5. Jueves de dios y los sagrados medicamentos.
(1 día antes)
"Todos debemos escuchar al señor" decía el padre. "¿Cuál señor?" pensaba Kelso y el resto de la ceremonia de eucaristía ocurría lo mismo en repetidas ocasiones, hasta que podía distraerse jugando a poner caras graciosas con Betsy. No obstante, ese día algo estaba cambiado. Algo en el aire parecía prepararse para hacerse grande. Tal vez se sentía de esa manera porque dejó de tomar esas pastillas, o solo porque el clima estaba más bravo que de costumbre. Sea como fuere, Kelso estaba seguro de que algo no andaba bien. Ahora mientras estaba en casa, se hallaba en un estado de duda consiente, como si el viento hubiera dejado de soplar en aquella dirección.
Brook miraba su propio reflejo en el espejo mientras leía el empaque de una caja pequeña y contenía la respiración tras compararlo con la prueba de GCH sobre la que había estado orinando. La mujer tenía el mismo sincretismo en el alma que cuando se enteró, esa primera vez, que estaba embarazada de Betsy. Pero algo había de diferente en esta ocasión. Mismo error, mismo hombre, mismo miedo y repentinamente diferente solución. Esta vez Kelso no era un idiota desconocido. Era su marido, el padre de su hija, el hombre con el que se casó. El hombre que mantenía relaciones sexuales con su mejor amigo, ese mismo hombre.
De todas formas decidió deshacerse de la prueba y con toda la calma del mundo se giró para cerrar la tapa del inodoro; cuando de pronto reconoció en el agujero del retrete, por donde pasa el agua, una pequeña pastilla ovalada que le pareció irremediablemente familiar. Confundida y más que nada, alarmada por la idea que se le vino a cuestas, se asomó dentro de la caja del espejo y descubrió los frascos anaranjados completamente vacíos. Normalmente tenían un dote ligero de 4 frascos para prevenir accidentes, sin embargo, Brook no necesitaba hacer cuentas para darse cuenta de lo que estaba sucediendo.
Kelso tenía la cabeza metida en un balde con lodo y una lombriz había entrado en su boca cuando decidió, dada la situación, que necesitaba oxígeno. Recibió una llamada por la mañana, era su madre y le había dicho que no metiera la cabeza en un balde con lodo, parte por su puesto, de una mal planeada metáfora, y por lo demás sobran explicaciones. El único problema era que no podía evitar hacer cosas como esa cuando Betsy estaba con él. Betsy era su única hija y él estaba orgulloso de tener una chica que lo rescatara del balde con lodo cuando todo comenzaba a ponerse feo. Betsy era particularmente inteligente y a veces Kelso pensaba que pudo adelantarla en el juego del gato por pura suerte, cuando ella tuvo solo 2 años de edad.
Ahora Kelso tenía mucha suerte de que sus intelectos no se hubieran combinado, y de que su hija resultara más parecida a su madre, por lo menos en este aspecto. Los días desde que Fez había tenido el accidente habían transcurrido de la manera más extraña. Brook estaba actuando frívola y ofuscada todo el tiempo, y Betsy pasaba tanto tiempo en la escuela que casi no podía verla. Por eso, cuando su esposa salió a la parte trasera del patio y se apareció con cara de querer decir algo, casi se sintió agradecido, incluso cuando su rostro denotaba que estaba molesta.
- Betsy, ve a regar las plantas de atrás – dijo la mujer a su hija – Ve
La niña, que estaba haciendo un buen trabajo limpiando el lodo de la cara de su padre, buscó en él su aprobación y luego obedeció a su madre sin la necesidad de decir nada.
- ¿Qué ocurre? – le preguntó él
Pero cuando quiso seguir hablando se dio cuenta de que la expresión de su mujer estaba completamente envilecida. Brook sacó un frasco vacío y se lo enseñó.
- ¿Qué es esto? – le preguntó – ¿Estas eran tus pastillas?
- Ah – bufó Kelso con indiferencia – eso…
Brook no parecía entender porque su esposo no se apresuraba a darle una explicación como estaba tan acostumbrada a recibirla. En lugar de eso, el hombre tenía una mirada fría y llena de desencanto.
- ¿Por qué lo hiciste? Michael, ¿tienes idea de cuánto dinero acabas de tirar a la basura? ¿Tienes alguna idea…?
- No tienes que pagarlas de nuevo – interrumpió él – porque no volveré a tomarlas
Su esposa estaba perdiendo esa facilidad tan suya de controlar las acciones del chico. No se sentía como él, para ella, estar hablando con él, funcionaba de la misma forma que una discusión en el transito embotellado con un desconocido.
- ¿Qué dijiste? – intentó continuar Brook
- Ya me oíste – amenazó Kelso con más seguridad que antes – no voy a to…
- ¿Te volviste loco? – apuntó la chica con una vena saltándole por la frente
- No Brook – contestó el chico con una voz más intranquila – solo deje de estarlo
- ¿Pero te estás escuchando…? ¿Qué es lo que...?
- Deja ya de decir estupideces Brook, no necesito unas…
- No me interesa – dijo ella subiendo el tono – Vas a tomártelas, porque…
- No las necesito porque no estoy…
En este punto la conversación se había envuelto en ligeros gritos que exponían de forma breve sus más dandestinos humores.
- ¡Si estas, carajo! ¡Si estás loco! – estalló la mujer
Kelso abrió mucho los ojos con una rabia indiscutible y luego ladeo la cabeza como si se negara a entender lo que acababa de escuchar. Por su puesto ella quiso retirar sus palabras pero el punto de inflexión estaba tendido sobre el pasto bebiéndose una cerveza mientras disfrutaba del espectáculo propiciado por su propio caos.
- ¿Te parece que estoy loco? – preguntó Kelso, antes de hacer una pausa incomoda que duraría los próximos 15 segundos - ¿Estoy loco?
- Bueno… – explicaba Brook, retrocediendo en sus palabras – No… pero si estas enfermo… – le dijo – y necesitas ayuda…
Kelso interrumpió a su mujer con una risa que podría haber dejado afónico a cualquiera, pero que él tenía muy bien ensayada. A nadie que lo conociera desde los años de la secundaria, podría haberle parecido que el tipo estaba enloqueciendo. Pero Brook estaba segura de que, en efecto, este era el caso.
- ¡Estoy loco! – gritó Kelso, y su voz había alcanzado el timbre común donde no se puede saber si se ríe o está conteniendo una gran rabieta – ¡Estoy loco! – gritó – ¡ESTOY LOCO!
El hombre se reía con un desbalance inminente y Brook había dejado a un lado su enojo, y comenzaba a preocuparse por la salud de su marido.
- ¡No fue lo que quise decir! – alegó ella, tratando de rectificar, pero en el fondo ella también sabía que era demasiado tarde
- ¡Pero lo dijiste! ¡Estoy loco! ¿Por qué no me encierras en un manicomio y te libras de mí? ¿De tu maldito y enfermo esposo, loco? ¿Por qué?
- Baja la voz, tu hija está escuchando – comenzó a susurrar Brook haciendo un cono con las manos en forma de súplica, mientras se le acercaba con sigilo
- ¿Qué no lo sabe? ¡Todos saben que estoy loco! ¡POR QUE ESTOY LOCO!
Brook se dio cuenta de que la diferencia de tonos, no lograría reducir al otro y de esta manera comenzó a gritar ella también:
- ¡Pues si Michael estás loco! Te la pasas metido en el estudio cuando estás aquí, viendo reportes, y escuchando noticias como un obsesivo compulsivo. Estas diciendo cosas sobre una organización que te persigue, que aparece en fotos y que cambia las luces. Así es como actúa un loco ¡Como TÚ!
- ¿Cómo un loco? ¿Ah? entonces supongo que ahora soy un loco porque me preocupa la seguridad de mi familia
- Ay, por favor, no me hables de familia, ¡NO HABLES DE LA FAMILIA! – vociferaba su esposa – ¿Acaso tenemos una? ¿Eso crees que tenemos? – chilló – ¡Una maldita familia!
- ¡Sí! ¡sí! ¡Eso somos! – aulló él – ¡Una familia! Y la familia se apoya…
- ¿Se apoyan? – retó Brook
- Si – dijo él
- ¿Eso hacen? – incitó de nuevo la castaña
- ¡Eso hacen! – le contestó
- Las familias se apoyan… - se burló Brook con un tono sarcástico
- Se apoyan – repitió Kelso
- Se apoyan, y se abrazan, y se cogen a sus amigos, mienten y se engañan ¡¿Eso es una familia para ti?! ¡ESO ES UNA MALDITA FAMILIA!
Kelso había estado asintiendo sin querer hasta que se dio cuenta de que su mujer había tergiversado su argumento
- ¿De qué hablas? – se indignó él
- De tu relación con el extranjero.
Kelso tragó saliva en un intento de espantar a su propio miedo y con el verdadero propósito de esconder una voz aguda que estaba a punto de acobardarse.
- ¿Qué? – fingió no entender
- Lo sé Michael, lo sé todo sobre Fez – bramó la mujer con los labios tan apretados que se le pusieron blancos
- No se dé qué estas…
- Deja de fingir – ladró ella – no dije nada antes, porque creí que me lo contarías, que tendrías los huevos para decirme que te estás acostando con un hombre ¡Carajo!
- ¡No sé de qué estás hablando!
- Con el mismo que fue nuestro padrino de bodas, con el mismo que se quedaba a dormir aquí cuando se hacía tarde… al que le dimos la llave de nuestra PROPIA casa, para quien la puerta siempre estuvo abierta ¡CON EL MALDITO TRAIDOR QUE CUIDA A TU HIJA CUANDO NO ESTAMOS!
- ¡NO SE DE QUE ESTAS HABLANDO!
- ¡SI SABES! – lloriqueó Brook – Si sabes y no te importa, no te importa esta familia, no te importa tu hija, ¡No te importa un carajo!
- ¡Eso no es cierto! – se defendió Kelso
- ¡En nuestra propia cama, Michael! ¡¿En mi maldita cama?!
- ¡Eso no es cierto! ¡No es así! ¡No fue así como sucedió!
- ¿Entonces cómo, Michael? – insistió Brook - ¿Cómo?
Entonces los dos se quedaron callados unos segundos y por ese mismo lapso de tiempo solo se pudo escuchar el sollozar de la mujer y un gruñido barrido desde el interior de la garganta del policía que no estaba haciendo ningún esfuerzo por indagar una explicación creíble en su cabeza.
- ¿Sabes qué? No necesito otro loco en mi vida – terminó de decir Brook – ¡Enfermo! ¡Mentiroso!
- ¡¿Entonces soy un enfermo porqué me gustan los hombres?! – se enfadó Kelso
- No ¡Eres un enfermo medicado Michael! ¡Siempre has estado enfermo! - Brook comenzó a corretear a pasos largos a su esposo que estaba caminando tratando de alejarse de ella para no tener que escucharla mientras meneaba la cabeza negando lo que ella le decía – ¡Eres peligroso! Y no voy a dejar que sigas conviviendo con mi hija, Michael.
Kelso se paró en seco y rivalizaron sus miradas.
- ¿Qué estas…?
- Quiero que te vayas Michael – ordenó ella
- ¿Estás loca? – se quejó él
- No – explicó Brook con un tono firme – Pero tú sí. Por eso te quiero lejos de mi vida y de mi casa. – Kelso abrió mucho los ojos y se le acercó con un movimiento que enmarcaba su hostilidad en los hombros – ¡Vete de mi casa! – espetó ella
- ¡Por el amor de dios Brook! – intentó discutir el hombre
- Vete Michael – asintió Brook con la cabeza
- ¡Maldita sea, escúchame! ¡NO PUEDES ECHARME!
- ¡Lárgate de mí maldita casa!
Por la rejilla de la puerta se asomaba una pequeña cabeza que estaba dándose cuenta de que sus padres no se encontraban felices del todo.
- ¡Mamá! – gritó Betsy al borde de las lágrimas y los dos padres la miraron con rasgos de mínima atención para volver pronto a su discusión
- Entra en la casa Betsy – le indicó Brook
- ¡No la escuches Betsy, está loca! – aprovechó para decir, el esposo.
- ¡Entra en la maldita casa! – exclamó Brook
- ¡Papi! – clamó la niña
- ¡No le grites a mi hija! – la amenazó Kelso – ¡No le hagas caso, Betsy!
- ¡Es MI hija! ¡Cállate! ¡CALLATE! ¡NO QUIERO OIRTE! – comenzó a golpearlo Brook con un saco de abono que estaba a un lado de las flores – ¡Vete de mi casa, ya no te soporto! ¡Vete!
- ¡No me voy a ir! ¡Esta es mi casa! – rugió él
- ¡Llamare a la policía! – amenazó Brook cuando se dio cuenta de que su hija estaba pegando un llanto insoportable
- Yo soy… la maldita policía – dijo él, y la severidad que ahora había en sus ojos le provocaba un creciente escalofrió a su esposa.
- ¡Haré que te encierren en un loquero!
- ¿AH, SÍ? Puedes intentarlo – la retó – ¿Sabes qué? Si, hazlo – insistió con movimientos bruscos que la hicieron retroceder – llama al puto loquero, para que te revisen a ti ¡Por que estas inventando cosas!
- ¡Mami! – lloraba Betsy
- ¿Estoy inventando cosas, Michael? – se volvió a acercar ella
- ¡Sí!- le contestó
- ¿Invento cosas? – preguntó ella en tono de adivinar su propia respuesta
- ¡Papi! – berreaba Betsy
Los padres aun ignoraban a su hija.
- Inventas cosas ¡Estas inventando cosas! – reclamó Kelso
Brook le arrojó la fotografía del hospital donde estaba besando a Fez y Kelso se volvió encolerizado con un gesto mohíno hacia su mujer.
- ¡Eres una perra! – soltó resentido y con el piquete en la lengua de un agrio acervo
- ¡Eres un imbécil!
- ¡Mamá! – chillaba la niña con mucha desesperación – ¡Papá!
- ¡Lárgate! – insistió Brook
- Pues ¿Sabes qué? – comentó el esposo iracundo – ¡Si me voy, me la llevo! ¡Y jamás la volverás a ver! – y en ese momento Kelso estaba corriendo hacia Betsy pero las madres siempre son más rápidas y alcanzó a tirar de una de sus piernas y barrerlo al suelo en el proceso.
- ¡Corre Betsy! – gritó Brook - ¡Corre!
- ¡MAMÁ! – gritaba la niña aterrorizada
- ¡CORRE! – rugió su madre
Kelso alcanzó a zafarse y darle alcance a la niña, por la ramera, pero Brook también se levantó y lo pescó por el cuello, colgándose de él. Kelso por fin cedió al agarre porque su hija lo mordió y se giró para quitarse a Brook de encima pero ella había cogido una especie reloj de madera y se lo rompió en la cabeza a su esposo.
- ¡Maldita bruja! – se quejó palpándose con cuidado la herida para descubrir que sus dedos se llenaban de su propia sangre
Kelso se quiso abalanzar sobre ella, pero Brook siempre había sido más lista, y en un acto desesperado y casi sin pensar, la mujer tiro de la repisa de la cocina y alcanzó a pescar la pistola del policía para amenazarlo con ella.
- ¡Largo! – amenazó
Kelso salió corriendo de la casa perseguido por su mujer, quien había encontrado el arma de su marido y estaba empuñándola con las dos manos y apuntando en su dirección.
- ¡Largo! – gritaba con lágrimas en los ojos
El policía se subió en la patrulla y comenzó a conducir muy rápido, derrapando en algunas esquinas y gritando de frustración.
- ¡Estamos muertos! – gritaba para sí mismo y bebía de su mano un bolsón de licor.
- ¡Que le den! ¡Que les den a todos! – lloraba - ¡Que se jodan todos!
Condujo hasta la casa de Fez, donde pudo sentirse a salvo y comenzó a beber y beber mientras alternaba las pastillas para el insomnio y las del PSIC que había guardado en su bolsa, guiado por un grito de desesperación en el fondo de su pecho y conteniendo la saliva que se le escapaba por la boca mientras vomitaba. A penas podía mantenerse de pie, y había un dolor intenso en mitad de su brazo que no lo dejaba tranquilo, quizá solo estaba estresado pero cada vez que se proponía calmarse, todo se le venía encima y se sentía cada vez más desubicado. El calor que pasaba por su garganta, se le anidaba en el pecho, como una nube de polvo que está apunto de sumergirte en la asfixia.
Durante los primeros kilómetros, Kelso estuvo seguro de que había hecho lo correcto. Pero al acerarse más y más a su destino, el argumento se le descompuso en la cabeza y le dejó un sentimiento muerto en el alma. El departamento de Fez, estaba en Wisconsin, sabía que ambos habían compartido millones de momentos allí. Nadie, indudablemente nadie, podría decir que no le pertenecía. El departamento fue testigo, de esa noche, de esa primera noche, en la que ambos comenzaron con un secreto cardiaco que le volcaría el corazón a diario durante los siguientes años.
Había sido en el verano, dos años atrás de la fecha en la que todo se jodió por culpa de Brook. Kelso estaba recién casado y todavía estaba teniendo problemas para recuperar su empleo como oficial de policía, pasaba las horas cuidando de su hija Betsy, mientras que su nueva esposa salía a trabajar durante todo el maldito día. Kelso pensaba que era innecesario trabajar, pues la madre de Brook parecía tenerlo todo bajo control. Pero las cosas no iban bien y tampoco estarían bien después. Kelso tenía una idea grande sobre como quería que terminara su vida. El hecho era más que una ilusión y se componía de materiales como Abas, uranio y alas de muchas mariposas alienígenas.
Si Kelso hubiera sabido que esa fiesta iba a acabar igual de mal que el día del concierto en el que embarazó a Brook, ni siquiera hubiera asistido. Cuando la fiesta terminó, algunos de los rostros conocidos como Jackie o la misma Pam Macy estaban por irse y la hora de la charla los incitó a degustar las sobras de la comida por su cuenta. Kelso no era capaz de recordar el motivo de la fiesta, pero si estaba seguro de haber visto pastel, algo de sidra y quizá algunos regalos extravagantes. Recordaba haber comido pie, pastel de frutas, ponche, licor de sal y a su mejor amigo Fez. Aunque de esto último no estuvo seguro hasta que despertó desnudo al lado suyo.
Kelso pudo haber salido corriendo antes de que el moreno se despertara y de esa forma acabar con todo lo que sucedió, pero no fue así. De alguna manera cuando el extranjero se giró para encontrarse cara a cara con su amigo. El seguía ahí. Pudo irse, olvidarse de todo y seguir con su vida. Pero se quedó. Fez estaba asustado, sorprendido y adolorido también, más en la espalda que en el orgullo, pero lastimado también, en lo profundo de un ego malhumorado. Fez no quiso hablar con su amigo de lo ocurrido y le pidió que se fuera. La conversación se tornó violenta, aunque de pronto solo se miraron directamente con un morbo vergonzoso mientras pensaban cada uno por su cuenta, en lo mal que estaba la situación; en un abrir y cerrar de ojos, Kelso estaba pegado de nuevo a la boca de su nuevo amante como sanguijuela.
Aquella era la primera vez que Kelso podría recordar más tarde con lujo de detalle. Había estado bien de sobra, con un tono violento y hasta desesperado como si hubieran esperado ese momento por siglos y por fin la dama, pudiera soltarse el corsé y sacar la barriga. La libertad que sintió en ese preciso instante, nunca la volvió a sentir. Sin embargo, siempre que estaba con Fez se sentía libre de nuevo, no en un alto grado pero grato, satisfecho con él mismo y hasta seguro. Aunque no tuviera el valor para admitirlo frente a otros, el cariño que sentía por Fez, superaba casi el de cualquier persona. Y salvo por su hija Betsy, Kelso solo podía decir que había amado a Fez. Con trampas, con sombras, y siempre bajo el cobijo de una mentira absurda, pero con mucha fuerza, así con esa fuerza que uno tiene cuando hay que levantar un par de toneladas para sacar de debajo de un Mustang a su propia cría, así con esa fuerza amaba a ese condenado extranjero.
Ese departamento se convirtió en un hogar para él y para Fez, en el refugio de su secreto más íntimo, la baticueva y el fuerte de ambos. Uno al que solo ellos podían acceder por medio de esa magia tan singular que eran capaces de crear solo cuando estaban juntos. Y por eso cuando Kelso entró en la habitación vacía, sosteniendo la fotografía que Brook le tiró encima, en la mano, y la mirada perdida en la impotencia del recuerdo más próximo, se sintió perdido. Kelso no tenía justificación para ese beso, no tenía justificación para ninguno de los besos que había intercambiado con su amante. Solo le quedaba atorada la palabra que tenía la explicación correcta, porque no podía pronunciarla, porque está prohibida para los dos.
Así fue como el policía, comenzó a destruirlo todo, ebrio con el dolor de haber perdido todo lo que le importaba con un solo golpe de realidad. Consternado, cansado, pero sobre todo, muy enojado. Deshecho por sus propias acciones y mimado por una vigilia constante que lo malhumoraba todavía más, y cuando estaba pateando el buró de la esquina en la sala de estar, una caja se cayó del estante y su contenido rodó por el suelo como dulcecillos.
Había un saco, una sudadera, un pantalón gris, una gorra plana, una cartera y un gorro. Además algunos boletos de avión, un pasaporte, y mucho, mucho dinero. Kelso reconoció los papeles verdes y pausó su pena por sí mismo para hincarse y revisar los documentos en el suelo. Agarró la ropa y alcanzó a leer PSIC en la etiqueta y entonces todo comenzó a ponerse claro para él. Ya con más confianza y adivinando lo que podrá encontrarse leyó el pasaporte, donde se podía ver un nombre extraño en arábigo debajo de la fotografía de Fez y un número de cuenta en un papel con una dirección anotada en él.
- ¿Manhattan? – leyó Kelso y los labios le temblaron.
- ¿Qué fue lo que hiciste Fez? – susurró
El malestar ocasionado por la carencia de las pastillas a las que su organismo estaba acostumbrado desde los 8 años de edad, estaba causándole mareos, reacciones alérgicas y hasta constantes nauseas, pero estaba seguro de que eso no era una alucinación. Fez estaba atrapado con gente peligrosa, y las investigaciones que había estado haciendo sobre los sujetos que aparentemente solo cambiaban las luces, estaba incompleta, por no decir perdida, porque no había encontrado una sola palabra sobre ellos. Como si de verdad, no existieran.
- "PairteSolem" 33 – 16 – KQS. Rowedler Andrwe 36 – 14 – continuó leyendo.
El chico se estaba dando cuenta de que algo malo sucedía pero no podía estar seguro así que necesitaba ayuda. Descolgó el teléfono muy rápido y comenzó a marcar un número que había anotado en su libretita para multas apenas una semana atrás.
- ¿Eric?
- Hola… - respondió una mujer
- ¿Eric?
- Estás hablando con Jenny, Han y Eric Forman. Por el momento no estamos en casa …
- ¡Maldición! – se quejó y corrió afuera
Kelso tomo su radio y apretó el signo de más en el costado.
- 10 – 18 aquí Mike, ¿Me copias Ted?
Un sonido crudo le perforó el tímpano sin querer.
- Te copio, aquí Jeff ¿Que pasa Ted? – respondió el radio entre varias frecuencias estandarizadas por el fondo de una radiación grabada.
- Necesito que me ayudes con algo – explicó Kelso
- Qué bueno que estas allí – comentó Jeff – acabamos de recibir una situación, te veo en la 12- 18 ¿bajas?
- ¿Qué situación? – la pausa del radio no rompió el silencio esta vez – Ted. ¿me copias? ¿Ted?
- Aquí Jeff… te copio – respondió – ¿bajas?
- Voy para allá ¿cuantas bajas? – preguntó Kelso
No recibió respuesta.
Kelso corrió a la habitación de Fez, cogió una cámara vieja y comenzó a fotografía la evidencia, luego puso todo de vuelta en la caja y salió corriendo. Condujo hasta la autopista 12 – 18 y cuando llegó pudo reconocer a Jeff con un pedazo de pizza en el bigote.
- Ya estoy aquí – dijo bajándose de la patrulla – tienes que ver estas fotografías – pero sacó la incorrecta, la que Brook le había dado por la tarde – ¿Qué sucede? – le dio tiempo de decir a Kelso, antes de que dos oficiales específicamente, Martínez y Queirz le dieran alcance por los hombros y lo redujeran de espaldas
- ¿Qué están haciendo?
Los dos hombres lo sometieron sin necesidad de hablar y fue solo cuando lo tuvieron de espaldas y con los dos brazos atrás que hablaron con él.
- Hubo un conflicto doméstico, Mike – dijo Jeff
- Resulta que eres el antagonista de la historia – le explicó Martínez
- ¿Qué? Brook habló con ustedes – se burló Kelso – ¿No es serio o sí? Van a arrestarme ¿Esas son esposas reales? ¿Están arrestándome de verdad? – y Kelso borró su sonrisa
La fotografía se cayó y Martínez la levantó
- Camina Mike. – dijo Jeff – te soltaremos cuando te calmes - y lo empujó
- No. Suéltame ahora, Ted ¡Déjame ir, imbécil!
- Hey ¡Cuida el lenguaje Mike!
- ¡Soy yo Ted!
- Ajá – señaló emocionado el otro Ted – aceptas que eres Ted
- No, Ted, estúpido Ted ¡Déjenme ir! Fue un mal entendido
Pero Kelso termino en un cuadro pequeño y solitario con la cabeza metida entre los barrotes.
- Ya me calmé ¿puedo irme?
Jeff estaba mirando la fotografía pequeña mientras soltaba cariñosas carcajadas que casi lo convertían en un auténtico sueño.
- ¿Ese es otro hombre? – decía entre lágrimas de risa - ¿Estuvo rico? ¿Se siente bien? Dicen que se siente bien… Porque… porque… - trataba de decir en medio de las carcajadas – porque tu esposa está muy buena y para que prefieras…
- Cierra la boca y déjame salir de aquí, Ted.
- Lo siento – decía golpeando la mesa – es muy gracioso – y se reía cada vez más
- Es estúpido – se burlaba otro
- Lo peor es que… ¡Y te descubrieron! – se burlaba agarrándose el estómago - ¡te descubrieron!
- ¡ya basta! – se enfadaba Kelso y golpeaba los barrotes
- Tranquilízate Mike, tu secreto está a salvo con nosotros – se reía Martínez, Kelso volvió a azotar la cabeza contra la pared – no te estás calmando Mike
- Lo que no entiendo – decía otro, con un acento flamenco muy raro – es ¿Por qué empeñaros en tener vuestra propia tarjeta medieval? Es que yo flipo ¿piensas? ¿a qué si?
- Ni siquiera sé que es eso – se burló Kelso con alto sarcasmo – ¿podrían sacarme de aquí, de una puta vez? ¡No es divertido!
- Fotografías indecentes que te condenan – explicaba Jeff masticando la pizza – ¿es de ayer? – le preguntó a Martínez, y Martínez asintió con la cabeza mientras Jeff inspeccionaba su comida con un entrecejo fruncido.
- Los famosos… bueno, esos tíos las tienen, porque necesitan armar un escándalo para no pasarse de moda. – continuo el flamenco – pero vos ¿para qué?
- Solo déjame ir a hablar con ella y revisa las otras fotos las de PSIC …
- Mira Ted – comenzó a decir, un Jeff ya más calmado que antes – solo estamos reteniéndote para que no digan que somos injustos, no existe una conspiración con la compañía de luz de Nueva york, y esto… – le arrojó la fotografía – es un condimento excelente
- Cállate idiota – explotó Kelso
- Huhhot – se burló Jeff – ¿alguien está de malas porque necesita a su moreno pasión?
Todos los demás se rieron y mientras se codeaban regodeándose de alegría se salían de la comisaria para burlarse con un cigarro en la mano. Los agentes de la luz me están persiguiendo, lo imitaban con una voz graciosa. Corran por sus vidas.
- ¡Vete al demonio Jeff! ¡Estúpido Ted!
Kelso se quedó sentado un rato sin moverse con la cabeza recargada en el muro de fondo, pensando en donde iba a atinar a vomitar cuando llegara el momento y luego miró la fotografía reconociendo su propia culpabilidad.
- Vaya mierda en la que nos metimos – dijo para sí mismo.
"…Y ya está preparado el escenario…" – decía una voz en la radio – "… todo listo para la reunión del congreso de la CVN en el auditorio de PairteSolem el día de mañana en punto de las 15:00, todos estamos muy emocionado por la visita del nuevo alcalde, aunque no así lo protestantes del canon festival que se celebraría en el auditorio, se rumorea que el concierto se llevara a acabo a un lado del edificio a modo de protesta, con el propósito de interrumpir las discusiones comerciales y diferentes negociaciones que tendrán lugar dentro del edificio, los colaboradores del staff informaron que de ser cierto habría que llegar a un acuerdo con…"
- ¿PairteSolem? – repitió Kelso con un dolor en el pecho – ¡Ted! – gritó Kelso - ¡Ted!
- ¿Qué pasa Ted? – asomo la cabeza Jeff - ¿ya te calmaste?
- Sí, como sea – fingió Kelso – oye, ven, dime un cosa, una cosa – dijo nervioso - ¿Qué van a hacer mañana en el PairteSolem?
- ¿Qué? ¿La reunión en Manhattan? No sé, ¿a quién le importa?
- A mí – indicó él
- Pff a ¿sí? ¿desde cuándo?
- Déjame salir y …
- No puedes acercarte a tu esposa – le advirtió Jeff mientras buscaba la llave- y tienes que prometer que… - pero antes de que terminara de abrirla Kelso le soltó un golpe en la cara y Jeff cayó noqueado en el suelo.
Kelso salió corriendo cuando tuvo la menor oportunidad y cogió la patrulla sin pedirla siquiera.
- ¡Oye! – le gritó Martínez - ¡No te vayas!
- ¡Lo siento! – se justificó él - ¡la devolveré! ¡volveré más tarde!
- ¡imbécil! – le dijo alguien pero Kelso ya estaba camino al departamento de Fez
Kelso iba susurrando muchas cosas, entre las que se podían entender sucesiones en patrones exactos cada tantos minutos: Eric, teléfono, Fez, número equivocado, PairteSolem, pastillas, uniformes, cartas, PairteSolem, uniformes, pastillas, uniformes, cartas, número equivocado, Fez, Eric, PairteSolem, uniformes, fotografías, Eric, número equivocado, teléfono, pastillas, uniformes, PairteSolem, cartas, Eric, uniformes, pastillas, uniformes, están en la fotografía, la fotografía, Fez…
Por fin pudo llegar al lugar y entró como loco rompiendo la puerta porque se olvidó de las llaves pero tenía mucha urgencia. Fez, Eric, uniformes, pastillas, uniformes. Siguió murmurando. En el auditorio, Eric tiene que estar…
- ¡Mierda! – gritaba volteando los muebles - ¿Dónde está esa foto?
Vio el teléfono por el rabillo del ojo y se giró con pasos agrestes.
- ¿Hola? – respondió una voz femenina del otro lado de la línea telefónica.
- Con Eric forman por favor – habló Kelso
- El ya no vive aquí, lo siento… - se escuchó decir a Jenny
- No por favor… espere – insistió Kelso – es urgente, es de vida o muerte… ¿podrías decirme por favor? ¿dónde está por favor? ¿o algo? ¿sí? ¿por, por favor?
- Lo siento yo no…
- Por favor señorita ¡Es una emergencia! – se alteró Kelso gritando
- Es que no sé dónde – intentó excusarse Jenny
- ¡Por favor! – presionó él
- Bien, bien… bueno… mañana – inquirió ella – sé dónde estará mañana, no sé si le sirva de algo la información….
- ¡Sí! – vocifero emocionado el chico
- viajó a Manhattan para la reunión del congreso que…
De repente todas las conexiones encajaban, y su sentido de alarma se encendió con un gesto horrorizado plantado en el rostro. No estaba seguro de cómo ni de porqué pero algo muy malo estaba a punto de suceder y si no se daba prisa, todo estaría jodido.
- ¡Mierda! – gritó
- ¿perdón?
- ¿PairteSolem?
- ¿qué?
- ¿en el auditorio de PairteSolem?
- Ah… creo – dijo ella
- Nada, disculpa – se justificó Kelso – disculpa, gracias, adiós
- Él estará… ok
Se tiró en la boca una pastilla sagrada para calmarse las ansias y luchando contra el impulso de reírse como idiota se puso a buscar las llaves para cerrar antes de irse. Aunque de todas formas acababa de romper la chapa. Eric, teléfono, Fez, número equivocado, PairteSolem, pastillas, uniformes, cartas, PairteSolem, uniformes, pastillas, uniformes, cartas, número equivocado, Fez, Eric, PairteSolem, uniformes, fotografía, auditorio a las 3.
Kelso tomó todo lo que pudo de la caja del PSIC que le enviaron a Fez y corrió con mucho prisa sintiendo como se le desmoronaban las manos por los nervios. El sudor le recorría por todo el cuerpo y la sensación rabiosa en el estómago que se tiene cuando a uno se le viene un mal presentimiento no se le escapaba. Esperaba poder llegar a tiempo, al menos no llegar lo suficientemente tarde como para ya no poder decir que llegó temprano, aunque en el fondo no sabía porque y por lo tanto no podría ofrecerles una explicación de conseguir su cometido. Por primera vez, necesitaba hablar con ese señor, del que todos hablaban en la iglesia, esperaba que el señor tuviera ganas de escucharlo.
Kelso conducía por un tramo largo de carretera en medio de la oscuridad, y mientras tanto, en un hotel persa de las afueras de Manhattan, Eric descansaba a medias con un temblor moribundo y el sudor envolviéndole el cuerpo hasta por detrás de la sabana. De pronto saltó con un movimiento brusco y despertó de golpe tratando de buscar oxígeno para darse cuenta de que solo se trataba de una pesadilla, y todo hubiera parado allí si las pesadillas de Eric fueran como las de todos, solo un sueño. Pero Eric sabía que sus sueños nunca eran simples cuentos engañosos de su mente en vigilia reducida, sino realidades que él era incapaz de controlar. Visiones que generaban hechos, hechos fatídicos en su mayoría, y este no era la excepción, y ahora Eric estaba llorando por eso, porque Eric, había soñado con su propia muerte.
