¡Hola! Sé que he tardado un poco, lo siento muchísimo, pero al fin estoy de vuelta con un capítulo nuevo. Espero que os guste.

ReySwan, respondiendo a tus preguntas: lo de pegarle a Robin, no sé, está por verse :P y más que transparente, Emma es muy evidente con sus familiares y amigos. Espero que este capítulo te resuelva alguna duda :)


3

Era viernes. El resto de la semana se había hecho cuesta arriba, sobre todo por la cantidad de trabajos y exámenes que había ya marcados, pero finalmente se había terminado. En realidad, no había estado tan mal. Era la mejor estudiante, por lo que nada de eso suponía un problema para ella.

Para Regina, la peor parte había sido lidiar con sus amigas, ellas y su fingida pena por lo desgraciada que era ahora tras haber terminado con Robin. No le interesaba, ni él ni su estúpida fiesta, a la que todos esperaban que fuera.

Desde que terminaron las clases ese día, había recibido una gran cantidad de mensajes, tanto en privado como por el grupo que tenía con Cruella, Úrsula y Mal, y los había ignorado todos. Así era, esa tarde Regina Mills había desaparecido para todos.

También tenía otro motivo para haber desaparecido. Su padre estaba en casa, además de una visita no frecuente e inesperada, su hermana Zelena.

Zelena no soportaba la casa de los Mills y mucho menos a su madre, por eso prácticamente había huido de allí en cuanto empezó la universidad.

- ¡Zelena! – exclamó Regina en cuanto la vio llegar. – Pensé que no vendrías hasta Navidad.

- Y no pensaba venir, pero creo que puedo soportar a mamá dos días seguidos sin morirme. – respondió la pelirroja, después de abrazar a su hermana pequeña y a su padre. – Me quedo hasta el domingo.

- Hoy mamá no está. – explicó la morena.

- Menos mal. – suspiró Zelena, ante lo que su padre y Regina rieron.

Henry estaba contento de volver a ver a sus hijas juntas. A pesar de que no se veían mucho, la distancia no las había alejado nada.

Esa noche, los Mills salieron a cenar fuera para celebrar aquel breve reencuentro, aprovechando que era uno de los pocos días que Henry tenía libre.


Emma había llegado a casa de Ruby antes de anochecer. La morena había preparado palomitas, dulces y picoteo para la noche que les esperaba.

La rubia estaba más animada. Ver a Ruby emocionada y la cantidad de comida que había siempre era motivo para ponerse de buen humor. Estaba más lista que nunca para su maratón de Netflix y no pensar en nada más.

- Te lo juro Em, esta serie te va a flipar. – dijo Ruby, entusiasmada. – Es que no sé cómo no la has visto todavía.

- ¿Y tú por qué quieres verla otra vez? – preguntó Emma, rodando los ojos, bromeando.

- Porque acaba de salir la segunda temporada y no me acuerdo de la primera. – contestó, riendo. – Anda, ponte cómoda y disfruta.

Emma estaba más que agradecida por aquella distracción. La verdad era que la serie le estaba gustando y se había enganchado desde el primer capítulo. Ruby tenía razón, la serie era buena y no podía esperar para ver el capítulo siguiente.

Entre bromas y risas, tras bastantes horas pegadas a la televisión, la primera temporada terminó más rápido de lo que esperaban.

- Tenías razón, Rubs, ha estado genial.

- Que sea la última vez que no confías en mí, Swan. La palabra de Ruby siempre es ley. – dijo, riendo.

- Está bien, está bien, la próxima vez te haré caso.

- Entonces, queda con Regina. Sal con ella.

La rubia suspiró, tirándose hacia atrás en el sofá y quedando boca arriba, mirando al techo.

- Eso no va a ocurrir.


Regina estaba en su habitación, había apagado todas las luces una hora antes, pero aun así seguía despierta. Al parecer, sus amigas habían pasado por casa, para tratar de llevarla a la fiesta. Suerte que ella no estaba ahí. Tenía más mensajes y más llamadas que había ignorado. Estaba a punto de coger su móvil cuando escuchó suaves golpes en su puerta.

- Puedes entrar, Zelena.

Su hermana no tardó en entrar y tumbarse a su lado, en la misma posición que ella.

- ¿Por qué no puedes dormir? – preguntó la pelirroja.

- ¿Por qué no puedes dormir tú? – la picó Regina.

- Bah, hace tiempo que no dormía en mi habitación. Me parece algo extraña ya.

Regina rió.

- Al menos tú has conseguido salir de aquí. A mí me queda un año más soportando a mamá y a las únicas amigas que ella considera que están a la altura.

- ¿Estás en problemas? – se interesó Zelena. La morena no solía hablar mucho de su vida, ni siquiera con ella. - ¿Y Robin?

- Robin está dando una fiesta en su casa hoy. – respondió Regina, simplemente.

- ¿No te ha invitado?

- Ah, sí. Se ha empeñado un montón en que fuera, pero no quería ir. Le he dejado, pero no lo acepta.

Zelena se incorporó de golpe ante aquella sorpresa. Sin duda, no se esperaba aquello.

- ¿Cómo es posible? – preguntó, mirando a su hermana fijamente.

- No le quería. – dijo la menor, encogiéndose de hombros.

- Eso ya lo sé, tonta. Pero no me esperaba que lo dejases. A mamá le encanta ese idiota. – dijo, enfatizando las palabras encanta e idiota.

Regina terminó por incorporarse, también. Se apoyó en el cabecero de la cama y miró a su hermana con una pequeña sonrisa.

- Eso no es todo. – confesó. – Me he hecho amiga de Emma Swan.

- ¿Swan? ¿La conflictiva?

- La misma. – respondió, asintiendo. – Es agradable. Sólo está pasando por un mal momento.

Se quedaron en silencio unos segundos, pero Zelena estuvo de acuerdo con Regina. Ella no conocía mucho a Emma, pero sí a August, y estaba segura de que no era una mala chica. Poco más tarde, las dos empezaron a reírse.

- Mamá nunca la aprobaría. – dijo la pelirroja, entre risas.

- Lo sé. Me da igual lo que diga mamá.


Emma había aceptado quedarse a dormir con Ruby y continuar el maratón al día siguiente. No estar en su casa, aunque fuese por una sola noche, también le vendría bien. Aquella tarde no había existido su madre, ni su padre, ni August, ni nadie más. Sólo ella, Ruby, y aquella maravillosa serie. Y quizás Regina. Sí, Regina había existido un poco.

Ya en la cama, estaban terminando de ver el último capítulo de ese día, antes de parar por su salud mental.

- Gracias por hacer esto por mí, Rubs. – dijo Emma, una vez todo estuvo en silencio.

- No me las tienes que dar. Eres mi amiga, Emma. – la morena le quitó importancia. Realmente, haría lo que fuera por su amiga.

- Sí, pero sé que querías ir a la fiesta de Robin. Todos deben estar allí.

- Sí, quería. – admitió Ruby. – Pero te quiero más a ti. Una fiesta no es más importante que mi mejor amiga. Además, Robin es un idiota.

- Ah, sí que lo es. – se quejó la rubia. – Menudo imbécil.

Entonces, Emma le relató pacientemente lo que había ocurrido el martes. Todo. Desde que llegó hasta que Regina la frenó, lo de Killian defendiéndola, y también cuando la bonita morena la había ido a consolar al baño. Ruby bufó y gruñó varias veces, escuchando la historia.

- Te juro que le odio. – dijo finalmente. – Ojalá la vida le dé su merecido pronto, si no se lo doy yo.

- No, Rubs. – se quejó la rubia. – Es mejor ignorarlo, y para que yo diga esto…

Las dos rieron, pero a los pocos segundos Ruby volvió a ponerse sería, antes de sonreír con picardía.

- Peeeeeero, lo más importante, Regina está soltera. ¿Podemos hablar de eso?

Emma rodó los ojos. Esa chica era imposible.


Regina no se había dado cuenta de lo mucho que echaba de menos a su hermana hasta que estuvo con ella. Realmente disfrutaba de pasar el rato en su compañía. Zelena solía darle buenos consejos y, aunque era un poco alocada, solía tener la razón.

Aquella noche se habían quedado hablando hasta altas horas de la madrugada, tanto que se levantaron imposiblemente tarde. Demasiado tarde para lo que todos los Mills estaban acostumbrados.

Regina seguía sin haber tocado su móvil, probablemente las notificaciones se habrían duplicado, pero le daba igual. No se fijó en nada hasta que vio el nombre de Ruby aparecer en su pantalla.

- ¿Ruby? – preguntó, confusa. Era raro que ella la llamase.

- Ey, ¿estás libre?

Dudó un momento, pero su hermana, que estaba junto a ella, la animó a decirle que sí.

- Euh… sí, ¿por qué? – respondió, aún sin entender nada.

Hubo un silencio al otro lado de la línea, pero solo duró un par de segundos.

- Te parecerá raro, pero te quería invitar a pasar la tarde con Emma y conmigo. Ya sabes, comida basura, películas, animar a la rubia…

- Oh, ¿ahora? – eso la había tomado por totalmente por sorpresa. – Claro, me paso en un rato. – aceptó sin pensar. - ¿Qué he hecho?

- Pues quedar con tus amigas para pasar una buena tarde. Anda, no seas tonta, ponte guapa y ve. – le dijo Zelena, casi empujándola.

Una hora más tarde, la morena entraba por la puerta de Granny's. La mujer la saludó cordialmente al verla ahí, suponiendo el motivo.

- Hola querida, ¿quieres algo?

- ¿Oh? – preguntó ella, distraída. – Ah no, Granny. Estoy buscando a Ruby.

Granny sonrió dulcemente y señaló hacia las escaleras.

- Sube las escaleras del fondo, la segunda puerta a la izquierda.

Regina así lo hizo, un poco nerviosa aún, no sabía qué le depararía aquella tarde. Su vida parecía estar cambiando por completo. Cuando encontró la habitación, tocó suavemente a la puerta, antes de abrir. Sonrió levemente al escuchar la voz de Emma diciendo ¿Esperas a alguien, Rubs? Desde luego, a ella seguro que no.

- Hola. – saludó tímidamente, apareciendo tras la puerta. – Espero no haberme perdido mucho.

- ¡Llegas en el momento perfecto, Regina! Estábamos a punto de ponernos una peli de miedo. – dijo Ruby, entusiasmada.

- Regina… - susurró Emma, aún sorprendida.

La película no daba tanto miedo como ella había esperado, pero aun así se lo pasaron en grande, pues Ruby no paraba de hacer bromas y en su mayoría, Emma las continuaba. Era bueno ver así a la rubia, fuera del entorno escolar, entre amigos, animada. Regina recordó cómo era Emma antes de aquello. Nunca habían hablado mucho después de sexto, pero recordaba verla en los pasillos y de vez en cuando en los recreos. Solía estar contenta, riendo con sus amigas, teniendo una vida normal. Al contrario que ella, que siempre había sido infeliz.

De vuelta a la realidad, las tres chicas acordaron ver otra película, pero esta vez de comedia. Las bromas y risas seguían, pero se fueron apagando poco a poco, pues en algún momento la rubia se quedó dormida.

- Oh…se ha dormido. – dijo Regina bajito, por miedo a despertarla.

Ruby sonrió al verla.

- Voy a aprovechar que estás tú para ir a ver si Granny necesita ayuda. ¿Puedes…quedarte con ella? Por favor. No quiero que se quede sola.

- Euh…sí. – respondió, aún insegura. – Quiero decir, no pasa nada, ve a ver si hace falta algo abajo.

- Emma suele tener pesadillas. – explicó Ruby. – Sueña casi todos los días con el accidente de su padre. Ella cree que puede hacerse la fuerte, pero anoche la escuché llorar.

Con toda esa información, Regina pudo comprenderla mejor y más decidida, asintió y la tranquilizó diciéndole que se quedaría hasta que volviese. Bajó el volumen de la televisión para que no molestase y se sentó cómodamente al lado de donde estaba la rubia, antes de sacar un libro que siempre llevaba en su bolso.


No sabía cuánto tiempo había pasado cuando notó a Emma moverse a su lado. Decidió no darle mayor importancia y siguió con su libro, hasta que escuchó la voz de la rubia, somnolienta.

- Así que…Julio Verne, ¿eh? – preguntó, riendo – Pega contigo.

Regina cerró el libro y sonrió.

- No sabía que eras de las que necesita echarse la siesta.

- Y no lo soy. – se quejó. – Pero estaba cómoda, he comido mucho, y… - recorrió la habitación con la mirada. - ¿Ruby?

- Me la comí. – bromeó la morena. – Bajó a ayudar a Granny. No tardará en subir.

Emma dejó escapar una risita.

- ¿Qué tal estuvo la fiesta de Robin? – preguntó con cautela, no sabía si era buena idea sacar ese tema.

- No lo sé, no fui. – respondió Regina. – Vino mi hermana de visita, así que pasamos la noche en familia.

- Ah, guay. Te ahorraste que estuviera como un baboso toda la noche. – dijo la rubia, molesta.

La morena no pudo evitarlo y empezó a reír a carcajadas al ver la cara de pocos amigos que había puesto Emma al hablar de Robin. Pero tenía toda la razón.

En ese momento, Ruby volvió a la habitación con varios trozos de tarta.

- Menos mal que te has despertado, Regina se iba a pensar que éramos unas aburridas. – se quejó, picando a Emma. Luego señaló las tartas. – Granny la ha preparado especialmente para nosotras.

Emma se lanzó a la tarta, sin embargo, Regina miró su reloj y sonrió un poco incómoda.

- Yo debería irme ya. – se excusó. – Mi hermana se va mañana de nuevo y me gustaría pasar algo de tiempo con ella.

- Pero, ¡no me rechaces la tarta, Regina! – dijo Ruby, haciéndose la ofendida.

- Quizás… ¿pueda llevármela? Lo siento mucho, de verdad.

Ruby le había envuelto la tarta y se la había dado. Regina agradeció a ambas la invitación y el habérselo pasado tan bien. Después, se despidió y se marchó.

Emma se quedó mirando la ventana despistada, observando a Regina sin mirarla realmente. El sonido de la voz de su amiga la interrumpió.

- ¿Qué? – preguntó, pues no la había escuchado.

- Que sois bonitas. – respondió Ruby. – Hacéis buena pareja.

- Eh, para ya, Rubs. Regina no se va a fijar en mí. Nunca.


Los lunes siempre eran difíciles de llevar. Los lunes siempre era demasiado temprano para todo. Para levantarse, para ir a clase o simplemente para existir. Aun así, Emma enfrentaba su segunda semana de clase con mejor cara que la primera. No tardó en vestirse y arreglarse un poco – ese día le apetecía verse guapa – antes de salir huyendo de su hermano y de su madre, como era costumbre.

Cuando llegó al instituto, todas las miradas se posaron sobre ella, nada más cruzar la puerta. Algo extraño estaba sucediendo. La gente cuchicheaba a su alrededor, sin atreverse a decirle nada, pero era evidente que hablaban de ella.

No sabía qué estaba pasando. Ella no había hecho nada nuevo, no se había metido en ninguna pelea, ningún escándalo…nada. Decidió ignorar las miradas y seguir su camino hasta su clase. Una vez allí, por fuera estaba Regina con sus amigas. Las tres la rodeaban y la morena tenía cara de pocos amigos.

Emma no se acercó. No quería. Tenía un mal presentimiento. Sintió que la morena iba hacia ella. La miró a los ojos y lo único que pudo encontrar en ellos fue confusión. Probablemente habría circulado algún rumor, y Regina era la última persona que quería que creyera cualquier tontería de esas.

- Emma, ¿te has enterado? – preguntó en voz baja.

- Um, no. – respondió la rubia, inquieta. – Pero todo el mundo me está mirando, así que tiene que ser algo sobre mí. – se encogió de hombros, fingiendo que podía quitarle importancia.

- A Robin le han roto un brazo. – explicó, calmada. Su mirada no se separaba de sus ojos, como si estuviera intentando encontrar la verdad en ellos.

Aquello no podía estar pasando. Sólo era la segunda semana, y ya estaba metida en un problema en el que ni siquiera tenía la culpa. Emma sintió ganas de llorar. No tenía por qué soportar todo aquello.

- Regina, te juro que no fui yo.


¿Y bien? ¿Habrá sido Emma? ¿Regina la creerá?