Unas horas después, el equipo de Senku se volvió a encontrar en el punto de reunión del puerto, y cada uno tenía las manos llenas de comida, materiales, insumos medicinales y bolsas de dinero gracias a las ventas de objetos y medicinas.

- Senku, ¿consiguieron todo para hacer la medicina de Kohaku? –preguntó Ryusui, mirando a su amigo.

- Sí, lo hicimos. Se complicó en conseguir dos, pero tuvimos que recurrir al mercado negro del pueblo, por sugerencia del boticario. De no ser por eso hubiéramos tenido que mandarte a bucear al fondo del mar por materiales.

- ¡Jaja! Ningún problema, un marinero y pirata como yo con gusto va personalmente a buscar los tesoros del mar profundo.

- Sí, pero el problema hubiera sido que no teníamos el equipo para eso, además de que el tiempo no sobraba ni un milímetro.

- Pero ya está resuelto, Senku, es una victoria.

- ¿Victoria? Todavía no empezó lo verdaderamente difícil, que es hacer una medicina sin precedentes, para un ser mitológico y que escapa en diez billones por ciento a la lógica.

- ¡Yo te ayudaré, Senku! –Dijo Kohaku con confianza, aunque tenía sentimientos contradictorios con que la llamen un "ser mitológico que escapa a la lógica", pero había aprendido que Senku era así de racional y directo ya.

- Sí, cuento con tu ayuda, Kohaku. La necesitaré para que me guíes, y para hacer pruebas.

- ¿Partimos hacia el mar en cuanto terminemos? –Preguntó Ryusui.

- No, hoy nos quedaremos aquí, y seguramente mañana también.

- ¿Y eso por qué, Senku? –Chrome lo interrogó, confundido.

- Porque tengo que hacer una visita extra, a la única persona que conoce y que se deja llevar por historias legendarias, y que podría darme alguna idea poco lógica para esa otra medicina mucho más compleja de hacer, la cura definitiva para la hermana de Kohaku.

- ¿Hay alguien así? –Preguntó Kohaku esperanzada.

- Sí, pero ahora tenemos que preocuparnos por ti, sin más tiempo que perder. No podemos permitir que vuelvas a tu forma real e irreversible. Te di mi palabra, pienso cumplirla.

- Senku… gracias –Los ojos de Kohaku brillaron, no se había equivocado al confiar en él– Daré todo de mí para ayudarte, ¡vamos!

Sin demorar un segundo más, entraron al barco, acompañados de Tsukasa que ayudaba a Kohaku a caminar, y a Chrome que era el colega científico de Senku. Los demás volvieron a dispersarse por el pueblo luego de dejar las compras en el barco, buscando más provisiones y descansando un poco de pasar tantos días en el mar, necesitaban pisar terreno firme y verde, comer carne roja, y enterarse de las novedades que pudieran ofrecerles nuevos trabajos u oportunidades.

Senku preparó la mesa de su laboratorio, disponiendo de todos los frascos y los ingredientes. Tenía muchos pasos por delante, aunque por suerte contaba con ayuda para moler los materiales, así como preparar las infusiones y combinaciones químicas. El trabajo en equipo era fundamental, y sus amigos ya estaban tan acostumbrados a ayudarlo con sus experimentos y medicinas, que el peliverde podía confiarles varios pasos a ellos sin tener que detenerse a revisar si lo habían hecho bien. El científico tuvo que racionar los exclusivos ingredientes para preparar cuatro dosis diferentes, al fin y al cabo, eso sería prueba y error. En medio de las preparaciones, Chrome dijo en voz alta una duda que no podía resolver.

- Oigan… ¿y cómo sabremos si la medicina funcionó? Podría ser demasiado tarde si esperamos que pasen las horas para verificar que haya surtido efecto.

- Sí, y tampoco hay certeza de que haga efecto instantáneo, las medicinas no son mágicas –dijo Senku con el ceño fruncido– Pero lo que sí es evidente es que, con cada hora que pasa, Kohaku vuelve a ser más torpe con el uso de sus piernas humanas. Por lo que, si logramos hacer la medicina que indique una mejoría en ese aspecto, por más que sea leve, diez billones por ciento seguro que será nuestra victoria.

- Hummm, puede ser también, pero yo pensé que primero nos daríamos cuenta cuando se le cayeran las escamas que le están creciendo –acotó Tsukasa pensativo

- ¿Las escamas, dices? –Chrome le preguntó sorprendido.

- Sí, miren las piernas de Kohaku. Lo noté hace un rato ya.

Tsukasa le pidió permiso a la joven sirena, y la cargó con mucha facilidad en sus brazos, para así mostrarles la evidencia a sus amigos. Efectivamente, unas pequeñas y brillantes escamas tornasoladas empezaban a crecer de sus piernas, y los científicos lucieron sorprendidos, incluso ella misma.

- ¡Diez billones de puntos para ti, Tsukasa! No me extraña con tus absurdos reflejos e instintos, que te hayas percatado de algo así.

- En realidad lo hice de casualidad, porque a un hombre se le cayó algo cerca, y alcancé a ver ese brillo que antes no estaba en las piernas de Kohaku. Horas después, noté cómo empezaban a crecer más.

- Como sea, es una gran observación que servirá de mucha utilidad. Ahora, menos charla y más acción, que tenemos las horas contadas.

El equipo continuó trabajando, y a todos les sorprendió lo ágil y fuerte que era Kohaku para ayudarlos a preparar los ingredientes. No se podía mover con comodidad, así que la habían dejado sentada, pero una vez más demostró que desde la mitad de su cuerpo para arriba, estaba dotada de una gran destreza. Siguiendo las indicaciones de Senku, logró acelerar el proceso a la mitad de tiempo ella sola, era pura motivación.

- Sí que quieres tener esas piernas humanas, sirena –acotó el peliverde con una media sonrisa.

- ¡Ja! Por supuesto, sin esto no podré ayudarlos a buscar la medicina para mi hermana. Y sé que no puedo hacer mucho en unos pocos días, pero les prometo que me haré más fuerte, así no seré una carga y no tengo que depender de ustedes.

- Otros diez billones de puntos para ti, con esa actitud. En ese caso hay puedes pedirles para que te ayuden a entrenar a Nikki, Kirisame, Tsukasa..., y hay varios más, no dudarán en darte una mano.

- Lo haré, no pienso quedarme atrás, no cuando todos se están esforzando tanto para ayudarme.

A media tarde, Senku había terminado una de las medicinas, y se la dio a Kohaku. Varios de los otros tripulantes del barco habían vuelto ya, y luego de esperar media hora para comprobar s había surtido efecto, la rodearon con expectativa. No sabían qué esperar, pero para ese entonces ya varios estaban al tanto de la crecida de escamas de la sirena, y todos los pares de ojos se concentraban en sus piernas. El peliverde se arrodilló y le tomó una de ellas en su mano, examinándola de cerca.

- ¿Sientes algo distinto?

- No… no realmente.

- Nadie dijo que iba a salir bien al primer intento. Pero también puede ser que mejores, y las escamas que ya crecieron queden ahí, como si fueran pelos. Hagamos la prueba de caminar ahora, si eso tampoco mejora, tendremos que descartar esta dosis.

Kohaku asintió, y se puso de pie. Dio un par de pasos con seguridad, trayendo esperanza de que había funcionado, pero luego de unos pocos pasos más sus piernas cedieron y se tropezó. Senku, que la seguía de cerca, la sostuvo por la cintura, evitando que cayera al piso.

- Perdona –le dijo la rubia, apoyándose en él, y tratando de controlarse por la repentina cercanía.

- No te preocupes –la ayudó a sentarse en la silla nuevamente– La ciencia es prueba y error, paso a paso, miles de intentos. Ahora no tenemos los recursos de tiempo o de materiales para tantas pruebas, así que tendremos que maximizar la efectividad. Tenemos los ingredientes correctos, es cuestión de cambiar las proporciones. Ya había adelantado una segunda variante, completamente opuesta. ¿Te sientes bien como para probarla ahora?

- ¡Sí!

Senku fue a buscarla, y le alcanzó el polvo medicinal. Nuevamente la ansiedad se apoderó del lugar, pero recordaron que tenían que esperar a que hiciera efecto. Cuando varios se habían dado vuelta para ocuparse en otras cosas, oyeron una tos seca muy fuerte, proveniente de la joven sirena. La miraron con cautela, y la preocupación los embargó a todos cuando vieron que ella no paraba de toser, cada vez más fuerte, y jadeando con los ojos muy abiertos porque no podía siquiera respirar para ingresar aire, esa tos no se lo permitía. Senku se quedó paralizado unos segundos, hasta que pensó en algo lógico para aliviarla, o se ahogaría.

- ¡Chrome, trae agua! –Ordenó– Kohaku, trata de reprimir la tos y respirar hondo, una vez al menos, deja entrar el aire.

El castaño salió disparado, y a los pocos segundos volvió con una botella llena de agua. Senku inclinó la botella, apoyándola en la boca de Kohaku y dejó que le entrara el líquido, aunque ella no paraba de toser y escupía parte del agua, su cara ya estaba muy roja y tenía lágrimas en sus ojos alarmados. Pero un momento después, pareció calmarse un poco de su ataque de tos, y sólo quedó jadeando fuertemente, para recuperar el aire.

- Mierda, eso estuvo cerca –Gruñó Senku preocupado– Lo siento, Kohaku, no esperaba que sea tan fuerte y que te hiciera mal.

- Está bien –contestó ella temblando, tratando de sonreír– No fue adrede.

- Descartado completamente, es como si te hubiera provocado una reacción alérgica. En tu caso no son bacterias que causan una enfermedad, por lo que no deberías tener ese tipo de respuesta violenta. A decir verdad, no tenemos idea de cómo funciona en tu cuerpo, pero si dijiste que la preparación de tu padre fue con ingredientes como estos en su mayoría, y no te hizo mal, debemos desechar efectos adversos.

- Sí, al menos si descartamos su "ingrediente secreto" que hizo que me desmaye y pierda la memoria.

- O sea que la primera prueba no hizo nada, y la segunda casi te mata… en el medio de ambas está la respuesta, lo sé.

- Senku –Chrome le llamó la atención, mirando la botella de agua– ¿No nos estamos olvidando de algo muy importante?

- ¿En qué estás pensando, Chrome? Tenemos todo lo que Kohaku dijo que llevaba, estoy seguro de que no falta nada de eso.

- No, más bien… entiendo que está en su forma humana, pero ella es una sirena. Y las sirenas viven en el agua. No tiene branquias como otros peces, pero su cuerpo está acostumbrado al agua de mar, que tiene un porcentaje de sales, formados por otros elementos químicos, ¿no?

- Así es, las sales disueltas en el agua de océano son cloruro de sodio y de magnesio, sulfato de magnesio y de calcio, sulfato de potasio, carbonato de calcio y bromuro de magnesio. También está compuesta de sales nutritivas o fosfatos, sustancias orgánicas disueltas, y gases disueltos como oxígeno, nitrógeno y dióxido de carbono.

- Sí, bueno –dijo Chrome un poco perdido de tanta información, él era un aprendiz científico, pero tardaba más en procesar todo eso– mi punto es que, si una sirena está acostumbrada al agua marina, y allí fue donde le prepararon esa medicina… que no sabemos qué aspecto o textura tenía, pero claramente no era en polvo… ¿por qué no la diluimos en agua de mar?

Todos quedaron boquiabiertos ante la obvia pero muy acertada observación del castaño. Kohaku no había entendido ni una palabra de lo que había dicho Senku, pero sí encontró sentido en las simples y claras palabras del otro científico-médico.

- Chrome… –dijo Senku pasmado– tienes toda la razón. No puedo creer cómo se me escapó algo tan elemental, es una vergüenza para cualquier científico. Estaba haciendo una medicina para humanos, olvidando que ella no es enteramente uno. Diez billones por ciento seguro que eso marcará la diferencia. Tenemos dos intentos más.

- Ya estoy bien, puedes darme esa medicina –afirmó Kohaku con confianza.

- ¿Estás segura? No hay problema si…

- Lo estoy, no tenemos tiempo que perder. Soy fuerte, puedo aguantarlo. No entiendo nada de tus palabras difíciles, pero puedo decirte que, por el gusto de esta última medicina, estaba mejor encaminada que la anterior, según lo que alcanzo a recordar de la que me hizo mi padre. Creo que puedo ayudarte a corregirla, aunque sea de forma instintiva.

- Sí, todo ayudará. Ojalá baste con diluir los procesos que ya tenemos hechos, o no nos dará el tiempo hoy de volver a procesarlos todos.

Una hora entera más pasó, hasta que tuvieron lista la siguiente prueba. Esa vez la cocinaron en agua de mar, y cuando se enfrió, notaron que se había puesto levemente viscosa. No envidiaban a Kohaku por tener que tragar eso, pero ella no la miraba ni con una pizca de asco, o por lo menos lo disimulaba.

- ¿Lista?

- Sí, confío en ustedes.

Esa vez le dieron un pocillo de vidrio, en el que Senku calculó la dosis medicinal. La rubia lo miró, y se lo tragó de una vez, segura. Por la preocupación de su ataque anterior, los tripulantes se habían reunido una vez más alrededor de ella, pero en sus ojos estaba la certeza y la confianza en el joven líder científico y médico. Por suerte durante los próximos minutos, nada malo sucedió, y Kohaku frunció el ceño.

- ¿Qué sientes? –Le preguntó Senku serio.

- Tuve una sensación rara, como si algo hubiera pulsado en mí, pero fue sólo una vez, y luego sentí mi propia sangre "recorrerme", digamos.

- ¿Tan rápido? Aunque podría tener sentido si tienes alguna diferencia biológica interna que absorba con mayor velocidad lo que entra a tu cuerpo.

- Se le han caído –intervino Homura, con su voz serena, señalando al piso cerca de la rubia.

Todos los ojos se dirigieron a donde apuntaba el dedo de Homura, que sabían que tenía una excelente visión, aunque sin saber bien a qué se refería. Senku se agachó para tomar una muestra de eso que se había caído, e instantáneamente una gran sonrisa confiada creció en su rostro. Sí, las escamas se habían soltado de las piernas de Kohaku, y brillaban en el piso de madera.

- Ponte de pie, Kohaku. Comprobemos si también se detiene la degeneración del control de tus piernas para caminar.

La rubia asintió, y accedió al pedido. Tal como antes, dio unos pasos seguros, que retuvieron la respiración de todos de pura expectativa, y para alivio de todos, pudo seguir caminando. Tsukasa la seguía de cerca para atajarla si tropezaba, mientras que Senku la observaba con los ojos entrecerrados y una fina sonrisa.

- ¡Puedo caminar como ayer cuando me acostumbré a usar las piernas! –Kohaku dijo con una sonrisa deslumbrante– Ya no siento tanta debilidad y rigidez, puedo hacerlo, puedo caminar sola.

- Buenas noticias, sí. Obtuvimos la victoria en hacer una medicina sin precedentes para mantener la forma humana de una sirena, nada mal.

- ¡Qué malote! –exclamó Chrome emocionado.

Una ronda de aplausos y festejos a gritos se oyó entre los tripulantes, felices con el éxito. Kohaku, radiante, se acercó con seguros pero lentos pasos a Senku, y le tomó la mano entre las suyas.

- ¡Gracias, Senku! Sabía que podía confiar en ti, siempre lo supe. Ahora sí podré cumplir mi palabra de hacerme más fuerte para ayudarlos.

- De nada, pero todavía tenemos que ser cautos. No sé cuánto tiempo hace efecto esta medicina, si el de tu padre duró apenas un par de días. Es posible que tengas que tomarla una o dos veces por día, o al menos tenemos que estar preparados para esa posibilidad. Así que voy a hacer más con lo que tengo.

- ¿Senku, necesitas que compremos más de los ingredientes? –Intervino Ryusui– No sabemos cuánto tiempo nos va a llevar conseguir la cura para la hermana de Kohaku.

- No vendría mal. Voy a darte por escrito las indicaciones, entre el boticario y el mercado negro, podemos abastecernos de esos ingredientes exclusivos al menos como para tener dos o tres semanas más.

- Cuenta conmigo, no hay mercader que no me conozca, y más cuando yo he sido el proveedor de muchos de esos materiales.

- ¿En tu pasado de dudosa moralidad, Ryusui-chan? –Preguntó Gen con malicia.

- Yo no lo pondría así, pero ciertamente hay reliquias marinas que les llegaron a través de mis manos, aunque siempre de buena fe, no lastimé a nadie en el proceso de obtenerlas.

- Bueno, basta de tanta charla, a trabajar, antes de que se ponga el sol tenemos que estar todos de vuelta aquí –los interrumpió Senku, y los dos hombres se sonrieron en complicidad.

- Si te parece, Ryusui-chan, continuemos esta conversación mientras vamos por esos materiales, te acompaño.

- Claro, será un placer.

- No se tarden… cuando ustedes planean algo juntos, son de temer.

- Senku-chan, qué malpensado eres –dijo Gen con una voz inocente, si no fuera porque su sonrisa era positivamente diabólica.

- Ya, como sea, váyanse de una vez.

- Sí, mi capitán –Ryusui se tocó el sombrero con picardía e hizo una burlona reverencia, y se fueron del barco con el mentalista.

El resto del día se lo dividieron entre todos en hacer las preparaciones para el próximo viaje, y Nikki y Kirisame se turnaron para ayudar a Kohaku a hacer ejercicios para fortalecer el control y elasticidad de sus piernas. La joven sirena iba muy en serio, y entrenó con ellas hasta el cansancio, tanto que Senku tuvo que darle una pomada y un brebaje medicinal para relajar sus agotados músculos, quejándose de que, si hacía demasiado, iba a acalambrarse y que al día siguiente tendrían que llevarla a cuestas, aunque ya pudiera usar bien sus piernas. Detrás de esas duras palabras, Kohaku sonrió con ternura, porque leyó entre líneas que el científico estaba cuidándola y no quería que se sobre-exija, aunque lo demostrara de una forma mucho más irritable.

A la mañana siguiente, volvieron a dividirse en dos grupos, para hacer la visita a la persona que Senku creía firmemente que podría orientarlos a encontrar la cura para Ruri. Kohaku, Chrome, Tsukasa, Gen y Ryusui fueron los acompañantes de Senku, y prefirieron que los demás cuiden el barco y siguieran con las preparaciones necesarias, ya que para ese pequeño viaje no necesitaban de mucho músculo, con el castaño de pelo largo bastaba. La casa a la que se dirigían estaba en un punto alejado del puerto, lindando con un área boscosa, casi en la punta de una pequeña montaña.

Kohaku nunca había visto paisajes como ese, todavía le faltaba mucho por conocer de la geografía terrestre, y durante todo el trayecto sus compañeros la consintieron contándole anécdotas y describiéndole paisajes, saciando su curiosidad. Cuando llegaron al pie de la montaña, Tsukasa cargó a la rubia en su espalda, alegando que esa subida podría cansarla demasiado, y aunque ella protestó, se calló cuando fue Senku el que le dijo que coincidía con el pelilargo, que luego podría ejercitar todo lo que quisiera para compensar. Cuando llegaron a la puerta, el científico golpeó un par de veces la puerta, pero luego entró directamente a la casa, usando una llave que tenía en su bolsillo. Aunque apenas dieron unos pocos pasos dentro, cuando escucharon una voz llena de júbilo.

- ¡SENKUUUUUU! ¿Al fin te apiadaste y viniste a visitar a tu buen padre?

Un hombre de mediana edad, de pelo blanquecino y los ojos brillantes y emocionados a la par de una enorme y brillante sonrisa, los recibió con los brazos abiertos.

- Corta el rollo, viejo –respondió Senku, cortante– Necesito información.

- Un témpano de hielo hubiera sido más cálido que tú –protestó el hombre, frunciendo el ceño, indignado.

Kohaku se quedó sorprendida de la rudeza y la frialdad de Senku con su padre, aunque cuando los miró a los ojos a ambos vio que tenían una pequeña sonrisa, y la mirada de Senku no era tan fría como lo habían sido sus palabras. Era evidente que el fingido trato indiferente era una característica del joven, y se preguntó si alguna vez bajaría la guardia.

El peliblanco los invitó a pasar, y se dirigieron a una habitación grande que tenía varias cómodas y mullidas sillas, y una biblioteca llena de libros y pergaminos enrollados prolijamente. También había una estantería con objetos de diversos tamaños, todos muy llamativos y distintivos. Pese a toda la curiosidad y novedad que sintió Kohaku al estar dentro de un hogar humano por primera vez, pudo decir que ese lugar era ciertamente acogedor y cálido, transmitía las mismas buenas vibraciones que el hombre que la habitaba, quien volvió a hablar cuando terminaron de acomodarse.

- Parece que vienes con una situación interesante entre manos, ya que me estás visitando con tus amigos. Y... ¿quién es la señorita? –su tono de voz fue casual, pero sus ojos brillaban con curiosidad y un tono juguetón.

- Una sirena en forma humana. Viejo, te presento a Kohaku. Kohaku, él es Byakuya Ishigami.

Esta vez, solamente Kohaku quedó boquiabierta por lo sincero y directo que había sido Senku con su mayor secreto, ya que alcanzó a ver que los jóvenes sonreían divertidos pero despreocupados. El peliverde también notó su expresión, y soltó una breve risa.

- Es mi padre, ¿qué esperabas? Si confiaste en nosotros, puedes confiar también en este viejo charlatán.

- Sí, es cierto –sonrió más relajada.

- ¿"Viejo charlatán"? –Byakuya dijo con voz herida– A veces me pregunto qué hice mal al criarte, para que te refieras a mí de esa forma. Pero volviendo al tema… hace tiempo que no escuchaba algo tan increíble.

- Hmm, ¿no le parece extraño oír algo así de repente? ¿Lo creyó sin dudar? –Preguntó Kohaku sorprendida.

- ¿Por qué no lo haría? Es mi hijo quien lo dijo, jamás dudaría de él… y en especial de un chico como él –los ojos cafés del sonriente hombre brillaban de amor y orgullo.

- Claro, perdón, no quise decirlo de mala forma. Es que me resulta sorprendente, con todo lo que mi familia me advirtió de los humanos, que confíen y que sean tan amables conmigo, al aceptar ayudarme con algo que otros considerarían imposible.

- ¿Oh? ¿Y qué sería eso? Me imagino que es el motivo por el cual vinieron a visitarme.

- Así es, viejo. Si hay alguien que puede tener información al respecto, eres tú. La situación es la siguiente, Kohaku es una sirena que se convirtió temporalmente en humana, para buscar ayuda en conseguir una cura para su hermana, Ruri, gravemente enferma. Tiene los síntomas graves y avanzados del "terciopelo" en los peces, y tiene sentido el diagnóstico ya que es una sirena completa. El problema es que vive en algún lugar secreto del fondo del mar, y no tenemos idea de cómo hacer una medicina que sea efectiva de forma definitiva, ya que parece que Ruri es una sirena bastante enfermiza… e importante para ellos, más allá de la familia. Tiene que ser un tipo de cura definitiva, y prácticamente milagrosa.

- Ya veo… y Kohaku-chan, ¿han probado otras curas antes?

- Sí, mi padre consiguió muchas medicinas de todos los rincones marinos, y sólo funcionaban temporalmente, pero cada vez que se vuelve a enfermar, es más y más grave. Decidí recurrir a Senku porque no hallamos más alternativas, y temo por la vida de mi hermana mayor.

Byakuya se quedó pensativo, rascándose la corta barba con una mano, mientras miraba con ojos entrecerrados hacia un costado. Y de pronto, miró a su hijo con una sonrisa maliciosa.

- Bueno, como haber…. Hay una posibilidad. No te va a gustar mucho la idea, Senku, porque no es algo que tú, ni yo, ni nadie actualmente pueda hacer.

- ¿Ah? ¿Y entonces cómo es que existe?

- Me sorprende que hagas esa pregunta, hijo, considerando que tienes una sirena misteriosamente convertida en humana a tu lado.

- Buen punto, viejo. Reformulo la pregunta entonces. ¿Cómo la consigo?

- Ese es el problema… así como hablamos de algo tan ilógico y mítico como las sirenas, lo que recordé tampoco está dentro de los confines de la lógica dura, aunque ciertamente tiene un origen científico. La cuestión es que ni siquiera con la ciencia actual se podría explicar cómo funciona.

- Oooh, ahora llamaste mi atención, en especial con lo del origen científico.

- Lo imaginaba, diez billones por ciento seguro que a ti te emocionan esas cosas, Senku –los ojos del peliblanco brillaban– Bien, se trata de un aparato misterioso y único, llamado "Medusa" en la tierra… y "Panacea" en el mar.

- ¿Cómo las diosas mitológicas griegas?

- Sí, así es. Es un instrumento… presumiblemente de fabricación humana, que tiene en sí mismo el poder de la vida y de la eternidad. Pero por eternidad no me refiero a un poder como la alquímica piedra filosofal, sino más bien a un estado que es en sí mismo la vida y la muerte, aunque a cuál se inclina depende más bien de la persona afectada y su voluntad de vivir. La cuestión es que, en el mar, tal como su nombre lo indica, se dice que cura cualquier tipo de enfermedad. Mientras que, en la tierra, convierte en piedra a todo aquel que entre en su campo de acción.

- Muy interesante, pero su función en el agua es lo que necesitamos. ¿Y cómo sabes de eso? ¿Libros o anécdotas que te llegaron de viajes ajenos?

- Ninguna de las dos –sonrió Byakuya con confianza– Conocí a alguien muy especial hace muchos años. Parece que el contacto con sirenas corre con el destino de los que llevan el apellido "Ishigami".

- ¿Qué… qué dices? –Preguntó Senku, muy sorprendido.

- Como lo oyes. Nunca volví a ver otra sirena, excepto hoy, por lo que no sé si todas lucen parecidas… pero ciertamente el parecido es notable. No creo que tengan tiempo para escuchar esta larga anécdota, pero, en resumen, era una sirena adulta bellísima, muy parecida a Kohaku-chan. Y su tragedia fue que perdió su voz y no podía cantar. Lo que más amaba esa sirena en su vida, desde que tenía memoria, era cantar. Yo era un viajero entusiasta, en busca de experiencias memorables… y vaya si las encontré. Cuando me encontré con ella, estaba en su forma de sirena, con lo cual pensé que estaba soñando, y pues quise continuar en aquel sueño. En base a preguntas, logré adivinar lo que le pasaba, y prometí ayudarla, por supuesto. Ella sabía la existencia de este aparato legendario, vaya a saber desde cuándo existía, y me lo dibujó en la arena. Me hice con un pequeño barco, y viajamos juntos hacia una isla a la que ella me guió… y aunque no fue fácil, tiempo después, lo encontramos. La sirena se lanzó al mar, y lo único que alcancé a ver fue una luz colorida y brillante dentro del agua… y cuando salió, ella había recuperado su voz –los ojos de Byakuya brillaron cálidos– Y qué voz… te transportaba al cielo mismo su pureza y amor. Le pregunté su nombre, y me dijo que se llamaba Lillian. Pero me dijo que tenía que volver al mar, aunque nunca me olvidaría, y cada vez que cantara, lo haría pensando en mí.

Byakuya hizo una breve pausa, en la que respiró hondo, y Senku se sorprendió de verle los ojos aguados.

- Le pedí que se quede conmigo, insistí en aquello, tratando de convencerla de las formas que había para que podamos seguir juntos. Hasta que me di cuenta… que estaba siendo egoísta. Pretendía arrastrarla conmigo, forzarla a adaptarse a mi vida y abandonar la suya, ya que yo como humano, no podía vivir en el mar. Pretendía obligarla a vivir en las sombras, a esconderse de los otros humanos que no lo entenderían o que intentarían lucrar con ella, solo para volverse ricos y poderosos. Y entonces, lo entendí, y la dejé ir. Ella me agradeció entre lágrimas, compartiendo el dolor de la despedida, y fueron las lágrimas más brillantes que vi en mi vida, parecían piedras preciosas. Me devolvió el artefacto, la panacea, y le prometí que lo devolvería a su lugar, para que algún día pudiera salvar a otra sirena que lo necesitara. Y vaya que acerté, porque hoy se volvió verdad al menos eso.

Un profundo silencio inundó la sala, los jóvenes sintiendo la melancolía en el aire, flotando luego de aquella anécdota desoladora. Pero Senku se percató de algo, y frunció el ceño.

- Viejo… ¿por qué dices que "al menos eso" se volvió verdad?

- Te lo dije, no sé si fue un sueño o no –Byakuya sonrió con culpabilidad.

Senku no se atrevía a cuestionarlo, porque se sintió conmovido con la historia de su padre, pero en el fondo se sintió irritado de que no hubiera servido para nada. Muy emotiva historia, sí, pero si todo era un sueño ilógico de su padre…

- No lo fue –Murmuró Kohaku, y todos los ojos se posaron en ella– No estuve ahí, pero no fue un sueño. Yo era chica, pero… escuché más de una vez una anécdota similar a esa, y fue precisamente esa historia la que siempre me dio la esperanza de que los humanos no eran todos malos y codiciosos, y eso fue lo que me impulsó a buscar y confiar en Senku, desde que lo conocí, mucho antes de estos días. No alcancé a conocer a aquella sirena… pero creo que es verdad. Senku –lo miró– vayamos a esa isla. Estoy segura que la respuesta que buscamos estará allí.

El científico posó sus profundos ojos rojos en los aguamarina de ella durante varios segundos, serio, y finalmente asintió.

- De acuerdo, intentémoslo. De todas formas, no tenemos otra opción, ni otra pista. ¿Puedes hacerlo, viejo?

- Puedo hacerles un mapa para indicarles dónde está la isla. Son entre tres y cuatro días de viaje desde aquí, dependiendo de la embarcación en la que vayan. Sólo… procuren que no caiga en malas manos. Y espero que logre curar definitivamente a tu hermana, Kohaku-chan.

- Sí, yo también. Gracias, señor Byakuya.

Luego de esa conversación, el padre de Senku tomó un rollo de papel vacío, y luego un pergamino enrollado de la biblioteca que parecía ser un mapa, por lo que copió dicha información en la hoja limpia. Cuando terminó, se lo dio a su hijo, apoyándolo contra su pecho.

- Cuídalo con tu vida, Senku. Y salven aquella otra vida. Luego me cuentas tú la anécdota, ¿de acuerdo?

- Claro –asintió con firmeza.

Como no tenían tiempo que perder, los jóvenes se despidieron de Byakuya, y Kohaku le agradeció especialmente. El peliblanco le agradeció de vuelta… diciendo que pudo volver a ver en sus ojos a Lillian, al menos una vez más, y luego él mismo los apuró para que se fueran, todo sonriente y entusiasmado, deseándoles suerte. Cuando quedó solo en su casa, volvió a la sala en la que estaban antes, y sacó una fina cadena de oro que colgaba de su cuello, escondida debajo de su camisa, y que tenía por dije una preciosa y alargada piedra aguamarina. La encerró delicadamente en su mano, apoyando sus labios allí largamente, y su sonrisa se borró mientras que finalmente dejaba recorrer silenciosamente su rostro unas lágrimas mucho más saladas, como agua de mar.

Hacia el mediodía, el grupo ya había vuelto al barco, y Ryusui mostró el mapa con orgullo.

- ¡Damas y señores, tenemos un nuevo destino! ¡La isla del tesoro!

- ¿La isla del tesoro? –Senku alzó una ceja mientras los demás sonreían– Bien podría ser la isla de los sueños, no sabemos siquiera si existe.

- ¡Ooooh, eso lo hace todavía más interesante, Senku! –Exclamó Taiju, entusiasmado.

- Sí, si no perdemos el tiempo con que sea una fantasía, en lo cual perderíamos unos tres días enteros solamente en el viaje. Byakuya nos contó de un objeto diez billones por ciento misterioso que sería la mágica solución que buscamos. El problema es que el payaso no sabe con certeza si eso que vivió, fue un sueño o realidad.

- Ya te dije que fue real, no me cabe duda –le reprochó Kohaku– Si hasta me resultó familiar a mí la historia.

- No sé lo sabes, pero para nosotros es más que habitual escuchar sobre sirenas que cantan, y el cuento rosa de que se enamoran mutuamente con un humano, y luchan por su amor. ¿Acaso las de tu especie tienen debilidad por los humanos? –se burló.

- No… no lo sé, yo soy la primera en mucho tiempo que sale del mar –le respondió ofendida, e identificada porque ella secretamente albergaba mínimamente sentimientos de profunda admiración por quién había emitido la burla.

- De todas formas, no lo sabremos hasta intentarlo. No estoy diciendo que no vamos a ir, es nuestra mejor apuesta y quizás encontraremos otras pistas científicas en el camino, es cuestión de pensar. Así que Ryusui, vamos, pon el mapa en la mesa y acordemos la ruta marítima.

El pirata desplegó el mapa, y todos se amontonaron a mirarlo. Lo que no se esperaban era que al menos un par de miembros jadearan de sorpresa.

- ¿Qué sucede, Mozu? –Preguntó Senku– ¿Te suena conocida la ubicación de esa isla?

- Sí, esa ubicación, y la distancia hacia aquí, por lo que dijiste de que tomaría ese tiempo de viaje. Esa es la isla de la que venimos Kirisame y yo.

- Así es –confirmó la mujer.

- Teníamos una buena posición allí, yo estuve a punto de pelearle el puesto al cabecilla… hasta que descubrimos que el viejo era un fraude.

- Decidí abandonar la isla a cambio de mantener de mi honor como guerrera, ya que no quería seguir sirviendo a alguien así. Mozu me siguió para convencerme de que hiciéramos un golpe de cambio de poder, y ahí fue cuando los conocimos a ustedes.

- La idea era utilizarlos para tener más poder, ya que tenían objetos y armas muy interesantes para los isleños… pero terminó siendo más interesante viajar con ustedes, y personalmente mejorar a un nivel divino mis ya excelsas habilidades de lucha, junto a Hyoga.

- La humildad, ante todo –Murmuró Kirisame irónicamente, mirándolo con desagrado.

- ¿Escucharon alguna vez hablar de la "medusa" o la "panacea"? –los vio negar a ambos con la cabeza– Miren este dibujo.

Senku les mostró otra hoja más pequeña, que tenía un dibujo no muy elaborado, pero que definía muy bien la forma del objeto, que parecía un triple anillo entrelazado y rígido. Miró a sus compañeros, pero ninguno dio señales de reconocerlo, aunque Mozu y Kirisame se le quedaron viendo con los ojos entrecerrados, sin afirmar ni negar nada.

- ¿Qué tiene de especial este objeto? ¿Cómo saben podría ser la cura? –Preguntó Ukyo.

- Según lo que me dijo Byakuya, tiene un doble poder misterioso. Si se usa sobre tierra, parece que convierte a las personas en piedra, aunque no las mata precisamente, parece que actúa como un cascarón. Pero si se usa bajo el agua, que es lo que nos interesa, tiene la función de curar cualquier tipo de enfermedad, la que sea. Y parece que es un objeto de origen científico, no uno fantasioso, aunque la verdadera pregunta que yo me hago es quién y cómo lo hizo.

Todos se quedaron pensativos, imaginando las posibilidades tanto aterradoras como milagrosas de aquel artefacto. Pero la curiosidad y el poder encontrar algo tan increíble y único había hecho brillar sus ojos con pura motivación.

- ¿Cuándo partimos, Senku?

- Ahora mismo, ya tenemos todo para nuestro viaje. Si tienen algo último que hacer, que sea rápido.

El grupo de amigos accedió a zarpar instantáneamente, y estaban de lo más entusiasmados. Como Mozu y Kirisame eran los únicos que conocían la isla, se dedicaron a dibujar un mapa y describir todo lo que recordaban, de forma tal de ingresar de la forma menos sospechosa, y dar con la choza principal del cabecilla. Plantearon distintos planes y estrategias, quiénes podrían infiltrarse sigilosamente, o en caso de que se desatara una lucha, los que serían más apropiados. Además, estaba el interrogante de cómo tomarían el regreso de los dos ex-habitantes, si lo verían como una deserción, o si serían recibidos con los brazos abiertos. Como fuera, Senku propuso hacer distintos planes para acomodarse a todas las eventualidades.

Varias horas después, por la tarde, la calma fue interrumpida por la potente voz de Ryusui alertando a sus amigos.

- ¡HAY ALGUIEN EN EL AGUA!

Sorprendidos de oír esas inusuales palabras otra vez, todos corrieron a cubierta para ayudar como podían. Efectivamente, en el mar, en un bote salvavidas, una joven pedía ayuda a gritos, llorando desesperada. Esa vez, fue Taiju el que se lanzó al mar sin dudarlo, aunque Kirisame ya había armado un lazo con la soga para lanzárselo a la chica y así acercarla al barco a flote de su precario bote. Taiju, con toda su resistencia, se agarró de la soga, y con la otra mano jaló del bote salvavidas, para nadar hacia el barco de vuelta, que se estaba deteniendo.

Lograron subir a la chica, era una joven rubia de pelo medio corto, que temblaba empapada de miedo, pero parecía ilesa, salvo por unos raspones. Era extranjera, lo cual llamó doblemente la atención de la tripulación.

- ¡Gracias a dios! ¡Me salvaron! ¡Pensé que moriría en el mar! –Gritó, aferrándose a Taiju, entre lágrimas.

- ¡Tranquila, ya estás a salvo! –La tranquilizó el grandulón, cubriéndola con una abrigada manta que Yuzuriha le había alcanzado– ¿Qué te pasó?

- Y-yo… escapé de un barco… Estaban todos borrachos, esos desgraciados…y…y… ¡tuve que huir antes de que me sucediera algo malo, esos asquerosos!

- Relájate, no te pasará nada aquí, estás a salvo –le dijo Yuzuriha, para darle tranquilidad de mujer a mujer– Yo me llamo Yuzuriha… ¿y tú?

- Lu-Luna.

- Yo soy Taiju. Vamos adentro, así te recuperas del frío, ¿de acuerdo?

- Sí, gracias –aceptó la rubia, y se dejó cargar por él.

La sentaron en una de las sillas que rodeaban la mesa, y los jóvenes se acercaron con curiosidad, ya más tranquilos. Como siempre, la eficiencia y la hospitalidad de Francois era sorprendente, y ya tenía preparada una bebida caliente para la chica.

- ¿Hace cuánto estabas perdida en el agua, Luna? –Preguntó Senku, mirándola fijamente, luego de haber compartido una mirada con Ryusui– No vimos ningún barco cercano.

- Estoy flotando aquí desde la mañana. Todo empezó anoche, pero logré esconderme a la madrugada, cuando los bastardos se pusieron muy pesados conmigo. No era la primera vez, pero nunca se habían intentado propasar tanto, así que en cuando la mayoría terminaron dormidos de tanto alcohol, robé un bote salvavidas y hui.

- ¿Qué tipo de embarcación era? –Preguntó Ryusui, entrecerrando los ojos.

- ¿Qué…? –Preguntó sorprendida, y un poco asustada– N-no sé a qué te refieres, era un barco grande. Pertenecía a un investigador, y su tripulación.

- ¿Y cuál era tu función en ese barco? ¿Eres investigadora también?

- No… soy aprendiz de medicina, me habían contratado como auxiliar, nada importante.

- Entiendo –Senku captó su atención– Bueno, Luna, tenemos una buena y una mala noticia. La buena es que podemos dejarte en el puerto más cercano para que desde ahí puedas volver de dónde sea que venías, no me interesa ni un milímetro tu antecedente, no vamos a interrogarte. La mala, es que estamos en un viaje importante, y no vamos a volver por varios días, no podemos dar la vuelta ahora. Así que tendrás que acompañarnos, o si tienes mucha suerte y nos cruzamos con otro barco que esté yendo para el lado contrario, podemos hacer que te pases a ese para volver. ¿Estás de acuerdo?

- Sí, gracias. Este… –La joven quedó impactada con la segura y firme actitud de aquel joven, y quedó cautivada por sus llamativos ojos carmín y su aire de evidente inteligencia.

- Senku –Respondió él. Cuando vio que la rubia seguía mirándolo con los ojos abiertos, y decidió interrumpir el incómodo silencio, con una sonrisa que podía parecer amable, pero ocultaba otra intención– Así que eres aprendiz médica, ¿eh? Bien, a cambio de que puedas quedarte en este barco, vendrás bien como mi asistente, ¿qué te parece?

Luna sólo asintió, ligeramente boquiabierta. ¿Tenía la oportunidad de estar al lado de ese hombre, que daba toda la impresión de ser el líder, y además ayudarlo? Tenía algo más que hacer en ese barco, pero tenía que disimularlo. Por lo que, estar al lado del líder era más que conveniente para conocer las dinámicas de la tripulación.

Pero lo que la rubia vio en su mente como una asistencia intelectual y ligera, alcanzándole frascos y materiales, y aprendiendo de él… se convirtió en pasar la tarde entera moliendo y calentando ingredientes y peligrosos compuestos químicos. Senku sonreía para sí mismo, realmente no tenía que hacer esas medicinas con tanta urgencia, pero quería comprobar la determinación de la joven, y mantenerla ocupada. Había algo que no le cerraba en su aparición, pero no podía decir qué, era cuestión de esperar. Por lo que, si al menos la mantenía activa y cansada, no le dejaría libertad de movimientos, pero ella tampoco se enteraría de su intención.

Kohaku, por su parte, tenía una actitud mucho más entusiasta y enérgica que Luna, además de ser mucho más rápida y eficiente en las mismas tareas. A los ojos de la chica rescatada, no parecía entender ni para qué hacía la mitad de las cosas, pero no dudaba ni se cansaba. Y para colmo, Kohaku no le prestaba la menor atención ni le preocupaba que Luna esté cerca, más bien le sonreía casualmente y seguía con lo suyo. Y no sólo eso, sino que luego de terminar con ayudar a Senku, se fue a entrenar con sus fuertes compañeros.

Luna sabía que Kohaku era una sirena, o al menos esa era la información con la que contaba, aunque no lo creía realmente. Lucía humana, hablaba como ellos, no había nada que la delatara. Nada, salvo que era particularmente bella, y tenía unos ojos claros y grandes que no coincidían con la apariencia japonesa promedio, incluso podía decir que su físico y rasgos eran más como los de ella misma, aunque aún más curvilínea y exuberante. Lo que también le intrigaba a Luna era a dónde se estaban dirigiendo, pero no le habían brindado la información, o más bien, Ryusui le había dicho que iban a una isla que no tenía nombre, así que tampoco podía ayudarla con las indicaciones.

Cada hora que pasaba, la atención de Luna fluctuaba más de Kohaku a Senku, no contaba con que ese joven fuera tan inteligente, seguro y hasta carismático. Sí, era un poco tosco, y la ignoraba bastante, pero no podía evitar admirarlo, ya que lo escuchaba hablar no sólo de medicina, sino de todo tipo de ciencia, así como estrategias y de inventos mecánicos. Era el hombre más inteligente y competente que había conocido… sin contar al líder del barco del que ella provenía. Había sido una total mentira lo de la borrachera de los tripulantes, más bien ese era la tripulación más exigente y seria que ella había conocido nunca, el único motivo por el que se había unido a ellos, era porque se decía que en ese barco había hombres muy capaces y ricos, y ella quería ser parte de eso… quizás tener la suerte de curar a uno, y que este cayera a sus pies, había oído muchas anécdotas de valientes marineros en sus prácticas médicas, y se ofreció voluntariamente como auxiliar por ese motivo.

Pero inocentemente, se enteró demasiado tarde de que había dado con un grupo particularmente ambicioso y peligroso de personas. No eran delincuentes, pero sí terriblemente eficientes y no dudaban en someter a los que se interpusieran en su camino. Los principales líderes eran dos hombres adultos, uno que era la mente maestra detrás de todos los planes, un prestigioso investigador y científico, y el que era conocido como el caza-recompensas número uno del mar. Tan eficientes eran, que nunca los había visto pasar más de dos días con una "misión", una vez que establecían un objetivo y hacían el plan, eso sin contar el tiempo de viaje marítimo, sino solamente en llevarlo a cabo. Y tenía que confesar que les temía, en especial al caza-recompensas, no tenía un ápice de piedad, o eso parecía.

Cuando se hizo de noche y habían terminado de cenar, Luna estaba intranquila. No se sentía bien con lo que estaba haciendo en realidad, pero no había tenido opción. Aunque había sido una sola tarde, le había llamado la atención lo amables y unidos que eran todos en ese barco, eran como un grupo de amigos navegando. Sabía que tenían un objetivo por delante, pero las sonrisas amables y las ayudas eran moneda corriente entre ellos, todos colaboraban con todos. Y la sirena... tenía que reconocer que estaba un poco celosa de ella, en especial de lo cercana que parecía con Senku, se podía ver a simple vista que Kohaku también lo admiraba y confiaba mucho en él. No sabía hacía cuánto se conocían, pero podía ver que el peliverde también estaba atento a ella, y lo había oído preguntarle frecuentemente si ella se sentía bien, o si tenía dificultades para caminar, e incluso lo vio dándole algo que parecía una medicina. Eso le había parecido extraño, pero supuso que tenía que ver con algo de su forma sirena original, bastante llamativo era que tuviese piernas humanas. Mientras pensaba en eso, se tocaba nerviosamente la pulsera que llevaba puesta, que no era solamente un accesorio de moda.

- ¿Puedo ir a cubierta un momento? –Le preguntó a Senku– Necesito aire fresco.

- Sí, pero ten cuidado, está totalmente oscuro afuera, sólo las luces del barco de dejan ver lo que hay alrededor.

- Lo tendré, gracias –contestó con una sonrisa, pero se estremeció por dentro. Esa oscuridad sabía que sería la perdición de esos jóvenes.

Cada minuto se arrepentía más y más de haber accedido a hacer eso, pero ya era demasiado tarde para lamentarse. Sintió un escalofrío, y la presión de ser vigilada. Pero miró alrededor, en la densa oscuridad, y efectivamente no veía nada más allá de unos pocos pasos, era una negrura absoluta, y había luna nueva. No sabía si considerar buena o mala suerte, cuando oyó pasos detrás de ella.

- Luna, te traje un té –dijo Kohaku– Francois hizo para todos, y pensé que te ayudaría a relajarte, me pareció verte un poco tensa. También me gusta pasar un rato aquí afuera sintiendo la brisa marina, así que me ofrecí a traértelo. ¿Te puedo acompañar?

- Eeh… sí, gracias, Kohaku –Aceptó el té con la mejor sonrisa que pudo ofrecerle.

- ¿Estás preocupada por lo que vamos a tardar en volver? De seguro te están esperando.

- No realmente –murmuró con tristeza, sin aclarar a cuál estaba respondiendo.

- Puedes confiar en la gente de este barco, son realmente de buen corazón. Yo soy un poco nueva aquí, y en unos días me hicieron sentir como si fuese una vieja amiga de ellos, o como si fuera parte de su "familia". Tengo... algo que hacer, pero si no fuera por eso, creo que, si pudiera, me gustaría unirme a la tripulación de forma definitiva. Estar al lado de Senku –se sonrojó y se apuró a aclarar– y de todos, claro.

- Sí, se ve que son buenas personas.

- No me quiero meter en tu vida, pero si no tienes dónde ir, podrías pedir ser parte de esta tripulación. Estoy segura que a Senku y a Chrome les encantaría contar con otra asistente médica, ya viste cómo dedican muchas horas a hacer eso para la gente de los pueblos.

- No sé si merezco…

Pero las siguientes palabras de Luna se ahogaron en su boca, cuando de pronto vio una furtiva silueta que se colocó detrás de Kohaku, y le tapó la boca a la vez que un brillo metálico se reflejaba a centímetros de su cara. La sirena abrió mucho los ojos, alarmada y sorprendida por lo que parecía un ataque repentino.

- Hola, sirenita –susurró una voz grave y rasposa junto a su oído.

Kohaku inhaló bruscamente, un fuerte escalofrío recorriéndola de terror, porque su instinto le decía que esa persona misteriosa que sabía su verdadera forma, no estaba allí con buenas intenciones. Lo único que podía decir era que se trataba de un hombre, y uno fuerte. Intentó que el miedo no la dominara, tenía que hacer algo, y Luna lucía tan aterrada como ella, lo cual no era buena señal. Si ese hombre sabía que ella era una sirena, estaba ahí para llevársela, tenía que alertar a sus amigos de alguna forma. Su atacante comenzaba a dar pasos hacia atrás, y ella no tenía la fuerza necesaria para resistirse. No sabía qué era lo que estaba apoyado en su cabeza, pero era algo frío.

Tenía una buena vista, incluso en la oscura noche, por lo que buscó con los ojos algo que pudiera servirle. Y entonces se percató: La taza, la taza de vidrio que sostenía Luna en sus manos. Todavía no era muy hábil con las piernas, pero podía aprovechar el apoyo que el hombre le ofrecía con su fuerte agarre, para intentar dar una patada. Jugándoselo todo en ese movimiento, reunió todas sus fuerzas para levantar rápidamente una pierna en el aire, pero los reflejos rápidos de quién la retenía fueron demasiado rápidos y hábiles, percatándose de que iba a intentar atacar o defenderse, y la sacudió para hacerle perder precisión. Pero toda esa secuencia al menos fue suficiente para asustar a Luna, que con un grito soltó la taza, la cual estalló sonoramente en el piso de madera.

Kohaku escuchó al hombre gruñir un insulto detrás de ella, y vio con cierto alivio que eso había llamado la atención de los jóvenes que estaban dentro del barco, ya que se oyó un pequeño tumulto. Para ganar tiempo, la rubia se sacudió como pez fuera del agua, obligándolo a aferrar su agarre en ella, y así impidiéndole escapar fácilmente. Lo único que sabía Kohaku, era que, si había venido por ella sabiendo que era una sirena, la necesitaba viva, no muerta, por lo cual no iba a lastimarla de gravedad. Por suerte, los jóvenes no tardaron más de unos segundos en aparecer en cubierta, y todos reflejaban tanto alerta como confusión, y habían adoptado posiciones de combate preventivas.

- Vaya, nada mal con su tiempo de reacción, niños –rió brevemente– Prefería hacerlo por las buenas, pero parece que me obligarán a hacerlo por las malas.

Tsukasa dio un paso adelante, una furia amenazante refulgiendo en sus ojos cobrizos, pero el hombre lo detuvo llamándole la atención.

- Yo que tú me quedaría quieto, o alguno de ustedes podría perder un ojo, y ya está bastante difícil ver de noche, así como están.

- Tsukasa, hazle caso –dijo Ryusui, cauteloso– Conozco esa voz. Mierda… esto es malo.

- ¿Quién es, Ryusui? –Preguntó Senku, que había oído a su amigo.

- Stanley Snyder… es el caza-recompensas más temido, me atrevería a decir del mundo.

- Ooooh, ¿me conoces? –dijo el hombre, ampliando su sonrisa confiada– Qué honor. Bueno, eso simplifica las cosas, ya sabes de lo que soy capaz. Sólo vengo a llevarme a esta pequeña pececita con forma humana.

- ¿Cómo lo supiste? –Preguntó Senku. No tenía sentido negar que Kohaku era una sirena, y tenía que ganar algo de tiempo para pensar en cómo rescatarla.

- Observación, información, un poco de ambas. Ah, y buen olfato –agregó, sonriendo maliciosamente, y luego miró a Kohaku– Aunque, así como estás no me sirves de mucho, me pregunto cómo "activarte". ¿O me lo dirás de una vez?

Stanley le quitó la mano de la boca, ya no tenía sentido mantenerla callada. Pero la rubia lo miró con fiereza.

- Nunca.

- Ya veo. Entonces voy a tener que poner a prueba las teorías. Se dice que las sirenas tienen dos cosas de mucho valor, sus escamas, que parece que por ahora no las quieres mostrar, y las lágrimas, que se convierten en joyas…cuando sufres por amor, o pierdes algo que te importa. Veamos, ¿estará tu personita especial en este barco?

Manteniendo firme el agarre alrededor de ella, estiró su otro brazo, y finalmente pudo verse bajo la luz de las bombillas el objeto metálico que se había reflejado antes: Era una pistola de alto calibre. Con suma calma y lentitud, apuntó uno a uno a los jóvenes del barco, mientras ponía toda su atención en sentir la tensión del cuerpo de la sirena. Cuando apuntó su arma a Senku, notó que ella se puso ligeramente más rígida.

- Oh, lo encontré. Veamos si funciona el truco ahora.

Sin advertencia alguna, el sonido de un disparo rajó el silencio de la noche, y el lado derecho del cuerpo de Senku se movió violentamente hacia atrás. Un multitudinario jadeo se escuchó al unísono, y Taiju fue lo suficientemente rápido para atrapar al peliverde antes de que caiga al piso, mientras la sangre comenzaba a teñir su ropa.

- ¡NOOOOOOO! ¡SENKU! –Kohaku gritó desesperada, tratando de liberarse del férreo agarre de su cuerpo.

- ¡SENKU! –Taiju también gritó, cuando vio la cara de su amigo contorsionarse de dolor, y que la sangre comenzaba a salir profusamente.

- ¡¿POR QUÉ?! ¡ÉL NO TE HIZO NADA! –La angustia subió a la garganta de Kohaku, al ver que la vida del joven podía correr peligro por su culpa– ¡ES A MÍ A QUIÉN QUIERES, MALDITO!

- Así es, sirenita –Le contestó con total calma, como si los forcejeos de ella no lo inmutaran– Pero ya que te negaste a darme la información, tenía que obtenerla por mí mismo. Un medio para un fin, no me gusta perder el tiempo, y es lo que ganas por haber alertado a tus amigos, tomaste una mala decisión.

Kohaku dejó de forcejear al escuchar eso. ¿La culpa era de ella? Sí, era cierto… si se hubiera dejado llevar, Luna podría haberlos alertado igual, y ellos se hubieran preparado para rescatarla. Pero no, ella priorizó su vida para que la ayudaran, e ignoró que Ryusui ya los había prevenido de que ese hombre era muy peligroso. Aun así, ella se negó a darle la información, viendo cómo les apuntaba a cada uno. Pero no tenía idea de qué era esa arma, ni cómo funcionaba, hasta ahora sólo había conocido los cuchillos, espadas y lanzas de sus compañeros. Y tampoco se esperaba que los atacara con tanta velocidad y precisión. Pero ya era demasiado tarde, su actitud temeraria había ganado que lastimaran gravemente a Senku…que no se merecía eso, él sólo la estaba ayudando a encontrar la cura para su hermana, no le había hecho mal a nadie. Y si él moría, por su culpa…no…si él moría, ella…

- ¿Qué dices, hablarás? –le dijo por lo bajo Stanley– ¿O tengo que darte un empujoncito más con otro disparo a tu chico?

- ¡NOOO, BASTA! ¡NO LO HAGAS! ¡POR FAVOR! –Gritó impotente, y sus piernas cedieron de lo mucho que temblaban– Por favor… te lo ruego…no lo lastimes más –comenzó a sollozar, sin poder controlarlo– te daré lo que quieras… puedes arrancarme las escamas, quedarte con mis lágrimas… pero no lo mates.

- Hmm, tentadora oferta, ahora sí estamos hablando. Déjame comprobar algo primero.

Con la mano que sostenía su arma, estiró un dedo para apoyarlo en la mejilla de Kohaku, limpiando una lágrima que le caía. Pero luego se apoyó ese dedo en la punta de su lengua, y se relamió.

- Dulces, como pensaba. Sí, son lágrimas especiales, pero el problema es que no se estarían convirtiendo en joyas como cuenta la leyenda, siguen siendo líquidas. ¿Será por tu forma humana?

- No-no lo sé –siguió sollozando con una mezcla de ira y tristeza– Nunca lloré joyas.

- Ah, ¿primer amor? Ya veo. Entonces cuento con que cooperes en venir conmigo, esperaremos a que vuelvas a tu forma original para cumplir tu parte de la promesa, ¿de acuerdo? Pórtate bien y nadie más saldrá lastimado. No es personal, y me gustan los trabajos limpios.

Cuando Kohaku asintió, ya que no quería que nadie más sufra por su culpa, Stanley caminó hacia atrás, dirigiéndose a la barandilla del barco, apuntando su arma a Senku por precaución. Su pequeña embarcación a motor se encendió, manejada por otro hombre vestido enteramente de negro como él, camuflados perfectamente en el manto oscuro de la noche. Antes de saltar, dirigió su mirada a la rubia que había sido secretamente su cómplice, con una media sonrisa.

- Nos vemos luego, Luna… o no, realmente no me importas ya, cumpliste tu función.

Buenaaas! Qué tal? Aay, pensaba llegar a actualizar antes, pero se me complicó la semana… y si escribo capítulos tan largos en todos mis fics, tampoco ayuda xD. Pero son vacaciones, me lo quiero tomar tranquila también.

Espero que les guste la continuación de esta historia (cómo nos gusta el drama, eh jaja). No sé si terminará en uno o dos capítulos más, depende el desarrollo y el largo que me ocupe lo que tenemos ya pensado con Cherry. Lo que sí, me toca escribir primero los capítulos de "Otros Caminos", y luego "Cautivos", hay hype, suspenso y drama también, no ahí, aguanto las ganas de escribirlos, y ya los tengo pensados. El 9 de febrero cumplo un año de escribir fics, voy a ver si alcanzo a actualizar todo para ese día jeje Hasta el próximo capítulo!