¡Hola de nuevo! Antes que nada, me gustaría pedir disculpas por la tardanza en actualizar, la verdad es que últimamente he estado algo ocupada y se me ha complicado escribir, ya que los pocos ratos libres que tenía los terminaba dedicando a otras cosas. Pero ya estoy aquí, he vuelto, y espero que disfrutéis de este nuevo capítulo. Gracias nuevamente por vuestras visitas y sobre todo por vuestras reviews, que siempre son un aliciente a la hora de seguir escribiendo. En fin, no me enrollo más, a leer!


6

Regina decidió que, como la rubia seguía afectada, lo mejor sería ir a su casa. Su padre saldría tarde de trabajar y no esperaba ver a su madre hasta la noche. Lo que necesitaba Emma era un ambiente tranquilo, quizás algo para beber y una amiga en la que apoyarse.

La muchacha no había dicho nada en todo el camino, pero había seguido a Regina en silencio, siempre unos pasos más atrás. Más de una vez, la morena tuvo que girarse para asegurarse de que seguía allí.

Una vez en el recibidor, tras la última mirada hacia detrás, Regina se fijó en la mirada triste y brillante de Emma. Aunque no hubiera pasado por la misma situación, sabía que el dolor la estaba consumiendo, y verlo sin saber cómo ayudar era frustrante para ella.

- Lo siento mucho. – dijo, siendo completamente sincera. – De verdad.

La rubia no respondió. Estaba estática desde que habían entrado, no se había movido ni un solo milímetro. Sin embargo, tampoco había apartado sus ojos de ella. Regina se acercó lentamente, no sabiendo bien cómo actuar, pero tuvo que recular, contrariada, cuando Emma la rechazó.

- ¡No! – gritó, con lágrimas en los ojos. – ¡No puedes decir que lo sientes! Tú no…tú no lo entiendes… - su voz se fue debilitando, el sonido haciéndose más bajo cada vez, a la vez que intentaba abrazarse a sí misma.

Otra vez aquello. Cada vez que alguien le decía que lo sentía, Emma se cerraba en banda, no atendía a razones. La morena se sintió atacada por aquel comentario. Quería comprenderla, de verdad que quería. Y sabía que no lo hacía a propósito, pero no podía seguir así o la situación se volvería inaguantable.

- No es justo, Emma. – se quejó – No puedes fingir que la única que sufre por la muerte de tu padre eres tú. – continuó, intentando ser lo más delicada posible – Es cierto que nadie va a sentirlo como tú o tu familia, pero todo el pueblo apreciaba a David, no puedes pretender que no les importe.

Ni una palabra por parte de la rubia. Seguía allí, mirándola con los ojos aguados, rastros de lágrimas manchando sus sonrosadas mejillas.

- Tu hermano, tu madre…ellos sí pueden entenderte, saben el dolor por el que estás pasando. – retomó la palabra Regina. – Y el resto, aunque no hayan pasado por ninguna situación igual…o parecida, intenta hacerlo. O al menos intenta ayudarte. Ruby lo hace todo el tiempo. Hoy también lo he visto en Graham, él te aprecia y por supuesto apreciaba a tu padre. Mi padre… - su voz se quebró, pero siguió hablando – Mi padre apreciaba a David, eran amigos…y yo, Emma, soy tu amiga…solo quiero ayudarte, al menos a que tu vida no sea una tortura.

Emma seguía callada y quieta en el mismo sitio, pero aquellas palabras parecían haber tenido efecto, pues ahora lloraba en silencio, sin siquiera intentar secar aquellas lágrimas, que no paraban de salir.

Regina se dedicó solo a mirarla, durante unos breves segundos. Segundos que parecieron una eternidad. Al ver que la otra chica no paraba de llorar, se sintió repentinamente mal. ¿Se habría equivocado en algo?

- ¿Me he pasado? – se atrevió a susurrar.

La rubia sacudió la cabeza enérgicamente, negando.

- No… - sollozó - es que tienes razón. Perdóname, Regina.

- No tienes que pedir disculpas. No estoy enfadada, ni ofendida, ni siquiera triste. – respondió. – ¿Me esperas en mi habitación? Enseguida subo.

Tras un simple asentimiento, Emma se alejó y recorrió ese camino que, aunque solo lo había hecho una vez, ya se sabía de memoria.

Unos minutos más tarde, Regina apareció tras la puerta con una bandeja y dos tazas encima. Emma la esperaba sentada en su cama, algo incómoda.

- Nos he preparado chocolate caliente. – dijo, señalando las tazas. – Al tuyo le he puesto canela, creo que te gusta.

- Sí. – respondió Emma, de manera casi inaudible. – Gracias.

La morena sonrió ligeramente, antes de alcanzarle el chocolate y sentarse junto a ella. Agradeció mentalmente a Ruby por aquel comentario sin sentido en algún momento que no recordaba exactamente. "A Emma le encanta el chocolate con canela" había dicho, sin contexto ninguno.


Después de un tiempo prudencial y dos tazas de chocolate vacías, Emma parecía más tranquila, al igual que Regina. La tensión había desaparecido junto a las lágrimas.

- Me gustaría enseñarte una cosa. – dijo la morena, para acto seguido dirigirse a uno de los cajones de su escritorio y sacar de allí una foto. Se acercó a su amiga y se la tendió. – Mírala.

- Eres tú… - respondió, sorprendida, al ver una pequeña Regina con una sonrisa a la que le faltaban dientes. – Con mi padre. – siguió, sin comprender nada.

- David solía cuidarme cuando era pequeña y mis padres tenían cenas importantes o salían por ahí. – explicó.

- No lo sabía…él nunca…nunca me lo dijo. Siempre hablaba bien de ti, quería que tú y yo fuésemos amigas, pero…

- Mis padres y los tuyos tuvieron una pelea un par de años antes de adoptarte. – la interrumpió Regina. – Mi madre…en fin, mi madre empezó a avergonzarse, no sé por qué motivo. Y entonces David dejó de cuidarme e intentó fingir que eso nunca había pasado. – sacudió la cabeza al recordar – Pero eso no es lo importante. Tu padre siempre me dijo que quería tener una hija, para poder contarle cuentos como me los contaba a mí. Y al final, lo consiguió. – terminó, con una sonrisa triste.

- Yo… - balbuceó Emma – no sé qué decir. Regina…

Regina no respondió, simplemente se lanzó a abrazarla. La rodeó con fuerza, como si en algún momento se le fuera a escapar.

- Lo siento muchísimo, de verdad. – dijo, casi en un susurro. – Ojalá no hubieses tenido que pasar por ello.

Por primera vez, Emma no reaccionó mal a aquellas palabras. Por primera vez, solo suspiró y sonrió con tristeza.

- Gracias.

Después de un largo rato en silencio de nuevo, manteniendo el abrazo, se separaron, casi a regañadientes. Entonces, la rubia se soltó, como si hubiera guardado esas palabras durante tanto tiempo que, ahora, tenían que salir. Habló de sus antiguas amigas, de Ruby, de August, y del tema más delicado de todos: su madre.

Emma explicó a Regina cómo se había sentido y cómo se había comportado con su madre después de la muerte de David. La morena la escuchó atentamente, entendiendo la frustración que podía haber sentido en aquel momento. Desde fuera podía verse excesivo, pero nunca se sabe cómo se va a reaccionar frente a un trauma o una situación difícil.

- ¿Sigues culpando a tu madre? – preguntó, deseando obtener una respuesta negativa.

La rubia sacudió la cabeza.

- No, ya no. Sé que ella no tiene la culpa de nada. Yo… - paró un segundo para recobrar fuerzas. – Estaba frustrada y necesitaba culpar a alguien. Ella ha sufrido mucho por mi culpa, Regina, y ni siquiera puedo pedirle perdón. Ni siquiera puedo mirarla sin avergonzarme.

Regina tomó sus manos entre las suyas y la miró a los ojos.

- Estoy segura de que tu madre sabe que no la odias. Encontrarás el momento para decírselo.


El resto de la tarde había pasado rapidísimo, haciéndose de noche sin que ninguna de las dos chicas se diera cuenta. Regina había propuesto ver una película para olvidar tanta tristeza y tanto llanto, cosa con la que Emma estuvo de acuerdo en seguida.

Ninguna de las dos habló en toda la película, estaban concentradas en la historia y también cómodas, ni había necesidad de estropear el momento con palabras. Estaba a punto de terminar cuando un sonido en la puerta las interrumpió.

Regina se levantó para abrir, esperando a su padre detrás de ella, pero se llevó una desagradable sorpresa.

- Madre… ¿qué haces aquí? Es pronto. – dijo nerviosa, comprobando la hora en su reloj.

Para su sorpresa, no era pronto. Eran pasadas las diez, por lo que era completamente normal que su madre estuviera en casa.

- Buenas noches, Regina, ¿así es como recibes a tu madre? – saludó, seria – Te crié para que fueras más educada, sobre todo cuando hay visita. – dirigió su mirada a Emma. – Buenas noches, señorita Swan.

Emma y Regina tragaron en seco a la vez. La presencia de Cora era intimidante, y la morena sabía de sobra que estaba en problemas. Sin duda, le esperaría un sermón de su madre, en el que criticaría a Emma y por supuesto, también a ella. Duramente.

- Buenas noches, señora Mills. – dijo Emma, educadamente. Se levantó y sacudió un poco la ropa. – Se ha hecho tardísimo y no nos hemos dado cuenta. En mi casa deben estar esperándome para cenar. Si me disculpa, me despido ya…

La rubia había soltado su discurso sin apenas respirar. Estaba visiblemente nerviosa, buscando un rápido escape de aquella casa. Cora consintió con un simple asentimiento, y las chicas se despidieron con una breve mirada. Regina comprendió al momento lo que debía estar sintiendo Emma, así que no le reprochaba nada.

En cuanto la muchacha desapareció y se oyó cómo se cerraba la puerta principal, Cora dio un paso adelante y entró a la habitación de su hija, lentamente, tanto que dolía. Analizó su alrededor, en silencio, y terminó por sentarse en la cama.

- Así que…¿Emma Swan?

- Es mi compañera de clase. – se apresuró Regina a responder. – Hoy hemos quedado para hacer el proyecto de Archie, nos ha tocado juntas.

- Eso no explica por qué estabais viendo una película.

- Oh, fuimos terminamos más temprano de lo que creíamos y creí oportuno ser amable, madre.

Cora sonrió y la morena tuvo miedo.

- Una cosa es ser amable y otra caer tan bajo, Regina. – las palabras salieron de su boca a cámara lenta. – Creía que te respetabas más, o que te había enseñado mejor.

- ¿Mejor en qué sentido, madre?

- No puedes estar con cualquiera, hija. – dijo ligeros golpes sobre el colchón, indicando que se sentara a su lado, y una vez la morena lo hizo, prosiguió. – Debes juntarte con gente de nuestro nivel, ya te lo he dicho.

- Sí, madre.

- No me digas "sí, madre" cuando no has hecho más que arruinarte la vida los últimos dos meses. Robin era un buen partido, y lo dejaste. Tus amigas han venido a quejarse de que últimamente pasas mucho tiempo con esa huérfana…

Regina suspiró, intentando contenerse y no responderle a su madre. Estaba siendo suave, casi dulce, pero la dulzura de Cora Mills no era más que pura fachada, ya la conocía muy bien. Temía responderle y que las consecuencias fueran peores, pero la rabia crecía en su interior con cada palabra que escuchaba.

No quería a Robin, madre. – explicó, sencillamente. – Y si paso tiempo con Emma es porque es mi compañera de proyecto.

- Querida Regina, a estas alturas deberías saber ya que el amor no es más que debilidad. No es importante si quieres a Robin o no, sino lo que puede aportarte en el futuro. Dinero, poder, influencia. Eso es lo que realmente importa.

- Pero…

- No me repliques – la interrumpió Cora. – Voy a estar vigilándote, y si veo que sigues relacionándote con esa familia – dijo con desprecio – voy a tener que hablar con el director para que te cambie de compañera de proyecto y de clase.

- ¡Pero madre! – intentó quejarse de nuevo Regina – No puedes hacer eso.

- Puedo y lo haré si no me haces caso. Te autorizo a continuar ese proyecto, siempre y cuando lo hagas en la biblioteca y esa huérfana no vuelva a pisar mi casa. Pero no soy idiota hija, ya lo sabes…no he invertido en tu educación para que seas una inútil como tu hermana o tu padre.

Ella nunca hablaba de Zelena. Nunca. Desde que se marchó a la universidad hacía como si su hija mayor no existiese y como si no formase parte de la familia. Y las pocas veces que la pelirroja visitaba la casa, hablaban lo menos posible, ya que cuando lo hacían sólo discutían.

Sin una palabra más, se levantó y se dirigió de nuevo a la puerta. Antes de marcharse, se giró hacia su hija por última vez.

- No vas a cenar, ¿verdad?

- No – respondió la morena, de manera apenas audible.

- Bien, por hoy te lo permito. De todas maneras, has engordado, no te vendrá mal no comer esta noche. – Cora hizo un amago de girarse, pero recordó algo. – Y no lo olvides. No me decepciones.

Sin ganas después de esa agotadora charla, Regina se metió directamente en la cama, sin molestarse en cambiarse y ponerse el pijama. Sólo quería llorar y olvidar todo aquello. Solo quería dejar de existir por un momento…o una eternidad.


Los días que siguieron fueron una tortura para Regina Mills. Intentaba, más mal que bien, sobrevivir a los ataques y al control de su madre sobre ella, escapándose cada momento que podía a desahogarse. Llorar era la forma más fácil de hacerlo. Se pasó, prácticamente, todo el fin de semana encerrada en su habitación, metida en su cama, o en el baño. Llorando sin parar.

No era justo. Una familia como la suya, una que lo tenía todo, no podía ser así. La actitud de Cora y la cobardía de su padre acababan poco a poco con su vida.

En clase las cosas iban como siempre, sin contar con la disminución de sus interacciones con Emma. Se sentía vigilada todo el día, desde que llegaba hasta que se iba, y luego en su casa otra vez. Sus amigas, sin embargo, podían decir lo que quisieran sobre ella y su madre las creería.

Regina se dedicaba a pensar, a pensar mucho. Cada vez más, pues día a día se iba encerrando en sí misma y con la única persona con la que se atrevía a compartir sus cosas, estaba lejos.

Pero no todo era malo. En apariencia, Regina había cortado casi toda relación con Emma que no fuese referida a las clases. Pero paralelamente, hablaba con Ruby sobre el cumpleaños de la rubia, al cual aún no sabía si podía ir o no. La verdad era que lo deseaba con todas sus fuerzas, pues la muchacha contaba mucho para ella – cada día más – y no quería perderse ese día tan importante.

Pero tenía que idear un plan. Un plan que dejase fuera a sus amigas, a su madre, y a cualquiera que pudiese darle información a esta última.

Quién lo diría, era irónico, Regina Mills saltándose las normas…y por Emma Swan.


Bueno, no ha pasado mucho en el capítulo, la historia apenas ha avanzado y ha sido más bien cortito, lo sé, pero quería enfocarme un poco más en Regina y en todo lo que pasa por su interior. Seguiremos explorando su personaje en los próximos capítulos. Pero decidme, ¿os ha gustado? ¿Creéis que Regina va a poder ir al cumpleaños de Emma? Dejádmelo en los comentarios :P