3. Martes de teléfonos y baja autoestima

(10 días antes)

"La diferencia entre la gelatina verde y la verde de gelatina es muy amplia, Fez" le había dicho una vez su amigo Hyde. Seguido por unas risas de pronto sarcasmo amarillista. Tenía esa conversación en la cabeza mientras tenía sexo y eso lo convertía en un completo idiota que se olvidaba de seguir fingiendo gemidos cada tanto y fue gracias a esto que su amante detuvo la marcha. Al amanecer se reirían del asunto mientras comían cacahuates pepenadores y mraban a los patinadores caerse en el cuello del hielo solido, pero mientras llegaban las primeras luces de la mañana, su acompañante se molestó con su pequeña distracción.

—¿Qué te pasa?— le preguntó Kelso, metiendo el brazo entre la sabana y el torso del extranjero— ¿Te duele?

—No —se apresuró a responder Fez —No es eso.

—Tienes cara de que te duele, la cara de dolor solo se pone cuando…

—Estaba pensando en Hyde— De pronto el rostro de su amante se deformó y le sirvió de aviso para entender que había cometido un error —Quiero decir…

—¿Pensando en Hyde? No bueno, eso es mucho más apropiado. Yo pensaba en mi esposa.— Dijo recalcando el sarcasmo.

El silencio no duró mucho per cortó como un cuchillo fino de esos que no se pueden malgastar.

— ¡Si lo hacías!— espetó Fez con un acento particularmente extraño y sin articular bien las palabras

—¡Fez! — Fez sabía que había cruzado la línea con esas palabras, pero no estaba conforme con tener que guardarse el pensamiento. De todas formas ya era tarde para disculparse, porque acababa de iniciar una guerra.

—Lo siento pero ¿Es mentira?—musitó. —¿Crees que soy idiota?

—¡Sí! Pensabas en Hyde mientras gemías ¿No es lo suficientemente enfermo para ti? ¡Idiota!

—Oh… pues lo siento si tu disposición para charlar terminó cuando saliste de la casa de Brook, y siento mucho que tengas que venir a escucharme a mí también cuando es obvio que ¡Solo soy un agujero con acento para ti!— Le gritó — Pero yo también tengo pensamientos a veces… ¡Idiota! — De repente la habitación se quedó en silencio y una hoja del árbol de enfrente se coló volando por la ventana abierta, mientras los dos rompían a carcajadas. Con esto los dos sabían que terminarían los gritos y comenzaría la rutina de disculpas, abrazos y más sexo. Porque al final era cierto que eso era lo único que tenían.

—Fez…— dijo Kelso suavizando la voz — Sabes que eso no es cierto ¿verdad?

— Bien porque no quiero oírlo… Estaba pensando en las cosas que solía decirme para hacerme reír cuando sabía que estaba triste y ahora estoy triste.

—¿Estas triste porque lo estamos haciendo?

— ¡No! Estoy triste porque el domingo es el aniversario del señor Forman— Dijo hablando muy bajito para que el otro casi no lo notara

Kelso debió sentirse muy culpable cuando escuchó aquello porque se incorporó sobre la cama, haciendo un ademán de prestar más atención a lo que le contaba su amigo.

—¿Este domingo? — Kelso presentó un puchero

—Si —Continuo hablando el extranjero —No sé si debería ir…

—¿Bromeas? Tenemos que ir, él fue un padre para nosotros, ha sido un padre para ti, para mí y hasta para Eric.

—Eso es porque Eric era su hijo. — Kelso comenzó a reírse mientras asentía con la cabeza. — Es cierto.

—¿Sabes quién estará ahí? — preguntó Fez con una mirada brillosa.

—No. No irá.

—¿Cómo lo sabes?— Dijo Fez desabrochándose la camisa de lana que usaba por pijama — Éste año ha sido difícil para todos, él podría…

— No — Insistió Kelso

—No sabemos si él…

—¡No!

—Si tan solo, lo llamaras…

—¡No vendrá, Fez! — Le respondió el americano con una severidad fuera de lugar

Cuando estaba con Kelso sentía, de pronto, como si la oportunidad de reflexionar sobre cualquier cosa se le fuera de las manos. Quería objetar y enojarse de verdad con él pero no podía hacerlo porque en el fondo... muy en el fondo y adentro de ese fondo, en una cajita pequeña y bien escondida en su corazón, guardaba un secreto incómodo: Sabía que tenía razón. Kelso lucía apuesto como siempre, pero solo eso. No venía en una caja de regalo, envuelto con aroma a Kelso y con un bonito moño de cariño. No había alegría mientras se besaban; ya no sentía el miedo ni el temblor en las piernas como antes y ya no le costaba mirarlo y decir palabras lindas porque había dejado de estar nervioso, incluso habia dejado de sorprenderse cuando su amante entraba desnudo en la cama con los pies mojados por la lluvia y le saltaba encima con un beso, tambien mojado por el escosor de su cabello. Al preguntar, siempre sabía la respuesta, el sabor del dolor de conocer la respuesta. Sabía cómo un dulce rancio en medio de la lengua, justo donde es tarde para escupirlo porque entonces todo se pondrá pegajoso. Fez no podía reconocerlo pero era tarde para muchas cosas. Se había vuelto tarde para llamar a sus viejos amigos, para comprar flores y disculpas, para enviar cartas, y visitar a los enfermos. El mundo giraba y giraba, y Fez podía sentir como se mareaba con tantas vueltas sin poder hacer nada al respecto. No era hora del té, no era hora del sexo y su complicidad como pareja se había perdido hace tiempo, se había perdido con la sorpresa. Les quedaba una delgada intimidad poco placentera, casi forzada y algunas veces no sabía si estaba perdiendo el tiempo con él o haciéndole perder el suyo. Sabía que cuando él se levantara y saliera por esa puerta tendría que aguardar ahí sentado y solo en el sofá, esperando que oscureciera de nuevo para poder sonreírle de verdad, con esa verdadera sonrisa que solo les pertenecía a ellos. Una que ninguno de los dos podia dedicarle a nadie más. Una sonrisa que estaba guardada tantas horas al día que comenzaba a llenarse de polvo.

— Lo sé —Suspiro resignado el extranjero. Se habia puesto de pie esperando que los pantalones se le deslizaran dentro con mayor facilidad y kelso lo escuchaba sentado en el borde de la cama. — Solo quería pensar que… — El despertador sonó con una melodía graciosa, la misma que siempre hacía pensar a Fez que nada de lo que había pasado en la noche estaba mal y le quitaba el mal sabor de boca cuando tenía que decir que no había visto a Kelso hacía varios días y le sonreía a su esposa.

—¡Mierda! — Gruñó Kelso agitando la mano en busca de sus pantalones— ¿Has visto la hora que es? ¡Voy a llegar tarde!— Fez sabía que Kelso no iba tarde para ninguna parte, ni siquiera le tocaba trabajar ese día. Sin embargo tenía que pretender que le creía porque de esa forma los dos se evitaban tener "la conversación" una que podría hacerles pasar un mal rato.

— ¿Te veré en la noche? —preguntó el moreno. Se le veía consternado a medias. Podía adivinar la respuesta pero preferia escuchar una mejor, no le apetecía lastimarse de esa forma.

—Tengo que llevar a Brook a la ciudad, quiere que le compre zapatos a Betsy— Decía kelso metiendo la cabeza en el orificio equivocado de la camisa.— Ya sabes cómo es ella con eso de los zapatos, tienen que ser exactos, nunca se cansa de decirme...

La cabeza de Fez tenía siempre la misma cantidad de sangre, pero por alguna razón juraba que había sentido un poco escapándosele por los oídos luego de escuchar la estúpida excusa de su amante. Un pretexto limpio pero bastante gastado. — Porque prometí que la vería después del trabajo y ya sabes que ella siempre sale tarde…

— Entiendo— Fez no entendía. No sabía cómo era posible que el desprecio por sí mismo creciera todavía más, aun cuando era obvio que ya no le cabía dentro.

Kelso salió por la puerta sin despedirse. Uno de sus zapatos rodó por la escalera y soltó una maldicion mientras lo perseguia. A medio caminó reflexionó sobre el hecho y volvió corriendo.

— ¿Olvidas algo?— Kelso pasó de largó hasta la cocina y levantó su reloj de muñeca y un frasco anaranjado. Finalmente volvió a salir pero no hubo besos, no hubo despedida.

Fez se sentó y se recargó sobre el respaldo durante los siguientes minutos. Cuando por fin recuperó las ganas para vivir se levantó de un salto de la cama y se impuso una sonrisa falsa, bien abierta. A veces le servía mucho y antes de darse cuenta estaba sonriendo de verdad. La mañana transcurrió como siempre, pero en esta ocasión su disco de spinning se ralló y no pudo continuar con sus aeróbicos. La leche que tenía en el refrigerador estaba mal cerrada y se había derramado. El gato de su vecina había luchado contra sí mismo en la funda de su sillón y estaba todo destrozado. Por lo demás parecía que todo estaba bien hasta que recibió una carta. Fez sabía que las cartas, tarjetas y postales ya no estaban muy de moda, pero para él eran una verdadera ilusión. Abrió el sobre con cuidado pensando que podía controlar sus ansiosas expectativas, pero cuando leyó el nombre del autor se le cayó la mandíbula al suelo:

Mi estimado amigo Fez, mi colega más querido, estoy feliz de poder enviarte esta carta para saludar. Hace mucho tiempo que no sé nada de ti. Por favor trata de comunicarte conmigo, mi número telefónico está en el reverso de la página. Pongámonos en contacto.

Te quiere tu amigo, Eric.

Fez no titubeo ni un segundo y ni siquiera tuvo tiempo de emocionarse del todo cuando ya tenía el teléfono en la mano. Había comenzado a marcar los números como buen obsesivo compulsivo, pero de inmediato se dio cuenta de que los nervios le jugaron un juego chueco y marcó dos veces el mismo número por la prisa. Debido a esto y más que nada porque la sensación de adrenalina no quería abandonar el hogar que plantó en su estómago, tuvo que volver a marcar. En orden y tranquilo, tratando con toda su fuerza de mantener la calma esta vez. Su respiración no quería ceder y el ritmo de su corazón aceleró tanto que comenzó a preocuparse porque podía escuchar sus propias palpitaciones haciendo un eco enfermizo en la habitación. "El mundo se puso enfermo una vez cuando murió la música...". Hablaba la radio. "¿Cuándo fue la última vez que escuchaste una canción con buena música?..." "La música murió con él…" Fez trataba de ponerle atención al pitido que le anunciaba que el teléfono estaba haciendo su trabajo, pero lo que decían en la radio era tan estúpido que tenía que tararear una música de fondo para evitar escucharlo.

Hola… —respondió una voz femenina desde el otro lado de la línea —¿Eric? — preguntó Fez, realmente preocupado porque su amigo se hubiera transformado en una linda chica— ... Estás hablando con Jenny, Han y Eric Forman. Por el momento no estamos en casa…

—¡Vaya!— Fez arrugó la nariz y colgó bruscamente el telefono, indignado— ¡Increíble!

Pero fue cosa de unos segundos porque el teléfono comenzó a sonar detrás de él. Fez volvió a sentirse excitado y cogió el teléfono una vez más.

—¿Eric?— contestó a gritos

—¿Es usted el señor Wi…?

— Soy yo— Interrumpió de mala gana.

— Mi nombre es Sandie Corgkchups, secretaria de línea de la PSIC, nos enorgullece informarle que su solicitud laboral ha sido aceptada. El grupo PSIC le dará la bienvenida a nuestras oficinas la próxima semana.

— Ah, PSIC, sí, es cierto, yo envié mi... claro, ¿El lunes? ¿Debo llevar algo?

— ¿Tiene donde apuntar?

—Ah, sí. Un segundo. — Fez comenzó a escribir en una libreta que apenas tenía espacio. Al finalizar esa llamada, no sabía si estaba feliz, decepcionado, o en modo espera de emociones, pero todavía no se había olvidado de Eric y los ánimos le habían cambiado de modo que estaba dispuesto a dejarle un mensaje en el buzón. Intentó llamarlo de nuevo entre las siguientes dos horas pero las cosas no salieron bien tampoco; estaba lavando su ropa sin música de fondo, para poder escuchar cuando sonara el teléfono, un enorme sacrificio, por supuesto.

10:16 am

Hola Eric, soy yo, Fez. Bueno, solo quería decirte que recibí tu carta y estoy emocionado por hablar contigo también. Este es el número de mi casa, llámame cuando tengas tiempo. – dijo Fez y colgó.

13:04 pm

Hola, soy yo de nuevo. Tal vez no se envió el otro mensaje así que quería decirte que este es mi número, estoy esperando por ti. Te llamaré luego ¿si? — Colgó de nuevo, la emoción seguía corriendo por sus venas.

14:21 pm

¿Cómo estás Eric? Soy Fez. Creo que estás ocupado, llamaré más tarde ¿bueno? — Fez estaba colgando su ropa en un tendedero y había dejado esta tarea para llamar.

15:12 pm

Hola Eric, creo que me diste el número equivocado, bueno si es así, tal vez no estés recibiendo mis mensajes y entonces no tiene caso decírtelo verdad… bueno debe ser un error, llamaré después, adiós. —Fez comenzaba a sentirse confundido, la comida incluso tenía un sabor amargo.

17:28 pm

Ok, creo que tu teléfono está descompuesto, tal vez no está guardando mis mensajes. Tú, hijo de p*rra, jiji, perdón— Dejo escapar una risa nerviosa —Es broma, estoy seguro de que no es tu culpa, te llamo después ¿sí? ¿Te parece a las 6? Bueno, a las 6 será — decía Fez mientras miraba con preocupación el reloj

18:35 pm

Hola amigo, es Fez. Quizá te estés preguntando… ¡¿Por qué no tienes amigos maldito ilusionador, irresponsable, hijo de perra?! ¡Lo sabrías si contestaras el maldito teléfono! … ¡Buen día!

18:38 pm

Hola Eric, soy yo, de nuevo. No quise decir eso de verdad. Lo siento ¿me perdonas? Te llamaré después, cuando puedas llámame ¿si? A partir de este punto, a Fez no le tomó mucho tiempo darse cuenta de que estaba perdiendo su día.

20:06 pm

Bueno, claramente no hay nadie en casa, por cierto, tu contestadora dice cosas muy bonitas ¿Quién es tu sexy chica eh? ¿Y Han? Es alguna especie de… ¿trio? Yo no juzgo, todo está bien, cada quien tiene sus gustos y… o podría ser… ¿es tu hijo?... ¿tienes un hijo? ¡Eric! ¡¿Tienes un hijo?!

21:13 pm

Hola Eric, soy yo, Fez. No estoy orgulloso de lo que hice hoy, tire mi teléfono por la ventana y es un milagro que todavía funcione, por favor responde. Te extraño. Adiós.

22:09 pm

—Hola Eric, solo quería…

— Hola Fez ¿eres tú?... ¿...Fez?

—¿Eric?

— ¿Fez?

—¡Eric!

— ¡Fez!

— ¡ERIC! – gritó Fez, arrancando el cable de línea del teléfono cuando levantó las manos para gritar de la emoción— ¿Eric? …

Fez dejó pasar un segundo luego de darse cuenta de lo que había hecho y luego comenzó a gritar con una notoria rabia y entre suficientes lagrimas como para que el color de su piel menguara en su claridad original, una que había perdido con los quehaceres del día. La puerta se abrió detrás de él y el chico no se dio cuenta porque estaba muy ocupado odiándose a sí mismo.

— ¿Disculpa, eres Fez no?— le dijo una voz. La responsable era una mujer de rolos en el cabello y de ojos morenos y rasgados. habia sido su vecina por los ultimos tres años pero a penas se dirigian la palabra en el lobi cuando tenian la fortuna de coicidir a la horade las compras. Una asiatica extraña pero sexy.

— Sí… Ah… — Fez se limpió las lágrimas— Soy yo.

—Es para ti— Ella le tendió el telefono. —Fez entendió lo que ocurría y el brillo volvió dentro de sus ojos como si hubiera escalado por sus mejillas y de regreso a casa mmientras lo tomaba.

—¿Sí?

—Fez. Amigo…

— ¡¿Eric?!

— No volvamos con eso ¿quieres?

—No, lo siento.— se disculpó Fez y comenzó a secarse las lágrimas para detener su propio sollozar. La vecina rodó sus ojillos y salió.

—¿Estas llorando?

—No —dijo Fez, llorando.

—¿Cómo estás?

—Bien, bueno, es decir… si, bien. ¿Cómo estás tú?

—Bien eh… ¿Dejaste mensajes? Mi buzón no sirve, lo siento, no pude escucharlos.

—No, está bien, yo… no dije nada importante de todas formas.

—Bueno… ¿Cómo está todo por ahí?

—Cómo siempre, bueno… te extraño.

—Yo también Fez, hace mucho tiempo que no te veo. ¿Has visto a los otros?

—Estuve en el sótano un par de veces ¿sabes? Está muy pequeño allá abajo ¿Lo habías notado?

—Sí. Extraño ese viejo sótano… pero… ¿sabes algo de los otros? De cualquiera… ya sabes ¿Kelso? ¿Jackie?— Los dos presentían que se avecinaba algo difícil. —¿Hyde?

Fez tragó saliva, ahora no solo estaba preocupado, también enojado.

—Me llamaste solo para que te dijera dónde está ¿verdad?

—No, Fez, no. Yo... quería saludarte

—Eric… nadie sabe dónde está. Ni siquiera yo.

— Lo siento sí parece que…

— No Eric, está bien… también quiero saberlo

— Fez esto es importante ¿sí? ¿Por qué no salimos a cenar? Dime cuando puedo verte y…

— Sé de alguien que podía saber dónde está.

— ¿Qué? ¿Quién? ¿Quién es?... dime.

— Kelso conoce a alguien, que conoce a un tal Chip…Chip es un amigo suyo o algo así.

—¿Chip? ¿No es ese tío de la parrillada con el que…?

—Creo que su nombre es Dan… buscaré en la agenda de Kelso y veré si puedo contactar con él.

— Que bien ¿Frecuentas a Kelso?

— ¡No! — respondió nervioso y casi sin pensar — Quiero decir si… No, no mucho, casi no.

— Eh… bueno, sí, me vendría bien la información

—¿Qué? ¡¿Qué información?! ¡¿Por qué haces tantas preguntas?! Buen día

— ¿Qué? No Fez... espera, escucha… ¡Escucha!

— ¡Dije buen…!

— Creo que a Hyde le pasará algo horrible, algo malo. Necesito hablar con él… es urgente. Sabes que no me comportaría así de extraño si no fuera algo importante.

—No sé ¿Lo sé? Ya no me acuerdo.

— Fez… – Murmuró Eric en tono de súplica.

— Bien… — cedió Fez— ¿Tienes donde anotar?

Cuando su conversación terminó, Fez no se sentía feliz. No sabía porqué pero hubiese preferido que Eric no contestara esa última vez. En esa ocasión los nervios se le salieron del alma y echaron a correr a partes iguales por todos los lugares que a Fez le daban más miedo. Tuvo tiempo para pensar en muchas cosas, en como su vida se había tornado una farsa, una mentira suelta que avergonzaba su propia culpa y que lastimaba al único ser que alguna vez había amado. Y hablando de él, el teléfono de la vecina sonó de nuevo, esta vez no era Eric, no era Chip, o Dan o Hyde y no le quedaban ganas de responder el teléfono, pero de todas formas lo hizo.

¿Diga? — Contestó

—Fez. ¿Por qué no respondes tu teléfono? — Habló Kelso — He estado llamándote todo el día. Hoy no veré a Brook —Dijo riéndose— Así que felicidades… soy todo tuyo, pasaré por ti y te llevaré…

— Número equivocado… buen día. — Respondió Fez.

— Claro, porque tú no contestabas y tuve que marcar la linea conjunta…

— Dije buen día— Dijo Fez y colgó.