Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Capítulo 15: No puedo esperar para hacer el amor con él

Estamos en la carretera de nuevo, mucho más cerca de nuestro destino final, y tengo ganas de hacer pucheros.

Quiero decir, ¿qué pasa si todavía tenemos que cruzar Luisiana, Mississippi, Alabama y Georgia? El final llegará muy pronto.

Edward solo lo hizo mucho más difícil al colarse en la habitación de la abuela temprano esta mañana para decirle adiós. Ella insistió en que también le diera mi despedida, pero verlo besarla en la mejilla y decirle que la amaba, fue muy reconfortante.

¿Tiene siquiera un defecto? Tal vez si pudiera encontrarlo, no me importaría que me robara el corazón con una sola mirada y luego me dejara en Florida.

No, no, todavía me importaría. Ya puedo sentir la devastación.

Mi cabeza está apoyada en una almohada que la abuela nos dejó robar, y mis pies están en el regazo de Edward. De vez en cuando agarra mi pie en su mano o frota su mano por mi pantorrilla, poniéndome la piel de gallina. Realmente lo estoy disfrutando.

—¿Tu papá tiene FaceTime?

Me mira antes de que sus ojos vuelvan a la carretera.

—Sí, lo tiene. Aunque no estoy seguro de que sepa cómo usarlo. ¿Por qué?

—Estoy pensando que deberíamos usar FaceTime con él y ver cómo está Chip. ¿No lo extrañas? Acabo de conocerlo y lo extraño.

La cara de Edward se suaviza y su mano está de vuelta en mi pierna.

—Lo llamaremos esta noche —ofrece—. Pero solo si puedo hablar primero.

—Está bien —le digo, sonriendo como una idiota enamorada.

—Bien. —Aprieta mi pierna antes de dejarme ir—. Sawyer va con Ryder y Wilder —agrega de la nada.

—¿Qué? —pregunto, sintiendo que mi corazón comienza a latir superrápido.

—Otro nombre para uno de tus hijos. Sawyer.

¿Uno de mis hijos?

—¿Para una niña o un niño?

Se encoge de hombros, el hoyuelo que puedo ver es una vista divina.

—Podría ser un niño o una niña. ¿Te gusta?

—Sí —digo—. Es perfecto.

—Entonces, ¿crees que lo usarás?

No es real. No hay forma. Este tiene que ser el sueño más largo de la historia.

—Quiero decir, claro, pero solo si estás cerca cuando ella nazca —le digo y luego contengo la respiración.

—¿Ella?

—Bueno, una chica Sawyer, eso es jodidamente adorable.

—Sí.

Sí.

—¿Pensaste en eso por tu cuenta?

Sonríe a través del parabrisas.

—Tu ronquido me mantuvo despierto, así que puede que buscara nombres de bebés en mi teléfono anoche.

—¿Robaste mi hotspot? —pregunto estúpidamente, completamente sorprendida.

—Tengo mi propio hotspot —dice teatralmente, haciéndome reír.

—Bueno, está bien.

—Bueno.

—Está bien —le digo, golpeándolo con mi pie.

—Bien.

¡Detente!

—Y yo no ronco. —No puedo creer que buscara nombres de bebés que coincidieran con los nombres de mis bebés. Eso tiene que significar algo, como si quisiera ser el papá.

Seré la mamá de sus bebés en cualquier momento y en cualquier lugar.

—Lo que digas, Swanie.

Sentándome, saco mis piernas de su regazo y me doy la vuelta para que mi cabeza ahora descanse en su muslo.

—¿Así es mejor? —pregunta él.

—Sí. Puedo verte mejor desde aquí. Es una buena vista.

Me sonríe y apoya la mano en mi costado.

—Mi vista tampoco es mala. —Baja la mirada hacia mi cuerpo antes de que sus ojos vuelvan a estar en la carretera.

—Cuéntame una historia —pido—. Siento que siempre soy yo quien habla. ¿Monopolizo la conversación? Mi papá siempre lo hace, así que creo que cuando no estoy cerca, siempre trato de hablar, ya que él es un conversador todo el tiempo.

—Me gusta cuando hablas.

—¿Sí?

—Sí. Eres graciosa, Swanie, y tu voz es dulce.

—¿De verdad?

—Sí, en serio.

—¿Así que quieres que te cuente una historia?

—Sí.

—¿Qué tipo de historia? ¿Real o inventada?

Me mira sonriendo.

—¿Cuentas muchas historias inventadas?

Encogiéndome de hombros, cruzo los brazos sobre mi pecho y me acurruco más cerca de su estómago.

—Supongo que nunca lo sabrás. Papá solía enojarse tanto porque yo seguía y seguía inventando tonterías completas y él pensaba que era real. Una vez que se dio cuenta de que yo inventé una historia de treinta minutos, quiso darme una bofetada. Básicamente, soy una buena narradora de historias.

—No puedo decidir si eso es bueno o malo.

—Definitivamente bueno.

—¿Sí? —pregunta, su mano moviéndose hacia mi estómago y levantando mi camisa un poco. Sus manos son ásperas, pero del tipo bueno, con callos por el trabajo duro, y frotándome así como lo está haciendo... bueno, digamos que me encanta.

—Mhm —aseguro—. Tampoco lo veo como una mentira. Una gran imaginación es clave para una gran narración. No miento. Al menos no sobre cosas importantes. Además, mentí una vez en la escuela secundaria y me castigaron durante meses, así que realmente no fue divertido.

Edward empuja mi camisa hacia arriba un poco más y pregunta:

—¿Sobre qué mentiste?

—No fue una gran cosa. Fui a la ciudad vecina con una de mis amigas, no la que tiene el hermano, para unos quince años. Su mamá nos llevó...

—¿Quince años?

—Es como una fiesta de dulces dieciséis, excepto que tienes quince. ¿Es una cosa hispana o católica o ambas? No estoy muy segura. Pero tenía permiso para ir. Simplemente no tenía permiso para no ir a casa esa noche.

Recuerdo ahora lo estúpida que fui. ¿Solo catorce años y me quedo fuera toda la noche? Me sorprende estar todavía viva.

La mano de Edward detiene su asombroso movimiento.

—¿Te quedaste fuera toda la noche?

Me estremezco un poco y él se ríe.

—Podría haberle dicho a la mamá de la amiga de mi amiga que mi mamá dijo que podía quedarme en su casa, mi mamá ni siquiera la conocía. Literalmente, ni siquiera la conocía. Al día siguiente, mentí y dije que la mamá estaba borracha y ni siquiera sabía lo que estaba pasando, así que si ella la llamaba para verificar mi historia ni siquiera lo recordaría. En pocas palabras, eso no era cierto, y ni siquiera valió la pena.

—¿No? —Su mano se mueve de nuevo, levantando más mi camisa.

—En absoluto. La amiga de mi amiga tenía un hermano que tenía dos amigos. Estábamos todos pasando el rato en su habitación, sentados en la cama, viendo la televisión o lo que sea. Un amigo me decía que me acercara, como si quisiera que me acercara más a él, pero lo escuché decirle a otro amigo que iba a tratar de tocarme con los dedos. Se sentía un poco como violación, así que ¿dos meses castigada por eso? No valió la pena.

—¿Es esta una historia real? —pregunta Edward, tirando de la parte delantera de mi sujetador.

¡Quítamelo!

—¡Qué! Por supuesto —me río.

—Quiero encontrar a ese tipo y patearle el trasero.

—¿Eres mi caballero de brillante armadura? —bromeo, y él desliza su mano hacia abajo y pellizca ligeramente un pedacito de grasa de mi vientre.

—¿Eras una niña salvaje? —replica él.

—No.

—¿No? —Arquea una ceja y me mira antes de que no tenga más remedio que mirar hacia adelante a la carretera.

—Solo cosas normales de adolescente. Un poco de esto y un poco de aquello.

—¿Esto, eh?

—Y aquello.

Siento su risa en su estómago y quiero levantarle la camisa y besarlo por todas partes.

—¿Cuánto tiempo hasta que terminemos de conducir por el día?

—Solo han pasado tres horas, Swanie, ¿quieres parar ya?

—Bueno, no... —¡Sí!—... Solo tengo curiosidad, eso es todo.

—Estaba pensando que llegáramos a Mississippi antes de pasar la noche. ¿Sí?

¡No!

—Claro, ¿por qué no? Elvis Presley nació en Mississippi.

La mano de Edward está bajando por mi estómago ahora, los dedos se sumergen un poco debajo de la cintura y simplemente descansan allí. Mi estómago es una bola de anticipación, y no me importa si estamos conduciendo por la carretera, lo dejaría a él tocarme con los dedos. Él es especial de esa manera.

—¿En serio? —inquiere, pero creo que solo me está complaciendo.

—Sí. Tengo estos primos cuyo apellido es Presley. Estaban obsesionados con él y solían decir que eran parientes. Honestamente, no creo que lo fueran, pero ¿quién era yo para aplastar sus sueños, sabes? Escuchaba sus historias y veía documentales con ellos. Quiero decir, fue algo genial, supongo. Sin embargo, probablemente deberían hacer una de esas pruebas de genealogía. Averiguarlo con seguridad.

—¿La mentira viene de familia? —Edward se ríe y rasca sus dedos ligeramente a través de mi bajo estómago cubierto por mis pantalones.

—No sé qué decir, nunca les creí, no realmente, así que su historia no era tan buena.

Se ríe de nuevo y yo le sonrío, deseando que se riera en mi boca ahora mismo.

—Quiero besarte —espeto, sin importarme si él piensa que estoy loca. La cosa es, lo estoy. Loca por él de todos modos.

—¿Quieres besarme? Te dejaré —dice, quitando la mano y matando mis sueños de dedos en lugares prohibidos.

—¿Qué?

—Estoy conduciendo, Swanie, pero me puedes besar.

—¿Dónde? —pregunto, sentándome lentamente.

Él sonríe un poco, y yo me sonrojo mucho, pero luego apoyo una mano en su muslo y beso su perfecta mejilla, su delicioso hoyuelo, su sexy mandíbula; un pequeño mordisco en su lindo lóbulo de la oreja.

—Estoy pensando que esto es una mala idea —susurra con la voz un poco ronca y muy caliente.

—Sí —le digo—. No quieres chocar. ¿Tienes hambre?

—Estoy pensando que sí.

—Me refería a comida —aclaro, sonriendo para mí y sentándome a su lado.

—Podría comer —dice, aclarándose la garganta, su sonrisa es demasiado para mí.

Espero que nunca deje de sonreír.

Guardamos todas nuestras cosas frías en el refrigerador de la abuela y casi las olvidamos esta mañana. Edward lo recordó en el último minuto y me dejó en la camioneta para regresar a buscarlas.

—Voy a prepararnos un lunchable. Solo un refrigerio, brunch.

—Estoy pensando que demos por terminado el viaje temprano —sugiere.

—Has estado pensando mucho —bromeo, rasgando el sello de la lunchable—. Me gusta la forma en que dices pensando.

—Tú lo dices mejor —dice antes de que levante su pequeña pizza para que la muerda. Muerde, mastica, traga y luego levanta la barbilla para el resto, así que le doy de comer el resto.

—Si tú lo dices —comento, untando salsa y queso en la siguiente mini pizza—. La forma en que a veces acentúas ciertas palabras es jodidamente adorable. Bueno, más bien caliente.

—¿Crees que soy caliente? —pregunta, como si no lo supiera.

Levanto la siguiente pizza a su boca y él sonríe antes de darle un gran bocado. Vuelve a masticar y tragar antes de que le dé de comer el resto. Creo que podría alimentarlo así para siempre.

—Voy a tener que empezar a cobrarte —bromeo—. Voy a ser tu alimentadora personal. Ah, y tú eres más que caliente. No suelo ir por ahí diciéndoles a los chicos eso. Solo hay algo sobre ti, vaquero.

Edward se ríe y yo sonrío ante la última pizza. Quiero comerla, pero me gusta más verlo comer.

—¿Crees que soy especial? —pregunta, mirándome con los ojos brillantes.

—Quiero decir, sí. —Me encojo de hombros, levantando la última pizza, pero él niega con la cabeza y me dice que me la coma.

—Amo a un buen caballero.

—¿Ahora estás diciendo que me amas, Swanie? —pregunta, la risa es audible en su increíble voz, y mis ojos se abren antes de meter la pequeña pizza en mi boca. Creo que le gusta molestarme así.

Hago todo el asunto de masticar y tragar porque si no lo hago, me ahogaré. Además, me da tiempo para pensar en una respuesta.

—Eres adorable —le digo—. ¿Pero amarte? —¡Sí!—. Quiero decir…

—Solo te estoy jodiendo —confiesa, envolviendo un brazo alrededor de mí y dándome un medio abrazo. Quiero un abrazo completo—. No tienes que decírmelo ahora. Esperaré.

—Cállate —le digo, envolviendo un brazo alrededor de su cintura y acurrucándome.

Dios, podría hacer esto todo el día.

—¿Estás de acuerdo con detenernos por el día?

—Seguro. ¿Por qué?

—Porque quiero descansar contigo en una cama que no sea de la abuela.

—¿Me estás proponiendo? —pregunto, mirando hacia arriba al mismo tiempo que él mira hacia abajo. Sonreímos al mismo tiempo, y estoy tan llena de amor por él.

—¿Quieres que te haga proposiciones? —inquiere, con los ojos de nuevo en la carretera.

—Probablemente te dejaría proponerme todo el día, para ser honesta. Una cama suena bien ahora mismo. ¿Vamos a usar ropa en esta cama?

—La ropa es opcional, Swanie.

—Entonces, ¿no?

—No.

—Bueno.

—¿Sí?

—Sí.

Su hoyuelo se profundiza en el lado de su mejilla que puedo ver, y me acurruco más en su costado.

—¿Sabes que estamos planeando tener sexo?

—Lo llamo hacer el amor, Swanie.

Santa mierda.

Hacer el amor.

No puedo esperar para hacer el amor con él.


Gracias por las alertas, favoritos y sus reviews, son un amor. Me cuentan qué les pareció el capi ;)

Nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai