¡Hola! Sé que he vuelto a tardar un milenio en actualizar, pero he estado con mil cosas más y escribo cuando puedo. Espero poder actualizar los siguientes capítulos más rápido, pero no prometo nada de momento. Una vez más, muchísimas gracias por estar pendientes de la historia, por las reviews y por seguir aquí. Espero que os guste el capítulo.
4
Regina mantuvo la mirada unos segundos más, antes de relajarse visiblemente. Respiró profundamente y suavizó su expresión.
- Ya sé que no has sido tú. – dijo. – Pero tú, dijiste eso el otro día, y entonces…pero sé que no hiciste nada, me gusta pensar que tienes algo más de cabeza y… - explicó, más mal que bien, nerviosa. – Perdona. Gracias por asegurármelo.
Por un momento, la morena pensó que Emma se enfadaría con ella por tener dudas, pero se equivocó. La mirada de Emma reflejaba miedo, tristeza y alivio, todo al mismo tiempo.
- ¿Me crees? No…¿necesitas alguna prueba o algo así? – preguntó, desconfiada.
- No. Me vale con tu palabra. Además, dijiste que te estabas reformando, ¿no?
- Sí… - respondió Emma, desanimada.
En ese momento, Regina deseó abrazar a la rubia, pero no lo hizo. Utilizó todo su autocontrol y solo le dedicó una pequeña sonrisa. A pesar de lo que le podía haber dicho a su hermana el fin de semana, sí que le importaba lo que pensara su madre. Y sus amigas. Sabía que nada de lo que estaba pasando últimamente por su cabeza tenía sentido, pero aun así, tenía que mantener la compostura.
- Te creo, Emma. – insistió. – Siento que tengas que pasar por esto.
Emma solo sonrió débilmente. Qué más daba ya, si se había acostumbrado a que la mirasen con lástima y miedo. Ahora, además, la mirarían con odio.
- Gracias, Regina. – respondió, antes de irse en silencio a su sitio.
Regina fue una compañía muda para Emma durante todas las clases de ese día. Estaba allí, con ella, pero no decía nada. La rubia tampoco abría la boca, excepto para bostezar. La mañana se estaba haciendo larga.
Al terminar la clase de matemáticas, el sonido de la campana fue olvidado para atender a una cosa más importante; la notificación que habían recibido todos los alumnos a la vez. Era un vídeo. Más concretamente, era el vídeo en el que le partían el brazo a Robin. Era de noche y las formas no se distinguían del todo bien, pero se identificaba a Robin perfectamente, y a otra persona con capucha negra, a quien no se le veía la cara.
Los cuchicheos no tardaron en comenzar – de nuevo –. Todos se preguntaban quién sería aquel tipo, que evidentemente no era Emma Swan.
- Emma, ¿sabes quién es? – susurró Regina, viendo cómo la rubia no apartaba la vista del móvil.
- Euh, no, no tengo ni diea. – dijo ella, confusa.
En realidad, Emma sí sabía quién era. No con seguridad, pero tenía ciertas sospechas. El chico llevaba ropa básica difícil de relacionar a una persona en concreto, pero había algo en su figura, su forma de andar y de pegar, que se le hacía familiar.
Después de aquel boom, la gente no podía parar de hablar de ello por los pasillos. Incluso algunos se habían acercado a pedirle disculpas a la rubia.
Regina había vuelto a ser rodeada por sus amigas, parecía que aquello se había hecho costumbre. Cada vez que lo hacían se sentía intimidada, se hacía pequeña, como si las otras tuvieran más poder y capacidad de decisión que ella. Y cada vez que intentaba sobreponerse, la hundían más.
Esta vez, no paraban de atacar a Emma.
- Yo creo que Emma mandó a alguien para que lo hiciese por ella. – dijo Mal.
- Seguro que era ella la que estaba grabando. – rió Úrsula.
- Y yo que pensaba que habría sido ella… pensaba que iba a disfrutar como cuando le hizo aquello a Killian. – comentó Cruella.
La morena se había quedado en silencio, tan solo escuchando las estupideces que salían por la boca de aquellas chicas. Es cierto que ella también había juzgado a Emma antes de conocerla mejor, pero nunca habría dicho aquellas cosas.
- Regina, ¿tú qué opinas? - la picó Úrusula.
- Pues qué va a opinar, si ahora ella es amiguita de Swan. – se quejó Mal. – El otro día quedó con ella y Ruby, ¿no es cierto? – se burló. – Qué bajo has caído…
Y menos mal que Kathryn se ha ido, no hacía sino que tomaras malas decisiones. Menos mal que ahora nos tienes sólo a nosotras. – dijo Cruella.
Emma llegó a casa con cara de pocos amigos. Se cruzó a su madre en la cocina, pero no la miró, sino que se dirigió directamente al jardín de atrás, donde sabía que estaría August.
- ¡Eres un imbécil! – gritó. - ¿Cómo se te ocurre?
August la miró fijamente, confuso.
- ¿De qué estás hablando, Emma?
- ¡Fuiste tú! – le acusó. – Me pediste que no me metiese en más problemas, ¿y vas tú y lo haces? Me pediste que dejase a mamá tranquila, ¡deberías seguir tu propio consejo!
- ¿Cómo me has reconocido?
- Por tu estúpido vídeo. No te quedaste contento con romperle el brazo a Robin, que además lo grabaste porque sabías que todos me iban a culpar a mí. ¡Y lo han hecho! Incluso después de tu vídeo de mierda, hay gente que sigue pensando que fui yo. Y joder, ¡sólo llevamos dos semanas de clase!
La rubia respiraba agitadamente, quería gritarle e insultarle hasta quedarse sin aliento, pero solo pudo romper a llorar desconsoladamente. August corrió hacia ella y la abrazó con fuerza, aunque Emma intentase zafarse.
- Lo siento, Emma, te juro que lo siento. – dijo él. – Yo, no lo pensé. Y cuando lo pensé, fue muy tarde.
- No tenías que haberlo hecho. – se quejó, aún llorando – ¿Por qué?
- ¿Te acuerdas cuanto fui a recogerte el martes? – ella asintió. – Escuché a algunos de tus compañeros hablar a la salida sobre lo que había pasado ese día. Lo que te había dicho Robin...
- Sí, ¡pero eso daba igual! – sollozó Emma. – Si alguien tenía que pegarle, debía haber sido yo. Y no lo hice, porque…
- Porque Regina no te dejó. Lo sé. ¿Ella te ha creído?
Emma pensó en Regina y asintió. Habían estado raras esa mañana, pero Regina había confiado en ella desde el principio. Aunque en un momento podía haber dudado, confió más en su palabra que en el resto. Y eso contaba mucho para ella.
- Sí. Regina me ha creído. ¿Y?
- Eso es bueno.
Después de un rato, la rubia pudo calmarse y, aunque seguiría reprochándole a su hermano por lo que había hecho, no podía seguir enfadada.
- Mañana por la tarde me voy a la universidad. – dijo Augsut. – Te quedarás sola con mamá. ¿Crees que te las puedes apañar?
- Sí. No le romperé un brazo a nadie. – respondió ella.
- Emma…
- Sí. – bufó. – Me esforzaré. Te lo prometo.
- Quiero que te cuides.
- Te voy a echar de menos. – se quejó, apoyando la cabeza en su hombro.
- Y yo a ti, pequeñaja.
Siempre estarían el uno para el otro, eso lo sabían desde que eran pequeños. No era la primera vez que estaban separados, pero sí en aquellas circunstancias. Sea como fuere, eso no importaba. Nunca se abandonarían, pasara lo que pasara.
Durante las tres semanas siguientes, Regina fue prácticamente secuestrada por sus amigas. Antes de clase, durante los recreos, después de clase, todas las tardes y todos los fines de semana. No la habían dejado tranquila, ni siquiera para estudiar. Las chicas habían formado un grupo de estudio, apoyado por Cora, que estaba encantada de verlas en su casa durante las tardes.
Sólo veía a Emma en clase, pero cada vez que le dirigía la palabra tenía que soportar las miradas y risitas de las demás, y empezaba a ser insoportable. Poco a poco, sin quererlo, había acabado ignorando a la rubia.
Los pocos momentos en los que estaba sola, Regina pensaba. Pensaba mucho. Pero sobre todo, se preguntaba por qué. Por qué su vida tenía que estar controlada por su madre o por los demás. Por qué tenía que hacer única y exclusivamente las cosas que su círculo le permitía. El día que había quedado con Emma y Ruby se lo había pasado realmente bien, por primera vez después de mucho tiempo. Había probado un poco de felicidad antes de volver a estar rodeada en las tinieblas. No era justo.
Estaba en su taquilla, concentrada en los libros que necesitaría ese día, cuando el ruido de unos pasos, a carrera, la sorprendieron. Alguien se apoyó al lado de la puerta de su taquilla, y no tuvo más que mirar para que saliera una sonrisa de su cara.
- Emma… - dijo en un susurro, de repente preocupada por si alguna de sus amigas estaba por allí.
- Hey. – saludó la rubia – Pensaba que estabas enfadada conmigo.
Regina sacudió la cabeza enérgicamente, negando aquello. No quería que Emma pensara que estaba enfadada.
- No, no. – se apresuró a responder – Siento haberte ignorado últimamente, yo sólo… no me dejan tranquila. – confesó.
- Ya lo he visto. – respondió Emma, haciendo un mohín. – He visto las miradas, las risas, todo eso también…¿necesitas que le dé un aviso a alguien? – bromeó.
- Ni se te ocurra. – amenazó la morena.
- Eh, era una broma. Aunque me gustaría.
Muy a su pesar, Regina dejó escapar una risita. Podía perfectamente visualizar la situación. Emma aprovechó el momento para ponerse seria.
- Perdona que te lo diga, pero tienes unas amigas de mierda. – declaró, apoyando la cabeza en la puerta de la taquilla que tenía detrás.
La morena la miró, su primer acto reflejo intentar encontrar algún argumento para rebatirle, pero simplemente se encogió de hombros.
- Ni siquiera puedo defenderlas. – rió – Son horribles.
- ¿Por qué no las mandas a la mierda?
- No puedo…
Emma entonces vio en los ojos de Regina el dolor que estaba aguantando por tener aquellos especímenes como amigas. No sabía por qué no podía, pero no era ni el momento ni el lugar para hablar del tema, así que se desvió hacia lo que la había llevado de nuevo a Regina en primer lugar: el proyecto que debían hacer juntas – y que la echaba de menos, pero eso no lo iba a admitir.
- En realidad quería preguntarte cuándo vamos a empezar nuestro proyecto. Con los exámenes y el resto de…cosas, nos hemos olvidado un poco.
- Ah, sí. – suspiró la morena, agradecida. – No me he olvidado. De hecho, ¿te gustaría pasarte esta tarde por casa? Así estaremos tranquilas.
- ¿Ninguna intromisión? ¿Secuestro? ¿Tarde atareada?
- Nada de nada. Te lo prometo.
Tras un asentimiento de cabeza, Emma se marchó, justo en el momento en que Cruella se dirigía a Regina.
- ¿Por qué hablabas con Swan? Nos despistamos un momento y vuelves a caer, Regina. Esto es agotador, y ni siquiera nos pagan. – se quejó.
- Emma y yo tenemos un proyecto pendiente. – explicó, recalcando el nombre de la rubia. – Creo que tú tampoco lo has empezado, ¿no? - Regina sabía que no hacía falta mucho para que su amiga se picara. Era muy competitiva y, aun sabiendo que ella conseguiría la nota más alta, nunca se cansaba de intentar alcanzarla.
A la hora indicada, Emma tocó el timbre de la mansión Mills. No es que no supiera dónde vivía Regina o el dinero que tenía su familia, pero haber traspasado el jardín y estar frente a esa casa era impresionante. Mientras esperaba, se encontró preguntándose qué ventana sería la de la habitación de la morena.
- Hola. – la saludó esta segundos después, pillándola in fraganti analizando la casa.
- Hola. – respondió la rubia, amablemente. – Wow. Tienes una casa flipante.
- Espera a verla por dentro.
El tour por la mansión no se hizo esperar. Era realmente enorme, y la decoración muy elegante y bonita. Emma pensó que probablemente la habría decorado Cora. ¿Tendría Regina el mismo estilo? ¿Habría decorado ella su habitación o se lo habría impuesto su madre? Esa mujer parecía bastante fría, controladora y daba miedo.
- ¿En qué piensas, Emma? Pareces embobada. – preguntó la morena, con una risita.
- Euh, la casa es muy bonita. Y enorme. Creo que mi casa no es ni una cuarta parte de la tuya.
- A veces no hace falta tener la casa más grande del mundo. Ven, vamos a mi habitación.
Cora y Henry no estaban esa tarde. Los dos estaban ocupados en sus respectivos trabajos, cosa que les garantizaba tranquilidad y ayudaban a la salud mental de Emma. Ninguna interrupción, nada de miedo, sólo ella y Regina. Solas. Bueno, ese pensamiento sí que era aterrador.
Su habitación era grande, con una cama de matrimonio en el medio, un bonito tocador de color blanco, varios espejos y detalles en blanco y negro por aquí y por allá. Además de una puerta que estaba segura que daba a un gran vestidor. Nada estaba fuera de su sitio. ¿Es que tenía que ser perfecta hasta en casa?
Se colocaron cómodamente y, después de que la morena cogiese todo lo necesario para empezar con el proyecto, se pusieron en marcha sin mayor problema.
Todo iba bien en un principio, hasta que Emma no pudo luchar más consigo misma y se dejó llevar. Los movimientos de Regina eran gráciles, su voz suave y agradable, y era tan inteligente que todo aquello la dejaba sin sentido alguno. No podía apartar los ojos de ella. Su pelo negro estaba recogido en una bonita coleta y su uniforme se mantenía en perfecto estado, no como el suyo. Era incapaz de encontrar un solo defecto en ella.
Oh, oh, eso estaba mal. Si seguía mirándola así, no tardaría en darse cuenta. Tenía que parar, tenía que hacerlo, pero no podía.
- ¿Emma, me estás escuchando? – logró entender.
- Euh, sí…¿qué decías? – respondió tras varios segundos, luchando consigo misma.
- Que tenemos un problema.
- ¿Qué problema?
- Para seguir con el proyecto tenemos que ir a…a un sitio que no reo que te vaya a gustar.
No tuvo ni que preguntar. Estaba más que claro dónde era. Debió haber caído antes. La comisaría.
¿Habéis visto? Regina ha creído a Emma y al final, más o menos todo ha ido bien. ¿Qué os ha parecido? ¿Qué esperáis?
Saludos y nos vemos en el próximo :)
