6. Viernes de sexo y dolores de cabeza.

(7 días antes)

Michael Kelso tenía un talento que nadie podía negar. Follaba como los dioses y fallaba como aficionado del deporte, si aquello lo era. Los viernes eran para él, los días de fiesta, la fiesta de trabajar, de respirar, beber o dormir boca abajo. Para Kelso el color de las mejillas era un factor ponderable a la hora de levantarse; porque no hay nada que una sonrisa y unas cuantas hierbas en polvo no arreglen. Para Kelso había tres cosas importantes en la vida:

1. Sexo

2. Cosas que explotan

3. Su hija Betsy

Aunque no necesariamente en ese orden. Betsy era una niñita regordeta y tierna de 6 años, una princesa vikinga, y troll espacial si le peguntaban a él. Aunque nadie le preguntaba nada a él, que era tan malo con las respuestas y en lugar de eso preferían preguntarle a Brook, su esposa y la madre de Betsy. Había algo extraño con esa relación, no solo porque ella era bibliotecaria y él un idiota, sino más bien porque ella era bibliotecaria y él un idiota. Pero no la clase de idiota que de verdad no entiende las cosas.

Kelso era un idiota muy particular porque tenía un enorme corazón, pero también un enorme caparazón que le envolvía las ideas. Porque cuando alguien se le acercaba, nunca era para pedirle su opinión, era para burlarse, y en cierta medida, se lo tenía bien merecido. Pero la costumbre no hace que el miedo se reduzca y el miedo es casi tan grande que, reírse como idiota todo el rato, a veces no basta para reducir el daño.

Kelso amaba a su hija, pero amar no es suficiente para muchas cosas, una de ellas es entender y Kelso no entendía porque Brook no lo dejaba pensar por sí mismo. Muchas veces era tan controladora que utilizaba el molesto pitido de un reloj para recordarle que era hora de tomarse el medicamento. Esa mañana se levantó y encendió la radio, pero no decían nada interesante así que tuvo que ignorarlo, solo quería evitar sentirse solo.

"…todo el edificio agitado, este jueves por el remolino de Manhattan mejor conocido ahora por el nombre de Kenny, y que también se ha dicho que pudo provocar la pérdida de las zonas…" Kelso no estaba impresionado. Esos horribles accidentes llevaban un tiempo ocupándose de la programación.

- ¡Papá! ¡papá! ¡levántate! Se nos hace tarde – entro gritando Betsy - ¡Es mi primer día de escuela! ¡Vamos a llegar tarde!

- No, no – le dijo Kelso incorporándose – tranquila, aún es temprano, ¿Dónde está tu madre?

- En la ducha – le respondió ella. Kelso miró el reloj

- ¡Madre santa! – aulló y se levantó muy rápido, tanto que con el efecto se mareo un poco.

- Te dije que era tarde. – le recriminó la pequeña

Kelso corrió por sus pantalones, luego por la camiseta, luego iba adelante y prenda tras prenda, se puso al revés varias de ellas.

- Tu madre, Betsy. Dile que se apure.

- Ya le dije

Brook salió del baño a medio vestir con el sostén colgando solo de un lado y una sola pierna metida en el pantalón, lo demás lo llevaba arrastrando.

- ¿No me digas que te acabas de levantar? – le preguntó a su esposo

- No, no es eso ¿Las llaves?

- ¿Quieres té?

- ¡No! – grito él – ¡Vámonos!, ¡Vámonos!

Brook dejó un camino de agua a su paso, pues su cabello seguía húmedo y cuando Kelso pasó por ahí se resbaló y cayó de bruces al suelo.

- ¿estás bien? – preguntó la pequeña, pero su padre ya se había levantado en un afán de fingir que no le había ocurrido ningún daño. Para cuando su esposa miro de reojo la situación, ya no existía evidencia alguna del accidente.

- Ponte los zapatos hija, ven – le dijo su madre

- ¡Las llaves! – grito de nuevo.

Filis era un perro muy activo, esa mañana estaba tan estresado como sus dueños y pasó volando por encima de la cabeza de Betsy deshaciéndole el peinado.

- ¡No! ¡Perro malo! ¡Perro malo! – lo regañó Kelso y tuvo que comenzar a peinarla de nuevo

El perro ladraba de éxtasis sin entender porque sus amos corrían de un lado a otro. Cuando abrieron la puerta para irse, filis salió corriendo primero.

La puerta casi estaba cerrada cuando llegaron, pero de todas formas había cabida para un último suspiro.

- Bienvenidos a la escuelita de Mamá Beverly, donde es un placer y no un trabajo, para nosotros enseñar… sus hijos aprenderán todo lo que necesitan saber para estar preparados…

- Muchas gracias señorita. Esta es mi hija Betsy espero que se porte muy bien.

- Hacemos nuestro trabajo, no tiene que preocuparse por nada, mamá de Betsy.

- Mamitas pueden pasar a la sala de consultas – anunciaba otro profesor con una bocina altoparlante

- Gracias, gracias. – Kelso estaba distraído con unos globos rosados en la esquina de la calle, lucían penetrantes y pensaba que se trataba de un color comestible.

- Nos vemos luego, dale un beso a mamá, muy bien. Oh... espera – decía Brook – te tomaré una foto

Kelso imaginó la escena como una de las mejores películas familiares, donde la imagen podría haber cobrado realismo propio con su esposa y su hija entrando a la escuela y despidiéndose de él con la mano. Un globo se le había escapado al vendedor y volaba en el cielo justo detrás de ellas para añadirle el toque fantástico.

- No, ¡Ya no eres mía! ¡Ya no soy tuyo! – cantaba Kelso en su auto con el volumen al tope.

Un sonido molesto arruinó su concentración, era su reloj. Kelso odiaba la marca que dejaba en su hermosa muñeca; pero odiaría todavía más, lo antiestético que le quedaría si se lo guardaba en el bolsillo.

- ¡Maldición! – se quejó y de todas formas detuvo el auto en una orilla para poder tomarse sus pastillas.

Sacó un pequeño frasco y le dio un torzón a la tapa.

- Aquí estamos. – habló para sí mismo y se echó las tabletas a la boca.

- No, ¡Ya no eres mía! – continuó cantando, pero de inmediato dejo de cantar porque aquello le pareció aburrido

Kelso sintió acuello la necesidad de beber mucha agua, pero cuando se dispuso a hacerlo recordó que había olvidado dejarle esa cantimplora a su hija y por la sorpresa trago más agua mientras exhalaba el aire y todo esto se juntó en su diafragma provocándole una tos amarga y dolorosa durante la que vomitó el agua de a chorros.

- Mierda – se dijo a sí mismo – no estamos peor porque estaríamos muertos. – Kelso solía hablar de sí mismo como si a parte de él hubiera una persona extra. Porque cuando no había nadie con él, su terapeuta le había dicho, que debía imaginar que él mismo era un amigo suyo y así todo sería más fácil.

Llegó tarde también a su oficina y de paso por el escritorio de Jeff que era su pareja de rutina se comió unas cuantas rebanadas de pizza congelada.

- Te vi hacerlo – le gritó Jeff

En su radio compartido escuchó que tenían una situación. Un perro muerto atropellado en medio de la 10. 15, y pensó que eso podría estar bien para empezar el día.

- Tarde como siempre Ted, nunca fallas – dijo Ted

- Me llamo Michael

- Como digas Ted – contestó Ted

- Tú eres Ted – dijo Michael

- No, tu eres Ted

- Tu eres - dijo el que no era Ted

- Cállate Ted – exigió Ted

- No me calles Ted – dijo alguno de los dos Ted

Y la discusión podría haberse prolongado si filis no hubiera sido atropellado por un imbécil en motocicleta. Kelso tuvo que volver por él y enterrarlo en su casa y ya que estaba en eso, comió más pizza congelada que por cierto había robado del escritorio de Jeff.

- No, no, no. – había dicho cuando vio al pequeño filis en la carretera – no amigo, dime que no es cierto. – decía llorando

La tierra estaba empezando a calar la humedad entre sus uñas, normalmente cuando Kelso tocaba la tierra, era para jugar y no para despedirse de un amigo tan íntimo.

- Ya sé que no quieres hablar conmigo, ya te dije que lo siento, llámame cuando escuches mi mensaje. Deja de evitarme Fez. Adiós – dijo azotando el teléfono

Kelso había intentado todo el día comunicarse con él. La discusión con su amante había sido tan patética que no encontraba el motivo por el que todo comenzó. Pensó que sería bueno ir a verlo y de esta forma reclamarle en la cara que había estado ignorándolo.

- Fez ¿estás en casa? – preguntó abriendo el departamento de Fez con su llave personal

Era extraño que el extranjero no estuviera en casa, metido en la cocina con una cuchara grande en la mano, la música puesta y haciendo la comida en calzoncillos.

- ¿Fez? ¿podemos hablar? – pero Fez no respondía.

- ¿Qué encontramos? – se puso a buscar en los cuartos y la habitación parecía limpia y ordenada, eso también era extraño.

- ¿Fez? – de nuevo no recibió respuesta alguna

Kelso entro en el cuarto de baño y encontró varias cosas que utilizaba Fez para arreglarse y salir, desodorante y cepillo, ¿hilo dental? , definitivamente Fez, había salido.

- ¿A quién vas a ver, Fez? – se preguntaba Kelso cuando un sobre detrás de él se cayó de la repisa

El hombre se giró para recogerlo y descubrió que el sobre ya estaba roto. Lo abrió y saco la carta del fondo y aunque no reconoció la caligrafía de inmediato supo que había algo extrañamente familiar por ahí.

Mi estimado amigo Fez, mi colega más querido, estoy feliz de poder enviarte esta carta para saludar. Hace mucho tiempo que no sé nada de ti. Por favor trata de comunicarte conmigo, mi número telefónico está en el reverso de la página.

Pongámonos en contacto

Te quiere tu amigo. Eric

- ¿Eric? Así que…fuiste con Eric ¿No?

Kelso revisó el reverso de la página y se puso a marcar los números que allí se indicaban, pero al pasar de unos mínimos segundos se dio cuenta de que el teléfono no funcionaba, luego notó que el cable estaba roto y soltó un grito de frustración e incredulidad.

Pasó las siguientes horas arreglando el puerto de entrada en la conexión del teléfono pero al final valió la pena porque funcionaba a la perfección. Su teléfono de bolsillo sonó y descubrió que se trataba de una mala grabación.

- Buenas tardes señor, ¿es usted Michael Kelso?

- Sí. No. Sí. Bueno, depende ¿quién lo busca?

- Mi nombre es Sandie Corgkchups, secretaria de línea de la PSIC, usted ha sido beneficiado con los créditos adicionales del señor Wi…

- ¿Créditos? ¿De Fez…? - Kelso enfureció – puede tomar esos créditos y devolvérselos a él, porque no necesito nada de él o que tenga que ver con él ¡¿Entiende?!

- Señor disculpe si…

- No vuelvan a llamarme a mi ¿ok? ¡Adiós!

Kelso colgó el teléfono pero su cabeza estaba todavía aturdida y el nuevo pitido del reloj anunciándole que era hora de una nueva dosis lo enfureció todavía más.

- ¿Este es tu teléfono Eric? ¿Qué quieres de nosotros? ¿Por qué llamas ahora? Deja tranquilo a Fez y déjame también a mi ¿Entiendes? ¡No somos tus malditas marionetas! ¡Idiota!

Detuvo el pitido y cogió su frasco, pero justo cuando estaba por tomarse el medicamento, lo levantó a la altura de su frente y leyó el empaque del recipiente.

- PSIC farmacy industries – dijo en voz alta.

- ¿PSIC? – pensó – "…secretaria de la línea PSIC…" – recordó – ¿Qué tiene que ver Fez con este lugar?

Entonces tuvo una idea y condujo de vuelta a su casa. Pero cuando llegó, Fez estaba ahí hablando con Brook de lo más casual, y su pie se le quedó atorado en la entrada porque una parte de su cerebro con neuronas vivas todavía, le anunciaba el peligro de la situación y quiso salir corriendo de ahí, mientras que el resto de su cuerpo siguió avanzando sin ella y terminó cayéndose de nuevo.

- ¡Mierda! – gritó y con ello llamó la atención de ambos amantes.

- ¡Cariño! ¿Qué haces aquí tan temprano? – le preguntó Brook – ¿Olvidaste el frasco?

- No eh… no es eso – se levantó Kelso viendo directamente a Fez y tartamudeando incoherencias – es que… yo estaba… yo fui y luego… ¡Fez! ¡Qué sorpresa que nos visites!

- Hola Kelso – murmuro Fez de mala gana y con una sonrisa sarcástica

- Ah, sí. Vino a traer algunas cosas que dejaste olvidadas en su departamento. Eres tan distraído cariño.

- ¡ah, sí! Distraído – contestó él – supongo que entonces no te quedaras a cenar – preguntó revisando la caja con las cosas que Fez le había devuelto

- No quisiera ser una molestia y además voy tarde para encontrarme con alguien así que…

- ¿Fezzie ya consiguió novia eh? – insinuó Brook con un tono divertido

- No, ja, he… quedado de ver a un viejo amigo

- ¿ah, sí? – se le acercó Kelso – ¿A quién?

- No lo molestes – lo regañó Brook – que bueno Fez, me alegro mucho por ti, Michael cariño trae mi cartera, le debo 10 dólares a Fez. El cambio de la llanta de la semana pasada.

- No Brook, no te preocupes estamos bien. – le dijo Fez.

- Fez. Ven amigo, te llevaré a casa, queda en camino a mi trabajo.

- Eso no es ver… - quiso decir Fez, pero antes de que terminara de hablar Kelso lo jalo por el brazo y lo arrastró hasta su coche

Cuando Kelso dijo que llevaría a Fez a su casa nunca quiso decir que realmente lo haría. Sino que más bien quiso decir que se quedaría allí con él, en un departamento que también era suyo y así fue cuando llegaron allá.

- ¿Mis cosas Fez? ¿Estas demente?

- ¿Qué quieres?

- ¡No puedes venir a mi casa! ¿te volviste loco?

- ¿Por qué? Brook tal vez se merece saber que está casada con un imbécil

- Fez, por favor, dime porque estas tan enojado ¿Qué fue lo que olvide esta vez? ¿cumpleaños? ¿aniversario?

- ¿Aniversario Kelso?, ¿Necesitas un aniversario para acordarte de mí? ¿Ves porque estoy enojado? Tú no respetas nada

- Fez…

- Los demás si tenemos que prestarte atención a ti ¡Eres como un niño!...

- Fez…

- No te importa nadie más que tú…

- ¡Fez!

- ¡¿Qué?! – Gritó enfadado el moreno

- ¡Te quiero! – dijo por fin y Fez se quedó callado – te quiero pero me da miedo perderte o perder a mi familia. Me da miedo tener que esconderme y no quiero lastimarte pero tengo que hacerlo porque no lo puedo evitar. No soy el sujeto que puede evitar hacer cosas y por eso nadie confía en mí. Y tienen razón, porque tal vez si soy tonto, tal vez yo no entiendo las cosas, pero si entiendo que te quiero y que me gusta estar contigo y si tuviera que elegir entre dejar de ser un tonto y dejar de tenerte a ti, con gusto disfrutaría mi estupidez. Pero no lo hago y por eso tengo que tomar pastillas, evitar las maquinas peligrosas y a las demás personas y Brook me tiene todo el día drogado. Yo solo quiero escaparme y estar contigo, pero amo a Betsy y no puedo elegir eso porque estoy confundido Fez ¡Confundido y asustado!

- ¿Entonces porque no les dices la verdad? – le pregunto Fez con una voz quebrada y al borde del colapso

- Porque sé que también la quieres y te quiere y no quiero que deje de quererte como yo lo hago porque eres increíble. Contigo ya no necesito ninguna pastilla porque me siento bien, soy feliz así Fez… y si me arrebatas eso… – se detuvo un momento para suspirar – No me quites eso, por favor.

Fez lo miró como quien entiende porque algunas aves no vuelan pero igual las encuentran fascinantes y pudo notar que su novio estaba lleno de lágrimas reales y eso le provocó dolor.

Después de mirarse mucho tiempo, directo a los ojos, encontraron algo más entretenido que hacer con la lengua y el resto de sus dos cuerpos desnudos en un rincón del sofá. Cuando Kelso estuvo seguro de que su miembro estaba dentro de su pequeño amigo lo abrazó como si del agarre dependiera que no cayera en picada hacia lo profundo de un abismo que sentía revolverse en su estómago. Comenzó a copular con él como si no quedara fuerza en sus caderas y soltó varias veces el abrazo para dedicarse a repasar con las yemas de sus dedos el contorno de su rostro.

- Fez…no me dejes solo de nuevo – comenzó a decirle – porque no me caigo muy bien.

Fez dejó escapar una risita infantil y acaricio el cabello de su amante.

- Nunca – le dijo

Pero era demasiado pronto para decir "nunca" y tan pronto como Fez se quedó dormido, Kelso se levantó completamente desnudo y se dirigió a la sala. Porque Michael y Kelso tenían una misión complicada y pensaban que debían hacerlo en silencio. Compartiendo un secreto como compartían un cuerpo, como las mentiras se volvían suficientes y reales, tanto como para no necesitar ser verdad.

- Debe haber algo por aquí – susurró – cualquier cosa

Entonces encontró un papel, con una dirección anotada en él, debajo de un PSIC enmarcado con tinta roja. También, había en el papel un número y Kelso recordó que lo había reparado esa misma tarde, por lo que no le costó llamar.

- Buenas noches, mi nombre es Michael Kelso ¿estoy hablando a la oficina del PSIC?

- … - la voz del otro lado de la línea suspiro como si estuviera pensando en que contestar - ¿Quién habla? – preguntó por fin

- Alguien que sabe quiénes son ustedes… yo sé… voy a descubrirlos

- … está equivocado – se apresuró a decir la voz y colgó – de nuevo Kelso pudo escuchar el pitido de su reloj y consiente de que había estado consumiendo esas pastillas se quedó pensando.

Luego corrió a vomitar forzando el acto tras meterse un dedo hasta la garganta, aunque por supuesto, sabía que eso ya no arreglaría nada porque hacia un buen rato que las había ingerido.

- ¡Mierda! – gritó asqueado y con la boca llena de vomito. – somos un asco. – se dijo así mismo asintiendo con la cabeza porque por primera vez en el día estaba de acuerdo con él.