Capitulo IV. Redención por las falacias y el tiempo perdido.
1. Viernes. Todas las pesadillas.
Eric no estaba disfrutando de las galletas de canela. El sabor había cambiado, tal vez su paladar estaba roto. El sol estaba en aquel punto muerto donde comienzas a ignorar que existe pero el calor sigue punzando en tu piel como un arma filosa. El borde de la ventana se coloreaba de naranjas podridas, tal vez estaba siendo dramático pero le parecía estar atorado en una fantasía. Las cortinas seguían la dirección de la brisa apenas audible para la plenitud del viento y un golpeteo constante se reconciliaba con todas las paredes blancas en la habitación.
Para donde fuera que mirara, los alumnos tenían la cabeza gacha con los ojos puestos en el examen, nadie emitía un sonido atrevido más allá del que se produce sin querer cuando se pasa la saliva. Eric tuvo miedo de que su forma de masticar estuviera causando algún tipo de distracción para ellos así que dejó de comer por un segundo y sin querer escuchó un susurro que se le acercaba al oído con una fuerza cada vez más realista.
Eric estaba seguro de que se trataba de un producto de su imaginación, pero cuando volvió el gesto hacia la ventana, lo escuchó de nuevo. Los nervios y el descontrol del profesor lo incitaron a meterse una galleta en la boca sólo para combatir, con el crujido de sus dientes, las voces extrañas que se estaban formando en su cabeza. Y el acto rindió frutos, los susurros se calmaron por fin y Eric pudo relajarse en su asiento, pero de repente sintió un hormigueo en la lengua, como cuando un insecto te camina sobre la piel.
Entonces el profesor escupió el bocado y en el escritorio cayeron varias moscas todavía con vida y comenzaron a retorcerse en su lugar. Un segundo antes de que se pusiera a gritar, cuando se hubo levantado con horrorizados gestos menguantes, abrió la boca para quejarse pero en lugar de palabras, cientos de moscas salieron y se derramaron otras muchas larvas volando desde su garganta sin dejarle oxígeno suficiente para respirar. Eric comenzó a revolcarse en su lugar mientras los insectos volaban en colmenas hasta el vidrio de la ventana.
Afuera Eric pudo distinguir a su amigo Fez. De pie, tras el cristal blando, con lágrimas en los ojos. Eric levantó la mano para pedirle ayuda, pues había perdido la capacidad para controlar su cuerpo, pero Fez parecía resignado a dejarlo morir, incluso le hacía señas para que se calamara y susurraba con una voz que Eric podía escuchar dentro de su cabeza "Es por tu bien profesor"
- ¡¿Profesor?! – gritó Verónica desde su asiento - ¡¿Está bien?!
Eric se dio cuenta de que todos sus alumnos lo estaban mirando asustados y algunos tantos con una expresión de asco. Se relamió los labios con miedo de encontrar algún insecto en ellos, pero solo halló migajas secas. Mientras su corazón recuperaba la frecuencia natural de sus latidos Eric se talló la cara, disculpándose con sus alumnos y excusándose con que era muy tarde; ordenándoles, de esta forma, que se llevaran el examen a casa para continuar.
- Pero profesor… - dijo Wen
- Está bien, niños – continuó él – se acabó la clase
- ¿Está seguro de que está bien, profesor? – preguntó Brad – no se ve bien
- Estoy bien – se levantó Eric rascándose por todas partes y mirando la ventana con rápidas oteadas que le sirvieron para confirmar que había sido una visión nada más.
- Pero profesor falta casi una hora para… - dijo Verónica
- ¡Qué se vayan! – gritó Eric y sus alumnos se petrificaron en su lugar por un segundo, antes de echar a correr afuera con sus cosas y unas ansias agitadas de aprovecharse de la situación
A Eric le preocupaba el estado en el que se encontraba frente a sus alumnos cuando tuvo la visión. Estaba comenzando a pensar que debía visitar a un doctor.
- Profesor – se acercó diciendo Verónica - ¿Quiere que lo lleve a la enfermería?
- No – negó Eric con la cabeza – Estoy bien Verónica, vete con los demás
- Pero profesor - insistió ella – Usted no se ve nada bien
- ¡Ya está bien, Verónica! – dijo el profesor, molesto – Después de todos los problemas en los que me has metido – la cogió con fuerza por el brazo – Eres la persona a la que menos quiero ver ahora…
La chica estaba devastada y corrió llorando fuera del salón dejando un Eric muy consternado y arrepentido por el uso inadecuado de sus palabras. Verónica era solo una niña, hacia cosas tontas sin pensar, como él las había hecho cuando tenía su edad y las seguía haciendo. No tendría que culparla por eso, pero estaba tan asustado que no sabía qué hacer.
Golpeó el escritorio con el puño, observando el aula vacía, sabía que los otros profesores harían preguntas cuando los vieran vagando por el pasillo pero Eric no tenía tiempo para preocuparse por eso. Fue al baño y se lavó la cara con agua fría pues en el pasado había logrado superar grandes traumas con ayuda de un refrescante chapuzón. Pero cuando Eric cerró la llave el mango se despegó y salieron chorros, desde la tubería rota, apuntándole en la cara. Eric cayó empapado, envuelto en un charco de ¿Sangre?
Eric se levantó hiperventilando, resbalando de nuevo con la sangre que estaba por todo el suelo y el olor lo abrumaba tanto que sintió que se estaba desmayando. Dos profesores y un conserje entraron corriendo y lo ayudaron a levantarse.
- Profesor Forman – Dijo el profesor Reginald que tanto lo odiaba - ¿Se encuentra bien?
- ¿Pero qué pasó? – Preguntó el segundo
- Parece una fuga señor – Explicó el conserje mirando la llave
Eric miró sus manos empapadas y pudo ver que la sangre se había difuminado y en realidad siempre había sido agua. El alivio que llegó a sentir no se comparaba para nada con el pánico creciente que se le avecinaba en la garganta. Nunca había estado tan asustado, y nunca había deseado con toda su fuerza, estar teniendo una pesadilla.
- ¿Se encuentra bien profesor? Vamos a la enfermería para que lo atiendan
- No – se levantó Eric tratando de no resbalarse esta vez – No, está bien, me voy a casa
- Pero señor…
- Estoy bien – dijo él
Se metió a su auto y el radio se encendió al mismo tiempo que el motor. Las voces volvieron a su cabeza mientras conducía y estuvo a punto de estrellarse en dos ocasiones. Luego detuvo el auto en una gasolinera para poder calmarse; porque sentía que sus manos estaban temblando en el borde del volante. Se quitó el cinturón de seguridad y cerró los ojos apretándolos muy fuerte. A un tiempo incalculable, sucumbieron sus nervios y cuando despertó estaba oscureciendo.
- ¿Eric? – le dijo una voz
Eric abrió bien los ojos y alcanzó a reconocer a Kelso
- ¿Qué haces aquí? – le preguntó y Eric se quedó mudo
Estaba seguro de que había conducido a su casa en Los Ángeles. ¿En qué momento había dirigido el auto a Wisconsin? ¿Cuándo llegó a su casa? El auto estaba aparcado detrás de "El camino" y Eric estaba temblando en su lugar.
- Kelso – habló por fin - ¿Cómo llegué aquí?
- Eso es lo que yo pregunté, tonto – le contestó Kelso – Tu mamá dijo que no vendrías hasta la próxima semana
Eric se restregó los ojos con las manos y se bajó del auto.
- ¿Quién está adentro?
- Hyde – le dijo – y…
- ¿Y?
- Y Donna
- ¿Donna eh?
- Si
Eric entró a la casa, su madre estaba metida en la cocina cantando, Hyde miraba la televisión y una chica pelirroja estaba leyendo varios papeles en el sofá.
- Miren quién vino – dijo Kelso
Los otros dos levantaron la vista al mismo tiempo
- Forman – se alegró Hyde - ¿No deberías estar en tu casa?
- Eric – saludó Donna, sin alegrarse mucho - ¿Qué haces aquí?
- Ah, yo… - Eric dudó
- Eric, cariño – salió cantando su madre - ¿Qué haces aquí tan pronto, hijo?
- Hola mamá – dijo él – Yo sólo… quería visitarte
Hyde arqueó una ceja. No le creyó.
- ¡Ay! Mi niño… ya sabes que tú siempre eres bienvenido, corazón. Qué bueno que llegas, la cena ya va a estar lista. Preparé el asado que tanto te gusta, Steven trajo…
Eric miró a Donna, buscaba verdades en ella, buscaba la realidad. Pero era incapaz de reconocerla. Estaba seguro de que no era ella. Esa no era su Donna. Si, se parecía. Sí, era pelirroja. Sí, era alta. Pero no era su Donna, alta y pelirroja. Era otra Donna, como una máscara. Una impostora haciéndose pasar por ella.
- ¿Forman?
- ¡¿Eh?! – despertó Eric
- ¿En qué mundo estas? ¡Qué me pases el pan! – dijo Hyde
Eric tuvo que mirar a su alrededor, no se había dado cuenta de que estaban sentados en la mesa comiendo. Jackie estaba sentada junto a él, como si llevaran un largo rato allí. Conviviendo con ellos.
- ¿Cuándo…? – iba a decir Eric, pero Kelso se le adelantó y le quitó el pan de la mano
- Olvídalo – le dijo – ya se lo di
- Hyde – murmuró Eric para que solo el chico de las gafas alcanzara a escucharlo
- ¿Qué? – respondió el otro, concentrado en el alimento que se estaba llevando a la boca
- ¿Podemos hablar en el baño?
Hyde dejo de masticar y lo miró con una preocupación verdadera, primero a punto de reírse, luego, identificando certeza en su rostro, pareció meditar la situación en silencio y después se levantó.
- Necesito que me des los papeles de los que habías hablado Forman
Eric entendió que aquella era su oportunidad y se levantó corriendo detrás de él
- ¿Y bien? – se detuvo Hyde detrás del porche - ¿Qué te pasa?
- Yo… - iba a decir Eric. Pero una voz femenina respondió en su lugar
- No podemos – dijo Donna detrás de él
Eric se giró para verla y en ese momento la reconoció
- Donna – iba a gritar de felicidad, pero Hyde lo interrumpió
- ¿Por qué no? – le preguntó él
- No está bien.
- La última vez tampoco lo estaba – dijo Hyde
- Pero la última vez fue un... – se detuvo Donna
- ¿Un qué?
Eric no entendía por qué estaban teniendo una conversación entre los dos, hasta que se dio cuenta de que ya no estaban en el porche, estaban parados detrás de la biblioteca. Ambos lo ignoraban.
- ¿Hyde? – susurró Eric - ¿Qué está pasando?
Pero Hyde no lo escuchó y siguió hablando con Donna
- No quise decir… - dijo ella
- ¿Un error?
- No – Hyde comenzó a caminar de un lado para otro con una expresión de tristeza y un tanto de decepción.
- ¿Te divertiste y ya está, no? – Se dirigió de nuevo a ella – ¿Eso soy para ti? ¿Un error?
- No Hyde – Donna trató de calmarlo y se le acercó buscando que sus miradas se encontraran – Pero, escucha… Eric…
- Eric no está aquí, ustedes dos terminaron ¿No?
- Si pero es que…
- Donna – Hyde la tomó por la cintura – Forman no se va a enterar
Eric enfureció y trató de tomar a Hyde por el hombro, pero en lugar de tocarlo sintió que su mano lo atravesaba mientras sus dos amigos se besaban frente a sus ojos.
- ¡Forman! – le habló Hyde desde el porche – ¿Qué es lo que te pasa?
Eric lo miró y sintió un mareo desesperante por la impotencia. Se dio cuenta de que había vuelto a la realidad. El sudor estaba recorriendo por su frente con unas ansias parecidas a las que utilizaban sus entrañas para despertarlo cuando se quedaba vagando en medio de una pesadilla virtualmente lucida.
- ¿Lo hiciste con Donna? – le preguntó
- ¿Qué? – Hyde le contestó. Pero más que una respuesta fue una expresión natural de pánico como la que se le dibujo en el rostro, ahora pálido y avergonzado.
- ¡Contéstame! – ordenó Eric - ¿Tú y Donna estuvieron juntos?
Hyde no volvió a responder, tragó saliva y Eric pudo notar que sus labios estaban temblando. Supo de inmediato que Hyde no respondería, y que de todas formas no quería oír lo que tuviera que decirle. Decepcionado se dio la vuelta con un nudo en la garganta y comenzó a andar en la dirección opuesta de su amigo.
- Forman… espera – lo detuvo Hyde, sin pensar mucho en lo que iba a decirle
- ¡Eres un malnacido! – gritó Eric y se le echó encima
La cara de Hyde nunca había estado tan cerca de su puño y aunque sentía que no estaba atinándole a nada, podía ver a su amigo debajo de él sin intentar quitárselo de encima. Eric estaba tan enojado que no le importó cuando la sangre de Hyde comenzó a manchar sus nudillos. Sabía que su mano se estaba torciendo y no encontraba la forma de detenerse porque su cuerpo ya no le hacía caso.
Jackie tiró de él hacia atrás, y él, que todavía estaba confundido, golpeó a Jackie con el codo para zafarse. Hyde se reincorporó gracias al tiempo que ella le regaló y tomó el golpe como una excusa para enojarse con su hermano. Eric quiso volver contra él, pero esta vez Hyde lo recibió con un golpe en la cara. Lo ultimó que Eric vio antes de que se le apagaran todas las luces; fue a la impostora de Donna, abrazando a Hyde por el torso para evitar, sin éxito, que lo golpeara.
Entonces todo se puso negro. Un olor familiar inundaba con malas caras, toda la habitación, pero no fue hasta que escuchó el sonido de una mosca volando cerca de su oído que acabó por despertar.
- ¿Dónde estoy? – preguntó – Donna estaba sentada junto a él, que estaba acostado sobre el regazo de su madre
- Eric, cariño – se alegró su Mamá al ver que recuperaba la conciencia.
Eric logró incorporarse en su lugar y alcanzó a ver a Kelso parado frente a él
- ¿Cómo estas Eric? ¿Cómo te sientes?
- ¿Cómo te sientes Eric? – le preguntó también la impostora
- Bien… creo – contestó
Jackie giró la cabeza desde la escalera donde estaba sentada poniendo una bolsa de hielo en la cara de Hyde.
- ¿Estás bien? – le preguntaron los dos y Eric se levantó de un brinco, todavía mareado
- No – se quejó bruscamente – No estoy bien – se levantó
- Eric… todavía no te levantes – le dijo Donna, imitándolo. Pero Eric la miró con odio puro antes de que lo tocara.
- No te me acerques, impostora y además sucia traidora ¿Cómo pudiste acostarte con él? – señaló a Hyde
Todos se quedaron callados y el silencio reinó entre las lágrimas impacientes de Eric que no se hicieron esperar.
- Forman yo…
- No quiero que me hables, no quiero que me expliques nada – Miró a Donna – te estoy hablando a ti ¿Por qué lo hiciste?
- ¿Qué? – se levantó Jackie de un brinco y Hyde cerró los ojos con frustración
- Si me dejas explicarte lo que…
- ¡No quiero que me expliques un carajo, traidor de mierda!
- ¡Tú y yo no estábamos juntos! – le gritó Donna
- ¡¿Qué está pasando aquí?! – se levantó indignada la señora Forman mirando a Hyde y a Donna aleatoriamente
- Sra. Forman, Eric y yo ya habíamos terminado
- Siempre estuviste enamorado de ella. Estabas esperando tu oportunidad para tirártela
- ¡Tonterías! – dijo Jackie – ¡Eso no es cierto! ¿Verdad que no, Steven?
Hyde evadió la mirada de Jackie y a Kelso se le descompuso el rostro
- ¡QUEMÓN! – gritó
- ¡CALLATE IDIOTA! – lo golpeó Donna en el brazo
- Eso es Donna, haz lo que sabes hacer, abusa de las personas más débiles que tu
- ¡Cálmate, Forman!
- No me hables – le dijo Eric y Jackie lo retuvo por el brazo
- Eric, no creo que…
- Y tú que ¿eres tonta? – le dijo a Jackie - ¿Cuánto más va a dejar que este tipo se burle de ti?
- No le hables así – le dijo Hyde
- ¡Basta, todo el mundo! – dijo Kelso – No podemos seguir peleando
- Esta es una estupidez, nunca debí haberte buscado – dijo Eric
- Deja de portarte como un niño Forman – Le contestó Hyde – Crece ya, tú no estabas con ella. Ella era libre de hacer lo que quisiera y con quien quisiera
- ¡Contigo no!
- Forman
- Contigo no… porque eres mi hermano ¡Mi maldito hermano! y ¡Los hermanos no se traicionan de esa forma!
- Eso no significó nada para mí – gritó Donna – yo no lo quiero, yo siempre te quise a ti
- Vaya forma de querer que tienes
- Es que no lo puedo creer – se levantó diciendo la mujer – Tú me dejaste a mi ¿Cuál es tu problema?
- No sabía que ibas a ir corriendo a buscar a Hyde. ¿no te quedaste con hambre verdad?
- Ya cállate, Forman. No sabes lo que dices. – se enfadó el otro – Sé que estás enojado pero gritarle a todos no va a cambiar lo que pasó
- Ni siquiera te vas a disculpar ¿cierto? Porque así eres tú: lastimas a los demás y te sales con la tuya porque nunca nadie te dice nada para no herir tus sentimientos de pobre niño, huérfano abandonado.
- Deja de hablar de una vez – dijo Hyde
- Déjalo en paz, Eric – interrumpió Donna – Yo fui la que lo buscó ¡Él no quería!
- ¡Es mentira! Él te convenció ¡Yo lo vi!
- ¿Qué? – preguntó Kelso – ¿Cómo que lo viste?
- ¿Qué dices Forman?
- Le dijiste que era un error y él se enojó por eso
- ¡Pero lo fue! ¡Fue un error!
- Si Forman, ambos estábamos muy ebrios y…
- La primera vez… ¿La segunda? ¿O la séptima? ¿Todas las veces estuvieron ebrios? ¡Tú siempre estas ebrio…! ¡Tú siempre la quisiste!
- Sólo pasó tres veces – Dijo Hyde – Y eso no es verdad
- ¡QUEMÓN! – dijo Kelso
- ¡Ya basta! – Dijo Donna – Esto es ridículo Eric, primero finges que no me conoces y ahora me atacas por algo que no te encumbre
- Me incumbe porque es mi hermano ¿Qué hubieras sentido si me hubiera acostado con Jackie eh? – Hyde entrecerró los parpados
- ¿Te puedes calmar por favor? – le dijo Donna
- ¡Está que arde! – dijo Kelso, emocionado desde su asiento
- Estaba borracha, caliente y dolida. Quería hacerlo y lo hice porque esa no es tu decisión, es mía ¿Entiendes? ¿Quién te crees que eres? ¿Mi dueño?
- Al parecer cualquiera puede serlo – dijo Eric
Donna le dio una bofetada tan fuerte que se escuchó hasta la acera de enfrente y Jackie la empujó para atrás. Donna se regresó contra Jackie y Kelso la agarró por la espalda, Eric fue a agarrar a Jackie y Hyde terminó agrando a Eric por el cuello.
- ¡TODOS SE SIENTAN Y SE CALLAN! – gritó la señora Forman y todos sintieron un escalofrió recorriéndoles por la nuca antes de darse cuenta de que ya se estaban sentando en silencio.
- ¡Ahora se van a dar la mano!
- Pero ma…
- Señora…
- ¡YA!
Los chicos se dieron la mano de mala gana mientras Donna, Jackie y Kelso agachaban la cabeza.
- No quiero oír un sólo reclamo en esta habitación o haré que mi esposo salga de la tierra para que ponga a bailar su bendito pie sobre sus asquerosos traseros
Todos abrieron la boca con sorpresa, lo que escuchaban era más rabia contenida de la que Kitty había tenido tiempo de reunir.
- ¿Creen que a su padre le hubiera gustado verlos pelear por un par de tetas?
- ¡Oiga! – se quejó Donna
- Esta es mi casa y aquí mando yo. Si no les gusta lo que digo, se pueden ir de aquí.
- Quemón… – susurró Kelso
- Eric ¿Quién te sacó del estanque cuando te caíste persiguiendo esos patos?
- Eso no tiene nada que ver con…
- ¿Quién fue?
- Hyde – respondió de mala gana
- ¿Y cuando te atragantaste con las zanahorias?
- Hyde
- ¿Y cuándo te desmayaste por ver una araña en la escuela? ¿Quién te trajo cargando hasta acá?
- Ya entendí el punto mamá, pero…
- ¿Quién te donó sangre, te protegió de unos asaltantes, se contagió de sarampión a propósito para que nadie se burlara de ti? ¿Quién te enseñó a nadar y te regaló todos sus ahorros para que compraras tu boleto de avión? ¿Quién se quedó despierto toda la noche para esperarte en el aeropuerto cuando a tu padre se olvidó de pasar por ti?
- Es que eso no…
- ¿Quién se echó la culpa del incendio? ¿Quién se echó la culpa del televisor roto? ¿Quién te protegió de la pelirroja que quería golpearte en el jardín de niños?
- ¡Está bien! – alegó Eric – ya entendí
- Steven…
- Oh no – dijo Hyde, escondiendo más la cabeza con frustración
- Nada de eso jovencito… ¿Quién te trajo a vivir a esta casa para que tuvieras una familia que te ama y te acepta por lo que eres sin importarle los errores que cometas?
Hyde vaciló
- Eso es lo que hace la familia, se perdona y apoya cuando nadie más lo hace. Red pasó su vida entera tratando de construir una familia y ¡Por dios que vamos a tenerla! Ahora voy a irme de esta habitación y cuando vuelva espero que hayan arreglado todo esto.
Kelso, Jackie y Donna siguieron a la señora Forman y salieron de la sala. Eric y Hyde estaban sentados a cada orilla del sofá evitándose y evitando mirarse.
- Estaba ebrio cuando…
- Tú siempre estas ebrio.
- ¿En serio Forman? Ya me cansé de discutir. ¿Sabes qué? No me importa lo que pienses, no necesito que me perdones. Te quiero con toda mi alma hombre, pero si no me quieres perdonar, porque sé que me lo merezco, simplemente no te voy a obligar.
Eric se sobresaltó con la nueva actitud de Hyde
- Nunca quise lastimarte con algo como esto ¿sí? Tú mejor que nadie, sabes que el tema de la familia me da dolor de cabeza. Mi vida es una mierda, tienes razón, pero sería una mierda más grande si no estuvieras conmigo. Cada vez que peleamos termino jodiéndolo todo. Cuando Red se fue yo no estaba preparado y sé que tú tampoco. Sé que todo lo que dices no es verdad y que si en el fondo estás enojado conmigo no es por Donna. Lo sé porque me siento igual. También me odio un poquito a diario y cada vez con más facilidad.
- Hyde…
- No Forman, déjame hablar. Ya todos escuchamos lo que tenías que decir, ahora me vas a escuchar a mí – Eric se quedó callado – he cometido muchos errores en mi vida y estoy seguro de que sin ti estaría en prisión o muerto en algún callejón. Así que no me importa si me perdonas, o si me odias por el resto de tu vida. Porque yo siempre te voy a querer, eres mi hermano. Siempre voy a estar agradecido contigo por todo esto. Por haberme enseñado lo que significa ser parte de una familia.
Eric abrió mucho los ojos.
- Antes de morir, Edna me pidió perdón por haber sido una mala madre – Eric se sorprendió al escuchar que Edna estaba muerta, probablemente Hyde se había soltado demás – No la perdoné y esa fue la penúltima vez que la vi. La última estaba cerrando una puerta de cromo para que cremaran su cuerpo dentro. No quiero que el día de mi funeral te arrepientas de una estúpida discusión como esta, una discusión que no tiene fundamento alguno porque sabes lo mucho que amo a Jackie con cada fibra de mí ser.
- Hyde… – comenzó a hablar Eric con los ojos en la cocina
- No me interrumpas – dijo Hyde – por esa misma razón entiendo el dolor que sientes cuando piensas en Donna estando con alguien más. Pero tienes que saber que el amor no se trata de eso…
- Hyde…
- Déjame terminar Forman – continuó Hyde – si Jackie quisiera estar contigo, y yo supiera que ella será feliz, yo estaría feliz de ver a las dos personas que más amo compartiendo la libertad de querer, como yo la quiero y como sabes que nunca podría querer a ninguna otra mujer…
- Hyde…
- Donna es mi amiga y por supuesto que…
- ¡Jackie está escuchando, imbécil! – espetó Eric y Hyde se quedó callado de golpe
- ¿Me amas? – preguntó Jackie entrando despacito por la ranura de la puerta
- Con cada fibra de su ser – se burló Kelso
Eric vio cómo se dilataba la pupila de su amigo por debajo de las gafas oscuras y le causó tanta gracia que se le olvidó que estaba enojado y se echó a reír. Hyde lo miró de vuelta con el rostro enrojecido, un tanto por la furia, un tanto por la bochornosa situación y por fin parecía haber terminado un ciclo inhumado de pesadillas sinsentido.
Hyde salió muy rápido de la habitación, humillado por primera vez en toda su vida. Eric estaba tan orgulloso de sí mismo por eso que se dio permiso de disfrutar del placer de su ganancia por un momento antes de salir tras él para invitarle una cerveza. Ambos estaban sobre el capo de la furgoneta riendo cuando Jackie salió por la puerta y miró a Hyde con esa mirada que suplica una explicación.
Eric sabía como era la cosa con las miradas entre esos dos. Ella podía obligarlo a hacer cualquier cosa con ese gesto articulado de sus largas pestañas. Hyde saltó de la camioneta y echó una última mirada a su amigo esperando que entendiera su horrible situación. Eric asintió con la cabeza. Donna pasó junto a los otros dos y salió para sentarse junto a él.
- ¿Estás cómodo?
- Mejor que antes, sí. – dijo él
- Tuvieron tiempo de hablarlo ¿No?
- No sabía que estaba tan enamorado de ella
- Si sabías – dijo Donna – Todos sabíamos
- Cierto
- ¿Te duele el golpe?
- Donna… ¿Puedo contarte algo?
- Dime
- Creo que me estoy volviendo loco
- Creo que eso te hace especial – le dijo ella
- ¿Lo crees?
- No realmente, creo que todos estamos un poco locos – se rio Donna
- Si bueno… no me refiero a eso. Ya sabes… - Hizo una pausa – Veo cosas que tal vez no están ahí
- ¿Cómo qué?
- Bueno… no. Olvídalo, te vas a burlar de mí.
- Por supuesto que me burlaré – contestó ella
- Bueno, cuando te veo… pienso que eres alguien más usando una máscara con el rostro de Donna
- ¿Por qué dices eso?
- No lo sé, hoy tuve moscas para el almuerzo y creo que me metí en problemas en la escuela.
- ¿Qué problemas? – preguntó Donna
- Tengo lagunas mentales y ni siquiera recuerdo como llegué hasta aquí, estaba conduciendo a casa y….
- Eric – llamó Fez detrás de él
- ¿Fez?
- ¿Fez? – repitió Donna - ¿Qué dices? ¿Qué tiene que ver Fez?
- No, yo… ¿No lo escuchaste?
- No
- ¡Dios…! ¿Ves a lo que me refiero? – dijo Eric mirando para todas partes con un escalofrío acuello
- Ya veo – Donna meditó un rato - ¿Sabes Eric? Tal vez no estás tan equivocado sobre mí…
- ¿Por qué lo dices?
- Porque yo no soy Donna.
Eric giró para encontrarse con ella y descubrió a Fez a su lado en la cama.
- ¿Fez? – lo llamó
Sus ojos se abrieron sobra la almohada empapada con su propio sudor. Había una nota sobre el colchón a un lado suyo.
Mi estimado amigo Fez, mi colega más querido, estoy feliz de poder enviarte esta carta para saludar. Hace mucho tiempo que no sé nada de ti. Por favor trata de comunicarte conmigo. Mi número telefónico está en el reverso de la página.
Pongámonos en contacto.
Te quiere tu amigo Eric.
Eric se talló los ojos desconociendo su propia letra en la nota. Giró la hoja con la sensación de haber perdido la noción de una palabra que se le atora a uno en la lengua cuando de pronto se dio cuenta de que el número que estaba atrás, era incorrecto. Ese número no era el suyo. Él no había escrito esa nota. Decía exactamente lo mismo pero no estaba escrita por él.
3- 4 - 3 -14 - 5 -7 Di/ Aa.t- F.
¿Fez? Musitó Eric. Pero nadie respondió.
