrir más. Me detuve de golpe por una mano que me sostuvo fuertemente desde el brazo.
Estaba a punto de golpear a alguien.
—Lo siento, señorita, solo personal autorizado —miré al hombre con impotencia y luego mis ojos volvieron a seguir a la camilla, la cuál se perdió por unas puertas. Me solté de su agarre bruscamente y me acuclillé en el suelo, la espalda pegada a la pared, mis manos jalando mis cabellos.
Era mi culpa.
Toda esta mierda que estaba pasando era mi maldita culpa. Debería haber escuchado esa puta estrategia que habían estado planeando antes de hacer las cosas a mi modo. No debería haber provocado a ese sucio bastardo, no debería haberme metido en esa puta casa, ¡si alguien me hubiera dicho que iba a terminar así…! Si algo le pasaba a Edward iba a ser toda mi culpa.
Si Minino llegaba a…
—¿B? —levanté la vista y me encontré con los preocupados rostros de Grizz y Tink.
Me puse de pie lentamente, solo para, a un segundo de haberlo hecho, estar enterrada entre dos cuerpos que me apretujaban como si la vida se les fuera en ello. Tink escondió su rostro en la curvatura de mi cuello y dejó un pequeño beso ahí, sentí sus lágrimas contra mi piel con el simple contacto. Grizz besó la cima de mi cabeza y nos envolvió a ambas en sus brazos. Ambos susurraban palabras de aliento que realmente no lograba procesar, era como escuchar murmullos bastante lejanos. Mi mente estaba en otro lado, en esa camilla que se había perdido por las puertas dobles unos segundos atrás. No sabía que responder, o hacer, mis brazos estaban laxos a ambos costados de mi cuerpo. Miré hacia al frente y, entre los brazos de Grizz, pude divisar a Rosalie, quien observaba la escena mortificada, sus ojos aguamarina abnegados en lágrimas, la culpa presente en cada una de sus facciones.
Me alejé de mis amigos sutilmente, intenté darles una sonrisa que salió más como una mueca forzada.
Me acerqué a Rosalie sin pensarlo.
Tomando sus manos entre las mías les di un suave apretón.
—No te atrevas a culparte por esto —las lágrimas comenzaron a caer libremente desde sus ojos—, cúlpame a mí. Yo soy la culpable de esto. Yo y nadie más, ¿me has oído bien? Así que no te hagas eso, piensa en tu bebé —puse sus manos delicadamente sobre su prominente vientre, colocando las mías sobre las suyas en le proceso—. Edward saldrá de esta, ya verás, ¿qué pensaría él si supiera que quieres culparte por algo que no hiciste?
—E-El probablemente m-me regañaría… —murmuró entrecortadamente, soltando una triste risa.
—Ya ves —hice un intento de sonrisa y alcé mis manos para quitar las lágrimas de su rostro—, así que quita esa expresión de tu puto rostro, juro que si la vuelvo a ver yo… —alcé una de mis cejas y me gané una sincera sonrisa de su parte, bueno, un intento de sonrisa.
Por sobre su hombro pude ver a los Cullen.
Carlisle sostenía fieramente a Esme desde los hombros. La matriarca Cullen estaba deshecha, sus manos entrelazadas a forma de rezo justo sobre su corazón, su rostro demacrado y sus ojos completamente hinchados de tanto llorar. La luz que caracterizaba sus carismáticos ojos no estaba más, se había desvanecido desde que había puesto los ojos en Edward minutos antes. Esos ojos verdes que tenía tan jodidamente parecidos a los de Minino. Desvié la vista cuando hizo contacto visual conmigo. No podía verla. Me dolía verla, sobre todo a ella. Todo el dolor que desprendía era por mi causa, me avergonzaba si quiera estar en su presencia. Su hijo, su preciado hijo estaba en una condición crítica porque yo la había cagado una vez más.
El dolor de una madre.
Yo no quería ni siquiera imaginármelo.
La puerta por la que había entrado Minino en la camilla con anterioridad se abrió de un sopetón, fue tanta la fuerza que emplearon que esta dio de lleno contra la pared, llamando la atención de todos los que estábamos ahí. Un doctor y un paramédico salieron disparados del lugar, murmurando entre ellos, gritándole a las enfermeras por una emergencia. Ellos exigían un desfibrilador (1) con suma urgencia, una de las enfermeras se lo entregó a la velocidad de la luz y ellos volvieron por su camino, al mismo paso apurado, sin siquiera darnos una mirada o palabra de aliento. Si informarnos de la situación. La enfermera, sin embargo, nos miró de soslayo con una censura que se me hacía putamente familiar, y ahí fue cuando lo entendí todo.
Los oídos me zumbaban y la visión se me nubló.
Me fui a negro.
. . . . . . .
—Sabes que Esme no te culpa por lo que pasó —Emmett se puso de pie y desordenó su cabello—, ¿has siquiera hablado con ella? Está devastada, B, tienes que dejar de ignorarla, inténtalo —negué con mi cabeza.
—Carlisle lo hace —miré hacia el techo intentando retener las lágrimas que amenazaban con salir—, él no ha dicho nada nuevo, al menos no a mi directamente, pero lo puedo ver en sus ojos todavía, ¿sabes?, y yo lo sé también —me giré para enfrentarlo, llevando mi puño justo sobre mi corazón, le di un leve golpe a mi pecho con este—, puedo sentirlo aquí, osito.
—Nena… —Grizz se acercó a mi con pasos temerosos— ¿Tú crees que él te culpa por lo que pasó?
Mis facciones se suavizaron.
Mi gatito nunca lo haría.
—Sabes que no —solté en un pequeño susurro—, sabes que él nunca sería capaz de hacerlo, pero eso no significa que no lo sea, Edward simplemente… él… —tragué saliva para alejar el nudo en mi garganta— Yo no quiero hablar más de esto, ¿sí? Al menos no por hoy, solo quiero acabar con todo luego, solo quiero…
Hacer como que no había pasado.
Hacer como que todo fue una puta pesadilla y en cualquier momento iba a despertar de ella, en la comodidad de nuestra cama, arropada entre sus dulces brazos. Tink estaba por hablar cuando unos suaves golpes contra la puerta la hicieron quedarse con las palabras atascadas a mitad de camino. Dije un "pase" por lo bajo y cuando la puerta se abrió deseé no haberlo hecho nunca. Esme estaba ahí, mirándome fijamente desde el umbral de la puerta, no podía escapar esta vez, ¿dónde iría? Estaba confinada a las cuatro esquinas de la habitación en la que nos encontrábamos. Carraspeé con incomodidad y observé a los chicos de soslayo. Ellos le dieron una mirada a Esme, otra a mi y tomaron una decisión en unísono. Grizz se puso de pie y jaló a Tink desde su mano, ambos se acercaron donde la matriarca Cullen estaba, ella les dio una cálida sonrisa antes de hacerse a un lado para dejarlos salir de la habitación, una vez estuvieron fuera cerró la puerta lentamente.
Sentía que mi corazón iba a escapar de mi pecho.
Yo no estaba preparada para tener esta conversación ahora.
Esme soltó un largo suspiro justo cuando la puerta se cerró, se quedó ahí, de espaldas a mí, por unos eternos segundos que parecieron horas. Cambié mi peso de un pie a otro, sin saber que hacer realmente. Cuando me dio la cara no encontré nada mejor que agachar la mirada hacia mis pies, yo podía escuchar el suave repiqueteo de sus tacones contra el piso mientras caminaba con total parsimonia hacia mí.
Mierda.
—Bella… —me encogí cuando escuché mi nombre salir de sus labios— Cariño, ¿podrías mirarme?
Negué con mi cabeza, me sentía como una niña pequeña.
Lo que pasó a continuación me tomó de improvisto completamente. Esme, sin previo aviso, se acercó a mi y puso ambas de sus manos en mi rostro, acunándolo. Con una dulzura que no merecía, me obligó a levantar la vista, quedé prendada de sus orbes esmeralda y la tenue sonrisa que adornaba su maternal rostro. Las lágrimas comenzaron a caer sin aviso alguno, no podía detenerlas, ellas simplemente tomaban su camino por mis mejillas. Esme no dijo nada, ella soltó una angelical risa y lloró conmigo mientras limpiaba las incesantes lágrimas que corrían por mi rostro con sus pulgares.
—Perdón —murmuré entre sollozos—. Esme, perdón, perdón… —ella negó con su cabeza suavemente y yo no podía soltar más palabras. "Perdón" era lo único que salía de mis labios, porque realmente lo sentía.
Sentía lo que había pasado.
Sentía haber sido la culpable de que la alegría que la caracterizaba no estuviera presente en su rostro.
Pero, por sobre todo, lo sentía por Edward.
—No tienes que disculparte de nada, cariño, fuiste una víctima más.
Negué fervientemente con mi cabeza, haciendo que alejara sus manos de mi rostro.
Sentí la falta de afecto en el segundo que lo hizo.
Joder, ella me recordaba tanto a mamá.
—Sabes que no es así, si yo no hubiera… Si ese maldito cabrón… —lamí mis labios y limpié cualquier resto de lágrimas de mi rostro bruscamente con el dorso de mi brazo— E-Edward no hubiera… —me cacheteé ante la atónita mirada de Esme, para tratar de entrar en sí— Ugh, diablos… —carraspeé y la observé fijamente— Reverendo Cullen tenía razón.
—Carlisle se equivocó —su voz salió ronca, me sobresalté ya que nunca la había escuchado hablar con ese tono de molestia—, él es humano y es de humanos errar, nunca debió decir esas palabras —los ojos de Esme me suplicaban—. Por favor no te las tomes en serio, el dolor fue quien habló por mi esposo en ese momento…
—Pero ese hombre también lo dijo, y…
—Cariño —tomó mis manos firmemente entre las suyas—, ese… hombre —soltó de manera despectiva— estaba tratando de meterse aquí —le dio un suave golpe a mi sien con su dedo índice—, en tu linda cabecita… Y lo logró —me sonrió tristemente—. No dejes que gane.
—No sé qué más hacer, Esme —no sé qué expresión habré tenido en el rostro que causó una mueca de tristeza en los labios de esta hermosa mujer—. No sé qué más hacer… Lo intento… Intento no pensar en sus palabras, pero no puedo.
—Habla con nosotros, sabes que estamos aquí para ti —le dio un suave apretón a mis manos—. Tienes una gran familia, corazón, todos somos una familia ahora. No estás sola —acercó mis manos, las cuales aún sostenía en las suyas, hacia su rostro y dejó un pequeño beso sobre ellas que me sobrecogió el corazón—. No estás sola, Bella, nos tienes a todos, te amamos.
—Edward…
—Si te escuchara ahora se habría molestado contigo, jovencita —su regaño me hizo sonreír, asentí a sus palabras—. Mi hijo siempre ha querido tu felicidad, nada más que eso. Por favor hazlo —me alentó—, sé feliz, olvídate de las cosas dichas en un momento difícil para todos, cuando se está dolido a veces se habla sin control. Carlisle es un buen hombre…
—Lo sé. Yo sé eso, yo nunca diría lo contrario de él.
—Edward estaría orgulloso de oír eso.
Su voz tembló al final, ella le quitó importancia con una sonrisa.
Le sonreí de vuelta, sintiendo mis ojos escocer.
. . . . . . .
Abrí mis ojos presa del pánico.
Pestañeé un par de veces, intentando orientarme. Fruncí el ceño cuando me di cuenta que estaba sobre una suave cama. ¿Es que todo había sido un sueño? Al mirar hacia mi derecha me di cuenta que no. Estaba nuevamente en una maldita sala de hospital conectada a unas estúpidas máquinas, como si me hubiera pasado algo. Me senté súbitamente, mareándome en el proceso, recordando los sucesos anteriores y el por qué había terminado aquí. Se me apretó el corazón cuando el recuerdo de mi desmayo llegó de lleno a mi mente. Comencé a quitarme los putos cables que me habían conectado al cuerpo. Ignoré a quien quiera que fuera la persona que estaba tratando de evitar que lo hiciera. Al carajo. Yo no iba a permanecer un segundo más aquí. La puerta de la habitación se abrió. No le di importancia y me acerqué a la orilla de la cama para finalmente bajarme de ella.
Solo podía pensar en Edward.
¿Dónde estaba?
¿Estaba bien?
¿Qué demonios había pasado?
— ¡Isabella, basta! —una mano me agarró fieramente desde la muñeca. Alcé la mirada y vi a Cobain— Por favor, detente… —me desconcertó la súplica que salió de sus labios, sus ojos tan azules como los de su padre estaban cubiertos de dolor.
—Minino… —Cobain negó lentamente con su cabeza— No. Púdrete —intenté zafarme de su agarre, pero no me lo permitió—. Jasper. Suéltame —él volvió a negar, me removí como una posesa— ¡Quiero ir donde Edward, Jasper!, ¡suéltame de una puta vez!
—Bella…
—¡No!
—Joder, Bella, lo siento…
—¡Cállate!
—Escúchame, con un demonio, ¡maldita mujer!..
—¡No lo digas! —chillé, sin fuerzas. Dejé mis brazos caer— por favor, no lo digas —las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas sin previo avisa, tenía la cabeza gacha y el corazón putamente destrozado—. Joder, joder, ¡joder! —solté un grito que me salió desde lo más profundo.
Cobain me envolvió en sus brazos, me apretó tanto en ellos que casi dejé de respirar. Quería hacerlo, si somos honestos. Lo escuché sorber su nariz, él estaba malditamente llorando conmigo. Cobain. Carajos, era real. No quería creerlo. Me negaba rotundamente a creerlo. Esto definitivamente no estaba pasando, ¿cierto? Era una puta broma, claro, ¡eso era!
—Mi puto hermano —murmuró, su voz amortiguada debido a que tenía su rostro prácticamente enterrado en lo que era mi pelo—, m-mi hermanito… —me quejé debido al dolor que sentía en mi interior, un sollozo infernal se escapó de mis labios, comencé a negar una vez más sin poder digerir lo que él estaba implicando.
—No es cierto —la negación se apoderó de mi cuerpo. Lo empujé sin reparo alguno y me puse de pie—, es una broma. Él está bien, lo sé —tragué saliva y reí como una puta lunática—. Tú me estas tomando el puto pelo, ¿no? Ahora, dime dónde está Minino.
—B…
—Cobain, ya bájale —cuadré mi mandíbula, seria—. No me parece gracioso, dime donde cojones está tu hermano.
—¡Tú eres la que no quiere escuchar, joder!
—¡Silencio!
La persona que había entrado a la habitación, y que yo había decidido pasar por alto, era nada más ni nada menos que Carlisle Cullen. Él lucía completamente desprolijo, obviando las marcas que le habían quedado por la pelea anterior que había ocurrido en su hogar, su cabello se encontraba enmarañado, como si hubiera pasado su mano sobre él una infinidad de veces, en sus ojos no se veía emoción alguna, y para que decir su rostro, este mostraba una expresión estoica que mandó un escalofrío a mi cuerpo. Él se parecía tanto a su hermana en estos momentos. Jasper cuadró su mandíbula y se cruzó de brazos, recargándose contra la pared. Hizo un ademán con su cabeza hacia mi y miró a su padre.
—Es toda tuya.
El reverendo Cullen tomó una silla que estaba en la esquina contraria a donde yo me encontraba y la acercó a mí, el la coloco justo frente a mí y tomó asiento lentamente. Me picaban los pies por bajarme de esa maldita cama y salir corriendo de allí. Yo estaba bien, demonios, por qué diablos me tenían en observación. Los ojos de Carlisle se clavaron en los míos súbitamente. Sus codos descansaban sobre sus muslos y tenía los dedos entrelazados para apoyar su barbilla ahí, él quedaba a una altura más baja de mí, por lo que miraba hacia arriba sin esfuerzo alguno. Sus ojos estaban tan malditamente vacíos, quería desviar la mirada a como dé lugar.
Pero Charlie no crio a una perra cobarde, joder.
—¿Estás consciente de que esto es tu culpa? —él fue directo al grano, sin anestesia. Los ojos de Cobain casi se salieron de sus cuencas al escuchar a su padre, que había soltado aquella pregunta con toda la calma del mundo— Quiero saber exactamente lo que sucedió, Isabella, y lo quiero saber ahora.
Asentí, retorciendo los dedos de mis pies.
—Riley Hale…
Me sobresalté cuando Carlisle se puso de pie bruscamente, volcando la silla en el proceso.
Sus helados ojos se posaron sobre mí.
Mentiría si dijera que no tuve miedo.
—Sigue —me ordenó.
—Yo… No sé qué más decir… Él solo… lo hizo… —me encogí en mi lugar cuando Carlisle pateó la silla.
Cobain frunció el ceño.
—¿Qué diablos te pasa, viejo?
—Cierra la boca, Jasper Cullen —le ordenó con su voz completamente ronca por la ira, apuntándolo con su dedo índice—. Estoy hablando con Isabella aquí, no te metas en nuestra conversación.
—Tú estás actuando malditamente violento, joder, claro que me voy a meter en esto —Jasper avanzó amenazadoramente hacia su padre, plantándole cara. Abrí mis ojos con temor por lo que podía ocurrir a continuación, Carlisle no se amedrentó y le hizo frente a su hijo, ambos se miraban con el ceño fruncido—. Todos estamos sufriendo, ¿vale?, todos queremos saber que coño pasó, pero tu no puedes venir aquí y tratarla de esa puta manera, infiernos si lo voy a permitir…
—Ella nuevamente hizo lo que no tenía que hacer —murmuró el patriarca Cullen entre dientes—, y por su culpa mi hijo está… —empuñó ambas de sus manos, sin poder terminar la frase. Sus ojos volvieron a posarse en mi— ¿Cómo puedes decir que no sabes lo que pasó?
—Edward y yo estábamos abrazados, ¿vale?, yo le estaba dando la espalda a tu auto y de pronto… —pestañeé repetidas veces recordando el momento— ¡No lo sé!, ¡ese tipo solo apareció y lo hizo! —mi corazón sangraba al recordar el rostro de Minino— Él… lo hizo… Él me sonrió… —me estremecí recordando los ojos del puto cabrón de mierda— Y se fue, desapareció, ¿qué más quieres que te diga?, no tengo nada más que decir, todo pasó tan putamente rápido y… todo parecía tan irreal…
—¡Te advertimos lo peligroso que era ese tipo!
—¡Nunca me dijeron que era un puto psicópata! —grité de vuelta— ¿Por qué tenía que saber yo que él era capaz de eso?
—No lo sé, dímelo tú.
Él estaba implicando que yo estaba al tanto de lo que ese hombre era capaz, él estaba implicando que yo había puesto en riesgo a mi gatito. ¿Tal vez lo había hecho?, digo, ellos sí me habían advertido de que era un hombre peligroso, incluso Rosalie lo había repetido un sinfín de veces cuando estábamos en la operación rescate. Nunca me imaginé que lo sería hasta este punto, o a lo mejor sí lo pensé, pero simplemente deseché la idea…
—Viejo, basta, B no está en condiciones…
—¡Es mi hijo! —gritó Carlisle hacia Jasper— Mi hijo, mi Edward… —sus ojos se volvieron a posar en mí, cargados de disgusto— Maldigo el día en el que posaste tus ojos en él y lo engatusaste en tus garras, tu no lo merecías y nunca lo vas a merecer —Jasper lo agarró de un brazo cuando hizo el ademán de acercarse a mi—. Espero que te pese el resto de tu vida.
Salió de la habitación dando un portazo tras de sí.
Un silencio incómodo se instaló entre Cobain y yo.
Me estiré sobre la cama y cerré los ojos, intentando desaparecer.
Era lo único que quería hacer.
. . . . . . .
Esme me había dejado sola con mis pensamientos.
Me senté sobre la cama y comencé a retocar mi maquillaje. Lucía como la mierda, Tink tenía toda la maldita razón. A lluvia golpeaba incesantemente contra la ventana, el clima parecía empeorar mientras transcurrían los minutos. No quería que papá me viera así, o Floyd y Grace. Mis niños. Ellos no podían ver a mamá tan destruida, se iban a preocupar y era lo que menos quería en este mundo, ellos merecían ser felices sin importar el qué. La puerta de la habitación volvió a abrirse. Estaba jodidamente cansada de las visitas que estaba recibiendo, ya no quería más, por favor, ¿podían, simplemente, dejarme sola por un periodo de tiempo? Estaba agotada mentalmente, había sentido tantas emociones en un día que no me extrañaría si me quedaba dormida debido al cansancio.
Un carraspeó me sacó de mi diatriba interna.
Me puse de pie rápidamente y comencé a jugar con mis dedos, nerviosa.
Carlisle alzó ambas manos al frente.
—Esme me envió —anunció, avergonzado—, vengo en son de paz.
—U-Uh, claro —carraspeé, incómoda.
El reverendo Cullen soltó un largo suspiro y dejó caer sus manos, abatido. Creo que el día de hoy estaba lleno de sucesos inesperados, nunca pensé que podía presenciar algo como lo que ocurrió a continuación, el reverendo Cullen, siempre tan altivo y directo, un hombre que imponía respeto con su mera presencia, estaba de rodillas frente a mí, con la cabeza gacha, sus hombros se sacudían levemente, no sabía muy bien qué hacer, me había quedado helada en mi lugar, mis pies anclados al piso sin poder moverme.
Él levantó la vista y mi corazón se rompió un poco más.
Sus ojos, abnegado en lágrimas, buscaban un perdón que no me correspondía.
—Sé que me comporté como nunca lo había hecho —murmuró, su voz suave—, le he pedido perdón a Dios desde que dije esas palabras —di un paso hacia adelante pero el me detuvo, negó levemente con su cabeza y continuó—. Dios, que todo lo ve, es conocido por su gran amor y voluntad de perdonar a aquellos que realmente lo buscan —tragó saliva antes de continuar—, el día de hoy estoy aquí frente a ti, pidiéndote perdón…
—Carlisle…
—Escúchame, hija —asentí a sus palabras—. Me arrepiento profundamente por mi comportamiento, estaba cegado… No veía la luz —suspiró temblorosamente—, nunca debí descargarme contigo, lo sé, lo siento, mi corazón duele al rememorar las cosas que te dije ese día…
—Yo lo entiendo —lo interrumpí, él no necesitaba ponerse de rodillas para hacer esto—, lo entiendo completamente, Carlisle, por favor no hagas esto…
—Debo hacerlo —asintió con seriedad—, lo mereces. Mereces escuchar que me equivoqué —soltó una amarga risa—, Edward estaría muy decepcionado de mi si no lo hiciera… Yo estoy decepcionado de mi por lo que hice —el estiró una de sus manos hacia mí, la cual tomé sin pensarlo. Apoyó su frente en ella y prosiguió—. Perdóname, Isabella. Perdóname por las hirientes palabras que solté sin pensar en las consecuencias…
—Yo te perdono, Carlisle, realmente… No creo que haya algo que perdonar, pero…
—¿Cómo puedes decir eso, niña? —me regañó dulcemente, su ceño estaba tenuemente fruncido— Te maldije a ti cuando debería agradecerte —lo miré con confusión—. Te pido perdón y te agradezco, Isabella. Gracias por haberte cruzado en la vida de mi hijo —me insulté internamente por haberme retocado el maquillaje cuando sentí como mis ojos escocían una vez más en este día—. Gracias por querer a mi pequeña Grace como tuya, pero, por sobre todo, gracias por amar a Edward como solo tú sabes hacerlo.
—Gracias a ti, por haber creado a alguien tan maravilloso —me agaché frente a él—. No tienes que agradecerme por esas cosas, es un puto privilegio para mi el que ambos me hayan escogido. Los amo y siempre lo voy a hacer, siempre lo haré. Edward y Grace son unas de las mejores cosas que me ha pasado en esta jodida vida.
—Espero que algún día puedas perdonarme de todo corazón.
—Eres tú el que debe perdonarse primero —una pequeña sonrisa se posó en mis labios—, yo sé que normalmente hago las cosas mal, la gente se equivoca, Carlisle, no tienes que preocuparte, somos humanos después de todo, nadie puede ser tan perfecto —entorné mis ojos juguetonamente—, ya iba siendo hora que el reverendo Cullen mostrara alguna falencia, ¿no?, joder, yo ya creía que eras un robot o algo…
Carlisle soltó una ligera risa.
—Creo que entiendo un poco el por qué Edward estuvo enamorado de ti por tantos años.
—¿Es acaso esa una confesión? —pregunté, divertida por sus palabras, a modo de juego.
El se puso serio de un segundo a otro.
—Lo es —abrí mis ojos desconcertada—, te quiero, Isabella, eres como una hija para mi —un amago de sonrisa apareció en sus labios—, aunque te cueste aceptarlo. Te has convertido en la hija que nunca tuve y nunca esperé tener, pero que llegó a mi vida sin previo aviso —ah, jodidas lágrimas que querían desbordarse de mis ojos a como de lugar— y no puedo estar más feliz de aceptarla.
—Yo… gracias… —carraspeé un tanto avergonzada, mis putas mejillas calientes— Nunca pensé escuchar esas palabras de ti, es… muy lindo… Muchas gracias, Carlisle, de verdad —nos miramos por un largo rato, tratando de transmitir todo lo que queríamos decir, pero éramos incapaces de hacer, con la mirada—. Podríamos, no sé, ¿ponernos de pie ahora?
Carlisle asintió, un tanto entretenido, a mis palabras.
Ambos nos pusimos de pie lentamente.
Ahora ninguno quería mirar al otro realmente, digo, había sido un poco vergonzoso todo, no todos los días ves algo así, joder, sentía una vergüenza horrible después de las cosas que me había dicho, nunca en mi vida pensé que llegaría a escuchar esas palabras salir de su boca. Si bien nuestra relación no era mala, él había dejado claro en más de una ocasión lo que pensaba de mí, y no era como si yo tampoco tuviera mis reservas en cuanto a su persona.
—Debemos apresurarnos —murmuró—, ya va siendo la hora.
—Lo sé —asintió y caminó con lentitud hacia la puerta—, uh, ¿Carlisle? —se detuvo justo frente a esta y me miró por sobre su hombro— ¿Podrías decirle a Charlie que suba? —me dio una pequeña afirmación antes de abandonar la habitación por completo.
Me dejé caer sobre la cama y boté todo el aire que había estado conteniendo.
Si las cosas iban a estar así, sería mejor que me enfrentara a todo de una vez por todas.
. . . . . . .
—¿Por qué nadie quiere decirme nada sobre Edward?
Papá me ignoró por completo y tomó asiento en la silla que Carlisle había ocupado con anterioridad. Charlie no estaba solo, dos policías más lo acompañaban. Sabía lo que significaba todo esto. Ellos querían tomar mis declaraciones por los sucesos ocurridos esta noche, como si no fuera difícil para mi hablar una y otra vez de toda la mierda que había pasado en apenas unos minutos. Eso fueron. Unos pocos minutos suficientes para que mi vida diera un vuelco inesperado. Papá me miró con tristeza antes de hablar.
—Necesitamos que nos digas todo lo que sabes, corazón —asentí a sus palabras suavemente.
—Rosalie, ¿la recuerdas? —papá asintió, el policía junto a él habló esta vez.
—¿Rosalie?
—Rosalie Hale —el hombre asintió y anotó en su libreta—… El padre de Rosalie…
—¿Riley Hale? —me preguntó Charlie, su ceño profundamente fruncido. Él miró al tipo que estaba anotando y comenzó a hablar— Riley Hale, fue arrestado en Phoenix hace unos años atrás, fraude al fisco y —los ojos de papá se abrieron con entendimiento— violación de menores. Rosalie Hale, su hija, su víctima —el policía anotó todo, mostrando una mueca de desagrado—. ¿Qué tiene que ver todo esto con lo que sucedió esta noche, Bella?
—Ese tipo, junto a la madre de Rosalie, Irina Cullen…
—¿Qué relación tiene esa mujer con los Cullen?
—Es la hermana del reverendo Cullen —papá asintió y me indicó con un gesto de su cabeza que prosiguiera—, y Royce King, esposo de Rose —Charlie negó con su cabeza, exasperado sin siquiera haber escuchado todo porque probablemente se hacía una idea—, llegaron a la casa de los Cullen a exigir que Rosalie se fuera con ellos.
—¿Lo hizo? —asentí a las palabras de papá— ¿Por voluntad propia?
Dudé un momento.
—Ella les tiene miedo, papá, por razones obvias —fruncí el ceño—, sí, fue voluntad propia porque, joder, ella no sabía que más hacer, ¡está embarazada! —resoplé— Estaba asustada, carajos, obvio que iba a ir con ellos sin poner resistencia alguna después de todo lo que ha vivido con esos cabrones.
—Lo sé, hija, lo sé, pero debemos anotar todo —asentí un tanto molesta.
—Nosotros no podíamos dejarla ahí, ¿está bien? —desvié la mirada porque sabía que él iba a molestarse cuando le dijera lo que había hecho— Partimos a buscarla, a la casa de King, yo me metí a la puta casa y…
—¿Te metiste a la casa? —Charlie me preguntó con la voz contenida, asentí lentamente, despertando por completo su furia— Demonios, Isabella, ¡qué carajos fue lo que hablamos la última vez! —los otros dos policías se sobresaltaron al escuchar el arrebato de papá.
—No estaba sola, incluso el reverendo Cullen estaba ahí —solté un gritito lleno de frustración—. Ellos claramente no nos iban a abrir la puerta de su casa así como así si nos aparecíamos, así que sí, entre a la puta casa por la ventana del baño, ¿contento? —Charlie bufó y se cruzó de brazo— Entré ilegalmente a la morada King, anota eso —apunté al que estaba anotando, furiosamente—. Yo la saqué de ahí y no me arrepiento de eso. Nunca pensé que ese hombre…
—¿Qué pasó después?
—¡Todo estaba bien! —chillé, alzando mis brazos al aire con frustración— Salimos de esa puta casa, pateé a Royce en las bolas, por cierto —papá entornó sus ojos—, ¿también debes anotar eso? —el policía rió, ganándose una mirada completamente envenenada de papá que lo mandó a callar en un segundo— Regresamos todos donde los Cullen en el auto de Carlisle, ellos ingresaron a la casa, yo me quedé fuera con… con Edward… —carraspeé porque el dolor estaba volviendo a mí una vez más.
—¿Por qué te quedaste fuera con Edward, cariño? —Charlie estiró una de sus manos para darle un suave apretón a la mía, la cual estaba empuñando el edredón sin darme cuenta.
—E-Edward quería que le contara con lujo y detalle como había sido posible que sacara a Rose de esa maldita casa —tragué saliva para poder seguir hablando—, Alice, Jasper y yo fuimos a revisar el perímetro, Edward, Carlisle y Emmett se quedaron dentro del auto planeando una estrategia —entorné mis ojos—. Yo tenía que actuar, pa', sabes como soy…
—Joder si no lo sabré.
—Hablé con él, le conté como pasó todo, me advirtió —mis ojos se posaron sobre papá—, él me advirtió sobre lo peligroso que era ese tipo, pero no le di importancia —negué con mi cabeza recordando el exacto momento—, debería haberlo hecho, diablos, yo solo… Escuché el disparo y… ahí estaba, tras Edward, limpiando la punta de la maldita pistola con un pijo pañuelo y sonriendo, ¡él estaba sonriendo, papá!
—Tesoro —intenté regular mi respiración, Charlie acarició mi rostro dulcemente—, ¿me estás diciendo que fue Riley Hale el causante? —asentí a sus palabras ya que sentía que la garganta se me había cerrado y no podía hablar más—, ¿solo él o había alguien más?
—Y-Yo, no lo sé, digo, él se montó en un auto y… supongo que alguien iba manejando… pero E-Edward… —cerré los ojos fuertemente para alejar las imágenes de mi— Él estaba… yo no podía ver nada más… —papá se puso de pie y se acercó a la cama, él se agachó para dejar un pequeño beso en la cima de mi cabeza.
—Está bien, cariño, lo hiciste bien, eres una chica fuerte —miré hacia arriba y volví a preguntar.
—¿Puedes decirme ahora cómo está mi gatito, papá?
Las comisuras de sus labios decayeron y la tristeza volvió a apoderarse de sus ojos.
Joder.
. . . . . . .
— Hija…
Di un pequeño respingo cuando escuché la voz de papá, me giré levemente para mirarlo, mientras dejaba el pequeño espejo de mano, que había estado usando con anterioridad para retocar mi maquillaje, una vez más, sobre el buró. Sus ojos marrones, tan similares a los míos, estaban cubiertos por un velo de tristeza que ya se me hacía completamente familiar. Charlie vaciló un momento en el rellano de la puerta antes de acercarse a mí a paso lento, tomó asiento justo a mi costado y suspiró pesadamente.
—Floyd te espera, Bella… —asentí, un tanto ida. Charlie se quitó la gorra y desordenó su cabello, una de sus envejecidas manos se posó sobre las mías, las cuales estaban entrelazadas sobre mi regazo— Cariño, tienes que ser fuerte, Floyd… y la pequeña Grace…
—Lo sé, viejo, lo sé —le sonreí, o al menos eso creí que hice, y me puse de pie—. No te preocupes, estoy bien.
—Bella…
—Estoy bien —volví a repetir, mi voz saliendo con más fuerza esta vez. Papá me observó por unos largos segundos sin decir nada, luego se puso de pie y volvió a suspirar, un tanto frustrado— Tu nena es fuerte, pa' —le guiñé un ojo, posando mi mano sobre su hombro y dándole un ligero apretón, tratando de aligerar el ambiente.
Odiaba verlo así.
Pero, sobre todo, odiaba que me mirara con tanta tristeza.
Su mano se posó delicadamente sobre mi mejilla, era como si él pensara que yo me podía romper con el simple gesto, me acarició con su dedo pulgar con una dulzura extrema, tenía tanto miedo de mirar a sus ojos porque sabía que iba a encontrar algo ahí que no quería ver, algo que había estado evitando a como dé lugar: Entendimiento. El estar plenamente consciente de que él compartía mi dolor lo hacía todo más duro. Cuando me digné a mirarlo finalmente, me dio una pequeña sonrisa conciliadora que logró hacer mis ojos aguar.
Pero yo no iba a llorar, joder.
No otra vez.
—Sabes que papá está aquí para ti, ¿no? —asentí, estaba segura de que si abría la boca para decir alguna cosa todo mi esfuerzo para no derramar lágrimas se iría a la mierda. Charlie chasqueó con su lengua y me atrajo hacia si en un apretado abrazo— Puedes llorar todo lo que quieras, Bella, no tienes por qué…
—No —negué, interrumpiéndolo, me alejé de su tacto rápidamente. Carraspeé mientras le daba la espalda para deshacer el nudo que se había formado en mi garganta antes de hablar otra vez—. Todo está bien, vamos, los niños nos esperan, ¿recuerdas?
Suspiró resignado y volvió a colocar la gorra en su lugar.
—Claro, hija, lo que digas.
Salimos de la habitación en silencio, se escuchaban un sinfín de voces provenientes del primer piso mientras bajábamos las escaleras, una vez pusimos un pie dentro de la habitación los murmullos que se escuchaban en el piso inferior cesaron, conté mentalmente para tranquilizarme. No era como si estuviera lleno de extraños, y creo que eso lo hacía aún peor, todas las personas que encontraban reunidas ahí me conocían, cualquier movimiento en falso de mi parte y la fachada que había estado intentando mantener toda esta semana se iría a la mierda. Me removí incómoda en mi lugar, papá posó su mano en mi espalda baja, su gesto causó que me relajara un poco.
Carajos, odiaba esto con todo mi ser.
Un pequeño cuerpecito chocó abruptamente contra mis piernas. Miré hacia abajo y me encontré con la despeinada cabellera caoba de mi renacuajo, el alzó su cabecita y me dio una de sus brillantes sonrisas, me calentó el alma ver la felicidad en su rostro. Era mi rayo de luz entre toda la mierda que había ocurrido. Me agaché a su altura y dejé un sonoro beso sobre su mejilla, Floyd enrolló sus brazos alrededor de mi cuello y lo alcé sin pensarlo, le di un fuerte abrazo y escondí mi rostro en su cabello, aspirando su aroma de bebé, tratando de calmar mis nervios con su presencia, la cuál me ayudaba a pasar los malos ratos.
—Me estás aplastando, mami —se quejó, removiéndose entre mis brazos.
—Lo siento, bebé, mamá necesitaba recargarse —aflojé mi agarre en él y le sonreí abiertamente. Fue en ese momento en el que sentí un suave tirón en el dobladillo de mi vestido, miré hacia abajo y me encontré con los expresivos ojos de mi princesa.
Grace no estaba tan feliz como Floyd.
Era como si ella sintiera que algo no estaba bien.
Me agaché, con mi enano entre los brazos, para quedar a la altura de mi nena. Floyd apoyó sus pies en el suelo, sin despegar sus brazos de mi cuello, mientras yo atraía a Gracie en un abrazo también. Ella escondió su naranja cabecita en la curvatura de mi cuello, sentí su mentón temblar y me preparé para lo peor. Esperé a que llorara, como había estado haciendo toda la semana debido a la ausencia de Minino. Yo trataba de desviar su atención a como de lugar, sin saber como explicarle realmente lo que había ocurrido.
—¿Bebé? —sus manitos empuñaron el frontis de mi vestido.
—¿Vamos donde papi? —asentí quedito a sus palabras—, ¿es por eso que estas usando un lindo vestido? —volví a asentir, sin poder soltar palabra alguna. Su pequeña cabecita salió de su escondite, sus hermosos ojos verdes estaban llenos de lágrimas no derramadas y una pequeña sonrisa apareció en sus rosados labios.
Mi corazón se estrujó con la vista.
Salimos todos en silencio de la casa.
Yo me fui con ambos niños en el Volvo de Minino. Atrás nos seguían Esme y Carlisle, en el auto de este. Tink, Cobain, Grizz y Rosalie iban en la Van, mientras que papá en compañía de Renesmee y Nahuel iban en la patrulla. El viaje fue en silencio, los niños no preguntaron más y lo agradecí, era cierto cuando decía que no sabía como hablar con ellos al respecto. Los miré por el espejo retrovisor, ambos iban en su mundo, hablando de caricaturas y jugando de vez en cuando. Mis manos apretaban el volante más de lo normal mediante nos acercábamos al Hospital General de Forks, tenía tanto maldito miedo. Estaba aterrada, nunca había sentido tanto pavor en mi vida como aquella noche y ahora lo estaba reviviendo. Mi corazón se sentía pesado, era como si alguien lo estuviera apretando, justo ahí dentro de mi pecho. Aparqué el auto en el estacionamiento y procedí a bajar de él, las manos me temblaban mientras intentaba quitar el cinturón de seguridad de la sillita de los niños. Una vez estuvieron ambos abajo, cada uno se colgó de mis manos, les di un suave apretón y me armé de valor para volver a ese puto lugar.
Entramos al hospital, los tres.
Ni siquiera me di el tiempo de pasar a recepción y caminé campante junto a mis niños por el pasillo que tan familiar se me hacía ahora. Me sabía el camino completamente de memoria. Mis pies comenzaron a caminar rápido por inercia en un principio, luego mi andar se hizo más lento mediante nos acercábamos a la habitación a la que íbamos. No sabía cómo iba a reaccionar una vez estuviéramos ahí, seguía siendo presa del pánico, esperaba poder guardar la compostura, por el bien de los niños, por mi propio bien. Nos detuvimos de pie frente a la habitación número trece, la puerta estaba cerrada. Aspiré y boté una gran bocanada de aire antes de girar el pomo lentamente, la puerta se abrió de par en par a causa de los niños, que entraron corriendo sin previo aviso, haciendo que esta diera de golpe contra la muralla, causando un sordo sonido que me hizo dar un pequeño respingo.
Me quedé inmóvil en la entrada.
Mis ojos, completamente abnegados en lágrimas, seguían la figura de la persona que reía a causa de dos revoltosos enanos que se le tiraron encima sin contemplar en su salud, sin darse cuenta de que esta maldita semana había sido un completo infierno para todos nosotros. Floyd y Grace saltaban felices a su alrededor, haciendo preguntas por las cosas desconocidas que sus ojos de niños veían, ajenos a todo el dolor que vivimos estos días, a la agonía de no saber si lo lograría las primeras horas. Mordí mi labio inferior cuando unos hermosos orbes esmeralda se posaron directamente sobre mi rostro. Cuánto había extrañado esos bellos ojos. Una torcida sonrisa apareció sobre sus dulces labios, él se había quitado la ropa del hospital y lucía un terno negro, un cabestrillo en su brazo izquierdo acompañaba su atuendo. Me alegraba saber que su rostro había comenzado a ganar color, era solo cuestión de tiempo para que sus mejillas adquirieran ese malditamente maravilloso color rosa que las caracterizaba. Él estiró su mano hacia mí y yo me acerqué sin pensarlo, apuré el paso estrellándome contra su cuerpo suavemente, soltó un pequeño quejido debido a la abrupta invasión y luego rio, su risa música para mis putos oídos.
Podía sentir su corazón latiendo justo ahí, en su pecho.
—¿Me extrañaste? —su aterciopelada voz, más rasposa de lo normal debido a que todavía se estaba recuperando, me tranquilizó como nada lo había hecho durante estos últimos días. Golpeé su pecho ligeramente, muy ligeramente, con mi puño.
—Como el infierno, tú, grandísimo idiota.
Tomé su rostro entre mis manos, observando fijamente sus facciones. Dios cómo lo había extrañado. Pasé mis dedos lentamente por sus pómulos, por su recta nariz y sus perfilados labios, por esas pobladas cejas y sobre sus delicados párpados, embriagándome de su esencia, memorizando cada parte de su rostro como si fuera la primera vez que lo veía en mi vida y no quisiera olvidarlo nunca. Era él. Era mi jodido gatito. No era un sueño. Cerré mis ojos fuertemente y los abrí, cerciorándome de que lo que tenía frente a mi era real. Finalmente estaba aquí, conmigo una vez más, con sus ojos abiertos y brillando como solo ellos sabían hacerlo. Acerqué su rostro al mío y besé sus dulces labios, me alimenté de ellos, degusté su sabor tan particular, gemí internamente al sentir cómo encajaban perfectamente con los míos.
Lo había extrañado tanto, tanto.
Una lágrima se escapó de mis ojos, maldita traidora, e hizo su camino por mí mejilla.
—Amor, no llores —besó mi mejilla para borrar cualquier rastro de lágrima—, ya estoy aquí.
—Lo estás.
—No me iré otra vez —fruncí el ceño ante sus palabras.
—Más te vale no hacerlo —volví a besar sus labios—, ¿sabes cuánto te he extrañado, Minino?
—Me hago una idea —sonrió dulcemente, me robé un beso más de sus labios—. Siempre pudiste haberme visitado, ¿sabes? —se encogió de hombros, restándole importancia, haciendo una pequeña mueca de malestar por el gesto, ya que la herida dejada por la bala se encontraba un poco más debajo de su omóplato izquierdo.
—Perdón —murmuré con la voz cargada de arrepentimiento por haberme comportado como una maldita cobarde.
—Está bien, lo entiendo, cariño —besó mi frente—. Lo importante es que ya estás aquí.
—Lo importante es que tú estás aquí —volví a abrazarlo, escondiendo mi cabeza en su amplio pecho en el proceso—. Prométeme que no volverás a hacer algo así otra vez, Edward Cullen —él acarició mi cabello con su brazo bueno—. Promételo.
—Lo prometo —cuando alcé la viste logré captar cómo mordía su labio inferior y entrecerraba sus ojos en mi dirección con duda—… No puedo realmente prometerlo, a decir verdad, no soy responsable de las cosas que el destino tiene preparado para nosotros, no soy vidente, tampoco, como para saber si una situación así ocurrirá en un futuro y…
—Oh, cállate —solté un resoplido por la verborrea que estaba soltando—, solo promételo, joder —enterré mi nariz en su pecho e inhalé su almizclado aroma—. Esta semana fue un infierno, no tienes una idea, yo… Te amo tanto, gatito, te amo tanto, tanto. Te necesito para vivir, ¿entiendes eso? Yo no sabría qué hacer sin ti.
—Claro que lo sabrías, eres Isabella Swan —volví a golpear su pecho con mi puño porque él se estaba tomando todo muy a la ligera y yo estaba hablando malditamente enserio aquí—. Pero no te preocupes, no tengo intención de dejarte aún, apenas y te tengo, me merezco unos cuantos años más en tu compañía, ¿no crees?
—Todos los que quieras, bebé —besé sus labios una vez más, volviéndome adicta a ellos—, todos los años que me pidas, ahí estaré.
Un carraspeó nos sacó de nuestro pequeño mundo.
Al girar nuestras cabezas vimos a nuestra gran familia amontonada en la entrada. Una que otra lágrima habían soltado los integrantes, todos miraban la escena que estábamos dando con felicidad reprimida. Tink limpiaba sus lágrimas con el dobladillo del blazer de Cobain, me reí de ella y me llevé un amoroso dedo medio de regalo. Ni siquiera me molesté en decirle algo a Nessie, ella estaba en su burbuja tratando de animar a Nahuel que sorbía su roja nariz debido a su llanto. Era un crio malditamente tierno. Si bien Minino estaba al fin con todos nosotros, aún quedaba una parada más en este viaje. Carlisle nos hizo un gesto con su cabeza antes de hablar.
—Se nos está haciendo tarde, muchachos —asentimos a sus palabras.
Ayudé a Minino a terminar de guardar sus neceseres para que así partiéramos todos juntos a nuestro destino final.
Este había sido un día lleno de turbulentas emociones en el cual estábamos todos finalmente felices y juntos, pero como la montaña rusa que había sido, no todo podía tener su buen final. Y es que el altercado con Riley Hale había dejado más de una víctima, y como festejábamos la pronta recuperación de Edward después de lo sucedido aquella fatídica noche, también despedíamos a alguien que, para la sorpresa de todos, en especial mía, fue un elemento clave a la hora de atrapar al maldito cabrón que había estado a punto de complicar nuestras vidas.
Muchos sucesos tomaron lo mejor de mí a lo largo de esta semana, vi facetas de personas, e incluso mías, que nunca esperé ver ni en un millón de años, pero lo que más recordaría de todo lo ocurrido sería la completamente inesperada aparición de Alec Russo en toda la investigación que se estaba realizando en contra de Hale. Un sinfín de emociones se arremolinaban en mi interior con el solo recuerdo de lo ocurrido apenas unos días atrás, el arrepentimiento era uno de los más fuertes que había. No había hablado con nadie acerca de esto, y mucho menos quería mencionarlo a Minino ahora que estaba en pleno proceso de recuperación. Él definitivamente no necesitaba lidiar con mis problemas internos.
Con la verdadera culpa que había estado sintiendo todo este tiempo.
La mayoría pensaba que gran parte de mi estado de ánimo se debía a lo ocurrido con Edward cuando, en realidad, me carcomía por dentro otro tipo de culpa que quizás no podía hacerle saber a nadie. Al menos no por ahora. Era la causa de mis pesadillas, de mis noches sin dormir, de los dolores de cabeza constantes que había estado sufriendo últimamente. No iban a entenderlo, de todos modos, era algo con lo que tendría que cargar yo por el resto de mi vida si no lograba solucionarlo. Y es que tampoco veía como hacerlo, después de todo, la persona que provocaba todos esos sentimientos en mí ya no estaba más.
Jodido Capo…
… Había realizado una hazaña que lo llevó a sacrificar su vida.
(1) Es un aparato electrónico portátil que diagnostica y trata la parada cardiorrespiratoria cuando es debida a la fibrilación ventricular o a una taquicardia ventricular sin pulso, restableciendo un ritmo cardíaco efectivo eléctrica y mecánicamente.
¡Buenas madrugadas!
Siendo las 7 am, les traigo el nuevo capítulo.
Esto se me alargó sin querer queriendo (?) Ya en el próximo capítulo se sabrá más sobre lo que pasó con Riley y como se involucró Capo en todo esto (en realidad culpo a las chicas en fb, alguien me dio la idea de Alec y pues una oveja tuvo que hacer, lo que una oveja tuvo que hacer) Espero el capítulo sea de su agrado, sé que aún quedan muchas cosas que desarrollar con respecto a Rose-Emmett pero no os desesperéis, por favor tenganle paciencia a esta oveja que está haciendo todo lo que puede, el problema cuando escribo es que en realidad nunca sé para donde va la cosa realmente, onda, tengo esta idea en la cabeza pero ya cuando la escribo puedo agregarle otras cosas y a veces me sale algo totalmente distinto XDDD así que me disculpo si creen que esto va muy lento, pero claramente todo tiene su razón, y obvio que desarrollaré la historia de ellos dos como lo he hecho con las otras parejas, no es como que tampoco lo he hecho taaan exagerado creo yo pero me gusta que cada una de ellas tenga un pedacito de la historia. Y bueno, al fin y al cabo esto es más que nada EdxBell so... Al principio tenía otra idea para Alec pero boe había que acabar con alguien y, realmente, tengo una vena muy débil por Capo (?) entonces sip, tenía que hacer algo al respecto, las cosas no podían quedar así como habían quedado después de la visita de Navidad.
Y recuerden (para las que no saben): Me encuentran en facebook con el mismo nombres que tengo aquí "Lamb'stown" y también pueden encontrar el grupo en facebook donde subo adelantos y esas cositas, se llama "Welcome to Lamb'stown" Y eso sería todo por hoy (?)
¡Muchas gracias por sus reviews y mensajitos en el grupo! todos me hacen feliz, incluso los malos porque puede que algún día les haga caso (?)
Una oveja triste por la perdida de la mafia,
Lamb~
