Stan y Tsukasa alzaron los puños en el aire, en posición de defensa. Habían acordado una pelea mixta, pero sólo golpéandose de la cadera hacia arriba, y sin retenerse con el clinch, que era el nombre de la técnica de "abrazar" y retener los movimientos del otro. Sólo se detendrían si uno quedaba inconsciente, o se rendía. Las miradas de ambos le ponían los pelos de punta a cualquiera, ya no había rastro de la sonrisa burlona de Stan, y Tsukasa parecía estar deseando provocar la muerte a su oponente.

Ninguno conocía las habilidades ni el estilo del otro, por lo que comenzaron a moverse, acercándose y midiéndose para ver las reacciones. Stan era consciente de la diferencia de altura y masa muscular que tenía con Tsukasa, por lo que sabía que tendría que esquivar con agilidad sus golpes, más que sólo detenerlos. Se notaba en el castaño una completa confianza en sí mismo, realizando los mínimos movimientos necesarios, sin provocar ni simular un falso ataque para distraerlo. Eso significaba que no se iba a andar con rodeos ni jugarretas, lo cual era más que interesante… un rival que no tenía miedo ni usaba la técnica de distracción para ganar. Por lo cual, Stan optó por la misma estrategia, que casualmente era como solía pelear.

El primer golpe lo lanzó Tsukasa, tan rápido y veloz que se oyó cómo se cortaba el aire como si fuese una espada, pero una de las mejores cualidades de Stan eran sus increíbles reflejos, con lo cual el golpe le pasó cerca de la cara, pero sin rozarlo. El estadounidense silbó con aprobación y sonrió ligeramente, la emoción por una buena pelea empezaba a llenar de adrenalina su cuerpo. El castaño abrió los ojos con sorpresa, muy pocas personas habían esquivado su velocísimo puñetazo, incluso solía ser muchas veces el noqueo definitivo en sus peleas. No pretendía revelar todas sus cartas primero, por lo que se puso en posición de defensa, esperando el ataque de su contrincante.

Stan pensaba demostrarle que no se quedaba atrás en velocidad y potencia, no por nada era un luchador invicto. Lanzó un gancho con su puño derecho, y Tsukasa tuvo que inclinarse mucho hacia atrás para evitarlo, lo cual luego el otro aprovechó para asestarle un golpe con su puño izquierdo a la altura del riñón. O ese era su plan, pero Tsukasa alcanzó a prever sus intenciones por la postura de su cuerpo que no se había dedicado a ese gancho, e hizo un giro completo con su cuerpo para salir del alcance del puñetazo. Como contrataque, cuando Stan todavía estaba continuando el impulso de su golpe, Tsukasa aprovechó el giro para darle una fuerte patada con la pierna que tenía en el aire, que sí alcanzo a golpearlo, haciéndolo trastabillar.

Los espectadores que apoyaban a Tsukasa soltaron un grito de emoción, orgullosos de que el primer golpe lo hubiera dado su amigo. Pero Stan no se alteró, se recuperó rápidamente, y volvió a dar cortos y ágiles pasos para mantenerse en movimiento y aumentar su tiempo de reacción. Desplazándose como una serpiente, obligó al castaño a ponerse a la defensiva, y cuando este dirigió su puño hacia él nuevamente, se agachó a tiempo en un movimiento semi circular, y le clavó un codazo en las costillas del cual Tsukasa no alcanzó a defenderse, aunque sí su segundo ataque fue detenido, un puñetazo que el pelilargo encerró con su propio puño.

Los dos hombres se miraron a los ojos en un breve reconocimiento de la habilidad de ambos, y Tsukasa tiró de él desde la mano que tenía encerrada para acercarlo, y así buscar darle un duro golpe con su mano libre. Y lo hubiera encajado, pero a último momento Stan aprovechó ese agarre no sólo para inclinarse hacia atrás lo suficiente para esquivar el golpe, sino también para mover una pierna de forma de enroscarla tras la rodilla del castaño, y así obligarlo a doblarse y caer para atrás. Sin perder un segundo, el atacante se puso a horcajadas y le agarró la larga cabellera con la mano izquierda, para tirarle del pelo con mucha fuerza, obligándole a levantar la cabeza, al mismo tiempo que le propinaba un tremendo golpe con su puño derecho.

Un murmullo de dolor recorrió a los amigos de Tsukasa, y Kohaku gritó de horror cuando le vio los nudillos ensangrentados a Stan. Ella no conocía las peleas de humanos, por lo que no estaba acostumbrada a ver cómo podían llegar a quedar de hinchadas y desfiguradas cuando los golpes eran muy fuertes y duros. Mozu, mirándola a ella y luego alrededor disimuladamente, la atrajo hacia él con la excusa de consolarla, y se ganó la fría mirada de Nikki, que la sacó de su alcance.

El golpe no había sido tan letal, pero sí le había partido el labio y le había hecho sangrar la nariz. Pero la reacción de Tsukasa fue más rápida de lo que el otro esperaba, confiándose en que con ese golpe aturdiría a su oponente como solía suceder, y con su mano izquierda agarró el brazo izquierdo de Stan, y puso toda la fuerza de su cadera y muslo en empujarse contra el lado derecho del trasero del otro, de forma de desequilibrarlo y aprovechar el movimiento para sacárselo de encima. Se puso de pie ágilmente, y mientras el extranjero saltaba para levantarse, Tsukasa no le dejó ni que sus pies tocaran el suelo, cuando hizo un rápido y potente giro para asestar una patada que impactó directamente en el abdomen de Stan, mandándolo a volar unos metros. Pero el golpe estuvo calculado para que el cuerpo del peliplateado quede boca abajo en el aire, e inmediatamente recortó la distancia entre ellos a una velocidad impensada concentrando toda su fuerza en sus dos manos, que unió para liberar un golpe descendente que impactó en la nuca de Stan, quién cayó contra el piso de madera con un sonido seco.

Tsukasa se acercó para rematarlo, quería hacerle pagar duramente el haber baleado a Senku y secuestrado a Kohaku y terminar aquella pelea para continuar con la misión más importante, pero cuando pensó que Stan había quedado aturdido, logró eludir justo a tiempo una repentina patada giratoria que le sirvió de ataque y defensa, aprovechando el impulso para empujarse y ponerse de pie. El impacto contra el piso le había costado un corte en la ceja, y sus ojos azules lucían tan amenazantes ahora, que sólo alguien con mucha voluntad y espíritu de pelea podía sostenerle la mirada, cosa que Tsukasa podía hacer perfectamente, incluso devolviéndole una igual de intimidante.

- ¿Cómo quedaron así en tan sólo unos pocos minutos? –preguntó Kohaku horrorizada.

- Los dos son más que excelentes luchadores, se puede ver –Le respondió Ryusui– Son tan buenos que, o no se encajan ningún golpe, o van a terminar medio muertos, cualquiera de las dos.

- ¿Y lo dices tan tranquilamente? –La sirena le cuestionó frunciendo el ceño.

- Es la realidad objetiva, no está exagerando –Dijo Senku, cerca de ella– Hasta el día de hoy no había visto a nadie que pudiera hacerle más que rasguños a Tsukasa, hay que admitir que ese Stanley sabe lo que hace.

- Por supuesto, no por nada es mi principal aliado y luchador –intercedió Xeno con confianza– Pero reconozco que no me esperaba que el tuyo pudiera llegar a tirarlo al piso, tampoco nadie lo había logrado hasta hoy.

- Sí, pero te equivocas en algo –Senku le mostró una media sonrisa– No es sólo mi "aliado y luchador", es mi amigo.

El grupo volvió a poner su atención en los dos hombres, que volvían a acercarse para continuar la pelea. Ambos eran pura potencia y reflejos, y lo demostraron unos segundos después, con un intercambio de golpes como una ráfaga, en su mayoría bloqueados con brazos, puños y juegos de pies, pero inevitablemente conectando varios de ellos, mayormente en el cuerpo y unos pocos en la cara. El silencio alrededor de ellos era notorio, pero de lo boquiabiertos que estaban los compañeros de ambos ante tanta destreza e intensidad de lucha. La mayoría estaba más que acostumbrada a ver peleas, pero Kohaku no podía hacerlo, y no terminaba de entender cómo nadie los detenía, si no tenía ningún sentido esa pelea.

- Ya habíamos acordado una alianza… ¿cuál es el punto de esto? –Preguntó ella.

- La descarga, el honor –Le respondió Mozu– Sinceramente creo que "quedar a mano" es lo mejor antes de trabajar codo a codo. No hay nada más irritante que colaborar con alguien con el que te sientes molesto o tienes pendiente vengarte. Mejor resolver las cosas antes y dejar el camino limpio.

- ¿A los golpes tiene que ser?

- También lo está haciendo por ti, sabes –añadió Hyoga mirando a Kohaku, con su voz plana.

- ¿Por mí? ¿Qué dices?

- Que Stanley te haya secuestrado, y la duda de si te lastimarían aquí, lo tuvo erosionándose los dientes. El disparo a Senku también. Tsukasa es muy analítico y cuidadoso, pero a veces pierde la calma cuando lastiman a las personas que juró proteger. Es muy correcto.

Kohaku se puso más nerviosa de saber que esa pelea era en parte por ella, y le revolvía el estómago con un poco de culpa con cada golpe que recibía Tsukasa, podía verse claramente que tenía su torso descubierto colorado por los impactos recibidos, aunque Stan también tenía los suyos en igual medida. Era una lucha feroz, ambos debían de estar bastante cansados, pero la adrenalina y la bestial fuerza y entrenamiento que tenían los llevaba a seguir lanzando puños y hasta patadas en cada mínima apertura que encontraban en el otro, ambos eran de temer.

- ¡Ya, deténganse! –dijo en voz alta, aunque fue en vano, ninguno se inmutó ante su pedido, y tampoco podían darse el lujo de desconcentrarse– ¡Tsukasa, por favor!

Sin pensarlo ni tener en cuenta los riesgos, Kohaku no pudo con su impulsividad, y se lanzó hacia adelante. Escuchó su nombre gritado con preocupación por Senku, pero lo único que tenía en mente en ese momento era detener esa absurda pelea, ya era más que suficiente. En el momento en que echó a correr hacia ellos, Stan le estaba dando la espalda, por lo cual no alcanzó a verla, y toda su atención estaba puesta en su contrincante. Los ojos de Tsukasa se abrieron mucho cuando él sí la vio acercarse temerariamente, y pagó su desconcentración con un puñetazo en el estómago. Pero ese golpe iba a ser parte de una cadena de más de ellos, por lo que cuando Stan estaba comenzando a impulsar su cuerpo para descargar una durísima patada en el castaño, Kohaku alcanzó a interponerse entre ambos.

Como en cámara lenta para los luchadores, los ojos azules del hombre se abrieron mucho y ya no podía frenar el lanzamiento del golpe, pero los rápidos reflejos de Tsukasa y su instinto de protección fueron más eficientes, y alcanzó a abrazarla y girar su cuerpo, de forma que la patada que iba a impactar en la cabeza de la joven, lo terminó haciendo en la parte trasera de las costillas de él, que apenas pudo endurecer sus músculos para amortiguar el brutal ataque. Pero como la prioridad de Tsukasa fue proteger a Kohaku y no mantener su equilibrio, perdió el apoyo de sus pies y cayó al suelo, logrando girarse lo suficiente para no aplastarla, y en su lugar golpearse su ya malherida espalda contra el piso. Un jadeo recorrió la sala, y el mismo Stan se detuvo sorprendido. Entre el impacto de la patada y de la caída, la respiración se le cortó momentáneamente al pelilargo, y abrió la boca tratando de incorporar aire, pero sus aturdidos sistemas nervioso y respiratorio abandonaron sus funciones por unos segundos, una de las sensaciones más desesperantes para cualquier persona, entrenada o no.

- ¡Tsukasa! –Exclamó Kohaku, cuando oyó el jadeo ahogado de su protector, y se asustó cuando lo vio con los ojos tan abiertos.

- Fuck… –Stan murmuró, y también se acercó a ellos. Reconocía ese tipo de reacción cuando se tenía una contusión pulmonar, una vez la había sufrido luego de una caída de tres metros de altura, aunque era mucho más frecuente verla en otro, provocada por él mismo y sus poderosos golpes. Sabía que no era mortal, al menos no en alguien como ese luchador tan diestro– Muévete, Kohaku.

Considerando que ese shock respiratorio sólo duraría unos segundos más, Stan se arrodilló en el piso y abrió un poco las piernas de Tsukasa para que las doble y apoye los pies en el suelo, y él se colocó en el medio. De esa forma impedía que el pelilargo se moviera, y le mantenía la columna estirada y quieta, además de ayudarlo con la circulación. Nadie más se movía a su alrededor, pero todos estaban tensos y expectantes.

- ¿Qué piensas hacer? –Preguntó Kohaku a la defensiva, lista para defender a Tsukasa, pero el otro hombre no parecía tener ya un aura de ataque.

- Tranquila, sirenita, no hay honor en rematar a un guerrero caído.

- Él no perdió contra ti, fue mi culpa esto –le retrucó, con una mirada severa, pero sintiéndose aún más culpable por lo que había provocado sin pensar.

- Sí, claro que fue tu culpa por meterte en el medio, él podía perfectamente defenderse de mis ataques y mantenerse en pie. Eso te pasa por meter las narices en peleas ajenas.

- ¡No iban a detenerse de otra forma!

- No teníamos por qué detenernos, era una pelea limpia y acordada entre nosotros. Ni mi capitán ni el de él intentaron hacerlo tampoco, ellos sí podían llegar a interferir.

- Estaban quedando muy malheridos.

- Problema nuestro, no tuyo.

Kohaku se ofuscó, pero volvió su atención a Tsukasa, y para su alivio se dio cuenta que él volvía a respirar con normalidad, aunque no hacía ningún intento de moverse.

- ¡Tsukasa! ¿Estás bien? –Y añadió con pena– Perdón… No dejo de causarte problemas.

- No… no lo haces... ¿Tú estás bien?

- ¿Preguntas por mí cuando el que está sangrando y en el piso eres tú?

- Es mi responsabilidad protegerte –respondió Tsukasa con una media sonrisa.

- ¡Luna! –La llamó Stan con voz potente, girando la cabeza a un costado para mirarla– Trae tu trasero aquí y ocúpate de él, que para algo eres médica…o intento de ser una.

Lo que el caza-recompensas no vio venir, fue que cuando estaba regresando su mirada al otro luchador, una cachetada se encajó en su rostro, dándole de lleno en la mejilla. Supo inmediatamente que la joven a su lado había sido la agresora, y la fulminó con la mirada apretando los dientes, pero Tsukasa lo agarró del brazo con una mirada de advertencia, no le pondría una mano encima a Kohaku otra vez. Antes de que pudiera protestar por el ataque, Mozu se acercó rápidamente y retuvo a la rubia restringiéndole los brazos, y arrastrándola hacia atrás.

- Eso no estuvo bien, muñeca. No te metas en más problemas –le dijo con una media sonrisa.

- ¡Si vas a pedir ayuda, por lo menos pídela bien, desgraciado! –Le gritó enojada Kohaku a Stan, intentando resistirse al agarre de Mozu.

- ¿A una traidora? No lo creo. Curioso que justamente tú la defiendas, que gracias a ella terminaste en esta situación, muy curioso, me da que pensar…

- Basta ya, todos –se oyó la serena y autoritaria voz de Xeno por encima del tumulto– Luna, asiste a Míster Tsukasa y a Stan con sus heridas. Miss Kohaku, hazle caso a tu amigo y no compliques las cosas, menos las que no te incumben. Por otro lado, creo que con esto ya podemos seguir adelante para colaborar con lo necesario en pos de nuestros objetivos, a partir de ahora, y dejar de perder el tiempo ¿no es así, Dr. Senku?

- Sí, diez billones por ciento seguro que sería ridículo continuar desgastándonos antes de empezar. Y quedó más que claro que fue un empate, si no contamos el desenlace con la estamos mano a mano. De todas formas, el resultado de la pelea no iba a cambiar, están a la par en habilidades los dos. Luna –dijo, mirando a la joven– tú ocúpate de Stanley, yo me encargo de Tsukasa.

- Sí, Senku. Voy a buscar la medicina y vendas, espérame.

La joven se fue lo más rápido que pudo, y volvió con un par de frascos, vendas y cinta. Stan sólo se dejó curar el corte de la ceja y otros más pequeños, y se ocupó él mismo de limpiarse la sangre seca. Se miró los nudillos, que tenían la piel levantada, pero consideró que prefería encenderse un cigarrillo antes de terminar su curación y vendarse. Tsukasa se puso de pie apenas logró recuperar su respiración, confirmando que no tenía ningún hueso roto, solamente había sido ese duro golpe final que lo había lastimado. Por más que confiaba en sus palabras, Senku le estiró algunos músculos para comprobar que no estuviera haciéndose el fuerte, pero sonrió con satisfacción cuando vio la cara impasible del pelilargo, sin una mueca de dolor, a pesar de lucir tan maltrecho. Le limpió las heridas con el desinfectante herbal, y entre ambos y Kohaku avanzaron con la curación.

Cuando todos terminaron, Xeno avanzó unos pasos, y volvió a estirar su mano hacia Senku, que luego de mirarlo se la estrechó de vuelta. Sin mediar palabra, los dos líderes miraron a los luchadores, y ellos hicieron lo mismo.

- La próxima vez terminaremos la pelea sin interrupciones, ¿de acuerdo?

- Sí, claro.

- ¿Todo listo y aclarado, señores? –Preguntó Ryusui, avanzando hacia todos ellos– Tenemos que ponernos manos a la obra con el plan cuanto antes. Deberíamos ir en nuestro barco, el de ustedes es demasiado grande y ostentoso para la isla a la que nos dirigimos. ¿Quiénes vienen de su lado?

- No veo necesario enviar un arsenal de personas. Stan, Maya, Leonard, Charlotte, Luna y yo.

- ¿Tú vienes? –Preguntó sorprendido el pirata.

- Es más que obvio. ¿Por qué me quedaría atrás en mi propia investigación?

- Eres el capitán de este barco.

- Mi barco puede quedar perfectamente en manos de mi excelente tripulación. Y antes que capitán, soy investigador.

- ¿No será que desconfías de nosotros y necesitas vigilarnos con tus propios ojos? –Le preguntó Ryusui con un dejo de burla?

- No, mi élite es perfectamente capaz de hacerse cargo de todos ustedes en unos minutos si rompen el acuerdo, no son rivales para nuestro poderío armamentístico.

- Tenemos un objetivo en común, no perdamos el tiempo en demostraciones de poder que no importan ni un milímetro –Dijo Senku– Podemos continuar esta conversación en el viaje, si te parece, Dr. Xeno, preparen todo lo que necesiten y los esperamos aquí.

- De acuerdo.

Los mencionados por el científico se pusieron en marcha inmediatamente. El grupo de jóvenes quedó en la gran sala, esperando pacientemente. Kohaku suspiró con alivio de que lo peor hubiera pasado ya, incluso que lograran hacer una alianza. Se acercó a Senku, al fin más tranquilos para hablar.

- Senku, ¿cómo te sientes? ¿Fue grave la herida? Perdóname, por mi culpa…

- Ya estoy bien, tengo que cuidar los movimientos del hombro, pero puedo seguir con mis actividades normalmente. Así que deja las culpas a un lado ya, no es propio de ti.

- Es que… bueno, está bien. Gracias por venir por mí.

- No te dejaríamos en las garras de ellos, diez billones por ciento seguro. Vas a tener que soportarlos un poco más, negociar era la única alternativa para que no nos persiguieran hasta el fin del mundo si sólo te rescatábamos. De esta forma ganamos todos, aunque perdona por usarte como botín de guerra.

- No, no hay problema. Ya lo dije, con tal de salvar a mi hermana, no me importa si tengo que dar un ojo a cambio.

- Agradécele a Chrome que se le ocurrió la forma más benigna de darles lo que buscaban, sin lastimarte.

Kohaku miró al joven castaño y le sonrió, y el otro le respondió con un guiño y levantando el pulgar. Cuando regresó a mirar a Senku, le vinieron a la mente las palabras de Stanley, de que el peliverde era su "persona especial". Ciertamente Senku era especial para ella desde que lo conoció por primera vez, y con su gran diligencia, disposición sin prejuicios y amabilidad, había quedado fascinada por él. Pero por más aprecio que le tuviera, ella tenía que volver a las misteriosas profundidades del mar donde estaba su familia, su hermana, por lo cual no podía darse el lujo de pensar demasiado en Senku de otra forma que con agradecimiento y aprecio. Las sirenas y los humanos no estaban destinados a convivir, tal como le había pasado al padre del joven con aquella bella sirena que había conocido. Ese pensamiento injusto la entristeció.

- Oye, Kohaku, ¿qué pasa? –Le preguntó Senku, mirándola un poco más de cerca– Tu cara se ensombreció de pronto. ¿Algún problema?

- Eeeh…. No –se sonrojó un poco ante la cercanía, y miró a un costado– No, sólo son preocupaciones, tengo que dejarlas de lado.

- Sí, no dudes que encontraremos esa panacea. Por otro lado, tenemos que ser precavidos con tu medicina, me preocupa que vayan a estar muy vigilantes contigo, habrá que buscar la forma de hacerlo a escondidas, no tienes dónde ocultarla en tu ropa.

- Hmm es cierto.

- Senku-chan –Interrumpió Gen, que estaba cerca escuchando casualmente– No le sumes preocupaciones a la linda Kohaku-chan, por favor. Más bien disfruten el reencuentro, ya pensaremos la forma de disimular el pase de la medicina.

- Tú y tus manos hábiles –Sonrió Senku con malicia.

- Aunque me especializo más en la habilidad de mis palabras, Senku-chan –Gen le devolvió su propia sonrisa maliciosa.

- Ya están regresando, silencio –Dijo Ukyo alerta, gracias a sus finísimos oídos.

Efectivamente un minuto después fueron regresando. Los tripulantes designados para acompañarlos habían vuelto sin ningún bolso, lo que extrañó a los jóvenes, pero luego notaron que se habían guardado el equipamiento entre su ropa, en pequeños bolsillos atados a su torso y piernas. Stan se había colocado un saco largo negro, y se alcanzaron a ver varios destellos metálicos en el interior de la ropa.

- Disimuladamente armados hasta los dientes –Murmuró Tsukasa.

- Dr. Senku –El Dr. Xeno llamó su atención– confío en que su barco tiene el equipamiento científico necesario para nuestras investigaciones.

- Así es, no tendremos la apariencia lujosa de tu barco, pero lo compensamos con practicidad, y puedo asegurarte que tenemos todo. Pero para hacer las cosas justas, recomiendo que también traigan provisiones de comida. No contábamos con cinco bocas más que alimentar durante una semana entera, menos aún llenar el estómago de guerreros –le contestó, mirando de reojo a una alta y muy musculosa mujer de pelo largo.

- Ya lo había contemplado. No pretendemos estar en deuda con ustedes en ningún aspecto.

- Bien, eso facilitará las cosas. Si ya está todo listo, vamos de una vez.

El nuevo grupo partió inmediatamente, y comenzaron a pasarse al Perseo, bajando con la escalerilla metálica del barco más grande, que los conectaba de forma segura. La vista era un poco vertiginosa, y si bien la escalera era sólida y segura, se movía ligeramente con el viento y al compás de los dos barcos que flotaban en el agua, por lo que fue un momento de bastante ansiedad para varios, de ambas embarcaciones. Luna hizo acopio de toda su seguridad para mentalizarse que iba a estar bien, aunque temblaba como una hoja por dentro. Yuzuriha también estaba un poco nerviosa, pero Taiju la bajó con él, siempre atento a su seguridad. Cuando fue el turno de Charlotte, estaba medianamente segura, pero de igual forma Ryusui fue encantado a ayudarla.

- Permiso, bella señorita, permíteme ayudarte –dijo el pirata con una sonrisa galante, ofreciéndole su mano como soporte.

- Oh, gracias –Respondió ella, y aceptó la mano.

Charlotte dio un ágil salto y cayó en la cubierta perfectamente, pero Ryusui de todas formas acompañó con su mano en la cintura de ella, asegurando el salto. Le preguntó si estaba bien, y ella respondió afirmativamente y continuó como si nada. Ryusui sonrió y volteó a mirarla cuando ella terminó de pasarle por al lado, pero se encontró con que su vista apreciativa fue interrumpida por Stan, que lo miraba con cara poco amigable.

- Mantén tus ojos adelante y arriba, marinero.

Ryusui le devolvió una mirada desafiante, sonriendo con provocación.

- El mar está tranquilo, pero puede ponerse picante.

- Puede. Mira, alguien más pide tu generosa ayuda.

- Estoy disponible para ayudar a todas las hermosas mujeres que lo necesiten.

El rubio volvió a mirar al frente, soltando una suave risa ante la actitud de su nuevo aliado, que al final no era tan inmutable como parecía. En ese momento Minami estaba bajando por la escalera, por lo que Ryusui repitió su ademán caballeresco para ayudarla. Cuando estuvieron todos, desengancharon la escalera metálica, y procedieron a izar las velas y levantar el ancla, para así poder partir.

El Perseo era evidentemente más chico y sencillo que el buque de Xeno, aunque tenía su buen tamaño y era muy completo en sus prestaciones para la comodidad de todos los tripulantes. François agasajó a los nuevos aliados con comida y bebida, que disfrutaron mientras comenzaban a hablar del plan.

- Si somos realistas, tampoco podemos hacer muchas hipótesis, porque lo único que sabemos con certeza de aquella isla es lo que ya les contamos –dijo Senku a Xeno, analizando el panorama– Nuestra mejor carta es que reciban con los brazos abiertos a Kirisame, Matsukaze y Mozu, que son oriundos de ahí, ellos serían nuestros infiltrados que podrían darnos más información del líder, y con eso seguramente encontremos el dispositivo.

- ¿Y una vez que lo encontremos? –Preguntó el peliblanco– Supongamos que lo lleva ese líder encima, ya que un robo sigiloso sería mucho más fácil.

- ¿Lo mato? –Preguntó Stan sin más, como si estuviera hablando del clima– Simple. Cuando quede duro, le sacamos el aparato y nos vamos.

- Preferiría que no corra sangre, o al menos no letal –Dijo Senku con seriedad–No está en mi código ético como médico apoyar un asesinato.

- Entonces le disparo sólo para incapacitarlo, le sacamos el aparato y nos vamos.

- ¿Todo es cuestión de disparar contigo? –Le preguntó Kohaku, indignada con la liviandad con la que se refería al hecho.

- Es mi habilidad, parte de mi trabajo, y no pienso ponerme en peligro a mí o a mis compañeros por un motivo altruista. Además, ¿no dijeron que ese hombre es de dudosa moral y no se portó bien?

- Sí, pero eso no te da derecho a que elijas tú si vive o muere.

- Si empezamos con esa lógica, todos los humanos mereceríamos el infierno en algún punto. Si no lastimamos humanos, lo hacemos con animales o con el entorno. No es necesario que corra sangre para lograrlo. Pero como vives debajo del mar, seguro no lo sabes y te gana la inocencia.

- En eso tiene razón Stanley, Kohaku –Intervino Tsukasa– Alguien tiene que mancharse las manos, incluso para defender lo que le importa. El mundo actual es así. Si sólo fuésemos como animales, que su único instinto y objetivo es comer, procrear y morir, sería todo más puro y justo, equilibrado. Pero lamentablemente los humanos lo volvimos más complicado que eso.

- No puedo decir que sea una mala vida esa la de los animales, me sirve –Bromeó Mozu, haciendo sonreír ligeramente a los dos luchadores, pero no a la sirena– Ahora, volviendo al cabecilla de la isla… entiendo el punto de Kohaku, pero ese viejo no es trigo limpio, y les puedo asegurar que tiene sangre en las manos. Si él ve su poderío en peligro, y si tiene la oportunidad, los matará. No por honor de guerrero, sino por pura sucia ambición de poder.

- ¿No habías dicho que tú ibas a hacer un golpe para derrocarlo? –Preguntó Kohaku

- Un clavo saca otro clavo –Le respondió con una sonrisa maliciosa– No soy un santo, pero tampoco soy tan malo como él.

- En conclusión –el Dr. Xeno llamó la atención de todos– No hay plan hasta que no lleguemos allí. No hay nada seguro.

- Así es –Confirmó Senku– Aunque no está mal analizar previamente todas las posibilidades, para decantarnos por el mejor plan con más velocidad luego de analizar la situación.

En los tres días que iba a durar solamente el viaje, los dos grupos tenían que convivir y conocerse más para trazar planes más eficientes, por lo que Senku sugirió que simplemente cada uno confiese sus fortalezas y debilidades. Al principio todos quedaron boquiabiertos, hasta les había parecido muy inocente de su parte, pero el peliverde argumentó que no tenían nada personal que los enemistara, ni siquiera cuando terminen aquella colaboración. Luego de unos minutos de meditar sobre aquello, y para reforzar su buena voluntad, Senku dijo que su propia tripulación comience, y ninguno dudó. Cuando terminaron de presentarse todos, descubrieron que los grupos y habilidades se complementaban muy bien.

Para ganar tiempo, sabiendo que en cuanto obtuvieran el dispositivo Kohaku iba a querer volver al mar, los dos científicos continuaron sus investigaciones y análisis en conjunto sobre ella. El Dr. Xeno estaba bastante frustrado de que la forma humana de la rubia fuera total, no había ningún rastro en la sangre o en las biopsias que indicara que podía pertenecer a otra especie. Le parecía muy interesante, pero hasta el momento estaba un poco decepcionado. Al menos Kohaku aceptó responderles a ambos sus preguntas sobre la vida de los suyos, y como no tenía recuerdo de dónde se encontraban, no había peligro de que hablara de más.

Por la tarde del segundo día, Kohaku vio a Senku tratando de mirar debajo de sus vendas, con su camisa a medio abrir, y se acercó a él.

- ¿Estás bien, Senku?

- Sí, estaba tratando de ver cómo cicatriza la herida, pero creo que tendré que quitarme todo el vendaje para comprobarlo.

- ¿Puedo hacerlo por ti? Me gustaría hacer algo al menos…

- Será más fácil con tu ayuda, gracias. Pero vayamos a la sala médica, así aprovecho para limpiar la herida.

Senku volvió a ponerse bien la ropa, y se dirigieron juntos hacia allí, donde se encontraron a Luna, que estaba reponiendo unos frascos. Como la joven se sentía todavía en deuda con ellos, se había dedicado a hacerles pomadas y medicinas que pudieran usar, y le confesó a Senku y Chrome con picardía que había guardado en secreto materiales y productos del laboratorio del otro científico, así como algunas fórmulas que había aprendido de él.

- ¡Hola, Senku, Kohaku! ¿Necesitan algo?

- Voy a revisar la herida, y limpiarla.

- ¿Te ayudo? –Le preguntó entusiasmada y dispuesta– Ya terminé con esto.

- No, Kohaku lo hará.

- Oh… ¿sabe hacerlo? –Luna la miró de reojo, guardándose el comentario extra de que la chica sirena no sabía medicina, menos humana.

- Le enseñaré si no lo sabe –Le contestó con simpleza– Sólo es limpiar y vendar, y el conocimiento nunca está de más.

- Sí, entiendo… los dejo tranquilos entonces –les ofreció una sonrisa un poco tensa y se fue de la sala.

Senku buscó en los estantes por las medicinas desinfectantes y cicatrizantes, ya que Kohaku no sabía leer, y las dispuso en una mesita, junto con un rollo de tela limpia. Se desabotonó la ropa, agradeciendo que fuera fácil de sacar, pero hizo una mueca cuando movió su brazo hacia atrás para empezar a quitarse la manga del lado lastimado.

- Espera, yo te ayudo, Senku.

Kohaku le quitó con todo el cuidado que pudo ese lado de la camisa, ya que el joven dijo que no hacía falta quitársela toda, y luego siguió las indicaciones para cortar y quitarle el vendaje usado. Le dio un poco de impresión ver unas manchas de sangre secas, pero realmente tuvo que tragar duro cuando vio el agujero cosido en el hombro de él, todavía rojo e hinchado.

- No te vas a desmayar, ¿no? –Le dijo, con un tono sutilmente burlón.

- ¡No! No soy tan débil.

- Mejor así, no estoy en condiciones de levantarte si eso pasara. Hmm, se ve bien, al menos no hay infección, un problema menos. Ahora, moja un poco de ese paño con el contenido del primer frasco, y apóyalo con cuidado encima de toda la herida y los alrededores.

Kohaku asintió, e hizo tal como le indicó. Por más que tenía una excelente vista, se acercó un poco más a él para hacerlo con todo el cuidado y detalle que podía. Se sobresaltó cuando sintió un cosquilleo en un costado de su cara, y se sobresaltó un poco cuando vio que era uno de los mechones del flequillo de Senku. Ahí fue cuando se dio cuenta de lo cerca que estaban, pero intentó disimular, ya que él no parecía haberse inmutado con eso.

- Bien, ahora trae aquella pomada, y ve untando tu dedo de a poco y cubriendo la herida con cuidado.

Una vez más, ella siguió sus indicaciones, y juraba que podía sentir en esa cercanía una energía cálida y magnética… No, tenía que concentrarse, y aunque no pudo evitar un leve sonrojo en su rostro, continuó con su tarea.

- Para terminar, ahora tienes que enrollar esa venda alrededor de mi hombro y mi torso, cruzando por delante hacia el otro hombro también, o se soltará. Yo te guío si no lo recuerdas, no te preocupes.

- Sí, gracias.

Tuvo que dejar apoyada una mano en la parte trasera del hombro de Senku hasta afirmar unas vueltas del vendaje, y fue ahí cuando tuvo que obligarse a concentrarse, ya que fue consciente de la reconfortante calidez de la piel de él. Claro que la de ella era igual, pero sentirlo en otra persona era distinto, más evidente. ¿O se sentía así sólo porque era la de él…? Pero no podía darse el lujo de pensar en eso, no cuando sabía que era posible que no lo volviera a ver una vez que regrese al mar. Ese pensamiento la desanimó más de lo que esperaba. Cuando terminó de envolver la herida, hizo un nudo en la tela como Senku le indicó, y sonrió satisfecha.

- Diez billones de puntos para ti, quedó muy bien, te lo agradezco.

- De nada, Senku.

- Una lástima que luego tengas que volver al mar –dijo con una media sonrisa.

- ¡¿Eh?! –El corazón de Kohaku se saltó varios latidos con eso– ¿P-Por qué dices eso?

- ¿Ah? Porque eres hábil y confiable, claro. Con un poco más de tiempo y que te acostumbres a las piernas humanas, podrías ser tanto mi ayudante como una luchadora.

Kohaku le sonrió para agradecer el cumplido, pero por dentro sintió una puntada de desilusión. Tenía la sensación que el interés personal era unidireccional, aunque quizás sería para mejor, a fin de cuentas.

Para cuando pasaron los días restantes de viaje, toda la tripulación había limado un poco más sus asperezas y recelos, aunque estaban lejos de considerarse compañeros. Los luchadores del grupo de Senku solían dedicar varias horas del día a entrenar entre ellos, y poco a poco fueron convenciendo a los otros de que se les unan. Las peleas más interesantes de ver, aunque cuidaban de no golpearse gravemente, eran las de Tsukasa contra Stan, y también contra Maya. La musculosa mujer había vencido fácilmente a Nikki y hasta a Mozu, pero no era rival para el pelilargo, con lo cual terminó admirándolo fuertemente, e incluso lo seguía más que a sus propios compañeros. La mañana del tercer día, Ryusui estaba al mando del timón, cuando alcanzó a ver una borrosa figura a lo lejos. Tomó el catalejo y observó un momento, cuando sus ojos se abrieron con entusiasmo.

- ¡AHOOOOOY! ¡TIERRA A LA VISTA! –Exclamó a todo pulmón, llamando la atención de sus compañeros.

Todos se fueron asomando desde donde estaban, y alcanzaron también a ver aquella sombra en el horizonte. A medida que pasaban los minutos, esta se iba aclarando, y ya podía identificarse a la vista de cualquiera como una isla bastante verde y frondosa. Prepararon todas sus cosas y los botes, y se repartieron para ir bajando y remando hasta la orilla, ya que no parecía tener un puerto. Cuando llegaron, subieron los botes a la arena, y los ataron con seguridad para que la marea no se los lleve si crecía mucho, no sabían cuánto tiempo estarían allí. Gen sugirió que Kirisame, Matsukaze y Mozu fueran al frente, para que los aldeanos los reconocieran y no se asustaran. Luego irían los menos intimidantes del grupo, y por último los más fuertes. Aunque a poco de sugerir esa formación, comenzaron las diferencias, en boca del Dr. Xeno.

- Es una buena estrategia, pero mientras estemos en tierra y no en el barco de ustedes, Stan tiene la orden irrevocable de custodiar a Miss Kohaku en todo momento, por su seguridad y la de nuestro acuerdo.

- No hay problema, tampoco podemos dejar desprotegido el frente, en caso de que sospechen de nosotros y vengan a atacarnos –le contestó Senku.

- Kohaku está bajo mi protección también, así que estaré con ustedes –dijo Tsukasa, mirando fijamente a Stan y poniéndose al lado de Kohaku.

- Siéntete afortunada, muñeca, no cualquiera tiene custodios de ese nivel –Mozu le dijo, guiñándole un ojo– Estamos bien así entonces, ya llamamos demasiado la atención con el generoso grupo que somos, van a dudar de nuestras intenciones. Traten de relajar sus expresiones, necesitamos que al menos una persona de esta isla nos ponga al día, y no que salga corriendo de miedo.

- Haremos esto –intervino Kirisame con decisión, mirándolos con seriedad a todos– Solamente Mozu, Matsukaze, Senku, Kohaku, Tsukasa, Stanley, Dr. Xeno y yo nos adelantaremos. El resto de ustedes busquen un sitio donde ocultarse, o al menos pasar desapercibidos. Somos un grupo equilibrado visualmente, por lo cual no generaremos recelo. Analizaremos la situación y posibilidades para elaborar un plan, y volvemos a encontrarnos aquí, ¿de acuerdo?

Un silencio continuó a la decisión de Kirisame, que solía ser bastante reservada, pero siempre daba una idea centrada y muy acertada. Todos terminaron asintiendo, e inmediatamente se separaron de la forma que ella mencionó.

- Vamos entonces. Ya tengo en mente a quién tenemos que encontrar.

- Diez billones de puntos para ti, Kirisame, por tu orden y estrategia.

- La señorita Kirisame fue la mano derecha del cabecilla un buen tiempo, se conoce al dedillo a todos los aldeanos, lo que hacen, y dónde viven. El señor Mozu fue la mano izquierda, pero tenía otros intereses, y respondía también a los pedidos de entretenimiento del líder.

El historial resumido de cada uno provino de la voz de Matsukaze, que era muy serio, callado y correcto. Solía pasar desapercibido, porque se dedicaba a la eficiencia de sus tareas y su metódico entrenamiento, rara vez participaba de las conversaciones y bromas de los demás.

- Éste era el tipo de comentarios realmente útiles y elegantes que esperaba oír –apreció el Dr. Xeno– ¿Puedo preguntar por qué solamente ahora contamos con esta información relevante?

- Aunque ya no seamos parte de la isla, hicimos un juramento de honor y secreto en el pasado, como protectores de la isla y sus habitantes, además de estar al servicio del cabecilla –Explicó Kirisame.

- Es por eso que no nos afirmaron ni negaron sobre la existencia del dispositivo, ¿no es cierto? No pueden decir nada sobre eso, aunque lo reconocieron.

- Sí, así es. Así como tampoco podemos dar el nombre del cabecilla. Podemos guiarlos, pero si queremos mantener nuestro honor como personas, la información que podemos develar es limitada. Lo juramos sobre nuestras vidas, por lo cual es indistinto de nuestra situación de poder actual.

- ¿Y cómo es que Mozu estaba organizando un golpe de poder, y tú estabas al tanto? ¿Eso no violaba el juramento? –Preguntó Tsukasa, recordando lo que el castaño había contado.

- No, porque el cabecilla es una persona mortal y temporal. Aunque su autoridad suele ser máxima, no es suprema, no es un dios. Y si sus acciones cometen más perjuicio que beneficio al pueblo y su historia, entonces estamos en derecho de derrocarlo.

- Qué interesante, cuántos secretos esconderá esta isla entonces –dijo el Dr. Xeno– De acuerdo, respetaremos su silencio, continuemos.

El pequeño grupo comenzó a moverse, siguiendo a Kirisame, que se la veía segura y clara con respecto a dónde dirigirse. De camino se encontraron a algunos aldeanos, que sin embargo guardaron las distancias con ellos, lo cual no era una buena señal. Mozu no tardó en deducir y comentar a sus compañeros que el cabecilla de seguro había hablado mal de ellos desde su deserción, y que tendrían que tener una buena excusa y algún regalo generoso para convencerlo de aceptarlos. El problema era qué regalo ofrecer, tenía que ser algo de fuera de esas tierras.

- Esta aldea parece ser bastante primitiva –Observó Dr. Xeno– Algo científico y elegante, seguro cautivaría su atención.

- Tal vez, pero el viejo es bastante reacio a los avances, y más bien podría pensar que lo entregamos para ganarnos el favor de los aldeanos por sobre el de él –Dijo Mozu, descartando la idea– Tiene que ser algo para su único gozo y entreten…

De pronto Mozu se detuvo, y todos con él, atentos.

- ¿Qué pasa, Mozu?

- Creo que sé qué podría funcionar. Kirisame… ¿Será que el viejo sigue con sus manías? –Le preguntó con una sonrisa felina.

- No es lo que tenía en mente exactamente –miró de reojo a Kohaku– Pero podría funcionar, sí. De todas formas, es la misma persona la que buscaríamos para pedirle ayuda.

- Oooh, creo que ya sé a quién te refieres.

Los demás sólo escuchaban con curiosidad, sin entender del todo en qué coincidían los dos isleños. Los siguieron diligentemente unos minutos, hasta que se encontraron con otra aldeana en el camino, arrodillada en el piso recolectando hongos.

- Tanto tiempo, bonita –Llamó Mozu, con un tono juguetón.

La joven se sobresaltó visiblemente, y luego se quedó muy quieta. Lentamente, casi con miedo, giró la cabeza hacia la fuente de la voz que la había llamado.

- Mozu, ¿por qué siempre te tienen miedo las mujeres de la isla? –Protestó la joven lanzadora.

- ¡Oh, Kirisame! ¡Haz vuelto!

Una fina y dulce voz, llena de alivio, provino de la joven, que finalmente sonrió al ver a la mujer.

- Tanto tiempo, Amaryllis –le sonrió ligeramente.

La joven era una belleza inusual, con unos rasgos de muñeca, muy femeninos y delicados, pelo castaño lustroso y unos ojos verdes esmeralda, además de una figura muy curvilínea, perfectamente delineada por su precioso vestido amarillo y accesorios de oro. Todos los hombres, a excepción de Senku, alzaron las cejas y quedaron ligeramente boquiabiertos.

- ¿Quiénes son ellos? –Los ojos de la bella joven recorrieron al grupo, y se posaron unos segundos más en Stan y Tsukasa.

- Compañeros de viaje, puedes confiar en ellos. Amaryllis, estamos un poco cortos de tiempo, así que tendré que ser directa. ¿Qué novedades hay con el cabeza de la isla?

La castaña abrió mucho los ojos, una sombra de temor cruzó su mirada, pero luego los cerró, y volvió a abrir con decisión.

- Es… bueno, como siempre, un viejo desagradable. Pero mientras ustedes no estuvieron, pasaron cosas.

- ¿Qué tipo de cosas? –Intervino Mozu, frunciendo el ceño.

- Han desaparecido algunos aldeanos. Pero… me encontré con uno, el esposo de una de las chicas seleccionadas por el cabeza.

- ¿Qué le pasó?

- Puede sonar increíble, pero les juro que es la verdad, estoy segura de que era él… Estaba… convertido en piedra.

Ante esas palabras, Kirisame se puso muy seria, y detrás de ella todos pusieron idéntica cara de sorpresa, a excepción de Mozu. Eso coincidía exactamente con la descripción de la "medusa" el dispositivo que necesitaban para curar a la hermana de Kohaku, solo que cuando se activaba por sobre la tierra, tenía esa propiedad de petrificar a las personas. En ese momento, Senku decidió intervenir y preguntar.

- ¿Sabes por qué terminó así ese hombre?

- No realmente, sólo sé que protestó mucho porque habían obligado a su mujer a participar de la selección… y cuando "ganó", él no pudo volver a verla –Se estremeció, y volvió a mirar a Kirisame– Por favor, sé que no me corresponde pedir esto, pero no sabemos qué hacer… deténganlo –sus ojos se llenaron de lágrimas– Todos los que desaparecieron fueron hombres, jóvenes…prometidos o con novias, y me temo que han sufrido ese extraño fenómeno.

- Ya veo… No te preocupes, tenemos un asunto pendiente con él, así que lo haremos.

- ¡Gracias! –Se lanzó a abrazar a Kirisame, que se puso colorada y apenas pudo devolverle el abrazo, muy rígida y torpemente. Y luego agregó con mucha seguridad, su vulnerable expresión quedando atrás– Puede que tengan una oportunidad de infiltrarse, puedo ayudarlos. Hay un nuevo concurso mañana por la tarde. Las que queden seleccionadas, serán parte de la celebración nocturna. Yo tengo que participar, Oarashi me ha obligado.

- Ese maldito perro –gruñó Mozu– Es la actual mano derecha del viejo ahora, ¿no?

- Sí, así es. Y nadie puede oponérsele, es el hombre más fuerte de la isla.

- Eso ya lo veremos –Dijo el castaño, mirando hacia atrás a Tsukasa y Stan.

- Amaryllis, ¿puedes venir con nosotros? –Le pidió Kirisame–Tenemos que contarle esto también a otros compañeros que nos esperan en la costa. Podemos planear todo, y luego Mozu y yo deberíamos volver con el cabeza…

- No, no lo hagan, ha hablado pestes de ustedes para garantizar que ninguno pueda volver a acercárseles. Por eso me ofrezco a ayudarlos en su lugar, confíen en mí. No sabré luchar como ustedes, pero tengo mis formas. Iré con ustedes.

- ¿Mañana en la tarde? No tenemos tiempo que perder entonces. Maldición, y yo que quería volver a ver al viejo y darle su merecido… –chasqueó Mozu molesto– Nadie habla mal de mí y vive para contarlo.

Ante ese comentario, Stan miró a Senku significativamente, y el peliverde le devolvió un gesto fastidiado, haciéndole entender que Mozu era un caso especial dentro de la tripulación. El grupo regresó a la costa, conteniéndose de hacerle más preguntas a Amaryllis, ya que podía haber aldeanos que alcanzaran a escucharlos. Cuando llegaron, estaba vacía, pero poco a poco fueron surgiendo de lo alto de los árboles y de entre los arbustos el resto del equipo, habiéndose ocultado perfectamente. La bella aldeana se sorprendió de la cantidad que eran, y de lo intimidante que lucía la mayoría, aunque Kirisame le aseguró que no eran peligrosos.

- Veo que han traído a una aliada. ¿Quién es la bella señorita? –Dijo Ryusui, acercándose y tomándole la mano con galantería y depositando allí un beso, mientras la miraba a los ojos, ella sonrojándose.

- Oye, pirata seductor, no la asustes antes de reclutarla. ¿Acaso no dejas títere con cabeza? –Gruñó Stan, recordando cómo había intentado seducir a su compañera.

- Todas las mujeres son bellas y dignas de halagos y reverencias. Los hombres también, claro.

- Ya basta, no sobra el tiempo –Tsukasa intercedió, silenciándolos.

- ¿Y bien? ¿Qué novedades hay? –Preguntó Ryusui, más serio.

- El dispositivo está aquí, es bastante seguro –Comenzó a explicar Senku– El problema es que parece que está en manos del jefe de la isla, y que está usando su función terrestre petrificadora contra los aldeanos. Con lo cual, tenemos que detenerlo, para quedarnos el dispositivo, y para detener su locura. Mañana por la tarde va a haber una selección, aparentemente de mujeres, y podríamos infiltrarnos ahí para acercarnos a él.

- ¿De qué tipo de selección estamos hablando? –Preguntó el Dr. Xeno.

- Un harem –soltó Mozu sin más.

Todas las miradas cayeron sobre él, así como las caras de sorpresa, y algún que otro sonrojo. La única que no terminaba de entender, pero que podía ver las caras de desagrado, era Kohaku.

- ¿Disculpa? –Volvió a preguntar el científico, creyendo haber escuchado mal.

- Un harem. Sí, como oyeron. Se seleccionan a las mujeres más bellas de la isla, y pasan a ser parte del servicio y entretenimiento del viejo.

- Qué asco... –siseó Nikki.

- Pero es lo más cerca que pueden llegar a estar de él, sino no habría oportunidad –Explicó Amaryllis– Ustedes no son de esta isla, por lo cual ya de por sí sería sospechoso, con que vaya la más bella de aquí, estará bien.

La tripulación, con incomodidad, recorrió con la mirada a todas las mujeres presentes.

- No podría elegir una, todas las mujeres son hermosas –negó Ryusui, apartándose de la elección.

- Sin ofender, y conociendo al viejo, tengo a mis candidatas: Kohaku, Charlotte y Minami –dijo Mozu, señalándoselas a Amaryllis.

- Charlotte es una excelente luchadora, podría servir –Aprobó Senku.

- Hmm, si tienen que asegurar su lugar… las tres son bonitas, pero esa chica tiene una belleza especial –Dijo Amaryllis, refiriéndose a Kohaku.

- Si supieras porqué –murmuró Mozu con una sonrisa.

- Kohaku no tiene habilidades de combate, sería un poco peligroso enviarla –dijo Senku preocupado, guardándose que también el tema de la medicina sería un problema.

- Se me encomendó no apartarla de mi vista, por lo que está fuera de cuestión que vaya sola –Stan declaró con vos autoritaria.

- Lo mismo digo –Afirmó Tsukasa, a la par.

Amaryllis miró a los dos altos y fuertes hombres sorprendida, curiosa de qué tendría esa chica de especial para que tenga dos protectores tan severos. Y fue entonces que sus ojos volvieron a Stan, mirándolo detenidamente, y sus ojos se abrieron mucho. Y luego mostró una sonrisa de lo más maliciosa, muy poco favorecedora para su fina belleza.

- ¿Qué? –Preguntó él, receloso.

- Bueno… es que… se me ocurre una idea para que esto funcione. Que Kohaku vaya, me refiero.

- No lo creo, ya dije que, si va ella, voy yo, y eso no…

- Justamente, es eso –Interrumpió Amaryllis– Que tú participes también.

Un silencio más largo e incómodo prosiguió, era evidente la cara de contrariedad de todos, al no entender cómo podía funcionar, si el peliplateado era un hombre, claramente.

- ¿Soy el único que piensa en la incoherencia de lo que dijo esta chica? –Preguntó Stan, frunciendo el ceño.

- Ya sé que eres un hombre, pero… –se removió incómoda– tienes una cara con rasgos muy…

- ¿Femeninos? –Completó Mozu, conteniendo una risa, y ganándose una mirada helada del caza-recompensas.

- Bueno… es cierto eso, ahora que lo pienso –Admitió el Dr. Xeno, recibiendo otra mirada gélida de su compañero– Perdón, Stan, pero es verdad que tienes rasgos andróginos. Tienes pestañas más largas y tupidas que cualquiera de las mujeres presentes, y todo tu rostro se podría decir que es estilizado y con cierta femineidad.

- Pero es alto, y se le notan los músculos, no sé si convencerá sólo con su cara –Opinó Tsukasa.

- ¿Alto y con músculos? –Repitió Senku, y sin vergüenza alguna señaló a Nikki– Nikki es igual de alta que él, y similar en contextura, tal vez un milímetro más estilizada.

- ¿Un milímetro? –La rubia luchadora gruñó, ofendida. Sabía que no era femenina y bonita, pero no le hacía gracia escuchar eso tampoco.

- Es un decir, Nikki-chan –La calmó Gen– Tu cuerpo es por lejos mucho más femenino y curvilíneo.

- Pero hay que admitir que la cara de Stan es más bonita –Rió Mozu, con una sonrisa maliciosa– Perdón Nikki, pero es así. No creo que seas la única ofendida, con un par de retoques y agregados, él podría pasar por una deseable mujer… yo no le diría que no.

- Con que retoques, ¿eh? –dijo Senku, con una media sonrisa– No es una mala idea, Kohaku estaría protegida, y tendríamos dos infiltrados. Confío en ella, pero no podemos obligarla. Kohaku, ¿te animas a hacerlo?

- ¡Sí! –Aceptó con una sonrisa desafiante. No estaba del todo segura, pero sólo el hecho de ver a su captor y vigilante humillado, sabía que valdría la pena.

- Stanley, la oíste, así que tienes tres opciones. O te apartas y dejas que Kohaku vaya sola, te reemplazamos a ti por Charlotte que es quien le sigue en la fila para cumplir tu función, o vas tú de encubierto.

El caza-recompensas se quedó callado un minuto, pasando la vista de uno a otro, analizando la posición en la que había quedado, apretando los dientes con enojo. No le hacía ni pizca de gracia vestirse y actuar como mujer, pero negarse hablaba de su poca profesionalidad, algo que él se cuidaba mucho en su reputación, poner su orgullo por encima provocaría una falta de respeto y confianza de sus compañeros de tripulación. Finalmente miró a su capitán, que le dedicó una clara mirada desafiante, y sintió que estaba pensando lo mismo que él. Resopló, muy molesto.

- De acuerdo, pero tú me pagarás el triple por esto –Le dijo al Dr. Xeno con tono duro, señalándolo, y el otro asintió con una sonrisa– Y esto no sale de aquí, o juro que los perseguiré a cada uno hasta el fin del mundo, hasta meterles un balazo en sus cabezas, si uno sólo suelta la lengua.

- Excelente Stan, tu profesionalidad es realmente elegante –Aprobó el científico, y el susodicho apretó la mandíbula, todavía indignado con el plan.

- ¿Qué tipo de retoques tienes planeados, Senku? –Preguntó Mozu, que tenía pegada la sonrisa todavía– Sabes, esta isla tiene unos ricos pomelos…

- Maquillaje, por supuesto –Respondió el peliverde, rascándose la oreja con el dedo.

- ¿…Qué? –Stan apenas pudo murmurar, sus ojos y su boca se abrieron con horror.

- Tenemos que realzar esos rasgos naturales para que sea más creíble, o diez billones por ciento seguro que los ojos del jefe de la isla se van a ir a la apariencia masculina natural que tienes en el resto del cuerpo.

- ¿Maquillaje? –Preguntó Kohaku, sin entender.

- Ya lo verás. Por lo que veo, Amaryllis no usa, así que dudo que tenga. Está bien, los fabricaremos hoy, no toma mucho tiempo.

Por respeto y para no socavar la última pizca de dignidad que podía quedarle a Stan, ninguno se rió, pero podía verse claramente en el rostro de varios que estaban sonrojados, y los labios muy apretados, de contenerse.

- Amaryllis, necesito que recolectemos algunas plantas, frutas, carbón y una colmena de abejas. Dime lo que hay por aquí, e iremos a buscar las que necesitemos.

- ¡Yo voy! –Se ofreció Chrome, al fin había llegado su momento de aportar con una de sus especialidades.

- Era de esperar, bien. Tenemos una excelente costurera aquí con nosotros, pero necesitamos tela para hacerle el vestido a Stanley, dudo que tengas uno de su talle.

- ¡Sí, tengo! Muchos hombres me han regalado vestidos para buscar mi favor, así que podemos hacer algo con algunos de ellos. Y tengo uno ideal para Kohaku, le quedará precioso.

- Diez billones de puntos para ti, eso nos ahorrará mucho tiempo. A trabajar, no tenemos tiempo que perder.

Se separaron en grupos para organizar todas las tareas y materiales que necesitaban, y las próximas horas las dedicaron a preparar todo lo necesario. Yuzuriha se dedicó a tomar las medidas del caza-recompensas, que tenía una cara bastante atemorizante de lo mucho que estaba odiando en lo que se había convertido su misión, y luego procedió a diseñar y dibujar el vestido en unas hojas que le había pedido a Senku, antes de comenzar a coser la nueva ropa. El grupo que recolectó los ingredientes para el maquillaje, finalmente se decantó por procesar unas hortalizas rosas-violáceas con un pigmento muy fuerte, las remolachas, que tiñeron sus dedos apenas las pelaron y cortaron, así como también encontraron unas moras rojas y negras, igual de intensas.

Taiju se dedicó junto a Nikki a moler el carbón de leña hasta obtener un fino polvo negro. Por otro lado, Ginro, Matsukaze y Hyoga se encargaron de la colmena de abejas, mientras que el primero se trepó y la cortó para que caiga a la tierra, el segundo usó su muy hábil técnica giratoria con la lanza para ahuyentar a las feroces abejas, ayudado también por el pelilargo y su magistral y veloz manejo de la espada. Senku también le pidió a Amaryllis unos aceites vegetales, y ella encontró en su choza de coco y de ricino.

Cuando juntaron todo, Senku, Chrome, el Dr. Xeno y Luna se dedicaron al proceso de hacer las distintas mezclas para el maquillaje, la joven iba probando y aprobando los resultados de mejores texturas y colores, muy entusiasmada. Kohaku los ayudó también, fascinada con lo que veía, y sinceramente divirtiéndose. El resto de la tripulación del barco del Dr. Xeno no participó, pero miraban con curiosidad, compadeciéndose de su compañero. Stan se negó rotundamente a hacerse las pruebas del vestido, pero Nikki en su lugar aceptó encantada, secretamente disfrutando de vestir ropa tan linda y femenina, además de que tenía la altura y un porte similar al de Stan, sin contar sus generosos pechos, que suplían el uso del relleno artificial que usaría él.

El único que tuvo compasión con las bromas fue Mozu, que descaradamente se acercó pavoneándose con los dos pomelos que de verdad había conseguido, y le preguntó a Ryusui cómo se veía con ellos. Por supuesto que el pirata estaba encantado con la provocación, y sólo se detuvieron cuando Stan desde una gran distancia le disparó con precisión primero al sombrero de Ryusui, y luego otro que hizo un agujero en las dos frutas a la vez, a milímetros del pecho de Mozu. El castaño protestó que tenía que ir a buscar un reemplazo, pero lo hizo con una sonrisa burlona, y ya no bromeó más. Nadie se quejó de la actitud agresiva de Stanley, más bien considerando que se lo merecían por idiotas, por lo que solamente protestaron algunos de que los sonidos de los disparos podían alertar a los aldeanos.

Finalmente, unas horas antes del atardecer estaba todo terminado, y orgullosamente compartieron los resultados. Amaryllis se escabulló para volver con ellos más tarde, y observó impresionada lo que habían logrado. Minami y Luna se encargaron de hacer una prueba de maquillaje con Kohaku, pero con lo hermosa que ya era, ese toque fue un extra que la hizo lucir divinamente. La aldeana se entusiasmó, y les pidió si podía usar esos productos también. En cuanto a Stan, tuvieron piedad con él y decidieron que solamente iban a vestirlo y maquillarlo al día siguiente, se dejó hacer una prueba del vestido, y lo hizo a solas con Yuzuriha para que nadie más lo moleste, y sólo porque ella le rogó por si tenía que hacer algunas modificaciones, plenamente dedicada a su tarea de modista.

Cuando terminaron los preparativos, decidieron volver al barco, ya que eran tan numerosos que estarían mucho más cómodos durmiendo allí. Francois los consintió con una deliciosa comida por todo el esfuerzo del día. Antes de irse a dormir, Senku le dirigió una mirada con intención a Kohaku, y luego dijo en voz alta.

- Voy a tomar un poco de aire para despejarme antes de descansar, mañana será un día complejo, no sólo para Kohaku y Stanley, sino para nosotros que tendremos que apoyarlos logísticamente.

- Te acompaño, Senku, también quiero sentir un poco de brisa marina.

Quizás porque Stan estaba de un humor muy huraño a causa de su papel en la misión del día siguiente, no se molestó en levantarse y seguir a Kohaku, por lo que los jóvenes suspiraron aliviados cuando pudieron escabullirse disimuladamente, y el Dr. Xeno tampoco dio la orden de que otro los vigilara. No se confiaron, y cuando se quedaron en la cubierta, mirando el oscuro mar desde el borde derecho del barco, hicieron como que miraban la luna, mientras que disimuladamente Senku le pasó una nueva dosis de la medicina, y Kohaku luego de unos minutos, simuló un bostezo y al taparse la boca la ingirió. Se quedaron hablando un momento más, ya que estaba bastante pacífico allí fuera, y posiblemente sería el último momento de paz que tendrían.

- ¿Cómo te sientes para tu papel estrella mañana? –Le preguntó Senku con una fina sonrisa.

- Sí, no tengo que hacer nada muy difícil. Solamente me apena no ser más fuerte ahora, y que tenga que depender de los demás para que me defiendan. Sabes, Senku, en el mar era una de las sirenas más rápidas y ágiles, por eso es que me apena tanto ser así de inútil aquí.

- Si te consuela, salvo por mi inteligencia, siempre fui bastante inútil en todo lo que fuese resistencia o lucha. Pero para eso están mis amigos aquí, cada uno puede hacer uso de sus fortalezas, y entre los demás nos cubrimos las carencias.

- Son un buen equipo –sonrió Kohaku.

- Somos. Tú también eres parte del equipo, aunque sea por un tiempo.

- Me hicieron sentir así, por eso les agradezco. Y tú no dudaste en ayudarme, a pesar de que no tenías ninguna prueba ni pista de cómo hacerlo, empezaste desde la nada, no te rendiste, y estamos muy cerca de cumplir el objetivo. Al fin podré salvar a mi hermana, y todo gracias a ti.

Al decir eso, los ojos de Kohaku se llenaron de lágrimas de emoción. Se sentía muy agradecida con Senku, no podía creer su gentileza y su convicción, incluso después de ser herido por su culpa, seguía ahí firme, no había huido ni la había dejado sola pese a las dificultades, cambiando su rumbo y el de toda su tripulación solamente para ayudarla. No lo pensó demasiado, y extendió una mano para apoyarla sobre la de él. Los ojos carmín se abrieron perceptiblemente al sentirla, y la miró a los ojos, a pesar de la oscuridad de la noche que los envolvía. Senku estaba un poco incómodo, nunca había sabido corresponder demostraciones de afecto, no era su estilo, pero sentía la mirada y la intención de gratitud de la joven sirena, y le devolvió una cálida sonrisa. Por esas cosas era que estaba convencido de su camino de ciencia y medicina, no sólo para saberlo todo del mundo, sino para poder ayudar a la vida de las personas con eso. Kohaku se dio cuenta que él se puso un poco torpe y rígido, y lo soltó, riendo con vergüenza.

- Perdón, no quería incomodarte… pero es lo que siento. Es poco tiempo el que estuvimos juntos, y luego de todo esto sólo me quedaré un poco más para volver a convertirme en sirena y poder cumplir mi palabra contigo y con el Dr. Xeno. Pero lo disfruté mucho, me dará pena la despedida, puedo decirlo desde ya.

- Cuando quieras puedes volver –le contestó Senku– Al menos podrás visitarnos como sirena, si es que ya no puedes volver a tu forma humana una vez que vuelvas con tu familia.

- Es probable, sí. Tienes razón, no será una despedida completa. Al fin y al cabo, siempre te seguí desde que éramos pequeños, siempre estuvimos cerca.

- ¿Eh? –Senku se sorprendió ante esa declaración.

Kohaku jadeó, dándose cuenta de que había hablado de más. Le había dicho que sabía que él era un confiable médico, pero no le había confesado que lo había estado observando desde pequeña, siempre admirándolo desde lo lejos, viéndolo crecer.

- Ah… sí. Es verdad que acudí a ti cuando me enteré que eras médico. Pero… la verdad es que te conozco desde pequeño, cuando construías objetos misteriosos en la costa, y una vez una ola te arrastró mar adentro y yo alcancé a salvarte, pero sólo lo suficiente para que otras personas terminen de rescatarte. Y desde entonces, cada tanto me asomaba a la superficie, y te veía… con tu "ciencia", como ahora sé que se llama, y tus amigos.

- Conque fuiste tú –Una mirada nostálgica asomó a los ojos carmín del joven– Me parecía que había sido un sueño solamente, pero podía jurar que alguien me había ayudado a no ahogarme. Así que ahora al fin puedo conocer a mi salvadora, diez billones por ciento seguro que no fue casualidad que volviéramos a encontrarnos entonces, para que yo pudiera devolvértelo de alguna forma. Gracias, Kohaku.

- Senku…

Kohaku sentía los latidos de su corazón retumbar no sólo en su pecho, sino hasta en los oídos. Que él dijera algo así, le había llenado el corazón, y nunca le había visto los ojos tan brillantes y cálidos. Solo eso ya le bastaba para colmar su gratitud, independientemente de lo que les deparara el futuro. Abrió la boca para decirle algo más, pero vio a Senku estirarse con su brazo sano, y hacer sonar su cuello.

- En fin, ya es hora de descansar, ¿volvemos?

- Sí, vamos.

Buenaaaaaas! Cómo va? Me mata (y me llena de amor) que cuando me tardo en actualizar, algunos bellos lectores chequean que siga viva jaja. Vengo bastante ocupada últimamente, empecé una maestría y tuve que ponerme a estudiar en serio, aunque ya pasó la primera ola fuerte xD, además del trabajo, claro. Y con el raw del manga, quedamos todos llorando, me costó mucho terminar de escribir este capítulo, pero espero que les anime y les sirva de consuelo un poco…

Bueno, queda un capítulo más, el "Grand Finale" será el próximo (fuaa qué exagerada xD). Ahora me empiezo a poner con "Cautivos", que también me anduvieron pidiendo que actualice, ¡gracias mis bellos! Me hace feliz que les entusiasmen tanto mis historias, y "Otros Caminos" también recibió mucho amor, gracias GRACIAS! (les encanta el drama, lo sé, los amo jaja) Hasta el próximo capítulo!