Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 18: Santo cielo
—¿Quieres que conduzca? —le pregunto, apretando su brazo, moviendo mis pestañas, frunciendo los labios, pero él solo niega con la cabeza y me besa todo dulce y celestial—. Bien jugado, vaquero.
Él se ríe y abre la puerta trasera, empujando nuestras cosas adentro. Paso un dedo a través de la presilla de su cinturón, sosteniéndolo como una pegajosa etapa cinco porque bueno, soy una pegajosa etapa cinco en este punto.
—Estoy pensando que no debemos arriesgarnos con los alimentos en la nevera —dice.
—Te invitaré a desayunar. En realidad, te invitaré a almorzar. Como que dormimos durante el desayuno... —Tiro de su pantalón hasta que me sigue y cierra la puerta. Puedo decir que va a decir que no debido a su forma de ser un caballero sexy, así que envuelvo mis brazos alrededor de su cintura y lo miro—. Solo un almuerzo, vaquero. No te matará, y oye, incluso te lo daré de comer.
—¿Sí? —pregunta, los ojos verdes se iluminan como si estuviera emocionado ante esa perspectiva.
Dios santo, debe gustarle mucho cuando lo alimento.
—Sí. —Mis manos se deslizan en sus bolsillos traseros, no puedo dejar de tocarlo, y lo acerco más—. ¿Es un sí?
—No puedo decirte que no, Swanie —confiesa, inclinándose para besar mi mejilla.
—Me dijiste que no cuando pedí conducir —le recuerdo, sonriendo cuando su hoyuelo me guiña un ojo.
—Nunca dije la palabra, Swanie.
—¿Entonces puedo?
—Si tú conduces, ¿quién va a besarme y recostarse en mí y darme de comer dulces?
—Estás tan mimado —respiro, derritiéndome contra él.
Se encoge de hombros, sonríe y luego me levanta, dejando un beso caliente y húmedo en mis labios antes de abrir la puerta y dejarme adentro.
—Deslízate, Swanie. Tengo hambre.
Me deslizo pero solo hacia el medio, y él entra detrás de mí. Lleva su sombrero de vaquero —mi corazón— y su gorra de béisbol descansa sobre mi cabeza, sobre el cabello despeinado secado al aire. La puso allí, y ahora no creo que pueda quitármela nunca.
—Me gusta esa camiseta —dice, mirándome antes de encender la camioneta.
Miro la camiseta corta a rayas que elegí, pensando que no era nada especial cuando me la puse, pero si a Edward le gusta, nunca me la quitaré. Está bien, quiero decir que probablemente lo haré, pero mi estómago se retuerce y se contrae con su dulce confesión de todos modos.
—Gracias. La conseguí en Gap.
—¿Sí? —Sonríe por el parabrisas y nos pone en camino.
—O tal vez fue en Tilly. ¿O fue PacSun?
—¿Estás preguntándome a mí, Swanie? —Se ríe, agarra sus gafas y se las pone.
Me saco el teléfono del bolsillo y abro la cámara antes de acercarla a Edward y tomar una foto de su hermoso perfil.
—Eres tan guapo que duele —expreso, mirando la imagen en mi teléfono—. Es irreal lo guapo que eres. Podría tomarte un millón de fotos y no cansarme nunca de mirarlas. Bueno, tal vez no un millón, ya que es solo una memoria de 64 gigas, pero...
—Me estás matando, nena —indica, deslizando una mano por mi muslo y agarrándome ligeramente.
Nena.
—Realmente no deberías llamarme así —comento, sonriendo a mi teléfono.
—¿No te gusta?
—Oh, me gusta —aseguro, tomando una foto de su mano bronceada y varonil descansando sobre mi muslo pálido y cremoso. Pongo mi mano en la suya y tomo otra foto porque soy una loca, pero Dios, me está matando a mí, también—. En realidad me da hormigueo. Me gusta la forma en que suena al salir de tus labios.
—Nena... —repite sonriendo, y muero.
Sosteniendo mi teléfono en modo selfie, apoyo mi cabeza en su hombro y tomo una foto, aunque él no está mirando. Para cuando esto termine, quiero suficientes fotos para hacer un santuario. No lo haré, solo quiero las suficientes en caso de que sea algo que alguna vez haría.
—Te burlas —acuso, sin convicción, toda complacida.
Me aprieta el muslo y dice:
—¿Almuerzo?
—Lo que quieras, vaquero. Siempre que no contenga maní y no involucre criaturas marinas.
Se detiene en el auto servicio de Wendy's, ordena hamburguesas y helados, y mi estómago gruñe con anticipación. Le entrego mi tarjeta y él la toma de mala gana. No está contento con eso, y probablemente sea la última vez que lo haga, pero es suficiente para mí.
—Oye —le llamo, golpeándolo con mi hombro—. Es como si estuviera invitándote en una cita, una cita para almorzar. ¿Qué tan dulce es eso?
—Realmente dulce, Swanie —musita, sonriéndome—. ¿Recibiré un beso en esta cita?
—No lo sé —bromeo, encogiéndome de hombros, mi sonrisa es tan grande que me duele la cara—. Supongo que si eres un buen chico.
Sus dedos un centímetro más arriba, y me ahogo con mi saliva antes de aclarar mi garganta.
—Puedo ser bueno —informa, acariciando con un dedo el borde de mi ropa interior—. ¿Quieres que sea bueno, Swanie?
—No —declaro honestamente, desesperadamente.
—Aquí está, señor —dice la señora de la ventana, interrumpiendo nuestro tiempo travieso. Si no tuviera tanta hambre, consideraría lanzarle mi helado. Quiero decir que no es culpa suya, pero aun así—. Que tengan un día maravilloso.
Edward me pasa la comida, las bebidas y los helados y, como estoy sentada en el medio, coloco las bebidas en el portavaso del asiento del pasajero. Edward le agradece y sale del camino de entrada, poniéndonos de vuelta en la carretera.
Mojo una papa frita en mi helado, gimiendo ante la deliciosa mezcla de dulce y salado. Agarro otra, sosteniendo una mano debajo de él en caso de que gotee y la acerco a la boca de Edward.
—Prueba esto. —Él abre la boca obedientemente y yo empujo la papa, temblando un poco cuando me lame los dedos—. ¿Te gusta el sabor?
Se lame los labios y levanta la barbilla.
—Continúa —pide, y sonrío ante su sonrisa y le doy de comer, tomándome mi tiempo, ni siquiera preocupándome un poco por mi comida todavía.
No levanta un dedo, solo abre la boca mientras le doy su hamburguesa y papas fritas cubiertas de helado.
—¿Qué vas a hacer cuando no esté cerca? ¿Puedes volver a alimentarte? —bromeo, con el estómago revuelto ante la idea.
Agarra mi mano y chupa el helado extra, excitándome tanto que quiero saltar sobre sus huesos mientras conduce.
—Tendrás que quedarte —sugiere—. Me gustas mucho.
Santa mierda.
—¿Me estás pidiendo que sea tu novia? —pregunto, con voz firme a pesar de que mi corazón es una pelota de ping-pong en mi pecho. Me meto una papa frita en la boca y le doy un mordisco. Edward me mira, una sonrisa levanta esos labios ligeramente salados—. Lo haré. Ser tu novia, quiero decir.
—¿Sí?
Maldita sea, sí.
Encogiéndome de hombros, sonriendo, derritiéndome por completo, digo:
—Quiero decir, sí, si el puesto está disponible. ¿Necesitas un currículum?
—Cállate —se ríe, levantando un brazo y envolviéndolo alrededor de mi cuello, tirando de mí hacia su costado.
Me pongo de rodillas e inclino su sombrero hacia atrás, presionando mis labios contra su mejilla desaliñada una y otra y otra vez.
—Estoy tan obsesionada contigo —reconozco, besándolo una vez más antes de sentarme a su lado.
—Lo mismo, Swanie.
—¿De verdad?
Él asiente.
—De verdad.
—Guau —respiro—. Ojalá estuviéramos todavía en la cama. —Me meto en la boca papas fritas con helado hasta que se acaban.
—Nos encontraremos otra.
—No puedo esperar —declaro, mordiendo mi hamburguesa, masticando y tragando—. Nunca llegué a estar arriba. Estaba esperando eso. ¿Tú no?
Edward me mira, los ojos cubiertos por esas sexys gafas de sol y asiente antes de regresar a la carretera.
—¿Quieres montarme más tarde, Swanie?
Creo que estoy muerta. Siento que podría estarlo.
—Más de lo que quiero esta hamburguesa, y me encanta la comida.
Aparece su hoyuelo.
—Come —ordena—. Puedes tener ambos.
—Está bien —concuerdo.
—Bien.
Inhalo el resto de mi hamburguesa y bebo la mitad de mi refresco antes de arrojar mi envoltorio en la bolsa. Abro mi aplicación de música y reproduzco Hands to Myself dos veces (literalmente no puedo mantener mis manos quietas) antes de comenzar a mezclar.
—Entonces, ¿cuánto tiempo hasta que lleguemos? —pregunto, frotando una mano arriba y abajo del muslo de Edward. Pone la suya sobre la mía y entrelaza nuestros dedos.
—Estoy tratando de llegar a Alabama. Probablemente estará oscuro. ¿Quieres parar?
—No, no, está bien. Me lo estaba preguntando. —Apoyo la cabeza en su hombro—. ¿No te cansas de conducir? Probablemente me quedaría dormida mirando nada más que el techo negro durante horas y horas. Me alegra que no me dejes conducir.
—¿Sí? —Aprieta mis dedos.
—Sí. Si estuviera conduciendo, no podría tocarte y mirarte fijamente y tienes razón, no podría alimentarte. Creo que me gusta alimentarte más de lo que a ti te gusta que yo te alimente.
—Estoy pensando que eso no es verdad —contradice.
—¿No? —Froto mi nariz en su brazo, oliéndolo como una psicópata—. Hueles tan bien —comento, antes de cerrar la boca.
—Swanie...
—¿Sí?
—Sigue hablando.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Me gusta tu voz y cómo dices todo lo que tienes en mente.
—Sí, mamá siempre dice que mi boca me va a meter en problemas. Dijo que cuando era bebé nunca me callaba. No es realmente mi culpa, ya sabes, cómo puedo simplemente no hablar. Las bocas se hicieron para hablar. Y bueno, comer y tal vez otras cosas…
—¿Otras cosas?
Sonriendo, me encojo de hombros.
—No lo sé. Saborear lo que técnicamente podría caer en la categoría de comer. Lamer, está bien, eso todavía está en la categoría de comer...
Edward se mueve y lo miro.
—¿Qué estás viendo, Swanie? —pregunta, con los ojos en la carretera.
—Solo tu cara bonita, vaquero.
Creo que se está sonrojando. Dios, es increíblemente lindo.
No dice nada más, pero su mano agarra la mía como si hablara en serio, como si nunca quisiera dejarme ir.
Después de diez minutos de silencio, Edward dice:
—Sé qué más podrías hacer con tu boca. —Y mi boca se abre en estado de shock, lujuria, ¡no lo sé!
Tragando saliva, me siento un poco más derecha. ¿Va a decir lo que creo que va a decir?
—¿Oh?
—Soplar…
Yo jadeo.
—... burbujas —termina, y le doy una palmada en el pecho, riéndome completamente estúpida.
—Pensé que ibas a decir algo más.
—¿Sí? —comenta, la sonrisa en su voz volviéndome loca. Todo en él me excita—. ¿Como qué?
—Ya sabes…
—No creo que lo haga, Swanie.
—Mientes —le digo en voz alta, sonriendo como una tonta.
Niega con la cabeza, sonriendo.
—¿Qué pensaste, nena?
—Eso no es justo —reclamo—. No puedes llamarme nena y hacerme derretir, para que diga lo que quieres que diga.
—Nena —dice, todo ronco, su sonrisa enorme.
—Detente.
Su risa lo es todo.
—Solo dilo, Swanie. Quiero escucharte decirlo.
—Edward, de verdad, esto no es muy caballeroso de tu parte —bromeo.
—Swanie, dime —pide, frotando su pulgar contra el mío—. Ven aquí y susúrramelo al oído.
Oh Dios mío.
—No quiero que te estrelles. Si lo digo, querrás detenerte antes de que lleguemos a Alabama, y estoy deseando llegar a Florida —miento—. Además, soy una buena chica. Las buenas chicas no dicen palabras obscenas. —Entierro mi rostro en la manga que cubre su brazo, ocultando la estúpida sonrisa en mi cara. Me hace sentir mareada y completamente loca.
La mano de Edward se aprieta en la mía.
—Obscenas, ¿eh?
Asiento con la cabeza contra su brazo.
—Nunca lo he hecho antes —confieso, besando su brazo.
—¿Quieres hacerlo, Swanie?
Mi cara está en llamas.
—Sí. —Levantando la cabeza, miro por el parabrisas antes de soltar a Edward y sentarme de rodillas de nuevo. Beso la mejilla de Edward, su mandíbula, amando su fuerte inhalación—. Sigo pensando que eres un caballero, vaquero —susurro, pasando una mano por su pecho.
—¿Sí? —Su garganta se mueve cuando traga—. ¿Incluso si me muero porque me susurres una palabra obscena al oído?
Riendo, asiento con la cabeza, colocando mis labios en su oreja.
—¿Estabas pensando que podía probar y lamer y chupar tu...
—¿Mi? —pregunta Edward, mostrando sus hoyuelos.
—... polla? —respiro con la cara en llamas, mis piernas como gelatina, mi estómago un desastre de mariposas fuera de control—. Lo haré, si quieres.
—Joder —murmura Edward.
Solo joder.
—¿Quieres que lo haga? —pregunto, besando su deliciosa mejilla de nuevo antes de dejarme caer sobre mi trasero, necesitando la aclaración como si necesitara mi último aliento.
—Sí, Swanie —suelta con brusquedad, pasando una mano por mi muslo—. Seré amable contigo.
—Bueno.
—Bien —dice.
—Me gusta ser tu novia —confieso.
—Me gusta ser tu novio, niña traviesa —concuerda, riendo como el chico adorable que es.
Edward es mi novio.
Santo cielo.
¡Y ahora ya son oficialmente novios! Son tan bellos...
Gracias por los reviews, alertas y favoritos, me encanta saber que aman esta historia tanto como yo. Y no olviden decirme qué les pareció el capitulo.
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
