2. Lunes de perdedores y visiones.
(11 días antes)
Eric miraba la ventana empañada con su propia respiración y durante un largo rato no pudo escuchar nada más que su propia lengua chasqueando como a punto de decir algo. Una mujer rubia se le acercó para hacer bulla de su presencia, al parecer la había ignorado desde el principio. Para entonces, las nubes habían cubierto con sombras placidas el arbusto que pensaba que estaba mirando, así que pronto le perdió la gracia al objeto y volvió la vista hacia su novia.
— Perdon ¿Qué pasa?— Preguntó, sabía que estaba haciendo el ridículo, viendo hacia el vacío con la boca entreabierta. La mujer repasó con las pupilas secas el contorno de su amante, como si por un momento hubiera tenido la intención de leerle el pensamiento. — Nada— Resolvió ella sirviendo café en su taza— Solo trataba de recordarte el aniversario de tu padre. Eric dejó escapar un suspiro receloso. Odiaba escuchar la palabra con "P"
— ¿Esta vez vendrás?— Le preguntó más por compromiso que por querer saber la respuesta, la conocía bien. "Sabes que no puedo, tengo que trabajar"— Eric entendía la respuesta de su novia. Tampoco le importaba si estaba presente o no, no haría ninguna diferencia.
— Tal vez pueda hacerme un espacio— sonrió ella.
Era encargada de gestiones legales en ventas, en una empresa de grandes autos sin motor y supervisaba que todo estuviera en orden o algo así. Eric nunca se molestó en averiguarlo del todo. Disfrutaba el olor de su perfume, el sabor de sus besos y hasta compartir largas charlas por las tardes del fin de semana, pero no estaba interesado en ella como uno se interesa por las cosas que de verdad importan.
—¿Quieres que llame a tu madre?— dijo Jennifer. Pero Eric no quería llamar con anticipación, no quería tener que escucharla y por alguna razón estaba enfadado con ella. Un ave pasó volando y derramó mierda sobre su saco nuevo. Unos segundos antes, mientras Eric se preguntaba si dios le enviaría una señal para entender por qué seguía con vida, bien pudo haberlo imaginado.
— Esta semana la madre de Verónica está de vacaciones, eso habrá influido en el resultado de su examen final— Contestó Eric. El Forman estaba tratando de evitar una conversación con esa forma tan sutil de cambiar el tema, que Jennifer nunca notaba.
– Ah, sí. Es por eso que esa alumna tuya te sigue para todas partes ¿no? Estoy poniéndome celosa, le prestas mucha atención.
Eric era el profesor más joven del instituto, sabía que no había estado haciendo bien las cosas ese último año, pero estaba feliz con que la barba hubiera comenzado a notarse y sus colegas lo trataran como el adulto que creía ser.
– Ella tiene 14, Jenny — Bromeó Eric, intentando ignorar la amarga sorpresa de su ropa—Podría ser su padre.
– Uno muy joven y libertino— Sugirió ella divertida antes de agacharse para juntar los labios con los suyos. Sus risas no sonaban armónicas juntas, Eric siempre lo había pensado.
Había un grito agudo en su cabeza; no podía escuchar lo que decía o de donde venía el sonido pero había miedo en sus ojos y tenía erizado el poco corte lampiño de su cuerpo entero. Estaba corriendo pero no corría, no podía mover las manos. Si gritaba no sentía su propia boca y un ligero mareo comenzaba a manifestarse en su frente sudorosa.
—¡¿Qué?!
Eric volvió a la realidad de golpe. Solo entonces se dio cuenta del semblante ofuscado de su pareja
—Te fuiste de nuevo, amor ¿En qué estás pensando?— Eric meneó la cabeza y su novia hizo una mueca de preocupación. —Estoy aquí ¿sabes?
Ella tenía razón, Eric no estaba del todo presente. No había podido dormir en varios días. Esa noche había sido una pesadilla y no precisamente una pesadilla metafórica. Ni siquiera estaba seguro de haber despertado todavía. En sus sueños lucidos, él era un hombre más en medio de las tranquilas calles de Manhattan; cuando de repente se acercaba un enorme remolino y se llevaba un edificio entero sin que él pudiera salvar la vida de nadie, ni siquiera la suya propia. Había comenzado a tener sueños así desde hacía unos meses. Cuando descubrió, mirando las noticias, que los eventos que soñaba venían a ocurrir realmente en algún lugar del mundo, al principio había pensado, y con todo el derecho justo de velar por su salud psicológica, que se trataba de una o dos coincidencias. Pero justo ahora, no sabía cómo enfrentarlo: si como una enfermedad o como la distracción de su atención absoluta para negarse a la realidad. Una donde su padre había muerto. Una que no le gustaba, una donde solo era el maestro del aula que se sentaba en el escritorio, forzaba los anteojos y comía galletas de canela entre clases para saciar un vacío que no se encontraba precisamente en su estómago. Nadie sabía mejor que Eric Forman, cómo fingir la felicidad pero esta mañana no le estaba saliendo muy bien.
—Tengo que esforzarme más ¿eh?
—¿Qué?—Jenny giró para verlo.
—Nada, que... Se me hace tarde para trabajar — Se excusó sacudiéndose la camisa. Aprovechó la confución para levantarse y mientras caminaba tropezó un par de veces sin que aquello lo convenciera de girar su cabeza en el mismo sentido que dirigía las piernas.
—Amor, no lo olvides: ¡El portafolio!— le gritaba Jennifer con una voz a la vez preocupada y quisquillosa.
— No lo haré— Respondió parado sobre la acera de enfrente con medio cuerpo dentro del auto —Te veo más tarde. —Ellos no eran una de esas parejas ridiculas que se lanzan besos invisibles a traves de varios metros pero por primera vez en dos años, Eric sintio que a su depedida le faltaba algo.
Sin embargo no tenía ganas de hacerse caso a sí mismo. Olvidó el portafolio y cambiarse el saco. Salió de su casa, se subió al auto y comenzó a conducir el viejo vista cruiser que lo hacía sentirse un poco familiarizado con el extraño sentado sobre su propio trasero. Una canción sonaba en su estación de radio preferida WFPP, "las cosas cambian" cantaba Eric, pero su garganta jugaba con su nueva voz, una mejor y más ajena, una que parecía pertenecerle a un extraño. "las cosas no cambian" seguía cantando. Y de repente las cosas cambiaron:
La imagen familiar de un joven desaliñado se le atravesó de pronto; llevaba encima ese chaleco que su novia gritona le compró para navidad, estaba sentado en la banqueta con una cerveza en la mano y tenía las gafas oscuras a medio rostro, con la mirada perdida en su reflejo. Eric casi logró quitarse la imagen de la cabeza cuando notó que su protagonista estaba herido. La sangre goteaba en el pasto desde su oído izquierdo y parecía tener destrozada la mano, una voz familiar lo distrajo gritando su nombre y reconoció a una chica pelirroja corriendo desde el otro lado de la acera ¡¿Donna?! pensó. Steven Hyde se dio la vuelta para llamar su atención y le gritó.
—¡Gíralo, Forman! ¡Gira el volante!
Eric obedeció sin pensar y el auto golpeó algo, justo antes de que pudiera detenerse. —¡Mierda!— Gritó, y en un segundo todo se detuvo.
Bajó del auto a toda prisa y con esa sensación visceral de que algo malo está a punto de pasar, pero su presentimiento se recortó por la mitad cuando se dio cuenta de que había arrollado un perro negro que sí, parecía muy lastimado, pero estaba vivo. Eric se apresuró a recogerlo y llamó al servicio veterinario. Aunque al principio no lo quisieron atender pudo salir de ahí, a tiempo para llegar solamente dos horas tarde, y como aquello se había vuelto todo un record para él, estaba más preocupado por eso, que por su estúpida visión.
Todos lo miraron mal cuando entró a la sala de maestros, pero nadie dijo una palabra. El señor Jobs, su jefe directo y el presidente del consejo estudiantil, estaban teniendo una conversación que se vio interrumpida abruptamente cuando llegó. El director Weakly le dedicó una mirada de desprecio con justa razón y su desaprobación se hizo presente luego de que se le acercara para decirle, con una discreción cuestionable "Una vez más y no te molestes en presentarte"
No era la primera vez en el año que llegaba tarde, pero si era la primera que tenía una buena excusa para hacerlo. Aunque cómo anteriormente había mentido utilizando algo cómo eso, no podía contarlo en realidad. Miró su reloj un par de veces y corrió al salón de clases casi con el alma en la mano. Cuando por fin llegó tuvo que fingir que estaba respirando normal y esto le provocó un fuerte dolor en el pecho.
— El día de hoy, como seguramente ya lo sabrán, el profesor Forman no se presentó. Así que supongo que tendré que darles la clase yo…— decía Reginald, un hombre calvo con los pezones puntiagudos, con la tiza en la mano— Vamos a ver ¿En qué tema…?
— ¡Profesor! — Eric cruzó la puerta jadeando —Buenos días, ya estoy aquí. Muchas gracias.— El profesor Reginald lo miró con cierto aire de superioridad mientras conseguía esbozar una sonrisa falsa y desdeñosa.
—Profesor, Forman— lo saludó inanimado— ¿Buenos días? Tardes quizá.
Eric tenía ganas de arrancarle esos ojos saltones de sapo, pero tuvo que contenerse por cosas como su educación, la religión, las leyes y los derechos humanos. Estaba seguro de que solo se había perdido una clase y eso le facilitaba las cosas. Reginald salió caminando como pavoneándose por algún motivo y Eric tomo su lugar en el escritorio para darse cuenta de que sus alumnos lo miraban con divertidos gestos de complicidad. A nadie le agradaba el profesor Reginald de matemáticas, se creía un genio, nunca se lavaba la boca y vestía como un anciano senil.
Una vez en su lugar, la clase transcurrió medianamente normal. Para Eric cada rostro y nombre era conocido y hasta estaba seguro de quien era el emisor cuando escribía en la pizarra y escuchaba conversaciones triviales a sus espaldas, sobre cosas que él también conocía muy bien. Por ejemplo: sabía que Wen salía con Brad, quien solía salir con Mimmie, y que por alguna razón estaba enamorado de ella de nuevo. Sabía que la madre de Lizzie era cantante y que ella se daba lujos innecesarios cada que se le presentaba la oportunidad; que Brad era amigo de Edd, pero que ambos odiaban a Sandie porque era lesbiana y que como era lesbiana le gustaba Wen, pero a Wen no le gustaban las otras vaginas. Y cuando Eric pensaba en todo eso, de pronto se le olvidaba que ya no era un niño y quería volver al sótano para contarles a todos lo que había escuchado. La nostalgia le dolía y a veces se sentaba solo a comer galletas de canela y Verónica la extranjera, se las ingeniaba para acercarse con algún pretexto coherente y le hacía preguntas variadas sobre su vida amorosa, mientras se levantaba no tan discretamente la falda, con la esperanza de que él lo notara y siguiera con el coqueteo, pero sin obtener nada, terminaba por irse y dejarlo solo con sus galletas de nuevo.
A pesar de su mala alimentación Eric no era gordo y mucho menos era delgado cómo lo había sido en su adolescencia y ya no parecía famélico y mimado sino más bien experimentado y cansado, un poco más de lo segundo que de lo primero. El perro que tenía que pasar a recoger de vuelta estaba dándole vueltas en la cabeza con un remordimiento muy bien justificado. Ese día todo estaba saliendo mal, y no podía quitarse la visión de Hyde de la cabeza. Cómo si una espina estuviera clavada en su mano, pasara desapercibida por un rato y volviera a molestarlo al cambio de la siguiente manecilla. Por un momento ver a Hyde le había hecho sentir casi las mismas mariposas que se sienten cuando uno está enamorado, luego comprendió que la emoción venía desde adentro, en un lugar más oscuro, en el orgullo de un temperamento mal equilibrado. Todo se volvió monótono cuando llegó la hora de terminar el día y paso por la oficina del director para explicarle porque llegó tarde.
—Señor Forman, usted no está siendo responsable y yo no puedo detener el trabajo de los demás solo porque usted… es que es una falta de respeto…
— Lo se señor Weakly, lo sé y créame que me apena mucho, pero he tenido muchos...
— Los problemas personales no deben interferir con el trabajo, profesor. Te deje entrar en esta escuela a pesar de tu corta edad porque me demostraste que eras capaz, ¿Dónde quedo esa capacidad? ¿Esas ganas?
—La tengo, tengo la capacidad, es solo que, si pudiera darme otra oportunidad vería que…
—Lo siento profesor Forman, no puedo pagarte este mes. Si quieres seguir aquí comienza a esforzarte el mes que viene y si lo consigues, tal vez…
—Señor, necesito este pago.
—Lo siento señor Forman. Hasta la siguiente será.
Eric miró hacia arriba en un gesto de desesperación, no porque creyera que dios tenía la solución, sino porque así la sangre que estaba subiendo por su cráneo tendría la oportunidad de descender.
—Si hubiera algo que pudiera hacer— rogó— Cualquier cosa
—Bueno, hay algo. Es la semana de la prensa, hablamos de las ligas mayores de la gestión empresarial. Hemos hablado de esto toda la semana— dijo el hombre sacando un folleto – En especial tú, que nunca has aportado nada a la universidad de la que te graduaste.
– Pero señor – dijo tomando el folleto – ¿No estará el presidente Bredwovy ahí?
– Es una oportunidad señor Forman, entregar esos papeles al presidente del congreso es tu oportunidad.
– ¿Si lo hago, podré cobrar el bono independiente?
– Al menos por este mes – dijo encogiendo los hombros – Es lo que te puedo ofrecer
Eric bajó los hombros viéndose superado por las circunstancias y resignado por fin, cedió. El folleto no era muy específico pero al menos decía el lugar, la fecha y la horapara conseguir su gafete.
— Muchas gracias señor, no se arrepentirá de esta decisión — Dijo achacado.
—Sabía que no fallarías en esto— dijo el director— Al menos no en esto.
"Todo resultó en desastre" pensaba que le diría a Jenny al llegar a casa, pero cuando llegó, ella no estaba ahí. Mientras conducía de vuelta, cerraba los ojos de vez en cuando para imaginar el rostro borroso de la vaga visión sobre Donna. Intentaba con mucha desesperación verla de nuevo y poder decir algo, era la primera vez que sentía que sus visiones interactuaban con él. No sabía si estaba dormido, pero claramente había escuchado a Hyde decirle con esa voz tranquila, y siempre melancólicamente rasposa tan característica de él "¡Gira el volante Forman!" y las visiones no suelen hacer eso.
De pasó por el consultorio del veterinario se dio cuenta de que el perro no estaba del todo recuperado y decidió llevárselo a casa. A Jenny no le molestaría y solo sería por un par de días, pero en el transcurso de la carretera, el perro no dejaba de chillar un agudo llamado de atención y el alterado maestro se decidió a ponerle un nombre para dejar de repetir "Ya basta amigo" como resultado: el pequeño Han, que años después se convertiría en Hannah de un día para otro y Montana para los cuates, se quedó dormida por fin.
Por la noche mientras acariciaba a su nuevo perro en la sala de estar, y se debatía si debía llamar a su madre y contarle su aterradora visión sobre Hyde y Donna, se dio cuenta de que no tenía ganas de lavar el saco y simplemente lo arrojó a la basura. Su madre lo consentía mucho cuando era pequeño, él podría llorar justo ahora y estaba seguro de que su madre lo llamaría preguntándole si estaba bien, pero era momento de ser un hombre. Así que cogió el teléfono y comenzó a digitar los números uno por uno. Un hombre contestó al otro lado.
—¿Sí?
—¿Hyde? Soy yo… Eric.
—Lo siento…está equivocado. — dijo el hombre, y colgó
Eric comenzó a reírse, luego no sabía si estaba llorando, pero al final se quedó dormido al lado de Han y con la mano metida en la crema batida. Esa noche soñó que una bomba lo volaba en mil pedazos. Los contó. Del otro lado del teléfono, el cantinero Jack se reía, mientras su compañero juraba no conocer a la persona que llamó y colgaba sórdidamente sin titubear.
—¿Quién era?— le preguntó al hombre al junto al teléfono.
—Nadie— respondió Steven Hyde.
