Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Capítulo 14: Dios, mi corazón es una papilla

Edward está acostado a mi lado en uno de los edredones hechos a mano de la abuela. Los insectos zumban, los grillos chirrían y el sonido de las pezuñas de las cabras rasca el suelo.

—Dejaste fuera a las cabras —le digo, envolviendo mis manos alrededor del brazo de Edward y acurrucándome en su hombro.

Edward se ríe y lo siento encogerse de hombros.

—Vienen y van cuando les place.

—¿Así que vagan como ganado? —pregunto, un poco horrorizada—. ¿No has visto Lake Placid?

—Me temo que no, Swanie. —Puedo escuchar la sonrisa en su voz como si ya supiera que estoy a punto de darle una hora de cuentos.

—El caimán... espera, tal vez era un cocodrilo. De todos modos, ¡la anciana le dio de comer una cabra al gigante! ¿Y si una de las cabras de la abuela termina en las garras de un caimán? —Me siento y aparto un insecto del camino antes de mirar el hermoso rostro de Edward, esperando que me responda, pero él solo me mira, sus hoyuelos haciendo su aparición habitual—. O tal vez fue una vaca —digo.

—¿Qué?

—Creo que era una vaca, no una cabra. En la película —le explico cuando todavía no responde—. Lake Placid. Ahora que lo estoy pensando, le dio de comer una vaca. Las cabras deberían estar a salvo...

Edward comienza a reír y me pone encima de él, su rostro en mi cuello, sus labios justo en el punto del pulso, mi corazón martilleando el doble de tiempo.

—Eres jodidamente linda —murmura, haciéndome suspirar con ojos soñadores.

—Deberíamos entrar, ver una película, acurrucarnos en tu cama...

—¿Sí? —pregunta, inclinando la cabeza hacia atrás.

—Seguro. Atrapar luciérnagas es aburrido. Apuesto a que podría conseguir Lake Placid en Vudu.

—La abuela no tiene WiFi.

—Me di cuenta de eso, pero tengo un hotspot.

Edward sonríe y me sonrojo.

Santa mierda.

Me paro y extiendo mis manos, y Edward coloca sus manos en las mías, y gruño mientras ayudo a levantarlo.

—Vamos a buscar este punto caliente* —dice, los hoyuelos con toda su fuerza.

—Cierra la boca. —Me río, pasando un brazo alrededor de su cintura y poniéndome cómoda en el hueco de su brazo.

Edward me aprieta más cerca, y como que quiero saltar sobre él. Es tan cálido y huele bien, y me encanta lo dulce que es.

Estoy obsesionada con él.

¡Obsesionada!

Caminamos silenciosamente por el pasillo, no queriendo que abue nos atrape en actos tan nefastos. Quiero decir, probablemente estaría extasiada.

Volvió a sacar el tema del matrimonio en la cena, y quiero decir, no me opongo a la idea.

¿Sé todo sobre él?

No.

¿Me importa?

De nuevo, no.

Sé lo suficiente, y lo que sí sé es que podría verme con Edward por más tiempo que para siempre.

Edward me dio esa maldita mirada adorable, una mirada rápida, y me derretí en mi silla, sintiendo todo tipo de hormigueos por todo mi cuerpo.

Edward y yo lavamos los platos juntos, y odio lavar los platos, pero lavaría los platos con Edward todas las noches si pudiera, sin hacer preguntas.

—¿A dónde vas? —pregunta Edward, agarrando mi mano para evitar que siga el pasillo hasta mi habitación.

—Necesito pijamas —explico, sonriendo cuando su agarre sobre mí se hace más fuerte—. Sé que me extrañarás, vaquero, pero solo tardaré un minuto.

Él sonríe y niega con la cabeza, me lleva a su habitación y cierra la puerta con un suave clic.

—No necesitas pijamas —contradice—. Te dejaré dormir con mi camiseta.

¡Qué!

Nunca antes he dormido con una camiseta de hombre. Edward saca la suya por encima de su cabeza y me la entrega, y yo hago uno de esos parpadeos lentos y extiendo la mano para tomar la camiseta de sus manos.

—¿Qué pasa? —pregunta, y puedo decir que está tratando de no reírse—. ¿Quieres una diferente?

—No —respondo demasiado rápido—. Esta está bien. Quiero decir, es solo una camiseta. No importa si está sucia o huele a ti. Me gusta la forma en que hueles de todos modos...

—Swanie —dice, riendo. Solo Swanie. Él hace que mi mundo gire—. ¿Necesitas ayuda? —ofrece cuando me quedo en medio de la habitación como una idiota.

—¿Qué?

Se acerca a mí, sus manos aterrizan en mis caderas, agarra mi camiseta en sus manos, levantándola ligeramente. Mi respiración se acelera, y no puedo evitarlo cuando sonrío ante su lindo rostro. Su sonrisa de regreso es devastadora.

—Puedo ayudarte —dice, levantando un poco más mi camiseta—. ¿Olvidaste cómo vestirte?

No —respondo—, pero no puedo vestirme hasta que me desnude, ¿verdad?

—Correcto. —Su sonrisa se ensancha más, se inclina hacia adelante y besa la comisura de mi boca—. Levanta los brazos, ¿no?

—Sí —respiro, inmediatamente levantando mis brazos para que pueda quitarme la camiseta.

Sus ojos escanean mi cuerpo, su sonrisa es pequeña pero sus ojos se ven tan jodidamente sexys al verme.

—No necesitas una camiseta —sugiere, con las manos agarrando mis costados, tan cerca de los lados de mis senos. Quiero que las mueva más alto—. Eres jodidamente bonita, Swanie.

—Cállate —le digo, sintiendo mi corazón en mi garganta, casi ahogándome—. Tú también.

Cállate —bromea, acercándome más—. ¿Quieres que te quite los pantalones cortos?

—¿Quieres quitarme los pantalones cortos?

Él asiente.

—Sí.

—Nadie me ha desvestido antes —comento, tragando saliva cuando sus dedos consiguen que mi botón y cierre se desabrochen en segundos—. Quiero decir, sabes que no soy virgen, pero normalmente me desvisto. No es que tenga relaciones sexuales con regularidad ni nada. ¿Vamos a tener sexo?

¡Deja de hablar!

—¿Quieres tener sexo? —pregunta, mordiéndose el labio para ocultar su maldita sonrisa hermosa. Sé que piensa que estoy loca. Me sorprende no haberlo asustado con todas mis conversaciones. Sus manos se deslizan por la parte de atrás de mis pantalones cortos mientras los empuja hacia abajo, y cuando están en mis tobillos, salgo de ellos y los pateo al otro lado de la habitación.

—¿Deberíamos casarnos primero?

Mis ojos se abren y él comienza a reír, una risa realmente profunda y sexy y me da un abrazo.

—Quiero decir, si quieres —murmuro en su pecho, temblando a pesar de que todo mi cuerpo está muy caliente.

—¿Tienes frío?

—¡No! ¿Por qué sigues usando tus pantalones?

—Estoy tratando de ser un caballero —indica, acariciando la parte superior de mi cabeza, y yo levanto la cabeza para mirarlo.

—Me acabas de desnudar.

—Fui amable, Swanie —dice.

—Lo eres. El perfecto caballero. —Dejo que mis manos se envuelvan alrededor de su cintura hasta que se aplanan sobre su espalda. Se siente increíble—. No eres como otros chicos.

—Swanie...

Dejo que mis dedos suban y bajen por su espalda, acariciando con la nariz su pecho como un bicho raro completamente obsesionado.

—Estás muy caliente. Te sientes bien. Me encanta cómo hueles. —Beso su pecho—. Quiero ver cómo te ves en bañador en la playa. ¿Trajiste alguno?

—¿Algún qué? —pregunta, mirándome completamente hipnotizado, como si también estuviera obsesionado conmigo.

—¿Traje de baño?

—¿Por qué estamos hablando de bañadores?

—¡No lo sé! Simplemente me vino a la cabeza, quiero verte en uno, acostado en la playa...

—¿Swanie?

—¿Sí?

—Estoy pensando que te voy a besar ahora —dice, con la cabeza agachada, y yo sonrío y me pongo de puntillas, encontrándome con él a mitad de camino.

—¿Estás cansado de que hable? —inquiero contra sus labios.

—No, me encanta tu voz, Swanie, pero me encanta más la forma en que sabes.

—¿De verdad? —respiro y sus ojos se arrugan antes de besarme dulce, húmedo y fantástico.

Besos así de mágicos necesitan ser saboreados. No quiero dejar de besarlo nunca, pero cuando termine este viaje, volverá a Arizona con Chip y yo estaré de regreso en Washington.

Ni siquiera me gusta Washington.

Aunque me gustan los ranchos.

Y graneros.

Y Edward con sombreros de vaquero.

¡A quién le importa Florida y las playas! Debería decirle a Edward que lo olvide y nos lleve de regreso por donde vinimos.

Yo tengo diecinueve. Papá no puede hacer nada al respecto.

De repente, Edward me está levantando, sus labios aún en los míos, y luego estoy de espaldas en su cama, y él está encima de mí, besándome más profundo, más húmedo y aún más fantástico.

Cuando sus labios finalmente abandonan los míos, jadeo y quiero rogarle que nunca se detenga, pero luego me besa el cuello, el pecho, la hinchazón de mis senos y siento cada emoción conocida por la mujer.

Nunca me dejes.

—¿Estás bien? —pregunta Edward, frotando sus labios suavemente sobre mi corazón, sus ojos verdes en mi cara.

—Estoy bien —confirmo, pasando una mano por su cabello—. Me gusta esto.

—¿Mi pelo?

—No. Bueno, , pero quiero decir que me gusta lo que haces con tu boca.

Besa mi pecho y luego levanta la cabeza, poniendo todo su peso sobre mí, sus vaqueros son ásperos contra mis piernas desnudas.

—Me alegro de que mi asiento estuviera al lado del tuyo en ese avión.

—Yo también. Imagínate si hubiera sido un tipo viejo y calvo.

Él se ríe.

—¿Habrías viajado por todo el país con él?

—Supongo, si me lo hubiera pedido...

Edward se ríe más fuerte y niega con la cabeza, y lo siento en todas partes.

—Estoy pensando, Swanie, que voy a esperar para tener sexo contigo.

—¡Qué! ¿Esperar hasta cuándo?

—Hasta que no estemos acostados en una de las camas de la abuela.

Levanto un poco la cabeza y beso su mejilla.

—Creo que dejamos la manta en el patio trasero...

—La abuela acolchó esa manta —dice Edward, la voz de la razón.

—Eso es cierto, y además las cabras andan paseando por ahí. Hay una manta en tu camioneta, ¿verdad?

—Correcto. —Sus hoyuelos se hacen más profundos y estoy totalmente enamorada de ellos. Nunca he visto nada como ellos—. Pero no voy a tener sexo en mi camioneta.

—Sí, eres una especie de fanático del orden. No quisiéramos hacer un lío.

Me hace cosquillas en el costado, haciéndome chillar hasta que estoy segura de que el sueño de la abuela se verá perturbado.

—Estoy pensando que es el único tipo de desastre con el que estaré bien —dice, inclinándose y lamiendo entre mis pechos.

¡Santo cielo!

—Está bien —gruño y me retuerzo debajo de él.

—Nos iremos temprano mañana —informa, moviéndose hacia arriba y hacia mi lado, dejándome sintiéndome completamente vacía y fría sin su fuerte calor encima de mí.

—Tengo frío —le digo, y me cubre con la manta—. ¡No! Me gusta que me mantengas caliente.

Envuelve un brazo alrededor de mi cintura y me empuja hacia su cuerpo.

—Me estás matando —confiesa en mi cabello.

—Me estás matando a . Me encanta la forma en que me besas —revelo, sosteniendo su brazo—. Eres tan bueno en eso.

—Tú también.

—No he tenido mucha práctica ni nada.

—Yo tampoco —agrega, y puedo escuchar la sonrisa en su perfecta voz.

—Estás mintiendo —me río—. Apuesto a que todas las chicas te quieren.

—Soy el paquete completo —bromea, y muero.

—Lo eres. Todo eso, quiero decir.

Se acurruca más cerca, y solo quiero fundir nuestros cuerpos juntos para que nunca podamos dejarnos.

Quiero que se quede pegado a mí.

Quiero quedarme con él.

—¿Quieres hijos? No conmigo —agrego rápido—. Quiero decir en general, pero tampoco me opondría a que fuera conmigo... —Oh, Dios mío, ¿qué estoy diciendo?—... Pero tengo curiosidad por saber si alguna vez has pensado en niños. Ya he nombrado a mis futuros hijos.

—¿Sí?

Asiento con la cabeza.

—Papá cree que son nombres de mierda, pero mi corazón está puesto en ellos. Simplemente no creo que él entienda las cosas de chicas, sabes. Quién sabe, sin embargo, tal vez cuando tenga hijos terminaré poniéndoles nombres comunes como Benjamín y Sarah o algo así.

—Nunca pensé en hijos —dice Edward, dándome un apretón.

—¿No?

—No antes, no.

—¿Antes de qué?

—Antes de conocerte, Swanie.

¡Qué!

—¿Estás preguntando si puedes ser el padre de Ryder y Wilder? —pregunto, tratando de no reírme.

Me hace cosquillas en las costillas, haciéndome reír antes de preguntar.

—¿Ryder y Wilder?

Cuando recobro el aliento y se detiene de hacerme cosquillas, le respondo.

—Sí, esos son los nombres que elegí cuando era niña. Wilder para un niño y Ryder para una niña. ¿No te gustan?

—Me gustan —concuerda, todo suave y dulce.

—Me gustas.

—Lo mismo, Swanie —continúa—: Me gustas mucho.

—Lo mismo otra vez —le digo, haciéndolo reír y besar mi cabeza.

No solo me gusta. Creo que lo amo y definitivamente sé que quiero tener sus bebés.

Wilder y Ryder Cullen.

¡Qué dulce sería eso!

Dios, mi corazón es una papilla.


¡Bella está tan loca! Menos mal que así le gusta a Edward, porque otro hombre ya hubiese salido huyendo...

Gracias por sus reviews, alertas y favoritos, me emociona saber que les está gustando la historia. Y ya saben, estaré esperando saber qué les pareció el capítulo.

Nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai