Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" Inkbella. OoC. TH. AU. Bella&Edward


Capítulo 41: Estás teniendo a mi bebé


You're Having My Baby – Paul Anka


Nuestras vidas siguieron.

Sip, así como si nada.

Bueno, tan así no.

Las pesadillas habían menguado al menos, un poco, aún había noches en las que despertaba completamente empapada a causa del sudor y con unos estúpidos temblores que sacudían mi cuerpo al rememorar todo. Pero esta vez tenía a Minino junto a mi, así que cada vez que eso sucedía, él me tranquilizaba dulcemente con toda la paciencia del mundo, susurraba palabras de aliento a mi oído mientras me abrazaba fuertemente y quitaba los mechones de cabello que se adherían a mi sudoroso rostro, me mimaba hasta que yo estaba en sus brazos otra vez lista para ir al mundo de los sueños. Era como una especie de rutina que había adoptado después de que hablamos sobre eso, yo no me quejaba en lo absoluto, me encanta lo lindo que podía ser y como con una simple caricia suya esas malditas pesadillas se iban al carajo.

Edward había quedado con una pequeña cicatriz en su hombro donde la bala lo había alcanzado.

Creo que tenía un problema con eso, lo encontraba malditamente sexy.

Pero aún estaba intentando convencerlo de hacer un cover up (1).

—Sabes que se vería genial —murmuré contra su pecho—, y aparte, tienes a los mejores tatuadores de tu lado, gatito, deberías aprovecharte de la situación —Minino soltó una suave risa con ese aterciopelado tono que me volvía loca.

—Solo quieres poner tus manos sobre mi, señorita —su lado juguetón salió a flote, le dio un pequeño toque a mi nariz con su dedo índice, una ladina sonrisa adornaba sus labios.

—No necesito esa excusa para hacerlo, digo… —levanté las mantas y observé nuestros cuerpos desnudos bajo ellas, cuando me topé con su mirada alcé mis cejas apuntando lo obvio, él me regaló uno de sus hermosos sonrojos y volvió a cubrirnos— Ayer no estabas así de tímido…

Mierda, yo incluso puede que esté un poco adolorida.

Escondió su rostro en la curvatura de mi cuello cuando el sonrojo se extendió hasta sus orejas. Era tan malditamente tierno, me lo quería comer, en el sentido literal de la palabra. Solté una risita y dejé un beso sobre su cabeza. El sol ya se asomaba por la ventana, sabía que en cualquier momento podían entrar los renacuajos y ver nuestros traseros desnudos sobre la cama, pero se sentía tan jodidamente bien estar así que, seh, a nadie le hacían mal unos cinco minutitos más.

Y claro, como si yo pudiera prever el futuro, la puerta se abrió bruscamente gracias a Floyd.

Ellos estaba a punto de saltar sobre nosotros en la cama, diablos.

—¡Alto ahí! —estiré uno de mis brazos frente a mi pecho con la palmas extendida hacia arriba, mientras que con el otro sostenía las sábanas firmemente contra mi pecho. Los niños se quedaron congelados en su lugar. Edward, el muy cobarde, estaba escondido tras de mí, probablemente intentando cubrir su cuerpo de la vista de los enanos. Tampoco era como si se viera algo, pero es Minino, no necesito decir más al respecto.

Floyd ladeó su cabeza y frunció el ceño.

—¿Y tu pijama? —me preguntó con la inocencia de un niño.

Pestañeé un par de veces, aturdida.

—Tenía calor —su ceño se frunció aún más.

No había encontrado excusa más patética, coño.

—¡Pero maaa'! —hizo sobresalir su labio inferior y se cruzó de brazos completamente enfurruñado— ¡Prometimos no quitarnos nuestros pijamas! —alzó sus brazos al aire con demasiado drama para ser cierto en un niño de su edad—, ¡lo prometimos por el meñique! —mordí mi labio inferior para no sonreír, afirmé firmemente la sábana contra mi pecho y me incliné para desordenar su cabello con una de mis manos.

—Papá tiene la culpa, ¿sabes? —me giré hacia Simba, su naranja cabellera estaba en todas direcciones, el seguía intentando esconderse tras de mi pero yo no iba a caer sola en esto, joder no. Me dio una mirada completamente mortificada cuando solté esa frase. Los acusadores ojos de Floyd se desviaron de mi hacia Edward, mi enano negó lentamente con su cabeza lleno de desaprobación.

—Solo porque papá no sabía de la promesa, ¿sí? —mi hijo entrecerró sus ojos y meneó su pequeño dedo índice de arriba hacia abajo, asentí entretenida a sus palabras— ¡Por el meñique! —Floyd estiró su meñique y lo entrelacé con el mío, él hizo lo mismo con Minino que lucía malditamente confundido, al igual que la pequeña Grace, que no había soltado palabra alguna ya que no entendía una mierda— ¡Tú también! —mi princesita entrecerró sus ojos con desconfianza.

—¿P-Por qué?

—Porque es una promesa en familia, tontita —Floyd entornó sus ojos, haciendo ver que lo que había dicho era algo sumamente obvio. Gracie asintió a las palabras de mi enano y entrelazó su meñique con el de él.

—Ahora, ¿pueden volver a sus piezas hasta que mamá y papá, uh, estén decente?

—¿P-Podemos venir luego? —preguntó Grace, en un apenas audible tono de voz mientras abrazaba un conejo de peluche contra su pecho. Le sonreí y asentí a sus palabras, acaricié su mejilla con mi mano libre y ella me regaló una de sus hermosas sonrisas, esas donde sus ojitos ni siquiera se ven de tan grande que es.

Así como llegaron se fueron, corriendo por el pasillo y dejando la puerta abierta tras de ellos.

Suspiré y me estiré sobre la cama con los ojos cerrados.

—Eso estuvo cerca…

—Estabas escondido tras de mi, Edward —hizo una mueca con sus labios, no sabía si por lo que había dicho o simplemente por lo llame por su nombre— Venga, levanta ese lindo traserito y mételo dentro de tu pijama —asintió, corriendo las sábanas para salir de la cama, hasta que recordó que estaba completamente desnudo, así que permaneció sentado sobre la cama con las sábanas arremolinadas en su regazo mientras se inclinaba al suelo para tomar su pijama.

—¿Qué es eso de los pijamas?

Pensé que lo había olvidado.

—En uno de nuestros viajes hicimos una parada en Arizona —tomé la playera que usaba de pijama y la pasé por sobre mi cuerpo—, Tucson específicamente. Ya sabes, Sur de América, un calor de puta madre —Minino asintió, escuchando mi historia atentamente—. Creo que fuimos justo en época de verano, Floyd tenía cuatro recién cumplidos —sonreí recordando a mi enano y sus regordetes cachetes—. Por las noches era insoportable, era algo que mi renacuajo hacía inconscientemente, pero cada vez que abríamos los malditos ojos por la mañana veíamos su blanco trasero al aire, primer plano —reí.

—¿Cómo así? —Edward ya tenía su pijama puesto, en sus ojos había un lindo brillo.

—Bueno, mientras dormía se quitaba la ropa —me encogí de hombros—, niños, ¿no? Pero eso provocó que se enfermara, el sudor, los cambios de temperatura… Así que para que no volviera a pasar hicimos esa promesa —le sonreí mientras me ponía de pie y estiraba una de mis manos hacia él—, también prometimos no volver a ese infierno llamado Arizona.

Tomó mi mano y juntos salimos de la habitación hacia donde estaban los niños.

—Tendremos que hacer eso alguna vez —lo miré un tanto confundida por sus palabras—, recorrer el país por carretera —alcé una de mis cejas en su dirección sin creer sus palabras—, aún no perdono que te hayas ido con Jasper, tienes que darme ese privilegio aunque sea una vez…

Me alcé en la punta de mis pies para dejar un beso sobre su mejilla.

—Cuando quieras, gatito, te llevaría hasta la luna si me lo pides.

Sus mejillas se tornaron de rosa.

—Eres una romántica —murmuró, claramente estaba extasiado con mis palabras.

—Sé que te gusta, bebé —una sonrisa socarrona alzó las comisuras de mis labios.

Finalmente les dimos los besos de buenos días a nuestros niños y bajamos los cuatro juntos a preparar algo para desayunar. Cuando digo "a preparar" me refiero a que Edward haría el desayuno y nosotros lo acompañríamos para que no se sintiera solo, obvio. Comimos entre risas unas ricas tostadas con zumo de naranja y café para nosotros dos. Miré el reloj de pared para verificar la hora, aún era temprano, tenía tiempo de sobra para prepararme e ir a la tienda.

—¿Te molesta si me llevo a los niños? —miré a Minino cuando la pregunta salió de sus labios—, quiero pasar un tiempo de calidad con ellos, hace bastante que no lo hago, quería llevarlos a algún lugar que pudiera gustarles… —agachó su vista y me observó entre sus pestañas— Solo si gustas, yo…

Entorné mis ojos.

Solo si gustas —me burlé copiando sus palabras, hizo un adorable puchero—, puedes llevarlos donde sea que quieras, no es necesario que me pidas permiso, recórcholis —me contuve de soltar una palabrota.

Una reluciente sonrisa apareció en su rostro y amé cada segundo.

—¿Qué dicen? —su atención estaba en los niños, aún comían de su cereal con leche—, ¿les gustaría salir con papá el día de hoy?

—¡Si! —chilló la pequeña Weasley, sus cachetes estaban inflados debido a la comida.

—¿Mamá? —Floyd me observaba con curiosidad. Le hice un gesto para que supiera que tenía mi atención— ¿No vienes? —negué lentamente con mi cabeza, algo en su carita decayó— ¿Por qué?

—Tengo que ir a la tienda, enano —hizo sobresalir su labio inferior nuevamente, pequeño embaucador—, ¿tan malo es salir con papá? —negó repetidas veces con su cabeza— Sé que puede ser un aburrido —Minino entornó sus ojos por mis palabras—, así que es tu deber hacer de esta salida algo fantabuloso para que Gracie no se aburra.

Floyd miró a Grace y luego clavó sus ojos en mi.

—Tienes razón, ma' —asintió y siguió comiendo de su cereal—, no podemos dejar que papá aburra a Grace.

Solté una enorme carcajada, Edward solo negó con su cabeza.

Una sonrisa bailaba en sus labios.

. . . . . . .

Cuando llegué a la tienda solo Tink estaba ahí.

Dejé mis cosas en el mesón y me acerqué a ella.

—¿Grizz?

—Lo de siempre —suspiré sonoramente—, fue a Port Angeles a "buscar algo" —hizo comillas con sus dedos.

—Ese puto cabrón… —me desparramé en el sofá— Juro que si anda en alguna mierda extraña yo patearé su trasero —la apunté con mi dedo índice—, y tendrás que ayudarme, porque él es un maldito mastodonte y yo no podré sola con todo eso…

—Patearemos su trasero, fuerte y claro —Alice me entregó unos papeles—, tenemos agendados algunos trabajillos para hoy, deberían llegar… —la puerta de entrada se abrió y la campanilla repiqueteó por el acto— justo ahora —una felina sonrisa apareció en el rostro de mi hadita.

A la tienda venían entrando dos chicos.

Uno de ellos, el que era más bajo y lucía un cabello hasta los hombros, tenía una expresión en su rostro de estar malditamente asustado. El otro, que era mucho más alto y de cabello corto, podría incluso decir que su estructura corporal era muy similar a la de nuestro osito, jalaba de su mano intentando hacerlo mover desde la posición en la que se encontraba. Con Alice observábamos toda la situación con suma entretención. Diablos, no era el primero ni el último que quería salir corriendo despavorido a la sola mención de un tatuaje.

—Uhm, ¿hola? —alcé una de mis manos a modo de saludo, el chico alto me sonrió.

—Lo siento por él, es un bebé —sus ojos brillaban con diversión mientras miraba a su compañero—. Pero es mi bebé, así que no hay nada que puedo hacer al respecto —Tink y yo reímos cuando el chico más bajo golpeó ligeramente el brazo del alto con su puño— Mi nombre es Félix, él es Marcus…

Marc, solo Marc —murmuró entre dientes, entrecerrando los ojos hacia su chico.

—Tu fuiste quien propuso esto, sabes…

—Si, bueno —se encogió de hombros y nos dio una pequeña miradita de soslayo—, creo que ya lo pensé mejor…

—¡Venga!, ya estamos aquí —Félix jaló con más fuerza y finalmente logró que el otro chico se moviera. Marcus soltó un suspiro lleno de resignación mientras lo seguía—. Venimos por uno de esos —apuntó mis tatuajes—, uno pequeño o si no se nos muere —lo volvieron a golpear por hablar de más.

Marc sacó un papel arrugado desde el bolsillo de su desgastada chaqueta de jeans, me lo tendió y giró su rostro rápidamente, él estaba tratando de esconder tras su largo cabello el leve rubor que cubría sus mejillas. Félix lo miró enternecido y juro por Carli que quise adoptarlos por lo malditamente adorables que eran. Abrí el papel que me habían entregado y sonreí, eran dos frases las que estaban escritas sobre el papel, se lo entregué a Tink ya que era su especialidad, ella soltó un pequeño "aww" por lo bajo cuando leyó lo que decía. Era gracioso ver el contraste en ellos dos, mientras Felix sonreía abiertamente enseñando unos profundos hoyuelos en sus mejillas, Marcus hacía todo lo posible para esconder su sonrojo tras su cabello.

Como dije, jodidamente adorable.

—¿V-Va a doler?

Reí por la pregunta, Tink asintió.

—Corazón, es una aguja, ¿qué crees tú? —Marcus asintió, jugueteaba con sus manos incesantemente sobre su regazo.

—¿De verdad tienes tanto miedo? —Feliz fue el que habló ahora, su tono de voz se había suavizado y observaba a su chico con una dulzura extrema— Si crees realmente que no puedes hacerlo yo voy a entender, no quiero que te sientas forzado a hacerlo… —el más bajo observó al alto chico y la determinación apareció en sus ojos.

Él se giró subitamente hacia tink y extendió su brazo derecho.

—Diablos, hagámoslo —Tink aplaudió alegremente, parecía una niña pequeña.

Alice comenzó a trabajar.

Mientras esperaba tuve la genial idea de ir a comprar unas cervezas para pasar la tarde, una chica tiene que hacer, lo que una chica tiene que hacer. Tomé las llaves de mi bebé y le hice saber a Tink donde iría, me despedí de los chicos y partí a la tienda de Esme sobre mi motocicleta. Cuando entré vi a Nahuel en el mesón atendiendo, hice un ademán con mi mano a modo de saludo a lo que él correspondió. Me hacía sumamente feliz verlo trabajando aquí, todo el mundo sabía que Esme es un amor de persona y el crío no merecía nada más que cariño.

—Es bueno verte, Nau —dejé el pack de cerveza sobre el mesón. Me sonrió y lo pasó por la registradora.

—También es bueno verte, B —me puse de puntillas y me incliné sobre el mesón para desordenar su cabello—. Son veinte dólares —le entregué el dinero y esperé mi cambio— Uhm, ¿puedo hacerte una pregunta?

—Dispara.

—Verás… ¿recuerdas a mis hermanos?, ¿Embry y Quil? —asentí, nadie podía olvidarse de esos lindos gemelos— ¿Te importaría si un día de estos los llevo a jugar con Floyd y Grace? Uhm, he estado trabajando para la señora Cullen y no he tenido mucho tiempo para ellos como me gustaría —resopló—, odio dejarlos en casa sinceramente pero, uh, ya sabes… —se encogió de hombros restándole importancia.

—Puedes traerlos cuando sea, mocoso. Estoy segura de que Ness estaría más que encantada de acompañarte —le guié un ojo y tomé mi pack de cerveza entre las manos—, me das una llamada ¡y listo!

Sus ojos brillaron con alegría.

—Eres la mejor —fue su turno de inclinarse sobre el mesón, dejó un sonoro beso sobre mi mejilla, me recordó a los besos de mis dos renacuajos, no pude evitar soltar una pequeña risita—. Renesmee fue la de la idea, en realidad.

Mhmm, algo así creí.

Nos despedimos y cada uno siguió en lo suyo.

Cuando llegué a la tienda Alice ya estaba terminando el tatuaje del segundo chico. Dejé las cervezas en el pequeño minibar que teníamos para que no se calentaran. Me puse a revisar las otras citas que teníamos para el día de hoy, fruncí mis labios cuando vi que no había nada más ya que las otras dos citas habían cancelado. Teníamos la maldita tarde libre, ¡algo me decía que la cerveza era una buena idea!

—Y listo —Tink observó el brazo de Félix y alzó su pulgar en señal de aprobación—, hemos terminado.

Me acerqué para ver el resultado.

En el antebrazo de Félix se podía leer claramente la frase "You keep me wild"(2), mientras que en el de Marcus se leía "You keep me safe"(3). Ambos se miraron completamente felices, Felix se inclinó y le robó un dulce beso a su chico.

—Y pensar que yo detestaba los tatuajes de pareja, joder…

—¿No te gustan? —las cejas de Félix hicieron algo extraño, la expresión en su rostro me recordaba mucho a la de un cachorrito.

—¿Si no le gustan? —Alice bufó—, ella misma tiene uno justo aquí —y sin siquiera avisarme, levantó mi playera dejando mi torso al descubierto, justo bajo mi pecho estaba el tatuaje a juego que me había hecho con mi gatito.

Ambos chicos me sonrieron con diversión.

—Las cosas que uno hace por amor, ¿no? —simplemente me encogí de hombros, qué más iba a hacer.

Después de que se fueran comenzamos a ordenar.

Nos quedamos aquí en caso de que llegara alguien de improviso, lo dudaba, estábamos en el maldito Forks. Me puse a ver televisión echada en el sofá mientras que Tink, sentada en el taburete del mesón, limpiaba su máquina de tatuar y ordenaba las tintas por color, teníamos miles de esas cosas. Abrí el minibar que estaba a mi lado y saqué dos cervezas.

—¡Eh, perra! —chiflé con ayuda de mis dedos para llamar la atención de Tink, cuando se giró hacia mí le lancé la lata de cerveza, la cual atrapó sin esfuerzo alguno, ¡esa era mi chica!— Minino se llevó a los enanos a vaya a saber yo qué mierda porque, cito: "necesitan tiempo a solas con papá" —entorné mis ojos, pero la estúpida sonrisa no se borraba de mi rostro.

Alice resopló, para luego darle un sorbo a su cerveza.

—Sinceramente, yo no sé qué tan bueno hiciste en tu puta vida pasada para tener a ese hombre, joder —alzó ambas de sus cejas mientras dejaba su máquina a un lado—, y digo vida pasada porque ambas sabemos que en esta… —hizo una mueca con su rostro para acompañar su expresión de "mejor dejemoslo ahí y no empeoremos las cosas". Yo estaba a punto de patear su maldito trasero cuando mi teléfono celular comenzó a vibrar en el bolsillo trasero de mi pantalón.

Revisé la pantalla y era un número desconocido.

Con el ceño fruncido acepté la llamada y lo lleve a mi oído para escuchar.

Yo… creo que n-necesito ayuda…

Estuve a punto de darle un sorbo a mi lata cuando escuché esa puta frase salir del auricular, quedé con la cerveza a medio camino sin comprar del todo lo que estaba oyendo. A quién estaba oyendo en realidad.

—¿Rosalie? —pregunté un tanto sorprendida. Vamos, nosotras teníamos una especie de pacto tácito por toda la mierda que había ocurrido pero yo realmente no la había perdonado del todo aún, así que sip, me parecía jodidamente extraño que me llamara por teléfono— ¿Estás bien?, ¿necesitas ayuda?

I-Isabella… —soltó un quejido que me alarmó, su respiración se volvió un poco más errática de un momento a otro— Creo que es h-hora…

Coño.

Ok.

¡Tranquilidad ante todo!

Uhm —carraspeé, sintiéndome como la mierda por lo que estaba a punto de soltar pero, hey, alguien tenía que hacerlo—, ¿por qué me llamas a mi y no a Emmett? Digo, no es que me moleste, solo… Ya sabes, fue quien añadió el ingrediente secreto… —Rosalie soltó un resoplido al otro lado de la línea.

Ella en realidad rugió, como una jodida osa.

¡Porque ese amigo tuyo no contesta el maldito teléfono! —chilló, tuve que alejar el celular de mi oído un poco para no sufrir las consecuencias— ¡Y da la maldita casualidad de que no hay nadie más en esta puta casa! —soltó un nuevo quejido, ipso facto comenzó a inhalar y exhalar arritmicamente— Tenía la esperanza de que Emmett estuviera con ustedes en la tienda, al menos eso fue lo que me dijo… —un silencio abrumador ocupó la línea cuando no supe qué responder a eso, o sea, técnicamente él había venido a la tienda. Empecé a golpear mi pie contra el suelo, la respiración de Rosalie era lo único que escuchaba de fondo, hasta que paró abruptamente— Oh, Dios…

Vale, era momento de actuar.

—Ok. Estaremos ahí en cinco —corté la llamada sin esperar su respuesta. Dejé mi lata de cerveza sin beber dentro del minibar y le hice un gesto a Alice con mi mano para que me observara, su mirada se posó sobre mi— Andando, muñeca, tenemos una misión.

—¿Quién jodidos era? —Tink frunció el ceño y le dio un nuevo sorbo a su cerveza, aun sentada en el taburete. Ella estaba claramente dándome a entender que no movería su trasero de la silla—, ¿y por qué carajos no puedo terminar mi cerveza?

—Nuestro bollito viene en camino —eso fue todo lo que tuve que decir para que finalmente espavilara. Escupió la bebida sin previo aviso, hice una mueca de asco cuando algo de eso cayó sobre mi brazo—. Eres una asquerosa, tú, ¡zorra! —entornó sus ojos y agarró sus cosas rápidamente. Antes de ponerse de pie, tomó la lata de cerveza y la empinó hasta el fondo, dejándola completamente vacía para luego tirarla al tacho de basura. Pasó junto a mi y limpió mi brazo desastrosamente con su mano.

—¡Andando!

La obligué a montar tras de mí en la motocicleta ya que había bebido una lata completa. Yo me estaba volviendo una maldita moralista, y es que me habían enseñado a la jodida fuerza ver la vida con otros ojos, ya ven. Partimos rápidamente a casa Cullen en búsqueda de Rosalie. Moralista y todo, puede que haya ido a una velocidad para nada prudente, la ocasión lo ameritaba, si me preguntan. Llegamos en cinco, tal y como le había dicho por teléfono, díganme Schumacher(4). Desmontamos rápidamente y nos encaminamos a la puerta de entrada. Tink no quería demostrarlo pero yo la conocía como la maldita palma de mi mano y ella estaba un tanto histérica con toda la situación, golpeaba incesantemente la puerta y cambiaba de peso de un pie a otro en el mismo lugar.

Mordí mi labio inferior intentando no sonreír, ella había sido incluso más insoportable cuando Floyd venía en camino.

Alice iba a golpear unas doscientas veces más, pero justo en ese momento Rosalie abrió la puerta.

Ella lucía como la mierda, si soy honesta.

Vestía uno de esos vestidos maternales sumamente vaporosos, su panza era enorme, jodidamente enorme. A veces cuando la veía recordaba ese tiempo en el que estuve embarazada de mi renacuajo, no podía evitar hacer comparaciones, casi parecía que llevaba dos bebés ahí dentro si les soy sincera. Su cabello rubio, que siempre estaba pulcramente estilizado, en estos momentos se veía hecho un desastre, algunos mechones que llevaba sueltos se pegaban a su frente debido a la fina capa de sudor que la cubría. Casi parecía que Rosalie había jalado de su cabello en algún momento del día. Sus azules ojos se clavaron en mí, ellos mostraron irritación y un poco de miedo. Una de sus manos sostenía firmemente su panza de ocho meses mientras que una bolsa de bebé colgaba libremente en su hombro.

—S-Se supone que aún no es el momento —murmuró entre dientes, sujetándose de la puerta—, aún no cumplo mi ciclo… —se encorvó sobre su cuerpo cuando el dolor se intensificó— ¡¿Dónde demonios está Emmett?! —gruñó, juro que si las miradas matasen nosotras dos estaríamos a mil metros bajo tierra.

¡Como si fuera nuestra culpa!

—Venga, Rosie, muchas charla y poca acción — Tink estiró su mano hacia ella y sonrió abiertamente en su dirección—. Será mejor que me entregues las llaves de tu coche —Rose se las entregó a regañadientes— ¿Tienes todo lo necesario? —La rubia asintió a sus palabras. Alice le sonrió y se encaminó hacia el auto girando las llaves en uno de sus dedos mientras tarareaba una cancioncilla de Queen— ¡A conocer a nuestro bollito!

La muy perra ni siquiera se dignó a ayudarla con el estúpido bolso.

Yo de verdad quería patear su trasero.

—¿Estás segura de que llevas todo aquí? —pregunté en un bajo tono de voz mientras le quitaba el bolso y me lo colgaba en el hombro, la ayudé a bajar las escaleras del porche y caminé a paso lento junto a ella.

—Segura —murmuró, sus labios formaron una fina línea—, lo tengo guardado desde que tenía cinco meses —asentí a sus palabras— Isabella, ¿me dirás dónde está Emmett? —Rosalie habló con un tono de voz que la hacía parecer una niña pequeña, sus ojos se fundieron con los míos, ellos estaban nublados con una capa de desesperación y preocupación. La ayudé a subir al auto sin decir nada.

Me subí junto a mamá osa en la parte trasera, Tink iba al volante y ella lo estaba disfrutando con creces.

Iba a ser nuestro secreto lo de la lata de cerveza, ¿si?

Grizz está en Port Angeles —le respondí a Rose su pregunta una vez estuvimos en la comodidad de su coche, me dispuse a buscar mi teléfono celular para marcarle al idiota—, a primera hora partió, no nos dijo nada, solo que llegaría por la tarde y que lo cubriéramos en la tienda —el ceño de Rosalie se frunció profundamente, creo que ella tampoco estaba al tanto de los pasos que estaba siguiendo mi querido osito.

Desde toda la mierda que habíamos vivido, algo había cambiado en él.

Con Tink estábamos completamente al tanto de estas salidas sin sentido que hacía ya que cada vez que le preguntábamos a donde demonios iba él respondía con lo primero que se le cruzaba por la mente: "iré por unos repuestos", "nos estamos quedando sin insumos", "necesito… ver… si está lloviendo por allá". Puras patrañas, como si fuéramos tan estúpidas, pero Grizzly sabía que no lo presionaríamos al respecto, por lo que cada vez que soltaba una de sus baratas excusas, nos daba una mirada llena de disculpa y rascaba su nuca como un niño pequeño avergonzado por sus acciones. Yo no podía resistirme a sus hoyuelos, así que lo dejábamos pasar, ya hablaría cuando fuera el momento. Sip, algo se traía entre manos, solo esperaba que no fuera algo estúpido, nosotros tendemos a hacer demasiadas cosas estúpidas para nuestro propio bien. Resoplé mientras tiraba el celular lejos, nuevamente me había mandado al buzón de voz. ¡El muy cabrón me estaba desviando las llamas! Oh, se le vendría una grande y tía B no estaría ahí para defender su enorme trasero.

Un grito de Rosalie me sacó de mi ensueño.

Necesito a Emmett, Isabella… —asentí y le entregué mi mano sin saber qué más hacer. Rose se aferró a mi pobre extremidad como si su vida dependiera de ello, seré malditamente suertuda si salgo ilesa de esto, me la estaba literalmente triturando con cada apretón que le daba cuando una contracción se hacía presente— Isabella…

—Joder, no me gruñas —arrugué mi nariz un poco cabreada con Emmett por no estar aquí, en mi lugar— Qué diablos quieres que haga, no tengo telepatía ni esas mierdas, si no contesta el puto celular no puedo counicarme con… —una ampolleta se prendió en mi cabeza, sonreí tanto que sentí dolor en mis mejillas— Joder, se me ocurrió una idea de puta madre… —busqué a la persona en mi directorio de contactos y ¡bingo!

¿Ya te aburriste de mi hermanito?

—No seas idiota, te acusaré a TinkCobain soltó una falsa exclamación de asombro al otro lado de la línea—. Tengo una misión muy importante para ti —juro que pude ver como se preparaba para protestar porque probablemente estaba rascándose las bolas haciendo nada como siempre—. Escúchame, cabrón, tu prima está a punto de expulsar un bebé de su vagina y el maldito imbécil que la dejó así, ¡no aparece! —bueno, joder, yo estaba perdiendo mi paciencia y la sangre ya no me estaba llegando a la mano gracias a Rosalie— Así que me escucharás bien…

Fuerte y claro, señora —por su puesto que no protestaría más, Jasper sabía lo que yo le haría si me tomaba el pelo en una situación así—, ¿cómo está Rosie? —lo perdoné un poco cuando escuché su voz con un tinte de preocupación.

—Tu prima está bien, tiene a una experta a su lado, ¿qué esperabas? —rubiales arqueó una de sus cejas en mi dirección, la ignoré por completo y me centré en Cobain— Ahora, pondrás ese esquelético trasero que tienes en tu jodida motocicleta y conducirás lo más rápido posible a Port Angeles, quiero el cuerpo de Grizz aquí en este instante —solté todo el aire que quedaba en mi interior—, ¿entendido?

Copiado, señora.

––Jasper, ahora.

Ya va, joder, me estoy calzando las botas ––entorné mis ojos cuando lo escuché maldecir por lo bajo—, dile a Rosie que iré a buscar al mal nacido que la dejó como un globo —yo claramente no le diría eso, amaba mucho mi integridad como para arriesgarla en estos momentos—, estaremos de vuelta antes de que puedas decir "culo".

—Asno —suspiré—, te deseo suerte, Grizz no está contestando su maldito teléfono —antes de que pudiera protestar por la nueva información, lo interrumpí— ¡Confiamos en ti, cabrón! Si no llegas antes de que diga culo juro que patearé el tuyo, Jasper Cullen.

Es una promesa.

Corté la llamada y miré a la rubia junto a mí.

—Bueno, solo nos queda confiar en el bueno para nada de tu primo.

—No le digas así —murmuró—, espero que pueda encontrarlo.

Yo esperaba lo mismo.

Dejé la habitación en la que Rose se encontraba cuando entraron los doctores a hacerle unos chequeos. Decidí enviarle un mensaje a Minino para que supiera las buenas nuevas y llegara lo antes posible, creo que él podría manejar mucho mejor a Rosalie, yo no tenía palabras para consolarla, no era muy buena en esas cosas, mi gatito en cambio, era un experto en hacer sentir bien a los demás, tenía algo así como el don de la palabra. Caminé hacia la salita de espera y tomé asiento en una de las incómodas sillas que habían en el lugar. Tink ya estaba ahí, teniendo una pelea personal con la máquina dispensadora que adornaba la sala de estar.

El tiempo pasaba y nadie aparecía, Alice había desistido con la máquina cuando no pudo obtener nada de ella sin echar unos centavos dentro. Había llamado un sinfín de veces a Grizz, y dejado una que otra amenaza en su buzón de voz, claro está. También había intentado contactarme con Carli y Esme, Jasper tampoco contestaba, pero suponía que se debía a que iba en camino a buscar a Emmett. ¿Para qué cojones tienen teléfonos si cuando es una emergencia no contestan?, me enerva. Escuché un ruido sordo, cuando Tink estaba nerviosa se volvía una persona muy silenciosa, pero no había manera de mantenerla tranquila. Ella estaba de pie nuevamente junto a la puta máquina dándole pequeñas pataditas.

Me estaba sacando de quicio.

Estuve a punto de decirle unas cuantas cosas cuando una de las patadas fue estruendosa, pero justo mi teléfono celular comenzó a vibrar. Leí el nombre en el verificador y contesté rápidamente.

—¿Bebé?

Amor… —la respiración de Edward se escuchaba agitada— Acabo de ver tu mensaje, había dejado mi teléfono en el auto, lo siento tanto… ¿Cuánto tiempo llevan ahí?, ¿en qué condiciones está Rosie?, ¿le han aplicado la epidural ya?

—Está bien, gatito, no te disculpes —miré hacía mi derecha, Alice aún estaba intentando sacar alguna golosina de la máquina dispensadora, ella se veía sumamente concentrada en su tarea—. Rosalie está bien, los doctores entraron a verla hace un par de horas, todo está en orden por el momento… —hice una mueca con mis labios— Bueno, no tan en orden, Grizzly aún no aparece.

¿No has sabido nada de Jasper? —negué con mi cabeza olvidando que no podía verme, respondí con un simple no—, llegaremos en unos minutos, ¿si? No puedo creer que justo sucediera hoy cuando ninguno de nosotros estaba en casa, ya me contacté con mamá y papá, también van camino al hospital, creo que a ellos les tomará un poco más de tiempo… —suspiró con preocupación— No deberíamos haber dejado a Rosie sola, yo le pregunté si ella…

Hey, ya, nada de esto es tu culpa, son cosas que pasan, la naturaleza está haciendo su mierda —lo escuché reír bajito al otro lado de la línea, sonreí contenta de haber alegrado a mi chico—. Tink y yo no nos moveremos de su lado, ¿te deja eso más tranquilo?

Me hace muy feliz. Ella necesita compañía en estos momentos.

—Y a mi me encanta verte feliz, Minino, matamos dos pájaros de un tiro.

Te amo mucho —soltó sin previo aviso, como siempre lo hacía—, te veo en un rato.

—Nos vemos en un rato —miré hacia mi derecha, Tink finalmente había logrado sacar una golosina de la maldita máquina sin gastar ninguno de sus centavos, ella estaba ensimismada en su merienda—, también te amo —le respondí sus palabras en un bajo volumen de voz.

También te amo —entorné mis ojos cuando escuché la vocecilla de Alice remedando mis palabras.

Minino rió.

Dale mis saludos a Alice, ¿sí? Y por favor dile a Rose que estoy en camino.

Minino dice hola —Tink sonrió como el maldito gato de Alicia en el País de las Maravillas e hizo un ademán con su mano para que acercara el teléfono a ella, soltó un "hola a ti también guapo" y, como por enésima vez en el día, quise patear su trasero. Ella solo me golpeó juguetonamente en el brazo cuando vio mi ceño fruncido, sin más volví a prestarle atención al celular— Yo le haré saber a Rosalie que estás por llegar… Esperemos que Grizz también…

Él llegará, cariño, ten fe —Edward sonaba como su padre en estos momentos.

Nos despedimos y colgué la llamada, miré el teléfono en mis manos y me decidí por llamar a Grizz una vez más. Exasperada lleve el teléfono a mi oído esperando que contestara, pero nuevamente solo sonaba por un rato y luego me mandaba al buzón de voz. Joder, ¿dónde diablos podía estar? Le marqué a Cobain esta vez pero nada, todo seguía igual.

—¿Parientes de la señora King?

—Hale.

—¿Disculpe? —el doctor me observó confundido.

—Ella se llama Rosalie Hale, no King. Y es señorita, no señora —aún había confusión en este maldito pueblucho, aún y cuando Rosalie había dejado a la bestia hacía un tiempo y estaba procesando los papeles del divorcio. El doctor carraspeó para aclarar su garganta.

—Rosalie Hale, claro, lo siento —asentí a sus palabras—. El trabajo de parto se está acelerando, si bien no hemos encontrado problemas con el bebé, el periodo de gestación no alcanzó a cumplir su ciclo completo por lo que será un parto prematuro de treinta y seis semanas… —el doctor clavó su mirada seria sobre nosotras— Haré todo lo que está en mis manos para que esto vaya bien, pero no puedo mentirles y decirles que no habrá complicaciones, porque puede que las hayas.

Sentí un vacío en mi estómago.

—¿Complicaciones?, ¿cómo qué clase de complicaciones? —Tink hizo la pregunta que tenía atascada en la mitad de mi garganta. Podía verla fruncir el ceño profundamente ante las palabras del doctor.

—El cuidado que necesitan los bebés prematuros es muy distinto al que necesitan los bebés nacidos a término, generalmente suelen tener que ingresar en la UCIN (4) después del parto para que no haya problemas con su salud —una pequeña sonrisa conciliadora se posó en los labios del hombre—. Pero suelen ser unos pequeños luchadores.

Iba a hablar cuando un grito desde la sala donde Rose estaba es escuchó.

El doctor frunció el ceño y se giró sobre sus talones para ingresar a la habitación, lo seguí a unos cuantos centímetros. Nos adentramos en el lugar, él fue a hacer sus cosas de doctor en Rose y yo me puse junto a ella para hacerle compañía. No quería que pasara por esto sola, sabía lo mierda que podía ser toda la situación. Ella me miró suplicante, casi estaba rogando con la mirada que me sacara a Emmett del bolsillo o algo.

—No me mires así, demonios —cuadré mi mandíbula por la expresión que tenía en su rostro—. Juro que he hecho todo lo posible para saber donde está el cabrón, no es mi culpa, ¿sí? Vas a tener que contentarte conmigo —carraspeé intentando desviar su atención—, tomaré tu mano mientras dejas que el Doc trabaje ahí abajo, ¿qué dices? —le guiñé un ojo a modo de juego pero, joder, ella no estaba sediendo.

Su rostro se contrajo cuando una nueva contracción atacó su cuerpo, una chillido salió desde lo profundo de su garganta. El doctor le decía que calmara su respiración, que siguiera sus instrucciones e intentara respirar como él se lo había indicado. Yo estaba putamente congelada, digo, había estado en el lado de la mamá, pero nunca me había tocado hacerla de papá. No tenía nada que decir más que "está bien", "estoy contigo", me sentía una inutil. Rosalie estiró una de sus manos hacia mi, ni siquiera lo dudé y la tomé entre las mías. Me acomodé junto a ella sobre la camilla y le di un suave apretón a su mano que temblaba tenuemente.

—Lo voy a matar —murmuró entre dientes, pero yo podía ver como sus ojos estaban cristalinos—, ¡se suponía que estaría aquí conmigo! —ella parecía que estaba a punto de hacer un berrinche—, es su hijo, Isabella…

—Lo sé, nena, lo sé —suspiré y quité el sudor de mi frente con mi antebrazo, ni siquiera sabía por qué demonios estaba yo sudando— Hey, Doc. —el doctor me observó fijamente—, ¿estamos listos ya o…?

—Tiene seis centímetros de dilatación, debemos esperar un poco más para comenzar el trabajo de parto —asentí vehementemente—, puedes hacerle compañía si lo deseas. Colocaré la epidural ahora —ayudé a Rosalie a ponerse de pie, podía ver que ella estaba sufriendo con los dolores por cómo su rostro se contraía cada vez que una contracción la atacaba.

Ella era una mujer muy fuerte, aguantaba de manera asombrosa el dolor, cerraba sus ojos y sellaba sus labios cuando alguna contracción venía, no sabía cómo diantres podía hacer eso, cuando tuve a Floyd yo ya estaba gritando como un becerro apenas y puse un pie en el maldito hospital. El doctor terminó su trabajo y dejó la habitación, no sin antes decirnos que le informáramos ante cualquier cambio, sus ojos estaban diciéndome que era importante por todo lo que nos había dicho a mi y a Alice en la sala de espera. Ayudé a Rosalie a acomodarse en la cama una vez más. Ella se estiró sobre esta y cerró los ojos fuertemente, sus manos descansando con total libertad sobre su enorme panza. Tuve miedo cuando su labio inferior comenzó a temblar suavemente.

Oh, diablos, ella no iba a llorar, ¿cierto?

Pero obvio que lo hizo.

—Vamos Hale, no me hagas las cosas más difíciles —mordí mi labio inferior y limpié la lágrima que corría libremente por su mejilla—, sabes que me pondré a llorar contigo si sigues así y, joder, tu realmente no quieres ver eso —una pequeña risita escapó de sus rosados labios, me alegré al saber que al menos la hice reír— Minino viene en camino, al igual que tus tíos, todo estará bien…

—¿Qué hay de Emmett?

—Lo siento, cielo, no he tenido noticias de él…

La puerta se abrió estrepitosamente.

Edward estaba de pie ahí luciendo acongojado.

Rosie —arrulló, sus ojos suavizandose cuando los posó sobre su prima. Se acercó a nosotras y dejó un casto beso sobre mis labios, luego besó la frente de su prima—, ¿está todo bien?, ¿cada cuanto tienes tus contracciones?, ¿te han aplicado la epidural ya? —reí quedito.

—Déjala respirar —las mejillas de mi gatito se colorearon por mi comentario—, la inyección fue aplicada, sus contracciones… ¿diría que cada cinco minutos? —Rosalie asintió a mis palabras, justo cuando la atacaba una contracción más— Doc dijo que tenía seis centímetros de dilatación, por lo que aún nos quedaba tiempo.

—Bien, eso está bien —suspiró y se dejó caer sobre la cama, sin perturbar a Rosalie en el proceso. Lucía aliviado luego de estar informado sobre el estado de Rosalie—. Los niños están fuera con Tink, me puedo quedar con Rosie aquí en tu lugar si lo prefieres.

Casi solté un largo suspiro cargado de alivio pero me contuve por respeto a Rose.

Digo, no es como si hubiera sido un trabajo difícil, pero yo no sabía manejar las emociones, y menos si no eran las mías.

—¿Podrías venir conmigo fuera unos segundos? —me incliné un poco hacia Rosalie—, ¿te molestaría quedarte sola por unos segundos? Juro que será rápido.

—Está bien, Isabella, no puedo moverme de aquí —se encogió de hombros.

Jalé a Minino de su mano fuera de la habitación, ya cuando la puerta hizo de barrera entre Rosalie y nosotros, procedí a contarle lo que el doctor nos había informado. Él enarcó sus cejas y luego las frunció con preocupación a cada una de mis palabras, su cerebro de doctor debía estar al tanto de toda esta información, podía ver como maquinaba en su cabecita todo lo que estaba procesando. Luego de nuestra charla, volvió a besarme antes de ingresar al cuarto con su prima. Caminé por el pasillo hacia la salita, Tink estaba sentada en la alfombra que adornaba el centro del lugar, frente a la mesa de centro llena de revistas que ahí había, mis niños estaban con ella, los tres tenían las cabezas juntas y cuchicheaban entre sí.

—¿Qué tanto cuchichean ustedes?

Los niños levantaron sus cabecitas y cubrieron sus bocas con ambas de sus manos, como si tuvieran un entretenido secreto que no podían contarle a mamá. Patrañas. Le sonreí a Alice y alcé mis cejas, esperando a que contestara mi pregunta.

—Le contaba a los enanos sobre bollito.

¡Tía Tink dijo que ya íbamos a conocer al bebé de tía Rosie! —chilló mi princesa alegremente—, ¿va a venir la cigüeña? —sus ojitos se abrieron de par en par. Floyd la miraba extrañado, pestañeó un par de veces antes de girarse a mi.

Así que Minino ya le había contado de dónde venían los bebés, uh.

—¿Qué es la cigüeña?

—Es un pájaro —le dije a Floyd mientras corría su flequillo para ver sus ojos.

—¡Y trae bebés! —Grace juntó sus manitas y las entrelazo sobre su regazo— Papi dijo que la cigüeña era cargaba los bebés en un… un… —me miró buscando ayuda, yo no tenía ni puta idea de esa historia.

Uh, ¿en una bolsa? —murmuré para nada segura.

—¡En una bolsa! —mi nena alzó ambas manos con emoción, sin saber que probablemente esa no era la palabra que buscaba para su relato—, y entonces los dejaba en la puerta del papi y la mami, ¡y así nacen los bebés! —Floyd tenía sus ojos abiertos de par en par, él lucía algo aterrado. Su cabeza se giró a una velocidad para nada normal hacia mi.

—¿Es verdad, mami?

Ah, joder, dilemas, dilemas.

Si le decía que no, lo más probable era que Grace se pondría a llorar porque la historia se la contó su papi y, como sabemos, para ella Edward lo sabe todo. Yo no era muy partidaria de estas técnicas, prefería decirle las cosas como son, o al menos la historia de la semillita no sé, pero ¿la cigüeña? Yo iba a tener una charla con Minino por hacer que le mintiera a mi hijo vilmente, y por haberle planteado esa mierda a nuestra nena en la cabeza.

—Si, corazón, todo lo que dijo tu hermanita es cierto.

La boca de Floyd colgó abierta por el asombro.

Después de un rato ellos se pusieron a jugar entre sí, gracias al cielo habían unos lápices para colorear en la salita, siempre podíamos ir al despacho de Edward a buscar algo de todas maneras, tenía ese lugar lleno de juguetes para los niños que iban a su consulta. Miré a Alice quien hablaba por teléfono a lo lejos, le hice una seña para saber con quién demonios hablaba, ella moduló el nombre de Jasper con sus labios mientras tapaba el auricular. Dejé a los niños donde mis ojos pudieran verlos y caminé rápidamente hacia ella, sin pensarlo quité el teléfono de sus manos.

—Dime que lo encontraste.

Bueeeno…

—¡Diablos, Cobain! Solo tenías una maldita ta…

Fui bajando gradualmente mi volumen de voz mientras fruncía el ceño.

Se escuchaba un gran alboroto por el pasillo que daba a la entrada del hospital, Tink y yo nos asomamos un poco para ver que causaba tanto alborot. No podía entender lo que se gritaba o qué demonios estaba pasando en sí ya que las paredes amortiguaban las voces, y las puertas no nos dejaban ver hacia el otro lado. ¿Qué no se suponía que estábamos en un hospital?, joder, yo iba a partirle la madre a quien fuera que estuviera haciendo un escándalo cuando tenía a Rosalie en la cama luciendo toda depresiva con su panza a punto de explotar. Le hice un gesto con mi mano a Tink para indicarle que iría a ver lo que ocurría fuera, más no tuve la maldita oportunidad porque las puertas que daban al pasillo donde nos encontrábamos espiando se abrieron de par en par, golpeando estrepitosamente las paredes contiguas.

Sentí que el alma finalmente volvía a mi cuerpo.

Grizz estaba en el umbral de la puerta respirando agitadamente, sus grandes ojos llenos de angustia se posaron sobre nosotras.

—¡Tú, pedazo de idiota! —gritó Tink, dándole un fuerte golpe a Grizzly en su brazo.

—¿Sabes cuántas malditas veces te llamamos?, ¿para qué demonios tienes tu puto teléfono? —Él solo movía su cabeza a modo de afirmación, pero sus ojos se paseaban por todo el lugar buscando algo. Puse mis ojos en balnco y lo tomé de la mano— Vamos, te llevo donde Rose.

Lo guié hacia la habitación de la rubia.

Edward aún estaba con ella, Rosalie lucía mucho más tranquila ahora gracias a su primo y sus palabras de aliento, aunque en su rostro se podía ver claramente el dolor del que era presa. Ambos dejaron de conversar cuando la puerta se abrió, dos pares de ojos estuvieron sobre nosotros, unos esmeralda que mostraban alivio y unos ojos azul cielo que estaban anegados en lágrimas. Grizzly se quedó de piedra en su lugar, observando a la mujer que tenía frente a él. Yo no sabía que pasaba por su cabeza, pero era com si finalmente se diera cuenta de lo que iba a pasar, que su bebé realmente estaba por llegar a este mundo, que finalmente conocería a esa personita que dependería de él, que sería suyo para amar y que la mujer que lo observaba con sus ojos llenos de emociones encontradas era la que lo había ayudado a hacer todo posible.

—Dios, ángel —pasó por mis costado a una velocidad casi inhumana solo para llegar donde Rosalie yacía. La rubia se largó a llorar como una cría aferrada a la gigantesca mano de Emmett—, lo siento tanto, nena, ya estoy aquí… —él se inclinó hacia adelante y dejó un dulce beso sobre la frente de su chica— Ya estoy aquí —repitió, acercándose esta vez al vientre de Rose y dejando un beso sobre él. Fue una escena de lo más tierna, hubiera soltado un pequeño chillido si no fuera porque algo captó mi atención.

Recogí la pequeña bolsa que cayó de uno de los bolsillos de la chaqueta de Grizz cuando entró a la habitación como un poseso.

En silencio, la guardé en el bolsillo trasero de mi pantalón.

Edward salió junto a mi para darles su momento a solas. Ambos suspiramos de alivio después de cerrar la puerta tras nosotros, tomé su mano y nos encaminamos a donde estaban los demás. Tink y Cobain charlaban en las sillas que se encontraban tras los niños, quienes seguían dibujando sobre las revistas con los lápices para colorear. Cuando se dieron cuenta de nuestra presencia, supe que algo andaba mal por la expresión que portaba cada uno. Alice lamió sus labios y se puso de pie, plasmando una falsa sonrisa en sus labios.

Gatito, ¿te importaría quedarte conmigo mientras estos dos hablan? —ella hizo un exagerado puchero con sus labios y batió sus pestañas de igual manera. Minino negó con su cabeza un tanto confundido— ¡Genial!, venga, ven a dibujar conmigo y los niños.

Edward soltó mi mano y fue donde Alice mientras Jasper caminaba hacia mí, lo seguí sin decir nada más, no sin antes mirar a mi gatito por sobre mi hombro y darle una sonrisa para indicarle que todo estaba bien. Cuando estuvimos alejados de todos dejé caer la sonrisa y adopté la expresión de seriedad que esto requería.

—Habla.

—No te imaginas dónde carajos lo encontré… —Jasper se acercó un poco más a mí y murmuró en voz baja— No tienes idea de con quien lo encontré y haciendo qué.

—Habla maldita sea —le pedí entredientes.

—Dos palabras —alzó dos dedos para enfatizar lo que hablaba—: Vulture's Cave (5).

El entendimiento llegó a mi cuando escuché ese nombre.

Estuve a punto de despotricar cuando escuchamos movimiento tras nosotros. Nos volvimos donde estábamos y alcanzamos a ver como llevaban a Rose en una camilla en compañía de Grizz, quien no soltaba su mano y lucía más nervioso que nunca. El doctor iba con ellos en compañía de algunas enfermeras, se giró hacia nosotros y alzó uno de sus pulgares.

Oh, ahora sí que estábamos listos para recibir al nuevo integrante de la familia.

El parto estaba saliendo relativamente largo.

Creo que ya no me quedaban uñas por la larga espera, Floyd dormía plácidamente sobre el regazo de Edward mientras que yo sostenía a Grace contra mi pecho, con una de mis manos corrí el cabello de su rostro y dejé un beso en la cima de su cabecita, se veía tan preciosa cuando dormía. Alcé la mirada y descubrí a Minino observándome, le di una suave sonrisa y él hizo lo mismo. Carlisle y Esme habían llegado hace apenas unos minutos, les tomó bastante poder hacerlo ya que no estaban tan cerca de Forks, de hecho esperaban pasar el fin de semana lejos solo los dos, pero hubo cambio de planes a último minuto. Tink y Cobain dormían a pie suelto en uno de los sofás, ambos apoyando su peso en el otro para poder hacerlo.

Me estaba resignando cuando mis ojos comenzaron a cerrarse por sí solos.

Moví la cabeza de un lado a otro para mantenerme despierta, apreté mi agarre en Grace y pestañeé un par de veces, tratando de alejar el sueño de mi. Edward se sentó junto a mi y golpeó ligeramente mi hombro con el suyo.

—Descansa aquí, te despertaré si tenemos noticias —su hombro se veía malditamente tentador.

—Estoy bien, bebé —un bostezo me delató, entornó sus ojos y volvió a darme un empujoncito con su hombro—. Bueno… Pero tienes que avisarme si algo sucede, Minino, si no lo haces puede que yo me enoje contigo para siempre.

—¿Para siempre? —asentí con mi cabeza mientras la apoyaba sobre su hombro— ¿Estás segura?

—Completamente —cerré mis ojos y volví a bostezar.

Creo que logré dormir unos cuantos minutos, me sobresalte cuando escuché un fuerte estruendo y abrí mis ojos con alarma, inconscientemente aseguré mis brazos sintiendo la suavidad del cuerpecito de Grace contra el mío aún, ella se removió inquieta sobre mi regazo hasta que nuevamente comenzó a soltar unos suaves ronquidos cuando siguió durmiendo pacíficamente. De repente, Grizz apareció por el pasillo, él vestía con ropa muy similar a la que usan los doctores, solo sus ojos eran visibles ya que llevaba una gorra y una mascarilla verde.

Solo sus ojos eran necesarios para saber que había sido un éxito.

—¿Qué fue? —esa fue Esme preguntando, Carlisle estaba de pie junto a ella esperando la respuesta.

Uh, yo… —Grizz aclaró su garganta— Ahora sabemos por qué se adelantó el parto, también es la razón de por qué estuvimos tanto tiempo ahí, yo… joder… —una lágrima se deslizó por su ojo. Me puse de pie cargando a Grace y la dejé suavemente sobre el sofá en el que habían estado los chicos con anterioridad.

—Venga, grandote, dinos las buenas nuevas.

—Gemelos.

La habitación se sumió en un silencio sepulcral.

—¿G-Gemelos? —tragué saliva, Emmett asintió y luego rascó su nuca.

—Bueno, mellizos…

—Joder, no me digas…

Uh-huh —abrí mis ojos de par en par, estos estaban clavados en los de Grizz.

—¿Uno y uno? —Emmet volvió a asentir.

Esme lloraba con una sonrisa plasmada en su rostro, Carlisle también sonreía orgulloso junto a su esposa, él la abrazaba por sus hombros tratando de reconfortarla. Tink soltó un agudo chillido y comenzó a dar pequeños saltitos por toda la sala. Yo aún no podía creerlo, diablos, ¿dos bebés?

—Ven, toma asiento y cuéntanos cómo fue todo —la matriarca Cullen guió a Grizz a una de las sillas para escuchar atentamente la historia. Mi querido osito se quitó la mascarilla y comenzó a hablar.

—El doctor dijo que esto pasaba a veces, que uno de los bebés se escondía por lo que era difícil captar su presencia en las ecografías y demás exámenes —siempre supe que la panza gigante de Rosalie no era normal, ¡yo dije que parecía que tuviera dos bebés ahí dentro!—, ambos bebés están bien, pero van a tener que estar en observación un tiempo al ser prematuros.

—¿Rosalie?

Grizzly sonrió con todo el amor del mundo.

—Mi ángel —quitó su gorra ahora y luego echó la cabeza hacia atrás—, es una mujer malditamente fuerte. Ella quedó putamente exhausta después del largo trabajo, no podría estar más orgulloso de mi nena —la sonrisa se acrecentó en su rostro—. Ahora está descansando. El doctor me recomendó que regresaramos mañana, podremos estar con Rose en horario de visitas y, bueno, si quieren conocer a mis bollitos también —sonrió tímidamente a Esme, que era la que estaba más cerca de él, pero la propuesta iba para todos.

Finalmente me acerqué a él y me tiré, literalmente, a sus brazos. Rodeé su cuello con mis extremidades y le di un fuerte abrazo, estaba tan malditamente feliz por él. Pero no se me olvidaba el pequeño incidente aún, así que me acerqué sigilosamente a su oído y le hablé en un volumen de voz que permitiera solo a él escucharme.

—Necesito hablar contigo, a solas —lo sentí asentir a mis palabras.

Dejé un beso sobre su mejilla y me alejé de él para darle la oportunidad a los otros presentes de felicitarlo. Esme dejó marcado su labial en la mejilla de Grizz.Tink se colgó prácticamente de su cuello y dejó un reguero de besos por todo su rostro, ella estaba muy feliz para ser verdad. Carlisle solo citó algún pasaje de la Biblia relacionado con la familia mientras que Jasper se burlaba de él porque iba a tener trabajo doble por las noches, Minino solo observaba todo alejado de escena, aún sosteniendo a Floyd entre sus brazos. Mi hijo no despertaba por nada del mundo, como era de costumbre.

Esperamos por Grizzly para marcharnos, él había ido a quitarse la ropa que había usado al estar presente en el parto y a dejarle una nota a Rosalie sobre el buró para que, en cuanto despertara y viera la carta, supiera que volveríamos mañana a primera hora. Tink y Cobain se fueron juntos a casa Cullen en la motocicleta del rubio, Esme y Carlisle también se despidieron, desapareciendo por la calle en dirección a su hogar. Minino había invitado a Grizz a pasar la noche en casa, pondremos a los niños a dormir con nosotros y le daríamos la habitación de Floyd para que ocupara, él aceptó agradecido. El camino a casa fue silencioso, el auto de Rosalie quedó en el hospital y mi motocicleta en casa Cullen por lo que íbamos todos en el Volvo de Edward.

Grizz dormía en el asiento trasero junto a Floyd y Grace.

Cada uno tomó a un enano y los cargamos a casa, Grizz nos seguía las pisadas. Le indiqué que me esperara abajo antes de subir tras de Edward con Grace en mis brazos. Entramos en nuestra habitación y dejamos a los niños sobre las camas, luego de cambiarlos a sus pijamas los arropamos con las cobijas y ellos siguieron durmiendo como si nada. Podía estar terremoteando y ni con eso despertarían.

—Iré a ver a Grizz, ¿si? Tu puedes tomar un baño mientras, yo vendré luego.

—Está bien —besó mis labios fugazmente—, te estaremos esperando.

Cerré la puerta de la habitación y me recargué contra ella.

Bien, ahora venía lo difícil.

Bajé la escalera sigilosamente y me encaminé al living, Emmett estaba sentado en el sofá largo que había, su cabeza estaba sujeta entre sus manos y murmuraba por lo bajo. Carraspeé para llamar su atención, levantó la vista rápidamente, sus ojos inyectados en sangre se clavaron sobre los míos. Él lucía malditamente cansado, pero yo no me iba a dejar engatusar por la deplorable visual que estaba frente a mi.

Crucé mis brazos sobre mi pecho y hablé directamente.

—¿Dónde estabas?

Grizzly solo me observaba en silencio, su mandíbula malditamente tensa cuando escuchó mi pregunta.

—Ese puto de Cobain te lo dijo, ¿no?

Levanté la pequeña bolsa con polvillo blanco que había recogido en el hospital.

—¿Dónde coño estabas, Grizz?

Yo iba a matarlo.


(1) Usualmente se le dice así a los tatuajes que están destinados a cubrir algo (ya sea tatuaje antiguo, cicatrices, estrias, etc)

(2) "Me mantiene salvaje"

(3) "Me mantienes seguro"

(4) Michael Schumacher es un expiloto alemán de automovilismo de velocidad, el más laureado de la historia de Fórmula 1.

(5) "La cueva del buitre"


¡Buenas madrugadas!

Siendo casi las 4 am, les traigo nueva capitulito.

Me disculpo desde ya por si hay muchas falats ortográficas pero, les contaré la verdad, me dio flojera leerlo por tercera vez, ya se me están cerrando los ojos y mañana (¿hoy?) no estaré muy disponible para subirselos por lo que prefiero aprovechar ahora jijiji. No tengo mucho que decir, solo que ojalá les guste, tenía pensado que fueran mellizos hace rato porque no podía decidirme en realidad jiji, ya en el próximo capítulo se veinen los nombres de los bollitos. Creo que ahora si que si podré terminar el fic porque no se imaginan las ganas de escribir que tengo, y como hablo sola cuando se me viene una idea para capítulo, aún no puedo creerlo porque hace mucho que no me pasaba ajajaja. Bueno chicas, como les dije, si todo va bien con Forks Ink lo más seguro es que siga con "Se Busca. Bella Swan" así que figuro cruzando los dedos para que la inspiración no se olvide de mi.

Como siempre, les cuento que me encuentran en facebook con el mismo nombres que tengo aquí "Lamb'stown" y también pueden encontrar el grupo en facebook donde subo los capítulos y esas cositas (toda comentario/queja/reto es aceptado, así que vengan con confianza jiji), el grupo se llama "Welcome to Lamb'stown"

Y eso sería todo por esta madrugada.

Realmente espero que lo disfruten, ¡muchas gracias por su apoyo y lindos comentarios!

Lamb~