Al día siguiente al mediodía los dos equipos concluyeron con todas las estrategias y preparativos. Por más que los que participarían de la selección del harem serían solamente Kohaku y Stan, acompañados de Amaryllis, no iban a estar del todo solos. Mozu insistió en que iba a presentarse ante el jefe, seguía molesto con que hubieran hablado mal de él en su ausencia, y no le iba a dejar salirse con la suya. Coincidieron con su idea de que iba a ser más creíble si él volvía de su largo viaje, y había traído consigo a dos "inocentes" y bellas mujeres extranjeras como regalo para el jefe, ya que era más que evidente que no pertenecían a la isla. De esa forma también contarían con su protección, en especial para Kohaku, y así evitar que Stan saliera de su papel de encubierto a menos que fuera realmente necesario. Eso obligaba a que Kirisame también fuera con Mozu, solo que ella no tenía una coartada, así que simplemente sería tan seria y responsable como siempre.
Ukyo, Homura y Charlotte se camuflarían en lo alto de un árbol para tener la información panorámica de la situación, mientras que Tsukasa, Hyoga, Matsukaze y Maya harían el apoyo y vigilancia de tierra, y sólo intercederían en el caso de que se desatara una batalla con los guardianes del jefe para luchar mano a mano. El equipo logístico estaría conformado por Senku, Chrome y Xeno, que se encargarían también de la comunicación. Los demás estarían atentos ayudando a los demás a discreción, tampoco podían mostrarse todos juntos en la isla.
- ¿Cómo vamos a hacer para darles indicaciones o advertencias a Kohaku y Stan? –preguntó Ryusui– Nosotros podemos ver todo el área y la situación, pero ellos no.
- Con audífonos, por supuesto. –contestó el Dr. Xeno, y sacó de su bolsillo dos pequeñas piezas con forma de gancho, color piel– El Dr. Senku me dijo que podríamos fabricar unos con materiales sencillos, pero tan primitiva ciencia no sería práctica. Estos son con tecnología y diseño moderno, mucho más elegantes y eficientes.
- ¿Pero sólo podrán escucharnos? Eso no sería práctico si…
- ¿Con quién te crees que estás hablando? –Lo interrumpió el científico, frunciendo el ceño– Por supuesto que también aportaré micrófonos que mi ingeniero diseñó, un trabajo profesional requiere de la máxima tecnología actual. Miss Yuzuriha ya los ha cosido en los vestidos de ambos, de forma tal que ni un cable se perciba. Y el micrófono en sí está camuflado dentro de un prendedor que se ubicará en la parte superior del vestido. Parecerá un adorno estético, pero será la clave de nuestra comunicación.
- Ya veo, excelente –dijo Ryusui con una sonrisa, chasqueando los dedos de una mano, ignorando la soberbia del tono del Dr. Xeno.
- No sabemos con qué nos encontraremos hasta no estar allí y según cómo se desarrollen los eventos, así que no hay mucho más que anticipar por ahora. Deberíamos comer y luego dedicarnos a preparar a Kohaku y Stanley.
Dieron por terminada la reunión matutina, y unos minutos después François ya tenía listo y servido el almuerzo para todos. A poco de terminar, Amaryllis apareció de entre los arbustos, dispuesta a colaborar con los últimos retoques. Ayudaron a preparar a Kohaku, que procedió a desvestirse sin más delante de todos para cambiarse, sin entender por qué varios se sonrojaban e intentaban detenerla como si estuviera haciendo algo imprudente. Miró a donde se encontraba Stan, y él también estaba ya en ropa interior –aunque con una cara de perros, odiando cada segundo de aquello– y protestó porque nadie lo estaba repudiando a él por hacer exactamente lo mismo.
- Kohaku-chan, lo que pasa es que culturalmente hay más pudor hacia la desnudez de la mujer que de la del hombre, que está más normalizada –Le explicó Gen.
- ¿Por qué? Tenemos la misma cantidad de piel descubierta que él, y sí tengo mi ropa interior puesta, no estoy desnuda.
- Sí, tienes un punto ahí, pero digamos que se considera más propio de una chica femenina que no…
- Gen, no intentes explicarle de ridículas e ilógicas limitaciones sociales a una sirena –Lo interrumpió Senku– ¿Qué más da? Si a ella no le incomoda, déjala, tiene razón, nosotros somos los que tenemos el prejuicio en todo caso.
- O la perversión, más bien –dijo con burla Stan.
- Espero que, si dices eso, no intentes mirarla luego –gruñó Nikki de forma amenazante.
- No, gracias, la zoofilia no es lo mío.
- ¿Zoofilia? Desgraciado… Es una humana de la cabeza hasta los pies.
- Ahora quizás lo parezca, pero es una pececita en esencia, no se olviden, así que a lo sumo es de la cabeza a la cintura realmente. Los animales no andan vestidos, las sirenas tampoco, en el mar no hay telas, a menos que tengan sentido del pudor y se cubran con algas o algo así. Por lo que deben de andar desnudos como todo animal en la naturaleza… menos los humanos, claro.
- En eso tienes razón, pero no le quites la poesía –dijo Mozu con una sonrisa.
- Es más, te dejo una pregunta que ni siquiera el gran Dr. Xeno puede responder, y les terminará de quitar las ganas. ¿Cómo se reproducen las sirenas de ambos sexos, si no tienen órganos sexuales a la vista? No tienen ni un tajo, protuberancia o agujero decente, en esa cola inmaculada.
Las palabras de Stan tuvieron el efecto que esperaba, ya que todos, tanto hombres como mujeres, se quedaron en silencio y se lo preguntaron realmente, Kohaku sólo miró al piso sonrojada, sin ofrecer una explicación. Ni siquiera Senku y Xeno tuvieron alguna respuesta inteligente que ofrecer, ante la aguda observación del caza-recompensas, pero a ninguno le pareció muy cortés preguntárselo en ese momento a la sirena. Con ese comentario se terminaron también las bromas y las miradas indiscretas, y se concentraron en la tarea de preparar a los dos para el harem.
Amaryllis estaba encantada con cómo le quedaba su vestido rosa a la rubia, sencillo y a la vez revelador, y le adornaron el pelo con unas flores. Era bastante corto, y un tajo dejaba expuesta la piel justo debajo de la cadera, mientras que además del escote, la tela que cubría los pechos dejaba un rombo horizontal en el centro, dejando bastante piel que ver al final. Luna y Minami se encargaron del maquillaje, pero Kohaku era tan hermosa que no le hizo falta mucho, sólo unos retoques sutiles para realzar sus rasgos, y dándole un aire inocente y a la vez maduro, que volvió a hacer suspirar a más de uno, dejando atrás la perturbadora duda de su forma de sirena.
- ¿Me queda bien? –le preguntó Kohaku a Senku, luego de tener la aprobación de las mujeres del grupo, que la miraban admiradas.
- Sí… –Murmuró él, con los ojos más abiertos que de costumbre, sorprendido porque por primera vez impactó en su cerebro la belleza de la joven– Diez billones de puntos para ti, estás…
- Como que me dieron ganas de comer almeja de pronto –interrumpió Mozu, pisando el murmullo de su capitán para dejar su aprobación.
La reacción del grupo, que coincidió en un notorio silencio, se dividió entre los hombres que sonrieron con los labios apretados entre divertidos e incómodos por la vulgaridad del significado, las mujeres que se pusieron coloradas y se llenaron de indignación, y Kohaku que no entendió la referencia ni las reacciones tan opuestas. El "correctivo" para ubicar a Mozu llegó de parte de Nikki, como solía ser la costumbre, que alcanzó a darle un golpe en la cabeza que le hizo rechinar los dientes.
Yuzuriha aprovechó luego su oportunidad para acomodar los últimos detalles en el vestido de Stan, entre ellos, coserle correctamente los "rellenos frutales" de su delantera, para que no sufriera ningún accidente inesperado si se movía demasiado. El vestido de él era de un color amarillo-anaranjado, largo hasta los tobillos y con la falda bien amplia, para cubrirle y disimular las piernas musculosas, dado que se negó rotundamente a que se las afeitaran. Las mangas del vestido también eran largas y amplias como las de un kimono, un cinto de tela le marcaba al máximo la cintura para imitar un cuerpo más femenino, y por último el cuello del vestido cubría hasta casi su barbilla, perfecto para ocultar la realidad de sus pechos falsos. Mientras que el de Kohaku dejaba bastante piel expuesta, el de Stan era todo lo contrario, y sin embargo era tan elegante y refinado que no molestaba que esté así de tapado. Yuzuriha era tan hábil como costurera, que había disimulado completamente con un bonito decorado que la falda se dividía en dos, con el objetivo de que Stan pudiera arrancársela en caso de tener que pelear y encontrarse muy incómodo con el vestido largo. Por supuesto que atado a un muslo se encontraba su cuchillo, y en el otro su pistola.
El aura amenazante de odio fluía a su alrededor por encontrarse en esa situación indigna para él, pero amainó considerablemente cuando Charlotte fue la que se ofreció a peinarlo y maquillarlo, y todos coincidieron que era la opción menos peligrosa. Eso provocó una mirada cómplice entre Mozu y Ryusui, que habían confirmado el punto débil del letal caza-recompensas. Charlotte secretamente se estaba divirtiendo con eso, y por respeto a la dignidad de Stan se lo tenía que callar, pero se aseguró de hacer más que bien su trabajo. Cuando terminó, las expresiones boquiabiertas de la mayoría competían con las que le habían dedicado a Kohaku, aunque esta vez eran de pura sorpresa porque, si no supieran que Stan era un hombre, nadie podría afirmarlo.
- El maldito en verdad es más lindo que yo así, Mozu no bromeaba –murmuró Nikki con resentimiento.
Charlotte le había aplicado unas sombras color tierra en los ojos, hechas a base de óxido de hierro que habían encontrado y pulverizado, y hasta le había delineado los ojos con el lápiz de carbón, por lo que su mirada se había vuelto más sensual. Sus ya largas pestañas ahora parecían más largas y voluminosas, además de perfectamente arqueadas, para completar la mirada seductora. Un ligero rubor rosado que habían extraído de las flores de hibisco encontradas le realzaba inocentemente aquella mirada potente y dramática, y sus labios eran de un color rosado oscuro casi violáceo, obtenido de las remolachas, que perfectamente acompañaban los labios cincelados y carnosos que tenía. El cabello se lo dejó similar, pero le bajó un mechón de pelo extra del otro lado para hacer un flequillo más femenino y "rellenar" su frente. El resultado había sido más que sensual, potenciando su apariencia andrógina natural.
- Oye, ¿está mal que me excite con eso? –Dijo Mozu a Ryusui incómodo, entrecerrando los ojos en dirección de Stan.
- No es lo que parece, pero estoy satisfecho –Contestó el pirata.
- Es totalmente una mujer –Murmuró Gen con una media sonrisa.
- Les digo que, con un poco de alcohol y luces bajas, se me podrían escapar las manos.
- ¿Ustedes necesitan alcohol y pocas luces? –Preguntó Ryusui, y los dos compañeros lo miraron a él frunciendo el ceño, luego a Stan, y terminaron adoptando una expresión de estar considerándolo– Sin dudas, ¡LO DESEO!
La voz del pirata se oyó por encima del silencio general, y Stan lentamente giró la cabeza en dirección a él, mortalmente serio. Cualquier ser vivo prudente se habría intimidado y hubiera pretendido disimular, pero esa mirada ahora sensualmente amenazante dada su apariencia fue como echar leña al fuego para Ryusui.
- Oh sí, mírame, mírame así –susurró con una nota de diversión en su voz.
Con un movimiento lento y controlado, sin dejar de mirar a los ojos al marinero, Stan coló una mano por debajo del vestido, y sacó su pistola, y con igual calma la apuntó a la entrepierna de Ryusui.
- No tiene idea lo bien que se ve haciendo eso –le susurró Mozu a Gen, conteniendo una sonrisa– No me siento orgulloso, pero entiendo a Ryusui ahora, me la está confundiendo. Si lo mira así al jefe, gana el concurso, el viejo y sus fetiches…
La tensión en el aire se podía cortar con una pluma, en especial cuando oyeron que Stan le quitó el seguro al arma. Pero rápida y precavida, Charlotte apoyó sus manos en el brazo de él, y presionó con lo que pareció toda su fuerza para bajárselo y que dejara de apuntar al otro. El caza-recompensas no le quitó los ojos encima por varios segundos, ni siquiera parpadeó, ni cambió su expresión. Mientras que Ryusui le contestaba con una mirada igual de intensa, pero una sonrisa provocadora en los labios. El que se puso en el medio de ambos para terminar con aquella escena fue Tsukasa, que miró con severidad a Ryusui, ya que era el que había iniciado la provocación, hasta que el pirata finalmente alzó las manos en el aire.
- Basta de ridiculeces –intercedió Senku alzando la voz– Si ya está todo listo, tienen que ir yendo. Cuanta más información tengamos de la situación antes de que empiece, va a ser mejor para nuestro plan. Amaryllis, Kirisame, Mozu, Kohaku y Stanley, queda en sus manos. Los demás, diríjanse cada uno a su puesto de observación.
Se separaron los grupos y partieron, guiados al principio por los tres oriundos de la isla. Los auriculares y micrófonos funcionaban de maravillas, incluso murmurando se oían con claridad, y Yuzuriha había hecho un gran trabajo cosiéndolos de forma invisible a la ropa y ocultándolos en forma de preciosos aretes, y en el caso de Mozu detrás de la oreja y debajo de un poco de pelo de la coleta. Como era el día de la selección, no era tan extraño que las "tres mujeres" caminaran vestidas tan llamativas y elegantes, pero las sorpresas igualmente vinieron por las dos hermosas extranjeras, y por el regreso inesperado de Kirisame y Mozu. La isla era un antiguo volcán inactivo hace miles de años, por lo cual todo era cuesta arriba hacia la montaña, y las casillas principales y el palacio donde iban a realizar el concurso estaban casi en el centro, por lo que tenían un largo camino por delante.
Cuando llegaron, fueron sorprendidos por la voz potente de un hombre muy grande y musculoso de pecho descubierto, que llevaba puesto un casco con forma de chacal.
- ¿Así que volviste arrastrándote, Mozu? No eres bienvenido aquí, cobarde.
- No vengo a hablar con el perro, sino con el que le da de comer –contestó el castaño sin detenerse, con una sonrisa burlona.
- Tú, maldito…
- Mozu, tanto tiempo.
La voz provino de un hombre extremadamente alto, más de dos metros, y llevaba puesto un sombrero dorado con colmillos rodeándolo entero, a modo de corona. Sus hombros también estaban cubiertos de un adorno similar, y una enorme capa negra y pesada caía casi hasta sus pies. Su larga nariz con forma de gancho destacaba, así como una mirada siniestra que rozaba la perversión, un particular bigote espiralado, y una barba tan larga que le llegaba al pecho, atada prolijamente con un adorno nativo.
- Mi señor Ibara, un gusto volver a verlo –Mozu se inclinó respetuosamente.
- Veo que también Kirisame está aquí –ella se inclinó a la par– Qué coincidencia, el día de hoy.
- No realmente, mi señor. Como puede apreciar, he vuelto de uno de mis viajes con un obsequio que usted sabrá bien apreciar, y estoy seguro que será de su mayor gusto y disfrute.
Mozu señaló hacia atrás, donde estaban Kohaku y Stan, conteniendo sus caras de desagrado y mirando al piso para no evidenciarse.
- Oooh, pero qué bellezas exquisitas y únicas, jamás había visto rasgos así antes. Así que también hay este tipo de deliciosas mujeres en otros lados.
- Así es, siempre lo mejor para usted, mi señor. La pequeña es bastante dócil, y ya ve que es toda una muñeca, mientras que la otra es un poco más…arisca.
- Interesante, me gustan los retos –Dijo Ibara con una sonrisa lasciva– Muy bien Mozu, tu repentina ausencia queda perdonada con estos regalos. La de Kirisame también, ya que se fueron y volvieron juntos. Quédate a ver la selección de mi harem, empezará pronto en cuanto lleguen todas las candidatas, al menos podrás degustarlas con la vista.
- Es un honor, señor Ibara, gracias. Llevaré a mis invitadas conmigo hasta que sea la hora.
Mozu se dio vuelta y apoyó sus manos en las cinturas de Kohaku y Stan para guiarlas con él, mirando con altanería a su colega Oarashi, que rezumaba furia por el buen recibimiento del "traidor". Cuando estuvieron fuera de la atención y de los oídos del jefe y sus guardias, volvieron a suspirar.
- Ya ven, todo un encanto el viejo.
- Es un asco… no puedo creer cómo confiábamos en él y creíamos en sus reglas –bufó Kirisame.
- Cuando quieras retomamos el golpe de estado, Kiri. Aunque solamente para darle una mejor vida a los aldeanos, siendo sincero es más emocionante la vida en el barco con los demás, aventuras no faltan.
- Sí, es verdad. Volviendo a lo importante, no parecía llevar puesto el dispositivo. O lo tenía oculto entre sus ropas, o estará celosamente guardado.
- No sé cuál de las dos opciones prefiero para ustedes, Kohaku, Stan. Tanto una opción como la otra implicará estar muy cerca de él, y si lo tiene guardado en su habitación del "palacio" …
- Yo me encargaré de eso, si se propasa le pongo una bala en su entrepierna y ya está –dijo Stan relajado.
- Ten cuidado –Advirtió Kirisame– No te creas que Ibara es un hombre indefenso o ignorante. Es muy inteligente, y también tiene fuerza y sabe luchar. No provoques una situación difícil para los demás si podemos evitarlo. Nuestro objetivo es quitarle el dispositivo de las manos, nada más.
- Será fuerte, pero no puede hacer nada contra un disparo certero.
- Tiene que ser el último recurso, no el primero –lo amonestó la lanzadora– Ahora silencio, o van a sospechar de nuestra cercanía.
Un rato después Oarashi llamó a todas las mujeres participantes a acercarse para hacer la presentación individual, y se reunieron en el centro. Mozu y Kirisame se acercaron a Ibara, el castaño especialmente cerca. Amaryllis se había puesto primera en la fila, y había ignorado completamente a sus nuevas aliadas para evitar sospechas del líder de la guardia. Luego seguían tres chicas jóvenes más, y detrás Stan y Kohaku. La bella castaña se adelantó, y de pronto adoptó una posición de suma vulnerabilidad y timidez.
- M... Mi nombre es Amaryllis... L-Lo siento... me pongo muy nerviosa delante de los hombres... que una chica como yo esté en el evento de selección... solo de pensarlo... me da tanta vergüenza que no sé qué hacer... ¡P-Pero intentaré dar lo mejor de mí!
Tanto Kohaku como Stan abrieron mucho los ojos con sorpresa, no imaginaban que una persona pudiera cambiar falsamente de actitud de forma tan repentina y creíble, era un nivel de manipulación superior.
- ¡PASAS! –Exclamó Ibara, señalándola entusiasmado, encandilado con tanta belleza y femenina inocencia.
Amaryllis se sonrojó y asintió batiendo sus pestañas, y cuando se hizo a un costado fuera del campo visual de Ibara, mostró una expresión mucho más venenosa que su anterior yo dulce. Luego se presentaron las otras chicas, y llegó el turno de Stan. Avanzó con una mirada desafiante y nada inocente, y vio a Mozu murmurarle a Ibara algo por lo bajo.
- Así que tú eres "Stanla", qué mujer inusualmente alta y corpulenta, pero está bien, me gustan así también.
Stan miró fijo a Mozu, alzando levemente una ceja ante el nombre que le había dado, y tuvo que respirar hondo para controlar su expresión.
- ¿Eres del tipo tímida? –Preguntó el jefe con una desagradable mirada pervertida– O tal vez no entiendes nuestro idioma, si eres extranjera… bueno, no necesitas hablar para entretenerme luego.
Ibara lo observó de arriba abajo, y lo rodeó asintiendo con aprobación. Y cuando estaba detrás de él, sin pudor alguno apoyó una mano en su trasero y se lo apretó un poco. Mozu cerró los ojos y apretó los labios, con preocupación de lo que pudiera pasar, pero también conteniendo una sonrisa ya que los compañeros que vigilaban tenían un binocular y habían visto lo sucedido, y se oyó por el auricular un "Oh no, dime que no le ha hecho eso. Es hombre muerto".
- Hmmm qué firme. Eres toda una ricura.
Stan, con una mirada muy oscura que sobrepasaba el odio, lentamente dirigió una mano a su pierna y la coló debajo del vestido. Los demás infiltrados abrieron mucho los ojos porque eso significaba que estaba por agarrar su pistola, y eso significaría graves problemas y el fin del cuidadoso plan, y en su auricular resonó la voz de Xeno diciendo "¡Stan, no lo hagas!". Pero Stan continuó con su movimiento, y frente a todos sacó un cigarrillo y el encendedor. Lo sostuvo entre sus labios, lo encendió e inhaló una larga y profunda pitada con los ojos cerrados. Ibara, curioso, se puso delante de él, y Stan, sin decir nada, sopló el humo directamente en la cara del jefe, mirándolo con desagrado.
- Desafiante, mi querida Stanla, todavía no conoces tu lugar –Susurró Ibara, acercándose al rostro de la temeraria mujer, pero Stan no se intimidó ni se movió ni un milímetro hacia atrás– Pero me gusta tu actitud dura, voy a domarte. ¡Pasas!
El caza-recompensas sonrió de costado con una mirada de "a ver si te atreves", y se hizo a un costado sin decir una palabra ni demostrar la más mínima sumisión. Luego llegó el turno de Kohaku, que no tenía la falsedad de Amaryllis ni el descaro de Stan, por lo que se quedó quieta en el lugar mirando a Ibara con seriedad.
- Ella es Kohaku-chan, mi señor –la presentó Mozu– Como puede ver, tiene una belleza única y especial, "de otro mundo", diría –Sonrió con malicia, y Kirisame a su lado hizo una mueca.
- Sí, ciertamente tiene unos rasgos especiales, y también parece de las tímidas, aunque ese vestido… más que revelador, te gusta provocar, ¿eh? Tienes una cintura pequeñita, una delantera potente y unos buenos muslos. Sí, estará bien. Voy a tocar...
En el momento en que Ibara levantó su mano hacia los pechos de Kohaku, dispuesto a pasar su mano por el agujero del escote del vestido, un manotazo la apartó del camino con fuerza. Había sido Stan, quien, todavía fumando, afiló su mirada de forma amenazante, entrecerrando los ojos. El ambiente se caldeó con tensión inmediatamente, Oarashi sacó su espada a modo de advertencia, y se escucharon jadeos de sorpresa. El caza-recompensas y el jefe se miraron fijo varios segundos, ni una mosca volaba entre ellos, hasta que un momento después Ibara sonrió.
- Podría hacerte cortar la mano por el atrevimiento, belleza salvaje. ¿Acaso son celos? ¿Esto significa que sólo quieres que mis manos te toquen a ti, y piensas librarte de la competencia? Creo que eres muy inocente y no entiendes cómo se maneja un harem.
Ibara rió fuerte, y sonrió mostrando todos los dientes, una vista bastante desagradable y siniestra que estremeció a Kohaku instintivamente.
- Compite por mi interés entonces, porque esta chica también pasa.
Luego de Kohaku, otras tres chicas más se presentaron, y cuando terminó la selección, Ibara dijo que las esperaba esa noche en el palacio a las que pasaron, para celebrar que a partir de ese momento vivirían en el palacio para entretenerlo, siempre a su disposición. El jefe dio media vuelta y se fue, seguido de Oarashi, por lo que el equipo de compañeros se miró de reojo y aparentaron irse cada uno por lados distintos, aunque reuniéndose a escondidas en el punto acordado, donde ya nadie podía verlos ni oírlos.
- Voy a matarlo a ese viejo pervertido, no me iré de aquí sin cobrarme esa mano larga –gruñó Stan.
- Nos engañaste bien, creo que todos pensábamos que ibas a sacar la pistola o el cuchillo. Pero como ves, hace eso sin vergüenza, no fuiste su única víctima.
- Sí, gracias por eso –Le dijo Kohaku– ¿Pero por qué impediste que me toque, poniendo en riesgo todo?
- Porque tanto vigilarte como tu seguridad es mi trabajo ahora, lo sabes. Y no quiero quejas.
- ¿Más quejas implicaría menos dinero para ti? –Lo provocó.
- Después de esto –se tomó el vestido con asco– no hay forma de que me paguen ni un centavo menos.
- ¿Y para qué quieres tanto dinero? Mis escamas, lágrimas, ahora esta otra paga… ¿cuál es el sentido de tantas riquezas? Entiendo que los humanos usan el dinero para intercambiarlo por bienes que necesitan, pero cuando ya tienen eso cubierto y siguen queriendo más sólo para acumularlo...
- Cosa de humanos –soltó otra larga pitada de humo de su cigarrillo– cuando sufres tanto tiempo de escasez, luego quieres tener algo como para asegurarte la vida sin nunca más preocuparte por eso. Esa es la ventaja de los animales o pseudo-animales como tú, sólo viven el presente y se procuran de sobrevivir el día a día. No tienen trabajos, deudas ni otras mierdas.
- Podrías hacerlo tú también, si te alejas de todo esto –retrucó Kohaku.
- Cómo se nota que no sabes nada de cómo se vive fuera del mar, sirenita. Aquí cada pedazo de tierra le pertenece a alguien, ya sea una persona, un rey o un gobierno. Salvo que vivamos como ermitaños y nos ocultemos en un bosque, selva o isla inhabitada, desde que nacemos le debemos algo a alguien, como un impuesto al nacimiento y derecho de vida… hasta el día en que morimos. Y eso si tienes la suerte de que tú mismo no le "pertenezcas" a alguien, como a estas chicas del harem.
- Algo me dice que tú también quieres hacer un golpe de estado aquí, Stan –dijo Mozu.
- No es mi problema, cuando terminemos esta misión mi vida continúa, y la de esta gente también.
- Dices eso, y al mismo tiempo me da la sensación de que te molesta que el jefe sea tan abusivo –observó Kohaku– ¿Qué problema tienes con admitir que quieres ayudar a otros?
- No me vengas con cuestionamientos, no tengo que darte explicaciones a ti.
- Bueno, como quieras. Pensé que eras más egoísta, pero ahora lo que veo que te falta es un poco más de honestidad.
Stan arqueó una ceja, mirándola ofuscado, pero chasqueó y no le contestó. En su lugar, acercó su boca al bretel de su vestido, donde estaba oculto el micrófono.
- ¿Cómo procedemos ahora? Deberíamos aprovechar la "fiesta" de la noche para encontrar ese dispositivo, al menos no lo tenía a la vista.
- Háganlo –contestó Xeno– Aprovechen que su atención va a estar dividida, cúbranse entre ustedes para que no los descubran, y cuentan con nuestro apoyo. De hecho, en un momento debería de estar llegándoles una ayuda de parte de nuestra, vía aérea.
- ¿Qué? ¿Vía aérea? –repitió Stan, frunciendo el ceño, y miró al cielo, sin ver nada.
Unos segundos después, todos se sobresaltaron cuando una flecha impactó en el árbol que estaba en medio de ellos, a menos de un metro de la cabeza de Stan.
- ¿Qué es esto? –preguntó, desatando un paquetito que venía atado a la flecha.
- Para facilitarles la tarea y hacer el procedimiento más elegante, evitando la pelea. Formulamos con el Dr. Senku un potente somnífero que además causa aturdimiento y mareos. Es un extracto súper concentrado de valeriana y pasiflora, combinado con etanoato de etilo, que está compuesto por vinagre, alcohol y ácido sulfúrico. Echen unas gotas en la bebida del líder enemigo, y tienen asegurada casi una hora para buscar el dispositivo.
- Nada mal, pero yo realmente quería cobrarme el atrevimiento de ese viejo degenerado.
- Cuando sea de noche, los demás grupos avanzarán, manteniéndose ocultos, y se encargarán de reducir a los guardias restantes, de ser necesario. Para eso, el Dr. Chrome también dice está elaborando una bomba de humo.
- Bien, que los cerebritos se ocupen de darnos material ingenioso, me gusta –dijo Mozu al micrófono, sonriendo.
- En lo posible, si se genera algún disturbio –la voz de Senku se oyó– traten de llevarlo a un área abierta, ahí contarán con el apoyo de Ukyo desde arriba, y del grupo gorila desde abajo. Aunque recuerden que la idea es evitar la confrontación, nos basta con hacernos con la panacea. Eso es todo. Mozu, Kirisame, buen trabajo en volver al lado de "su señor", vuelvan con él para que no sospeche, y si descubren algo útil, lo comunican aquí.
Los dos asintieron, y se pusieron de pie para irse inmediatamente. Amaryllis también se fue, diciendo que luego los ayudaría también, pero que por el momento tenía que guardar las distancias para que no los vieran tan juntos. Kohaku y Stan quedaron solos, pensando al mismo tiempo qué hacer, ya que no podían volver, y tenían que esperar al menos cuatro horas para que se hiciera de noche e ir a la fiesta.
- ¿Kohaku, todo bien? –preguntó el peliverde, volviendo a comunicarse con ella.
- Sí, Senku, gracias –sonrió con calidez al notar su preocupación, aunque él no pudiera verla.
- Estás conociendo todo tipo de humanos, de lo mejor y de lo peor, pero es así el mundo. Quédate tranquila, diez billones por ciento seguro que con un equipo tan eficiente trabajando en conjunto, conseguiremos el dispositivo.
- ¿Vas a quedarte allí?
- Sí, sólo sería un estorbo en el medio. Lo mío no es la pelea, trepar árboles ni la vigilancia sigilosa. Ya les envié mi parte con ese somnífero, y estamos aquí con Chrome y el Dr. Xeno para apoyarlos con lo que necesiten, dentro de lo científico o logístico, les confiamos el resto.
- De acuerdo, gracias. Nos vemos al regreso.
- Éxitos, hasta luego.
Cuando se cortó la comunicación por última vez, Kohaku sonrió y miró alrededor, pero su sonrisa se desvaneció un poco cuando cayó en cuenta la incomodidad de tener que pasar esas horas con su nuevo y difícil compañero. Se hicieron varios minutos de silencio entre ellos, en los que Stan se fue a sentar contra un árbol, pero la rubia no pudo contenerse más.
- Oye, ¿qué vamos a hacer hasta que sea la hora? –Le preguntó Kohaku
- Nada, esperar.
- ¿Sólo esperar?
- Si quieres échate a dormir en algún lado, yo te despierto luego.
- ¿No te vas a aburrir?
- No es mi primera vez, la mitad del tiempo que paso desde que tengo este trabajo, implica esperar quieto y pacientemente a encontrar la oportunidad de actuar.
- ¿Cuánto fue el tiempo máximo que esperaste sin moverte? –preguntó curiosa.
- Hmm… unas dieciséis horas.
- ¡¿EH?! –Exclamó boquiabierta– Eso es… más de medio día.
- Sí.
- ¿Y piensas pasar estas cuatro horas quieto y en silencio?
- Era mi intención, pero parece que tú no estás en plan de hacer ni uno ni lo otro –suspiró– ¿Quieres hacer algo útil?
- Creo que sí, pero depende... ¿Cómo qué?
- Practicar pelea.
- ¿Contigo? No creo que sea conveniente que me queden moretones.
- No voy a pegarte. Pero si algo sale mal, mejor que no seas una carga para mí, o al menos que lo seas lo menos posible. Puedo enseñarte algunos movimientos de defensa para que te saques de encima a un par de atacantes.
- ¿Viste el tamaño de esos hombres guardianes? Son el triple de grandes y musculosos que yo, y lo mismo su fuerza.
- La gracia de este tipo de defensa, es que usas el tamaño y la fuerza del enemigo en su contra. Nunca dije que los derrotes, sólo dije que te los saques de encima. Elige, o aceptas mi propuesta, o puedes dedicarte a dormir o a echar raíces ahí hasta que se haga de noche, en completo silencio.
- De acuerdo, acepto. ¡Ja! Te demostraré que no soy tan débil como piensas.
- Eso espero, no me hagas arrepentirme.
Stan se levantó de un salto, maldiciendo el incómodo y largo vestido que llevaba. Comenzó por explicarle algunas ideas de cómo funcionaba esa técnica de utilizar la fuerza del enemigo en su contra, y luego se dedicó a enseñarle varios movimientos. El caza-recompensas se sorprendió de que era bastante rápida aprendiendo, y aunque sí era realmente débil, por lo menos acertaba a seguir sus indicaciones con una excelente memoria, sin equivocarse ni olvidarse ningún movimiento o secuencia. Así pasaron casi tres horas, y Kohaku en ningún momento dio señales de cansancio o de pedirle que se detuvieran. Cuando Stan consideró que fue suficiente y que tenían que guardar fuerzas para la noche, dio por terminado el entrenamiento. Mientras descansaban, Stan soltó algo que venía pensando hacía varios días.
- Sabes que tu historia tiene muchos agujeros, ¿verdad?
- ¿Eh?
- Dijiste que estás aquí en tierra porque "alguien de tu especie te maldijo", y mágicamente te convertiste en humana, pero de forma gradual… curioso. Por otro lado, dijiste que tenías alguien a quien proteger, y diste a entender que por ese motivo te habías separado de tu especie.
- Yo no dije eso, esas fueron las preguntas.
- No lo negaste tampoco. El que calla, otorga. En resumen… al mismo tiempo estás buscando una cura para volver a ser una sirena, pero también estás entre humanos porque necesitas su ayuda para proteger a ese alguien. Y dijiste que buscaste a ese porque habías oído que era quien más chances tenía de ayudarte… no sé a cuál de tus dos objetivos, o si es parte de los dos. Pero te volviste bastante emocional cuando lo ataqué y cuando se reencontraron, y te le pegas como un imán, eso me dice que tienen una historia.
- ¿Cómo llegaste a todas esas conclusiones? –Lo peor, era que todas eran ciertas.
- Instinto y memoria. Y parte de mi trabajo es adelantarme al pensamiento enemigo para buscar las oportunidades, así que se me da bien leer a los demás.
- ¿Vas a decirle al Dr. Xeno? –preguntó preocupada.
- No, no es mi trabajo ni mi problema, y ya viste que su único interés es examinarte científicamente. Mientras le des eso, creo que ni le importan tus razones para ocultar parte de la verdad, ya viste que no insistió. El detector de mentiras no reaccionó, así que estabas diciendo la verdad en tus declaraciones escuetas.
- Sí, todo lo que dije es cierto, y confieso que tus observaciones también, aunque no pienso decirte todo.
- Está bien, te dije que no me interesa. Después de que esto termine no te volveré a ver nunca más, así que no es información relevante para mí. Yo no husmeo en tu vida, tu tampoco en la mía, y todo sigue su curso.
- Te gusta mantenerlo simple, ¿eh? –Le dijo con una pequeña sonrisa, empezando a entenderlo.
- Sí, mejor así para todos. Volviendo al tema que nos compete, Mozu o Kirisame se encargarán de ponerle el somnífero a la bebida del jefe, y haremos el trabajo limpio y evitaremos alertar a los guardias. Si hablo se darán cuenta que soy un hombre, así que intercede por mí siempre que puedas, con disimulo.
- Está bien. ¿Pero cómo sabremos dónde está la panacea?
- Para no perder el tiempo, si es algo tan especial y secreto, estará solamente en un lugar que el jefe puede acceder, sus aposentos, o algún lugar "sagrado". Si no está ahí, puede que lo lleve encima pero oculto… espero que no sea eso, porque significará que tendré que toquetearlo.
- Podría hacerlo yo.
- ¿Le pegué delante de todos para que no te ponga una mano encima, y tú piensas seducirlo abiertamente manoseándolo? Usa el cerebro, sirenita. Mientras yo esté aquí, ese viejo degenerado no te pondrá un dedo encima, no necesito repetirlo. Y aunque lo encontraras en sus ropas, ¿te crees que se lo podrás sacar así nomás?
- No, ya sé, pero podría disimular y avisarles dónde está… bueno, gracias por protegerme. Ya sé que vas a decir que "es tu trabajo", pero igual déjame agradecerte por adelantado, seguro que te causará incomodidades y problemas.
- De nada.
Esperaron en silencio en el lugar, descansando y reponiendo energías comiendo unas frutas que encontraron en los alrededores, hasta que una hora después apareció Amaryllis entre los arbustos.
- Ya es hora, vamos. ¿Qué puedo hacer para ayudar? Veo que tienen todo organizado.
- ¿Sabes dónde está la sala privada del jefe? ¿O tiene algún lugar especial que también puede acceder solamente él?
- Hmmm… no lo conozco mucho, es la primera vez que voy a estar en su "palacio", como le dice. Pero debe ser en la parte más alta, ya que desde allí también puede vigilar toda la aldea. Pero no hay un santuario o algo así. Ahora les señalo dónde puede estar.
- Gracias Amaryllis por tu ayuda –Le dijo Kohaku sonriendo.
- No es nada, bonita, me alegro de ayudar. Si ese dispositivo que necesitan es el mismo que Ibara usa para convertir en piedra a los aldeanos, entonces prefiero que se lo lleven lejos así no sufre nadie más. Los acompañaré para mostrarles eso, luego me separaré, mejor si no aparecemos juntos.
Emprendieron la vuelta al palacio de Ibara, y cuando ya alcanzaba a verse la casilla más alta, Amaryllis se la señaló. Kohaku y Stan le agradecieron, y continuaron subiendo la montaña hasta llegar al mismo lugar donde habían hecho la selección. Allí vieron también a Mozu y a Kirisame, que les asintieron disimuladamente. El castaño hizo como que se rascaba la oreja, y dijo unas palabras al micrófono que tenía puesto como una pulsera, avisando a los demás que se adelantaran a la posición que les correspondía. Luego se acercó con una fingida actitud seductora a Kohaku y a Stan.
- Qué bueno verlas, guapas. ¿Qué se cuentan?
- Que en lo más alto podemos hallar lo que buscamos –murmuró Stan.
- Ooh ya veo. Sí, tiene sentido. Vamos a darle un dulce sueño entonces. Permíteme, Stanla-chan.
Mozu sonrió con malicia, y rodeó la cintura de Stan, donde buscó simulando una caricia el frasquito que contenía el somnífero. El caza-recompensas le dedicó una mirada de pocos amigos, pero se dejó hacer. Como Mozu era apenas unos centímetros más alto que él, sus cuerpos quedaron bastante cerca, y varias chicas los miraron con preocupación de que Ibara se enoje por la "traidora seducción". Cuando encontró el frasquito, miró a Kirisame que estaba a unos pasos, y ella se acercó para amonestarlo con que no moleste a la mujer, aprovechando para sacarle la mano a Mozu de la cintura de Stan, y quedándose con el somnífero en el proceso.
- Perdona, Stanla-chan, era mi única oportunidad de hacer eso, ya sabes.
Los ojos de Stan hablaban por sí solos, pero no podía quejarse, y ya se había resignado de las provocaciones de su nuevo compañero. Mozu alzó la voz para comunicar un mensaje.
- Bellas jovencitas, ya están todas, no hagamos esperar más a nuestro señor Ibara. Vamos a compartir unas copas para festejar el inicio de esta nueva etapa, en la que tendrán el honor de entretener a nuestro supremo líder.
- Mozu, ¿quién te crees que eres? –Le gruñó Oarashi– Yo soy la mano derecha del jefe, así que cierra el pico. Con suerte eres un invitado que tiene permiso para estar cerca, ya no perteneces a la guardia personal.
- Hay algo que se llama carisma, Oarashi, y que a ti te falta para manejar el harem y que estas guapas chicas te sigan con confianza. Déjale al experto, ¿sí? –De pura provocación, volvió a rodear las cinturas de Kohaku y Stan, que sonrieron ligeramente, y siguieron a Mozu– Ah, un regalito de parte de nuestro amigo Chrome, te lo cambio por el frasquito. Mete la mano en el bolsillo de mi pantalón, Stan.
- ¿Qué es? –Preguntó mientras hacía lo que le pidió.
- La bomba de humo prometida.
Caminaron hasta llegar a una plataforma de piedra gigante, con bajos paredones, donde había unas mesas con la comida del banquete, y varias jarras que contenían bebidas alcohólicas. Ibara estaba sentado en un trono de piedra, y sonrió lascivamente cuando vio a todas las mujeres acercarse. Kirisame llenó varias copas, y con mucho sigilo echó un chorrito del líquido somnífero, antes de acercarse al jefe.
- Mi señor Ibara, aquí tiene, para que haga el brindis y empiece su merecida celebración.
- Muchas gracias, Kirisame-chan, siempre tan servicial –agarró la copa que ella le ofrecía, y se puso de pie– ¡Señoritas, alcen todas sus copas, y festejemos que a partir de ahora dedicarán gustosamente sus noches a entretenerme a mí, el líder supremo de la isla!
Ninguna de las mujeres sonreía abierta ni sinceramente, era más que evidente que esa situación obligada era la más forzada y desagradable de sus vidas. Cuando vieron que Ibara vació el contenido de la copa en su boca, los infiltrados sí sonrieron sinceramente, y Mozu volvió a hacer el gesto para comunicar secretamente que estaban comenzando la segunda etapa del plan. Ibara se volvió a sentar en su trono, y llamó a dos chicas para que fueran a sentarse en su regazo. Unos minutos después, observaron que se llevaba otra copa de alcohol a los labios, pero que el movimiento no fue del todo preciso, como si hubiera calculado mal, y frunció el ceño. Esa fue la señal de que estaba comenzando a hacer efecto el somnífero, y Stan carraspeó suavemente para llamar la atención de Kohaku.
Aprovecharon la oscuridad y el movimiento para moverse hacia las sombras. No podían tardarse mucho, o sería muy evidente su ausencia, así que fueron lo más rápido posible cubriéndose entre árboles y arbustos para ascender. Cuando llegaron, Stan comprobó que no había nadie alrededor, y luego le hizo señas a Kohaku para que se adelante con él. Entraron a la casilla que eran los aposentos de Ibara, inesperadamente grande, y estaba dividida en tres partes. Una parecía ser una entrada con unos muebles de madera, una mesada y algunas sillas, mientras en la otra habitación tenía una enorme cama hecha en madera tallada, con decoraciones de oro. Al fondo había un cubículo que parecía ser una primitiva letrina.
- Maldición, esto no es bueno –Gruñó Stan.
- ¿Qué sucede?
- Que esta entrada está demasiado descubierta, y no hay ni una ventana detrás, si alguien llega a acercarse y estamos aquí dentro, no tenemos otra vía de escape, habrá que pelear –Acercó su boca al micrófono bajo su ropa– Oigan, el equipo de "apoyo de altura", ¿pueden vernos?
- No –contestó la voz de Ukyo unos segundos después– Los vimos subir, pero lamentablemente nuestra ubicación no está tan alta como para ver todo el camino. Podría oír si vienen por el mismo lugar que ustedes, pero tampoco asegurar quién es el que se acerca. Avisaremos al equipo de Tsukasa, Hyoga y Maya para que se acerquen a ustedes, manteniéndose ocultos para ayudarlos, no están lejos de allí.
- Entendido –miró a la rubia– Tendremos que buscar juntos y rápido entonces, vigilar no tiene sentido porque los alertaríamos antes de tiempo, si es que alguien decide pasar por aquí. Kohaku, revisa el fondo, yo me encargo de la entrada, estarás más segura allí.
- De acuerdo –asintió.
Sin perder un segundo, pero procurando ser lo más silenciosos posibles, comenzaron la búsqueda. Stan abrió todos los cajones y recovecos de los muebles, y revisó detrás de los tapices y adornos grandes en la pared, por si había algún escondite. Kohaku buscó entre las sábanas y las almohadas de la cama, sin éxito, incluso por debajo, pero no halló nada. También revisó en el mueble que contenía la ropa y las joyas de Ibara, sin éxito.
- Busca también detrás o dentro de los adornos, si los hay. Aquí no hay nada, pero voy a estar atento, a esta altura deben haberse dado cuenta de nuestra ausencia y si el viejo está dormido sin explicación y no despierta, no será muy difícil que empiecen a buscarnos –volvió a dirigirse al micrófono– ¿Cuál es la situación en la fiesta?
- No se ve movimiento sospechoso entre los guardias y las mujeres, aunque tenemos una vista parcial –le contestó Charlotte– Pero por las expresiones que tienen, no parece haber una alerta.
- Extraño –Stan frunció el ceño– ¿Qué…?
- ¡STANLEY! –Kohaku exclamó, y luego se tapó la boca al darse cuenta de que no tenía que gritar fuerte– ¡Lo encontré! Estaba dentro de un jarrón.
- Bien hecho, ahora…
Pero los ojos de Stan se abrieron mucho y su voz se silenció, cuando de pronto vio una sombra en la pared, detrás de la joven. La sorpresa y la confusión lo hicieron paralizarse un segundo más de lo debido, ya que no podía entender cómo era posible, si no había puertas y la habitación estaba vacía. A menos que, una entrada falsa... La reacción volvió a su cuerpo, cuando identificó la figura de aquella sombra, y la joven no se había percatado de nada debido a su emoción por haber encontrado el dispositivo.
- ¡KOHAKU, CUIDADO!
Rápidamente, dio unos pasos largos para atravesar la habitación, y jaló y luego empujó a Kohaku con fuerza a un costado, tirándola al piso. Cuando ella, confundida y adolorida por el golpe levantó la vista sin entender lo que había pasado, ahogó un jadeo de horror, al ver el hombro izquierdo de Stan atravesado por unas filosas garras de alguien muy alto detrás de él, y el caza-recompensas soltó un gruñido de dolor, apretando con fuerza los dientes. Ella tampoco entendió cómo ni por dónde había entrado, y menos cuando se suponía que estaba dormido bajo los efectos del somnífero, y sin embargo se lo veía bastante despierto. Se puso de pie rápidamente, y lo primero que pensó fue en pedir asistencia a sus compañeros, aunque no había forma de que llegaran allí a tiempo.
- ¡AYUDA, SENKU, CHICOS! –Gritó al micrófono, desesperada, y no sabía si salir corriendo de allí con el dispositivo en su mano, o si ayudar a Stan, aunque no podía hacer mucho por él.
- Así que tenemos unas ratitas infiltradas, eran demasiado especiales y hermosas para ser verdad –Susurró Ibara de forma amenazante, y empujó a Stan de una patada hacia adelante, empujándolo contra Kohaku, y cayeron juntos al suelo– ¿Se creen que no me di cuenta que le habían puesto algo a mi bebida? No pueden engañar a mi fino sentido del olfato y del gusto, un líder nunca puede ser ajeno a los intentos cobardes de envenenamiento.
- Vete…huye –murmuró él.
- ¡No puedo dejarte así, te va a matar!
- Si te atrapa será en vano todo el esfuerzo, vete y ponte a resguardo con alguno de los demás, yo lo detendré aquí –le dijo mientras se ponía de pie y la levantaba con él, ayudándola con el brazo sano.
- Pero…
- ¡VETE! –Le gritó.
- Oh, pero qué voz tan masculina tienes de pronto, Stanla-chan. ¿Así que intentaron engañarme por completo? Van a lamentarlo. Devuélveme eso, pequeña.
- Lo que vas a lamentar será haberte metido conmigo, dos veces –gruñó Stan– Ve, Kohaku, no pierdas más el tiempo.
La rubia asintió y echó a correr, aunque sintiéndose horrible por ello. Pero sólo alcanzó a correr un poco, cuando alguien salió de un arbusto cercano y la atrapó, poniéndose rápidamente detrás de ella y agarrándola de los brazos.
- Pero, ¿qué tenemos aquí? Hurgando entre las cosas del señor Ibara, eso no se hace, traidora oportunista. Lo que sea que te hayas robado, devuélvemelo, o me encargaré de quitártelo por las malas.
Kohaku se revolvió entre los fuertes brazos de Oarashi, quien la había atrapado, pero no pudo escapar, ese hombre era una roca. Cuando comenzaba a desesperarse, recordó que no en vano esa tarde se había pasado tantas horas entrenando con Stan. Mientras simulaba seguir resistiéndose y gritó lo más fuerte que pudo para alertar a cualquier aliado que estuviera cerca, hizo memoria de qué tipo de movimiento podía sacarla de esa situación, y finalmente dio con uno que era suficiente para escurrirse y escapar. Respiró hondo para concentrarse, luchando contra el miedo, y dio un fuerte pisotón con su pie derecho contra el costado del izquierdo del guardia, y pivoteó para abrir las piernas y apoyarse en su otro pie, mientras lograba escurrir su brazo izquierdo del agarre de Oarashi, gracias a la apertura que creó. Y aprovechó que seguía atrapada de su otro brazo para terminar el giro que había empezado, y con su palma extendida golpeó con toda su fuerza y velocidad el espacio entre la boca y la nariz del hombre. Sonrió orgullosa cuando el guardia la soltó, y no perdió un segundo para escapar.
Corrió lo más rápido que le daban las piernas, cuesta abajo, y escuchó a Oarashi insultándola y recomponiéndose para perseguirla. Hasta que oyó un murmullo entre los arbustos y luego grito de dolor, y se volteó hacia atrás para ver qué había sucedido. Oarashi estaba otra vez en el piso, y esta vez parecía desmayado, y para su sorpresa la figura de un amigo se reflejó contra la luz de la luna.
- ¡TSUKASA!
- ¿Kohaku, estás bien? –Exclamó con su voz potente, preocupado.
- ¡Sí, yo sí! ¡Pero Stan fue herido por Ibara, ayúdalo, por favor!
- Yo me encargo, abajo ya está la situación controlada por los demás, ve con ellos y ponte a salvo.
¡Sí! –Sonrió con una sonrisa triunfante, aliviada, levantando en alto el dispositivo que había guardado en el escote de su vestido para que no se le cayera.
- No, no te vas a ningún lado, Kohaku-chan.
La rubia se quedó paralizada, cuando sintió repentinamente una garra en su cuello, y había reconocido la voz que dijo esas palabras: Ibara. ¿Cómo había llegado allí tan rápido? ¿Qué había sucedido con Stan? ¿Lo había…rematado? Tsukasa se adelantó unos pasos, dispuesto a liberarla, pero el líder enemigo lo detuvo, amenazando con perforar con su garra metálica y muy filosa la yugular de Kohaku, y el castaño prudentemente se detuvo, furioso.
- Qué sorpresa, parece que viniste con tus amigos, bella ladrona. Si me devuelves lo que es mío, tal vez te deje salir ilesa de aquí… aunque podría jugar un poco contigo antes, por tu atrevimiento.
Ibara deslizó sus filosas garras por el cuerpo de Kohaku, subiendo por su cuerpo hasta que las coló dentro del escote de ella. La rubia cerró los ojos asqueada, pero lo que casi le sacó el alma del cuerpo luego fue que el viejo le quitó el dispositivo.
- ¡No….!
- No sé para qué quieres esto, pero es mío –dijo, guardándolo entre sus ropas– Y si te portas mal, voy a usarlo y vas a quedar como una bella estatua de piedra por el resto de la eternidad. Ahora, quédate quietita, y déjame probar por última vez esas curvas mientras tu amigo sufre impotente por verte, y si hace un paso en falso lo pagas con tu vida.
Ibara mostró una sonrisa muy lasciva y desagradable, y volvió a acercar una mano a la cadera de Kohaku. Ella apretó los labios, sintiendo el filo en su cuello y sufriendo porque no dudaba en que ese maldito de verdad pretendía matarla si ella intentaba resistirse, su instinto se lo gritaba. Y cuando los dedos del hombre estuvieron a unos milímetros de la piel de Kohaku, se oyó un potente estruendo, y la mano de Ibara se movió involuntariamente hacia atrás, y el hombre gritó.
- Dije bien claro, viejo degenerado, que no permitiría que pongas ni un dedo encima de ella, mientras fuera mi trabajo protegerla.
La voz de Stan, baja pero clara, se oyó desde arriba, detrás de Tsukasa. Sostenía su pistola en alto con el brazo sano, mientras la manga del herido estaba teñido de un rojo oscuro.
- ¡STAN! –Gritó Kohaku aliviada de verlo vivo, y aprovechó el valioso segundo para escapar de las garras de Ibara, que no tenía idea de qué le había producido un doloroso agujero en su mano.
- ¡No te vas a escapar! –Rugió Ibara. Desquiciado de ira, e ignorando el dolor, agarró nuevamente el dispositivo y le gritó acercándolo a su boca– ¡THREE SECONDS, FIVE METERS!
Con una sonrisa de victoria, el jefe lanzó el dispositivo al aire, en una trayectoria calculada para caer justo encima de Kohaku a medida que siguiera avanzando. Una luz verde brillante surgió del centro del mismo, y comenzó a expandirse en el aire, acercándose a la joven. Y apenas unos centímetros antes de que la luz de muerte la alcanzara, otro disparo se oyó en al aire, y cambió bruscamente la dirección de la ahora "medusa" hacia el cielo, amplificando su luz en todo el diámetro correspondiente a la orden de Ibara.
- ¡TSUKASA, TODO TUYO! –Exclamó Stan.
- Con gusto.
Tsukasa se lanzó cuesta debajo de a un par de zancadas, pasando por al lado de Kohaku, y sin detenerse preparó su más fuerte puñetazo, que impactó enteramente en el rostro del incrédulo Ibara, volteándoselo violentamente a un costado, y haciéndolo volar varios metros hasta que su cuerpo impactó con dureza contra un grueso árbol, y cayó desmayado al instante.
Las piernas de Kohaku cedieron finalmente, y cayó al suelo, con el cuerpo temblando de pura adrenalina y de lo cerca que había estado de un peligro irreversible. Tsukasa corrió hacia ella, y la ayudó a ponerse de pie, preocupado, pero por suerte de su cuello sólo fluía un fino hilo de sangre que no suponía un peligro de verdad.
- Eso estuvo cerca –Resopló Stan– No sé qué demonios fue eso, pero le disparé, menos mal que ese maldito hirió mi brazo no dominante, aunque me las hubiera arreglado para dejarlo como un colador de todas formas, fue un hueso duro de roer. Necesito un cigarrillo.
- ¿Qué pasó allí arriba? –Le preguntó Kohaku.
- Tiré la bomba de humo de Chrome para distraerlo y atacarlo, pero el muy cobarde huyó por esa puerta trasera falsa. Lo busqué por allí, pero con la oscuridad y en su territorio, supo esconderse bien. Me imaginé que iba a ir detrás de ti, así que volví por el otro lado y ahí los vi, tenía un tiro limpio y lo aproveché.
- Excelente puntería, pero me pasó a unos centímetros nada más –Dijo Kohaku estremeciéndose, y luego rió– No puedo creer que te estoy agradeciendo que hayas disparado… menos mal que estabas de nuestro lado ahora. Pero me salvaste de sus manos asquerosas, y de convertirme en piedra.
- No fallo en mi trabajo, nunca –sonrió de costado, con confianza– Por cierto, tenemos que ocuparnos de ese maldito y encontrar el dispositivo, vaya a saber dónde cayó, va a ser difícil encontrarlo en medio de esta oscuridad.
- Aquí está.
Una fina voz de mujer se oyó más abajo, y los tres miraron sobresaltados en la dirección de la fuente de sonido. Homura estaba allí, con el dispositivo en su mano.
- ¡Ooooh lo encontraste! ¡Qué rápido! –Exclamó Kohaku aliviada y emocionada.
- Es verdad que Homura tiene la mejor vista de todos nosotros –Recordó Tsukasa– Gracias.
- Cuando vimos la luz verde, pude seguir dónde había caído. Salté entre los árboles hasta llegar, y la encontré, había caído en la tierra, no fue difícil.
- Tenemos que llevarte con Senku y con Luna cuanto antes para que te curen –Le dijo Tsukasa a Stan.
- No es grave, ya está empezando a coagular –le contestó Stan, soltando el humo de su cigarrillo.
- ¿Tienes varios agujeros de lado a lado, y dices que no es grave? –Kohaku alzó las cejas, boquiabierta– ¿No te duele?
- Un poco, pero pasará.
- Creo que tu orgullo es lo que te tapa el dolor –Bromeó Kohaku.
- ¿Está entretenida la conversación, guapas? –La voz burlona de Mozu se oyó– Ah, arruinaste el vestido que te hizo Yuzuriha-chan con tanta dedicación, vas a desilusionarla.
- Cuánto lo lamento –contestó Stan, sin una pizca de lástima.
- Ya me ocupé de atar al viejo con Kirisame, mientras ustedes hablaban relajadamente. Y le dimos una buena paliza a los demás guardias, solamente se nos escurrió Oarashi, el más peligroso, pero parece que pudieron contenerlo.
- ¡JA! Tenías que haber visto, escapé de él con lo que me enseñaste a la tarde –Le dijo Kohaku a Stan orgullosamente.
- Nada mal, sirenita, nada, nada mal. Memoria de pez elefante.
- ¡OYE! Qué fea comparación –Protestó indignada, reconociendo la especie a la que se refería, una muy poco agraciada.
- Ni idea, lo digo porque dicen que los elefantes tienen buena memoria y tú eres en parte pez.
- Creo que la pérdida de sangre te hace soltar la lengua y el humor, uno poco agradable –la rubia se cruzó de brazos, pero terminó sonriendo a regañadientes, tenía que permitirle eso
- Volvamos de una vez, por lo que escuché por el auricular, al pie de la montaña ya nos están esperando Senku y los demás. Al final vinieron hacia aquí, les superó la preocupación, y no podían quedarse quietos tampoco.
Ante esa noticia, Kohaku sonrió ampliamente, y estaba más que ansiosa por apurar el regreso. Quería compartir con el peliverde la felicidad de que al fin habían cumplido su objetivo. Estaba agotada, tanta tensión y ansiedad le habían dejado floja, pero la inmensa esperanza de tener la cura de su hermana en sus manos era más fuerte y la revitalizaba por completo. Sólo quedaba esperar que en sus piernas volvieran a crecer las escamas hasta convertirse en sirena nuevamente, cumplir con su promesa con los dos científicos, y finalmente volver con su familia.
En el descenso se encontraron con las jóvenes mujeres de la selección, y les dijeron que eran libres, no había más harem, y que, si la aldea estaba de acuerdo, encarcelarían a Ibara y dejarían elegir a un nuevo "cabeza", cosa que aceptaron agradecidas instantáneamente, y fueron a llamar a sus familias. Los guardias habían sido eficazmente reducidos y atados por Mozu y Kirisame, y Oarashi también había sufrido la misma suerte luego de que Tsukasa lo deje inconsciente.
Cuando finalmente llegaron a la base de la montaña, allí estaban los tres científicos-investigadores, además de Luna y de François, y del resto de los integrantes de los dos equipos. En cuanto Kohaku hizo contacto visual con Senku, corrió hacia él radiante de felicidad, y sólo se detuvo cuando estuvo a unos pocos metros, para no avasallarlo.
- Consiguieron el dispositivo, todos están vivos y bastante enteros, y además pusieron fin al tiránico "reinado" de ese líder de dudosa moralidad –Resumió el peliverde– Y por lo que escuché, fuiste muy fuerte. Buen trabajo, Kohaku.
- Senku…
Los ojos aguamarina de la sirena brillaron de emoción, y se acercó más a él para finalmente abrazarlo. Al principio Senku sólo sonrió con una mirada cálida en los ojos, pero luego se animó a apoyar una mano en la espalda de Kohaku, al menos haciendo eso para corresponder a la muestra de afecto de la rubia, que lo abrazaba con mucha más fuerza.
- Gracias, por todo –Murmuró Kohaku sin soltarlo– Sabía, sabía que podía confiar en ti.
- Lo mismo digo, y ha sido bastante emocionante y compleja toda esta aventura.
Luego del reencuentro y que comprobaran la situación, Luna se ocupó de revisar y limpiar la brutal herida de Stan, pero dijo que lo tenía que coser y que necesitaba el equipo desinfectado que tenían en el barco, aunque al menos le arrancó la manga del vestido y lo vendó preventivamente. Una vez finalizado eso, decidieron volver, Senku había dicho entre risas maliciosas que Ryusui ya debería estar dando vueltas como un león enjaulado, arrepintiéndose de decir que se quedaba a cuidar su barco como todo capitán que se precie. Como habían conectado uno de los auriculares con un teléfono modificado, el pirata y todos los que habían quedado atrás custodiando el barco debían estar más que preocupados, habiendo escuchado todo el dramático enfrentamiento. Y tal como pensaron, apenas llegaron fueron recibidos eufóricamente por la tripulación, que festejaron ya abiertamente y a los gritos de entusiasmo el éxito rotundo de la misión.
Incluso agradecieron y felicitaron a Stan por su destreza, quedando la mayoría sorprendidos y boquiabiertos cuando oyeron lo precisos que habían sido sus disparos, a pesar de la dolorosa herida que le había casi anulado un brazo entero. Recién en ese momento fue que el caza-recompensas volvió a ser consciente de su apariencia todavía femenina, aunque ya tenía el vestido sucio y hecho jirones, y el maquillaje levemente corrido. Por lo que, sin esperar a llegar al barco, sacó el cuchillo de que ocultaba bajo su falda, y lo cortó de arriba abajo, disfrutando de quitarse esa condenada prenda que había puesto en peligro su dignidad en más de una ocasión.
Aunque no tenía problema en quedarse en ropa interior, François le acercó su ropa, y Stan se vistió inmediatamente, dejando libre su brazo herido. Charlotte se ofreció a quitarle el maquillaje, y con velocidad y a la vez mucho cuidado lo limpió hasta no dejar rastro. La sonrisa deslumbrante que le mostró a su compañera cuando terminó su tarea sorprendió a más de uno, que no lo habían visto sonreír sinceramente desde que lo habían conocido, pero se guardaron los comentarios provocadores.
Cuando terminaron todo y estaban a punto de volver al barco de una vez por todas, una voz se oyó. Era la de Amaryllis, que los estaba llamando, y venía corriendo hacia ellos.
- ¡Chicos! ¿Ya se van?
- Solamente al barco, para curar a Stan, comer, y darnos un merecido descanso. Mañana zarparemos –Explicó Ryusui.
- Oh… entiendo. Bueno, quería despedirme de ustedes, y agradecerles en nombre de la aldea por todo lo que hicieron. No saben el alivio que sentimos de que hayan detenido la tiranía de Ibara y Oarashi, ya decidimos que vamos a elegir un nuevo "cabeza" para la isla.
- Muy bien, me alegro de que ese viejo pervertido no pueda hacer más de las suyas. Disfruten su nueva libertad –le contestó Mozu con una sonrisa satisfecha.
- Mozu… oye… ¿no quisieran tú y Kirisame ser los nuevos líderes? Les estamos muy agradecidos, y con el favorable cambio de actitud con el que volviste…
- Gracias, pero no gracias. Lo pensé, no voy a mentir, pero realmente disfruto mucho las aventuras con mis compañeros, y no podría volver a una tranquila vida isleña. Pensaba que me gustaba mucho el poder, pero ahora veo que no es algo que me emocione de verdad. Pero volveré para visitarlos de vez en cuando.
- También les agradezco la confianza, pero me siento un poco como Mozu – dijo Kirisame– Estoy bien con esta nueva vida, y quiero continuarla con ellos.
- Entiendo –Asintió un poco desilusionada– Sí, debe ser. Bueno, muchas gracias de todas formas, nos salvaron la vida en más de un sentido.
- Fue un placer –Mozu le guiñó un ojo. Saluda a todos de nuestra parte, y diles que se apresuren a elegir un nuevo líder, y preparen una bonita celda para Ibara y Oarashi, al menos hasta que puedan asegurar que hay un nuevo poder más justo y noble que los mantiene unidos.
- Lo haremos. Gracias, chicos, a todos. Hasta la próxima.
Se despidieron con la mano, y luego sí volvieron finalmente al barco a hacer todo lo que habían dicho. A la mañana siguiente, cuando despertaron sin prisa, zarparon de una vez. Kohaku les dijo que ya estaba a entera disposición de Senku y el Dr. Xeno y sus investigaciones para cumplir su promesa. También decidió ser completamente honesta con la tripulación del científico y de Stan, en honor a todo el esfuerzo y las dificultades que al final pasaron para conseguir la panacea, no sentía digno sostener esa pseudo-mentira y escapar en las sombras. Haciéndose responsable completamente, les confesó que en realidad el dispositivo lo necesitaba para salvarle la vida a su hermana mayor, una sirena muy enferma con "terciopelo", y que cada día que pasaba era angustiante porque sabía que, sin esa cura, se enfrentaría a una muerte segura por una especie de asfixia.
Kohaku insistió en que cumpliría su parte de dejarles tomar todas las muestras que necesiten de su forma sirena original para las investigaciones, así como había una posibilidad de usar una medicina que Senku sabía preparar, que podía hacerle caer todas sus escamas cuando estuviera a punto de convertirse en sirena en un par de días, de esa forma sería indoloro para ella, y ellos podrían hacer mucho dinero con eso, tal como querían. Aunque no podía prometerles las lágrimas, porque ni ella sabía cómo producir esas joyas, nunca lo había hecho antes.
- Paso –dijo Stan.
- ¿Qué? –Preguntó Kohaku sin entender.
- Que paso de quedarme con tus escamas –notó cómo Xeno lo miró muy sorprendido y estuvo a punto de protestar.
- ¡¿EH?! ¿Por qué? Era lo que habíamos acordado… y es lo mínimo que puedo hacer para agradecerles, en especial a ti que saliste lastimado por defenderme, y no podrás trabajar por un tiempo hasta que te recuperes.
- ¿Primero me cuestionaste por qué me interesaba acumular tantas riquezas, y ahora me cuestionas que no me interese más tenerlas? Decídete, sirenita.
- No, bueno, pero es repentino y no entiendo el cambio de opinión…
- No es que haya cambiado de opinión sinceramente, claro que vendrían bien y nos resolverían la vida económica. Pero con lo que nos confesaste, además de una actitud bastante valiente ya que no sabías si íbamos a tomarnos esa "mentira" con calma, estás perturbando mi consciencia. Dijiste que las escamas tardarían un par de días en volverte a crecer, y tu hermana tiene los días contados. Y sin volver a tu forma sirena completa, no puedes volver al mar.
- Sí, así es. Y una vez que me convierta en sirena, no puedo volver a ser humana.
- No sé si quiero que pese sobre mi consciencia que después de tanto esfuerzo, incluido el mío, tu hermana pueda morir, solamente porque queremos llenarnos los bolsillos, que no los tenemos nada vacíos, por cierto. Bueno, Xeno podría quererlo igual porque le ayudaría en sus investigaciones –su colega asintió– pero en mi caso, no lo necesito realmente, y ya me quitaste las ganas.
- Hmmm, no esperaba eso. Pero si es así, buscaré otra forma de compensarlos, y les estoy muy agradecida por la consideración.
- Comparto lo que dice Stan, es verdad que sí me venía bien el dinero de vender tus escamas, pero no es como si no pudiera conseguirlo de otra forma, y esta investigación no la hubiera completado en mi vida si no dábamos contigo. Así que estoy satisfecho con mi ganancia, vale mucho más que unos papeles de dinero.
- Ahora, si decides volver con tus amiguitos más adelante, y quieres dejarles un brillante regalo para que nosotros pasemos a buscar, no vamos a decir que no. ¿Trato hecho?
- ¡Ja! Sí, trato hecho.
Kohaku se despidió por el momento y se fue, sintiéndose mucho más aliviada. Como el viaje estaba próximo a su fin, no le dieron más dosis de la medicina que la mantenía como humana, por lo que poco a poco sus escamas volvieron a crecer en sus piernas, y su dificultad para caminar volvió a hacerse notar. El trayecto hasta el barco del Dr. Xeno estaba a un par de días, por lo que para cuando llegaron, la sirena ya había vuelto a su forma original. Podía vivir perfectamente fuera del agua, pero de todas formas la dejaban lanzarse al mar varias veces al día, ya que de otra forma no era muy cómodo para ella simplemente quedarse postrada o arrastrándose por el piso de madera.
Kohaku pidió ir a la costa del pueblo donde habían desembarcado por primera vez, ya que también cerca de ahí era que podía activar el anillo para que su familia la encuentre y la lleve de vuelta a las profundidades, ya que ella no recordaba dónde estaban. Como no habían terminado las investigaciones, y había mucho por experimentar en muy poco tiempo, los dos barcos se dirigieron a ese puerto a la par, y Tsukasa cargó a Kohaku hasta el buque del Dr. Xeno, ya que el científico alegó que tenía instrumentos mucho más sofisticados para hacer sus mediciones, y Senku accedió, muy interesado de aprovechar los beneficios. Incluso el barco era tan grande, que el Dr. Xeno encargó a su artesano y a toda su tripulación que construyan una generosa pileta de dos metros de profundidad para llenar con agua de mar, y de esa forma que Kohaku estuviera más cómoda allí mismo, en especial cuando estuvieran cerca del puerto, para evitar que la vieran. Los jóvenes del barco de Senku también se ofrecieron a colaborar, y la pileta estuvo lista en tan sólo medio día.
Mientras que las tripulaciones no podían dejar de ver con ojos curiosos y maravillados a la sirena con su impresionante cola que resplandecía con un hipnótico brillo nacarado, los científicos trabajaban sin parar. El Dr. Xeno incluso había colocado un objeto con sensores de presión en la pileta, para medir la fuerza de un golpe de aquella potente cola, y pudieron comprobar boquiabiertos que Kohaku había sido sincera cuando dijo que era una de las más fuertes de entre las sirenas. El coletazo había llegado a unos ochocientos kilos de fuerza, y hasta Stan y Tsukasa admitieron que podría llegar a partirles algún hueso si recibían un golpe así sin estar preparados endureciendo los músculos. Los científicos también le recortaron algunas escamas para poder analizarlas, y volvieron a hacerle unas muestras de sangre y biopsias para comprobar si los resultados se habían alterado en algo ahora que ella estaba en su forma original.
Las limitaciones de sus movimientos entristecieron un poco a Kohaku, ya que no podía recorrer el barco y acompañar a Senku y sus amigos como antes, y aunque ellos habían sido considerados y se ponían cerca de ella cuando terminaban las pruebas científicas, y la acomodaban cerca para comer todos juntos, no era lo mismo. Definitivamente no podía quedarse con ellos en su forma sirena, era demasiado engorroso, y aunque insistía en que no tenían que cargarla de un lado a otro cuando quería moverse, tampoco era cómodo arrastrarse por el suelo y seguirlos "desde abajo", era algo extraño para todos. Chrome sugirió hacerle unas muletas, pero el problema radicaba en que no había forma de hacer un apoyo equilibrado con su cola, entre cada paso y balanceo. Entonces se le ocurrió que podían hacer un accesorio para "encajar" su cola y darle una base más firme, y terminó funcionando decentemente, el grupo bromeando con que parecía una pirata con patas de palo.
Con lo ocupado que estaba Senku aprovechando todo el tiempo para sus investigaciones con el Dr. Xeno, ya que querían dejar ir a Kohaku cuando antes para salvar a su hermana, la sirena apenas podía conversar con él, y le daba un poco de nostalgia estar "tan cerca y tan lejos", pero al mismo tiempo le daba consuelo y felicidad verlo tan entusiasmado, con sus ojos carmín más brillantes que nunca, y ya relajado y sin preocupaciones. Pero estaba bien, si la despedida iba a ser muy pronto, demasiada cercanía no iba a hacer más que dolerle después.
Una noche, aprovechando que había poco movimiento en el puerto y los demás humanos no podrían verla, Kohaku le contó una idea que tenía a Tsukasa, y él aceptó encantado y feliz, y la ayudó a llevarla adelante. Se lanzaron del barco al mar, nadando hasta la orilla, y ahí se pusieron a recolectar todas las conchas marinas rosadas que pudieron. La sirena no se había olvidado de su palabra de cumplirle el sueño a la pequeña hermana de Tsukasa, y quería preparar un bonito y especial regalo para ella.
Al día siguiente, Tsukasa bajó del buque y dijo que volvía en unas horas. Y cuando lo hizo, sorprendió con estar acompañado de una hermosa niña rubia a la que llevaba de la mano.
- ¿Es tu hija? –Preguntó Stan.
- No, mi hermana pequeña, Mirai.
- Ah… eso tiene más sentido. ¿Para qué la trajiste aquí?
- Viene a conocer a alguien muy especial.
Tsukasa le hizo un gesto para que se mantenga el resto en secreto para que sea sorpresa, y Stan asintió y le dio la bienvenida al barco a la niña, que lucía muy intimidada de ver tanta gente fuerte y grande, y un barco tan imponente. La guió hasta donde estaba la gran pileta, y la cargó en sus brazos cuando subieron la escalerilla para que mire dentro, y sentarla luego en su regazo, asegurándola para que no se caiga.
- ¡Hay una chica dentro! –Exclamó sorprendida Mirai.
- Sí, y es una chica muy especial que te encantará conocer. Mira bien.
Kohaku, notando que al fin había llegado la pequeña, nadó hacia ellos, y para completar la sorpresa impulsó su cuerpo en un giro fuera del agua, como si fuera un delfín, exponiendo así su preciosa y brillante cola marina.
- ¡OOOOOOH! –Gritó con emoción, aferrándose a su hermano y sin despegar los ojos de la chica– ES… ES UNA… ¡¿SIRENA DE VERDAD?!
- Sí, una de verdad, amiga nuestra, se llama Kohaku. Pronto va a volver al mar, la ayudamos con un favor, pero quería conocerte.
- ¡Hola Mirai! –Sonrió Kohaku con dulzura– Es un gusto conocerte al fin, tu hermano me habló de ti.
La niña estaba impactada, sus ojos muy abiertos, así como su boca, sin poder creer lo que veía, varios segundos pasaron en este estado, frente a la sonrisa divertida de todos los que contemplaban la escena. De pronto sus ojos miel desbordaron de lágrimas de emoción, y su hermano se las limpió con cariño.
- ¿Viste, Mirai? –Le susurró Tsukasa sonriendo– Las sirenas sí existen, no son solamente un cuento.
La pequeña asintió, tratando de contener sus lágrimas, y miró de punta a punta a Kohaku.
- Hola… –contestó finalmente, tímida– ¿Puedo… puedo tocarte?
- Claro.
Kohaku se acercó al borde de la pileta, y la niña la sorprendió acariciándole la cara primero, con sus pequeñas manitas.
- Eres muy bonita –Le dijo a la sirena.
- Gracias Mirai, tú también lo eres –respondió Kohaku enternecida– Mira, también puedes tocar mi cola.
Se agarró con firmeza el borde de la pileta, e impulsó su larga cola para apoyarse allí y dejarla afuera del agua. Mirai estaba maravillada, el brillo de sus ojos competía con el de las escamas de Kohaku. Con timidez, apoyó la mano.
- Ooooooh… ¡es muy suave! –rió adorablemente– Y resbalosa.
- Sí, lo es. No es fácil agarrar la cola de una sirena. Mira, tengo algo para ti.
- ¿Para mí? –Preguntó sorprendida e ilusionada.
- Sí, lo hice especialmente, espero que te guste.
Kohaku tenía un collar de conchas marinas en el cuello, las que había recolectado la noche anterior con Tsukasa, y que se dedicó esa mañana a armar. Se lo quitó, para luego ponérselo a Mirai, que se lo agradeció emocionada y una vez más no pudo controlar las lágrimas. Kohaku no pudo con tanta ternura, y esa pequeña le hizo recordar a una hermosa sirenita que vivía con ella en el océano, y que quería como a una hermana menor. Se volvió a meter al agua y se acercó más cómoda para darle un cálido abrazo a Mirai, que se sorprendió y luego se lo correspondió, con tal sonrisa de felicidad que ablandó los corazones de todos a su alrededor, su propio hermano profundamente emocionado.
- Yo… también quiero darte algo. No lo hice yo, pero te lo quiero regalar –Le dijo la pequeña, cuando se soltaron, y se sacó una pulserita que llevaba atada a su mano, era hermosa, toda de perlas naturales y conchas marinas rosadas, intercaladas– Me la hizo mi hermano.
- ¡Oooooh, eres muy dulce, Mirai! Muchas gracias, la voy a atesorar y llevar siempre conmigo.
Kohaku le dijo que podía hacerle todas las preguntas que quisiera, y la niña encantada vio su sueño doblemente cumplido. Un buen rato después, cuando sació todas sus inocentes preguntas, Tsukasa le dijo que se despidiera, ya que tenía que llevarla de vuelta antes de que anochezca. Kohaku se arrancó una escama y se la dio de recuerdo, diciéndole que la guardara bien y en secreto, lo que la pequeña aceptó.
Al día siguiente, cuando finalmente terminaron de hacer todos los análisis e investigaciones, llegó la hora de que las dos tripulaciones se separen. Luego de vaciar y desmontar la pileta, Senku y el Dr. Xeno se compartieron mutuamente los resultados de toda la extensa investigación, y quedaron en buenos términos para posibles futuras investigaciones, ya que habían trabajado muy bien juntos. Se despidieron de todos, quedando Senku, Kohaku y Tsukasa para el final, el pelilargo porque cargaba en brazos a Kohaku ya que ella no podía volver a pararse. Ahí la rubia sacó dos pequeñas botellas de vidrio que tenía un tapón de corcho, y se la entregó a Stan y a Xeno. Los dos miraron con curiosidad el contenido, y vieron que se trataba de un buen puñado de escamas.
- Ah, ya me parecía que tenías una parte "pelada" recientemente –dijo Senku con una media sonrisa– ¿Cuándo te las arrancaste?
- Le pedí a Luna que me las corte al ras, no me las arranqué, no dolió ni afecta a mi nado –lo corrigió, señalándose el muslo– Ya que terminaron rechazando quedarse con todas las escamas a costa de demorar mi vuelta, es lo mínimo que puedo hacer para cumplir mi palabra.
- Gracias –aceptaron ambos el regalo con una sonrisa.
- No está descartado el "regalo brillante", pero no sé cuánto podría demorarme, por ahora espero que baste con esto.
- ¿Qué "regalo brillante"? –Preguntó Senku, pero Kohaku le respondió tapándose los labios con un dedo, y una sonrisa pícara, implicando que era un secreto– Ya, como quieras.
- Bien, estoy satisfecho –dijo Stan con una fina sonrisa– Ojalá tu hermana se recupere, sirenita. Adiós.
Los jóvenes se dieron la vuelta, y caminaron por la escalinata metálica que conectaba los dos barcos para volver a suyo. Cuando el enorme buque se fue, todos respiraron aliviados de saber que volvían a la normalidad de su confiable tripulación y amistad, aunque al final había sido más que interesante lidiar con los extranjeros. Pero también era hora de otra despedida, una que les iba a doler mucho más, a todos. Tsukasa la apoyó al borde del barco, donde había una red en la cual podía sostenerse, ya que las sillas eran incómodas para ella porque se resbalaba. Uno a uno, se fueron despidiendo de Kohaku, con sus mejores deseos para que vuelva a salvo, cure a su hermana, e invitándola a volver a visitarlos cuando quisiera, si es que podía. Ese pueblo era hogar de muchos de ellos, por lo que siempre sería un punto de encuentro seguro. Adrede, Kohaku no miró a Senku, para dejarlo a lo último, tenía una despedida especial y significativa para él. Y cuando llegó su turno, el peliverde se acercó, sereno y con una fina sonrisa.
- Ten, no te vayas a olvidar la "panacea", que por esto empezó todo –le dijo mientras le daba el dispositivo, anudado a una fina cuerda, y ella se lo colgó en el cuello.
- Senku… no hay palabras que alcancen para describir lo importante que fuiste, y que eres para mí. Estoy muy agradecida con todos aquí, pero contigo es especial. En ningún momento dudaste de mí, ni te importó que fuera una sirena, ni me abandonaste cuando corrí peligro, aún a pesar de que el que saliste herido fuiste tú.
- La ciencia no discrimina ni niega, está para el bien de mundo –le dijo confiado.
- Lo sé, pero tus convicciones y tus valores están más allá de la ciencia, que ya vimos que puede usarse para el bien o para el mal. Todo este tiempo que pasé con ustedes, lo dedicaron para ayudarme, para salvar la vida de un solo ser, y uno que ni siquiera llegaron a conocer. No cualquier persona se compromete tanto, y todos pusieron su vida en peligro también para ayudarme. Pero tú, siempre… desde que te conocí, siempre…
Kohaku apretó los labios, dudando entre contener lo que sentía, o decírselo de una vez, aunque no cambiara en nada la situación ya que tenía que volver al mar, y ya no podía regresar a su forma humana, no había vuelta atrás. No le importaba si era un amor unilateral, y aunque podía incomodarlo, eran sentimientos profundos y honestos, bellos, o así lo pensaba. Tampoco necesitaba una respuesta, pero, así como había sido sincera con los líderes del otro barco, sentía que no podía irse sin ser sincera con alguien que sí apreciaba y le importaba mucho, había comprometido su corazón sin remedio, sin escape.
- Está bien, entiendo –Dijo Senku durante la pausa, sin entender su duda y su repentino silencio– No voy a juzgar el altruismo de otros, o ensalzar el mío, pero gracias. Es el camino que elegí, y mis amigos también, lo demás no me importa un milímetro.
- No era por eso que te lo dije, Senku –aclaró, para volver a lo que realmente quería decir con esas palabras– Sí reconocerte, para que sepas que los demás sí valoramos esa actitud tuya, pero porque quería decirte que, en muchos sentidos, eres especial para mí, lo siento aquí –se tocó el corazón. Tal vez fueron sólo unas semanas, aunque te conté que te conocí y te seguí desde que éramos pequeños, pero fue suficiente para darme cuenta de que no fue casualidad que te haya encontrado hace tanto tiempo, y que cuando necesité ayuda, esas personas que no conocía te mencionaron a ti, y cuando salí a la superficie, fuiste tú el que otra vez estaba ahí cerca, esta vez para darme una mano a mí.
- Sabes, cosas como el "destino" no son lo mío, más bien soy partidario de la "causa-consecuencia" Que algo sea causal, no casual, y… –la interrumpió brevemente con una media sonrisa incómoda.
- Bien, entonces para ponerlo en tus palabras –ahora ella lo interrumpió, decidida a ser más directa– a causa de todas esas cosas que te mencioné, y otras más, la consecuencia es que me gustas, Senku, y te lo quería decir.
- ¿Ah? –Preguntó sorprendido el peliverde, que no se esperaba una confesión romántica en ese momento.
- Me gustas, o más que eso, creo que me empecé a enamorar de ti. No me importa si ahora me tengo que despedir, ni que yo sea una sirena y tú un humano, es lo que siento, y en lo que creo. Sólo quería decírtelo, y confío en que la vida nos volverá a encontrar juntos, de una forma u otra.
Con esas últimas palabras un tanto agridulces, que fueron tanto de esperanza como de dolor, el peso de la realidad de que esa era verdaderamente una despedida, aunque quizás no una definitiva, cayó sobre Kohaku. Podía sentir su garganta cerrarse, y sus ojos arder un poco, pero quería mantener su sonrisa hasta el final. Lo abrazó con fuerza por última vez, y cuando comenzó a alejarse, apoyó sus manos en las mejillas de Senku, mirando con una sonrisa la expresión ligeramente boquiabierta de él, que la miraba fijo con los ojos más abiertos que antes, pero no parecía encontrar las palabras que esta vez no podían ser científicas. Y en un impulso que le surgió, la sirena recortó la distancia entre ellos para depositar un suave y largo beso en los labios del peliverde, que ahogó un jadeo al sentir la calidez de aquel contacto por primera vez.
Kohaku presionó con un poco más de decisión sus labios contra los de él, cuando una ola cálida mezcla de emoción y angustia la recorrió, hasta desembocar en sus ojos, y permitir que unas lágrimas salieran de ellos. Sabía que ese no era el final, pero eso no hacía que doliera menos separarse de él en ese momento. Sintió un ligero peso en sus mejillas cuando terminó el beso y comenzó a alejarse de él lentamente, y cuando se tocó el rostro con la punta de sus dedos, descubrió que había algo sólido en ese lugar, que no se caía. Se pellizcó suavemente para quitárselo, y se sorprendió mucho al notar que, en el surco de sus lágrimas, se había formado una gota brillante, de un color un poco más claro que sus ojos, pero mucho más translúcidos. Ahí recordó lo que se decía de las lágrimas de las sirenas, que se transformaban en joyas cuando las soltaban con tristeza, pensando en alguien que amaban. Y sonrió.
- ¡Ja! De verdad que estoy enamorada de ti, o no se hubiera vuelto una joya –susurró, mientras tomaba una mano de Senku, y le ponía la pequeña piedra aguamarina en su palma, cerrándole encima los dedos, y cubriéndola con sus propias manos– Gracias, Senku.
Kohaku lo miró a los ojos, grabándose esa preciosa mirada carmín, esos orbes que también parecían joyas para ella, y se movió para apoyarse en el borde del barco.
- Espera… –murmuró el peliverde, pero ningún sonido logró formarse con claridad para ser escuchado.
- Hasta la próxima vez, Senku.
- Kohaku…
Cuando logró pronunciar el nombre de la joven, ella ya se había dejado caer, y había desaparecido bajo el azul profundo y la espuma de mar. Había sucedido tan rápido todo, su mente no había alcanzado a procesarlo realmente. ¿En qué momento… cómo…? Ni siquiera ahora podía formar un pensamiento claro, pero ya era demasiado tarde. Abrió los dedos de su mano, y observó la preciosa y pequeña piedra aguamarina, que verdaderamente había visto cómo se había transformado de una lágrima líquida a esa piedra sólida, y la incredulidad también le había impedido hablar, no lo creía posible, hasta ese día era una leyenda solamente. Se sintió estúpido, recordando que había estado con una auténtica sirena todo ese tiempo, en especial los últimos días desde que ella ya estaba en su forma original. Tan inmerso en las medicinas, investigaciones y análisis, no se había percatado de nada, ni siquiera se había puesto a pensar en que Kohaku de verdad iba a despedirse y volver al mar. Y había vuelto, sin duda alguna. Tanto que le gustaban la realidad y los hechos, ahí tenía uno, comprobable e irrevocable.
Las horas pasaron, que se volvieron días. Senku se había agarrado una manía, y era observar la superficie del mar cercano al barco, como si en algún momento fuera a salir algo, o alguien, aunque estuvieran en pleno altamar y sin nada alrededor. Y cuando hacía eso, su mano inconscientemente se volvía al bolsillo de su pantalón, donde guardaba aquella pequeña piedra aguamarina. Pero nada sucedía nunca, el mar seguía imperturbable, solamente removido por sus olas, y sin embargo él no abandonaba su costumbre. Hasta que un día, vio unas llamativas burbujas en la superficie del agua, concentrándose en un punto. Un impulso más fuerte que su razón lo llevó a asomarse, su corazón martillando contra su pecho, una emoción eléctrica recorriéndolo con expectativa. Había algo allí abajo, diez billones por ciento seguro de eso. La tensión superficial del agua se acomodó a una forma redondeada que todavía se ocultaba debajo... Era extraño, pero podía oír su nombre, como si lo estuviesen llamando desde las profundidades del océano. Y así como la figura bajo el agua, el sonido emergía con más claridad, revelando…
- ¡SENKU! ¡OYE!
Un sacudón un poco violento lo removió, y de repente encontró los grandes ojos aguamarina de Kohaku delante de su rostro. Kohaku, ¿de verdad era ella? Tanto tiempo, y sí, tal como ella había dicho, se volverían a encontrar de una forma u otra.
- Kohaku… estás aquí, volviste –Pero había algo diferente– ¿Cómo recuperaste tus piernas?
- ¿Eh? ¿De qué hablas? Despierta de una vez, y deja de hablar en sueños. Vamos, que François ya preparó el desayuno.
La rubia le tendió la mano para ayudarlo a levantarse, y mirando alrededor se dio cuenta que estaba en la cubierta del barco, y el sol del nuevo día le molestaba a los ojos. La realidad comenzaba abrirse paso en su cabeza, y a su alrededor. ¿Había sido todo un sueño? Demasiado real, aunque los sueños siempre se sentían reales, pero esta vez… sacudió la cabeza. Cuando se puso de pie, no le soltó inmediatamente la mano a Kohaku. Y soltó una risa, mientras la miraba a los ojos con un brillo nuevo en ellos.
- Volvernos a encontrar de una forma u otra… tenías razón. Pero al menos ahora estamos para quedarnos juntos.
- ¿Qué dices?
- Nada, leona, vamos.
Buenaaas! C'est finit! Esta historia ha llegado a su fin. Fuaaa rozando los 15k, otro récord… pero lo merecía, y bueno, "salió". Espero que la hayan disfrutado mucho, gracias por tanto amor, apoyo, reviews, y comentarios. Yo sí amé escribirla, y me divertí mucho :)
Ahora sí, me pongo con "Cautivos", y quiero darle luego el merecido final al último capítulo de "No es ciencia, es amor", y al de "Juntos", que los dejé varados, pero tengan paciencia xD. Y hay varias ideas más, one-shots, cositas originales… sorpresa! Hasta la próxima historia, y gracias totales!
