¡Hola! Estoy aquí con un nuevo capítulo. Esta vez sí que no me extiendo mucho, muchísimas gracias por los comentarios y por seguir leyendo esta historia. Además, estoy sorprendida de que haya una review en inglés! Sammii16, so glad you like this story! hope you keep enjoying it :)

Ahora sí, ¡a leer!


9

Después de escuchar el grito de su padre, Regina se dejó caer al suelo, aún pegada a la puerta. No escuchó nada más durante unos segundos, que se volvieron los más largos de su vida. De repente sentía como si no estuviera dentro de su propio cuerpo, incapaz de hacer cualquier movimiento. Poco más tarde, se recuperó del shock y volvió a escuchar las voces de sus padres, aunque muy lejanas. No podía distinguir qué estaban diciendo.

Evidentemente, aquella noticia era buena. Para ella, para su hermana, e incluso para su padre. Para todos. Pero, ¿qué pasaría de ahora en adelante? El futuro era incierto, y ella deseaba quedarse con su padre.

Al cabo de más de una hora, sintió unos ligeros toques a la puerta de su habitación y luego escuchó el ruido de las llaves, liberándola por fin. Detrás de la puerta se encontraba su padre, con una sonrisa triste y cara de alivio.

- Regina… – susurró, sin más.

La morena se lanzó a los brazos de Henry y lo abrazó todo lo fuerte que sus brazos le permitieron. Agradecía tanto que estuviera allí, que no hubiera sido Cora la que estaba detrás de la puerta, que por fin pareciera que no estaba bajo el yugo de su madre.

- ¿Se ha ido mamá? – preguntó, vacilante.

- Sí. Supongo que lo has escuchado todo.

- No todo. He oído que le pedías el divorcio. Luego no sé qué ha pasado.

- Hemos discutido. – explicó Henry. – Se ha enfadado, como era de esperar, ya conoces a tu madre. Pero ha aceptado, ha recogido sus cosas y se ha marchado.

- ¿Va a haber…algún problema? – cuestionó Regina. – Es decir, ¿me voy a quedar contigo?

- Tú eres casi mayor de edad, Regina, y estoy seguro de que en el juzgado tu palabra va a contar más que la mía o la de tu madre. Pero ten en cuenta que ella va a intentar todo lo que esté en su mano para dejarme en mal lugar.

Regina asintió, entendiéndolo todo.

- Hija, yo no te voy a imponer las normas exigentes de tu madre ni te voy a encerrar en tu habitación. – continuó Henry. – Podrás salir y hacer vida normal siempre que quieras, pero hay un par de normas que sí necesito que cumplas.

- ¿Cuáles?

- No faltes a clase, no dejes de lado tus estudios y por favor, mantén las notas que tienes, ¿de acuerdo? No me voy a interponer en tu amistad con Emma, lo sabes, pero no descuides las clases. Es lo único que te pido, al final será mejor para ti y tu futuro. Sé que no es complicado para ti.

- No te preocupes, papi. Voy a seguir siendo la estudiante brillante de siempre. – prometió, con una sonrisa. – ¿Puedo salir esta tarde?

- Por supuesto que sí. Puedes salir siempre que mantengas tu promesa, pero no llegues muy tarde.

- Prometido.


Emma había ido a buscar a Ruby a Granny's porque no aguantaba más tiempo en su casa. Su pierna se movía ininterrumpidamente dando ligeros golpecitos en el suelo, pues estaba nerviosa. Llevaba ya 45 minutos esperando a que su amiga terminase su turno y, aunque sabía que debía ser paciente, no podía. Ese día no.

Cuando vio a la morena quitarse el delantal por fin, sintió ganas de arrodillarse y dar las gracias a Dios las veces que hicieran falta.

- Lo siento Emma, la abuela ha tenido mucho lío esta mañana y no me he podido escapar antes.

- No te preocupes. – respondió ella, aún nerviosa, con su móvil en la mano.

- Sí me preocupo. ¿Te has visto cómo estás? Venga, te acompaño al baño a que te laves la cara. Ahora salimos y me cuentas.

Pocos minutos después, ya en la calle, Emma explotó. Le enseñó a Ruby toda su conversación con Regina, hasta la madrugada, y luego sus mensajes sin responder. Nada.

- Vaya, estos mensajes hasta las 3 de la mañana no tienen pinta de ser mucho mensajes de amistad, ¿te das cuenta?

- Ruby, eso no es lo importante. – la regañó la rubia. – ¿Crees que le habrá pasado algo? Su madre la encerró en su habitación. Sin comida, ni agua, ni nada. La encerró.

- Sí, lo he pillado Emma. Su madre es una zorra loca que la maltrata psicológicamente. Que Regina no te haya contestado no quiere decir que le haya pasado algo. Quizás le han quitado también el móvil.

Emma lo pensó mejor al escuchar las palabras de su amiga. Sí, ella tenía razón, lo más probable era que Cora le hubiera quitado el móvil. Pero, ¿y si no? ¿Y si le había pasado algo de verdad?

- Emma. – Ruby interrumpió sus pensamientos. – No quiero que pienses en hacer ninguna locura. Estoy segura de que Regina está bien, o todo lo bien que puede estar bajo el techo de una madre loca como la suya.

- No, no estoy pensando en hacer ninguna locura.

- ¿Quieres que nos acerquemos a su casa a comprobar si está bien? O al menos, si está todo normal.

- No, no. Su madre me odia, es mejor que no me vea por allí. A lo mejor es capaz de hacerle algo peor a Regina.

Ruby se quedó pensativa durante unos minutos, observando a la rubia. Seguía nerviosa, pero un poco menos que cuando llegó. Sabía que no iba a conseguir que se olvidase de aquella situación y que iba a estar pendiente del móvil todo el día, pero necesitaba distraerla.

- ¿Sabes lo que vamos a hacer? Vamos a volver a Granny's y me vas a ayudar a hacer todos los pastelitos que necesita mi abuela para esta tarde.

- Ruby, este es el peor plan del mundo. Preferiría incluso ir de compras contigo, con lo horrible que es.

- Me adoras y necesitas estar ocupada, así que como las tiendas están cerradas hoy, no nos queda nada mejor que hacer.


Lo primero que había hecho Regina después de hablar con su padre, había sido desayunar todo lo que tenía prohibido. Tenía un hambre atroz, pues la noche anterior apenas había probado bocado tampoco.

Después, ya con el estómago lleno, supo que la primera persona en conocer la noticia debía ser su hermana. Esperaba que eso hiciera a Zelena visitarlos más a menudo, pues la echaba mucho de menos y estaban en un momento en el que debían apoyarse la una a la otra, más que nunca.

- ¿Zel? – preguntó rápido, nada más escuchar cómo la pelirroja había descolgado el teléfono.

- Hola, Regina, ¿ha pasado algo?

- ¿Tiene que pasar algo para que quiera hablar contigo? – preguntó la morena, haciéndose la ofendida.

- Para que me hables así, sí. Así que ya me estás contando todo. ¿Es una buena noticia? ¿Tiene que ver con tu solo-amiga?

- Sí, es una buena noticia, supongo, y no, no tiene que ver con Emma.

- ¿Entonces?

Regina notó que su hermana se estaba poniendo nerviosa, pues ella nunca había sido muy paciente, y menos para ese tipo de cosas.

- Papá y mamá se van a divorciar. Han discutido, papá le ha pedido el divorcio y mamá se ha ido de casa.

- ¿QUÉ? – gritó Zelena. Durante unos segundos se escuchó la línea entrecortada, pero en seguida volvió a la normalidad. – A ver, cuéntamelo todo, Regina.

- Mamá me encerró en mi habitación por haber ido al cumpleaños de Emma, organizó una cena con Robin para que yo volviese con él y después me volvió a encerrar. Hasta esta mañana, que los he escuchado discutir y ha pasado todo lo que te he dicho.

- No me lo esperaba, pensaba que papá nunca sería capaz de hacerlo.

- Ya, yo también. – admitió la morena.

- ¿Cómo estás tú? – preguntó la pelirroja, preocupada. – Iré a visitaros el próximo fin de semana, lo prometo.

- Estoy bien. Papá me deja salir y parece que todo va a ir bien en el juzgado. No quiero hacerme ilusiones, pero creo que mamá no va a conseguir nada.

- Claro que no va a conseguir nada. Te faltan unos meses para ser mayor de edad. No te preocupes.

- Sí. Gracias, Zel.

Se quedaron charlando un rato más, hasta que Regina quiso dejar de robarle tiempo a su hermana, que tenía que estudiar. Afortunadamente, aquella conversación había sido un bálsamo para las dos, que se sentían más tranquilas. Era como quitarse un peso de encima, aunque aún tuvieran que pasar un proceso para que aquello fuese una realidad.


Esa misma tarde, contenta por tener permiso para salir de nuevo, Regina salió de casa mintiéndose a sí misma, diciéndose que solo se trataba de un paseo para poder volver a respirar el aire del exterior.

Sin embargo, tenía las ideas muy claras, sabía perfectamente a dónde quería ir. Después de deambular un rato por aquí y por allá, emprendió camino hacia el que realmente había sido su destino desde el principio: la casa de Emma.

Los Nolan-Swan-Booth vivían en una casita modesta, ni muy pequeña ni muy grande. La fachada estaba pintada de naranja y se ajustaba perfectamente a las necesidades de la pequeña familia. Y, aunque ella y su hermana estuvieran acostumbradas a vivir con todo tipo de lujos, Henry les había enseñado que no era necesario todo aquello para ser feliz. Por eso, la morena no juzgaba a los demás por su dinero o por el sitio donde vivían.

Cuando por fin llegó no le dio tiempo de llamar al timbre, pues August se asomó desde el jardín trasero para saludarla.

- Ah, escuché a alguien venir pero no sabía que eras tú, Regina.

- Hola, August. – saludó ella, educadamente. – Estoy buscando a Emma. ¿Está en casa?

- Vaya, y yo que creía que venías a visitarme a mí. – bromeó. – Emma salió hace ya unas horas con Ruby, parecía nerviosa esta mañana. Pero debe de estar al llegar, por si quieres esperarla aquí.

Regina dudó un momento. No le agradaba mucho la idea de quedarse esperando sin saber cuándo llegaría su amiga, pero tenía tantas ganas de contárselo todo que no podía esperar. Ni siquiera había considerado la opción de llamarla o continuar la conversación que habían dejado de madrugada – había olvidado su móvil completamente –, quería verla en persona.

- Si no es molestia, me gustaría esperar. – pidió.

- No te preocupes. – dijo August. – Ven, pasa, ¿quieres beber algo?

La morena negó tímidamente y se sentó en uno de los sofás del salón. August se sentó frente a ella.

- Gracias por venir al cumpleaños de Emma. Ella…ella lo aprecia mucho.


Emma había acabado agotada de ayudar en la cafetería, pero aquel rato le había servido para distraerse, tanto que incluso se quedó horas de más. Si pensaba más en Regina podía explotar. Comprobó su móvil nada más salir, pero no había ningún mensaje ni ninguna llamada. ¿Qué habría pasado?

En contra de sus impulsos, rechazó la idea de pasar por casa de la morena para comprobar si estaba bien, y se contentó con dirigirse a la suya. Al fin y al cabo, al día siguiente era lunes y seguramente la vería. Claro que nada le garantizaba poder hablar con ella, pues se esperaba la peor de las amenazas por parte de su madre. Era todo tan frustrante.

El último tramo de su camino se concentró en golpear una piedrecita con el pie, para olvidarse de todo lo demás. Sólo quería que pasaran las horas y fuese lunes de nuevo. Quién le habría dicho un año antes que estaría deseando volver a clase.

Sacó las llaves de su bolsillo algo extrañada, pues escuchaba ruidos en el salón. Podrían tener una visita, sí, pero eso no era común desde que su padre no estaba. Nadie quería visitarlos excepto Ruby. Su sorpresa fue mayúscula cuando vio a su hermano y a Regina en los sofás, riéndose por algo. Parecían divertirse mucho, parecían muy felices.

- Hola… - susurró, con un gesto sombrío. Estaba contenta por ver a su amiga, pero empezaba a sospechar algo que no le gustaba.

- ¡Emma! – exclamó August. – Regina te estaba esperando. Venga, os dejo. – continuó, levantándose y desapareciendo de aquella habitación.

Por la cabeza de la rubia pasaron miles de pensamientos y preguntas. Quería abrazarla, preguntarle qué tal estaba, quería reprocharle no haberle escrito, luego abrazarla otra vez, volver a asegurarse de que estaba bien…sin embargo, solo un pensamiento salió de su boca:

- ¿Te gusta mi hermano?

Regina la miró, frunciendo el ceño. Parecía no entender la pregunta, pero no tardó en responder.

- Sí, me gusta mucho, es muy simpático.

- ¿Por qué? – preguntó la rubia, dolida.

La morena la miró extrañada otra vez.

- Euh…es gracioso, me hace reír mucho…

- Ya…yo también te hago reír… - respondió Emma, en un susurro.

- Emma – la intentó interrumpir Regina, pero esta no la dejó.

- ¿Por qué? – repitió, ahora con la voz más aguda, las lágrimas formándose en sus ojos.

Regina no pudo responder, pues su amiga había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos por las escaleras. Entonces, y solo entonces, algo hizo click, y comprendió muchas cosas.


¿Os ha gustado? Parece que Regina ha atado cabos y conoce los sentimientos de Emma ;)