Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 17: De por vida
Una semana.
¡Una!
Ese es el tiempo que he estado obsesionada con Edward Cullen.
Está dormido de lado a la par mía, luciendo tan malditamente guapo. Anoche fue increíble, tan increíble que nunca podré dejar que me deje.
Ahora es definitivo.
Florida no tiene sentido en este momento porque cuando lleguemos allí y él se vaya, estaré de regreso en la camioneta con él. ¿Cómo podría dejarlo viajar de regreso a Arizona solo de todos modos? ¿Qué tan cruel sería eso?
Mi teléfono suena con un mensaje en algún lugar de la habitación, pero si me levanto, podría despertar a Edward, y estoy demasiado obsesionada con mirarlo para arruinar un momento tan perfecto.
No puedo creer que solo haya pasado una semana.
Siete días.
Eso es tan irreal para mí.
Me acerco con cuidado, acurrucándome en su cuerpo desnudo, deseando sentirlo sobre mí. Se mueve y levanta su brazo, envolviéndolo alrededor de mi cintura, y mi corazón se dispara hacia mi garganta.
No abre los ojos, así que no estoy segura de si está despierto, pero beso sus labios de todos modos, solo un lindo besito. Luego lo vuelvo a hacer.
Y otra vez.
Otra vez.
Otra vez.
En el quinto beso, sus labios se fruncen contra los míos, y miro hacia los ojos verdes sonrientes. Derribaré el mundo antes de no volver a ver esos ojos.
—Hola —le digo, sonriendo contra su boca.
—Buenos días, Swanie —saluda roncamente, sonriendo contra la mía.
Su mano se desliza por mi espalda y descansa sobre mi trasero desnudo.
He visto películas antes. He leído libros. Nunca pensé que sería la chica que duerme desnuda junto a un chico, despreocupada, y que tiene sus manos recorriendo todo mi cuerpo a la mañana siguiente.
Soy una heroína romántica.
No, en realidad, él es un héroe romántico.
Santa mierda.
—¿Qué estás pensando? —pregunta, retrocediendo.
—Solo que nunca me había despertado desnuda con un chico antes —respondo honestamente, porque honestamente, si no puedes ser honesto, ¿cuál es el punto de todo esto?
—¿No? —Él sonríe y me da un apretón en el trasero con esa gran mano suya, y creo que he muerto y me he ido al cielo.
Niego con la cabeza y frunzo los labios, suplicando un beso. No me hace rogar por mucho tiempo. Cuando su boca se encuentra con la mía, la abro inmediatamente y suspiro cuando su lengua se desliza dentro.
Se empuja más cerca, apretándose más cerca, y cuando siento su erección contra mí, me sonrojo, tiemblo y me mojo tanto que me avergüenzo un poco.
Pero luego su mano se desliza hacia abajo hasta que está agarrando mi muslo y levantándolo, envolviéndolo alrededor de su cintura, y tengo el impulso más fuerte de empujarlo hacia su espalda y subirme encima de él.
—Me gusta ser parte de todas estas primeras veces, Swanie —confiesa, mordisqueando mi labio inferior.
—¿Qué? —respiro, demasiado excitada para entender lo que sale de su hermosa boca.
Se ríe y desliza sus labios por mi mandíbula, mordisqueando y mordisqueando mi oreja.
—¿Quieres hacer el amor conmigo de nuevo? —susurra allí, y mis ojos se cierran rápidamente, mi corazón late con fuerza en mi garganta.
Mi teléfono suena de nuevo en alguna parte y él levanta la cabeza, pero como una psicópata, envuelvo una mano alrededor de su cuello y acerco sus labios a los míos para un dulce beso.
—Sí.
—¿Sí?
—¿Puedo estar arriba? —le pregunto, empujándolo de espaldas hasta que no se resiste, no es que haya sido necesario empujarlo mucho. Me subo encima de él, olvidándome de que estoy completamente desnuda, pero cuando sus ojos se posan en mi pecho, ni siquiera me importa una mierda sentir vergüenza.
Sus manos aterrizan en mis caderas y aplasto las mías en su pecho.
—Está bien —comento—. Voy a ser honesta. Quiero estar arriba, pero nunca lo he hecho antes, así que voy a necesitar ayuda...
Mi teléfono comienza a sonar y quiero encontrarlo y tirarlo por la maldita ventana. ¿Quién llamaría tan temprano e interrumpiría un momento tan hermoso con mi vaquero? ¡Cómo se atreven!
—¿Vas a contestar?
—Realmente no quiero —reniego, pero ¿y si es importante? Suspirando, me bajo de él, tirando de la sábana conmigo porque, en serio, todavía no estoy en el punto en el que pueda caminar desnuda.
Sigo el sonido de mi teléfono y lo encuentro en el suelo junto a mis pantalones cortos.
—Mi mamá me está haciendo una videollamada —digo, realmente horrorizada. Estoy envuelta en una sábana por favor.
Presiono declinar y me apresuro a ponerme la ropa, pero ella vuelve a llamar inmediatamente. Edward está frente a mí, poniendo su camiseta sobre mi cabeza y besando mi mejilla antes de alejarse de mí.
Su culo.
Santa mierda.
Ese culo.
¿Es él siquiera real?
—Hola, mamá —saludo, alejándome del hermoso trasero de Edward antes de desmayarme.
—Bella, ¿qué demonios? ¿Ibas a ignorar mis llamadas todo el día? —Ella se ve muy molesta.
—¿Qué? ¡No! Estaba dormida, está bien, bueno no dormida, pero apenas me despertaba y tenía demasiada pereza para levantarme.
No es una mentira del todo.
Ella niega con la cabeza.
—Bueno, tengo malas noticias.
Mi corazón se detiene.
—¿Qué es?
—Nos vamos de Florida. Tu padre ha tenido suficiente. Ya lo conoces, no hay lugar como el hogar.
¿Dejan Florida?
—Estamos en Mississippi —explico, estúpidamente, como si el que estemos en Mississippi signifique que estamos más cerca de Florida que de Arizona o incluso Washington.
Ella pone los ojos en blanco.
—Sí, te tomó una semana entera llegar a Mississippi —acusa—. Te perdiste todas las vacaciones.
—Se suponía que iban a ser unas vacaciones de dos semanas —replico, defendiéndome.
—Ya son las diez. Al ritmo al que vas, no llegarás a Florida hasta el año que viene.
—Eso no es cierto…
—¿Dónde está este hombre tuyo?
—¿Qué?
—Edward. ¿Dónde está?
Miro por encima del hombro y veo la puerta del baño cerrada.
—Edward está en el baño. En realidad no es mi hombre... —¡Sí, lo es!—... ¿por qué?
Mamá mira por encima del hombro antes de volver a mirarme.
—Estás usando su camisa, cariño.
Miro hacia abajo y me muerdo el labio para dejar de sonreír. Esta es mi mamá. No necesariamente voy a contarle la verdad.
—Solo ten cuidado. Tu padre tendrá un ataque al corazón si algo te sucede.
Ignorando todo eso por completo, cambio el tema de nuevo al asunto real en cuestión.
—¿Qué se supone que debo hacer ahora? Edward me llevó más de la mitad del camino a Florida. ¿Se supone que debo pedirle que me lleve de regreso ahora?
—No seas tonta. Pagaremos un boleto de avión. Solo busca el aeropuerto más cercano.
La puerta del baño se abre detrás de mí, y se necesita todo en mí para no darme la vuelta y ver a mi vaquero. Todo en mí.
—No voy a volar —sentencio, fallando en no darme la vuelta. Edward me sonríe y no puedo evitar devolverle la sonrisa—. Casi muero la última vez.
Sus cejas se levantan interrogantes.
—Cariño, no seas tan dramática, y por favor mírame cuando te hablo.
—¡Mamá! —exclamo, dándome la vuelta y mirando directamente al teléfono—. Déjame ducharme y prepararme, y te llamo, ¿de acuerdo?
—Está bien. Buscaré vuelos.
—No —grito, haciéndola saltar y reírme—. Lo siento, pero déjame llamarte antes de planificar cualquier vuelo.
—Está bien, está bien. Cálmate. Dile a Edward hola... —Sus ojos se abren—... Espera, ¿tú y Edward durmieron en la misma cama?
—Está bien, mamá, te llamaré pronto, bien. Adiós, te amo. —Presiono finalizar y me doy la vuelta para enfrentar a Edward que se está riendo y ya no está desnudo—. Ella es un poco entrometida.
—¿Qué pasa? —pregunta, inclinando la cabeza hacia el teléfono que estoy apretando con fuerza.
—Oh. Bueno, se van de Florida hoy, así que… —Me paro un poco incómoda frente a él, su camiseta casi me traga—... Estamos de camino a Florida, pero no estarán allí si alguna vez llegamos. Pero quiero decir, no tiene sentido ir ahora si no están allí. Siento que he desperdiciado tu tiempo. Mamá quiere que tome un vuelo.
Él está parado frente a mí ahora, y quiero treparlo como a un árbol, honestamente. ¿Es este un mal momento? ¿Alguna vez es un mal momento para trepar los árboles?
—¿Quieres tomar un vuelo? —inquiere, luciendo un poco decepcionado—. No quiero dejarte.
—¿Oh?
Guau.
Sacude la cabeza, sus manos encuentran mi cintura, agarran su camisa y me empujan contra él. Sus labios sonríen y mi cuerpo se derrite contra el suyo.
—Quédate conmigo, Swanie.
—¿En Mississippi? —respiro, mirándolo.
Riendo, niega con la cabeza.
—Estoy pensando que nos iremos de Mississippi. ¿Aún quieres ir a Florida? Aún no me has visto en bañador en la playa.
—¿Qué? ¿Todavía quieres ir a Florida? Hay tiburones allí —digo, esperando por todos los dioses que esté hablando en serio y que nuestro tiempo juntos no haya terminado. Quiero decir, ¿alguna vez iba a dejar que me dejara de todos modos? Solo el tiempo dirá.
—Dejaremos a los tiburones en paz, pero sí, Swanie, déjame llevarte a Florida.
—Bueno.
—¿Sí? —Sus manos se aplanan en mis dos nalgas, atrayéndome hacia su cuerpo, su sonrisa dejándome sin aliento.
Me encojo de hombros, fingiendo que no es gran cosa cuando realmente quiero arrodillarme y adorarlo como el dios que es.
Vaya, creo que he perdido la cabeza.
—Quiero decir, sí, por supuesto. No he terminado contigo. —No puedo evitar la sonrisa que estira mis labios.
—No has terminado conmigo, ¿eh? ¿Estás tratando de ser mi novia, Swanie?
Novia, esposa, mamá de sus bebés, quiero decir, claro, ¿por qué no?
—¡Qué! ¡Cállate! —Me río y me pongo de puntillas, presionando mi boca contra la suya para evitar que la palabra sí deje la mía.
Él se ríe y me besa muchísimo, me besa la vida, me besa como un estúpido y muero mil muertes antes de que él se deslice dentro de mí y me haga suya una y otra vez.
Tal vez él lo sepa, tal vez no lo sepa, pero si cree que alguna vez se va a deshacer de mí ahora, bueno, será mejor que lo piense de nuevo.
Está atrapado conmigo.
—Swanie... —gruñe, embistiendo todo profundo y delicioso.
—¿Hmm?
—Háblame. Dime cuánto te gusta.
Oh, Dios mío, sí que definitivamente está atrapado conmigo.
De por vida.
