Stanley saltó del barco junto a Kohaku, desapareciendo en la oscuridad de la noche. Luego de unos segundos en silencio y quietos por el shock, Tsukasa fue el primero en reaccionar y dar órdenes.
- ¡Taiju, lleva a Senku a la sala médica del barco! Tenemos que ver la gravedad de sus heridas y detener el sangrado. Todos los que sepan de curación o medicina, vayan con ellos. Todos.
Le dirigió una feroz mirada a Luna, que se encogió de miedo. La actitud de Tsukasa era de claridad y control de la situación, pero sus ojos refulgían peligrosamente con ira apenas contenida. Herir así a Senku sin motivo, llevarse a Kohaku por interés económico, hacerla llorar y sentirse culpable... Ese Stanley las iba a pagar, caro.
Una vez en la humilde enfermería que tenían allí, le dejaron espacio a Luna, François y Chrome, pero todos los demás se agolparon en la puerta para ver lo que sucedía.
- ¡Senku va a moriiiiiiiiiir! –Se lamentó Ginro, entre lágrimas.
- Cierra el pico, que todavía no sabemos dónde le dio –Nikki lo calló, golpeándole la cabeza.
- Tranquilos, no es hora de desesperar, sino de ayudar –intervino Ryusui– No parece haberle dado en ningún órgano vital, su vida no corre peligro, miren.
Le habían sacado la chaqueta y la camisa a Senku, revelando que la herida estaba en el hombro, no en el pecho como pensaban. Tenían que apurarse en detener el sangrado, pero con alivio comprobaron que la bala había pasado limpiamente, un problema menos, ya que no contaban con cirujanos hábiles en el barco.
- Luna, no eres nuestra persona favorita en este momento, y no tienes nuestra confianza –agregó Ryusui serio, cruzándose de brazos– luego hablaremos, tienes mucho que explicar, pero por favor, cura a Senku.
- Sí, lo haré. Él no hizo nada para merecer esto –Apoyó la mano en el brazo sano del peliverde, con pena.
Una hora después, Senku ya estaba cosido y vendado, un poco pálido, y Luna le había recomendado descansar para reponerse de la pérdida de sangre, pero él desestimó sus palabras ya que quería escuchar personalmente lo que la joven tenía para contar. Tenían que rescatar a Kohaku lo antes posible, y le dejó un gusto muy amargo que no pudieran hacer nada frente a ese caza-recompensas. Pero lo peor de todo, lo que no podía dejar de pensar, era que Kohaku dependía de la medicina para mantener su forma humana, y con ese secuestro, todo el esfuerzo se perdería si no llegaban a rescatarla a tiempo. Y por eso, era que no tenían tiempo que perder, ni él se podía permitir descansar.
Todos los tripulantes del barco se reunieron para escuchar lo que Luna tenía que decir. Las caras de la mayoría reflejaban la misma indignación por haber sido engañados desde que decidieron "rescatarla" y creerle que había escapado del otro barco, cuando todo había sido una actuación para acercarse a Kohaku.
- Veremos qué es lo que tiene esta perra traidora que decir, antes de decidir qué hacer con ella –Dijo Nikki en un tono amenazante– Yo digo que la dejemos en el mar a su suerte, en el bote en que vino.
- Nikki-chan, siempre tan dura –Gen sonrió incómodo– Ahora mismo Luna está con nosotros, y es la única clave que tenemos para encontrar a Kohaku-chan. Y si escucharon las últimas palabras que dijo Stanley, dio a entender que no le importaba si ella volvía o no, podemos deducir que la utilizó para sus fines también.
- No voy a justificarme, es verdad que los engañé, aunque no porque quise –dijo Luna mirando al piso– Parte de lo que les conté era cierto, me ofrecí como voluntaria en ese barco por interés personal, pero luego me encontré con que eran personas peligrosas, demasiado tarde. No me explicaron todo lo que planeaban, solamente que tenía que dejarme rescatar por ustedes, y que había una sirena en el barco que les interesaba, yo tenía que buscar la forma de llevarla a cubierta y Stanley se encargaría del resto. Como les interesaba viva, no me imaginé que lastimarían a nadie. No tenía opción, no tienen idea lo intimidante que puede ser Stanley. Y huir no era una opción, no con él. Fui egoísta, pero pensé en mi propia vida, y lo de que existiera una sirena de verdad me pareció increíble.
- ¿Qué puedes decirnos de los tripulantes ese barco, y de su capitán? –Preguntó Senku.
- El capitán es un investigador, científico e ingeniero, una de las mentes más brillantes que conocí nunca, se hace llamar Dr. Xeno, no me dijo su nombre completo. Él es el quien hace los contactos, elige las misiones, y diseña los planes para llevarlas a cabo mayormente, es la logística del barco. Por otro lado está Stanley Snyder, ya saben a qué se dedica, y él es quien se encarga de los trabajos grandes o más difíciles, por la eficiencia y las habilidades casi inhumanas que tiene. Así como nunca conocí a alguien más inteligente que el Dr. Xeno, tampoco a otro más habilidoso que Stanley, son un dúo que temer. Luego hay al menos otros quince tripulantes, así como con ustedes, se dedican a distintas cosas… y la mayoría están armados hasta los dientes, no es broma. No los conozco a todos de nombre, solamente a tres hombres y a dos mujeres, porque eran los que parecían más amables. Bueno… las chicas eran luchadoras, pero no del tipo agresivas –miró de reojo a Nikki.
- O sea que los que tienen a Kohaku son un grupo de profesionales de primer nivel, y si intentamos colarnos en su barco, nos van a dejar como colador a nosotros, pero a base de cuchillazos y balazos, ¿no?
- Sí, algo así –admitió Luna, frunciendo los labios.
- Tenemos varios problemas grandes, entonces –Suspiró Senku– No hay muchos científicos e investigadores renombrados a nivel mundial, por lo que creo que sé quién es el Dr. Xeno. Nunca trabajé personalmente con él, pero si es quien creo que es, mi viejo sí hizo una investigación conjunta con ese hombre. No hay muchos llamados "Xeno" y que sean del mundo de la investigación, por lo que podría apostar que es él. Es ridículamente ambicioso y confiado, aunque con cierta razón, y atiende a la lógica, pero sólo si el objetivo le conviene, y siempre pretende sacar la mayor tajada.
- ¿O sea que dices que podemos negociar? –Preguntó Ryusui.
- Eso creo. De otra forma sería un suicidio ir contra ellos, no tenemos tiempo ni la preparación necesaria para enfrentarlos.
- ¿Y cómo vamos a hacer eso? –Intercedió Tsukasa– Ellos tienen a Kohaku, y tal parece, una ventaja demasiado grande, no sé qué tenemos a nuestro favor para negociar y llamar su atención.
- Sí hay algo –Senku dijo, y sonrió de costado– pero para que funcione, necesitaremos la colaboración de Luna, si es que está dispuesta a hacer una doble traición, y esta vez ayudarnos, sin que ellos se enteren. ¿Qué dices, Luna?
- Lo haré, es mi forma de redimirme con ustedes –Accedió con una expresión determinada– No quiero que lastimen a Kohaku, ni a nadie más.
- Diez billones de puntos para ti, por tu valentía. Ahora…
- Espera, Senku –Lo interrumpió Luna– ¿No estás enojado con haber salido herido por mi culpa, y que hayan secuestrado a Kohaku? ¿No me odias por haberlos traicionado?
- Dijiste que no lo hiciste porque quisiste, sino porque te presionaron a hacerlo, o tu vida correría peligro. ¿Era verdad eso?
- ¡Sí, claro!
- Entonces no hay nada más que hablar. Y enojarme u odiarte no ayuda en nada a la situación, además de que perderíamos la única carta a nuestro favor, ni siquiera sería inteligente eso. Tal como dijiste, vas a redimirte dándonos una apertura para que podamos hacer nuestra jugada. Lo demás ya no importa realmente.
- Senku –murmuró la joven con lágrimas en los ojos. Si antes admiraba al peliverde, ahora no tenía palabras– A pesar de todo, esas palabras… gracias. No te defraudaré.
- Bien, este es el plan. Como saben, la forma humana de Kohaku sólo se sostiene con el uso de la medicina que formulé hace poco, pero su efecto es limitado. No podemos permitir que vuelva a su forma de sirena, no sólo porque en ese caso podrían hacerse con sus lágrimas y escamas, sino porque además le prometí que encontraríamos la cura para su hermana, y para eso la necesitamos con nosotros. Por lo cual, nuestra misión principal es darle la nueva dosis de medicina antes de que sea tarde. Luna lo hará, ya que es la única que puede volver a ese barco.
- Es una buena idea, Senku-chan, y te diré más –dijo Gen, con una sonrisa maliciosa– Yo me encargaré de darles motivos a nuestros habilidosos enemigos, para que terminen trabajando para nosotros.
- ¡Jaja, estás loco Gen, pero me gusta la idea! –Ryusui exclamó entusiasmado, chasqueando los dedos.
- ¿Qué tienes en mente, Gen? –Le preguntó Senku, confiando totalmente en las habilidades manipuladoras de su amigo.
- Primero mandaremos a la bonita Luna-chan de vuelta al barco del , bastará con que les diga que nosotros la echamos a patadas, por su traición. Y ella será la que se encargue de darle la dosis a Kohaku-chan, tiene la excusa de ser aprendiz de médica, así que podría decir que va a revisarla por cuestiones de salud, y se la dará secretamente. No les queda otra opción que esperar a que se vuelva sirena, algo que nunca sucederá, y ellos no cuentan con la información de la medicina secreta, por lo cual se preguntarán qué es lo que está fallando. Les dejaremos el mensaje a través de Luna, de que en vano secuestraron a Kohaku-chan, ya que sufrió alguna clase de maldición y no podrá volver a su forma de sirena, a menos que consigamos la "Panacea", que por ese motivo ella se acercó a nosotros, para que la ayudemos a encontrarla.
- Excelente, algo así es lo que tenía pensado.
- Pero sólo nosotros sabemos dónde se puede encontrar, y no es una información que estemos dispuestos a dar, ni bajo amenaza de muerte ni tortura. Querrán comprobar la información, así que tendremos que prepararnos para esperar unos días, en los que Luna-chan seguirá dándole la medicina secreta. Si es verdad que no son delincuentes sádicos, les dejaremos la posibilidad de que ellos se comuniquen con nosotros para negociar. Y así es como contaremos con poderosos "aliados" para facilitar nuestra búsqueda de ese dispositivo.
- Buena idea Gen, pero tu plan tiene un gran problema –dijo Tsukasa con una mirada severa– Una vez que consigamos esa panacea, van a darse cuenta de nuestra mentira. Lo mejor sería que ayudemos a Kohaku a escapar en el mar, y que ella se lleve la cura para su hermana, pero a eso le veo dos problemas: Uno, dudo que bajen la guardia y nos dejen la apertura para que ella escape, y si lo logra, preparémonos para ser alimento de peces. Dos, podrían pretender quedarse ellos con el dispositivo desde el principio, y además con Kohaku. No me agrada pensar lo que pueden hacerle para que suelte esas famosas lágrimas valiosas, y menos aún que le arranquen las escamas. No puedo aceptar un plan sin garantías, que la ponga en peligro, o no poder protegerlos a todos ustedes.
- Están bien tus observaciones, Tsukasa, pero ahí es donde tendremos que negociar –Intervino Senku– Y no estoy seguro, pero puede que, si intentan usar el dispositivo en Kohaku, no surta efecto porque ella no está realmente enferma, lo de "medicina" es un nombre que le pusimos nosotros al preparado que la mantiene como humana. En ese caso, podemos hacer tiempo, quizás que Kohaku lleve la cura a su hermana, y pida a las otras sirenas algo de mucho valor para ofrecer como "pago". Tengo entendido que lo que quieren ellos es el dinero de vender las lágrimas convertidas en joyas, o las escamas, no a la sirena en sí.
- Oigan… se me ocurrió algo –dijo Chrome pensativo– ¿Recuerdan que cuando le dimos la medicina a Kohaku, las escamas simplemente se le cayeron? Bueno… tal vez podemos aprovechar ese momento, de darle una última dosis en el momento previo a que esté al límite de convertirse en sirena. No le produce dolor, y ellos tendrían esas escamas… sin lastimarla ni hacerla llorar. Las joyas se pueden encontrar de otra forma, en cambio las escamas son mucho más especiales, ¿no es cierto?
- Sí –Admitió Ryusui, sorprendido– Esa propuesta implicaría confesar nuestra mentira, pero compensaríamos con que se pueden llevar lo que vinieron a buscar, sin lastimarla, no es mala idea.
- Tampoco podemos afirmar que no quieran tomar algún tipo de represalia por haberlos usado… pero es la mejor opción hasta ahora –Coincidió Tsukasa.
- Luna, ¿en qué dirección está yendo ese barco, lo recuerdas? –le preguntó Senku– No pueden estar lejos si escaparon en esa pequeña embarcación.
- Sí, se estaban dirigiendo al noroeste. El barco del Dr. Xeno es uno de los más grandes y rápidos que he visto en mi vida, pero no debería ser difícil verlo con un catalejo en cuanto se haga de día, si siguen esa dirección. No tienen motivos para huir de nosotros, confían mucho en su poder, así que no creo que hayan cambiado de rumbo.
- Es una buena guía, pero también tenemos en nuestro poder la comunicación por ondas radio, y un radar. Diez billones por ciento seguro que mañana los encontraremos.
- Perdona, Senku, pero hay algo que no termino de entender –dijo Luna tímidamente– ¿Cómo voy a alcanzarlos yo en un bote, cuando ellos están en un barco mucho más grande y potente?
- ¿Quién dijo que te enviaríamos en un bote? –le contestó, alzando una ceja– Vas a llevar un mensaje nuestro, uno que necesitamos que llegue pronto. Tenemos una pequeña embarcación con un buen motor aquí, no te creas que el Dr. Xeno es el único que tiene tecnología marítima. En todo caso la pregunta es si sabes manejarlo.
- Sí, vivía en una ciudad costera, y mi padre es particularmente rico, por lo que aprendí con él a manejar distintos tipos de embarcaciones… aunque no soy experta, claro, pero puedo navegar sola.
- Diez billones de puntos para ti entonces. Si todo sale bien y logramos recuperar a Kohaku, eres bienvenida a nuestra tripulación, ya que no pareces apegada a tus anteriores compañeros.
- ¡¿Qué?! –se sonrojó, sin poder creer lo que había escuchado. ¿A pesar de la traición, consideraba que ella podía tener un lugar con ellos… con él? – De verdad no entiendo cómo puedes aceptarme después de lo que hice.
- Las habilidades son lo primero, nunca vendría mal otra futura médica y además con conocimientos de navegación, eres muy útil –Senku se encogió de hombros.
- Gracias, Senku –Lo miró con los ojos brillantes, completamente encantada ya con ese joven.
- Como sea, me voy a descansar. Mañana a primera hora pondremos el plan en marcha.
No muy lejos de allí, Kohaku ya había llegado junto con Stanley y su compañero al barco principal. A pesar de lo preocupada y triste que se sentía por lo que había sucedido, en especial por no saber si la vida de Senku corría peligro, no pudo evitar admirar las increíbles dimensiones de aquel barco, nunca había visto nada parecido. Era como una pared negra enorme en el medio del mar, al que subieron gracias a una escalerilla de cuerda que los tripulantes dejaron caer. Stanley la agarró de la cintura, y silbó a sus compañeros para que tiraran y los subieran. Una vez arriba, la colgó sobre sus hombros de una forma poco delicada, y la llevó adentro.
El interior de ese barco era tan impresionante como su exterior, sino más. Todo lucía impecable, en perfecto estado y limpieza, e incluso la mayor parte de las personas que veía vestían el mismo diseño de ropa, salvo unos pocos. Su captor la llevó así hasta una sala del barco, anunciándose con la voz ante una persona sentada en una cómoda silla.
- Xeno, misión cumplida. Aquí tenemos a la sirenita.
- Excelente. ¿Todo en orden?
- Sí, la inútil de Luna terminó alertando a los chicos del barco, así que me demoré unos minutos más poniendo orden, pero todo bajo control. La dejé allí, no parecía que su cerebro procesara que tenía que mover las piernas, así que me fui con lo único que nos importaba.
Cuando Kohaku escuchó esas palabras, pareció volver a despertar a la realidad, y le vinieron a la mente las imágenes de lo sucedido. Comenzó a sacudirse y revolverse contra el agarre el hombre.
- ¡Maldito! ¡Suéltame! ¡Eres un demonio! ¡¿Cómo pudiste hacerle eso?!
- ¿"Hacerle eso"? –Preguntó el hombre que estaba sentado– ¿Qué sucedió?
- Ya que me causaron molestias, aproveché para poner la teoría a prueba, eso de que una sirena llora lágrimas especiales por amor –Contestó el caza-recompensas como si no le afectaran los intentos de escapar de Kohaku– Encontré al chico que parecía importarle y le disparé al hombro.
- ¿Funcionó?
- Sí, a medias. Lágrimas dulces, ciertamente especial, pero asumo que su condición humana hizo que no se pudieran convertir en verdaderas joyas. Eso, o tu información no era acertada.
- Jamás me equivoco en mis investigaciones, Stan –Le dijo con una expresión muy seria– Pero se basan en el hecho de que sea una sirena con forma de sirena… y ahora mismo le veo dos piernas humanas.
- ¿Qué hacemos, entonces?
- Vamos a hacerle unas preguntas, pero nada más por hoy. Es tarde, y ahora que está con nosotros nada nos apura. Pero primero, tenemos que presentarnos mutuamente. Stanley, bájala a nivel del suelo, por favor.
El hombre se puso de pie, y miró a Kohaku con una pequeña sonrisa, mientras Stanley la dejaba pararse, agarrándole las manos para que no se mueva tanto. Estaba vestido con una larga y ajustada chaqueta de cuero negro, y sus ojos eran casi tan oscuros como su ropa, tenía una mirada profunda e intimidante. Sus rasgos eran finos, con el pelo blanco ligeramente rubio echado hacia atrás, lo único que arruinaba su escueta belleza eran unas profundas ojeras oscuras.
- Puedes llamarme Dr. Xeno, soy un investigador. Ya conociste a Stanley. ¿Cómo te llamas, sirena?
- Kohaku –no quería colaborar realmente, pero prefería evitar el trato rudo, si es que pretendía salir de allí en una pieza.
- Un gusto conocerte personalmente, Kohaku –inclinó levemente la cabeza hacia adelante, mirándola a los ojos– No veo necesario que te atemos, creo que entiendes que no tiene punto alguno que te resistas, mucho menos que intentes pelear. Pero debo preguntarte para asegurarme, ¿vas a comportarte y cooperar, o no?
- Cooperaré, di mi palabra a cambio de que no lastimen a mis amigos.
- Mejor así, te agradezco. Ahora, acompáñame, por favor, como dije, tengo unas preguntas que hacerte.
Xeno miró a Stanley, y apenas asintió con la cabeza, el hombre la soltó, aunque se mantuvo muy cerca de ella, siguiéndola detrás mientras caminaban.
- ¿Qué piensan hacer conmigo? –le preguntó Kohaku con cautela, mientras caminaban.
- Investigarte, por supuesto, eres un ejemplar único que rompe con la fantasía de ser solamente una criatura legendaria.
- Pensé que lo que querían eran mis lágrimas y escamas.
- Por supuesto, también. Gajes del oficio, anteponer el conocimiento al beneficio económico. Pero las investigaciones cuestan dinero, por lo que también vamos a lucrar con los materiales que podamos obtener de ti, y de esa forma tener la economía resuelta por muchos años. No te preocupes, no tengo la intención de desplumarte como a un pollo. Eres demasiado valiosa como para ser desesperados y descuidados contigo.
Llegaron a otra pequeña sala, y la hicieron sentarse en un banco de madera. Vio al capitán correr unas telas muy largas, y frente a su vista aparecieron varios medidores extraños, cubiertos por finos vidrios transparentes. Stanley acercó unas cubetas con agua, y le dijo a Kohaku que metiera allí sus manos y pies.
- ¿Para qué es esto? –Preguntó recelosa.
- Quiero asegurarme de que lo que digas sea la verdad, y esto es una forma científica e inocua de hacerlo. No te hará daño –explicó el Dr. Xeno.
- Como te imaginas, no podemos confiar en ti, y ya que tampoco podemos evitar que te guardes información, al menos así comprobaremos que lo que nos digas es cierto –Añadió Stanley, mientras introducía unos cables dentro de cada cubeta– Pero no te pases de lista, o podría incorporar al agua una sensación más… eléctrica.
Kohaku no terminó de entender lo que podía significar eso, pero sí le alcanzó para saber que era algo peligroso. Miró al hombre de pelo platinado de forma desafiante, pero este sólo le sonrió y le guiñó un ojo, actitud que contradecía el filo gélido de sus ojos azules.
- Ya dije que cooperaré con lo que sé. Eso no significa que no sea selectiva con mis respuestas, pueden hacerme una pregunta que yo elija no responder, y sus amenazas no cambiarán nada.
- Bueno, eso ya lo veremos. Creo recordar que una amenaza y una bala te volvieron bastante blandita y cooperativa.
La ira borboteó en el interior de Kohaku ante eso, y aunque había prometido colaborar, eso no significaba que permitiera que se burlaran de ella. No lo pensó dos veces, y cuando Stanley pasó por delante de ella su mano con esa sonrisa presumida todavía en los labios para poner los últimos cables, ella rápidamente adelantó la cabeza para mordérsela con toda su fuerza.
- ¡Hija de…! –Gruñó el hombre, y le costó sacudirse la mano y liberarse del feroz ataque.
Xeno alzó las cejas con una sonrisa casi de diversión. Pero Stanley sacó una de las manos de ella del agua salada, y le dobló el brazo hacia atrás ubicándose él también de ese lado, y le hundió la cabeza en la cubeta de agua.
- Vivías en el agua, veamos si todavía puedes respirar bajo ella, pececita –susurró entre dientes.
Kohaku intentó salirse, pero la fuerza que la empujaba y mantenía dentro del agua era brutal. No, había perdido las habilidades de respirar bajo el agua, de seguro se ahogaría en su forma humana, y ese era el motivo por el cual ni siquiera había considerado escapar o resistirse, porque era una muerte segura, más si todavía no tenía tanta fuerza en las piernas. Cuando empezaba a temer por la necesidad de respirar, sintió un fuerte tirón en su pelo que le sacó la cabeza del agua. Jadeó pesadamente para recuperar el aire, mientras tosía el agua que había entrado a la fuerza. Stanley volvía a lucir calmado, pero sus ojos eran ahora unas llamas azules y amenazantes.
- Pensé que dijiste que ibas a colaborar, Miss Kohaku –Dijo el Dr. Xeno, mirándola con seriedad– Vuelve a intentar algo poco elegante como eso otra vez, y no dudes que va a haber consecuencias más graves, y quizás no alcance con que tú sola sufra, ¿entendido?
La rubia no contestó, pero lo miró con los ojos entrecerrados, maldiciéndolo interiormente, y apenas asintió con la cabeza.
- Ahora tendremos que esperar a que tu pulso se normalice, procura no hacernos perder el tiempo. Depende de ti cuán difícil quieres hacer esto, pero sinceramente no te recomiendo que molestes a Stan, todavía tiene algunas mañas de perro callejero bajo su elegante apariencia y compostura usual.
El investigador se sentó en una silla cerca, cruzando una pierna encima de otra, esperando en silencio mientras miraba los indicadores de la pared. Stanley le volvió a poner la mano en la cubeta, ignorando la sangrante mordedura de su mano, y luego se sentó al lado del capitán. Unos minutos pasaron, hasta que el Dr. Xeno volvió a mirar a Kohaku.
- Estamos listos. Empecemos fácil, para comprobar. ¿Eres una sirena de verdad, Miss Kohaku?
- Sí.
- ¿Hay otros de tu especie, en las profundidades del mar?
- Sí.
- ¿Hay otros de tu especie, en la superficie?
-No.
- ¿Dónde está tu cardumen? –Interrumpió Stanley.
Kohaku tardó en contestar, pero más porque volvió a hervir internamente con las palabras del provocador hombre.
- No lo sé.
- ¿A qué te refieres con eso? –Volvió a preguntar el investigador, frunciendo el ceño.
- Lo que dije. Perdí mis recuerdos de dónde están las demás sirenas, esa fue una condición para tener mi forma humana.
- ¿Por qué quisiste adoptar esta forma, entonces?
- No voy a contestar esa pregunta.
- De acuerdo –Sonrió de costado– ¿Puedes volver tu forma de sirena a voluntad?
- No.
- ¿Cuándo volverás a tener el cuerpo de sirena?
- No lo sé –y era cierto. Notó como Stanley miraba los medidores, y daba un pequeño golpeteo con un dedo en su otra mano. Kohaku dedujo que era la forma de avisarle que estaba diciendo la verdad.
- Interesante, y problemático sin dudas. ¿Hay algún tipo de ritual para convertir a las sirenas en humanos, y viceversa?
- Algo así, pero desconozco los detalles, y no es algo que un humano pueda hacer.
- Hmm, ya veo. O sea que alguien de mayor jerarquía que tú es quien tiene ese tipo de habilidades o conocimientos, pero no está a nuestro alcance, ¿es así?
- Sí, así es.
- ¿Estás protegiendo a alguien?
Kohaku se quedó callada, y sus ojos se abrieron levemente. Eso bastó para que el Dr. Xeno sonriera levemente.
- Sí, podría decirse.
- ¿Qué es para ti?
- No voy a contestar.
- ¿Tiene que ver con que te hayas separado de tu especie?
- No voy a contestar.
El investigador se le quedó observando unos segundos en silencio, midiéndola con la mirada, y luego se levantó.
- Bien, suficiente por hoy. Stanley te escoltará a tu camarote. ¿Tienes hambre o sed?
- ¿Ahora vas a preocuparte por ser amable conmigo, en serio?
- Eres un ser vivo, por lo que atentar contra tu vida privándote de alimento e hidratación no es beneficioso para ninguno de los dos.
- No pueden obligarme a comer y beber –Retrucó ella.
- Sí podemos, aunque no de la forma en que crees. Siempre se te pueden inyectar los nutrientes y líquidos necesarios para tu supervivencia, pero no te recomiendo que elijas ese método. Tu palabra de colaborar implica que mantengas tu salud también. Eso es todo, Stan, llévatela, por favor.
- Vamos, sirenita.
- Me llamo Kohaku. Para algo me preguntaron mi nombre, ¿no? –Le contestó desafiante.
- El que insistió en las presentaciones formales fue Xeno. Pero si prefieres que te llame por tu nombre, me da lo mismo. Vamos, Kohaku.
Stanley se dio vuelta y comenzó a caminar, lo que hizo fruncir el ceño a Kohaku. ¿No pensaba llevarla delante de él, por precaución? Le estaba dando la espalda abiertamente, no sabía si era exceso de confianza, provocación, o "buena fe" de que no iba a agredirla nuevamente, a menos que ella lo atacara. Le sorprendió también que no la siguiera mirando feo, ese hombre tenía un aura de indiferencia y control bastante llamativo.
El barco tenía dos pisos más por encima de la cubierta, así como uno por debajo. Stanley le explicó que los camarotes estaban en el piso superior, y que buena parte del primero estaba dedicado a las investigaciones del Dr. Xeno, incluidos un laboratorio, taller, sala médica y otras salas más. Mientras que en el "subsuelo" oculto dentro del casco del barco, se encontraba un gran depósito de provisiones y materiales, la cocina y baños.
- ¿Por qué me cuentas todo esto?
- Si vas a ser parte de la tripulación, aunque sea como sujeto de experimentos de Xeno, no veo por qué no decirte. No es como si pudieras hacer mucho con eso. Y te lo dije antes, no tengo nada personal contra ti. Traerte aquí era mi trabajo, ya lo cumplí, eso es todo. ¿Acaso te apunté con un arma o un cuchillo desde que llegamos?
- Intentaste ahogarme.
- Tú me mordiste primero.
- Luego de que tú me provocaras.
- Sólo dije la verdad –La miró a los ojos, serio– ¿O no lo fue, que, ante la posibilidad de lastimar a tu noviecito, tú cediste inmediatamente?
- …
- No tienes instinto de preservación alguno, pusiste a todos los demás antes que a ti misma. Algún día eso te costará caro.
- Fue instintivo, no quería que los demás salieran lastimados por mi culpa. ¿Tú no hubieras hecho lo mismo?
- No –Contestó con simpleza– No lo entenderías, pero de donde yo vengo, la supervivencia personal es lo más importante. Luego vienen los amigos y las lealtades. Pero si yo no estoy vivo y en buena forma, tampoco puedo proteger a los que me importan.
Con esa última frase Kohaku admitió que tenía un buen punto, pero sólo para sus adentros. Si ella se moría o la lastimaban gravemente, no podría salvar a su hermana. Aun así, era una elección muy cruel elegir entre amigos o seres queridos, y la propia vida. Continuó el recorrido por el pasillo detrás de Stanley, hasta que le señaló un camarote.
- Aquí te quedas. Puedes salir si quieres, pero vas a ser vigilada, aunque creo que ya lo imaginas. Yo ya cumplí mi parte, si tienes que pedir algo, hazlo con los otros tripulantes, no soy un recadero, soy el segundo al mando aquí. Que descanses.
Kohaku lo vio irse así sin más, y frunció el ceño confundida. Sí, estaba aliviada de que no la siguieran maltratando o lastimando, aunque todavía no sabía lo que le depararía el día siguiente. Pero no se esperaba tampoco esa actitud desenfadada e indiferente. No conocía muchos humanos, pero le llamaba demasiado la atención que tanto Senku como este Dr. Xeno, tuvieran en tanta estima el concepto de "utilidad". Claro que el peliverde tenía un alma mucho más pura y cálida que cualquiera de las personas de ese barco en que Kohaku se encontrara, pero ya no sabía qué pensar de los humanos.
Una renovada ola de angustia se le subió a la garganta y le hizo arder los ojos. ¿Qué habría sido de Senku? ¿Lo habían salvado? Oyó a Stanley decir que le había disparado en el hombro, eso no parecía letal, pero igualmente estaba muy preocupada. Quería volver a verlo, si tan sólo sus propias lágrimas tuvieran efectos curativos, no dudaría en usarlas para él
Al día siguiente, se despertó con un tumulto cercano, y cuando miró por la pequeña ventanilla del barco, notó que había varias personas en la cubierta, asomadas a la baranda. Cuando la sensación confusa de estar adormilada la abandonó y se despabiló, alcanzó a entender que estaban subiendo a alguien. Abrió mucho los ojos cuando reconoció a Luna, y varios gritos de festejo de parte de la tripulación. Kohaku no sabía cómo sentirse con respecto a esa chica, por lo que entendió, había colaborado en que la rapten, pero por otro lado recordaba haber visto en ella una cara de puro miedo frente a Stanley, y tampoco olvidaba la forma en que la habían desestimado, como si a ese hombre, y luego a Xeno también, les diera lo mismo el destino que sufriera. Tendría que preguntárselo, si hallaba la oportunidad.
En ese mismo instante alguien golpeó su puerta, y entró. Una joven de la tripulación, físicamente similar a ella en curvas y altura, rubia, ojos claros y labios muy voluptuosos.
- Hola. Ven conmigo.
Sin decir nada más, la chica esperó a que Kohaku saliera de allí, para guiarla hacia una nueva sala. Se parecía al laboratorio del barco de Senku, estaba lleno de frascos de vidrio, materiales y otros aparatos desconocidos. El Dr. Xeno estaba esperando allí, escribiendo algo tras una mesa de madera.
- Buen día, Miss Kohaku.
- Buen día –Murmuró ella en respuesta.
- Siéntate allí, por favor, y aguarda un momento. Pensaba hacer esto yo mismo, pero ya que volvió nuestra aprendiz de médico, esperaremos a que venga. Charlotte, quédate en la puerta.
- Sí, capitán –Afirmó al instante la rubia, y se paró allí donde le indicó el investigador.
Se produjo un silencio en la sala, mientras el Dr. Xeno seguía escribiendo, y Kohaku fue a sentarse. Unos minutos después, Luna apareció en la puerta, y abrió mucho los ojos al ver a la sirena. Frunció los labios y le corrió la mirada a un costado, y siguió adelante.
- Bienvenida de vuelta, Luna –Le dijo Xeno, levantando la vista luego de terminar de escribir– Qué circunstancias curiosas de escape del barco enemigo, con un bote motorizado y todo.
- Tengo un mensaje para usted, de parte de los tripulantes de ese barco. Me perdonaron la vida, a cambio de que entregara el mensaje.
- De acuerdo, pero eso puede esperar. Sácale sangre a Miss Kohaku, Luna.
- … ¿Eh? –Preguntó la susodicha, estremeciéndose.
- ¿No oíste? Sácale sangre. ¿O me vas a decir que en menos de dos días ya te olvidaste cómo hacer algo tan elemental? Agarra una jeringa, y sácale sangre, ahora mismo. Usa la de 500cc, y llénala.
Las agujas nunca habían sido la parte favorita de Luna de su aprendizaje de medicina, pero mucho menos quería hacerlo como introducción con Kohaku luego de verse tras su traición. Para colmo, no podía decirle todavía de la medicina, porque Xeno estaba demasiado cerca. Titubeando, se dirigió hacia un cajón de madera, y sacó una jeringa de vidrio, y luego de otro cajón sacó la fina aguja, que limpió con alcohol antes de insertarla en la punta de la jeringa. Miró a Kohaku con una cara de disculpas.
- Te voy a pinchar con esto… no dolerá mucho, pero si te impresiona la sangre, puedes mirar a un costado.
- Está bien, Luna. Pero antes necesito saber cómo está Senku.
- Está bien. Lo cur... –se interrumpió a tiempo, no podía confesar que ella lo había hecho, no frente a Xeno, pero sí la miró con intención– Lo curaron Francois y Chrome, me dijeron que está fuera de peligro. De hecho, ya se puede levantar y todo, aunque le limitaron el movimiento del brazo.
- Ya veo. Gracias, Luna, es un alivio –le sonrió suavemente, mirándola a los ojos.
Luna quería llorar en ese momento, no merecía ni siquiera esa mínima sonrisa ni el agradecimiento, pero recordó el plan de Senku y los demás para salvarla, y se contuvo la angustia. Ató una cuerda elástica alrededor del brazo izquierdo de Kohaku, y lentamente le clavó la aguja, extrayéndole la sangre. A la sirena no le molestó, y en su lugar, le habló al Dr. Xeno.
- ¿Mi sangre también es valiosa para hacer dinero con ella?
- No lo creo, no hay forma de diferenciar tu sangre de una humana cualquiera, no es por eso que te la estoy sacando, esto es para mis investigaciones y análisis. Sería sumamente interesante averiguar su composición aproximada, y si tiene reacciones particulares. Las enfermedades también pueden percibirse a través de un análisis de sangre, por ejemplo.
- Hmm, entiendo.
Un minuto después, Luna retiró la aguja, y le tapó la herida con una pequeña tela limpia, diciéndole a Kohaku que se presione la zona un rato.
- Ya conseguí la extracción, Dr. Xeno.
- Bien, ahora hazle una biopsia. Necesito de tres tipos, de raspado, punción y de incisión. De la parte superior del cuerpo, y en particular de la mitad inferior. Pon cada una en distintos tubos de ensayo. Del raspado, obtén algunas más. Y observa con cuidado si tiene restos de escamas o de alguna porosidad particular en la piel.
Luna tragó duro ante el pedido, nerviosa. ¿De verdad tenía que hacer eso? Caminó muy rígida hacia otro cajón para sacar las herramientas necesarias.
- Dr. Xeno… ¿no le interesa hacer esas observaciones personalmente? –preguntó con voz trémula.
- Las haré, pero aquí la aprendiz de medicina eres tú, Luna. ¿O no fue para eso que ofreciste a ser voluntaria en este barco?
- S-sí…
- Entonces hazlo. Cuando termines me avisas, y yo procederé con mis propias observaciones. Si coinciden con las mías, es que no estuviste perdiendo el tiempo de tus maestros, ni el mío.
Luna temblaba por dentro, el Dr. Xeno también era muy intimidante en ocasiones, aunque menos que Stanley.
- Soy Luna, soy una chica capaz –murmuró, como un mantra, para vencer sus nervios– Soy Luna, soy una chica capaz. Soy Luna, soy una chica capaz… Ah, Kohaku… esto… esto te puede molestar un poco más.
- Puedes darle un preparado anestésico, si quieres. Empieza por el raspado, hasta que haga efecto –Dijo el científico, que la estaba mirando de reojo.
- ¡Oh, sí, es cierto! ¡P-Perdón!
Luna fue a buscar entre los frascos de vidrio el extracto anestésico.
- Debe pesar entre 50 y 55 kilos, por lo que cinco gotas bastarán –añadió el hombre.
- De acuerdo, gracias –le dijo Luna al científico– Kohaku, abre la boca y saca un poco la lengua, te echaré unas gotas...saboréalas y trágalas.
- Bien
Kohaku miraba con curiosidad y un poco de cautela, pero no parecía que fueran a hacerle daño. Estaba segura que Luna tenía algo que decirle, y sólo esperaba que fuera sobre cuándo iban a sacarla de allí. La vida de su hermana corría peligro, no podía estar allí tranquilamente a que la "investiguen". Y qué decir que seguro su padre ya podía pensar que algo le había pasado, ya que no había vuelto todavía. De pronto Luna le susurró con voz apenas audible.
- Traga lo que voy a darte.
Disimuladamente, la joven se puso delante de Kohaku, impidiendo que Xeno vea lo que estaba haciendo, y sacó una botellita, vaciando su contenido en la boca de Kohaku rápidamente. Por el sabor, la sirena detectó que se trataba de su medicina. Bien, eso significaba que no tenía que preocuparse por perder la forma humana, y con eso confirmó que Senku ya tenía un plan en marcha. Además, si Luna la estaba ayudando, significaba que podía confiar en ella, al menos un poco.
El raspaje no le dolió a Kohaku, pero apretó los dientes y se tensó cuando Luna la punzó, y luego cuando le hizo un muy pequeño corte para sacarle un poco de piel y carne. Le hizo la curación correspondiente, y luego le pidió si se podía recostar en una camilla cercana, diciéndole que sólo la iba a observar de cerca. En ese momento, Xeno de levantó, agarró un objeto que era como un vidrio grueso, y se acercó a ella. Cuando Luna terminó su parte, se movió a un costado. El investigador le tomó un brazo a la sirena y se lo observó detenidamente, y luego hizo lo mismo con una pierna, levantándole el vestido hasta casi la cadera, y acercando más ese espejo redondo y grueso. Frunció el ceño y volvió a sentarse nuevamente, mirando a Kohaku fijamente con una expresión severa, como si ella tuviera la culpa de algo.
- Completamente humana en apariencia –Suspiró, frustrado– Nada especial, nada que diga que eres una sirena, excepto por la evidencia de Stan que te cortó una escama de la parte trasera de tus pantorrillas, y esas lágrimas dulces.
- Sí, observé eso también -murmuró Luna.
- Lo que no se explica, es por qué antes sí tenías restos de escamas, y según Stan, caminabas con dificultad. Ahora pareces una humana cualquiera, hasta tienes la piel impecable, sin cicatrices ni rastros de tu transformación.
- Dr. Xeno, sobre eso… tengo un mensaje de parte del capitán del barco en el que estaba la sirena.
- ¿Y bien? ¿Cuál es? –Vio a Luna mirar de reojo a Kohaku– No importa, puede escuchar.
- Bueno… dicen que la secuestraron en vano, porque ella no volverá a convertirse en sirena. Que alguien de su especie la maldijo, y no podrá volver a su forma original a menos que consigan una cura especial, en cuya búsqueda estaban antes de que la secuestraran. Su transformación a humana fue gradual, y una vez que se completó la única forma de volverla sirena es con esa única cura.
El investigador entrecerró los ojos y no dijo nada por un minuto, hasta que se volteó y se acercó a ella nuevamente.
- ¿Qué tienes para decir sobre eso, Miss Kohaku?
- Que es la verdad. Yo me acerqué a ellos porque su capitán es el mejor científico y médico humano de la zona. Intentamos dar con otra posibilidad, pero no la hubo… hasta que recibimos información de la cura definitiva, pero es un dispositivo.
Kohaku no sabía bien cuánta información le convenía revelar, pero asumía que mientras no diera los detalles precisos de la ubicación de la panacea, estaba bien generarle duda y curiosidad al capitán del barco enemigo. Y como era totalmente cierto, por más que luego la llevaran con ese aparato que "medía" la verdad, lo comprobarían. Continuó hablando:
- Si no me crees, puedes repetir lo de anoche, por mí no hay problema. Pero te adelanto que no sé la ubicación, porque no sé leer y no entiendo de la tierra humana, eso es información que sólo la tripulación maneja.
- Ya veo. ¿Ese es todo el mensaje, Luna?
- No, Dr. Xeno. Dicen que no entregarán esa información ni bajo ataque ni amenaza de muerte. Lo que quieren es negociar una tregua y que ustedes colaboren a encontrarla. Y… me dijeron la frecuencia de radio que usan para comunicarse, que usted los llame para la negociación de los términos y "beneficios".
- Qué atrevimiento –sonrió ligeramente– Vamos a comprobar dicha información primero, no tenemos apuro. Luna, escolta a Miss Kohaku a su camarote, es suficiente por hoy.
- De acuerdo, me retiro entonces.
Kohaku se levantó de la camilla, y siguió a Luna en silencio, tratando de lucir recelosa con ella, aunque por dentro sentía un inmenso alivio de que los otros estuvieran planeando una tregua… aunque no se imaginaba cómo podría resultar eso de que trabajen juntos. O tal vez sí, no parecían personas irracionales, aunque sí muy intimidantes y duros, pero presentía que no sería nada fácil. Cuando la rubia médica la dejó en el camarote, miró alrededor rápidamente, y como no vio a ningún otro tripulante, le habló en un susurro.
- Te ruego que me perdones Kohaku, sé que debes pensar que soy una traidora, pero… no quise que suceda nada de esto. A cambio… voy a ayudar en tu liberación, se lo prometí a Senku y los demás. Tengo varias dosis de la medicina que te mantiene humana, los chicos ya previeron que podían ponerte a prueba, así que no te preocupes, no sospecharán nunca que es mentira… al menos no por ahora.
- ¿Crees que funcionará la idea de cooperar?
- Bueno… en un principio no estaba muy segura, el Dr. Xeno y Stanley no dudan ni un poco con tal de lograr sus objetivos. Pero también es verdad que contigo como humana no pueden sacar ningún provecho, así que creo que al menos oirán lo que Senku tiene para decir. O más bien, Gen, él será quién hable.
- ¡Ja! Gen es bueno con las palabras, tengo entendido que los mejores tratos de la tripulación los logró él.
- Esperemos que así sea. Confiemos en ellos. Me voy, antes de que alguien nos vea hablar.
- Sí, no te preocupes.
En el momento justo en que Kohaku cerró la puerta de su camarote, una voz sorprendió a Luna.
- Ooh, volviste, Luna. Bienvenida –dijo Stanley con una sonrisa de costado, mientras se acercaba a ella.
- Sí, y no gracias a ti –le espetó la rubia, sintiéndose envalentonada. Sabía cómo era Stanley, pero no se imaginaba que la iba a dejar ahí como si nada.
- No tengo la obligación de estar atrás tuyo como tu papi. Si tus piernas no conectan con tu cerebro, no voy a poner en riesgo mi parte de la misión –y agregó, mirándola con los ojos filosos como dagas– Y vaya uno a saber por qué dudaste tanto en reaccionar y seguir a los tuyos. Cualquiera pensaría que tu lealtad se mece como barco en el agua durante una tormenta.
Luna tragó duro ante esas palabras. Sabía que Stanley era muy astuto, y no tenía problema en sospechar de cualquiera, no ponía las manos en el fuego por nadie.
- No sabía lo que pensabas hacer, mucho menos disparar al chico. Son personas, ¿no? No puedes culparme por vacilar cuando hieren así a alguien, voy a ser médica.
- Te lo dije, me da lo mismo lo que hagas, también hubiera podido hacer solo el trabajo sin ti. De hecho, lo hubiera hecho mejor, ya que por tu estupidez alertaste a todos y se complicó un poco más. Como sea, ya se resolvió. Adiós, Luna.
Stanley siguió caminando, dejando atrás a la joven, y se fue a buscar al Dr. Xeno. Lo encontró sentado, parecía estar muy sumido en sus pensamientos.
- ¿Alguna novedad, capi?
- Ninguna buena. Todavía tengo que analizar las muestras de la sirena, pero por lo pronto será más complicado obtener materiales de ella para seguir con mi investigación.
- Y hacernos unas monedas.
- Por supuesto. Y ahora Luna pasó un mensaje de esos chiquillos… dicen que la sirena no volverá a adoptar su forma por algún tipo de maldición, y que sólo con una cura muy particular podría volver a ella.
- ¿Y qué problema hay? Sólo tenemos que hacernos con esa medicina y ya. Por las buenas o por las malas.
- Nos ofrecieron una tregua… para colaborar juntos y encontrarla –dijo el investigador, mirando a su colega con una sonrisa.
- ¿De verdad? No la veía venir. Sí que rogaran por tener a su pececita de vuelta, pero no para colaborar. ¿Qué vamos a hacer?
- Esperar, y ver si es realmente cierto. Si en un par de días no hay señales de que el cuerpo de la sirena cambie aunque sea un poco, consideraré hacer ese llamado y ver qué tienen para ofrecer. No nos sirve de nada alimentar una boca más por capricho.
- Entiendo. Bueno, avísame cuando lo hagas. Sólo procura sacar una buena tajada, ya sé que la ciencia te puede, pero si quieres financiar y seguir investigando, además de sostener este barco y su tripulación, necesitamos esas buenas monedas. Y claro, yo no trabajo gratis –añadió, con una sonrisa burlona.
- No, eso lo sé bien.
- Ganaste mucho conmigo, así que es lo justo.
- Lo es. Queda esperar.
- Ok, avísame cuando me necesites.
Lo último que quería el Dr. Xeno era tener que hacer ese llamado por radio. Con todo su poderío, tener que reducirse a aceptar una colaboración era casi indigno, pero el misterio de la sirena era una tentación demasiado grande para cualquier investigador. Volver realidad la fantasía de tener en sus manos las pruebas de una especie perdida, de una evolución híbrida… no era tan tonto como para negarse caprichosamente. Y le intrigaba sobremanera saber quién era ese famoso científico médico tan reconocido, aunque dudaba que estuviese a su nivel, más siendo un crío.
Dos días enteros pasaron así, el Dr. Xeno en persona haciendo las observaciones de la supuesta sirena, sin cambios a su favor, y en los análisis de sangre y de piel tampoco observaba algún rasgo especial, a excepción de que la piel parecía ser ínfimamente más gruesa y con más lípidos que lo normal, pero nada demasiado destacable. Claro que la idea era comparar esas muestras con las de ella en forma de sirena, pero parecía que eso no iba a ser posible por el momento. Al inicio del tercer día, el investigador se decidió a ver qué tenían para decir los chiquillos. Luna le había dejado anotada la frecuencia de radio, por lo que hizo la llamada.
- Buenas.
Del otro lado, se escuchó un leve tumulto, pero sólo una voz habló.
- Buenos días, Dr. Xeno –la voz de Gen se oyó– Asagiri Gen al habla.
- Ya se imaginan el motivo de este llamado, así que no demos vueltas. Como sabrán, tenemos en nuestro poder a la sirena amiga suya, y tal parece ser que hay al menos algo de verdad en que no estaría pronta a volver a su forma original.
- No, no lo hará, como le explicamos a través del mensaje que su espía entregó. ¿Está de acuerdo en conversar, entonces, doctor?
- Voy a oír su propuesta, y si la considero pertinente, proseguiremos con las negociaciones. Sino, la sirena seguirá en nuestro poder y no volverán a saber nada de ella, olvídense de recuperarla. Un investigador de mi nivel no abandonaría tan fácil, buscaría esa cura por cuenta propia.
- Dos cabezas piensan mejor que una, y lo mismo para unificar recursos, nuestra intención es que ambos salgamos beneficiados.
- Antes de empezar, quisiera tener esta conversación con el capitán del barco. Al parecer es un científico y médico reconocido, corresponde que los capitanes sean los que conversen, sin intermediarios.
Un breve silencio volvió a oírse. Del otro lado, todos los jóvenes se habían juntado a escuchar la comunicación, y Gen y Senku cruzaron miradas. El peliverde asintió, y mediante gestos acordaron que Gen orientaría la conversación, sin que el Dr. Xeno se entere.
- Hola, Dr. Xeno. Yo soy el capitán, Senku.
- ¿Sólo Senku? Tu colega se presentó con apellido.
- ¿Sólo "Xeno", entonces? Estamos en las mismas condiciones.
Xeno sonrió ante el desafío del joven.
- Entonces dejaremos los apellidos de lado, al menos hasta que acordemos una negociación.
- Me parece bien. Iré al grano entonces. Nuestra propuesta se centra en una tregua, en la cual colaboraremos equitativamente para encontrar la cura definitiva de Kohaku. Tenemos la ubicación y su nombre, sólo resta ir hacia allí, aunque no sabemos con lo que podemos encontrarnos, claro. Una vez que la hallemos, nuestras condiciones son que dejen libre a Kohaku, así como que el dispositivo quede en nuestras manos. A cambio, haremos un doble proceso de transformación, y así podrán quedarse con una generosa cantidad de escamas, sin lastimarla.
- "Dispositivo", dices.
- Sí, así es. Lo único que voy a decirle por ahora es que se trata de uno llamado doblemente "medusa" y "panacea", es un objeto cuyo efecto varía en tierra y agua. En el agua tiene el efecto curativo, que es lo que buscamos… desconocemos la aplicación en tierra, aunque probablemente sea un efecto opuesto. Si quiere continuar esta conversación y la negociación, tendrá que ser en persona, por supuesto garantizando la seguridad de todos.
El Dr. Xeno se quedó en silencio unos segundos, analizando la información. Una sola vez había oído hablar de un dispositivo con efectos más allá de lo humanamente posible. Pero con eso bastó para ganar su curiosidad, porque el primero había sido solamente la anécdota de un colega, hace muchos años.
- De acuerdo, tienen mi atención. Proseguiremos esta conversación en persona. Eso no significa que acepte completamente sus condiciones, le anticipo, Dr. Senku.
- Es lo lógico. Asumo que querrá hacerlo en su barco, no hay problema por nuestra parte.
- Sí. Las coordenadas son…
- No serán necesarias, Dr. Xeno. Tenemos un poderoso catalejo, y ya los tenemos en la mira. Hasta dentro de un rato.
La comunicación se cortó, y un suspiro de alivio multitudinario se oyó del lado del barco de Senku. Muchos festejaron ruidosamente luego, pero el peliverde los calló.
- Esperen a que cerremos el trato primero, no lo arruinen –los silenció Senku, aunque tenía su propia sonrisa en el rostro, mientras se rascaba la oreja con un dedo.
- Pero Senku-chan, ya tenemos un pie adentro, no está mal tener un poco de esperanza –dijo Gen con una sonrisa.
- Vamos entonces, no tenemos tiempo que perder. ¡Ryusui, a navegar a toda vela!
Durante el trayecto, Gen asistió a Senku dándole consejos de qué decir y cómo, para tener una mayor probabilidad de éxito, ya que el científico les había ganado en la posibilidad de que el mentalista sea el que negocie. Cuanto más se acercaban al barco negro, más sorprendidos estaban de las monstruosas dimensiones que tenía. Cuando alcanzaron a ponerse a la par, el barco de Senku apenas le llegaba a la mitad, tanto en alto como en largo, y eso que el barco de los jóvenes era uno de los más grandes de la zona. Una escalerilla metálica se alzó de la embarcación gigantesca a la otra, conectando ambos, y de a uno fueron pasando con cuidado.
En el centro de la cubierta se encontraba el Dr. Xeno, y junto a él Stanley manteniendo restringida a Kohaku con las manos atadas. Apenas vio a Senku, la rubia no pudo evitar intentar saltar hacia adelante para acercarse a él, ignorando la tensión de sus ataduras.
- ¡Senku! ¡Estás bien! Oh, gracias –verlo con sus propios ojos era distinto a sólo escuchar que estaba bien. Buscó con sus ojos la herida de él, pero parecía como nuevo.
- Hola, Kohaku –Apenas elevó las comisuras de la boca, pero por dentro estaba más que aliviado de verla entera, no parecía haber sido maltratada visiblemente. Pero no quería demostrar cuánto le importaba la joven, o podría ser usado en su contra, lo había vivido en carne propia.
- Bienvenido Dr. Senku, y su tripulación. Adentro estaremos más cómodos para continuar la conversación, por favor, acompáñenme.
Siguieron al Dr. Xeno, que los había recibido con suma cordialidad, más de la que esperaban, lo cual hizo más que volverlos recelosos.
- Qué elegancia la de Francia… –silbó Mozu, cuando vio el nivel de lujo que tenía ese barco, no solamente por fuera ya.
- En todo caso, la de Estados Unidos –le contestó Stanley, guiñándole un ojo.
El único que le devolvió una mueca similar a una sonrisa fue Mozu, ya que los demás le dedicaron una mirada bastante fría y que ameritaba apretar los dientes para contener el odio que le tenían a ese hombre, con sus aires de tranquilidad como si no hubiera secuestrado a Kohaku y baleado a Senku.
- Oye, Rapunzel castaño, me vas a hacer un agujero si me sigues mirando fijo de esa forma –dijo Stanley sin mirar atrás, aunque en obvia alusión a Tsukasa, que era cierto que no le quitaba los ojos de encima.
- Ganas no me faltan –siseó el aludido, en un tono bajo y amenazante, su enojo potenciado por el apodo burlón, pero conteniéndose porque Senku apoyó una mano en su brazo, y lo miró negando apenas con la cabeza.
El Dr. Xeno le ofreció asiento al peliverde en un sillón individual, muy cómodo, mientras que él se sentó en frente.
- Bien, ya estamos aquí –dijo el investigador– Me presento como corresponde esta vez, soy el doctor Xeno Houston Wingfield.
- Senku Ishigami –contestó.
La reacción de sorpresa fue pareja para ambos científicos. Senku había oído el nombre de ese doctor, y corroboró que se trataba de quien pensaba que era. Por el otro lado, el apellido del joven resonó en el Dr. Xeno, que tenía sus sospechas, pero no por conocerlo a él, sino que la anécdota de la "panacea" había sido de otra persona que también se apellidaba Ishigami, ahora confirmaba que había un parentesco.
- ¿Qué eres de Byakuya Ishigami?
- Su hijo. Y tú eres un ex-colega suyo, ¿cierto?
- Así es. Debo decir que intuía que tenías algo que ver con él, por la mención de ese dispositivo. Hemos trabajado juntos varios años en el pasado, pero la cada vez mayor diferencia de nuestros objetivos y visiones nos alejaron definitivamente. Demasiado idealista y optimista, tu padre.
- Sí, a veces es un payaso, lo reconozco –Admitió con una gran sonrisa– Pero nunca conocí a nadie con mejor criterio, en todo.
- Eso es discutible, pero dejémoslo de lado. Entonces, hablemos de lo que nos reúne aquí hoy –lo miró con los ojos entrecerrados– Ignoraré por ahora el hecho de que no fuiste sincero con los dos usos de la "medusa-panacea", gracias a tu confianzudo padre tengo también esa información. Pero está bien, yo tampoco te hubiera dicho todo, al menos no hasta tener un pacto confirmado.
- Sin rencores, entonces. Ya estás al tanto de la propuesta en general, y si te soy sincero, no sé bien lo que nos espera en la isla que se encuentra. Afortunadamente, no sólo tenemos la ubicación gracias a Byakuya, sino que tres miembros de nuestra tripulación son oriundos de allí, al parecer. Pero no saben nada del dispositivo, sólo podrán ayudarnos en cuanto a lo que sí podemos esperar de esa isla.
- ¿Y eso sería?
- Una aldea nativa, mayormente no violenta. El mayor problema sería que el líder, el "cabeza" de la isla, como lo llaman, parece tener una moralidad dudosa, y no tiene las manos limpias. Una serie de eventos "misteriosos" ocurrieron hace un tiempo, presumiblemente por su culpa, así que podemos decir que es alguien que abusa de su poder y posición. Es probable que, si alguien en esa isla sabe del dispositivo, o lo tiene en sus manos, sea él.
- Entonces basta con hacerle un par de agujeros y quitárselo de las manos, ¿no? –Preguntó Stanley como si nada.
- Veo que tienes el dedo del gatillo muy dispuesto a presionarlo –Le respondió Senku.
- No veo método más efectivo, teniéndolo a mi disposición. Para qué perder el tiempo en persecuciones y amenazas, cuando un buen disparo soluciona todo rápido y limpiamente.
- Stan –Xeno lo silenció alzando una mano– Entonces, Dr. Senku, suponiendo que juntamos fuerzas para pasar a nuestras manos la medusa, ¿luego qué?
- Cumplimos los beneficios de nuestro acuerdo, diez billones por ciento seguro. Una vez que Kohaku esté a punto de recuperar su forma de sirena, hay un método para interrumpir el proceso, y de esa forma podrían quedarse con sus escamas sin arrancárselas a modo de tortura. Luego ella se volvería a convertir con el poder de la "panacea", y tal como acordamos, será libre, y nosotros nos quedamos con el dispositivo.
- ¿Qué "método" es ese?
- No podemos darte esa información, es nuestra garantía de seguridad.
- No estoy de acuerdo con esas condiciones –dijo el Dr. Xeno, mirándolo seriamente– Me niego.
Un tenso silencio se apoderó de la sala, ambos bandos mirándose con aprehensión.
- ¿Se puede saber con cuáles? Todos salimos ganando de esa forma.
- Sí, el dinero es un factor, pero no el único. Soy un investigador, y personalmente lo que más me interesa es investigar a la sirena aquí presente, único ejemplar con el que me cruce posiblemente en toda mi vida. Sí estoy de acuerdo con lo de quedarme con la totalidad de las escamas. Pero si intentan timarnos, no dudaremos en acribillarlos a todos.
- Tienes mi palabra de científico, las escamas serán tuyas. ¿Qué más?
- Así como tomé muestras de análisis de Miss Kohaku en su forma humana, exijo también hacerlo con su forma de sirena. De hecho… estoy bastante seguro que tú como científico, Dr. Senku, tienes el mismo interés.
- Sí, no voy a negarlo.
Varios de los colegas del peliverde quedaron boquiabiertos ante esa confesión. Kohaku entre ellos, su corazón empezó a latir con fuerza de ansiedad. Pero no, sabía que Senku no quería lastimarla ni aprovecharse de ella, y a cambio de la ayuda por encontrar esa cura para su hermana, con gusto se ofrecía darle todo lo que él quisiera para saciar su curiosidad científica y médica. No tenía tanta dedicación hacia quien la había secuestrado, claro. Se animó a interrumpir la conversación.
- Tengo voz y voto aquí, no le pertenezco a ninguno de ustedes dos como para que decidan todo por su cuenta como si fuese un objeto.
Los dos científicos la miraron, Senku con una ligera sonrisa, mientras que Xeno alzó una ceja. Stanley, por su parte, soltó un silbido, cerrando los ojos y asintiendo con una sonrisa en el rostro. Kohaku lo miró con cara de pocos amigos, y continuó.
- Confío en Senku, estoy al tanto de ese método que detendría mi transformación en sirena, y acepto que se queden con esas escamas, no me produce dolor alguno perderlas de esa forma, así fue como me transformé en humana. Pero ya que Senku confiesa que también quiere investigar mi forma original, y comprobé que el Dr. Xeno tomó muestras mías sin lastimarme realmente… la única forma en que yo aceptaré colaborar con ambos, será que ustedes hagan dichas investigaciones juntos. Una misma muestra de todo lo que necesiten de mí, pero para ambos.
Una expresión de sorpresa se reflejó en el rostro de los dos hombres, que se miraron mutuamente con cautela, en silencio por un buen rato.
- Si sus intenciones son puramente de conocimiento y mi vida no corre peligro, es mi forma de agradecer que me devuelvan a mi forma original, y así poder volver con las demás sirenas. Esa es mi condición. Eso, y que Stanley ni ninguno de los tripulantes de este barco amenace a del lado de Senku, ni les hagan un rasguño. Ni durante la misión, ni después, hasta que estén satisfechos con los resultados de sus investigaciones.
- Diez billones de puntos para ti, Kohaku. Por mi parte estoy de acuerdo.
- No está mal. Pero queda algo más, ¿por qué tú te quedas con el dispositivo, una vez que lo usemos en ella? No tiene ninguna utilidad para ti.
- No, pero le prometí a Byakuya que la devolvería a su lugar, así como él me dijo que hizo en su momento. La "medusa-panacea" pertenece a ese lugar, otras sirenas podrían necesitar sus beneficios más adelante. No nos corresponde apropiarnos, y sería absurdo si puede conllevar a que por su ausencia, se extingan las sirenas algún día.
- No puedes pretender que me pierda la oportunidad de analizarla, sobre todo si funciona tal como esperamos. Es un artefacto de un avance tecnológico humano sin precedentes ni explicación, o también podría ser algo completamente misterioso y que escape a nuestro entendimiento. Como sea, quiero saberlo. Y nuevamente, dudo que tu confesa curiosidad no se extienda a analizarla también.
- Reformulo entonces, quedará en el poder mío y de mi tripulación, pero bajo nuestras condiciones también podrá ser objeto de estudio.
- Es un gris muy amplio qué condiciones puedas sacar de debajo de la manga, Dr. Senku –dijo el Dr. Xeno con una sonrisa– pero algo me dice que Miss Kohaku inclinará la balanza de sus propias condiciones a tu favor.
- Así es –Contestó ella sin reparo alguno– Tengo mis motivos, pero no tengo que explicártelos.
El investigador se volvió a quedar en silencio un buen rato, analizando la conveniencia y los riesgos de aquella "alianza". Ahora tenía la curiosidad de qué tan capaz era ese mocoso en el área científica. Siendo franco, no le molestaba compartir los conocimientos, siempre y cuando él tuviera acceso a ellos. Y pese a que su objetivo de vida era la superioridad científica y tecnológica a nivel mundial, no era como si el conocimiento sobre las sirenas pudiera sumar mucho a eso, incluso sabía que otros colegas podrían tomárselo a broma, a menos que vieran las pruebas concretas. Sería la investigación del siglo sin dudas, no sólo de la sirena, sino de aquel misterioso aparato sanador. Y eso le podía más, la ciencia era ciertamente elegante, y no iba a mancharla con intereses egoístas y superficiales que lo hicieran perder la oportunidad de dar con ese conocimiento.
- De acuerdo, acepto las condiciones. Por cuestiones de seguridad, no entregaré a toda mi tripulación, aunque sí colaboraré con mi élite, y exijo que todas las decisiones correspondientes a las estrategias sean tomadas en igualdad entre tú y yo, Miss Kohaku no tendrá voto en eso. ¿Tenemos un trato?
- Sí, acepto.
Un renovado suspiro de alivio recorrió a los amigos de Senku, y el peliverde extendió su mano hacia el Dr. Xeno. Pero en el momento en que sus dedos iban a cerrarse para sellar el pacto, Tsukasa interrumpió, poniendo su mano en el medio con rapidez.
- Senku, espera –dijo Tsukasa– Que cerremos este acuerdo significa que no podremos ponernos una mano encima entre ambos bandos, ¿cierto?
- Tsukasa, amigo, creo que esa fue una mala elección de palabras –Bromeó Mozu, pero el aludido lo silenció con una mirada intimidante.
- Sí, Tsukasa, ¿por qué? –le preguntó Senku.
Como respuesta, el castaño se abrió la camisa y se la quitó, y luego se hizo tronar los dedos de las manos de una forma amenazante, mirando al caza-recompensas.
- Te recomiendo que también te quites la parte superior de tu ropa, Stanley, si no quieres arruinarla.
- Oh vaya, eso sí fue una mala elección de palabras esta vez –Insistió Mozu– ¿Así, delante de todos? Yo sé que pasamos mucho tiempo en el mar y tenemos necesidades, pero no tienes vergüenza, compañero.
La mayoría de los presentes no supo si sonreír o si callar la desubicada broma del provocador hombre de coleta. El primero que se decidió fue Hyoga, que lo golpeó ligeramente con su lanza en la cabeza a modo de advertencia.
- Si no quieres ser tú el que pierda los dientes con los golpes de Tsukasa, cállate Mozu, lee el ambiente.
- A veces la tensión del ambiente se puede reducir con una broma también, ¿sabes?
- ¿Me estás desafiando acaso? –Preguntó Stanley, cuadrando los hombros y afilando su mirada–De acuerdo, acepto.
- Te aseguro que no quieres eso, tienes una cara bonita como para que quede desfigurada, no la desperdicies –le dijo Mozu al hombre de pelo platinado, sin aceptar a callarse de una vez.
- Stan, ¿puedes hacerlo? –Pregunto Xeno, mirando a su colega de reojo con una sonrisa confiada.
- Puedo.
Con esa sola palabra, mucho más serio que antes, Stanley no le quitó los ojos de encima a Tsukasa, mientras se quitaba el saco y la camisa negra que vestía.
- Dr. Xeno… –Senku le habló en un tono cauto, bajo– Tsukasa Shishio es un luchador de primera categoría y en toda regla. Si dejara incapacitado a Stanley, no sería conveniente para…
- Cierra la boca y mira, Dr. Senku –le respondió con soberbia– Voy a hacer una confesión, y es que conocí a Stanley hace muchos años, en las peleas callejeras organizadas. No simplemente peleas de borrachos y delincuentes del bajo mundo, sino verdaderas organizaciones clandestinas de pelea cuerpo a cuerpo, mucho dinero de por medio. Invicto, cero derrotas… y un ochenta por ciento ganadas por noquear al oponente en menos de un minuto.
- Con que no es sólo una cara bonita y con buena puntería –murmuró Mozu con aprobación, y esa vez nadie lo calló, de la sorpresa general.
- Nos hicimos socios desde entonces, yo aposté por él en cada batalla que dijo que podía ganar. Que, por supuesto, fueron todas. Claro que después de un tiempo, le sugerí cambiar de rubro a uno más… elegante, a mi lado, y que pudiera aprovechar sus habilidades magistrales y sus finos instintos al máximo, con un rendimiento económico muy superior, y ya no en las sombras. Y así es como al día de hoy, este barco y todo lo que hay dentro, lo conseguimos entre él y yo. Así que no lo subestimes, Dr. Senku, no necesariamente la fuerza bruta es siempre la ganadora.
- De acuerdo, yo también apuesto todas mis fichas a Tsukasa, le tengo el mismo nivel de confianza.
Los dos hombres se prepararon para el combate, y todos los de ese barco se dispusieron de forma circular alrededor de ellos. Las miradas de los luchadores, cobre contra zafiro, eran sumamente intensas y amenazantes, y el aire entre ellos estaba tan tenso que podía cortarse con una pluma, todos a su alrededor cargados con expectativa.
- ¿Estás listo, Stanley?
- Ven a mí cuando quieras, Tsukasa.
Buenaaaaas! Qué tal? Y sí, no podía faltar… No sabemos si Inagaki nos dará esta pelea que todos ansiamos en el manga, merecidísima, pero al menos me quiero sacar las ganas de darla aquí xD (por segunda vez, seguro recuerdan que en "No es ciencia, es amor" hubo una muy potente y cardíaca). No llegué a tiempo, pero bueno, oficialmente cumplí un añito de escritora hace tres días. Y lo festejo con este capítulo :)
Calculo que a esta historia le queda un último capítulo… calculo, es la idea jaja. Pero bueno, si me queda en 20k, quizás tenga que cortarlo xD. No quiero hablar de más, tal vez entra dentro de menos de 13k completito y con amor, y todo bien. Estoy muy cebada últimamente jajaa. Gracias por el hermoso apoyo, y en especial a los que dejan su amor en forma de comentarios! Hasta el próximo capítulo!
PD: Mozu te amo JAJA, sos mi bufón :)
