7. Viernes ad hominem.
Hoy aprendí que los hombres son peligrosos. Que los hombres son una basura, que los hombres tienen alas, pero que ellos, no lo saben. Que por la noche hay telarañas zurdas que bajan la voz para cruzar por la alfombra y asfixiarte. Hoy aprendí que aprender no es tan importante como los hombres, porque los hombres son peligrosos. Si un hombre te pisa, morirás. Si un hombre te dispara, morirás. Pero si un hombre te encuentra; porque te encontrará en dondequiera que te escondas; se te caerán las alas, las de hombre, las que tienen los hombres que vuelan. De los pocos que saben que tienen alas y que aprendieron a volar. Hoy aprendí que eres peligroso, porque eres un hombre.
Me atrevo a decir que los hombres me provocan asco y que si no fuera por ellos; nosotros, los otros hombres, no tendríamos miedo. Pero el miedo es natural, el miedo es necesario siempre. Siempre hay que ser miedoso, porque el miedo hace que uno sepa cuando algo puede llegar a ser peligroso. El miedo lo aleja a uno de ese peligro, el miedo nos aleja de los hombres. Pero los hombres no son malos, sólo son peligrosos y el peligro está por todas partes: en un libro, en la calle y en las telarañas. En los edificios altos, bajo las sabanas propias y hasta en las canciones, en algunas canciones como ésta.
No parece ser una competencia cuando se trata de ti, pero todo se trata de ti. Atrévete a decir que estoy equivocado, que no hubieras salido de la tierra sin mí, pero todos somos tierra, nena y eso es lo primero que tengo para decir. No se trata de una competencia cuando parece hablar de ti. No quiero tener que darme la vuelta, porque si lo hago, volveré al mismo montón de tierra para no tener que verte. No quiero darme la vuelta, no estoy equivocado sobre la muerte, sobre la tierra que tengo para deshacerme de ti. Deshacerme. Deshacerme de ti.
Atrévete a decir que estoy equivocado, cuando se trata de competir, cuando se trata de tierra, incluso cuando solo se trata de morir, todo se trata de ti. Siempre de ti. Deshacerme de ti. Todo siempre se trata de ti. Estoy compitiendo por ti, estoy en la tierra, debajo de la tierra y me muero por ti, deshaciéndome. Estoy dándome la vuelta y todo se trata de ti. Si me desentierran, nena, que me den la vuelta, para que puedas besarme el trasero, nena. Que me lleven hacia a ti, siempre se trató de ti. Se trata de ti. ¿Estoy equivocado?
Te voy a contar porque estas equivocado "Tú no eres absolutamente nada", "Estás solo", "No tienes nada que perder". Aquellos fueron los argumentos más convincentes que Jack utilizó para obligar a Hyde a volver a tocar con GRASSHOPPER & THE DOLL. Nunca se esforzó por disculparse, y a decir verdad, no tenía por qué. Hyde había sido el verdadero responsable de la separación.
Pese a todo esto, él, originalmente, también había sido el responsable de que la banda prosperara, de que tuviera nombre y hasta de la letra de muchas de las canciones como la de antes. "¿Estoy equivocado?" y por eso habían ido a buscarlo. "¿Estoy equivocado?" Era sencilla, y también hablaba de alguien, aunque nadie sabía de quien. Pero algunos si sabemos o ¿estoy equivocado? Y es que algo le pasaba al joven Steven Hyde cuando escuchaba música, pues parecía no necesitar nada más para ponerse de buen humor.
Cuando Hyde estaba de buen humor, todo salía bien y según lo planeado. La gente los vitoreaba, sus vidas eran un poquito menos miserables y hasta los días lluviosos se convertían en una fiesta para la banda. Pero Steven nunca había estado de acuerdo con algunas de las políticas de su grupo. Las clásicas reglas básicas para la convivencia de cualquier agrupación que incluyen entre otras tantas y por supuesto respectivamente dependientes del sumo de la organización en general, la comprensión, y GRASSHOPER & THE DOLL, nunca logró comprender a Steven Hyde.
- No parece ser una competencia cuando se trata de ti – cantaba Sony – deja que me dé la vuelta ¡Déjame darme la vuelta!
Hyde se reía observándola por la rejilla de luz que resultaba de la puerta entre abierta y que permitía el paso de una vista sospechosa hacia la cama. Mientras mantenía la concentración en la dirección en la que apuntaba su chorro de orina, parado frente al excusado. Rápidamente volvió a la habitación y se arrojó sobre la chica.
- ¿Te conté cuando le dije a Jack que estaba usando su camiseta, porque se le olvidó en mi cama?
Sony rodó los ojos y se descubrió el torso desnudo para incitar a su acompañante.
- ¿Te conté cuando Jack me preguntó, por qué usabas la camiseta que él mismo, dejó en mi cama?
- Tu cama – se tambaleó sobre ella – mi cama – le dijo - ¿a quién le importa?
- A mi… porque mi cama puede ser tu cama, pero… – hizo una larga pausa para besarlo – … tú no tienes una para compartirla conmigo
El chico levantó una ceja y entrecerró los parpados con una expresión sarcástica de fastidio
- De todas maneras… Yo nunca compartiría mi cama contigo – se burló Hyde irguiendo la espalda para montarse sobre la chica.
- Si tuvieras una – agregó Sony
- Si tuviera una…
- ¿Ah no? – se quejó ella con un voz melosa y picara
- No – dijo Hyde
- ¿Y eso porque?
- Porque ese es el lugar de Jack – Se regodeó Steven
Hyde comenzó una rutina de besos aleatorios entre los senos de su amante y su cuello. Después se dedicó a trabajar con sus manos entre los muslos de la mujer que se encontraba gimiendo por debajo de él. Algunas veces el juego previo al sexo era tan aburrido que Hyde terminaba perdiendo el interés, pero es esa ocasión estaba listo para tener un buen día, un día de ganadores, un concierto memorable, como cada vez que se subió a un escenario antes de ese día. Aunque por supuesto, nunca después de él.
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Luego de esperar tras las cortinas unas cuantas horas presumiblemente largas, Hyde se dio permiso de sentarse a descansar. Había estado afinándose la garganta con algunos ejercicios simples que siempre utilizaban Jack, Buz, y Chip, el geniecillo. La chica Zen, como le gustaba decirle a Sony, estaba puliéndole las botas a su novio Jack y los chicos se encargaban de hacer bromas sarnosas con tal de aplacar los nervios que fungían de cosquillas para los cuatro.
- Cuando terminen esos imbéciles – decía Jack masticando su tabaco – vamos a darle
Estaba envolviendo algo que se robó de las otras carpas y escondiéndolo en su bolsillo.
- No comas tantas ansias, niño. – decía el viejo Buz, tallándose las manos para equilibrar la tensión – allá afuera hay mucho ruido, y Steven no estuvo ensayando con nosotros como por tres días
Luego nadie supo por qué se puso a carraspear con una flema.
- No es como que vayan a echarnos por tocar mal ¿o sí? – preguntó Chip
- No – contestó Jack de mala gana
- Pero si lo arruinas... – comentó Sony pegada a la batería de Buz – ...no nos invitarán al siguiente
–Vamos a enseñarles quién manda – decía Jack concentrado solamente en sus propias palabras. Quizá con el propósito de creérselas
- Cuando terminemos aquí – sugirió Chip – deberíamos ir a comer algo. No pasé a desayunar porque los nervios me dan nauseas – y comenzó pasarse la lengua por los dientes rascándose la panza – que sean unas hamburguesas ¿No?
- No sé, maestro. No creo que ayunar ayude mucho con las náuseas – le dijo Hyde – pero si te sirve de algo, deje una prueba de embarazo en mi bolso.
Jack fue el único que se abstuvo de reírse de la broma, porque estaba escuchando cómo el presentador, despedía al grupo que se encontraba en el escenario. Zen estaba sonriéndole a Hyde, porque pensaba que su novio estaba muy ocupado para notarlo pero por accidente, en esta ocasión, y por primera vez desde que formaron la banda, Jack se dio cuenta.
- ¿Qué demonios le ves? - le dijo a ella
Hyde se sobresaltó por el comentario de su amigo, pero la chica intentó disimular repitiendo el chiste de Hyde para que Jack se enterara.
- Una prueba de embarazo, para las náuseas del geniecillo… – explicó ella
- Buena esa – dijo Jack ya recuperado de su intimación – ¿Tienes un bolso, Steven?
El hombre con el afro esbozó una sonrisa y le enseñó su propia lengua mientras hacía figuritas con los dedos. Algunos se rieron mientras se pasaba el dedo por el bigote.
- No puedo trabajar sin el – se burlaba
- Además cargas una prueba de embarazo ¿No? – lo provocaba Jack – ¿Te da mucho miedo quedar embarazado porqué eres una zorra? – Jack se sonrió, pero el viejo lo interrumpió
- Zorra o no, es el mejor guitarrista que pudimos conseguir – interfirió Buz con una gran sonrisa y Hyde, que era siempre esquivo ante los comentarios agradables sobre su persona, fingió que no lo escuchó.
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La noche estaba comenzando a caer y la calma desvelaba las luces de la nueva vida nocturna que se esparcía entre las cabezas de casi 2,000 personas que se encontraban debajo del escenario aplaudiendo. Los chicos temblaban detrás, junto a su caravana, y cuando fue la hora de subir por esas escaleras entre los encargados del staff, Hyde dejó escapar un suspiro que le provocó las burlas de sus compañeros.
- ¿Nervioso, saltamontes? – le preguntó Chip adelantándolo en la formación para subir al escenario – No hay problema, es lo de siempre, afro - le dió una palmada en el hombro - Solo rockea.
- Steven – lo detuvo Jack – Conecta tu amplificador a mi entrada, necesito las capas de Chip
- Claro, hombre – le contestó él
- ¿Estás bien?
- Creo que estoy embarazado – Se burló – No desaparecen las nauseas
Zen miró a los chicos y se tocó la nariz en señal de una risa armónica
- Eres la mejor guitarra con la que he tocado – Le presionó el hombro con un agradable golpe – No tienes que preocuparte por los otros, no están tan mal
Hyde volvió a sonreír a medias, mientras evadía el contacto físico con su amiga. No le gustaba la tensión cariñosa que se formaba con sus camaradas luego de unos años de convivencia. Incluso, cuando pasaba el tiempo en el sótano de Eric, solía poner una silla aparte del sofá sólo para no tener que compartir el asiento con alguien más. Estaba puesto así de manera estratégica, y aunque por supuesto nadie hubiera tenido que notarlo, porque todos los que lo conocían, y a menudo los también los demás, terminaban por darse cuenta de cómo rehuía de la mejor forma posible al contacto con los que más lo querían; estar con él, rodeando su espacio personal, era más que un privilegio y todo un logro personal para los pocos que podían considerarse sus amigos.
- Por eso damas y caballeros recibamos con un fuerte aplauso al nuevo Abram M1 revolucionario del rock and roll ¡GRASSHOPER & THE DOLL!
El bullicio del pópulo congregado era tan grande, que Hyde no podía escuchar la voz de Jack ordenando la pista, algo que de seguro sería de vital importancia más adelante. Sin embargo estuvo pensando que se trataba de otra frase motivadora sacada de la película de Rambo, por lo que estuvo agradecido de no haber tenido que dar con una respuesta más atinada que asentir con la cabeza.
Hyde adoraba la música y la gente estaba haciendo un coro con sus propios gritos, sin embargo tenía que reconocer que nunca había estado en un lugar tan grande, sintiéndose tan pequeño, y oliendo su propio humo, cómo si se estuviera derramando por toda su ropa. La fuerza con la que alcanzaba a sobresalir de esa cueva, un refugio personal donde pocos lo escuchaban tocar y de vez en cuando hacían coro de la letra, lo estaba rompiendo. Y de repente los nervios se le dispararon al cuello empapado con sudor.
Mientras afinaba su guitarra, constantemente tenía que pasarse las manos por debajo de las gafas para quitarse el sudor del rostro, y el ruido era tan insoportable que le dieron ganas de taparse los oídos y volver a su camioneta. Podía notar como Buz se acomodaba las mangas cuchicheando algo en forma de conversación con Zen. Y la distancia entre todos los integrantes de la banda desconcertaba a Steven y reventaba la pequeña burbuja de su zona de confort. Una que yacía en una carpa vieja y pequeña a la que estaba tan acostumbrado. Jack había tomado el micrófono y se estaba acomodando los cables cuando Chip le hizo señas del otro lado para conseguir su atención.
- ¿QUÉ? – gritó Hyde pero por más que intentó escucharlo, no pudo
Chip movía los labios muy rápido y caminaba de un lado a otro como león enjaulado.
- ¿QUÉ? – volvió a preguntar Hyde, pero de nuevo no pudo escucharlo
Jack tenía mucho espacio para moverse, pero estaba atrapado en un circuito básico de cables, que Hyde supúso que el chico estableció para auto limitarse en un escenario tan grande. A él también se lo parecía. Hasta ese momento habían estado tocando en escenarios de pista redonda: restaurantes, bares, bares un poquito más grandes, hasta en la misma calle y las plazas municipales, pero nunca en un hipódromo tan monstruoso.
- ¡VA A TENER QUE SER UNA HAMBURGUESA MUY GRANDE! - por fin alcanzó a escuchar a Chip
Hyde comenzó a reírse y aquello le genero un tanto de confianza que utilizó para mirar a su amante de reojo y corroborar que estaba todo en orden, aunque con una mayor distancia. De esta manera ganó todavía más comodidad y logró hacerle una seña a Jack para que supiera que estaba listo.
- ¡Buenas noches Manhattan! – saludó él y la multitud vitoreó su atrevimiento – ¿Cómo están? Estamos aquí reunidos el día de hoy, para darles un mensaje a todos esos hombres de traje que están allá adentro, tomándose un café bien caliente y negro, decidiendo sobre nuestro maldito futuro, sin nuestro puto consentimiento.
Entonces las masas alborotaron sus presencias con mucha bulla por el discurso de Jack.
- Venimos a demostrarles que no pueden, ni tienen nuestro permiso para hacer lo que se les dé la gana con nuestros sindicatos, con nuestro trabajadores y con nuestra música ¡¿Quieren oír música?!
La multitud aplaudió
- No los escucho haciendo ruido ¡¿Quieren oírla?!
La gente estalló de nuevo y Hyde soltó una risita presumida y satisfecha.
- ¡Eso les trajimos hoy! ¡Muñecas, y saltamontes! Denle un jalón, porque ésta es… ¡MÚSICA PARA USTEDES!
- ¡MÚSICA! – se escuchó gritar al resto de la banda al unísono
Por alguna razón cuando Hyde acercó su boca al micrófono y emitió el primer sonido desde su garganta, le pareció que el resultado no era ni siquiera parecido a lo que el recordaba identificar como su propia voz. Luego empezó a toser mientras Buz marcaba el compás golpeando las batucas contra el re y el humo con sabor a marihuana se le escapó por la nariz. Hyde siguió el movimiento del pie izquierdo de Jack, como siempre, porque así no lograría perderse y cuando se dio cuenta, sus dedos se estaban moviendo casi por presión automática.
A veces su guitarra cobraba vida propia y a él, le había parecido divertido bautizarla "poseída" por esa misma razón. En esa ocasión las cosas pasaron muy a prisa, el viento soplaba muy fuerte y rápido. Pero luego ya no soplaba y ni siquiera había aire en el sitio. Hyde sentía como sus venas se desinflaban y se desesperaba en busca de ese oxigeno que es tan vital para todos los hombres. Las luces subían a medida que caía la noche y con las voces se disipaban sus ideas y se le ocupaba la cabeza de otras tantas, como el sonido de la melodía.
- Y en el sofá se encuentra un gato… – Hyde escuchaba la voz de Jack alejándose muy despacio y lo visualizaba fuera del espacio como un globo rojo flotando en medio de una tormenta.
El sonido de sus cuerdas se agudizó, la percusión rebotó en un eco grave y profundo y entonteces pudo sentir como se le erizaba la piel. El mundo se dio la vuelta tan rápido que se le revolvió el estómago y quiso vomitar.
- Aun sin ti… – cantaba con poca gracia, intentando articular las palabras correctas
Pero el cuerpo es un mecanismo mágico y hasta cómico y a veces puede parecer que hace cosas sin sentido, y otras tantas que siente cosas de más. Por eso cuando Hyde sintió la mirada profunda de una sóla persona entre la multitud, sintió que se le apachurraba la cara en una expresión de verdadero malestar estomacal. Siguió moviendo los ojos en todas las direcciones tratando de no intimidarse por el movimiento de las olas apaciguadas, en el ritmo de la melodía. Poseída, le contraía las falanges aprovechándose de la presión que estaba poniendo sobre las cuerdas.
De alguna manera inevitable, tuvo que devolver la vista a sus dedos, para regalarse un poco de paz. De nuevo pasó a sentirlo. Así que, tirando en contra de sus propias advertencias estomacales, revoloteó las pupilas con los parpados entrecerrados y divisó entre el público un rostro, cínicamente, familiar. Más familiar que sus recuerdos, que su tacto en una dura lápida de piedra, o que el oro en el bolsillo de cualquier desconocido.
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Posó entonces los ojos sobre la camarera y sintió como sus dedos dejaban de deslizarse poco a poco sobre las cuerdas. Las pupilas se le apagaban luego de estallarle dentro y esparcirse por fuera de sus gafas, todo con el objeto de desmentir su extraña visión. Y de repente ya no sintió dolor, angustia o extrañeza. Ya no había miedo, duda o confusión. Su mente demandaba la atención de la realidad, pero el resto de su cuerpo no quiso participar porque sufrió una parálisis instantánea, y aunque hubiera querido luchar en su contra, no podría recomponerse.
Con una visión borrosa y reseca por el humo, su mente dibujó una perfecta compostura de Jacqueline Burkhart desde su reflejo mejor guardado. Ahí parada, en medio de la gente que seguía en movimiento, ignorando la explosión interna de los dos espectros. Y aunque por su tamaño era difícil de distinguir, Steven nunca perdió el enfoque una vez que lo tuvo. Y lo que es más, no pudo seguir tocando o cerrar la boca; ni siquiera alcanzó a comprender lo que estaba pasando porque su cerebro no adelantaba los hechos luego de haber permeado la imagen.
Jacqueline Beullah Burkhart permanecía inerte, de pie contra la realidad. Con esos grandes ojos adheridos a los suyos, y con el rostro lleno de confusión. Segundos fueron suficientes para que Hyde hiciera un recuentro de los hechos, detallando cada rincón de la chica: ojeras profundas, cabello maltratado, labios resecos y marcas de maquillaje barato en partes de la piel en las que normalmente no hallarías un sólo descuido suyo. El chico se dio cuenta de que su cabello estaba siendo redirigido por el viento, y fue por ésta razón que pudo notar antes que todos los demás que algo extraño le sucedía al aire.
Hyde estaba impresionado, tan sorprendido que parecía perder la noción de su alrededor y la permanencia de los objetos. Su guitarra se resbalaba del soporte y no estaba seguro de querer hacer algo para impedir que se le cayera. Su corazón había palpitado tan rápido que no se había dado cuenta del momento exacto en el que dejó de respirar y las luces a su alrededor ensordecieron el todo, dejando un fondo negro alrededor de la mujer de los grandes ojos. De todas las demás personas que se agitaban a su alrededor, ninguna había sido capaz de recuperar su movilidad absoluta. Ahora, frente a los ojos de Steven, todo se quebraba mucho más lento, de lo que pudo suponer, se estaba moviendo en realidad.
Se le cayó la estabilidad hasta los pies, justo donde era imposible de alcanzar sin despegar la vista de la chica y él, claramente, no estaba dispuesto a hacerlo. Pero el temblor de su cuerpo entero había desaparecido al mismo tiempo que el oxígeno. Y el mundo cantaba a gritos donde solo podía ver esa figura inquieta que, como un fantasma vengativo, le devolvía la impresión parpadeando muy lento. El sonido comenzó a dañarse sufriendo las consecuencias de su ausencia, pero para el muchacho, el tiempo se había detenido. Para ese momento ya había perdido la facultad de respirar correctamente y un vacío sinuoso había golpeado en el fondo de su estómago con una fuerza punzante que le estaba estrujando el pecho contra los pulmones.
Hyde estaba teniendo un sueño impresionante, pero fue a despertarse de mala gana, cuando un golpe franco contra el pavimento le regresó sus otros sentidos, y vio como un pedazo de asfalto se despegaba con el impacto y se levantaba sobre las cabezas de algunos de los espectadores. Fueron solo unos segundos de diferencia pero cuando despertó del todo, otros pedazos habían pasado rozándole la cara y habían chocado contra algunas personas de la audiencia con tal fuerza que les aplastaron el cuerpo completo, tronándolo en burbujas de sangre con pedazos de cráneos huecos, ahora esparcidos, por todo el suelo.
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Hyde tragó saliva sin perder de vista a Jackie y obligó, sin saber cómo, a sus piernas para que salieran de la maña petrificada en la que nadaba y le permitieran correr en su encuentro. Entonces, en un estruendoso abrir y cerrar de ojos, un cable golpeó contra la pista. El fuego subió por la carpa y una pequeña explosión pasó a quebrar gran parte del suelo que estaba pisando. Un auto salió volando y arrastró varios pedazos de las personas mientras se escuchaban gritos horrorizados y una barra prendida de metal caía sobre su lado izquierdo y estallaba en pedacitos. Steven fue arrastrado por las placas envueltas en llamas y, a penas titubeante pero no tan mal herido, echó a correr entre la multitud buscando con un deseo casi eclesiásticamente religioso, que su amigo de la gran barba existiera y le permitiera llegar hasta a Jackie.
Las personas corrían para todas partes pero lejos del lugar y Hyde alcanzó a ver como Jackie corría hacia él también; acercándose a las pistas, todavía encendidas con fuego vivo. Sus piernas no podían ir más rápido y cuando había brincado del tablón del escenario se había lastimado los tobillos. Pero estaba decidido a alcanzarla, soltando empujones a los que se le atravesaban y pisando a algunas personas que estaban en el suelo. Llevaba el corazón en la boca y el humo oscuro que se estaba tragando, lo obligaba a jadear escupiendo saliva por el esfuerzo. Todo con el afán de adelantar sus propias capacidades y alcanzar a Jackie. Si la gente seguía corriendo alrededor de ella y en un sentido contrario, como era evidente, ella se caería y todos la pisarían.
- ¡STEVEN! – gritaba la chica, que como era delgada, tenía problemas para retar el sentido en el que todos los demás se estaban moviendo
Pero Hyde no podía llegar. Miraba de reojo a la gente mientras, el sonido de varias explosiones, provocaba las alarmas en su cuerpo y más partes del edificio del PairteSolem se les venían encima. Hyde tuvo que luchar con el sentimiento de duda cuando alcanzó a ver un pedazo del ventanal del auditorio sobre el abdomen abierto de su amigo Buz en medio del escenario. Pero su cerebro todavía no podía entender lo que estaba pasando y lo único que le importaba era llegar a su refugio.
Jackie representaba un refugio para él, porque sabía que cuando la tuviera en sus brazos ya no le tendría miedo a nada, ni siquiera la muerte. No había nada en el mundo capaz de arrebatarle a su chica de los brazos, él no lo permitiría. Porque al final, todo siempre era sobre ella, todo era para ella y por ella, y haría cualquier cosa por esa muñeca.
- ¡JACKIE! – chillaba Hyde y corría entre la multitud con creces de frustración e impotencia
- ¡STEVEN! – gritaba la camarera, pero las personas la empujaban y ella luchaba para mantenerse de pie
- ¡JACKIE!
- ¡STEVEN!
Hyde sentía que su garganta iba a explotar, no le quedaba voz para luchar contra la furia de los gritos acongojados del resto de la gente. La multitud echaba a cuestas la vida, y podía olerse el hedor de la desesperación, y la carne quemada entre la sangre regada por el suelo. Pero Hyde estaba concentrado en un solo aroma, uno que lo perseguía a diario durante sus sueños más indecentes y hasta los más lúcidos. Que lo acompañaba a la cama y lo arropaba todas las noches sin necesidad de pedirlo. El aroma de un recuerdo escaso que llevaba atorado en el pecho desde hacía muchos años, cuando estaba seguro de que nada, podía hacerle tanto daño a esa niña, como se lo había hecho él.
- STEVEN – gritó Jackie cuando su voz se quebró y quedó aplastada bajo el impacto de un empujón que la derribó al suelo
Desde allí Jackie podía ver como las personas huían despavoridas con llanto y sangre en sus rostros. Las piernas largas de todos que le desgraciaban el espacio para respirar. Sintió que estaba jodida porque recibió muchos golpes y quiso endurecer el abdomen para que, el peso de las personas que estaban pasando sobre ella, no fuera a arrebatarle el poco aire que le quedaba guardado en el pecho. Pero un hombre le aplastó la cabeza de reprente y recibió muchas patadas en diversas partes del cuerpo que ya de por si tenía entumidas. Entonces se barrió, sin alcanzar a cubrirse la cara del todo. Al al cabo de unos segundos, cuando pensaba que estaba perdida y la sangre de su propio rostro comenzaba a nublarle la visión, recibió un tirón hacía arriba. Hyde había empujado a la mayoría de los que se acercaban dándole tiempo para que se sentara y de esta forma, él pudiera recogerla del piso y abrazarla contra su cuerpo.
El corazón de la chica golpeaba contra el abdomen de Hyde y su respiración se había vuelto combustible casi quemado. Sus brazos servían de caparazón y a pesar de las lesiones en su cuerpo, nadie fue capaz de mover la firmeza del agarre, con la que el hombre del afro se estaba aferrando a su lugar, en medio de la hostilidad del pandemonio. El trayecto había sido tan largo como eterno y por fin tenía el aliento helado liberandose de su pecho con el alivio de un hogar gelido en el desierto.
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Cuando abrió los ojos para asegurarse de que Jackie no había muerto asfixiada por la fuerza del abrazo, pudo escuchar con claridad lo que los gritos decían.
- Alguien ayúdeme por favor
- ¡Josh! ¡no!
- ¡Mi hija! ¡dios mío! ¡mi hija!
El dolor pronunciado de gargantas agudas y descompuestas por el horror lo obligaron a reaccionar y darse cuenta de que no estaban a salvo parados allí. Las lágrimas ácidas por el hervor de la sangre, no dejaban de salir por los enormes ojos de Jackie; ahora reducidos bajo los parpados amoratados. Pero Hyde sabía que era hora de interrumpir el abrazo y correr. El humo servía de velo para evitar que Hyde perdiera la compostura, pero sabía perfectamente que de poder ver con claridad lo que ocurría, se le helaría la sangre y no podría moverse más. Como les había pasado a muchos, que por esa razón ahora estaban muertos bajo algunos escombros y entre el fuego.
- Jackie – habló Hyde, con una voz temblorosa que ni el mismo pudo reconocer – mírame Jackie ¡Mírame!
Pero Jackie estaba tan asustada que no podía abrir los ojos y tampoco dejaba de temblar.
- Jackie, escúchame ¿sí? – le dijo él – mírame ¡Mírame!
La chica hizo un enorme esfuerzo por abrir los ojos pero todavía estaban tan llenos de lágrimas que le era imposible distinguir a su antiguo amante.
- Escúchame ¿sí? Aquí estoy muñeca, tranquila, escúchame ¿sí? Solo escúchame – susurró – Muñeca… pon atención, Jackie – Rogaba él – Vamos hombre, escúchame
Hyde logró ver algunos cuerpos en el suelo y pasó la vista de largo para evitar el shock de la impresión.
- Vamos a movernos ¿ok? Sólo un poco
Jackie negaba con la cabeza y volvía a refugiarse en el pecho de Hyde.
- No, Jackie, vamos hombre… –Le suplicó – Escúchame… ¡Tienes que hacerlo! ¡Tienes que abrirlos! ¡Vámonos!
Jackie no se movía y se aferraba a él con la uñas. Quería explicarle a Hyde que sus piernas no le respondían pero estaba tan asustada que no podía hablar.
- Mírame ¡Jackie!– Hyde tomo el rostro de Jackie con sus dos manos y fue ahí cuando se dio cuenta de que una de ellas estaba despedazada y se estaba deshaciendo entre coágulos de sangre.
- No, n.., no n… , no, no puedo – Balbuceo Jackie – No m… me puedo mover
Hyde ignoró su mano y, con los ojos vidriosos, volvió a dirigirse a ella.
- Jackie, escúchame ¿sí? No podemos quedarnos aquí ¡Moriremos!
A pesar de que el peligro parecía haber pasado, todavía podía distinguir llantos y gritos por todas partes y había perdido la capacidad de escuchar en alguno de sus oídos, y también la de identificar partes de su propio cuerpo, por eso no sabía cuál. Los ojos de Jackie estaban rojos y golpeados por el contorno y Hyde tuvo que respirar muy fuerte para no quebrarse en el llanto de su propio dolor, uno del que apenas estaba cobrando conciencia. Porque cuando uno no se fija en las heridas, a menudo no se entera de que las tiene. Un sonido que rugía peligrosamente desde el concreto suelto, rechinó como advertencia y Hyde supo que no le quedaba más tiempo.
- Tienes que confiar en mi ¿ok? – la tomó de los hombros y comenzó a acaríciale el cabello – voy a cuidarte ¿sí? No me iré a ninguna parte… Jackie mírame – La tomó por la barbilla – No me iré a ninguna parte, a ninguna parte sin ti ¿ok? No te voy a soltar
Jackie asintió con la cabeza y entonces Hyde estuvo seguro de que podía moverse con ella. Le dio un beso en frente y la tomó de la mano para comenzar a caminar. Luego de un buen tramo en el que no estuvo seguro de donde se encontraba, comenzó a escuchar el crujir del edificio y por el sonido comprobó lo peligrosa que era su posición respecto a las dimensiones de aquel que parecía tener la intención de venírsele encima al foro.
- Vamos un poco más rápido ¿sí? – urgió Hyde, apresurando el paso y jalándola cada vez más fuerte, procurando no hacerle daño y cubrirla de las personas que pasaban a su alrededor
La gente murmuraba con dolor, el sonido de algunas sirenas en lo lejano de la ciudad apagada por el reciente luto, se aminoraba con el llanto de las paredes al borde del colapso, del edificio del PairteSolem. Unos metros más adelante tuvieron que pasar encima de una mujer aplastada con varios órganos colgando fuera de su lugar. Entonces Jackie colapsó de nuevo, comenzó a gritar y volvió a apretar los ojos con mucha fuerza. Hyde no trató de convencerla de nada e intentó siguió su camino y apretó los dientes para no gritar también, pero luego se dio cuenta de que ella no podía seguirlo y se la echó en el hombro como si se tátara de un barril.
- ¡Ayúdenme por favor! – suplicaba un hombre joven, atorado debajo de un pedazo de concreto, pero con esas varillas atravesándole por el cuerpo, Hyde estaba seguro de que nadie podría ayudarlo.
Las sirenas cada vez se escuchaban más cerca de ellos y fue entonces cuando Hyde pudo mirar hacia el edificio devastado.
- Mierda – murmuró
El PairteSolem solía alzarse con imponentes espejos desde casi 16 pies de altura sobre la metrópolis, pero ahora lucía como un popote encorvado balanceándose hacia el hipódromo con varios cachos regados por los alrededores, la mayoría sobre los cadáveres tibios todavía, de los espectadores del concierto. El sonido que sus muros producían al resquebrajarse le provocaba una urgencia psicológica a Hyde, pues sabía que no tardaría en venírseles encima. En unos minutos y ante el terror inminente de su propia muerte, lo único que le quedaba, era ese esmero tan popular entre los humanos, por sobrevivir.
- ¡Salgan del edificio! – se escuchaba gritar a la gente que seguía con vida
- ¡Sálganse de ahí! ¡Se caerá!
Y algunos corrían hacia afuera pero Hyde ya había ganado distancia suficiente como para preocuparse por cualquier cosa y aunque le doliera, no podía darse el lujo de jugar al héroe. Porque tenía que cuidar de Jackie y no había nada que hacer con respecto a las personas que todavía se encontraban dentro, 20 pisos hacía arriba y que eran las que estaban gritando por ayuda en el vaivén de la estructura rota.
El edificio siguió balanceándose y el rugido voraz les calcinaba los huesos, todo parecía verse inmerso en una pesadilla, pero Hyde sabía que aquello siempre podía ponerse peor. ¡Boom! De repente una segunda explosión reventó los vidrios más cercanos a la superficie peatonal y el edificio se desvanecía poco a poco hacia afuera golpeando la zona norte de la calle de ROSS. La multitud todavía corría escandalizada y a Hyde le dio tiempo de acomodar a Jackie en una distancia favorable recargándola sobre un camión y acomodarse el hueso de la mano en su lugar original, pero el dolor sólo tuvo un sabor menos conveniente, el sabor de la verdad.
La verdad siempre había sido rival formidable de Steven Hyde, quién se caracterizaba por ser brutalmente honesto incluso consigo mismo. Ésta honestidad no siempre le decía algo bueno, en realidad casi siempre se trataba de algo estúpido, pero si comenzaba a hablarle, Hyde sabía que algo grande estaba por venir. Hyde había dejado la banda unos días antes, luego de eso, había ido a visitar a Red en su tumba y ahí había tenido lugar una reconciliación sin precedentes. La reunión con Eric Forman le dejó dos valiosas lecciones para recordar el resto de su corta vida:
1: La familia es lo más importante que puede llegar a tener un huérfano moribundo
2: Eric forman estaba dentro del edificio
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Entonces Hyde abandonó la cordura por primera vez desde que se obligó a mantenerla, y corrió jadeando entre los escombros y las partes de algunas personas de las que nadie nunca volvió a saber absolutamente nada. Miró a Jackie para asegurarse de que se quedó sentada o que cómo mínimo, no lo estaba siguiendo y de vuelta al edificio con un derrame en los ojos, gritando desde el fondo de sus pulmones:
- ¡FORMAN!
Pero como era lógico nadie más se estaba acercando al edificio porque todos sabían que se estaba rompiendo y sin embargo Hyde que antes, había sido capaz de mantener la calma, perdió los estribos y esa inteligencia tan característica de su persona. Aunque eso sí, no titubeo ni un segundo antes de entrar en un edificio que se estaba cayendo y eso era un valor impresionante, o bien, pudo haber sido mera estupidez. Pese a que muchos le gritaron que no lo hiciera y hasta trataron de detenerlo, el joven corrió imperturbable con los ojos fundidos en la puerta, varios le vieron esquivar pedazos sin acercarse, y otros le insultaron para obligarlo a retroceder pero nadie se atrevió a pararlo porque con esa mirada, no tenía caso intentarlo.
Hyde quiso entrar pero las paredes se rompían a cachos cada vez más grandes. Una tercera explosión más fuerte que la de antes arrojó los últimos pisos hacia la calle del este del ROOS y Hyde retrocedido alarmado para visualizar a Jackie y enterarse de su estado. Corrió de vuelta adentro, pero en este punto los escombros no lo dejaban pasar y el polvo de la estructura había llenado el aire de un espesor amargo y gris. El chico no sabía qué hacer y corría de adentro hacia afuera moviendo mucho las manos. Gritaba pero sabía que nadie iría en su ayuda porque los demás apreciaban sus vidas. Quería mover los trozos para poder entrar y aunque dos veces entró y consiguió empujar con toda su fuerza, con un brazo inútil no estuvo ni cerca de lograrlo.
Aunque gracias a su valor, una mujer y tres hombres lograron escapar pasando por debajo de él. Y pese a aquello no hubo en él provecho, ni un sólo rastro de Eric. Siguió intentando pero el edificio no le dio más tiempo y en el margen de unos segundos, vio las ventanas tronarse y las últimas columnas se doblegaron dándole tiempo a uno de los sujetos que se escabullían entre su cuerpo y el muro, para saltarle encima al hombre que antes, salvó su vida. Mientras Steven suplicaba en medio de un pánico muy agresivo, finalmente, lo echó fuera en el momento en el que el PairteSolem colapsó. Hyde apretó los parpados ahogando un grito y se dejó caer a un lado, unos metros más alejado del hombre cuyo frenesí pagó su deuda en un irónico giro del comic de los héroes, a los que estuvo sujeto toda su vida.
- ¡Estamos a mano! – jadeó el hombre y Hyde negó con la cabeza sin dejar de mirar el edificio gateando hacia atrás
La gente gritaba y las sirenas estaban tan cerca que el chico podía escucharlas adentro de su cabeza. Habían pasado unos minutos pero la gente ya se estaba acercando y los bomberos pasaban a su alrededor, ignorándolo. Jackie llegó a levantarlo del suelo pero necesitó la ayuda de unos cuantos policías, porque estaba sentado mirando para todos lados con una expresión de dolor profundo y no podía levantarse para hacerle caso a la chica.
- Steven, levántate por favor, tenemos que ir a la ambulancia
Pero el chico no acababa de reaccionar y el dolor no lo dejaba atinar un solo movimiento con firmeza, dolor real y que no venía desde ninguna de sus heridas, sino desde un hoyo en el pecho que se lo estaba tragando, y era incapaz de soltarse de sí mismo o cubrir un desgarre que no era físicamente existente. Sentía como se le desvanecía la fuerza mientras apretaba los labios y miraba hacia arriba, en un intento noble por reaccionar ante la voz de la mujer. No podía respirar bien y quería levantarse y correr de vuelta al edificio; pero Eric Forman había desaparecido en medio de los escombros y sabía, porque era muy inteligente, que todo se había terminado para él.
No quería levantarse porque aquello significaría que le estaba permitiendo al agujero, tragarse todo lo que quedaba de él. Estaba asustado, frustrado, y hecho mierda. Enojado con él por no haber podido correr más rápido y por no haberse dado cuenta mucho tiempo antes. Cada vez que miraba a Jackie de vuelta, se le venía el recuerdo de los hechos y quería romperse del todo y tirarse a llorar en el suelo. Pero su cuerpo todavía no entendía lo que estaba sucediendo y el shock era tan grande que ni siquiera podía llorar. Las lágrimas no le salían y tenía un grito atorado en la garganta con un nudo que lo estaba asfixiando. Pero todavía no sentía la fuerza suficiente para ponerse de pie y aceptar que acababa de perder, para siempre, a su hermano.
Jackie había puesto todo su esmero en levantar a Steven de su lugar pero cuando quiso acercarlo al pabellón de enfermería que acababan de situar cerca de la zona, el muchacho enfureció y se le descontrolaron los nervios. Hyde tenía mucha fuerza acumulada en el pecho y estaba golpeando todo lo que se le ponía enfrente, de una forma tan agreste que Jackie tuvo miedo de interrumpirlo, pero juntó el valor desde donde ya no le quedaba nada para perder y lo detuvo abrazándolo varias veces hasta que consiguió que se calmara.
- Tranquilo – gimoteó Jackie acariciándole el rostro – tranquilo
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Hyde todavía no estaba llorando pero sus ojos parecían desbordarse de tanto líquido contenido y Jackie pudo ver que le estaba sangrando un oído.
- Tenemos que ir con los… – Suplicaba Jackie buscando la mirada de un Steven inquieto que bailaba los ojos hacia cualquier parte con nerviosismo palpable – Tenemos que ir con los doctores para que…
Pero Hyde no le hizo caso y comenzó a alejarse caminando, quitándose de encima los brazos de quienes intentaban sugerirle que fuera a la carpa, como si se tratara de moscas molestas. Jackie corrió detrás de él y aunque el chico era rápido en realidad no sabía a donde se estaba dirigiendo, así que tuvo que detenerse para valorar el hecho y le dio tiempo suficiente para alcanzarlo.
- Déjame llevarte al pabellón. – le dijo ella
- No
- Sólo, vamos a…
- No – la adelanto Steven
- Steven, no puedes…
- ¡No! - espetó él – ¡No vamos a ningún lado! ¡No vamos a ningún lado! ¡Vamos a buscar a Forman!
- Steven… - suplicó Jackie tratando de perseguirlo
- ¡Vamos a quedarnos aquí para buscar a Forman! – siguió diciendo él
- Steven…
Y el chico seguía caminando y golpeando objetos que tenían la mala fortuna de encontrarse varados a su paso.
- ¡Tenemos que levantar los escombros! ¡Vamos a buscarlo!
Jackie comenzó a llorar.
- Steven ¡Basta! – le agarró la cara – Eric no está ahí – Presionó mirándolo a los ojos – Vamos, eres inteligente Steven, por favor…
- ¡No está muerto!
- No ¡No lo está! – Se justificó Jackie
- ¡No está muerto! – Siguió reclamando Hyde, pero ya no estaba hablando con ella sino con él mismo.
- Tal vez no, pero si los bomberos no lo han encontrado ¿Qué te hace pensar que tú sí?
Hyde se puso a gritar de nuevo.
- ¡Por qué ellos son estúpidos y yo…!
- ¡Steven! – Hyde sintió un escalofrío proveniente desde una velita en la oscuridad de su pecho hueco y se dio cuenta de que la voz de la chica le ocasionaba una revolución dentro
- Si ellos no lo encuentran yo tengo que…
- ¡Lo haremos! ¿Sí? – Lo volvió a abrazar – Y lo haremos… lo haremos, pero ahora debemos curarnos para poder levantar escombros o ¿no?
Steven asintió pero de todas formas siguió caminando y esta vez supo dirigirse a la camioneta de GROSSHOPPER & THE DOLL, porque recordó que habían aparcado muy lejos de ahí y supo que se encontraba intacta desde que se le vino la idea a la cabeza. Y se fue perseguido por Jackie que no se atrevía distraerlo cuando lo veía tan ensimismado. Por fin llegaron al tráiler del grupo y Hyde entró caminando muy ofuscado y comenzó a levantar algunas cosas que estaban desordenadas y a colocarlas en su lugar correspondiente como si necesitara limpiar el lugar con urgencia.
Había algunas personas dentro, Jack estaba sentado en el borde de la cama con Sony y ambos lo miraron desconcertados al principio, pocos segundos antes de lanzarse para abrazarlo y llorar mientras lo hacían. Por alguna razón no repararon en la presencia de Jackie de inmediato pero cuando se disponían a sugerirle que fueran a los pabellones de afuera, Jackie se metió en la conversación.
- No ha querido ir. Estuvimos ahí – les dijo
Sony estudió de arriba a abajo, en una sola mirada, el cuerpo completo de la intrusa.
- ¿Tú quién eres? – la interrogó rápidamente
Pero Jackie se dio cuenta del agresivo tono que utilizó la vocalista
- ¿Tú…? – Enfatizó – ¿…quién eres? – Le contestó de mala gana
- Eso no importa, gracias por traerlo – Interrumpió Jack – ¿Estás herida?
- Estoy bien, sólo son unos golpes
- ¿Qué fue lo que paso? – preguntó Zen
- Fue el edifico – explicó Jack
- Se vino abajo – confirmo Jackie – Creo que hubo una explosión – dijo ella
- Fueron varias – dijo Jack – se escuchaba muy fuerte
- ¿Estaban sobre el escenario?
- Teníamos el peor lugar… – comentó Sony metiéndose mucho en la conversación
- Bebe esto – le dijo Jack y le acercó una cerveza a Hyde – ¿Estas mejor?
- Recuéstate – le dijo Sony, demostrándole a Jackie su conocimiento sobre el estado de Hyde
- ¿Qué le pasa?
- No quiere hablar – les dijo Jackie
- Qué raro – inquirió Jack con sarcasmo
- Hay que dejarlo respirar… estuvo muy cerca del edificio – Le dijo Sony
- Creí que estabas… – Empezó a decir alguien pero se detuvo de inmediato
Los tres se miraron, la palabra con "M" parecía demasiado grotesca para la situación. El estómago de Hyde estaba rugiendo. Pensó en una gran hamburguesa, y luego pensó en Chip por lo que tuvo que cerrar los ojos con fuerza.
- Su mano se ve muy mal – dijo Jack
- No podemos esperar tanto – Jackie lo miró preocupada
- ¿Hyde? – buscó Sony
- Se pondrá bien , hay que darle unos minutos – le sugirió Jack
- Hay muchos policías cerca ¿no? – siguió hablando y se puso un cigarro en la boca
- Ha venido el ejército y todo – confirmó Jackie
- No lograron evacuar a tiempo…
- Es una mierda
- Es una puta mierda
- Pero al menos nosotros estamos vivos – dijo el chico con el afro y los otros lo miraron preocupados sin contestar
Luego comenzó a caminar cómo si necesitara hacer algo con los pies para tranquilizarse. Jackie lo miró preocupada pero no quiso decir nada. Los chicos estaban encontrando una forma de no morderse las uñas hasta la cutícula.
- ¿Qué? – dijo Jack y Hyde le dedicó una mirada de desprecio para luego concentrarse en beber
Cuantas más veces miraba la cicatriz en su mano, comprendía mejor que el dolor de la quemadura viva en su piel no cedería pronto. Había pasado del ardor al odio y del odio al remordimiento y cuando no había ganas de gritarle al viento, Hyde, solo contenía las lágrimas con el sabor, también quemado, de una cerveza vieja. No estaba seguro de por qué la sangre había cobrado un color sospechosamente oscuro, pero sabía que algo no andaba del todo bien, con lo bien que puede estar de todas formas, una laceración como esa. El hombre se sentía más anciano que sus propias gafas de sol y las tenía desde que recordaba tenerlas por dar una explicación certera. Entonces era un crio y de vez en cuando fumaba un poco de la hierba de su madre.
Nunca se hubiera imaginado que viviría para tener que dudar de su propia costumbre de perecer solo. En medio de un remolino imaginario del viaje interestelar al que sucumben los idealistas más románticos de las épocas pasadas. Steven venía de un grupo selecto de personas cuyos principios básicos retaban la existencia de la existencia misma y se abstenían de colaborar en la perturbación del orden de las consideraciones irrelevantes. Pero ese día todo parecía tener mejor pinta de ficción que aquellas películas. Así que todo lo que tenía que hacer, era beber.
Jack hizo una pausa incomoda mientras decidía si comenzaba a reírse y después de asegurarse de que afuera todo seguía igual volvió a cerrar las persianas.
- Nadie nos va a pagar por los daños y perdimos el equipo entero…. – estaba diciendo a modo de broma, cuando Hyde enfureció y se le acercó con mucho odio
- Había un total de 2,000 tan sólo fuera del edificio. Entre niños y ancianos ¿Cómo puedes pensar en los jodidos instrumentos?
- Esas personas debieron correr más rápido…
Sony cerró los ojos adivinando lo que sucedería a continuación
- ¡Cierra la boca, imbécil! – estalló Hyde
Jackie reconoció el temperamento de su exnovio y dejó a un lado su propia bebida mientras se ponía de pie preparada para detener una pelea.
- Escúchate, hombre… yo solo estaba bromeando – se empezó a reír el otro
- Muchas personas murieron – continuó hablando Hyde – todavía están allá afuera, debajo de los edificios
Jack entrecerró los ojos con fastidio
- Solo estaba bro…
- Buz no volvió, Chip no volvió - siguió diciendo Steven – ¿crees que eso es una puta broma?
Sony se paró entre los dos ocasionando que Jack se levantara de su asiento
- Seguro que ellos también están bien… – sugirió Zen sin pensar mucho acerca de su comentario
- Si hombre, relájate – apoyó Jack
Pero Jack no sabía lo que estaba haciendo
- ¡Buz está muerto! ¡Maldito imbécil! y tú también si no cierras ¡La puta boca!
- ¡Hey! – se defendió Jack acercándose con rabia – ¿Por qué me estas atacando? Estoy tratando de hacerte sentir mejor
- Tú no sabes lo que se siente… ¿quieres saber lo que se siente morir?
- Cálmate ¿sí? – le pidió Zen
- ¿Qué vas a hacer? ¿enseñarme? ¿aja? – le contestó Jack
- Te voy a enseñar, lo que se siente…
- ¡Paren los dos! – ordenó Jackie
- ¡Hyde! – suplicó Sony
Hyde le dio un empujón a su compañero pero el otro estaba menos herido así que no le costó trabajo defenderse contestándole el golpe y devolviéndole la presión con el pecho
- ¡Steven, ya basta! – dijo Jackie alcanzándolo por el hombro cuando los dos hombres estaban tan cerca que podían respirar el bufido del otro
- ¡Jack, no! – suplicó de nuevo la novia de Jack, pero el grito solo provocó que entraran en contacto y se aferraran a la ropa del otro mientras se atinaban varios golpes
- ¡Deténganse ahora! – gritó Jackie
- ¿Sí? se alejó Jack – Pues quiero ver lo que se siente ¿Por qué no me lo enseñas? – lo provocaba – ¡enséñame!… ¡vamos! ¡enséñame! – lo empujaba – ¿Qué me vas a enseñar?
- Tú no sabes lo que pasa ¿eres tarado? La gente murió
- Tu eres tarado, la gente ¿Qué gente? – alegó Jack
- Imbécil – se le despegó Hyde haciendo caso a las chicas pero Jack se volvió y le propuso un golpe con su propia cabeza
Hyde se tocó la sangre que le estaba escurriendo por la nariz y luego lo sentenció con la mirada
- ¡Pégame! Hazlo, ¿eso ibas a hacer no? – Jackie agarró a Hyde y le gritó
- ¡Basta!
Los dos hombres volvieron a entrar en contacto pero con menos duda que antes
- Hyde, no, Jack, no… - lloriqueaba Sony agarrando a su novio para controlarlo
- Dije que pares ¡Steven! – lo jaló Jackie
- Déjalo ya, Jack – dijo zen al ver que no podía separarlos por completo
- ¡Steven! – lo regañó Jackie y luego se giró para buscar algo que pudiera ayudarla
- Ya por favor – grito sollozando Sony
Los dos hombres se seguían golpeando pero la chica Zen logró separar a Jack de su compañero y Jackie aprovechó el momento para tomar una lata de cerveza, atravesarla con un cuchillo y empapar con el líquido toda la cara de Hyde
- ¡Dije basta, Steven! – reclamó derramándoselo encima y Hyde retrocedió tallándose los ojos
- ¡Mierda! – dijo él y Jackie le dio una patada en la espinilla que lo obligó a sentarse para sobarse
El silencio hincó la rodilla con el mal temperamento del chico del afro. Jackie se levantó y le entregó un pedazo de tela para que se limpiara. Jack había entrado en razón y estaba retrocediendo del otro lado de las dos chicas.
- ¿Ya terminaste de ser un imbécil? – pero la chica no espero la respuesta de su exnovio – Bien – continuó hablando – porque eso… es lo que menos necesitamos
El chico se seguía tallando mientras articulaba algunos gestos de dolor, provocados por la quemazón del alcohol en sus heridas abiertas y hasta en sus propias corneas
- Ahora escúchame bien Steven Hyde. ¿Quieres encontrar a Eric?
Y Hyde asintió de mala gana con el rostro enrojecido
- Entonces vamos a ir a la carpa y te curarás esas heridas para que podamos ir con el equipo de rescate
Hyde la miraba parpadeando muy rápido por el ardor del alcohol en sus ojos, pero ella sabía que estaba entendiendo. Los otros dos observaron atónitos el control que la pequeña camarera ejercía sobre su amigo. Era impresionante la forma en la que había conseguido doblegarlo sin necesidad de la fuerza bruta, y en el mejor de los casos, había logrado su cometido y ahora se encontraba a su merced.
- Porque no vas a lograr nada pelándote con todo el mundo. ¿Quieres ir a buscar a Eric? Entonces cálmate
El chico del afro había sido confrontado por primera vez desde que Zen lo conocía, reducido en un par de minutos y obligado a obedecer las órdenes de una mujer que tenía la mitad de su tamaño. Nunca hubiera podido imaginarse que aquello era posible, y aunque la chica no conocía a Jackie, podía notar la relevancia que la mujer alcanzaba a tener en la vida de su amante.
- Perdona… No escuche muy bien quien eres – le preguntó celosa
Jackie se tomó su tiempo para responder mientras ayudaba al guitarrista con la limpieza de su rostro.
- Disculpen. – dijo por fin – Jacqueline Burkhart… mi nombre es Jacqueline…
- Jackie… – llamó Hyde por su atención y los otros lo miraron estupefactos - ¿estas herida?
- No – le dijo Jackie
- ¿estás segura?
- Si
- ¿quieres revisarte eso? – le señaló los moretones en los brazos
- ¿vas a la carpa conmigo? – y Hyde se quedó callado pero se puso de pie, tal fue su manera de asentir.
- ¿Cómo estás? – le acarició el rostro a la chica
- Estoy bien, yo estoy bien ¿Cómo te sientes tú?
- Estoy bien, no me duele – Jackie le sonrió y después comenzó a inspeccionarlo con los ojos, que para eso eran tan grandes
- ¿Cómo está la mano? No se ve bien
- No, sí está bien – le dijo él – vamos
- ¿Bien?
- Bien
Y Jack tuvo que carraspear para que los dos salieran del trance que se perpetuaban mirándose entre ellos
- Aja… Bien - habló Hyde – ¿y ustedes?
- Iremos después – le contó Sony metiéndose un cigarrillo en la boca
- Ok – Jack resopló para que el chico notara que la discusión estaba dada y Hyde asintió levemente con la cabeza, a manera de tregua.
Ambos salieron del tráiler y comenzaron a caminar hacia la carpa, la noche había impregnado el viento con su calma, pero podía escucharse el llanto devastador de muchas personas bajo su velo. Por primera vez desde que Steven podía recordar, estaba feliz de que el olor a alcohol que estaba por todo su cabello comenzara a desvanecerse.
- Por aquí por favor – llamó un enfermero
Una mujer corrió al encuentro de los chicos y dirigió a Hyde para que la acompañara a las camillas. En el transcurso del tiempo que les tomo vendarle el brazo, las sirenas aumentaron cada vez más y Jackie se perdió por un tiempo pero luego volvió a aparecer por la carpa con algunos vendajes y le llevó un refresco a su amigo. Luego se produjo un silencio incómodo que duró unos minutos. Unos dolorosos minutos.
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- ¿Estás bien? – le preguntó él, regalándole una caricia en las heridas
- No me hice mucho daño ¿Y tú?
- No, yo tampoco. – Jackie negó con la cabeza
- Bien
- Bien – repitió ella
- Genial
- Sí
- ¿Te sientes mejor? – Le preguntó Hyde y los dos se miraron con extrañeza mientras asentían como dos ancianos que han abandonado la charla – Hace frio ¿quieres mi chamarra?
- No gracias, estoy bien
El silencio incomodo volvió. Hyde se había dado cuenta de que Jackie no era más una niña gritona y ruidosa que necesitaba ser rescatada. Estaba hecha una mujer comprometida y responsable que se preocupaba por otros y que era capaz de reconocer la prudencia en sus acciones. Aquello le provocaba una especie de nostalgia, porque de cierta forma era doloroso perder la oportunidad de reunirse con su vieja amiga, ruidosa. Por supuesto siempre estaba el hecho de que podía sentirse orgulloso de ella por haber logrado un cambio tan impresionante, pero la verdad, no sabía cómo debía comportarse ante la nueva Jackie.
- ¿llegaste sola? – le preguntó
- No, yo… - Jackie se detuvo un momento a pensar, no se había dado cuenta de que perdió a Cave muchas horas atrás y ni siquiera sabía si el hombre seguía con vida
La mujer se quedó como petrificada por un largo tiempo y Hyde al principio no quiso interferir pero luego no pudo evitarlo.
- Jackie – interrumpió sus pensamientos - ¿pasa algo?
- ¿Qué? No… yo sólo...
- Te quedaste callada un buen rato, me preocupa que te hayas golpeado muy fuerte la cabeza – bromeó
- No – Le sonrió – Lo siento, es que acabo de recordar que vine aquí con un amigo
- ¿Un amigo? – se rio – Un amigo ¿eh? – pensó
- Sí, pero… yo sólo… no puedo recordar cuando nos separamos
Hyde miró hacia todas partes y luego volvió a girar hacia ella.
- Estoy seguro de que estará bien, lo encontraremos también ¿no?
- Si – Jackie asintió muy rápido con el afán de creérselo – sí, yo también
- ¿Quieres comer algo?
- No creo ¿tú si? – le contestó ella y bostezó
- No, es que… no sé qué hora es, ya está muy oscuro – eso parecía – ¿Quieres ir a dormir a la caravana?
- No, estoy bien, estoy bien aquí
- Siento que hayas tenido que ver el… – Hyde se molestó de repente y se le olvido de lo que estaba hablando
- No, está bien… estabas alterado – dijo Jackie – Yo entiendo
- Bien
- Bien
- Genial – dijo él
- Genial – repitió Jackie
El silencio incómodo se apareció de nuevo, y llegó a visitarlos desnudo como por la intención de cobrarles por ello, de nuevo se quedó con ellos y duró los próximos 20 minutos.
- ¿Cómo estás? – dijo Jackie, pero lo dijo al mismo tiempo que Hyde le preguntó algo semejante – "¿Cómo te sientes?" – había dicho él
Los dos se echaron a reír, tras darse cuenta de su error
- No has perdido esa costumbre ¿eh? – se regocijó la chica
- ¿A qué te refieres?
- Leerme la mente – le explicó
- No lo hago… - sonrió Hyde – solo creo que eres predecible
- ¿predecible? – enfureció Jackie haciendo un puchero que le resulto insufrible a su compañero
- Nada – se retractó – Esto es agradable, no sabía nada de ti, y tú solo… apareciste de pronto
- ¿Agradable? No hemos hablado en como 30 minutos
Hyde sintió un deja-vu y comenzó a reírse muy bajito
- Bueno, estas aquí ¿no? – le dijo
- Bueno – se explicó Jackie –Venir no fue la mejor de mis ideas
- No al parecer – los dos se rieron
- Elegimos un mal día para dejar de aspirar Resistol ¿ah? – se burló Hyde
- Habla por ti puerco – demandó la chica – yo todavía lo hago – y cuando Steven escuchó esa última parte, dejó escapar una carcajada
Las risas ayudaban a tirar de los nervios faciales de Hyde y los aflojaban de tal manera que comenzaba a ponerse cómodo.
- Creí que estabas, ya sabes, en Chicago
- Siempre se puede viajar – se justificó Jackie
- ¿negocios? – preguntó Hyde, adivinando la respuesta
- No dios, no, ¿negocios? ¿Qué es eso?
- Olvide que eres rica – ah sí, pensó Hyde
- No lo soy – se defendió ella
Hyde comenzó a desenvolver un pedazo de pan que habían estado repartiendo las enfermeras y le dio una mordida
- Si claro, lo que digas, niña rica
Jackie sonrió cuando se dio cuenta de que su amigo estaba comienzo y ese era el motivo de su cambio de voz.
- No tan rica como una estrella de rock
Hyde comenzó a toser por la impresión, sin atreverse a decirle lo que estaba pensando "no hagas eso cuando estoy comiendo"
- ¿Estrella? – se recompuso – No, no… sólo es un hobbie – Se burló él
- ¿Un hobbie que te llevó al evento musical más esperado del año?
Hyde le ofreció un pedazo de pan a la chica, pero ella lo rechazó porque se había dado cuenta del hambre que parecía tener su compañero.
- Es algo simple y callejero – le explicó él entre bocados – no es para tanto… esto fue más para protestar
- ¿Protestar?
- Tengo mis conclusiones sobre el nuevo alcalde – dijo Hyde
- ¿Cuáles son?
- Es un imbécil
Ambos se volvieron a reír
- Buenas conclusiones – dijo Jackie con sarcasmo – no me sorprenden en absoluto
- No, eso está bien, hombre. Es decir… ¿No es un requisito para ser político?
- También es un requisito perseguirte a ti – le insinuó ella
Hyde la miró con seriedad
- A todos
De nuevo estaban riendo
– Demonios - exclamó ella – ¿Cuánto tiempo tenemos que esperar?
–Hasta que vayan a buscar los cascos
Hyde había escuchado que un equipo de rescate estaba en camino, los ciudadanos no querían para de buscar a sus propios seres queridos bajo los escombros porque como era de esperarse, no estaban contentos con el trabajo de las autoridades.
–Todavía están inventando cosas – comentó Jackie – ¿crees que necesitamos ir a algún lado?
–No estoy muy preparado para escuchar noticias – le dijo él
– ¿Qué vamos a hacer entonces?
– Creo que podemos dormir un rato – y ella lo miró con incredulidad. Steven Hyde ¿relajado? Pero el chico acabó por recostarse a su lado y eso la hizo sentir a salvo.
Jackie estuvo de acuerdo y una hora después, durante la madrugada del sábado, Steven la dejó en la camilla mientras se levantaba sigilosamente para no despertarla y más adelante, se dedicaba a discutir con varias personas. El cuento terminó cuando por su insistencia le permitieron entrar en un radio cercano al área y junto con un equipo de personas que se encontraban en la misma situación respecto a sus familiares desaparecidos emprendió un trabajo de varias horas que no parecía dar fruto alguno.
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Fue por la mañana del sábado que el sol comenzó a asomarse para iluminar de rojo, un irónico mar de sangre que dejó a su paso el monstruo de concreto y Steven estaba cavando entre las ruinas de la estructura cuando se encontró con un gafete. Amarillo, grueso y pesado.
Se había encontrado con muchos durante la jornada y podía suponer que se trataba de una especie de permiso para los periodistas que se encontraban en la asamblea del congreso cuando todo ocurrió. Sin embargo ese gafete era diferente y muy importante. Porque gracias a él, Hyde se dio cuenta de que no tenía ningún sentido seguir buscando y se sentó en el piso conteniendo la respiración mientras se le escapaba una pesada lagrima que llevaba a cuestas el golpe de una realidad a la que se había estado negando desde que comenzó a buscar a su hermano.
Eric Forman, estaba muerto y Steven Hyde aprendió que los hombres pueden ser peligrosos, no solo para los animales, también para los otros hombres, los hombres que los aman. Que no hace falta ceder al miedo, cuando el miedo no sirve para nada. Y que el peligro está por todas partes: en un libro, en la calle, y en las telarañas, en los edificios altos, bajo las sabanas propias y hasta en las canciones, en algunas canciones como ésta. Porque todos somos tierra alguna vez nena, y alguna vez volveremos a la tierra porque somos hombres. ¿Estoy equivocado?
