¡Hola! Estoy aquí de nuevo con el segundo capítulo. Me alegro mucho de que os gustara el primero y de que hayáis acogido bien el fic. Muchísimas gracias por las reviews Jp, ReySwan, kykyo-chan y li02.
Espero que disfrutéis también de este capítulo y nos vemos en el siguiente.
2
Emma odiaba el uniforme, siempre lo había hecho. Era feo, incómodo y no le quedaba bien. Y lo que más odiaba de todo, era aquella horrible falda de cuadros. Siempre le había parecido totalmente innecesario, pues ya no estaba en primaria. Pero debía llevarlo, por tres sencillas razones:
1. Era obligatorio. Y durante el último año, había seguido siendo obligatorio para todos, excepto para ella. No podían pretender que fuese a clase y se pusiera el uniforme con la depresión que tenía. Además, ella siempre respondía mal a casi cualquier cosa, ya fuese obligatoria o pedida como favor.
2. En realidad, no era tan feo. A la mayoría de las chicas les sentaba bien. A cierta morena le quedaba bien.
3. Regina se lo había pedido, y ella quería hacer las cosas mejor que el año anterior, así que… ¿por qué no?
La rubia suspiró mientras, por enésima vez esa mañana, se miraba en el espejo de cuerpo entero de su habitación, espejo que había estado de cara a la pared durante mucho tiempo, pero que ahora volvía a su posición original. Se recogió el pelo en una coleta algo descuidada y buscó sus libros.
Tenía que recuperar dos asignaturas del curso anterior, y sospechaba que sería algo duro, aunque a la vez agradecía haber puesto sus últimos esfuerzos – y a un empujón de August – en haber conseguido llegar al 5 en las demás.
Esta vez se había levantado con más tiempo del necesario. No le volvería a pasar lo mismo del día anterior. No, Regina Mills no llegaba tarde, y mucho menos dos días seguidos. Además, esa mañana su padre estaba en casa. Se preparó como normalmente, esta vez sin prisa, y bajó a desayunar.
- Buenos días, papá. – lo saludó con una sonrisa, al verlo leyendo el periódico mientras tomaba su café.
- Buenos días, mi niña. – respondió él, dándole un beso en la cabeza. – He hecho tortitas esta mañana, pero no se lo digas a tu madre. – continuó en voz más baja, guiñándole un ojo.
Los padres de Regina no se llevaban especialmente bien. No después de la última discusión, que había tenido lugar bastantes meses atrás. Aunque la morena tampoco recordaba un momento en el que no discutiesen. Cora era demasiado autoritaria, estricta y exigente; mientras que Henry era todo lo contrario.
Henry siempre había malcriado a Regina, según Cora. Siempre le había dado lo que quería, le había dedicado mucho tiempo y le había metido ideas en la cabeza que una muchacha como ella no debería tener. La realidad era que Regina agradecía haber tenido a su padre. Él le había enseñado todo lo que su madre no sabía ver. Él, por decirlo de alguna manera, le había enseñado a ser buena, a no mirar a todo el mundo por encima del hombro, y le había inculcado buenos valores.
- ¿Quieres que te lleve a clase hoy? Así en el camino me vas contando qué tal te fue ayer, que cuando llegué a casa ya te habías dormido. – sugirió Henry, a lo que su hija respondió asintiendo enérgicamente.
Emma se escabulló por las escaleras sin hacer ruido y se dirigió a la cocina directa a recoger su bolsa de comida, perfectamente preparada. No había nadie, lo que suponía que podía evitar la charla sobre el uniforme al menos hasta esa tarde. Si tenía suerte, podía esquivarla hasta el día siguiente.
Abrió la puerta tras un suspiro de tranquilidad y se encontró de frente con su hermano mayor.
- ¿Emma? – preguntó sorprendido, con una sonrisa burlona. - ¿Qué haces con el uniforme?
Mierda.
Mierda.
Mierda.
La había pillado. No quería explicárselo. No quería decirle que lo llevaba porque había decidido hacerle caso a Regina. No quería mencionarle a Regina si quiera. August no debía saber nada de ella.
- Ya te lo dije ayer. Nada de meterme en problemas. – dijo rápidamente, queriendo irse. – Estoy siguiendo las reglas.
- ¿Segura que es eso? – la cuestionó, riéndose. – ¿No hay alguien a quien quieras conquistar? Hasta te has peinado. – la molestó, intentando revolverle el pelo, pero Emma fue más rápida.
- No – se quejó. – Solo estoy intentando hacer las cosas bien. Por mí, y por todos.
- Está bien, te dejo en paz. – August se rindió finalmente, y la acercó hacía él para encerrarla en un abrazo. - ¿Quieres que te lleve a clase?
La rubia suspiró. No tenía remedio.
- No, pesado. Me voy andando. – le dio un codazo flojito, de broma. – A ver si te vas a la universidad ya. – rió, aunque no lo deseaba.
Regina acababa de llegar cuando sus amigas la rodearon. Estaban demasiado emocionadas para lo temprano que era, por lo que algo debía haber pasado.
- ¡Eh, Regina! – exclamó Úrsula. - Te ha llegado la invitación, ¿verdad?
- ¿Qué invitación? – preguntó ella, confundida.
- La de la fiesta de Robin. Es este viernes. Vas a ir, ¿no? – esta vez habló Mal.
- Ah, supongo que sí. – Regina echó un vistazo a su móvil, tenía varios mensajes sin leer de Robin. Sí, había recibido la invitación. – No creo que vaya.
- ¿Por qué? – preguntó la última de ellas, a la que todo el mundo llamaba Cruella.
La morena se quedó unos segundos en silencio, pensando. Era cierto, ellas no lo sabían, y dudaba que Robin hubiera hablado de ello en algún momento.
- Porque Robin y yo lo dejamos la semana pasada. – explicó.
- Oh, Regina, tienes que estar hecha polvo. – le respondió Úrsula, con pena.
- No. De hecho, lo dejé yo. – rió.
Las tres se quedaron con la boca abierta. Ninguna se lo podía haber imaginado, y menos cuando él seguía hablando de Regina como si fuera su novia.
- ¿Por qué? Todas querían estar en tu lugar, Regina. – dijo Mal.
- Ahora pueden estarlo. Robin es libre.
- Pero Regina, no seas idiota, ¿te das cuenta de lo que estás perdiendo? La gente va a hablar de ti, y Robin… - insistió Cruella.
La morena ya estaba harta de escucharlas hablar. Siempre Robin iba a ser la víctima, el bueno, porque todos sabían lo genial que era. A todo el mundo le encantaba Robin.
- Si tanto te gusta, puedes ir a por él. – dijo, guiñándole un ojo. – Me voy a clase.
Kathryn era la única que la hubiese entendido. De hecho, Kathryn había celebrado que cortasen en cuanto Regina se lo contó por teléfono. Sí, ella era su única amiga de verdad. La echaba de menos.
Emma estaba esperando a que abrieran el aula al lado de la puerta. Era curioso, porque había sido una de las primeras en llegar. Poco a poco fueron llegando compañeros, y aunque la mayoría se quedaban mirándola sorprendidos, no decían nada. Esperaba que Regina llegase pronto. Era la única de la que esperaba reacción, y la única que le importaba, aparte de Ruby. También quería que la viese Ruby.
Sonrió al sentir que alguien se acercaba a ella, pero su sonrisa se borró de golpe cuando levantó la mirada y se encontró con Robin. Odiaba a Robin. Odiaba que Robin fuese el novio de Regina. Robin solo era un idiota.
- ¡Vaya, mira a quién tenemos aquí! – exclamó, burlón – La famosa Emma Swan.
La rubia se tensó, cerró los puños e intentó tranquilizarse.
- Déjame en paz, Robin. – pidió.
- Sólo vengo a decirte que este viernes celebro una fiesta en mi casa, Swan.
- Y debo suponer que lo que quieres decirme en realidad es que entre todos, soy la única que no está invitada. – lo miró, alzando una ceja. – Está bien, sufriré en silencio desde mi casa estarme perdiendo la fiesta del siglo. – continuó, irónica.
El chico cambió su expresión, no le gustó cómo le había hablado ella y Emma lo sabía. Robin no era muy inteligente.
- Has acertado. A medias. En realidad he venido a ver a mi novia Regina.
- Te lo puedes ahorrar. Te recuerdo que tú y yo ya no estamos juntos. – dijo la morena, que acababa de llegar en ese momento.
- No durará mucho. – respondió él, alzando el mentón. – Volverás a pedirme salir, Regina.
- Lo dudo mucho. – dijo cruzándose de brazos y mirándolo fijamente. - ¿Qué haces aquí?
- Ver cómo Swan vuelve a llevar el uniforme, fingiendo que vuelve a ser la de antes cuando todos sabemos que se pasa los días llorando por su papá.
Emma apretó los puños más fuerte. Eso ya era demasiado. Sabía que no debía hacerlo, no debía meterse en más problemas, pero la estaba provocando. Sabía que Robin quería eso, y no quería dárselo, pero su rabia era más fuerte. Levantó el puño con la intención de golpearle en la cara, pero algo la frenó.
- Emma, no merece la pena. – dijo Regina, sujetándola. – Por favor, no le hagas caso a este idiota. Por favor. – rogó.
La rubia se relajó ante su toque y sus palabras, y bajó el brazo. Regina tenía razón, pero Robin no parecía querer parar.
- ¿Ahora eres una cobarde?
- Tío, para ya. – interrumpió Killian. Acto seguido señaló su nariz. – Puede romperte la nariz, ¿sabes? No la subestimes.
- Vete, Robin. – advirtió Regina. – O si no el que se va a meter en problemas eres tú.
Después de eso, el chico gruñó y se fue.
- Joder, menudo gilipollas. – se quejó Emma. – Debería haberle roto un brazo. O los dos.
A pesar de saber que iba en serio, Regina dejó escapar una risita. Era verdad que Robin necesitaba un escarmiento, pero no quería que fuese así.
Emma se giró hacia Killian, aún algo sorprendida por su reacción.
- Gracias por la ayuda…supongo. – dijo.
- No es nada, Swan. – respondió él, y algo avergonzado, continuó. – Lo siento mucho. Por todo. Y siento mucho lo de tu padre, nunca te lo había dicho.
No. Aquellas palabras no. Había conseguido no explotar en el momento que Robin nombró a su padre, pero eso había sido más de lo que podía soportar. Que le dijeran que lo sentían no…no sabía cómo gestionarlo, así que lo hizo como pudo: a través del rechazo.
- No tienes que pedirme disculpas por sentirte mal por ser un idiota. Tú no, no, ¡no nombres a mi padre, joder!
Antes de romper en llanto, sus piernas actuaron más rápido que ella y se fue corriendo al baño.
Regina siguió el sonido de los sollozos hasta llegar al último cubículo. No podía dejar a Emma así. Tras dos toques a la puerta, el sonido cesó por completo.
- Emma, es inútil que finjas que no estás. Te he oído llorar. – suspiró, apoyándose en la puerta. – Por favor, ábreme.
La morena no supo si habían pasado segundos o minutos, ya que el tiempo que tardó la rubia en abrirle la puerta se le hizo eterno.
- No quería que me vieras…- dijo, pero enseguida rectificó – no quería que me viera nadie así.
- No pasa nada por llorar por algo que duele, Emma. Es normal. Sobre todo después del numerito de antes.
Emma asintió, secándose las lágrimas.
- Gracias. Por no dejarme que le pegase, ya sabes.
- Un placer. – dijo Regina, sonriendo. – Te estoy llevando por el buen camino, ¿ves? Hasta has traído el uniforme.
- Ah sí. No me ha traído sino problemas. – se quejó.
- No estoy de acuerdo. Te sienta muy bien.
Eso hizo sonreír a la rubia, más de lo que debía. Regina la acompañó en todo momento: cuando se lavó la cara, cuando necesitó varios minutos para que se dejase de notar que había estado llorando, y cuando casi estuvo a punto de caer de nuevo. Y esta vez no le importó llegar tarde a clase.
Emma se reunió con Ruby en el recreo. Su amiga era un bálsamo para ella, siempre la contagiaba de su alegría – aunque fuese difícil – y la hacía sentir mejor. No quería perder a Ruby nunca.
- Y el cabrón de Gold nos ha mandado ya un proyecto para todo el curso, no nos deja ni empezar. – se quejó, llevaba varios minutos hablando de su clase y de lo duro que estaba siendo estar sin su mejor amiga ese curso. – Encima me ha tocado con Cruella, es que no puede ser peor. Y eso que están Anna, Ashley y Aurora, que me caen bien.
- ¿Crees que Gold te odia? – rió la rubia.
- Bah, seguro, quiere matarme.
Las dos estuvieron bromeando y planeando lo que harían el fin de semana, Ruby le había propuesto un maratón en Netflix y Emma había aceptado, pues empezar a distraerse no le vendría nada mal. Sin duda, un buen rato frente a una serie, comida y con su mejor amiga, eran todo lo que necesitaba para dejar de pensar en todo aquello que le hacía daño. Sabía que no era fácil y que lo de su padre nunca dejaría de doler, pero algún día podría recordarlo con una sonrisa.
Antes de que entrase en esa espiral de pensamientos, la morena volvió a hablar.
- Entonces, ¿qué tal con tu ligue?
- Regina no es mi ligue. – dijo Emma. – Ojalá lo fuese, pero… - se encogió de hombros. – Bien. Es muy amable conmigo.
La rubia evitó hablarle del problema de esa misma mañana, aunque suponía que había llegado a sus oídos. A pesar de ello, no le había comentado nada, cosa que agradecía. Tendrían el fin de semana el tiempo suficiente para ponerse al día.
Las clases transcurrieron normal, y todo el mundo parecía haberse olvidado ya de la novedad que era Emma llevando el uniforme, cosa que tranquilizaba a la rubia. Durante el resto del día Regina la había visto algo tensa, como esperando más malas palabras, miradas o burlas. Afortunadamente, no había sido así, y Emma se había relajado visiblemente. Incluso después del recreo, había vuelto más contenta.
- Ey, sabes que nos van a mandar un proyecto por parejas, ¿no? – preguntó la morena, en voz baja.
- Euh, sí, me lo ha dicho Ruby antes.
- Archie nos va a dejar elegir a nosotros, ¿quieres ponerte conmigo?
En realidad, Regina no quería ponerse con ninguna de sus amigas, si es que podía llamarlas así. Eran las únicas que su madre aprobaba, pero ella cada vez veía las cosas de una manera diferente, y quería elegir las cosas por sí misma. A Emma jamás la aprobaría su madre. Es más, la había escuchado decir comentarios sobre ella en algún momento. Pero eso no le importaba. Ya no. Emma le caía bien, y parecía que con ayuda podía hacer las cosas bien. Tenía esa esperanza.
- ¿Estás segura? Me quedan asignaturas del año pasado, quizás no tenga tanto tiempo y si no sacamos buena nota va a perjudicar a tu media… - respondió la rubia. Evidentemente quería ser la compañera de Regina, pero no quería ser la culpable de una bajada de notas de su compañera.
- Estoy más que segura, Emma. Y por las que tienes que recuperar, no te preocupes. Te puedo ayudar.
- En ese caso, encantada, nueva compañera. – rió.
Un rato más tarde el timbre sonó y las dos salieron juntas de clase, comentando algunas cosas del trabajo que les habían marcado y cómo querían hacerlo.
Al llegar a la salida, se despidieron y Emma estaba lista para irse andando, cuando reconoció un coche y una matrícula, y también a quien estaba esperando al lado. August. Se subió al coche – no antes de una mirada fulminante – y se apoyó en el cristal.
- Así que…Regina Mills, ¿eh? – preguntó él, riendo ante la reacción de su hermana. La había pillado. – Desde sexto de primaria…
¿Y bien? Dejadme vuestras impresiones!
