Disclaimer: Twilight le pertenece a Stephenie Meyer, la historia es de assilem33, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight is property of Stephenie Meyer, this story is from assilem33, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Capítulo 19: En absoluto
Sorprendentemente llegamos a Alabama y seguimos conduciendo hasta que llegamos a Panama City Beach, Florida.
Sin embargo, son casi las nueve de la noche y la playa tendrá que esperar hasta mañana. Pensarías que ver a Edward desnudo, completamente desnudo, estaría bien con otro día sin verlo en traje de baño, pero por alguna razón no puedo quitarme la imagen de la cabeza.
Su cuerpo caliente tendido en la arena, sus pantalones cortos subiéndose un poco al frente dándome una buena vista de sus muslos musculosos salpicados de vello oscuro y sexy. Me siento como esos adolescentes cachondos del cine que se muerden el puño imaginando las cosas más sucias. Quiero vivirlo todo con él.
Especialmente cosas con mi boca.
A mi caballero vaquero le gusta ser un poco travieso, y estoy aquí para ello.
—Creo que me ducharé —digo una vez que entramos en la habitación, con los ojos en la única cama grande. Edward deja nuestras maletas y yo dejo mi mochila en el escritorio, volviéndome hacia él. Extiende la mano y me quita el sombrero de la cabeza, arrojándolo sobre mi bolso—. Podrías ducharte conmigo. ¿Quieres enjabonarte conmigo?
¡Di que sí!
Él se ríe y pasa sus dedos por mi cabello, inclinando mi cabeza hacia atrás para poder presionar un beso en mis labios, mordisqueando mi labio inferior hasta que mis piernas están a punto de ceder.
—Sí, Swanie, me ducharé contigo.
—Bueno. —Me aparto y agarro su mano, lo llevo al baño y enciendo el interruptor. Abro la ducha y luego corro a la otra habitación por mis jabones y todo eso. Me he ido treinta segundos como máximo, y Edward ya está gloriosamente desnudo y entrando en la ducha.
—No me esperaste —acuso con los labios babeantes y las piernas temblorosas.
Él sonríe y me hace un gesto con el dedo, y entro en la ducha completamente vestida, haciéndolo echar la cabeza hacia atrás y reír profundamente y de manera increíble.
—Eres jodidamente linda —dice, su risa se convierte en una risita, sus manos encuentran mi cintura y suben por mis costados, subiendo mi camisa hasta que levanto mis brazos y me la quita, tirándola sobre la barra de la ducha—. Desnúdate conmigo, Swanie.
Desabrocho mis pantalones cortos y me los quito, bajando mi ropa interior con ellos, y él desabrocha mi sostén, y lo dejo caer al piso de la ducha. Ahora los dos estamos gloriosamente desnudos y no quiero volver a ponerme ropa nunca más.
—Nunca tuve el beso de la primera cita —comenta, el agua goteando por su rostro, su cabello pegado a su cabeza. Sus manos se envuelven alrededor de mi cuello, inclinando mi cabeza hacia atrás—. Fui un buen chico. —Él sonríe y se lame las gotas de agua de los labios—. Tú fuiste la traviesa...
—¡Qué! No lo fui.
Mi corazón está acelerado, y cada toque de él se siente como si fuera el primer toque. Es mágico, caliente y sexy, y quiero pegarme a su cuerpo mojado y vivir allí...
Él asiente, la piel alrededor de sus ojos se arruga con su sonrisa interminable.
—Ven aquí —pide, acercándome más, bajando más la cabeza y lamiendo las gotas de agua de mis labios. Sin embargo, no puedo soportarlo, así que aplasto mis labios contra los suyos y lo beso, más fuerte de lo que pretendía, pero es jodidamente estimulante.
Somos manos resbaladizas y bocas húmedas, y cuando me muerde el cuello, jadeo y le rasco el pecho.
—Me vuelves loca —confieso, dejando caer la cabeza hacia atrás mientras él lame y chupa mi clavícula—. Me gusta cuando estás encima de mí así. No se siente real, como si fueras solo mi imaginación. Eres demasiado perfecto para ser real... —Él es gentil al principio, pero luego sus manos ásperas se arrastran por mi espalda apretando rudamente mis nalgas y levantándome, mis piernas se envuelven alrededor de su cintura.
—Estoy tratando de ser gentil —dice con voz ronca, mordiendo el lóbulo de mi oreja—, pero tu voz, Swanie, me está matando. Quiero ser duro contigo.
—Está bien —respiro, pasando mis manos por su cabello mojado—. Puedes ser rudo. Me gustará. —Santa mierda, me encantará, de hecho.
Levanta la cabeza, el agua gotea por su rostro y sus hombros, sus ojos verdes con párpados pesados, luciendo como un dios del mar.
—¿Sí?
Sonrío y asiento con la cabeza.
—Honestamente, te dejaría hacer lo que quieras.
—¿Lo que quiera? —repite, empujando mi espalda contra las resbaladizas baldosas, presionando su gruesa erección contra mi entrada.
—Claro —respiro, aplastándome hacia él, sin importarme ni un poco que probablemente parezca una loca adicta al sexo.
Se recuesta hacia adelante, poniendo su peso en mí, su frente descansando sobre las baldosas junto a mi cabeza.
—Quiero algo —me dice en el hombro, lamiéndolo como un cachorro tierno.
—¿Qué? —le pregunto, apretando mis piernas con más fuerza a su alrededor, haciéndolo gruñir contra mi piel—. ¿Qué estás pensando?
—Estoy pensando —comienza, acariciando mi cuello antes de levantar la cabeza, su nariz recorriendo mi mejilla, sus labios trazando un camino a través de mi mandíbula—, que quiero sentir tu boca envuelta a mi alrededor, Swanie.
—Envuelta a tu alrededor, ¿dónde? —inquiero, mordiéndome el labio para ocultar mi sonrisa. Tengo muchas ganas de oírlo decirlo.
Él sonríe, sus labios contra mi barbilla y niega con la cabeza, luciendo tímido y caliente y francamente jodidamente adorable a la vez.
—Nena —murmura, todo suave y dulce, el rey de mi maldito corazón—. ¿Lamerás, probarás y chuparás mi polla?
—Oh, Dios mío —gimo, echando la cabeza hacia atrás y golpeando las baldosas mojadas. Edward se ríe y chupa mi garganta—. Esto puede ser extraño, pero realmente quiero hacer eso.
—¿Sí?
Asintiendo, tiro su cabeza hacia atrás.
—Sí. Desde que lo vi.
Sus hoyuelos hacen acto de presencia, y me caso con él antes de que todo esto esté dicho y hecho. Voy a ser la vaquera de su vaquero. Voy a tener a todos sus bebés y adoptar a Chip.
—Déjame lavarte, Swanie, luego puedes chuparme suavemente y montarme duro, ¿no?
—Voy a necesitar ayuda, orientación, ¿de acuerdo? —indico, deslizándome por su cuerpo, mi sonrisa megavatio.
—Bien. —Su sonrisa refleja la mía.
—Está bien —acuerdo, tomando mi jabón.
—Está bien —repite.
Nos lavamos el uno al otro, lo cual toma más tiempo del necesario porque quiero decir que es Edward desnudo dequien estamos hablando aquí.
Cuando ambos estamos secos, me pongo ropa interior y agarro la camiseta sucia de Edward. Quiero decir, está prácticamente limpia. Hemos estado sentados en una camioneta todo el día. Me la paso por la cabeza e inhalo su olor como un animal rabioso.
—Hueles delicioso —comento, arrastrándome a la cama, la cama en la que Edward se deslizó desnudo.
Es el buen tipo de ataque a mi corazón.
Subo a su regazo y beso su nariz.
—Hola —saludo estúpidamente.
—Hola, Swanie. Cuánto tiempo sin verte —bromea, tirando de su camiseta por mi cabeza.
—Yo estaba usando eso —reclamo.
Se encoge de hombros y agarra mis caderas con manos de trabajo duro.
—Me gustas así.
—Oh, está bien —me rindo, no es que realmente fuera a discutir de todos modos. Me inclino y lo beso, caliente, pesado y con su plan en mi mente. Puede que no fuera virgen cuando nos conocimos, pero mi boca nunca ha estado cerca de una erección en mi vida. Sin embargo, por alguna razón, incluso que él lo mencione me da ganas de intentarlo, mucho.
Nos besamos durante años, las manos vagando hasta que él está de espaldas y yo me bamboleo por su cuerpo, tratando de no parecer una estrella del porno sino una chica normal que está ansiosa por sentirlo en mi lengua.
—Estoy un poco nerviosa —admito, deslizando lentamente la sábana de su cuerpo, mis ojos se fijan en lo grueso y duro que está...—. Puede que no sea buena en esto, de acuerdo. Así que finge que te gusta.
—No tendré que fingir, Swanie —declara, mi amor, y ensancha un poco las piernas para que pueda caber entre ellas—. Estoy pensando que me va a gustar mucho. —Su mano empuja mi cabello hacia atrás y lo envuelve suavemente en un puño.
Empujo los pelos sueltos de mi cara y lo agarro en mi mano, tragando antes de inclinarme y tomarlo en mi boca. Su inhalación aguda tira de mi corazón, y simplemente lo hago, haciendo lo que me hace sentir bien y rezando a Dios que le guste.
Su voz, sin embargo, es como un hormigueo en mi columna.
—Eres tan buena, Swanie —dice, con la mano todavía agarrando mi cabello con delicadeza, su polla embistiendo mi boca delicadamente, y todo su ser destruyéndome para no poder ver más allá de los ojos verdes y los sombreros de vaquero—. Eres tan jodidamente dulce. —Su voz es baja y ronca, y honestamente, mi ropa interior está empapada.
No sé cuánto tiempo permanecemos así: mi boca sobre él, lamiendo, probando, chupando, él me dice cuánto le gusta, pero cuando rasco mis dedos ligeramente por sus muslos, su agarre se aprieta en mi cabello y luego me está subiendo por su cuerpo, golpeando su boca contra la mía.
—¿Quieres montarme ahora? —pregunta contra mis labios.
Asiento con la cabeza, y él me levanta de su regazo, se pone de pie y se apresura a mi mochila, donde hay un montón de condones. Agarra una tira y vuelve a la cama, arranca uno y se lo pone antes de recostarse.
—Dios, vaquero, eres demasiado sexy para las palabras —le digo, sentándome a horcajadas sobre su regazo.
Su dedo frota mis labios.
—Lo mismo, Swanie.
Sonrío y lo deslizo dentro de mí, como si hubiera hecho esto cientos de veces cuando no lo he hecho. Él gime y agarra mis caderas, deslizándome hacia adelante y hacia atrás, sus ojos escaneando mi rostro, mi pecho, nuestros cuerpos unidos antes de morderse el labio, instándome a ir más rápido.
—¿Te gusta? —pregunta y yo asiento—. Dímelo.
—Me gusta —jadeo cuando se sienta, me levanta hacia arriba y hacia abajo, deslizándose hacia adentro y hacia afuera, golpeándome mucho más profundo que antes.
—¿Te gusta qué, Swanie? ¿Qué parte? —inquiere, lamiendo rápidamente sus labios.
—Todas tus partes —respondo, empujando mi frente contra la suya, dejándolo controlar mis movimientos.
Él niega con la cabeza, frotando su nariz contra la mía, agarrando mis caderas un poco más fuerte.
—Di que te gusta mi polla —pide—. Quiero oírte decirlo, nena.
¡Qué tramposo!
Eh, ¿me importa?
Eso sería no.
—Me gusta tu polla, vaquero —susurro las palabras en su boca, y él gime antes de capturar mis labios con los suyos.
Amo este lado rudo y travieso de mi vaquero.
Un caballero de boca sucia.
¿Quién lo hubiera pensado?
A la mañana siguiente me escapo para buscar el desayuno mientras Edward duerme. Encuentro una cafetería al otro lado de la calle del hotel y agarro bagels y muffins de canela, un refresco para mí y un jugo para Edward.
Mi estómago gruñe en el corto camino de regreso, y cuando empujo la puerta para abrirla, Edward está justo donde lo dejé, desnudo como el día en que nació.
Pero, por supuesto, más viejo, más grande y más varonil.
Dejando el desayuno en la mesa que está contra la ventana, abro las persianas y me arrastro encima de él.
—Despierta y levántate, vaquero. —Beso sus labios hasta que me devuelve el beso y sonrío cuando abre los ojos somnolientos—. Traje el desayuno.
—Te quiero para el desayuno, Swanie —murmura, tratando de llevarme de vuelta a la cama cuando me escapo.
—Seré tu postre después de la comida —bromeo, pero en realidad lo digo en serio—. Puedo tener un miedo mortal a los tiburones, pero hay una playa que nos llama por nuestros nombres y bañadores esperando ser usados. Por fin ha llegado el día en que te veré en la playa en bañador. No me hagas suplicar, vaquero.
Él sonríe y se pone de pie, sin ocultar lo serio que era con que yo fuera su desayuno. Me meto un gran bocado de bagel en la boca y él se ríe antes de ponerse un par de calzoncillos. Le entrego un bagel y él coloca una silla junto a mí, colocando mis piernas en su regazo.
—Supongo que me estoy alimentando yo mismo —comenta, encogiéndose de hombros como si no fuera gran cosa, y me río como una idiota enamorada.
—Qué bebé —bromeo, subiéndome a su regazo y quitándole el bagel. Le doy bocados entre besos y lamidas y si esto es lo que será la vida con Edward, lo tomaré. Cuando su bagel se acaba, me como el mío mientras él mordisquea mi cuello e intenta seducirme para quitarme el traje de baño.
Me bajo la comida con un Dr. Pepper frío mientras Edward bebe su jugo. Me levanto de un salto, lo pongo de pie y lo empujo hacia su bolso.
—El sol y la arena nos están llamando, novio. No los hagas suplicar también.
Él sonríe y niega con la cabeza, dejando caer los calzoncillos para ponerse un bañador negro.
—Eres delicioso —le digo, poniéndome mis zapatos mientras él se pone los suyos. Agarro su mano y las dos toallas al borde de la cama—. Busqué en Google qué tan probable es que viéramos un tiburón. No es probable, pero tampoco improbable. Simplemente sumergiremos nuestros dedos de los pies. —Edward se ríe y yo le abro mucho los ojos—. Has visto Tiburón, Megalodón, Desafío sobre Olas, ¿verdad?
—Sí, Swanie.
—A las pruebas me remito —replico, llevándolo hacia la puerta—. Solo quiero verte medio desnudo en la playa. Eso es todo lo que quiero.
—Está bien —concuerda—. Pero te lo advierto, probablemente querrás casarte conmigo cuando veas cómo me veo tirado en la arena.
Riendo, empujo las toallas en su estómago.
—Eres un bobo.
Quiero decir, no lo dudo.
En absoluto.
Bueno, les traigo capi extra porque llegamos a los 600 reviews! Gracias por los reviews alertas y favoritos, son un amor.
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai
