Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward


Capítulo 39: Morir a tu lado es una manera tan celestial de morir.


There's a light that never goes out – The Smiths.


— Estamos aquí reunidos en este día en nombre del difunto…

La lluvia seguía empañando los ánimos.

Realmente era como si se hubiera abierto el cielo y el agua cayera a borbotones. Fueron cuatro largas horas de viaje desde Forks hasta Portland, donde se llevaría a cabo el entierro. Habíamos llegado al lugar como la gran familia que eramos. Al bajarnos di una rápida mirada a mi alrededor, percatándome en el proceso de que habían muchas caras malditamente conocidas en el lugar, caras que pensé nunca volver a ver en mi vida, menos en este tipo de jodidas circunstancias. Tomamos asiento en unas de las sillas negras desplegablas que se encontraban en el espacio, el pulcro ataúd de roble descansaba casi en el medio de estas. Estaba rodeado de flores pálidas, pero en el centro había una gran corona de rosas de un fuerte color borgoña. No me había querido acercar al ataud, no más de lo estimado, la distancia entre la silla en la que me encontraba y el maldito cajón de madera me parecía adecuada, no había necesidad de acortarla. Me sentía nerviosa y me negaba rotundamente si quiera acercarme a ese maldito ataud.

Joder, yo no iba a ver a Capo en ese estado.

No.

La ceremonia comenzó una vez todas las personas estuvieron ubicadas en su lugar, con solo el cielo gris y la lluvia como música de fondo, el cura daba su discurso con voz parsimónica. Desde mi lugar podía ver claramente cómo, supuse, la madre de Capo lloraba desconsoladamente mientras que el cura decía las últimas palabras de adiós. La señora vestía un elegante vestido negro a juego con unos guantes y una gorra del mismo color, sus manos temblorosas palpaban sus ojos con el pañuelo de encaje para secar las lágrimas que no dejaban de correr por sus mejillas. Ahí, justo a su lado, se encontraba Demetri de pie, impasible, su rostro no mostraba expresión alguna, pero su cabeza permanecía gacha y una de sus menos descansaba firmemente en el hombro de la mujer que sufría la perdida de su hijo. Ambos se encontraban en compañía del ejercito de hombres pertenecientes a la familia Russo, los lacayos de Alec, como les llamaba yo.

Desvié la vista y me centré nuevamente en el ataud que estaba frente a mi.

Mierda.

El clima hacía todo jodidamente peor.

Sentí una lágrima correr por mi mejilla, la retiré rápidamente, a la vez que la mano de Minino se posaba dulcemente sobre mi muslo para darme un suave apretón. Miré hacia mi costado y me topé de frente con sus orbes verdes, los cuales me observaban con un leve dejo de preocupación. Le di una pequeña sonrisa, asegurándole que todo estaba bien, que todo estaba perfecto conmigo. Sin soltar palabra alguna asintió levemente a mi sonrisa, alzó la otra de sus manos y acarició mi mejilla con suavidad, quitando cualquier rastro de la traicionera lágrima que me había delatado. Estaba segura de que Edward tenía un sinfín de preguntas que necesitaban respuestas lo antes posible, podía verlo justo ahí en sus bellos ojos. Debido a su condición los últimos días optamos por no ponerlo al tanto de los sucesos para así no agravar su estado, por lo que omitimos cierta información a Minino en cuanto a lo que había pasado.

Nunca pensamos realmente que todo terminaría así.

Parecía una puta mentira…

…El ataud comenzó a bajar lentamente.

. . . . . . .

Charlie, viejo, ¡joder! —jalé de mis cabellos— ¿Realmente me estás diciendo eso, viejo?

Yo iba a romper algo.

O mejor, romper a alguien.

Siento tener que hacerlo, hija —Charlie suspiró al otro lado de la línea completamente abatido. Tomé mi teléfono con más fuerza de la necesaria, sin querer creer en sus palabras. ¿Es que acaso no eran la maldita autoridad? Estaba putamente molesta en estos momentos—. No encontraron pruebas contundentes al respecto, irán a tomar las declaraciones correpondientes a los padres de Rosalie pero eres la única testigo de los hechos... Esto tomará un buen tiempo…

¡¿Es que la puta bala que le quitaron a Minino no cuenta?! —grité con exasperación—, ¿es que mi palabra no cuenta? —sentí como mis ojos se llanaban de lágrimas no derramadas— Joder, papá, yo sé lo que vi. Lo vi… lo sigo viendo cada vez que cierro los putos ojos…

Cariño…—conté mentalmente para tranquilizarme, tomé asiento a la orilla de la cama— Mi niña, lo siento tanto, prometo que haré todo lo que esté en mis manos para terminar con esto pronto —asentí a las palabras de papá aunque no pudiera verme—. Te juro que agarraremos a ese hijo de puta, hija, me tome el maldito tiempo que sea.

Yo no tenía tiempo.

Yo quería verlo areder ahora, ya.

Confío en ti, pa'. Te amo, descansa por favor.

También te amo nena, la que debe descansar eres tú. Estaré llamándote, por favor come algo —suspiré y colgué la llamada, no sin antes asegurarle de que me esperaba una deliciosa comida en casa cortesía de mi dulce hermanita.

Miré al hombre que yacía tendido en la cama en la que me encontraba sentada.

Su rostro, que normalmente se caracterizaba por tener ese precioso rosa que tanto amo, ahora se encontraba completamente pálido, sus labios tenían un leve color morado que me aterraba. Se veía tan jodidamente sin vida. Toda su apariencia en sí me causaba escalofríos en estos momentos, mirarlo era como un vivo recuerdo de lo que estuvo a punto de pasar. De que casi no sobrevive para contarlo. Minino había perdido demasiada sangre debido al disparo ya que había tocado un área comprometedora, en algún momento de la noche estuvo por perder la batalla si no fuera por la eficacia de los doctores en esa situación. Todo por la maldita reanimación que le practicaron a tiempo o la historia que estaria contando sería completamente distinta.

Mi gatito era un hombre fuerte, el había vencido a la puta muerte y había vuelto.

Había vuelto a mi.

Buenos días, primor —solté una estúpida risita y me acerqué a su rostro para dejar un pequeño beso en la punta de su nariz—. No tienes idea de cuánto extraño esos sonrojos tuyos en estos momentos, joder, yo sería capaz de pasearme en bolas por todo el hospital solo para ver tus mejillas colorearse —suspiré, las comisuras de mis labios formaron una triste mueca—. Pronto abrirás esos hermosos ojos verdes que tanto amo, ¿no, gatito? —pasé la punta de mi dedo índice por el contorno de su rostro. Había entrado en un estado de inconciencia que los doctores decían era normal después de la larga noche que había pasado, lo único que me indicaba que realmente estaba aquí era el sutil movimiento de su pecho al respirar.

Tenía demasiado que hacer.

La policía estaba tras el caso, ya que claramente era una mierda mayor. Había mucho más sobre Riley Hale de lo creíamos saber, de esto estaba malditamente segura. Por que obvio, tampoco era como si me quedaría fuera de esto, menos después de la llamada de papá con esas noticias poco alentadoras. Si bien el viejo me había dado su palabra, yo no tenía todo el puto tiempo del mundo para esperar a que alguien hiciera algo. ¿Quién me aseguraba que ese hijo de puta seguiría en el condado?, ¿en el país? Yo no iba a arriesgarme a que al estúpido imbécil de King se le ocurriera darles dinero para que se fueran a la mierda o algo. Habían dañado a Minino, mi puto Minino, y yo iba a hacer algo al respecto, joder.

Monté mi motocicleta y partí a la tienda donde se encontraban los chicos.

¿Todo bien con nuestro gatito?

Apenas puse un pie dentro de la tienda tuve a Tink haciéndome esa pregunta. Ella se encontraba desparramada sobre el sofá, me miraba atentamente con sus ojos cubiertos en antelación. Me acerqué a ella y desordené su cabello mientras rodeaba el sofá, ganandome una palmada en el trasero de paso.

Todo igual —me encogí de hombros y tomé asiento. Tink se acurrucó junto a mi y descansó su cabeza sobre mi hombro. Soltó un largo suspiro al escuchar las buenas nuevas—. Papá me llamó para decirme que iba a tomar tiempo —Grizz apareció por la puerta del fondo, donde estaba la sala de los piercings. Me miró desde el otro lado del mesón y alzó una de sus cejas—. Ya sabes, la investigación, encontrar las pruebas necesarias, inculpar al maldito bastardo, juicio… —comencé a enumerar con mis dedos.

Joder… —Grizzly desordenó su cabello con frustración y finalmente se acercó a nosotras, tomando asiento en una de las sillas que teníamos en la tienda se acomodó a horcajadas sobre esta frente al sofá— ¿No es suficiente con tu testimonio? Que carajos, ¡tu lo viste! —chilló con colera—, ¡todos somos testigos de la mierda de persona que es!

Ya ves, así es la justicia —resoplé y eché mi cabeza hacia atrás. Cerré los ojos y conté mentalmente para relajarme, tenía demasiados pensamientos corriendo sueltos por mi cabeza. Eso no era bueno, malditamente no—. Hay que tener paciencia dice el viejo… Ustedes saben jodidamente bien que no tengo una pizca de paciencia… —mi pie empezó a mover involuntariamente contra el suelo, un gesto que aparecía cuando estaba con la frustración hasta la madre.

Tink levantó su cabeza de mi hombro y me dio un sonor beso en la mejilla.

Okay nena, ¿por qué no levantas este trasero y lo llevas a casa con los renacuajos mejor? —Tink, por alguna extraña razón, estaba siendo la voz de la conciencia. Me dio una pequeña sonrisa que no llego a sus ojos— Sabes que tienes unas charla pendiente con los nenes por la condición del gatito —gemí bajito al recordar que debía tener una charla entre mamá y minions en casa—, en especial hablar con la muñeca —asentí a sus palabras. Solo esperaba que Gracie no se tomara las cosas tan mal—. Y necesitas descansar, perra —me dio un juguetón golpe en el hombro con su puño—. No me preocupes, ¿sí? Odio estos jodidos sentimientos que afloran en mi por tu culpa así que para con tu mierda.

Rodé mis ojos por su intento en cubrir que estaba preocupada por mi.

Vale, vale, tienes razón. Iré a casa con los chicos, ya veré que hago…

Que haremos —corrigió Grizz, dejando un beso en la cima de mi cabeza de paso—, no estás sola en esto nena, recuerda eso, estamos para ti como siempre lo hemos hecho.

Dejé la tienda después de las dulces palabras de Grizz.

Joder, los amaba tanto, ¿qué haría yo sin mis mosqueteros?

Probablemente estaría hundida en la mierda ahora.

Camino a casa me fui preparando mentalmenta sobre qué decirle a mis renacuajos. Montada en la motocicleta dejé que el viento y la velocidad me despejaran la mente. Aún no sabíamos exactamente cuando Edward iba a despertar, los doctores dijeron que era posible que despertara hoy, como mañana, o dentro de una semana. Así que Minino era una especie de Bello Durmiento en estos momentos. Bajé la velocidad cuando divisé la casa, la camioneta de Renesmee estaba aparcada en la entada, sonreí inconcientemente ante el hecho. Al entrar escuché risas proveninentes desde la sala de estar, dejé mi chaqueta y el casco en la entrada luego de cerrar la puerta y me acerqué sigilosamente para ver qué estaban tramando sin molestarlos. Alguna especie de fuerte habían armado en la sala de estar con las mantas que estaban en las habitaciones de los chicos y alguna almohadas. Estaba tan jodidamente agradecida con Nessie y Nau por todo lo que estaban haciendo para distraer a mis pequeños. Tampoco era como si ellos realmente supieran lo que estaba sucediendo, pero son niños, no estúpidos. Me apoyé en el umbral de la puerta observando la escena ante mis ojos.

Floyd fue el primero en verme cuando se asomó por uno de los orificios que dejaba una de las mantas que hacía de techo.

¡Mami! —gritó mi renacuajo inetntando salir de la trampa mortal que eran las mantas y las almohadas. Cuando finalmente lo logró, corrió lo más rápido que pudo con sus piernecitas hasta que dio de lleno contra mi. Inclinó su cabecita hacia atrás y sus inocentes ojos me observaron llenos de alegría— ¡Te extrañé!

También te extrañé, enano —me agaché a su altura para dejar un baboso beso en su mejilla—. ¿Princesa? —Grace me observaba a lo lejos, se acercó con timidez hacia mi. La agarré en mis brazos y repartí besos por toda su cara, causando su risa—. Ahora si que si, ¡mamá está recargada!

¿Todo bien?

Sentí mi sonria flaquear.

Mis ojos se posaron sobre el preocupado rostro de Ness.

Todo bien —asentí—. Muchas gracias por ver a los niños, puedo hacerme cargo yo ahora.

¿Estás segura? —Nessie dio un paso hacia adelante, Nahuel posó una de sus manos sobre su hombro delicadamente para sosternerla en su lugar. Ella lo miró por sobre su hombro y dio un paso atrás, suspiró y volvió a observarme— Sabes que puedo quedarme con ellos si no… —me miró entre sus pestañas y se encogió de hombros, como restándole importancia a lo que estaba a punto de decir— ¿Te encuentras bien? —volví a asentir lentamente. Renesmee, aun sin creer una pizca en mi, simplemente asintió en respuesta— No es un problema para mi, por si cambias de opinión…

Negué una vez más con mi cabeza.

Estoy segura —le sonreí como pude—. Estoy bien, ¿si? No te preocupes por mi, enana.

Eres mi hermana —murmuró en un bajo tono de voz—, claro que voy a preocuparme…

Caminé hacia ella con mis brazos estirados, lista para darle un gran abrazo de oso.

Realmente estoy bien, te lo prometo. Ahora necesito tener una pequeña charla con estos mocosos —me separé de ella e hice una mueca con mi boca—. No sé realmente como hacerlo pero ya se me ocurrirá algo —le guiñe un ojo a Renesmee y luego posé mi vista en Nahuel—. Cuida a mi hermanita, ¿si?

Siempre —el crío asintió seriamente a mis palabras.

Los dejé en la puerta y al cerrar me recargué en ella.

Bien.

Regresé donde mis enanos que me esperaban expectantes en la sala de estar. Oof, ok, yo podía hacer esto. Tomé sus manitas y los hice caminar junto a mi, hacia el segundo piso donde estaban las habitaciones. Cuando estuvimos fuera de la habitación que compartía con Edward, los hice entrar y los senté sobre la cama a ambos. Me puse en cuclilla frente a ellos y tomé sus pequeñas manitos entre las mías. Creo que este era uno de los momentos más dificiles en mi vida. ¿Cómo les explicaba a mis niños que papá estaba en el hospital?, que carajos le decía a Floyd cuando preguntara si a papá le habían pateado el jodido trasero.

Demonios.

¿Mami? —la vocecita de Grace me sacó de mis cavilaciones. Mi princesa se removió en su lugar un tanto inquieta, bajó la vista hacia sus manos que se encontraban entre las mías y luego me volvió a observar con esos grandes ojos verdes tan parecidos a los de mi gatito— ¿P-Por qué papi no está contigo, mami?

Bien —carraspeé—, de eso quería hablar. Verán —lamí mis labios, intentando encontrar las palabras adecuados para mocosos de su edad—, papi tuvo un pequeño accidente, muy pequeñito la verdad —entreceré uno de mis ojos y gesticulé con mis dedos lo pequeño del asunto, nada por lo que preocuparse—, por lo que se encuentra en el hospital —mis niños abrieron sus ojos de par en par— ¡Pero está bien!

¿P-Podemos verlo, mami?

¿Cuándo vuelve papá a casa?

Bueno, ahora papá está durmiendo, ¿sí? Él quedó muuuy cansado luego de que los doctores lo arreglaran —los niños asintieron, como si entendieran perfectamente lo que yo hablaba—. Por lo que podremos verlo cuando vuelva a abrir sus ojitos, ¿si? —ambos asintieron nuevamente, no muy convencidos.

¿P-Papi está bien? —Gracie, quien era la más supceptible, me preguntó con un poco de duda en su voz. Tomé sus manos firmemente entre las mías y asentí con fervor—, ¿los doctores lo arreglaron? —volví a asentir a sus palabras repetidas veces—, ¿v-vendrá pronto a casa con nosotros?

Vendrá muy pronto a casa con nosotros, ya lo verás princesa.

Acaricié su mejilla dulcemente.

¡Ok! —mi princesa me dio una sonrisa sincera y finalmente suspiré con alivio.

El día pasó sin mucho que contar.

Ya era entrada la noche, los niños estaban ambos en sus habitaciones. Papá estuvo todo el día manteniendome al tanto de la situación allá en la comisaria y cómo estaban trabajando en el caso. Todo era putamente lento por esos lados. Yo ya no tenía uñas pensando en alguna solución rápida, algo que al menos hiciera que esa puta sabandija confesara la mierda que había hecho. ¿Cómo demonios podía atrapar al cabrón y hacerlo hablar? Tampoco era como si pudiera usar las táctica de siempre, estábamos hablando del maldito bastardo que le había disparado a mi chico por la espalda, a quema ropa, un estúpido cobarde que no tenía miedo de usar sucias artimañas con tal de salirse con la suya. No eran suficiente mis puños para enfrentarme a un tipo así, y yo habia prometido que me comportaría a partir de ahora.

No podía hacer algo estúpido esta vez.

Tenía que pensar, joder, piensa B.

El timbre de la puerta de entrada me sacó del trance en el que me encontraba.

Al abror la puerta me encontré con una imagen un poco fuera de lugar, si me lo preguntan. Frente a mi se encontraban Grizz y Tink, ambos lucían una expresión de temor en sus rostros, bien leve, como si estuvieran esperando a que yo explotara en cualquier momento. Sin embargo, mi atención se fue a la persona que estaba de pie tras ellos, vistiendo un elegante traje azul marino que combinaba a la perfección con sus ojos. Sentí mi rostro tornarse de un color escarlata furioso.

Oh, pero la vergüenza no tenía nada que ver en esto…

¿Qué carajos es esto?

Solté entre dientes, alzando una de mis cejas hacia los dos culpables que osaban a poner sus sucios traseros frente a mi luego de esta traición. Grizzly se removió incómodo en su lugar mientras que le daba un pequeño empujón a Tink para que avanzara frente a el, como si su gran cuerpo pudiera pasar desapercivido tras la menuda figura de Alice. Tink enterró su codo en el estómago de Grizz con el ceño fruncido, después de ese momento sus ojos se posaron en mi. Vi como tragaba saliva y se hacía un poco hacia atrás, su espalda pegada a nuestro gran oso.

B… —Grizz pasa una de sus manos por su cabeza y dio un paso hacia mi.

Retrocedí dos, sin soltar el pomo de la puerta.

Responde mi pregunta, ¡joder!

B, bebé, nosotros pensamos…

¿Pensaron? —miré a Tink como si le hubiera crecido otra cabeza— ¡Pensaron! —reí como una puta desquiciada— Tengo muchas malditas cosas en mente como para agregarle esto —chillé apuntando despectivamente a Alec. Luego de unos segundos suspiré y conté mentalmente hasta diez, intentando suprimir la ira que se quería apoderar de mi cuerpo—. Lo diré solo una vez, Capo —lo mirñe fijamente a sus azules orbes y lo apunté con mi dedo índice—: Aléjate de mi puta casa, ahora.

Capo cuadró su mandíbula y, haciendo a un lado a Grizz y Tink, caminó hacia mi, ignorando por completo que yo estaba a punto de partirle la madre, entró a mi casa sin ser invitado. Se detuvo a unos escasos centímetros de mi dedo índice que seguía apuntándolo, el cual quedó enterrado en su pecho. Oh, sus ojos se clavaron en mi con determinación y yo solo atiné a alzar una de mis cejas. Por todo lo santo, yo realmente quería golpear a alguien con todo lo que estaba sucediendo y él me lo estaba dejando demasiado fácil.

Capo… —ignoró mi tono de advertencia y habló con ese absurdo acento italiano.

Puedo ayudarte, mia bella —fruncí el ceño por sus palabras. Alec tomó mi mano, que aun se encontraba en su pecho, delicadamente entre las suyas y le dio un suave apretón— Me contaron lo que sucedió —con un gesto de su barbilla apuntó hacia los traidores—. Puedo ayudarte a encontrar al cabrón que le disparó a tu chico.

Solté todo el aire que sin darme cuenta había estado reteniendo en mis pulmones.

Pestañeé rápidamente un par de veces para alejar las lágrimas que se estaban agolpando en mis ojos. Dios, sentí un puto alivio en todo mi ser cuando soltó esas palabras. Me estaba odiando a mi misma por si quiera pensar en confiar en él por el simple hecho de que parecía tener una solución al maldito problema que me estaba carcomiendo por dentro.

Lamentablemente estaba casi un noventa y nueve porciento segura de que era el único que podía ayudarme.

Tu… ¿cómo? —mi voz salió en apenas un murmullo.

Una torcida sonrisa se posó en sus labios y sus ojos, tan azules como el cielo, brillaron peligrosamente.

No por nada me llaman Capo, cara.

. . . . . . .

—¡Isabella!

El funeral había llegado a su fin luego de un eterno momento en el que el ataud se perdía bajo tierra, no nos quedaba más que hacer acá, con eso en mente, decidimos dejar el lugar. Nos dispersamos debido a la cantidad de gente que se encontraba en el lugar. Podía ver la rebelde cabellera de Minino unos pasos más adelante. Estábamos intentando caminar entre la gente cuando lo oí. Me detuve en mi lugar cuando lo escuché gritar mi nombre. Floyd, que estaba sosteniendo mi mano derecha, me observó confundido al ver que no me movía. Sabía perfectamente quien era, y aunque mi mente me pedía a gritos que lo ignorara y me largara de aquel lugar lo más putamente pronto posible, mis pies no querían moverse, era como si estuvieran pegados al suelo. Me giré lentamente y me encontré frente a frente con Demetri, el hermano de Alec, donador de esperma de Floyd. Le di un suave apretón a la mano de mi hijo, tratando de encontrar confort en el. Estudié detenidamente las facciones del tipo que se paraba frente a mi, tan parecidas y a las vez tan distintas a las de Capo, incluso podía ver un poco de Floyd en él. Pestañeó repetidas veces luego de que ninguno de los dos dijera nada por unos largos segundos, sus ojos lucían cansados cuando me observó, estiró uno de sus brazos y en su mano sostenía una especie de sobre. Lo tomé con recelo entre mis manos, fruncí el ceño en su dirección, como preguntándole que coño era eso.

—Es algo que mi hermano quería que tuvieras —hizo un leve asentimiento con su cabeza hacia Floyd, sin mirarlo. Me enervaba su comportamiento hacia mi hijo, era como si estuviera intentando evitar su presencia a toda costa—, tu y el bambino.

—Yo no…

Per favore —sus ojos me suplicaron que no le devolviera el maldito sobre—, así está estipulado. Lo único en lo que la familia Russo no puede poner sus manos —apuntó el sobre con su dedo y una pequeña sonrisa se posó en sus labios. Sonrisa que desapareció tan rápido como llegó, su rostro se tornó serio de un momento a otro—. El realmente te amaba, siempre quiso lo mejor para ti —sus ojos finalmente repararon en mi enano, le dio una mirada tan jodidamente triste que juro que removió un poco mi corazón—, para ustedes.

—Por favor —carraspeé antes de agacharme—, por favor no hablemos de eso —cargué a Floyd entre mis brazos, arrugando el sobre en mi mano inconcientemente al apretarla, lo guardé con rapidez en el bolsillo de mi chaqueta al recordar que lo tenía—, uh, gracias —me removí incómodamente en mi lugar. Sabía que debía decir algo, cualquier cosa—. Realmente lo siento, ¿sabes? —mi vista, que con anterioridad estaba clavada en mis pies, se posó en el rostro del hombre frente a mi— Yo nunca quise esto, lo siento, lo siento mucho —nuevamente sentí mis ojos escocer, una pequeña manita se posó sobre mi mejilla. Observé fijamente los ojos de mi hijo y le sonreí para tranquilizarlo—. Dile a tu madre que siento su perdida —mis ojos se posaron en los de mi pequeño—, como no se imagina.

Demetri asintió sin decir palabra alguna.

. . . . . . .

¿Por qué diablos estás haciendo todo esto? —me crucé de brazos— ¿Qué sacas haciendo esto de todos modos? —entrecerré los ojos cuando un pensamiento cruzó mi mente— No dejaré que te acerques a Floyd aunque hagas esto, lo sabes, ¿no? Y ni siquiera pienses en tu puto hermano…

Nada de eso, cara —sonrió con una extraña emoción—. Solo lo hago por ti.

Desvié la vista, incómoda ante su respuesta.

¿Vas a decirme cuál es tu plan?

Estábamos en el patio trasero de casa.

Tink y Grizz estaban dentro con los niños mientras yo conversaba con Alec. Después de aceptar su ayuda el se había esfumado de la faz de la tierra. Tal como se fue, volvió, y aquí estaba frente a mi luciendo tan pulcro como siempre. Capo sacó una elegante cajetilla de metal del bolsillo interior de su chaqueta de vestir y encendió un cigarrillo. Me crucé de brazos esperando una respuesta a mi pregunta anterior, la cual jamás llegó. Dejó salir el humo lentamente por su boca y comenzó a caminar a mi alrededor, hasta que se detuvo frente a mi.

Sonrió tenuemente y negó con su cabeza.

No es algo que necesites saber, cara. Hay cosas que es mejor no preguntar si no quieres saber la respuesta.

Joder, Alec —resoplé—. ¡Claro que necesito saberlo!, ¡quiero ser parte de esto!

Ni lo pienses —negó con su cabeza—, ese fue nuestro trato, mia bella, no pienses romperlo. Tu llegas a meter tu linda naricita en mis asuntos y juro que no moveré un maldito dedo por tu chico —cuadré mi mandíbula por sus palabras. Una de sus manos subió hasta mi rostro, donde se quedó ahuecando mi mejilla—. Lo prometiste, no puedes romper esta promesa.

Necesito saber algo —moví mi rostro intentando alejarme de su toque, dejó caer su mano lentamente por mi gesto—, por favor, Alec, lo que sea, solo dime que al menos tenemos alguna oportunidad.

Estuve haciendo averiguaciones —tomó asiento en la escalera que daba al patio, junto a mis pies—, ¿Riley Hale? —asentí al jodido nombre. Le dio otra calada a su cigarrillo y prosiguió, no sin antes hacer una mueca de asco— Retorcido cabrón, algunas historias me contaron desde adentro —hizo alusión a sus contactos en la cárcel—. Sumando a esto la información que me diste acerca de él, deduzco que no tardará mucho en aparecer —se encogió de hombros y volvió su atención al cigarrillo—. Es un cazador después de todo.

Un escalofrío recorrió mi columna.

¿A qué demonios te refieres con eso?

Alec me miró por sobre sus pestañas.

Me refiero, cara, a que no quedará tranquilo hasta que ponga sus manos en lo que realmente quiere ahora —aspiró lentamente su cigarrillo y botó el humo como si tuviera todo el maldito tiempo del mundo. Con la mano que sostenía el cilindro de nicotina me apuntó—. Y lo que ese bastardo quiere eres tú.

Esa fue la primera noche en la que no pude dormir por las pesadillas.

. . . . . . .

—Puedo quedarme con los niños si lo deseas.

Sacudí mi cabeza levemente para volver en si.

Estábamos sentados en el Volvo de Minino, aun en el lugar en el que el funeral se había llevado a cabo. Me había perdido nuevamente en mis pensamientos y ni siquiera había encendido el auto, joder, quien sabe cuanto tiempo estuve en el más allá. Observé a Edward que me miraba con cautela desde el asiento del copiloto. Sacudí mi cabeza una vez más para despejar mis pensameintos y tomé el manubrio firmemente entre mis manos.

—Estoy bien.

Respondí un poco a la defensiva.

Solo un poco.

—Eso está bien, pero esa no fue mi pregunta —se encogió de hombros restándole importancia, yo sabía que el no creí una mierda en mis palabras—, solo mencioné que podía quedarme con los niños. Tu tienes cosas que hacer, ¿no? —lo miré con confusión por sus palabras, Minino me apuntó hacia la ventana con su barbilla. En realidad el estaba apuntando al, ahora, vació lugar donde habíamos estado anteriormente. Se veía solo uno montón de flores a lo lejos— Ve, amor, tal vez es lo que necesitas.

Mis nudillos estaban casi blancos debido a la presión que estaba ejerciendo.

—¿Qué es lo que necesito?

—Desahogarte —soltó simplemente. Estiró su mano buena hacia mi, esperando que la tomara. Lo hice, acerqué una de mis manos hacia la suya y el la sostuvo delicadamente, como si me fuera a romper en cualquier momento. Tragué saliva cuando lo vi dejar un dulce beso sobre mis nudillos—, hay cosas que no alcanzaste a decirle, tal vez ahora es el momento —quité mi mano de la suya rápidamente y me negué a mirarlo.

—Está muerto, Minino.

—Eso no cambia nada, sabes que puedes hablar…

Edward —murmuré entre dientes—, déjalo.

Suspiró y desvió la mirada.

Me gustaría decir que el camino a casa fue tranquilo, pero el ambiente estaba cargado con un leve manto de tensión. Los niños, ajenos a todo como siempre, se habían quedado dormidos apenas los pusimos en sus sillitas. Minino fue todo el camino observando el paisaje por la ventana, claramente molesto conmigo, podía facilmente deducirlo gracias a la postura de su cuerpo. Fruncí el ceño, sintiendo como la ira se acumulaba en mi cuerpo. Era estúpido que se enojara conmigo por algo así, ¿qué se suponía que hiciera?, ¿que le hablara al aire?, y ¿qué iba a decirle? No había nada más que pudiera decir a Capo, él ya no estaba en este mundo, ¿de qué servía darle las gracias por lo que había hecho?, ¿de qué me servía pensar que tal vez debí haberle dado la oportunidad de conocer a Floyd?, ¿de ser parte de su vida?, ¿acaso servía de algo si le hacía saber que a pesar de todo si lo había querido? No, nada de eso servía ahora, él estaba muerto y eso no iba a cambiar porque yo fuera a hablarle a su maldita tumba, joder.

Nada lo traería de vuelta…

—Isabella, cariño…

Minino me observaba con tristeza y preocupación

Comencé a bajar la velocidad del auto y, en un lugar accesible, me tiré hacia la orilla y detuve el carro por unos momentos. Respiré profundamente antes de abrir los ojos. El interior del Volvo aun estaba sumido en un sepulcral silencio, el cual era amenazado solo por los suaves ronquidos de nuestros niños en la parte trasera. Apoyé mi frente contra el manubrio y solté un largo y tembloroso suspiro. No me había dado cuenta de que estaba llorando y probablemento eso había llamado la atención de Edward.

Malditas lágrimas delatoras.

Había llorado mucho este último tiempo.

No estoy bien —murmuré, sin levantar la vista—. No lo entiendo, Minino. ¿Por qué siento tanta tristeza? No puedo dejar de llorar cada vez que… —tragué saliva y finalmente me topé con sus ojos— Tu ni siquiera sabes de esto pero yo… Es mi culpa —el ceño de Edward se frunció— ¿Será por eso? —ladeé mi cabeza, intentando encontrar una respuesta—. Cada vez que cierro mis malditos ojos yo lo veo, gatito, como una puta película ese día se repite una y otra vez en mi cabeza…

—Nadie me dice realmente lo que pasó —su ceño se profundizó aún más—, quiero ayudarte, Isabella, pero no puedo hacerlo si sigo en la oscuridad en cuanto a todo lo ocurrido. Estaba tan confundido cuando me contaste sobre Russo, tengo tantas preguntas —sus ojos volvieron a posarse en mi—, ¿puedes contarme todo una vez lleguemos a casa?

Asentí, encendiendo el auto una vez más.

—Cuando lleguemos a casa.

. . . . . . .

Tal vez pueda hacerla de señuelo…

No —Capo desechó mi idea inmediatamente—, ni lo pienses.

Si no era Minino o papá, era este idiota.

¿Quién demonios se creía?

Bueno, joder, tu fuiste quien dijo que el idiota me quería a mi —me encogí de hombros—. Deberíamos intentarlo, ¿no lo crees? Siempre puedes tener a tu ejercito esperando en caso de que quiera secuestrarme o algo —alcé mi puño—, tampoco es como si no pudiera defenderme…

Escúchame, Bella —Alec se puso de pie y se detuvo frente a mi. Yo estaba sentada, lo que lo hacía parecer mas grande de lo que era, se veía putamente intimidante, tampoco ayudaba mucho que tuviera el jodido ceño fruncido porque claramente yo había dicho algo para cabrearlo—, ya habíamos hablado de esto.

Entonces, ¿qué pretendes? ¡Han pasado días y aún nada! No puedo seguir esperando, Capo, mi paciencia es jodidamente limitada y la estoy perdiendo —pasé mis manos por sobre mi rostro con exasperación—. Sabes que puede funcionar.

Lo sé —asintió contrariado—, eso es lo que me asusta. Cara, ¿por qué te quiere este tipo?

Me encogí de hombros.

Qué se yo —desvié la mirada—, puede que haya ayudado a su hija a escapar de sus garras —Alec me observaba con incredulidad por las cosas que estaba soltando—, puede que le haya dicho una que otra cosa para enervarlo —maldijo por lo bajo con su cargado acento italiano—, en fin, pueden haber sido tantas cosas…

Eres increible.

Estúpida, si, ¿increible? No lo creo

Lo eres —negó con su cabeza, el asombro cubriendo sus facciones—, malditamente increible.

Por alguna jodida razón, me sonrojé por sus palabras. Bufé y apoyé mi barbilla en una de mis manos, tratando de esconder mi maldito rostro. Pero en ese preciso instante sentí una punzada de dolor en mis costillas cuando un codo se clavó en ese lugar de mi cuerpo sin piedad alguna. Dolía como la puta madre. Miré hacia mi izquierda donde se encontraba la maldita culpable, me sorprendí al encontrarme a Tink observandome con una cara de pocos amigos.

¿Es que además tenía el descaro?

¿Y a ti qué demonios te pasa?

Nuestro gatito está en el jodido hospital, tu, arpía —arqueó una de sus cejas en mi dirección. Abrí mis ojos completamente ofendida—. Esto es estrictamente profesional —apuntó de Alec a mi con su dedo—, tendré mis putos ojos en ustedes.

Miré a Capo sin poder creer lo que Alice estaba implicando.

Una pequeña sonrisa bailaba en sus labios.

. . . . . . .

—Me gustaría saber por qué insistes en que todo esto es tu culpa, cariño.

El ni siquiera me había dejado cerrar la puerta.

Finalmente habíamos llegado a nuestro hogar. Se sentía tan extraño todo, era la primera vez que Edward estaba en casa luego del accidente. Debería estar feliz de que finalmente las cosas estaban volviendo a ser como eran, pero me sentía sumamente nerviosa porque sabía la mierda que venía a continuación. Tomó asiento en uno de los sofás que estaban en la sala de estar, con la espalda recta me observó fijamente y esperó a que yo hablara. Me senté en el sofá frente a él y comencé a jugar con mis manos sobre mi regazo.

—Bueno… ¿Recuerdas cuando te conté cómo sacamos a Rose de esa casa? Antes de… —asintió a mis palabras antes de que pudiera formular la oración completa— Cuando estábamos por salir de esa jodida casa, Hale se me acercó y me dijo "Ya nos veremos otra vez, cariño" —hice una mueca de asco al recordarlo—. Yo realmente no le tomé importancia a eso, digo, ¿por qué iba a hacerlo? Hasta que tuve que contar tantas veces la maldita historia que un día me pregunté por qué demonios me había dicho eso…

—¿Y así llegaste a la conclusión?

—No, fue Capo en realidad —rasqué la parte trasera de mi nuca y desvié la mirada—. Edward…

—Hay algo que no me has dicho, ¿verdad?

Uh-huh —asentí quedito—. No quiero que te molestes conmigo, gatito, yo tenía que hacerlo…

—Me aterra escucharte decir eso.

—Lo sé —caminé hacia él y tomé asiento a su lado—, pero esta vez no tenía otra opción. Tu estabas… estabas… ¡ahí! —solo recordarlo tirado en esa maldita camilla me hacía doler el alma— Yo no podía dejar que las cosas quedaran así, bebé, ese maldito bastardo tenía que pagar por lo que te había hecho.

—Rompiste las reglas.

—Lo hice, si —asentí bajo su escrutinio.

—Amor… —sus ojos acongojados me supicaron que gana sus palabras— te pusiste en peligro, nuevamente.

Sip, hice eso también —suspiré y me recargué contra el hombro que sostenía el cabestrillo— Yo… —mordí mi labio inferior, era ahora o nunca— Yo fui una especie de señuelo —lo sentí tensarse, comencé a jugar despreocupadamente con su mano buena—. Rosalie fue un punto clave en esto, ella nos ayudó mucho —recordé ese día con detalle, como había llegado a casa con una enorme panza, dispuesta a revelar sus secretos para servir de ayuda—. Nos contó detalladamente el sucio juego de su progenitor, fue… repulsivo… —me estremecí, recordando— Yo pensé que…

—¿Bella?

—Yo realmente pensé que iba a morir, ¿sabes? —comencé a hablar más rápido de lo normal debido a los nervios— Digo, joder, el cabrón me tomó y…

—Espera, espera… —Oh, yo había despertado al león. Minino me observaba con incredulidad sin poder tragarse mis palabras— Repite lo que acabas de decir exactamente… ¿El te tomó? —la última palabra salió a la fuerza de su boca, como si realmente no creyera lo que estaba escuchando— ¿Puedes, por favor, explayarte en ese punto?

Suspiré temblorosamente, armándome de valor para hablar sobre lo que venía.

. . . . . . .

¿Rosalie?

La rubia estaba de pie frente a la puerta de entrada, su enorme barriga sobresalía con creces en el vestido maternal que vestía. Estaba un poco fresco y me preocupaba que estuviera en la calle en su estado. No sabía qué estaba haciendo aquí sinceramente. Rosalie necesitaba el resposo que el doctor le había recetado para poder terminar con su embarazo sin ninguna complicación, luego de lo sucedido había colapsado en la sala de espera del hospital. Muchas emociones en un día para una mujer embarazada.

¿Qué coño hacía de pie en la entrada de mi puta casa?

Yo iba a mandarla de una patada en el culo a su maldita cama a descansar, joder.

Algo debió ver en mis ojos que la hizo levantar una mano frente a nuestros cuerpos, su palma estirada hacia mi, frenando cualquier mierda que haya querido salir de mi boca.

No me mires así, me necesitas —alcé una de mis cejas en su dirección al escuchar su tono lleno de seguridad en si misma—. Conozco a ese hombre mejor que nadie, yo puedo ayudarte, Bella —la determinación que vi en sus ojos me hizo estremecer—. Estoy harta de tener miedo, lo quiero ver acabado tanto como tú —tragó saliva y enderezó su espalda—. Hago esto por mi… Pero en especial por Edward.

Se suponía que nadie más sabía del plan que estábamos llevando a cabo con ayuda de Capo.

Me apoyé en mi pie izquierdo, cambiando mi peso de lugar, haciendome la desentendida.

Mira, Rosalie, agradezco tu entusiasmo pero no sé de qué me estás hablando y …

No iré corriendo donde el sheriff a contarle lo que su hija está tramando, si es lo que crees —mordí mi labio inferior cuando vi su sonrisilla de sabelotodo—. Además, estoy con Emmett, ¿creíste que no me iba a contar sobre esto? —frunció su entrecejo y dio un paso hacia adelante— Es mi primo el que está en el hospital, fue… ese hombre… quien le produjo daño. Esto me compete tanto a mi como a ti, Isabella.

Ella tenía un punto, eran familia después de todo.

Está bien —me hice a un costado y gesticulé con mi brazo—, adelante.

Rosalie entró a la casa y caminó tras de mi hacia la cocina donde se encontraban los demás.

¿Por qué estás aquí y no estás acostada? —Ese fue Grizz, quien se puso de pie inmediatamente al ver a la rubia ingresar a la habitación— Sabes que no puedes tener sobresaltos, ángel, ¿qué haces? —Mi oso llegó hasta donde su chica, dejó un beso sobre su cabeza y la ayudó a sentarse en uno de los taburetes.

¿Necesitas alguna almohada?, ¿algo? —Rosalie negó con su cabeza y me dio las gracias. Grizz estaba por hablar pero lo interrumpí antes de que pudiera hacerlo— No me hables, tu, jodido bocón —lo apunté con mi dedo índice acusatoriamente y él solo atinó a hacer un puchero con sus labios.

Yo no creí que ella realmente se involucraría en esto —Grizzly observó a su chica con el ceño levemente fruncido—, al menos no después de que el doctor dijera que nuestro bollito y su mamá necesitan descanso…

Tu sabes perfectamente que yo puedo ayudarlos, no podía quedarme haciendo nada —Emmett no tuvo palabras para la rubia después de esa verdad—. El doctor fue claro en decir que no debía hacer movimientos bruscos o realizar alguna fuerza desmedida. Solo estoy sentada aquí, Emm —sonrió inocentemente hacia mi oso quien no tuvo más remedio que aceptar lo que ella decía. Joder, lo tenían agarrado de las bolas completamente. Rosalie le dio una curiosa mirada a Alec, quien estaba sentado frente a ella al otro lado de la encimera—. Y ya que ustedes no saben presentar… Mi nombre es Rosalie —estiró su estilizada mano hacia el italiano, quien la tomó educadamente entre la suya a modo de saludo—, Rosalie Hale.

El entendimiento brilló en los ojos de Capo.

Encantado —hizo un ademán con su cabeza—, Alec Russo —carraspeó y entrelazó sus dedos, apoyando ambas de sus manos sobre la mesa. Observó a Rose detenidamente antes de volver a hablar— Entonces, Rosalie Hale, soy todo oídos.

. . . . . . .

¿Rosie?

Asentí ante la incrédula mirada de Edward.

—Me sorprende que Rosalie también estuviera metida en esto, ¿qué fue lo que hizo exactamente? —Minino me obligó a mirarlo, sujetando mi barbilla con sus dedos delicadamente. Dejó un pequeño beso sobre mis labios y luego pasó su pulgar sobre ellos— ¿Qué fue lo que Rose dijo para que llevaran a cabo esta locura?

—Ella nos contó sobre Hale —me encogí en mi lugar—, algo así como ¿su modus operandi? —me estremecí recordando las palabras de la rubia— ¿Tu sabías que Rosalie no es la única? —Edward ladeó su cabeza levemente sin entender mis palabras— Ya sabes a que me refiero, de que ella no es la única que sufrío a manos de ese cabrón mal parido…

Los ojos de Minino se oscurecieron por completo.

El agarre en mi barbilla se afianzó.

—¿Te hizo algo? —me preguntó, casi en un murmullo de voz. Negué lentamente con mi cabeza a su pregunta— Isabella —con la mandíbula tensa y su voz un poco más ronca de lo normal, volvió a preguntar—, tu me lo dirías, ¿no? Si algo hubiera pasado, si ese hombre si quiera se atrevió a…

—Bebé, no soy yo —besé sus labios para tranquilizarlo y proseguir con mi relato—, no fui yo —tomé sus manos entre las mías y continué—. Fueron… chicas que no conocemos —comencé a jugar con los dedos de Edward distraidamente—. En palabras simples y para no ahondar en esto, porque joder realmente no quiero recordar la cruda historia al pie de la letra, era un sucio cerdo que merecía pudrirse en la puta cárcel.

Minino quedó pensativo por unos segundos.

—Recuerdo a papá mencionar una vez la obsesión que este tipo tenía con tía Irina cuando eran adolescentes, cuando la conoció —sus lindos ojos se posaron sobre mi—. Tía Irina y Rosie son muy parecidas fisicamente…—entrecerró sus ojos levementes, como si algo hubiera hecho clic en su cerebro— ¿Estoy yendo por el camino correcto?

Asentí a sus palabras.

No pude evitar recordar ese momento.

El momento exacto en el que Rosalie nos explicaba lo enfermo que era el jodido Riley Hale.

. . . . . . .

—… Mamá siempre fue hermosa —Rosalie comenzó a jugar con sus anillos, los giraba entre sus dedos sin darse cuenta realmente de lo que estaba haciendo—, padre solía decirme lo mucho que me parecía a ella desde que era muy pequeña… —mi cuerpo se estremeció involuntariamente— "Tu cabello rubio es tan hermoso como el de tu madre, mi Rosie" —Rose comenzó a recitar oraciones sueltas con un tono monótono, las cuatro personas restantes que nos encontrabamos en la habitación junto a ella permanecíamos en completo silencio— , "serás igual de bella que ella, mi dulce Rosie", "te estás convirtiendo en la mujer que tu madre solía ser, cariño" —sentí la bilis subir a mi boca.

No había palabra para describir al hijo de puta.

Supongo que no pudo soportar que mamá, al igual que todos, envejeciera —se encogió sutilmente de hombros, sus ojos dejaron de estar clavados en la mesa para posarse en cada uno de nosotros—. Y yo estaba creciendo para ser su viva imagen…

Asqueroso hijo de puta —murmuró Grizzly entredientes completamente asqueeado—. No tienes que seguir, cariño —Grizz colocó sus manos sobre las de ella, dándoles un suave apretón— Podemos hacernos una idea con todo lo que has hablado ya… —Rosalie negó con su cabeza.

Eso no es todo, Emmett, hay más —carraspeó y prosiguió—. Yo era una cría cuando comenzó a decirme ese tipo de cosas, lo veía como un halago, ¿qué niña no quiere lucir tan linda como su madre? —su barbilla tembló y una amarga sonrisa se posó en sus labios— Que ilusa fui al no percatarme de lo que realmente estaba sucediendo…

Hey, detente ahí —resoplé por sus palabras, ella no estaba malditamente culpándose por lo enfermo que era su padre, no lo estab haciendo o yo iba a patear su culo— Tu lo dijiste, Rose —fue mi turno de colocar mi mano sobre la suya, reconfortándola. Sus azules ojos se conectaron con los míos—, eras una niña, no tenías por qué saberlo —resoplé—. Que jodida mierda…

Yo nunca supe realmente si mis sospechas eran ciertas, si el estuvo involucrado o... o simplemente venía haciendo esto desde hace mucho tiempo… —el ambiente se tornó siniestro de un momento a otro— Vivíamos en Seattle cuando comenzaron a cambiar las cosas. Por las noches los escuchaba discutir en su habitación, siempre cuchicheos bajos, nunca gritos. Odia los gritos, realmente los odia Bella —fruncí el ceño por el tono cubierto de terror que utilizó—. Las noticias eran bastante claras al respecto, chicas comenzaron a desaparecer por el condado, principalmente universitarias…

Oh joder.

Oh-joder.

Yo… —se removió incómoda en el taburete— Tenía alrededor de 14 años cuando, una noche en la que mis padres estaban nuevamente teniendo una de sus conversaciones en el piso inferior, me puse a curosear dentro de su habitación. Ahí fue cuando lo encontré, escondido bajo uno de los grandes estantes que tenía en la pieza había una cajita, era una simple caja de cartón decorada con niñerías que había hecho en el jardín de infantes para el día del padre —soltó una risita cargada de amargura y tristeza—, él ocupaba el maldito regalo que yo le di para guardar sus tesoros.

¿Sus tesoros? —Capo preguntó, quitandome la palabra de la boca.

Aros, anillos… —sus manos temblaban sobre la mesa— Mechones de cabellos rubios atados meticulosamente con un lazo de color rosa, cada uno de ellos… Eran más de diez —un escalofrío recorrió lo largo de mi columna vertebral, me abracé para detener el frío que se apoderó de mi cuerpo súbitamente—. Ese día aprendí la clase de monstruo que él era, cuando me encontró en su habitación con esa maldita cosa en mis manos y vi sus ojos supe que estaba acabada. El hombre que cerró la puerta tras de si y se alzaba frente a mi era un extraño, y yo estaba sumamente aterrada... Y pasó lo que ya saben —me encogí en mi lugar al escucharla hablar de eso tan desinteresadamente—. Al día siguiente estábamos en Forks, empezando una "nueva vida".

¿Qué pasó con esa caja? —preguntó Alec, sin dejar de observar a Rosalie, quien se encogió de hombros con nerviosismo— ¿Estás segura que no lo sabes?, si ponemos nuestras manos en ella esto sería sumamente sencillo, cara —sus ojos se posaron en mi esta vez.

Rosalie dejó de vivir con sus padres cuando estábamos en secundaria —comenté—, no creo que esté mintiendo, Capo, ¿realmente piensas que alguien querría tener relación alguna con esos cabrones luego de todo lo que ha pasado? —miré a Rose esta vez— Minino me dijo que ese bastardo había sido procesado por fraude con su empresa y lo que te hizo… ¿Nadie nunca supo que él…

No, desde esa noche que no volví a ver esa caja, nos mudamos repentinamente, estábamos lejos de Seattle… Cuando ocurrió todo lo del juicio, cuando tuve que declarar, mencioné ese episodio que había desencadenado la ira de padre —sus manos se transformaron en puñas sobre la mesa—, nadie hizo nada al respecto, tal vez no me creyeron.

Joder —murmuré sin creer todo lo que estaba pasando.

Este tipo realmente era un monstruo y nadie lo había hecho pagar por eso.

¡Y andaba malditamente suelto por ahí!

Hay algo que no estoy entendiendo… —Tink se puso de pie y comenzó a pasearse por la sala con las manos ancladas en su cintura. Ella creía que estaba en alguna mierda como CSI, yo podía verlo en su puta postura, si no fuera por la situación ya estaría riendo por su comportamiento— Al cabrón le venían las rubias, ¿qué tiene que ver B en todo esto?

Oh —Rosalie alzó una ceja en mi dirección—, a padre le encanta corregir niñas problema.

Mierda.

Lo que me faltaba.

. . . . . . .

Minino abría su boca como un pececillo, intentando decir algo, tratando de que sus cuerdas vocales hicieran algún sonido, pero después de unos segundos no decía nada, sellaba sus labios y hacía una mueca de desaliento. Su rostro estaba plasmado de emociones, podía ver la rabia contenida en sus ojos, la confusión al escuchar el relato, la incredulidad ante una situación que debió haber terminado hace muchos putos años pero por la incompetencia y sucesos de la vida, no había sido así. Claramente el no estaba al tanto de la historia completa, probablemente nadie más lo sabía hasta hace poco.

Edward tomó mi mano firmemente entre las suyas.

— ¿Cómo se supone que permanezca tranquilo?, si conecto todos los puntos no hay manera de que piense que ese tipo no te hizo nada —desvié la mirada para que no viera a través de mi— ¡Demonios, Isabella! —se puso de pie súbitamente, sobresaltandome en el camino. Minino desordenaba su cabello furiosamente con su mano libre y murmuraba por lo bajo. Vamos a omitir que había usado una palabrota— Dime la verdad, necesito saber la verdad.

—Aún no termino de contarte cómo fueron las cosas…

—Solo… —Minino permaneció de pie frente a mi— Por favor, dime que no te hizo nada —asentí a sus palabras, tratando de hacerlo entender. Claramente no quedó contento con eso—. Dímelo, Isabella, quiero escuchar las palabras salir de tus labios —se arrodilló frente a mi y escondió su cabeza en mi regazo—. Por favor, amor, dime que no te hizo daño…

—Bueno, yo podría decirlo…—acaricié su cabello suavemente, mi gatito se estaba comportando como un niño pequeño. El levantó su cabeza con suma lentitud, casi como si no quisiera en realidad saber la respuesta a su pregunta, porque en el fondo ambos sabíamos cuales serían mis siguientes palabras— Pero a ti no te gusta que te mienta, Minino.

Su rostro decayó en un segundo.

—Por favor no llenas esa cabezota tuya de ideas erróneas, ¿si?

—P-Pero tu me acabas de decir…

—Me pediste que te dijera que no me hizo daño, y bueno, si lo hizo, pero no de la manera en la que tu estás pensando gatito —arrguué mi nariz a modo de desagrado—. Vamos, Minino —le di un juguetón toque a su nariz—, ¿es que acaso no me conoces?

Yo siempre daba la pelea, joder.

—¿Y cómo…

—Te lo dije, aún no termino de contar el relato —asintió y siguió escuchándome atentamente, sin moverse de su nuevo lugar—. Rosalie nos habló de lo religiosos que era la familia por su lado paterno. Casi me caí de culo porque, joder, ¿existe alguien más religioso que Carli? —Edward soltó una pequeña risita por lo bajo. Sonreí al haber logrado mi cometido— Tu prima nos contaba que ella creía que todo recaía ahí, en la formación de ese…monstruo.

—¿Por qué Rosie pensaba eso?

—Las chicas que se perdieron por Seattle —las cejas de Minino casi formaron una al juntarse—. Rosalie nos contó que claro, estas nenas lucían como la ama de casa americana perfecta, pero solo por fuera —Los ojos de mi gatito se abrieron de par en par—, cada una de ellas tenía un historial consigo, una manchita en su hoja de vida que las hizo el blanco perfecto para este cerdo asqueroso.

Se una buena chica, Rosie.

Abrí mis ojos con conmoción por el pequeño susurro que dejó escapar Minino.

—Rosalie nos dijo que ese cabrón…

—Si —asintió con pesadumbrez—, ese hombre solía despedirse de esa manera con Rose… Dios…—tomó su cabeza entre sus manos, lucía abatido— ¿Cómo puede ser posible que nadie haya hecho algo?, ¿cómo diantres le dieron la libertad condicional a ese… ser despreciable?

—No lo sé, gatito —tomé su rostro entre mis manos y dejé un beso sobre sus labios—, pero ya ves, ¿no?, ¿entiendes de qué va todo esto? —me encogí de hombros despreocupadamente— No seré rubia pero tengo tantas jodidas manchas que ya parezco un dálmata —le sonreí con diversión, tratando de aligerar el puto ambiente, pero obvio que esta vez no conseguí que riera.

Haciendo caso omiso a mis palabras, habló.

—¿Qué fue lo que ocurrió después?

Bueno.

Después de unos días entendimos que no era necesario buscar al cabrón.

El llegaría so-li-to.

. . . . . . .

Cara…

No puedes detenerme, Alec. No lo hizo Minino y con un demonio que lo harás tu —su rostro se crispó y sus labios formaron una fina línea. Oh mierda, yo había traído al verdadero Capo a la superficie—, y no me mires así, joder, no soy uno de tus putos lacayos que corre apenas te pones un poco molesto —dio un paso hacia mi, di un paso hacia atrás por inercia—. Ya va, deja eso, te hace ver más viejo.

Una vena pulsó en su sien.

Estás tentando tu suerte, mia bella —me apuntó con su dedo índice—, nosotros tenemos un trato. Isabella Swan no rompe sus tratos, ¿o me equivoco, principessa?

Un trato que no corre porque no fuiste tu quien lo encontró, ¡llegó solito! —sostuve mi teléfono celular en el aire mientras le mostraba la pantalla con el mensaje del maldito bastardo de Hale— Y no soy tuya, deja de llamarme así.

Solo déjame hacerlo, Bella —esta vez no me alejé cuando se acercó a mi. Estiró sus brazos con reticencia, me miraba fijamente esperando una reacción de mi parte, probablemente una violenta ya que estaba poniendo sus manos en mi. Le dio un suave apretón a mis brazos, sus ojos me observaban con súplica—. Sabes que no estoy solo, cara —sus manos comenzaron a frotar mis brazos de arriba hacia abajo suavemente. Cerré mis ojos por la sensación, recordando como Minino solía hacer eso para que me tranquilizara—Yo… te lo debo, déjame hacer esto.

Abrí mis ojos.

Su rostro se había acercado peligrosamente al mio.

¿Qué estás haciendo? —murmuré observándolo con el ceño fruncido.

Nada —se alejó de mi tan rápido que por un momento creí haber alucinado—. Tu chico tampoco querría que te expusieras al peligro, Bella —me encogí mentalmente porque el tenía toda la maldita razón en eso—, menos por él. Deja que yo me encargue.

Riley me está hablando a mi, Capo —el mensaje no dejaba duda alguna—. Yo he visto estas mierdas en las películas, ¿sabes? Siempre que el puto idiota al que le dijeron "Ven sin acompañantes" va acompañado alguna puta mierda pasa y acaban ahí todos muertos o no sé, peor.

El mensaje de texto que había llegado a mi teléfono celular no decía mucho realmente, tampoco era como si estuvieramos completamente seguros de que se trataba de la basura de Riley Hale. Era de un número desconocido y en el mensaje solo se leía una dirección y hora. Suponiendo que esta jodida "cita" estaba agendada para el día de hoy, me quedaban exactamente seis horas para pensar en qué demonios hacer. La idea de Capo era muy tentadora, pero ahora entendía que este tipo era verdaderamente peligroso, no era un juego. Algo quería de mi y si juntarme con él significaba que nadie más saldría herido, joder, soy toda suya. Estaba harta de todo esto, estaba harta de las pesadillas. Solo quería a Minino de vuelta en casa, con nuestros enanos, tal y como estábamos hace apenas unos putos días atrás.

El no tiene por qué saber que iremos contigo, cara —una socarrona sonrisa ladeada se posó en sus labios—. ¿Crees que soy un principiante en esto?, ¿quieres que te recuerda que he vivido y conozco mucho más que tu? —encendió un cigarrillo y dejó salir el humo lentamente— Ese bastardo no tiene idea a quien se enfrenta, amore.

Entonces, ¿cuál es el plan?

. . . . . . .

—¿Por qué luces molesto?

—Porque cada vez que mencionas a Russo una expresión triste se apodera de tus facciones y no me gusta eso. Siento que me estoy perdiendo de algo —entrecerró sus bellos ojos hacia mi persona—, sé que no puedo saberlo todo pero odio sentirme así…supongo que simplemente estoy celoso —casi chillé cuando vi como sus mejillas se tornaban de un exquisito color rosa, yo sinceramente había extrañado tanto ver eso. Me senté en el sofá junto a el, se removió en su lugar con nerviosismo—. O-Olvídalo, ¿si?

—¿Por qué tendrías que sentirte celoso, corazón?

—Solo… Lo siento, el hecho de saber que todo esto sucedió mientras yo estaba tendido en una camilla del hospital… —comenzó a jugar con sus manos que estaban sobre su regazo— ¿Y si algo realmente malo te pasaba? Yo no estaba ahí para ayudarte, cariño, pero… —movió su cabeza en negativa una vez más— Bueno, al menos tenías a alguien junto a ti que estaba dispuesto a protegerte sin importar el costo —sentí una pequeña punzada en el corazón por lo real de sus palabras. Una triste sonrisa levantó la comisura de sus labios—. Sigamos… ¿cuál fue ese plan?

Ahora venía la parte dificil.

Bueno, ya sabes —le resté importancia con un movimiento de mi mano—, yo tenía que juntarme con el desgraciado.

Por supuesto que tenías que hacerlo —Minino negó con su cabeza suavemente—, ¿Charlie estaba al tanto de la situación?

Lo miré con una cara de "¿Qué crees tu, genio?"

—Isabella… Dios

—¿Me dejarás terminar o no? —soltó un pequeño "lo siento" y guardó silencio— La idea era bastante simple, joder, al menos sonaba simple en nuestras cabezas: Yo me juntaba con el cabrón, Capo y sus amigos la hacían de guardaespaldas, esperábamos por la ocasión perfecta para atacar y ¡boom! Ellos se encargaban del estorbo —me encogí de hombros—. Suena fácil, ¿no?

—¿Cómo se encargarían del estorbo, exactamente?

—No lo sé, Minino, hay cosas que mejor no se preguntan si no quieres saber la respuesta realmente.

Nunca quise saber con certeza lo que Capo tenía en mente.

Tampoco era idiota como para creer que todo iría de maravillas, que tendrían una amena charla y el sucio bastardo iría a entregarse a la comisaría sin rechistar. Conocía a Alec, diablos, sabía de lo que era capaz cuando estaba en modo negocios, ese hombre no temía ensuciarse las manos. Quizá por eso estaba tan confiada, quizá eso hizo que pensara que todo saldría bien, que tal vez solo serían unos rasguños y listo, ilesos completamente…

…Pero las cosas no fueron así.

. . . . . . .

¿Hola?

Había llegado al lugar al que me habían citado.

Sola.

Se suponía que Capo andaba por el perímetro con sus lacayos, realmente esperaba que fuera así o yo le rompería esa linda cara que tenía por dejarme sola en esto. Decidimos que lo mejor era dejar al resto fuera de esto, era demasiado peligroso como para involucrarlos. Nadie sabía del mensaje que Riley Hale me había enviado aparte de Capo. Nadie sabía que estaríamos aquí en este preciso momento. Minino estaría con un ataque cardiaco en estos momentos, si estuviera conciente. El lugar era tétrico, estaba ubicado a las afueras de Port Angeles, parecía un estacionamiento abandonado hace miles de años entremedio del bosque. Era un escenario sacado directamente desde alguna película de terror. Y yo era una maldita miedosa. Dio un leve respingo cuando divisé unas luces rojas de algún automóvil encenderse a lo lejos, solo tiltilaron en la oscuridad por unos modestos segundos y se volvieron a apagar. Sentí un escalofrío correr por toda la extensión de mi columna vertebral y los vellos de mis brazos se pusieron en punta.

Justo ahí, donde antes había visto las luces, estaba de pie el mal nacido de Hale.

Me observaba desde lo lejos, estudiándome, probablemente pensando en qué demonios hacer conmigo. El lucía un carísimo traje de vestir color negro, su cabello rubio blanquecino estaba peinado pulcramente hacia atrás, y sus ojos azules eran más fríos de lo que recordaba en casa de King.

Comenzó a caminar hacia a mi.

Nos volvemos a ver, cariño —casi hice una harcada a sus palabras. El rubio hombre se acercó a mi con parsimonia, como si tuviera todo el tiempo el mundo, sus zapatos de vestir repiqueteaban contra el cemento—. Creo que no tuvimos la mejor de las presentaciones —sonreí burlescamente— Dime, ¿cómo está el muchacho?

Me hirvió la sangre.

Tu, viejo de mierda —lo apunté con mi dedo índice y di un paso hacia adelante— ¡No tienes ningún puto derecho a preguntar por Minino!, no tienes derecho ni siquiera a pensar en él, cobarde hijo de puta.

Chasqueó su lengua con desagrado y dio un paso más hacia adelante.

Vaya, vaya —meneó su cabeza sutilmente y luego apuntó mi rostro con su dedo índice, el cual tenía un enorme anillo de oro con una insignia en el— Habrá que hacer algo con esa sucia boca que tienes —sus ojos brillaron con malicia entre la oscuridad—, las señoritas no deben decir malas palabras —arregló los puños de su chaqueta y clavó los ojos en el Rolex que adornaba su muñec—. ¿Quince segundos son suficientes?

Solo supe que era el momento de jugar al gato y al ratón.

Joder, yo era el puto ratón.

Sin pensarlo dos veces me di media vuelta y corrí lejos de él. Agradecí internamente mi gusto por las zapatillas. Mientras buscaba algún lugar donde esconderme pensaba en las direcciones que me había apuntado Capo, él las había llamado puntos seguros. La luna alumbraba en lo alto del cielo, tan malditamente llena. Mi respiración era errática, estaba tratando con creces de controlarla para no delatarme, me encontraba en cuclillas tras una especie de cimiento de probablemente pertenecía a algún edificio en deterioro. Escuché unos pasos tras de mi, tranquilos, realmente era como si todo se tratara de un juego para el.

Tengo tantos planes para ti —la voz provenía desde mis espaldas. Sobresaltada me puse de pie rápidamente. Tragué saliva cuando reparé en lo que sostenía entre sus manos—, pero primero vamos a corregir esa boca que tienes —me apuntó con el maldito machete que descansaba en una de sus manos.

¡Que te jodan!

Sentí la adrenalina apoderarse de mi cuerpo.

Salí corriendo una vez más lejos de él, hasta que escuché el estrepitoso sonido de una bala ser disparada al cielo. Mi cuerpo se tensó visiblemente y mis pies simplemente dejaron de moverse. Estaba aterrada, nunca había sentido tanto maldito miedo en toda mi vida. Mi pecho subía y bajaba temblorosamente. Lo sentí tras de mi, su aliento golpear contra mi oído, sus dedos tocar la piel sobre mi hombro cuando corrió mi cabello hacia un lado. Estaba en algún estado de shock ya que por más que le indicara a mis putas extremidades que había que moverse ellas no hacían nada, ¡nada! Mi piel se erizó cuando sus dedos recorrieron mis desnudos brazos lentamente. Él estaba disfrutando todo esto, ¡el maldito bastardo!

¿Dónde demonios estaba Capo cuando lo necesitaba?

Su mano tomó mi barbilla firmemente desde atrás, mi espalda estaba completamente pegada a su cuerpo.

Mhmm —aspiró sonoramente junto a mi oreja—, las prefiero rubias —sostuvo un mechón de mi cabello castaño entre sus dedos—, pero puedo hacer una excepción contigo —su mano viajó hasta mi pecho y le dio un fuerte apretón que me causó dolor—. Nos vamos a divertir, cariño.

Lo que pasó a continuación fue todo muy rápido.

Yo ya estaba preparándome para cualquier cosa que fuera a pasarme, pero no fue necesario. Un nuevo estruendo se escuchó y la mano de Riley que me sostenía firmemente contra el me soltó. Tomé esa oportunidad para alejarme de su cuerpo, si que sangraba desde su hombro derecho, mi vista se disparó rápidamente haciala persona que estaba de pie tras nosotros. Sentí un enorme alivio al ver a Alec de pie tras nosotros, sostenía una pistola en sus manos, apuntaba directamente al hijo de puta de Hale. El rubio hombre se enderezó, sosteniendo su brazo, y soltó una enorme carcajada al cielo. Fruncí el ceño por su puto comportamiento, estaba jodidamente loco de remate.

Hasta que lo escuché.

Fueron tres disparos más.

Alec pestañeó repetidas veces y tosió sangre. Mis ojos se abrieron con terror ante la escena frente a mis ojos. Antes de desplomarse en el suelo Capo logró derribar al bastardo, un disparo conciso que dio de lleno en su sien y lo hizo desplomarse en el suelo al mismo tiempo que Capo caía también. Tras de él pude ver a Irina Cullen sosteniendo el arma que Hale había usado para disprarle a mi gatito, un grito desgarrador salió desde lo más profundo de la garganta de la mujer, soltó el arma que había estado en sus temblorosas manos y corrió al cuerpo de su marido.

Mis pies finalmente hicieron caso, me di de bruces en el suelo cuando intenté correr hacia el cuerpo de Alec que permanecía en el suelo.

Joder.

Joder, joder, joder.

Un charco de sangre lo rodeaba, el vestí de negro completamente, no podía saber con exactitud dónde demonios le habían disparado. Me arrodillé junto a él y apoyé su cabeza en mi regazo. Mis manos estaban siendo completamente inútiles debido a los temblores que el miedo ocasionaba en ellas, como pude abri las zolapas de su chaqueta. Hice una pequea mueca cuando vi su camisa cubierta de escarlata. Coloqué mis mans sobre su pecho y Capo soltó un pequeño ruidito a modo de queja. Sus ojos revolotearon un tanto idos hasta finalmente se enfocaron en mi. Estaba respirando erráticamente, con mis dedos ensangrentados saqué el celular de mi bolsillo y llamé a papá.

Isabella…

Por favor, por favor, puedes regañarme luego, puedes hacer lo que quieras conmigo luego —apreté firmemente el teléfono contra mi oído—. Se está muriendo papá y no sé que hacer… —miré de soslayo a la pareja que aún permanecían aquí con nosotros. Irina Cullen estaba en otro mundo llorando la muerte del bueno para nada de su marido, ojalá se pudriera en el maldito infierno— Ayúdame, te necesito…

Busca algo con lo que puedas hacer presión en la herida —Charlie suspiró con pesadumbrez al otro lado de la línea—, no te muevas de ahí Isabella, llegaré en unos minutos con refuerzos y una ambulancia —asentí a sus palabras aunque no pudiera verme—. Espero poder llegar a tiempo hija, realmente lo hago.

Yo también lo esperaba.

Hice caso a lo que papá me dijo, abrí la camisa de Alec para dejar al descubierto su ensangrentado torso. Me quité mi playera por sobre mis cabeza quedando solo en brassier, ni siquiera sentí el frío que corría en la noche. Doblé la prenda de ropa y la coloqué en la herida que más sangre soltaba de todas las que tenía. Era justo la que se encontraba en el centro de su pecho, las otras dos balas habían dado en lugares como su muslo y brazo. Pero la que lo había tomado justo en el pecho era la que más daño le estaba haciendo, salía tanta maldita sangre de ese pequeño orificio. Alec hizo una mueca de dolor por la presión que hice para detener el sangrado, alzó una de sus manos y encerró mi muñeca fuertemente.

Una vena palpitó en su sien.

Eres un estúpido, el más grande de los estúpidos, ¿lo sabías? Además estás solo, me dijiste que vendrías acompañado. ¡Coño, Alec, me dijiste que vendrías con tus putos perritos falderos! —mi voz tembló al final, lamí mis labios y suspiré para tranquilizarme— Cuando salgas de esta patearé tu culo, ¿me escuchaste?

Hice el intento de sonreír pero me era imposible.

Su cabeza descansaba laxa sobre mi regazo, me observaba fijamente sin decir palabras alguna. Sus ojos azules cada vez más apagados, la vida que se veía en ellos siempre desaparecía un poco a cada segundo que pasaba. Con una de mis temblorosas manos corrí el cabello de su frente, Capo cerró los ojos y soltó un débil suspiro en contento, el cual le pasó la cuenta ya que comenzó a toser sin fuerza, sangre corriendo por su boca. Sangre por todos los malditos lados. Era un imbécil, demonios, ¡se había efrentado solo al maldito enfermo de Hale! Escuché un murmullo y mi atención recayó nuevamente en el hombre frente a mi.

Cara… —negué con mi cabeza para que no hablara. Él me observaba con preocupación, sus ojos recorrían cada maldito centimetro de mi cuerpo. Estaba siendo igual de irracional que Minino, por todo lo santo, ¡es él el que está desagrándose en mis brazos y se preocupa por mi!

Estoy bien, Alec —su mano hizo el intento de acercarse a mi rostro. Me acerqué para que pudiera posarla sobre mi mejilla sin hacer más esfuerzo—. Esta es tu sangre, estúpido italiano —soltó una pequeña risita que trajo consigo más tos—. Ahora no hables, ¿si? Vas a salir de esta, cabrón, no por nada te llaman Capo, ¿no?

¿Dónde diablos estaba papá?

¿Dónde demonios estaba la maldita ambulancia?

A-Ambos sabemos que no lo lograré, cara —mis labios formaron una fina línea—. Está bien, tienes que dejarme ir…

No —comencé a negar con mi cabeza fervientemente—, no. Todo saldrá bien, ya lo verás. Podrás seguir rompiendo mis ovarios cuando quieras —mi vista se nubló debido a las lágrimas que se estaban acumulando en mis ojos—. Yo… Y-Yo podría incluso pensar en dejar que te acerques a Floyd —una lágrima rodó por mi mejilla—, el quiere mucho ese dinosaurio de peluche que le regalaste, ¿sabes? —sus ojos brillaron cuando le conté eso— Todas las noches duerme abrazado a el…

Una lágrima escapó de sus ojos y se perdió en su cabello.

L-Lo siento…

No te disculpes, diablos —limpié mi rostro con brusquedad—. Yo te perdono, ¿está bien? Ya nada importa, estás perdonado, incluso creo que podríamos ser amigos, ¿qué dices? —una pequeña sorisita bailaba en sus labios— Solo tienes que prometerme que vas a vivir —insistí—. Vamos, Alec —le di un pequeño golpecito en la mejilla cuando vi como sus párpados querían cerrarse—, no te duermas, estoy aquí.

Yo estaba aquí con él.

Joder, yo no iba a dejar que cerrar los putos ojos.

Lo s-siento tanto, cara —a estas alturas las lágrimas corrían con completa libretad por mis mejillas, sentía una presión horrible en el pecho, solo esperaba que esto acabara pronto. Capo intentó limpiar las lágrimas de mi rostro con su pulgar, estaba tan putamente débil—. Q-Quien diría que tendría a la gran B llorando por mi…

Cállate —una dulce sonrisa se posó en sus labios, posé mi mano sobre la suya y la sostuve firmemente contra mi mejilla—, prométeme que vas a vivir —hizo el amago de negar con su cabeza—. Alec, ¡promételo, demonios! —empuñé mis manos y las coloqué sobre su pecho.

S-Solo si me das un beso, cara.

Pestañeé repetidas veces a su petición que me sacó de onda. Observé su rostro cubierto de sangre, sus labios sin color y sus ojos entrecerrados. Más lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, la presión que sentía en el pecho se intensificó. Posé mis labios superficialmente sobre los suyos, un simple toque que no duró más de un segundos, cuando me alejé de el miré fijamente sus ojos, una pequeñas arrugas surcaban las orillas de estos debido a la sonrisa que se había plasmado en sus labios.

Había tanta maldita sangre.

Grazie… —su mano volvió a posarse sobre mi mejilla una vez más— Ti amerò sempre… (1)

Cerró los ojos y dio un último respiro.

Su brazo cayó a un costado, inmóvil.


(1) "Gracias... Te amaré siempre".


¡Buenas tardes!

Bueno, me demoré 1 año si lo redondeamos (?)

Pero con esto del fin del mundo y la cuarentena (ni tan cuarentena para mi porque igual me hacen ir al trabajo, malditos), parece que se me vino la inspiración a la mente. Quería llegar a las 15k palabras pero no pude porque ya se me secó el cerebro, de todos modos sigue siendo el capítlulo más largo, eh. Yo sé, yo sé. Sé que me van a decir que porque me demoro años tienen que leer todo de nuevo para entender algo y bueno, somos dos XDDDDD Pero weno, espero les guste el capítulo, es el más largo hasta ahora so al menos espero que compence en algo esta espera. Yo tengo, de verdad que si, todas las ganas de terminar Forks Ink y, nuevamente, de verdad que haré todo lo posible por hacerlo. Como siempre les digo, no puedo prometer alguna fecha de actualización porque pa' que les voy a mentir, ¿no? Si ya sabemos como me pongo jiji. Gracias miles a las que siguen por aquí, cualquier cosita ya saben, las leo en fb (volví a recuperar mi contraseña para el de Lambstown así que estamos tiki taka, solo tengo que dejar de perderla lmao)

Y bueeeno, como se habrán dado cuenta, este capítulo era más que nada para contar lo que había pasado realmente con Riley y Alec mientras Minino estaba en el hospital durmiendo como el bebé bonito que es. Bella si le tenía cariño a Capo, pa'que les voy a decir que no si sí, tuvieron historia, obvio que queda un poquito de cariño, pero más que nada a ella le duele el sentirse responsable por la muerte de Capo, ya que se supone que todo se desencadeno porque Riley se había kinda que encaprichado con ella. Aún hay muchas cosas por resolver, no hablé mucho de Irina acá porque eso ya viene eso en el otro capítulo, ahí no habrán tantos flashbacks como aquí, me ensañé ajajaja pero era necesario.

Como siempre les digo chiquis, me encuentran en facebook con el mismo nombres que tengo aquí "Lamb'stown" y también pueden encontrar el grupo en facebook donde subo adelantos y esas cositas (toda queja es aceptada, como por ej quejarse de esta oveja de desaparece sin dar aviso alguno), se llama "Welcome to Lamb'stown"

Y eso sería todo por hoy.

Mil perdones por la demora otra vezzz, ¡las quiero mucho!

Lamb~

PD: Para las chicas que me preguntan por "Se Busca: Bella Swan" Todo a su tiempo, ¿si? Vamos de a uno, por favor XDDDD