2. Sábado. La forma que tenemos en las costillas.
La luz abrazaba las orillas oscuras con un calor psicópata y anaranjado. Tenía un olor enfermizo porque enfermaba las náuseas ya despertadas por la caminata nocturna que Fez había tenido la suerte de sobrevivir. Todas las paredes eran iguales, con piedras gruesas y húmedas, con un ente oscuro recostado entre los huecos, que parecía vigilarlo con unos ojos impávidos y hambrientos. Si andaba en una dirección parecía que caminaba también en todas las demás, tenía miedo de perderse en su propia visión periférica, de recargarse sobre los muros de la cloaca y descubrir algo pegajoso en medio de tanta oscuridad, consumiéndolo.
"Siempre quise mantenerte lejos para que la verdad no pudiera alcanzarnos y estaba seguro de que, de esa forma, nunca lo lograría. No soy poeta, sólo quiero decir algo romántico porque tal vez no vuelva a tener la oportunidad de intentarlo. Quería que estuvieras siempre para mí, a pesar de que no me perteneces, y de que no le pertenezcas a nadie. No quiero equivocarme de esa forma, no quiero arrepentirme por lo que hemos pasado juntos. Es más, todavía sonrió sin querer cuando recuerdo algunas de ellas…"
Una mujer vino caminando hacia él, todos usaban el mismo corte de cabello, los mismos trajes y ponían la misma cara sonriente cuando caminaban junto a él. Luego se inclinaban hacia adelante como con una reverencia, un saludo de cortesía. Pero sin hablar. Odiaban las palabras, amaban el silencio, el silencio que lo estaba enloqueciendo.
¿Dónde estoy? – se preguntaba Fez
Nadie le respondía, su voz ni siquiera hacía eco. La profundidad del laberinto subterráneo donde había pasado los últimos días, no coincidía con el movimiento del resto del universo. Como si en aquel agujero de miedos se hubiera detenido el tiempo.
¿Crees que se me ve mejor el azul o el café? – se preguntaba a si mismo mirando en el reflejo de un cristal mientras se probaba dos camisas del uniforme de PSIC
H3 caballo – resopló Fez – ¡Jaque mate! – Se respondió – Buena jugada, pequeño amigo.
¿Qué es eso? – se preguntó Fez
Una música orquestal venía desde el final del corredor, el que siempre se dirigía hacia ninguna parte. Los agitados pasos trotantes de afuera llamaron su atención.
- ¡14-3-21! – Golpeó un hombre en su puerta – ¡Abra la puerta 14-3-21!
Fez se levantó de la pequeña mesa esquinera donde estaba sentado y caminó hacia la puerta
- ¿Qué pasa? – preguntó él
- ¡Abra la puerta 14-3-21, es una orden!
La puerta se abrió sola por la fuerza, dos hombres con las mismas ropas que él, entraron armados y comenzaron a golpearlo. Fez recibió el primer golpe como todo un campeón, sin escupir la sangre que se le estaba acumulando en el paladar inferior, pero el siguiente golpe lo tumbó contra el suelo arrebatándole las ganas para levantarse.
- ¿Qué es lo que sucede? ¡No he hecho nada!
- ¡Arriba 14-3-21! – ordenó el mayor de los sujetos
- ¿Dónde está?
- ¿Dónde está qué?
- ¿Dónde está la carta?
- No sé de qué estás hablando
- ¿Dónde pusiste la carta?
- No hay ninguna carta
"En una ocasión, durante las vacaciones de verano, antes de que te fueras lejos de mí, puse un cigarrillo en tus pantalones. Se quemaron y los tiré. Te compre unos nuevos, pero no eran iguales, sé que te diste cuenta, pero no dijiste nada. Aunque después te escuche quejarte con Hyde porque creías que se habían encogido"
- Te lo preguntaré una última vez 14-3-21, ¿Dónde está la carta?
- No sé de qué están hablando – se protegía Fez
- Será mejor que nos des la carta. La encontraremos de todas formas, y será peor para ti. ¡¿Dónde está?! – el sujeto tiró de su cabello
- No tengo ninguna carta – sollozaba Fez apretando los parpados con fuerza – no sé de qué hablas
"Ese día iba a pedirte disculpas por todo, por lo que sucedió en el bar cuando vimos a esas lindas chicas sin sostén, pero te quedaste dormido en la sala. Lo sé, fue cobarde robarte el beso desde el bolsillo del sofá, cuando la noción de las malas acciones se te había salido del pecho con tanto vomito alcoholizado. Pero era mi oportunidad, no pude evitarlo."
Esa mañana, Fez había pasado las horas contando las plumillas de su almohada, aunque por la mitad de la cuenta se dio cuenta de que no eran plumas. Creía que el día estaba tranquilo y no tenía miedo de nada. El procedimiento que desnaturaliza las sombras para obligaras a palidecer sobre la luz, estaba golpeando contra el sello definitivo de unos parpados a penas descansados sobre el sonido distante de una recuerdo flojo.
Las sabanas se plegaban a arrumacos por el contorno de su cuerpo, produciendo carisias reconfortantes en la desnudez de una piel jengibre cuya desmesura, Fez, recordaba de antes. Un aroma familiar se colaba por entre los causes de las redecillas matutinas de la ventana. El olor a pólvora y harina, un olor particular para un oficial de policía que rara vez tiene la ocasión para disparar.
Kelso entró en la habitación asomando primero la charola de los alimentos que se suponía que se convertirían en un desayuno compartido en medio de un silencio domésticamente cálido con olor a suave madrugada.
- ¿Estás despierto? – le preguntó despacio quedándose sobre la ranura de luz de la puerta como si adivinara el placer que el otro contenía en medio de esa sonrisa que le respondía sin intenciones de hablar
- Lo estoy intentando
Kelso parpadeó con alivio, percibiendo el aroma de su recamara, utilizando esa sonrisa incomoda que presumía tener el control sobre todas las cosas. Fez desearía tenerlo delante de nuevo, controlándolo como siempre. Pero sus ojos se fueron difuminando en la pantalla de los haces de la luz sobre una pesada cerradura fría; donde el cuerpo de los objetos devolvió la realidad más amarga expulsando a Fez de sus pensamientos.
- ¡Levántate! – dijo un hombre vestido con los trajes acostumbrados de los empleados de PSIC y le arrojó una charola con pedazos de pan y algunos frutos de formas irreconocibles.
A Fez le enfureció el aspecto de los alimentos y le dio un golpe al utensilio, haciendo caer su desayuno en el suelo. El hombre que, primero miró a Fez como si le hubiera divertido el acto, endureció la faceta y le propinó un golpe que lo derribó de la cama con una fuerza tan voraz que el autor se lastimó el cuello en el acto.
Fez se incorporó con cuidado pues se trataba a si mismo con la pena de un moribundo perdido ante sus reclamos sumisos, uno que se guarda la lástima para sí mismo.
- ¿Dónde estoy? – preguntó Fez
- Nunca había sido tan necesario imaginar un barco capaz de zarpar en cualquier dirección como cuando quisiste escapar de aquí ¿No es cierto?
Fez vaciló pero decidió no interrumpirlo. El hombre comenzó a andar dentro de la habitación.
- Los espejos que se reflejan en nuestra imaginación son más frágiles con los años, más límpidos con los sueños y de vez en cuando traicioneros, sobre todo cuando nos exigimos volver a la fortaleza de nuestro palacio, huyendo de la realidad más cruda– Dijo el hombre– Pero volver a los resguardados cerrojos de nuestro palacio mental debe ser una competencia cuando se tiene la recóndita sensación de la presión externa. Lo que nos asusta, lo que no queremos ver, lo que deseamos olvidar, lo que desearíamos que pasara, o lo que hubiéramos preferido que jamás sucediera.
Fez no le devolvió la sonrisa.
- No tengo un palacio mental 16-80-7 – contestó sin embargo, arrugando la frente y evitando la mirada del agente que caminaba viendo hacia las paredes con el entusiasmo de un niño juzgando habitable una caja de cartón.
- Nosotros no la necesitamos – dijo el hombre – Éste es nuestro palacio
- ¿Qué es este lugar? – preguntó Fez, acomodándose en el suelo y recogiendo los pedazos de pan que él mismo había despachado por todo el suelo.
- Este lugar es el único hogar que necesitamos ahora. No hay ningún otro lugar para nosotros
- Quiero volver a mi casa.
- Ahora esta es tu casa.
- No – respondió Fez y su voz se volvió más varonil que de costumbre. – La única razón por la que estoy aquí, es porque de otra forma…
El otro completó la oración.
- Porque de otra forma estarías muerto
Fez se redujo bajo las sombras de su escondite facial, un rasgo imperturbable de su ser que todavía tenía la costumbre de manifestar cuando estaba disgustado. Un rostro pálido inadaptado a la oscuridad de la prisión que por más que se esforzaba no lograba reconocer como su habitación.
- No sirve de nada tratar de esconder los vestigios de lo que fuiste 14-3-21 – caminaba el sujeto, describiendo indecisión mientras hablaba – Queda tanto por construir en este nuevo palacio tuyo, que vale muy poco la pena aferrarse a ese pasado.
El hombre se arrimó a pasos sigilosos hacía Fez y se acercó tanto a él que el chico tuvo miedo de que su aliento se lo tragara. Pero en cambio, el calor del aire que producían esas palabras que tanto aborrecía, se difuminó por el contorno de su rostro. No había calor en el aire que emanaba de su boca. No había color en las mejillas de su cara. No había luces en sus ojos, sus pupilas estaban opacas, no tenían vida dentro.
- Yo también… ¿Estoy muerto? – mustió el joven ¿Es aquí donde vienen los muertos? Pensó
- No – respondió el otro, como si le hubiera escuchado pronunciar las palabras que apenas había tenido la hazaña de ingeniar en su cabeza – Pero de no haber venido, lo estarías.
- Morí cuando me atropelló el autobús ¿No es cierto?
- Los humanos están tan obsesionados con las palabras. En el mundo de las ideas no hay vida, no hay muerte. Sólo existen las ideas de lo que son. Las ideas son importantes 14-3-21, pues nos provocan impulsos salvajes gestados con ánimos desde el instinto ancestral que vive dentro en forma de oruga; arrastrándose por las paredes de nuestros deseos más mundanos. Aguardan ahí dentro, esperando la mutación de una mariposa que brota sin haber completado su metamorfosis, de vez en cuando, deleitada por la idea de surgir desde nuestros adentros para escaparse de nuestros vientres retorcidos. La realidad que nos complace, a menudo, tiene muy poco que ver con la que vivimos de verdad.
Fez aguardaba sentado con una respiración perturbada.
- ¿En que nos convertimos si en lugar de orugas, llevamos moscas saprófagas dentro?
El otro se quedó callado por unos segundos tortuosamente eternos.
- En humanos – contestó por fin
Fez suspiró condenado a sus respuestas. No había logrado entender una sola de sus palabras, no estaba acostumbrado a tan deleitables formas para explicar una, tan devastadora, verdad. Pensaba que estaba abrumado por la idea de estar muerto, pero tal vez no era así. Tal vez era la oportunidad de seguir con vida lo que en realidad despertaba su mariposa interior. Una que ni siquiera Kelso había conocido aún, una que él mismo escondía para no tener que enterarse de su presencia.
"Podría pasar todo el día escribiendo sobre la forma de tus labios, la estructura de tus hombros o la fuerza con la que siento que puedes girarme fuera de mi propia orbita y hasta dejarme mareado cuando te veo caminando hacia mí. Pero antes de que me disponga a recordar lo mucho que me odio por no haber podido darme cuenta que no necesito acordarme todos los días de lo que me enamoró de ti en primer lugar para quererte, quisiera disculparme"
- Entonces… ¿PSIC es una red de personas que han muerto?
- PSIC no es una red de personas, es una persona enredada entre la persona y el significado de persona. Una persona con disfraz, una idea de persona.
- Entonces… ¿No existe el cielo ni el infierno?
- Haces muchas preguntas 14-3-21, no necesitas saberlo todo para sentirte cómodo en tu nuevo hogar.
- No me sentiría cómodo ni aunque me trajeras aquí mi departamento entero
Fez siguió con la mirada rabiosa a su interlocutor, le parecía un inquieto. Caminaba hacia un lado, hacia el otro, hacia ninguna parte. Pero no se quedaba quieto.
- ¿Qué pasa si un ave no puede volar y cae de su nido?
- Moriría
- ¿Qué pasaría si el ave no aprendiera a volar y cayera de su nido?
- También moriría
- ¿Qué pasaría si un ave que no sabe volar, por alguna razón, sobrevive?
- No podría sobrevivir porque tarde o temprano tendría que salir a…
- ¿Preferirías que muriera?
- Preferiría que aprendiera a volar – se burló Fez con media sonrisa
- Pero no lo hará, es perezosa – el otro bufó
- Entonces morirá – dijo Fez e hizo una mueca
- Vivirá a expensas de otros, de sus padres primero, luego será un ave astuta que le quitara el alimento a otras aves, sobrevivirá.
- Bueno, eso también está bien.
- No lo está.
- ¿Por qué?
- Ese no es el orden correcto. El orden de la naturaleza debe seguir su causa, si el ave aprende a vivir a costa de la vida de otras aves, éstas otras aves morirán de inanición, y habrías podido salvarlas si el ave inútil hubiera muerto desde el principio.
- Si el ave aprendió a solucionar su problema, fue inteligente, se ganó el derecho de vivir. – argumentó el extranjero
- Nadie posee ese derecho, el derecho de la vida no le pertenece a ningún ser vivo. Esta dado por un orden que se tiene que cumplir.
- Bien, ¿Cuál es tu solución? ¿Matarla?
- Por eso existen los cazadores.
- Los cazadores son una mierda.
- ¿Tú no lo eres? ¿Cómo determinas eso?
- No. Pero creo que…
- El ave no podía vivir, pero sobrevivió; quitándole la oportunidad de sobrevivir a otras aves que tenían que seguir con vida. Las contradicciones entre el orden del caos y el orden natural de las casualidades se desprenden con cada nueva pluma que crece desde sus interiores.
Fez dejó escapar un suspiro y observó que la mirada del otro se dirigía a sus labios entre abiertos.
- Esa ave es un error que PSIC tiene que corregir. Nosotros somos cazadores, arreglamos los errores, dejamos vivir a las aves que tienen que vivir.
- ¿Quieres decir que…? – el hombre se detuvo por fin.
- Así es. PSIC es el guardián del orden de los hechos. El ojo que observa, la mano que crea, la fuerza que hace que pase lo que tiene que pasar. Que el ave no vuele, no es un accidente. Esa ave está destinada a morir cayendo desde lo alto de su nido, extendiendo con furia las alas, incapaz de manejar su débil e insignificante cuerpo desplumado. Si el ave no cae, PSIC debe empujarla.
"Disculparme y pedirte un último favor, perdón por hacer que tu familia se destruyera, por pensar que estabas utilizándome. He visto lo que haces y aunque de verdad lo aprecio, (y me alegro de ver unido al equipo de nuevo) quiero que pares. Debo pedirte que pares. A todos. No me busquen más, no quiero que lo hagan, no me persigan. Arregla tu vida. Repara tu familia. Por mucho que siempre lo quise, yo no lo soy. Te prometo que nunca me voy a olvidar de todo lo que pasamos juntos, pero ahora, ya no soy más el chico que recuerdas, he hecho cosas malas, y las seguiré haciendo"
- Son… son asesinos entonces… - tartamudeó Fez
- Somos – lo corrigió el hombre
- No – balbuceo Fez – No es cierto, yo no… yo nunca
- Eres parte de nosotros ahora 14-3-21, ese es tu trabajo.
- No, no lo haré
- Ya lo hiciste
- ¡¿Por qué me hacen esto?! – levantó la voz – ¿Es porque me salvaron la vida? ¿Éste es el precio de mi vida? Debieron dejarme morir entonces, yo no…
- ¿Qué pasa si mientras el ave cae de su nido, tira el huevo de su hermano?
- ¿Qué?
- ¿Qué pasa si el ave tira un huevo que todavía no eclosiona?
- ¡Ustedes están locos!
- También muere 14-3-21, esa es la respuesta
- ¡No entiendo!
- Nosotros somos el huevo que no tuvo oportunidad de eclosionar, 14-3-21, esta es nuestra segunda oportunidad
- ¿De qué estás hablando?
- Tú no debiste morir en aquel accidente, al contrario, alguien más te quitó la oportunidad de eclosionar. Nosotros te recogimos y te dimos el aliento, esta es tu segunda oportunidad para vivir ¿No entiendes? Tenemos que reparar el error. Empujar al ave correcta, antes de perder más huevos.
- ¡¿Quién es el ave correcta?!
- ¿Quién obligará a saltar al ave cuando llegue el momento, y a pesar de que un montón de paja lo cubre desde su nido? ¿Cómo podremos detener la causa de su ambición, cuando ha dejado morir a más de un ave arrebatándole su alimento?
- No sé de qué estás hablando.
- ¿De qué color ha crecido el plumaje de Eric Forman?
"Cuando llegue el momento, no sé si podré hacer lo correcto. No sé si tendré la fuerza, pero sí sé, que si te interpones, tu huevo se romperá como el mío y no permitiré que eso pase. No puedo decirte mucho, quisiera abrazarte y explicártelo todo en el rincón del sofá con una de esas tazas de chocolate caliente, pero no tenemos tiempo. Pase lo que pase debes recordar que te amo y por ese amor debo pedirte, odiándome a mí mismo con cada pedazo roto de mi propio cascarón, que te alejes de Eric"
Fez había enviado una carta simple a Eric esperando que entendiera su mensaje, el esfuerzo lo puso en aprietos pero salió bien airado cuando utilizó su viejo truco de intercambiar la taza. Kelso y él habían estado mirando un programa de magia, utilizarlo de esa manera le parecía de lo más adecuado. Pero esta vez era diferente. Había puesto toda la desesperación en esa carta para Kelso y esperaba que al recibirla, sus amigos supieran que estaba bien y dejaran de buscarlo.
Que dejaran de cubrir con su paja al ave que tiene que caer y aunque el dolor de su pecho acaeciendo contra su estómago le arrebataba el aliento, si tenía que arriesgar a Eric para salvar a su más íntimo amante, así lo haría. La luna había cubierto cualquier luz efímera que pudiera darle una ilusión a Fez. No cometió ningún error como en la ocasión anterior, fue precavido, cuidadoso y casi estaba seguro de que había actuado con completa profesionalidad, ahora lo único que tenía que hacer era esperar a que la noche cayera por completo, sacaría el sobre de la tela de su ropaje tras el borde de la ventana sin cristal y lo pondría sobre el tintero para conseguir que se pegara en la maleta de correo.
Todo estaba saliendo de acuerdo al plan. A penas había tenido tiempo para comer, sus manos estaban sudando como la primera vez que supo que tendría sexo con una chica real, de carne y hueso. Se sentía desnudo y sudoroso. Sabía que aquella era su única oportunidad para salvar la vida de sus amigos y arreglar el cascarón que se había roto por accidente. Una música orquestal venía desde el final del corredor, el que siempre se dirigía hacia ninguna parte. Los agitados pasos trotantes de fuera llamaron su atención.
- ¡14-3-21! – Golpeó un hombre en su puerta – ¡Abra la puerta 14-3-21!
Fez se levantó de la pequeña mesa esquinera donde estaba sentado y caminó hacia la puerta.
- ¿Qué pasa? – preguntó él
- ¡Abra la puerta 14-3-21, es una orden!
La puerta se abrió sola por la fuerza, y dos hombres con las mismas ropas que él, entraron armados y comenzaron a golpearlo. Fez recibió el primer golpe como todo un campeón, sin escupir la sangre que se estaba acumulando en su paladar inferior, pero el siguiente golpe lo tumbó contra el suelo arrebatándole las ganas para levantarse.
- ¿Qué es lo que sucede? ¡No he hecho nada!
- ¡Arriba 14-3-21! – ordenó el mayor de los sujetos
- ¿Dónde está? – preguntó otro
- ¿Dónde está qué? – Fez había sido reducido sobre sus propias rodillas y con su brazo por detrás
- ¿Dónde está la carta?
- No sé de qué están hablando
- ¿Dónde pusiste la carta?
- No hay ninguna carta – Fez no podía comprender que era lo que había hecho mal.
- Te lo preguntaré una última vez 14-3-21, ¿Dónde está la carta?
- No sé de qué están hablando – se protegía Fez
- Será mejor que nos des la carta. La encontraremos de todas formas, y será peor para ti. ¿Dónde está? – el sujeto tiró de su cabello
- No tengo ninguna carta – sollozaba Fez apretando los parpados con fuerza – no sé de qué hablas
– Alguien te delató, imbécil. Sabemos que la tienes ¿Dónde la pusiste?
– No entiendo
– Si esa carta llega a manos de cualquier persona, todos se enteraran sobre PSIC – Le gritó el otro – ¡Estas poniendo en riesgo tu propia vida!
– ¡No escribí ninguna carta!
La noche había cubierto los bordes de las luces con su penumbra y el frio recorría los pasillos de la habitación. El cabello de Fez había crecido, lo suficiente para causarle comezón en la nariz desde su incómoda posición.
- ¿Qué escribiste?
- Nada
- ¡¿Qué escribiste?!
- ¡Nada!
- ¿A dónde enviaste la carta? – Fez se quedó callado
- Si encuentro la carta, asesinaré a quien la tenga
Fez tembló en su lugar, hasta ahora no había nada que PSIC no hubiera conseguido hacer bien. Él mismo había hecho algunas cosas que le parecían horribles con tal de sobrevivir, no quería arriesgar a su viejo amante. Pero si por alguna razón la carta no llegaba a manos de Kelso, todos sus amigos estarían en peligro.
- Sé lo que quieres 14-3-21, estas asustado – dijo el hombre de antes, con una voz que siempre lograba tranquilizarlo – Todos lo estuvimos al principio
- Suéltame ¡Quiero ir a casa! – sollozaba Fez
- Pero ahora se acabó el tiempo de llorar, tienes que hacer lo correcto
- No escribí nada – gimió
- Sabes que es lo que tienes que hacer…
"Te extraño, espero que tú no me extrañes, porque es un sentimiento difícil de sujetar. Pero por mucho que lo desee, sé que tal vez no volvamos a vernos. Esta es tu oportunidad Kelso. Te perdono, te dejo libre, y espero que te olvides de mí. Te lo pido como un favor hacia tu viejo amigo. Aún tenemos la oportunidad de remediar todo lo que hemos hecho mal. Este es tu turno"
- Escúchame 14-3-21, estas a salvo. – susurraba 16-80-7, en su oído – Las cosas que sucederán son inevitables
- ¡No sé de qué estas…!
- ¡No importa cuántas veces cambies los engranes, seguirán girando hacia la misma dirección!
- ¡No!
- Lo que tiene que pasar, pasará, esto es lo correcto
"Mañana quemará el sol bajo la tierra y voltearan el infierno sobre sus capas como solo lo han hecho los grandes con traje. Mañana es tu turno de detener el puntero. Apaga las llamas, haz que vuelva volando el huevo hasta su nido. Mañana colapsará la oruga bajo la tierra, sin tiempo para convertirse en la mariposa, y no debes dejar que Eric vaya con ella. Detén el tren Kelso, detenme a mí. Como detenemos el tiempo cuando estamos juntos, como nos amamos por última vez, sin saber que sería la última."
- ¿Dónde está la carta 14-3-21? – el hombre sabía que Fez se estaba dando por vencido
Fez dejo escapar una lágrima con el pecho comprimido contra el suelo y las ganas de llorar en flor, y con la última fuerza que le quedaba miró hacia el borde de la ventana sintiendo como quemaba la traición de sus ojos ante su cuerpo inmovilizado. El hombre comprendió lo que trataba de decirle y revisó el marco; arañándolo con la desesperación de un águila en busca de los insectos que se ocultan bajo el lomo de los troncos frescos.
Ahí estaba la carta. 16-80-7 que era como Fez pensaba que se llamaba ese tipo, abrió el sobre y se dispuso a leer el contenido de la nota. Su expresión facial ni se inmutó entre las líneas. Cuando terminó de leer salió de la habitación caminando muy despacio.
- Hiciste lo correcto 14-3-21, ya no tienes que temer.- murmuró
Mientras se arrastraba tras el umbral, Fez pudo escuchar sus pasos firmes haciendo un eco intolerable en el corredor. Una voz amarga y ronca de su persona cruzó por sus oídos como un destapa caños, brusco y aceitoso. La voz dictaba una orden incomprensible. Pero por alguna razón, Fez sabía lo que quería decir.
A penas se hizo escuchar la orden, cinco miembros de PSIC entraron con algunos bates y piedras y en medio de patadas y golpes, Fez descubrió lo que "a salvo" significa para dios. Supo que no había nada que pudiera hacer para defenderse, que el mundo no escucharía sus gritos desde las profundidades de ese nuevo palacio infernal. Y al cabo de un rato el dolor mismo se convirtió en la anestesia, mientras su sangre se escurría por la tierra húmeda y el crujir de los huesos rotos se adentraba en sus tímpanos como un instrumento que por estar tan desafinado comienza a quebrarse. Sus ojos siguieron a Kelso caminando a través las luces parpadeantes.
Poco a poco Fez perdía el aliento entre las figuras de las deshonrosas formas que construyen la gracia de todas las cosas. El cráneo, el pecho, el sudor y la resignación, el olor metálico de la propia sangre perdida en el fondo de la forma que alguna vez tuvieron sus costillas. Fez se aferraba a su conciencia porque sabía que en la tierra no habría más dolor que soportar, el llanto había alcanzado un punto donde era incapaz de mitigar el calor de la impotencia. Pero perdió la batalla tumbado boca abajo, y cuando sus parpados alcanzaron el ancho de las dimensiones de sus labios, se desmayó.
"Estoy feliz por ti. Sé que la familia es el tesoro más preciado que podemos tener como seres humanos. Siempre envidie la tuya. Es perfecta, tú también lo eres para mí, no permitas que nadie te diga lo contrario. Por ahora no me queda más que desearte lo mejor. Cuida de ellos y cuida de ti, y cada vez que sientas que algo parece no funcionar, recuerda que estaré ahí en algún lugar, escondido detrás del armario para cambiarlo por un pantalón nuevo y arreglarlo para ti. Adiós para siempre, amor.
Fez. "
Así decía la carta que nunca llegó.
