¡Hola! Lo siento, sé que he tardado muchísimo en actualizar pero con esto de la cuarentena mis horarios de sueño se han vuelto un poco locos y he tenido que cambiar también mi rutina de escribir. Me alegro mucho de que os haya gustado el capítulo anterior y que sigáis leyendo esta historia. Espero que este nuevo capítulo también os guste. Agarraos que vienen curvas :P
10
Todo lo que sucedió inmediatamente después de la huida de Emma había sido, cuanto menos, extraño. Al menos en la cabeza de Regina. August le había pedido que se marchara, pues la rubia no iba a atender a razones de ninguna manera. No ese día.
La morena se fue con la sensación de que el hermano de Emma había comprendido bien que no le gustaba de gustar, sino que simplemente le parecía amable y le caía bien, o al menos eso esperaba. Con su amiga, sin embargo, iba a ser mucho más complicado. Además de por lo que le había dicho August, ella ya sabía que Emma no querría escucharla.
Todo había salido mal, y lo único que había querido ella era contarle las buenas noticias, decirle que ya no había problemas y no tenía que preocuparse por las amenazas de su madre. ¿En qué momento las cosas se habían vuelto tan difíciles?
Ahora tenía más claro que nunca que Emma tenía sentimientos por ella, quizá más profundos de lo que nunca podía haberse imaginado, y le había hecho daño. Ella no quería ver a Emma sufrir.
Las palabras de Kat y de su hermana le venían a la cabeza repetidamente. Ellas habían tenido razón todo el tiempo. O habían tenido razón parcialmente, pues sus sentimientos por Emma no iban en esa dirección. Bueno, en realidad no estaba segura.
August entró en la habitación de Emma sin hacer ruido. Encontró a su hermana metida en la cama, cubierta con las sábanas y todo lo que había podido encontrar. No había hecho un destrozo, lo que significaba que, en los últimos meses, la cosa había mejorado.
Se sentó en la cama en silencio, esperando a que la rubia diera el primer paso. Sabía que estaba llorando debido a los pobres intentos de Emma por parar o porque no se la escuchara. Poco después, la vio asomando la cabeza entre las sábanas.
- ¿A qué has venido? – preguntó, enfadada.
- Sabes muy bien que a Regina no le gusto. – respondió él, simplemente.
- Sí, lo ha dicho ella. Tú mismo lo has oído.
- Yo he oído que a Regina le caigo bien. Nada más. Se ha ido bastante afectada.
La tranquilidad de August aplacaba todas y cada una de las reacciones de Emma. Siempre había sido así. Él era su calma, siempre había sido un puerto seguro al que acudir, aunque también tuviese sus momentos de imprudencia.
- ¿Ahora qué se supone que voy a hacer? – preguntó ya más calmada, más preocupada por lo que diría Regina que por otra cosa.
- Pues lo mínimo, deberías escucharla. – respondió su hermano – Es tu amiga, y está preocupada por ti. Y quién sabe lo que pueda pasar, ¿eh? – dijo, con una sonrisa.
El atisbo de una sonrisa apareció en el rostro de la rubia, aunque ella tenía como certeza que recibiría un no.
- Yo no le gusto, August, y encima ella ahora lo sabe, soy idiota. – se quejó – No tenía que haber reaccionado así, pero…
- No eres idiota, Emma, eres impulsiva. Y te sentiste traicionada, lo entiendo. – asumió él. – Pero no pasa nada, algún día tenía que ocurrir. Al menos así no te vas a estar preguntando siempre qué pasaría…
- ¿Y si se ríe de mí?
Aquel era uno de los mayores miedos de la rubia. Recibir las burlas de Robin podía tolerarlo, incluso las del trío del mal, pero recibir las de Regina nunca lo soportaría.
- Creo que la señorita Mills es la última persona que se reiría de ti, Emma. – concluyó August, revolviéndole el pelo. – Ya verás como la cosa va bien.
Regina siempre había sido una alumna excelente, pero nunca había guardado tanto silencio en clase. Parecía ausente, a pesar de hacer correctamente todo aquello que sus profesores pedían. Respondía como un robot, como si se hubiera preparado para actuar de la manera que debía respecto a cada pregunta que le hacían, a cada comentario, pero no estaba presente.
Su mente, desde luego, no estaba ahí. No había hablado con nadie de lo ocurrido, se había dedicado a darle vueltas horas y horas sin poder dormir. Emma no había aparecido por clase y Ruby tampoco sabía nada de ella, lo que agravaba la situación.
El miércoles a segunda hora, la cosa cambió. La que una vez fue un torbellino y otra la problemática de clase, se arrastró hasta su pupitre y se sentó, en completo silencio también. Entregó un justificante a Archie e hizo como si nada hubiera pasado. No le dirigió la mirada a Regina en ningún momento.
Se respiraba tanta tensión que cada una por su lado se preguntó si el resto también podía notarlo.
En cuanto sonó la campana del descanso, la morena hizo lo que llevaba pensando toda la mañana. Sin miramientos, agarró a Emma del brazo y literalmente y bajo la mirada del resto, la arrastró consigo hasta la biblioteca. Ahora que tenían un lugar seguro, decidió que ese era el mejor sitio para hablar.
No le importó a quién se cruzó en los pasillos, no le importaron las quejas de Emma, sorprendida. Tampoco le importó hacer ruido. Ni que hubiera gente allí sentada. Los miró a todos de manera fulminante y susurró un "fuera" que hubiera hecho correr incluso al más valiente. Solo entonces, se dejó caer en la silla.
- Cuando quieres das verdadero miedo. – dijo Emma, aún sorprendida por el comportamiento de Regina.
- Tenemos que hablar.
A pesar de que ya sabía lo que le iba a decir – más o menos -, la rubia tragó saliva. Nunca había visto a su amiga así y le imponía mucho respeto.
- Escucha, Regina… - empezó a decir Emma, intentando escaquearse de aquello lo más pronto posible, pero la morena la interrumpió.
- No me gusta tu hermano. – dijo, calmada. – Siento si el otro día no me expresé bien. Quería decir que me caía bien, eso es todo. Estuvo el rato que te estuve esperando conmigo y fue muy amable.
Emma asintió, pero no se atrevió a decir nada esta vez, por lo tanto Regina continuó:
- Mira, yo… - se quedó en silencio un segundo, buscando las palabras adecuadas. – Yo no me imaginaba que podría gustarte. Siento mucho haberte hecho daño.
La rubia la miró fijamente. Agradecía sus disculpas, pero le hubiera gustado poder entrever sus sentimientos, cosa que era imposible. Regina era totalmente hermética, y muy complicada. De todas maneras, no sabía por qué se estaba planteando aquello si quiera, pues era evidente que no era correspondida.
- Yo siento haber actuado como lo hice el otro día. – respondió, por fin. – No tenías que haberte enterado, o al menos no así. Joder Regina, ahora me da vergüenza.
Regina había tomado las manos de Emma entre las suyas y las frotaba con cariño. Sonrió, pero no con burla.
- No tienes por qué. Yo…
Entonces, Emma creyó vislumbrar una posibilidad dentro de aquella situación tan confusa. Y entonces, también, toda su valentía apareció para hacerla levantarse ligeramente y acercar su cara a la de Regina, lo suficiente como para rozar sus labios con los suyos en un momento tan breve como indescriptible.
La magia se rompió cuando la morena se separó, con suavidad y educadamente, y la miró confusa.
- Emma, lo siento, yo…
La rubia deseó que el suelo se abriera en ese preciso momento y la tierra se la tragara.
- No, lo siento yo. He sido impulsiva. ¡Mierda! Debí haberlo sabido.
- Lo siento. – repitió Regina. – Lo siento, de verdad. Yo no quería confundirte, ni hacerte sufrir. Emma, perdóname. Yo solo quería pedirte que no te alejaras de mí, eres mi amiga y te quiero mucho. No quiero perderte.
- Ya…es complicado después de lo que acabo de hacer, ¿sabes? – respondió ella, algo molesta.
- Yo…me imagino. Lo entiendo. Pero yo quiero seguir siendo tu amiga. No me alejes, por favor.
- No, mejor esperaré a que tú lo hagas cuando tu madre no te deje salir a jugar conmigo. – dijo Emma, que ya se había desesperado. – Total, ya tienes experiencia.
Regina sabía que tenía razón. Se había alejado de ella por su madre, pero que su amiga le estuviera reprochando precisamente eso cuando sabía de su situación, le molestó profundamente. Antes de decir o hacer algo de lo que seguramente se iba a arrepentir, se levantó y se marchó, con una mirada de decepción, decidida a no dirigirle la palabra nunca más.
Emma sabía que la había fastidiado. Dos veces. Se golpeó la cara con la mano. No era posible que hubiera hecho todo eso. Besar a Regina, ¿a quién se le ocurría? Aunque la morena hubiese sido educada y no se hubiese quejado, seguro que estaría pensando una cosa muy diferente.
Y aun así, aunque hubiera tenido la mínima posibilidad de salvar la situación, la había vuelto a fastidiar enormemente. Regina le había pedido que no se alejaran, aunque fuese complicado. Y a Emma también le hubiera gustado mantenerla en su vida, aunque fuese como amiga, pero su rabia habló antes que ella.
¿Por qué tuvo que haber hecho todo eso? Ahora estaba enfadada y seguramente no le dirigiría la palabra.
Así fue. En las clases siguientes, la morena fingió – muy bien – que Emma no existía. Ni una mirada furtiva, ni siquiera por error. Nada, ni una sola reacción. Y eso dolía más que el rechazo.
Había estado evitando a Ruby durante todo el día para no comportarse con ella de la misma manera. Sabía que su amiga tenía más paciencia que un santo con ella y no quería abusar, pues ya la había aguantado mucho. Sin embargo, unas horas más tarde se encontraba mejor y decidió ir a hacerle una visita a la cafetería.
- ¡Emma! – la saludó la morena, aliviada por verla al fin.
- Hola, Rubs. Perdón por no haberte respondido hoy. – se disculpó, algo incómoda. Quería desahogarse, pero recordar lo que había pasado esa misma mañana era una tortura.
- ¿Pasó algo con Regina? Vi cómo te arrastraba esta mañana.
Emma rió nerviosamente.
- Euh, sí. – bajó la voz – ¿Podemos subir?
Ruby asintió y se dirigieron a su habitación. La muchacha podía sentir la tensión que estaba sufriendo su amiga incluso a kilómetros.
- ¿Y bien? No tienes cara de buenas noticias, pero siendo tú, podría ser cualquier cosa.
- Ey, no te metas conmigo. La he cagado. Muchísimo.
- ¿Por qué? ¿Qué has hecho? – preguntó Ruby, ansiosa por la respuesta.
- He besado a Regina.
- ¿QUÉ? ¿Y qué ha pasado? ¿Cómo ha reaccionado? Quiero saberlo todo, Emma Swan.
Emma relató a su amiga todo lo que había ocurrido en la biblioteca. También mencionó el incidente del domingo, no sin desear desaparecer de la faz de la tierra otra vez.
- Pero Ems, por lo que me cuentas Regina no te dijo nada malo. Yo he visto cómo te mira…y creo que está confundida.
- No quiero hacerme ilusiones, Ruby. – respondió la rubia. – No creo que quiera volver a hablarme.
- Eso es porque es una cabezota, igual que tú. Deberías disculparte.
- Ya…tengo que disculparme por tantas cosas… ¿por qué tengo que ser yo la que dé el primer paso?
- Porque tú le hiciste daño. Y ella ya te pidió disculpas.
Emma suspiró. Sabía que Ruby tenía razón, pero ella no tenía ninguna esperanza. Lo único que le quedaba era esperar a que terminase el curso – si sobrevivía al proyecto que tenían que hacer juntas – y poder pasar página, fingiendo que nada había pasado.
Cuando Regina llegó a casa esa tarde, se encontró con su padre para recibirla. No sabía qué sucedería más adelante, pero desde la pelea con su madre él estaba más pendiente de ella que nunca.
- Hola, papi. – saludó. – Es raro verte aquí tan temprano.
- Lo sé, cariño. – respondió él. – Tenía que arreglar algunas cosas y aproveché para esperarte.
La morena notó el nerviosismo de su padre, y se preguntó a qué se debía. Probablemente fuera con aquel asunto que debía arreglar, pero no quería que siguiera siendo un misterio.
- ¿Ha pasado algo? – preguntó.
- Siéntate. – dijo Henry, preparando mentalmente su discurso.
Regina le hizo caso y se quedó en silencio.
- El juicio será a principios de diciembre. – explicó. – Tu madre y yo no podemos seguir viviendo bajo el mismo techo todo el tiempo que queda hasta la fecha, y estoy seguro de que va a pedir la casa, así que he estado gestionando papeles y tenemos una casa nueva.
- ¿En serio?
- Es una casa más modesta, sé que te gusta tu habitación y todos tus recuerdos están aquí, pero la mejor opción es mudarnos.
- No me importa mudarnos. – contestó Regina. – Y menos si es para que las cosas mejoren. Yo tampoco podría vivir más con mamá. Y no te preocupes por mí si la casa no es tan grande, sé que estoy acostumbrada a esto pero no hay ningún problema.
Y realmente no lo había. Cambiar de aires era una necesidad para ella. Aquella casa estaba contaminada por el ambiente tóxico que había vivido bajo yugo de su madre. Su padre y Zelena eran todo lo que ella necesitaba en ese momento.
Porque había cosas que le preocupaban más: no poder parar de pensar en el beso que le había dado Emma.
¿Opiniones? ¿Qué esperáis a partir de aquí? :)
