Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Capítulo 16: Pero significa todo
Llegamos a Mississippi.
Apenas.
No podría importarme menos qué ciudad es, creo que Vicksburg. Tenemos la foto de nuestro letrero estatal porque eso es todo lo que importa. Edward está llenándome de besos hasta el cansancio. Apreciaré esa foto por toda la eternidad.
Edward nos está registrando en el Waterview, y yo me pongo de puntillas de la emoción. El lugar es genial. Hay un casino, no es que sea lo suficientemente mayor para jugar, y hay camas aquí.
Camas que no son de la abuela.
Voy a tener sexo con mi vaquero.
Vamos a hacer el amor.
¿Qué tan dulce es eso?
—Swanie —me llama Edward, y aparto los ojos de las máquinas tragamonedas y de los fumadores empedernidos para verlo sonriéndome—. ¿Una cama o dos?
—¿Qué? —Está jugando conmigo, estoy segura.
—Tienen habitaciones con una cama y algunas con dos. ¿Quieres compartir una cama conmigo?
—Deja de jugar —le digo, y él me guiña todo lindo y consigue una cama, por supuesto. Dios, me encanta lo juguetón y sexy que es.
Firma el recibo y acepta las llaves, y engancho mi brazo con el suyo, mi estómago de repente una casa llena de mariposas.
—Deberíamos ir a la tienda de regalos —sugiero.
—¿Quieres comprar un recuerdo?
—No... bueno, en realidad ahora que lo mencionas, claro. Pero estaba pensando, podríamos necesitar algo... —Miro a mi alrededor para asegurarme de que nadie nos está espiando, no que seamos lo suficientemente importantes como para ser espiados—... condones, ¿verdad? No tengo ninguno. ¿Tienes alguno?
Edward me mira fijamente, los labios se mueven y luego niega con la cabeza.
—Tengo uno, Swanie.
—¿Uno? Eso no es suficiente —le digo, y comienza a reír.
—¿Estás planeando amarme por siempre? —pregunta, el rey de decir lo que siempre tengo en mente.
¡Pero sí!
Me muerdo el labio y finjo pensar en ello.
—Quiero decir, si eso es lo que quieres. No puedo decirte que no...
—Cállate —dice, sonriendo. Espera, ¿se está sonrojando?—. Creo que compraremos más si los necesitamos. ¿De acuerdo?
—Está bien —respondo mientras nos gira hacia los ascensores. Las puertas se abren justo cuando llegamos a ellas, y entramos directamente.
—Los ascensores solían asustarme —le cuento, sin soltar mi agarre en su brazo, simplemente me uno a él mientras selecciona el piso tres—. Siempre me los imagino soltándose del cable y cayendo libremente hacia mi muerte. Esa sería una forma dolorosa de morir.
Las puertas se cierran y Edward me envuelve en un delicioso abrazo.
—Tienes miedo de muchas cosas, Swanie. —Me besa en la nariz y le sonrío porque ¿cómo no puedes sonreír ante esa cara?
—No tengo miedo de ti.
—Pensaste que era un asesino en serie —me recuerda, sonriendo, y recuerdo el día con claridad. Es probable que nunca lo olvide.
—Esos pobres e inocentes Frosted Flakes.
—Eres graciosa —dice, besando mi mejilla, sus manos pesadas en mi cintura.
—Soy un poco graciosa —concuerdo, devolviéndole el beso en la mejilla—. Creo que lo obtuve por parte de mi madre. —El ascensor suena y Edward se endereza, tristemente, y agarro su mano mientras él agarra nuestras maletas con la otra—. ¿Qué habitación es?
—325 —informa, y yo asiento y lo llevo a nuestra habitación asignada.
Estoy un poco nerviosa, pero no. Sexo con Edward, guau. Sí, ya es genial, y aún no lo hemos hecho. Si los besos y la conversación son de lo que están hechos los sueños, entonces el sexo con mi vaquero seguramente será mucho más que eso.
—¿Estás lista para dormir un poco? —pregunta Edward, deslizando la llave en la ranura y empujando la puerta de la habitación del hotel para abrirla, su sonrisa con toda su fuerza, el provocador.
—¿Dormir? Claro —le digo, soltándolo y entrando en la habitación. La cama es tamaño king, y no puedo esperar para rodar en esas sábanas con Edward—. Quiero decir, estoy exhausta, supongo. Me vendría bien una siesta...
La puerta se cierra con un clic y el corazón me sube por la garganta. El sonido de las maletas golpeando el suelo hace que mi pulso se acelere y luego Edward está detrás de mí, envolviéndome en un abrazo, y sonrío tanto que me duele la cara.
—Creo que una siesta suena bien —acuerda.
El sol todavía está afuera y no hemos cenado, pero me moriría de hambre antes de dejar que un estómago hambriento interrumpa este momento.
—La cama es grande —comento.
—Sí —dice, acariciando mi cabello, la sonrisa en su voz es fuerte y clara.
Me aparto de él, me doy la vuelta para mirarlo y agarro sus manos.
—Quiero quitarte toda la ropa —le digo, el nerviosismo que sentía antes se fue por completo. Este es Edward, mi vaquero, mi caballero, mi salvador, y no me importa si lo conocí hace solo unos días, cuando lo sabes, lo sabes, y sé que este momento será solo uno de los momentos de mi vida con él.
—¿Sí? —pregunta, apretándome las manos y dejándome acercarlo a la cama.
—Quiero decir, es justo —agrego, empujándolo para que se siente en la cama, pero luego no puedo evitarlo cuando me siento en su regazo, mis manos se hunden en su cabello—. Me desnudaste, así que ahora te desnudaré. No te preocupes, seré gentil. —Sonrío y froto mi nariz contra la suya.
Él sonríe y levanta la barbilla para un beso, así que, por supuesto, le doy uno.
Es de otro mundo.
Paso mis manos por sus brazos y luego alcanzo la parte inferior de su camisa, levantándola lentamente hasta que levanta los brazos y nos separamos para poder pasarla por su cabeza.
—Nunca había desvestido a nadie antes —confieso.
—Me siento honrado de ser tu primero —dice, riendo, frotando mi labio inferior con el pulgar—. Eres jodidamente bonita, Swanie. —Sus ojos están en mis labios, y renuncio a desnudarlo. No quiero dejar su regazo nunca, y no puedo quitarle los pantalones si estoy sentada sobre él así de todos modos.
—Creo que vas a tener que hacerte cargo —sugiero—. Quiero decir, no soy buena estando a cargo. Siempre he sido una pésima líder. Ni siquiera sé cómo hacer el amor. —Oh Dios, cállate—. Entonces…
Edward niega con la cabeza y sonríe, envolviendo sus brazos alrededor de mí con tanta fuerza que apenas puedo respirar. ¡A quién le gusta respirar, de todos modos!
—Me estás matando, bebé.
¿Bebé?
Santa mierda.
—¿Me acabas de llamar bebé? —inquiero, usando mis manos para inclinar su cabeza hacia atrás.
—¿Qué? —Sus dientes brillan y aparecen sus hoyuelos, y es la persona más perfecta que he visto en mi vida.
—¿Me llamaste bebé? Nadie me había llamado bebé antes. Me gusta. —Beso cada uno de sus hoyuelos, más de una vez—. Lo dices mucho mejor que Johnny.
—¿Johnny?
—De Dirty Dancing —le digo, agarrándome a los lados de su cuello y mirando sus hermosos ojos—. ¿Cómo pudiste olvidarlo ya? ¿Necesitamos verla de nuevo? Es bastante inolvidable. —Niego con la cabeza, fingiendo estar decepcionada, y él me toca ambos lados, haciéndome saltar y reír, y solo quiero quedarme en este momento para siempre.
—Swanie...
—¿Sí?
—Cállate y bésame —pide deslizándome más por su regazo para que estemos prácticamente pegados frente a frente.
—Está bien —respiro, presionando mis labios contra los suyos.
—Está bien —susurra contra los míos, y luego me besa. Realmente me besa. Me besa como si hablara en serio. Como quitarnos toda la ropa y hacer el amor.
Lo quiero más de lo que quiero aire.
Los besos de Edward, no puedo decir lo suficiente santa mierda.
Sus manos agarran los lados de mi camisa, sin moverse, pero retorciendo la tela en sus manos, y estamos tan abrazados el uno en el otro, que no sé por dónde empiezo y él termina.
Mi camisa se levanta un poco, sus manos rozan mis caderas desnudas, y envuelvo mis brazos con tanta fuerza alrededor de su cuello, seguramente él es el que está luchando por respirar ahora.
Gime en mi boca e inclina un poco la cabeza hacia un lado, besándome más profundo y húmedo, y los hormigueos que siento por todo mi cuerpo son algo real.
En el momento en que mi camiseta se levanta hasta mis senos, tengo problemas para concentrarme en todos los lugares donde nuestros cuerpos se tocan, en todas partes.
Nos separamos y su voz es supersexy cuando dice:
—Levanta los brazos, Swanie. —Y escucho de inmediato, levantando los brazos para que pueda deslizar mi camisa hacia arriba y hacia fuera. Sus ojos miran mi sostén supersexy con el broche en el frente, y su mano se extiende, sus dedos arrastran un camino por mi escote.
Creo que me estoy muriendo.
—¿Te gusta?
—¿Qué? —pregunta, aclarándose la garganta, sus ojos moviéndose hacia mi cara.
—¿Mi sostén? Elegí este a propósito.
—¿Para mí?
—Sí. Combina con mi ropa interior.
Su sonrisa es lenta y perjudicial para mi corazón palpitante.
—¿Sí?
Asiento y luego sus labios están de vuelta en los míos y estoy en el aire por segundos antes de que mi espalda se encuentre con las mantas de felpa con Edward encima de mí.
—Quiero ver tu ropa interior —declara, picoteando mis labios antes de besar mi barbilla, los labios se arrastran por mi cuerpo, todo el camino hacia abajo hasta que sus manos están en el botón de mis pantalones cortos—. ¿Sí?
Asiento con la cabeza porque, por supuesto, puede ver mi ropa interior a juego y todo lo que hay debajo. Pensarías que sería tímida por mi no tan extraño, pero diablos no. Quiero todo lo que él quiere, probablemente más.
Me baja los pantalones cortos y levanto las caderas para que pueda quitármelos por completo. La forma en que sus hoyuelos abollan sus mejillas mientras sus ojos escanean mi ropa interior de encaje negro, mi maldito corazón.
—¿Te gustan? —le pregunto, levantándome con los codos.
Él mira hacia arriba desde debajo de sus pestañas, y asiente con la cabeza antes de besarme justo encima de allí.
Creo que me estoy muriendo.
Se arrastra hacia mi cuerpo y se coloca entre mis piernas, sus vaqueros todavía están puestos y quiero exigir que se los quite, pero en lugar de eso, toco cada pedazo de piel desnuda en que puedo poner mis manos.
—Eres tan jodidamente sexy —confieso, trazando su clavícula con mi dedo índice.
—Tú también —señala.
—¿Por qué no estamos desnudos todavía?
Él se ríe y niega con la cabeza.
—Estoy tratando de no apresurarme, Swanie. Me estás poniendo nervioso.
—¡No lo hago! —exclamo.
—Lo haces —argumenta, con los ojos en mis pechos, sus dedos jugando con el broche de mi sostén—. Estoy pensando que te voy a quitar esto.
¡Quítalo!
—Deja de pensar y hazlo —regaño sonriendo—. Quiero que me lo quites. De hecho, me estás haciendo sentir un poco loca. Estás encima de mí medio desnudo, luciendo muy sexy con tus hoyuelos y tus labios besables. Me estoy muriendo literalmente. Literalmente estoy obsesionada contigo.
Me mira, luciendo satisfecho y caliente.
—Obsesionada, ¿eh?
Agarro su rostro y me inclino un poco.
—Obsesionada. Tanto que apenas puedo soportarlo —confieso y luego lo beso. Abre la boca y deslizo mi lengua dentro y cuando él gime, me derrito en el colchón, muy feliz cuando me sigue.
Su mano está entre nosotros, desabrochando mi sostén, y doy un suspiro interno cuando mis pechos se liberan de los confines del encaje de satén y están en sus manos.
Todavía me está besando, y sus pulgares se deslizan por mis erguidos pezones mientras sus vaqueros se frotan entre mis piernas.
Tan rápido como comienza, se detiene.
—¡Qué! ¿Qué estás...?
Está de pie junto a la cama, sus manos desabrochan sus pantalones, sus ojos están en mí, pero apenas me doy cuenta porque estoy hipnotizada por sus dedos trabajando en el botón de sus vaqueros y luego bajando su cremallera. Finalmente, finalmente, los empuja por sus piernas, revelando un bóxer ajustado y la erección cubierta más caliente y sexy que he visto.
Se vuelve a arrastrar sobre la cama, y yo me incorporo, termino de quitarme el sostén y choco con su cuerpo, nuestros labios se encuentran y nuestras manos están por todas partes. No sé cuánto tiempo hacemos esto, besándonos, tocándonos. El tiempo se ha detenido y no quiero que vuelva a empezar nunca. Podría quedarme así siempre.
Pero luego sus manos agarran los bordes de mi ropa interior y lentamente los bajan por mis piernas. Cuando se han ido, y estoy recostada en la cama, me mira a la cara mientras desliza un dedo dentro de mí.
¿Es así como se siente el cielo?
—Santo cielo —respiro, y Edward sonríe, sus ojos entrecerrados y extremadamente atractivos.
Me acaricia tortuosamente lento e increíblemente dulce, y cuando siento que voy a explotar o simplemente morirme, retira los dedos y se quita los calzoncillos.
—Santa cielo —respiro de nuevo.
—Swanie —dice, inclinándose hacia adelante para darme un beso rápido antes de ponerse de rodillas, con la cabeza inclinada y el labio inferior entre los dientes, mientras se pone nuestro único condón.
—Vamos a necesitar más —confirmo.
—Sí —acuerda, colocándose de nuevo donde pertenece, entre mis piernas—. ¿Quieres hacer el amor ahora, Swanie?
—Más que nada, vaquero —le digo sinceramente, sintiéndolo justo en mi entrada, anticipando el momento en que finalmente se desliza.
—Sí —dice de nuevo, excepto que esta vez es rasposo y perfecto, y si piensa que me dejará en Florida y dirá sayonara, entonces no está pensando correctamente—. Más que nada.
Edward está dentro de mí, su boca sobre la mía, pero no nos estamos besando sino como dándonos vida el uno al otro mientras él se desliza lentamente hacia afuera y empuja hacia adentro.
Es demasiado pero no suficiente. Mis brazos se envuelven alrededor de sus hombros y él mueve su rostro hacia mi cuello, mordiendo ligeramente mi piel mientras me lo hace tan bien.
Ha estado en mi vida unos días, pero se sienten como años.
—Me gusta esto —jadeo, sonriendo para mí misma cuando hace una pausa antes de comenzar de nuevo, moviéndose más rápido, succionando mi piel más fuerte, sus manos agarrando mis caderas, no tan suave pero no tan duro, solo lo suficiente para encenderme—. Te sientes bien. —Rasco mis manos suavemente por su espalda, su profundo gemido vibra contra mi cuello.
Lo amo.
Entre respiraciones interrumpidas, sigo hablando porque eso hace que Edward gima más profundo y que me agarre con más fuerza, me ame más rápido.
—Estoy seriamente obsesionada contigo, lo sabes —le susurro al oído, mordisqueando ligeramente su lóbulo—. Eres tan jodidamente dulce, vaquero.
Él gruñe y levanta la cabeza, su cabello revuelto todo malditamente sexy, sus ojos en mi cara. Extiende la mano y agarra mi mano derecha, deslizándola lentamente por mi estómago hasta que está entre mis piernas, el dorso de mi mano rozándolo.
—Quiero sentirte correrte, Swanie —pide con voz ronca, su mano instándome a hacer el trabajo.
No pasa mucho tiempo antes de que levante las caderas, arquee el cuello, sienta cómo se construye, sin saber si siquiera puedo manejar lo que está a punto de suceder.
—Sí —incita Edward, cayendo hacia adelante, golpeando mi mano entre nosotros a medida que continúa amándome. Sus labios susurran sobre los míos—. Swanie...
Dios mío, no puedo soportarlo. Este tipo de explosión podría derribar el mundo entero.
Cuando lo siento, mis ojos se cierran y la boca de Edward cubre la mía, tragándose mi pequeño grito y jadeos fuertes mientras mueve sus caderas más rápido, encontrándome en la línea de meta. Su gemido de placer supera al mío —increíblemente sexy— y cuando sus movimientos finalmente se detienen, me besa dulce y sucio al mismo tiempo.
—Oh, Dios mío —respiro en sus labios.
Él sonríe, los ojos se arrugan y estoy segura de que le salen hoyuelos.
—Sí, Dios mío —comenta con la voz un poco áspera, increíblemente caliente—. Eres tan buena en esto.
—Tú también.
—No he tenido mucha práctica ni nada —admite, dándome un déjà vu.
—Yo tampoco —declaro, sin poder soportar la sonrisa que se extiende por mi rostro.
—Estás mintiendo —susurra, sonríe, besa mi mejilla—. Apuesto a que todos los chicos te quieren.
—El único que me importa eres tú —indico, saliéndome totalmente del guion.
¡Solo se vive una vez!
—Sí —dice, acariciando mi mejilla y poniendo todo su peso sobre mí.
Solo una palabra.
Pero significa todo.
Les traigo este capi de regalo porque llegamos a los 500 reviews. Muchas gracias por las alertas, favoritos y comentarios, me alegran el día. Y no se olviden decirme qué les pareció el capítulo ;)
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
