Felices fiestas y gracias por seguir aqui.
3. Domingo. Los detalles del bastardo recuerdo.
Donna tiene mucho que perder, tal vez por eso no consigue cerrar los parpados cuando las pesadillas ya han comenzado. Desde esa altura no se puede ver hacia abajo, pensaba, pero si miraba hacia arriba sentía la ligera brisa producida por la altura con todas esas hojas de papel lloviendo sobre su cabeza con la misma delicadeza de una pluma suspendida en medio del aire. Al principio parecía que podía sostener una con la mano, otra más, y unas cuantas con la otra mano, pero a medida que seguían cayendo, ya no le quedaron manos para sujetar. Primero perdió la habilidad para manipular sus extremidades. Luego se quedaban atrapadas por todo el suelo, creando una maqueta de nieve que la estaba inmovilizando mientras más folios se unían a la fiesta.
Donna quiso luchar para salir de las hojas pero las orillas cortaban sin tregua por los profundos de su carne blanda, el ardor se había colado por las rapas de su sangre y el papel que se postraba sobre su cara le impedía respirar; restregándose contra su rostro como si estuviera mojado. No podía quitárselo de encima y comenzaba a asfixiarse. De repente el calor del papel cobró un color diferente y entre silbidos familiares y el viento de una esperanza devastadora, logró aspirar una bocanada de oxígeno escapando de la prenda que usaba por sabana y que tenía toda enredada en la cara.
Miró para todas partes tratando de ubicarse y abandonar la pesadilla. No era la primera vez que un mal sueño tenía lugar en su oficina principal, pero aquella manera de rehuir de sus paredes le parecía de lo más inapropiada. Luego de tranquilizar su respiración pudo por fin, reconocer el lugar donde había estado durmiendo. Se encontraba dentro en un auto, con la ventana a medio uso, sobre la mitad del vidrio. Kelso estaba junto a ella, sumido en las mismas tierras de las que se acababa de escapar a penas con vida.
No parecía perturbado pero de vez en cuando tras un espasmo se acomodaba de nuevo y fruncía el entrecejo quejándose con sonidos irreconocibles de cuando se está más o menos despierto. El cristal de su ventana estaba empañado, seguramente por el vapor caliente que su respiración había capado por el interior del automóvil durante toda la noche. Kelso no se daba cuenta de que estaba dormido y lucía más cuerdo desde allí, a Donna le parecía que se veía casi tranquilo. Y se encontraba metida en este pensamiento cuando una voz que venía desde el exterior llamó su atención.
- ¿Estas despierta? – preguntó Eric
Donna bajó el vidrio hasta una altura suficiente para poder hablarle directamente a la cara y luego le contestó.
- Si – dijo ella
A pesar de todo, Eric no parecía convencido y echó una mirada rápida hacia adentro para cerciorarse de que sus amigos estaban en la condición que él se imaginaba. El resultado fue satisfactorio y Eric volvió a sacar la cabeza.
- ¿Cómo estuvo? – preguntó Donna
- Todavía no sé nada. – Eric le entregó un vaso desechable con café – Pero Hyde salió hace un rato para fumar. Creo que están bien
Donna bajó la cabeza y tomó el obsequio matutino como una esperanza revitalizadora.
- Les tomo toda la noche, no estoy segura de que sepan lo que están haciendo
- No lo están – la interrumpió el profesor – Pero están convencidos de que no hay más remedio que intentarlo
- No lo hay – confirmó Donna con una sonrisa más lastimera que contagiosa – Eso nos deja muy pocas opciones
Eric suspiró y tragó saliva con esa preocupación tan característica.
- No hay nada más insensato que lo que estamos haciendo ahora – dijo
- Hay muchas cosas peores – le contestó Donna y sopló a su café – de los males, el menor
- No está mal, sé que no lo está… yo solo…
Donna se dio cuenta del puchero que estaba haciendo su viejo amigo y supo de inmediato lo que quería decir.
- Quisieras que esto no te estuviera pasando a ti – continuó ella
- ¿Cómo lo sabes?
- Te conozco… – Explicó– Bueno… es que yo me siento igual
- ¡FEZ! – despertó gritando Kelso – ¡Fez!*
- ¡Kelso! – se acercó la pelirroja – ¡Estas soñando!
Kelso se levantó con los ojos enrojecidos por la cólera de enfrentarse a las luces luego de tantas horas de oscuridad.
- ¿Qué hora es?
Eric miró su muñeca y sonrió con incredulidad para sí mismo al recordar que su exnovia se había quedado con su reloj de mano.
- No lo sé
- ¿Cuánto tiempo estuvieron ahí metidos?
- Lo suficiente – dijo Donna
- Tendrían que haber salido en cuanto se fueron
- Algo me dice que ellos también se quedaron dormidos – se rio el más delgado
Donna frunció el ceño.
- Jackie tiene que trabajar, y no es la única.
- No – dijo Eric – hoy es domingo
- Trabaja en domingo – musitó Kelso repensándose las arrugas de la cara con su mano, la baba ya estaba seca
- No creo que le importe – dijo Donna – sale con el dueño de la cadena
- ¿Cómo lo sabes? – preguntó Kelso
- Ella me dijo
- ¿por qué?
- Le gusta hablar mucho – contestó haciendo ademanes de parloteo
- ¡No! – se burló Kelso – ¿Por qué sale con él?
- No lo sé. ¿Es guapo?
- A Jackie no le importa eso – dijo Eric – no es tan superficial como solía ser
- ¿Cómo lo sabes?
Eric sonrió y le dedico una mirada brava y llena de seguridad
- Me lo dijo
La noche anterior, Hyde y Jackie habían entrado en la casa de Peter R. Sabnichv, porque luego de estudiarlo cuidadosamente habían notado que su familia entera se ausentaba cada domingo. Su esposa, sus dos hijos y hasta se llevaban al perro con ellos. Era importante averiguar a donde iban pero lo más importante, era saber por qué se iban de ahí. Así que Kelso había sugerido revisar la casa. Sólo pasaron unos minutos dentro cuando Peter regresó solo y estacionó su camioneta detrás de las puertas bloqueando la salida más fácil.
Jackie y Hyde se habían quedado atrapados dentro. Peter no sólo no durmió durante toda la noche sino que además había llamado a algunos de sus amigos. Al poco tiempo varios hombres con cajas habían entrado en su casa quitándoles la oportunidad de escapar. Todo el comportamiento de Peter era más que sospechoso y lo que al principio parecía un juego inocente de póker, se complicó cuando se dieron cuenta de que en realidad se trataba de una especie de reunión secreta.
Hyde y Jackie se habían refugiado en una habitación de los niños, y como poseían un balcón habían hecho señas a sus amigos desde allí para que supieran que se encontraban bien. Donna no alcanzó a entender mucho de lo que ellos trataron de decirles por la noche porque además de estar oscuro, sus amigos eran malos con la mímica y nadie supo de lo que hablaban. Al poco salió Hyde para enseñarles un letrero que decía que los hombres eran peligrosos y debían evitar el contacto con ellos.
¿Crees que los vieron? – habló Donna poniéndose los binoculares en la cara
- Creo que si los hubieran visto estarían muertos – dijo Eric mirando nervioso hacia la casa
- O los vieron y los encerraron ahí a propósito – sugirió Kelso – Casi parece que quisieran que descubramos algo
- ¿Piensas que es una trampa?
- Nosotros vinimos aquí por voluntad propia, Kelso – se detuvo a explicar el profesor Forman – No creo que ellos pudieran anticiparse a nuestra estupidez. La estupidez es impredecible
- Al menos para nosotros – dijo Kelso y le quitó su café a Donna para beber un poco
El auto se encontraba a una distancia prudente en la carretera, desde donde podían ver la casa y los movimientos periféricos de la misma. Estaban esperando que los únicos testigos posibles, los vecinos ancianos de la casa de a lado, salieran para poder interferir y hacer algo para sacar a sus amigos de allí. Pero no parecían tener intenciones de hacerlo, después de todo era domingo, y los domingos casi nadie trabaja.
- ¿Crees que hayan encontrado algo útil?
- Si Kelso tiene razón, encontraron lo suficiente para seguir andando a tientas en la oscuridad
- O lo que es lo mismo: lo ellos quieren que encontremos
- No lo sé – dijo Donna – sea lo que sea, espero que la dirección que Fez anotó en la carta sea la correcta.
- Tal vez los números no son coordenadas, tal vez quería decir otra cosa
- Kelso, las coordenadas nos trajeron hasta aquí, ¿Crees que es una coincidencia que sea justo en la casa de este tipo?
- Creo que fue una trampa, pudo haberlo sido ¿Qué tal si no fue Fez quien escribió la nota?
- ¿Y quién fue? ¿Su captor?
- Deja de ser tan paranoico, además – dijo Eric – tú fuiste quien insistió en venir aquí en primer lugar
Un vigía se había quedado afuera para asegurarse de que el contenido de las cajas no se viera comprometido, Eric estaba seguro de que Hyde podría haberlo golpeado si hubiera tenido prisa para escaparse pero por alguna razón no lo hizo. Donna confiaba en que sus amigos tuvieran la cabeza en su lugar, al menos para cuidar de sí mismos. Pero cuando reconoció el camión de carga de la noche anterior, le vino un retortijón en el estómago.
- Es ese camión de nuevo – susurró – esos hombres llegaron ahí
- ¡¿Qué vamos a hacer?! – chilló Kelso
- Calma – sugirió Donna – No los vieron antes, fueron cuidadosos
- Cuando era de noche – agregó Eric preocupado – ahora, con la luz del día…
- Eric… confía en ellos
- Esta fue una locura, no debimos venir, no debimos venir
- ¡Eric! ¡cállate! – le dijo Donna
Ambos cruzaron miradas de esa forma tan sublime a la que estaban acostumbrados, pero esta vez, la chica pudo sentir un hueco en el estómago. La mirada que Eric le dedicaba era vaga, sin los magnetos de siempre. La desconocía, y no acababa de caer en su gracia. No había un solo sentimiento en los ojos de quien una vez pareció significar el mundo entero, y la peor parte era que ella aún lo sentía de esa forma.
- Eric… – susurro Donna – Estarán bien ¿si? casi puedo asegurar…
- ¡Ahí están! – señaló Kelso
- ¡Dios!
Hyde y Jackie estaban corriendo hacia ellos haciéndoles señas con los brazos muy en alto con desesperación
- ¿Qué tratan de decir?
- Yo sé, yo sé, lo tengo. – dijo Kelso – ok, Jackie dice "soy un venado" y Hyde dice: "va a explotar, imbécil"
- ¿Qué?
- ¿Cómo que un venado?
- Lo sé yo tampoco entiendo lo que…
Por un momento las palabras se le atoraron en la garganta, y comenzó a atragantarse con ellas mientras un ruido sordo se dispersaba hasta lo alto del cielo coloreándolo de anaranjado. La casa había volado en pedazos con una sola explosión y Hyde y Jackie no habían tenido la oportunidad de terminar de cruzar el jardín. Los ojos de Donna se humedecieron, no supo si fue por el humo o por el sentimiento de culpa que se le escapaba por los ojos. Por primera vez desde que tenía el valor para admitirlo, estaba horrorizada.
- ¡HYDE! – gritaron Eric y Kelso pero la chica no pudo reaccionar, sus ojos se habían abierto más allá de su limite
- ¡Jackie! ¡Hyde!
- ¡Hyde! ¡Mierda!
- Tranquilízate, Margarita – llegó pronunciando Hyde y se sentó en asiento del conductor con un papel en la mano – Todavía no te libraras de mi
Los otros soltaron un suspiro de alivio.
- ¡¿Qué fue eso?! – dijo Jackie con el cabello alborotado saltando detrás de él – ¿Vieron eso? ¡Estuvo muy cerca! ¡Casi muero! ¡Casi me muero por tu culpa! – le decía a Hyde y el otro se encogía en su lugar para cubrirse de los intentos de golpes que Jackie le estaba despachando
- ¡Pero no pasó nada! ¡Salimos a tiempo! – se justificaba
- Hyde – Kelso lo abrazó y Eric trató de ocultar el alivio que había sentido
- ¡Jackie! – gritó Donna y corrió para abrazarla
- ¡Ew! ¡No me toques, ew! – Jackie movía las piernas para zafarse del abrazo pero Donna no la dejaba ir
- ¡Pensé que habías muerto, tonta!
- ¡Todos lo pensamos! – exclamó Eric
- ¡OLVIDATE DE ESO, TENEMOS ALGO! – Dijo Hyde y les mostró el papel de su mano – Venia en una de las cajas, las cajas eran explosivos. Ellos las armaron. Esa fue un accidente - dijo mirando la casa
- ¿Las abrieron todas?
- No, sólo una.
- "Favor de ponerlas donde el ave se tragará al gusano" – leyó Donna – ¿Qué demonios significa eso? ¿es un código?
- No importa, vámonos antes de que las otras exploten también
- ¿Van a explotar?
- Cielos ¡¿Quieres quedarte para averiguarlo?!
Habían encontrado un lugar para descansar y reflexionar sobre la experiencia reciente cuando el sol se metió. Hyde se sentó al lado de Kelso completando un círculo perfecto y cogió el cigarro de la mesa. Lo encendió y fumo un poco.
- Estaban hablando del alcalde, ellos pusieron los explosivos en el PairteSolem, y los demás explosivos son para hacerlo de nuevo. Están planeando otro atentado – dijo él soltando por fin el humo que se había quedado en su boca – Sabía que teníamos a nuestro sujeto
- ¿Dónde? – preguntó Kelso recibiendo el churro con marihuana y luego de fumar se lo pasó a Eric
- Sabía que no debíamos ir a ese lugar. – dijo él – Tenemos que olvidarnos de eso. El alcalde era su objetivo, ahora lo sabemos. Aunque ciertamente, eso no explica por qué asesinar a tantas personas sólo para deshacerse de él.
- No – dijo Donna tomando su turno con el objeto humeante – El alcalde era su único objetivo, pero querían crear un sentimiento de culpa en su abogacía. Los simpatizantes de su partido son los virtuales responsables de todas las muertes.
- Entonces – dijo Jackie tomando el cigarro – si todo es un desastre político ¿Qué tiene que ver Fez?
- Para empezar – siguió Hyde - ¿Por qué alguien querría secuestrar a Fez?
Kelso le arrebató su turno
- No lo hemos encontrado aún pero en algún lugar está la conexión, piénselo. Fez* desapareció del hospital el mismo día que todo ocurrió, todo está relacionado con PSIC. Eric estaba en el edificio también. Eric estaba relacionado con PSIC.
- Si – dijo Eric – pero ahora sabemos que yo no era su objetivo, algo que ya nos podíamos imaginar. Aunque sigo pensando que PSIC tiene algo que ver, después de todo yo vi a uno de sus empleados en el elevador ese día y tenía tanta prisa por irse que parecía que sabía lo que pasaría.
- ¿Por qué PSIC estuvo en todos esos lugares al mismo tiempo? Tal vez el alcalde dirige la compañía de PSIC... esperen – Reflexionó Donna envuelta en el humo – ¿Un alcalde de Nueva York que dirige una compañía de luz y una farmacéutica de relevancia mundial? No, eso no tiene sentido.
- Si trataban de matar al alcalde y no lo lograron, es probable que la próxima bomba de la que sepamos este en el hospital donde se está recuperando el alcalde, pero entonces ¿Por qué la nota dice "Donde el ave se tragará al gusano"? – se preguntaba Jackie
- Eso podría ser una referencia a otra cosa, ya sabes los mexicanos tiene esa leyenda sobre el origen de su ciudad antigua más importante "La gran Tenochtitlan", dicen que fue fundada bajo la orden de parar donde un águila devoraba una serpiente parada sobre un nopal – dijo Hyde – muy específico ¿no?
- Sin mencionar que en tal caso, era una referencia literal. – dijo Kelso
- Si pensamos en eso como una metáfora es todavía más complicado porque no tenemos ninguna otra pista. – dijo Donna –Sabemos que Eric soñó que algo malo le pasaría a Hyde y lo contactó para asegurarse de que se encontraba a salvo. Sí que le pasó algo malo a Hyde pero Eric estuvo a punto y mucho más cerca de morir que él. ¿Por qué no soñaste eso? – se dirigió a Eric
- No lo sé – dijo Eric – que Fez y yo habláramos antes de lo que ocurrió no fue más que una mera coincidencia porque como ya se los dije antes, yo quería encontrar a Hyde y el único modo que se me ocurrió para localizarlo fue preguntarles a ustedes. Iba a buscarlos a todos hasta dar con él.
- ¿Qué fue lo que hablaste con Fez cuando se vieron? – le preguntó Kelso
- En realidad no mucho, hablamos sobre Hyde, me dio el contacto de un sujeto llamado Dan y él me ayudó a contactar a Chip. Él me llevó con Hyde. También me dijo algo sobre su nuevo empleo. Ya sabes, una conversación normal para dos personas que llevan algún tiempo sin verse.
- ¿Hablas del empleo que le ofreció PSIC? – preguntó Kelso – Porque antes de todo eso, Fez recibió una llamada de PSIC y cuando yo fui a su casa me llamaron de nuevo. Fue la última vez que escuche sobre ellos.
- O sea que Fez iba a trabajar para PSIC – dijo Jackie riéndose – ¡Qué gracioso!
- Espera un minuto – dijo Donna – si ya habías conseguido dar con Hyde ¿Por qué me enviaste una carta también a mí?
- Yo no te envié ninguna carta – contestó Eric
- ¡Claro que sí! – exclamó Donna – y fue por eso que te respondí y te cité en el edificio del ROSS, al que por cierto nunca llegaste
- Para empezar – se defendió Eric – yo recibí tu carta, fuiste tú la que me invito a mí, yo nunca te busqué
- Si esto es otra vez sobre eso de que "yo no soy la verdadera Donna" ¡Te juro que voy a golpearte!
- ¿ah sí? Pues…
- ¡Chicos…! – interrumpió Jackie – No hay porque pelear, todos nos amamos mucho en el fondo. – se rio
- ¡No pude ser! – se levantó Kelso de un brinco - ¡Ahí esta!
- ¿Ahí esta qué?
- ¡Lo que estábamos pasando por alto! – explicó – si Eric no le envió la carta a Donna pero Donna recibió una carta de Eric, PSIC debió haber enviado la carta para asegurarse de que Donna y Eric se encontraran
- Tal vez lo que querían… – añadió Hyde – era evitar que Forman llegara al edificio al momento de la explosión
- No estaban ahí para matar a Eric… ¡Estaban salvándolo! – gritó Jackie
Por un momento todos se quedaron callados.
- ¿Alguien más tiene hambre? – dijo Hyde, de pronto se habían olvidado de lo que estaban hablando
- Eso es imposible – dijo Donna – yo reconocí tu letra en esa carta, sabía que eras tú…
- Y yo no puedo ni reconocer tu rostro – dijo Eric
- ¿Saben que es interesante? – preguntó Kelso – Fez despareció del país como si nunca hubiera estado aquí, ¿Por qué PSIC querría desaparecerlo si ya lo habían contratado?
- Eso es porque eres un gran imbécil – Donna le contestó a Eric y los dos iniciaron una discusión ignorando a los demás
- ¿A nadie más le molesta que Forman haya soñado algo que después si sucedió? – dijo Hyde – es decir, ahora es psíquico o algo ¿no? ¿Deberíamos cambiarle el nombre?
- Creo que la palabra que buscas es vidente – dijo Jackie – yo tenía un primo así
- ¿El de la rata? – preguntó Hyde y Jackie se empezó a reír
- Si – le sonrió
- ¡No puedo creer que ahora estés molesta porque no te envié ninguna carta! – decía Eric
- ¡Lo creas o no, esa no fue la primera vez que negaste que me conocías!
- ¡Eso es porque tú no eres la Donna real!
- Forman el vidente – se rio Hyde – Forman el brujo pedófilo
- ¡Si soy! – dijo Donna
- ¡No eres! – insistía Eric
- Forman el hacedor del destino – sugirió Hyde – El que ve el futuro
- Antes de desaparecer – se rio Kelso – me llamaron para decirme algo sobre Fez. ¿Qué tal si fueron ellos los que atropellaron a Fez para luego poder llevárselo?
- Forman tiene poderes mágicos y no puede encontrar a Fez, eso sí que me molesta – dijo Hyde – Porque ¿De qué te sirve ver el futuro si no puedes evitarlo?
- Tengo un novio muy guapo y rico que me compra todo lo que yo quiero – cantó Jackie – ¿Estas celoso, Hyde?
- ¡Si soy yo! – gritó Donna
- ¡No eres Donna!
- ¿Sabes qué? Esto es estúpido – dijo Donna – no corrí en medio del tráfico para que me dijeras que no me conoces, no acepte verte para que me dijeras que un desorden en tu cerebro no te permite verme y la única razón por la que vine fue porque creí que podrías estar muerto y no quería pensar que te había perdido
- Si, tal vez Fez* estaba viendo a alguien más, tal vez se fue con otro… - dijo Kelso y suspiró indignado
- ¿Por qué los dedos de mis pies son más pequeños que los de mis manos, si los pies son más grandes que las manos? – preguntó Jackie maravillada con sus extremidades
- Por supuesto que estoy celoso – dijo Hyde
- ¡No me hables como si te perteneciera! – gritó Eric – ¡La verdadera razón por la que estás aquí es porque no puedes aceptar cuando alguien te rechaza y sigues rogándole! ¡¿Porque no puedes entender que yo no te quiero?!
De repente todos se quedaron callados y miraron a Eric. Donna estaba estupefacta. Por un momento todos recuperaron la cordura y aterrizaron de vuelta en el círculo. Donna se levantó en silencio y sin decir nada, pero su mirada estaba cargada con más de una emoción. Cogió sus cosas y echó un último vistazo a sus amigos antes de romper el círculo y salir caminando por la puerta sin decir una sola palabra. Eric parpadeaba lento. Todo se quedó en silencio.
Los tacones de Donna resonaban por el corredor del subterráneo, su auto se había descompuesto unos kilómetros más adelante del lugar donde se había despedido furiosa de los extraños que difícilmente podía recordar cómo sus amigos, había salido con tanta furia de ahí que se sentía avergonzada. El motor de su automóvil comenzó a echar humo primero, luego cuando se bajó del auto comenzó a llover. Donna sabía que ese día la suerte no le sonreiría a la poderosa editora en jefe.
Por primera vez desde que terminó la universidad, se sentía fracasada de nuevo. Tuvo la necesidad de ahogar un grito de frustración, miró al cielo con rabia pero sin poder hacer nada más sacó su sombrilla, y la risa irónica comenzó cuando, al abrir su paraguas, Donna se percató del agujero que ésta se había hecho al desgarrarse cuando intento jalarla rápido fuera de la cajuela. Donna bajó la sombrilla y se dirigió a la estación caminando bajo el agua con esos incomodos tacones, concentrada en su equilibrio para evitar resbalarse.
Entonces escuchó un grito detrás de ella, pero no se giró. Estaba cansada, solo quería llegar a su casa y sacarse los zapatos, tirarse en la cama y llorar de coraje por no haber podido decir algo astuto para defenderse. Cada paso que daba parecía perseguirla con el ánimo helado viajando por el plástico de sus zapatillas. Donna era una mujer fuerte y caminaba erguida aunque tenía ganas de dejarse vencer. No se agacharía ni aunque le pagaran por ello. No lloraría ni aunque supiera que las lágrimas serían difuminadas por las gotas de la lluvia que ya habían empapado su cabello.
El eco de sus pasos anunciaba su llegada a donde quiera que se dirigiera, el resto de la estación parecía hipnotizada por su grandeza. Donna se movía despacio, herida pero intransigente. Con una respiración tranquila, pasiva, coherente. Siempre obediente a la frialdad de un periodista imparcial que no ve, que no siente. Porque al final, tal vez era cierto que Donna no era la misma Donna que Eric quería reconocer. Esa Donna era una figura blanda que le quedaba muy pequeña a su sombra. La Donna que caminaba por ese pasillo no era la Donna de nadie.
La estación era enorme pero había pocos pasajeros esperando al tren, la hora era muy conveniente. Los últimos en descender habían pasado la barra para que Donna se advirtiera de la imagen del avión que simbolizaba la estación del aeropuerto. Desde el otro lado de la plataforma donde estaba parada la editora en jefe, entró derrapando un profesor delgaducho y casi sin aliento. Al otro lado de las vías Donna abrió los ojos. Eric también lo hizo y lo que vio fue alucinante. Ahí estaba Donna, la Donna real, la que Eric recordaba, con su cabello rojo. Alta, fuerte y poderosa. Y Eric la reconoció de inmediato.
- ¡DONNA! – gritó Eric y Donna lo miró
- Eric – dijo ella, primero en voz baja y luego un poco más alto – ¡Eric!
- ¡Donna!
- ¡Eric, el ave que se tragará al gusano es…!
El tren llegó a la estación y cubrió la vista de su expareja. Donna se quedó con medio grito atorado en la garganta. Pero por alguna razón que le causo más temor que curiosidad a la pelirroja, el tren siguió aumentando la velocidad en lugar de detenerse. Podía ver partes de Eric a través de los vidrios del tren al otro lado de la plataforma que se movía a gran velocidad.
El tren terminó de pasar al mismo tiempo que otro estaba llegando por el otro lado. Las cabezas de los dos gusanos gigantescos de metal se acercaban entre las chispas que desprendían las vías por la velocidad de las maquinas que se frotaban. Ahí estaban Eric y Donna separados por las vías mirándose con horror, presintiendo su muerte a los ojos del amor de su vida.
- ¡Eric! –gritaba Donna pero su voz parecía salir en cámara lenta desde su garganta y antes de que terminara de decirlo dos hombres alcanzaron a llegar a la orilla mientras los trenes casi se tocaban.
El primero le saltó al profesor encima tumbándolo hacia el otro lado de la pared, pero el segundo apenas tuvo tiempo de ser captado por las cámaras de seguridad porque dio un brinco suicida en medio de los dos trenes un segundo antes de que estos se encontraran. Kelso aterrizó de milagro sobre Donna y la arrastró hacia atrás con el golpe del peso de su cuerpo y ambos fueron a aterrizar del otro lado de las vías en medio de una explosión siniestra que hizo temblar todo el subterráneo.
Un sonido agudo perforó uno de sus oídos, y todo se volvió negro por un segundo. Lo siguiente que Donna pudo escuchar fue un distante chillido en la oscuridad del polvo y el humo que enceguecía el panorama. Estaba mareada y su cuerpo no le respondía. Intentó levantarse pero el cuello le dolía.
- Do- do- na – susurró Kelso con mucho esfuerzo debajo de una lamina
- ¡Kelso! – se levantó la chica contra las advertencias de su cuerpo - ¡Kelso! – le gritaba mientras movía la lámina que estaba sobre el cuerpo de su amigo
El suelo estaba lleno de sangre, no sabía si era suya o de él o de ambos pero sabía que no quería que su amigo muriera ahí.
- Ya sé-ya sé lo-que – quería decir Kelso – lo que signi-fica el ave…
- Si, si – urgía Donna limpiando el cuerpo de su amigo – lo sé, no te preocupes amigo, voy a sacarte de aquí
- Do-na – susurraba Kelso
- No te preocupes Kelso voy a sacarte de aquí – decía ella con lágrimas en los ojos
- ¡Ahhg! – gritó y levantó la lámina con toda su fuerza. La lámina era de acero y pesaba algunas libras más que una de las columnas del subterráneo. Pero Donna la levantó.
- Gracias – dijo Kelso respirando despacio – vámonos
- Eric – sollozó Donna – tengo que encontrarlo ¡Eric! – gritó
Kelso trataba de ponerse de pie
- ¡Eric! ¡Eric!
- Hyde se encargó de él – mustio Kelso – no te preocupes por…
- ¡Eric! – se giró buscando por todas partes
Un hombre salió corriendo detrás de las láminas y el polvo se desvaneció a su alrededor, lo suficiente para que Donna alcanzara a reconocer el uniforme de PSIC.
- ¡Oye! – gritó - ¡oye tú!
Donna corrió detrás de él sintiendo como sus huesos le reclamaban por hacerlo, pero de todas formas siguió corriendo. El sujeto aceleró el paso cuando se dio cuenta de que alguien lo perseguía y se internó en la oscuridad de las vías.
- ¡Alto! – le gritó Donna de nuevo - ¡Detente!
El hombre corrió más rápido y el sonido de las sirenas de los bomberos se escuchó sobre el techo del túnel.
- ¡Te tengo! – gritó Donna al darle alcance al sujeto pero el hombre, al ver que la tenía cerca se metió en el agujero de la fuente eléctrica de la estructura
- ¡No! – Donna intentó detenerlo estirando la mano pero lo único que alcanzó a agarrar fue su gafete y se lo arrancó del uniforme cuando el hombre tocó el cable y el cable estalló
El circuito se encendió en seguida y una explosión igual a la de antes arrojó a Donna unos metros hacia la profunda oscuridad del túnel. Donna pensó que había muerto. Toda luz en el subterráneo se apagó y el único sonido que se escuchaba eran las llamas envolviendo el metal de las vigas. Donna sentía la sangre calentando sus brazos y su rostro pero a no distinguía la ubicación real del dolor.
- ¡Donna! – se escuchó una voz en la oscuridad
Donna se levantó temblando
- ¿Eric? – susurró, su voz no alcanzó a escucharse
- ¡Donna! – gritaba Eric y su voz se escuchaba cada vez más cerca - ¡Donna! – gritó de nuevo
- Eric – gritó Donna pero su voz no se elevó
- ¡Eric! – grito de nuevo
- ¡Donna! – gritaba él
La chica se levantó con mucho esfuerzo pero su cuerpo se rindió y volvió a caerse
- ¡Eric! – gritó y esta vez el chico la escuchó
- ¡Donna! - la oscuridad casi podía palparse
Los chicos avanzaron en la oscuridad siguiendo el aliento desesperado del otro, sin ver una mierda, tropezando con todo. Siguieron adelante concentrados en la respiración y la voz del otro y sus manos se tocaron en medio de la nada y se sintió como si se hubiera hecho la luz en el abismo. Eric reconoció el tacto de Donna, la mano de su chica, el olor y el sonido de su cuerpo, estaba tan feliz de haberla encontrado que la arrastró contra él y la besó con la poca fuerza que le quedaba. El beso supo a sangre y supo a tierra, sus labios se encontraban en casa. Y en busca del aire que no les quedaba para desperdiciar, se soltaron y soltaron una risa de complicidad. Eric se dio cuenta de que sus risas sonaban perfectamente armónicas juntas.
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* En el entendido de que la forma correcta de escribir Fez, debería ser "Fes" por las siglas en inglés de Foreign exchange student. No me gusta como luce la palabra de esta forma. Tengo una regla personal que no violo nunca y se trata de la autosatisfacción con mi propio quid pro quo, por esto mismo si algo no me parece placentero, no lo haré. Y como a mi me gusta más como se ve con z, así lo escribiré. Me disculpo si a alguno le incomoda el hecho. No seais tan exigentes, escribo ficción.
