4. Miércoles de ladrones con perfume sabor pimienta.
(2 días antes)
Era miércoles para HigHink y las bocinas del fondo estaban descompuestas. Jackie abandonó esa mañana a su propio canario. Porque en realidad no era una buena compañía y hasta se volteaba para otro lado cuando ella trataba de hablarle; quizá porque ella tenía esa desagradable costumbre de hablar en exceso. De todas formas la lluvia de madrugada le inspiraba un sabor de mala muerte y azúcar quemada; y el casero Glenn había interrumpido su desayuno para compartir unos cuantos besos con ella. No estaba de mal humor pero tampoco estaba de buenas y tenía los ojos medianamente cerrados, porque estaba cansada de tener los parpados tan abiertos siempre, aun si no le gustaba ver a su alrededor y echar un vistazo en lo que se había convertido su vida.
Un hombre con sombrero ridículo llamaba la atención de la camarera. Ella estaba tarareando una canción country de B.J Thomas que le recordaba sus buenos días siendo una perra. La comida de su charola tenía una mosca encima y se paseaba con vivacidad buscando la mejor fuente del elixir de sus alimentos. Jackie estaba cansada de atender al hombre y fingía que no podía escucharlo para ahorrarse los piropos matutinos, tan matutinos como podían serlo al medio día. Pero todo fue en vano cuando Rick Vane, su jefe y el cocinero más grasiento de todo Chicago, gruñó su apodo de forma grotesca y la obligó a prestar atención. El día no iba bien, la noche no iría bien tampoco; estaba llena de sudor y si había algo que Jacqueline Beullah Burkhart odiaba, era el sudor y su segundo e innecesariamente feo nombre.
- ¡Burkhart! – llamaba Vane - ¡La mesa del fondo! ¡La del fondo, te digo!
Jackie se encamino con su mejor imitación de una sonrisa y habló con el hombre.
- ¿En qué le puedo servir? – le preguntó
- En la cama – respondió el sujeto con una carcajada, riéndose con tal alevosía que golpeaba la mesa para provocar más ruido.
- ¿Puedo ofrecerle un café? – se aventuró a preguntar la mesera. Porque no quería caer en las provocaciones de aquel hombre huraño que frecuentaba el sitio.
- Puedo ofrecerte una noche que nunca vas a olvidar niña…
La chica no quería contestar de mal humor pero es que todo estaba carcomiéndola por dentro.
- Disculpe señor. No puedo
- Claro que si – estalló de nuevo el sujeto del sombrero - ¡Tú te vienes conmigo! – gritó
Y de repente la sujetó por el trasero y se llevó su abdomen a la hedionda y enorme boca.
- No por favor – gritó Jackie
- Eres una belleza – le decía el hombre
Pero cuando estuvo a punto de meter la mano en las bragas de la mesera, un hombre rubio se levantó y se le acercó para arrebatársela.
- ¡Suéltala imbécil! – le riñó y el hombre soltó a la chica y le encaró poniéndose de pie para demostrar su imponente tamaño
- ¡Ha dicho que no quiere ir contigo! – siguió diciendo el rubio
- ¡No por favor! - suplicó Jackie en la esquina de la habitación - ¡No se peleen!
Alguien azotó el puño en la mesa y llamó la atención de toda la gente.
- ¡¿Qué está pasando aquí?! – interrumpió Vane, justo cuando los alborotadores estaban poniendo presión en sus frentes – aquí no es coliseo ¡Fuera de mi establecimiento!
Vane era un hombre verdaderamente gordo, ni siquiera el tipo del sombrero parecía rival para su tamaño, y se notaba de cerca que ninguno de los dos tenía la intención de desobedecerlo.
- Aquí nadie se pelea ¡Largo de aquí! – dijo vane empuñando un machete que había sacado de la cocina
- Este hombre trató de violar a una de tus empeladas ¡idiota! – le dijo el rubio
- ¿A quién le dices idiota? Este hombre es uno de nuestros mejores clientes. – indicó señalando al del sombrero – A ti nunca te había visto y será mejor que no vuelva a verte…
La gente se levantaba de sus asientos para poder ver el espectáculo.
- ¿Quieres perder tu empleo Vane? Se lo contaré a mi padre. Mírame bien y dime ¿No me reconoces?
El cocinero miró con un rostro pálido al chico y se quedó así por al menos unos minutos.
- Lo… lo siento mucho joven… yo – se disculpó – no volverá a suceder, voy a despedir a esta malagradecida y…
- ¡No! – se quejó – Ella no hizo nada malo, Vane. No la regañes, no fue su culpa.
Jackie le dedicó una mirada hostil y luego se fue caminando a regañadientes y azotando los pies hasta que llegó detrás de los mostradores y pudo esconderse agachando la cabeza.
- ¿Qué guapo eh? ¿Quién es el que está loco por ti? Ya me vas a contar ¿No? – insistía Katy
- No lo sé – respondió Jackie apresurándose a juntar los platos sucios – no lo conozco
- ¿Estás loca? Lleva casi una semana persiguiéndote ¿Por qué no hablas con él?
- No Katy, no lo conozco, además es un idiota.
- ¿Cómo puedes saber eso?
- ¡Solo lo sé! – exclamó Jackie. Y Katy ya no hizo más preguntas sobre el tema porque se notaba a cuestas que su pequeña compañera estaba molesta.
- ¿Vane sigue molesto por que te fuiste ese día?
- Tenía que visitar a alguien en el hospital
- ¿A tu novio?
- ¡No! ¡Demonios Katy! ponte a trabajar y ¡Cállate de una vez!
La mujer se dio cuenta de que la situación era delicada y simplemente se retiró.
- Mierda – resopló Jackie – perdóname Katy, es que… – quiso excusarse Jackie pero la mujer ya se había ido
Jackie echó una mirada detrás del mostrador para lo que tenía que levantarse de puntillas y se aseguró de que Vane todavía estuviera elogiando al chico, antes de meterse en el baño con los trastes sucios. Una vez que estuvo adentro, los dejó a un lado y se inclinó en el retrete para vomitar. Se metió un dedo en la garganta y entre lágrimas y un ardor inquirido consiguió su cometido. Luego esperó a escuchar voces que se aproximaran para animarse a ponerse de pie, y como si nada hubiera sucedido volvió su atención a los platos.
- Jackie – entró diciendo el rubio con la puerta a cuestas de su rostro – ¿estás aquí?
La mesera abrió mucho los ojos y dio un pequeño salto hacia atrás por la sorpresa.
- ¡Demonios! ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Vete! Me meterás en problemas, maldita sea
- ¡No Jackie! – se le acercó el otro – ¡Cálmate! Vane no se metería conmigo, el me dejo pasar
- ¿Qué? No ¡Fuera! ¿Qué estás haciendo?
- Jackie no me has dejado explicarte lo que sucedió esa noche… - dijo él
- ¿Cuál noche? No sé de qué hablas – decía ella, caminando de un lado a otro para evitar que su mirada se encontrara con la de él.
- El día que nos conocimos, he tratado de …
- Olvídalo ¿sí? – lo interrumpió – está bien, yo ya lo olvidé.
- Yo si quería venir por ti pero…
- Olvídalo en serio, no te guardo rencor, no eres el primero que…
- ¿Qué te lastima? – completó el
Jackie se quedó callada un momento mirándolo y luego movió los ojos hasta el extremo inferior derecho de la habitación.
- Solo vete…
- Déjame explicarte por favor – insistió el chico
- ¡No quiero una explicación! No la necesito, y estoy trabajando, así que por favor…
- Jackie por favor…
- ¿Cómo demonios sabes mi nombre?
- Está escrito en tu overol
Jackie volteó a ver la costura de su prenda y lo utilizó de pretexto para dejar las pupilas clavadas allí.
- Jackie mírame por favor… - dijo tomándola por la barbilla y ella giro la cabeza para evitar verlo – lo siento ¿sí? Quería venir pero no pude hacerlo
- ¿sí? Pues no me importa – dijo ella
- Jackie, escúchame. Me gustas ¿sí? No estaría pidiéndote que me escuches si no estuviera tan interesado. Creo que eres asombrosa y muy bonita y que debajo de ese uniforme se esconde una mujer increíble que tiene sueños y dudas y anhela conocer el mundo…
- Para eso estabas aquí de todas formas ¿No? Para saber lo que tengo debajo de este uniforme…
- ¡No fue lo que dije! – se defendió él – ¡Sabes que no quise decir eso!
- ¿Entonces porque? – estalló Jackie – ¿Por qué estás aquí?
- Porque me gustas, me gustas mucho – respondió – ¿Crees que hubiera hecho todo esto solo para burlarme de ti? ¿Que estaría aquí, día tras día, para suplicarte que me perdones?
- No. – inquirió Jackie – Pero tienes que dejar de hacerlo porque este es mi trabajo y yo…
- Mi madre tuvo un infarto… – interrumpió él – por eso no pude venir
Jackie le prestó atención y por fin lo miró a los ojos.
- ¿Cómo sé que no estas mintiendo?
- ¿Crees que te mentiría con algo tan grave?
Jackie lo estudió con curiosidad y suspiró.
- ¿Cómo esta ella?
- Se está recuperando pero aún está en el hospital – explicó
- ¿Entonces que estás haciendo aquí? – contestó ella – Ve con ella…
- Vine aquí porque me importas Jackie – repitió él
- Ella es tu madre… – alegó Jackie
- Lo sé - dijo el rubio tomando saliva – lo sé, pero ella ya está en el hospital donde pueden cuidar de ella. Y sé que necesitas que alguien cuide de ti y quiero ser yo quien lo haga… si me dejas.
- No lo sé yo… Ni siquiera sé tu nombre
- Cave. George Cave. – se presentó el muchacho
Entonces se hizo el silencio mientras Jackie reflexionaba sus opciones.
- Jackie, Jackie Burkhart. – dijo ella
- Vámonos de aquí Jackie Burkhart – propuso Cave
- ¿Qué? ¿de qué hablas? Estoy trabajando
- ¡Olvídate de Vane! El tipo me lame los pies
- Pero a mí no y yo soy la que trabaja aquí. – exclamó ella
- Dame la mano y quédate de tras de mi – indicó y la jalo por el brazo saliendo
- No, espera – murmuraba Jackie – van a regañarme
- Volveremos luego Vane – dijo Cave - ¿Dónde estás las cosas de mi novia?
Katy, Chad, Martin y Vane tenían el mismo rostro deformado y la mandíbula en el suelo. Quizás habían trabajado tanto tiempo juntos que sus gestos se mimetizaron con los años.
- En la… en la bodega – balbuceó Vane
- Bien, no la esperen despiertos, volverá mañana si tienen suerte. – comentó Cave como si nada.
Y el chico comenzó a caminar con Jackie de la mano, quien perseguida por las miradas expectantes de sus compañeros, escondía el rostro, completamente enrojecido, en el brazo de Cave.
- ¿Pero que acabas de hacer? – dijo ella cuando llegaron a su auto
- ¿No fue increíble? – se burló él
Jackie esperó unos segundos antes de responder y luego comenzó a reírse.
- ¡Nunca lo había visto poner esa cara! – hablaba Jackie casi gritando de la emoción - ¿Cómo lo hiciste?
- Magia supongo. Dinero, creo. ¿No subes? – le preguntó abriéndole la puerta desde el asiento del conductor
Jackie dio un último vistazo a HigHink y una sonrisa orgullosa se le dibujó en el rostro. Luego asintió con la cabeza y se sentó en el lugar del copiloto.
- Y bien… – le dijo ella - ¿A dónde vamos?
- No lo sé – le contestó Cave – esa es la mejor parte
El motor del auto se encendió y comenzaron a alejarse mientras los dos se reían con mucha naturalidad de su propia complicidad. A pocas horas de lo ocurrido, Jackie tenía un rostro más relajado y dejaba que el viento de la ventanilla pegara con su rostro.
- ¡No vuelvas, porque no te necesito! – cantaban a todo pulmón, uno más agudo que el otro.
- ¡No vuelvas, porque estoy mejor sin ti! – seguían cantando, y las risas no paraban
El borde de la calle parecía abandonado por los transeúntes, pero el pasto que conducía al bosque estaba repleto de animales. Seguramente perros callejeros, Jackie no lograba distinguir nada. Por primera vez en mucho tiempo se sentía feliz, estaba sentada en el asiento trasero con los pies descalzos y por encima del asiento mientras fumaba moviendo la cabeza al ritmo de la música.
- ¿A dónde vamos? – le preguntó ella gritando en un afán de que su voz le hiciera alguna lucha a la música del radio.
- Ya llegamos – le respondió él y detuvo el motor del auto para estacionarse.
- ¿Aquí? – preguntó la mujer asomando la cabeza por la ventana del auto inerte.
- Si – espetó Cave, abandonando el vehículo
- ¿En el bosque? – Jackie no estaba segura de que aquello fuera seguro
- No lo sabrás hasta que no lo intentes – le dijo él
- Bueno – Jackie asintió con la cabeza y siguió a su compañero caminando con los pies desnudos por el pasto.
- ¿No se siente bien? – le preguntó Cave, el chico también se había quitado los zapatos y ahora los dos estaban corriendo sin dirección tomados de la mano.
- Se siente bien – gritaba ella entre risas
- ¿Se siente bien? – volvía a preguntar él, y los dos corrían por todas partes sintiendo la brisa rozándoles por las mejillas
Jackie no había tenido la oportunidad de sentirse libre en varios años, estaba cansada y desgastada por las labores del diario, tan adormecida que ni siquiera se daba cuenta del hecho en cuestión. Por primera vez en mucho tiempo, sus pies se estiraban lejos de esos tacones amorfos que tanto le molestaba necesitar. Porque Jackie era una mujer pequeña y a veces había que alcanzar cajas altas de las repisas, ella había aprendido con los años que nadie vendría en su ayuda. Así que tuvo que implementar la talla para sus propios menesteres.
- ¿Dónde estamos? – dijo por fin una Jackie cansada acercándose a su pareja
- Ya lo veras – y el joven le saltó encima y rodó por una pequeña cuesta abajo hasta un campo lleno de flores rosadas.
- ¡No! – reclamó Jackie riéndose, no había parado de hacerlo desde que dejaron el paso de HigHink
Justiciada por la necesidad de vengarse, ella también le saltó encima y los dos comenzaron a besarse. Aunque al poco tiempo ella hizo una pausa con los ojos iluminados por un brillo iluso.
- Lo sé – interrumpió Cave – soy buen besador
Jackie borró la sonrisa de inmediato como si un recuerdo amargo le estuviera pasando por la frente.
- ¿Qué pasa? – le preguntó el chico – ¿No piensas lo mismo?
- No. No es por eso. Lo siento, acabo de recordar…
- ¿A alguien más? – sugirió con seguridad el otro
- ¿Por qué eres tan bueno adivinando mis pensamientos?
- Porque me encantas – respondió él y de nuevo aprisionó sus labios – Me gusta el olor de tu uniforme, hueles a pimienta. Me gusta la pimienta.
El beso se prolongó por un rato, después los dos se levantaron y echaron a correr hacia un árbol, intentaron treparlo pero Jackie se sentía vieja para eso. A pesar de que siempre fue la más ágil de todos. Y cuando Jackie pensó en la palabra todos, tuvo miedo de arruinar su felicidad.
- Creo que deberíamos irnos – susurró Jackie, cuando terminó de saltar en el lodo
- ¿Qué? – bufó Cave, con los pies también sumergidos en la pasta del suelo – ¿Por qué? ¿No te estas divirtiendo?
- No. Si me divierto – aclaró Jackie – pero…
- Pero quieres irte… - terminó la frase el rubio – está bien, vámonos
- Gracias – y los dos se levantaron
En el camino Cave compro algunas botanas. El agua brotaba de una botella de plástico y Jackie se la estaba bebiendo sin tregua alguna. Las luces del cielo perdían su brillo con la evolución de la tarde y cave rompió el silencio sacando un cigarrillo.
- ¿Quieres ver algo increíble? – le preguntó él – te mostraré
Durante un largo rato, ambos estuvieron platicando de cosas sin sentido, algo para animar la conversación. El cabello, el clima, el color apropiado para una hamburguesa y hasta como consiguieron sus respectivos empleos. Jackie averiguo entre otras cosas: que Cave le debía dinero a su padre, que su hermana menor se casó con su profesor de música y que tenía dos perros llamados adelante y atrás por el puro capricho de sentir el placer que se viene cuando uno confunde a la gente de su alrededor.
- ¡No puede ser que seas soltero!
- ¡Te lo juro! Estoy solo…
- ¡No te creo! – gritaba ella y se revolcaba en su asiento con gestos de incredulidad que apoyaban a sus palabras.
- De verdad… te lo juro, estoy soltero, muy soltero… - aseguraba él – pero bueno ¿y tú? ¿Tienes novio?
- No, bueno… no – respondió la chica – no
- Eso no sonó creíble – se burló el rubio
- No, es que, nunca había pensado en eso – explicó Jackie
- ¿En una pareja? La mayoría de chicas de tu edad, están casadas o están por casarse. Es la edad en donde todos metemos la pata. – nuevamente los dos se miraron con una sonrisa sarcástica.
- Lo sé, pero… yo no había pensado en el matrimonio desde hace… mucho, mucho tiempo – admitió
- Yo tampoco – continuó hablando Cave – no puedo pensar en algo como eso, me gusta mi libertad
- ¿Tu libertad?
- Ya sabes. Pasarla bien, disfrutar de las cosas más simples, ser uno con la vida. Así me gusta, serle fiel a la naturaleza, bebé. Así soy yo.
- ¿Nunca te sientes solo?
- Bueno, estás conmigo ¿no?
- Bueno, antes de hoy…
Cave negó con la cabeza y luego puso una mano sobre la de ella.
- Por eso te busqué. Ahora no estoy solo, estamos juntos
"No, así no es" pensaba Jackie pero correspondió al tacto del chico.
- Hablando de las cosas simples. – retomo Cave – Este viernes iré al canon festival de ROOSS, montaran una protesta por la reunión de los congresos frente al PairteSolem, en Manhattan ¿Quieres acompañarme?
- ¡¿Manhattan?! ¿Cómo vamos a ir hasta allá? ¡De ninguna forma!
- Conduciendo – respondió el chico, sospechando que no se trataba de una pregunta seria – Todo de manera simple
- No lo sé … – vaciló Jackie – tengo que trabajar el viernes
- Vamos… yo te cubriré. – insistió Cave, guiñando el ojo
- Bueno… ¿Quién tocara? – preguntó Jackie
- No lo sé, grupos de bala como DIRMES & PLUM, IK. VALHALA, TERRRA CART, GRASSHOPPER & THE DOLL – aseveró él – simples bandas amateur de la zona no urbanizada. Como te dije, todo más simple.
- No sabía que te interesaba la política – se burló ella
- No es así. Pero me interesa la buena música, y ellos siempre son los mejores. – dijo él – Los callejeros con talento, los vagabundos del bajo mundo, de las ciudades más pobladas de Norteamérica. Nueva york les debe las luces de la fama.
Luego por alguna razón el auto se detuvo y los dos se miraron.
- Ah - continuó diciendo Cave – aquí es
Cuando Jackie se bajó del auto, no podía creer lo que estaba viendo. La baranda estaba sujeta de lo alto de una montaña, desde donde se alcanzaba a ver todo alrededor. La oscuridad de la noche estaba iluminada por cientos de estrellas coloreadas, y las luces de la ciudad oscilaban en sus pupilas como bailando hacia ella.
- ¡No puede ser! – exclamó sorprendida - ¡Es increíble! – saltaba emocionada – ¡Se puede ver todo chicago desde aquí!
- Así es – le contestó Cave – es el mejor lugar para quedarse de pie
La chica estaba muy emocionada, pues la combinación de las luces de las urbes y el cielo concentrado de estrellas y puntos lineales que parecían atravesar las auroras de los rayos lunares convergían en el límite interno entre la tierra y las sombras de la noche sobre la montaña solitaria. El lugar perfecto para hacer el amor.
- ¿No es hermoso? – habló él – se puede ver el reflejo de…
Pero Jackie lo interrumpió besándolo y trepándose en él. Y aunque no supo muy bien porque, se le escaparon algunas lágrimas. Volver a sentir el tacto de una piel ajena, sobre la suya, acariciándose con un gesto de agilidad y pureza, como si fuera de nuevo deseada, de nuevo querida, como si nunca hubiera dejado de serlo. Se sentía como una mujer bonita, como una mujer feliz. Porque estaba ahí, en la cima del mundo, sintiendo cosquillas en el estómago, sintiendo algo que pensó que nunca podía volver a sentir, estaba llena de nuevo, ya no tenía miedo, se sentía segura y completa, mientras se refugiaba en los brazos de su amante y gemía entre susurros para sí misma recordándose lo mucho que le gustaba el roce de sus cuerpos.
Las carisias se volvieron más salvajes y el beso se profundizo en una sola lengua. Cave movía constantemente las manos, y no dejaba una sola esquina de su pequeño cuerpo sin disfrutar. Algunas prendas salieron y otras se quedaron, pero no fue sino hasta cuando Jackie dejó a un lado las bragas, que supo que estaba lista. Lista para intentarlo de nuevo, para amar de nuevo, para convertirse en la amante de un hombre que la sostenía con fuerza por las caderas y empujaba dentro parte de sí mismo, regalándole su propio ser. Lista para hacer el amor, no solo mientras fornicaba con él, sino también por un largo rato, mientras estuviera dormida, mientras estuviera despierta. Desde entonces, y hasta que ya no pudiera contener un suspiro.
Pero entonces seria tarde para arrepentirse porque ya estaban teniendo sexo, porque el cielo había visto su forma más indecente, y la noche era testigo de su encuentro. Y tarde era, cuando ella se dio cuenta de que su amante se había quedado dormido, y quiso acomodarse mejor entre su brazo y su pecho pero al hacerlo pateo la ropa del chico y está casi se cae de la baranda hacia el pozo de la montaña.
- Oh no – pudo decir tras darle alcance – estuvo cerca.
Pero la cartera de Cave quedó fuera del pantalón, y Jackie estuvo tentada a fijarse dentro. Solo para saber, solo por curiosidad. No es que fuera una ladrona. No es que sintiera esa necesidad. Pero quizá si la tenía. La abrió con cuidado y comenzó a sacar primero los billetes de menor valor, luego tomo los más grandes y devolvió los primeros. Cuando estaba por sacar el último, al tirar de este, salieron dos papeles con él. El primero era una tarjeta de bendiciones, una muestra religiosa de "buen viaje". El segundo era una fotografía. La fotografía de una mujer hermosa, llena de vida en los ojos, con una sonrisa alegre que estaba mostrando un anillo en su mano. También él aparecía en la imagen, estaba de pie junto ella, tomándola de la cintura, con esas manos tan fascinantes que minutos antes derritieron a Jackie en fuertes orgasmos.
Al principio le costó trabajo aceptar que el nudo en su pecho estaba cobrando mayores dimensiones alcanzando la raíz de su corazón, pero pronto se dio cuenta de que lo único que sentía era ira. Estaba enojada, no con él, sino con ella, por haberle creído, por ser tan estúpida, y por ser una ladrona, porque si sus estúpidos deseos de tomar el dinero no lo hubieran arruinado todo, ella podría seguir viviendo engañada, como siempre fue más fácil vivir. Desde hacía muchos años que no creía en los cuentos de hadas, en las coincidencias mágicas o en el destino. No había sermones que la cambiaran, que la atrajeran de vuelta al circo infantil donde las princesas pueden ser rescatadas por un príncipe azul.
Jackie observó con ironía el suéter de este mismo color, que llevaba puesto Cave y con una sarna complaciente sonrió. Esta vez tomó todo el dinero de la billetera, dejo tirada la fotografía, tomó todas sus cosas y se fue sin llorar. Estaba harta de las lágrimas, solo quería volver a casa. Tomar un café, escuchar el silencio que quedaba a la ausencia de su canario, y descansar la espalda. El día no iba bien, la noche no iría bien tampoco, porque ya era de noche y estaba sola, caminando en la calle de nuevo, caminando a casa con el sabor amargo de la pimienta en su ropa y su cuerpo temblando por las corrientes del viento nocturno que había perdido su magia.
- ¡JACKIE! – gritó un sujeto en un auto que la perseguía - ¿A dónde vas?
- A casa – respondió Jackie
- No es lo que estás pensando…
- ¿Así que la encontraste?
- ¡No! Jackie, te lo explicaré todo
- ¡No puedes! Estas casado ¡Eres un mentiroso! – se giró diciendo Jackie
Cave detuvo el auto y se bajó corriendo.
- ¡No mentí! – dijo tomándola por el brazo
- ¡Estas casado! – se zafó ella
- ¡No es lo que crees! – dijo tomándola de nuevo
- No me importa. Me da igual
- Jackie por favor… – suplicó Cave – ella no… - explicó – ella murió
- ¿Qué? – Jackie se paró en seco – ¿Por qué debería creerte ahora? – estalló diciendo ella – ¡Me mentiste!
- ¿Por qué tomaste mi cartera? – preguntó él
Jackie se quedó paralizada de la vergüenza sin saber que responder.
- Yo no quiero saber porque lo hiciste; porque sé que sería doloroso hablar de eso ¿No es así? – y continuó hablando él porque se dio cuenta de que tenía su atención – porque sé que hay cosas que no se dicen, y eso no es algo que le cuente a todas las personas… porque duele
Una lágrima estaba corriendo por la cara de Jackie mientras ella suspiraba.
- Hace un rato… cuando hablamos de la libertad, no te mentí, estoy solo. Hace un año le diagnosticaron cáncer, pero ya estaba muy avanzado para hacer algo. Estaba muriendo.
Jackie comenzó a llorar deliberadamente.
- Dijeron que no podían hacer nada por ella. – espetó – Yo no les creí. – y de pronto su voz comenzó a tomar un ligero desprecio por el sonido mismo – Porque quería que se salvara. Pero luego de luchar contra la enfermedad en muchos hospitales ella simplemente se dio por vencida y se fue…
- Oh Cave – susurró Jackie en tono de angustia
- No dejo de pensar que si yo hubiera hecho algo más – se reclamó él – si me hubiera dado cuenta antes, ella no estaría… - hizo una pausa para tomar aire – ella no se habría ido.
La chica estaba limpiando a medias sus lágrimas mientras continuaba con los labios apretados para no gemir el sollozo que se le formaba en la garganta.
- Ella se fue y me dejo solo, y no quiero que te vayas tú también – dijo extendiendo la mano – quédate por favor – terminó de decir articulando su voz para evitar que se quebrara y Jackie se lanzó a sus brazos porque a veces también se puede tener un final feliz.
Jackie quería tener su final feliz, no porque fuera egoísta o ambiciosa, sino porque todos lo necesitamos de vez en cuando y Jackie estaba cansada de llorar. Se quedaron abrazados en medio de la calle durante un largo rato hasta que Jackie dejó de llorar. Sentía que lo único que necesitaba era quedarse callada y quieta en un rincón de los brazos de alguien más, un amigo un desconocido o un amante, cualquiera le servía, porque así no se sentía sola, no extrañaba a su protector.
- Señorita Burkhart – salió a recibirla el casero Glenn - ¿Por qué tan tarde…? – pero Glenn se quedó callado cuando vio que la mujer estaba acompañada
- Buenas noches – saludó Cave y Glenn se echó para atrás con unos ojos de recelo.
- Buenas noches – comentó el casero de mala gana
Entonces Jackie y Cave subieron por las escaleras tomados de la mano y por primera vez en mucho tiempo Jackie se fue a dormir con una sonrisa en la boca.
