Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 6: ¿Podría ser más lindo?
Edward se está preparando —duchándose y empacando— y yo estoy sentada en su sofá con Chip, revisando mi teléfono tratando de tener una lista de reproducción lista para este viaje a través del país.
Decidí que no se lo diré a mamá y papá hasta que estemos bien encaminados. No me importa si tengo diecinueve o noventa y uno, siempre me va a importar su aprobación o, en este caso, su desaprobación.
Para ser completamente honesta, todavía no sé por qué acepté este loco plan, aparte del hecho de que el encanto y la personalidad de Edward son increíblemente adorables. Algo me dice que es un buen chico y de confianza. Ya lo ha demostrado.
Hablando del diablo, Edward viene por el pasillo con vaqueros descoloridos, una camiseta negra y los pies descalzos. Su cabello está mojado y un par de calcetines descansan casualmente sobre su hombro. La cola de Chip —la mía también— se mueve con entusiasmo al ver a su mejor amigo, y cuando los ojos de Edward se encuentran con los míos, siento como si el cielo se estuviera cayendo.
—¿Qué opinas de los sándwiches?
—¿Me gustan? —respondo un poco confundida hacia dónde va con esto. Acabamos de desayunar.
Se sienta en la mesa de café y se pone los calcetines.
—Tengo una hielera. Podríamos detenernos y cargarla de comida. Ahorraríamos en las facturas de comidas. Eso es lo que solíamos hacer en los viajes por carretera de todos modos.
Mamá solía hacer lo mismo. La cargaba con jugos Capri, agua, almuerzos y todos los bocadillos que se te ocurran. Lo único para lo que paramos es para ir al baño cada hora porque tengo la vejiga débil.
Una vez, en un viaje a California, papá casi me tira del coche y me deja a un lado de la carretera porque no podía soportar otra pausa para hacer pis. Probablemente fue él quien me heredó los genes de una vejiga defectuosa.
—Me gusta esa idea —digo, mirando la forma en que su cabello cae sobre sus ojos.
Él sonríe y se inclina hacia adelante para frotar la cabeza de Chip antes de ponerse de pie y moverse hacia la puerta para ponerse las botas —hay algo con esas botas— antes de tomar el sombrero de uno de los ganchos y colocarlo en su cabeza mojada.
Lo hace bien como vaquero, eso es seguro.
Chip salta del sofá y sigue a Edward, y yo me paro porque realmente no sé qué hacer conmigo misma. Me dirijo a la habitación de Edward para tomar mis cosas, pero luego lo escucho detrás de mí y miro hacia atrás para ver que me está siguiendo.
Haciendo caso omiso de la extraña mezcla de mitad mariposas y mitad terror que siento en mi estómago, pregunto:
—¿Nos vamos?
—¿Estás lista para partir?
—Solo tengo que agarrar mis cosas.
—Yo te las llevo.
Asiento y le dejo ser el caballero que dice ser.
—Hice una lista de reproducción —le cuento, sonando como Baby cuando lleva esa estúpida sandía.
Él sonríe.
—¿Sí? No puedo esperar a ver lo que se te ocurrió.
—Bueeeeeeno, es un poco de todo. Si no te gusta, aprenderás a amarlo. Estoy un poco enamorada del botón de repetición.
—¿Podré elegir alguna de las canciones?
—Elegí algunas que pensé que te podrían gustar.
Sonríe lentamente.
—Bien, Swanie.
Está bien, no puede mirarme así.
Pasa a mi lado, y lo veo mientras agarra mi maleta y la suya antes de que agarre mi mochila. No creo que pueda soportar lo caballeroso que es. No parece real.
—Pondré esto en la camioneta y luego volveré y cerraré.
Asiento con la cabeza y decido que usaré el baño antes de salir. Me siento en el inodoro y alivio mi vejiga, todavía sin creer que realmente estoy haciendo esto. ¿Un viaje por el país con un hombre que acabo de conocer? Irreal.
Después de terminar en el baño, salimos.
Edward me abre la puerta, Dios, y espero a que entre y encienda la camioneta antes de sincronizar mi teléfono con su Bluetooth.
—Primero nos dirigiremos a la tienda. ¿Suena bien?
Asiento y pongo la música en volumen bajo.
—Oye, ¿viste que todo terminó bien con la situación de los rehenes en el aeropuerto ayer? Leí un artículo al respecto hace un rato. Gracias a Dios.
Me mira y asiente.
—Esas son buenas noticias. ¿Significa esto que quieres tomar un vuelo?
—Diablos, no —niego, mi corazón se acelera con solo pensar en subirme a otro avión.
Edward se ríe.
—Bueno.
—Si tengo algo que decir al respecto, nunca subiré a otro avión. Carece de sentido. A quién le importa si se tarda diez veces más en llegar del punto A al punto B. La vida no está destinada a apresurarse.
—Así es —coincide Edward, y miro y sonrío porque él estuvo de acuerdo conmigo, luego presiono reproducir en la primera canción.
Body Like a Back Road.
El hoyuelo se profundiza en su mejilla, todo es parte de mi plan.
No pasa mucho tiempo antes de que estemos en una vieja y decrépita tienda de comestibles. Todo en la ciudad parece antiguo, pero la gente es agradable, aunque un poco fuera de lo común. Algunas personas me miran como si fuera un extranjero de otro país, pero otras son tan sonrientes y amigables como Edward.
Me gustan las vibras que recibo de esta pequeña ciudad rural.
Edward agarra un carrito y me lleva por los pasillos.
—¿Qué te gusta además de las galletas de peces de colores?
—Muchas cosas, en su mayoría cosas raras…
—¿Cosas raras? ¿Como qué? —Edward agarra una barra de pan, examinándola de frente a la etiqueta, entrecerrando los ojos en concentración. Agarra otro pan, de otra marca, y hace lo mismo.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto.
—Asegurarme de que el pan no esté hecho con maní.
—¿Qué? Puedo comer pan —digo, riendo un poco, pero también sintiendo mi estómago calentarse ante su preocupación.
Él levanta la vista de su lectura y examina mi rostro.
—¿Y si está hecho con harina de maní? No puedo simplemente asumir que no tiene maní porque es pan. ¿Verdad?
No es real.
—Sé que puedo comer de esta clase —señalo el que tiene en la mano izquierda—. Pero nunca he comido de esa clase.
—Entonces este es. —Vuelve a poner el otro y agarra otra barra de pan—. Solo empujaré y tú escogerás la comida —dice, apoyando los codos en el asa y empujando el carrito hacia adelante.
—Si elijo todos los bocadillos, ¿te gustarán?
—Como cualquier cosa —afirma—. Yo no soy exigente.
—Te lo digo, me gustan las cosas raras.
—Estoy bien con lo raro. Créeme.
—Está bien, pero no digas que no te lo advertí.
Él sonríe.
—Advertido y listo para lo que me quieras dar.
Aparto la mirada y empiezo a caminar porque quiero quitarle esa sonrisa de la cara con un beso, y no puedo besar a alguien que acabo de conocer.
Cuando todo está dicho y hecho y el cajero ha facturado nuestro dip de queso y palitos de pan, barras de cecina, bocadillos de frutas de Scooby Doo, papas fritas horneadas, queso en tiras, fiambres y queso, un par de pizzas para recalentar, pasteles de arroz de caramelo, jugos Capri, jugo de naranja, sodas, agua, casi cualquier cosa que se te ocurra, saco la tarjeta de mamá para pagar, pero Edward me detiene y entrega su propia tarjeta.
—No puedes pagar por todo eso —argumento.
—Puedo. Tú estás a cargo de la música, yo estoy a cargo de la comida. Es lo justo.
—¡Qué! Eso ni siquiera es justo. La música es gratis.
Se encoge de hombros y sonríe para sí mismo, toma las bolsas del estante y las coloca en el carrito. Una vez que estamos de vuelta en la camioneta, abre la puerta como si quisiera que entre.
—Necesitamos descargar el carrito —digo.
—Yo voy a hacerlo.
—Puedo ayudarte —insisto. No es que no esté acostumbrada a cargar y descargar alimentos. Papá me obliga a hacerlo todo el tiempo, incluso a mamá. Créeme, he sido víctima del tiene que importarme una mierda acto una o dos veces, o digamos quinientas—. Estás siendo demasiado amable.
—Es quien soy. ¿Quieres que sea malo? —pregunta, inclinando la cabeza en dirección a la puerta abierta, básicamente diciéndome que meta mi trasero dentro de la camioneta.
Poniendo los ojos en blanco, entro.
—No, pero vas a tener que dejarme hacer algo en este viaje —comento antes de que cierre la puerta—. No puedes simplemente consentirme.
—No es para tanto, Swanie. Puedo soportar cargarlo todo. —Sonríe y cierra la puerta, y yo ignoro la forma en que me hace sentir. Es Estocolmo sin ser Estocolmo. Me salvó de tener que viajar en avión. Estoy agradecida con él y su idea de divertirnos a través de los Estados Unidos.
La puerta trasera se abre y él mete la hielera y las bolsas en la parte de atrás, y luego sube al frente, y recuerdo algo importante.
—Nos olvidamos de Chip. —Echo un vistazo en el asiento trasero y literalmente nos olvidamos de Chip.
Edward se ríe y lo volteo a ver.
—No lo olvidamos. Lo hice quedarse en casa.
—¿Qué? Qué triste. Tenía muchas ganas de conocerlo mejor.
¿Cómo se puede sonreír tanto? No es bueno para mi psique.
—Estoy seguro de que él también lo estaba esperando —agrega, haciéndome reír un poco—. Pero no puedo dejarlo en la camioneta si los hoteles no aceptan mascotas.
Cierto.
—¿Tu papá lo deja salir de la casa?
Edward retrocede y nos pone en camino.
—Nope. Tiene su propia puerta gigante para perros en la cocina. Puede ir y venir como le plazca.
Asiento con la cabeza en comprensión.
—Mi papá puso una de esas puertas cuando tuvimos a nuestro perro. Sin embargo, era pequeño y mamá tardó una eternidad en enseñarle a ir al baño. Pensé que nunca lo conseguiría, pero después de que le frotaran la nariz en su propio pis un par de veces, finalmente aprendió.
—¿Sí? ¿Cuál era su nombre?
—Toro. Era un chihuahua. Mi maestro de cuarto grado vivía al lado de mi mejor amiga, ya sabes, la del hermano… —Asiente con la cabeza en recuerdo de Jerry, y sigo hablando—... Y tenía un chihuahua llamado Chico, y pensé que era genial. Me tomó medio siglo, pero mamá finalmente cedió y me consiguió mi propio Chico, pero se llamaba Toro.
—¿Todavía lo tienes?
—Ah, no. Hubo un incidente y tuvimos que buscarle un nuevo hogar.
—¿Fue un buen hogar?
—Estoy bastante segura —digo sin tener ni idea. Si recuerdo correctamente, traté de bloquearlo todo, lo pusieron a dormir, así que creo que el paraíso de los perros es realmente un buen hogar. Todos los perros van al cielo—. ¿Cuánto tiempo llevas con Chip?
—Desde que era un cachorro. Papá me lo compró cuando cumplí diez años.
—No me extraña que seas su mejor amigo. Eso es un largo tiempo.
Edward se ríe.
—Estoy con él hasta la muerte. —Dios, es increíblemente lindo. Apenas puedo soportarlo—. ¿Cuál es la siguiente canción de esa lista de reproducción tuya?
—¿Te molesta que hable?
—¿Qué? —Ahoga una sonrisa, y agarro mi teléfono y abro mi música de Apple.
La dulce voz de Charlie Puth fluye a través de los altavoces, One Call Away, y trato de mantener los labios cerrados, pero no puedo evitar cantar con él.
Edward asiente con la cabeza en señal de aprobación y se pone un par de gafas de sol.
¿Podría ser más lindo?
¡Edward ya es de lo más lindo! Me encanta su forma de ser, tan alegre y despreocupado, y su manera de tratar a Bella. Me alegra saber que no soy la única que está un poco enamorada de él ;)
Gracias por los comentarios, alertas y favoritos, es bueno saber que les está gustando la historia, y nos motiva a seguir buscando más permisos para traducir. Ya saben, no olviden decirme qué les pareció.
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
