El viaje a Sudamérica donde se encontraban los misterios del origen de la petrificación iba a tomar varios días. Desde San Francisco, que era donde se encontraba el castillo del Dr. Xeno, al Canal de Panamá, donde habían calculado que podían cambiar del trayecto marítimo a uno terrestre para ahorrar mucho tiempo de viaje, no iba a ser un trayecto corto. Senku y Ryusui, entre cuentas matemáticas y de ruta marítima, habían calculado que su destino estaba a unos 7.900km de distancia total. El barco del Dr. Xeno, una vez que se ayudaron con las velas de tela para acelerar la velocidad y escapar de las garras de Stanley y la élite militar estadounidense, podía mantenerse a una velocidad mínima de sesenta nudos, lo que equivalía a unos 110km/h. Tres días era lo mínimo que iba a tomar ese viaje, sin contar las paradas en tierra para abastecerse de madera que usarían como combustible.
Los jóvenes del reino científico estaban acostumbrados a largos viajes, el marítimo de Japón a Estados Unidos había tomado poco más de cuarenta días, por lo que casi cuatro días no era tanto para ellos. Una de esas noches, Senku se encontraba en la cubierta contemplando el mar, iluminado por la luz de la luna llena, quizás la única forma en que la podía tener cerca, hasta que pudieran construir el cohete que los llevaría allí, resolviendo todos los misterios de las medusas y el hombre del Why, y teniendo vía libre para salvar luego a las 7.000 millones de personas de la petrificación que los mantuvo tantos años dormidos. Sería un proceso infernalmente lento y minucioso, pero llegaría, no le cabía un milímetro de duda.
- ¿Qué estás pensando, Senku? –Kohaku se acercó a él..
- Nada en especial, sólo en nuestro objetivo, que está cada día más cerca, paso a paso.
- Sí, así es. Sólo espero que este viaje resulte bien. Dejamos más de la mitad de nuestros amigos y de la tripulación atrás, desarrollando la ciudad del maíz con nuestros enemigos. Confío en ellos, pero espero que estén bien.
- Deberías preocuparte más por nosotros, leona. Tenemos al rey enemigo con nosotros, y a todo su séquito ridículamente hábil y armado hasta los dientes, pisándonos los talones para recuperarlos, y vengarse de haberlo capturado debajo de sus narices.
- ¡Ja! Puede ser, pero los que estamos en este barco somos de los más hábiles del grupo, contamos con los más inteligentes y fuertes –miró de reojo hacia el grupo de compañeros– y aunque sea extraño, el Dr. Xeno está siendo bastante colaborativo.
- Diez billones por ciento seguro que sería así, leona. Un científico de primer nivel como él no haría un berrinche y se quedaría callado a un costado, a él le intriga tanto como a nosotros resolver este misterio. Y es ridículamente orgulloso, así que no dudes que compartirá todos sus conocimientos con nosotros, con tal de enrostrarnos todo lo que sabe y cuán superior es. Aprovechemos eso mientras podamos.
- Tienes razón, Senku. No le vamos a quitar un ojo de encima, pero no puede hacer mucho aquí. ¿Volvemos adentro? Vine a avisarte que la comida está lista, tenemos que reponer energías para mañana.
- Claro, vamos.
Un rato más tarde, cuando estaban terminando de comer, Suika estaba entretenida observando los reflejos de una pequeña piedra azulada que llevaba con ella. Ryusui lo notó un rato después, cuando captó el brillo del reflejo por el rabillo del ojo.
- ¿Qué es eso que tienes ahí, Suika? –Le preguntó curioso.
- Es una piedra bonita que traje conmigo desde la aldea, la tengo como recuerdo, me la regaló Ruri hace tiempo.
- ¿Una piedra? Déjame ver –Chrome dijo entusiasmado por hacer gala de sus conocimientos de piedras y minerales– ¡Es una joya, más que una piedra, Suika! ¡Una aguamarina, qué malote!
- ¿Aguamarina? –Preguntó la pequeña– No sabía el nombre, pero es cierto que tiene el color del mar. Me hace acordar a los ojos de Ruri y Kohaku.
- ¡Oh, qué linda! –Dijo Kohaku enternecida por la referencia– Es una joya hermosa y rara.
- Ni tanto –Negó Senku– Se encuentra en casi cualquier yacimiento donde se encuentre berilo ordinario, aunque admito que esa es particularmente grande. El tono azulado de la aguamarina se debe a la presencia de iones ferrosos, mientras que el color verdoso lo dan los iones férricos.
- Ya… claro –Suspiró Kohaku, perdida por esa información científica de la cual no entendió ni palabra, aunque sonrió.
- Qué casualidad, el mar y las aguamarinas –Ryusui chasqueó los dedos, entusiasmado– detrás de eso hay una gran historia.
- ¿Por qué dices eso, Ryusui? –Preguntó Suika con curiosidad, siempre atenta a las emocionantes anécdotas marinas del capitán.
- Es un mito del mundo moderno, aunque es conocido también por varias adaptaciones a cuentos infantiles. Se dice que las aguamarinas son las lágrimas de amor de las sirenas, y son muy codiciadas.
- ¿Sirenas? ¡Yo conozco una! –Dijo emocionada– Bueno, Ruri nos contó, una de las cien historias trata sobre "La Sirenita"
- No puedo creer que mi viejo adaptó ese cuento también, es un payaso –Se quejó Senku, aunque con una media sonrisa.
- Sí, yo también la recuerdo muy bien –Intercedió Kohaku– Me pareció una historia muy linda, pero con un final triste, aunque esperanzador.
- Ese es el cuento favorito de Mirai –Recordó Tsukasa con nostalgia– Siempre le gustaron las sirenas, y pensar que yo reunía conchas marinas en la playa para hacerle un collar, y le dije que eso la convertiría en una cuando despertara de su operación.
- Me pregunto qué adaptación hizo Byakuya sobre eso, por lo que dices. Me imaginé que no sería solamente un cuento infantil, debe tener alguna enseñanza oculta.
- ¿Quieren oírla? –Preguntó Kohaku.
- Ooh, Kohaku-chan nos contará un cuento antes de dormir, qué encantadora idea –Apoyó Gen, con su voz cantarina.
- No soy tan buena como Ruri para contar historias, les aviso –se atajó la rubia– Bueno, dice así.
"Hace mucho tiempo, en otra tierra, vivía un príncipe muy inteligente. Pero era un príncipe muy especial, porque también podía hacer medicinas y mezclar muchas cosas diferentes para dar lugar a creaciones novedosas. Un día, en el hospital del príncipe, había llegado la mujer más hermosa. Por más que el príncipe le hiciera muchas preguntas para saber su dolencia, ella solo negaba usando sus manos y su cabeza. El príncipe, observador e inteligente, se dio cuenta , y le preguntó si era que ella no podía usar su voz, a lo que la bella mujer asintió.
Para recuperar la voz de la mujer, que era secretamente una joven sirena, ella y el príncipe viajaron para hacer la medicina que la curara. En ese viaje, sus corazones se acercaron. Tiempo después, lograron completar la medicina que recuperaría la voz de la mujer, pero inesperadamente eso no tuvo el final feliz que esperaban. En cuanto la joven bebió la medicina, recuperó su hermosa voz, y dijo "Príncipe", con una mirada brillante de agradecimiento. Y él estaba más que feliz, aliviado y orgulloso del éxito. Pero la expresión de la mujer se transformó en una de dolor, y se arrojó al lago cerca del que estaban.
El príncipe, preocupado, corrió hacia el lago, y el alma le volvió al cuerpo al ver que la hermosa mujer había asomado su cabeza por fuera del agua. Pero en ese momento notó que la mitad inferior del cuerpo de la mujer era la de un pez, con unas escamas y una cola verdes y azuladas que brillaban, hermosas.
La mujer explicó la verdad, que era una princesa sirena del océano. Que conocía al príncipe desde aquella vez en que lo rescató de que se ahogara en el mar, y que como nunca lo pudo olvidar, cambió su voz para convertirse en humana, y así poder verlo. El príncipe recordó también, y con eso confesó que su sueño de ser médico, había sido inspirado por ese rescate de ella. Pero ella continuó, diciéndole tristemente que la bruja que la había convertido en humana, también la había maldecido, con que si algún día se las arreglaba para recuperar su voz, se convertiría en espuma de mar.
El príncipe no podía creerlo, y desesperado, le preguntó por qué hizo la medicina con él, por qué aceptó beberla, si eso significaba su fin. Y la sirenita le confesó "Quería decirte, con la parte más hermosa de mí, que te amo" El príncipe, sorprendido de la agridulce declaración por lo que conllevaba, le contestó que él también se había enamorado de ella, y le rogó que no se convirtiera en espuma de mar. Pero para cuando él estiró su mano hacia ella, la joven sirena ya se había convertido en espuma de mar, y entre los dedos del príncipe solamente se escurría agua.
El príncipe regresó a su reino solo. La gente del reino, después de escuchar la historia, se entristeció mucho por el cruel destino de la sirenita, y de la pérdida del amor del príncipe. Pensaron que el joven estaría deprimido, porque desde entonces sólo realizaba un examen médico al día, y pasaba el resto del mismo encerrado en el laboratorio de su castillo. Pero estaban muy equivocados, porque el príncipe, con una sonrisa, un día les confesó, mostrándoles un frasco que contenía agua que brillaba hermosamente, no parecía agua de mar común y corriente:
"Estoy bien, estoy experimentando formas de traer de vuelta a la sirenita. Para superar el poder de la magia con ciencia, estoy trabajando muy duro, paso a paso, para poder reunirme con ella en el futuro" La mirada en los ojos del príncipe era una de total certeza, y llenó de felicidad y esperanza el corazón de la gente del reino, que se ofreció para ayudarlo para traer de vuelta a su amada sirena"
Kohaku terminó de relatar el cuento, sus propios ojos brillaban con lágrimas contenidas, porque se había identificado con la historia, y con las similitudes que también tenía con lo que fue el proceso de curar a su hermana Ruri gracias a Senku, y ahora con el objetivo de restablecer la civilización del mundo y revivir a todas las personas petrificadas. Sí, ese príncipe era tal como Senku, no dudaba que Byakuya Ishigami se había inspirado en él.
Pero ella no era la única emocionada, todos tenían una cara nostálgica, y se quedaron en silencio un buen tiempo luego de escuchar la historia, seguramente pensando también las similitudes con la vida en el mundo de piedra. Taiju fue el primero que habló, cerrando la mano en un puño con fuerza, pero con una sonrisa confiada en el rostro.
- ¡Sí, nosotros también nos esforzaremos en encontrar nuestra propia cura, revivir a todas las personas del mundo moderno convertidas en piedra, y derrotaremos al bruj… al hombre del Why que echó la maldición sobre nosotros! –Y agregó, mirando a Senku– ¡Y tenemos a nuestro propio príncipe científico para hacerlo!
- Kukuku, es un cuento, grandulón, aquí no lidiamos con magia, y yo no soy ningún príncipe.
- Es una forma de decir, Senku-chan, no seas así –Gen acotó, suspirando– Fuiste un hechicero foráneo, que se convirtió en líder de la aldea, algo así como un rey… o mejor dicho, eres el hijo del rey, sólo que tú ya tomaste el trono. Me parece muy acertado el cuento que transmitió tu padre, tal como nuestra historia.
Senku no contestó, sólo sonrió para sí, y luego cambió de tema.
- Como sea, vamos a dormir. Tenemos que turnarnos para dejar descansar a Ryusui, así que aprovechemos cada segundo del tiempo de sueño que tenemos, no podemos descuidarnos.
Dicho eso, Senku tomó su bolsa de dormir, y se metió adentro, esperando que los demás lo imiten. Pero tardó un buen rato en dormirse, su cabeza no dejaba de rondar en ese cuento, y lo que les esperaba. Tanto pensó en la historia de la sirenita, y en su relación con toda la vida post-petrificación que tuvo juntos a los que lo acompañaban ahora, que su inconsciente hizo el resto del trabajo, y se sumió en un profundo y emocionante sueño…
Cuando despertó, la luz le hizo fruncir los ojos. El cielo estaba despejado, y se encontraba en el Perseo, con nada más que el casi infinito océano a su alrededor, o eso era lo que alcanzaba a ver. Caminó hacia la proa del barco, donde se encontró con un joven rubio, que manejaba el timón del barco con mucha tranquilidad y confianza, y llevaba puesto un gran sombrero, y una larga capa que ondeaba gracias al viento marino. Era un pirata codicioso, que decía que lo deseaba todo, y había aceptado formar parte de su tripulación, pero sólo porque reconoció que eso le daba mejores recompensas que seguir por su cuenta. Incluso había tratado de aprovecharse de él, queriendo sacarle una tajada demasiado grande de los beneficios. Como no lo había logrado, le había exigido ser el capitán conjunto del barco junto a él, sus grandes ojos cobrizos delineados de color negro brillaban con ambición y seguridad, y no dejaba de recalcar que su instinto de marinero era el mejor de todos. Ryusui, "el dragón del mar", como lo conocían.
- Buen día, Senku. ¿Hacia dónde vamos, hoy?
- Deberíamos dirigirnos al puerto más cercano, para juntar provisiones antes de empezar el próximo viaje, y ver si hay algún pedido especial en el tablón de la ciudad.
- Dinero fácil y rápido, ¿eh? ¡Me gusta! –El pirata chasqueó los dedos– Prefiero más las grandes recompensas que recaudamos de pedidos desafiantes, pero no vendría mal un poco de trabajo ligero que no agote tanto a la tripulación.
- Diez billones por ciento seguro de eso, Ryusui. Dependemos de su fuerza y su energía para las misiones. Así que dediquemos el día de hoy a volver a pisar tierra y dejarlos descansar un rato, luego les daremos un montón de trabajo.
- De acuerdo, vamos entonces. No puedo esperar para ver las últimas mercancías novedosas, quiero tenerlas todas.
Senku volvió al interior del barco, donde les comunicó a sus amigos tripulantes el plan del día, a lo cual la mayoría festejó con entusiasmo. El Perseo era un barco reconocido por los locales, ya que Senku y sus amigos siempre proveían de inventos novedosos que ellos mismos fabricaban, y representaban un progreso para la calidad de vida de los pueblerinos. Otras veces se trataba de medicinas, que curaban desde simples resfriados o malestares de estómago, hasta enfermedades más graves como la neumonía. Y en ocasiones, Senku "infiltraba" a una niña parte de la tripulación, para que averigüe las necesidades o deseos de los habitantes, y así prepararlos y aparecer allí oportunamente. De esa forma, había logrado captar a muchos de sus tripulantes, dándoles lo que deseaban a cambio de sus habilidades.
Esa había sido una estrategia que ideó con su mano derecha, Gen. El hombre parecía un charlatán, pero esa era la cara que dejaba ver, la realidad era muy distinta: Tenía un conocimiento de los pensamientos y la conducta humana superior a la de cualquier otra persona, era un manipulador de primera, y además era quien se encargaba de los tratos comerciales. Con un par de palabras, podía endulzar el oído y convencer hasta a los peces gordos más reticentes, y lo que era más, hacer cambiar de misión o de bando a las personas más fieles a su causa. Era un hombre que convenía tener como aliado, más que como enemigo, ese astuto murciélago. Y por supuesto sus valiosas habilidades, aunque de dudosa moral, habían atraído a Senku, ya que le venían bien para hacerle ver las bondades de la ciencia y la modernidad a las personas más tradicionales.
El resto de la joven tripulación constaba de dos grandes grupos: Por un lado, hombres y mujeres ridículamente fuertes y hábiles para los trabajos manuales, el combate y la defensa, y por otro lado el equipo de artesanos y de logística. En el primer grupo se destacaba un viejo amigo suyo, Taiju, un grandulón que tenía el corazón más noble e inocente de todo el barco, pero diez billones de veces más tonto que cualquiera de los demás, y otros tres hombres, que eran los más conocidos y temidos en todo Japón por sus monstruosas habilidades de combate: Tsukasa, experto en lucha mano a mano; Hyoga, un maestro lancero; y Mozu, un soberbio guerrero de gran habilidad y fuerza. Luego de algunas idas y vueltas, habían aceptado ser parte de la tripulación del Perseo y apoyar los ideales de Senku.
Otras siete personas formaban parte de este grupo: Kirisame, experta en ataques y caza en base a lanzamientos muy precisos a larga distancia; Nikki, experta en artes marciales y más fuerte que muchos hombres del grupo; Kinro y Ginro, dos hermanos muy hábiles con las lanzas y espadas; Matsukaze, un joven con las creencias y habilidades de los antiguos samurái; Magma, un hombre de mucha fuerza pero poca cabeza, y Yo-kun, un ex vigilante y el único que aseguraba saber usar armas de fuego del grupo, aunque nunca llegó a demostrar sus habilidades, curiosamente.
Por otro lado, los artesanos y encargados de las manualidades eran el viejo Kaseki, un experto constructor; Chrome, que era también el segundo hombre con más conocimiento de ciencia del barco, además de ayudar en el trabajo artesano a Kaseki; y Yuzuriha, una joven dedicada a los trabajos minuciosos y a la costurería. También se encontraban Ukyo, el encargado de comprobar y ayudar en la dirección del barco y la lectura de radar, además de ser un excelente arquero aunque detestaba la violencia; la mayordomo de Ryusui, Francois, y cocinera principal del Perseo, que era la persona más útil y veloz de todo el barco;; una bella y llamativa mujer que hacía de informante, Minami, y por último una valiente niña, Suika, que se ofrecía para las tareas de infiltración.
A lo largo de casi cuatro años, todos ellos se habían convertido en parte del equipo de Senku, y eran buenos amigos que confiaban el uno en el otro, aunque inevitablemente hubiera algunas diferencias cada tanto entre algunos. Era el grupo de personas más heterogéneo que se podía encontrar, y sin embargo todos actuaban sincronizadamente y lograban resultados en poco tiempo, que otras personas consideraban imposible o que rayaban la locura por su dificultad.
Ryusui estaba al mando del timón, aunque ese día el mar y el viento estaban de su lado, por lo que podía tomarse momentos para dejar la dirección del barco por sí sola, y chequear cada tanto que mantuvieran la dirección. Él decía saber navegar por puro instinto, y solía ser así, pero Senku y Chrome habían diseñado unos pequeños aparatos modernos, diciéndole que sólo estaban para "reforzar" sus instintos, o facilitarle el trabajo cuando estuviera cansado. Dentro de esa calma, los ojos del pirata captaron una figura en el agua, que al principio pensó que era un pez, hasta que se dio cuenta que ese color piel claro sólo podía pertenecer a un humano, y corrió a babor para asegurar lo que veían sus ojos.
- ¡AHOY! ¡HAY UNA PERSONA EN EL AGUA! –Gritó fuerte, para que los demás también se acercaran.
Inmediatamente muchos se acercaron a la barandilla, y corrieron a preparar sogas y flotadores, pero el hombre más fuerte y hábil de todo el barco, Tsukasa, se lanzó al mar sin dudarlo, y nadó hasta acercarse a la persona. Sus ojos se abrieron de sorpresa cuando vieron que se trataba de una joven y bella mujer, casi de la misma edad que él y sus amigos, y que estaba desnuda, manteniéndose apenas a flote en un estado prácticamente inconsciente gracias a que sus brazos se apoyaban en una gran esponja de mar. ¿Cómo había llegado allí en ese estado, y viva? El mar estaba demasiado frío, nadie sobreviviría más de un par de horas en ese estado, como mucho, y estaba al alcance de tiburones. ¿Y una esponja de mar? Eso era lo más intrigante para el castaño de pelo largo, ese animal vivía y se anclaba en el fondo del mar como las raíces de un árbol, no entendía qué hacía ahí.
Tsukasa dejó sus pensamientos de lado, tenía que enfocarse en salvarle la vida, por lo cual, lo primero que hizo fue sacarse parte de su ropa, una capa hecha de cuero animal, y cubrir así el cuerpo desnudo de la joven. Nadó por debajo para subirla a su espalda, y cuando la tenía asegurada, volvió hacia el barco, aferrándose de la soga que le habían tirado sus amigos. Apenas puso un pie en la cubierta, Ryusui y los demás tomaron a la joven, con el cuidado de mantenerla tapada. Francois, veloz y eficiente, había preparado una camilla, y le pidió que la apoyen ahí para poder examinarla rá chica era rubia, de una belleza fina, y llamaba la atención que su apariencia era mestiza, aunque con delicados rasgos japoneses. Estaba viva, pero inconsciente, y rápidamente la mayordomo que tenía conocimientos de primeros auxilios determinó que su vida no estaba en peligro.
Senku se acercó rápidamente, con un frasco de perfume, que lo acercó a la nariz de la misteriosa joven. Él también había cruzado una mirada con Tsukasa, como si hubieran llegado rápidamente a las mismas conclusiones intrigantes de cómo había llegado ella ahí en ese estado.
- A mí me despertaste con amoníaco directamente en las fosas nasales cuando me desmayé de tanto trabajo, pero parece que te ablandas con las chicas.
- No seas ridículo, son situaciones distintas. A ti te necesitaba para trabajar en ese momento, y a ella no la conocemos y su vida estuvo en peligro.
La rubia, luego de varios segundos, frunció el ceño, y lentamente comenzó a parpadear y abrir los ojos, mirando muy confundida a su entorno. Había demasiadas personas a su alrededor, todas mirándola fijamente, y trató de arrastrarse para moverse, alarmada.
- ¡Hmm es realmente guapa! –Dijo Mozu apreciativamente.
- Mozu, no es momento ni lugar, no seas desagradable.
- Vamos, aléjense –ordenó Ryusui estirando el brazo– Están asustando a la bella señorita.
- Vale lo mismo para ti, Ryusui –Minami le reprochó.
- ¡Voy a buscar toallas, ropa y abrigo para ella! –avisó Yuzuriha, y corrió al interior del barco.
- Yo te ayudo, Yuzuriha –Taiju la acompañó, siguiéndola.
Senku se arrodilló en el piso, levantando las manos en el aire para que la chica no lo considerara una amenaza.
- ¿Estás bien? Tranquila, estás a salvo, no te haremos daño. Me llamo Senku Ishigami, y las personas que ves son mis amigos y la tripulación de este barco –explicó, para calmarla– Estabas flotando en el medio del mar, sola. ¿Sabes cómo llegaste aquí? ¿Cómo te llamas?
La rubia lo examinó de arriba abajo, todavía alterada, pero de pronto sus enormes ojos aguamarina conectaron con esa mirada de un color rojo brillante. No sólo le llamó la atención la particular apariencia del hombre que le hablaba, un joven delgado con un pelo entre blanco y verde, todo parado en curiosos picos, sino que al instante se le cortó la respiración al reconocerlo, y quedó boquiabierta.
- Tú eres…
- Senku Ishigami, soy un científico-médico. Pero me interesa más saber quién eres tú ahora, si no te molesta.
- Kohaku. Me llamo Kohaku.
Senku… no conocía su nombre, pero a su vez lo conocía a él. Durante muchos años, desde que era pequeña, su curiosidad la había llevado a observar el pueblo portuario cercano, pese a que su padre la retaba constantemente diciendo lo peligroso que era que alguien la viera. Ella era una sirena, una criatura de apariencia mitad humana de la cintura para arriba, y mitad pez de la cintura para abajo. Su padre era el rey de las profundidades marinas, y ella y su hermana mayor eran las princesas. Desde que había nacido, su familia y los habitantes marinos le habían enseñado que los humanos eran seres peligrosos, no todos, pero que una vez hace mucho tiempo se habían cruzado con una sirena, y en el desconocimiento y el miedo la habían usado como un experimento. Y además habían aprendido que las lágrimas de las sirenas eran particularmente valiosas, y que sus escamas eran como joyas para ellos. Por ese motivo, jamás debería ponerse en contacto con un humano, significaría una muerte segura, lenta y dolorosa.
Pero ella, siempre rebelde, no podía con su curiosidad, en especial porque había encontrado un pequeño niño humano que siempre estaba cerca de la orilla, mezclando cosas variadas, y a veces sus preparados tenían colores o formas muy llamativas. Y una vez, uno de los inventos del niño cayó al agua, y él por intentar recuperarlo fue arrastrado mar adentro por la corriente. Kohaku, que tenía mucha fuerza en su cola marina, nadó rápidamente hacia él, y logró empujarlo de vuelta a la orilla, pero en cuanto vio que otros humanos se acercaban, tuvo que meterse bajo el agua. Un rato después, cuando ya no había nadie cerca, nadó una vez más para tomar el objeto del pequeño. No sabía lo que era, brillaba fuera del agua como una perla, pero era de color gris y era muy duro, no podía doblarlo con las manos. Se lo llevó con ella, y se convirtió en un precioso tesoro que mantuvo en secreto, aunque tiempo después el objeto se volvió opaco y luego se tornó más anaranjado, pudriéndose.
Nunca se olvidó de aquel niño, y a medida que pasaban los años, seguía viéndolo cada tanto. Ya no se quedaba a experimentar en la orilla, pero la excelente visión de Kohaku alcanzaba a verlo caminar de un lado a otro, y eventualmente ya no caminaba solo, había otros jóvenes humanos sonrientes a su lado. Hasta que un día, lo vio ya no en la tierra, sino en un barco, y luego de eso no volvía a verlo por varios días, semanas o meses. Seguía en sus recuerdos, pero ya sus ojos no podían verlo en persona.
Hasta que una noche, cuando merodeaba debajo de un barco, escuchó una conversación de unos marineros.
- ¿Cómo está tu hija? ¿Se recuperó de esa fea enfermedad?
- Sí, gracias a dios. O mejor dicho, gracias a ese chico, Senku. Ya sabes, ese chico de los pelos parados que vuelve cada tanto al pueblo, y que siempre está investigando cosas raras. He hablado con los mejores doctores de por aquí, y aunque mantenían la salud de mi niña, siempre volvía a enfermarse. Me arriesgué y le encargué al chico la medicina, había oído que hace algunas muy buenas y con recetas que los médicos de por aquí no conocen. Es un poco sospechoso… pero decidí confiar, nunca nadie había salido peor de lo que estaba luego de probar sus medicinas. Y no vas a creerlo, no sólo se curó entonces, sino que luego de varias dosis de seguir dándosela, nunca más volvió a enfermarse.
- Tal vez es hechicería.
- Hechicería de la buena entonces, porque salvó la vida de mi hija. Desde entonces le agradezco guardándole materiales interesantes que encuentro en mis viajes, o regalándole algunos buenos peces para que coma. Ese chico es especial, ya te lo digo.
Kohaku se emocionó luego de escuchar eso, porque le pareció obra del destino. Justo su hermana mayor, que siempre había tenido una salud más débil que la de ella, estaba enferma, y no había cura, ni siquiera su padre la había conseguido, y eso que era el rey de los mares. Quizás tendría una oportunidad con esa persona… y por la descripción de "chico de los pelos parados", estaba segura que se refería al que ella admiraba desde la distancia desde que era pequeña. El problema era cómo contactarlo, ella era una sirena, y la medicina tenía que llevarla al fondo del mar.
Decidida, habló con su padre Kokuyo, que no se alejaba de su hija enferma, Ruri. Descartó el plan de Kohaku instantáneamente, recordándole a gritos lo peligroso que era acercarse a los humanos, pero la rubia insistió mucho. Sabía que el rey tenía el poder de transformar temporalmente a las sirenas en humanos, porque ellos mismos eran un híbrido de esa especie. Era arriesgado, pero era posible. Y tan temperamental y segura que era, Kohaku dijo que si su padre no la ayudaba con eso, entonces iría como sirena y todo, a buscar y contactar a Senku. Pese a su ira por los caprichos arriesgados de su hija, Kokuyo cedió, pero le dijo que sólo podía otorgarle una transformación temporal, que le podía dar hasta dos días completos con forma humana, pero luego volvería a ser sirena.
Kohaku aceptó inmediatamente, y reunió los materiales marinos que se necesitaban para hacer el preparado. Luego de consumirlo, perdería el conocimiento y parte de su memoria. Su padre le había dicho que eso le iba a suceder, porque era la forma que tenían de proteger los secretos de los mares, nadie podía enterarse de la existencia del reino submarino, y ella accedió igual, con tal de salvar la vida de su hermana. Solamente sabría de la misión que se había puesto al hombro, y su padre le dijo que le iba a dar un anillo, con el cual podría rastrearla, y que cuando lograra su objetivo, ellos la buscarían en el mar para llevarla de vuelta a las profundidades del mar.
Ahora Kohaku había despertado, y se había vuelto a encontrar con el joven que precisamente buscaba. No podía decirle que era una sirena, pero tenía que pedirle que le hiciera esa dichosa medicina.
- ¿De dónde vienes, Kohaku-chan? –Le preguntó otro hombre que se le acercó, uno que tenía un pelo de dos colores diferentes.
- No lo sé –y era cierto, en parte.
Gen y Senku se miraron fijamente, esa respuesta no ayudaba para nada.
- ¿Perdiste la memoria? Puede ser, vaya a saber qué te pasó. Estamos volviendo al puerto del pueblo, podemos dejarte allí hasta que…
- ¡No! –Gritó alterada, pero trató de serenarse– No... no sé cómo explicarlo, porque no recuerdo bien… pero lo busco a él –señaló a Senku.
- ¿A Senku-chan? –Preguntó el mismo hombre, sorprendido.
- Tú eres el doctor hechicero, ¿cierto?
- ¿Ah? ¿Hechicero? –Senku alzó una ceja, un poco indignado– Soy un científico, me dedico a la ciencia, no a la magia. Aunque también sé algo de medicina, pero basada en la ciencia, no en milagros incomprobables.
- ¿Puedes hacer cualquier medicina? ¿La que sea?
- Para eso necesito ver al paciente, ni que hubiera una medicina única para todas las enfermedades del mundo. ¿Es para ti?
- No, es para mi hermana. Pero… no puedes verla.
- Diez billones por ciento seguro que es ilógico, no puedo…
- Por favor, te lo ruego… puedo decirte lo que le pasa, pero.. ella está muy lejos, y ahora no lo recuerdo. Pero necesito esa medicina cuanto antes, para salvarle la vida.
Senku la miró serio, muy fijo. No parecía estar mintiendo, pero era todo muy extraño y sospechoso.
- Puede ser, pero no podría asegurarte de que salga bien. Empecemos por ponerte de pie y vestirte, y que comas algo para reponer el calor en tu cuerpo y fuerzas. Luego me contarás lo de tu hermana.
- De acuerdo, gracias, Senku.
Un hombre muy grande y alto, de pelo largo castaño y muy bello, estiró una mano hacia ella y la ayudó a sentarse. Pero apenas apoyó los pies en el suelo, sus rodillas cedieron y volvió a caer.
- Estás débil, no puedes caminar todavía. Me llamo Tsukasa, y voy a cargarte dentro del barco, ¿sí? Ahí estarás más cómoda, hasta que recobres un poco de fuerza.
- Sí, gracias.
Kohaku se dejó cargar por aquel hombre fuerte y amable, pero sus ojos no dejaban de buscar al joven de ojos rojos. Un rato después, una chica se acercó con una sonrisa, y le dijo que podía ponerse ese vestido, y luego le dio un bulto con mantas que le calentaron el cuerpo al instante. Le pareció gracioso que todos se dieran vuelta al instante, pero se dio cuenta que era para que se vistiera sin ser observada, al parecer para los humanos la desnudez era algo pudoroso. Se puso rápido la ropa, y les dijo que ya estaba lista.
Un minuto después, Francois ya tenía un cuenco con comida caliente, y un plato con pescado y verduras. Kohaku se estremeció cuando vio el animal asado, si bien en el océano era el ciclo de la vida, las sirenas nunca habían matado a un animal de su propia "especie", por lo que se dedicaban a comer algas y plantas acuáticas principalmente, aunque sí se alimentaban de almejas y de "bichos" marinos, pero evitaba lo que tuviera "cola" como ella.. Se tomó el delicioso líquido del cuenco, nunca había probado comida humana, pero le estaba encantando, y luego masticó alguna de las verduras, esquivando el pescado.
- Es una buena fuente de proteínas, deberías comerlo –Le dijo Tsukasa.
- Sí, lo sé… pero el pescado me hace mal. Perdón, no quiero rechazar su comida…
- Está bien, no te preocupes, Kohaku-chan, come lo que te guste y te sientas cómoda, ¿si? –intervino Gen, todo sonrisas amables.
- Le traeré arroz que tenemos preparado también, señorita Kohaku –Francois le dijo.
La dejaron comer en silencio, cada uno abocándose a su tarea, y solamente se quedaron cerca de ella, mirándola de reojo, Senku, Gen, Ryusui y Tsukasa. Los hombres habían cruzado silenciosas miradas, las cuales habían bastado para hacerse entender de que tenían que observarla detalladamente para ver si podían deducir algo más de ella. Cuando Kohaku terminó, ella misma intentó levantarse, y lo logró, pero sus piernas temblaban visiblemente. Tsukasa iba a ayudarla, pero Ryusui lo detuvo, y le dijo que él se haría cargo. Era evidente en la mirada del pirata que algo le había llamado la atención, y quería comprobarlo por él mismo.
Pese a la "excusa" de la debilidad, Kohaku sabía perfectamente lo que le pasaba: No estaba acostumbrada a tener piernas, por lo cual no sólo tenía que lidiar con el equilibrio de dar pasos como ellos, sino que tampoco tenía la fuerza suficiente para sostenerse con confianza todavía. Sus brazos sí eran muy fuertes, pero la falta de su potente cola marina le iba a complicar mucho hasta que se acostumbrara a esta nueva forma de moverse. Aceptó la ayuda del joven que se presentó como Ryusui, y caminó del brazo de él, que galantemente le había ofrecido.
Pero Ryusui no lo había hecho con ese motivo, o no principalmente. Había oído muchas historias en el mar, tanto verdaderas como mitos y leyendas, todo buen marinero y pirata las conocía. Y había más de una cosa que no cerraba con esa chica. Con la excusa de cuidarla y ayudarla, no le quitó un ojo de encima, y lo curioso era que por más que pasaran las horas, sus pasos seguían siendo dudosos.
Kohaku le contó a Senku lo que le pasaba a su hermana, pero el joven científico se quedó reflexionando en silencio. Los síntomas de la enfermedad, si bien eran lógicos, le hacían pensar en algo que no creía posible, ya que le hacía acordar a una enfermedad llamada "terciopelo"... el problema es que no era una enfermedad común en humanos. La rubia le contó que parte de la piel de su hermana se había tornado como amarillenta y aterciopelada, y que le costaba respirar. Era muy improbable, pero si la chica vivía cerca del puerto, y había estado en contacto con un pez enfermo podría llegar a suceder, aunque no le convencía esa explicación. Esos síntomas eran causados por un parásito llamado piscinoodinium. Le agradeció a Kohaku la información, y le dijo que tenía libertad para moverse por el barco, mientras él analizaba las opciones, pero que no podía empezar a hacer mucho hasta que no se abastecieran en el puerto de provisiones, alimentos y materiales.
Senku y sus amigos la observaron disimuladamente toda esa tarde, Gen en particular, quien era el que tenía los mayores conocimientos de la conducta humana. Le pareció interesante como ella parecía sorprenderse de las funciones y la existencia de muchos objetos y materiales tan comunes, como si no los conociera. En especial los metales, varias veces la encontró pasando su mano con curiosidad sobre el material. Hasta una persona con vida campestre podía conocerlo, por lo cual no le parecía una cuestión de ignorancia o de una vida más simple. Ni que hablar que le costaba tanto el uso de palillos en la comida, como de cubiertos como tenedores, cuchillos y cucharas. Los había logrado usar por su cuenta, pero su forma de agarrarlos dejaba mucho que desear, aunque aprendía rápido, y Yuzuriha y Francois eran particularmente atentas con ella, y le enseñaban como lo haría una maestra, sin cuestionarla.
En todo el día siguiente, Kohaku siguió a Senku como una sombra. Resultó ser que con las manos era una chica muy hábil y fuerte, pero sorprendentemente torpe con las piernas. No entendía ni palabra de las explicaciones científicas de Senku, aunque podía decirse lo mismo de la mayoría de los tripulantes, pero rivalizaba con Ryusui en sus conocimientos del mar y leer el viento y las corrientes marinas, y hasta parecía superarlo en ocasiones, lo cual despertaba el interés del pirata, que se sentía un as en esos temas.
Por eso mismo, el rubio la seguía de cerca también, pero de una forma que ella no lo notara, había algo extraño en esa chica, y muchas posibilidades cruzaban por su mente, no pre-juzgaba ni limitaba ninguna, no era como Senku que siempre buscaba la lógica en todo. Y había una hipótesis que, aunque increíble, cada vez cobraba más fuerza.
Por la noche, Senku convocó a sus amigos más confiables y que habían estado en contacto con Kohaku para discutir las teorías de sus observaciones: Ryusui, Gen, Chrome y Tsukasa. El ambicioso pirata fue el primero en exponer sus pensamientos:
- Hay algo muy extraño con Kohaku, mi intuición de marinero no falla. Y no sólo la intuición, mi experiencia en el mar lo dice –afirmó con seguridad– Parece una mujer sana, pero, ¿notaron cómo es torpe con todo lo que tiene que ver con sus piernas?
- Sí, me llama mucho la atención que con las horas y unos días no mejore, y pareciera que tratara de disimularlo, tampoco reconoció que sea la consecuencia de un defecto genético o una enfermedad –añadió Tsukasa pensativo.
- Por no decir que es demasiado inocente con todo lo que tiene que ver con ciencia o avances tecnológicos ya aceptados por la sociedad –dijo Gen– Lo curioso es que se expresa muy bien con las palabras, parece que es alguien con educación… sólo que limitada a unos pocos temas.
- Y no olvidemos que apareció sola en el medio del mar, y desnuda. No parecía estar lastimada, ni un rasguño –Chrome murmuró– Y ni siquiera estaba temblando de frío, se despertó como si nada, más allá de la confusión. Cualquier persona mostraría signos de hipotermia como mínimo.
- Además de todo eso –Senku finalmente habló– lo más extraño de todo fueron los síntomas de su hermana enferma. Todavía no volví a hablarle del tema, pero diez billones por ciento seguro que tenía sentido si hablaba más de un pez que de una persona, creo que la pérdida de memoria le confundió más de lo pensado.
El silencio cayó sobre los hombres, que reflexionaban las conclusiones. Pero Ryusui abrió los ojos desmesuradamente, y cayendo en cuenta de algo.
- Espera, Senku… ¿qué acabas de decir?
- Que la pérdida de memoria le afectó más de la cuenta.
- No, lo anterior… ¿dijiste que parecía la enfermedad de un pez?
- Sí, así es. Parte de lo que me describió, corresponde con una infección de "oodinium", o también conocido como piscinoodinium, unos parásitos microscópicos dinoflagelados, que son del grupo de protistas flagelados –cuando levantó la vista y notó las caras en blanco de total confusión, decidió ponerlo en términos menos científicos– es una enfermedad de la piel de los peces, pero cuando se torna muy grave llega a afectar a las branquias. Normalmente se los trata con un antiparasitario como el metrodinazol, sulfato de cobre o azul de metileno… pero nuevamente, estamos hablando de peces, no de personas. Jamás escuché que la piel de un humano sufriera esos síntomas, porque lógicamente son muy distintas la dermis humana con la piel de un animal marino.
- Senku… hay algo que estuve pensando. Ya sé que vas a decir que es absurdo e ilógico, pero… por más que así lo parezca, tiene sentido cuando se unen las piezas, teniendo en cuenta lo que los demás dijeron.
- ¿Qué es, Ryusui? Vamos, dilo.
- Puede que Kohaku… no sea humana, no del todo.
- ¿Qué..? –La pregunta se repitió al unísono entre todos los presentes.
- ¿Qué dirías, si cabe la posibilidad de que ella sea una sirena?
- Diría que no tiene un milímetro de lógica… pero tampoco logré llegar a una conclusión que sí lo sea.
- Es parte de una leyenda, lo consideramos un animal fantástico, lo sé… pero podría apostar mi honor de marinero a eso. Y en las historias que escuché, se dice que sus lágrimas se convierten en joyas cuando una sirena está enamorada, y que cada una de sus escamas son tan valiosas como un collar de perlas. Por eso es que dejaron de verse, porque se escondieron para preservar su especie ante la codicia humana.
- Sí, me resulta difícil de aceptar, como hombre de ciencia. Pero por algo las leyendas existen, ¿no? Bueno, vamos a comprobarlo entonces.
Senku dio por terminada la reunión, y se dirigieron al interior del barco, donde Kohaku estaba. Gen estaba pensando la forma sutil de hacerle soltar un poco más de información, o hacerle alguna pregunta que la sorprendiera, cuando escuchó al peliverde:
- Kohaku, ¿eres una sirena?
La boca de todos cayó abierta, ninguno pensaba ser tan directo. Pero así era Senku, sin vueltas ni dudas. La joven también abrió mucho los ojos, y se quedó callada un rato, sin poder creer que el científico hubiera adivinado su verdad.
- ¿Qué… qué dices?
- No te preocupes, tu vida no corre peligro ni me interesan ni un milímetro tus lágrimas, escamas o lo que sea que sea parte de tu cuerpo. Sólo te lo pregunto porque si eso es así, cambia todo en cuanto a la medicina que me pediste que haga.
Kohaku no podía creer lo que escuchaba. No sólo Senku había desestimado tan ligeramente sus mayores preocupaciones, sino que ni siquiera pareció cambiar de idea con respecto a hacerle la cura para su hermana, como si no le importara que fuera para una sirena, en vez de un humano, y fuera totalmente posible. Tragó duro, tan sorprendida como nerviosa, pero una parte de ella sabía que podía confiar plenamente en él, lo sabía desde el fondo de su corazón. Y si él confiaba en sus amigos como para hacerle esa pregunta delante de ellos, significaba que ella también podría confiar en ellos. Era una posibilidad muy arriesgada, pero nuevamente no tenía opción, para eso es que se había convertido temporalmente en humana, tenía que salvar lal vida de Ruri a toda costa, aun si ella salía un poco lastimada, no le preocupaba tanto eso, era un buen precio a pagar.
- Sí, así es.
Un jadeo de sorpresa se propagó por todas las personas que estaban cerca, y quedaron boquiabiertos un buen rato. Pero Senku no se inmutó tanto, aunque ahora tenía que lidiar con algo que escapaba de toda lógica y previsión.
- Ya veo. Eso explica muchas cosas. Gracias por ser sincera, quédate tranquila que estás segura con nosotros, te doy mi palabra.
Detrás de Senku, Kohaku vio cómo muchos asentían con una sonrisa. Los ojos de la joven brillaron de emoción: Lo sabía, sabía que no todas las personas eran malas y codiciosas.
- Gracias, Senku, y a todos. Y tengo algo más que confesar... la verdad es que no sabía qué iba a suceder… pero que me vea como humana no es algo que pueda sostener mucho más. Esta situación fue como un pacto con mi padre Kokuyo, el rey de los mares, y me dio un preparado que me aseguraría la forma humana durante sólo un par de días. La otra parte del pacto, algo que sólo él sabe cómo hacer, es que yo no pueda recordar dónde vive mi familia, pero con este anillo –levantó la mano y lo mostró– ellos sí pueden encontrarme. Puedo vivir como sirena fuera del agua, si es que la posibilidad de que hagas la medicina sigue en pie, pero reconozco que no sabía qué hacer… Me alegro de poder confiar en ustedes.
- Diez billones de puntos para ti por la confianza, lo mismo digo. Espera… –una idea se le ocurrió– ¿sabes de qué está hecho ese preparado? Podría pensar de hacer un poco por mi cuenta, para prolongar tu forma humana. Mañana llegaremos al puerto, donde te dije que tenemos que comprar provisiones y demás, y tenemos que bajar del barco. Obviamente podrías quedarte escondida dentro, o volver al mar… pero sería mejor si puedes acompañarnos. ¿Cuánto crees que vas a seguir manteniendo esta apariencia?
- No lo sé con exactitud… pero es posible que mañana en la noche vuelva a mi forma original.
- O sea que tenemos menos de doce horas desde que pisemos tierra para hacer esa innovadora "medicina" transformista... qué emocionante. Tenemos que lograrlo mientras tengas forma humana, de otra forma creo que será imposible.
- De acuerdo. Puede ser… que mis piernas vuelvan a perder movilidad, conforme se acerque la hora. Me di cuenta que ahora me cuesta más moverme, que lo que podía a la mañana.
- No te preocupes, Tsukasa o Ryusui pueden ayudarte. A los ojos de los pueblerinos, quedará como dos educados caballeros que llevan del brazo a una dama, o que eres su novia, nadie sospechará. Y si alguien pregunta, le decimos que sufriste un grave accidente y te estás recuperando.
La tranquilidad con la que dijo eso último estremeció a Kohaku, pero asintió lentamente.
- Y ahora dime, ¿qué lleva esa fantástica medicina submarina?
Kohaku se esforzó por recordar todos los ingredientes, y tal como sospechaba Senku, había muchos que sólo se conseguían en las profundidades del mar o de arrecifes, con mucha suerte podían conseguir en una droguería del pueblo, siempre había personas que coleccionaban materiales extraños, traídos por los pescadores y mercantes. Pero tenían que intentarlo.
Cuando esa noche se fueron a descansar, Kohaku se recostó cerca de la bolsa de dormir del peliverde, que era en quien más confiaba de todo el barco, y se hizo la dormida. Pero un rato después, abrió los ojos y comprobó que el científico estuviera dormido, y se dedicó a mirarlo largamente. No podía explicarlo, quizás era porque lo "conocía" desde que ambos eran niños, en cierta forma… pero cada vez que lo miraba, una sensación cálida brotaba de su pecho, y estaba segura que podía confiarle su vida a ese brillante joven. A veces era frío con las palabras, como si esquivara sus sentimientos a propósito y tratara de relacionar todo con la utilidad y la lógica, pero ella podía ver que detrás de esa fachada, tenía un corazón noble y amable, y que siempre buscaba el bien para los que lo rodeaban. Cada hora tenía la certeza de que quería pasar más tiempo cerca de él, y no quería ni pensar cuando tuviera que despedirse definitivamente, para volver a las profundidades del mar con su familia. Pero se aseguraría de llevarse los mejores recuerdos de ese encuentro del destino.
A la mañana siguiente llegaron al puerto, y se dividieron las tareas para abastecer el barco. Senku le dio a Kohaku la dura pero realística noticia de que no sabía si la medicina humana curaría a una sirena, pero que tenían a alguien de mucha confianza en el pueblo a quien podrían preguntarle de alguna historia o leyenda al respecto que pudiera darle ideas, sin confesar que llevaban una sirena con ellos.
Tal como la mujer-sirena había sospechado, su forma de caminar se volvió un poco más torpe, con lo cual aceptó la ayuda de Tsukasa para agarrarse de él para caminar. Le sorprendía lo amable que era ese hombre con ella, pese a que su apariencia era muy fuerte e intimidante. Todos eran confiables, pero le pareció que cuando Tsukasa la miraba, veía "más allá de ella", no sabía cómo explicarlo, era algo instintivo.
- Tsukasa, gracias por tu ayuda… Debes pensar que es muy raro viajar con una sirena convertida temporalmente en humana. Y aun así tú, Senku y los demás me tratan normalmente.
- Honestamente… que seas una sirena me trajo recuerdos, hum.
- ¿Recuerdos? –Preguntó sorprendida– ¿Acaso conociste a alguna otra antes?
- No, al menos no en la vida real –sonrió, pero continuó explicando ante la cara de confusión de la chica– Mi hermana menor, Mirai, adora a las sirenas. Además de ser un mito, hay una historia infantil que trata de una sirenita, y mi hermana cuando era pequeña, no paraba de decir que quería convertirse en una algún día.
- Oh, ya veo –Le dio ternura lo que le había dicho el castaño.
- Y hace unos años, estuvo al borde de la muerte… tuvo que enfrentarse a una operación médica muy complicada. Como amuleto de la suerte, yo le hice un collar de conchas marinas, y le dije que guardara el secreto, pero que una sirena me la había dado para ella, y con eso aseguraría que iba a salir bien de la operación. Y que tal vez un día podría conocerla, si era fuerte y superaba ese difícil momento –Los ojos café de Tsukasa brillaron con lágrimas de emoción contenidas– Lamentablemente nunca pude cumplir esa última parte, no fui un buen hermano, siendo que ella dio todo por salir adelante.
- Bueno… si todo sale bien, cuando consiga la medicina y me vuelva a transformar… podrías presentármela, y entonces de verdad conocería una sirena, ¿qué te parece?
- Sí, eso sería perfecto, la haría muy feliz. Gracias, Kohaku.
Tsukasa le dedicó una mirada fraternal llena de agradecimiento, y le ofreció su brazo para ayudarla a caminar.
Kohaku estaba maravillada con el mundo humano, los edificios, la comida, la ropa, todo era nuevo e increíble para ella. Había pedido acompañar a Senku en la búsqueda de los ingredientes, le empezaba a interesar mucho lo que él llamaba ciencia, así que Tsukasa, Chrome, el peliverde y ella fueron juntos a comprarlos. Llamaba un poco la atención de algunas personas que la rubia caminaba con dificultad, y que fuera con ese grupo de jóvenes que la mayoría conocía, pero asumieron que era una paciente de Senku.
Pero un hombre no se quedó con la conclusión tan sencilla al verlos, porque con su experiencia e instinto, sospechaba que había algo más detrás de eso, y cambió el rumbo de sus pasos para seguirlos a una distancia prudente, disimulando al pararse en puestos de venta. Le había llamado la atención en principio la dificultad de caminar de la joven, y no pasó desapercibida la apariencia extranjera y bellísima que tenía… como si no fuera de ese mundo. No le interesaba particularmente ese detalle, sino la impresión que causó en él la presencia de la chica, y cuando pasó a su lado al cruzar sus caminos antes de decidir seguirla, pudo sentir un sutil aroma, que no pudo pasar por alto, porque nunca antes lo había sentido. Y ese hombre en lo que más confiaba, era en sus instintos. Eso era lo que lo había convertido en uno de los mejores cazarrecompensas del mundo, además de su letal habilidad y precisión. Eso, y contar con un compañero tan brillante como él, aunque le dejaba la parte de la logística y la información.
Lo que también tenía ese hombre alto y sigiloso, era una excelente vista, y mientras observaba minuciosamente al grupo de jóvenes que caminaba delante de él, sus ojos captaron un sutil y mínimo brillo en la parte trasera de una de las piernas de la joven. Cuando el grupo finalmente se detuvo unos pasos más adelante, antes de entrar a una droguería, el hombre pasó al lado de ellos, y fingió que se le caía un objeto, agachándose para recuperarlo. Y con una velocidad y precisión casi quirúrgica, cortó con una filosa navaja algo que sobresalía de la pantorrilla de su objetivo, sin que ni siquiera ella se percatara de eso, y se lo guardó en el bolsillo, junto con su arma.
Tsukasa sí notó entonces su presencia tan cercana, pero a pesar de que lo miró de reojo, no notó nada extraño, más allá de que era un hombre claramente extranjero. Pero como lo vio enderezarse y seguir su camino apenas levantó algo del suelo, y su energía no se percibía como amenazante, el castaño decidió ignorarlo, y entraron al negocio.
El hombre luego se detuvo, y observó lo que había cortado. Dándose cuenta de lo que podía ser, aunque sorprendido porque pensaba que era sólo un mito, soltó un silbido de aprobación. Sonrió para sí mismo, en una expresión confiada tan bella como estremecedora, mientras encendía un cigarrillo.
- Vamos a cazar al pez de la fortuna. Nada mal, naaada mal.
Buenaaaas! ¿Qué les parece hasta acá? Esta historia, que será de sólo dos o tres capítulos, surgió del dúo dinámico y flashero que hacemos con Cherry, ya nos conocen xD. La segunda novela ligera de Dr. Stone tiene un relato de "La Sirenita", adaptado como una de las cien historias, y entre eso y muchas referencias al manga (al día, por supuesto) … ¡Ta-daaaa! ¡Esperemos que les guste! Es Senhaku, como espero que hayan intuido, pero la idea es que sea con las personalidades y dinámicas del manga, como suelo escribir todas mis historias.
Mmm… todavía tengo que terminar la segunda parte del epílogo del AU "No es ciencia, es amor" (y obvio actualizar mis otros fics activos), pero, ¿qué prefieren, que complete esa historia primero, o que continúe y termine ésta? (y el AU esperará al menos una o dos semanitas más jaja). Gracias por el apoyo, como siempre, divinos!
Hasta el próximo capítulo!
