Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 13: Dios, quiero quedármelo para siempre

Me despierto con el olor a tocino cocinándose y sábanas frías donde el cálido cuerpo de Edward estaba anoche.

Si no hubiera una nota allí, estaría bastante triste porque me dio el mejor beso de mi vida y luego me dejó.

Swanie,

No quería despertarte. Así como estás te ves demasiado bonita roncando en mi cama. Ven a buscarme cuando te despiertes.

Vaquero

Lo firmó vaquero.

Guau.

Como mi bolso no está a la vista, ya que esta no es mi habitación, doblo la nota con cuidado y me la meto en los bolsillos de mis pantalones cortos.

Cruzo la habitación de puntillas y me asomo al pasillo antes de lanzarme a la habitación en la que dormí para agarrar algo de ropa y mis accesorios de ducha antes de lanzarme de regreso al pasillo y al baño.

Si esto fuera una película, en serio a veces se siente como si lo fuera, Edward estaría en la ducha y yo diría "uy" entonces me pediría que me uniera a él. Por desgracia, esta es la vida real, y él está ahí afuera con la abuela haciendo tocino y no siendo un completo pervertido.

Decido lavar todo menos mi cabello y rociar un poco de champú seco en su lugar. Mi estómago gruñe en medio de mis arreglos, pero me siento un poco tímida después de anoche, y luego con la abuela alrededor va a ser aún peor.

Sin embargo, el hambre es demasiado grande para permanecer escondida en el baño todo el día. Agarro mis cosas y las llevo a mi habitación antes de recorrer el pasillo y llegar a la cocina donde Edward está sentado en un taburete, con tocino a medio camino hacia su boca, sus ojos en mí, su sonrisa tan grande que tienen que doler sus mejillas. Incluso me duelen las mejillas, o tal vez sea porque mi propia sonrisa rivaliza con la suya.

—Buenos días, Swanie —saluda antes de meter el tocino en su boca y masticar con la boca cerrada todo correcto.

—Buenos días —le digo, caminando para pararme frente a él en el mostrador—. El olor a tocino me despertó. Recibí tu nota.

Él sonríe mientras mastica, y no puedo dejar de mirarlo.

—Pensé que mi muchacho pudo haber tenido una visita anoche —comenta la abuela detrás de mí, haciendo que mis ojos se agranden y Edward se ahogue con una risa. Sacude la cabeza y continúa comiendo, sus ojos recorren mi cabeza.

Me giro lentamente y encuentro a la abuela con una de esas viejas túnicas de abuela con cremallera. Está de pie junto a la estufa, pero su cuerpo está girado hacia un lado donde puede verme.

—Buenos días —saludo—. ¿Necesitas ayuda?

—Oh, no. Ve y toma un plato y siéntate junto a mi Edward y disfruta tu desayuno.

Mi Edward, literalmente casi dejan salir mis labios, pero gracias a Dios no lo hacen.

La abuela agarra un plato y amontona demasiada comida, pero le agradezco, lo tomo y me siento junto a Edward. Me golpea con su hombro, sus labios se elevan en esa maldita sonrisa que amo tanto. Es contagiosa. Siento que siempre estoy sonriendo a su alrededor.

—¿Cómo estuvo tu sueño? —pregunta, no en voz baja.

—Dormí bien —respondo, con los ojos en sus labios deseando por todo el mundo que estuvieran en mis labios en este momento—. Muy tranquilo. —Asiento y muerdo un trozo de tocino.

—Apuesto a que sí, cariño —dice la abuela, haciendo que Edward se eche a reír.

—Abue, estás avergonzando a Swanie —comenta, su risa se convierte en una profunda y atractiva sonrisa.

Agita su mano y cojea hacia nosotros.

—No hay necesidad de estar avergonzada, niña. Puede que tenga noventa y siete años, pero sé cómo se siente el amor joven. No voy a interponerme.

¡Qué!

»Solo espero estar viva para la boda. —Ella regresa a la estufa, dejando mi corazón latiendo con fuerza y mis pulmones sin aire.

¿Edward quiere casarse conmigo?

¿Le dijo a la abuela que quiere casarse conmigo?

Bella Marie Cullen.

Tiene un bonito sonido.

Echo un vistazo a Edward, y él se concentra en su comida, con los ojos bajos, pero luego debe sentir mi mirada porque me mira y me guiña un ojo.

Santa mierda.

—Cállate —le digo y lo empujo con el brazo, mi estómago ya no solo gruñe sino que aletea con anticipación.

Sus ojos se abren y sonríe.

—No dije nada. Deja de sonrojarte, Swanie, y termina tu comida. Tenemos cosas que hacer hoy.

—Hablando de eso —interrumpe la abuela—, las señoras de la iglesia vendrán para nuestra charla semanal sobre libros. Continúen y hagan lo suyo hoy, y yo cocinaré para cuando lleguen a casa.

—Está bien —concuerda Edward.

—Está bien —agrego—. Gracias de nuevo por el desayuno.

Ella se despide antes de dejarnos solos en la cocina.

Tan pronto como la abuela desaparece, Edward envuelve un brazo alrededor de mi cuello y me tira a su lado.

—¿Dónde está mi beso? —pregunta, sus labios en mi mejilla, mi corazón en mi maldita garganta.

—No puedo besarte en este momento —le digo, mirando sus hermosos ojos verdes—. Acabo de comer y…

No me deja terminar, solo presiona esos labios mágicos sobre los míos y me besa. Un golpe de su lengua más tarde, y soy un charco de sustancia viscosa en sus brazos.

Se echa hacia atrás demasiado pronto y frota con el pulgar mi labio inferior antes de sonreír muy lentamente.

—¿Estás lista para el columpio?

—¿Serás amable?

—Oh, sí —afirma, besando la comisura de mi boca antes de alejarse y levantarse de su taburete—. Vamos, Swanie. Déjame columpiarte... —Sus palabras se cortan, y me río ante la expresión de su rostro, deseando el columpio en el que está pensando su cerebro.

—Cálmate, vaquero —bromeo, saltando del taburete—. Al menos invítame la cena primero.

Él se ríe y envuelve un brazo alrededor de mi hombro, acercándome a su cuerpo y llevándonos por la puerta principal.

—Te he comprado muchas cenas —comenta—. ¿Eso no cuenta para algo?

—Claro —respondo

—¿Sí?

Me encojo de hombros, fingiendo que no me afecta su y su brazo envuelto a mi alrededor, sus labios en mi mejilla, en mis labios, él me está volviendo loca, la clase buena de loca, de "tengo diecinueve años y soy muy joven para casarme, pero me casaría con él en un abrir y cerrar de ojos".

—Tengo una lista.

—¿Una lista?

—De todas las cosas que has hecho por mí.

—¿Llevas una lista?

—En mi cerebro, sí —confieso, agarrando el columpio y mirando por encima del hombro al dios detrás de mí—. Leí un libro una vez, la niña llevaba cuenta de todo, de todas las cosas buenas que el niño hacía por ella. De esa manera, cuando tuvieran sus hijos, ella podría contarles todo... —En realidad, estoy mintiendo—... Y de esa manera sus hijos sabrían cómo tratar a una dama y sus hijas sabrían que no deben aceptar nada más que lo mejor... —Sí, me lo estoy inventando totalmente, pero Dios santo, ¿no sería lindo verlos? Estos hijos e hijas que tendríamos. Como, guau.

Subo a la llanta y me aferro a la cuerda, esperando que Edward me dé un empujón suave y seguro. Viene detrás de mí, el calor de su cuerpo me envuelve y presiona su pecho contra mi espalda.

—Tendré que pedir prestado este libro alguna vez —dice, luego besa un lado de mi cabeza y me envía volando por el aire.

Ni siquiera tengo miedo.

...

—Estamos en Luisiana —le digo al teléfono—. En la casa de la abuela de Edward.

Papá todavía está descontento conmigo, pero no lo entiende, al menos no todavía.

Han pasado días... —se queja papá—... y todavía no puedo entender la idea de que te vayas de viaje con un chico que conociste en un avión.

—Oh, papá, está bien. Es un perfecto caballero... —La mano de Edward aterriza en mi muslo y solo frota hacia arriba y hacia abajo muy lentamente, y giro la cabeza para mirarlo, pero sus ojos están en la carretera como si nada—... Fuimos a la granja de pollos de su tía.

Una granja de pollos... —Puedo escuchar su suspiro de frustración y luego dice—: Tienes miedo de las gallinas.

—Tengo miedo de los gallos. Eran gallinas, como las que ponen todo tipo de huevos. Su tía los vende. Te enviaré fotos.

Otro suspiro. Puedo imaginarlo frotándose la frente.

Solo ven aquí más temprano que tarde. Me gustaría pasar un tiempo con mi hija.

—Oh, está bien —comento, pero no lo digo en serio. No puedes apresurar un viaje por carretera. Papá me ha tenido durante diecinueve años. Es justo que deje que Edward me tenga por un tiempo, o me deje tenerlo a él. Lo que sea.

Adelante, envía las fotos —pide papá antes de colgar.

Lanzo mi teléfono a un lado y envuelvo mis brazos alrededor del de Edward.

—¿Todo bien? —pregunta, y deslizo mi mano derecha por su brazo y entrelazo mis dedos con los suyos. Mantiene su mano en mi muslo, lo que me produce un hormigueo por todas partes. Una noche más en casa de la abuela y volveremos a la carretera.

—No hay prisa —le digo, acurrucándome en su brazo—. De hecho, estoy un poco emocionada por este caimán. ¿Qué es?, ¿una granja también? No pensé que lo estaría porque son enormes y probablemente les encantaría comerme para la cena, pero ver toda unagranja de caimanes, podría ser algo interesante.

—¿Sí? ¿No estás asustada?

—Bueno, sí, pero tú estarás ahí para protegerme. Me imagino que si puedes mantener alejados a los insectos, puedes mantener alejados a los caimanes; es posible que necesites usar más músculo.

Su sonrisa es magnífica.

—No es realmente una granja —informa—. La última vez que fui, era un viejo edificio de madera con este puente improvisado. Los caimanes estaban en el agua con estas vallas de alambre que los separaban.

—¿Pueden salir?

—Si se esfuerzan lo suficiente...

—Quizás no deberíamos ir —le digo.

—Estará bien, Swanie.

—Si tú lo dices.

—Yo lo digo —afirma—. Iremos a ver algunos caimanes, y luego te llevaré a almorzar. ¿Suena bien?

—Mientras no sea un almuerzo de cocodrilo, entonces es una gran idea.

—Dios, eres linda. —Aprieta mi pierna, mueve su mano hacia arriba una pizca, y me estoy enamorando del hermoso vaquero.

—Tú también. —Beso su brazo, porque estoy totalmente obsesionada—. Como en serio. Podría mirarte todo el día.

Obviamente, me estoy volviendo más valiente cada día.

—¿Sí? Lo mismo, Swanie.

¡Mi corazón!

—Estaba pensando, después de que la abuela se vaya a la cama esta noche, deberíamos salir de nuevo. No sé, atrapar algunas luciérnagas, ver una película, lo que quieras.

—Lo que quiera, ¿eh?

Me encojo de hombros.

—Sí.

—Tengo una idea —sugiere, mirándome mientras yo lo miro—, pero mi idea involucra tus labios sobre los míos.

—A mí también me gusta esa idea —digo, sonriendo como un monstruo.

—Entonces es una cita, Swanie.

—Bien.

—Bien.

La forma en que dice bien, ¡detente!

Edward atraviesa una puerta y viajamos por un camino de tierra lleno de baches rodeado de un espeso bosque. Supongo que casi llegamos a los caimanes. Mi estómago se revuelve y quiero cambiar de opinión, pero estoy segura de que Edward nunca me llevaría a ningún lugar donde hubiera una posibilidad real de muerte.

Se detiene frente a un viejo edificio de madera, como dijo, y luego apaga la camioneta y abre la puerta.

—¿Estás lista? —Extiende su mano y la agarro, dejándolo sacarme de la camioneta.

—Edward, hijo, ¿cómo estás? —saluda un hombre con una gorra de camionero sucia, sus ojos van de mí a Edward, su sonrisa un poco tonta—. ¿Trajiste una cita?

—Hola, Frank. Esta es Bella. —Frank asiente y luego se da la vuelta y entra al edificio.

—No te atrevas a soltarme allí dentro —le pido, haciendo reír a Edward.

—No te preocupes, Swanie. Nunca te voy a soltar.

—Está bien —le digo, sintiéndome un poco sin aliento.

Edward me jala a través de la puerta, y está completamente oscuro, oscuro como la noche, entonces una linterna se enciende y Frank está alumbrando sobre nosotros.

—Todo es bastante básico —explica—. Mira a tu izquierda, caimanes. Mira a tu derecha, más caimanes. Es casi la hora de comer, así que tienen hambre.

Me aferro a Edward con más fuerza.

—¿No es esto como abuso? —susurro, tropezando con una tabla y agarrando a Edward para salvarme.

Edward se encoge de hombros.

—Él no los lastima.

—Pero ¿no deberían solo vagar libremente?

—¿Estás sintiendo pena por ellos, Swanie? ¿Quieres que los libere a todos?

—¿Qué? ¡No!

Edward se ríe y seguimos moviéndonos, mis ojos se encuentran con los ojos hambrientos de todos esos caimanes encerrados.

Logramos cruzar el puente y salir por la puerta del otro lado del edificio, la luz del sol tan preciosa en mi piel.

—Entonces, ¿almuerzo? ¿Qué hay en el menú? No mariscos, ¿espero? —pregunto.

Edward me mira, un poco desconcertado.

—¿No te gustan los mariscos?

—Uf, Dios no. Mis padres me llevaron a Red Lobster una vez. Me dieron espaguetis, y ni siquiera me gustan los espaguetis. La sola idea de saber que mi cena solía nadar en el mar, me asusta un poco. ¿Te gustan los mariscos?

—Sí. No más que tú, pero están en lo alto de mi lista.

—Puedo pedir papas fritas o algo si quieres...

Él niega con la cabeza.

—No te voy a dejar morir de hambre, Swanie.

—Realmente no…

Abre la puerta de la camioneta y besa mi boca para callarme antes de subirme a la camioneta.

—¿Pizza?

—Está bien —acuerdo lentamente, mi sonrisa, por supuesto, estirando mi rostro.

—Está bien —repite, su sonrisa es mucho mejor que la mía.

¡Dios, quiero quedármelo para siempre!


Si no se lo queda ella, me lo quedo yo...

Gracias por sus comentarios, alertas y favoritos, y como superamos los 400 reviews, aquí les dejo el capi extra que les prometí. Y ya saben, no olviden decirme qué les pareció el capítulo.

Nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai