4. Miércoles. De cómo se le cayó la vaca encima.

El principio está en la cabeza, en realidad Kelso pensaba que todo estaba en la cabeza. Porque la suya no funcionaba bien, y de esta manera si algo le salía mal podía echarle la culpa de todo. La mañana había sido algo floja, Donna había pasado las últimas horas quejándose del calor y del tráfico, porque, a su parecer, Wisconsin nunca había estado tan despierto como en aquella ocasión. Aunque al pasar del medio día, los dos habían encontrado la forma de entretenerse sin ir al grano de ninguna conversación y evitando mencionar algunos nombres de índole casi esotérico por el bien de sus vastas y complicadas emociones, encontradas recientemente en el vaso roto del boletín informativo de la tierra lechera del país.

Kelso creía que su compañera parecía la misma Donna de siempre, pero con un aire más intelectual y moderno. Además llevaba a cuestas un peinado serio de oficinista que le causaba mucha gracia al muchacho. Él no podía imaginarse siquiera, lo que ella debería estar pensando sobre él, pero estaba listo para anticipar las acciones que estaba dispuesto a tomar desde entonces y en adelante; para prevenir una posible discusión sobre eventos desagradables del pasado, y que en su momento fueron suficientes para separarlos. Por eso era necesario que se tomara su espacio.

- ¿Todo bien? – le preguntó Donna de repente, logrando desconcentrarlo de sus pensamientos

Kelso la miró con unos ojos enmarcados en toda su redondez.

- ¿por qué preguntas? – contestó él

- Estas muy callado

- No me gusta mucho hablar

- Ja – se burló Donna – sí, claro

- Fez no ha dado señales de vida – le explicó – siento que el tiempo se me viene encima

- Tranquilízate, genio, estresarnos, no nos servirá de nada

- No he visto a Betsy desde hace más de una semana – dijo Kelso - no sé nada de ninguno de los que me importan

- Vamos, no esta tan mal eh, toma tu tiempo – le dijo ella – verás que todo se arreglará

- Eres muy optimista Donna – dijo Kelso – te envidio por eso, por todo en realidad, tu vida, tu trabajo…

- No digas eso, tú también tienes un buen trabajo, además tienes a Betsy y a Brook

- Ya no más – espetó él – lo perdí, cómo lo he estado perdiendo todo

- Ya verás que todo se arregla

- ¡No se va a arreglar Donna! Entiende que la vida no es tan sencilla

- ¡Qué demonios te pasa! ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué todo está bien? Yo tampoco estoy como para darte ánimos. Sé que todo va mal ahora, pero al menos estamos intentando hacer algo, mira lo que has logrado – dijo ella sin perder la concentración del volante – Jackie viene en camino, tú y yo estamos juntos y tenemos la información. Si fuera por mí, no estaría aquí, sino en mi oficina, esperando alguna novedad jugosa para adivinar si Eric sigue con vida ¿crees que me siento bien?

- Lo siento Donna

- No, está bien, yo lo siento – se cruzó de brazos – mi trabajo me está volviendo un poco histérica, el periódico es todo lo que tengo y no estoy logrando sacar adelante una empresa básica fuera de corporaciones que dependen enteramente de mi opinión pública. Nada de esto es cómo lo imaginé en la universidad – suspiró

- Ser un adulto es más difícil de lo que te dicen – agregó Kelso

- No tiene que ser así ¿o sí? El verdadero problema es que todavía no estamos acostumbrados

- ¿No hay escuelas para eso?

- Si la hubiera ¿asistirías?

- No – se rio Kelso – supongo que tienes razón

- Nadie lo haría

- Pero al menos todos sabríamos que existe y no podría quejarme de que nadie me enseñó cómo hacerlo

- ¿Eso te reconfortaría?

Kelso respondió riéndose

- A mí tampoco – continúo Donna

Por fin llegaron al lugar citado y se bajaron del auto con algunos folios simples porque Donna le había dicho que no valía la pena, y que llevarse la caja entera para mostrársela a Jackie en un lugar tan publico era una pésima idea.

- Buenas tardes, bienvenidos a Halland ¿Qué desean ordenar?

- Un café por favor – pidió Donna

- Yo quiero una salchicha – dijo Kelso

- Disculpe señor, no vendemos eso aquí – le contestó la camarera

- ¿Qué? ¿Puedes creerlo Donna?

- Si, ah, disculpe ¿Qué es exactamente este lugar? – farfulló Donna

- Tenemos café, es una cafetería – explico la empleada señalando el letrero del menú en una tabla de precios

- ¿café? – preguntó Kelso indignado

- Café – resolvió la mesera

- ¿café?

- Si Kelso – se hartó Donna – café

- Sí señor, café – repitió la camarera

- Bueno pues yo quiero una salchicha

- Kelso, compórtate ¿quieres? No tienen salchichas

- ¿entonces que rayos venden aquí?

- Café señor – insistió la pobre mujer

- ¡bien! Entonces denme un maldito café

Y cuando la señorita se estaba retirando Kelso continuó

- Y una salchicha

- ¡Kelso! – lo regañó Donna

- ¿Qué? es que quiero una salchicha, es lo que quiero y no es justo, este es mi lugar favorito para comer salchichas desde que tengo memoria ¿Es mucho pedir una salchicha en mi lugar favorito para comer salchichas?

- Kelso, este ya no es el Hub

- Entonces ¿Qué le traigo señor?

- ¿tienen salchichas?

- ¡Kelso!

- Si solo tienen café, ¿acaso tengo otra opción?

- Kelso…

- Está bien… Tráigame un café

- ¿Cómo le gustaría su café señor?

- ¡café! – gritó Kelso molesto

- Kelso basta – riñó Donna apretándole el brazo a su amigo – que sean dos capuchinos por favor

- Está bien enseguida vuelvo

La mujer echó a andar de repente y Donna pudo ver de reojo cómo les hacía señas a sus amigos en la cocina. Donna no se tomaría ese café, ya lo había decidido.

- Odio a esa mujer – bufó Kelso - ¿Qué paso con el Hub?

- No lo sé – masculló Donna – tal vez no funcionaba bien, ya sabes, sin nosotros por aquí todo el rato

- No me gusta eso ¿café? ¿Quién necesita café?

- Kelso cállate ¿sí? Solo vamos a estar aquí por un rato. Compórtate

De acuerdo

- "Aquí no tenemos salchichas" – decía Kelso imitando la voz de la mesera – "solo vendemos café" – decía – espero que por lo menos esté bueno, para esto pude haberme quedado en casa y preparármelo yo solito

- Kelso, no estamos aquí por la comida ¿recuerdas?

- Bueno , pero la comida habría sido un lindo detalle – contestó él – estoy hambriento

- Bueno, bueno, pero tenemos que quedarnos por aquí un rato ¿sí? Jackie no debe tardar en llegar

- Debimos verla en chicago – sugirió Kelso – en su trabajo, ahí sí tienen salchichas

- Ya cállate tonto

Kelso recibió su primer café de manera escéptica, con una mirada más bien recelosa hacia la mesera. Pero luego de probar el primero, el apabullado castaño, tuvo a bien medida pedir uno más, y luego de ese, el siguiente y cómo Jackie no parecía dar señales de vida, de pronto la mesa estaba llena con tazas vacías, todas de Kelso.

- Otro más por aquí mesera ¡mesera! Otro más

- No. Ya no más Kelso, te has tomado 9 o 10 desde que llegamos, para ya, por favor.

- Donna, tienes que probar esto, ¡esta delicioso!

- Ya lo sé, estuve bebiendo uno ¿recuerdas?

- No Donna, uno no es suficiente, ten, tomate otro, no te preocupes – le dijo – yo invito

- Kelso, ya basta, ya está bien, gracias – le hizo una seña a la mesera para que se fuera – no es por el dinero Kelso, por favor, ni uno más para él.

- Gracias – dijo él recibiendo su ultimo vaso

- Está bien , estamos esperando a alguien – explicó Donna a una pareja que los miraba con juicio blanco

- Jackie necesita probar esto, Donna, pide uno para Jackie también

- Creo que Jackie no vendrá – sugirió Donna mirando la puerta y luego su reloj de mano

- No digas tonterías Donna, Jackie ya… - hizo una pausa – oh, no.

- ¿oh no? – repitió Donna - ¿Qué quieres decir con "oh no"?

- Oh no ¡PIPI!

- ¿pipi? ¿quieres usar el baño?

- ¡quiero hacer pis!

- Pues ve al baño

- ¡si!

Donna suspiró mientras Kelso corría al baño de hombres. Pero aquel no era buen momento pues el baño estaba ocupado e irremediablemente cerrado. Kelso tocó la puerta repetidamente pero el esfuerzo fue en vano porque la persona de adentro, claramente estaba pasándola mal. Logró sin embargo mantener la calma por unos segundos, aunque después se dio cuenta de que el responsable no tenía intenciones de abandonar el sanitario. Así que corrió de vuelta a su asiento con la esperanza de que sentarse le proporcionaría un poco de alivio para la situación, cómo apoyo para ese momento cruel.

- Donna – susurró sentándose a su lado – está ocupado

Pero Donna no le prestó atención porque estaba hablando por teléfono con alguien

Si Kelso, si – le dijo ella y continuó con su llamada – no sé, yo lo deje ahí, por eso dije que le preguntes a Denise, yo lo deje arriba del escritorio. No – seguía discutiendo – no es la misma, te dije que las tiene Denise

- Donna – insistió Kelso – creo que me voy a orinar encima

- Si Kelso, permíteme – siguió diciendo concentrada en el otro lado de la línea – no, esa no es, esa es la de Mary, esa estaba en su escritorio, en la oficina de Denise. Yo le pedí los cambios, por eso, ahí tenía una copia.

- Donna – suplicaba Kelso – no puedo aguantarme más

- Si Kelso, ya te oí, si, a Denise , yo la llamo, aja – decía – sí, adiós – colgó el teléfono

- ¿Qué quieres Kelso?

- ¡pis!

- ¿no fuiste al baño?

- Estaba ocupado

- ¿Qué?

En ese momento entraron varias personas por la puerta y a Kelso se le ocurrió que salir corriendo y orinar afuera, lucia como una apetitosa idea.

- Creo que iré afuera

- No Kelso, espera – lo retuvo - ¿no puedes aguantar más?

- No – se quejó tratando de zafarse

- Déjame pensar en algo

La puerta se volvió a abrir y por entre sus fauces se asomó una morena de extraños sacos pálidos y se abrió paso entre la población de inmuebles para quedar enfrente de la mesa y así poder mirar a sus viejos amigos con esos enormes ojos

- ¡Jackie! – gritó Donna , reconociendo a la chica y Kelso quiso alegrarse también, pero tuvo miedo, pues suponía que el esfuerzo de su abdomen al levantarse le cobraría la factura

- ¡Donna! – y la más pequeña se lanzó al encuentro de los brazos de la pelirroja

- Hola Jackie – pasó diciendo Kelso por un costado, pero al pisar exactamente a su lado, tropezó y arrolló con la prisa a las dos chicas que se estaban abrazando ya, y con ello las tiro al suelo en medio de un desastroso espectáculo de papas fritas producto del intento de Kelso por agarrarse de la mesa.

- ¡Michael! – se quejó Jackie y Donna se levantó con un batido rosado derramado por todo su cabello y hecha una enorme furia

Pero el hombre no se quedó para recibir el láser de su furtiva y bien discriminada mirada asesina. Kelso apenas había dado unos pasos y lograba sentir cómo la presión se incrementaba en su vejiga; así que se saltó de lado a un paso de peatones con pasto en los pequeños alrededores en una imitación de jardín artificial.

- Hazte a un lado – le dijo a un niño que estaba jugando cerca del árbol en la acera de allí, y con el empujón el niño fue a dar hasta el otro lado de la carretera

- Oh dios, oh dios – murmuraba Kelso mientras luchaba con la cremallera de los pantalones y cuando el cierre por fin cedió, el chorro salió disparado con toda su presión provocándole dolor

- Oh dios – susurró con alivio y entre remordimiento azorado

- ¿Kelso? – llamó alguien detrás

Una voz familiar y grave lo interrumpió, ganando atención por el costado y Kelso se giró reconociendo a su amigo y dirigiendo, de paso, el chorro hacia él. Así le derramó orina sin querer, por toda la ropa.

- ¡Hyde! – se emocionó el castaño - ¡oh no! – alcanzó a gritar cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo

- ¡Imbécil atarantado! – le gritó Hyde moviéndose a un lado y poniendo las manos como escudo, pero sin obtener mejores resultados que redirigir el líquido - ¡voltéate! ¡apunta hacia allá! – urgía el chico, pero Kelso estaba confundido y regresaba la vista para disculparse y lo mojaba de nuevo en el proceso

- Lo… lo siento, lo siento mucho – pero lo mojaba otra vez

- ¡Kelso! ¡Ya! ¡Termina de una vez!

- ¡No puedo! – lo apuntaba de nuevo

- ¡Kelso! ¡Termina!

- Lo siento, no puedo parar

- ¡Para el otro lado! – gritó Hyde

- Lo siento mucho – a este punto era realmente difícil saber si era intencional porque Kelso se estaba riendo

- ¡Ya! ¡cabrón!

Kelso por fin terminó y Hyde estaba viendo sus propios pantalones con una expresión de asco

- ¡Imbécil! – riñó Steven Hyde

Kelso se estaba subiendo el cierre y volteaba discretamente con la cabeza agachada. Hyde reconoció la mirada divertida de su amigo, riéndose por lo bajo y casi al instante en el que se estaba poniendo colorado, no por vergüenza sino más bien por la furia contenida, su sonrisa cambio. Kelso supo de inmediato que debía comenzar a correr, no le hizo falta una advertencia verbal, porque con ellos, siempre, se trataba de miradas. Pero a pesar de que su figura se encontraba en la mejor forma, no pudo adelantar por mucho al chico con el afro.

Las primeras calles hacia abajo, Kelso parecía haber ganado un amplio terreno mientras huía con atléticas piernas entrenadas precisamente con ese propósito, pero a medida que el más alto comenzaba a acercarse al cruce con la primera curva sobre la avenida, muy cerca del que antes había sido el puesto de silenciadores de Red Forman, los furiosos pasos de su amigo de la barba rizada se escucharon por sus espaldas.

Y aquella, era una información bastante acertada; porque Hyde ya lo estaba tomando por los hombros, cuando un auto pasó cerca de ellos al borde de choque con uno de los costados de Kelso, que por fortuna sufrió primero el tirón de su amigo y ambos rodaron el resto de la calle hacia abajo mientras el conductor del auto descendía de su vehículo con un semblante rabioso. Luego de un largo golpe atrancando con la bocina del claxon para hacer bulla de su enojo. Hyde fue el primero en levantarse, no porque fuera el menos herido, sino porque era el más inteligente, y al menos quiso jalar a su amigo pero Kelso tenía la cabeza metida entre sus piernas.

El conductor se les acercaba cada vez más furioso, soltando insultos coléricos que terminaron por ahuyentar a la pareja. Kelso corrió de nuevo trayendo a rastras por la camisa a su amigo, que parecía perder la condición física cuando no estaba enojado. Cuando estaban llegando de nuevo al lugar donde antes habían pasado los mejores momentos de su vida, Hyde adelantó "por accidente" a su amigo y puso el pie derecho primero. A pesar del esfuerzo olímpico que hizo Kelso para esquivarlo, ya estaba a medio paso y terminó por avanzar con ese mismo pie hacia adelante, porque la reacción lo pescó por sorpresa. Se tropezó con el de Hyde, y cayó de bruces contra el asfalto, por supuesto puso las manos delante pero el efecto del peso le doblo los brazos y terminó golpeándose contra su propia mano en el ojo.

- ¡ay, mi ojo!

- ¡imbécil! – dijo el otro jadeando por el maratón reciente observando con buen ojo retorcerse a su amigo

Pasaron unos minutos antes de que sus respiraciones volvieran a la normalidad y ninguno de los dos necesitara el soporte de sus rodillas para erguirse en un intento por mantenerse de pie. Ya ambos habían recuperado el aire y por fin tuvieron tiempo para mirarse entre ellos.

- ¡Qué reencuentro! – susurró Kelso con una sonrisa bien marcada , formada por los orificios que llevaba a cuestas de la cabeza y hasta el interior de una cara de estúpido – oye Hyde – le dijo riendo – ¿estas mojado?

- Cállate idiota – lo empujó Hyde - ¡no sé porque me sorprendo!

Luego los dos se miraron con odio y sorpresa respectivamente y después se echaron a reír

- ¡asqueroso! – se quejó Hyde mirando con disgusto su propia ropa

- ¿Qué esperabas hombre? ¿un abrazo? – se reía Kelso

Hyde volvió a escrutar su ropa con un tanto de nostalgia y fastidio inmortal, pero con especial atención en las manchas de orina que quedaron como huellas en un rastro muy marcado.

- Por supuesto que no, tarado

Los dos se miraron por un largo rato y después de eso parecieron pensar lo mismo que el otro y se abrazaron con fuerza cómo si sostuvieran un jarrón muy valioso, porque cada uno sabía que ese abrazo era profundo y certero, que necesitaban sentir que algo fuerte los sostenía a la realidad en medio de tanto caos. Para cada uno, ese era el otro.

- Hueles fatal, amigo – cortó Kelso tras darse cuenta de lo incomodo que se había tornado el encuentro, justo cuando sus ojos comenzaron a humedecerse

De pronto se sentía como un niño lastimado con un curita en la rodilla sangrante en medio de los caballos de carrusel más próximos a su amigo. El que siempre lo rescataba. Quiso empero, guardarse todo lo que estaba por decirle para evitar soltarse a llorar.

- ¿Cómo estás? – le preguntó Hyde y Kelso negó con la cabeza, Hyde no siguió insistiendo porque pudo imaginar que no se trataba de algo sencillo y en lugar de eso le dio una palmadita en el hombro, que para el chico siempre había tenido el mismo significado " todo estará bien"

- No esperaba verte, creí que habrías… ya sabes…

- ¿muerto? – terminó de decir su amigo rizado y Kelso se dio cuenta de que esa ambigua expresión en el acostumbrado rostro de su amigo le era completamente desconocida

- Me enteré de que estabas en el canon festival – trató de explicar Kelso

- ¿también estuviste ahí? – preguntó Hyde

- No, pero Fez me lo dijo

- ¡Fez! – se alegró el chico - ¿vino contigo? – preguntó asomándose al vidrio buscando al moreno del acento - ¿está adentro?

- No – contestó Kelso - y su mirada decayó por los infiernos aunque luego intentó alegrarse por el hecho de que su amigo Hyde seguía con vida – pero si esta Donna, y Jackie, ¡oh, Man! ¡Jackie! ¿llegaste con Jackie?

- Ah… algo así – vacilo Hyde – aparqué atrás, bajo primero

- Aja picaron – le guiñó el ojo – te entiendo

- Claro que no, no es lo que piensas

- Oh, felicidades por eso – animaba Kelso

- Que no es eso ¡tonto!

Kelso lo abrazó por segunda vez y el otro chico se limitó a darle una palmada en la espalda, mostrándose un tanto reacio a esa, la segunda muestra de afecto.

- Vamos adentro – le dijo Kelso y los dos se rieron y caminaron unidos por medio abrazo tras la espalda hasta llegar a la puerta

Kelso no sabía cómo debía comportarse ahora, acababa de orinar a su mejor amigo y Jackie y Donna estaban adentro. Pero la emoción de la reunión había sido difuminada y francamente sustituida por completo por la pronta urgencia de encontrar a Fez. La puerta se abrió y los dos chicos se colaron por la entrada. Las mesas lucían diferentes pero Kelso ya había tenido tiempo de quejarse de todo eso cuando entró por primera vez junto con Donna. La cara de su amigo era inexacta, pero describía la misma sensación que él había tenido entonces.

- Aquí no tienen salchichas – le explicó al del afro, parándose con las manos en la cadera y columpiando la cabeza de arriba hacia abajo para obviar la situación – el café está muy bueno

- ¿Es una cafetería hora?

- Chicos – llamó Jackie desde el otro lado, alzando las manos para que los otros dos pudieran ubicarlas - ¡por aquí!

Hyde la vio de inmediato, cómo si tuviera un radar propio para ese rostro en especial y meneó la cabeza devolviéndole el saludo a Jackie. Luego se giró con su amigo para darle un golpe blando en el pecho con el propósito de enseñarle los gestos de la chica. Donna, que había girado sobre su asiento para ver al interlocutor de Jackie cuando esta última pego el primer llamado, se encontraba mirando con una temple estupefacta hacia a su amigo del afro. Aunque de repente algo pareció quebrarse en el fondo de su pecho y se puso de pie de un brinco. Hyde y Kelso ya estaban aproximándose a ella, y por eso a Jackie le pareció innecesario que se levantara y corriera hacia ellos.

- ¡Hyde! – gritó mientras corría y cuando llegó hasta él, acercó su boca a la suya y la cerró con un beso casi desesperado.

La fuerza del beso tambaleo al chico arrebatándole su equilibrio, obligándolo a retroceder unos pasos y los dos miembros restantes del grupo tuvieron que luchar contra sus respectivas mandíbulas para no tener una fuga del alma por la sorpresa.

- ¡Ah! – gritó Kelso con indignación, y el tono logró incluso reconfortar a Jackie porque se dio cuenta de que al menos uno de ellos seguía siendo el mismo

- ¿Qué demonios? – dijo ella

Hyde se separó lentamente de la pelirroja o por lo menos lo intentó hasta que la propia mujer le permitió rehuir del agarre tras darse cuenta de lo que acababa de hacer y habiéndolo calificado como un error. Pronto se dio cuenta de que todos la estaban viendo y se sumió en un tono facial parecido al de su cabello

- Estas… - empezó a hablar Hyde

- ¡Bien! – Terminó de decir Donna – muy bien – y tú… tú muy bien – dijo acomodándole la ropa que ella misma le arrugó con el agarre – que gusto que… que estés bien

Todos tenían los ojos sobre la chica y la chica parecía confundida y apenada. Ella se giró hacia Kelso, porque de esa manera desviaría la atención y lo aprisionó con un beso corto pero sin dejar de ser poco sensato pues el castaño vio con buenos ojos la oportunidad y le pescó por la lengua.

- ¡No! – pensó Donna y lo soltó

Kelso comenzó a reírse y le dedicó una mirada de complicidad a Hyde que también estaba sonriendo. Donna miró varias veces a su amiga, ella tenía una ceja alzada y la miraba con incredulidad, pero había perdido la expresión de furia y con eso bastaba.

- No se te ocurra besarme a mí también leñadora – advirtió la pequeña, Donna frunció el ceño, sacudió la cabeza y caminó de regreso a la mesa

- ¿Comenzamos? - dijo sentándose al lado de Jackie y sonriéndole lo más realista que pudo para desviar su atención

Hyde la siguió y se sentó al lado de Kelso atravesando con varias miradas a sus otros dos camaradas como manteniendo una conversación silenciosa y telepática

- ¿Qué fue eso? – le preguntó Jackie a Donna con la mirada, y fue una mirada significativamente agreste. Pero la chica fingió que no se daba cuenta

- Entonces – siguió hablando Donna carraspeando un poco entre palabras para finalmente sacar unos cuantos papeles y ponerlos sobre la mesa – lo importante es…

- ¡Fez! – interrumpió Kelso

- Si – siguió diciendo Donna – pero ya hablaremos de eso, estamos aquí para…

- Encontrar a Fez – se apresuró de nuevo Kelso

La chica lo miró cómo con una advertencia. Jackie negó con la cabeza cuando la mesera se acercó para ofrecerle café.

- ¿encontrar? – preguntó Hyde, mirando de reojo en el trasero de la empleada – Jackie no mencionó nada de eso

- Bueno, no entendí nada de lo que me dijo por teléfono – se excusó Jackie, encogiéndose de hombros – estaba diciendo cosas muy raras

- Eran nuestros nombres en clave, Jackie, dios ¡pon atención!

- Si de acuerdo – interrumpió Donna – estamos aquí para hablar de Fez, Fez se extravió el…

- Fue secuestrado – interrumpió de nuevo el castaño

- Cállate Kelso – dijo Donna

- ¿secuestrado? ¿Fez fue secuestrado? – empezó Jackie – oh por dios, este puede ser un caso para probar mis habilidades como detective, ¿Qué hubiera hecho Nancy Drew?

- Jackie, Jackie por favor – habló Hyde – esto es serio ¿crees que secuestraron a Fez? – Se dirigió a Donna – ¿y porque la policía no está investigando esto? ¿Que estamos haciendo aquí?

- Ahora soy… - empezó a decir Kelso

- Sí, sí - interrumpió Donna – un lobo solitario, lo despidieron

- ¿Qué? – dijeron Hyde y Jackie al unísono y luego se miraron reclamándose por eso

- ¿te despidieron? – Hyde se mostró molesto - Imbécil, aun necesito a alguien adentro y si Fez está desaparecido…

- ¿Cómo paso eso? ¿Cuándo salió del hospital? – irrumpió Jackie

- No lo hizo – explicó Kelso

- ¿Qué? – dijeron Jackie y Hyde, de nuevo al mismo tiempo y en el mismo tono y los dos quisieron no prestarle atención esta vez

- ¿estaba en el hospital? – preguntó Hyde alarmado

- Lo arrolló un autobús – explicó Jackie

- ¡Mierda! – espetó Hyde

- Luego desapareció de ahí – comentó Kelso

- Nadie sabe nada de él – dijo Donna – Kelso tiene la loca teoría de que alguien planeó todo esto y que todo está relacionado con el atentado del viernes el día de la reunión del congreso con la CVN

- ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? – preguntó Jackie y Hyde escupió el café que se estaba tomando

- ¡Una conspiración! – gritó casi atragantándose

- Sabía que me apoyarías – dijo Kelso con una gran sonrisa en la cara

- Muy romántico y todo pero es peor que eso, eso explicaría muchas cosas… -dijo él

- ¿Cómo qué? – preguntó Donna

- Forman…

Después de un largo silencio todo comenzó a tensarse

- ¿sabías algo de eso? – le preguntó a Jackie

- No – se apresuró a decir ella

- ¿es posible que hayan secuestrado a Fez? – preguntó Donna bajando la voz para que nadie más se sobresaltara al escuchar la palabra secuestro

- Pero… – chilló Jackie – ¿Quién lo haría?

- Aún más importante – dijo Hyde – ¿por qué?

- Es porque es extranjero – aseguró Jackie – yo le dije que un día…

- Esto no tiene que tener relación alguna con el atentado, pero si los mismos tipos que hicieron una cosa, hicieron la otra – decía Donna – no nos queda más que investigarlos

- ¿estamos aquí para oír un montón de teorías conspirativas? – Dijo Jackie – deberíamos estar haciendo algo para encontrar a Fez

Hyde asintió despacio con la cabeza

- Y de eso depende esta investigación – dijo Donna sacando los papeles – estas fotografías…

- Wow – dijeron Jackie y Hyde y tomaron la fotografía de Kelso besando a Fez al mismo tiempo. Entonces la soltaron en tiempo y volvieron a cogerla bajo las mismas circunstancias

- ¿puedes dejar de hacer eso? – le dijo Hyde en un tono amenazador

- ¡tú deja de hacerlo! – se defendió la morena

- Chicos, pongan atención – dijo Donna dándole una fotografía a cada uno – hay un hombre uniformado en el fondo de cada foto

Oportunamente a Hyde le tocó la del beso y no podía parar de mirarlos

- Es tan… - empezó a decir – tan obvio

- Eso no Hyde, fíjate en el hombre – lo regañó Donna – eso hago – se burló el chico

Donna lo quebró con la mirada

- Lo siento – dijo él – es que ¿has visto esto?

Jackie se reclino para poder ver la foto que tenía Hyde

- Michael –dijo sonrojándose – que diverso – y los dos se rieron, Donna puso los ojos en blanco y Kelso se volteó para otro lado

- No es mi mejor perfil – se excusó Kelso

- Si Michael – se burló Hyde imitando la voz de Jackie – que diverso

- Chicos – llamó Donna – concéntrense

- Tú cállate patona – dijo Jackie

- Oye – se ofendió ella

- Perdón –se burló Jackie –quise decir patona, besucona, mamona

- ¿Qué? – dijo Hyde

- Y tú no digas nada

- ¿yo que hice?

- Tonto

- Loca

- Vago

- Superficial

- Imbécil

- Antipática

- Tú serás patico

- Ridícula – dijo Kelso y Donna azotó la mesa con sus enormes manos de boxeador

- Chicos – les dijo – tienen que dejarlo, es patético

- Lo siento – dijo Hyde – es la costumbre

- Ya lo notamos –dijo Kelso limándose las uñas con una lima imaginaria

- Kelso siéntate bien, estamos en una cafetería

- De verdad quiero mi salchicha

- ¿Qué pasa? ¿No tienes una? – Se burló Hyde – oh cierto, lo secuestraron

- ¡Chicos! – Se enfadó Donna – se supone que somos adultos – susurró nerviosa, mirando a la gente que se había pescado de la conversación

- Volvamos a lo de Fez – dijo Jackie

- Bien – dijo Hyde de mala gana – entonces vamos a continuar hablando de puras suposiciones o nos vas a dar la evidencia

- Esa es la evidencia – explico Kelso dándole de nuevo la fotografía - ¿ves?

- Kelso, que aceptes tu homosexualidad no es evidencia de que un atentado terrorista tiene algo que ver con el secuestro de tu novio

- No es mi novio… - se quejó Kelso – solo estábamos…

- ¿Experimentando? – sugirió Jackie

- ¿Eso es lo que tiene que decir la niña malcriada? – dijo Kelso

- Oye mercurio ¿Por qué no te callas? – dijo Hyde

- No la defiendas – dijo Donna

- No le digas que hacer – dijo Jackie

- ¡Que montón de basura! – gruñó Hyde

- ¡Cállate! – dijo Jackie

- ¡Cállate tú! – le dijo Donna

- ¿Por qué hueles a pis? – preguntó Jackie y Hyde miro a su amigo enfurecido

- ¡Me lo dice la mujer de la gran boca! – se defendió el hombre de las gafas

- Mejor boca grande que patotas

- Perra – dijo Donna

- ¿Qué? – volvieron a decir Jackie y Hyde al mismo tiempo

- ¿Qué? – Dijo Donna - ¿me vas a golpear también? ¿Nadie puede decirle nada a tu muñeca?

- Oye maestra, cálmate un poco

- Hablando del carpintero – dijo Jackie

- Mocosa mimada – dijo Hyde

- Borracho enjarételo

- Princesa Berrinchuda

- Mugroso

- Odiosa

- Basta – dijo Kelso

- ¡Esto no tiene nada que ver con el problema! – interrumpió Donna

- ¿tú que vas a saber de problemas? Tu vida es perfecta – la regañó Hyde

- Si Donna tu que vas a saber – repitió Jackie

Donna se echó para atrás en el respaldo del asiento con indignación

- Kelso dice que PSIC tiene algo que ver, PSIC tiene una evidencia muy importante para mi trabajo

- ¿Qué es eso?

- Trabajo cómo…

- No, tonta… PSIC

- PSIC es una industria farmacéutica

- ¿qué? AHORA ¿La sangre de Fez sustituye la penicilina? – se burló Hyde

- Steven, esto es serio, alguien secuestró a Fez – lo golpeo Jackie con un panecillo

- Grandioso tostada, tal vez no lo hayas notado pero lo que estos dos nos quieren decir es que una farmacéutica secuestró a Fez y planeó un atentado terrorista que, por si no lo recuerdas mató a miles de personas incluyendo… - de repente Hyde se quedó callado, su garganta comenzó a temblar bajo el sonido de las ultimas palabra agalladas, en un intento agudo de no perder la oración

- Como sea – continuó diciendo – esto es una estupidez, deberían tomarse esto en serio y dejar los juegos estúpidos que solo los estúpidos creen

- ¡Esto no es un juego! – Dijo Donna – en el auto tengo la evidencia suficiente

- ¡Pues muéstrala!- reclamó Hyde – no vine aquí para que me contaran cuentos absurdos

- Creí que entendías lo de la conspiración – interrumpió Kelso

- ¡No es tan simple idiota! – Le contestó Hyde – no sabes en lo que te estas metiendo, tu no estuviste ahí…

- Yo estuve ahí - murmuró Donna – no pretendas fingir empatía con…

- ¿oh, en serio? ¿Estuviste caminando en medio de la gente que lloraba por ayuda? ¿Ahí estuviste?

- No pero…

- ¿Estuviste bajo pedazos de concreto mezclando el humo con la sangre de niños que tuvieron la mala fortuna de pasar por ahí?

- Steven…- dijo Jackie

- No ¿verdad? No estuviste ahí, no puedes imaginar lo que se siente, temer por tu vida, por la de todos, creer que se acabó todo, que no puedes hacer nada por nadie, que no puedes ayudarlos, que no puedes levantar las piedras…

- Steven…

- No estuviste ahí cuando comenzó a derrumbarse o ¡Pensaste que llegabas demasiado tarde para sacar a tu hermano del puto edificio!…

- Eric no solo era importante para ti imbécil – contestó Donna con los ojos llenos de lágrimas

- Parece que para ti todo es un juego o alguna broma, porque tú no…

- No juegues conmigo al soldado, porque sabes que no pensamos igual. No soy la niña ilusa a la que puedes manipular, no soy Jackie yo no…

- ¿Qué dijiste patona? – Interrumpió Jackie – Crees que eres mucho más lista y madura, pero nunca has tenido que ver…

- oh, por favor Jackie… Es la única vez que has pasado por algo así, tu vida siempre ha sido fácil

- No me jodas – intervino Hyde – tu nunca has tenido que…

- Eres solo un borracho confundido que…

- No te atrevas a decir que tú vas de…

- Lo has hecho todo cómo la zorra que eres, porque eres una zorra que… - decía Jackie y los tres de pronto se encontraban hablando al mismo tiempo, sin dejar oportunidad para que Kelso, entendiera lo que cualquiera trataba de decir

- No es lo que te dije, porque estás loca, estas confundida y…

- Por eso lo dije porque tú no entiendes…

El lugar se había llenado de gritos en un dos por tres y Kelso observaba el espectáculo impotente, desde su asiento.

- Chicos… - intentó detenerlos

Las camareras se acercaron tratando de detener la discusión y el resto del público se mantenía atento

- No finjas que me conoces

- Ya ni siquiera somos amigos

- No juegues con eso porque es algo muy serio

- ¿Tú que vas a saber de seriedad?

- Déjalo ya

- Cállate tú no sabes nada

- Cállate

- Cállate tú

- chicos – quería interceder Kelso pero no podía – ¡chicos!

- ¡señores por favor! ¡Prudencia señores! – Se metían los meseros – Un poco de educación por favor, es un lugar PUBLICO

- No me mires así

- ¡Eres una perra! – siseo Jackie

- ¿No te sabes más palabras? – se burló Donna

Hyde seguía hablando y Kelso se estaba desesperando

- Porque si te detuvieras a pensar que…

Las camareras se acercaron de pronto a la mesa cómo con una urgencia espiritual. Una de ellas se acercó a Kelso y comenzó a preguntar si estaba bien en una voz tan alta que los demás se callaron y pusieron atención. Hyde reparó en la situación y se levantó de su lugar.

- Señor ¿está usted bien?

Kelso estaba tirado en el suelo y su cuerpo entero convulsionaba con los ojos en blanco. Las otras pararon la discusión y Hyde corrió en su auxilio primero.

- Kelso – dijo Hyde mientras se acercaba y buscó algo para ponerle entre los dientes – vamos amigo, no ahora – susurraba con prisa.

- Michael – lloriqueó Jackie

- Denle espacio – dijo Donna quitando a la gente que se acercaba curiosa – Kelso ¡por dios!

- ¡Diosito santo! – dijo una señora en el fondo y todos se levantaron de sus asientos para acercarse al chisme

- Steven – espetó Jackie - haz algo

- ¿llamo una ambulancia señor? – preguntó una mesera

Hyde estaba tan ensimismado en lo que hacía que no se detuvo para responder. Jackie lucia horrorizada y Donna estaba caminando de un lado a otro ordenándoles cosas a las personas para hacer. De repente Kelso se detuvo, y se agarró de los brazos de Hyde para incorporarse cómo si nada.

- ¡Kelso! – dijo Donna

- Michael ¿estás bien?

Kelso se sentó y los miró con sarcasmo y una sonrisa presuntuosa. A Hyde no le vino nada bien enterarse de que aquello había sido una broma cruel de su amigo.

- Imbécil – le dijo y le soltó un zape en la cabeza, seguido del golpe que él mismo se dio cuando el otro lo soltó y lo dejo caer en el suelo desnudo

- ¡Ahg! – se quejó Kelso, sobándose - ¡quería que se detuvieran!

- Eres un tonto – dijo Donna

Las personas volvían a sus respectivos lugares, maldiciéndolo.

- Tonto – dijo Jackie y el alivio que reflejaban sus rostros era superior a su enojo y por eso Kelso supo que todo estaría bien

Sin embargo, las camareras y el propietario del lugar no se lo tomaron tan bien y cuando menos se lo esperaban estaban afuera parados en el estacionamiento y mirándose unos a otros con severidad.

- No puedo creer que nos echaran – dijo Jackie

- Olvídate de eso – dijo Hyde – no puedo creer que no llamaran a la policía

- ¿Por qué? ¿Tienes antecedentes? – se burló Donna, Hyde hizo un gesto divertido con la lengua y luego con el dedo de su mano

- Chicos – los regañó Kelso – yo entiendo que tengan sus diferencias pero…

- ¡Hallo Kelso! Lo único que tenemos – dijo Hyde

- Son diferencias –continuó Jackie

- Bien – siguió Kelso – pero a mí no me importa si todos están tristes y enojados con la vida, cada uno tendrá sus propósitos personales para sentirse miserable pero en esta ocasión debemos dejar eso a un lado para poder encontrar a Fez

- ¿Por qué crees que nosotros podemos encontrar a Fez? – Preguntó Donna – somos una periodista, una niña rica, un borracho y un loco

- No mencionaste a la zorra pelirroja – dijo Jackie

Hyde puso los ojos al revés

- Kelso. Aunque nosotros investigáramos lo que sucedió con Fez, no es suficiente para encontrarlo, no somos la policía, no tenemos…

- ¿Hyde? ¿Quién eres? – Dijo Kelso – no me digas que Steven Hyde ahora cree en las habilidades de la policía

- No, pero tango más dudas sobre las mías

- Vamos – dijo Jackie – ni siquiera podemos estar juntos sin pelear, nos echaran de cualquier lugar al que vayamos

- Estoy de acuerdo con la ingenua – dijo Donna – no hay sitio para nosotros

- ¡Oye! – dijeron Jackie y Hyde al mismo tiempo y luego volvieron a mirarse con odio

- Deja de hacer eso vagabundo

- Cállate ya quemada

- Cierra la boca indigente

- Loca

- Tonto

- Tonta

- Yo ya dije

- Eso no te quita lo tonta

- Eres un idiota

- ¿Y tú estás mejor?

- ¡Cállense los dos! – gritó Donna

- Cállate tú – le contestó Jackie

- No, cállate tú – exigió Donna

- No, tú

- Tú primero

- ¡tú después! – dijo Jackie y Hyde se palmeó la frente con su propia mano

- ¡Chicos! – Gritó Kelso – todos son unos imbéciles egoístas – y con esa última frase se ganó la atención de todos – Fez esta allá afuera perdido y algo horrible le podría estar pasando. Tal vez nosotros no somos detectives pero lo queremos cómo nadie más y somos sus amigos, y por ese cariño, al menos yo, no voy a darlo por perdido así de fácil. Lo buscare aunque tenga que levantar cada piedra y cada rama del suelo de todos los estados del país y si no es suficiente, debajo del mar pero voy a encontrarlo con o sin su ayuda – siguió – y si no pueden olvidarse de sí mismos y de sus problemas por un momento para venir a ayudarme… entonces lo haré yo solo, porque lo único que les estoy pidiendo es que superen sus estúpidos problemas y se sequen las lágrimas porque uno de nosotros ¡Necesita ayuda!

Los chicos parecían haberse quedado estupefactos con las palabras de su amigo y por un largo rato, reinó un silencio que denotaba los pensamientos amargos de los otros tres, Kelso incluso llego a pensar que debía retractarse para romper el silencio hasta que por fin Hyde lo hizo

- ¿Has tomado tus pastillas? – preguntó Hyde y Kelso lo miro con odio

- Ahora si te mato – los dos chicos comenzaron a forcejear y luego de interceder con su cuerpo Donna los separó

- Chicos está bien, basta

- ¡Ah! – grito Kelso – mi ojo

- ¡Serás tonto!

- "que tenía ese café" pensó Donna

- Bien –dijo Jackie – voy a ayudarte

Todos se quedaron callados y Hyde la miro pidiendo una explicación

- Por Eric…- explicó Jackie

Donna tragó saliva con los ojos vidriosos

- Jackie… - comenzó a decir ella

- Si tienen razón con todo esto – siguió diciendo Jackie – los responsables de lo que pasó ese día se metieron con dos de nuestros amigos – había rabia en sus palabras – podríamos dar con ellos y vengar a Eric

- Así se habla – dijo Kelso

- Forman no tiene nada que ver con…

- Hyde… - suplicó Jackie – Eric hubiera buscado a Fez

Los ojos de Hyde comenzaron a humedecerse bajo las gafas oscuras y por esa razón prefirió mirar hacia otra parte y respirar profundamente en el afán de recobrar la compostura

- Si pero… no podemos iniciar la investigación de un atentado así como así

- Nos echaron de la cafetería por tú culpa Kelso –dijo Donna

- Podemos ir al sótano – sugirió él, y Hyde negó con la cabeza. Los demás se miraron con incredulidad por un largo, largo rato.

El viaje fue menos ameno que la visita a la cafetería, durante todo el camino, Jackie y Hyde adoptaron posiciones contrarias sobre cualquier tema que llegara a mencionarse, Donna apoyaba siempre a Hyde, y Kelso, por pura diversión, se ponía del lado de su exnovia. Pero no todo fueron discusiones, de vez en cuando alguien hacia un comentario que se refiriera a Eric, y Kelso miraba por el retrovisor a su amigo, el conductor que permanecía en silencio. Porque podía notar que algo se rompía dentro de él cuando pensaba en la sola idea de enfrentarse a un hecho inminente y que le arrebataría la fuerza de las piernas. Contarle a su propia madre, que su hermano había muerto. Y mientras más se acercaban, estaba más callado, más angustiado y una expresión creciente de asco advertía sobre una posible indigestión. A Kelso no le gustaba verlo así, pero ambos lo necesitaban. Kelso necesitaba su ayuda para encontrar a Fez, Hyde necesitaba sacar el dolor de su pecho.

Kelso solo podía imaginar la desesperación de Hyde, revisando cada cuerpo que sacaban del edificio durante dos días y dos noches, sin obtener ni la más mínima señal de quien se había convertido en un hermano para él. Eric siempre había cuidado de Kelso y Kelso estaba agradecido de haberlo conocido. Necesitaba saber que Hyde seria parte de eso, que Jackie no renunciaría, que Donna le creería. Todo se había convertido en un reto. Todo por Fez.

El camino estacionó donde siempre y la mayoría optó por bajarse en cuanto el motor se apagó pero su amigo se quedó dentro con las manos pegadas en el volante.

- ¿No vienes? – le preguntó Kelso y Hyde apretó los labios

- Creo que olvide comprar algunas cosas - se excusó él

- Claro, cómo quieras, pero de alguna forma vas a tener que hablar con ella

- Yo no tengo…

- Hyde… - comenzó a decir Kelso – Eric también es mi amigo, pero no puedo imaginar el miedo por el que estás pasando ahora, espera si puedo, porque Fez está desaparecido, no sabemos si sigue con vida y es lo mismo que pasa con Eric, si de verdad quieres encontrarlo…

- Forman no está perdido – dijo Hyde – está muerto

La amargura con la que esas palabras salieron de su garganta desgarraron a Kelso, hasta ese momento nadie lo había admitido en voz alta, todos seguían buscando, pensando, imaginando y divagando. Todos lo sabían en el fondo, pero les había faltado valor, valor y coraje. Hyde estaba lleno de rabia, porque sabía que todos los eventos tenían un trasfondo político de por medio y que Kelso no estaba tan equivocado. Sin embargo el dolor que llevaba a cuestas esta ideología, lo obligaba a tragar saliva y quedarse callado, y eso era algo que Kelso no podía controlar. Porque para todos ellos Hyde siempre había sido transparente, y sabían de antemano que cuando estaba molesto o herido, era mejor alejarse.

- La señora forman merece saber lo que está pasando, porque tienes razón – dijo Kelso – la ignorancia es más cómoda, pero la verdad es necesaria y llegara algún día, quizás no contigo, quizás en forma de una carta, en que ella se enterará y te arrepentirás cuando la veas decaer.

- Crees que me convenciste de algo – dijo Hyde bajándose del auto – pero no es así

Los chicos caminaron hacia la casa, donde Kelso se dio cuenta del enorme cambio, donde antes podía colorearse un hogar bajo los abrazos soleados de una sonrisa maternal en cada muro y en cada puerta, ahora se alzaba un frio infernal y melancólico que se quejaba en susurros a través de sus ventanas polvorientas y cortinas cerradas. Kelso no recordaba haber visto nunca las puertas cerradas, pero en aquella ocasión parecía un refugio impenetrable.

- Hyde – dijo Donna - ¿tienes llave?

- No – contestó Hyde – ya no vivo aquí

- ¿Qué? –dijo Jackie

- ¿creen que haya alguien en casa? – preguntó Kelso buscando alguna llave oculta debajo de la alfombra y Hyde lo miró con una ceja alzada

- No lo sé - dijo él

- La puerta del sótano podría estar abierta – inquirió Jackie

- ¿quieres entrar a una propiedad privada? – la regañó Donna

- ¿Cuándo nos detuvo eso?

- Éramos niños entonces

- No somos muy diferentes – apoyó Kelso – y Hyde también vive aquí

- Eso no es cierto – añadió el aludido

- Vamos chicos –dijo Kelso – cómo se supone que vamos a entrar

- Tengo un plan – dijo Hyde – la ventana principal de la habitación de arriba se volvió una bodega hace poco, Red guardaba la llave en el cajón de…

De repente Donna tocó el timbre y todos se quedaron callados mirándose entre ellos

- O podemos tocar – dijo ella

- ¿Quién es? – se escuchó llamar una voz apagada y débilmente aguda, antes melancólicamente sumida en una euforia inexplicable

- Es Hyde –grito Kelso – Hyde está aquí

Hyde lo golpeo en el brazo

- ¿Qué? – se quejó él –si estás aquí

- Oh, Steven – se escuchó decir a Kitty, amagando la voz - Pasa – dijo abriendo la puerta a medias, y de repente se detuvo cuando reconoció a Donna parada frente a su porche

- ¡Donna! –exclamó Kitty lanzándose a los brazos fuertes de la pelirroja

- Sra. Forman – dijo Jackie uniéndose al abrazo y Kelso midió la perfecta oportunidad para lanzarse también

- Muchachos ¡Jackie! todos están aquí – decía la señora forman con lágrimas en los ojos – ¡Qué alegría! ¡Qué alegría! Steven, cariño ¿ese es olor a pis? ¿Dónde está ese chico extranjero?

- Eso es lo que queremos saber –dijo Kelso separándose – ¿podemos pasar?

- Oh, sí, claro, mis niños, todos juntos en casa otra vez, otra vez en casa, a Red le daría mucho gusto verlos reunidos de nuevo

- No lo creo – dijo Donna – nos arrojaría indirectas sobre su pie en nuestros traseros y cosas por el estilo

De pronto todo se habían envuelto en risas y hasta el ambiente parecía haber perdido el clima hostil con el que se habían encontrado antes. Kitty llegaba con pastelitos a la sala y todos estaban haciendo comentarios agradables sobre el sabor y la costumbre.

- Eric no debe tardar en llegar – comentó la señora Forman – me visita todos los miércoles sin falta, ya casi es la hora, le va a dar tanto gusto verlos que… ya sé, ya sé, voy a hacerles un pastel especial…

La señora Forman estaba tan feliz que no conseguía terminar ninguna de sus frases, pero los demás se habían roto un poco por dentro cuando la escucharon mencionar a Eric. Donna se agachó, Jackie miró hacia otro lado y Kelso borró su sonrisa, pero Hyde comenzó a temblar en su lugar y todos podían notar cómo se derretía en su asiento con el afán de hacerse pequeñito.

- Señora Forman… - dijo Hyde y todos los demás lo miraron con alivio porque entendieron que él se lo diría

- ¿si cariño? – esas palabras se suponía que le darían entrada, pero Hyde no quería, no quería acobardarse, pero no podía evitarlo.

- Forman… él… - Kelso se lastimó a si mismo cuando escuchó el intento de voz que salió por la garganta de su amigo más fuerte. Todos podían notar cómo se estaba desmoronando

- ¿sí? – dijo la mujer que había sido una segunda madre para él

- El no vendrá, señora Forman… – Hyde estaba haciendo un enorme esfuerzo para no vomitar o desvanecerse en un llanto rasposo

Kelso sintió una aguda punzada en el pecho

- ¿por qué no cariño? ¿Te avisó? ¿Tiene mucho trabajo? ¿Te dijo que no vendría?

Hyde cerró la boca por un momento sin encontrar las palabras, Jackie se dio cuenta de que Hyde no podía hablar y decidió que no tenía que hacerlo

- Eric no puede venir señora Forman… - dijo ella y Hyde se quitó las gafas

- Sra. Forman… - comenzó a decir Donna – Eric tuvo…

- Eric esta… - dijo Kelso

Hyde se talló los ojos tras dar un profundo suspiro y dejo que una lágrima corriera discretamente bajo sus gafas

- Está bien chicos – dijo él – yo le diré

- ¿Qué pasa muchachos me están asustando? – la cara de la mujer se había transformado por completo

- Señora Forman, tengo que decirle algo… - pero se le formó un nudo en la garganta antes de que pudiera hablar. Otra lágrima ya estaba golpeando sus cristales con tanta fuerza que por más que intentó contenerla, terminó escapando por sus ojos

- Oh Steven, ¿Qué pasa? – Lo consoló acercándose - ¿Qué pasa?

Hyde se quedó callado un largo rato hasta que Jackie se le acercó y le tomó la mano para que supiera que no lo dejaría caerse en medio de la sala, que ninguno dejaría que su madre se despedazara, allí mismo. Enseguida Hyde apretó la mano de su amada y entrelazaron sus dedos de una manera inconsciente y por la pura costumbre de sus entrenados cuerpos. Y Hyde por fin juntó el valor que necesitaba.

- Señora forman, Eric… – se secó la lagrima y lo dijo lo más rápido que pudo – Eric… mi hermano ya no vendrá porque… Eric, él… - miró a Jackie – Él murió.

La mujer todavía no había terminado de escuchar las palabras de su hijo adoptivo cuando…

- ¡Mamá! – entró gritando Eric con una bolsa de mercado - Estoy en casa

- ¡Eric! – gritó Donna

- Cariño, que bueno que llegaste – Kitty corrió a su encuentro – ¡MIRA QUIEN VINO! Todos tus amiguitos, hijo.

Los rostros pálidos de todos los demás estaban congelados en una posición indiscriminada, Hyde parecía haber perdido el control de su cuerpo que se estaba tambaleando a punto de desmayarse, y Kelso pudo sentir cómo si se le estuviera cayendo una vaca encima.

- ¡Chicos! ¡No puede ser! – Saludo Eric - ¿Qué están haciendo aquí? – Donna corrió al encuentro de sus brazos y Kelso se tiró al suelo y comenzó a convulsionar de verdad.